El versículo peor citado de toda la Biblia

El versículo peor citado de toda la Biblia

Por: Will Graham

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Crisóstomo escribió que debemos corregirnos unos a otros, pero no como un enemigo que busca venganza, sino como un médico que busca sanar.

Si me preguntaras qué versículo bíblico considero el peor citado de toda la Biblia, respondería sin vacilar: “Mateo 7:1”. ¿Qué dice? “No juzguéis para que no seáis juzgados”.

Hoy día es demasiado común citar este versículo de memoria sin entender nada de su significado original. ¿Por qué Jesús dijo esto? ¿Ser un discípulo del Señor en el siglo XXI realmente quiere decir que no se nos permite pensar por nosotros mismos y juzgar con juicio espiritual? Sería de gran ayuda leer el contexto del versículo en cuestión. Así que esto es lo que vamos a hacer hoy. Aquí está el versículo en su contexto original:

 No juzguéis, para que no seáis juzgados. Porque con el juicio con que juzgáis, seréis juzgados, y con la medida con que medís, os será medido. ¿Y por qué miras la paja que está en el ojo de tu hermano, y no echas de ver la viga que está en tu propio ojo? ¿O cómo dirás a tu hermano: “Déjame sacar la paja de tu ojo”, y he aquí la viga en el ojo tuyo? ¡Hipócrita!, saca primero la viga de tu propio ojo, y entonces verás bien para sacar la paja del ojo de tu hermano (Mateo 7:1-5).

Una vez que se lee el pasaje en su totalidad, entonces la expresión “No juzguéis para que no seáis juzgados” no parece demasiado difícil de entender. Jesús estaba golpeando contra un espíritu de hipocresía que condena a los demás por las faltas y pecados de los cuales el acusador es culpable. Si vives una vida secreta de pecado e iniquidad, ¿quién eres para atreverte a hablar en contra del pecado de otra persona en público? ¡Eso es el colmo de la hipocresía! Una vez que hayas sacado la viga de tus ojos, entonces podrás juzgar con justo juicio y discernir por el Espíritu del Señor. Juan 7:24 nos ordena en términos explícitos: “Juzgad con justo juicio”. No es pecado juzgar. De hecho, Dios nos manda a juzgar. Por lo tanto, sería más correcto decir que es pecado no juzgar.

El gran problema de citar erróneamente este versículo es que estamos acabando, de una manera muy sutil, con toda forma de juicio en la fe cristiana, la cual es una idea muy anti-bíblica.

Jesús dijo las palabras registradas en Mateo 7:1, pero recuerda que Él es el Juez Todopoderoso (1 Pedro 4:5) que enviará a sus ángeles para echar a los apóstatas al fuego eterno del infierno. Jesús juzga con juicio justo. Sus feroces palabras, dirigidas a los fariseos y a la élite religiosa del Israel del primer siglo eran innegablemente críticas (al igual que las palabras de los profetas del Antiguo Testamento). Dijo que si no se arrepentían de sus pecados, entonces perecerían. Ahora bien, ese tipo de mensaje no es muy ‘amoroso’ según la nueva moda de fe utilitaria y pragmática que ha nacido en nuestra generación, pero no importa lo que diga el  Evangelio light  o el  Evangelio de mantequilla , lo que cuenta es la Palabra de Dios. Tu destino eterno depende del Señor, no de ministerios fabricados por hombres que sólo procuran conseguir éxito, dinero y popularidad. He visto a predicadores y teólogos evangélicos dando entrevistas en la televisión con miedo a la hora de afirmar dogmáticamente que Jesucristo es el único camino de salvación. Por temor a ofender han hecho más mal que bien. No juzgaron con juicio justo. Pecaron contra el mandato de Dios.

Si juzgar está prohibido a los santos- como muchos creen erróneamente- entonces, ¿quién era Pablo para juzgar el caso de incesto en Corinto (1 Corintios 5)? ¿Quién le dio a Pedro el derecho de acusar a Ananías y Safira de mentir (Hechos 5)? Crisóstomo, un gran hombre de Dios y predicador de la Palabra en el siglo IV, escribió que debemos corregirnos unos a otros, pero no como un enemigo que busca venganza, sino como un médico que busca sanar. Un espíritu recto debe dominar nuestro juicio. Nos juzgamos de acuerdo a la norma bíblica y, al hacer esto, nos libramos del engaño y obedecemos el mandato de Dios. Juzgamos para obedecer a Dios, no para difamar ni hacer daño a los rebeldes.

