Que vigiléis a los que les alejan de la verdad

Que vigiléis a los que les alejan de la verdad

Por: John Piper

Romanos 16:17–20

Y os ruego, hermanos, que vigiléis a los que causan disensiones y tropiezos contra las enseñanzas que vosotros aprendisteis, y que os apartéis de ellos. 18 Porque los tales son esclavos, no de Cristo nuestro Señor, sino de sus propios apetitos, y por medio de palabras suaves y lisonjeras engañan los corazones de los ingenuos. 19 Porque la noticia de vuestra obediencia se ha extendido a todos; por tanto, me regocijo por vosotros, pero quiero que seáis sabios para lo bueno e inocentes para lo malo. 20 Y el Dios de paz aplastará pronto a Satanás debajo de vuestros pies. La gracia de nuestro Señor Jesucristo sea con vosotros

Me recuerdo hablando con un sabio líder de una gran organización misionera acerca de la fidelidad doctrinal, él dijo algo más o menos así: “Es crucial, y por tanto es unidad. Algunas personas enfatizan una, algunas enfatizan otras. Nuestra organización está compuesta por dos tipos de personas: Los jóvenes de la pureza y los jóvenes de la unidad”. Los jóvenes de la unidad, enfatizan naturalmente la belleza de las relaciones interpersonales y tienden a descuidar el énfasis de la verdad. Los jóvenes de la pureza, enfatizan naturalmente la belleza de la verdad y tienden a descuidar el énfasis en las relaciones interpersonales.

De hecho, probablemente usted podría clasificar a las personas, las iglesias, las denominaciones, las instituciones, y los movimientos en la iglesia evangélica de hoy (incluso en la sociedad en general) según estas posiciones: Están los que enfatizan la pureza doctrinal, y están aquellos que enfatizan la unidad en las relaciones interpersonales.

Amando a las Personas y Amando la Verdad

Espero que se sientan incómodos con esta descripción. Un buen impulso dentro de ustedes podría estar diciendo ahora mismo: “¿Tenemos que escoger? ¿No pueden ser ambas? ¿Acaso no puede usted amar la verdad y amar a las personas?”. De hecho, el impulso sería más bíblico si pensaran: “Ni siquiera creo que pueda amar a las personas si no ama a la verdad. ¿Cómo puede hacer lo que es realmente bueno por las personas si no tiene ninguna enérgica convicción acerca de lo que realmente es bueno?”.

Y sin embargo, no podemos escapar de la realidad de que las personas en las iglesias, denominaciones, escuelas, y aún en períodos completos de la historia se inclinan hacia un lado o al otro. Creo que el período de la historia que vivimos no es un momento en que sea fácil amar la verdad. La crítica más común, si está firme en cuanto a una verdad importante, y sugiere por esa postura que otros deberían creerla, es que usted es arrogante, lo opuesto a ser amoroso (1ra a los Corintios 13:4), y por tanto está socavando las relaciones interpersonales.

Para muchos pensadores de hoy, el único sendero hacia las relaciones pacíficas en un mundo pluralista es la senda en que no hay una verdad que merezca la aprobación de todos. Casi parece tener sentido. Si nadie dice que lo que cree requiere la aprobación de todos, entonces podemos vivir juntos en paz. ¿No es cierto? Así que el pluralismo pacífico y la disminución de la importancia de la verdad van de la mano.

Pero no funciona así. Cuando no hay una verdad que merezca la aprobación de todos, el único árbitro entre nuestros deseos opuestos es el poder. Donde la verdad no define lo que es correcto, el poder lo hace. Y donde el poder define lo que es correcto, los débiles pagan con sus vidas. Cuando el clamor universal por la verdad desaparece, lo que se recibe no es el pluralismo pacífico o las amorosas relaciones interpersonales; lo que recibe son  campos de concentración y gulags.l

Pureza por el Bien de la Unidad

Quiero que lo vean en la Biblia –y lo sientan en sus huesos- la importancia de ser unos jóvenes puros con el fin de ser jóvenes en pro de la unidad. Quiero que vean y sientan cuán fuera de entorno está este texto en la actual cultura occidental. Éste ilustra una manera de pensar y vivir que la mayoría de nuestros compatriotas norteamericanos considerarían ofensivo, poco amoroso, fundamentalista, y anticuado. Es fundamentalmente un texto que resalta la pureza –un texto que llama a la vigilancia en las materias de la verdad y la doctrina. Pero no es solo eso, es también, de manera chocante, un texto que resalta la unidad. El objetivo de estar alertas por una buena enseñanza es evitar minimizar a Cristo y evitar la auto-exaltación que nos puede dividir.

Así que mi esperanza al predicar a partir de los versos 17 y 18 es que usted sea liberado de cualquier ceguera o cautiverio en este período en que vivimos y que minimiza el valor de la verdad. Y oro así, porque debido a esta libertad, usted podrá conocer lo que es amar a sus adversarios y tendrá el refrescante poder del evangelio para engrandecer a Cristo al mostrar ese amor.

Leamos nuevamente Romanos 16:17-18:

Y os ruego, hermanos, que vigiléis a los que causan disensiones y tropiezos contra las enseñanzas que vosotros aprendisteis, y que os apartéis de ellos. 18 Porque los tales son esclavos, no de Cristo nuestro Señor, sino de sus propios apetitos, y por medio de palabras suaves y lisonjeras engañan los corazones de los ingenuos.

El verso 17 da dos órdenes que parecen contradictorias, pero están relacionadas por una frase que muestra por qué no son contradictorias. Y el verso 18 da dos razones por las que estas dos órdenes son tan cruciales. Veamos primeramente las órdenes en el verso 17.

Que Vigiléis a Los Que Causan Disensiones

La primera orden en el verso 17 es vigilar a aquellos que causan divisiones y crean obstáculos o piedras de tropiezo: “Y os ruego, hermanos, que vigiléis a los que causan disensiones y tropiezos”. Por tanto, está claro según este mandamiento que a Pablo le interesa la unidad. Quiere promover la unidad. Que vigiléis a los que causan disensiones.Son enemigos de la unidad. Vigílenles, no quiero que tengan ese efecto en ustedes.

Que os Apartéis de Ellos

El segundo mandamiento en el verso 17 es que nos apartemos de estas personas. Vea la última frase en el verso: “que os apartéis de ellos”. Manténganse alejados de ellos. Ahora, la razón por la que digo que estos dos mandamientos suenan contradictorios es que el primero está dirigido a satisfacer una pasión por la unidad: Que vigiléis a los que causan disensiones. Y la segunda es, de hecho, un llamado a la división. Cuando descubras a una persona que causa divisiones, sepárate de ella. Apártate de ella.

La Línea Divisora de la Enseñanza

¿Qué relación existe entonces entre estos dos mandamientos que nos ayude a ver que no son verdaderamente contradictorios? Es la referencia que hace Pablo a la enseñanza. Verso 17: “Y os ruego, hermanos, que vigiléis a los que causan disensiones y tropiezoscontra las enseñanzas que vosotros aprendisteis”. El asunto aquí no es el mismo que aparece en el capítulo 14 donde Pablo está lidiando con convicciones diferentes acerca de cuestiones que no son esenciales. Allí dijo, en el verso 5, “Cada cual esté plenamente convencido según su propio sentir”. En el capítulo 14 no se habla nada acerca de apartarse de las personas. Toda la idea era ayudar a los cristianos débiles y a los fuertes a vivirjuntos en entendimiento y respeto mutuo.

