¿Existe Dios? El argumento a partir de la ley moral

¿Existe Dios?  El argumento a partir de la ley moral

Pueden plantearse argumentos similares basados en el orden moral del universo, más que en su orden físico. Estos postulan que la causa del universo debe ser moral, además de poderosa e inteligente.

1. Todos los hombres son conscientes de una ley moral objetiva.

2. Las leyes morales suponen un Legislador de ellas.

3. Por lo tanto, debe haber un supremo Legislador moral de la ley.

Este argumento sigue también el principio de la causalidad en un sentido, pero las leyes morales son diferentes a las naturales que ya examinamos. Las leyes morales no describen lo que es, prescriben lo que debe ser. No son sencillamente una descripción de la manera en que se comportan los hombres, ni se conocen observando lo que ellos hacen. Si lo fueran, nuestro concepto de moralidad sería, por cierto, diferente. Las leyes morales nos dicen, en cambio, lo que los hombres deben hacer, háganlo o no. Así que, todo «deber» moral procede de más allá del universo natural. No se puede explicar con nada de lo que sucede en el universo, ni se puede reducir a lo que hacen los hombres en el universo. Trasciende el orden natural y requiere una causa trascendente.

Historia del argumento moral

Este argumento no ganó prominencia sino hasta comienzos del siglo diecinueve, luego que se publicaran los escritos de Emanuel Kant. Este insistía en que no había forma de acceder al conocimiento absoluto de Dios, y rechazaba todos los argumentos tradicionales sobre su existencia. Sin embargo, aprobó el planteamiento moral, no como prueba de la existencia de Dios, sino como forma de mostrar que es un postulado necesario para la vida moral. En otras palabras, no podemos saber que Dios existe, pero debemos actuar como si existiera para que la moral tenga sentido. Pensadores posteriores a Kant, refinaron el argumento para demostrar que hay cierta base racional de la existencia de Dios en la moralidad. También se ha intentado refutar la existencia de Dios basándose en la moral e ideas procedentes de Pierre Bayle y Albert Camus.

Algunos alegarán que esta ley moral no es realmente objetiva; que es solo un juicio subjetivo que procede de los postulados sociales. No obstante, este punto de vista no considera el hecho de que todos los hombres reconozcan las mismas cosas malas (como el asesinato, la violación, el robo, la mentira). Además, la crítica que este criterio plantea se parece mucho a un juicio subjetivo porque dice que nuestros juicios de valor son erróneos. Ahora bien, si no hubiera una ley moral objetiva, entonces no podría haber juicios de valor correctos ni erróneos. Si nuestras perspectivas acerca de la moralidad son subjetivas, entonces las de ellos también lo son. Pero si afirman efectuar una declaración objetiva sobre la ley moral, entonces presuponen que hay una ley moral en el acto mismo de tratar de negarlo. Quedan así atrapados en ambos sentidos. Hasta su declaración «nada sino» exige conocer «más que», lo que muestra que se adhieren, secretamente, a alguna norma absoluta que trasciende los juicios subjetivos. Por último, hallamos que aun aquellos que dicen que no hay orden moral, esperan ser tratados con equidad, cortesía y dignidad. Si uno de ellos planteara esta objeción y le replicáramos con un: «¡Cállese! ¿A quién le interesa lo que usted piensa?», comprobaríamos que cree que hay algunos «deberes» morales. Cada uno espera que los otros sigan algún código moral, hasta aquellos que pretenden negarlos. La realidad es que la ley moral es un hecho innegable.

¿Igual, diferente o similar?

¿Cuánto nos parecemos a Dios? ¿Cuánto puede decirnos un efecto acerca de su causa? Algunos dicen que el efecto debe ser exactamente el mismo que su causa. Las cualidades del efecto, tales como la existencia o la bondad, son las mismas que las de su causa. Si eso fuera cierto, todos deberíamos ser panteístas, porque todos somos Dios, eternos y divinos. Otros, reaccionan diciendo que somos diferentes de Dios totalmente, que no hay similitud entre lo que Él es y lo que somos nosotros. Pero eso significaría que no tenemos conocimiento positivo de Dios; solo podríamos decir que Dios es «no esto» y «no aquello», y jamás qué es Él. Lo equilibrado es afirmar que somos similares a Dios: lo mismo, pero en una manera diferente. La existencia, la bondad, el amor, todo eso significa lo mismo para nosotros y para Dios. Nosotros lo tenemos en forma limitada, en cambio Él es ilimitado. De modo que podemos decir qué Dios es, aunque en algunas cosas debamos también decir que no es limitado como nosotros: es «eterno», «inmutable», «incorpóreo», etc.

Geisler, N., & Brooks, R. (1997). Apologética: Herramientas valiosas para la defensa de la fe. Miami, FL: Editorial Unilit.


¿Existe Dios? El Argumento a favor de Dios, a partir de la creación.

¿Existe Dios? El Argumento a favor de Dios, a partir de la creación.

La idea básica de este argumento es que, así como hay un universo, este debió ser causado por algo más allá de él mismo. Esto se basa en la ley de la causalidad, la cual dice que todo objeto finito es causado por otro diferente a él. Este argumento asume dos formas distintas que trataremos por separado. La primera indica que el universo necesita una causa inicial; la segunda, que necesita otra causa actual para continuar existiendo.

El universo fue causado en el principio

Este argumento afirma que el universo es limitado porque tuvo un principio, y que tal principio fue originado por algo más allá del universo mismo. Esto puede formularse de la siguiente manera:

1. El universo tuvo un comienzo.

2. Lo que tiene un comienzo debe haber sido causado por otra cosa.

3. Por lo tanto, el universo fue causado por otra cosa, y esa causa fue Dios.

Para evitar esa conclusión algunos dicen que el universo es eterno; que nunca tuvo comienzo, que siempre existió y nada más. Carl Sagan señaló: «El cosmos es todo lo que es, fue alguna vez, o será». Pero tenemos dos respuestas a esa objeción. La primera de ellas es que la prueba científica respalda fuertemente la idea de que el universo tuvo un comienzo. El punto de vista que casi siempre sostienen quienes proclaman que el universo es eterno —llamada teoría del «estado constante» conduce a algunos a creer que el universo está produciendo constantemente átomos de hidrógeno a partir de la nada.  Sería mucho más sencillo creer que Dios creó el universo a partir de la nada.

Además, el consenso de los científicos que estudian el origen del universo es que éste se formó de una manera súbita y cataclísmica, lo que llaman teoría del Big-bang o la Gran Explosión. La prueba principal de que el universo tuvo un comienzo es la segunda ley de la termodinámica, que afirma que el universo se está quedando sin energía utilizable. Es decir, que si está agotándose, no puede ser eterno. «Alguien tuvo que darle cuerda para que se esté acabando». Otra prueba del Big-bang es que todavía podemos encontrar radiación de esa explosión y ver el movimiento que ha causado Robert Jastrow, fundador y director del Instituto Goddard de Estudios Espaciales de la NASA, dijo: «Debe haber una explicación lógica del explosivo nacimiento de nuestro universo; y si existe, la ciencia no puede hallar cuál es esa explicación. La pesquisa científica del pasado termina en el momento de la creación».

Más allá de la evidencia científica que demuestra que el universo empezó, hay una razón filosófica para creer que el mundo tuvo un punto de partida. Este argumento muestra que el tiempo no puede regresar a la eternidad pasada. Se ve que es imposible pasar por una serie infinita de momentos.

Uno puede imaginarse que pasa por un número infinito de puntos sucesivos en el vacío, moviendo el dedo de un punto a otro, pero el tiempo no tiene dimensiones ni es imaginario. Es real, y cada momento que pasa consume tiempo que no podemos recuperar; es más que pasar el dedo a través de un número interminable de libros en una biblioteca. Uno nunca llega al último libro. Aunque piense que lo ha hecho, siempre puede agregarse uno más, otro y otro … Uno nunca puede terminar una serie infinita de objetos materiales.

Si el pasado es infinito (lo cual es otra manera de decir: «Si el universo siempre hubiera existido sin un comienzo»), nunca habríamos podido pasar por el tiempo para llegar a hoy. Si el pasado es una serie infinita de momentos y justo ahora es donde termina, habríamos pasado por una serie infinita, y eso es imposible. Si el mundo nunca hubiera tenido un principio, no habríamos podido llegar a hoy. Pero llegamos a hoy; de modo que el tiempo debe haber empezado en algún punto particular del pasado y hoy ha llegado a un tiempo definido desde entonces. Por lo tanto, el mundo es un hecho finito, después de todo, y necesita una causa para su comienzo.

Ejemplo:

Dos clases de series infinitas

Hay dos clases de series infinitas: una es abstracta y otra concreta. La serie infinita abstracta es un infinito matemático. Por ejemplo, como cualquier matemático sabe, hay un número infinito de puntos en una línea entre el extremo A y el B, no importa cuán corta o larga sea la línea. Digamos que los puntos son dos sujetalibros separados por un metro. Ahora, como todos sabemos, aunque haya un número infinito de puntos matemáticos abstractos entre los dos sujetalibros, no podemos poner un número infinito de libros entre ellos, ¡no importa cuán delgadas sean las páginas! Tampoco importa cuántos metros de distancia pongamos entre los sujetalibros, pues, de todos modos, no podemos poner un número infinito de libros entre ellos. De manera que si las series infinitas matemáticas abstractas son posibles, no lo son las series infinitas reales.

Ahora que sabemos que el universo necesitó una causa para su comienzo, prosigamos con la segunda forma del argumento, la cual muestra que también necesita una causa para continuar existiendo.

El universo necesita una causa para su existencia continua

Algo nos mantiene existiendo precisamente ahora, en este momento, para que no desaparezcamos sin más ni más. Algo ha causado no solo que el mundo sea (Génesis 1:1) sino que también continúe y conserve su existir en el presente (Colosenses 1:17). El mundo necesita tanto una causa originadora como una causa conservadora. En cierto sentido, es la pregunta más elemental que podemos hacer: «¿Por qué hay algo en vez de nada?» Eso puede plantearse de la siguiente manera:

1. Las cosas finitas, cambiantes, existen. Por ejemplo, yo. Debo existir para negar que existo; de modo que, de una u otra manera, debo existir realmente.

2. Cada cosa finita, cambiante, debe ser causada por otra cosa. Si es limitada y cambia, no puede existir independientemente. Si existiera independiente o necesariamente, debería haber existido siempre sin ninguna clase de cambio.

3. No puede haber un regreso infinito de estas causas. Es decir, uno no puede seguir explicando cómo esta cosa finita causa esta otra, la que a su vez causa otra cosa finita, y continuar con lo mismo. En realidad, eso es posponer indefinidamente la explicación. Eso no explica nada. Además, si hablamos de por qué existen cosas finitas en el presente, no importa cuántas causas finitas pueda uno alinear como explicación puesto que, a su debido momento, habrá una causa que origine su propia existencia, lo que es simultáneamente efecto de esa causa. Eso carece de sentido. Por lo tanto, ningún regreso infinito puede explicar por qué existo hoy.

4. En consecuencia, debe haber una primera causa incausada de toda cosa finita cambiante que existe.

Dios los bendiga.

Geisler, N., & Brooks, R. (1997). Apologética: Herramientas valiosas para la defensa de la fe. Miami, FL: Editorial Unilit.


¿Quién decía ser Jesús?

¿Quién decía ser Jesús?

Por:  Norman Geisler / Ron Brooks

 Dijo ser Jehová (Yavé—YHWH)

Jehová—o propiamente, Yavé—, es el nombre especial dado por Dios para sí mismo. En el Antiguo Testamento hebreo se escribe simplemente con cuatro letras (YHWH) y era considerado tan santo que el judío pío no lo pronunciaba. Aquellos que lo escribían tenían que realizar, primero, una ceremonia especial.; YHWH es el nombre revelado a Moisés, cuando Dios dijo: «YO SOY EL QUE SOY» (Éxodo 3:14), y su significado tiene que ver con la autoexistencia de Dios. YHWH solo se emplea para referirse al único Dios verdadero, aunque hay otros títulos dados a Dios que pueden usarse respecto a los hombres (adonai, en Génesis 18:12) o falsos dioses (elohim, en Deuteronomio 6:14). Solo sería adorado o servido (Éxodo 20:5) y su nombre y gloria no se le daban a nadie más. Isaías escribió: «Así dice Jehová: Yo soy el primero, y yo soy el postrero, y fuera de mí no hay Dios. Yo Jehová; este es mi nombre; y a otro no daré mi gloria, ni mi alabanza a esculturas» (Isaías 44:6; 42:8).

No es extraño entonces, a la luz de esto, que los judíos tomaran piedras y acusaran a Jesús de blasfemar cuando afirmó ser YHWH. Él dijo: «Yo soy el buen pastor» (Juan 10:11), pero el Antiguo Testamento decía: «Jehová es mi pastor» (23:1).

Jesús proclamó ser el juez de todos los hombres (Mateo 25:31; Juan 5:27), pero el profeta Joel cita a Jehová que dice: «Me sentaré para juzgar a todas las naciones de alrededor» (Joel 3:12).

Jesús oró: «Ahora pues, Padre, glorifícame tú para contigo, con aquella gloria que tuve contigo antes que el mundo fuese» (Juan 17:5). Pero Jehová del Antiguo Testamento dijo: «Y a otro no daré mi gloria» (Isaías 42:8).

De igual manera, Jesús se llamó «el novio» (Mateo 25:1) cuando el Antiguo Testamento identifica de esa manera a Jehová (Isaías 62:5; Oseas 2:16). El Cristo resucitado dice lo mismo que Jehová en Isaías 44:6: «Yo soy el primero, y yo soy el postrero» (Apocalipsis 1:17).

El salmista declara: «Jehová es mi luz» (Salmo 27:1), y Jesús dice: «Yo soy la luz del mundo» (Juan 8:12).

Quizá la más fuerte expresión de Jesús proclamando ser Jehová es: «Antes que Abraham fuese, yo soy» (Juan 8:58). Esta expresión proclama no solo existir antes que Abraham, sino igualdad con el «YO SOY» de Éxodo 3:14.

Declaraciones de Jesús

Ser Jehová—Juan 8:58

Igualdad con Dios—Juan 5:18

Ser el Mesías—Marcos 14:61–64

Aceptar adoración—Mateo 28:17

Igual autoridad con Dios—Mateo 28:18

Orar en Su nombre—Juan 14:13, 14

Los judíos que lo rodeaban comprendieron claramente lo que quiso decir, y recogieron piedras para matarlo por blasfemo (Juan 8:58; 10:31–33). Lo mismo se manifiesta en Marcos 14:62 y Juan 18:5, 6.

Dijo ser igual a Dios

Jesús también proclamaba ser igual a Dios en otros aspectos. No solo asumió los títulos de la Deidad, sino que reclamó para sí mismo las prerrogativas de Dios. A un paralítico le dijo: «Hijo, tus pecados te son perdonados» (Marcos 2:5).

Los escribas respondieron correctamente: «¿Quién puede perdonar pecados sino solo Dios?» Así que, para probar que su proclama no era una vana jactancia, sanó al paralítico, ofreciendo la prueba directa que también era verdad lo que había dicho en cuanto a perdonar pecados.

Otra prerrogativa que Jesús reclamó fue el poder de levantar y juzgar a los muertos: «De cierto, de cierto os digo: Viene la hora, y ahora es, cuando los muertos oirán la voz del Hijo de Dios; y los que la oyeren vivirán … y los que hicieron lo bueno saldrán a resurrección de vida; mas los que hicieron lo malo, a resurrección de condenación» (Juan 5:25–29).

Jesús eliminó toda duda que pudiera haber al respecto cuando agregó: «Porque como el Padre levanta a los muertos, y les da vida, así también el Hijo a los que quiere da vida» (Juan 5:21).

El Antiguo Testamento enseña que solamente Dios era el dador de la vida (1 Samuel 2:6; Deuteronomio 32:39); que levantaba a los muertos (1 Samuel 2:6; Salmo 49:15), y el único Juez (Joel 3:12; Deuteronomio 32:35). Jesús asume osadamente poderes que solo Dios tiene.

También proclamó que sería honrado como Dios; dijo que «todos honren al Hijo como honran al Padre. El que no honra al Hijo, no honra al Padre que le envió» (Juan 5:23).

Los judíos que escuchaban sabían que nadie debía proclamar ser igual a Dios de esa manera y, nuevamente, procuraron matarlo (v. 18).

Dijo ser el Dios-Mesías

La doctrina del Antiguo Testamento es clara en cuanto al Mesías que viene a liberar a Israel enseñando que es Dios mismo. Cuando Jesús afirmo ser ese Mesías, estaba proclamando que era Dios. Por ejemplo, el famoso canto navideño (Isaías 9:6) llama al Mesías «Dios fuerte, Padre eterno».

¿Qué es el «Mesías»?

La palabra «Mesías» viene del vocablo hebreo que significa «El ungido». En sentido general, se usó en cuanto a Ciro el persa (Isaías 45:1), y el rey de Israel (1 Samuel 26:11). Tras la muerte de David, Israel empezó a buscar un rey que se le pareciera debido a la promesa de 2 Samuel 7:12–16, pero las profecías de un venidero Salvador-Profeta-Rey se remontan a Génesis 3:15 y Deuteronomio 18. Muchos pasajes describen al venidero Rey del cual se dice será de la simiente de David (Jeremías 33), y nacerá en Belén (Miqueas 5:2). Sus hechos incluirían dar vista al ciego, liberar cautivos, proclamar el evangelio (Isaías 61:1). Su reino se describe en Zacarías 9 y 12. En el período intertestamentario, surgieron dos ideas en cuanto al Mesías, una política y la otra espiritual, conceptos ambos que se esperaban encontrar en la misma Persona.

El salmista escribió del Mesías: «Tu trono, oh Dios, es eterno y para siempre» (Salmo 45:6; Hebreos 1:8).

El Salmo 110:1 registra una conversación entre el Padre y el Hijo: «Jehová dijo a mi Señor: Siéntate a mi diestra, hasta que ponga a tus enemigos por estrado de tus pies».

Jesús se aplica este pasaje en Mateo 22:43, 44. El Hijo del Hombre es llamado el «Anciano de Días» en la gran profecía mesiánica de Daniel (7:22). Frase usada dos veces en el mismo pasaje respecto a Dios Padre (vv. 9, 13). El título «Hijo del Hombre» fue la manera preferida de Jesús para referirse a sí mismo durante todo su ministerio, en clara alusión a este pasaje que citó directamente en su juicio ante el sumo sacerdote, que preguntaba: «¿Eres tú el Cristo, el Hijo del Dios Bendito?» «Y Jesús dijo: Yo soy; y veréis al Hijo del Hombre sentado a la diestra del poder de Dios, y viniendo en las nubes del cielo. Entonces el sumo sacerdote, rasgando su vestidura, dijo: ¿Qué más necesidad tenemos de testigos? Habéis oído la blasfemia» (Marcos 14:61–64).

No hubo duda que al proclamarse Mesías, también se proclamaba Dios.

Dijo aceptar adoración

El Antiguo Testamento prohíbe adorar a alguien que no sea Dios (Éxodo 20:1–5; Deuteronomio 5:6–9). El Nuevo concuerda con eso y demuestra que los hombres rehusaron adorar (Hechos 14:15), como lo hicieron los ángeles (Apocalipsis 22:8, 9). Pero Jesús aceptó la adoración en numerosas ocasiones. Un leproso sanado lo adoró (Mateo 8:2), y un gobernante se arrodilló ante Él para pedirle algo (9:18). Después de calmar el viento, «Entonces los que estaban en la barca vinieron y le adoraron, diciendo: Verdaderamente eres Hijo de Dios» (Mateo 14:33).

Un grupo de mujeres cananitas (15:25), la madre de Santiago y Juan (20:20), el endemoniado gadareno (Marcos 5:6), todos, adoraron a Jesús sin que Él emitiera una palabra de reprensión (Apocalipsis 22:8, 9). Un ciego dijo: «Creo, Señor; y le adoró» (Juan 9:38).

Cristo suscitó más adoración en algunos casos. Por ejemplo, cuando Tomás vio que Cristo había resucitado exclamó: «¡Señor mío, y Dios mío!» (20:28). Esto solo podía hacerlo una Persona que se considerara seriamente Dios.

Dijo tener igual autoridad que Dios

Jesús puso sus palabras a la par de las de Dios, como cuando repitió muchas veces: «Oísteis que fue dicho a los antiguos … pero yo os digo» (Mateo 5:21, 22). «Toda potestad me es dada en el cielo y en la tierra. Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones» (Mateo 28:18, 19).

Dios le dio los Diez Mandamientos a Moisés, pero Jesús dijo: «Un mandamiento nuevo os doy: Que os améis unos a otros» (Juan 13:34).

Jesús afirmó: «Porque de cierto os digo que hasta que pasen el cielo y la tierra, ni una jota ni una tilde pasará de la ley, hasta que todo se haya cumplido» (Mateo 5:18).

Y, más adelante, refiriéndose a sus propias palabras, Jesús dijo: «El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán» (Mateo 24:35).

Hablando de quienes lo rechazan, Jesús dijo: «La palabra que he hablado, ella le juzgará en el día postrero» (Juan 12:48).

No hay duda posible de que Jesús esperaba que sus palabras tuvieran igual autoridad que las declaraciones de Dios en el Antiguo Testamento.

Dijo que oráramos en Su nombre

Jesús no se limitó tan solo a pedirles a los hombres que creyeran en Él y obedecieran sus mandamientos, sino que también les pidió que oraran en su nombre: «Y todo lo que pidiereis … en mi nombre, yo lo haré» (Juan 14:13, 14). «Si permanecéis en mí, y mis palabras permanecen en vosotros, pedid todo lo que queréis, y os será hecho» (15:7)

Jesús mismo insistió: «nadie viene al Padre, sino por mí» (14:6). Respondiendo a esto, los discípulos no solo oraban en el nombre de Jesús (1 Corintios 5:4), sino que oraban a Cristo (Hechos 7:59). Ciertamente Cristo quiso que su nombre fuera invocado en oración tanto ante Dios y como Dios.

Así, Jesús proclamó en diversas formas ser Dios. Reclamó igualdad a Dios en materia de prerrogativas, honor, adoración y autoridad. Dijo ser el Jehová del Antiguo Testamento, aplicándose las verdades relativas a Jehová y afirmando ser el prometido Mesías. Por último, se declaró como la única manera de acercarse a Dios y pidió que orarán a Él como Dios.

Las reacciones de los judíos que lo rodeaban muestran que entendieron claramente esas cosas, las cuales calificaron de blasfemas, puesto que las formulaba un simple hombre. Cualquier observador desprejuiciado que estudie este registro de las enseñanzas de Jesús, históricamente confiable, debe concordar en que Él proclamó ser igual a Jehová en le Antiguo Testamento.

Fuente: Geisler, Norman, and Ron Brooks. Apologética: Herramientas Valiosas Para La Defensa De La Fe. Miami, FL: Editorial Unilit, 1997.


¿CÓMO SE COMPILÓ LA BIBLIA? – ¿QUÉ OCURRE CON LOS APÓCRIFOS? – ¿QUÉ PASA CON LOS EVANGELIOS GNÓSTICOS? – ¿CUÁN CONFIABLES SON NUESTRAS BIBLIAS MODERNAS?

¿CÓMO SE COMPILÓ LA BIBLIA? – ¿QUÉ OCURRE CON LOS APÓCRIFOS? – ¿QUÉ PASA CON LOS EVANGELIOS GNÓSTICOS? – ¿CUÁN CONFIABLES SON NUESTRAS BIBLIAS MODERNAS?

Por: Norman Geisler y Ron Brooks

¿CÓMO SE COMPILÓ LA BIBLIA?

