El brillo de nuestra luz

El brillo de nuestra luz

Por Christopher Shaw

Así brille vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras buenas acciones y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos. Mateo 5.16 (LBLA)

Con frecuencia hago la siguiente pregunta a las personas de la iglesia: ¿Si no pudieras abrir tu boca para explicarle a otros que eres un discípulo de Cristo, cómo podrían darse cuenta de que tú lo eres? No se apresure en desechar la pregunta sin antes meditar en sus implicancias para nuestra vida. El hecho es que para una gran mayoría de personas el testimonio descansa enteramente sobre una proclamación verbal. Nuestro comportamiento contradice ese testimonio, de manera que las personas llegan a la conclusión de que realmente no nos diferenciamos en nada a ellos, salvo que «afirmamos» ser cristianos.

En el versículo de hoy, Cristo muestra el camino que quería para sus seguidores, un camino por el cual se daría evidencia a los de afuera que ellos estaban claramente identificados con Su persona. La expectativa de Jesús era que se dedicaran a las buenas obras, de tal manera que los otros se maravillaran por su forma de vida radicalmente diferente. Las buenas acciones se prepararon no para generar luz, sino para la manifestación de la luz. Es decir, la luz no tiene que realizar acciones especiales para darse a conocer. Quienes ven su resplandor llegan a la conclusión inevitable de que es luz. De igual manera, era la voluntad de Jesús que sus seguidores vivieran haciendo el bien a los demás a fin de que, aun cuando hablar no fuera posible, la gente los identificara como personas de otro «mundo».

Los que somos de la iglesia evangélica aún sufrimos de un fuerte condicionamiento en contra de las buenas obras. No queremos que nadie diga ni piense que deseamos ganarnos el cielo con nuestras acciones. El resultado, sin embargo, es que hemos descartado completamente las buenas obras de nuestra vida espiritual. No obstante, considere las siguientes declaraciones: «Pues somos hechura suya, creados en Cristo Jesús para buenas obras, las cuales Dios preparó de antemano para que anduviésemos en ellas» (Ef 2.10). «Preséntate tú en todo como ejemplo de buenas obras». (Ti 2.7). «Él se dio a sí mismo por nosotros para redimirnos de toda maldad y purificar para sí un pueblo propio, celoso de buenas obras» (Ti 2.14). «Palabra fiel es esta, y en estas cosas quiero que insistas con firmeza, para que los que creen en Dios procuren ocuparse en buenas obras» (Ti 3.8). «Y considerémonos unos a otros para estimularnos al amor y a las buenas obras» (Heb 10.24). «Mantened buena vuestra manera de vivir entre los gentiles, para que en lo que murmuran de vosotros como de malhechores, glorifiquen a Dios en el día de la visitación, al considerar vuestras buenas obras» (1 P 2.12).

En ninguno de estos versículos se declara que las buenas obras no son importantes para los que siguen a Cristo. Al contrario, afirman que ¡los que siguen a Cristo son conocidos por sus buenas obras! Pidamos pues, al Padre, que nos muestre dónde está trabajando él, para que nos unamos a las buenas obras que preparó de antemano para que anduviésemos en ellas.

Para pensar:

«Has todo el bien que puedas, a todas las personas que puedas, de todas las maneras que puedas, por todo el tiempo que puedas». Juan Wesley.



Peligro de intoxicación

Peligro de intoxicación

Por Christopher Shaw

El crisol es para la plata y el horno para el oro, y al hombre se lo prueba por la alabanza que recibe. Proverbios 27.21 (NVI)

El proceso de purificar metales preciosos no es muy complejo y ya era conocido en tiempos bíblicos. El metal, que en su estado natural está mezclado con toda clase de impurezas minerales, es sometido a un intenso proceso de calentamiento. El calor producido por el fuego hace que los elementos, que poseen diferentes puntos de fundición, se separen para que quede aislada la plata o el oro puro.

