25 Años de Matrimonio

25 Años de Matrimonio

Por Pastor Daniel Brito

El año pasado escribí éste artículo, cuando mi esposa y un servidor cumplimos 25 años de matrimonio. En este día, estamos cumpliendo 26 años de matrimonio, y he decidido publicarlo otra vez, porque creo que tal vez sirva de bendición a alguna persona. Agradezco a Dios por la institución del matrimonio, que es el método Bíblico y saludable para uno gozar de su cónyuge, y de su familia.

Para mí es especial por la sencilla razón que he pasado un poco más de la mitad de mi vida con mi esposa. Eso me hace pensar en las estadísticas sobre el divorcio que se mantiene tal vez al mismo ritmo que en el tiempo que contrajimos matrimonio, y es casi en el cincuenta por ciento.
En 26 años, ¿hemos estado de acuerdo todo el tiempo? La respuesta es un NO. Sería imposible que dos personas estuvieran de acuerdo todo el tiempo. No importa si son esposos, o si entre hermanos carnales, o entre padres e hijos(as), o entre hermanos de la iglesia, siempre hay diferencia de pensar, porque somos individuales. De ahí que el lugar que uno le dé a la Palabra de Dios en la vida de uno, sea lo que decida el rumbo que uno va a seguir.
Notemos que el problema del ser humano es el egoísmo. El egoísmo es parte de la naturaleza caída, y consecuencia del pecado original. De ahí que la Palabra de Dios hable tanto en contra del egoísmo. El egoísmo no hace acepción de personas, las visita a todas. No importa si es espiritual o no. No importa si es convertido o no. Es parte del ego, o el “yo” de la persona, el cual busca el agrado personal más que el agradar a la otra persona. La Palabra de Dios nos dice claramente el Plan de Dios para la familia, y es porque Dios conoce muy bien el problema y las debilidades del ser humano. Por eso leamos el Texto Sagrado en Efesios 5:21-33:
«Sométanse unos a otros, por reverencia a Cristo. 22 Esposas, sométanse a sus propios esposos como al Señor. 23 Porque el esposo es cabeza de su esposa, así como Cristo es cabeza y salvador de la iglesia, la cual es su cuerpo. 24 Así como la iglesia se somete a Cristo, también las esposas deben someterse a sus esposos en todo. 25 Esposos, amen a sus esposas, así como Cristo amó a la iglesia y se entregó por ella 26 para hacerla santa. Él la purificó, lavándola con agua mediante la palabra, 27 para presentársela a sí mismo como una iglesia radiante, sin mancha ni arruga ni ninguna otra imperfección, sino santa e intachable. 28 Así mismo el esposo debe amar a su esposa como a su propio cuerpo. El que ama a su esposa se ama a sí mismo, 29 pues nadie ha odiado jamás a su propio cuerpo; al contrario, lo alimenta y lo cuida, así como Cristo hace con la iglesia, 30 porque somos miembros de su cuerpo. 31 «Por eso dejará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su esposa, y los dos llegarán a ser un solo cuerpo.» Esto es un misterio profundo; yo me refiero a Cristo y a la iglesia. 33 En todo caso, cada uno de ustedes ame también a su esposa como a sí mismo, y que la esposa respete a su esposo.» – NVI.
Noten que el Texto Sagrado nos dice dos cosas importantes: la primera es a las esposas sobre el someterse a sus esposos. La segunda es a los esposos sobre el amar a sus esposas como Cristo amó a la Iglesia. Es bien claro que al mandato de Dios, hay un rechazo casi inmediato, sea en actitud, o sea en el pensamiento. Sea por la esposa, o por el esposo. La esposa se queja sobre el por qué tiene que someterse. El esposo cree que para él la orden es solamente amar a su esposa en la forma común que el hombre sabe amar, y se rebela al mandato de Dios.
Pero noten que Dios sabía muy bien lo que quería decir, y es porque si la mujer decide someterse a su esposo, va a pensar en agradarlo a él, en vez de estarse quejando de sus defectos. Y si el esposo decide amar a su esposa como CRISTO amó a la Iglesia, entonces no va a pensar en agradarse a sí mismo, ni estar pensando en los defectos de su esposa, sino en agradar a su esposa, y entregarse a ella del todo.
La clave para el matrimonio está en el obedecer a la Palabra de Dios, en vez de querer hacer lo que el ser humano en su egoísmo quiere hacer. No en vano dijo JESÚS en Mateo 16:24-25:
«Luego dijo Jesús a sus discípulos: -Si alguien quiere ser mi discípulo, tiene que negarse a sí mismo, tomar su cruz y seguirme. 25 Porque el que quiera salvar su vida, la perderá; pero el que pierda su vida por mi causa, la encontrará.» – NVI.
Nadie puede seguir al Salvador, si no crucifica el YO, que tanto uno valora. Para muchos, ese es el estorbo más grande que tienen para seguir a JESÚS. Así es igual en el matrimonio. JESUCRISTO dijo en Marcos 10:6-8:
«Pero al principio de la creación Dios “los hizo hombre y mujer”. 7 “Por eso dejará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su esposa, 8 y los dos llegarán a ser un solo cuerpo.” Así que ya no son dos, sino uno solo. 9 Por tanto, lo que Dios ha unido, que no lo separe el hombre.» – NVI.
Es claro, que si son una sola carne, deben pensar igual. Ese pensar igual no es fácil, solamente lo es a través de la obediencia de la Palabra de Dios, que lo guía a uno por medio del Espíritu Santo, a toda Verdad.
Seguiremos el tema……..
Que Dios les bendiga.
*Este escrito fue publicado por primera vez el 25 de Marzo, 2008.