¿Cómo saber que los sesenta y seis libros de la Biblia son los únicos escritos que debían ser incluidos en la Escritura? ¿Qué ocurre con los apócrifos o los evangelios gnósticos? ¿Por qué deben excluirse? La respuesta yace en el concepto de canonicidad. Canon viene de palabras griegas y hebreas que se refieren a una vara de medir, es decir, una medida que todos los libros de las Escrituras deben satisfacer. Varios puntos de vista inadecuados de lo que debió ser esa medida se han planteado, tal como la antigüedad, el acuerdo con la Torah si fue escrito en hebreo, el valor religioso, y el uso cristiano. Pero cada uno de esos criterios cometen el mismo error: confunden la determinación de Dios en cuanto a lo que es la Escritura con el reconocimiento por parte del hombre de esos escritos. La línea divisoria pasa por aquello que Dios inspiró como Escritura y lo que no inspiró, lo cual no es Escritura. Cuando el Espíritu Santo inspiró a un hombre de Dios a escribir, ese escrito se hizo no solo inspirado sino transcrito. Dios ya había decidido lo que debía incluirse; nuestro problema es saber cómo descubrir cuáles escritos inspiró Dios.

Hay cinco preguntas que la iglesia ha formulado para aceptar o rechazar como canónicos a los libros. La primera es la más elemental:

1. ¿Fue escrito por un profeta de Dios? Deuteronomio 18:18 nos dice que solo un profeta de Dios hablará la Palabra de Dios. Esta es la manera en que Dios se revela (Hebreos 1:1). En 2 Pedro 1:20, 21 se nos asegura que la Escritura solo es escrita por hombres de Dios.

2. ¿Fue él confirmado por un acto de Dios? Hebreos 2:3, 4 nos da la idea de que debemos esperar alguna confirmación milagrosa de aquellos que hablan por Dios. Moisés tuvo su vara que se volvió serpiente. Jesús tuvo la Resurrección, y los apóstoles continuaron los milagros de Jesús, todo para confirmar que el mensaje de ellos era de Dios. Muchos de los profetas vieron cumplidas las profecías que pronunciaron poco tiempo después de decirlas para confirmar la autoridad de ellos.

3. ¿Dice la verdad acerca de Dios? «Mas si aun nosotros, o un ángel del cielo, os anunciare otro evangelio diferente del que os hemos anunciado, sea anatema» (Gálatas 1:8). El acuerdo con toda la revelación precedente es esencial. Este dictamen también descarta las profecías falsas hechas en el nombre de Dios (Deuteronomio 18:22).

Libros cuestionados

Hebreos —porque se desconoce el autor. Es aceptado por tener autoridad apostólica, si es que no autoría apostólica.

Santiago —debido al conflicto que plantea con la enseñanza de Pablo en cuanto a la salvación «solo por fe». El cual se resolvió viendo las obras como un resultado de la fe real.

2 Pedro —porque el estilo difiere de 1 Pedro. Pero el apóstol recurrió a un escriba para redactar su primera carta (véase 1 Pedro 5:12), lo que puede haberlo ayudado a mejorar su griego.

2 y 3 Juan —porque el autor es llamado «anciano», y no apóstol. Sin embargo, Pedro también se llama anciano a sí mismo (1 Pedro 5:1). Estos libros son citados en las más tempranas listas del canon.

Judas —porque se refiere al Libro de Enoc y a la Asunción de Moisés, aunque no los califica de Escritura, y lo hace como Pablo cuando cita a poetas paganos (Hechos 17:28; Tito 1:12). Tuvo una amplia aceptación temprana.

Apocalipsis —porque enseña el reino de mil años de Cristo, lo que también hacía cierta secta. De todos modos, fue aceptado por los primeros padres de la iglesia.

4. ¿Tiene el poder de Dios? Todo escrito que no exhiba el poder transformador de Dios en la vida de sus lectores no es de Dios: «Porque la palabra de Dios es viva y eficaz, y más cortante que toda espada de dos filos; y penetra hasta partir el alma y el espíritu, las coyunturas y los tuétanos, y discierne los pensamientos y las intenciones del corazón» (Hebreos 4:12).

5. ¿Fue aceptada por el pueblo de Dios? Pablo les agradeció a los tesalonicenses por recibir el mensaje de los apóstoles como Palabra de Dios (1 Tesalonicenses 2:13). Es norma que el pueblo de Dios, es decir, la inmensa mayoría de ellos y no solo una facción, reciba inicialmente la Palabra de Dios como tal. Los libros de Moisés fueron puestos de inmediato en el arca del pacto (Deuteronomio 31:24–26), y los escritos de Josué fueron agregados en la misma forma (24:26) igual que los de Samuel (1 Samuel 10:25). Se conoce a Jeremías como el profeta plagiario porque citó a muchos otros profetas que escribieron pocos anos antes que él, lo cual muestra que sus escritos fueron prontamente aceptados. Leemos que Daniel fue visto estudiando el libro de Jeremías medio siglo después de haber sido escrito (9:2). El Nuevo Testamento también muestra aceptación semejante cuando Pedro trata de Escritura a los escritos de Pablo (2 Pedro 3:16), y este cita a Lucas con un pasaje de la ley (1 Timoteo 5:18). También tenemos conciencia de que las cartas de Pablo circularon por muchas iglesias (Colosenses 4:16, 1 Tesalonicenses 5:27). Esto puede haber sido el comienzo de la recopilación de libros para el canon neotestamentario. Aunque después se objetaron algunos libros, su aceptación original habla fuertemente a favor de su inclusión.

Pero, ¿qué ocurre con los libros que quedaron fuera? Esta pregunta se plantea desde la perspectiva errónea. Ningún otro libro fue aceptado jamás, y no hay razón para creer que la mayoría de ellos estaban siquiera disponibles.

Hay ciertos libros —para el Antiguo y el Nuevo Testamentos— que fueron aceptados por unanimidad, unos objetados tardíamente y otros rechazados por todos. No hay una categoría de libros que inicialmente fueran aceptados y, más tarde, echados fuera. Sin embargo, existen dos grupos de libros que muchos alegan debieran ser incluidos, son los apócrifos (o deuterocanónicos) y los evangelios gnósticos.

¿QUÉ OCURRE CON LOS APÓCRIFOS?

Los apócrifos son una serie de libros escritos entre el tercer siglo antes de Cristo y el primero después de Cristo. Son catorce libros (quince, si se los divide en forma diferente), que se encuentran en varias copias antiguas de importantes traducciones al griego del Antiguo Testamento y que reflejan algo de la tradición e historia judía posterior a la época de Malaquías, el último profeta del Antiguo Testamento. La mayoría de los apócrifos fueron aceptados en el siglo IV como Escritura por Agustín y la iglesia siria (ortodoxa), siendo canonizados más tarde por la iglesia católica (romana). Los libros apócrifos son mencionados en el Nuevo Testamento y por los primeros padres de la iglesia, y copias de ellos fueron encontradas en Qumran, entre los rollos del Mar Muerto.

Estos libros, sin embargo, nunca fueron aceptados como Escritura por los judíos y no están en la Biblia hebrea. Aunque el Nuevo Testamento podría mencionarlos (por ejemplo, en Hebreos 11:35, donde señala que «Las mujeres recibieron sus muertos mediante resurrección», declaración que se cree procedente de la literatura apócrifa), ninguna de las alusiones los llama claramente Palabra de Dios (Pablo cita también a poetas paganos pero no como Escritura). Agustín reconoció que tienen una posición secundaria en el resto del Antiguo Testamento. Una razón para argumentar eso es que fueron incluidos en la Septuaginta (una traducción griega) que él consideraba inspirada; pero fue Jerónimo, un erudito hebreo, el que hizo la versión oficial del Antiguo Testamento en latín —la Vulgata— sin los apócrifos. Las iglesias que aceptaron los apócrifos lo hicieron mucho después que fueron escritos (siglos IV, XVI y XVII).

Los padres que citaron estos escritos fueron desplazados por otros que se opusieron a ello con vehemencia, como Atanasio y Jerónimo.

 

Estos libros nunca fueron, en efecto, agregados oficialmente a la Biblia hasta 1546 d.C. en el Concilio de Trento. Pero es sospechoso que los aceptaran en base al uso cristiano (razón errónea), justo veintinueve años después que Martín Lutero pidió apoyo bíblico para las creencias tales como la salvación por obras y la oración por los muertos (argumento provisto por los apócrifos: 2 Macabeos 12:45, 46; Tobías 12:9).

En lo tocante a los hallazgos de Qumran, diremos que se encontraron ahí cientos de libros que no son canónicos, lo que no constituye prueba de que esa secta haya aceptado los apócrifos más que como literatura popular.

Por último, ningún apócrifo dice ser inspirado y, sin duda, algunos niegan de manera específica ser inspirados (1 Macabeos 9:27). Si Dios no lo inspiró, no es su Palabra.

¿QUÉ PASA CON LOS EVANGELIOS GNÓSTICOS?Estos evangelios —y los escritos relacionados con ellos— integran los llamados seudoepígrafes [escritos falsos] del Nuevo Testamento, debido a que el autor usó el nombre de algún apóstol en vez del propio, por ejemplo: el Evangelio de Pedro y los Hechos de Juan, que no fueron escritos por esos apóstoles, sino por hombres del segundo siglo (y posteriores) que pretendieron usar la autoridad apostólica para proponer sus propias doctrinas. Hoy calificamos esto como fraude y falsificación, cosa que no representa problema para la gente que propone estos escritos como tradición cristiana legítima, pues piensan que gran parte del Nuevo Testamento fue escrito de la misma manera. Estos libros enseñan las doctrinas de las dos herejías más tempranas que niegan la realidad de la encarnación. Decían que Jesús fue en verdad solo un espíritu que parecía hombre, de modo que su resurrección fue nada más que el regreso a la forma espiritual. Afirman contener información acerca de la niñez de Jesús, pero los relatos registrados son altamente improbables y no provienen de testigos oculares. Nadie los aceptó como Escritura en sentido alguno, excepto las facciones herejes que los crearon. No son parte legítima de la tradición cristiana, sino un registro de mitos y herejías que surgieron fuera de la corriente principal del cristianismo.

¿Están a la par de la Escritura los evangelios gnósticos? A continuación un relato tomado del evangelio de Tomás. Lea y decida:

Pero el hijo del escriba Anás estaba de pie ahí, con José; y tomó una rama de sauce y con ella desparramó el agua que Jesús había reunido. Cuando Jesús vio lo que había hecho se enojó y le dijo: «Insolente, impío estúpido, ¿qué mal te hacían los charcos y el agua? Ahora te marchitarás como un árbol y no darás hojas ni fruto». E inmediatamente el muchacho se secó por completo; y Jesús se fue y entró en la casa de José [su padre]. Pero los padres del que se había secado lo llevaron, lamentando su juventud, y lo trajeron a José y le reprocharon: «¿Qué hijo tienes que hace estas cosas?» (Evangelio de Tomás 3:1–3).

¿CUÁN CONFIABLES SON NUESTRAS BIBLIAS MODERNAS?

En ninguna parte de la Biblia se promete pureza textual de la Escritura a través de la historia, pero sí hay mucha evidencia que sugiere que las Biblias que leemos son extremadamente parecidas a los manuscritos inspirados originales que escribieron los profetas y apóstoles. La exactitud de las copias que tenemos así lo demuestra. Esa confiabilidad ayuda a respaldar nuestra afirmación de que la Biblia es valiosa como relato histórico y como revelación de Dios. Puesto que cada testamento tiene su propia tradición, debemos tratarlos por separado.

MANUSCRITOS DEL ANTIGUO TESTAMENTO

Si queremos saber del Antiguo Testamento debemos mirar a su guardián, la religión judía. Aunque, a primera vista, no alienta lo que encontramos.

Historia del texto masorético

Como resultado de la destrucción de Jerusalén acaecida en el año 70 d.C., el judaísmo experimentó un avivamiento. A medida que la Biblia cobraba más importancia para la gente, fue aclarándose la necesidad de contar con un texto hebreo unificado, el cual avalara la fuerte tradición oral. Dicho texto consistía solamente de consonantes, pues el idioma carecía de símbolos para las vocales. Los escribas que copiaron el texto contaron efectivamente las letras y las palabras para cerciorarse por completo de que no había errores. Encontraron que la «w» [en el idioma original], en una palabra de Levítico 11:42, era la letra media de la Tora y que «drsh», en ese mismo pasaje, era la palabra media.

También agregaron ciertas marcas en el texto para destacar los acentos, las lecturas semanales de la Escritura y la sintaxis. Crearon símbolos para las vocales que podían escribirse debajo de las consonantes sin corromper el texto. La obra principal de los escribas fue transcribir la Masorah, compuesta por notas al margen y al final, las cuales se referían al texto mismo, señalando puntos problemáticos a los copistas, la frecuencia del uso de una palabra y listas semejantes a las de las concordancias.

Escribir de esta manera el texto del Antiguo Testamento llegó a ser todo un riguroso estilo de vida para estos hombres.

Conservar en buen estado —durante tres a cuatro milenios— los manuscritos trazados sobre pieles de animales, no es muy fácil, y los judíos ni siquiera trataron de hacerlo. Estos establecieron una tradición, por respeto a los sagrados escritos, que consistió en enterrar ceremoniosamente todas las copias defectuosas y gastadas. Además, los escribas que en el siglo V unificaron el texto hebreo (uniendo todas sus tradiciones orales y añadiendo las vocales que el hebreo escrito no tiene), probablemente destruyeron todas las copias que no concordaban con las suyas. Así pues, tenemos solamente unos pocos manuscritos que datan del siglo X de la era cristiana, y solo uno de ellos está completo. Esas son las malas noticias.

He aquí las buenas. La exactitud de las copias que tenemos está avalada por otra prueba. Primero, todos los manuscritos, sin que importe quién los preparó o dónde se encontraron, concuerdan en forma abrumadora. Tal acuerdo de los textos que vienen de Palestina, Siria y Egipto, sugiere que tienen una fuerte tradición original, la cual se remonta muy lejos en la historia.

Segundo, concuerdan con otra vieja fuente del Antiguo Testamento, la llamada Septuaginta (la traducción al griego) que data del segundo y tercer siglos. Por último, los rollos del Mar Muerto proporcionan una base de comparación del milenio anterior a la época en que se escribieron nuestros manuscritos. Esa comparación muestra una asombrosa confiabilidad en la trasmisión del texto.

Un académico observó que las dos copias de Isaías encontradas en las cuevas de Qumran «resultaron ser idénticas, palabra por palabra, a nuestra Biblia hebrea estándar en más del 95% del texto. La variación del 5% consistió principalmente de obvios errores de pluma y variaciones ortográficas». La razón principal de toda esta coherencia se debe a que los escribas que hicieron las copias reverenciaban profundamente el texto.

Las tradiciones judías establecían —con fuerza de ley— cada aspecto del copiado de textos, desde la clase de materiales a emplearse hasta el número de columnas y líneas de una página. Nada se escribía de memoria. Había incluso una ceremonia religiosa cada vez que se escribía el nombre de Dios. Se destruía toda copia errada aunque solo tuviera un error. Esto nos garantiza que no ha habido cambio sustancial en el texto del Antiguo Testamento en los últimos dos mil años, y demuestra que, probablemente, hubo muy poco cambio antes de eso.

MANUSCRITOS DEL NUEVO TESTAMENTO

Las pruebas del Nuevo Testamento también resultan abrumadoras. Son cinco mil trescientos sesenta y seis los manuscritos por comparar, y de los cuales extraer información; algunos datan del segundo y tercer siglos. Para encuadrar esto en cierta perspectiva, consideremos que hay solamente seiscientos cuarenta y tres copias de la Ilíada, de Homero, ¡el libro más famoso de la antigua Grecia! Nadie pone en duda el texto de Las guerras galas de Julio César, aunque solo contamos con diez copias, y la más temprana fue hecha mil años después que fue escrito. Asombra tener tal abundancia de copias del Nuevo Testamento que daten solamente de setenta años después de haberse escrito.

Problemas textuales del Nuevo Testamento

La mayoría de las dificultades que presenta el texto del Nuevo Testamento son triviales, como decidir entre cinco diferentes órdenes de palabras para pasajes, como: «¿Qué pues? ¿Eres tú Elías?» (Juan 1:21), todos los cuales tienen exactamente el mismo sentido. Sin embargo, algunos son más importantes. El pasaje de 1 Juan 5:7 de la Versión actualizada ha sido omitido en las traducciones más nuevas, sencillamente porque lo tiene un solo manuscrito griego, de entre mil quinientos veinte. La historia de la mujer atrapada en adulterio (Juan 7:53–8:11), puede haber sido agregada tardíamente puesto que la omiten todos los manuscritos, traducciones y padres de la iglesia de los primeros tiempos, e incluso las copias que la tienen la insertaron en cuatro diferentes ubicaciones. La conclusión del Evangelio de Marcos (16:9–20) tal vez no sea original, pero escasea el acuerdo existente sobre cuál fue el final auténtico. Este es uno de los problemas más difíciles del Nuevo Testamento y puede que nunca se alcance certeza a su respecto.

Hay muchas diferencias menores con todos estos manuscritos, resultando fácil que alguien tenga una impresión equivocada al decir que hay doscientos mil «errores» que se han infiltrado en la Biblia, cuando en realidad debiera decirse variantes. Se contabiliza una variante cada vez que una copia difiere de cualquier otra; y se vuelve a contar en toda otra copia donde aparezca. Así, cuando una palabra tiene ortografía diferente en tres mil copias, cuenta por tres mil variantes. Efectivamente, solo hay diez mil lugares donde ocurren las variantes y la enorme mayoría es solo asunto de ortografía y organización de palabras. Hay menos de cuarenta partes en el Nuevo Testamento donde realmente no estamos seguros de cuál es la lectura original, pero ninguna de ellas influye en alguna doctrina central de la fe. Nótese: el problema no es que no sepamos cuál es el texto sino que no estamos seguros de cuál texto tiene la lectura correcta. Tenemos el 100% del Nuevo Testamento y estamos seguros de su 99,5%.

Podríamos, efectivamente, reconstruir casi todo el Nuevo Testamento a partir de las citas de los padres de la iglesia —siglos II y III—, en caso de que no tuviéramos a disposición tanta buena evidencia manuscrita. Solo faltan once versículos, en especial de 2 y 3 Juan. Podríamos saber virtualmente todo lo del Nuevo Testamento estudiando esos escritos, aunque todas las copias hubiesen sido quemadas a finales del siglo tercero de nuestra era.

Algunos alegan que la doctrina de la inerrancia de la Biblia no se puede probar porque se refiere solamente a los escritos inspirados originales, los que no tenemos; y no a las copias que sí tenemos. Pero si podemos estar seguros del texto del Nuevo Testamento, y tener un texto del Antiguo Testamento que no ha cambiado en dos mil años, entonces no necesitamos los originales para saber lo que dirían. El texto de nuestras Biblias modernas es tan semejante al original que podemos tener toda confianza que lo allí enseñado es la verdad.

RESUMEN

Este capítulo ha demostrado que la Biblia es la Palabra de Dios, enseñanza que tiene no menos autoridad que Jesucristo mismo, quien confirmó la inspiración del Antiguo Testamento y prometió el Nuevo. El testimonio de Jesús y los apóstoles es que la Biblia es inerrante en lo que enseña acerca de todas las materias, desde los tiempos de los verbos y las mismísimas letras de las palabras. Además, tenemos mucha evidencia para demostrar que las Biblias que hoy tenemos en nuestras manos representan a los manuscritos originales con un muy alto grado de exactitud, como ningún otro libro del mundo antiguo. La Biblia que usted tiene en su mano es Dios hablándole.

Geisler, Norman, and Ron Brooks. Apologética: Herramientas Valiosas Para La Defensa De La Fe. Miami, FL: Editorial Unilit, 1997.


¿CÓMO SE ESCRIBIÓ LA BIBLIA?

¿CÓMO SE ESCRIBIÓ LA BIBLIA?

Por:

Norman Geisler y Ron Brooks

El proceso por el cual se escribió la Biblia se llama inspiración, término que proviene de la segunda epístola a Timoteo, que dice: «Toda la Escritura es inspirada [literalmente soplada] por Dios, y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia» (2 Timoteo 3:16).

Dios es la fuente de todo lo que se dice en la Biblia. El profeta, desde Moisés hasta Juan, siempre es el hombre que entrega el mensaje de Dios a la humanidad. Ese mensaje empieza con una revelación de Dios. Esta puede ser una voz desde una zarza ardiente (Éxodo 3:2), una serie de visiones (Ezequiel 1:1; 8:3; Apocalipsis 4:1), una voz interior que surge de la comunión del profeta con Dios («La palabra de Dios vino sobre mí») o el derivado de una profecía anterior (Daniel 9:1, 2).

Pero para que sea Escritura, el mensaje también tiene que ser escrito. El siguiente pasaje nos proporciona la descripción del proceso: «… porque nunca la profecía fue traída por voluntad humana, sino que los santos hombres de Dios hablaron siendo inspirados por el Espíritu Santo» (2 Pedro 1:21). Esa palabra, «inspirados», significa literalmente: «ser llevados a» como el velero es llevado por el viento. Dios llevó a cada escritor mientras escribía, de modo que el mensaje permaneciera intacto.

La inspiración no significa simplemente que el escritor se sintiera entusiasmado, al igual que Handel componiendo El Mesías, ni tampoco que los escritos son necesariamente inspiradores como un poema que eleva al lector. Como proceso, se refiere al control que Dios ejerció en los escritores y los escritos. Como producto, a los escritos solamente, en cuanto documentos que son el mensaje de Dios.

¿Cómo opera la inspiración? Eso sigue siendo en gran parte un misterio, pero sabemos que fue dada por medio de los profetas en su calidad de voceros de Dios. También sabemos que no fueron simples escribanos. El modelo de secretario indica que esos hombres se limitaban a tomar el dictado divino cuando escribieron los libros de la Biblia. Eso asegura la llegada del mensaje de Dios, sin embargo no explica los elementos humanos presentes en las Escrituras, a saber las diferencias de estilo, el relato de las experiencias personales y los diferentes lenguajes usados. Tampoco fueron simples testigos de la revelación. Aquí el autor humano es considerado como un observador de la revelación de Dios que registra la experiencia. Aunque sus palabras puedan no ser inspiradas, los conceptos que registra sí lo son. Sin embargo, este modelo tiende a evadir los aspectos divinos de la inspiración en favor del énfasis de la contribución humana, incluido el error humano. Este enfoque no toma en serio lo que dice la Biblia sobre la inspiración porque no incluye a Dios en el proceso de escritura, lo que implicaría que no toda ella viene de Dios.

Aspectos humanos de las Escrituras

Escrita en diferentes lenguajes (hebreo y griego) que exhiben formas lingüísticas identificables.

Escrita por unos treinta y cinco autores humanos diferentes.

Refleja irregularidades gramaticales.

Muestra diferentes estilos literarios humanos.

Expone intereses humanos (2 Timoteo 4:13).

Usa la falible memoria humana (1 Corintios 1:15, 16)

Incorpora distintas culturas (1 Tesalonicenses 5:26).

Habla desde una perspectiva humana (Josué 10:12, 13).

Refleja diferentes perspectivas humanas (en los relatos del Evangelio).

Habla de Dios desde la perspectiva humana (antropomorfismo).

El enfoque adecuado incorpora los factores humanos y divinos, siendo tal el modelo del profeta, pues en ese proceso el escritor humano es visto como uno que ha recibido una revelación y que participa activamente en su redacción, mientras Dios da la revelación y supervisa lo escrito. De ahí que el mensaje sea totalmente de Dios, pero la humanidad del escritor se incluye para destacar el mensaje. Tanto lo divino como lo humano concurren en las mismas palabras a la vez (1 Corintios 2:13).El resultado neto es que tenemos la Palabra de Dios escrita por hombres de Dios, inspirada no solo en sus conceptos sino en las mismas palabras usadas para expresar esos conceptos. Los escritores humanos no son simples escribientes, sino agentes activos que expresan sus propias experiencias, pensamientos y sentimientos en lo que escribieron. No se trata sencillamente de un registro de la revelación, en sí misma sino que es en sí misma. Es el mensaje de Dios en forma escrita (Hebreos 1:1; 2 Pedro 1:21).¿PUEDE EQUIVOCARSE LA BIBLIA?