La ilustración, del autor de Proverbios nos ayuda a entender cómo un proceso similar de purificación ocurre en el hombre. Es muy fácil para cada uno de nosotros confiarnos de nuestra propia capacidad para efectuar una evaluación acertada del verdadero estado de nuestro corazón. El mismo autor realiza una pregunta para la cual todos conocemos la respuesta: «¿Quién puede decir: Yo he limpiado mi corazón, limpio estoy de mi pecado?» (Pr 20.9 – LBLA). Es imposible que el hombre purifique su propio corazón, especialmente en lo que se refiere al tema del orgullo y la humildad.

El texto de hoy nos da una solución más confiable. Una buena manera de saber la clase de persona que somos o son aquellos con quienes estamos trabajando es medir su reacción frente a la alabanza. Al igual que las más severas pruebas, la alabanza tiende a sacar a la luz las motivaciones y actitudes escondidas en lo más profundo del ser humano.

Existen dos posibles respuestas, frente a la alabanza, que deben preocuparnos. La primera es la persona que se hincha de importancia y cree que sus logros son producto de su propia fuerza e inteligencia. Esta persona está transitando por un camino peligroso porque se ha olvidado que todo lo que tenemos y somos es el resultado de la generosa bondad de Dios hacia nosotros. Lo nuestro no tiene mérito porque todo lo que es bueno y justo procede de lo Alto. «No puede un hombre recibir nada a menos que le sea dado del cielo» (Jn 3.27). Jesús nos recordó claramente esta verdad cuando contó la parábola del siervo que había servido fielmente a su amo, no solamente en el campo, sino también en la casa. ¿Acaso debía el amo darle las gracias por lo que había hecho? La respuesta del Maestro fue clara: «Así también vosotros, cuando hayáis hecho todo lo que os ha sido ordenado, decid: “Siervos inútiles somos, pues lo que debíamos hacer, hicimos”» (Lc 17.10).

La otra reacción que debemos cuidar es la de la persona que es excesivamente «humilde» y rehúsa reconocer que ha tenido parte en el éxito de algún proyecto. Sospecho que esta actitud revela una extraña manifestación del orgullo, pues la falta de disposición a recibir los regalos que otros nos quieren dar también se debe a la altivez. La verdadera humildad sabe dar, pero también sabe recibir.

Corresponde, entonces, que agradezcamos el cumplido a quien nos lo haya ofrecido y luego se lo entreguemos a nuestro Padre, no sea que lo atesoremos en nuestro corazón. La mejor manera de manejar la alabanza es no dándole mucha importancia.

«Los orgullosos aborrecen el orgullo… ¡en los demás!». Benjamín Franklin.

Publicado Por Pastor Damián Ayala.


¡Torciendo el Evangelio de Cristo!

¡Torciendo el Evangelio de Cristo!

 Por Pastor Damián Ayala.
Hizo además Jesús muchas otras señales en presencia de sus discípulos, las cuales no están escritas en este libro.” (Juan 20.30, RVR60)

Y hay también otras muchas cosas que hizo Jesús, las cuales si se escribieran una por una, pienso que ni aun en el mundo cabrían los libros que se habrían de escribir. Amén.” (Juan 21.25, RVR60)

Fueron los versos que me recitó una persona para respaldar sus prácticas no Bíblicas y anti-bíblicas. Me quedé sorprendido de la habilidad del hombre cuando quiere torcer la Palabra y su verdadero significado.

Después de un tiempo entré al blog de un conocido Católico con quien he tenido largos debates sobre temas importantes de la Palabra y pude ver un artículo que usaba este mismo verso (Juan 21.25, RVR60) para fundamentar las mil y una tradiciones que ellos tienen que por supuesto no están registradas en la Palabra. Otra vez quede atónito.

¡Qué fácil! si se trata de añadirle a la Palabra sólo, hay que buscar un lugar donde la misma calla para aportarle.

Dos corrientes con el mismo propósito, Torcer la Palabra, para encajarla en doctrinas y tradiciones anti-bíblicas.

No hay duda que el hombre es torcedor de la verdad por naturaleza. Se imaginan si el Señor no nos hubiera dejado su Palabra, si dejando su Escritura y su Espíritu los hombres la tuercen, se imaginan si no nos deja nada. No hay duda que es grande en misericordia.

