La Justicia de Dios por medio del evangelio

La Justicia de Dios por medio del evangelio

Publicado por Pastor Damián Ayala.


La Verdad Acerca del Hombre

Les paso este excelente estudio Bíblico sobre la doctrina del hombre y el pecado, recuerden que no es lo mismo leer la Palabra que estudiarla , les aseguro que será de gran edificación para sus vidas.

La Verdad Acerca del Hombre

Paul Washer


La Muerte Espiritual y la Inhabilidad Moral

El Significado de la Muerte Espiritual

Una frase importante que es empleada por los teólogos para describir la profundidad de la corrupción moral del hombre es la “Muerte Espiritual.” Según las Escrituras, el juicio divino que cayó sobre Adán no solamente resultó en su muerte física, sino también en su muerte espiritual. Adán llegó a ser sensible a todo tipo de estímulo corrupto, humano, y diabólico, pero insensible y hostil a la persona y voluntad de Dios.

Las Escrituras nos enseñan que este aspecto del juicio divino que cayó sobre Adán no se limita a él solo, sino que se extiende a toda la raza humana. Cada ser humano nace en este mundo en un estado mortal, vacío de vida espiritual e insensible a la persona y voluntad de Dios. Para que el hombre caído pueda responder a Dios con amor y obediencia, una resurrección espiritual tiene que tomar lugar a través de la obra sobrenatural de la gracia y poder de Dios.

1.- En Génesis 2:17, Adán recibió una fuerte advertencia de Dios acerca de las consecuencias devastadoras de la desobediencia. Según este texto, ¿Qué sucedería el día que Adán desobedeciera el mandamiento de Dios? ¿Qué nos enseña este texto acerca de la muerte espiritual a la cual Adán fue sujeta como resultado de su pecado?

Génesis 2:17mas del árbol de la ciencia del bien y del mal no comerás; porque el día que de él comieres, ciertamente morirás.

Nota: La pena del pecado de Adán fue la muerte (Romanos 6:23). Esta muerte no fue solamente física, sino también espiritual. Adán llegó a ser sensible a todo tipo de estímulo corrupto e insensible a la persona y voluntad de Dios.

2.- Las Escrituras nos enseñan que el juicio divino de la muerte espiritual que cayó sobre Adán no se limita a él solamente, sino que también se extiende a toda la raza humana. Cada persona entra en este mundo como uno nacido muerto, vacío de la verdadera vida espiritual e insensible a la persona y voluntad de Dios. En Efesios 2:1-3, se encuentra una las más reveladoras descripciones bíblicas de la muerte espiritual del hombre caído.

Efesiso 2:1-3Y él os dio vida a vosotros, cuando estabais muertos en vuestros delitos y pecados, 2en los cuales anduvisteis en otro tiempo, siguiendo la corriente de este mundo, conforme al príncipe de la potestad del aire, el espíritu que ahora opera en los hijos de desobediencia, 3entre los cuales también todos nosotros vivimos en otro tiempo en los deseos de nuestra carne, haciendo la voluntad de la carne y de los pensamientos, y éramos por naturaleza hijos de ira, lo mismo que los demás.

Nota: a) Antes de su conversión, cada persona está muerta espiritualmente. Las Escrituras ven esta muerte espiritual como el resultado de “nuestros pecados” – el pecado que nos fue imputado en Adán (Romanos 5:12), y el pecado que nosotros mismos practicamos (Efesios 2:2).

b)  Antes de su conversión, cada persona “anda en” o “practica” el pecado como un estilo de vida. No anda según la voluntad de Dios, sino según la corriente de un mundo caído que es hostil hacia Dios y desobediente a Su voluntad.

c) Antes de su conversión, cada persona no solamente camina según la corriente de una humanidad caída y moralmente corrupta, sino también conforme a la voluntad del diablo. Esta es una verdad asombrosa y aterradora.

d) Antes de su conversión, cada persona sin excepción esta empujada o guiada por los deseos de su carne (los malos deseos de su naturaleza caída que es hostil hacia Dios). Ellos se entregan a sus malos deseos y pensamientos.

e) Antes de su conversión, la ira de Dios está sobre una persona (Juan 3:36). Es importante entender que la ira de Dios no solamente se dirige hacia los hombres simplemente por causa de lo que “hacen”, sino por causa de lo que “son.” La naturaleza caída y corrupta del hombre evoca la ira de Dios.

