¿Maldiciones Generacionales?

¿Maldiciones Generacionales?

Por  apologista Pablo Santomauro.

Poco a poco en el campo evangélico nos vamos acostumbrando a definir cosas inexistentes. ¿Cómo definir algo que no existe? De acuerdo a cómo lo han imaginado aquellos que dicen que sí existe. He aquí una definición básica: Una Maldición Generacional (ancestral o hereditaria) es un daño o perjuicio proferido sobre un individuo una o más generaciones atrás y cuyo efecto es transmitido a sus descendientes a través del tiempo.

Se supone que el individuo que está bajo una Maldición Generacional ha nacido ya destinado a cometer ciertos pecados, o es propenso a sufrir ciertos males o desgracias, y es dominado por un poder que ningún humano puede controlar. Es por ello que se necesita un poder mayor, el de Dios, para romper o cancelar la maldición.

Cosas como la pobreza, enfermedades, problemas de carácter y temperamento, infidelidad, inconstancia, pereza, alcoholismo, drogas, adicción sexual, depresión, negativismo, esterilidad, inestabilidad mental, obesidad, etc., de acuerdo con esta teología, son pasados de generación a generación en una familia. Los predicadores que trafican con las maldiciones generacionales, por lo general están involucrados en la moderna guerra espiritual con la que embaucan a muchos cristianos sin preparación bíblica. Ellos prometen liberarlo de demonios y romper o cancelar estas maldiciones supuestamente proferidas sobre sus antepasados y que han sido transmitidas a través de su árbol genealógico.

Estilos de vida perpetuados

Cierta autora que promueve esta extraña teología, lista una serie de declaraciones supuestamente formuladas por gente que está o ha estado bajo el efecto de una maldición:

• Todos en mi familia han muerto a los 39 años. • Mis cuatro hermanas se han divorciado. • Mi madre fue infiel y a pesar de aborrecer esa actitud, tengo una relación con un hombre casado.

• Mis hermanos y hermanas “han tenido que casarse”.

• Cada varón en mi familia ha sido alcohólico y mi hijo adolescente está bebiendo mucho.

• No veo progreso en mi vida espiritual.

•He sido despedido de cada empleo, o las compañías donde he trabajado han quebrado.

• No puedo disfrutar la vida, porque siento que pronto sucederá una desgracia y así ocurre. [1]

La autora finaliza diciendo: “Para entender las maldiciones debemos darnos cuenta que estamos lidiando con fuerzas poderosas que no podemos ver y que nuestros sentidos no pueden entender.”

En otras palabras, sin detenerse a pensar ni por un momento de que los males descritos pueden ser patrones de conducta adquiridos, un efecto “natural” de la Caída de la raza humana, una manifestación de la naturaleza pecaminosa del ser humano en general, hábitos de un pésimo trabajador en particular, o consecuencia de la crisis económica que predomina en el mundo, la autora del artículo determina automáticamente que las personas afectadas por estas cosas no son responsables de sus situaciones en absoluto, sino que son víctimas de una maldición que los alcanza desde el pasado en su línea generacional.

Influencia Parental, no “Maldición Generacional”

No cabe duda que por regla general el carácter de los padres , así como la influencia que ellos ejercen sobre los hijos, juega un papel primordial en la personalidad y la conducta de los hijos y sucesivos descendientes. En muchas familias podemos encontrar que el alcoholismo, por ejemplo, afecta a las diferentes generaciones, que en cierta forma sólo están imitando la conducta y los pecados de sus antecesores. Un padre borracho y jugador condena a su familia a la pobreza y una vida miserable desde todo punto de vista. Si los hijos imitan al padre, y los nietos al hijo, es claro que la pobreza y la desgracia se perpetuarán en la familia. Pero no se deben confundir los malos hábitos adquiridos por el ejemplo de los padres con una maldición que fue proferida por alguien y que debe ser rota por medio de una invocación especial pronunciada por un predicador especial.

¿Quién profiere la maldición?

Ante esta pregunta, los promotores de la doctrina de las Maldiciones Ancestrales tienen para contestar sólo tres opciones:

1) Un humano. El ejemplo más claro de un humano profiriendo una maldición es el de Noé maldiciendo y profetizando sobre Canaán (Gén. 9:25) y sus descendientes. En este caso, la maldición es enunciada por un profeta de Dios (pregonero de justicia) hablando directamente bajo la guía y la autoridad de Dios, lo que equivale a decir que fue Dios el que pronunció la profecía. Los descendientes de Canaán fueron los habitantes de la tierra del mismo nombre, la que finalmente fue conquistada por los israelíes quienes en el proceso eliminaron, redujeron y asimilaron, dependiendo del caso, a los canaanitas. La evidencia muestra que estas tribus fueron castigadas por su propio pecado, no el de su patriarca histórico. Algunos comentaristas de renombre destacan que el texto para nada implica que la maldición fue más allá de Canaán.

2) La segunda opción es que la maldición es proferida por Satanás mismo. El problema con esto es que cuando revisamos la Biblia, que debe ser nuestra guía en materia de fe y práctica, en ningún lugar vemos a Satanás o a sus demonios proferir maldiciones sobre las personas. Uno busca en vano para encontrar en la Escritura alguna instancia en donde el diablo y sus huestes tengan poder para traer males proferidos a manera de maldición sobre las personas y su descendencia.

3) La tercera opción es Dios. En realidad, en la Biblia vemos que sólo Dios tiene el derecho y el poder de invocar una maldición (Deut. 28:15-68), aunque en ciertas ocasiones concede a los humanos el derecho de pronunciarla, pero siempre con su aval (Gén: 27:29). Si bien cualquiera puede proferir una maldición con sus labios, de ahí a que se cumplan hay un largo trecho. El Proverbio 26:2 establece que una maldición dañina dirigida hacia una víctima inocente es totalmente inefectiva. El único que maldice de verdad, vale la pena repetirlo, es Dios. La maldición de Dios, aunque el término suene feo por la fuerza de la costumbre, es una revelación de Su justicia que afirma Su derecho a exigir completa obediencia de los humanos.

Una vez confrontados con las opciones, los proponentes de las maldiciones ancestrales no tienen más remedio que aceptar que el único ser de quien vienen las maldiciones es Dios, pero para justificar su metodología agregan, sin ninguna base bíblica, que son Satanás y los demonios los que se encargan de que la maldición perdure. En otras palabras, si me permiten el sarcasmo, Dios necesita la ayuda de los ángeles caídos para perpetuar la maldición.

La pregunta de rigor es, si Dios emplaza una maldición, ¿puede un humano cancelarla, sea cual fuere la fórmula que use para hacerlo?

Un concepto erróneo de maldición

El concepto de maldición que estos predicadores manejan está relacionado con los poderes mágicos ocúlticos y la superstición pagana, equivalente a un hechizo o un encantamiento que llevado al ridículo es similar al embrujamiento que convirtió al hermoso príncipe en un sapo. Este tipo de absurdidades no existe. La gente involucrada en la brujería, la santería o el vudú manejan estos conceptos mientras clavan agujas en un muñeco, le suenan la maraca al enfermo o bailan alrededor del “cliente” sacudiendo la pobre gallina.

Veamos cómo se define “maldición” en las propias palabras de aquellos que enseñan el concepto de Maldiciones Generacionales:

“¿Qué es una maldición? Es aborrecer, detestar, execrar, vituperar, condenar a una persona o cosa. Es atar a alguien con palabras o blasfemias. Una maldición es una fuerza demoníaca puesta sobre una persona o una familia a través de: palabras, o por voluntad y acción de alguien. Las acciones pueden incluir a los propios padres involucrados en actividades de ocultismo.” [2]

Ignacio García comenta refutando esta definición:

“La primera parte (hasta antes del primer punto y seguido) es correcta, porque está copiada de un diccionario bíblico; el resto ya es de su propia cosecha. Agregarle incoherencias de su peculio a la definición, provoca que los MG (proponentes de las Maldiciones Generacionales) tengan dificultad para saber de dónde proviene la maldición. Porque por un lado apoyan su doctrina con Exodo 20:5, “…Yo visito la iniquidad de los padres a los hijos…”, en donde es Dios quien habla, pero luego invierten todo y dicen (como en el párrafo de arriba) que ¡”la maldición es una fuerza demoníaca”! O sea: Dios maldice pero el diablo le gana a maldecir.” [3]

El significado bíblico de “maldición”

Ya dijimos que el único que realmente se reserva el derecho y poder de maldecir es Dios. Pero una maldición de parte de Dios es totalmente diferente al concepto pagano-ocúltico de la palabra. El primer uso de la palabra hebrea ârarocurre en Génesis 3:17 (maldita será la tierra). Es un pronunciamiento de juicio sobre aquellos que quebrantaron un pacto. Maldición, en el contexto bíblico, es una expresión de la justicia de Dios que se aplica sobre alguien o algo como consecuencia de una decisión personal e intencional de desobediencia contra Dios, y que el hombre toma haciendo uso de su libre albedrío. Dios, entonces, pone distancia entre El y el pecado.

Ejemplo: En Deuteronomio 28, Dios establece las increíbles bendiciones que vendrán sobre el pueblo de Israel como resultado de la obediencia a los mandamientos de Dios (Deut. 28:1-14), y luego como contraposición expresa lo que ocurrirá como consecuencia de desobedecer voluntariamente esos mandamientos (Deut. 28:15-68), lo que es equivalente a “haber dejado a Jehová” (v. 20). Como vemos, una maldición de Jehová siempre conlleva el deseo de que el bien sea derramado sobre los que lo aman y le obedecen. No tiene el propósito primario de hacer el mal. Aún más, las maldiciones de Dios no excluyen la posibilidad de arrepentimiento por parte de la persona, sino por el contrario, son enunciadas con el fin de que evitemos pecar contra Dios.

¿Pasan las maldiciones de Dios a los descendientes?

Las maldiciones pronunciadas por Dios son directamente dirigidas a individuos o naciones por pecados específicos, jamás son dirigidas a los descendientes de una persona. El capítulo 18 del libro de Ezequiel es categórico respecto a la errónea idea de que los hijos pagan por los pecados de los padres. Los judíos sufrían del mismo error que los promotores de la doctrina de la Maldición Generacional. Dios les dice en Ezequiel 18 que ya dejen de creer en eso: “… el hijo no llevará el pecado del padre, ni el padre llevará el pecado del hijo …” (ver también Jer. 31:29-30).

En realidad, parece increíble que Dios tenga que repetir un concepto que ya había impartido al pueblo judío siglos antes: “Los padres no morirán por los hijos, ni los hijos morirán por sus padres; cada uno morirá por su pecado” (Deut. 24:16).

En el capítulo 9 del Evangelio de Juan encontramos algo relacionado con el concepto que venimos tratando: “Al pasar Jesús, vio a un hombre ciego de nacimiento Y le preguntaron sus discípulos, diciendo: Rabí, ¿quién pecó, éste o sus padres, para que haya nacido ciego? Respondió Jesús: No es que pecó éste, ni sus padres; sino para que las obras de Dios se manifiesten en él” (Juan 9: 1-3). Los discípulos de Jesús aun seguían aferrados al mismo error que los judíos en los tiempos de Ezequiel. Si en realidad los hijos pagaran por los pecados de los padres, ésta hubiera sido la perfecta oportunidad para que Jesús corroborara o expandiera sobre la doctrina. Sin embargo, su respuesta fue directa y fulminante. Prácticamente les dijo que se bajaran del caballo de tal absurdidad.

¿Apoyo escritural para la doctrina?

Por supuesto que los maestros de la Maldición Ancestral citan pasajes bíblicos para apoyar la enseñanza. El favorito es el siguiente:

“…que visito [Dios] la maldad de los padres sobre los hijos hasta la tercera y cuarta generación de los que me aborrecen, y hago misericordia a millares, a los que me aman y guardan mis mandamientos.” (Éxodo 20:5).

Este parece ser para ellos el pasaje que definitivamente establece que Dios castiga a los descendientes de los pecadores. El problema es que:

1) La palabra “castigo” no aparece por ningún lado, ni aun en las repeticiones del pasaje (Ex. 34:7; Núm. 14:18; Deut. 5:9).

2) El pasaje usa la palabra “”visitar.” En hebreo es “paqad”; significa “visitar, inspeccionar, interesarse en.” Los rabinos judíos la traducen “… yo soy Jehová tu Dios … que reviso la iniquidad de los padres sobre los hijos …”

3) Los expertos que produjeron la versión Septuaginta del Antiguo Testamento del hebreo al griego usaron la palabra griega “episkeptomai”, que significa “observar, supervisar, cuidar, examinar de cerca.”

4) El pasaje se cita en forma parcial. El contexto es la prohibición de la idolatría por parte de Dios. La inferencia clara es que Dios visitará a las sucesivas generaciones de aquellos que cayeron en el pecado de idolatría para ver si continúan en los mismos pasos de sus ancestros. Esto es confirmado por la cualificación, “de los que me aborrecen.” En muchos casos, los hijos y descendientes inmediatos continúan en rebeldía contra Dios. La advertencia no está dirigida a aquellos que andan en los caminos del Señor.

5) La palabra “maldición” tampoco aparece en ningún lado, ni aun en las repeticiones. Ellos quisieran ver la palabra “maldición” en lugar de “maldad”, pero ni el lenguaje ni el contexto les permite forzar el concepto dentro del pasaje. La palabra de Exodo 20:25 es ‘âwon (generalmente traducida al español como iniquidad, maldad, culpa o pecado), mientras que maldición es ârar, como ya hemos visto.

Como vemos, tanto el castigo como la maldición sobre las generaciones venideras está ausente del pasaje. Otro error de los maestros de la maldición hereditaria es ignorar totalmente el resto del pasaje, donde se enfatiza la misericordia de Dios sobre los que le aman y guardan sus mandamientos. Esto, automáticamente cancela cualquier pretensión de que un cristiano esté marcado por una maldición ancestral y deba ser liberado de ella.

Estimado lector, no se deje embaucar por aquellos que le inculcan ideas de que usted ha sido afectado por una “maldición ancestral, hereditaria o generacional”, “línea sanguínea familiar”, “iniquidad familiar”, “líneas de iniquidad”, o cualquiera sea el mote que le apliquen a esta horrenda doctrina pergeniada por humanos, no por Dios. Usted, como cristiano, debe afirmarse en la verdad de que Cristo perdonó las iniquidades de muchos con su sacrificio en la cruz (Isa. 53:11).

¿Por qué esta doctrina es tan popular?

En primer lugar, digamos que aquellos que se convierten a Cristo en esta generación presente, traen consigo un pesado bagaje que la Nueva Era impuso casi inconscientemente sobre ellos. Si bien la Nueva Era como movimiento se diluyó a partir del decenio de los noventas, sus enseñanzas han permanecido y aun influencian a la gente por diferentes medios, televisión, películas, revistas, libros, música, educación pública, prácticas de la salud holísticas, etc.

Muchos libros de texto en las escuelas y aun universidades contienen referencias a prácticas ocúlticas que despiertan la curiosidad de los estudiantes. El paganismo resucitó de las cenizas en los ochentas para quedarse. Los temas de la dimensión oculta como la brujería y la magia donde se pueden manejar ciertas circunstancias y ciertos espíritus para crear una realidad propia y traer o detener el mal con poderes sobrenaturales obtenidos con fórmulas mágicas, hechizos, encantamientos, etc., son aceptados por la juventud como una realidad. Es fácil ver como una doctrina que apoya la existencia de tales invocaciones maléficas como las Maldiciones Generacionales, pueda ser creída por gente moderna. Copulado esto con la ignorancia bíblica que campea en ciertos círculos evangélicos, es natural que estos maestros cuenten con la credibilidad de los cristianos no discipulados propiamente.

¡Qué pena que no se les inculquen las verdades de la Palabra de Dios! ¿No es el cristiano una nueva criatura en Cristo y las cosas viejas pasaron (2 Cor. 5:17)? ¿No hemos sido librados de la potestad de las tinieblas y trasladados al reino de Jesucristo (Col. 1:13)? ¿Acaso no dice la Escritura que a los cristianos el maligno [el diablo] no nos toca (1 Jn. 5:18)? ¿Puede el diablo y sus huestes ejercer mayor influencia en un cristiano que la presencia del Espíritu Santo que mora dentro de él? ¡De ninguna manera! Mayor es el que está en nosotros [Dios Espíritu Santo] que el que está en el mundo [Satanás] (1 Jn. 4:4).