Traduzcamos todo esto en un ejemplo práctico: digamos que un hombre en el púlpito de tu Iglesia predica una doctrina herética este domingo. Supongamos que él dice (al igual que muchos apóstatas dicen hoy día), “Dios no es un Dios Trino, no hay distinción de personas en la Deidad. Olvídate de todo eso de el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo”, o tal vez “Jesucristo no es Dios manifestado en carne”, ¿cómo respondes a eso? ¿Te sientas allí en el banco y dices: “Bueno, no voy a hacer nada, después de todo, Dios no me ha llamado a juzgar”? ¿Quién sería tan insensato como para permitir que la gloria de Dios sea así blasfemada?¿Dejarías que una niña fuera violada delante de tus ojos y luego decir: “Yo no intervine porque yo no quería juzgar la situación. Amo demasiado a las personas. No quería juzgar al violador”? ¿Qué tipo de excusa es ésta? Sería sumamente repugnante.

Dios nos llama a “examinarlo todo y retener lo bueno” (1 Tesalonicenses 5:21). Si no te examinas de acuerdo a la Palabra de Dios, entonces vas a ser engañado. En la apostasía de los últimos días, muchos hombres van a ser entregados a graves engaños para que crean la mentira. ¿Por qué? Pablo responde: “A fin de que sean condenados todos los que no creyeron a la verdad, sino que se complacieron en la injusticia” (2 Tesalonicenses 2:12). Eso es un mensaje fuerte, pero sólo sirve para demostrar la necesidad imperiosa y urgente de juzgar de manera bíblica todas las enseñanzas y acciones. Por lo tanto, juzgar de manera bíblica es la única garantía de nuestra supervivencia espiritual en estos próximos años.

Así que, corrijamos a aquellos que nos rodean que constantemente citan de manera incorrecta Mateo 7:1. Jesús no nos ha llamado a poner nuestro cerebro a un lado; Él nos llama a juzgar con justo juicio y asegurarnos de que no caigamos atrapados en la misma falsedad y pecado que censuramos en otros. De esta manera se evitará el peligro de ser juzgado por juzgar a los demás.

Traducido por: Julian Esquinas

Nota del Administrador: Este post fue tomado de http://www.protestantedigital.com/ES/Magacin/

Dios los bendiga.


¿Por qué no oro a la virgen?

¿Por qué no oro a la virgen?

 

María. ¡Qué mujer de Dios más maravillosa! Su fe, su obediencia y su sumisión a la voluntad de Dios nunca dejan de sorprenderme. A lo largo de los años, pocos seguidores del Señor han sido tan ferozmente probados como lo fue ella; pero aun así, ella se mantuvo fiel al Dios de Israel y al Hijo que el Señor le había concedido.

Cada lector de la Biblia se sentirá profundamente conmovido por el amor teocéntrico de María (esto es, centrado en Dios), pero al mismo tiempo, nadie que lee la Escrituras correctamente podrá caer en la trampa de convertir a la madre Jesús en una especie de figura salvadora a quien tenemos que orar e interceder constantemente (y por medio de la cual tenemos acceso al Padre). Tal forma de pensar es una distorsión completa de la fe neo-testamentaria. Así que, ¿oro yo a la virgen María? No, no lo hago.

¿Por qué no lo hago? Permíteme ofrecerte algunas razones:

1.-Primero, no oro a María porque María no es Dios. La Biblia explica en términos bien claros que la oración se ha de dirigir a Dios (y solamente a Él). La Biblia prohíbe la deificación de cualquier criatura en detrimento de Dios. Muchas veces me pongo a pensar en lo horrorizada que estaría María si supiera que tantos millones de ‘creyentes’ ignorantes de la Biblia usan su nombre para usurpar la autoridad del Todopoderoso.

2.-Segundo, no oro a María porque solamente hay un Mediador entre Dios y el hombre. ¿Quién es el único Mediador? Te voy a contestar con palabras apostólicas: “Jesucristo hombre” (1 Timoteo 2:5). La Iglesia primitiva nunca enseñó nada acerca de la doctrina de la correndentora . No negamos que María desempeñara un papel significativo en la economía de la redención -al fin y al cabo, dio a luz al mismo Hijo de Dios en Belén- pero decir que ella constituye un puente entre Dios y nosotros significa quitar la exclusividad de salvación en Cristo Jesús. La sangre de Jesús es el único acceso que el cristiano tiene a la presencia del Padre. ¡‘Único’ quiere decir ‘único’! “Y en ningún otro hay salvación; porque no hay otro nombre bajo el cielo, dado a los hombres, en que podamos ser salvos” (Hechos 4:12).