3.-  En Efesios 4:17-18, se encuentra otra descripción de la muerte espiritual en el corazón de cada hombre antes de su conversión.

Efesios 4:17Esto, pues, digo y requiero en el Señor: que ya no andéis como los otros gentiles, que andan en la vanidad de su mente, 18teniendo el entendimiento entenebrecido, ajenos de la vida de Dios por la ignorancia que en ellos hay, por la dureza de su corazón;

Nota: a) La “mente” de los muertos espirituales puede alcanzar grandes logros en la ciencia, arquitectura, literatura, etc., pero con respecto a Dios, está vacía de verdad y llena de todo tipo de vanidades, herejías, e inconsecuencias lógicas. Cuando el hombre caído intenta ser “espiritual” o “religioso” los resultados son catastróficos, aún absurdos.

b)  Es importante entender que el hombre no es una víctima que está separada de Dios por causa de una ignorancia inevitable que no es su culpa. La ignorancia del hombre es auto- impuesta o voluntaria. Él es hostil hacia Dios y no quiere conocerlo ni aun conocer Su voluntad. El hombre es ignorante de las cosas espirituales porque cierre los ojos y rehúsa mirar a Dios. Él se tapa los oídos y rehúsa escuchar.

c)  Al endurecer su corazón contra Dios, el hombre caído pierde toda sensibilidad a la verdad y virtud espiritual, y se entrega voluntariamente a la misma maldad que Dios se opone.

d)  Antes de su conversión, el hombre es un cadáver espiritual – físicamente vivo, pero espiritualmente muerto. Él está muerto a la realidad de Dios y Su voluntad.

e)  Antes de su conversión, un hombre puede parecer muy religioso y aun temeroso de Dios, pero todas sus obras son externas y motivadas por egocentrismo. En su corazón, no ama a Dios o busca Su gloria.

Publicado Por Pastor Damian Ayala.

Continuamos con .. El Significado de la Inhabilidad Moral



El Hombre Nace en Corrupción

El Hombre Nace en Corrupción

Paul Washer

La pena del pecado de Adán no solamente fue la muerte, sino también la corrupción moral – él cayó de su estado original de justicia y llegó a ser una criatura corrupta. De la misma forma, cada uno de los descendientes de Adán no solamente nace bajo la sentencia de muerte, sino que también nace moralmente corrupto e inclinado a la maldad.

Es evidente notar por la experiencia de cada uno de nosotros y la experiencia colectiva de la humanidad que la corrupción moral del hombre no es un comportamiento aprendido, sino una característica inherente arraigada profundamente en el corazón. La historia humana, la literatura secular y sagrada, filosofía y religión abundan con ilustraciones de la lucha del hombre con su propia corrupción y propensión a la maldad. Las palabras inspiradas del apóstol Pablo reflejan la angustia de cada hombre que ha llegado a comprender la realidad de su propia condición moral, “Porque lo que hago, no lo entiendo; pues no hago lo que quiero, sino lo que aborrezco, eso hago” (Romanos 7:15).

Una de las frases más importantes que los teólogos emplean para describir la profundidad de la inherente corrupción moral del hombre es la frase “depravidad total.” La palabra “depravidad” proviene de la preposición latina de que comunica intensidad y la palabra latina pravus que significa “torcido” o “pervertido.” El decir que algo es depravado significa que su estado original ha sido torcido o pervertido. El decir que el hombre es depravado significa que él ha caído de su estado original de justicia y que su misma naturaleza ha llegado a ser extremadamente corrupta. Cuando los teólogos usan términos como la depravidad “total” o “radical” es importante entender lo que significa y lo que no significa:

La Depravidad Total no significa…

1.- … que la imagen de Dios en el hombre haya sido totalmente perdida en la caída. En Génesis 9:6, I Corintios 11:7, y Santiago 3:9, las Escrituras todavía se refieren al hombre como habiendo sido creado “a la imagen de Dios,” por lo tanto hay un sentido verdadero en el que la imagen de Dios aún se encuentra en cada hombre.