Pero ahora, aquí en Romanos 16:17, el enfoque es dramáticamente diferente. Aquí Pablo dice: apártense de ellos, sepárense de ellos. ¿Por qué? Porque están promoviendo una doctrina contraria a lo que habían aprendido. Ahora, la respuesta de Pablo pudiera haber sido: Bien, nadie tiene toda la verdad, y cada persona tiene un fragmento de ella, y la unidad es más importante que la verdad, por tanto no se separen. Y nosotros diríamos: Ese deseo no es del todo malo ¿no es cierto? La unidad es algo bueno. Pablo está interesado en ella, su primer mandamiento es: vigilar a los que causan disensiones.

La División Establecida Sobre la Verdad, por el bien de la Unidad Establecida Sobre la Verdad

Pero esa no es la manera en que respondió a esta situación. En lugar de eso, por el bien de la unidad (entiéndase: la unidad establecida sobre la verdad) Pablo hace un llamado a la división establecida sobre la verdad. Apártense de ellos. No sé de qué manera podría Pablo ser más claro al mostrar cómo relacionaba la enseñanza con la unidad. Para Pablo, la enseñanza o doctrina es la base de la unidad. Sin la enseñanza común que habían aprendido, la unidad no hubiera sido unidad cristiana. Por eso él está dispuesto a convocar a la desunión establecida sobre la verdad (apártense de ellos, sepárense de ellos) por amor a la unidad establecida sobre la verdad.

En otras palabras, para Pablo, cuando una persona se separa de la enseñanza que los apóstoles han dado, la amenaza es mayor que la desunión causada por la separación de esas personas. Si decimos: ¿cómo puede ser esto? ¿Cómo puede ser que separarnos de un falso maestro que se ha levantado en la iglesia promueva la unidad dentro de la misma iglesia? La respuesta es que la única unidad que cuenta para la iglesia es la que tiene sus raíces en la enseñanza común de los apóstoles. Aislar a los falsos maestros –evitarlos- es la estrategia de Pablo para preservar la unidad que está basada en la verdadera enseñanza.

El Gozo en la Verdad es Primordial

Hagamos ahora una pausa aquí antes de buscar en el verso 18, las razones por las que estos mandamientos existen. Quiero hacer una aclaración acerca de estos dos mandamientos y la enseñanza que los interrelaciona.

Primero, en relación al mandamiento de “que vigiléis a los que causan disensiones y tropiezos contra las enseñanzas que vosotros aprendisteis”, es posible que nos vayamos a los extremos. Tengo dudas, aun cuando lo digo, ya que no creo que esta sea la tentación de la mayoría de los cristianos de hoy. Pero es posible, y existen iglesias y personas que se van a los extremos.

Lo que quiero decir es que se obsesionan tanto con la detección de errores doctrinales que pierden la habilidad de regocijarse en la verdad doctrinal. Son como perros que son tan bien entrenados para oler las drogas en el aeropuerto que aun cuando están fuera de servicio saludan a todos de esa manera. Eso no contribuye a crear una atmósfera muy agradable.

El libro de los Romanos no comete este error. Periódicamente Pablo advierte contra los errores doctrinales o éticos. Sin embargo, la mayor parte de Romanos es una gloriosa demostración de la obra de Cristo por nosotros y en nosotros. Pidamos, por tanto, al Señor que nos ayude a mantener el equilibrio en esa misma posición. Esto es lo que debemos: “que vigiléis a los que causan disensiones y tropiezos contra las enseñanzas que vosotros aprendisteis”. Pero esto no es lo más importante que haremos. Vigilar el error es necesario, pero regocijarnos en la verdad es primordial.

Existe un Cuerpo de Doctrinas Definido

Segundo, con relación a la enseñanza o doctrina, no pierda de vista lo que es obvio: Existe un cuerpo doctrinal contra el que nadie puede ir. Verso 17: “que vigiléis a los que causan disensiones y tropiezos contra las enseñanzas que vosotros aprendisteis”. Existe una enseñanza convencional. Existe algo de lo que no nos podemos separar. Pablo se refiere a ello de muchas maneras. En Romanos 6:17, lo llama forma de doctrina: “os hicisteis obedientes de corazón a aquella forma de doctrina a la que fuisteis entregados”. En 2da a Timoteo 1:13-14, la norma de las palabras sanas y el tesoro: “Retén la norma de las palabras sanas que has oído de mí, en la fe y el amor en Cristo Jesús. 14 Guarda, mediante el Espíritu Santo que habita en nosotros, el tesoro que te ha sido encomendado”. En Hechos 20:27, lo llama todo el propósito de Dios: “pues no rehuí declarar a vosotros todo el propósito de Dios”

Así que existe un cuerpo, o norma, o forma de la doctrina escuchada. El peligro aquí es, por supuesto, que no debemos añadirle a esta categoría todas las opiniones que existen sobre cientos de versos bíblicos, para que no haya ningún desacuerdo (vea Filipenses 3:15). La norma de las palabras sanas sería un fiel resumen de las verdades bíblicas esenciales determinadas por el grado de importancia en que expresan y preservan la historia de la redención, la naturaleza y condición del hombre, la naturaleza y obra de Cristo, la naturaleza y obra del Espíritu Santo, y la naturaleza y obra de Dios el Padre. Uno de los mayores retos en la búsqueda de la unidad es decidir qué pertenece a este cuerpo de doctrina cuando Pablo dice que si alguien se separa de él, debemos apartarnos de esa persona. Esto ha sido parte del trabajo de nuestros ancianos en el último año con referencia a la cuestión del bautismo. Y es en lo que todavía trabajamos.

Deje Espacio para Amar al Enemigo

Tercero, en relación al segundo mandamiento al final del verso 17 (que os apartéis de ellos), necesitamos estar seguros de dejar espacio para obedecer la enseñanza de Romanos 12 que dice que debemos “Bendecid a los que os persiguen” (v.14), y, “Si es posible, en cuanto de vosotros dependa, estad en paz con todos los hombres” (v.18), y así sucesivamente.

Apartarnos de alguien no significa: dejar de amarle, o dejar de orar por él, ni siquiera dejar de hablarle. Cuando Pedro actuó de manera contraria al evangelio en Gálatas 2, Pablo no se apartó de él en primera instancia. Primero le confrontó con el objetivo de traerle de vuelta. Este tipo de contacto no está prohibido, lo que Pablo manda aquí con las palabrasapartéis de ellos, no es eliminar todo contacto, sino el tipo de contacto que da a entender que la vida puede continuar como de costumbre. No puede. Si usted como un cristiano profesante, persiste en alejarse de la doctrina que enseñaron los apóstoles, simplemente no podemos pasar el tiempo juntos como antes.

Los Falsos Maestros Parecen Agradables

Esto nos lleva finalmente al verso 18 y a las dos razones que Pablo da para explicar por qué la vigilancia de la enseñanza es tan importante. Verso 18: “Porque los tales [las personas que se apartan de la doctrina] son esclavos, no de Cristo nuestro Señor, sino de sus propios apetitos, y por medio de palabras suaves y lisonjeras engañan los corazones de los ingenuos”

Tomemos el primeramente la segunda razón. Verso 18b: “por medio de palabras suaves y lisonjeras engañan los corazones de los ingenuos”. La palabra usada para ‘lisonjeras’ es simplemente ‘bendiciones’, y palabras suaves no significa necesariamente evidentemente resbaladizas. Significa simplemente placenteras y plausibles. Así que la razón por la que debemos ser tan vigilantes con relación a la enseñanza bíblica es que aquellos que se alejan de ella envuelven a los ingenuos con discursos placenteros y plausibles que se parecen ser una bendición. Los falsos maestros no obtienen seguidores siendo ásperos y rudos, obtienen seguidores siendo agradables.