3.-Tercero, no oro a María porque María era tan pecadora como yo. El testimonio tan gozoso de María nos confirma esta verdad: “Mi espíritu se regocija en Dios mi Salvador” (Lucas 1:47). María llamó a Dios su Salvador porque ella también necesitaba ser librada del poder del pecado. María era humana, demasiado humana. Ella había sentido el mordisco tan frío del pecado y su alma clamaba por el perdón de Dios. Es decir, María no era inmaculada. No vivía libre del pecado. Ella compartió nuestro estado humano caído y por lo tanto, se quedó descalificada de contestar oraciones.

4.-Cuarto, no oro a María porque María no me escucha. María ha pasado la mayor parte de los últimos dos mil años rodeada de la plenitud de la gloria celestial. Su mirada está firmemente puesta en el Altísimo Dios. Lleva dos siglos alabándole y sirviéndole con gran gozo. Las cosas de este mundo presente no tienen importancia ninguna para ella ahora. Ella está con Jesús. Se une a la melodía angelical para cantar himnos de alabanza a su Rey. María no presta atención a nuestras oraciones. No tiene un teléfono móvil ni What’s App . Y de todos modos, si los tuviera, dudo mucho de que los encendiera.

5.-Quinto y último, no oro a María porque María quiere que yo ore a Dios. Si quiero honrar a una persona que amo, la mejor forma es honrar a alguien que él (o ella) ama. Si quieres hacerme feliz, háblame bien de mi familia, mis amigos y mis seres queridos. De la misma forma, si la hermana María todavía estuviera con nosotros, se alegraría en saber que nosotros también amamos a Dios con la misma pasión que ella. Siendo una mujer llena del Espíritu de Dios, nos animaría a orar a Dios, mirar a Dios y confiar en Dios (y nunca en nadie más).

CONCLUSIÓN
Espero que esta lista cortita -y claro está, no se trata de una lista exhaustiva- nos aleje de doblar nuestras rodillas ante la madre del Unigénito Hijo de Dios. A María no se ora. Sí, le admiramos por su fe. Sí, damos gracias a Dios por su ministerio. Y sí, nos maravillamos ante su vida ejemplar. Pero a María no hay que buscarla en oración. A Dios, hay que buscarle en oración. Y cualquier oración que va dirigida hacia María es una ofensa abominable para el Dios todopoderoso y un insulto al legado de una maravillosa mujer de Dios.

Autor: Will Graham


Nuevo descubrimiento científico confirma que Dios creó el universo

Nuevo descubrimiento científico confirma que Dios creó el universo

 

El sorprendente descubrimiento, anunciado esta semana, de ondas en el tejido del espacio-tiempo ha sacudido al mundo de laciencia, y al mundo de la religión. Ha sido presentado como evidencia de la inflación(una expansión del universo más rápida que la velocidad de la luz); el nuevo descubrimiento de rastros de ondas gravitacionales afirma los conceptos cientificos en el campo de la cosmología, larelatividad general y la física de partículas.

La teoría prevalente de los orígenes cósmicos antes de la teoría del Big Bang era la del “Estado sostenido”, la cual afirmaba que el universo siempre había existido, sin un comienzo que necesitara una causa.

Sin embargo, esta nueva evidencia fuertemente sugiere que hubo un comienzo para nuestro universo.

Si el universo de hecho tuvo un comienzo, por la simple lógica de causa y efecto, tuvo que haber un agente -separado e independiente del efecto- que lo causara.

Eso me suena mucho a Génesis 1:1: “En el principio Dios creó los cielos y la Tierra”.

Entonces, este último descubrimiento es una buena noticia para nosotros los creyentes, ya que agrega unapoyo científico a la idea de que el universo fue causado -o creado- por algo o alguien fuera de él y que no dependía del mismo.

El astrónomo ateo que se convirtió en agnóstico, Fred Hoyle, quien acuñó el famoso término “Big Bang”, hizo esta famosa declaración: “Una interpretación con sentido común de los hechos sugiere que un superintelecto jugueteó con la física“.