¿Puede el cristiano estar poseído por un demonio? ¡No! Las tinieblas no tienen comunión con la luz (2 Cor. 6:14). Los cristianos somos el templo del Dios viviente (2 Cor. 6:16). Esta es una referencia a la presencia del Espíritu Santo en nuestros cuerpos. El Espíritu Santo no se corre hacia un lado para hacerle lugar a un demonio. Walter Martin, el recordado apologista, lo ponía de esta forma: “Cuando el demonio golpea a la puerta del corazón del cristiano, el Espíritu Santo abre la puerta y le dice, ‘Mándate mudar’.” A mí me agrada más la expresión “Vete al diablo.” Claro, sólo para esta ocasión, no como parte de mi lenguaje habitual.

Otra razón para la popularidad de la doctrina de las maldiciones generacionales es que la mayoría de la gente, siguiendo la corriente de la psicología moderna, se rehusa a aceptar responsabilidad por sus propias faltas y pecados. Los cristianos, en muchos casos, nos negamos a aceptar la verdad bíblica de que somos tentados de nuestra propia concupiscencia y ni aun el diablo puede obligarnos a pecar (Stg. 1:14). Hoy la iglesia, en gran parte, colabora en el plan de victimización de la sociedad moderna. Todo el mundo es una víctima, ya sea de las circunstancias, de nuestros padres, del ambiente, de la herencia genética, de la sociedad, etc., y si bien en algunos casos puede haber una medida de verdad en esto, la tendencia general es a pensar que nadie es responsable por su propia conducta. Esto no es verdad, de lo contrario la Escritura nos ha mentido en un sin número de pasajes que nos exhortan a una conducta santa, y que vamos a dar cuenta ante el Tribunal de Cristo. Dios no cree en el dicho “El Diablo me hizo hacerlo.”

La motivación detrás de la teología

Al considerar que esta doctrina de las Maldiciones Generacionales surgió por primera vez en el decenio de los ochentas, luego de miles de años en que supuestamente los hombres y mujeres de Dios estuvieron en tinieblas con respecto a estas cosas, corresponde analizar las causas por las cuales ciertos predicadores la iniciaron y propagaron.

Este invento de los círculos carismáticos, neopentecostales, movimientos de renovación y de la confesión positiva, cumple una función muy importante. Antes, cuando oraban por la sanidad o la prosperidad económica de una persona y el individuo no sanaba o no mejoraba su condición financiera, le echaban la culpa a la poca fe de la persona o argumentaban que la persona estaba en pecado. Ahora, para no hacer sentir mal a la persona, le dicen que sus problemas se deben a una maldición heredada de sus padres o sus antecesores. !Magnífico! Por lo menos de esta forma no ofenden la sensibilidad del individuo por un tiempo al menos. Cuando luego de “romper” la maldición la persona sigue con su problema, de nuevo tienen que recurrir a la excusa del pecado o de la poca fe, pero ya han logrado mantener al incauto en sus redes por un poco más de tiempo, durante el cual, con toda seguridad, lo exprimirán con los métodos de sacar dinero que emplean en sus iglesias.

La guerra espiritual y la doctrina de la prosperidad van tomadas de la mano y son usadas por los mismos falsos maestros. Además, otras fuentes de ganancias para ellos son la publicación de una lista interminable de libros en el tema y las conferencias o seminarios para romper maldiciones hereditarias, cuyo costo no baja de entre los cien y doscientos dólares por cabeza en los EEUU.

Otra ventaja económica es que los diezmos de la congregación aumentarán en forma considerable una vez que se les impresiona con el asunto de las maldiciones. La autora de un artículo sobre maldiciones generacionales cita a Malaquías 3:8-9, “¿Robará el hombre a Dios? Pues vosotros me habéis robado. Y dijisteis: ¿En qué te hemos robado? En vuestros diezmos y ofrendas. Malditos sois con maldición, porque vosotros, la nación toda, me habéis robado.”

Y luego comenta: “Qué importante es enseñar a los niños desde pequeños a diezmar y a los jóvenes que trabajan apartar su diezmo para Dios, esto ayuda a romper cualquier maldición de pobreza y ser apartado el enemigo de sus vidas y tener prosperidad.” [4]

¡Vaya estratagema inteligente para colectar diezmos!

Publicado por Pastor Damián Ayala.


Más objeciones sobre la Biblia

Más objeciones sobre la Biblia

NOTA: Extracto del artículo titulado con el mismo nombre, el cual puede ver completamente en el Blog Amigo del Pastor Daniel,

Objeción número 2: El Canon de la Biblia fue formado arbitrariamente por la Iglesia, y muchos otros libros fueron dejados de lado.

Es un error pensar que el Canon fue establecido por la Iglesia. No, el Canon fue establecido por Dios, la Iglesia luego lo discierne.

¿Qué método se usó? ¿Cuál fue el examen de canonicidad para incluir un libro?

1)    El libro es autoritativo – Tiene la marca indeleble de “Así dice el Señor”

2)    Fue escrito por un hombre de Dios

3)    Posee el poder transformador de Dios para las vidas

4)    Fue recibido, coleccionado, leído y usado por los cristianos de los primeros siglos

5)    Su autenticidad es corroborada por los Padres de la Iglesia (NT), y por los judíos (AT)

6)    La regla de oro para no canonizar un libro era: “Si existen dudas, se descarta”

Pero la mejor prueba de canonicidad sigue siendo la estampa de aprobación de Jesucristo. Cristo corroboró el canon del Antiguo Testamento, aunque éste ya estaba establecido antes de su nacimiento. Si leemos Lucas 24:44 veremos que Jesús dijo que la figura central de las escrituras judías era él, y dice cuáles eran los libros con la autoridad de Dios. Lo mismo hace en Lucas 11:51, donde abarca desde el primer mártir, Abel, hasta el último, Zacarías (ver también Mateo 23:35). El punto que debe notarse es que los fariseos no disputaron para nada con Jesús acerca de la inspiración y formación del Canon del AT.

En cuanto al Nuevo Testamento:

A los efectos de centrarnos en el tema, es esencial tener una noción sólida de lo que es el Canon. La Palabra griega significa “vara de medir”. Hablando metafóricamente, estos libros fueron “medidos” y por lo tanto reconocidos como la Palabra de Dios. Hoy en día, cuando hablamos del Canon de la Escritura, los cristianos nos referimos a todos los libros que colectivamente constituyen la Palabra de Dios.

Es importante saber que muchos libros escritos durante los tiempos del NT ya eran reconocidos como Palabra de Dios. Es altamente revelador el hecho de que Pablo, en 1 Timoteo 5:18, une en un solo versículo una referencia del AT con otra del NT (Dt. 25:4 y Lc. 10:17).

En el primer siglo no era nada fuera de lo normal que un pasaje del AT fuera llamado “Escritura”, pero que un pasaje de un evangelio fuera llamado “Escritura”, eso nos dice mucho acerca de que Pablo consideraba esos libros del NT con autoridad divina.

Para ser mas específicos, sólo habían pasado tres años entre el Evangelio de Lucas (60 d.C.) y el tiempo en que se escribe 1 Timoteo (63 d.C.)  A pesar de esto, Pablo, un judío (hebreo de hebreos), no tiene ningún empacho en poner al Evangelio de Lucas en el mismo nivel de autoridad que el libro de Deuteronomio.

Sumado a esto, sabemos que Pedro reconoce los escritos de Pablo como inspirados por Dios (2 P. 3:15), y Pablo, dicho sea de paso. escribió prácticamente la mitad del NT.

Esto en breve,  pone fin a los alegatos de que el Canon fue determinado siglos más adelante por la Iglesia. El Canon fue determinado por Dios, la Iglesia más adelante simplemente lo reconoce. Eso debe quedar claro.

Por último, hubo razones de peso para proceder a canonizar el NT, y fueron éstas:

1)    Un hereje, Marción (140 d.C.) había elaborado su propio canon

2)    Las iglesias del este estaban usando libros en sus cultos completamente desalineados con el evangelio

3)    El emperador Diocleciano (303 d.C) había ordenado la destrucción de los libros sagrados

Como dato informativo, agreguemos que Atanasio fue el que compiló la primera lista de libros del NT tal cual la tenemos hoy (367 d.C.). Jerome y Agustín también listaron 27 libros. <>

*Este Escrito ha sido Publicado en este blog con el Permiso del apologista Pablo Santomauro*

Artículo tomado del blog amigo  El blog del Pastor Daniel

Publicado por: Héctor Reséndiz



Luego de tantas traducciones, adiciones y revisiones, ¿Es confiable la Biblia?

Luego de tantas traducciones, adiciones y revisiones, ¿Es confiable la Biblia?

Por Pablo Santomauro

La pregunta del título parece ser un cliché favorito de los críticos de la Biblia provenientes del sector ateo y muchos enemigos de la fe cristiana. Desde ahí se ha filtrado hacia los niveles de la ignorancia del hombre de la calle, y como éste no tiene la capacidad crítica suficiente para analizar y razonar ante las evidencias por la veracidad de la Biblia, este ataque en forma de pregunta probablemente continuará en las siguientes generaciones.¿Recuerda el lector el Código Da Vinci, del autor Dan Brown? El libro también atacaba la Biblia de la misma manera. Las proposiciones a continuación son puestas en boca de un pretendido historiador, quien se dedica a contestar preguntas y dudas de sus interlocutores, según el Código Da Vinci:

La Biblia no nos llegó impuesta desde el cielo … La Biblia es un producto del hombre … no de Dios. La Biblia no nos cayó de las nubes. Fue el hombre que la creó para dejar constancia histórica de unos tiempos tumultuosos, y ha evolucionado a partir de innumerables traducciones, adiciones y revisiones. La historia no ha contado con una versión definitiva del libro. (CDV. pp. 287-88) [subrayado nuestro]

Es obvio que la primera parte de este párrafo en referencia a que la Biblia no fue inspirada por Dios pertenece al campo de la metafísica y por lo tanto debemos dejar que los teólogos y apologistas del cristianismo la refuten. Numerosos apologistas a través del tiempo han presentado argumentos poderosos e intelectualmente sólidos por la inspiración de la Biblia. Una exposición de éstos no está dentro del alcance de este trabajo. Es la segunda parte del párrafo la que al ser puesta en boca de un historiador real le causaría la degradación de profesor a barrendero en cualquier instituto de educación. Me refiero a “innumerables traducciones, adiciones y revisiones” que supuestamente han distorsionado lo que originalmente los textos decían. Es fácil lanzar al aire una acusación tan general y vaga como ésta, pero es significativo que Brown no hace ninguna mención específica que sustancie los cargos.

¿Innumerables Traducciones?

La acusación de Dan Brown carece de base académica y trasluce su ignorancia. Los problemas de traducción de la Biblia son los mismos problemas de cualquier documento de la antigüedad y en el análisis final no presentan ninguna dificultad. Siempre han habido problemas para transmitir los conceptos encerrados en las palabras de un lenguaje a otro, pero eso no significa que no se pueda comunicar la idea, especialmente cuando se trata de expertos haciendo el trabajo.

Traducir no es fácil, y menos cuando se hace de un lenguaje antiguo a uno moderno, por ejemplo, de hebreo, arameo y griego al español moderno o cualquier otro lenguaje contemporáneo. Un lenguaje es mucho más que sólo palabras, es también la forma en que la gente usa las palabras. Es por ello que existen buenos traductores que conocen cómo todas esas palabras funcionan cuando se acoplan en una secuencia, no sólo en el lenguaje original sino también en el lenguaje al cual se traduce. El traductor también trata con las palabras en contexto, o sea, en relación con las otras palabras en la frase, con el párrafo y con toda la obra o documento.

El debe, además, encontrar la médula y el significado en ciertas frases y cláusulas. Por ejemplo, hay muchas expresiones en hebreo que también son usadas en español. En hebreo se puede hablar del corazón como el asiento de nuestras emociones y sentimientos, al igual que en español. Pero sucede que en ciertos casos, el hebreo puede hablar de otros órganos del cuerpo para expresar el mismo concepto, tal como intestinos, hígado y riñones. El traductor debe convertir el idioma original a lo que las palabras, en contexto, significan. Cuando el profeta Jeremías estaba angustiado por la caída de Jerusalén, el hebreo expresa literalmente que su “hígado se derramó por tierra”. Eso es lo que el texto hebreo dice exactamente, pero no significa que Jeremías sufría de cirrosis. Es por ello que los traductores de la Nueva Versión Internacional transmiten la expresión idiomática como Estoy con el ánimo por los suelos.

El punto es que los traductores de la Biblia, así como de otros documentos de la antigüedad, poseen un extenso conocimiento del vocabulario, las expresiones idiomáticas, la gramática y la puntuación de los diferentes lenguajes. Estas cosas son pre-requisitos para los traductores bíblicos, quienes van mejorando con el paso del tiempo acercándose más y más a la cuasi-perfección. Gracias a muchos descubrimientos arqueológicos, los traductores hoy conocen el significado exacto de ciertas palabras que no se conocían hace 400 años. En vista de todo este progreso junto con los adelantos tecnológicos modernos, resulta ridículo que algunos sugieran que las múltiples traducciones han sido un factor negativo que arroja dudas sobre la fidelidad de la traducción de la Biblia.

(Más sobre la objeción de “innumerables traducciones” en la próxima sección)

¿Innumerables Adiciones?

Cualquier conocedor imparcial admitirá, por ejemplo, que los manuscritos del Mar Muerto prueban la precisión con que han sido transmitidos los documentos bíblicos. Estos rollos descubiertos en Qumran en 1947, son manuscristos 1000 años más antiguos (150 b.C.) que los manuscritos que se poseían en aquel entonces, los cuales databan del 900 d.C.. Lo notable en esto es que cuando comparamos los dos grupos de manuscritos, es claro que ambos son esencialmente lo mismo, con muy pocos cambios. El hecho de que manuscritos separados por un espacio de 1000 años sean esencialmente iguales indica la increíble exactitud con que fue ejecutada la transmisión de los manuscritos del Antiguo Testamento.

Por ejemplo, dos copias del Libro de Isaías fueron descubiertas en Qumran (cueva #1), cerca del Mar Muerto en 1947. Estas copias que eran 1000 años más antiguas que las conocidas previamente, que databan del 960 d.C., resultaron ser palabra por palabra idénticas a nuestra Biblia hebrea estándar en más del 95 % del texto. El 5 % de variación consiste primariamente en deslices obvios de la pluma y variaciones de deletreado. Si bien es cierto que toda traducción de documentos de la antigüedad presenta ciertos problemas al ser vertida del griego y el hebreo antiguo a cualquier lenguaje moderno, de ninguna manera esto constituye un impedimento para lograr una versión definitiva de lo escrito.

En realidad, la transmisión de los antiguos textos, la calidad y el número de copias manuscritas, la ciencia de la crítica textual, y el arte de la traducción aseguran que las Biblias de reputación que tenemos hoy son una rendición muy exacta de lo que se escribió originalmente. Obsérvese que no me estoy refiriendo a la credibilidad de la narración bíblica, me refiero al texto contenido en la Biblia. Esto no tiene nada que ver con religión, sino con el material documentario. Este tópico ha sido tratado tan exhaustivamente por tantos y tan buenos eruditos que la distorsión de Brown, el autor del Código Da Vinci, no tiene excusas. El apologista cristiano Greg Koukl plantea un interesante comentario del cual transcribimos esta extensa porción:

¿Podemos saber si el Nuevo Testamento ha llegado a nosotros libre de errores y distorsiones? Sí, podemos.

El argumento en contra.

El argumento contra la credibilidad de los textos del Nuevo Testamento puede ser expresado en una forma muy simple. ¿Cómo podemos saber que los documentos que nosotros tenemos reflejan exactamente los originales destruidos hace casi dos milenios? La comunicación no es perfecta; la gente comete errores. Los errores se acumulan y aumentan con cada generación sucesiva. Un ejemplo claro de esto es lo que se conoce con el nombre del juego del teléfono. Simplemente pásele un rumor o un mensaje a una persona y transfiéralo de persona a persona, de oído a oído, en un círculo. Luego compare el mensaje final con el original. La transformación radical de la frase original en tan corto tiempo siempre crea la ocasión para reirnos un poco. Esta comparación es suficiente para convencer al escéptico promedio de que los documentos del Nuevo Testamento no son de confiar. Por supuesto, todo el mundo sabe eso, ¿verdad?

Claro, es fácil plantear la crítica. Presentar pruebas de que el argumento es correcto es un poquito más difícil. Debemos aclarar que la objeción es presentada por gente que tiene muy poco entendimiento de los temas reales. En casos como este, el apelar al conocimiento general es como apelar a la ignorancia general. Como otras tantas críticas al cristianismo, esta objeción es esgrimida por gente que no ha recibido información veraz.

Examinando la información, y nada más que la información.