Tomemos dos ejemplos de la historia: Arrio (336 d.C.) y Socino (1604 d.C.) quienes negaron la deidad de Cristo. Parker Williamson describe a Arrio de esta manera: Éste era un compañero brillante, enérgico y atractivo, del tipo de ciudadanos que cualquier Club Rotary2 recibiría con agrado. Cantaba canciones de marineros en las cantinas del muelle y enseñaba historias de la de Biblia a los fieles del miércoles en la noche, era un hombre inmensamente popular. Su historia nos recuerda que la herejía no nos golpea para que le creamos, nos seduce. (Parker T. Williamson, Standing Firm: Reclaiming the Chastain Faith in Times of Controversy [Lenoir, North Carolina: PLC Publications, 1996] p.31).3

otro escritor describe a Socino de esta manera:

Era un caballero. Su moral era irreprensible y se distinguía a sí mismo por su cortesía incondicional. Su cortesía incondicional era admirable en un tiempo en que aun los grandes líderes protestantes, Lutero y Calvino utilizaban el lenguaje callejero vulgar cuando argüían con sus oponentes.

Esto significa que rara vez será popular resistir a los falsos maestros en la iglesia, porque casi siempre son vistos como quienes traen bendiciones y hablan palabras de atractivas. Son caballeros, y Pablo dice que los inocentes son arrastrados por ellos. Por eso dice: Vigílenlos y apártense de ellos.

Los Falsos Maestros son Esclavos de Sus Propios Apetitos

La otra razón por la que la vigilancia de la enseñanza es tan importante, según Pablo (v.18a) es porque “los tales [los falsos maestros] son esclavos, no de Cristo nuestro Señor, sino de sus propios apetitos” –literalmente: de sus propios estómagos. En otras palabras, el asunto de la falsa enseñanza no es solo un error intelectual. Detrás de los discursos plausibles y las suaves y caballerosas maneras está la idolatría, y el ídolo es el estómago –el apetito por la comida, el sexo, o la aprobación humana. Detrás de una seria enseñanza falsa casi siempre encontraremos, no solo errores intelectuales, sino pasiones mundanas esclavizando la mente.

Que Vigiléis

Así que cierro con un llamado a vigilar. Vigilen a los que hablan suave, que pastorean inmensas iglesias, escriben muchos libros, dirigen grandes ministerios, y no aprecian claramente todo el propósito de Dios por encima de sus bienes terrenales.


1 Una prisión de trabajos forzados, para prisioneros políticos, ‘Jefatura Administrativa de Campos de Labor Correctiva’ (Acrónimo Ruso). Webster’s New World College Dictionary, Tercera Edición.

2 Cualquier organización local de un servicio internacional de clubes (Rotary International) de intelectuales y negociantes, fundado en Chicago en 1905. Webster’s New World College Dictionary, Tercera Edición.

3 (Parker T. Williamson, Parándonos Firmes: Reclamando la Fe Casta en Tiempos de Controversia [Lenoir, North Carolina: PLC Publications, 1996] p.31)

**** Este articulo es publicado con el permiso de http://es.desiringgod.org***


Jesús es precioso porque elimina nuestra culpa

Jesús es precioso porque elimina nuestra culpa

Por:  John Piper

Romanos 3:19–26

Pero sabemos que todo lo que la ley dice, lo dice a los que están bajo la ley, para que toda boca se cierre y todo el mundo quede bajo el juicio de Dios; 20 ya que por las obras de la ley ningún ser humano será justificado delante de él; porque por medio de la ley es el conocimiento del pecado. 21 Pero ahora, aparte de la ley, se ha manifestado la justicia de Dios, testificada por la ley y por los profetas; 22 la justicia de Dios por medio de la fe en Jesucristo, para todos los que creen en él. Porque no hay diferencia, 23 por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios, 24 siendo justificados gratuitamente por su gracia, mediante la redención que es en Cristo Jesús, 25 a quien Dios puso como propiciación por medio de la fe en su sangre, para manifestar su justicia, a causa de haber pasado por alto, en su paciencia, los pecados pasados, 26 con la mira de manifestar en este tiempo su justicia, a fin de que él sea el justo, y el que justifica al que es de la fe de Jesús.

La culpa es una experiencia universal. Todos alguna vez han tenido la mala sensación de no hacer lo que debieron haber hecho. Hasta los que niegan que exista tal cosa como el bien y el mal, quedan atrapados por la ley de Dios escrita en sus corazones. Pretenden probar que no existe tal cosa como el bien y el mal y que todas las éticas son relativas y arbitrarias, pero terminan diciendo que es bueno para estar de acuerdo con ellos y es malo no estarlo. Nadie jamás ha borrado exitosamente el sentido del deber que Dios escribe en cada alma humana. Nuestras sensibilidades morales pueden estar tan pervertidas que se oponen por completo a las de Dios, pero todos sienten que deben hacer ciertas cosas y otras no. Y todos sabemos que no hemos hecho todo lo que debimos haber hecho, o sentido lo que debimos haber sentido. Y alguna que otra vez esto nos ha hecho sentir mal. A dejar de hacer lo que debimos haber hecho, lo llamamos: culpa. Y a los malos sentimientos que a menudo le acompañan, les llamamos: sentimientos de culpa o remordimientos de conciencia.

Si nuestra conciencia es sensible, estos sentimientos pueden producir tanta miseria que podríamos ser tentados a cometer suicidio. Muy a menudo buscamos otras vías para disminuir el cargo de conciencia. Existen al menos tres vías por las que las personas contemporáneas tratan de resolver el problema de la culpa: las intelectuales, las físicas, y las religiosas. Por ejemplo, entre las vías intelectuales existe la enseñanza de que la culpa se debe a expectativas no reales que ponemos sobre nosotros mismos. Por supuesto, fallamos y hacemos lo malo, pero somos solo seres humanos y es irrazonable esperar demasiado de nosotros. Así disminuyen las expectativas puestas en su propia virtud y tendrá menos culpa. Otro método es decir que nuestros principios morales son anticuados y restrictivos. Son producto del accionar gastado de la ética protestante, o son residuos de la mojigatez puritanita de las costumbres victorianas. Usted resolvería sus problemas de culpa si saliera de esa época y dejara de vivir en las oscuras épocas de la ética. Una de las más asombrosas estrategias para manejar la culpa en los últimos diez años ha sido la enseñanza de que algunas de las cosas que todos pensamos que eran vicios son, en realidad, virtudes, ¡y no tenerlas es malo! Como: la codicia, y la intimidación, y la auto exaltación. (Ellen Goodman tenía una editorial en el periódico Friday’s acerca de seminarios que se ofrecían sobre como casarse por dinero. Un libro acerca de cómo la intimidación se utiliza para tener éxito en las ventas. Y todo, desde R.C hasta el queso fresco, es vendido con la palabra YO en letras mayúsculas). Para muchos ha sido muy prometedor resolver sus problemas de culpa uniéndose a la campaña de convertir los vicios en virtudes.