2.- … que el hombre no tenga ningún conocimiento de la persona y voluntad de Dios. Las Escrituras nos enseñan que los hombres tienen suficiente conocimiento de Dios para aborrecerlo, y suficiente conocimiento de Su verdad para rechazarla y intentar detenerla (Romanos 1:30; 1:18).

3.- … que el hombre no posea una consciencia o que sea totalmente insensible al bien y al mal. En Romanos 2:15, las Escrituras enseñan que todos los hombres poseen una consciencia. Si no ha sido cauterizada (I Timoteo 4:2), tal consciencia puede guiar al hombre a admirar virtud y actos nobles.

4.- … que el hombre sea incapaz de demostrar virtud. Hay hombres que aman a su familia, sacrifican su propia vida para salvar a otros, y hacen grandes obras de generosidad. Se reconoce que los hombres son capaces de amar a otros, servir a su patria, y aún llevar a cabo obras religiosas.

5.- … que todos los hombres sean tan inmorales o depravados como podrían ser, que todos los hombres sean igualmente inmorales, o que todos los hombres se entreguen a cada forma de maldad que existe. No todos los hombres son delincuentes, fornicarios, o asesinos, pero todos son capaces de tales cosas. Lo que los refrena es la gracia de Dios.

La Depravidad Total significa…

1.- … que la imagen de Dios en el hombre ha sido seriamente desfigurada y que la corrupción moral ha contaminado la persona entera – el cuerpo (Romanos 6:6,12; 7:24; 8:10,13), la razón (Romanos 1:21; II Corintios 3:14-15; 4:4; Efesios 4:17-19), las emociones (Romanos 1:26-27; Gálatas 5:24; II Timoteo 3:2-4), y la voluntad (Romanos 6:17; 7:14-15).

2.- … que el hombre nace con una propensión o inclinación hacia el pecado. Todos los hombres son capaces de la más grande maldad, los crímenes más indecibles, y las perversiones más vergonzosas.

3.- … que todo lo que los hombres hacen está contaminado por su propia corrupción moral. La corrupción moral y pecado del hombre se extienden a sus obras más encomiables (Isaías 64:6).

4.- … que las obras de los hombres no son el resultado de su amor para con Dios o un deseo de obedecer Sus mandamientos. Ningún hombre ama a Dios de una manera digna o como Su Ley manda (Deuteronomio 6:4-5; Mateo 22:37), tampoco hay un hombre que glorifique a Dios en pensamiento, palabra, y obra (I Corintios 10:31; Romanos 1:21). Todos los hombres se prefieren a sí mismos que a Dios (II Timoteo 3:2-4). Todas las obras de generosidad, heroísmo, lealtad, y devoción religiosa son el resultado del amor del hombre para con sí mismo, pero no de un amor verdadero y sincero para con Dios.

5.- … que la mente del hombre es hostil hacia Dios, no puede sujetarse a la voluntad de Dios, y no puede agradar a Dios (Romanos 8:7-8).

6.- … que la humanidad está inclinada a más y más corrupción moral, y que esta deterioración sería aún más rápida si no fuera por la gracia de Dios que detiene la maldad de los hombres.

7.- … que la humanidad está inclinada a más y más corrupción moral, y que esta deterioración sería aún más rápida si no fuera por la gracia de Dios que detiene la maldad de los hombres.

Ahora que hemos resumido el significado de la depravidad total o radical, consideraremos las enseñanzas de las Escrituras. Encontraremos abundante testimonio de lo que hemos aprendido – Puesto que todos los hombres llevan la culpa del pecado, también llevan la pena – la muerte y la corrupción moral. Cada uno de los descendientes de Adán nace moralmente corrupto e inclinado a la maldad.

A través de un estudio cuidadoso de Génesis 5:1-3, se ve claramente las devastadoras consecuencias de la caída y la extensión de la corrupción moral a toda la raza humana.