La cuestión de la autenticidad de los documentos no es algo que está dentro de la esfera religiosa, sino dentro de la académica. Puede ser contestada en una forma académica sin relación ninguna con convicciones espirituales mediante una técnica apologética que apela sólo a la evidencia. Reconozcamos que la objeción es convincente a primera vista. Cuando tratamos de conceptualizar el cómo reconstruir un original después de 2000 años de haber sido copiado, traducido y copiado de nuevo, el objetivo parece imposible.

El escepticismo sin embargo, está basado en dos conceptos erróneos sobre la trasmisión de documentos de la antigüedad tales como el Nuevo Testamento. El primer error es que la transmisión es linear, tal como el ejemplo del teléfono – una persona comunicando a una segunda, que a su vez se comunica con una tercera, etc. En un paradigma linear terminamos con un mensaje y muchas generaciones entre el original y el final.

Segundo, el juego del teléfono depende de la transmisión oral, la cual es más vulnerable a la distorsión que algo que es escrito.

Ninguno de estos supuestos aplica a los textos escritos del Nuevo Testamento.

Primero, la transmisión no fue linear, sino geométrica – o sea, una carta originó 5 copias, que a su vez crearon 25, que luego fueron 200 y así sucesivamente.

Segundo, la transmisión fue hecha por escrito, y los manuscritos escritos pueden ser examinados en una forma en que la comunicación oral no puede serlo.

Reconstruyendo la receta de la tía Juliana.

Permítanme ilustrar como se puede hacer este examen. Les ayudará para que entiendan como los eruditos pueden confiadamente reconstruir el texto tomando como punto de partida los manuscritos existentes (extantes) aun cuando haya diferencias entre las mismas copias, y éstas sean mucho menos antiguas que la autógrafa (el original).

Supongan que la tía Juliana tiene un sueño en el cual se le muestra la receta para un elíxir que le permitirá mantenerse siempre joven. Cuando se despierta, ella anota las instrucciones en un papel, y luego va la cocina a prepararse el primer vaso. En unos pocos días la tía Juliana ha sido transformada. Su belleza y juventud han retornado gracias a la fórmula secreta del jarabe de la tía Juliana

Juliana está tan entusiasmada que envía notas escritas a mano con la receta a sus tres amigas del juego de canasta (la tía Juliana todavía no sabe nada de fotocopiadoras o de e-mails). Las amigas a su vez, hacen copias y las envían a diez de sus amigas.

Todo va bien hasta que un día el perro salchicha de la tía, Sócrates, se come la receta original. Juliana entra en estado de pánico y contacta a sus tres amigas, quienes por esas cosas extrañas del destino, también han perdido sus copias. Estas amigas entonces recurren a las otras amigas, en un intento de recuperar las palabras o los ingredientes originales.

Finalmente pueden juntar todas las notas manuscritas que sobrevivieron, 26 en total. Cuando las despliegan sobre la mesa de la cocina inmediatamente notan algunas diferencias. Veintitrés de las copias son exactamente iguales. De las otras tres, una tiene una palabra mal deletreada, otra tiene dos frases invertidas (”mezcle y luego corte en trocitos” en lugar de “corte en trocitos y luego mezcle”), y una de las notas tiene un ingrediente que ninguna de las otras muestra en la lista.

Aquí está la pregunta crucial, ¿ustedes piensan que la tía Juliana puede con exactitud reconstruir su receta original a partir de la evidencia? ¡Por supuesto que puede! La falta de ortografía es un error obvio, y las frases invertidas se destacan fácilmente y pueden ser corregidas. En la tercera, Juliana simplemente tiene que tachar el ingrediente que está demás. El razonamiento es sencillo, es más factible que una persona agregue un ingrediente por error que 25 personas lo omitan accidentalmente. Aun si las variantes fueran más numerosas o más diversas, el original puede ser reconstruido con un alto grado de exactitud si tuviéramos suficientes copias (en el caso del Nuevo Testamento esto no es problema).

Así es, en forma simplificada, como la ciencia de la crítica textual funciona. Los críticos de texto son académicos que reconstruyen un original non-existente partiendo de manuscritos que datan muchas generaciones de distancia de la autógrafa. De acuerdo con el erudito Nuevo Testamentario F.F. Bruce, “Su objetivo es determinar tan exactamente como sea posible, partiendo de la evidencia existente, las palabras originales del documento en cuestión”.

La ciencia de la crítica textual es usada para examinar los documentos de la antigüedad, históricos y literarios. No se trata de un ejercicio teológico basado en esperanzas y adivinación. Es un experimento lingüístico que se rige por una serie de normas pre-establecidas. Este procedimiento permite que el crítico alerta y dedicado pueda determinar el grado de posible corrupción en cualquier documento. [Greg Koukl, Solid Ground, Jan/Feb 2005, Stand to Reason]

Agregar algo más a lo dicho por Greg Kokoul sería redundante.

¿Innumerables Revisiones?

Las revisiones son cosa común en cualquier obra de la antigüedad. A medida que el lenguaje va cambiando o cierta información sale a luz, así como ciertos hechos se van haciendo menos conocidos entre el público, se hace necesario ajustar los textos para que estos sean entendibles para futuros lectores. El castellano que hablaban Casiodoro de Reina y Cipriano de Valera no es el mismo que se habla hoy. El español ha ido evolucionando y por ende se debieron llevar a cabo las correspondientes revisiones para ajustarse al lenguaje moderno. César Vidal Manzanares, erudito español, señala que la Biblia Reina Valera fue revisada en 1862, 1909 y 1960. En el 1909 se cambiaron 60,000 palabras por sinónimos más comunes. En el 1960 se introdujeron alrededor de 10,000 cambios de vocabulario para poner el lenguaje al día. Por ejemplo en la versión del 1909 la palabra “caridad” significaba amor, pero ahora la misma palabra se aplica a una persona caritativa, que da limosna a los necesitados; por lo tanto, se ha sustituido la palabra “caridad” por la palabra “amor”. En Colosenses 3:5 decía: “Amortiguad, pues, vuestros miembros…” y ahora dice “Haced morir pues lo terrenal en vosotros”. La palabra “amortiguar” no significa hoy lo que significaba hace cien años. Las revisiones, contrario a lo que afirman los críticos de la Biblia, no constituyen ningún obstáculo que impidan que hoy poseamos un versión “definitiva”, al decir de Dan Brown, de la Biblia. Brown habla de revisiones de la Biblia como si éstas hubieran sido cambios totales de contenido, o cambios en ideologías. Estas revisiones tampoco han sido “innumerables”. Brown es básicamente deshonesto, y llego a esta conclusión porque tanta ignorancia en una sola persona, no es posible.

*Este Artículo ha sido publicado con el permiso de el apologista Pablo Santomauro*

*Este artículo fue tomado del blog amigo: El Blog del Pastor Daniel*


Los días de Génesis: ¿Fueron de 24 horas o de millones de años?

Preguntas recibidas

Los días de Génesis:

¿Fueron de 24 horas o de millones de años?

Por Pablo Santomauro

La Biblia dice que Dios creó el universo y todas las cosas en seis días. El lenguaje, la secuencia de los hechos, y la evidencia  presentada por los científicos creacionistas modernos, sugiere firmemente que la tierra es joven y que los días de Génesis fueron de 24 horas como los días de hoy.

Estos días tienen cada uno una “tarde” y una “mañana” (Gn. 1:5,8,13,19,23,31), cosas típicas de un día de 24 horas en la Biblia. Además, Exodo 20:11 compara los seis días de la creación con los seis días de una semana literal de 144 horas.

Siempre que un número sigue a la palabra “día” (yom) en el Antiguo Testamento en literatura no profética como es el caso en Génesis 1, significa un período literal de 24 horas. Sumado a esto, cuando la forma plural de yom (yamim) aparece en la literatura no profética, siempre significa días literales. A decir verdad, las 700 veces que el AT usayamim se refiere a días de 24 horas. Por lo tanto, cuando Exodo 20:11 declara que “en seis días hizo Jehová los cielos y la tierra”, no puede haber dudas de que el texto habla de días literales. [1]

Si el autor de Génesis hubiera querido indicar que los días de la creación fueron largas eras de millones de años, podría haber usado la palabra hebrea dôr, cuya definición  infiere largos períodos. En lugar de ello, el autor usó el término “día”, lo reafirmó con la frase “Y fue la tarde y la mañana”, puso números a continuación y en Exodo 20:11 y 31:17 usó el plural yamim. En otras palabras, usó todos los medios a su disposición para dejar bien en claro que se trataba de días de 24 horas, no largos períodos. Esto anula la teoría que la creación duró billones de años permitiendo de esa forma la evolución. [2]

¡Pero hermano!, dicen algunos proponentes de la evolución teísta, ¿por qué no puede aceptar la noción de largas eras en Génesis 1, si 2 Pedro 3:8 dice que para con  el Señor un día es como mil años, y mil años como un día”. ¿No enseña este pasaje que para Dios, un día puede ser un largo tiempo? Respuesta: No.  El verso no tiene nada que ver con los días de Génesis. En contexto, Pedro habla de los tiempos finales y la Segunda Venida de Cristo y está respondiendo a los que se burlaban de la demora, y les recuerda que Dios no está sujeto a las limitaciones del tiempo, pero NO dice que un día es mil años o mil años es un día en el calendario humano.

La interpretación de que los días de Génesis fueron de 24 horas es absolutamente necesaria debido a las implicaciones teológicas negativas que se desprenden de la teoría “cristiano-científica” que propone los días de millones de años. Cuando tratamos de ajustar la Biblia para que coincida con los postulados teóricos de la ciencia moderna, ciertamente no estamos trayendo todo pensamiento cautivo a la autoridad de la Palabra.

En el final de cada día de Génesis Dios proclama que el proceso creativo es “bueno”, y al término de los seis días declara: “Y vio Dios TODO lo que había hecho, y he aquí que era BUENO en gran manera. Y fue la tarde y la mañana del día sexto”. (Gn. 1:3).

Teorías tales como la “Teoría de la Brecha” o las “Eras Geológicas” implican que la muerte física se hizo presente en el mundo antes de que el pecado apareciera en Génesis capítulo 3. Este es un error teológico fatal. Si la muerte existía antes del pecado de Adán, Dios, al declarar sobre el término del sexto día que TODO era BUENO, también declaró que la muerte física es buena. Esto contradice el resto de la Escritura que enseña que la muerte es “el postrer enemigo que será destruido” (1 Co. 15:26). La redención incluye la eliminación de la muerte, la cual no existirá en los nuevos cielos y la nueva tierra. De esa forma tendremos un mundo perfecto, como en la creación original, restaurado.

No se puede enseñar que hubo muerte antes del pecado y al mismo tiempo ser consistente con la Biblia.

Corresponde señalar que para nosotros este tema no queda abierto para discusión, así que si usted no está de acuerdo, ni se moleste en escribir, no porque no podamos debatirlo, sino porque es nuestro deber no contender en tópicos que no edifican. <>

Pablo Santomauro

Notas:

1)    The  “Days” of Creation, Kyle Butt, M.A.,http://www.apologeticspress.org/articles/1672

2) Ibid.

*Este Escrito ha sido Publicado en este blog con el Permiso del apologista Pablo Santomauro*

Este articulo a sido tomado del blog amigo El blog del Pastor Daniel

 


Apologética Evidencialista vs. Presuposicionalista

Apologética Evidencialista vs. Presuposicionalista

Por Pablo Santomauro

Los conceptos compilados en este ensayo provienen mayormente de apuntes tomados durante talleres presentados por el Dr. Robert Morey, director del California Biblical University and Seminary, y en material escrito del mismo autor en laEnciclopedia del Cristianismo Práctico (título traducido del inglés) y The Trinity – Evidences and Issues. Algunas nociones fueron libremente adaptadas de los escritos de Greg Bahnsen y Cornelius Van Til. Yo sólo agrego algunos de mis comentarios propios sobre el final del ensayo. Es mi deseo que este escrito sirva para esclarecer a grandes rasgos la controversia existente en el campo de la apologética, a fin de equipar a los cristianos interesados en la defensa de la fe.

Pablo Santomauro

Una de las razones por la que la apologética evidencialista ha ganado terreno es que el método inductivo ha sido dominante en la teología cristiana desde los tiempos en que Tomás de Aquino lo introdujo.

Su adopción y defensa de la epistemología de inducción aristotélica provocó un cambio fundamental en la historia de la iglesia así como en la sociedad occidental. No sólo sigue Tomás de Aquino siendo el filósofo “oficial” del catolicismo romano, sino que su aproximación a la verdad es la base filosófica de la apologética evangélica moderna, y la ciencia moderna también.

Aquino reemplazó la metodología deductiva que siguieron los padres de la iglesia primero y luego los reformistas. La razón por la cual los reformistas del siglo 19 como Hodge y Warfield sucumbieron ante el método inductivo, fue que ellos quisieron que la teología fuera aceptada por el mundo académico como una ciencia legítima, tal como las matemáticas o la biología.

Lamentablemente abrieron las puertas para que los teólogos liberales socavaran la inspiración de la Biblia. Al convertir la experiencia humana en el

origen de la verdad, en lugar del Dios de la Biblia, convirtieron al hombre en el juez de Dios, cuando en realidad Dios es el juez de los hombres.

Permítanme explicar brevemente la diferencia entre el método inductivo y el deductivo:

METODO INDUCTIVO

Seguido por las ciencias empíricas, también llamado “sintético” y “a posteriori”, el método inductivo comienza con la experiencia humana y de ahí se mueve hacia todas las cosas, incluyendo a Dios.

El método inductivo pretende ir:

1. de las partes al total.

2. de lo particular a lo universal.

3. de lo finito a lo infinito.

4. de la experiencia humana a la verdad.

5. de los efectos a la causa.

6. de las evidencias a Dios.

A este método también se le llama “sintético” porque los científicos combinan una serie o número de experiencias y las sintetizan en una “ley” universal. Luego de varias veces de repetir el mismo experimento se obtienen los mismos resultados, y los científicos “sienten” que pueden enunciar una ley universal que se dará en todos los experimentos similares en el futuro. Esto es llamado una “ley” científica. Repito, comienzan con las experiencias personales y luego saltan a la ley universal.

El método se conoce también con la designación de “a posteriori” porque la conclusión se alcanza luego de los experimentos.

Es “inductivo” porque nada conclusivo puede probarse. Todo lo que el científico puede concluir lógicamente desde la inducción es cierto grado de probabilidad. La llamada “ley’ o concepto tiene una baja, mediana, o alta probabilidad de ser verdad.

En lógica, si uno quiere tener un universal en la conclusión, se debe por lo menos tener un universal en la premisa. Por consiguiente, no se

puede saltar a una verdad necesaria, no importa cuántas experiencias particulares se han acumulado. Cómo el método inductivo comienza sólo con experiencias humanas particulares, sus conclusiones son sólo “probablemente” verdaderas hasta cierto grado.

METODO DEDUCTIVO

Contrariamente al método inductivo aristotélico adoptado por Aquino y usado en la teología cristiana, el presuposicionalista usa el método analítico, a priori o deductivo, el cual se mueve:

1. del total a las partes.

2. del universal al particular.

3. del infinito a lo finito.

4. de la verdad a la experiencia humana.

5. de la causa a los efectos.

6. de Dios a las evidencias.

El popular principio evangélico que dice, “nunca interpretar la Biblia de acuerdo a la experiencia,

sino la experiencia de acuerdo a la Biblia”, es la médula del método de razonamiento deductivo a priori. La medida de todas las cosas es Dios y no lo contrario. Debemos comenzar con Dios y razonar desde Dios.

El primer principio, o principio fundacional, o la presuposición de apertura, o el axioma de partida, es: Dios existe. A partir de esta base se construye el sistema y se deducen los detalles del sistema. Si las deducciones son verdaderas en su demostración, el axioma de partida también es verdadero.

La geometría, por ejemplo, comienza con conceptos no probados de donde el resto de la geometría es deducido. La existencia de Dios es a priori porque no se origina en la experiencia humana, sino en la revelación especial (la Biblia).

Cualquier concepto de Dios que se origine en la experiencia humana debe ser propiamente llamado antropología o psicología, pero nunca teología.

El método que proponemos es deductivo en el sentido de que las premisas y las conclusiones

están relacionadas de modo que si una es verdad, la otra, necesaria y conclusivamente es verdad.

Un argumento deductivo es válido o inválido, mientras que un argumento inductivo es meramente probable o improbable.