Pero aun cuando los 70’s fueron marcados por una asombrosa multiplicación de las estrategias intelectuales para resolver el problema de la culpa, las tradicionales vías físicas todavía predominan. Para los que no tienen suficiente cerebro para pensar en una forma de salir de los sentimientos de culpa, siempre se puede recurrir el alcohol, y más recientemente, otras drogas. Pienso que la mala conciencia es la raíz principal del alcoholismo. Se puede decir que fue el estrés lo que le llevó a beber, o que fue el dolor y la soledad lo que le llevó a beber. Pero ¿no es que sintieron que en lo profundo debieron ser capaces de poder con el estrés, y el dolor, y la soledad; y que lo que querían ahogar era la creciente culpa de su fracaso? Por supuesto, el alcohol y las drogas no son las únicas vías para escapar de la culpa. Algunas personas hablan, hablan incesantemente, y nunca escuchan en silencio, no sea que escuchen algo que no quieren oír. Algunas personas se dedican día y noche a los juegos, y a los pasatiempos, y a los deportes. Algunas mantienen la televisión encendida todo el día para crear una lluvia constante de sonido e imágenes en sus mentes que los proteja de lo que Simón y Garfunkel llamaron “Los inquietantes sonidos del silencio.”

Pero la táctica más antigua y reverenciada para evitar la miseria de la culpa, es la religión. Esta táctica puede ser la más engañosa, porque es la que más se acerca a la verdad. Reconoce lo que generalmente ignoran las estrategias intelectuales y físicas: que la causa suprema de la culpa es que existe un Dios justo cuya voluntad para sus criaturas es ignorada o desobedecida. Reconoce que bajo cada remordimiento de conciencia en el alma humana está la silenciosa, y a menudo inexpresada convicción, “He ido en contra de Dios”. Los caminos o modos que la religión ha desarrollado para lidiar con ésta culpa, es tratar de aplacar o apaciguar a Dios con buenas obras o rituales religiosos. Los religiosos conocen que tienen una gran deuda con Dios debido a su desobediencia. Pero a menudo cometen el terrible error de pensar que pueden pagarla mediante las buenas obras y la ejecución de deberes religiosos.

Pienso que si nos tomamos el tiempo, y fuésemos bien cuidadosos, pudiéramos mostrar que ninguna de estas formas de lidiar con la culpa (intelectual, física, o religiosa), es satisfactoria. Desde la profundidad de nuestra culpa, nuestras mentes pueden pervertirse fácilmente, pero nuestros corazones no sanan tan ligeramente. Y en lo profundo, todos nosotros conocemos que existe algo no auténtico en de la auto-confirmación de las ansias de dólar, e intimidar a los ejecutivos que te conocen bien. Sabemos que el alcohol, y las drogas, y el entretenimiento compulsivo, y el ruido no son la vía para vivir en paz. Y debemos saber, los que hemos escuchado el evangelio de Jesucristo, que la deuda que tenemos con Dios no puede ser pagada por nuestra miserable virtud. Pero en vez de tratar de mostrar la incapacidad de todo esto, quiero seguir avanzando en lo que comenzamos en los dos últimos mensajes. El punto de los dos últimos mensajes era que la imagen bíblica de Jesús es verdadera. Está históricamente apoyada y es defendible. Y es racionalmente convincente para la mente abierta. Jamás hombre alguno ha hablado como este hombre, Jesús (Juan 7:46). En él se puede confiar, él es verdadero, él sostenía el Antiguo Testamento, y es él quien habla por su Espíritu en el Nuevo Testamento. Por tanto, es suficiente para nosotros oír de él, mediante su apóstol, Pablo, como Dios ha lidiado con nuestra culpa. Es la mejor noticia en todo el mundo. Es la única estrategia que confiesa la verdad de la justicia de Dios y lo profundo de nuestra deuda ante él. Una vez que usted ha comprendido la manera en que Dios tratar con su culpa, cualquier otra cosa parecerá ligera, superficial, y completamente inadecuada en comparación, y se regocijará conmigo en que ‘Jesús es Precioso Porque Elimina Nuestra Culpa.’

Recuerden, no es mi palabra, sino la Palabra de Dios, la Biblia, quien nos muestra el camino. Examinemos juntos Romanos 3:19-29. Todo lo que quiero hacer es dejar que el texto hable, porque tiene un poder tremendo para persuadir y conquistar nuestros corazones. Pero permítanme resumir cinco observaciones del texto, y después las examinaremos más de cerca para seguir la línea del argumento de Pablo:

  • Primera, todos, judíos o gentiles, están personalmente bajo el juicio de Dios por su pecado (v.19).
  • Segunda, la relación resultante de la culpa humana y la indignación divina, no puede arreglarse mediante las obras de la ley (v.20).
  • Tercera, Dios, en su propia iniciativa, se ha encargado de buscar absolución gratuita (vv. 21-24).
  • Cuarta, él ha hecho esto poniendo de por medio a su Hijo Jesucristo para que nos redima mediante su muerte y demuestre la justicia de Dios (vv.24-26).
  • Quinta, este regalo de la justificación llega solo a aquellos que confían en Jesús (vv.22, 25,26).

Sigamos ahora la línea del pensamiento de Pablo desde el versículo 19 al 26.

Primero: En Romanos 3:9 Pablo resume la idea que ha expuesto anteriormente: “judíos y a gentiles, […] todos están bajo pecado”. Todos han pecado y están bajo el horroroso dominio del pecado, todos son esclavos del pecado (Romanos 6:16). Para ilustrar y respaldar esta idea toma palabras de los Salmos y de Isaías, y describe la condición pecadora de la especie humana en los versículos 10-18. Luego, en el versículo 19 dice: “ero sabemos que todo lo que la ley dice, lo dice a los que están bajo la ley, para que toda boca se cierre y todo el mundo quede bajo el juicio de Dios”. Nuestra primera observación, por tanto, es que todos, sin tener en cuenta la raza, están personalmente bajo el juicio de Dios. El problema universal de la culpa no se debe al hecho de que le hayamos fallado a nuestros compañeros, sino a que hemos fallado a Dios. Todos los aquí presentes, en esta habitación, están directamente bajo el juicio de Dios. Dios trata con usted como un individuo, y algún día tendrá que rendirle cuentas de su vida. Ese debe ser un pensamiento aterrador si va a tratar de lidiar con su culpa mediante uno de estos caminos: físico, intelectual, o religioso; que mencioné anteriormente. ¡Oh! Cuan necios y trágicos parecerán todos: “el día de la ira y de la revelación del justo juicio de Dios” (Romanos 2:5). No importa cuan virtuosos aparezcamos, todos estamos bajo el juicio de Dios, y habrá un ajuste de cuentas para lo que hayamos hecho, y dicho, y pensado, y sentido. El problema universal de la culpa no trata solo con el cómo sentirnos mejor, sino cómo estar bien con Dios. Las estratagemas seculares para aliviar la miseria de nuestra culpa, más tarde o más temprano fallarán, porque ignoran el principal problema de la existencia humana. Somos culpables ante Dios. Es su ley la que hemos quebrantado. Es de su gloria de la que hemos sido destituidos (Romanos 3:23). Todos los aquí presentes, en esta habitación, están personalmente bajo el juicio de Dios, y algún día se encontrarán con él, lo mismo culpables y condenados, que absueltos y destinados al gozo.

Segundo: El versículo 20 es dado como la base o fundamento del versículo 19: “ya que por las obras de la ley ningún ser humano será justificado delante de él [Dios]; porque por medio de la ley es el conocimiento del pecado”. Ser justificado significa ser absuelto por Dios, ser declarado libre e inocente, ser corregidos en relación a Dios de modo que su indignación sea retirada y nuestra rebelión ya no sea tomada en cuenta. La idea de este versículo es que la absolución nunca será lograda por medio de las obras de la ley. Esto quiere decir que, si una persona no confía en la gratuita y justificadora misericordia de Dios, y pretende todavía estar a bien con Dios mediante las obras de la ley, siempre fracasará. El resultado o efecto será revelar aún más claramente su pecado (Romanos 5:20; 7:7,8; Galatas 3:19).