Adán fue hecho a la “imagen de Dios,” (Génesis 5:1) pero los descendientes de Adán fueron hechos a la imagen caída y depravada de Adán (Génesis 5:3). Es importante notar que los hombres no heredan la corrupción moral de Adán de la misma forma que un hijo hereda las características físicas de su padre. La corrupción moral de los descendientes de Adán es el resultado del juicio de Dios en contra de ellos. Adán pecó y fue sujeto a la pena de muerte y la corrupción moral. El pecado de Adán ha sido imputado a todos sus descendientes, y por eso, ellos también son sujetos a la misma pena – la muerte y la corrupción.

Desde la caída de Adán, todos los hombres nacen con una naturaleza moralmente corrupta, hostil hacia Dios, e inclinada a la maldad. ¿Qué enseñan las siguientes Escrituras acerca de esta verdad? ¿Cómo demuestran que la corrupción moral del hombre no es un comportamiento aprendido, sino un reflejo de su misma naturaleza?

Salmo 51:5 He aquí, en maldad he sido formado, Y en pecado me concibió mi madre.

Nota: Esto no significa que las relaciones sexuales entre los padres de David fueran pecaminosas. Dios mandó que los hombres se multiplicaran y llenaran la tierra (Génesis 1:28). David está simplemente declarando una verdad que se defiende a través de las Escrituras y se demuestra a través de la historia de la humanidad – La corrupción moral del hombre y su propensión a la maldad no es un comportamiento aprendido, sino parte de su propia naturaleza.

Salmo 58:3 Se apartaron los impíos desde la matriz; Se descarriaron hablando mentira desde que nacieron.

Génesis 8:21 Y percibió Jehová olor grato; y dijo Jehová en su corazón: No volveré más a maldecir la tierra por causa del hombre; porque el intento del corazón del hombre es malo desde su juventud;

Nota: La palabra “juventud” se refiere a la vida temprana o niñez de una persona. No hay necesidad de enseñar a un niño para que sea egoísta o egocéntrico, o a que mienta, o manipule a otros, etc. Tales actitudes y comportamiento pecaminosos brotan de su propia naturaleza.

Habiendo establecido la verdad de que todos los hombres nacen llevando la corrupción moral de Adán, ahora consideraremos las Escrituras que ilustran la severidad o profundidad de esta corrupción moral. ¿Qué nos enseñan las siguientes Escrituras acerca de la profundidad y extensión de la corrupción del hombre?

Génesis 6:5 Y vio Jehová que la maldad de los hombres era mucha en la tierra, y que todo designio de los pensamientos del corazón de ellos era de continuo solamente el mal.

Nota: Para ilustrar esta verdad, supongamos que se pudiera poner todos los pensamientos de un hombre desde su niñez hasta la actualidad en un video, y luego mostrar el video a su familia y a sus amigos más cercanos. No sería una exageración decir que él tendría tanta vergüenza que jamás podría mirar a nadie a los ojos.

Job 25:4-6   ¿Cómo, pues, se justificará el hombre para con Dios? ¿Y cómo será limpio el que nace de mujer?

Isaías 64:6  Si bien todos nosotros somos como suciedad, y todas nuestras justicias como trapo de inmundicia; y caímos todos nosotros como la hoja, y nuestras maldades nos llevaron como viento.

(Eclesiastés 9:3, Job 15:14-16)

Nota: Las obras más grandes y encomiables de los hombres no son nada más que trapos sucios ante Dios. Se podría vestir o envolver a un leproso para cubrir sus llagas en la seda más fina y blanca, pero inmediatamente, la corrupción de su carne contaminaría la tela y llegaría a ser tan vil como al hombre que cubre. Así son las buenas obras de los hombres ante Dios. Llevan la corrupción del hombre que las hace.

Para concluir esta parte de nuestro estudio de la corrupción moral del hombre, consideraremos una declaración breve pero poderosa hecha por el Señor Jesucristo en Mateo 7:11. ¿Cuál es esta declaración y cómo demuestra la fuerte convicción de Cristo acerca de la depravidad moral del hombre?