Como Hoyle lo vio, el Big Bang no fue una explosión caótica, sino más bien un evento altamente ordenado, uno que no pudo haber ocurrido por casualidad.

Sbemos que Génesis nunca tuvo la intención de ser un manual científico detallado, en el que se describe cómo Dios creó el universo. El mensaje que imparte es teológico, no científico.

Como científica y creyente moderna, cuando veo el cielo estrellado en una noche despejada, recuerdo que “los cielos cuentan la gloria de Dios” (Salmo 19:1). Me siento maravillada ante la complejidad del mundo físico, y cómo todas las piezas encajan a la perfección y se encuentran en armonía.

En el libro de Jeremías, en el Antiguo Testamento, el escritor nos cuenta que Dios “estableció su pacto con el día y la noche y con las leyes del cielo y de la tierra”.

Si Dios verdaderamente es el creador, entonces Él se revelará a través de lo que ha creado, y la ciencia es una herramienta que podemos usar para descubrir esas maravillas.

Por Leslie A. Wickman, CNN, editado por AcontecerCristiano.Net


Una ofrenda defectuosa

Una ofrenda defectuosa!!

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Dios habla a su pueblo por labios del profeta Malaquías (Mal 1:6-9)  y pregunta sencilla y directamente a los sacerdotes:  “¿Dónde está mi honra? ”, no porque la exigiera arbitrariamente, sino porque a pesar de haber demostrado Dios su amor tan grande con maravillosos portentos, nunca había recibido una respuesta a la altura de sus misericordias de parte de Israel. Dios nunca falló, su palabra siempre ha sido fiel y verdadera, pero la respuesta de su pueblo no ha tenido la misma firmeza, y sus sentimientos son fluctuantes y condicionados.

Israel profesaba que Dios era su Padre y su Señor, se sentía pueblo suyo, por lo cual Dios, simplemente, exige que lo que confiesan con sus labios se note en sus acciones. Está pidiendo que se note el temor reverente y el amor que profesan a su creador en su servicio diario, que no sean solo palabras. Pero lejos de existir reconocimiento entre su pueblo y de reflexionar en sus acciones, surge de su ceguera espiritual, desde su complaciente insensibilidad la pregunta:  “¿En que hemos menospreciado tu nombre?” . Los sacerdotes que debían velar por la pureza espiritual del pueblo estaban corrompidos e imposibilitados por su ceguera: no vieron su desamor hacia Dios, desconocieron a su Señor y escondieron su culpa.

Víctimas de una Religión Sintética

Nos hemos acostumbrado a una religión barata, sin esfuerzo, que sirve a mis propósitos, que me valgo de ella para exigir el favor de Dios, que nos ha enseñado a cuestionar los propósitos de Dios, a resistirnos a su voluntad como un niño mimado que quiere salirse con la suya y continuamente presentamos ante Dios un corazón condicionado, con una obediencia parcial, ofrendas miserables y defectuosas, frutos de un corazón egoísta que solo desea hacer su voluntad, que no ha entendido que Dios es Santo y que no necesita de nosotros, que solo por su misericordia estamos hoy en pie y existimos.

Vivimos una cultura evangélica tolerante que no ofende la vida pecaminosa del hombre, que justifica un cristianismo mediocre, acomodado para no incomodar a nadie, sin exigencias, que rebajó el evangelio hasta un sencillo mensaje positivo e irrelevante, incapaz de transformar vidas, que no busca ser distinto al mundo que se conforma con estar “bendecido” económicamente.

Siempre las exigencias de Santidad han sido incomprensibles para el hombre, el evangelio es locura para los que se pierden, así lo dice la palabra de Dios, porque considera la Santidad exagerada, porque no están al servicio de sus intereses, porque es un ofrenda demasiado cara para ser presentada ante las plantas de Cristo, porque el corazón está lleno de avaricia, y el yo gigante consume el deseo de agradar a Dios, pues prefiere un evangelio que le hable de bendiciones, de su potencial y de sus merecimientos, y como incautos somos cautivados por ese evangelio sintético que alimenta nuestros sentidos, pero que no produce vidas santas.