¿Cuán confiable es la Biblia? Este ha sido uno de los grandes temas del siglo. ¿Es la Biblia inerrante (que no puede errar), o es una simple guía infalible en materia de fe y conducta (lo cual significa que es verdad lo que dice sobre las verdades espirituales, pero puede haber errores en la ciencia, la geografía y la historia)? Los enfoques expresados son el centro del debate actual, aunque hay algunos antibíblicos que rechazan por completo la autoridad de la Palabra o que aducen que se vuelve Palabra de Dios a medida que uno la experimenta.

El enfoque neoevangélico de la infalibilidad afirma que el propósito de la Escritura es dirigir al hombre a la salvación (2 Timoteo 3:15) y que cualquier otro tema que pueda tratar (como botánica o cosmología) es irrelevante a ese fin, de modo que puede ser incorrecto lo que diga al respecto. Destacan que los autores no nos engañaron intencionadamente con estas declaraciones falsas, pues o no supieron o sencillamente se adaptaron a los enfoques populares del momento para poder exponer en forma comprensible su punto principal relacionado con la salvación. Jack Rogers, uno de los principales proponentes de este enfoque, escribió:

Indudablemente, se puede definir qué significa que la Biblia sea inerrante de acuerdo a su propósito salvador, considerando las formas humanas por medio de las cuales Dios condescendió revelarse … nos distrae de la seria intención de la Escritura de confundir el error, en el sentido de exactitud técnica, con la noción bíblica de error concebido como engaño intencional. El propósito de la Biblia no es sustituir a la ciencia humana, sino advertir contra el pecado humano y ofrecernos la salvación de Dios en Cristo; y lo logra infaliblemente».

 

Varias cosas se hacen evidentes a partir de la expresión del enfoque neoevangélico Primero, la verdad reside en la intención o propósito del autor y no en lo que dijo realmente. Los apóstoles no tuvieron la intención de dirigirnos mal en materia de ciencia o historia—eso no era parte de su propósito—de modo que está bien si lo que dijeron no es cierto de acuerdo a las normas. El significado se halla en el propósito, no en la afirmación. Jesús quiso decir (intencionadamente) que un poco de fe logra grandes cosas; de modo que no importa si se equivocó al calificar a la semilla de mostaza como la más pequeña (cuando, en realidad, es la de orquídea), pues eso no era parte de su propósito. Segundo, el lenguaje humano es realmente inadecuado para comunicar las verdades acerca de Dios. Es muy limitado a este mundo, por lo que no puede trasmitir completamente a un Dios ilimitado, el cual es tan diferente de nosotros. Así que el error es inevitable en la medida que estamos limitados a este lenguaje humano. Si Dios se nos va a revelar a medida que leemos la Biblia, entonces tendremos que experimentarlo según avance nuestra lectura. Él no puede comunicarse en palabras, pero puede obrar a través de ellas para conocernos en una forma personal, lo que trasciende todo idioma. Finalmente, la fe se opone a la razón. Razón que no puede juzgar lo que es verdad acerca de la fe, y ésta no está sujeta a la razón ni a su verificación. Los métodos para determinar la verdad acerca de este mundo no operan en el otro mundo. De ahí que la ciencia sea correcta en materia científica y la Biblia en lo espiritual.

Los neoevangélicos tienen razón al señalar que la Biblia no es concebida como texto de ciencias. También están en lo correcto al reconocer la limitación del lenguaje humano. Sin embargo, si sus enfoques fueran aceptados, los resultados serían devastadores.

Las palabras y acciones de Jesús contradicen muchas de las afirmaciones de los neoevangélicos: «Si os he dicho cosas terrenales, y no creéis, ¿cómo creeréis si os dijere las celestiales?» (Juan 3:12).

Jesús esperaba que su exactitud en materias potencialmente examinables fueran la prueba de que decía la verdad en cuanto a asuntos espirituales no verificables.

Repetimos, Jesús le dijo a la multitud: «¿Qué es más fácil, decir al paralítico: Tus pecados te son perdonados, o decirle: Levántate, toma tu lecho y anda? Pues para que sepáis que el Hijo del Hombre tiene potestad en la tierra para perdonar pecados (dijo al paralítico): A ti te digo: Levántate, toma tu lecho, y vete a tu casa» (Marcos 2:9–11).

Jesús demostró que lo que dijo respecto a la fe y al reino —lo cual no podía verificarse— era verdadero, al proveer una sanidad física comprobable. Señaló, especialmente, que revelación lo que Dios dice respecto a este mundo demuestra su veracidad en cuanto al otro mundo.

¿Y qué hay con la resurrección de Jesús? ¿Fue mítica o histórica? Si fue mítica, ¿significa que puede no haber ocurrido en el mundo real donde podría ser examinada? Si fue histórica, ¿indica carencia de significado espiritual relevante? Tal distinción es imposible de hacer dada la clase de evidencias que Jesús ofreció para probar su deidad.

Además, Él tenías la molesta costumbre de afirmar los mismo pasajes que la alta crítica califica de errores, tales como la creación (Lucas 11:51), Adán y Eva (Mateo 19:4, 5), Noé y el diluvio (24:37–39), Sodoma y Gomorra (Lucas 10:12), y Jonás con el gran pez (Mateo 12:39–41). Llegó al extremo de decir que Moisés escribió todo su libro (los críticos dicen que última mitad fue escrita siglos más tarde; véase Juan 12:38–41, donde cita ambas mitades juntas y las atribuye a Isaías). Esos pasajes demuestran que Jesús vinculaba la realidad histórica del Antiguo Testamento con la verdad de su propio mensaje espiritual.

Los neoevangélicos responden diciendo que Jesús solo se adaptaba a los criterios populares de su época para que la gente pudiera entender su argumento principal, sin distraerse con el nuevo conocimiento de que Dios usó la evolución, así como que algunos de los milagros nunca ocurrieron. Esta idea plantea dos serios problemas: el primero, que el estilo de Jesús no es ajustarse a la opinión popular. Él nunca dudó en confrontar directamente las falsas creencias (Mateo 5:21, 22, 27, 28, 21, 32; 15:1–9; 22:29; 23ss; Juan 2:13ss; 3:10).

Por eso siempre estaba discutiendo con los fariseos y los saduceos. Segundo, y más importante todavía, eso equivaldría a engaño moral por parte de Jesús que, como Dios que era, sabía que no era cierto lo que les estaba diciendo, y aun así se los dijo.

La posición de la infalibilidad es filosóficamente insatisfactoria, pues expresar que la verdad se halla en el propósito o intención no encaja con lo que la mayoría de las personas llaman verdad. Esperamos que la verdad corresponda a la realidad de que se habla. Si la verdad fuese solo asunto de intención, entonces nunca podríamos saber si una declaración es cierta o falsa, porque no sabemos la intención que hay en la mente de quien la expresa. Lo mismo rige en materia de significado. Si no podemos señalar qué quiere decir una persona por lo que afirma, ¿cómo podremos, entonces, saber cuál es su intención? Aunque nos la dijera para aclararla, seguiría usando el lenguaje, lo que impediría asegurarnos de que expresa su verdadera intención. Significado y verdad son entonces incompatibles. Además, uno mismo se derrota si dice que el lenguaje nada puede expresar acerca de Dios porque acaba de hacerlo: expresó la idea de que nada puede expresarse. Ciertamente hay límites a lo que nuestro lenguaje puede expresar sobre el infinito, pero eso no quiere decir que tengamos que renunciar, en absoluto, a su uso. Hay ciertas cosas que podemos expresar en lenguaje humano acerca de Dios. Si no las hubiera, ¿cómo podrían los neoevangélicos decir que la Biblia enseña la verdad en materia espiritual?

La palabra de Dios

Encarnada                                                                              Inspirada

El enfoque de la mayoría de los evangélicos es que la Biblia enseña la verdad en materia espiritual, científica e histórica. Los pasajes que se usaron con referencia a la inspiración parecen sugerir que esto es lo que la Biblia afirma por sí misma, y que es la manera en que Jesús la entendió. El examen de la evidencia sugiere que la Biblia es extremadamente confiable en asuntos científicos e históricos, habiéndose equivocado repetidamente sus críticos. Si la Biblia es la Palabra de Dios, y Dios solo puede hablar la verdad, es más fundamental entender que no hay forma de evitar concluir que la Biblia no contiene errores. La inspiración garantiza la inerrancia. Solo observe la manera en que se iguala lo que dice la Biblia a lo que afirma Dios. Jesús señaló que Dios dijo: «Por tanto, dejará el hombre a su padre y a su madre» (Génesis 2:24), pero un análisis más detallado muestra que esas fueron palabras de Moisés. Pablo atribuye de igual manera una cita directa de Dios a la «Escritura». Donde habla la Biblia, habla Dios, y Dios no puede mentir.Esto no significa que la manera en que entendemos la Biblia sea perfectamente verdadera; significa que la Biblia es verdadera cuando es entendida correctamente. Tampoco significa que todo lo de las Escrituras deba ser entendido literalmente. Hay figuras literarias en casi cada página, pero hay una gran diferencia entre decir la verdad mediante metáforas y contar cuentos usando un mito. Además, la calidad de inerrante no significa que todo lo que se registra en la Biblia sea verdadero, sino que lo que se afirma como cierto lo es. Caín dijo: «¿Soy yo acaso guarda de mi hermano?», queriendo decir que no lo era. La Biblia registra que él dijo eso, pero no avala su actitud. Después de todo, ¡venía de un hombre que acababa de matar a su hermano! La enseñanza del pasaje es que somos responsables del bienestar del prójimo.

Finalmente, hay una analogía entre la Palabra de Dios escrita y la Palabra Viva. Aunque los neoevangélicos dicen que el error se debe a la introducción del pensamiento y el lenguaje humanos, deben responder de alguna manera al hecho de que Jesucristo fue plenamente humano y totalmente divino a la vez, aunque sin pecado. En ambos casos, lo humano y lo divino están vinculados aunque lo humano no tiene imperfecciones. Eso sugiere que el pecado y el error no son consecuencias necesarias de la humanidad sino accidentales. Dios puede producir tanto una Persona como un Libro, y sin error.

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Geisler, Norman, and Ron Brooks. Apologética: Herramientas Valiosas Para La Defensa De La Fe. Miami, FL: Editorial Unilit, 1997.


PREGUNTAS SOBRE LA BIBLIA

PREGUNTAS SOBRE LA BIBLIA

Por: Norman Geisler y Ron Brooks

La Biblia es multifacética. Puede estudiarse como literatura y explorarse como una serie de historias y expresiones poéticas, o ser vista como una historia acerca de los comienzos y el crecimiento del pueblo de Dios. Para algunos es una guía arqueológica que señala el camino a las civilizaciones enterradas. Hay un lugar y un propósito para cada uno de esos aspectos, pero —en esencia— la Biblia es: la Palabra de Dios, el mensaje divino que le indica al mundo rebelde cómo puede volverse a Él. La Biblia es también una carta de amor de Dios para nosotros, pero, ¿tomamos en serio esta declaración o nos interesamos solo en un aspecto?

¿Cuán importante es la Biblia? En los primeros capítulos de este libro vimos que podemos saber que Dios existe, cómo es Él, cómo vence al mal; que obra prodigios, y que Jesús es Dios, sin siquiera referirnos a la Biblia en su calidad de libro sagrado. Los argumentos vistos son guiados por la Biblia aunque no se apoyan en ella. Toman el camino de la razón para llegar a esas conclusiones, las cuales son dirigidas por la revelación. No hay garantía de que alguien pueda llegar a esas conclusiones sin la Palabra de Dios. Aunque lo lograran, no podrían ser muchos los que las encuentren, por no mencionar siquiera cuánto tiempo consumiría ni cuánto error incluiría el proceso. Además, la razón solo puede hacernos avanzar un paso mas. Y ese paso nos conduce a las Escrituras como Palabra de Dios. Si vamos a conocer algo de la gracia y el amor de Dios, entonces debemos tener la Palabra de Dios.

He aquí la gran pregunta: «¿Es realmente la Biblia una revelación de Dios?» Eso es lo que trataremos de responder en este capítulo.

¿CÓMO SABEMOS QUE LA BIBLIA PROVIENE DE DIOS?

Sabemos que la Biblia viene de Dios por una razón muy sencilla: Jesús nos lo dijo. Es en su autoridad, como Dios del universo, que basamos nuestra certeza de que la Biblia es la Palabra de Dios. Jesús confirmó la autoridad del Antiguo Testamento en su doctrina y prometió un Nuevo Testamento autorizado por medio de sus discípulos. El Hijo de Dios nos asegura que la Biblia es la Palabra de Dios.

JESÚS CONFIRMÓ LA AUTORIDAD DEL ANTIGUO TESTAMENTO

Jesús habló de todo el Antiguo Testamento (Mateo 22:29), de sus divisiones centrales (Lucas 16:16), de sus libros individuales (Mateo 22:43; 24:15), de sus sucesos (19:4, 5; Lucas 17:27), y hasta de sus cartas y partes de ellas (Mateo 5:18) como poseedor de autoridad divina. Llamó Palabra de Dios a las Escrituras (Juan 10:35). Manifestó que fueron escritas por hombres movidos por el Espíritu cuando afirmó: «El mismo David dijo por el Espíritu Santo» (Marcos 12:36), y al referirse a acontecimientos «que habló el profeta Daniel» (Mateo 24:15).

Jesús confirmó en esas declaraciones la autoridad de los libros que se discuten con mayor frecuencia, como los escritos de Moisés (Marcos 7:10), Isaías (v. 6), Daniel y los Salmos. También se refiere a los mismos milagros que los críticos rechazan como históricos. Jesús cita la creación (Lucas 11:51), Adán y Eva (Mateo 19:4, 5), Noé y el diluvio (24:37–39), Sodoma y Gomorra (Lucas 10:12), y a Jonás y el gran pez (Mateo 12:39–41). Él dijo: «Pero más fácil es que pasen el cielo y la tierra, que se frustre una tilde de la ley» (Lucas 16:17).

Lo que enseñó Jesús acerca del Antiguo Testamento

1. Autoridad —Mateo 22:43

2. Confiabilidad —Mateo 26:54

3. Finalidad —Mateo 4:4, 7, 10

4. Suficiencia —Lucas 16:31

5. Indestructibilidad —Mateo 5:17, 18

6. Unidad —Lucas 24:27, 44

7. Claridad —Lucas 24:27

8. Historicidad —Mateo 12:40

9. Factibilidad (científicamente) —Mateo 19:2–5

10. Calidad de inerrable —Mateo 22:29; Juan 3:12; 17:17

11. Infalibilidad —Juan 10:35

 El hecho de que Jesús consideraba las Escrituras como la autoridad final se observa claramente en el episodio de sus tentaciones, cuando se defendió tres veces de los ataques de Satanás con la frase: «Escrito está» (Mateo 4:4ss). Jesús decía: «He aquí el testigo permanente e inmutable del Dios eterno, consagrado a escribir para nuestra instrucción». Tal parece, ello —en lo más recóndito del alma de Jesús—, le fue totalmente ajeno en la controversia. Las palabras de la Escritura que acudieron a sus labios a la hora de mayor crisis y en el momento de morir fueron: «Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado?» (Salmos 22:1; Mateo 27:46; Marcos 15:34). «Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu» (Salmos 31:5 Lucas 23:46).JESÚS PROMETIÓ EL NUEVO TESTAMENTOJusto antes de dejar a sus discípulos, Jesús les dijo: «Os he dicho estas cosas estando con vosotros. Mas el Consolador, el Espíritu Santo, a quien el Padre enviará en mi nombre, él os enseñará todas las cosas, y os recordará todo lo que yo os he dicho» (Juan 14:25, 26). Y añadió: «Pero cuando venga el Espíritu de verdad, él os guiará a toda la verdad; porque no hablará por su propia cuenta, sino que hablará todo lo que oyere, y os hará saber las cosas que habrán de venir» (Juan 16:13).Estas declaraciones prometen que las enseñanzas de Jesús serán recordadas y comprendidas, y que se les darían verdades adicionales a los apóstoles para que pudiera establecerse la iglesia. Ellas sentaron el marco de la era apostólica que empezó el día de Pentecostés (Hechos 2:1ss), continuando hasta que murió el último apóstol (Juan, alrededor del año 100 d.C.).Durante este período, los apóstoles se constituyeron en los agentes de la revelación completa y definitiva de Jesucristo, que continuó enseñando y obrando por medio de ellos (Hechos 1:1). Los apóstoles recibieron las llaves del reino (Mateo 16:19), y los creyentes recibieron al Espíritu Santo por imposición de sus manos (Hechos 8:14, 15; 19:1–6). La iglesia primitiva basó sus doctrinas y prácticas sobre «el fundamento de los apóstoles» (Efesios 2:20), siguiendo la enseñanza de los apóstoles (Hechos 2:42), y estuvo circunscrita a las decisiones del concilio apostólico (Hechos 15). Aunque Pablo recibió su apostolado por revelación de Dios, los apóstoles de Jerusalén confirmaron sus credenciales.Algunos de los escritores del Nuevo Testamento no fueron apóstoles, ¿cómo explicar su autoridad entonces? Usaron el mensaje apostólico que fue «confirmado por los que oyeron» (Hebreos 2:3). Marcos trabajó asociado con Pedro (1 Pedro 5:13); Santiago y Judas estuvieron muy cerca de los apóstoles de Jerusalén, se cree que estos eran hermanos de Jesús. Lucas acompañó a Pablo (2 Timoteo 4:11), y entrevistó a muchos testigos para armar su relato (Lucas 1:19). Pedro llegó a igualar los escritos de Pablo con las Escrituras (2 Pedro 3:15, 16). En cada caso, salvo en el de Hebreos —pues no sabemos con certeza quién lo escribió—, hay un vínculo definido entre el escritor y los apóstoles que les dieron información (cf. 2:3).Ahora bien, si Jesús, el Dios encarnado que siempre dijo la verdad, dio testimonio de que el Antiguo Testamento era Palabra de Dios, y que sus apóstoles y profetas iban a escribir el Nuevo Testamento, en su calidad de únicos agentes autorizados para dar su mensaje, entonces hemos probado que toda nuestra Biblia proviene de Dios. Tenemos en ella la mejor de todas las autoridades: Jesucristo mismo.
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Geisler, Norman, and Ron Brooks. Apologética: Herramientas Valiosas Para La Defensa De La Fe. Miami, FL: Editorial Unilit, 1997.

 


DIOSES FALSOS DEL MUNDO ANTIGO Y CONTEMPORANEO

DIOSES FALSOS DEL MUNDO ANTIGO Y CONTEMPORANEO

Aprender las distintas creencias nos ayuda a no ser engañados.

PREGUNTAS ACERCA DE OTROS DIOSES

POR:  Norman Geisler Y Ron Brooks

 

Hay muchos «dioses» diferentes que compiten por los corazones y las mentes de la gente en la actualidad. El modo en que pensamos en cuanto a cómo es Dios y su relación con el mundo determina en gran parte la manera en que enfocamos las cosas de nuestro diario vivir. Por ejemplo, las personas con diversas creencias acerca de Dios pueden considerar en formas diferentes los problemas del hambre mundial o de los derechos civiles.

Alguien que crea que todo es parte de Dios, como los panteístas orientales, considerará que cualquier cosa dolorosa o mala es irreal; por lo tanto, podría dirigir seminarios sobre meditación para hacer que las víctimas vean que sus problemas son solo ilusiones suyas. Una persona que piense que Dios se desarrolla con el progreso del mundo, tal vez se enrole en alguna organización de ayuda a países con hambrunas o en Amnistía Internacional, creyendo firmemente que contribuye a mejorar a Dios. Alguien que tenga fe en el Dios de la Biblia mostrará compasión a quienes estén necesitados y proveerá alimento, ropa y refugio.

Estas personas tienen diferentes maneras de ver el problema, con distintas motivaciones para resolverlo debido a sus diversos puntos de vista acerca de Dios. La manera en que uno entienda a Dios determinará, en gran medida, la forma en que ve al mundo. A cada una de esas concepciones las llamamos cosmovisión, y son seis las que se oponen mayormente al cristianismo, las que deseamos examinar:

1.Ateísmo—Dios no existe

2.Deísmo—Dios existe, pero no hace milagros

3.Panteísmo—Todo es Dios

4.Panenteísmo —Dios se desarrolla junto con el mundo

5.Deísmo finito—Dios existe, pero es limitado y/o imperfecto

6.Politeísmo—Existen muchos dioses

Examinaremos en cada una de estas ideas el punto de vista acerca de Dios, el mundo, el mal, los milagros y los valores morales o éticos. El diagrama que sigue organiza esas variadas cosmovisiones de acuerdo con las opciones lógicamente posibles concernientes a Dios. Cada nivel del diagrama plantea una de las cuatro preguntas básicas respecto a Dios: ¿Cuántos dioses hay? ¿Son finitos o infinitos?

SIETE COSMOVISIONES PRINCIPALES

¿Se identifican con el mundo o no? ¿Son posibles los milagros? Escribimos en cursivas el nombre de cada cosmovisión y el camino que lleva a la conclusión cristiana lo escribimos en negritas.

ATEÍSMO: ¿Y SI NO HAY DIOS?

Aunque una encuesta reciente indica que solo un cinco por ciento de los norteamericanos no cree en Dios, la influencia de los pensadores ateos está, ciertamente, muy difundida en nuestra época. La mayoría de los estudiantes universitarios ha estudiado las obras o pensamientos del existencialista Jean Paul Sartre, el comunista Karl Marx, la capitalista Ayn Rand o los sicólogos Sigmund Freud y B.F. Skinner. El movimiento «Dios ha muerto» de los años sesenta tuvo como lema el siguiente pasaje, tomado de Friedrich Nietzsche:

«¿A dónde se fue Dios?» gritó. «¡Te lo explicaré! ¡Lo matamos: tú y yo! ¡Todos nosotros somos sus asesinos! … ¿Acaso no oímos el ruido de los enterradores que lo están sepultando?… ¡Dios ha muerto! ¡Dios sigue muerto!»

Sin embargo, no todos los ateos son tan militantes. Karl Marx se hizo eco de los sentimientos de muchos ateos modernos cuando escribió: «Hoy no hay lugar para un creador o un gobernante en nuestra concepción evolucionista del universo».

Mientras el escéptico duda que Dios exista y el agnóstico dice que no se puede saber si hay Dios afuera [de sí mismo], el ateo proclama que no hay Dios. Solo existe el mundo y las fuerzas naturales que operan en él.

¿Religión sin Dios?

En 1961, la Corte Suprema de Estados Unidos dictaminó la existencia de ciertas religiones ateas, y citó entre ellas al budismo hinayana, el taoísmo y el humanismo secular. He aquí algunas de las creencias del humanismo secular:

1.«Los humanistas religiosos consideran al universo como autoexistente y no como creado».

2.«El humanismo cree que el hombre es una parte del universo y que emerge como resultado de un proceso continuo».

3.«No encontramos propósito o providencia divinos para la especie humana … Ninguna deidad nos salvará; debemos salvarnos nosotros mismos».

4.«Afirmamos que los valores morales tienen su origen en la experiencia humana. La ética es autónoma y situacional, y no necesita sanción teológica ni ideológica».

5.«La educación moral para niños y adultos es una manera importante para desarrollar conciencia y madurez sexual».

6.«El individuo debe experimentar una gama completa de libertades civiles en todas las sociedades para realzar la libertad y la dignidad. Esto incluye … el derecho individual a morir con dignidad, la eutanasia y el derecho a suicidarse».