La conexión entre los versículos 19 y 20 parece ser más o menos así: Cuando las personas no confían en la misericordia de Dios, pero tratan de utilizar la ley para estar a bien con él, la ley trae a la luz su pecado y los condena por su incredulidad. Y ya que esto es cierto para todos los humanos (“toda carne”), judíos y gentiles (v.20), sabemos que cuando la ley habla así a los judíos, también tiene en cuenta a todo el mundo, para que toda boca se cierre y todo el mundo quede bajo el juicio de Dios. Así que las primeras dos observaciones son que todos son pecadores y están personalmente bajo el juicio de Dios, y que esta relación de culpa no puede repararse mediante las obras de la ley.

Tercero: Dios, en su propia iniciativa, se ha encargado de buscar nuestra absolución.

Versículos 21-24: “21Pero ahora, aparte de la ley, se ha manifestado la justicia de Dios, testificada por la ley y por los profetas; 22la justicia de Dios por medio de la fe en Jesucristo, para todos los que creen en él. Porque no hay diferencia, 23por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios, 24siendo justificados gratuitamente por su gracia, mediante la redención que es en Cristo Jesús”. Olvidando las promesas acerca de la misericordia de Dios que habían en la ley del Antiguo Testamento, y los llamados al arrepentimiento y a la fe, el verdadero efecto de la ley en general, era exponer y condenar el pecado (Gálatas 3:21-22). Por tanto, cuando Dios se encargó de manifestar su justicia para nuestra justificación, lo hizo “aparte de la ley”. Es decir: no dirigió nuestra atención de vuelta a la ley con sus sacrificios de animales, sino que dirigió nuestra atención hacia su Hijo, al que envió a morir por nuestro pecado. Romanos 8:3 lo expone así: “Porque lo que era imposible para la ley, por cuanto era débil por la carne, Dios, enviando a su Hijo en semejanza de carne de pecado y a causa del pecado, condenó al pecado en la carne”.

Lo que quiero subrayar bajo esta tercera observación es que Dios no nos ha abandonado para que lidiemos con nuestra culpa solos, sino que ha tomado la iniciativa mientras todavía éramos pecadores (Romanos 5:8) de buscar nuestra absolución y dárnosla gratuitamente. La gloria del evangelio es el Único ante quien somos culpables y condenados, es el mismo que se ha encargado de reemplazar nuestra culpa y su indignación por justicia y reconciliación. Este acto de Dios que nos pone en una relación correcta para con él, donde ya no existe la culpa y la condenación, es llamado “justificación” en el versículo 24. Y por favor, no pierdan de vista el fundamento de la justificación en ese versículo: su fundamento es la gracia y por tanto es un regalo gratis. Usted no puede ganársela o merecerla por obras. La gracia y las obras se oponen la una a la otra. Escuchen Romanos 11:5, 6: “Así también aun en este tiempo ha quedado un remanente escogido por gracia. 6Y si por gracia, ya no es por obras; de otra manera la gracia ya no es gracia. Y si por obras, ya no es gracia; de otra manera la obra ya no es obra”. Cuando Pablo dice que nuestra culpa es eliminada por gracia, quiere decir que es un regalo gratis, y que usted no puede ganárselo por obras.

Cuarto: Dios produjo el regalo gratuito de la justificación. Los versículos 24 y 25 dicen que fue “mediante la redención que es en Cristo Jesús, 25a quien Dios puso como propiciación por medio de la fe en su sangre”. ¡Oh, cuan importante es ésta oración! Todos los esfuerzos seculares para lidiar con la miseria humana de la culpa son impotentes porque ignoran este hecho: La santidad de Dios y su justa gloria han sido desacreditadas, difamadas, y blasfemadas por nuestro pecado. ¡Es con un Dios Santo con quien tenemos que encarar nuestra culpa! Y no puede haber justificación, reconciliación, o limpieza de conciencia, a menos que la santidad de Dios sea honrada y la difamación de su justicia sea reparada. La urgencia de nuestro problema con la culpa no es que nos sintamos miserables, sino que el nombre de Dios ha sido blasfemado. Vivimos en una época con una opinión del potencial humano tan horrendamente inflada, y con una opinión de la santidad de Dios tan minúscula que apenas podemos entender cuál es el verdadero problema que tenemos con la culpa. El verdadero problema no es: ¿Cómo puede ser Dios amoroso, y sin embargo condenar a personas con pecados tan pequeños? El verdadero problema es: ¿Cómo puede ser Dios justo, si absuelve a personas tan miserables como nosotros? No puede existir un remedio duradero para la culpa que no trate con la justa indignación de Dios contra el pecado.

Es por eso que tiene que haber un sacrificio. Y no cualquier sacrificio, ¡Sino el sacrificio del Hijo de Dios! Nadie más, ni ningún otro acto, podría reparar la difamación hecha a la gloria de Dios por nuestros pecados. Pero cuando Jesús murió por la gloria del Padre, se hizo la satisfacción. La gloria fue restaurada. La justicia fue demostrada. De allí en adelante está claro que cuando Dios, por gracia, justifica gratuitamente a los impíos (Romanos 4:5), no está siendo indiferente a las demandas de la justicia. Todo está basado en la gran transacción entre el Padre y el Hijo en la mañana del Viernes Santo en el Calvario. Ningún otro evangelio puede eliminar nuestra culpa porque ningún otro evangelio se corresponde a las proporciones cósmicas de nuestro pecado en relación a Dios.

La quinta: y última observación es que ahora a este regalo gratuito de la justificación comprada por Jesús en la cruz, solo llegan a aquellos que confían en él. Después que Pablo dijo en el versículo 21 que Dios había manifestado su justicia aparte de la ley, define esa justicia en el versículo 22 como “a justicia de Dios por medio de la fe en Jesucristo, para todos los que creen en él”. (cf. Filipenses 3:9), luego, en el versículo 25 dice que Cristo es una expiación (o propiciación) “por medio de la fe”o “que se recibe por la fe.” Finalmente dice en el versículo 26 que Dios “justifica al que es de la fe de Jesús”. De modo que la enseñanza de la Palabra de Dios está clara y éste es el evangelio: Cualquiera que confíe en Jesús para justificación la tendrá gratuitamente.

Esto es a la vez lo más difícil y lo más fácil de hacer para un humano. Es difícil porque significa reconocer en su corazón que es culpable ante Dios y que no hay nada que pueda hacer para resolver el problema. A los seres humanos no les gusta pensar así de sí mismos. Y así el potencial humano tiene un despertar y el verdadero problema con la culpa sigue sin resolverse para la mayoría de las personas. La fe salvadora que es en Jesucristo es difícil porque nace de la desesperación, y lejos de la gracia de Dios los humanos odian admitir que están desesperados.

Pero, por otro lado, ¿qué podría ser más fácil que la fe? No requiere una fuerza extraordinaria, o una belleza extraordinaria, ni una inteligencia extraordinaria. Nadie tendrá como excusa en el día del juicio que el camino para la salvación era muy difícil. Dios simplemente dirá: ‘Teníais que volveros y haceros como niños (Mateo 18:3), y confiar en mí para que te cuidara. ¿Era tan difícil? ¿Era tan difícil inclinarse hacia mí, descansar en mis promesas, y tener en cuenta la obra que Jesús realizó? ¿Era tan difícil aceptar un regalo gratis? ¿Apreciar la perla del perdón? ¿Amar al salvador que murió por ti?’ ¡Es gratis! ¡Es gratis! ¡Es gratis! ¡Confiesa tu necesidad y descansa en él!