*Este Artículo ha sido tomado del blog amigo: El Blog del Pastor Daniel *


¿QUIÉN ESCRIBIÓ LA BIBLIA?

¿QUIÉN ESCRIBIÓ LA BIBLIA?

La Biblia no solo dice que se trata de palabras inspiradas por Dios, sino que fue producida por escritores movidos, por el Espíritu.

Pedro dice que los profetas del Antiguo Testamento fueron hombres «impulsados» por el Espíritu Santo. «Porque la profecía no ha tenido su origen en la voluntad humana, sino que los profetas hablaron de parte de DIOS, impulsados por el Espíritu Santo» (2 Pedro 1:21). David, agregó: «El Espíritu del Señor habló por medio de mí; puso sus palabras en mi lengua» (2 Samuel23:2). La Biblia, por lo tanto, dice que vino de Dios a través de hombres de Dios.

La Biblia fue escrita por profetas de Dios. Él es la fuente originaria de la Biblia, pero sus hombres, llamados profetas, fueron sus instrumentos para registrar sus palabras. El papel de los profetas bíblicos fue exclusivo. Eran sus voceros, encomendados para pronunciar sus palabras, ni más ni menos (cf. Proverbios 30:6; Apocalipsis 22: 18, 19).

Dios le dijo a Balaam: «Limítate a decir sólo lo que yo te mande» (Números 22:35), y él respondió: «Solo que no podré decir nada que Dios no ponga en mi boca» (v. 38).        0, como lo expresa Amós: «Habla el Señor omnipotente; ¿quién no profetizará?» (Amós 3:8).

Todo el Antiguo Testamento fue escrito por profetas; algunos fueron profetas de oficio. Moisés fue un profeta (cf. Deuteronomio 18:15). Escribió los primeros cinco libros de la Biblia conocidos como «el libro de Moisés» (Marcos 12:26) o «Moisés» (Lucas 24:27). Todos los libros posteriores a estos al principio se llamaron «los profetas» (Mateo 5.17; Lucas 24:27). El Nuevo Testamento se refiere al conjunto de los libros del Antiguo Testamento como «las profecías» (2 Pedro 1:20,21; cf. Hebreos 1:1). Desde Samuel (cf. 1 Samuel 10:10,12) ha habido un grupo de profetas (cf. 1 Samuel 19:20). Algunos hombres, como Elías (cf. 1 Reyes 18:36;

Malaquías 4:5) o Eliseo (cf. 2 Reyes 9:1), fueron reconocidos de esa forma.