RAZONAMIENTO DEDUCTIVO EN LA BIBLIA

Los autores bíblicos no comienzan con la experiencia humana para probar que Dios existe. En el comienzo de la Biblia se presupone que Dios existe (Gn. 1:1). La existencia de Dios nunca es cuestionada. Los autores de la Escritura comienzan con Dios como la explicación para la existencia del hombre y no viceversa. Para ellos, Dios es la medida de todas las cosas, incluyendo el hombre.

Cito a Carl Henry:

“El empiricismo está en boga en la teología evangélica moderna ….. donde se promueve una aproximación teológica comenzando en los particulares yendo en busca de lo universal, en lugar de postularse un principio universal explicativo sujeto al análisis. Por lo tanto,

cualquier exposición deductiva del cristianismo es desalentada”.

La pérdida moderna de interés en la historia de la doctrina juega un papel principal en el descrédito de la teología deductiva. Muchos seminarios evangélicos no ofrecen ningún curso en teología histórica. Debido a ello, la mayoría de los cristianos conservadores no conocen que la teología primitiva del cristianismo comenzó con Dios como el axioma básico, y desde este principio derivó el contenido de la religión cristiana.

Desde el principio de la era cristiana el método usado para la teología sistemática ha sido deductivo. Agustín y Anselmo son los máximos promotores de la deducción teológica. Fue recién en el siglo 12 que Aquino propuso una alternativa empírica y el método deductivo fue seriamente desafiado” (Carl Henry, Toward a Recovery of Christian Belief, 37-38).

Más adelante, Henry continúa diciendo que toda teología o filosofía tiene un punto de origen que le permite desarrollarse de ahí en adelante. La obra clásica de Euclides, Elementos, escrita ca. 300 AC, estipula los cinco postulados de principios no

probados concernientes a líneas, ángulos, y figuras de los cuales se deduce la geometría.

Lo que diferencia los axiomas cristianos de los axiomas rivales, NO es que los axiomas son a priori; todos los axiomas lo son. Si los secularistas tienen el privilegio de basar sus teoremas en axiomas, los cristianos tenemos también ese derecho. Si los paganos rechazan nuestros axiomas, no pueden lógicamente protestar cuando nosotros rechazamos los de ellos.

Alvin Plantinga lo pone de esta forma:

“El filósofo cristiano tiene derecho a comenzar con su creencia en Dios ….. tiene derecho a dar por garantida la existencia de Dios y desde allí partir y crear su obra filosófica, de la misma forma que otros filósofos dan por sentada la existencia del pasado, o sea, de otras personas, o los postulados básicos de la física contemporaria”.

CONCLUSION:

El razonamiento apologético evidencialista es, obviamente, inductivo. ¿Es posible comprobar la

existencia del Dios DE LA BIBLIA partiendo de una roca? ¿Es posible derivar principios éticos y valores morales trazando una línea desde una piedra, un árbol, un planeta, el DNA? ¿Es posible comprobar la existencia de Dios promoviendo el Diseño Inteligente? ¿Es posible conocer que es inmoral tener relaciones sexuales con la madre de uno contemplando el universo?

Es más, ¿Es posible deducir al Dios DE LA BIBLIA partiendo de algo finito? O sea, ¿es posible deducir lo infinito de lo finito? ¿lo ultradimensional de lo dimensional?

Todos los métodos de razonamiento que pretenden comprobar la existencia del Dios DE LA BIBLIA partiendo de la observación de la naturaleza nos llevan invariablemente a deducir una causa o deidad finita. En otras palabras, todo lo que se necesita para explicar un universo finito, es un origen o principio, o causa finita en sí misma, algo o alguien más grande que el universo. Es por ello que ante la pregunta “¿Quién creó a Dios?” no tenemos más remedio que decir que Dios es eterno, lo que es una presuposición (una buena presuposición ya que fue revelada especialmente).

Es por ello que ciertos apologistas modernos tienen problemas para poder diferenciar el Dios que buscaba Aristóteles (quien era un politeísta), Maimonedes (judío), o Al Gazali (islam), del Dios de la Biblia cuya existencia pretenden demostrar.

Todos los sistemas inductivos que pretenden probar la existencia del Dios de la Biblia se quedan cortos, como cuando el taxista nos deja antes de llegar al aeropuerto, el viaje no se completa. Donde estos sistemas nos dejan es frente a un Dios lo suficientemente poderoso pero finito, o una causa finita, no frente al Dios de la Biblia.

Un efecto finito no requiere necesariamente una causa infinita; una causa finita es suficiente. Es por esto que algunos científicos pueden darse el lujo de decir que Dios está muerto. <>

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Apéndice

Have algunos años, cuando yo participaba activamente en un foro cristiano de debate, un forista “posteó” un artículo en favor de la

apologética evidencialista. Parte del artículo era dedicado a criticar el presuposicionalismo, como era de esperarse. El autor es el conocido Roger Smalling, toda una autoridad en la materia. Cito aquí parte del escrito.

Problemas Con El Presuposicionalismo

Los críticos han señalado algunas debilidades devastadoras en el Presuposicionalismo. Teólogos reformados muy respetados, tales como R.C. Sproul, John Gerstner, Gordon Clark y otros han lanzado argumentos letales que los Presuposicionalistas no han podido refutar.’ Entre estos ataques están los siguientes:

1. Apologética Presuposicional es una premisa auto- contradictoria. La palabra “Apologética” se refiere a la defensa de una posición tornada. Pero una “presuposición”, por definición, es una posición tomada previamente a la evidencia. Como el Dr. Gordon Clark dijo a Van Tíl un día, “Seré feliz de escuchar una defensa de su posición … ¡tanto como ud. no me dé una buena razón para ella!” El Dr. Clark quiso decir que en el momento en que un Presuposicionalista le dé evidencia cualquiera de su posición, entonces el dejaría de ser un Presuposicionalista, y llegaría a ser un Evidencialista. Los Presuposicionalistas todavía no han encontrado la forma para salir de este dilema.

2. Otra forma para exponer este mismo dilema ha sido preguntar al Presuposicionalista por qué ellos presuponen la existencia del Dios Cristiano y no otra clase de dios. Invariablemente ellos se refieren a las evidencias de la existencia de Dios y Su naturaleza como revelada en la creación. Pero los Evidencialistas señalan que esto es robar evidencias del campo Evidencialista para apoyar la posición Presuposicionalista.

3. Los críticos señalan que es un razonamiento circular presuponer la existencia de Dios afín de comprobar la existencia de Dios.

4. Los críticos afirman que los Presuposicionalistas acusan a otros de lo que ellos mismos hacen, i. e., principiando con el razonamiento humano como punto de partida. Tenemos que comenzar con nuestra propia mente, no importa cual sea el acercamiento que escojamos. Aun si empezamos con la presuposición de la existencia de Dios, es todavía nuestra propia mente que toma la decisión de hacerlo así. De hecho, si hacemos esto es normal porque tenemos en mente algunas razones para hacerlo así. Si uno tiene una preferencia por el Presuposicionalismo, en lugar del Evidencialismo, es porque tiene razones para ello.

Por lo tanto, el Presuposicionalista empieza con tanta autonomía como el Evidencialista, sea que lo admita o no.

El Evidencialista afirma que no es pecaminoso empezar con una posición autónoma, porque no hay otra forma de empezar. No tenemos otro punto con que comenzar que con nuestra propia mente. La autonomía llega a ser pecaminosa cuando la evidencia nos dice que existe un Creador, y rehusamos someternos a El.

5. Finalmente, los Evidencialistas sefialan que las Escrituras mismas, que los Presuposicionalistas creen, toma una posición Evidencialista sobre la materia. El Apóstol Pablo argumentó la responsabilidad del hombre desde la evidencia inherente en la creación que muestra la existencia de Dios y Su naturaleza. (Ro. 1: 18-22)

Ante estas afirmaciones nos dedicamos a contestar respondiendo de la siguiente forma.

Estimado amigo:

Gracias por traer tan interesante tema. Se trata de una vieja polémica que no tiene miras de cesar en mucho tiempo.

Tomo para comenzar este párrafo del artículo que expusiste:

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“Los Presuposicíonalistas afirman que este acercamiento es el único que no principia con la autonomía del hombre. Ellos afirman que cualquier acercamiento que principia con el razonamiento humano como autónomo es un fundamento corrupto que conduce, eventualmente, a una autonomía pecaminosa. Así la única forma de evitar esta autonomía, es empezar sin autonomía, i.e., con la presuposición de que Dios existe. Visto que Dios es la realidad final, la base de toda existencia, es un error empezar razonando sobre cualquier otra base que no sea la presuposición de Su existencia.”

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Respuesta:

La cita de Roger Smalling describe honestamente la posición del presuposicionalista. En realidad, pienso que la posición llamada presuposicionalista sería mejor llamada “revelacionista”. La razón es que el énfasis está en la revelación de Dios como el fundamento sobre el cual la apologética debe ser edificada.

La escuela revelacionista o fideista afirma que la apologética debe tener su ancla principal en la verdad de Dios y no en la experiencia o razonamiento humano. Considera que los evidencialistas no toman en serio la depravación humana. En síntesis, si el pecado imposibilita que la revelación general hable al corazón del hombre, es imposible el desarrollo de una teología natural o evidencialista. La apologética debe comenzar con la redención de Dios y la Palabra de Dios en la revelación especial.

Es claro que el evidencialista considera que la existencia de Dios puede probarse a partir de la creación y la razón humana. De ahí a que se pueda convertir a un incrédulo siguiendo el método evidencialista, hay una gran distancia.

He visto que el evidencialista, en algunos casos, acusa al revelacionista de basar su posición sólo en la fe. El asunto no es entre fe y razón (esta es una dicotomía creada por el humanismo). El asunto es entre Dios o el hombre, i.e., entre la revelación de Dios o la razón, la experiencia, las emociones o la fe del hombre.

Siempre se me hizo curioso que el evidencialista, al decir que se debe comenzar a partir de la revelación general de Dios encontrada en la naturaleza, siempre se apoya en Romanos 1 y el Salmo 19. Esto para mi es un razonamiento circular o autorrefutable, ya que para justificar su posición alude a la revelación especial, o sea, la Biblia. A decir verdad, sin la Biblia no tendría ni idea de lo que es revelación general.

Otro punto interesante en el artículo es el que propone preguntar al presuposicionalista cual es el Dios que presupone, ¿porqué el Dios cristiano y no otro dios?

La misma pregunta se le puede hacer al teólogo natural (evidencialista). ¿La existencia de cuál Dios está tratando de probar? ¿El Dios de la Biblia, el del Corán, las Vedas, o el de los mormones?

La verdad es que no tienen más remedio que comenzar con el Dios que se reveló en la Biblia.

Quiérase o no, el evidencialista está tan saturado con las ideas de Dios, el pecado, la creación, la revelación, etc., que no puede empezar a razonar sin la Biblia.

Los únicos que podrían hacer esos son los paganos que nunca escucharon acerca de la Biblia. Serían los que viven en las partes más remotas donde los misioneros nunca llegaron, aislados totalmente del judaísmo, el cristianismo, o de cualquier religión que toma material prestado de estos.

La verdad es que cuando observamos a aquellos que caen dentro de esta categoría, concluímos que todo lo que han deducido con su razón a partir de la observación de la naturaleza, es idolatría e inmoralidad de las más viles. La idea evidencialista de que el hombre puede llegar a conocer a Dios meditando sobre la creación no ha dado resultados en el pasado, ni lo dará en el futuro.

Es importante tener en cuenta que la idea de que a partir de la razón humana es posible derivar

teología, filosofía y apologética, ha producido en muchos promotores de la teología natural el fruto de la apostasía (no estoy haciendo culpabilidad por asociación, por favor).

Allí tenemos a Clark Pinnock, otrora un gran defensor de la inerrancia de la Escritura, hoy se unió al partido comunista de Canadá y es uno de los principales exponentes del Teísmo Abierto.

Franky Schaeffer es otro. Este deshonra hoy la memoria de su padre, el gran filósofo cristiano Francis Schaeffer.

Una vez que estos hombres dan el salto de fe en la oscuridad, y creen que el hombre puede descubrir la existencia, la naturaleza y los atributos de Dios partiendo de la razón humana, aparte de la Revelación encontrada en la Escritura, desarrollan una apologética natural o evidencialista basada en la razón humana. El hombre es ahora la medida de todas las cosas.

Desde allí, todo es cuesta abajo. Si el hombre puede conocer a Dios sin la Escritura, entonces puede llegar al cielo sin la Biblia. Si no se necesita la Biblia, el arrepentimiento no es necesario, y fe en Dios y Jesucristo tampoco. Por lo tanto, los paganos no están perdidos y no necesitan escuchar el evangelio. La teología natural lleva inevitablemente a una salvación natural, no sobrenatural.

En fin, son muchos los aspectos de este tema. Creo que recién empezamos a jalar de unos pocos hilos. Hay muchos más.

Bendiciones en Cristo,

Pablo.

PD: El presuposicionalista no niega el uso de la razón, simplemente le adjudica otro lugar y derrotero en su sistema apologético.

Publicado por Pastor Damián Ayala.

Este artículo ha sido tomado del blog Amigo

El blog del Pastor Daniel


El sábado – ¿el día de reposo?

El sábado – ¿el día de reposo?

Pablo Santomauro

publicado por Pastor Damián Ayala.


La Blasfemia Contra el Espíritu Santo y su Incidencia sobre la Doctrina de la Trinidad

La Blasfemia Contra el Espíritu Santo y su Incidencia sobre la Doctrina de la Trinidad

Por Pablo Santomauro

Por tanto os digo: Todo pecado y blasfemia será perdonado a los hombres; mas la blasfemia contra el Espíritu no les será perdonada. A cualquiera que dijere alguna palabra contra el Hijo del Hombre, le será perdonado; pero al que hable contra el Espíritu Santo, no le será perdonado, ni en este siglo ni en el venidero. (Mateo 12:31-32)

En este breve ensayo no elaboraremos en la interpretación del pasaje. Ya se ha especulado bastante al respecto y el material en el tema es más que abundante. Yo creo sinceramente que Dios ha dejado algunos pasajes de la Escritura envueltos en cierta medida de misterio, simplemente para humillar a aquellos que quieren reducir a toda la Palabra de Dios al alcance de la razón. Paradójicamente, este pasaje presenta también una enseñanza clarísima relacionada con la Trinidad, específicamente en lo relacionado con la persona y la deidad del Espíritu Santo. Tan diáfano es el pasaje en este aspecto, que es inconcebible que alguien pueda negar ambos atributos del Espíritu. El tipo de blasfemia al que se hace referencia requiere obligatoriamente la personalidad y la deidad del blasfemado. La igualdad ontológica inherente a los Tres mencionados en el pasaje es también más que evidente.

La deidad del Espíritu es fácilmente deducible en el hecho de que si alguien blasfema contra el Padre o el Hijo, puede ser perdonado, pero si blasfema contra el Espíritu Santo nunca le sera perdonado. Es absurdo e irracional que una fuerza o poder pueda ser exaltado por encima del Padre y del Hijo.

El reclamo arriano/sociniano de que el Espíritu es meramente un atributo o el poder de Dios se derrumba ante la propuesta del pasaje, ya que existe una clara distinción entre el Padre y el Espíritu. Si el Espíritu fuera el poder operacional del Padre, como afirma Mario Olcese, blasfemar al Padre sería equivalente a blasfemar al Espíritu Santo. Pero éste no es el caso. Cualquiera que blasfeme contra el Padre puede ser perdonado, pero no es así cuando se blasfema al Espíritu Santo. Obviamente, son personas diferentes.

Los modalistas, a su vez, reclaman que el Espíritu es Jesús. Esta proposición también se da de narices contra el suelo. Si los Tres son la misma persona, blasfemar a uno equivale a blasfemar a todos. Para desconsuelo del modalista, blasfemar contra Jesús o el Padre no es lo mismo que blasfemar contra el Espíritu Santo. Conclusión: los Tres son diferentes personas. De lo contrario el pasaje no tiene ningún sentido.<>

*Este Escrito ha sido Publicado en este blog con el Permiso del apologista Pablo Santomauro*

*Este Artículo ha sido tomado del blog amigo: El Blog del Pastor Daniel: http://pastordanielbrito.wordpress.com/ *

Publicado por Héctor Reséndiz


¿Es el Espíritu Santo una Persona?

¿Es el Espíritu Santo una Persona?

El Espíritu Santo: ¿Una fuerza impersonal?