Y ahora, concluyendo, permítanme resumir estas cinco observaciones. Y recuerden que vienen de un apóstol de Jesús Cristo que vio al Señor, y que fue encomendado por el Señor para revelar los misterios de Dios (Efesios 3:3-5). Estas no son fábulas ingeniosamente ideadas. Son verdades que tienen sus raíces en la historia y que vienen del Jesús resucitado y confirmado por Dios. Primera, todos los seres humanos están personalmente bajo el juicio de Dios por su pecado (v.19). Segunda, la culpa resultante del hombre y la justa indignación de Dios no se puede reparar por las obras de la ley (v.20).Tercera, Dios, en su propia iniciativa, desarrolló nuestra justificación mediante la gracia y la ofrece como un regalo gratis (vv.21-24). Cuarta, esto lo hizo enviando a su Hijo, Jesús, a redimirnos mediante su muerte y para demostrar la justicia de Dios (vv.24-26). Quinta y última, este regalo que es la justificación, la eliminación de nuestra culpa y de la ira de Dios, llega solo a aquellos que confían en Jesús (vv. 22, 25, 26). Les insto en el nombre de Cristo, a que se reconcilien con Dios (2da a los Corintios 5:20). Apártense de todas las tácticas intelectuales, físicas, y religiosas que el mundo utiliza para evadir su culpa, y descansen en Jesús. Jesús es precioso porque solo él elimina nuestra culpa.

*Este articulo es publicado con el permiso de By John Piper. ©2012 Desiring God Foundation. Website: desiringGod.org

Dios los bendiga.


¿Qué relación hay entre la circuncisión y el bautismo?

¿Qué relación hay entre la circuncisión y el bautismo?

Por John Piper

Romanos 4:9–12

¿Es, pues, esta bendición sólo para los circuncisos, o también para los incircuncisos? Porque decimos: A Abraham, la fe le fue contada por justicia. 10Entonces, ¿cómo le fue contada? ¿Siendo circunciso o incircunciso? No siendo circunciso, sino siendo incircunciso; 11 y recibió la señal de la circuncisión como sello de la justicia de la fe que tenía mientras aún era incircunciso, para que fuera padre de todos los que creen sin ser circuncidados, a fin de que la justicia también a ellos les fuera imputada; 12y padre de la circuncisión para aquellos que no solamente son de la circuncisión, sino que también siguen en los pasos de la fe que tenía nuestro padre Abraham cuando era incircunciso.

En el día de hoy voy a hablar acerca de la relación que existe entre la circuncisión del Antiguo Testamento y el Bautismo del Nuevo Testamento. Una de las razones por las que somos llamados bautistas es porque creemos que el Nuevo Testamento nos enseña a bautizar a los creyentes, pero no a los bebés de los creyentes.

Algunas Razones De Por La Que Los Bautistas No Bautizamos Bebés

Existen muchas razones para esta convicción. Mencionaré cinco sobre las que pasaré rápidamente, a fin de poder llegar al tema principal de Romanos 4:11, donde algunos de los que creen en el bautismo del infantes basan sus argumentos. Paso por encima de estas razones rápidamente porque ya las he tratado con anterioridad en la serie de sermones sobre el bautismo, en la primavera de 1997. Usted puede obtener esos sermones y leerlos, o escucharlos.

  1. En cada mandamiento del Nuevo Testamento y en cada ejemplo, el requisito de la fe precede al bautismo. De modo que los infantes, incapaces de tener fe, no han de ser bautizados.
  2. No existen ejemplos explícitos de bautismos de infantes en toda la Biblia. En los tres casos de “bautismos de familias” mencionados (la familia de Lidia, Hechos 16:15; el bautismo del hogar del carcelero filipense, Hechos 16:30-33; el de la familia de Estéfanas, 1ra a los Corintios 1:16) no se hace mención alguna de infantes, y en el caso del carcelero filipense, Lucas dice explícitamente, “Y le hablaron la palabra del Señor a él y a todos los que estaban en su casa” (Hechos 16:32), implicando que los que fueron bautizados podían comprender la Palabra.
  3. Pablo (en Colosenses 2:12) define el bautismo explícitamente como un acto hecho mediante la fe: “…sepultados con El en el bautismo, en el cual también habéis resucitado con El por la fe”. En el bautismo ustedes fueron resucitados con Cristo mediante la fe -la fe de ustedes, no la de sus padres. Si el bautismo no es “mediante la fe” -si no es una expresión externa de la fe interna- entonces no es bautismo.
  4. El apóstol Pedro, en su primera carta, definió el bautismo de esta forma: “… (no quitando la suciedad de la carne, sino como una petición a Dios de una buena conciencia) mediante la resurrección de Jesucristo” (1ra de Pedro 3:21). El bautismo es “una petición a Dios de una buena conciencia”. Es un acto y una expresión externa de la confesión y la oración interna en que el ser humano bautizado -y no sus padres- le pide a Dios que lo limpie.
  5. Cuando la iglesia del Nuevo Testamento debatió en Hechos 15 si todavía debía exigírseles a los creyentes la circuncisión para convertirse en cristianos, es asombroso que ni una vez en todo ese debate alguien dijera algo acerca del bautismo permaneciendo en el lugar de la circuncisión. Si el bautismo simplemente reemplaza a la circuncisión como una señal del nuevo pacto; y es, por tanto, válido tanto para chicos como para adultos (como lo era la circuncisión), de seguro hubiera sido el momento para abordar el tema y demostrar así que la circuncisión ya no era necesaria. Pero no es siquiera mencionado.

Esas son algunas de las razones por las que los bautistas se rehúsan a abrazar los argumentos teológicos más elaborados acerca del bautismo de infantes. Pero ahora estamos aquí, en Romanos 4:11, y muchos de los que bautizan infantes ven en este versículo una pieza clave para su posición. Permítanme mostrarle lo que ellos ven, y después, por qué no me persuaden.

¿Por Qué Muchos En La Tradición De La Reforma Apoyan El Bautismo De Los Infantes?

Estamos lidiando aquí con una gran tradición reformada que se remonta a Juan Calvino, a Ulrich Zwingli, y a otros reformistas. Yo no menosprecio a esta tradición. Y durante muchos años he tratado de ser justo con estos argumentos, debido fundamentalmente a que la mayoría de mis héroes están en este campo.

La principal razón por la que esta gran tradición de la Reforma apoya el bautismo de los bebés de los creyentes, es que en el Nuevo Testamento parece haber una correspondencia entre la circuncisión y el bautismo. Así como la circuncisión fue dada como señal para los “hijos del pacto” en el Antiguo Testamento, también lo fue el bautismo – la nueva señal del pacto- debía ser dada a los “hijos del nuevo pacto” hoy. Por ejemplo, en Colosenses 2:11-12, parece haber una relación entre la circuncisión y el bautismo: “en El [Cristo] también fuisteis circuncidados con una circuncisión no hecha por manos, al quitar el cuerpo de la carne mediante la circuncisión de Cristo; 12 habiendo sido sepultados con El en el bautismo…”. Así que por el bien del argumento, aceptemos que existe alguna correlación entre el bautismo y la circuncisión.