Muchos podrán decir ¿Qué quiso decir el Espíritu Santo, en, Hizo además Jesús muchas otras señales, o Y hay también otras muchas cosas que hizo Jesús?

Comencemos con muchas otras señales (Juan 20.30, RVR60)

Lo que nosotros llamamos “milagros de Jesús”, él los llamaba señales. Este término es utilizado respecto de las cosas indicativas de algo más allá del mero hecho de que sucedieron (por más milagroso que haya sido ese hecho).

“Muchas otras” se refiere no sólo a las mencionadas en los evangelios sinópticos sino a las que Juan ya había mencionado en Juan 2:23; Juan 2:11 y Juan 12:37.

Los milagros no fueron hechos simplemente para agradar al oído o impresionar a los demás; ni siquiera los hizo sólo para que creyeran en él. Jesucristo hizo estos milagros como una señal de que era Dios encarnado, de que era el Mesías, como señal de su poder y autoridad.

Jesucristo hizo muchas señales, y no todas están escritas en este libro. Juan hizo una selección de acuerdo al propósito que tenía en mente. Mucho de lo que sucedió fue omitido. Dios escogió incluir aquí aquellas señales que creyó convenientes, de entre las centenares y quizás millares que el Señor Jesús llevó a cabo en su vida terrenal.

Jesucristo realizó dichas señales en presencia de sus discípulos, a quienes escogió como testigos. Después de resucitado el Señor les dio una serie de pruebas indubitables (Hch. 1:2–9), y se presentó a los testigos escogidos por él, a sus verdaderos y sinceros discípulos.[1]

En cuanto a:

otras muchas cosas que hizo Jesús (Juan 21.25, RVR60)

Este versículo es paralelo a (Juan 20.30, RVR60)

Al escribir su evangelio Juan no tenía intención de ser completo sino de hacer una selección cuidadosa—y lo hizo guiado por el Espíritu Santo. Sobre Jesús hay mucho más que aquello que conocemos. Es obvia la exageración en cuanto a que el material sobre la vida de Jesucristo no cabría en todos los libros del mundo. Sin embargo, tanto el lector como el escritor entienden que no se trata de una exageración mentirosa, sino que habla de la infinita riqueza de las obras de amor y poder del Señor Jesús. Un relato completo de la vida de Jesucristo sería prácticamente infinito.[1]

¿A qué se refiere el Espíritu Santo con: Y hay también otras muchas cosas que hizo Jesús?

Se refiere también a los milagros, por ejemplo: Juan 4:45 Es lógico que es imposible registrar todas las cosas que Jesús realizo.

Con este verso les daré otro ejemplo:

Cuando llegó la noche, luego que el sol se puso, le trajeron todos los que tenían enfermedades, y a los endemoniados; y toda la ciudad se agolpó a la puerta. Y sanó a muchos que estaban enfermos de diversas enfermedades, y echó fuera muchos demonios; y no dejaba hablar a los demonios, porque le conocían.” (Marcos 1.32–34, RVR60)

Se imaginan si Juan se pusiera a escribir cada una de las escenas de este verso. El relatar todas las cosas que hizo Jesús en esa noche sería titánico. Pueden ver, le  trajeron todos los enfermos y endemoniados y sanó a muchos que estaban enfermos de diversas enfermedades, y echó fuera muchos demonios… Al decir otras muchas cosas que hizo Jesús. Se refiere a todo lo que fue imposible registrar en papel y tinta por la cantidad de cosas que el Señor realizo en su vida.

En la Palabra quedó registrado sólo lo que el Señor quiso, nos dio el resumen perfecto de la vida y obra de Cristo, nada se le pasó de lo que él quiso enseñarnos.

Todo lo de más son cuestiones de hombres, la carne trabajando con el diablo para manchar lo que es puro y perfecto.

Hermanos, conformémonos con la hermosa Palabra de Dios y su Sana Doctrina.

Dios los bendiga.

1 Palau, L. (1991). Comentario bı́blico del continente nuevo: San Juan II (214). Miami, FL: Editorial Unilit.


¿Cuál es para mi la religión verdadera?