Mateo 7:11 Pues si vosotros, siendo malos, sabéis dar buenas dádivas a vuestros hijos, ¿cuánto más vuestro Padre que está en los cielos dará buenas cosas a los que le pidan?

Publicado por Pastor: Damián Ayala.

Continuará con… La Muerte Espiritual y la Inhabilidad Moral


La Caída de la Humanidad

La Caída de la Humanidad

Las Escrituras afirman tres muy importantes verdades acerca de la Caída de Adán y sus consecuencias devastadoras para toda la humanidad. Aparte de estas verdades es imposible explicar la corrupción moral de la humanidad y la presencia universal de la maldad en un mundo que fue creado bueno. Estas tres verdades son:

1. Dios hizo a Adán el representante o cabeza de la raza humana. Como cabeza, Adán actuó en nombre (de parte) de toda la humanidad y las consecuencias de sus acciones nos afectan a todos.

2. Dios “imputó” el pecado de Adán a todos los hombres. Las palabras imputar e imputación, provienen del verbo latino imputare que significa, “considerar, contar, atribuir, o cargar a la cuenta de uno.” Con respecto a la Caída, significa que Dios cargó el pecado de Adán a la cuenta de todos los hombres. Dios considera y trata a todos los hombres desde su nacimiento como pecadores por causa del pecado de Adán. Todos los hombres llevan la culpa y la pena del pecado de Adán.

3. Dios entregó a todos los hombres a la corrupción moral. La pena del pecado de Adán no solamente fue la muerte, sino también la corrupción moral – él cayó de su estado original de justicia y llegó a ser una criatura moralmente corrupta. Cada uno de los descendientes de Adán nace en el mismo estado moral – inclinado a la maldad, en enemistad con Dios, y hostil a la santidad y justicia.

Todos los Hombres Nacen en Pecado

La declaración que “todos los hombres nacen en pecado” significa que Dios ha imputado el pecado y la culpa de Adán a cada uno de sus descendientes. Todos los hombres, desde su nacimiento, son considerados y tratados como pecadores por causa del pecado de Adán. Es importante notar que esto no es una “teoría teológica” o una “construcción filosófica”, sino la clara enseñaza de las Escrituras y se demuestra todos los días.

1.- En Romanos 5:12-19, se encuentra el más importante discurso en toda la Escritura con respecto a la caída de Adán y la imputación de su pecado a toda la raza humana.

a. Por tanto, como el pecado entró en el mundo por un hombre, y por el pecado la muerte (v.12):

Nota: El pecado entró en el mundo por un hombre. Las Escrituras afirman que Dios creó todo “bueno” (Génesis 1:31). La explicación bíblica para la presencia del pecado en el mundo es que entró “por” o “a través de” la desobediencia de un hombre – Adán. Y por el pecado la muerte. El pecado entró en el mundo por el primer acto de desobediencia de Adán, y la muerte entró en el mundo por el pecado – una cadena devastadora de eventos. Es extremadamente importante notar que la muerte no entró en nuestro mundo como una “consecuencia natural” del pecado, sino como una pena divina en contra del pecado. La muerte es el castigo de Dios y la paga del pecado (Génesis 2:17; Ezequiel 18:4; Romanos 6:23).

b. Así la muerte pasó a todos los hombres, por cuanto todos pecaron (v.12):

Nota: Así la muerte pasó a todos los hombres. Habiendo explicado como la muerte entró en el mundo, Pablo afirma lo que todos sabemos es verdad – la muerte ha pasado a todos los hombres. Toda vida inevitablemente termina con la muerte. Los hombres nacen para morir. Por cuanto todos pecaron. La explicación de Pablo para la extensión de la muerte a todos los hombres es breve, pero ponderosa. La muerte es la pena o paga del pecado (Romanos 6:23) y la muerte ha pasado a todos los hombres, porque “todos pecaron.” La palabra “pecaron” se escribe en el tiempo aoristo que se emplea para describir una acción momentánea en el pasado o un evento en la historia. En este caso, el evento histórico al cual Pablo se refiere es el pecado y caída de Adán. Según la gramática y el contexto (los versículos que siguen), esta frase no significa que la muerte ha pasado a todos los hombres porque todos los hombres pecan o han pecado personalmente, sino que la muerte ha pasado a todos los hombres porque “todos pecaron” en aquel momento histórico en Edén cuando Adán pecó. A través del pecado de Adán, todos “fueron constituidos pecadores” (v.19). Por esta causa la pena de muerte ha pasado a todos los hombres, aún a los infantes y otros que mueren sin haber cometido personalmente un pecado.