(Todas son citas del Manifiesto Humanista I y II, por Paul Kurtz, Prometheus Books, Buffalo, 1973).

¿QUÉ CREEN LOS ATEOS ACERCA DE DIOS?

Hay diferentes clases de ateísmo. Algunos creen que Dios existió una vez, pero murió en el cuerpo de Jesucristo. Otros dicen que es imposible hablar de Dios porque no podemos saber nada de Él, así que puede muy bien no existir. Aun otros dicen que ya no se necesita el mito de Dios que una vez floreciera entre los hombres. Pero el enfoque clásico sostiene que nunca hubo ni habrá Dios en el mundo o más allá. Quienes tienen esta cosmovisión objetan que los argumentos para demostrar la existencia de Dios son defectuosos. Dios es sencillamente una creación de la imaginación humana.

¿QUÉ CREEN LOS ATEOS ACERCA DEL MUNDO?

Muchos creen que el mundo es increado y eterno. Otros dicen que empezó a existir «de la nada y por nada». El mundo se autosostiene y se automantiene. Aducen que si todo necesita una causa, entonces uno puede preguntar: «¿Qué causó a la primera causa?» Así pues, proclaman que debió existir una serie de causas que se remontan al pasado eterno. Algunos dicen sencillamente que el universo no es causado, sino que está ahí.

¿ QUÉ CREEN LOS ATEOS EN CUANTO AL MAL?

Afirman la realidad del mal aunque niegan la existencia de Dios. Piensan que el mal es una de las principales pruebas de que no hay Dios. El filósofo ateo se pregunta qué obligaría a un cristiano a admitir que sus creencias son falsas, creyendo aun en la existencia de Dios, a pesar de que el mal continúa presente en el mundo. Algunos también alegan que es absurdo creer en Dios, ya que si Él hizo todas las cosas, también debe haber hecho el mal.

¿ QUÉ CREEN LOS ATEOS ACERCA DE LOS VALORES?

Si no hay Dios, y si el hombre no es más que un conjunto de sustancias químicas, no hay razón para creer que algo tenga valor eterno. Los ateos creen que la moral es relativa y situacional. Puede que haya algunos principios éticos que perduren más que otros, pero todos fueron creados por el hombre, no revelados por Dios. La bondad es definida como cualquier cosa que apunte al logro de los resultados deseados.

Los filósofos ateos plantean ciertas preguntas que nos desafían a pensar en nuestra fe. Sin embargo, las objeciones que suscitan contra la existencia de Dios ya fueron vistas en el capítulo dos. Dicho en forma breve, una serie infinita de causas es imposible e innecesaria, porque los cristianos nunca dijeron que todo necesite una causa, solamente los eventos o cosas que cambian necesitan causas. Preguntar: «¿Qué causó a la primera causa?» es como plantear: «¿Cómo se ve un triángulo cuadrado? o ¿Cómo huele el azul?» Son preguntas sin sentido. Los triángulos no pueden tener cuatro lados; los colores no huelen; y las primeras causas no tienen causas porque son primeras. (Véase el capítulo cuatro para saber las respuestas acerca del mal.)

DEÍSMO: ¿Y SI DIOS HIZO EL MUNDO, Y DESPUÉS LO DEJÓ SOLO?

Los deístas tienen una visión de Dios muy parecida a la cristiana, salvo que piensan que jamás obra milagros. Concuerdan en que hizo el mundo, pero creen que lo deja trabajar en base a los principios naturales. Él «supervisa» la historia humana, pero no interviene. Pueden comparar a Dios con un relojero que hace un reloj, le da cuerda, y después lo deja que funcione solo.

Los deístas surgen del Iluminismo del siglo XVIII, ponen la razón por encima de la revelación (puesto que esta última es un milagro). Algunos deístas famosos son Thomas Hobbes, Thomas Paine, y Benjamín Franklin. Thomas Jefferson usó sus criterios deístas para sacar todos los milagros de la Biblia. Su Evangelio de Juan termina en el capítulo diecinueve con las palabras: «Y en el lugar donde había sido crucificado, había un huerto, y en el huerto un sepulcro nuevo, en el cual aún no había sido puesto ninguno. Allí, pues, por causa de la preparación de la pascua de los judíos, y por que aquel sepulcro estaba cerca, pusieron a Jesús». En las Biblias normales, todo lo que sigue (Juan 20–21) trata precisamente de la resurrección.

Thomas Paine (1737–1809) fue uno de 105 deístas más militantes que ha existido, como se advierte en su libro La edad de la razón (1794–95). Sostenía que el Iluminismo terminó con la necesidad de una religión revelada y que había llegado la edad de la ciencia, diciendo: «LA PALABRA DE DIOS ES LA CREACIÓN QUE CONTEMPLAMOS». El universo «revela al hombre todo lo que le es necesario saber acerca de Dios». Despreció especialmente al cristianismo, temiendo que podría amenazar a un gobierno republicano.

«De todos los sistemas religiosos inventados, no hay otro más insultante para el Todopoderoso, más destructor para el ser humano, más repugnante a la razón, ni más contradictorio en sí mismo que esa cosa llamada cristianismo. Es demasiado absurdo para creer, demasiado imposible para convencer, y demasiado incoherente para practicar; entorpece el corazón, y produce nada más que ateos o fanáticos. Sirve, como poderoso motor, al propósito del despotismo; y como medio de enriquecimiento, a la avaricia de los sacerdotes; pero en cuanto concierne al bien de los hombres en general, conduce a nada, aquí o más allá.» (Citas de The Complete Works of Thomas Paine, ed. por Calvin Blanchard, Belford, Clark & Co., Chicago, 1885.)

¿QUÉ CREEN LOS DEÍSTAS ACERCA DE DIOS?

Casi todo lo que un teísta cree, excepto en los milagros. Creen que Dios está más allá del mundo, personal, todo bueno, todo amante, todopoderoso y omnisciente. Hasta le oran. Sin embargo, piensan que nunca interviene en forma especial para ayudar a la humanidad. Como eso también significa que Jesús no fue Dios (eso sería un milagro), no hay razón para que crean que Dios es una Trinidad. La idea de tres personas en una sola naturaleza (la Trinidad) es matemática mala para ellos. Debido a que el juicio de Dios sería una intervención suya en los asuntos humanos, algunos deístas son universalistas, pues aseveran que nadie será juzgado.

¿QUÉ CREEN LOS DEÍSTAS EN CUANTO AL MUNDO?

Al igual que los teístas, los deístas piensan que el mundo fue creado por Dios y que podemos saber algo de Él con solo ver al mundo. Este, dicen, es la única y sola revelación de Dios. Nos dio conciencia para que podamos entenderlo mediante las cosas que hizo.

¿QUÉ CREEN LOS DEÍSTAS RESPECTO AL MAL?

Concuerdan en que las acciones del hombre son la fuente del mal. La mayoría de ellos reconocen un principio maligno que opera dentro del ser humano. Algunos culpan del mal al uso —abusivo o negligente— de la razón para regir la vida. Para la mayoría de los deístas, el hombre enfrentará, consecuentemente, recompensa o juicio después de la muerte.

¿QUÉ CREEN LOS DEÍSTAS ACERCA DE LOS VALORES?

Sostienen que todas las leyes morales se basan en la naturaleza; sin embargo, como la razón es el único medio de conocer las leyes morales, hay desacuerdo entre ellos respecto de cuáles son obligatorias y cuán universales son. Algunos reconocen el anhelo de la felicidad como el único principio moral que guía sus acciones. Todas las leyes morales específicas serían, entonces, aplicadas en forma diferente de acuerdo a las diversas circunstancias según lo dicte la razón.

¿CÓMO DEBEMOS RESPONDER AL DEÍSMO?

El deísmo es incongruente hasta en su premisa más elemental. Los deístas creen en el milagro más grande de todos (la creación), pero rechazan lo que consideran milagros menores. Si Dios fue suficientemente bueno y poderoso para crear el mundo, ¿no es razonable suponer que puede y podrá cuidarlo también? Si puede hacer una cosa de la nada, más aún puede hacerlo a partir de algo; como, por ejemplo, cuando Jesús hizo vino del agua. Al contrario de los pensadores del Iluminismo del siglo diecisiete, los científicos de hoy no consideran que las leyes naturales sean universales ni absolutas. Esas leyes describen de alguna manera lo que vemos en la naturaleza, pero no distan lo que debe ser.

PANTEÍSMO: ¿Y SI EL MUNDO ES DIOS?

Las religiones orientales son el asiento del pensamiento panteístico desde hace mucho tiempo, filosofía que está entrando a Occidente por medio del movimiento de la Nueva Era, bajo la forma de yoga, meditación, dietas macrobióticas y canalización. El enfoque central del panteísmo es que todo es Dios y Dios es todo. Además del hinduismo, taoísmo y algunas formas del budismo, el panteísmo es también el punto de vista de religiones occidentales como la «ciencia cristiana», unitarismo, cientología y la teosofía. Inclusive algunos de los primeros filósofos griegos eran panteístas, como ciertos pensadores europeos posteriores, G.W.F. Hegel y Benedict de Spinoza, entre ellos. Esta cosmovisión ha sido recientemente popularizada por las películas de la serie de La guerra de las galaxias.

Panteísmo: Al estilo de Hollywood

Irvin Kershner, director de la conocida película El imperio contraataca, dice: «Quiero poner un poco de zen aquí», refiriéndose al personaje llamado «el Yoda», al cual cataloga como «maestro del zen». George Lucas, otro cineasta dedicado a este tipo de películas, confesó que trataba de decir en forma muy simple … que hay un Dios, y un lado bueno y uno malo. Uno tiene que elegir entre ellos, pero el mundo funciona mejor si se está en el lado bueno». La guerra de las galaxias enseña intencionalmente el siguiente mensaje religioso: Dios es una fuerza. Lo sabemos porque lo sentimos, la materia es nada, podemos usar la fuerza para liberarnos de la rabia, del miedo y la agresividad, y podemos acceder a la inmortalidad al ser absorbidos por la fuerza (como lo fue Obe Wan Kenobe, otro personaje de esas películas). «La gente puede gritar: “¡Entretenimiento! ¡Diversión!” hasta quedar cianóticos, pero el asunto es que las películas como La guerra de las galaxias se han vuelto sustitutos de pacotilla de los grandes mitos y rituales de la creencia, esperanza y redención, que solían moldear las culturas antes que llegara la sociedad secular de masas». (Citas de Rolling Stone, 24-07-1980, p. 37. Time, 25-05-1983, p. 68. Newsweek, 1-01-1979, p. 50.)

¿QUÉ CREEN LOS PANTEÍSTAS ACERCA DE DIOS?

Dios es, para el panteísta, el ser absoluto que une todas las cosas. Algunos dicen que simplemente trasciende la multiplicidad, otros que se manifiesta en muchas formas y aun otros que afirman que es una fuerza que permea todas las cosas. Sin embargo, todos concuerdan en que no es una persona sino un ser neutro. También, afirman que es tan diferente de todo lo que conocemos que no podemos saber nada sobre Él. Por ende, la razón no sirve para entender la verdadera realidad. Una escritura hindú dice:

«El ojo no lo ve, la lengua no lo expresa ni la mente lo entiende (al Brahman). Tampoco lo conocemos ni somos capaces de enseñarlo. Es diferente a lo conocido y … a lo desconocido. »Quien conoce verdaderamente al Brahman es aquel que se conoce a sí mismo, más allá de todo saber; el que piensa que sabe, no sabe. El ignorante piensa que Brahman es cognoscible pero el sabio lo sabe trascendente a toda gnosis».

La condición para llegar a conocer algo de Dios (o el Tao) es darse cuenta de que la verdad se encuentra en las contradicciones (esto se llama el «Tao» o el camino, en el taoísmo). De modo que uno debe meditar para vaciar la mente de toda razón, y contemplar luego cuestiones como: «¿Qué sonido produce aplaudir con una sola mano?» Estas preguntas, que carecen de respuesta en sí, son concebidas para que la mente acepte que el ätman (el mundo, la multiplicidad, el mal, la ilusión) es Brahman (Dios, la unidad, el bien, la realidad). De ahí que Dios sea todo y todo sea Dios. El hombre existe para percatarse de que también es Dios.

Aunque la razón no lo reconozca, la esencia de Dios es que es mente. De ahí que no pueda haber existencia material ya que la mente es todo. (¿Qué es la mente? No materia. ¿Qué es materia? No importa.) Como lo expresa D.T. Suzuki: «Esta naturaleza [es decir, la naturaleza espiritual del hombre] es la mente y la mente es el buda y el buda es el camino y el camino es el zen». De igual manera el filósofo Plotino, del siglo III de la era cristiana, dijo que la primera emanación del absoluto era el Nous (mente, en latín), de donde Dios piensa acerca de sí mismo y toda la multiplicidad fluye de ahí.

¿QUÉ CREEN LOS PANTEÍSTAS EN CUANTO AL MUNDO?

El mundo no fue creado por Dios, sino que emana eternamente de Él. Los teístas dicen que Dios creó de la nada (ex nihilo), pero los panteístas afirman que Él saca el mundo de sí mismo (ex Deo). Por supuesto, algunos panteístas (como la mayoría de los hindúes y Mary Baker Eddy) dicen que el mundo realmente no existe en absoluto, sino que es ilusión (maya).

Para superar la ilusión de la materia, del dolor y del mal debemos aprender a creer que todo es Dios, incluso nosotros mismos, y la ilusión no tendrá más asidero en nosotros.

Dado que Dios no está más allá del mundo sino en el mundo, no puede haber milagros en cuanto a acontecimientos sobrenaturales. Puede haberlos supranormales, como la levitación, la profecía por canalización, las curaciones y la habilidad de tolerar el dolor (como caminar sobre brasas encendidas). Estas cosas no son, sin embargo, hechas por poder alguno fuera del universo, sino por gente que se da cuenta de su potencial divino y que usa el que las rodea por todas partes.

¿No hay diferencia?

El ya fallecido Francis Schaeffer narra esta anécdota con un panteísta: «Un día, en Cambridge, hablaba a un grupo de personas en la habitación de un joven estudiante sudafricano. Entre los que me escuchaban se encontraba un joven indio, de antecedentes sikhs pero de religión hindú. Empezó a decir cosas muy fuertes contra el cristianismo, pero sin entender los problemas de su propia creencia. Fue así que le dije: «¿Estoy en lo cierto al decir que, basado en su sistema, la crueldad y la bondad son, en definitiva, iguales, pues no hay diferencia intrínseca entre ellas?» El indio asintió … entonces, el estudiante sudafricano, en cuya habitación nos reuníamos, entendiendo claramente las repercusiones de lo que el sikh reconoció, tomó el recipiente con agua hirviendo, con la que iba a preparar té, y se paró con el recipiente en su mano poniéndolo encima de la cabeza del indio. El hombre lo miró y le preguntó qué iba a hacer, a lo que el sudafricano le dijo, con fría pero amable decisión: «No hay diferencia entre la crueldad y la bondad». Enseguida el indio se levantó y se fue» (Francis Schaeffer, The God Who Is There, InterVarsity Press, Downers Grove, IL, 1968, p. 101).

¿QUÉ CREEN LOS PANTEÍSTAS SOBRE EL MAL?

«Aquí también se encuentra … el punto cardinal de la Ciencia cristiana, la cual afirma que la materia y el mal (incluyendo el pecado, la enfermedad y la muerte) son irreales». Tal es el consenso del panteísmo. Si Dios es todo —y Dios es bueno— entonces nada malo debe existir en realidad. Después de todo, si existiera el mal, también sería Dios. Sin embargo, a un nivel superior, Dios está más allá del bien y del mal, que son opuestos lógicos y no pueden existir en el Absoluto. Muchas de las imágenes de Dios en el hinduismo son feas y malas para demostrar esta verdad. La diosa Kali, la destructora, es también el símbolo de la maternidad. Su ser es a la vez bueno y cruel, y al mismo tiempo no es ni buena ni cruel. Dios trasciende el mal y el bien.

¿QUÉ CREEN LOS PANTEÍSTAS RESPECTO A LOS VALORES?

Los escritos panteístas rebosan de apelaciones morales al bien y al autosacrificio. Sin embargo, esos conceptos se aplican solamente a los niveles inferiores de desarrollo y logro espiritual. Una vez que el iniciado supera esos niveles, su meta es lograr la unión con Dios y «no siente más preocupación por las leyes morales». Si va a ser como Dios, también deberá trascender el bien y el mal. La conducta ética es un medio para el desarrollo espiritual. La moralidad no tiene base absoluta.

Lo siguiente es una declaración típica acerca de los valores panteístas:

… Toda acción (de cualquier clase), puede ser un escalón al crecimiento espiritual, si se realiza con espíritu de desapego, bajo ciertas circunstancias y para ciertas personas. Todo bien y todo mal son relativos respecto del punto de crecimiento individual … Pero, en el sentido más alto, no puede haber ni bueno ni malo.

¿CÓMO DEBEMOS RESPONDER AL PANTEÍSMO?

El panteísmo exige la absoluta devoción de sus seguidores y proporciona una cosmovisión general de toda realidad. También destaca correctamente el hecho de que no podemos atribuirle a Dios las restricciones de nuestro lenguaje limitado. Sin embargo, la declaración básica del panteísmo lo anula.

Ética de la Nueva Era

La gran mayoría de los seguidores de la Nueva Era concuerdan con que bueno y malo no son conceptos que les preocupen ni les interesen mayormente, según la idea de que no hay opuestos en última instancia, pero ellos no son amorales. Al contrario, tienen muchos principios morales. Mark Satin señala cuatro principios éticos:

1.Desarróllate a ti mismo.

2.Trabaja con los recursos de la naturaleza.

3.Confía en ti mismo, pero coopera.

4.No seas violento.

Sin embargo, estos lineamientos no deben considerarse absolutos. Deben aplicarse en forma situacional, solo cuando se presente la oportunidad. Ellos hacen el bien porque quieren evitar el karma malo o la retribución indeseada. En definitiva, no hay bien ni mal. «La moralidad es imposible en estado espiritual» porque «si deseas algo para ti mismo, aun lineamientos o principios, ya te has separado del Uno (y además, todo es como debe ser). Todos los juicios de valor: bueno y malo, correcto e incorrecto, pertenecen a un nivel inferior de conciencia que desaparece cuando llegamos a ser uno con el Uno y todo con el Todo». (Todas las citas de Mark Satin, New Age Politics, A Delta Book, Nueva York, 1979, pp. 103, 104, 198).

Por ejemplo, proclamar que la razón no se aplica a la realidad final es también contraproducente. Afirmar: «La razón nada puede decirnos acerca de Dios», es una declaración racional (significa que es verdadera o falsa, pues esa es la esencia de toda lógica) o no lo es. En vista de ello, parece ser una declaración razonable que la razón no nos dé información acerca de Dios, salvo que precisamente lo hizo. Eso acaba de decirnos que no podemos usar la razón. De modo que tenemos que usar la razón para negar el uso de ella, lo que hace lógica una realidad inevitable. Si el panteísta evita esto diciendo que esa no era una declaración racional, entonces no tenemos por qué creerla ya que no pasa de ser una charla incoherente, como esas canciones sin sentido que entonan los niños de dos años.

Es más, los panteístas creen que hay una realidad absoluta e inmutable (Dios). También creen que podemos llegar a percatarnos de que somos Dios. Sin embargo, si llego a comprender algo, es que cambié. Pero Dios no puede cambiar. Por lo tanto, todo aquel que «llega a percatarse de que es Dios, ¡no lo es!» El Dios inmutable siempre supo que es Dios.

Además, debemos cuestionar por qué «la ilusión» de la materia nos parece tan real. Si la vida en un mundo material es un sueño de nuestra propia creación, ¿por qué tenemos esa pesadilla? ¿Por qué las relaciones físicas siguen produciendo niños? ¿Por qué los devotos de la Ciencia cristiana, que niegan la realidad de la materia y rechazan el dolor, siguen sufriendo y muriendo al dar a luz? (El Ministerio de Salud cerró la maternidad que tenían en Los Ángeles debido al alto número de muertes que ocurrían allí.) Aun los panteístas más devotos, que supuestamente han dominado la vida en el mundo, siguen viviendo con las limitaciones físicas como comer o moverse de un sitio a otro. Mark Twain señaló esta contradicción, del dicho al hecho, en su tratado sobre la Ciencia cristiana:

«¿Nada existe sino la mente?»

«Nada—respondió la doncella—.Todo lo demás carece de sustancia, todo lo demás es imaginario».

Le pasé un cheque imaginario y me entabló una demanda por dinero sustancioso. ¡Resulta incoherente!

La falta de fundamento moral en el panteísmo es completamente insatisfactoria. No solo lo deja a uno sin reglas ni guías para actuar, sino que, en realidad, fomenta la crueldad en aras de la expansión espiritual. Eso se advierte gráficamente en la tradicional falta de interés social en India. Si la gente sufre debido a su karma (la ley de causa y efecto que determina el destino, que no debe confundirse con la culpa moral), ayudar a la persona es obrar contra Dios. Esto le impediría al individuo cancelar su deuda kármica y demostraría que sigo atado al mundo más que indiferente a él. De ahí que sea mejor ignorar el sufrimiento que hacer algo por aliviarlo. La acción que trasciende lo bueno y lo malo iguala al mal con el bien.

PANENTEÍSMO: ¿Y SI EL MUNDO ES EL CUERPO DE DIOS?

El panenteísmo es la cosmovisión intermedia entre el panteísmo y el teísmo; también se le conoce como teología procesal. Afirma que Dios es al mundo lo que el alma al cuerpo. Como en el teísmo, el mundo necesita a Dios para existir, pero al igual que en el panteísmo, Dios también necesita al mundo para expresarse a sí mismo. Así que, aunque en un sentido Dios está más allá del mundo, en otro, Él también es el mundo. Lo que está más allá de nuestra esfera se hace sentir (concretándose a sí mismo) en el mundo. De modo que Dios siempre cambia como cambia el mundo. Él está en el proceso de llegar a ser todo lo que puede ser. Esta es una cosmovisión reciente desarrollada por filósofos del siglo veinte, como Alfred North Whitehead, Charles Hartshorne, Schubert Ogden y otros, pero se basa en ideas señaladas por Platón. Ninguna religión importante suscribe el panenteísmo, pero actualmente es enseñado en algunos seminarios cristianos. El movimiento feminista lo respalda parcialmente y es usado por la teología liberacionista de los marxistas sudamericanos y sudafricanos.

¿QUÉ CREEN LOS PANENTEÍSTAS ACERCA DE DIOS Y EL MUNDO?

Dios tiene dos polos: uno primordial, el cual es eterno, inmutable, ideal, que trasciende el mundo; y otro consecuente, temporal, cambiante, real e idéntico al mundo. La naturaleza primordial de Dios es su polo potencial: lo que Él puede ser; la consecuente es lo que Él realmente es en el momento. De manera que el mundo no es diferente de Dios, sino que es uno de Sus polos. El polo potencial habita el mundo tal como el alma mora en el cuerpo. Ahí se materializa. Así, el mundo es lo que, precisamente, Dios ha llegado a ser. Debido a eso, Dios nunca es realmente perfecto; solo está en proceso de perfección. Para llegar a ser «más» perfecto necesita nuestra ayuda, como escribió Hartshorne:

En su último estado concreto, Dios es «hecho» —o producido— conjuntamente por Él y el mundo, en estados independientes previos. No somos simplemente «cocreadores» con Dios del mundo sino, en último análisis, cocreadores con Él, de Él mismo.

El mundo crea a Dios justo como Él crea al mundo, como la gráfica de Maxwell Escher (que se ve en la página anterior), que muestra dos manos dibujándose una a otra. Dos polos en el mismo ser. El eterno dilema, pues ningún polo puede existir sin el otro en momento alguno; y el polo potencial, por ser infinito, nunca puede llegar a concretarse por completo en ámbito finito. De modo que Dios es «como era en el principio, es ahora y será siempre, mundo sin fin».