Pablo Santomauro

Los Testigos de Jehová (TDJ en adelante) niegan que el Espíritu Santo sea una persona. Para ellos, el Espíritu Santo no es más que una fuerza como la electricidad, le llaman la “fuerza activa de Dios.”[1] Claramente, los TDJ niegan la personalidad del Espíritu Santo, así como su deidad, o sea, que es una de las personas de la Trinidad. Sin embargo, es de conocimiento general que los tres atributos primarios de la personalidad son mente, emociones y voluntad. Una “fuerza” no tiene estos atributos. Si es posible demostrar que el Espíritu Santo tiene mente, emociones y voluntad, la posición de la Watchtower de que el Espíritu es una “fuerza activa” se desmorona como un castillo de naipes. Procedamos a investigar.

El Espíritu Santo tiene una mente. —- Esto es claro en varios pasajes. Por ejemplo, el intelecto del Espíritu Santo es visto en 1 Corintios 2:10, donde se nos dice que “el Espíritu todo lo escudriña” (cf. Isaías 11:2; Efesios 1:17). La palabra griega para “escudriñar” significa investigar un asunto exhaustivamente. El Espíritu Santo, con su mente, investiga las cosas de Dios y las da a conocer a los creyentes. Nótese que Jesús le dijo una vez a un grupo de judíos: “Escudriñad las Escrituras, porque a vosotros os parece que en ellas tenéis la vida eterna” – Juan 5:39. El Señor usó allí la misma palabra que se usa en 1 Corintios 2:10. De la misma forma que los judíos debían escudriñar las Escrituras, el Espíritu de Dios escudriña con su mente las cosas de Dios. Se nos dice además, en 1 Corintios 2:11, que el Espíritu conoce los pensamientos (cosas) de Dios. ¿Cómo puede el Espíritu conocer los pensamientos de Dios si no tiene una mente? Una fuerza no tiene conocimiento. Se requiere un proceso pensante para que haya una mente. Romanos 8:27 dice que así como el Espíritu de Dios conoce las cosas de Dios, Dios Padre conoce las intenciones del Espíritu. De acuerdo con el respetado Lexicon griego-inglés del Nuevo Testamento de Arndt y Gingrich, la palabra traducida “intención” en este versículo significa “forma de pensar, mente, meta, aspiración” (William F. Arndt and F. Wilbur Gingrich, A Greek-English Lexicon of the New Testament and Other Early Christian Literature [Chicago: The University of Chicago Press, 1957], p. 874). Una mera fuerza no tiene una “forma de pensar, una mente, una meta, o una aspiración”.[2]

El Espíritu Santo tiene emociones —– Un número de pasajes establecen esto. Por ejemplo, en Efesios 4:30 se nos exhorta a no contristar el Espíritu de Dios. Tristeza es una emoción, y una fuerza no puede experimentar emociones. Tristeza es algo que se siente. El Espíritu Santo siente esa emoción cuando el creyente peca. En el contexto de Efesios, tales pecados incluyen mentira, ira, robar, pereza, etc. Para ilustrar este punto, es importante señalar que loscreyentes de Corinto experimentaron tristeza luego que el apóstol Pablo les escribió la dura carta (2 Cor. 2:2-5). Allí vemos la misma palabra griega que se usa en Efesios 4:30 (traducida “contristéis”). De la misma forma que los corintios sintieron tristeza, la persona del Espíritu Santo siente también tristeza. [3]

El Espíritu Santo tiene voluntad —– En 1 Corintios 12:11 vemos que el Espíritu Santo distribuye o reparte los dones espirituales a cada cristiano “como él quiere”. “El quiere” procede del griego “bouletai”, y se refiere a “decisiones de la voluntad luego de deliberaciones previas” (A Greek-English Lexicon of the New Testament and Other Early Christian Literature, p. 146). Vemos, entonces, que el Espíritu toma decisiones soberanas con respecto a los dones espirituales que cada cristiano recibe. Una fuerza no posee tal voluntad. Es interesante que la palabra griega usada para describir la voluntad del Espíritu Santo es usada para describir la voluntad de Jehová Dios en Santiago 1:18. Así como la persona del Padre ejercita su voluntad, también lo hace el Espíritu Santo. Otro ejemplo claro del Espíritu Santo ejercitando su voluntad lo encontramos en Hechos 16:16, donde el Espíritu prohibe a Pablo predicar en Asia y lo redirige a ministrar en Europa. [4]

Es evidente que Espíritu Santo tiene características personales. La siguiente lista, sin ser exhaustiva, reitera en ciertos casos y reafirma en otros, esta proposición:

 El Espíritu Santo tiene voluntad (Hch. 2:4).

 El Espíritu Santo se comunica (Hch. 9:8).

 El Espíritu Santo enseña (1 Cor. 2:13).

 El Espíritu Santo guía (Gál. 5:18).

 El Espíritu Santo testifica (Juan 15:26).

 El Espíritu Santo comisiona (Hch. 13:4).

 El Espíritu Santo da mandamientos a los creyentes (Hch. 8:29).

 El Espíritu Santo intercede por los creyentes (Rom. 8:26).

 El Espíritu Santo habla a las personas (Juan 15:26; 2 Peter 1:21).

Tomando en cuenta toda la evidencia anterior, es obvio que el Espíritu Santo no es una fuerza, sino una persona.

Argumentos con que los Testigos de Jehová y otros pretenden refutar los atributos personales del Espíritu Santo.

1) El argumento de la “personificación.”

Los TDJ pretenden explicar todos los pasajes anteriores diciendo que la Biblia utiliza un recurso literario que se llama “personificación”. Este recurso adjudica atributos personales a cosas inanimadas o abstractas. También podemos definir la personificación como la práctica de describir una cosa impersonal como si fuera personal.

Veamos unos ejemplos bíblicos de personificación literaria. En el Salmo 98: 7-8, encontramos las expresiones “brame el mar y su plenitud”, “los ríos batan las manos”, y “los montes hagan regocijo”. Aquí se le da al mar, a los ríos y a los montes, características humanas.

Los TDJ, en la publicación ya mencionada, dan un par de ejemplos de personificación. Veamos dos de ellos. Uno está en Lucas 7:35: “La sabiduría es justificada por sus hijos”. Los TDJ dicen que todos sabemos que la sabiduría no tiene hijos. Nosotros estamos de acuerdo con esto.

Otro ejemplo dado por ellos es el de Romanos 5, donde se dice que después de la caída de Adán “reinó la muerte y el pecado”. Dicen los TDJ que la muerte y el pecado no son reyes, por lo tanto estamos frente a una personificación. Hasta aquí todo está correcto.

El problema es que luego continúan diciendo que lo mismo sucede en la Biblia con el Espíritu Santo, se habla de él como si fuera una persona, se utiliza el recurso de personificación, pero en realidad es una fuerza y lo escriben con minúscula.

La falacia del argumento radica en que cuando se leen estas cosas nadie se confunde. Nadie piensa que la sabiduría, la muerte, el pecado, o en los ejemplos anteriores, el mar, los ríos y los montes, son personas. En cambio, cualquiera que lea el Nuevo Testamento sin conocer de antemano la literatura de la organización Watchtower, inmediata y naturalmente va a pensar que el Espíritu Santo es una persona, no una fuerza . Si en realidad fuera una fuerza, entonces tenemos que concluir que el propio Espíritu Santo, el autor de la Biblia, usó un lenguaje engañoso para despistarnos.

2) El argumento de la “comparación.”

Este argumento de los TDJ plantea que como el Espíritu Santo es comparado con cosas impersonales en ciertos lugares de la Biblia, se deduce que el Espíritu también es impersonal. Veamos que dicen en una de sus publicaciones:

“Otra prueba de que el espíritu santo no es una persona es que se le equipara a otras cosas impersonales, como el agua y el fuego (Mat. 3:11).” [5]

Ahora leamos Mateo 3:11: “Yo a la verdad os bautizo en agua para arrepentimiento; pero el que viene tras de mí, cuyo calzado yo no soy digno de llevar, es más poderoso que yo; el os bautizará en Espíritu Santo y fuego.”

Los TDJ dicen que el Espíritu y el agua en este versículo son paralelos directos, y por lo tanto el Espíritu debe ser una entidad impersonal como lo es el agua.

Es totalmente sin sentido el decir que porque el agua no es una persona, el Espíritu Santo tampoco lo es. No solamente esto va en contra de la masiva evidencia por la personalidad del Espíritu Santo, sino que tal clase de razonamiento nos puede llevar a determinar que Jesucristo tampoco es una persona. Por ejemplo, Romanos 6:3 dice: “¿O no sabéis que todos los que hemos sido bautizados en Cristo Jesús, hemos sido bautizados en su muerte?” Usando el sistema de razonamiento de los TDJ, podríamos deducir de aquí que como la muerte no es una persona, Cristo tampoco lo es. Esta lógica es claramente ridícula. [6]

3) El argumento de la “llenura.”

Los TDJ dicen que la Biblia habla de ser llenos del Espíritu Santo, así como habla de ser llenos de gozo. Su publicación anota: “¿Cómo puede el espíritu santo ser una persona si llenó 120 discípulos al mismo tiempo?”[7] Agregan, además, que esto debe significar que el Espíritu no es una persona.

Pero la Biblia enseña otra cosa. Para refutar esto sólo hay que ir a pasajes como Efesios 3:19, donde dice: “… que seais LLENOS de toda la plenitud de Dios.”. O Efesios 4:10, donde vemos que Cristo lo LLENA todo, al igual que Efesios 1:23, donde dice que Cristo es “Aquel que todo lo LLENA en todo.”

¿Acaso el hecho de que el Padre y Cristo llenan todas las cosas significa que no son personas? ¡Claro que no! Entonces, ¿Por qué la Watchtower argumenta que el Espíritu Santo no es una persona simplemente porque llena a un grupo numeroso de gente? [8]

4) El argumento de “la falta de nombre.”

Muchos argumentan que como el Espíritu Santo no es identificado con ningún nombre, eso es indicativo de que no es una persona.

El argumento es falaz debido a que:

a. Los seres espirituales no siempre son llamados por nombre en la Escritura. Por ejemplo, los malos espíritus son raramente nombrados en la Biblia, sino que son identificados por su particular carácter (inmundos, malos, malignos, etc.). De la misma forma, por contraste, el Espíritu Santo es identificado por su atributo primario, la santidad. Sin embargo, nadie se atrevería a decir que los demonios no son seres personales, simplemente porque no se les conoce nombre. De igual manera, no tiene sentido decir que el Espíritu Santo no es una persona.

b. El Espíritu Santo está relacionado directamente con el nombre de las otras dos personas en la Trinidad. Mateo 28:19 dice: “Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del

Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo.” Así como el Padre y el Hijo son personas, sería disonante decir que el Espíritu no es una persona, ya que los tres están relacionados y unidos por el mismo nombre.[9]

El Espíritu Santo es Dios.

En los albores de la Iglesia, Ananías y Safira venden una heredad y se guardan una parte. La otra la traen a los apóstoles, y evidentemente le dicen a los apóstoles que lo que traen es todo lo que les pagaron por la propiedad. Son sorprendidos en la mentira y Pedro les dice: “Ananías, ¿por qué llenó Satanás tu corazón para que mintieses al Espíritu Santo, y sustrajeses del precio de la heredad? …. Reteniéndola ¿no se te quedaba a tí? Y vendida ¿ no estaba en tu poder? ¿Por qué pusiste esto en tu corazón? … no has mentido a los hombres sino a Dios”. Hechos 5:3-4.

Nótese que en el pasaje el hecho de mentirle al Espíritu Santo es equivalente a mentirle a Dios. El Espíritu Santo es Deidad, tercera Persona de la Trinidad, junto con Dios Padre y Dios Hijo.

Observemos además que la ofensa cometida fue “haber mentido” al Espíritu Santo — Usted no puede mentirle a un piano, un árbol, una roca o una fuerza activa. Sólo se le puede mentir a alguien, a una personalidad que tiene la capacidad de comunicarse y de adquirir conocimiento, a alguien que tenga las características y atributos de persona.

Reiteramos la expresión en el pasaje: “No has mentido a los hombres sino a Dios” —- El Espíritu Santo es llamado Dios directamente, no por medio de un recurso literario. Esto es reenforzado por el versículo 9: “¿Por qué convinisteis en tentar al Espíritu de Señor?”

Una vez más, es imposible tentar a una fuerza impersonal. La deidad del Espíritu es establecida por la sintaxis, la cual indica que Pedro no dijo que la pareja de esposos tentó al Espíritu Santo y a Dios, sino que cuando ellos mintieron al Espíritu, le mintieron a [I]Alguien que es Dios[/I]. Por consiguiente, la mentira es de tal calibre que merece la muerte instantánea.

Más elementos de prueba

 En Hebreos 9:14, el Espíritu Santo es llamado “Espíritu eterno”. Esto implica que existió antes de la encarnación de Jesucristo. No sólo eso, es eterno, no vino a la existencia en cierto momento del tiempo y del espacio. La eternidad es uno de los atributos de Dios. Por lo tanto, el Espíritu Santo es Dios.

 En Lucas 1:35 se le describe como creador de vida, un atributo exclusivo de Dios: “…el Espíritu Santo vendrá sobre tí, el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra, y el Santo ser que nacerá será llamado Hijo de Dios.”

 Otro atributo exclusivo de Dios es la omnipresencia. Veamos el Salmo 139:7: “¿Adónde me iré de tu Espíritu y adónde huiré de tu presencia?” Notemos de que hay dos personas nombradas en el mismo versículo.

 La omnisciencia es otro atributo que es único de Dios. Primera de Corintios 2:10 dice: “El Espíritu todo lo escudriña, aun lo profundo de Dios.” — El Espíritu Santo tiene inteligencia y escudriña. Una fuerza no puede hacer eso. ¿Se imaginan lo que sería decir: “La electricidad conoce todo acerca de mí?” No tiene sentido. Pero el punto ahora es que si el Espíritu Santo conoce lo profundo de Dios, significa que conoce lo que Dios conoce, por lo tanto es una de las personas de la Deidad, i.e., la Trinidad.

El Espíritu Santo es llamado Señor.

Tengamos presente que “Señor” y “Dios” se usan para toda la deidad como una unidad, como cuerpo gobernante si se quiere, pero también se usan para cada miembro de la Deidad —- El Padre es llamado Señor, el Hijo es llamado Señor, y el Espíritu Santo es llamado Señor. Lo mismo sucede con “Dios”, las tres personas son llamadas Dios.

El siguiente pasaje es fácil de pasar por alto sin darnos cuenta de las implicaciones. El apóstol Pablo escribe:

“Y el SEÑOR encamine vuestros corazones al amor de DIOS, y a la paciencia de CRISTO” (mayúsculas nuestras) — 2 Tesalonicenses 3:5.

Veamos por un momento a quién se refiere el título “SEÑOR.”

1) Si la palabra SEÑOR se refiriera a Dios Padre, la frase tendría que decir: “Y el Señor encamine vuestros corazones al amor de él mismo, y a la paciencia de Cristo.”

2) Si la palabra SEÑOR se refiriera a Cristo, se leería así: “Y el Señor encamine vuestros corazones al amor de Dios, y a la paciencia de él mismo.”

Considerando la fluidez natural del lenguaje, el título Señor no puede referirse a otra persona más que al Espíritu Santo, y el papel del Espíritu Santo es precisamente el encaminarnos o dirigirnos a muchos lugares y muchas cosas.

No cabe duda que la palabra “Señor”, en este pasaje, es una referencia a la tercera Persona de la Deidad.

La mayoría de los comentaristas modernos niegan que ésta es una referencia al Espíritu, basados en que el Espíritu nunca es llamado “Señor” en el Nuevo Testamento. Lo mismo dicen sobre 2 Corintios 3:17. En ambas instancias, la interpretación de estos comentaristas está basada en razonamiento circular, comienzan y concluyen con la misma aserción, que el Espíritu nunca es llamado “Señor” en el Nuevo Testamento.

Corresponde señalar que si la frase mencionara a una persona diferente al Espíritu, nadie negaría que se trata de una tercera persona. Si el texto leyera, por ejemplo: “Y Tito encamine vuestro corazones al amor de Dios y a la paciencia de Cristo”, ¿negaría alguien que Tito es una referencia a una tercera persona?

El dilema está planteado, ¿La teología determina la gramática, o la gramática determina la teología? Nosotros preferimos ser leales a la gramática del texto para que la teología siga su curso natural.

Conclusión

Cualquier persona que tome en serio las palabras de la Biblia, y que no tenga una agenda doctrinal escondida, llegará a la conclusión inevitable de que el Espíritu Santo no es una fuerza impersonal ni un tipo de poder especial, sino una Persona. No es simplemente una criatura, sino Dios Todopoderoso. La naturaleza de Dios incluye al Espíritu Santo en la Deidad.