c. Pues antes de la ley, había pecado en el mundo; pero donde no hay ley, no se inculpa de pecado. No obstante, reinó la muerte desde Adán hasta Moisés, aun en los que no pecaron a la manera de la transgresión de Adán (v.13-14):

Nota: Estos versículos se dan como evidencia del hecho que todos son “constituidos pecadores” en Adán. La lógica es clara: (1) Según las Escrituras (Romanos 6:23), la muerte es la paga del pecado o la pena de violar la Ley de Dios. Solo pecadores o violadores de la Ley mueren. (2) Pero personas sin número murieron antes que la Ley de Moisés fuera dada e infantes sin número han muerto en la matriz de su madre aunque nunca pecaron personalmente o violaron la Ley de Dios. (3) La muerte de los que nunca han pecado personalmente en “la manera de la transgresión de Adán” solo puede ser explicada por el hecho de que el pecado de Adán les ha sido imputado, y fueron constituidos “pecadores” en Adán.

d. Por la transgresión de aquel uno murieron los muchos (v.15):

Nota: “Los muchos” es una referencia a la gran multitud de la humanidad que desciende de Adán. De nuevo, Pablo demuestra que la muerte que todos los hombres experimentan es el resultado de un hombre – Adán. A través de su transgresión, los muchos “pecaron” (5:12), y por eso, “los muchos” murieron

e. El juicio vino a causa de un solo pecado para condenación (v.16):

Nota: La palabra “juicio” se refiere a una sentencia judicial, una decisión, o veredicto. La palabra “condenación” se refiere a una sentencia irrecusable o un veredicto de culpabilidad. La transgresión de Adán resultó en el juicio divino. El juicio divino resultó en su condenación. La pena de su crimen fue la muerte. Esta condenación y su pena han pasado a todos los hombres, porque “todos pecaron” en Adán.

f. Por la transgresión de uno solo reinó la muerte (v.17):

Nota: A través del pecado de Adán, la muerte empezó a ejercer autoridad absoluta sobre los hombres (todos los hombres mueren). Esto es verdad porque el pecado de Adán fue imputado a todos los hombres y todos fueron constituidos “pecadores.” Como pecadores, todos estaban bajo el juicio divino de la muerte.

g. Por la transgresión de uno vino la condenación a todos los hombres (v.18):

Nota: Esta declaración simplemente resume lo que ya ha sido dicho en los versículos 12-17. A través de la transgresión de Adán, todos los hombres fueron constituidos pecadores (v12, 19), fueron condenados (v.16-17), y llegaron a estar sujetos a la muerte (v.12, 14, 15, 17).

j. Por la desobediencia de un hombre los muchos fueron constituidos pecadores (v.19):

Nota: La palabra “constituir” significa “declarar” o “contar.” Como el resultado de la desobediencia de Adán, todos los hombres ahora están “contados” y “tratados” como pecadores. Es importante notar que Pablo no dice que como el resultado del pecado de Adán, todos los hombres nacen con una naturaleza pecaminosa, que resulta en una vida de pecado y que resulta en la condenación de la muerte. Sino, Pablo declara que todos los hombres fueron constituidos pecadores y fueron hechos sujetos a la pena de muerte en Adán aún antes que tuvieran la oportunidad de pecar personalmente.

ESTE TEMA ES CONTINUIDAD DE POST El Carácter y Universalidad del Pecado

CONTINUARÁ CON El Hombre Nace en Corrupción. NO DEJES DE VERLOS.

Publicado por Pastor: Damián Ayala.