El pensamiento procesal y los evangélicos

El panenteísmo no es simplemente una discusión académica sin efectos en la gente común y corriente. Su influencia ya se siente en la comunidad cristiana. La Escuela de Teología Perkins de la Universidad Metodista del Sur —donde enseña Schubert Ogden— es adepta a la teología procesal, como lo es la Escuela de Teología Clairmont —donde enseñan John Cobb y David Griffin. Son varios los pensadores influyentes de la comunidad evangélica que han concluido que Dios no es eterno e infinito, sino perdurable en el tiempo; criterio publicado por Nicholas Wolterstorff, Clark Pinnock y Staniey Grenz. Aunque estos autores no han aceptado una cosmovisión completamente panenteísta, le han dado importantes concesiones al permitir que Dios cambie. Ya que si tiene algún potencial de cambio, no puede ser entonces el ser necesario de quien hablamos en el capítulo anterior.

¿QUÉ CREEN LOS PANENTEÍSTAS EN CUANTO AL MAL?

Debido a las limitaciones de Su polo real, Dios no es omnipotente sino que dirige al mundo solo mediante Su influencia. Pero no todo el mundo reconoce o está controlado por Su influencia, de modo que existe el mal. Dios no puede controlarlo, ni garantizar que alguna vez lo eliminará. Sin embargo, creen que el mal abre nuevas posibilidades para que Dios se autorealice, presentando nuevas oportunidades para crecer y llegar a ser perfecto, de modo que el mal no es necesariamente indeseable. Hay algunos aspectos en los cuales Dios no quiere eliminar el mal.

¿QUÉ CREEN LOS PANENTEÍSTAS ACERCA DE LOS VALORES?

Al igual que los teístas, los pensadores procesales sostienen que los valores se arraigan en la naturaleza de Dios, pero como ella es diferente en ambas cosmovisiones, también difiere la naturaleza de sus valores. Puesto que Dios cambia constantemente, también cambian los valores. Puede haber cierto ideal del bien en la naturaleza primordial de Dios, pero lo que debe interesarnos es crear belleza en nuestras vidas en el mundo real, sin referirla a algún imaginario estado futuro de las cosas. Nunca esperemos crear perfección, al contrario esforcémonos en hacer más bien. Es entonces cuando los valores se definen solo en términos generales, por ejemplo: estética, cuyo uso es muy frecuente. Como escribe Hartshorne: «El único bien que es intrínsecamente bueno, bueno en sí mismo, es la buena experiencia; y su criterio es la estética. La armonía y la intensidad tratan de resumirla … ser ético es procurar la optimización estética de la experiencia para la comunidad». Con esta norma, evitamos las disputas y el aburrimiento tanto en la comunidad como en nosotros mismos. La amabilidad conduce a la belleza y la armonía, mientras que la crueldad a la fealdad y la discordia. La preocupación produce intensidad, y su opuesto es la apatía. Todas las normas morales deben derivarse de estos principios y adaptar su influencia para mejorar la experiencia presente.

¿CÓMO DEBEMOS RESPONDER AL PANENTEÍSMO?

El panenteísmo ve a Dios en íntima relación con el mundo; capaz de incorporar a su sistema el pensamiento científico moderno con toda facilidad. Uno debe plantearse con sencillez, cómo empezó a formarse todo el sistema; algo así como: «¿Qué fue primero: el huevo o la gallina?» Si el polo potencial vino antes que el real, ¿cómo se materializó alguna vez? El polo real no pudo haber venido primero porque no tenía potencial para llegar a ser. Los panenteístas dirían que siempre existieron juntos, pero entonces tenemos que encarar el hecho de que el tiempo no puede retrotraerse infinitamente al pasado.

La única respuesta sería que algo más creó la esfera completa. Se precisó un creador tras el proceso, como Maxwell Escher al trazar las manos que se dibujan eternamente una a otra. Se necesitó un Dios trascendente para crear una gallina que pusiera huevos. Además, ¿cómo se puede saber que todo está cambiando si no hay un parámetro inmutable para medir el cambio? Debido a que nos movemos junto con la tierra, no nos percatamos de que el planeta rota sobre su eje ni que gira en torno al sol. Parece que estuviéramos quietos. Lo mismo pasa si lanzamos al aire una pelota, en línea recta ascendente, dentro de un avión. No notamos que la pelota va viajando, en realidad, a unos ochocientos kilómetros por hora, porque nos vamos moviendo a la misma velocidad. Solo estamos seguros de que algo se mueve cuando lo medimos por algo que no se mueve. Así que, ¿cómo sabremos que todo cambia sin mirar algo que no cambia? El panenteísmo carece de explicaciones porque sostiene que aun Dios cambia constantemente.

DEÍSMO FINITO: ¿Y SI DIOS NO ES TODOPODEROSO?

El panenteísmo no es la única cosmovisión que sostiene que Dios está sujeto a limitaciones. El deísmo finito afirma que Dios se parece mucho al Dios cristiano, salvo que no es perfecto: Dios es limitado en poder y naturaleza. Esta cosmovisión ha sido sostenida por muchos desde Platón a la fecha, pero nunca fue adoptada por una religión en particular, aunque recientemente Rabbi Kushner la popularizó con su libro When Bad Things Happen to Good People [Cuando a los buenos les ocurre lo malo]. A causa de la muerte prematura de su hijo, este autor concluyó que «Dios quiere que el justo lleve una vida pacífica y feliz pero, a veces, no puede hacerlo … hay algunas cosas que están fuera del control de Dios».

POLITEÍSMO ANTIGUO

El siguiente cuadro muestra las similitudes de los dioses de tres culturas diferentes. Los romanos sencillamente adaptaron la mitología griega; los dioses noruegos fueron inventados de modo independiente y no equivalen a los otros. Es interesarte notar que cada uno tiene un padre, una madre y un hijo preferido que encama los ideales de su cultura.

¿QUÉ CREE EL DEÍSMO FINITO ACERCA DE DIOS?

Concuerdan básicamente con los teístas en que Dios está más allá del mundo al cual ha creado. No pueden afirmar que Él es perfecto o infinito en poder y naturaleza. Los deístas finitos argumentan que el universo finito solo necesita una causa finita y que la imperfección del universo exige una fuente imperfecta.

¿QUÉ CREEN LOS DEÍSTAS FINITOS SOBRE EL MUNDO?

Creen que fue creado por Dios, de la nada o de alguna materia preexistente. Sin embargo, no creen que el diseño del mundo sea perfecto. La naturaleza parece tener violentas alteraciones críticas como los volcanes, los tornados y los terremotos. Estos son males naturales que Dios, evidentemente, no pudo quitar del sistema. La mayoría de los deístas finitos no creen que Dios obre milagros.

¿QUÉ CREEN LOS DEÍSTAS FINITOS RESPECTO AL MAL?

La existencia del mal es la razón principal de esta cosmovisión. El rechazo panteísta a la realidad del mal les repugna, y la explicación de Leibniz de que este es el mejor de todos los mundos posibles, los ha llevado a la conclusión de que: «Si este es el mejor de todos los mundos posibles, Él debe tener varios problemas reales». Como lo expresa Peter Bertocci:

Si Dios es omnipotente y, por lo tanto, creador de tanto mal, ¿cómo puede ser bueno? O si es bueno y no concibió el mal, ¿puede ser omnipotente en el sentido definido? ¿No será que hay algo fuera del control de su buena voluntad que es la fuente del mal del mundo? Es la única manera en que entienden el mal: que Dios no puede controlarlo.

¿QUÉ CREEN LOS DEÍSTAS FINITOS SOBRE LOS VALORES?

No hay consenso acerca de este tema en sus escritos. Platón creía en los valores intrínsecos y la moral absoluta. William James file el padre del pragmatismo norteamericano y, para él, cualquier cosa conveniente estaba bien. No hay conexión necesaria entre los valores y esta manera de ver a Dios porque Él puede, o no, haber establecido el orden moral. Es decir, establecer el orden moral puede o no estar dentro de sus limitaciones.

¿CÓMO DEBEMOS RESPONDER AL DEÍSMO FINITO?

Esta cosmovisión ve el mal de manera muy realista, y plantea una pregunta muy buena: «¿Cómo puede reconciliarse la presencia del mal con la existencia de un Dios todopoderoso y todo amor?» Sin embargo, al igual que cualquier otra cosa finita, un Dios finito necesita una causa. Además, un Dios imperfecto no es digno de ser adorado ni venerado.

No obstante, el Dios perfecto e infinito no tiene estos problemas y es capaz de vencer el mal puesto que tiene tanto el deseo como la habilidad para hacerlo (véase capítulo cuatro para una discusión completa).

POLITEÍSMO: ¿Y SI HAY MUCHOS DIOSES?

El politeísmo afirma que hay muchos dioses finitos que imperan en reinos separados del universo. Los dioses de la antigua Grecia, Roma y Noruega son buenos ejemplos de esta cosmovisión. Cada dios tenía un cierto dominio y era adorado como supremo solo en ese aspecto. Por ejemplo, Poseidón era el dios griego del mar; la persona oraba a él para navegar seguro. Pero para triunfar en la guerra debían orar a Ares. El politeísmo no se confina a la antigüedad. David L. Miller, profesor de religión en la Universidad de Siracusa, Estados Unidos, dice que Occidente ya no busca un solo principio de unidad y que «la muerte de Dios ha dado lugar al nacimiento de los dioses». Y cita el interés creciente por las antiguas tradiciones politeístas, lo que algunos llaman neopaganismo. Uno de esos grupos, en Breckenridge, Texas, configuró su adoración conforme al panteón de los dioses escandinavos que aparecieron en la película The Vikings, de 1959, donde actuaba Kirk Douglas. La religión politeísta más grande y de mayor crecimiento en los Estados Unidos de Norteamérica hoy es el mormonismo. Aunque su aparato de relaciones públicas quiere hacernos creer que son solo otra denominación cristiana, su doctrina dice algo diferente:

¡Dios mismo fue una vez como nosotros; es un hombre exaltado y entronizado en los cielos y más allá! … Entonces, aquí es la vida eterna —conoce al verdadero, único y sabio Dios; y aprende cómo ser dios tú mismo … igual que hicieron todos los dioses antes que tú.

¿QUÉ CREEN LOS POLITEÍSTAS ACERCA DE DIOS?

Los politeístas rechazan la idea de un solo Dios que gobierna sobre todas las cosas y, en cambio, se enfocan en la multiplicidad y el caos del mundo para demostrar que hay muchos dioses con planes a veces, discordantes. Algunos politeístas dicen que los dioses surgen de la naturaleza, otros que fueron, una vez; hombres. Los mormones plantean una regresión infinita de dioses que engendran dioses, de modo que todos ellos son «espíritus hijos de un padre eterno» y «descendencia de una madre eterna», pero sin primera causa de existencia. Todos los dioses tienen un comienzo pero no tienen fin. En el caso de las deidades antiguas, sus conductas no siempre son propias de sus estados exaltados, pues es característico verlos peleando, vengándose y engañando tanto a dioses como a hombres.

¿QUÉ CREEN LOS POLITEÍSTAS ACERCA DEL MUNDO?

Según ellos, el universo es eterno o hecho de materia eterna. El Libro de Abraham, una obra mormona, dice: «Y entonces dijo el Señor: Descendamos. Y descendieron al comienzo y ellos, esto es, los dioses, organizaron y formaron los cielos y la tierra»(4.1) Al material utilizado para formar la tierra, Joseph Smith lo llamó elemento, cierta materia caótica que «no tuvo principio ni puede tener fin». La naturaleza puede ser considerada como poseedora de principios vitales, los cuales explican por qué le es posible haber dado nacimiento a los dioses (por ejemplo: Afrodita, que surge de la espuma del mar). Pero este principio vivificante también explica el caos de la naturaleza, puesto que las diferentes fuerzas pelean entre sí.

¿QUÉ CREEN LOS POLITEÍSTAS RESPECTO AL MAL?

El mal es parte necesaria de la naturaleza. Los griegos vieron el mal en la primera lucha por el poder entre los dioses, lo que resultó en la creación de modo que el mundo fue una mezcla del bien y del mal desde el comienzo. El mormonismo afirma que el mal es necesario para el progreso y la existencia de todo, pues sin oposición no hay desafío qué superar en las opciones morales.

¿QUÉ CREEN LOS POLITEÍSTAS EN CUANTO A LOS VALORES?

Algunos dicen que las leyes morales son dadas por los dioses y que ellos castigan a quienes las transgreden. Otros afirman que la idea de leyes absolutas proviene del monoteísmo y es ajena a su sistema orientado a muchos dioses; Estos, como David Miller, prefieren una ética relativista. Los valores no pueden ser absolutos, dice, porque «la verdad y la falsedad, la vida y la muerte, la belleza y la fealdad, el bien y el mal están entretejidos para siempre en forma inextricable». En todo caso, la motivación principal para hacer el bien es el interés propio.

¿CÓMO DEBEMOS RESPONDER AL POLITEÍSMO?

La multiplicidad del mundo y sus fuerzas destacadas por el politeísmo son muy reales; se han desarrollado algunas imágenes y expresiones maravillosas de las luchas humanas contra estas fuerzas. Pese a todo, el politeísmo se afirma en sus propios principios. Si los dioses no son eternos, sino que vienen de la naturaleza, entonces no son trascendentes. ¿Por qué adorar algo que no es trascendente? Sería mejor adorar a la naturaleza misma que dio nacimiento a los dioses; sin embargo, eso sería panteísmo (el hinduismo es, en realidad, una religión politeísta que reconoce la unidad definitiva y trascendente a todos los dioses). También se plantea el problema de la noción del universo eterno. La prueba del comienzo del universo se trata en los capítulos dos y diez. Por último, resulta cuestionable la naturaleza antropomórfica de los dioses politeístas. Debemos esperar cierto parecido entre Dios y el hombre, pero ¿debemos también imponerle la imperfección humana a Dios? Esto disminuiría Su valor y lo juzgaría indigno de ser adorado. Este aspecto hace que los dioses parezcan demasiado hechos a la imagen del hombre.

Estas seis cosmovisiones representan seis maneras diferentes de considerar la realidad. Para sus adherentes, son un filtro por el cual interpretan todo lo que los rodea. Al igual que la persona que usa anteojos con vidrios pintados de rosado verá todo color de rosa, todo lo que vemos está coloreado por nuestra cosmovisión.

Mostramos algunas razones para rechazar cada una de las seis cosmovisiones examinadas en este capítulo, pero eso no hace que el cristianismo sea verdadero por deficiencia. El argumento presentado en el capítulo dos establece la existencia del Dios cristiano y de su creación (ambas son necesarias para distinguirla como teísmo). En el capítulo cinco agregaremos la otra marca distintiva del teísmo: la intervención milagrosa, pero antes debemos tratar una de las objeciones más comunes al teísmo: el problema del mal.

Geisler, Norman ; Brooks, Ron: Apologética: Herramientas Valiosas Para La Defensa De La Fe. Miami, FL : Editorial Unilit, 1997

 

¿POR QUÉ ES JESÚS MEJOR QUE OTROS MAESTROS?

Nota del administrador: Hoy en día muchas personas comparar a Jesús con lideres religiosos de disentías corrientes, es común escuchar entre los amantes de lo oculto que Jesús es solo un iluminado mas. La verdad es que Jesús no puede ser comparado con nadie ya que el es Dios (Juan 20:28) él no es un iluminado mas, Jesucristo es el único camino al Padre  (Juan 14:6).

Veamos en este articulo como Jesucristo deja como atropellados a otros líderes relijiosos ante su hermosa majestad.

 ¿POR QUÉ ES JESÚS MEJOR QUE OTROS MAESTROS?
Por:  Norman Geisler y Ron Brooks
Realmente, ¿ofrece el cristianismo algo superior a otras religiones? ¿Es Jesucristo superior a otros líderes religiosos filosóficos? Veamos lo que declaran algunos fundadores de religiones, sus doctrinas fundamentales y algunas escuelas filosóficas principales para ver como se comparan con Cristo.

MOISÉS

Como judío que era, Jesús no argumentó contra Moisés, el profeta judío que bajo la ley y que sacó a los israelitas de la esclavitud en Egipto, conduciéndolos a la libertad como nación independiente. Moisés y Jesús fueron profetas del mismo Dios; Jesús incluso afirmó que no vino a derogar la ley (los escritos de Moisés), sino a cumplirla (Mateo 5:17) Jesús implica aquí que las palabras de Moisés son las palabras de Dios (cf. Mateo 19:4, 5; Génesis 2:24). Sin embargo, en muchos aspectos encontramos que Jesús es superior a Moisés.

Moisés predijo la venida de Jesús

Moisés predijo que el Señor iba a levantar a un profeta judío que transmitiría un mensaje especial de Dios (Deuteronomio 18:15–19). Todo el que no creyera en este profeta iba a ser juzgado por Dios. Tradicionalmente este pasaje se interpreta en relación con el Mesías, al igual que Génesis 3:15, en el que muchos ven a Jesús como el descendiente de la mujer que aplastaría; la cabeza de la serpiente.

Jesús tuvo una relación superior

«Pues la ley por medio de Moisés fue dada, pero la gracia y la verdad vinieron por medio de Jesucristo» (Juan 1:17). Aunque Moisés estableció las estructuras morales y sociales que guiaron a la nación hebrea, la ley no salvaba a nadie del castigo de sus pecados, el cual es la muerte. Como dice Pablo: «Por las obras de la ley ningún ser humano será justificado delante de él [Dios], porque por medio de la ley es el conocimiento del pecado (Romanos 3:20).
La revelación que vino a través de Jesús fue, no obstante, en la que los pecados dados a conocer por la ley son perdonados: «Siendo justificados gratuitamente por su gracia, mediante la redención que es en Cristo Jesús» (Romanos 3:24). La revelación de Cristo edifica sobre el fundamento de Moisés al solucionar el problema del cual nos hizo conscientes la ley.

Jesús tiene una posición superior

Moisés es el más grande de todos los profetas del Antiguo Testamento, pero Jesús fue más que profeta. Como dice el libro de Hebreos: «Moisés a la verdad fue fiel en toda la casa de Dios, como siervo para testimonio de lo que se iba a decir, pero Cristo como hijo sobre su casa, la cual casa somos nosotros, si retenemos firme gasta el fin la confianza y él gloriarnos en la esperanza» (Hebreos 3:5, 6).
Moisés sirvió a Dios, pero Jesús file declarado Hijo de Dios con derecho a reinar sobre todos los siervos.

Moisés el legislador

Moisés no es el fundador del judaísmo. La nación judía empezó con Abraham aproximadamente 2000 a.C.), unos seiscientos años antes de Moisés. Este nación en una familia hebrea que residía en Egipto y fue criado por la hija del faraón egipcio para que fuera príncipe. Después que supo de su linaje hebreo, mató a un hombre y huyó de Egipto, dedicándose a pastorear animales, hasta que Dios lo llamó para libertar a su pueblo. Moisés escribió los cinco primeros libros del Antiguo Testamento (Génesis, Éxodo, Levítico, Números y Deuteronomio) que se conocen como el Pentateuco o la Torah.

Los milagros de Jesús fueron superiores

Ciertamente grandes fueron los milagros obrados por Moisés, algunos de la misma clase de prodigios que los de Jesús, pero éstos fueron más grandiosos. Moisés levantó la serpiente de bronce para sanar a aquellos que la miraran, pero nunca hizo que el ciego viera o el sordo oyera. Además, nada comparable a la resurrección hay en el ministerio de Moisés.

Las afirmaciones de Jesús fueron superiores a las de Moisés
Dicho con palabras sencillas, Moisés no era Dios; Jesús, sí. Moisés nunca proclamó ser Dios y nada hizo para cumplir su rol como profeta. Jesús proclamó ser Dios y dio pruebas milagrosas para demostrarlo.

MAHOMA

Fue el fundador del Islam, y llegaría a concordar con Jesús y Moisés en cuanto a que Dios es uno, que creó el universo, y que lo trasciende. En efecto, hay gran cantidad de puntos concordantes respecto a los sucesos de los primeros dieciséis capítulos de Génesis, hasta llegar al punto en que Agar es echada de la casa de Abraham. De ahí en adelante, la Biblia se ocupa de Isaac mientras que el Islam se concentra en lo que ocurrió con su antepasado Ismael. Las enseñanzas de Mahoma pueden resumirse en cinco doctrinas:

1. Alá es el único Dios verdadero.
2. Alá ha enviado muchos profetas, Moisés y Jesús incluidos, pero Mahoma es el último y más grande de todos.
3. El Corán es el libro religioso supremo, y tiene prioridad sobre la ley, los Salmos y el Injil (Evangelio) de Jesús.
4. Hay muchos seres intermedios (ángeles) entre Dios y nosotros, unos buenos y otros malos.
5. Las obras de cada hombre serán pesadas en una balanza para determinar si en la resurrección irá al cielo o al infierno. La manera de obtener salvación incluye: recitar la «Shahadah» varias veces al día («No hay Dios sino Alá, y Mahoma es su profeta»), orar cinco veces, cada día, ayunar durante un mes al año [Ramadán], dar limosna y hacer un peregrinaje a La Meca.

Nosotros, en cambio, consideramos que Jesús ofrece un mensaje superior en muchos aspectos.

Jesús ofrece un camino de salvación mejor

El Dios de la Biblia llegó a nosotros de manera especial al enviar a su Hijo a la tierra a morir por nuestros pecados, al contrario del dios del Islam. Mahoma no ofrece esperanza segura de salvación sino instrucciones para lograr el favor de Alá. Cristo proporcionó con su muerte todo lo que se necesita para llevarnos al cielo. «Porque también Cristo padeció una sola vez por los pecados, el justo por los injustos, para llevarnos a Dios» (1 Pedro 3:18).

Mahoma: profeta de Alá

Mahoma nació en La Meca en el año 570 d.C. y murió en el 632. Su nombre original fue Abu’l Kassim, huérfano desde temprana edad y criado por un tío que lo
llevó en muchos viajes prolongados en caravanas comerciales. A los veinticinco años de edad se casó con su empleadora; dejó de trabajar, y se dedicó a meditar y reflexionar acerca de la vida. Al cumplir los cuarenta años, empezó a tener visiones junto con violentas convulsiones, períodos en que recibió su revelación de Alá. Debido a las persecuciones, él y sus seguidores huyeron desde La Meca a Yathrib, ciudad a la que dio el nombre de Medina. Este es el comienzo oficial del Islam. Los diez años siguientes se caracterizaron por luchas casi constantes para ganar nuevos conversos y nuevos territorios para su religión, hasta que finalmente lograron recuperar La Meca. Sus escritos se conocen como el Corán. Y señaló que este fue dictado por el ángel Gabriel.

Jesús ofrece una vida superior

Mahoma pasó los últimos diez años de su vida en guerra. Fue polígamo y hasta se excedió en el número de mujeres que prescribió para su religión. Se dice que también violó su propia ley asaltando a las caravanas que iban y venían a La Meca, algunas de las cuales, probablemente, procedían del peregrinaje que él mismo ordenó.

Jesús ofrece milagros superiores

Las historias de Mahoma moviendo montañas y de sus conquistas militares no se comparan con los milagros de Cristo. La evidencia de ellas no es; tan cercana a los hechos pretendidos, ni proviene de testigos oculares. No hay bondad ni compasión en ellas, como vemos en los milagros de Cristo. Y ninguna puede parecerse, ni de lejos, al poder y carácter especial que tiene la resurrección de Jesús.

Jesús ofrece afirmaciones superiores

Mahoma nunca se proclamó Dios. La doctrina de la Trinidad, que explica como es que Jesús es Dios, suele ser interpretada por el Islam como politeísta. Mahoma señaló una sola vez que era profeta, pero Jesús dijo ser Dios. Y no solo eso, sino que lo comprobó levantándose de la muerte.