El peso de la evidencia bíblica es aplastante en lo que tiene que ver con la naturaleza Trinitaria de Dios. Tanto el Hijo, como el Padre, y el Espíritu Santo, son Deidad. Lamentablemente, un amplio sector del cristianismo ha dejado de predicar en el tema de la Trinidad. Esto no sería tan grave si no fuera porque ante los ataques virulentos de los sectarios de toda índole, muchos consideran tácitamente que la Trinidad es una verdad que no vale la pena defender. Alguien dijo en el pasado que una verdad que no vale la pena defender, rápidamente se convierte en una verdad en la que no vale la pena creer.

Tanto los sectarios como los liberales dicen que si bien la doctrina de la Trinidad es parte de la ortodoxia de la comunidad cristiana, no es parte de la ortodoxia de la Escritura. Por el contrario, la doctrina de la Trinidad deriva de la Escritura y es una verdad esencial. La forma de saber la verdad sigue siendo el examinar las Escrituras; ellas dicen quién tiene la razón. <>

Notas:

1. “[el “espíritu santo”] es una fuerza controlada que Jehová Dios usa para llevar a cabo diversos propósitos. Hasta cierto grado puede compararse con la electricidad, una fuerza que puede enplearse para una gran variedad de funciones.” ¿Debería creer usted en la Trinidad?, p. 20. En la misma página, el Espíritu Santo es llamado “la fuerza activa de Dios”.

2. The Complete Book of Bible Answers, Ron Rhodes, p. 88.a 3. Ibid, p.p. 88-89. 4. Ibid, p. 89 5. ¿Debería usted creer en la Trinidad? p. 22.

6. 7. 8. 9.

Reasoning from the Scriptures, Ron Rhodes, p. 205. Usted Puede Vivir Para siempre en el Paraíso en la Tierra, p. 85. Reasoning from the Scriptures, Ron Rhodes, p. 206. The Complete Book of Bible Answers, Ron Rhodes, p. 87.

Publicado por Pastor: Damián Ayala

Este artículo ha sido tomado del blog amigo “El blog del Pastor Daniel” y de la página http://salvacioneterna.com/espiritusantopersona.pdf

*Este Escrito ha sido Publicado en este blog con el Permiso del apologista Pablo Santomauro*


LAS TEOFANÍAS: Jesucristo en el Antiguo Testamento

LAS TEOFANÍAS

Jesucristo en el Antiguo Testamento

por Pablo Santomauro

Un tema de suma importancia en el Antiguo Testamento son las “teofanías”. Estas apariciones de la Deidad constituyen uno de los argumentos más firmes por la unipluralidad de la naturaleza de Dios, la Encarnación y la Deidad de Jesucristo.

El término “teofanía” proviene de dos palabras del griego – teo y epifaino – y primariamente significa la aparición de Dios en forma humana. Estas apariciones en el AT se dieron en breves períodos durante los cuales el único y verdadero Dios vino a la tierra en forma de hombre.

Como hombre Dios caminó, conversó, compartió alimentos y momentos de camaradería con otros hombres. Durante estos episodios Dios pudo ser visto, tocado y escuchado por los ojos, manos y oídos humanos. Dios se manifestó literalmente en la carne y habitó entre nosotros, El Invisible se hizo Visible y lo Inmaterial se hizo Material sin dejar de ser Deidad ni por un momento.

La verdad de que Dios tomó forma humana en el AT prepara el camino para la Encarnación del Hijo de Dios en el NT. Es por ello que las numerosas teofanías en el AT son perfectamente comprensibles para los trinitarios.

Como dijimos antes, las teofanías son una prueba más del concepto uniplural de Dios. La doctrina de la Trinidad provee aquí la única solución a lo que parece ser una clara contradicción de la Escritura. El apóstol Juan nos dice en Juan 1:18:

“A Dios nadie le vio jamás; el unigénito Hijo, que está en el seno del Padre, él le ha dado a conocer”.

La primer parte del verso puede ser leída de la siguiente manera: “Al Padre nadie le vio jamás”. La gramática del griego es tajante, se trata de un negativo universal. Nadie, en ningún momento ha visto a Dios. Juan 5:37 es aun más explícito:

“También el Padre que me envió ha dado testimonio de mí. Nunca habéis visto su voz, ni habéis visto su aspecto”.

¿Qué hacemos entonces con todos los pasajes que expresan que ciertos hombres han visto a Dios? Por ejemplo, el profeta Isaías testificó:

“Entonces dije: ¡Ay de mí! Que soy muerto; porque siendo hombre inmundo de labios, y habitando en medio de pueblo que tiene labios inmundos, han visto mis ojos al Rey, Jehová de los ejércitos” (Is. 6:5) (énfasis nuestro)

El hebreo dice literalmente: “El Rey, Jehová de los ejércitos, mis ojos han visto”.

La incógnita se despeja cuando entendemos que es posible para una de las personas de la Deidad ser vista mientras que las otras no lo son. Juan 1:18 y 5:37 nos informan que nadie jamás ha visto al Padre pero sí han visto al Hijo. Si usted cree en la doctrina de la Trinidad, la contradicción desaparece. Pero si usted suscribe a la teología modalista de los pentecostales del nombre, está atrapado en un callejón sin salida.

Dios “Apareció”

A través de la historia bíblica, Dios se le “apareció” a varios personajes bíblicos:

Gn. 12:7 Abraham

18:1       Abraham

26:2       Isaac

24           Isaac

35:1       Jacob

9           Jacob

48:3       Jacob

Ex.   3:16     Moisés

4:5      Moisés

6:3      Abraham

Isaac

Jacob

Lev.  9:4       Aarón

16:2       Aarón

Dt.  31:15    Moisés, Josué

1 S.  3:21     Samuel

1 R.  3:5       Salomón

9:2      Salomón

11:9       Salomón

2 Cr. 3:1      David

7:12     Salomón

La palabra hebrea ra’ ah significa que estas apariciones fueron manifestaciones literales de Dios en cierta clase de forma física que pudo ser vista y oída por el hombre. No se trató de visiones de la mente sino de apariciones físicas detectadas por los ojos (Gn. 18:2). La palabra ra’ ah es la palabra hebrea común para describir lo que es visible a los ojos del hombre y en la conjugación hebrea niphal significa “aparecerse, presentarse, hacerse visible, ser visto” [1]. Es obvio que este tipo de apariciones fueron percibidas con los sentidos del hombre natural como la vista, el oído y el tacto.

Tomemos como ejemplo el caso de Moisés. Hubo una diferencia fundamental entre la manera cómo Dios daba regularmente revelaciones a los profetas y el modo en que habló a Moisés. Dios se reveló a los profetas regulares (por llamarlos de algún modo) en visiones y sueños. Pero con Moisés hizo algo diferente. Leamos Números 12: 6-8:

Y él les dijo: Oíd ahora mis palabras. Cuando haya entre vosotros profeta de Jehová, le apareceré en visión, en sueños hablaré con él. No así a mi siervo Moisés, que es fiel en toda mi casa.  Cara a cara hablaré con él, y claramente, y no por figuras; y verá la apariencia de Jehová. ¿Por qué, pues, no tuvisteis temor de hablar contra mi siervo Moisés? (subrayado nuestro)

Moisés tuvo el privilegio de ver “la apariencia de Jehová” (la “forma”). Combinando ésto con el “cara a cara” y la aserción de Jehová de que no hablaría con Moisés “por figuras”, concluimos que lo que vio Moisés fue una forma física y la conversación fue de humano a humano (Ex. 33:11; Dt. 34:10)

¿Qué clase de “apariencia”?

Una cara requiere una cabeza y una cabeza requiere un cuerpo, o sea la forma física de Jehová era un cuerpo humano.

Aclaración: No estamos endorsando el mormonismo. Los trinitarios no decimos que una forma física es parte de la naturaleza esencial eterna de Dios. En su esencia, Dios es espíritu y por lo tanto no tiene un cuerpo o forma (Jn. 4:24; Lc. 24:39). Dios no es hombre en su Esencia o Ser (Nm. 23:19).

Ya desde Génesis 3:8 vemos que Adán y Eva oyen los pasos de Jehová Dios paseándose en el huerto (pobremente traducido en la Biblia en español como “la voz de Jehová”).

El hecho de que Adán y Eva se escondieron entre los árboles sólo tiene sentido cuando reconocemos que se ocultaron de alguien que pudo ser visto y oído. No eran tan ingenuos como para pensar que se podían escapar de la omniciencia y omnipresencia de Dios. El esconderse detrás de un árbol implica que existe algo material o físico del otro lado del árbol. El ocultamiento intencional de Adán y Eva presupone una forma física de Dios.

El texto hebreo es impactante en esta coyuntura. Esta no era la primera vez que Dios los visitaba. La palabra “paseaba” en su forma hebrea es un participio masculino singular indicando que era una costumbre de Dios el pasearse por el huerto.

El hombre moderno piensa con palabras que son puramente abstractas o mentales. El vocabulario hebreo, por el contrario, está repleto de palabras que dibujan conceptos concretos. Es por ello que al leer un texto en hebreo con el vocabulario apropiado de por medio, el texto cobra vida y revela el significado que el autor quiso darle.

El famoso comentarista Payne Smith señala: “la forma del verbo está en la conjugación reflexiva, significa “caminar por placer” [2]. El texto hebreo es contundente y no deja margen para una voz de trueno viniendo desde el cielo y asustando a Adán y Eva.

Otros autores señalan:

“El [Jehová] viene a ellos [Adán y Eva] como un hombre a otros  hombres. Esta fue la forma inicial de revelación divina. Dios conversaba con el primer hombre estando en una forma visible, como el Padre e Instructor de Sus hijos. El no adoptó este modo por primera vez después de la caída, sino que lo hizo desde el tiempo en que trajo los animales a Adán y le dio a Eva por esposa (Cap. ii. 19, 22). Este modo humano de relacionarse entre el hombre y Dios no es un mero recurso literario, sino una realidad fundamentada en la naturaleza humana, o mejor dicho, en el hecho de que el hombre fue creado a imagen de Dios. [3]

Las conversaciones entre el hombre y Dios registradas en la Biblia son tan naturales en su estilo y contenido por la sencilla razón de que apareció, en la mayoría de las ocasiones, en forma humana y habló como los humanos hablamos unos con otros.

La forma en que Dios habló con Caín, con Noé y otros fue tan normal que sólo pueden describir una forma física humana de Dios delante de ellos. Podemos llamar a estas apariciones con el nombre de “teofanías corpóreas”. La piedra de tropiezo para los unicitarios es la idea de que Dios pudo tomar forma física antes del nacimiento de Jesús, pero eso es lo que el AT enseña.

¿Fueron estas teofanías espejismos? ¿Fueron imágenes holográficas como las de  Disneylandia? ¿Ilusionismo? ¿Hipnotismo? ¿Arte de magia? ¿Robots? Ya vimos que no, que fueron manifestaciones físicas. Si existiera tal cosa como un ADN espiritual comprobaríamos que en esas apariciones existió una correspondencia ontológica con la Deidad. El punto es que la naturaleza ontológica de Dios estuvo presente en las teofanías. Las teofanías del AT fueron materializaciones (o encarnaciones) de la Deidad con el propósito de hablar y tratar con los hombres. La Encarnación de Jesucristo en el NT fue de distinta naturaleza. El milagro en la Encarnación de Cristo no fue el hecho de que Jesús era de naturaleza divina, sino más bien la verdad de que fue también ontológicamente humano. Por ello es que la Encarnación de Cristo tuvo un propósito redentivo, i.e., requirió una correspondencia ontológica con los humanos a los efectos de cumplir con el requisito de emparentamiento para redimir al hombre caído.

Teniendo en cuenta todo lo anterior, es correcto decir que Dios fue visto en el AT. Pero si Dios es unipersonal, es decir, no existe una pluralidad en su Ser,  ¡el que fue visto por los personajes del AT fue nada menos que el Padre! Esto es desvastador para el modalista porque en su teología la única vez que el Padre se manifestó en forma física fue en la persona de Jesucristo. La posición modalista convierte Juan 1:18 (al Padre jamás nadie le vio) en una mentira descarada. Sólo la doctrina de la Trinidad ofrece la solución a esta aparente contradicción y desenmascara la falsa doctrina de la Unicidad de Dios.

De aquí en adelante examinaremos los argumentos de David K. Bernard, de la Iglesia Pentecostal Unida, un movimiento sectario que rechaza la Trinidad de Dios. Este grupo maneja un concepto modalista de la naturaleza de Dios. Para ellos Dios es unipersonal, y tanto el Espíritu Santo como el Hijo son meras manifestaciones del Padre y el Hijo no existió antes del nacimiento en Belén. Es por ello que las teofanías del AT son un serio problema para ellos. En su libro “La Unicidad de Dios”, mayormente en el capítulo 7, Bernard trata desesperadamente de neutralizar o anular la fuerza evidencial de algunos pasajes que los trinitarios usamos para argumentar por la unipluralidad de la naturaleza de Dios. Este es el primero:

Aparición a Abraham
Génesis 18:1 dice que Jehová apareció a Abraham en las llanuras de Mamre. El versículo 2 dice que Abraham miró y vio a tres hombres … el versículo 22 revela que dos de los “hombres” dejaron a Abraham y partieron hacia Sodoma, pero Jehová permaneció un tiempo más para hablar con Abraham. ¿Quienes eran los otros dos hombres? Génesis 19:1 dice que dos ángeles llegaron a Sodoma esa tarde. Claramente, las tres manifestaciones humanas que aparecieron a Abraham eran Jehová y dos de sus ángeles. La interpretación de algunos, es que Génesis 19:24 significa dos personas: “Entonces Jehová hizo llover sobre Sodoma y sobre Gomorra azufre y fuego de parte de Jehová desde los cielos.” Sin embargo, esto no significa que un Jehová en la tierra le pidió a otro Jehová en los cielos que hiciera llover fuego, porque hay solamente un Jehová (Deuteronomio 6:4). Más bien, es un ejemplo de volver a declarar algo en palabras diferentes. Muchos pasajes del Antiguo Testamento expresan una idea de dos maneras diferentes, como un mecanismo literario o como un medio para enfatizar. No hay ninguna evidencia de que Dios se quedó y viajó a Sodoma para dirigir su caída después de su manifestación temporal a Abraham. La Biblia solo dice que dos ángeles fueron a Sodoma. Debemos notar que ambas declaraciones describen a Jehová estando en un solo lugar y haciendo una sola cosa: en el cielo, haciendo llover fuego. (resaltado nuestro) [5]

Bernard comete aquí varios errores. Primero, cae en la falacia del razonamiento circular, o sea, fiel a su presuposición de que no hay una pluralidad en la unidad de Dios, asegura en la premisa lo que trata de probar en la conclusión. Por ello recurre a Deuteronomio 6:4 para probar su punto. El problema es que los unicitarios nunca han podido probar su famosa doctrina de la Unicidad a partir de ese versículo, cosa de la que hablaremos más adelante.

Segundo, Bernard displicentemente dice que la repetición de “Jehová” en Génesis 19:24 es sólo un mecanismo literario o una forma de enfatizar algo. Esta es una explicación carente de apoyo más allá de la imaginación de Bernard, ya que:

1)   Moisés contrasta la tierra con el cielo. Nadie puede negar que ambos se yuxtaponen. Es obvio que los dos Jehová son parte del contraste. Así como los cielos no pueden interpretarse como una repetición de la tierra, tampoco el segundo Jehová puede ser interpretado como una repetición del primero.

2)   No hay ningún ejemplo en el Pentateuco donde Moisés use la repetición como recurso para enfatizar una narración. Eso no fue parte de su estilo literario.

Para un entendimiento correcto del pasaje y una refutación completa del argumento unicitario ver nuestro artículo, titulado “Los dos Jehová de Génesis 19:24″, en: http://www.calvarychapelamistad.org/modules.php?name=News&amp; file=categories&op=newindex&catid=5

3) Cuando Bernard dice que “No hay ninguna evidencia de que Dios se quedó y viajó a Sodoma para dirigir su caída después de su manifestación temporal a Abraham”, no está en lo correcto. Es obvio que nunca leyó Génesis 18:21, donde Jehová dice a Abraham: “descenderé ahora (a Sodoma y Gomorra), y veré si han consumado su obra según el clamor que ha venido hasta mí…” ¿No es esta suficiente evidencia, señor Bernard?