¿Cuál es para mi la religión verdadera?

Los restaurantes de comida rápida nos tientan, al permitirnos ordenar nuestra comida exactamente como queremos. Algunas cafeterías alardean acerca de cientos de sabores diferentes y variaciones de café. Aún cuando compramos casas y carros, podemos buscar uno con todas las opciones y características deseadas. Ya no vivimos en un mundo de chocolate, vainilla y frutilla. ¡La selección es el rey! Usted puede encontrar casi todo lo que quiera de acuerdo con sus propios gustos y necesidades personales.

Así que, ¿qué le parece una religión que sea justo para usted? ¿Qué le parece una religión libre de culpa, que no haga demandas, y que no esté cargada de un montón de reglas molestas de lo que uno debe o no debe hacer? Está ahí, justo como lo he descrito, pero ¿es la religión algo para ser escogido como un sabor favorito de helado?

Hay un montón de voces compitiendo por nuestra atención, entonces ¿por qué uno debería considerar a Jesús superior a, digamos, Mahoma, Confucio, Buda, Charles Taze Russell, o Joseph Smith? Después de todo, ¿no conducen todos los caminos al cielo? ¿No son todas las religiones básicamente lo mismo? La verdad es que no todas las religiones conducen al cielo, así como no todos los caminos conducen a Roma.

Sólo Jesús habla con la autoridad de Dios, porque sólo Jesús venció la muerte. Mahoma, Confucio, y los otros, se desmoronan en sus tumbas hasta hoy mismo, pero Jesús, por Su propio poder, abandonó la tumba tres días después de morir sobre una cruel cruz romana. Cualquiera que tenga el poder sobre la muerte, merece su atención. Cualquiera que tenga el poder sobre la muerte merece ser escuchado.

La evidencia que acredita la resurrección de Jesús es arrolladora. Primero, ¡Hubo sobre quinientos testigos oculares del Cristo resucitado! Eso es un montón de testigos oculares. Quinientas voces no pueden ser ignoradas. ¡También está el asunto de la tumba vacía; los enemigos de Jesús fácilmente pudieron haber detenido todo lo que se hablaba acerca de la resurrección al presentar su cuerpo muerto y descompuesto, pero no hubo un cuerpo para presentar! ¡La tumba estaba vacía! ¿Pudieron los discípulos haber robado su cuerpo? Difícilmente. Para prevenir tal eventualidad, la tumba de Jesús había estado fuertemente resguardada por soldados armados. Considerando que sus seguidores más cercanos por temor habían huido en Su arresto y crucifixión, es muy poco probable que este pobre conjunto de pescadores atemorizados se hubiera enfrentado mano a mano a entrenados soldados profesionales. ¡El hecho simple es que la resurrección de Jesús no puede dar explicación!

Nuevamente, cualquiera que tiene poder sobre la muerte, merece ser escuchado. Jesús probó Su poder sobre la muerte, por tanto, necesitamos escuchar lo que dice. Jesús afirma ser el único camino hacia la salvación (Juan 14:6). El no es un camino; El no es uno de muchos caminos. Jesús es el camino.

Y este mismo Jesús dice, “Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar” (Mateo 11:28) Este es un mundo fatigoso y la vida es difícil. La mayoría de nosotros estamos bastante sufridos, heridos, y deteriorados. ¿Está de acuerdo? Así que, ¿qué es lo que quiere? ¿Un restablecimiento o una mera religión? ¿Un Salvador viviente o uno de muchos “profetas” muertos? ¿Una relación significativa o rituales vacíos? Jesús no es una elección – ¡Él es la elección!

Si usted está buscando perdón, Jesús es la verdadera “religión” (Hechos 10:43). Jesús es la verdadera religión si usted está buscando una relación significativa con Dios (Juan 10:10). Jesús es la “religión” verdadera si usted está buscando un hogar eterno en el Cielo (Juan 3:16). Ponga su fe en Jesucristo como su Salvador. ¡No lo lamentará! Confíe en Él para el perdón de sus pecados. ¡No quedará decepcionado!

Publicado por Pastor: Damián Ayala