GURÚES HINDÚES

Enorme es el número de sectas y diferencias de opinión que hay en la religión hindú, por lo cual no se puede generalizar mucho, aunque las doctrinas que mencionamos a continuación son fundamentales para el hinduismo. Gurú significa- maestro, éstos hombres son esenciales para el hinduismo porque las escrituras hindúes no se pueden entender leyéndolas directamente, sino que deben ser aprendidas de un maestro. Se les considera santos y son adorados aun después que mueren.
Enseñan que el hombre necesita ser liberado del interminable ciclo de la reencarnación (samsara) la cual es producida por el karma, los efectos de todas las palabras, obras y acciones efectuadas en la vida presente y en las anteriores. La liberación (moksha) se obtiene cuando la persona expande su ser y su conciencia a un nivel infinito y se da cuenta de que el atman (el sí mismo) es lo mismo que Brahman (Ser único y absoluto del que procede todo). En otras palabras, cada hindú debe percatarse de que es dios. Ese «percatarse» solo puede lograrse siguiendo una de las disciplinas que se enumeran a continuación:

1. Jnana Yoga —salvación por el conocimiento de las escrituras antiguas y la meditación interior.
2. Bhakti Yoga —salvación; por medio de la consagración a una de las muchas deidades hindúes.
3. Karma Yoga —salvación por obras tales como ceremonias, sacrificios, ayunos y peregrinajes, los que deben hacerse sin pensar en las recompensas.

Cada uno de esos métodos debe incluir en cierta medida el Raja Yoga, que es una técnica de meditación que incluye el control del cuerpo, la respiración y los pensamientos. Este es el hinduismo ideal que se practica en la actualidad principalmente bajo la forma de superstición, historias legendarias de los dioses, prácticas ocultistas y adoración de demonios.

Los inicios del hinduismo

La religión hindú empezó por el año 2000 a.C. Las tribus que habitaban en el Valle del Indo, en la región norteña de la India, tenían una religión politeísta principalmente ocultista. Estas tribus fueron conquistadas por los ejércitos procedentes del Asia central, los que combinaron su religión védica —que enfatiza más en la naturaleza que en los dioses— con la religión de las tribus conquistadas, lo que completó la cadena de dioses y diosas. El periodo final se hizo más filosófico a medida que los escritos, llamados upnisads, empezaron a enfocarse en un solo principio para enlazar toda la realidad. Este principio panteísta se llama Brahman. Este períodos también introdujo la idea de la reencarnación.

La enseñanza de Jesús es superior al hinduismo en varias maneras significativas.

Jesús enseña una cosmovisión superior
En el capítulo tres discutimos los problemas que presenta la cosmovisión atea, concluyendo que el teísmo es superior. Como dijimos, al evaluar el panteísmo, es imposible decir significativamente: «He llegado a percatarme de que soy Dios», puesto que Dios siempre supo que lo era. De todos modos, el corazón del hinduismo proclama que todo es deidad.

Jesús es moralmente superior a los gurúes

El hinduismo clásico insiste en que se debe dejar que la gente sufra ya que su destino es determinado por el karma. Jesús dijo: «Ama a tu prójimo como a ti mismo», definiendo al prójimo como cualquiera que necesita ayuda. Juan dijo: «Pero el que … ve a su hermano tener necesidad, y cierra contra él su corazón, ¿cómo mora el amor de Dios en él?» (1 Juan 3:17).
Además, muchos gurúes —si no todos— usan sus posiciones para explotar a sus seguidores financiera y sexualmente. El Bagwan Sri Rajneesh acumuló docenas de automóviles Rolls Royce que sus seguidores le regalaban. Los Beatles se desilusionaron del Maharishi Mahesh Yogi cuando supieron que se interesaba muchísimo más por el cuerpo de una de las mujeres asistentes a una fiesta dada por ese grupo musical, que por los espíritus de ellos, y reconocieron: «Nos equivocamos».

Jesús da un método superior para la iluminación espiritual

Mientras que para entender el Bhagavad Gita y los upanisads se necesita de los gurúes, cualquiera puede entender la Biblia. No hay verdad oculta ni esotérica que deba ser explicada aparte del razonamiento normal. Además, la meditación cristiana no se esfuerza por vaciar la mente dejándola en blanco, sino por llenarla con la verdad de los principios bíblicos (Salmo 1). La meditación interior es como pelar una cebolla; uno saca y saca capa tras capa, hasta que al llegar al centro se encuentra con que nada hay ahí. La meditación de la Palabra de Dios empieza con expresiones plenas de contenido y va abriendo su significado hasta que llenan de gozo al alma.

Jesús enseña una forma de salvación mejor

El hindú está perdido en el ciclo kármico de la reencarnación hasta que alcanza el moksha, y es abandonado para que busque su propia salida. Jesús prometió que somos salvos por la sola fe y que podemos saber que nuestra salvación está garantizada (Efesios 1:13, 14; 1 Juan 5:13).

BUDA

Siddhãrtha Gautama (Buda es un título que significa «el iluminado»), desarrolló un sistema religioso completamente diferente del judaísmo y del cristianismo. El budismo empezó como una reforma interna del hinduismo, el que se convirtió en un sistema especulativo y supersticioso. Gautama rechazó los rituales y el ocultismo en su afán por corregirlo, desarrollando una religión esencialmente atea (aunque las formas tardías del budismo regresaron a los dioses hindúes). Sus creencias bíblicas se resumen en las «Cuatro verdades nobles»:

1. La vida es sufrimiento.
2. El sufrimiento es causado por los deseos de placer y prosperidad.
3. El sufrimiento puede superarse si se eliminan los deseos.
4. El deseo puede eliminarse por la «¿Senda óctuple». Esta consiste en un sistema que consta tanto de educación religiosa como de preceptos morales del budismo.

Esa senda abarca el recto saber (las «Cuatro verdades nobles»), las intenciones rectas, el hablar recto, la conducta recta (no matar, no beber alcohol, no robar, no mentir, no cometer adulterio), la ocupación recta (ninguna que cause sufrimiento), el esfuerzo recto, el recto cuidado atento (negar el yo finito), y la recta meditación (Raja Yoga). La meta de todos los budistas no es el cielo o estar con Dios porque en la enseñanza de Gautama Él no existe. Ellos buscan el nirvana, que es la eliminación de todo sufrimiento, deseo y de la ilusión existente en el yo. Aunque ahora hay un sector más liberal que ha deificado a Gautama y lo ve como un salvador (llamado budismo mahayana), hay otro, el budismo theravada, más apegado a las enseñanzas de Gautama, que sostiene que él nunca reclamó divinidad para sí. En cuanto a ser salvador, se dice que las últimas palabras de Buda fueron: «Los budas solo señalan el camino; trabajen con diligencia por vuestra salvación».

Buda: el iluminado

Siddhãrtha Gautama nació alrededor del año 560 a.C. en una familia de clase alta. Sus primeros años fueron muy cómodos, de modo que ya tenía más de veinte años cuando empezó a darse cuenta de que había mucho sufrimiento en el mundo. Estudió con maestros hindúes y practicó el ascetismo por un tiempo; luego, se percató de que ambos extremos (indulgencia y ascetismo) eran vanos. Así que eligió el camino de la meditación centrada. Se cuenta que un día meditaba debajo de una higuera cuando obtuvo iluminación y alcanzó el nirvana. Los escritos y dichos atribuidos a Buda fueron redactados unos cuatro siglos después de su muerte, de modo que no hay forma de saber cuán confiables son. Murió envenenado por la comida alrededor del 480 a.C.

Como variante del hinduismo, el budismo está sometido a todas las críticas mencionadas antes; la enseñanza de Jesús también se muestra superior a esta forma.

Jesús enseña esperanza en la vida

Mientras el budismo considera que la vida es solo sufrimiento y que la identidad es algo que debe erradicarse, Jesús enseñó que la vida es un don de Dios para disfrutarse (Juan 10:10), y que el individuo debe ser supremamente honrado (Mateo 5:22). Más aun, Él prometió esperanza en la vida venidera (Juan 14:6). Ciertamente esto es mejor que la eliminación del deseo y del yo que enseñó Gautama.

Jesús enseña una forma de salvación mejor

El budista también enseña la reencarnación como medio de salvación. Sin embargo, la individualidad del alma o el yo es erradicado al final de cada vida en esta variedad de hinduismo. Por eso, aunque uno siga viviendo, no tiene esperanza, como individuo, de alcanzar el nirvana. Jesús prometió esperanza individual para cada hombre como ser individual (Juan 14:3), y dijo al ladrón que estaba en la cruz, a su lado: «Hoy estarás conmigo en el paraíso» (Lucas 23:43).

Jesús enseña Su propia deidad

Repetimos, la última palabra del tema la pronuncia una tumba vacía que prueba las proclamas emitidas por Jesús de que es Dios encarnado. Gautama no declaró algo como eso ni ofreció pruebas de que así fuera el caso; sencillamente apuntó el camino para que otros lo siguieran al nirvana.

SÓCRATES

Sócrates no dejó escritos, pero Platón, su discípulo, escribió mucho sobre él, aunque esos relatos pueden reflejar tanto sus pensamientos como los de Sócrates. Platón presentó a Sócrates como un convencido de que Dios le encargó la tarea de promover la verdad y la bondad entre los hombres, mediante el examen de lo que dicen y hacen para ver si son verdaderos y buenos.
El vicio, en su opinión, era simple ignorancia pues el conocimiento lleva a la virtud. Se le acredita que fue el primer hombre que admitió la necesidad de desarrollar un enfoque sistemático para descubrir la verdad, aunque el sistema mismo fue finalmente formulado por Aristóteles, un discípulo de Platón. Sócrates fue condenado a muerte, como Cristo, debido a acusaciones falsas de las autoridades que se sintieron amenazadas por sus enseñanzas. Pudo haber sido exonerado de culpa si no hubiera insistido en que sus acusadores y jueces examinaran sus propias declaraciones y vidas, cosa que ellos no quisieron hacer. Sócrates murió contento porque cumplió su misión hasta el fin, y porque la muerte —fuera un dormir sin sueño o una maravillosa comunión con los grandes hombres—, era buena.
Puede decirse, no obstante, que Jesús es superior a Sócrates en varios aspectos.

Jesús tuvo una base superior de verdad

Jesús, igual que Sócrates, empleaba el cuestionamiento para hacer que los hombres se examinaran a sí mismos, pero su base para conocer la verdad acerca de los hombres y Dios estaba arraigada en que Él era el Dios omnisciente que dijo de sí mismo: «Yo soy el camino, y la verdad, y la vida» (Juan 14:6).
Jesús era, en su propio ser, la fuente de la que fluye en definitiva toda verdad. Asimismo, como Dios, fue la absoluta bondad mediante la cual se miden todas las demás bondades. Una vez le pidió a un joven que examinara lo que estaba diciendo: «¿Por qué me llamas bueno? Ninguno hay bueno, sino solo uno, Dios» (Marcos 10:18).
Jesús fue la verdad y el bien que Sócrates quiso entender.

Sócrates: el padre de la razón

Sócrates nació alrededor del 470 a.C., cuando florecía el Imperio Griego. Sus padres eran ricos, y tuvo una buena educación en filosofía. Empezó su campaña para enseñar la verdad y la rectitud cuando escuchó del oráculo de Delfos, que él era el hombre más sabio del mundo. Sócrates estaba seguro de que eso no podía ser cierto, pero luego de conversar con muchos sabios más, concluyó que debía ser verdad, pues era el único que sabia que no era el más sabio del mundo.

Jesús dio un conocimiento más cierto de la verdad

Aunque Sócrates enseñó muchos principios verdaderos, a menudo se quedó en la especulación de muchos temas importantes, como qué ocurre al morir. Por otro lado, Jesús dio una respuesta segura a esas preguntas porque Él tuvo el conocimiento cierto del destino del hombre. Ahí donde la razón (Sócrates) tiene evidencia insuficiente para concluir definitivamente, la revelación (Jesús) da respuestas que, de otro modo, no serían conocidas.

La muerte de Jesús fue más noble

Sócrates murió por una causa con valentía, lo cual es ciertamente elogiable. Sin embargo, Jesús murió como sustituto de otras personas (Marcos 10:45), para pagar el castigo que ellas merecían. No solo murió por aquellos que fueron sus amigos, sino también por quienes fueron y serán sus enemigos (Romanos 5:6, 7). Tal demostración de amor no puede ser igualada por ningún filósofo.

La prueba del mensaje de Jesús es superior

Las pruebas racionales son buenas cuando hay evidencia sólida para sus conclusiones. Pero Sócrates no puede avalar su afirmación de que era enviado por Dios, con nada comparable a los milagros de Cristo y su resurrección. Hay una prueba superior en estos actos de que el mensaje de Jesús fue autenticado como cierto por Dios.

LAO-TZU (TAOÍSMO)

El taoísmo moderno es una triple religión de brujería, superstición y politeísmo pero, originalmente, fue un sistema filosófico, que es la manera en que se lo presenta hoy a la cultura occidental. Lao-tzu (si en verdad existió) edificó su sistema en torno a un principio que explicaba y guiaba todo el universo. Ese principio se llama el tao y no existe forma simple de explicarlo. El mundo está lleno de opuestos en conflicto, como el bien y el mal, macho y hembra, luz y tiniebla, sí y no, etc. Todas las oposiciones son manifestaciones del conflicto entre el yin y el yang. Pero, en última instancia, el yin y el yang están completamente entretejidos y perfectamente equilibrados. Ese equilibrio es el misterio llamado el tao. Entenderlo significa percatarse de que todos los opuestos son uno y que la verdad reside en la contradicción, no en la resolución. El taoísmo va más allá de eso para decir que el hombre vive en armonía con el tao, y debe ingresar a una vida de completa pasividad reflexionando en asuntos como: «¿Cuál es el sonido del aplauso con una sola mano?», o «Si cae un árbol en el bosque cuando nadie está ahí para escucharlo, ¿hace ruido?» Uno debe estar en paz con la naturaleza y evitar todas las formas de violencia. Este sistema filosófico se parece mucho al budismo zen.
Cristo es superior en la libertad que le brinda al hombre.

Lao-Tzu: el viejo maestro

La leyenda dice que Lao-tzu era el cuidador de los archivos reales antes de que decidiera viajar al inexplorado occidente. Mientras viajaba, un portero lo persuadió para que escribiera la gran sabiduría que había obtenido en su ocupación, de modo que escribió un libro de cinco mil caracteres distribuidos en ochenta y un párrafos cortos con los que elaboró su filosofía. Ese libro es el Tao Te Ching. Aunque se dice a menudo que sus fechas se ubican por el siglo sexto antes de Cristo, toda la información que tenemos sobre él es tan legendaria como esa anécdota. Probablemente esas leyendas empezaron a desarrollarse en la época de Chuang Tzu, el gran filósofo taoísta que vivió en el cuarto y tercer siglos antes de Cristo. También puede datarse en esa época la escritura del Tao Te Ching. El comentario de Chuang Tzu acerca del tao se llama el Tao Tsang, y tiene más de mil cien volúmenes que también se consideran escrituras.

Jesús permite la libertad para que el hombre sea racional

Ya indicamos que es imposible decir significativamente que «La razón no se aplica a la realidad», porque la misma declaración es una afirmación racional acerca de la realidad (¡sea falsa o verdadera en cuanto a la manera en que las cosas son realmente!) ¡Uno tendría que usar la razón para negar que esa razón es válida! Pero eso es lo que hace el tao al decir que toda verdad reside en la contradicción: la misma cosa que la razón dice que es imposible.
La verdad no solo está tras la razón sino que dice: «Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente. Este es el primero y grande mandamiento» (Mateo 22:37, 38).
El Dios del Antiguo Testamento afirma: «Venid luego, y estemos a cuenta» (Isaías 1:18). Jesús le da libertad al hombre para que use la razón a fin de que evalúe la verdad proclamada.

Jesús permite la libertad para que el hombre decida

El taoísmo le pide al hombre que guarde su voluntad en el estante, que rinda el poder de cambiar las cosas que lo rodean. Jesús dice que el hombre tiene la opción y que su elección marca la diferencia en el mundo. El hombre tiene la opción de creer o no (Juan 3:18), obedecer o desobedecer (15:14), de cambiar al mundo o de ser cambiado por él (Mateo 5:13–16).

Jesús permite la libertad para que el hombre sea salvado

El taoísmo solo ofrece un modo de resignarse a la manera en que son las cosas. Cristo ofrece la manera de cambiar tanto quienes somos como lo que somos, de modo que podamos conocer los gozos de la vida. Más que aceptar la muerte como el fin inevitable, Cristo proveyó una manera de vencerla por su resurrección. Lao-tzu no puede jactarse de tal cosa.
De manera que Jesús puede considerarse superior a otros maestros por muchas razones. Ningún otro ha proclamado ser Dios como lo hizo Jesús. Aunque los seguidores de algún profeta han deificado a su maestro no hay pruebas de que esos reclamos sean comparables al cumplimiento de la profecía, la milagrosa vida sin pecado y la resurrección de Jesús. Ningún otro maestro ofreció la salvación por fe, aparte de las obras, basada en lo que hicieran por nosotros. Lo más notable es que ningún líder religioso o filosófico ha mostrado el amor por la gente que Jesús exhibió al morir por los pecados del mundo (Juan 5:13; Romanos 5:6–8). Verdaderamente Jesús es digno de suprema devoción.

Geisler, N., & Brooks, R. (1997). Apologética: Herramientas valiosas para la defensa de la fe. Miami, FL: Editorial Unilit.

Exportado de Software Bíblico Logos 4, 11:00 a 30 de julio de 2012.


¿VERDAD ABSOLUTA O RELATIVA?

 ¿VERDAD ABSOLUTA O RELATIVA?

Por: Norman Geisler y Ron Brooks

Podemos entender la afirmación de que la verdad es relativa en dos formas. Es relativa al tiempo y al espacio («fue verdadero entonces, pero ahora no»), o a las personas («verdad para mí, pero no para ti»). Por otro lado, la verdad absoluta supone, al menos, dos cosas: 1) que lo verdadero en un tiempo y lugar es verdad en todo tiempo y lugar; y 2) que lo verdadero para una persona es verdad para todas las personas. La verdad absoluta no cambia; la verdad relativa cambia de época en época, de persona a persona.

El relativista diría que la frase «El lápiz está a la izquierda del cuaderno» es relativa, porque depende del lado del escritorio en que uno esté. El lugar siempre es relativo a la perspectiva, afirman. Pero la verdad puede vincularse al tiempo también. En una época fue perfectamente correcto decir: «Reagan es presidente», pero ahora es difícil decirlo. Fue cierto en un momento, pero ya no. La verdad de tales declaraciones es irrevocablemente contingente al momento en que se expresan.
De la misma manera, el relativista clama que la verdad depende de la persona que formula la declaración. Si un cristiano dice: «Ustedes son dioses» (Juan 10:34), significa que tenemos la imagen de Dios y que somos sus representantes. Pero si un mormón dice lo mismo, se refiere a su esperanza de ser la deidad de su propio planeta. Si lo afirma un panteísta, quiere decir que los seres humanos son Dios. La verdad depende de los puntos de vista de quien formula la declaración y de su propósito. Además, «Me siento enfermo» puede ser cierto para mí, pero no para todos los demás habitantes del mundo. Todas esas expresiones son verdaderas solo en relación a la persona que las plantea.
Aquí parece, no obstante, haber un malentendido. La interpretación del relativista aparenta estar mal dirigida. La perspectiva del orador respecto al tiempo y el espacio se entiende en la expresión misma; por ejemplo: «Reagan es presidente» era cierto cuando se dijo en 1986, pero siempre será verdadera, ya que en ninguna época dejará de ser verdad que Ronald Reagan fue Presidente de los Estados Unidos de Norteamérica en 1986. Si alguien afirma lo mismo en 1997, plantea, entonces, una nueva proclama verdadera porque el tiempo verbal en presente se emplea en 1997, a once años de distancia y fuera del contexto de la otra expresión. El contexto «espacio-temporal» de las declaraciones es parte inherente del contexto que determina el significado de esa aseveración. Sin embargo, si la frase «Reagan es presidente» (dicha en 1986), es siempre verdadera para todos en todas partes, entonces es una verdad absoluta. Lo mismo puede decirse del lápiz sobre el escritorio. La perspectiva del orador es entendida como parte del contexto. Es una verdad absoluta.
¿Qué sucede, entonces, con la segunda versión del relativismo que indica que la verdad es relativa a las personas?

«Toda verdad depende de la perspectiva»

Mucha gente dice que toda verdad es realmente verdadera desde cierto punto de vista o perspectiva. La vieja anécdota de los seis ciegos y el elefante suele usarse para ilustrar esta posición.
El ciego que solo palpó la trompa del animal, dijo que era una serpiente. Otro le tocó las orejas y concluyó que era un ventilador. El que se tropezó con el cuerpo, dijo que era una pared; y luego de encontrar y tocarle una pata, otro dijo que era un árbol. Otro que le agarró la cola, afirmó que era una cuerda. Por último, el ciego que faltaba, se topó con un afilado colmillo y dijo que era una lanza.
Para algunos, esto prueba que lo que uno piensa es verdadero, todo depende de la perspectiva que uno tenga de las cosas. Debemos señalar, sin embargo, que todos los ciegos se equivocaron. Ninguna de sus conclusiones fue verdadera; de manera que este ejemplo nada dice de las verdades. Realmente había una verdad objetiva que todos fallaron en descubrir. Además, afirmar que «toda verdad es asunto de perspectiva», o es una declaración absoluta o es asunto de perspectiva. Si es absoluta, entonces no todas las verdades son cosa de perspectiva, puesto que esa no lo es. Si es asunto de perspectiva, entonces no hay razón para pensar que es absolutamente verdadera —solo es una perspectiva.

Si consideramos el caso del cristiano, el mormón y el panteísta, veremos que tienen el mismo problema de perspectiva excluyente. Usar las mismas palabras no garantiza que tengan igual significado. Debemos tomar en cuenta la realidad de la afirmación en su contexto, antes de poder decir que es verdadera. Veamos la expresión: «Me siento enfermo». Imagínese, los pronombres personales ni siquiera se pronuncian tan bien como los tiempos verbales. No importa que se usen las mismas palabras, ellas adoptan un significado diferente cuando provienen de diversas personas.
¿Es esta declaración cierta para todos? Sí, es verdad que la primera persona de la frase [«yo», implícita en este caso] se sintió enferma en ese momento, y todos deben reconocer eso como verdadero (aunque tengamos que creer lo que dijo ese «yo» [me] en cuanto a cómo se sentía). De la misma manera, los significados asociados a las palabras «Ustedes son dioses» reflejan, en verdad, los puntos de vista de las personas que las pronuncian, y nunca dejarán de ser ciertas para todos en todo tiempo, pues ésa era su perspectiva cuando las expresaron (aunque después cambiaran sus puntos de vista).
A esta altura de la discusión, un relativista diría: «Está de acuerdo conmigo. Usted dice que la verdad es relativa al contexto». Está cerca. Estamos diciendo que el significado es relativo al contexto. En cuanto a la verdad, una vez que el contexto se introduce en el cuadro, se entiende el significado y se hace obvio que esas verdades son absolutas. Entonces, no estamos de acuerdo del todo.
El relativismo, sin embargo, se enfrenta a otros problemas. Si el relativismo fuera verdadero, el mundo estaría lleno de contradicciones. Ese lápiz que mencionamos estaría a los cuatro lados del cuaderno al mismo tiempo. Ese «yo» [me] tendría que estar enfermo, sano, enojado, deleitado, hambriento, satisfecho, entusiasmado y todo eso al mismo tiempo. ¡Cuánta confusión! Tales contradicciones son imposibles.
Además, ningún relativista puede decir: «Es absolutamente cierto que esto es verdadero para mí». Si la verdad solo puede ser relativa, entonces, debe ser relativamente verdadera para él. Pero, ¡un momento! ESO no puede afirmarse en ningún sentido absoluto, solo puede ser relativamente verdad lo que es relativamente cierto para él. ¿Seguimos?
Decir que la verdad es relativa puede ser una declaración absoluta, lo que falsearía la posición relativista, o bien es una afirmación que nunca puede hacerse porque cada vez que se formula, uno tiene que agregar otro «relativamente» más. Eso sería el comienzo de una regresión infinita que nunca producirá una declaración real.