¿Qué vamos a hacer con esta correlación? Bueno, durante 400 años un argumento elaborado con justicia ha sido expuesto, el argumento de que el bautismo reemplaza a la circuncisión como señal del pacto, y que el mismo debe ser aplicado en la iglesia en la misma forma en que era aplicada la circuncisión en Israel, es decir a los hijos de los miembros del pacto -israelitas entonces, cristianos ahora. Así por ejemplo, el Directorio del Parlamento para la Adoración Pública de Dios (desde hace 350 años) dice, “La semilla y la posteridad de los fieles nacidos dentro de la iglesia, tienen desde su nacimiento un interés [una parte] en el pacto, y tienen derecho a ser sellados por el mismo y a los privilegios externos de la iglesia bajo el evangelio; no menos que los hijos de Abraham en la época del Antiguo Testamento”.*

En otras palabras, los hijos de los creyentes cristianos de hoy, por la virtud de su nacimiento pertenecen a la iglesia visible, y deben entonces recibir la señal y el sello del pacto, tal como los infantes israelitas de ocho años de edad recibían la señal y el sello ( la circuncisión) en el Antiguo Testamento. Este es el principal argumento.

¿Por Qué Es Romanos 4:11 La “Pieza Clave” Para Muchos Que Bautizan A Infantes?

Ahora bien, ¿Qué relevancia tiene Romanos 4:11 en este asunto? Permítanme citar una carta -una buena carta (en espíritu y en contenido) que recibí de un defensor del bautismo de infantes, después que prediqué mi mensaje sobre el bautismo en la primavera de 1997. Él lamentaba que yo no hubiera lidiado con Romanos 4:11. «Para mí Romanos 4:11 es la “pieza clave” en la doctrina del pedobautismo (Bautismo de infantes). Sáquelo, y toda la doctrina cae».

Ahora bien, ¿qué es lo que él y otros ven aquí que hace que este versículo sea tan convincente en la defensa del bautismo de infantes? Trataré de explicarlo. Examinemos el texto. En el versículo 9 Pablo nos recuerda que “A Abraham, la fe le fue contada por justicia”. Eso quiere decir que fue justificado, y puesto a bien ante Dios solo mediante la fe. Luego el versículo 10 señala que esto sucedió antes que Abraham fuese circuncidado. “Entonces, ¿cómo le fue contada? ¿Siendo circunciso o incircunciso? No siendo circunciso, sino siendo incircunciso”. El punto es que la justificación de Abraham no fue comprada por la circuncisión, que vino después, sino solo por la fe.

Después viene el crucial versículo 11 que hace una especie de definición de la circuncisión: “recibió la señal de la circuncisión como sello de la justicia de la fe que tenía mientras aún era incircunciso” De modo que aquí se describe la circuncisión de Abraham como una señal “…sello de la justicia de la fe.”

Ahora bien, ¿por qué es esto importante? Es importante porque le da a la circuncisión un significado espiritual que es similar al del bautismo en el Nuevo Testamento – “la señal” y “sello de la justicia de la fe”. Nosotros decimos que el bautismo es una expresión de la fe genuina y de la buena posición que tenemos para con Dios mediante la fe, antes de ser bautizados. Esto parece ser lo que la circuncisión ha de significar, según Pablo en Romanos 4:11. La circuncisión es una señal y un sello de la fe que Abraham tenía antes de ser circuncidado.

¿Ven entonces lo que significa eso? Si la circuncisión y el bautismo significan lo mismo -es decir, fe genuina- entonces no pueden utilizar este significado del bautismo, como un argumento individual en contra del bautismo de infantes, porque a los infantes les era dada la circuncisión. En otras palabras, no se puede solo decir “el bautismo es una expresión y una señal de fe: los infantes no pueden tener fe; por tanto no bauticen a los infantes. Usted no puede solo decir esto, porque Romanos 4:11 dice que la circuncisión significa lo mismo-una señal de fe –y era dado a los infantes.

Por eso Romanos 4:11 es considerado por algunos la pieza fundamental de la defensa del bautismo de infantes. Este versículo define a la circuncisión con el mismo significado básico que al bautismo, aunque sabemos desde Génesis 17 que la circuncisión fue destinada por Dios para los infantes de todo el pueblo judío.

“Este es mi pacto que guardaréis, entre yo y vosotros y tu descendencia después de ti: Todo varón de entre vosotros será circuncidado. 11 […] y esto será la señal de mi pacto con vosotros. 12 A la edad de ocho días será circuncidado entre vosotros todo varón por vuestras generaciones; asimismo elsiervo nacido en tu casa, o que sea comprado con dinero a cualquier extranjero, que no sea de tu descendencia.”

Entonces, aunque la circuncisión es descrita por Pablo como una señal y un sello de la justicia de la fe de Abraham, la circuncisión debía ser dada a sus hijos, y a los hijos de sus hijos, y aún a los sirvientes que no eran judíos de nacimiento.

Entonces, si la circuncisión puede ser una señal de fe y de justicia, y puede ser dada a todos los hijos varones de los israelitas (que aun no tienen fe por sí mismos) ¿Entonces por qué el bautismo no debe ser dado a los hijos de los cristianos cuando también es una señal de fe y justicia (fe y justicia que los niños no tienen todavía)?

¿Qué Diremos A Esto?

El problema principal con este argumento es una errónea suposición sobre la similitud entre el pueblo de Dios en el Antiguo Testamento y el pueblo de Dios en la actualidad. Esa suposición asume que la forma en que Dios reunía al pueblo de su pacto, Israel, en el Antiguo Testamento; y la forma en que está reuniendo al pueblo de su pacto, la iglesia, en la actualidad, son tan similares que las diferentes señales del pacto (bautismo y circuncisión) pueden ser administradas en la misma forma para ambos pueblos. Esta es una suposición errónea.

Existen diferencias entre el pueblo del nuevo pacto, llamado iglesia y el antiguo pueblo del pacto, llamado Israel. Y estas diferencias explican por qué era apropiado dar la señal del antiguo pacto, que era la circuncisión, a los infantes de Israel, y por qué no es apropiado dar la señal del pacto (el bautismo) a los infantes de la iglesia. En otras palabras, aun cuando existe una coincidencia en cuanto a significado, entre el bautismo y la circuncisión (vista en Romanos 4:11), la circuncisión y el bautismo no desempeñan el mismo papel en el pueblo del pacto de Dios, porque la forma en que Dios constituyó a su pueblo en el Antiguo Testamento y la forma en la que está constituyendo la iglesia hoy; son esencialmente diferentes.

Pablo lo deja claro en varios lugares. Veamos dos. Vayan conmigo a Romanos 9:6-8:

“Pero no es que la palabra de Dios haya fallado. Porque no todos losdescendientes de Israel son Israel; 7 ni son todos hijos por ser descendientes de Abraham, sino que por Isaac será llamada tu descendencia. 8 Esto es, no son los hijos de la carne los que son hijos de Dios, sino que los hijos de la promesa son considerados como descendientes.”

Lo que es relevante para nuestro propósito en este texto es que habían dos Israel: un Israel físico y un Israel espiritual. Versículos 6b: “no todos los descendientes de Israel son Israel [ie.: verdaderos israelitas en espíritu]”. Sin embargo Dios ordenó que toda la inmensa nación de Israel, física y religiosa, fuera conocida como el pueblo de su pacto, y que recibiera la señal del pacto y las bendiciones externas de dicho pacto – como la tierra prometida (Génesis 17:8)

El pueblo del pacto en el Antiguo Testamento estaba mezclado. Todos eran físicamente israelitas, circuncidados; pero dentro de ese grupo étnico nacional quedaban restos del verdadero Israel, los verdaderos hijos de Dios (versículo 8). Así quiso Dios que fuera: Él se ató a sí mismo, mediante el pacto, a un grupo étnico y a sus descendientes; Él les dio a todos la señal del pacto, la circuncisión, pero obró dentro de este grupo étnico para hacerse un pueblo verdadero para sí.

¿De Qué Manera Es La Iglesia Una Continuación De Israel?