¿ES LA MALDAD SOLO UNA ILUSIÓN?

¿ES LA MALDAD SOLO UNA ILUSIÓN?

Algunas personas, en particular las afiliadas a las ciencias mentales, arguyen que el mal es una ilusión. Mary Baker Eddy, fundadora de la Ciencia Cristiana, argumentaba que la materia, el mal, la enfermedad y la muerte no tienen realidad y que son ilusiones de la mente mortal.

Dentro de la Corriente Unitaria del Cristianismo, Emily Cady, escribió de modo similar: «El mal no existe… El dolor, la enfermedad, la pobreza, la vejez, y la muerte no son reales, y no tienen poder sobre mí».

Ernest Holmes, fundador de la Ciencia Religiosa, escribió: «Todo el mal aparente es resultado de la ignorancia, y desaparecerá de tal grado que nadie más pensará en este, ni creerá en este, ni lo sufrirá

Si el mal no es más que una ilusión, sin embargo, ¿por qué combatirlo? Aunque Mary Baker Eddy sostenía que el sufrimiento de la enfermedad corporal y la muerte no eran más que ilusiones, es un hecho histórico que, en los últimos años de su vida, estuvo bajo atención médica, recibió inyecciones de morfina para aliviarle el dolor, usó lentes, tuvo extracciones de dientes, y al final murió, «retractándose» de todo lo que había profesado creer y enseñar.

Cuando las personas dicen que el mal es una ilusión, creo que tengo derecho a preguntarles si de noche cierran con llave las puertas de sus hogares. (Si lo hacen, les pregunto por qué). ¿Dejan acaso las llaves dentro de sus autos cuando lo estacionan en la avenida principal del centro? (Si no lo hacen, ¿por qué?). ¿Se abrochan los cinturones de seguridad cuando viajan en auto? (¿Por qué?). ¿Van al dentista? (¿Por qué? ¿No quedamos en que el dolor de muelas era una ilusión?). ¿Le colocan chalecos salvavidas a sus hijos pequeños cuando se bañan en la playa? (¿Por qué?). ¿Les advierten a sus hijos pequeños que no se acerquen demasiado al fuego cuando hacen un asado al aire libre? (¿Por qué?). ¿Apoyan las leyes contra los pederastas? (¿Por qué?). Si el mal no es más que una ilusión, estas acciones serían completamente innecesarias y nadie tendría de qué preocuparse.

Explicar la maldad aduciendo que no es más que una ilusión es contraria a toda experiencia humana y lógica. Limitarse a negar la existencia del mal no elimina su realidad. Esta explicación del mal es en sí la peor de las ideas ilusorias. Jesús, sin duda, creía en la realidad del mal. En la oración del Padre Nuestro, no dijo que oráramos: «Líbranos de la ilusión del mal», sino que nos enseñó a orar: «Líbranos del mal».

De aceptar el punto de vista de la Ciencia Cristiana que el mal es una ilusión, estaríamos negando nuestras propias experiencias sensoriales y personales. Vale la pena notar que las Escrituras a menudo nos exhortan a prestar atención a la experiencia empírica que nos aportan nuestros cinco sentidos. Frente a la duda de Tomás, Jesús le pidió que pusiera sus dedos en las cicatrices de los clavos para demostrarle que efectivamente había resucitado de entre los muertos (cf. Juan 20:27). En Lucas 24:39, Jesús resucitado le dijo a sus seguidores: «Miren mis manos y mis pies. ¡Soy yo mismo! Tóquenme y vean; un espíritu no tiene carne ni huesos, como ven que

os tengo yo». En 1 Juan 1:1, leemos que Juan y los apóstoles hablaron de «lo que hemos oído, lo que hemos visto con nuestros propios ojos, lo que hemos contemplado, lo que hemos tocado con las manos, esto les anunciamos respecto al Verbo que es vida». Los mismos sentidos que nos permiten testificar con tanta convicción del Cristo resucitado, testifican de la realidad del mal en nuestro mundo, no solo a un puñado de personas, sino universalmente y en todas las edades.

Por: Roland Rhodes.