Queremos mencionar en breve y al pasar, que los unicitarios en algunas ocasiones tienen tendencia a seleccionar argumentos pobres o débiles, o simplemente inválidos, que los trinitarios en el pasado han formulado. Julio César Clavijo, por ejemplo, escribe:

La “teología” trinitaria ha utilizado el pasaje de Génesis 18, en el cual aparecen tres varones que visitan a Abraham, para asegurar que esos varones eran las tres supuestas personas de la trinidad. [6]

Pasemos por alto el hecho de que Clavijo pone la palabra “teología” entre comillas sin ninguna clase de justificación gramatical (su giro pretende ser irónico), y consideremos su argumento. Es cierto lo que Clavijo dice acerca de escritores trinitarios en el pasado usando la imagen de los tres hombres para representar la Trinidad. Esta interpretación no tiene base bíblica ninguna. Yo deseo señalar a los unicitarios que refutar un argumento débil no es equivalente a refutar la Trinidad, y mucho menos a probar que la doctrina unicitaria es verdad.

Cerramos este punto de la misma forma que finalizamos nuestro artículo en la página de internet detallada más arriba: El contexto, la evidencia textual, el lenguaje, la estructura gramatical y la evidencia histórica han emitido su veredicto hace ya mucho tiempo. El Jehová que habló con Abraham y luego con Lot, fue Jesucristo en forma humana. Fue una aparición física pre-encarnación de la segunda Persona de la Trinidad. Teniendo en cuenta que ningún trinitario pretende demostrar la Trinidad basado en un solo versículo, sino en la evidencia acumulativa del testimonio de la Escritura, es bueno recordar que Génesis 19:24 debe ser presentado junto con otros pasajes del Antiguo y Nuevo Testamento, que una vez armonizados, son conclusivos respecto a la pluralidad de personas en la unidad de la Deidad. Podemos estar seguros de que Génesis 19:24, a la luz del contexto que le precede, es uno de los textos que más ha irritado a los antitrinitarios hasta el presente, y eso es bueno.

El Angel de Jehová

Como ya explicamos en otro ensayo, el Angel de Jehová es uno de los pilares de la doctrina de la Trinidad. Las referencias a este personaje en el AT son apariciones o teofanías de la segunda Persona de la Trinidad, por lo cual bien pueden ser llamadas “Cristofanías”.

Veamos a continuación la forma en que Bernard pasa a analizar el concepto del Angel de Jehová:

Muchos pasajes que describen una visitación del Angel de Jehová, también indican que el ángel era realmente una manifestación de Jehová mismo. Esto no es ningún problema; es fácil que el Dios singular se manifieste en forma angelical. (resaltado nuestro) [7]

Veamos ahora otra cita de Bernad:

En algunas citas bíblicas (no todas) el Ángel de Jehová es una teofanía o manifestación del único Dios. Ningún hombre ha visto a Dios en todo su esplendor y gloria máximas (Éxodo 33:20, 1. Timoteo 6:16), pero él sí se ha manifestado al hombre por medio de algunas formas visibles. Dentro de las diversas maneras en que Dios se ha hecho visible a la humanidad, está su manifestación como ángel. (resaltado nuestro) [8]

El lenguaje usado por Bernard es desorientador, por no llamarlo fraudulento. El sabe que Dios nunca se ha manifestado como un ángel. La palabra hebrea para describir al Angel de Jehová es malak, y significa “mensajero”, no “ángel” per se. Cualquiera que entrega un mensaje es llamado malak en el lenguaje hebreo. Es en este sentido que la palabra es usada centenares de veces en el AT.

Si la palabra malak sólo significa “mensajero” ¿de dónde salió la palabra “ángel”? El error ocurrió durante la Edad Media; la palabra griega angelos fue usada en la Septuaginta para la traducción de malak, ya que también significaba “mensajero”. Esta fue una traducción correcta del hebreo al griego. Lamentablemente, las traducciones al latín transcribieron la palabra angelos como angelus, y sucesivas traducciones al español y otros idiomas conservaron la palabra “ángel” en lugar de usar la palabra “mensajero”. La palabra angelus en algunas ocasiones fue traducida “mensajero”, lo que demuestra que los traductores conocían el verdadero significado del término. Por ejemplo, en Mateo 11:10 dice:

“Porque éste es de quien está escrito: He aquí yo envío mi mensajero delante de tu faz, el cual preparará tu camino delante de ti”.

El verso habla de Juan el Bautista. La palabra angelos es correctamente traducida “mensajero” ya que Juan trajo un mensaje de parte de Dios a los hombres. Desafortunadamente los traductores no fueron coherentes a través de la Escritura, y es por ello que hoy en día la palabra “ángel” acarrea toda clase de ideas equivocadas e imágenes mentales ridículas.

Sabiendo esto podemos decir con total certidumbre que las palabras de Bernard, “Dentro de las diversas maneras en que Dios se ha hecho visible a la humanidad, está su manifestación como ángel”, tienen el objetivo de confundir al lector. Dios nunca se manifestó como un ángel en el sentido ontológico, es decir, como una criatura del orden angelical.

Veamos qué más dice Bernard sobre el Angel de Jehová:

Unos cuantos pasajes describen al ángel de Jehová como un ser aparte de Jehová. Entonces, estos pasajes deben referirse a un ángel literal, a pesar de lo que el “ángel de Jehová” sea en otros pasajes. En verdad, es posible interpretar el significado de la mayoría (y algunos dicen que todos) de los pasajes que mencionan el “ángel de Jehová” como un ángel literal y no como una manifestación de Dios. [9]

Desde este punto de vista, los pasajes que atribuyen al ángel hechos de Jehová, no significan que el ángel es Jehová mismo. Más bien, significan que Jehová llevó a cabo aquellos hechos al delegarlos a un ángel. Por ejemplo, Jehová habló o Jehová apareció al enviar a un ángel para hablar o aparecer.
Entonces hay dos maneras de explicar los pasajes que mencionan el “ángel de Jehová” de una manera que es consistente con un solo Dios. Primeramente, podemos concordar que el ángel de Jehová es una manifestación de Dios en algunos pasajes, pero solamente es un ángel en los pasajes que claramente describen a dos seres. (subrayado nuestro) [10]

Por enésima vez en su escritos, Bernard vuelve a cometer la falacia del monigote de paja. Al decir que “hay dos maneras de explicar los pasajes que mencionan el ‘ángel de Jehová’ de una manera que es consistente con un solo Dios”, mal representa la posición trinitaria. Los trinitarios no creemos en “más de un solo Dios”, creemos en un solo y único Dios. Pero ésta es un forma más de conducir a sus lectores a falsas conclusiones.

Por otra parte, al menos Bernard reconoce que “unos cuantos pasajes” describen al Angel de Jehová como un personaje distinto a Jehová. Eso ya es un adelanto, pero fiel a su presuposición de que Jehová no puede ser un ser uniplural, de inmediato concluye que este personaje “debe” ser un ángel literal, y acto seguido alucina que así es en “la mayoría” de los casos.

Para demostrar su error vamos a mencionar un solo caso. Se trata de la primer referencia bíblica explícita al “Mensajero de Jehová” (ángel de Jehová) en Génesis 16:7-14. Luego de que Agar quedó embarazada de Abraham, Sarai se puso celosa y comenzó a tratarla mal, por lo cual Agar huyó al desierto:

7 Y la halló el ángel de Jehová junto a una fuente de agua en el desierto, junto a la fuente que está en el camino de Shur.

8 Y le dijo: Agar, sierva de Sarai, ¿de dónde vienes tú, y a dónde vas? Y ella respondió: Huyo de delante de Sarai mi señora.

9 Y le dijo el ángel de Jehová: Vuélvete a tu señora, y ponte sumisa bajo su mano.

10 Le dijo también el ángel de Jehová: Multiplicaré tanto tu descendencia, que no podrá ser contada a causa de la multitud.

11 Además le dijo el ángel de Jehová: He aquí que has concebido, y darás a luz un hijo, y llamarás su nombre Ismael, porque Jehová ha oído tu aflicción.

12 Y él será hombre fiero; su mano será contra todos, y la mano de todos contra él, y delante de todos sus hermanos habitará.

13 Entonces llamó el nombre de Jehová que con ella hablaba: Tú eres Dios que ve; porque dijo: ¿No he visto también aquí al que me ve?

14 Por lo cual llamó al pozo: Pozo del Viviente-que-me-ve. He aquí está entre Cades y Bered.

Primera cosa a notar: Agar entró en conversación con un hombre (el mensajero de Jehová). No existe nada en el contexto que indique que ella habló con un ser etéreo.

Segundo, en el verso 10, el Mensajero dice:

Multiplicaré tanto tu descendencia, que no podrá ser contada a causa de la multitud.

Este hombre dice que él va a hacer algo que sólo Dios puede hacer. La promesa de este hombre es reminiscente de la promesa que Jehová hizo a Abraham en Génesis 15:5. La Deidad de este hombre es irrefutable, ninguna criatura puede hablar con tales palabras.

Acto seguido vemos que en el verso 11, la Persona divina que está hablando con Agar en la tierra hace mención de la Persona divina que está en el cielo:

… porque Jehová ha oído tu aflicción.

El unicitario, a estas alturas, puede reaccionar diciendo que este verso prueba que el que habla con Agar no es Jehová, por lo tanto este pasaje no presenta a dos Jehová en la narrativa. Por supuesto que esta deducción sería apresurada ya que en el verso 13, Agar deja bien clara la identidad del Mensajero que habla con ella:

Entonces llamó el nombre de Jehová que con ella hablaba:

El hebreo dice literalmente: “Entonces ella exclamó el nombre de Jehová, el que hablaba con ella”. Notemos que Moisés, el autor de Génesis, se esmera por aclarar que Agar llamó Jehová al personaje que “hablaba con ella”. ¿Por qué hizo esto Moisés? Para distinguir a este Jehová de otro Jehová mencionado en el verso 11. Esto es demostrado más allá de toda duda por lo que Agar continúa diciendo:

Tú eres Dios que ve; porque dijo: ¿No he visto también aquí al que me ve?

El hebreo dice literalmente: “Tú, Elohim, me ves. Porque ella dijo: “¿Yo (aún) estoy aquí (viva), habiendo visto al que me ha mirado?”  Vemos aquí que Agar identifica al hombre que habla con ella como Elohim. A pesar de que el texto hebreo es inconvencional, es obvio que Agar está asombrada o perpleja de que aun está con vida luego de haber visto a Dios (el que la está mirando a ella). Agar supo que estaba frente a Dios en la carne, en forma humana.

El verso 14 reafirma el hecho de que Agar habló con Dios; ella nombró el oasis en memoria de Dios. El Mensajero que habló con Agar no solamente traía un mensaje de Jehová, sino que también era Jehová.

Vemos de esta manera que las ideas de Bernard en cuanto al Angel de Jehová son aberrantes. En este pasaje que hemos analizado, el Angel de Jehová es mencionado junto con otro Jehová claramente distinto. Es imposible decir que el Mensajero de Jehová en este pasaje es un “ángel literal” como dice Bernard. Ningún ángel habla en primera persona como si fuera Jehová, ni tampoco tiene los atributos de Jehová tal como los tiene el Hombre que habló con Agar.

Una última observación en este punto: los unicitarios no se muerden la lengua para decir que en ciertas ocasiones el Angel de Jehová, a pesar de ser un ángel, habla como si fuera Dios, de acuerdo a la costumbre de la cultura. El argumento es una bicicleta con ruedas cuadradas ya que ningún ángel puede hablar en primera persona usando  el Divino “Yo” sin cometer una blasfemia.

El Angel de Jehová en las visiones de Zacarías

Pasemos ahora a estudiar el análisis que hace Bernard para demostrar que el ángel de Jehová en las visiones de Zacarías no es de naturaleza divina, i.e., una segunda persona con la naturaleza y atributos de Dios. ¿Por qué los unicitarios se esmeran en interpretar las primeras visiones del libro de Zacarías de forma que favorezcan su teología? La respuesta está en que éstas presentan al Angel de Jehová como una persona diferente de Jehová. Teniendo en cuenta que muchas teofanías anteriores describen al Angel de Jehová como un ser de igual naturaleza y atributos que Jehová, la conclusión inevitable es que existe más de una persona en la esencia de la Deidad. Por ello es que los unicitarios, fieles a su teología que niega la pluralidad en la unidad de la Deidad, dicen que en las teofanías corpóreas el que se manifestó fue el Padre. Pero como ya vimos, de acuerdo con Juan 1:18 nadie jamás ha visto al Padre, lo que constituye una derrota humillante para la teología unicitaria.

Veamos ahora cómo Bernard detalla, en su libro La Unicidad de Dios, las  visiones de los capítulos 1, 2 y 3 de Zacarías para concluir que el ángel de Jehová mencionado en la visiones es simplemente un ángel más y no el mismo de previas apariciones:

Los pasajes más complejos que se relacionan con el ángel de Jehová se encuentran en Zacarías. Zacarías 1:7-17 describe una visión vista por el profeta. En la visión, él vió entre los mirtos a un hombre en un caballo alazán. Un ángel empezó entonces a hablarle a Zacarías. El hombre entre los mirtos fue identificado como el ángel de Jehová. Se presume que era el ángel que hablaba con Zacarías, aunque algunos piensan que dos ángeles estaban presentes. En todo caso, el ángel de Jehová habló con Jehová y Jehová le respondió (versículos 12-13), comprobando entonces que el ángel de Jehová no era Jehová, por lo menos en este pasaje. Entonces, el ángel que hablaba con Zacarías proclamó lo que Jehová había dicho (versículos 14-17). Entonces, el ángel no era Jehová; más bien, actuaba simplemente como un mensajero y repetía lo que Jehová había dicho. [11]

Análisis nuestro:

Por más que Bernard “presuma” que sólo hay un ángel en la visión de Zacarías 1:7-17, una lectura cuidadosa muestra 4 personajes perfectamente distinguibles, y dos de ellos son ángeles:

1)   Zacarías mismo (v.7).

2)   Un hombre (un “varón”) montado en un caballo alazán cabalgando entre los mirtos (v.8). Este hombre es identificado como “el Angel de Jehová” (v.11).

3)   Un ángel oficiando de intérprete (v.9).

4)   Jehová (v.12,13)

Cosas a tener en cuenta:

a.    Cuando Zacarías pregunta acerca del significado de la visión, el ángel-intérprete se apresta a dar la explicación, pero es el hombre entre los mirtos el que toma la palabra para dar él mismo la explicación.

b.    Los jinetes que cabalgaban detrás del Angel de Jehová (v.8) son ángeles que fueron enviados a recorrer la tierra y que reportan directamente al Angel de Jehová (el varón entre los mirtos) (v.11).

c.    Ambos puntos anteriores implican que el ángel/hombre/Mensajero de Jehová entre los mirtos tiene una jerarquía superior al ángel intérprete.

d.    Es el Angel de Jehová (el hombre entre los mirtos) el que intercede ante Jehová por el pueblo de Judá.

e.    Intercesión es un ministerio constante de la 2da. persona de la Trinidad.

f.     No existe razón ninguna para negar o dudar que el Angel de Jehová en Zacarías no es el mismo de las teofanías corpóreas en la Biblia.

En realidad no importa cuántas piruetas haga Bernard para despitar al lector, en el final tiene que confrontarse con la cuarta visión de Zacarías donde la Deidad del Angel de Jehová y la presencia de otra persona llamada Jehová son innegables. Veamos el texto bíblico:

1 Me mostró al sumo sacerdote Josué, el cual estaba delante del ángel de Jehová, y Satanás estaba a su mano derecha para acusarle.

2 Y dijo Jehová a Satanás: Jehová te reprenda, oh Satanás; Jehová que ha escogido a Jerusalén te reprenda. ¿No es éste un tizón arrebatado del incendio?

3 Y Josué estaba vestido de vestiduras viles, y estaba delante del ángel.

4 Y habló el ángel, y mandó a los que estaban delante de él, diciendo: Quitadle esas vestiduras viles. Y a él le dijo: Mira que he quitado de ti tu pecado, y te he hecho vestir de ropas de gala.

5 Después dijo: Pongan mitra limpia sobre su cabeza. Y pusieron una mitra limpia sobre su cabeza, y le vistieron las ropas. Y el ángel de Jehová estaba en pie.

6 Y el ángel de Jehová amonestó a Josué, diciendo:

7 Así dice Jehová de los ejércitos: Si anduvieres por mis caminos, y si guardares mi ordenanza, también tú gobernarás mi casa, también guardarás mis atrios, y entre éstos que aquí están te daré lugar.

8 Escucha pues, ahora, Josué sumo sacerdote, tú y tus amigos que se sientan delante de ti, porque son varones simbólicos. He aquí, yo traigo a mi siervo el Renuevo.

9 Porque he aquí aquella piedra que puse delante de Josué; sobre esta única piedra hay siete ojos; he aquí yo grabaré su escultura, dice Jehová de los ejércitos, y quitaré el pecado de la tierra en un día.