Eso no es el evangelio. Es una religión barata y Dios la abomina, no la quiere y un día, al presentarnos ante Él, nos dirá:  “No os conozco, obradores de iniquidad” … y gritaremos pidiendo explicaciones : “¡Señor, en tu nombre yo hice cosas importantes! ¡Iba a la Iglesia siempre! ¡Soy un hombre exitoso! ¡Doy mucho dinero para la Iglesia! ¡Yo prediqué tu palabra!”.  Pero Dios nos dirá:  “Nunca os conocí…” . Ese es el resultado de una religión barata, a mi medida, pero que nada tiene que ver con Dios.

¿Qué nos compromete más: nuestra salvación o el deseo de sentirnos exitosos? Dios nos mira tal como a los sacerdotes de Israel y nos dice:  “Ve e invierte el mismo tiempo que dedicas a buscarme y utilízalo para ser exitoso, para ser profesional. ¿Lo lograrías? ¿Te bastaría para lograr tus sueños o quedarías en la mitad del camino y serias contado como alguien que no se esforzó lo suficiente? ¿Y por qué, si yo soy Tu Señor, me das lo defectuoso y lo que te sobra?”

En busca de la mejor ofrenda para Dios 

Dios quiere lo mejor, no las sobras. Debemos buscar experiencias relevantes con Dios, darle el servicio que Él espera de nosotros, esforzarnos por ser mejores cristianos, por vivir un evangelio relevante, que transforma vidas, que limpia corazones, que vence el pecado y se aparta del mal por amor a Dios. Basta de religiosidad: debemos ser verdaderos hijos de Dios.

Dios estaba desagradado de las ofrendas de su pueblo, pues no eran fruto de su pobreza sino de su avaricia, de su desinterés. Su mezquindad era la expresión de su mal corazón, sus ofrendas defectuosas eran el fruto de haber sacado a Dios del centro de la vida y transformarlo en prescindible.

Ofrendas de un corazón que desconoce a Dios

Dios argumenta contra su pueblo y les desafía a pensar: “Preséntalo, pues, a tu príncipe; ¿acaso se agradará de ti, o le serás acepto?” . Les dice:  “Lleva la misma ofrenda que traes ante mí y ofrécela a tus príncipes. ¿La aceptará? ¿Se agradará de ti? ¿Recibirá él la oveja defectuosa, la ciega o la enferma, alegremente?”.  Dios no está agradado de su pueblo, siente el menosprecio, ve la indiferencia, y enfrenta a su pueblo.

La Biblia enseña que Israel no rechazó públicamente a Dios, seguía sintiéndose pueblo suyo, pero su indiferencia y falta de preocupación por su relación con Dios era peor que el desprecio. Desconocieron a su Señor, mostraron desinterés por agradarle y no reaccionaron; lo encontraron justo y apropiado. Israel no se detuvo a meditar en sus acciones, siguió caminando como si nada pasara. ¿Podrían sus ofrendas defectuosas ser tomadas en cuenta por Dios?

La falta de reflexión sobre la forma en que servían a Dios fue definitoria de la disciplina. Nunca se cuestionaron si lo que ellos estaban ofreciendo era realmente lo que Dios exigía. Por eso dice : “Me han desconocido, dice Jehová” (Jer 9:3) , porque menospreciaron su amor y olvidaron su carácter Santo, trayendo ante su altar lo que les sobraba, lo defectuoso, como si ellos estuvieran haciendo un favor a Dios al ofrendar, como quien da una limosna. Pero Dios no es un pordiosero, es el Rey de Gloria, Creador del universo, Todopoderoso, que no necesita de nosotros, ni de nuestras ofrendas, sino que por su misericordia permite que podamos servirle y traer ante su altar nuestras vidas para rendirlas plenamente a Él. Nosotros somos los pordioseros, que nada podemos ofrecerle a Dios, que sin Él no existimos y, solo por misericordia, Dios mira nuestras insignificantes ofrendas y servicio, y solo por su amor lo acepta como olor grato.

¿Qué calidad ante Dios tiene mi ofrenda?

Aunque el mundo postmoderno se caracteriza por la mediocridad y la búsqueda obsesiva del placer y huida del sufrimiento, el sacrificio y el dolor, debemos ofrecer lo más valioso, lo mejor, pues nuestra ofrenda debe estar relacionada con la comprensión que tenemos de Dios. Sabemos que es Alto y sublime, Eterno en amor y misericordia, por lo tanto presentémonos cada día como ofrenda viva a sus pies.