La vida no es sino un sueño

Algunos podrían decir que cada uno cree su propia realidad. Lo que es real para uno no lo es para el otro porque el sueño de uno no es igual al del otro. En efecto, uno solo percibe al otro en su sueño y no sabe si ese otro es o no real. No solo es subjetiva la verdad, sino que no hay realidad absoluta que conocer. Toda realidad no es nada sino imaginación desatada.
Algo nos dice intuitivamente que este enfoque no puede ser verdadero. Primero, esas afirmaciones «nada sino» presuponen «más que» saber pero, ¿cómo puede alguien saber que está más allá de su propio sueño? pues en lo que a esto concierne, ¿cómo puede uno tener conocimiento de eso que es «más que» toda realidad? Uno tendría que ser omnisciente para decir eso. Además, ¿es esta una declaración acerca de la realidad absoluta o solo sobre el sueño de una persona? Si en realidad es una declaración en cuanto a toda la realidad o en sentido absoluto, entonces no puede ser verdadera, pues, al menos, esto recién dicho es cierto, se lo imagine alguien o no. Pero si es solamente una declaración subjetiva sobre el sueño de una persona, entonces no proclama ser verdadero y puede ser descartado. Puede que sea recordarle a esa persona que no debe hablar cuando sueña.

Hay ciertos beneficios en el relativismo, por supuesto. Eso significa que uno nunca puede equivocarse, puesto que en la medida en que algo está bien para mí, tendré la razón. ¡Hasta cuando me equivoco! ¿No es eso conveniente? La desventaja radica en que tampoco se puede aprender algo porque aprender es cambiar una creencia falsa por una verdadera, esto es, una creencia absolutamente falsa a una absolutamente verdadera. Quizá es mejor que volvamos a revisar esto de los absolutos.
Algunos tienen problemas con el absoluto. «¿No debes tener la prueba absoluta para creer la verdad absoluta?», dicen. No. La verdad es absoluta pese a los fundamentos que tengamos para creerla. Puede que ni sepamos siquiera una verdad, pero sigue siendo absoluta en sí misma. La verdad no cambia solo porque nosotros aprendamos algo de ella.
«¿Qué pasa con los aspectos ambiguos, las cosas intermedias, como la tibieza, o la barba cuando aún no está para afeitarse? ¿Cómo pueden ser absolutas esas cosas?» El hecho es que lo que es ambiguo para mí es un absoluto para todos los hombres aunque no sea ambiguo para ellos. Además la condición misma, la temperatura real y el largo exacto de la barba, son condiciones reales objetivas. Esa verdad tampoco cambia.

«¡Es que ustedes, los cristianos, son tan cerrados!»

La amplitud de criterio se ha hecho una virtud que no necesita demostración en la sociedad actual; en tanto que el criterio estrecho es señal de ignorancia y degeneración. Ese modo de pensar, sin embargo, se basa en verdades a medias. Ciertamente, es bueno reconocer la posibilidad de que uno se equivoca, lo malo es mantener una posición sin considerar las pruebas en contra. Además, uno nunca debe adoptar una decisión firme sin examinar desprejuiciadamente todas las pruebas disponibles. La verdad a medias nos ata a este punto de vista, pero esa verdad a medias representa una mentira completa. ¿Seguiremos con nuestro amplísimo criterio cuando toda la razón nos dice que solo puede haber una conclusión? Eso es lo mismo que el error del criterio estrecho. En efecto, la amplitud de criterio es la posición más estrecha de todas porque elimina la consideración del punto de vista del absoluto. ¿Y qué si ese punto de vista del absoluto es verdadero? La amplitud de criterio no puede ser realmente legítima a largo plazo a menos que esté dispuesta a aceptar algunos absolutos reales innegables. La amplitud de criterio no debe confundirse con la ausencia de criterio. Nunca se debe seguir receptivo a una segunda alternativa cuando solo una puede ser cierta.

«Si la verdad es inmutable, no puede haber nueva verdad». Esto de la nueva verdad, podemos entenderlo en dos sentidos: puede significar «nuevo para nosotros», como ocurre cuando la ciencia descubre algo que, en realidad, no es más que una verdad antigua que apenas recién conocemos. Ella siempre ha estado allí, pero sucede que acabamos de encontrarla. La otra forma de entender la nueva verdad es cuando algo novedoso llega a la existencia, hecho que tampoco resulta conflictivo para el absolutismo. Cuando llegue el 1 de enero de 2022, por ejemplo, nacerá una nueva verdad porque entonces será correcto [o verdadero] decir: «Hoy es 1 de enero de 2022», lo cual nunca antes pudo ser cierto. Las verdades «viejas» no cambian, sino que las «nuevas» pueden emerger en cierto momento.

Geisler, N., & Brooks, R. (1997). Apologética: Herramientas valiosas para la defensa de la fe. Miami, FL: Editorial Unilit.

Exportado de Software Bíblico Logos 4, 11:58 a 5 de julio de 2012.

Dios los bendiga.


¿Quién decía ser Jesús? ¿Es Jesús Dios?

 ¿Quién decía ser Jesús?

Por:  Norman Geisler, Ron Brooks

Dijo ser Jehová (Yavé—YHWH)

Jehová—o propiamente, Yavé—, es el nombre especial dado por Dios para sí mismo. En el Antiguo Testamento hebreo se escribe simplemente con cuatro letras (YHWH) y era considerado tan santo que el judío pío no lo pronunciaba. Aquellos que lo escribían tenían que realizar, primero, una ceremonia especial.; YHWH es el nombre revelado a Moisés, cuando Dios dijo: «YO SOY EL QUE SOY» (Éxodo 3:14), y su significado tiene que ver con la autoexistencia de Dios. YHWH solo se emplea para referirse al único Dios verdadero, aunque hay otros títulos dados a Dios que pueden usarse respecto a los hombres (adonai, en Génesis 18:12) o falsos dioses (elohim, en Deuteronomio 6:14). Solo sería adorado o servido (Éxodo 20:5) y su nombre y gloria no se le daban a nadie más. Isaías escribió: «Así dice Jehová: Yo soy el primero, y yo soy el postrero, y fuera de mí no hay Dios. Yo Jehová; este es mi nombre; y a otro no daré mi gloria, ni mi alabanza a esculturas» (Isaías 44:6; 42:8).
No es extraño entonces, a la luz de esto, que los judíos tomaran piedras y acusaran a Jesús de blasfemar cuando afirmó ser YHWH. Él dijo: «Yo soy el buen pastor» (Juan 10:11), pero el Antiguo Testamento decía: «Jehová es mi pastor» (23:1).
Jesús proclamó ser el juez de todos los hombres (Mateo 25:31; Juan 5:27), pero el profeta Joel cita a Jehová que dice: «Me sentaré para juzgar a todas las naciones de alrededor» (Joel 3:12).
Jesús oró: «Ahora pues, Padre, glorifícame tú para contigo, con aquella gloria que tuve contigo antes que el mundo fuese» (Juan 17:5). Pero Jehová del Antiguo Testamento dijo: «Y a otro no daré mi gloria» (Isaías 42:8).
De igual manera, Jesús se llamó «el novio» (Mateo 25:1) cuando el Antiguo Testamento identifica de esa manera a Jehová (Isaías 62:5; Oseas 2:16). El Cristo resucitado dice lo mismo que Jehová en Isaías 44:6: «Yo soy el primero, y yo soy el postrero» (Apocalipsis 1:17).
El salmista declara: «Jehová es mi luz» (Salmo 27:1), y Jesús dice: «Yo soy la luz del mundo» (Juan 8:12).
Quizá la más fuerte expresión de Jesús proclamando ser Jehová es: «Antes que Abraham fuese, yo soy» (Juan 8:58). Esta expresión proclama no solo existir antes que Abraham, sino igualdad con el «YO SOY» de Éxodo 3:14.

Declaraciones de Jesús

Ser Jehová—Juan 8:58
Igualdad con Dios—Juan 5:18
Ser el Mesías—Marcos 14:61–64
Aceptar adoración—Mateo 28:17
Igual autoridad con Dios—Mateo 28:18
Orar en Su nombre—Juan 14:13, 14

Los judíos que lo rodeaban comprendieron claramente lo que quiso decir, y recogieron piedras para matarlo por blasfemo (Juan 8:58; 10:31–33). Lo mismo se manifiesta en Marcos 14:62 y Juan 18:5, 6.

Dijo ser igual a Dios

Jesús también proclamaba ser igual a Dios en otros aspectos. No solo asumió los títulos de la Deidad, sino que reclamó para sí mismo las prerrogativas de Dios. A un paralítico le dijo: «Hijo, tus pecados te son perdonados» (Marcos 2:5).
Los escribas respondieron correctamente: «¿Quién puede perdonar pecados sino solo Dios?» Así que, para probar que su proclama no era una vana jactancia, sanó al paralítico, ofreciendo la prueba directa que también era verdad lo que había dicho en cuanto a perdonar pecados.
Otra prerrogativa que Jesús reclamó fue el poder de levantar y juzgar a los muertos: «De cierto, de cierto os digo: Viene la hora, y ahora es, cuando los muertos oirán la voz del Hijo de Dios; y los que la oyeren vivirán … y los que hicieron lo bueno saldrán a resurrección de vida; mas los que hicieron lo malo, a resurrección de condenación» (Juan 5:25–29).
Jesús eliminó toda duda que pudiera haber al respecto cuando agregó: «Porque como el Padre levanta a los muertos, y les da vida, así también el Hijo a los que quiere da vida» (Juan 5:21).
El Antiguo Testamento enseña que solamente Dios era el dador de la vida (1 Samuel 2:6; Deuteronomio 32:39); que levantaba a los muertos (1 Samuel 2:6; Salmo 49:15), y el único Juez (Joel 3:12; Deuteronomio 32:35). Jesús asume osadamente poderes que solo Dios tiene.
También proclamó que sería honrado como Dios; dijo que «todos honren al Hijo como honran al Padre. El que no honra al Hijo, no honra al Padre que le envió» (Juan 5:23).
Los judíos que escuchaban sabían que nadie debía proclamar ser igual a Dios de esa manera y, nuevamente, procuraron matarlo (v. 18).

Dijo ser el Dios-Mesías

La doctrina del Antiguo Testamento es clara en cuanto al Mesías que viene a liberar a Israel enseñando que es Dios mismo. Cuando Jesús afirmo ser ese Mesías, estaba proclamando que era Dios. Por ejemplo, el famoso canto navideño (Isaías 9:6) llama al Mesías «Dios fuerte, Padre eterno».

¿Qué es el «Mesías»?

La palabra «Mesías» viene del vocablo hebreo que significa «El ungido». En sentido general, se usó en cuanto a Ciro el persa (Isaías 45:1), y el rey de Israel (1 Samuel 26:11). Tras la muerte de David, Israel empezó a buscar un rey que se le pareciera debido a la promesa de 2 Samuel 7:12–16, pero las profecías de un venidero Salvador-Profeta-Rey se remontan a Génesis 3:15 y Deuteronomio 18. Muchos pasajes describen al venidero Rey del cual se dice será de la simiente de David (Jeremías 33), y nacerá en Belén (Miqueas 5:2). Sus hechos incluirían dar vista al ciego, liberar cautivos, proclamar el evangelio (Isaías 61:1). Su reino se describe en Zacarías 9 y 12. En el período intertestamentario, surgieron dos ideas en cuanto al Mesías, una política y la otra espiritual, conceptos ambos que se esperaban encontrar en la misma Persona.

El salmista escribió del Mesías: «Tu trono, oh Dios, es eterno y para siempre» (Salmo 45:6; Hebreos 1:8).
El Salmo 110:1 registra una conversación entre el Padre y el Hijo: «Jehová dijo a mi Señor: Siéntate a mi diestra, hasta que ponga a tus enemigos por estrado de tus pies».
Jesús se aplica este pasaje en Mateo 22:43, 44. El Hijo del Hombre es llamado el «Anciano de Días» en la gran profecía mesiánica de Daniel (7:22). Frase usada dos veces en el mismo pasaje respecto a Dios Padre (vv. 9, 13). El título «Hijo del Hombre» fue la manera preferida de Jesús para referirse a sí mismo durante todo su ministerio, en clara alusión a este pasaje que citó directamente en su juicio ante el sumo sacerdote, que preguntaba: «¿Eres tú el Cristo, el Hijo del Dios Bendito?» «Y Jesús dijo: Yo soy; y veréis al Hijo del Hombre sentado a la diestra del poder de Dios, y viniendo en las nubes del cielo. Entonces el sumo sacerdote, rasgando su vestidura, dijo: ¿Qué más necesidad tenemos de testigos? Habéis oído la blasfemia» (Marcos 14:61–64).
No hubo duda que al proclamarse Mesías, también se proclamaba Dios.

Dijo aceptar adoración

El Antiguo Testamento prohíbe adorar a alguien que no sea Dios (Éxodo 20:1–5; Deuteronomio 5:6–9). El Nuevo concuerda con eso y demuestra que los hombres rehusaron adorar (Hechos 14:15), como lo hicieron los ángeles (Apocalipsis 22:8, 9). Pero Jesús aceptó la adoración en numerosas ocasiones. Un leproso sanado lo adoró (Mateo 8:2), y un gobernante se arrodilló ante Él para pedirle algo (9:18). Después de calmar el viento, «Entonces los que estaban en la barca vinieron y le adoraron, diciendo: Verdaderamente eres Hijo de Dios» (Mateo 14:33).
Un grupo de mujeres cananitas (15:25), la madre de Santiago y Juan (20:20), el endemoniado gadareno (Marcos 5:6), todos, adoraron a Jesús sin que Él emitiera una palabra de reprensión (Apocalipsis 22:8, 9). Un ciego dijo: «Creo, Señor; y le adoró» (Juan 9:38).
Cristo suscitó más adoración en algunos casos. Por ejemplo, cuando Tomás vio que Cristo había resucitado exclamó: «¡Señor mío, y Dios mío!» (20:28). Esto solo podía hacerlo una Persona que se considerara seriamente Dios.

Dijo tener igual autoridad que Dios

Jesús puso sus palabras a la par de las de Dios, como cuando repitió muchas veces: «Oísteis que fue dicho a los antiguos … pero yo os digo» (Mateo 5:21, 22). «Toda potestad me es dada en el cielo y en la tierra. Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones» (Mateo 28:18, 19).
Dios le dio los Diez Mandamientos a Moisés, pero Jesús dijo: «Un mandamiento nuevo os doy: Que os améis unos a otros» (Juan 13:34).
Jesús afirmó: «Porque de cierto os digo que hasta que pasen el cielo y la tierra, ni una jota ni una tilde pasará de la ley, hasta que todo se haya cumplido» (Mateo 5:18).
Y, más adelante, refiriéndose a sus propias palabras, Jesús dijo: «El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán» (Mateo 24:35).
Hablando de quienes lo rechazan, Jesús dijo: «La palabra que he hablado, ella le juzgará en el día postrero» (Juan 12:48).
No hay duda posible de que Jesús esperaba que sus palabras tuvieran igual autoridad que las declaraciones de Dios en el Antiguo Testamento.

Dijo que oráramos en Su nombre

Jesús no se limitó tan solo a pedirles a los hombres que creyeran en Él y obedecieran sus mandamientos, sino que también les pidió que oraran en su nombre: «Y todo lo que pidiereis … en mi nombre, yo lo haré» (Juan 14:13, 14). «Si permanecéis en mí, y mis palabras permanecen en vosotros, pedid todo lo que queréis, y os será hecho» (15:7)
Jesús mismo insistió: «nadie viene al Padre, sino por mí» (14:6). Respondiendo a esto, los discípulos no solo oraban en el nombre de Jesús (1 Corintios 5:4), sino que oraban a Cristo (Hechos 7:59). Ciertamente Cristo quiso que su nombre fuera invocado en oración tanto ante Dios y como Dios.

Así, Jesús proclamó en diversas formas ser Dios. Reclamó igualdad a Dios en materia de prerrogativas, honor, adoración y autoridad. Dijo ser el Jehová del Antiguo Testamento, aplicándose las verdades relativas a Jehová y afirmando ser el prometido Mesías. Por último, se declaró como la única manera de acercarse a Dios y pidió que orarán a Él como Dios.
Las reacciones de los judíos que lo rodeaban muestran que entendieron claramente esas cosas, las cuales calificaron de blasfemas, puesto que las formulaba un simple hombre. Cualquier observador desprejuiciado que estudie este registro de las enseñanzas de Jesús, históricamente confiable, debe concordar en que Él proclamó ser igual a Jehová en le Antiguo Testamento.

Geisler, N., & Brooks, R. (1997). Apologética: Herramientas valiosas para la defensa de la fe. Miami, FL: Editorial Unilit.


¿DE DÓNDE PROVIENE LA BIBLIA?

¿DE DÓNDE PROVIENE LA BIBLIA?

La Escrituras dicen que vino de Dios. Al referirse a todo el Antiguo Testamento, Pablo escribió: «Toda la Escritura es inspirada por Dios y útil para enseñar, para reprender, para corregir y para instruir en la justicia)) (2 Timoteo 3:1?). Al Nuevo Testamento también se lo llama las Escrutas. Cuando Pablo cita al evangelio en 1 Timoteo 5:18, lo llama «las Escrituras)). Y Pedro, en 2 Pedro 3:15,16, también se refiere a las epístolas de Pablo como Escrituras. Por lo tanto, tanto todo el Antiguo como el Nuevo Testamento, los Evangelios y las epístolas, se consideran escritos «inspirados por Dios). Jesús usó una expresión similar cuando se refirió a la Palabra de Dios como proveniente «de la boca de DIos», diciéndole al tentador: «No sólo de pan vive el hombre, si no de toda palabra que sale de la boca de Dios) (Mateo 4:4).

FUERON LOS ESCRITORES BÍBLICOS SIMPLES SECRETARIOS DEL ESPIRITU SANTO?

Los autores bíblicos no se limitaron a transcribir lo que Dios les dictaba. Ellos no fueron meros secretarios o autómatas, sino que, con fidelidad, anunciaron todo el mensaje de Dios sin agregar ni quitar nada (Proverbios 30:6; Apocalipsis 22:18- 19). Dios usó las personalidades individuales, sus vocabularios, los estilos literarios y deseos conscientes de los autores bíblicos para producir su Palabra. Por lo tanto, si bien se originaron completamente de Dios, las palabras de las Escrituras también son humanas y escritas en idiomas particulares (hebreo, griego, arameo), expresadas en formas literarias humanas determinadas que incluyen la narrativa (1 y 2 Samuel), la poesía (Salmos) y las parábolas (los Evangelios), así como la metáfora (Juan 15:1-8), la alegoría (Gálatas 4:21-5:1), e hipérbole (Salmo 6:6; Lucas 14:26). No obstante, el producto final es exactamente como Dios lo ordenó y en su providencia lo determinó: la Palabra de Dios con autoridad divina, infalible

y exenta de error; porque la Escritura «no puede ser quebrantada» (Juan 10:35), y «ni una letra ni una tilde de la ley desaparecerán» (Mateo 5:18). Es «la verdad» (Juan 17:17) que viene de aquel que se nos dice que «es imposible que Dios mienta» (Hebreos 6:18). En resumidas cuentas, todo lo que afirma está exento de error, no solo en lo que respecta a asuntos espirituales sino también a cuestiones de ciencia (Mateo 19:12; Juan 3:12) y de historia (Mateo 12:40-42; 24:37) En suma, los escritores bíblicos fueron seres humanos a quienes Dios eligió para ser sus voceros mediante el uso de lenguas humanas y formas literarias.

¿QUÉ ERA UN PROFETA EN LOS TIEMPOS BÍBLICOS?

Los autores bíblicos fueron profetas y apóstoles de Dios. Hay muchas referencias a los profetas que nos revelan cuál era su papel en la creación de las Escrituras. Entre otras cosas, se nos dice que fueron:

• Hombres de Dios (1 Reyes 12:22), lo que significa que los había elegido.

-Siervos del Señor (1 Reyes 14:18), para indicar que eran fieles a él.

• Mensajeros del Señor (Isaías 42:19), para mostrar que los había enviado.

• Videntes o visionarios (Isaías 30:10), para revelar que sus visiones eran de él.

  • Llenos del Espíritu del Señor (Oseas 9:7; Miqueas 3:8), para que se supiera que hablaban por el Espíritu deDios.

• Centinelas (Ezequiel 3:17), para reflejar que estaban atentos a Dios.

• Profetas (que es como comúnmente se llamaban), una indicación de que eran los voceros de Dios.

En suma, un profeta habla en nombre de Dios; es una persona elegida y preparada por él, un instrumento en sus manos para transmitir su palabra a su pueblo.

¿PODÍAN LOS PROFETAS AGREGAR IDEAS PERSONALES AL MENSAJE DE DIOS?

No. Les estaba prohibido. Dios dijo: «No añadan ni quiten palabra alguna a esto que.yo les ordeno» (Deuteronomio 4:2). Así se le ordenó a Jeremías: «Así dice el Señor: “Párate en el atrio de la casa del Señor, y di todas las palabras que yo te ordene … No omitas ni una sola palabra”» (Jeremías 26:2).

La naturaleza de un profeta bíblico era la garantía que no agregaría sus ideas al mensaje de Dios porque debía hablar «todo lo que el Señor le había dicho» (Exodo 4:30). DIOS le dijo a Moisés, hablando del profeta: «Pondré mis palabras en su boca, y él les dirá todo lo que yo le mande» (Deuteronomio 18:18). Y Amós escribió: «Habla el Señor omnipotente; ¿quién no profetizará?» (Amós 3:8). O sea que un profeta era alguien que decía lo que Dios le ordenaba, ni más ni menos.

La naturaleza misma de un profeta exigía que la Escritura profética fuera exactamente lo que Dios quería decir a la humanidad. Y dado que la Biblia se presenta como tal de principio a fin (Mateo 5:17,18; 2 Pedro 1:20,21; Apocalipsis 22:19), debe, mas considerar que el registro histórico de los profetas era inspirada por Dios. De hecho, esto es lo que el profeta Zacarías declaró cuando escribió: «Para no oír las instrucciones ni las palabras que por medio de los antiguos profetas el Señor Todopoderoso había enviado con su Espíritu, endurecieron su corazón como el diamante. Por lo tanto, el Señor Todopoderoso se llenó de ira» (Zacarías 7:12).

¿CÓMO RECIBÍAN LOS PROFETAS SUS MENSAJES DE PARTE DE DIOS?

De diversas maneras. Algunos, por medio de sueños (Génesis 37:1,11); otros, tenían visiones (Daniel 7); y algunos, escuchaban una voz audible (1 Samuel 3) o una voz interior (Oseas 1; Joel 1); otros, recibían revelaciones de ángeles (Génesis 19:1,29); algunos, por medio de milagros (Éxodo 3); y otros, echando suertes (Proverbios 16:33). El sumo sacerdote usaba unas piedras preciosas, conocidas como «urim y el tumim» (Éxodo 28:30). A otros, Dios les habló a través de la naturaleza, mientras meditaban sobre su revelación (Salmo 8; 19:1,6). Por diversos medios, como lo expresa el autor de la carta a los Hebreos: «Dios, que muchas veces y de varias maneras habló a nuestros antepasados en otras épocas por medio de los profetas» (Hebreos 1:1).

NORMAN GEISLER.

Publicado por Pastor: Damián Ayala


¿CÓMO SABEMOS QUE EL NUEVO TESTAMENTO ESTÁ COMPLETO?