Otros escritores del Antiguo Testamento fueron profetas porque tenían ese don. Es decir, no pertenecieron a ningún grupo o conjunto de profetas, pero Dios habló por medio de ellos y les dio un mensaje para transmitir al pueblo (cf. Amós 7:14,15). Daniel era un príncipe por profesión (cf. Daniel 1:3,6), pero se convirtió en profeta porque recibió el llamado y el don.

Jesús lo llamó «el profeta Daniel» (Mateo 24:15). David era un pastor, pero Dios le habló. David escribió: «El Espíritu del Señor habló por medio de mí; puso sus palabras en mi lengua» (2 Samuel 23:2). Incluso Salomón, que escribió Proverbios, Eclesiastés, y el Cantar de los Cantares, recibió las revelaciones de Dios como un profeta (cf. 1 Reyes 3:5). El resto de los autores del Antiguo Testamento están dentro de esta categoría, porque sus escritos estaban en la sección conocida como «los profetas» (Mateo 5:17; Lucas 24:27) y porque el Antiguo Testamento se conoce como Escrituras Proféticas (cf. Hebreos 1:1; 2 Pedro 1:20-21).

De igual manera, todos los escritores del Nuevo Testamento fueron «apóstoles y profetas», porque la iglesia se construyó sobre este fundamento (Efesios 2:20). Ellos también dijeron que recibieron su mensaje de Dios. Se considera que Pablo, que escribió casi la mitad de los libros del Nuevo Testamento, lo hizo tan inspiradamente como los escritores del Antiguo (cf. 2 Pedro 3:15-16); Mateo y Juan estaban entre aquellos a quienes Jesús prometió guiar «a toda verdad» (Juan 16:13; 14:26). Pedro, uno de los principales apóstoles, escribió dos libros basados en sus credenciales como apóstol y testigo ocular de Jesús (cf. 1 Pedro 1:1; 2 Pedro 1:1~16). Los otros escritores del Nuevo Testamento eran asociados de los apóstoles y tenían el don de la profecía, porque Dios habló también por medio de ellos (cf. Santiago 1:1; Judas 1-3). los estilos literarios y deseos conscientes de los autores bíblicos para producir su Palabra. Por lo tanto, si bien se originaron completamente de Dios, las palabras de las Escrituras también son humanas y escritas en idiomas particulares (hebreo, griego, arameo), expresadas en formas literarias humanas determinadas que incluyen la narrativa (cf. 1 y 2 Samuel), la poesía (cf. Salmos) y las parábolas (cf. los Evangelios), así como la metáfora (cf. Juan 15:1-8), la alegoría (cf. Gálatas 4:21-5:1), e hipérbole (cf. Salmo 6:6; Lucas 14:26). No obstante, el producto final es exactamente como Dios lo ordenó y en su providencia lo determinó: la Palabra de Dios con autoridad divina, infalible y exenta de error; porque la Escritura «no puede ser quebrantada» (Juan 10:35), y «ni una letra ni una tilde de la ley desaparecerán» (Mateo 5:18). Es «la verdad» (Juan 17:17) que viene de aquel que se nos dice que «es imposible que Dios mienta» (Hebreos 6:18). En resumidas cuentas, todo lo que afirma está exento de error, no solo en lo que respecta a asuntos espirituales sino también a cuestiones de ciencia (cf. Mateo 19:12; Juan 3:12) y de historia (cf. Mateo 12:40-42; 24:37)} En suma, los escritores bíblicos fueron seres humanos a quienes Dios eligió para ser sus voceros mediante el uso de lenguas humanas y formas literarias.

POR: NORMAN GEISLER

Este articulo fue sacado del libro ¿Quien Creó a Dios?

de Ravi Zacharias.