¿Qué ofrenda hemos traído, la defectuosa o la perfecta? Cuando hablamos de ofrenda, nos referimos a:

  •   ¿Consideramos realmente importante nuestra relación personal con Dios?
  •   ¿Dedico tiempo a solas de calidad a mi búsqueda de Dios?
  •   ¿Presto la misma atención al Sermón que a mis pasatiempos?
  •   ¿Estoy comprometido a derrotar mis debilidades y ser luz del mundo?
  •   ¿Estoy luchando con mis hábitos pecaminosos?
  •   ¿Honro a Dios con mi forma de ser?
  •   ¿Ofrendo mi mejor esfuerzo para evangelizar al círculo de personas en el que me desenvuelvo?
  •   ¿Es el propósito de Dios para mi vida un factor relevante en las decisiones que tomo?

Confiar en Dios es creer que merece lo mejor, porque solo Él es Dios. Es considerar a Dios tan importante como para negarme a mí mismo y servirle en obediencia, es creer que vale la pena dedicarle mi vida porque me ha prometido una patria realmente mejor, una patria celestial.

Autor: Marcelo Riquelme Márquez


Muerte en el corazón de los vivos

Muerte en el corazón de los vivos

En una época como la nuestra en que nadie quiere pararse a pensar y hablar de desgracias, porque bastante “sobraditos” vamos de eso, hablar particularmente de la muerte es casi un tabú. Al que tiene este tema presente se le llama agorero, como si a la muerte se la retardase por no mentarla, o como si se la atrajese sin remedio por mencionarla siquiera. Supersticiones aparte, lo que nadie puede negar es que ésta es de las pocas estadísticas de las que verdaderamente nos podemos fiar: el 100% de las personas morimos. Da igual nuestra condición, nuestro estado de salud en el momento en que la muerte nos encuentra, poco importa nuestro estatus socio-económico, o que queramos irnos o no. Si nos, toca, nos toca y nadie ha sido capaz de revertir esta dramática estadística. Sólo Uno, precisamente el más interesado en que nos concienciemos de que el asunto de la muerte es el verdaderamente urgente por tratar.

Ese es, sin duda, el elemento más maravillosamente diferencial del Evangelio: Jesús no solamente entrega Su vida en beneficio por el pecador, no sólo permite que la muerte le arrebate durante unos días, sino que regresa para contarlo y para darle, final y definitivamente, “carpetazo” a la muerte. Otros que fueron resucitados, como Lázaro, sólo retardaron el momento de su muerte (de hecho, años después murió, como todo el mundo). Pero Cristo resucitó para ocupar a partir de entonces su trono como Rey de los tiempos, y de la misma forma que la muerte no pudo con Él, su victoria es la garantía de que la muerte ya no se señoreará más de nosotros. Nuestra muerte, nuestra partida de este mundo, es sólo el comienzo, para los que hemos creído en Cristo, del comienzo de una gloriosa vida en nuestro verdadero lugar: junto al Padre y junto al Hijo, nuestro benefactor.

Sólo teniendo esto en mente parece cobrar sentido el texto de Eclesiastés. Porque de no ser así, lo que Salomón expresa parece la mayor de las locuras. Para quien no tiene esperanza en algo más, su esperanza termina y acaba aquí, por lo que el día de su nacimiento siempre resultará más relevante o importante. Igualmente, si pensamos que todo lo que tenemos verdaderamente está aquí y ahora, nuestro deseo será estar allí donde hay risa, alegría y fiesta, pero no cerca de la muerte o el funeral. Sin embargo, esos lugares donde la alegría no está presente, los espacios más oscuros y tenebrosos, nos hablan alto y claro al corazón acerca de nuestra necesidad de alzar la vista buscando la luz y de tener presente que no podemos quedarnos sólo en el plano de lo que vemos.

Eclesiastés habla de la sabiduría que implica tener estas cosas presentes. Mirar para otro lado nunca sirvió de nada, ni para los pequeños problemas ni mucho menos para los de envergadura eterna. La muerte es el fin de todo hombre y los que viven debieran tenerlo presente. Así, como en tantas otras ocasiones en el texto bíblico, lo que gobierna aquí es una tremenda paradoja: reina más la vida y las posibilidades de disfrutar una de carácter eterno en el corazón de los hombres cuando éstos se ocupan y se preocupan de permitir considerar la muerte en esos mismos corazones. Y considerarla implica hacerse preguntas y contestárselas de forma contundente. Si no hallas respuesta para esas preguntas, es hora de buscar. No estarás perdiendo el tiempo ni malgastando tu vida. Tu corazón estará, simplemente, puesto en las cosas importantes, las que no son una distracción o un entretenimiento, pero marcarán tu eternidad.