¿CÓMO SABEMOS QUE EL NUEVO TESTAMENTO ESTÁ COMPLETO?

Publicado por Pastor Damián Ayala

El Nuevo Testamento se escribió entre los años 50 y 90   d.C. Hay varios  indicios que apoyan la convicción evangélica de que el Canon del Nuevo Testamento está cerrado. Jesús prometió un canon cerrado cuando limitó la autoridad de enseñanza a los apóstoles, y todos ellos habían muerto hacia fines del primer siglo.

¿QUÉ PROMETIÓ JESÚS ACERCA DE LA FORMACIÓN DEL NUEVO TESTAMENTO?

El Nuevo Testamento indica claramente que la revelación de Jesús a los apóstoles completaría la revelación bíblica. Jesús fue la revelación plena y completa del Antiguo Testamento. En el Sermón del Monte, dijo, con referencia a todo el Antiguo Testamento: «No piensen que he venido a anular la ley o los profetas; no he venido a anularlos sino a darles cumplimiento» (Mateo 5:17). De hecho, la epístola a los Hebreos enseña que Jesús fue la plenitud y culminación de la revelación de Dios en los «días finales». El autor de este libro escribió:

«Dios, que muchas veces y de varias maneras habló a nuestros antepasados en otras épocas por medio de los profetas, en estos días finales, nos ha hablado por medio de su Hijo. A este lo designó heredero de todo, y por medio de él hizo el universo. El Hijo es el resplandor de la gloria de Dios, la fiel imagen de lo que él es, y el que sostiene todas las cosas con su palabra poderosa» (Hebreos 1:1~3).

Además, este mismo autor dice que Jesús fue «superior» a los ángeles (1:4), una «esperanza mejor» que la ley ( 7:19), y «mejor» que la ley y el sacerdocio del Antiguo Testamento (9:23). De hecho, se nos dice que su revelación y redención es eterna (c. 5:9; 9:12,15) y de una vez y para siempre (c. 9:28; 10:12-14). Jesús fue, entonces, la revelación completa y final de Dios a la humanidad. Solo él podía decir: «El que me ha visto a mí, ha visto al Padre» (Juan 14:9). Y solo de Jesucristo podría decirse que «toda la plenitud de la divinidad habita en forma corporal en Cristo» (Colosenses 2:9).

¿QUÉ DIJERON LOS APÓSTOLES DE JESÚS ACERCA DEL NUEVO TESTAMENTO?

Jesús eligió, comisionó y habilitó a doce apóstoles (Hebreos 2:3~4) a enseñar la revelación plena y completa que él les había dado (Mateo 10:1). Y antes de dejar este mundo, Jesús prometió que guiaría a sus apóstoles en toda verdad: «El Espíritu Santo … les enseñará todas las cosas y les hará recordar todo lo que les he dicho» (Juan 14:26); y más adelante: «Pero cuando venga el Espíritu de la verdad, él los guiará a toda la verdad» (Juan 16:13). Por eso se dice que la iglesia ha sido edificada «sobre el fundamento de los apóstoles y los profetas» (Efesios 2:20) y que al principio las personas que se unían a la iglesia «se mantenían firmes en la enseñanza de los apóstoles» (Hechos 2:42). Si los apóstoles de Jesús no enseñaron esta revelación completa de Dios, Jesús se equivocó. Pero, como Hijo de Dios, no podía equivocarse con respecto a lo que enseñaba. Por lo tanto, la plenitud y culminación de la revelación de Dios en Jesucristo fue dada por los apóstoles. Los apóstoles de Jesús vivieron y murieron en el curso del primer siglo. Por lo tanto, el registro de esta revelación completa y final de Jesús a los apóstoles se completó en el primer siglo. De hecho, uno de los requisitos para que fuera apóstol era que hubiera sido testigo ocular de la resurrección de Jesús, que ocurrió en el primer siglo (cf. Hechos 1:22). Cualquiera que hubiera vivido después de ese tiempo estaría en la categoría de «falsos apóstoles» (2 Corintios 11:13). Cuando la autoridad como apóstol de Pablo se puso en tela de juicio, él respondió: «¿No soy apóstol? ¿No he visto a Jesús nuestro Señor?» (1 Corintios 9:1). De hecho, se lo menciona junto con los otros apóstoles como el último que vio a Cristo resucitado (d. 1 Corintios 15:6~8).

¿SE PRESERVARON TODOS LOS ESCRITOS APOSTÓLICOS Y PROFÉTICOS EN EL NUEVO TEST AMENTO?

¿CONSERVÓ CON CUIDADO LA IGLESIA TODO EL NUEVO TESTAMENTO?

La iglesia ha conservado todo el Nuevo Testamento. La providencia de Dios no solo ha prometido conservar todos los libros inspirados, sino que la conservación de estos, llevada a cabo por la iglesia, se confirma de diversas maneras.

En primer lugar, desde los primeros tiempos estos libros han estado reunidos en una colección. Ya en el Nuevo Testamento hay indicios de que este proceso de conservación se había puesto en marcha. Lucas hace referencia a otros registros escritos (Lucas 1:1-4), posiblemente se traten de los Evangelios de Mateo y Marcos. En la primera carta de Pablo a Timoteo (5:18), él hace una referencia del Evangelio de Lucas (10:7). Pedro hace referencia a una colección de cartas de Pablo (2 Pedro 3:15-16). En su primera carta a los Tesalonicenses, Pablo les encargo que la leyeran «a todos los hermanos» (5:27), y luego instruyó a la iglesia de Calosas: «Una vez que se les haya leído a ustedes esta carta, que se lea también en la iglesia de Laodicea, y ustedes lean la carta dirigida a esa iglesia» (Colosenses 4:16). Judas (6-7) aparentemente tenía acceso a la segunda carta de Pedro (2 Pedro 2:4-6). Y Apocalipsis, la revelación de Juan, circulaba entre las iglesias de Asia Menor (1:4). La iglesia apostólica intervino, por imperativo divino, en la conservación de los escritos apostólicos. En segundo lugar, los contemporáneos de los apóstoles mostraron un conocimiento de los escritos de sus mentores y los citaron prolíficamente. Siguiendo su ejemplo, los padres de la iglesia de los siglos segundo a cuarto citaron el Nuevo Testamento 36.289 veces, incluyendo todos los versículos ¡excepto solo once de ellos! Incluyeron 19.368 citas de los Evangelios, 1.352 citas de Hechos, 14.035 de las epístolas de Pablo, 870 citas de las epístolas generales, y 664 de Apocalipsis.18 Solo entre los padres de la iglesia del segundo siglo, hay citas a todos los principales libros del Nuevo Testamento, con excepción de uno menor (la tercera epístola de Juan, posiblemente porque no tuvieron oportunidad de citarlo). Esto revela no solo su gran respeto por los escritos de los apóstoles sino también su deseo ferviente de conservar las palabras escritas.

En tercer lugar, frente a los cuestionamientos de las enseñanzas heréticas, como las de Marcia el gnóstico, que rechazaba todo el Nuevo Testamento salvo parte de Lucas y diez de las cartas de Pablo (aceptaba todas las cartas excepto las de 1 y 2 TImoteo y Tito), la iglesia respondió definiendo oficialmente la extensión del Canon. Hay listas de los libros apostólicos y colecciones de los escritos hechos desde los primeros tiempos, desde comienzos del siglo segundo. Entre estas se incluyen las listas de Alejandría (170 d.C.), la Apostólica (alrededor del año 300 d. C.), la de Cheltenham (alrededor del año 360 d.C.), y la de Atanasio (367 d.C.), así como la traducción al latín primitivo (alrededor del año 200 d.C.). Este proceso culminó hacia fines del siglo cuarto y principios del siglo quinto, con los Concilios de Hipona (393 d.C.) y de Cartago (410 d.C.), en los que se enumeraron los veintisiete libros que formaban el Canon completo del Nuevo Testamento. Todos los católicos, los protestantes y los anglicanos han aceptado que este fue el veredicto permanente de la Iglesia. Los protestantes evangélicos concuerdan con que el Canon está cerrado.

NORMAN GEISLER


¿ESTÁ COMPLETO EL ANTIGUO TESTAMENTO?

¿ESTÁ COMPLETO EL ANTIGUO TESTAMENTO?

Sí está completo y hay varios factores que confirman este hecho; entre éstos el testimonio del judaísmo, el testimonio de Cristo y el testimonio de la Iglesia Cristiana (véase las siguientes preguntas).

¿CUÁL ES EL TESTIMONIO DEL JUDAÍSMO CON RESPECTO A LO COMPLETO DEL ANTIGUO TEST AMENTO?

El Antiguo Testamento son las Escrituras judías. Fue escrito por judíos y para los judíos, y éstos eruditos reconocen unánimemente que los veinticuatro libros son idénticos a los treinta y nueve libros del Antiguo Testamento protestante; la diferencia radica en la numeración. Estos libros comprenden la totalidad del Canon Judío basándose en varias consideraciones. En primer lugar, el hecho de que los libros se combinen de maneras determinadas para formar veinticuatro (o veintidós) libros, revela que se considera que están todos, dado que esta es la cantidad de letras del alfabeto hebreo completo (hay dos letras dobles, lo que explica que pueda alternarse entre veintidós y veinticuatro). La diferencia entre los veinticuatro libros (la cantidad de libros en la Biblia judía de hoy) y los treinta y nueve que figuran en nuestro Antiguo Testamento se debe a que los doce profetas menores están reunidos en un solo libro, y los primeros y segundos libros de 1y2Samuel, 1y2Reyes,y 1y2 Crónicas se agrupan en uno solo también, así como Esdras y Nehemías. Algunas fuentes judías, como Josefa, los agrupan para formar veintidós libros (la cantidad exacta de letras en el alfabeto hebreo). Esta manera de numerarlos nos indica que ellos creían que su Canon estaba completo. Además, hay afirmaciones explícitas en el judaísmo que afirman que el Canon está completo. Josefo afirmó: «desde Artajerjes (en los días de Malaquías, alrededor del año 400 a.c.) hasta nuestro tiempo todo ha sido registrado pero no se lo ha considerado digno de igual crédito que aquello que lo precedió, porque había cesado la sucesión exacta de los profetas». El Talmud judío agrega: «Después de los últimos profetas, Hageo, Zacarías y Malaquías, el Espíritu Santo se apartó de Israel».Por último, los eruditos judíos, como Filo y Josefo, los de Jamnia (la ciudad judía de la erudición entre los años 70 y 132 d.C.) y el Talmud concuerdan en la cantidad de libros de su Canon. Ninguna rama del judaísmo ha aceptado otros libros ni rechazado ninguno de los treinta y nueve (o veinticuatro) del Antiguo Testamento protestante. El Canon judío se considera completo y cerrado, y está compuesto exactamente por los mismos libros que el Canon Evangélico del Antiguo Testamento.

¿QUÉ DIJO JESÚS ACERCA DE LA FORMA COMPLETA DEL ANTIGUO TESTAMENTO?

Jesús confirmó de diversas maneras que el Canon del Antiguo Testamento estaba completo. Cuando citó las Antiguas Escrituras, en ninguna ocasión citó algún otro libro que no estuviera entre los veinticuatro (o treinta y nueve) libros canónicos del Antiguo Testamento judío. Aun más, citó de todas las principales secciones del Antiguo Testamento, tanto de la Ley como de los Profetas, así como de la división de los Profetas, conocida genéricamente como «los Escritos». Sin embargo, no citó nunca ninguno de los libros conocidos como los apócrifos. Además, en Mateo 23:35, Jesús definió los límites del canon del Antiguo Testamento diciendo que terminaba en 2 Crónicas (el último libro del Antiguo Testamento judío) cuando usó la frase: «desde la sangre del justo Abel (Génesis 4) hasta la de Zacarías (2 Crónicas 24:20~22)>> . Esta frase era el equivalente judío de la frase cristiana «desde Génesis al Apocalipsis», una indicación de que el Canon Judío de las Escrituras estaba completo. Además, Jesús usó frases como «la ley o los profetas» (Mateo 5:17) y «comenzando por Moisés y por todos los profetas» (Lucas 24:27), para indicar que el Canon de las Escrituras Judías estaba completo. En realidad, Jesús usó esta frase en conjunción con esta otra:

«todas las Escrituras» (Lucas 24:27). Como un judío fiel, Jesús, que no había «venido a anular la ley o los profetas» (Mateo 5:17), aceptó el mismo Canon Judío, que siempre ha estado formado por los mismos libros, como los treinta y nueve libros del Antiguo Testamento protestante.

¿QUÉ DIJERON LOS CRISTIANOS PRIMITIVOS ACERCA DE LO COMPLETO DEL ANTIGUO TESTAMENTO?

Los primeros cristianos manifestaron su aceptación del Canon Judío de diversas maneras. En primer lugar, citaban los libros como si fueran parte de las Escrituras. Con excepción de Orígenes, el maestro hereje, el consenso entre los padres de la iglesia, de los primeros cuatro siglos, era en apoyo de los libros que formaban el Antiguo Testamento judío y nada más. Cuando se citaban los libros apócrifos, no se les atribuía la misma autoridad divina que a los restantes treinta y nueve libros canónicos. En cambio, se recurría a éstos de manera similar al empleo que Pablo hacía de los pensadores griegos no inspirados (p.ej. Hechos 17:28; 1 Corintios 15:33; Tito 1:12; o en la seudografía, los escritos falsos mencionados en Judas 9,14) cuando citaba verdades contenidas en éstos, pero sin atribuirles inspiración. Incluso Agustín, cuya influencia condujo a muchos después de él a aceptar los libros Deuterocanónicos del Antiguo Testamento, reconoció que estos libros no estaban incluidos en el Canon Judío.

La mayoría de las supuestas citas a los apócrifos de parte de los primeros escritores no respaldan la inspiración de estos libros Deuterocanónicos. Roger Beckwith, el notable estudioso del Canon, hace la siguiente observación:

«Al examinar los pasajes escritos por los padres de la Iglesia Primitiva, que supuestamente establecen la canonicidad de los libros apócrifos, nos encontramos con que algunos de estos fueron tomados del texto alternativo de Esdras (1 Esdras) o son apéndices agregados a Daniel, Jeremías o algún otro libro canónico, que … no son realmente importantes; que otros no son ni siquiera citas de los libros apócrifos; y que, en aquellos casos que sí lo son, la mayoría no aporta ninguna indicación de que el libro haya sido considerado parte de la Escritura».

¿AGREGÓ LA IGLESIA CATÓLICA ROMANA OTROS LIBROS AL ANTIGUO TESTAMENTO JUDAICO?

. Estos libros, conocidos como los libros apócrifos o Deuterocanónicos, se escribieron entre los años 250 a.c. y 150 d.C. Fueron escritos por judíos acerca de su historia y religión durante el período intertestamentario, pero no declaran ser inspirados, ni el judaísmo los aceptó de esa manera. No obstante, las autoridades de la Iglesia Católica Romana incorporaron once de estos libros apócrifos a la Biblia conforme a la supuesta infalible declaración del Concilio de Trento (1546 d.C.).

Los protestantes rechazan la inclusión de los libros apócrifos porque:

• Estos libros no declaran haber sido inspirados. • No fueron escritos por profetas. • No hubo milagros que los confirmaran. • No contienen ninguna profecía sobrenatural nueva. • Contienen enseñanzas falsas y errores.

• Nunca fueron aceptados por el judaísmo como libros inspirados.

• El Nuevo Testamento en ningún caso los cita como parte de las Escrituras. Jesús aceptó y confirmó el Canon Judío, conocido como la Ley y los profetas (cf. Mateo 5:17-18; Lucas 24:27).

• Fueron rechazados por la mayoría de los principales padres de la Iglesia Primitiva, incluso por Jerónimo el gran erudito bíblico de la Iglesia Católica Romana.

• Su aceptación de parte de los católicos romanos se basó en criterios débiles, aduciendo razones de uso por parte de los cristianos y no porque hubieran sido escritos por algún profeta o apóstol (cf. Juan 14:26; 16:13; Efesios 2:20; Hebreos 1:1; 2:3-4).

POR: NORMAN GEISLER

Publicado por Pastor: Damián Ayala


¿POR QUÉ LOS LIBROS SAGRADOS DE OTRAS RELIGIONES NO PUEDEN TENER ORIGEN DIVINO?

¿POR QUÉ LOS LIBROS SAGRADOS DE OTRAS RELIGIONES NO PUEDEN TENER ORIGEN DIVINO?

En nuestra sociedad multicultural y pluralista, la gente suele creer que todas las religiones son verdaderas. «¿Por qué suponer que solo el libro sagrado de una religión proviene de Dios?», preguntan. «¿Por qué no habrían de representar todos los libros la verdad?». Pues porque enseñan cosas contradictorias, y la contradicción no puede ser verdad. Por ejemplo, si George Washington fue el primer presidente de los Estados Unidos de América, entonces no puede ser también verdad que Thomas Jefferson haya sido el primer presidente del mismo país.

De manera similar, si la Biblia declara que Jesús murió en una cruz y que resucitó corporalmente de entre los muertos al tercer día (1 Corintios 15:1,6) y el Corán enseña que esto no fue así ( Sura 4:157), ambos libros no pueden ser verdad con respecto a esta enseñanza crucial. Uno de éstos comete un error. Además, si los escritos de Joseph Smith enseñan que hay muchos dioses (politeísmo), como así lo hacen, la Biblia declara que hay solo un Dios, como lo afirma (Deuteronomio 6:4; 1 Corintios 8:4), ambos libros no podrían estar diciendo la verdad. Si la Biblia dice la verdad, Smith está equivocado; si él está en lo cierto, es la Biblia la que se equivoca.

¿ES TENER MENTE ESTRECHA CREER QUE LA VERDAD ESTÁ SOLAMENTE EN UNA RELIGIÓN?

El cristianismo no pretende decir que no haya nada de verdad en los libros de otras religiones no cristianas. Se limita a afirmar que la Biblia es verdad y que todo lo que la contradiga es falso. Hay muchas cosas buenas y verdaderas en las religiones no cristianas. Por ejemplo, Confucio dijo: «No hagas a otros lo que no quieras que te hagan a ti», que algunos llaman la regla de oro negativa. Esto en nada contradice la regla de oro de Jesús, expresada afirmativamente: «Así que en todo traten ustedes a los demás tal y como quieren que ellos los traten a ustedes. De hecho, esto es la ley y los profetas» (Mateo 7:12). El budismo y la mayoría de las religiones también coinciden con el cristianismo en enseñar que debemos respetar a nuestros padres y que matar a otros está mal. El cristianismo no enseña que solo la Biblia contenga la verdad sino que se limita a afirmar que la Biblia es verdad y que todo lo que contradiga lo que dice es falso, porque dos cosas contradictorias no pueden ser ambas verdad.

NORMAN GEISLER.

Publicado por Damián Ayala.

Conclusion: Toda la Biblia se encarga de dejar bien claro que Jesús es el único camino a Dios, que es la verdad y la vida, es por eso que en ningún otro nombre, hay salvación. Los budistas, los musulmanes, el Hinduistas y mormones, testigos de Jehová, y todo el que no profese y crea que Jesús es el redentor y salvador, terminara en el infierno… aunque no les agrade escucharlo.


¿CUÁLES SON LAS PRUEBAS PARA IDENTIFICAR A UN FALSO PROFETA?

Publicado por Pastor Damián Ayala.

Hermanos y amigos y para no inventar la rueda otra vez seguimos con Norman Geisler.

¿CUÁLES SON LAS PRUEBAS PARA IDENTIFICAR A UN FALSO PROFETA?

La Biblia señala que hay varias pruebas para discernir a los falsos profetas. En los siguientes pasajes menciono solo algunas de estas pruebas.

En el libro de Deuteronomio, Moisés declara:

«Cuando en medio de ti aparezca algún profeta o visionario, y anuncie algún prodigio o señal milagrosa, si esa señal o prodigio se cumple y [1] él te dice: “Vayamos a rendir culto a otros dioses”, dioses que no has conocido, no prestes atención a las palabras de ese profeta o visionario. El Señor tu Dios te estará probando para saber si lo amas con todo el corazón y con toda el alma» (Deuteronomio 13:1,3, é.a).

(Comentario de Damián Ayala: Hermanos y amigos, aunque le prometan el milagrito ojo el milagro mas grande es la salvación de tu alma  y ese fuego solo puede venir del que Vive Jesús el que reina.

“Nadie entre los tuyos deberá [2] sacrificar a su hijo o hija en el fuego; [3] ni practicar adivinación, [4] brujería o [5] hechicería; [6 ni hacer conjuros, [7 servir de médium espiritista ([8] agorero o [9 mago) o [10] consultar a los muertos.

» Pero el profeta que se atreva a hablar en mi nombre y diga algo que yo no le haya mandado decir, morirá. La misma suerte correrá el profeta que [11] hable en nombre de otros dioses. »Tal vez te preguntes: “¿Cómo podré reconocer un mensaje que no provenga del Señor?” [12] Si lo que el profeta proclame en nombre del Señor no se cumple ni se realiza, será señal de que su mensaje no proviene del Señor. Ese profeta habrá hablado con presunción. No le temas». (Deuteronomio 18:10-11, 20-22, é.a).

(Comentario de Damián Ayala. Hermanos, estamos rodeados de estos tipos, ojo pues unos se la alucinan que son profetas y otros son verdaderamente falsos, que atentan contra el cuerpo de Cristo. en si los dos son falsos.

La Biblia también condena a los que recurren a la [13] astrología (cf. Éxodo 22: 18; Levítico 19:26,31; 20:6; Jeremías 27:9; Ezequiel 13:7,18).

En el Nuevo Testamento, Pablo aumentó esta lista con las siguientes instrucciones a

Timoteo:

«El Espíritu dice claramente que, en los últimos tiempos, algunos [14] abandonarán la fe para seguir a [15] inspiraciones engañosas y doctrinas diabólicas. Tales enseñanzas provienen de [16] embusteros hipócritas, que tienen la conciencia encallecida. [17] “Prohíben el matrimonio y [18] no permiten comer ciertos alimentos que Dios ha creado para que los creyentes, conocedores de la verdad, los coman con acción de gracias» (1 TImoteo 4:1-3, é.a)”

Pablo usó otra prueba cuando dijo: «[19] Pero aun si alguno de nosotros o un ángel del cielo les predicara un evangelio distinto del que les hemos predicado, ¡que caiga bajo maldición!» (Gálatas 1:8, é.a).

Por último, tenemos el siguiente pasaje de Juan:

«Queridos hermanos, no crean a cualquiera que pretenda estar inspirado por el Espíritu, sino sométanlo a prueba para ver si es de Dios, porque han salido por el mundo muchos falsos profetas. [20] En esto pueden discernir quién tiene el Espíritu de Dios: todo profeta que reconoce que Jesucristo ha venido en cuerpo humano, es de Dios; todo profeta que no reconoce a Jesús, no es de Dios sino del anticristo. Ustedes han oído que este viene; en efecto, ya está en el mundo» (1 Juan 4:1-3, é.a).

¿CÓMO SALEN EVALUADOS LOS AUTORES BÍBLICOS CUANDO SE LOS SOMETE A ESTE TIPO DE PRUEBAS?

Están a la altura de estas pruebas. De hecho, fueron quienes determinaron las pruebas anteriormente mencionadas. Una de las pruebas más claras y definitivas era la capacidad de realizar milagros para respaldar sus anuncios. Moisés los realizó para confirmar que era enviado de Dios ( Éxodo 4-12). Los apóstoles también los realizaron ( Mateo 10:1-8), así como Jesús (Juan 3:2; 20:30; Hebreos 2:3-4). Pablo se valió de milagros para probar que también era apóstol de Dios, cuando dijo: «Las marcas distintivas de un apóstol, tales como señales, prodigios y milagros, se dieron constantemente entre ustedes» (2 Corintios 12:12).

NORMAN GEISLER.