Veamos ahora el comentario de Bernard sobre este pasaje:

Zacarías 3:1-10 presenta otra situación. Primeramente, Josué estaba delante del ángel de Jehová y delante de Satanás (versículo 1). “Y dijo Jehová a Satanás: Jehová te reprenda” (versículo 2). La explicación más fácil de este pasaje, es decir que el profeta escribió “dijo Jehová” significando que Jehová lo dijo por medio del ángel. Es por esto que las palabras habladas eran “Jehová te reprenda” en vez de “yo te reprendo”. En segundo lugar, el ángel empezó a hablarle a Josué como si el ángel fuera Dios (versículos 3-4). Quizás la explicación más fácil es que el ángel era un mensajero que transmitía la palabra de Dios. Finalmente, el pasaje describe claramente al ángel como un mensajero de Dios y no como Dios mismo, porque el ángel comenzó a usar la frase “dice Jehová” (versículos 6-10). [12]

Nuestro análisis:

Bernard otra vez cae en la liviandad con que los unicitarios tratan con el texto bíblico. Comencemos identificando al revelador de la visión. De acuerdo al contexto éste puede ser el ángel intérprete mismo (cf. 1:20), o de lo contrario Jehová. Bernard dice que “Josué estaba delante del ángel de Jehová y delante de Satanás”, pero eso no es lo que el texto dice. El texto dice que Josué estaba delante del ángel de Jehová (v.1). La expresión es semejante a “delante de Jehová”, un aforismo o designación técnica del ministerio sacerdotal. Esto sitúa la escena en el templo de Jerusalén y de por sí atribuye semánticamente Deidad al ángel/mensajero de Jehová.

Satanás estaba a la mano derecha del ángel. La mano derecha era el lugar del acusador conforme a la ley (Sal. 109:5). Esto le da a la escena un carácter parcialmente judicial. La escena describe, a grandes rasgos, a Satanás acusando a Israel y al Angel de Jehová defendiéndolo. Estos roles de fiscal y abogado son reminiscentes de los pasajes del NT que describen a Satanás como el acusador (Ap. 12:10) y a Jesucristo como nuestro abogado delante del Padre (1 Jn. 2:1). Vemos aquí otra similitud entre el Angel de Jehová y Jesucristo.

Además, es demasiado claro que el que habla en el v.2 es el mismo Angel de Jehová, no es simplemente un ángel. El texto, además, deja en claro que el Angel de Jehová del v.1 es llamado Jehová en el v.2 (tercer y concluyente elemento de prueba para demostrar la Deidad del Angel de Jehová). También es irrefutable que en el v.2  hay dos personajes llamados Jehová, prueba de la pluralidad en la Deidad.

La interpretación de Bernard diciendo que “La explicación más fácil de este pasaje, es decir que el profeta escribió “dijo Jehová” significando que Jehová lo dijo por medio del ángel”, carece de sentido ante la evidencia textual. El hebreo es pristino en el paralelismo entre el ángel de Jehová del v. 1 y Jehová al comienzo del v.2. Como nota adicional, digamos que los Testigos de Jehová reconocen esto y su Traducción del Nuevo Mundo, a los efectos de eliminar el paralelismo, entrega el el verso 2 de la siguiente manera:

“Entonces [el ángel de] dijo a Satanás: Jehová te reprenda …..”

Nótese que agregan entre corchetes las palabras “el ángel de” a los efectos de que el lector no se dé cuenta de que existen dos personas llamadas Jehová en el pasaje.

Bernard mismo reconoce que “el ángel empezó a hablarle a Josué como si el ángel fuera Dios (versículos 3-4)”, pero esto es perfectamente concordante con la doctrina de la Trinidad, la cual enseña que el Angel de Jehová es Jesucristo. Como la Segunda Persona de la Trinidad, Jesucristo puede hablar como si fuera Dios porque comparte los mismos atributos y naturaleza del Padre, o sea, es Dios. Una vez más, recordemos a Bernard que ningún ángel puede cometer la blasfemia de hablar en primera persona como “si el ángel fuera Dios” (palabras de Bernard).

Finalmente, Bernard dice que “el pasaje describe claramente al ángel como un mensajero de Dios y no como Dios mismo, porque el ángel comenzó a usar la frase “dice Jehová” (versículos 6-10) . Este argumento es inválido ya que en la Trinidad es perfectamente lógico que el mensajero de Jehová pueda decir “Así dice Jehová” en referencia a la primer persona de la Trinidad (el Padre). No existe contradicción ninguna.

Cerramos este punto señalando otra prueba por la Deidad del Angel de Jehová y su identificación como Jesucristo en la visión de Zacarías, y ésta se encuentra en el verso 4:

Y habló el ángel, y mandó a los que estaban delante de él, diciendo: Quitadle esas vestiduras viles. Y a él le dijo: Mira que he quitado de ti tu pecado, y te he hecho vestir de ropas de gala.

Observe el amigo lector que el Angel de Jehová ha quitado el pecado del sacerdote Josué, quien representa simbólicamente al pueblo de Israel. No se necesita elaborar mucho para el buen entendedor. ¿Quién otro más que Dios en la persona de Jesucristo puede quitar el pecado (Jn. 1:29; 1 Jn. 3:5)?

La palabra “echad” (uno)

A estas alturas conviene recordar que los trinitarios creemos que existe sólo un Dios, pero que en la esencia o naturaleza de ese único Dios existen 3 personas, el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo. Estos tres comparten la misma esencia, los mismos atributos y constituyen, hablando en términos lógicos, el único Dios.

Si los autores de la Biblia creían que Dios era multipersonal es obvio que habrían escrito de una forma que transmitiera ese concepto a sus lectores. Por otra parte, si los autores de la Biblia fueron unicitarios (por llamarlos de algún modo) debieron haber escrito en cierta forma que indicara la idea.

Lo indicado es examinar el Antiguo Testamento para ver si el lenguaje utilizado por sus autores, y el Espíritu Santo ultimadamente, favorece una de las dos posiciones. ¿Existe en el hebreo alguna palabra que describa perfectamente el concepto de Dios como un ser unipersonal, o sea un “uno” absoluto sin posibilidades de definir una unidad compuesta? Sí existe, es la palabra yachid. Esta palabra describe un ser absolutamente solitario. Se usa en el Salmo 68:6 y es traducida como “solitario” en algunas versiones bíblicas. La palabra “echad” o “ejad”, a diferencia de “yachid”, expresa el concepto de una unidad compuesta y existen en el AT muchos ejemplos que no vamos a citar ya que los unicitarios reconocen la existencia y la definición de la palabra.

Los unicitarios esperarían encontrar la palabra “yachid” para describir a Dios, especialmente en la declaración monoteísta por excelencia, Deuteronomio 6:4:

Oye, Israel, Jehová nuestro Dios, Jehová uno es.

Sin embargo, la palabra que se usa en Deuteronomio 6:4 no es la que desearían ver los unicitarios, es “ejad” o “echad”.

Shemá Yisrael, YHWH Eloyhenu, YHWH Ejad.

Es obvio que “echad” es la palabra que un trinitario esperaría encontrar al leer el pasaje, ya que ésta define a una unidad compuesta o unificada. Si los autores de la Biblia creían en un Dios uniplural, la única palabra que podían usar para transmitir el concepto era precisamente “echad”. No existe en el hebreo otra palabra para proyectar la noción.

Pero ¿Cómo puede ser esto si los judíos hoy rechazan la doctrina de la Trinidad? La explicación es sencilla y viene en las palabras del destacado experto en hebreo, David Cooper:

Antes de los días de Moisés Maimonedes, la unidad de Dios era expresada por “echad”, palabra que como ha sido probado más allá de cualquier duda tiene el significado primario de una unidad compuesta. Maimonedes, quien estructuró los trece artículos de fe, en el segundo habla de la unidad de Dios usando “yachid”, término que nunca fue usado en el AT para expresar la unidad de Dios. Partiendo de este hecho es evidente que una nueva idea fue inyectada dentro de la confesión cuando se sustituyó “echad” por “yachid”, palabra que en todos los pasajes acarrea la idea de unicidad en el sentido absoluto. A partir de entonces, desde los días Maimonedes se impuso una interpretación diferente sobre este importantísimo pasaje. [13]

Como vemos, ante la evidencia lingüística todos los reclamos unicitarios se derrumban como castillos de arena. Con sus todas sus interpretaciones maniobreras, los unicitarios no hacen más que poner en duda la inspiración verbal y plenaria de la Biblia. Si los lenguajes y las palabras tienen sentido y transmiten pensamientos y nociones, estos deben ser respetados. De lo contrario hemos perdido la capacidad de comunicarnos. Corresponde preguntarse por qué los autores de la Biblia, bajo la inspiración del Espíritu Santo, escogieron la palabra “echad” para describir la unicidad de Dios. ¿Fue una distracción del Espíritu de Dios? De la misma forma sucede con la palabra “Elohim” y muchas otras instancias sobre las cuales hemos comentado en la primera parte del ensayo,

Conclusión

El material desarrollado es suficiente para comprobar que la doctrina unicitaria de Dios es de carácter pronunciadamente herético. Por contrapartida, el material expuesto en este trabajo es irrefutable en cuanto a la pluralidad de personas en la unidad de la Deidad.

Las teofanías fueron en su mayoría apariciones físicas en forma humana. Las conversaciones entre Dios y el hombre registradas en la Biblia son muy naturales en estilo y contenido por la razón de que Dios apareció en forma humana, y habló con la gente de la forma que los humanos hablamos entre nosotros. Es por ello que no hay nada extraño, peculiar o misterioso en las conversaciones de Dios con Adán, Noé, Abraham, etc. Estos hablaron con alguien a quien podían ver, tocar y oir. En ocasiones se nos dice directamente que alguien estaba hablando con un Dios-Hombre que era visto y oído (Gn. 18:17-33). Otras veces no se nos dice, pero el ritmo fluido y natural de las conversaciones revela que los humanos no estaban hablando con una entidad invisible (Gn.18:22). La  pesadumbrosa y sombría conversación registrada en Génesis 3:9-19 entre Dios y el hombre apenado por el pecado, presupone que estaban hablando entre ellos porque ambos se veían y escuchaban en el sentido más natural. Lo mismo sucede en la escena de Dios hablando con Caín y la forma en que Dios instruyó a Noé para que construyera el arca. Los unicitarios tratan de evitar este tópico a toda costa porque es gravemente detrimental para su teología.

El tema del Angel de Jehová es similar. El Mensajero de Jehová no fue ni más ni menos que Jehová en forma humana y aparece en varios pasajes junto a otro personaje llamado Jehová. Esto es desvastador para la posición unicitaria. Cuando la ecuación incluye a Juan 1:18, los unicitarios no pueden decir que el ángel de Jehová es una manifestación del Padre porque al Padre nadie lo vio jamás. El impacto de esta verdad tratan de atemperarlo con la idea de que estas apariciones fueron manifestaciones “nada más”. La idea se derrumba porque una manifestación siempre debe ser, por definición, una extensión de la misma naturaleza del manifestado.

Otra forma en que diluyen la fuerza de las apariciones consiste en meter en la misma bolsa o confundir las teofanías corpóreas o personales de Dios, con otras manifestaciones que acompañan la presencia de Dios, como una columna de humo, una nube, un torbellino, fuego, una roca, terremotos y sonidos de trompeta. Han reducido a Dios a la más horrenda trivialidad. <>

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Notas:

1]http://cf.blueletterbible.org/search/lexiconc.cfm?Criteria=appear&st=any&x=13&y=13

2] R. Payne Smith, Ellicot’s Commentary on the Whole Bible (Grand rapids, Zondervan, 1959), 1:24

3] Keil and Delitzsch, The Pentateuch, 3: 81-82.

4] Bernard, David K., La unicidad de Dios, cap. 7, http://pentecostalesdelnombre.com/x/index.php?option=com_content&task=view&id=100)

5] Ibid.

6] Un Dios Falso Llamado Trinidad – Cap. 12
http://pentecostalesdelnombre.com/x/index.php?option=com_content&task=view&id=90

7] Bernard, David K., La unicidad de Dios, cap. 7, http://pentecostalesdelnombre.com/x/index.php?option=com_content&task=view&id=100)

8] Ibid.

9] Ibid.

10] Ibid.

11] Ibid.

12] Ibid.

13] David L. Cooper, The Eternal God Revealing Himself (Harrisburg: Evangelical Press, 1928), 59-60.

*Este Artículo ha sido publicado con el permiso del hermano Pablo Santomauro*

*Este Artículo ha sido tomado del blog amigo: El Blog del Pastor Daniel: http://pastordanielbrito.wordpress.com/ *

Publicado por Héctor Reséndiz


¿Atando y Desatando Qué?

¿Atando y Desatando Qué?

por Pablo Santomauro

Hoy en día es muy común el escuchar en las iglesias oraciones “atando y desatando” enfermedades, pobreza, demonios y hasta el diablo mismo. Para apoyar esta práctica se usan pasajes como el siguiente:

“De cierto os digo que todo lo que atéis en la tierra, será atado en el cielo; y todo lo que desatéis en la tierra, será desatado en el cielo” (Mt. 18:18).

Esta declaración del Señor fue dada en el contexto de disciplina dentro de la Iglesia. La palabras “atar” y “desatar” eran populares entre los rabinos de la época y su significado primario era “prohibir” y “permitir”; en Mateo 18 equivalen a “disciplinar” y “restaurar”. Aquel miembro de la iglesia que persiste en pecar debe ser separado [atado] de la congregación (1 Co. 5:5), para luego en amor ser conducido al arrepentimiento y por consiguiente ser restaurado [desatado] (Gá. 6:1). Como vemos. las enfermedades, la pobreza y los demonios son totalmente ajenos al contexto.

Otro pasaje que se usa es Mateo 12:29, donde Jesús dice:

“Porque ¿cómo puede alguno entrar en la casa del hombre fuerte, y saquear sus bienes, si primero no le ata? Y entonces podrá saquear su casa.”

Esta declaración de Cristo es parte de una ilustración que usó para refutar la acusación de los fariseos de que él expulsaba demonios en alianza con Satanás. Jesús expresa en contexto que él es más poderoso que Satanás, y establece que sus exorcismos son hechos en el poder de Dios. Es erróneo concluir desde este pasaje que Cristo estaba estableciendo un patrón universal para ser seguido por los creyentes.

Nosotros alentamos a los cristianos a que se aparten del malentendido tan serio de Mateo 18:18 y 12:29 por las siguientes razones:

1) No es bíblico. La Escritura no enseña que “atar y desatar” es el método para resistir al diablo y sus huestes, sino la comunión con Dios a través de la oración, la lectura de la Palabra y una vida de obediencia.

2) La atención del cristiano se centra en el diablo en vez de Jesucristo; esto reduce la eficacia del creyente en la tarea del Reino.

3) En el terreno práctico no da resultados, como la experiencia lo indica. Alguien dijo una vez: “si en realidad ataron al diablo, debe haber sido con una cadena muy larga”, o “si el diablo fue atado, yo quiero saber quién lo suelta a cada rato”. Y en verdad, la experiencia indica que aquellas personas que son supuestamente “liberadas”, deben ser “liberadas” muy a menudo, ya que incurren en las mismas faltas una y otra vez.

4) En cuanto a pobreza o enfermedad, la Biblia contiene principios que pueden gravitar en nuestro bienestar físico y material, pero en última instancia es la soberanía de Dios la que determina nuestra condición. Nosotros no controlamos esos aspectos.

Conclusión
La Escritura enseña que es Dios el que controla y  limita los movimientos del diablo y sus huestes; también es él quien guarda a los creyentes del mal  (Job 1:12; 2:6; Lc. 22:31,32; 2 Ts. 3:3; 1 Jn. 5:18). Ciertamente llegará el tiempo en que Jesús mismo “atará” al diablo por 1000 años (Ap. 20:1-3); luego del milenio Satanás y sus huestes serán lanzados en el lago de fuego (Ap. 20:10). Jesucristo no necesita la asistencia del ser humano en esta área (o ninguna otra). Entre tanto, el antídoto para combatir al diablo no es “atar”, sino “resistir firmes en la fe” (1 P. 5:9). Santiago 4:7  lo expresa claramente: “Someteos, pues, a Dios; resistid al diablo, y huirá de vosotros.” <>

*Este Artículo ha sido publicado con el permiso del hermano Pablo Santomauro*

*Este Artículo ha sido tomado del blog amigo: El Blog del Pastor Daniel: http://pastordanielbrito.wordpress.com/*

Publicado por Héctor Reséndiz

Seguimiento a este artículo: https://activistasdecristo.wordpress.com/2010/09/02/seguimiento-al-articulo-¿atando-y-desatando-que/