Autor: Lidia Martín Torralba


Mantente incomodo

Mantente incomodo

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Dios nos hablo en Horeb y nos dijo; Habéis estado bastante
Tiempo en este monte (Deuteronomio 1:6).

Generalmente las personas buscan la manera de estar cómodos. La comodidad es uno de los mayores deseos de la gente hoy en día. Esta no la venden a diario por los medios de comunicación;  un casa grande con todas las cosas necesarias, un coche grande y espacioso, un sofá confortable, ropa relevante y a la moda, aparatos electrónicos de última generación  que hacen el trabajo mas fácil, en fin todo esto para darnos una vida más cómoda y llena de la ley del mínimo esfuerzo.

Cuando estudias la palabra de Dios te das cuenta que el Reino busca todo lo contrario a lo que nos ofrece el sistema del mundo. El Señor desea nuestra incomodidad, nuestra insatisfacción con el presente estado de cosas que nos alejan de Él.

Es irónico pero mientras nosotros buscamos la comodidad, Dios busca nuestra incomodidad. Nunca nadie que amo la vida cómoda cambio nada, ni se involucro en procesos de cambio y transformación en el mundo. Fue la incomodidad de Gandhi por ver los abusos que sufría su país que hizo que se activara para ayudar y pelear por un cambio a través de la guerra silenciosa. Fue la incomodidad de Nelson Mandela lo que hizo que trabajar por la igualdad social de África. Fue la insatisfacción de la Madre Teresa de Calcuta la que hizo que dedicara su vida a los más desfavorecidos. Fue la incomodidad de Jesucristo lo que le hizo dejar su trono y venir a este mundo y encarnarse por nuestra salvación.

 El común denominador de los transformadores de ambientes es la incomodidad, la insatisfacción con su presente estado de cosas . En un mundo donde se ama a los que predican comodidad y se rechaza a los que anuncian incomodidad, no sé en qué lugar estaría Juan el Bautista y nuestro Señor Jesucristo, predicadores totales de incomodidad.

Todo cambio comienza con insatisfacción, con ese enojo santo interno que hace que nos levantemos. El reino de Dios necesita un ejército de personas incomodas e insatisfechas con el estado actual de las cosas y que se unen al propósito de Dios para ser luz y salvación a los que no le conocen.

La comodidad es un analgésico que adormece y anestesia el alma, esta nos roba el deseo de crecer y avanzar hacia nuevos horizontes y territorios. El confort produce inercia y pereza para realizar el llamado que Dios nos ha dado. Comodidad es la resistencia a esforzarse y trabajar para la voluntad del Señor en nuestra vida. No hay nada más triste que conocer a personas con un gran llamado y potencial pero pasivos y adormecidos por la vida estable y confortable.  El cómodo hace de la pasividad una morada permanente de autosatisfacción.

Tarde o temprano tendrás que elegir si amar la comodidad o amar la incomodidad. Comodidad es todo aquello que te dice ya lo has logrado, ya no hagas nada mas, disfruta todo lo que has obtenido, ya no vuelvas a visionar. Confort es cuando solo te enfocas en tu propio interés personal, son pensamientos de que no es necesario hacer nada. Es aquella voz interna que te dice no es necesario pensar y actuar diferente. La mente cómoda te roba la pasión por conquistar y ganar, te roba el entusiasmo y te acostumbra a vivir en un estado de tristeza, decepción y depresión.

Por otro lado, la incomodidad me mantiene orando, visionando, sirviendo y trabajando para el reino de Dios. El enemigo sabe que somos blancos fáciles cuando nos conformamos y pensamos que no necesitamos cambiar. Si no salimos de nuestra zona de comodidad solo nos estancaremos y no podremos experimentar expansión y crecimiento.

La incomodidad te mantiene activo, fresco, ilusionado y en movimiento cumpliendo los propósitos del cielo. La incomodidad te mantiene molesto, herido con la mediocridad, insatisfecho con la realidad que vives y observas en otros, pero no para que te amargues, frustres o abandones, sino para que te actives y te muevas hacia la transformación de esa realidad que tanto rechazas.

Una persona insatisfecha sale de su estado de resignación donde se encuentra sumergida y sigue esforzándose. La comodidad es el mayor asesino de tu propósito, te paraliza y envenena mentalmente. La comodidad es un dardo del enemigo que si te atraviesa te dejara herido de muerte. La incomodidad es tu mejor aliado, tu amiga, si te unes a ella te salvara la vida y te guiara hacia tu destino de gloria. La insatisfacción siempre te dice algo mas puedes hacer, algo mas puedes cambiar.

Más vale que hagas caso a las incomodidades que Dios te hace sentir, porque puede ser que jamás las vuelvas a tener. Prepárate porque Dios va a incomodar tu comodidad. Cuando esto suceda no te enojes, tarde o temprano acabaras agradeciéndoselo. MANTENTE INCOMODO.

Autores: Efrain Barboza


Perdón

Perdón!!

“Hay algunos seres sobre la tierra —replicó el Espíritu— que pretenden conocernos, y que realizan sus acciones de pasión, orgullo, malevolencia, odio, envidia, santurronería y egoísmo en nuestro nombre, y que son tan extraños para nosotros y para todo lo que con nosotros se relaciona, como sí nunca hubieran vivido. Acordaos de ello y cargad la responsabilidad sobre ellos y no sobre nosotros”.

(Espíritu de la Navidad Presente en “Canción de Navidad”, de Charles Dickens)

 

Pido perdón a quienes hayan sufrido por emisarios o sistemas relacionados al cristianismo.

Gente que aguantó abusos morales, físicos, psicológicos y espirituales por parte de autoridades religiosas.

Personas que padecieron el incumplimiento de promesas ilusorias de humana factura.

Hombres y mujeres que fueron víctimas de la estafa de quienes solo piensan en lucrar.

Seres humanos que vieron con sus propios ojos la doble moral de aquellos que dicen pero nunca hacen.

Pido perdón a quienes hayan vivido subyugados dentro de estructuras religiosas asfixiantes.

Gente que soportó la imposición de un dios que nada tiene que ver con el cristianismo.

Personas que toleraron por muchos años que usurparan su libertad de conciencia.

Hombres y mujeres cuyos cuestionamientos se vieron limitados o recibieron elusión como respuesta.

Seres humanos que sufrieron en carne propia las consecuencias de enseñanzas distorsionadas.

La Navidad me recuerda el nacimiento del niño Jesús en el pesebre de Belén.

Aparecido en un contexto de pobreza, rechazo y discriminación.

Donde los distraídos de la sociedad no lograron percibir lo que ocurría.

Momento en que la divinidad se mostró primero a los humildes.

La Navidad me recuerda que el cristianismo no consiste en palabrerías ni verborrea.

Que nada tiene que ver con las luchas de poder ni la persecución de la fama.

Que muy lejos está de las pirámides humanas donde unos aventajados oprimen a otros desfavorecidos.

Que no existe ni está presente donde hay santurronería, soberbia, egoísmo, discriminación y doble vida.

¡El cristianismo es otra cosa!

Es paz en el corazón. Alegría compartida con el hermano. Perdón que se traduce en gestos.Gestos que se vuelven acciones. Amor que se entrega por el prójimo. Compromiso con Dios y su creación. Lucha por la dignidad humana. Denuncia, propuesta y entrega. Libertad del imperio del “yo”. Aprendizaje continuo. Humildad para admitir errores. Sencillez de corazón. Austeridad en el modo de vida. Razón sazonada con fe. Respuesta a muchos interrogantes de la vida.Interrogantes que quedan sin respuesta. Consuelo en las aflicciones. Experiencia individual y comunitaria. Cambio interior que promueve la transformación exterior. Diálogo en las diferencias.Respeto por las divergencias. Y muchas cosas más.

Alguien dijo tiempo atrás: “¿Cómo es posible que el mejor mensaje que existe, esta hermosa vida de amor y esperanza y paz, se convirtiera en otra cosa? ¿Cómo terminaron tan pocos hablando por tanta gente? Somos muchísimos los que realmente queremos seguir a Jesús. Quienes creemos en él cuando dice que vino a darnos la vida y la vida al máximo. Queremos la mejor vida posible aquí y ahora, la que es eterna, a la que Jesús nos invita”.

En esta época navideña pido perdón a toda persona a quien el cristianismo, sea la rama que fuere, haya decepcionado. Y extiendo una invitación mutua para que nos acerquemos y redescubramosa quien yace recostado en aquel antiguo pesebre.

Cristian Franco