Ahora nuestra pregunta es: ¿Es la iglesia del Nuevo Testamento (la iglesia de hoy) la continuación de la nación de Israel (de ese gran grupo étnico religioso y mezclado)? ¿O es una continuación del resto de los verdaderos hijos de Abraham que son hijos de Dios por fe en Cristo? ¿Somos una comunidad del nuevo pacto nacida del espíritu con la ley de Dios escrita en nuestros corazones y definida por fe? No necesitamos hacer suposiciones al respecto.

Pablo deja la respuesta clara en Gálatas 4:22-28:

“Porque está escrito que Abraham tuvo dos hijos, uno de la sierva [Ismael, nacido de Agar] y otro de la libre [Isaac, nacido de Saraí]. 23 Pero el hijo de la sierva nació según la carne, y el hijo de la libre por medio de la promesa. […] 28 Y vosotros, hermanos [la iglesia], como Isaac, sois hijos de la promesa.”

Ahora bien, ¿a quién se refiere con “hermanos”? Los hermanos son la iglesia. La iglesia no debe ser una heredad mixta, como la semilla de Abraham. La iglesia no debe ser como Israel (una multitud física, y dentro de ella un pequeño resto de verdaderos santos). La iglesia son los santos, por definición. La iglesia es la continuidad de ese resto. Como dice el versículo 28, la iglesia es “como Isaac, […] hijos de la promesa.”

El pueblo del pacto en el Antiguo Testamento estaba hecho de Israel según la carne -una inmensa nación física y religiosa que contenía a “los hijos según la carne” y a “los hijos de Dios”. Era, por tanto, apropiado que la circuncisión fuese dada a todos los hijos de la carne.

Pero el pueblo del nuevo pacto, llamado iglesia de Jesucristo, está siendo edificado de un modo esencialmente diferente. La iglesia no está basada en ningún rasgo distintivo nacional o étnico; sino en la única realidad de la fe, solo por gracia en el poder del Espíritu Santo. La iglesia no es una continuidad de Israel como un todo; la iglesia es una continuidad del verdadero Israel, el remanente -no de los hijos según la carne, sino de los hijos según la promesa.

Por tanto, no es apropiado que los hijos nacidos solo según la carne reciban la señal del pacto, el bautismo.

La iglesia es la comunidad del nuevo pacto: “Esta copa es el nuevo pacto en mi sangre” (Lucas 22:20; 1ra a los Corintios 11:25). Nosotros decimos cuando comulgamos. El nuevo pacto es la obra espiritual de Dios al colocar su Espíritu dentro de nosotros, al escribir la ley en nuestros corazones, y al hacer que andemos en sus estatutos. La iglesia es una comunidad auténtica espiritualmente. A diferencia de la comunidad del Antiguo Testamento la iglesia está definida por una vida espiritual y una fe verdadera. Tener estas cosas es lo que significa pertenecer a la iglesia. Por tanto, dar la señal del pacto, el bautismo, a aquellos que son meramente hijos de la carne y no muestran evidencias del nuevo nacimiento, o de la presencia del Espíritu, o de la ley escrita en sus corazones, o de tener una fe vital en Cristo; es contradecir el significado de la comunidad del nuevo pacto y retroceder en la historia de la redención.

La iglesia no es una replica de Israel. Es un avance sobre Israel. Administrar la señal del pacto como si este avance no hubiese ocurrido, es un gran error. Nosotros no bautizamos a nuestros hijos según la carne, no porque no los amemos, sino porque queremos preservar para ellos la pureza y el poder de la comunidad espiritual que Dios ordenó para la iglesia creyente del Cristo viviente. Oro porque usted sea persuadido de estas cosas, y para que muchos que se han estado retrayendo a sí mismos sean bautizados, no para cumplir con alguna constitución de la iglesia, sino por fe y obediencia, para glorificar la gran obra del nuevo pacto de Dios en sus vidas ¿Ha sido usted lavado por la sangre del Cordero? ¿Están perdonados sus pecados? ¿Ha muerto usted con Cristo y ha resucitado por fe para andar en novedad de la vida? ¿Mora en usted el Espíritu de Cristo? ¿Está siendo escrita la ley de Dios en su corazón? Venga pues, y represente esos cambios en el bautizo, y glorifique la gran obra del nuevo pacto de Dios en su vida.

Publicado por Pastor Damian Ayala

Este artículo ha sido publicado con el permiso de desiringGod.org

Hermanos, magnifiquen el significado del bautismo

Hermanos, magnifiquen el significado del bautismo

Por John Piper

Recuerdo un hermoso día del año 1973. El profesor Leonhard Goppelt había invitado a su seminario universitario sobre bautismo a un retiro al sur de Múnich en las colinas al pie de los Alpes Bávaros. Él era luterano y yo era el único estadounidense – y bautista. Nos reunimos en un monasterio y por varias horas debatimos el tema del bautismo de los niños contra el tema del bautismo de los creyentes. Era un espectáculo de dos: algo así como el caso de David y Goliat. Sólo que no habían israelitas bautistas alentándome. Como tampoco cayo derribado el Profesor Goppelt. Pero hasta la fecha creo que el vuelo de mi piedra fue verdadero y que tan sólo la fuerza impenetrable de una tradición que data del siglo 17 protegió el bastión del bautismo de los niños.

Pero ahora he llegado a la conclusión de que la “batalla de Baviera” fue librada a un nivel equivocado. Desde mi llegada a la Iglesia Bautista Belén en Minneapolis, he enseñado aproximadamente diez cursos de cuatro semanas de membrecía. Casi siempre han participado luteranos o católicos o presbiterianos o “covenanters” (firmantes del pacto escocés de la reforma religiosa) u otros parececidos que fueron “bautizados” cuando niños pero que quieren ser miembros de nuestra iglesia. Mes tras mes ha aumentado mi entendimiento de porque acepto el bautismo de los creyentes. Y ahora veo que nunca llegué a la raíz en Baviera.

Aquí aparece la forma en que mis pensamientos han avanzado. Este proceso consta de tres etapas (no diferentes a la infancia, adolescencia y madurez).

Primero vi que todo bautismo registrado en la biblia era el bautismo de un adulto que había profesado fe en Cristo. En ninguna parte en la Escritura aparece el ejemplo del bautismo de un niño. El “bautizo con su familia” (mencionado en Hechos 16:15, 33 y 1 Corintios 1:16 son excepciones sólo si uno supone que la “familia” incluye a los niños. Pero, en realidad, Lucas nos saca de esa suposición en Hechos 16:32 al decir que Pablo primero “le hablaron la palabra del Señor a él [el carcelero] y a todos los que estaban en su casa,” y entonces los bautizó.

Además de la ausencia del bautismo de los niños en la Escritura, también me doy cuenta de (en la misma forma que todo niño bautista de nivel escolar sabe) que la instrucción en el mandato de Pedro fue “Arrepentíos y bautícese” (Hechos 2:38). Nunca vi razón para cambiar este orden.

Pero poco a poco llegué a la conclusión de que estas observaciones eran únicamente sugestivas, no convincentes. Que no exista registro de bautismo de los niños no significa que no se realizaran. Y que Pedro dijera “Arrepentíos y bautícese,” a una audiencia adulta no elimina la posibilidad de que dijera algo diferente sobre los niños. Así que desarrollé mi segunda etapa y decidí “Mejor me aparto de los ejemplos del bautismo y me enfoco en la enseñanza sobre el bautismo.” Quizás el significado de la narrativa de Lucas podría ser clarificado a través del planteamiento de Pablo y Pedro.

Por supuesto que Romanos 6:1-11 me vino a la mente. Pero esta era el arma favorita del profesor Goppelt, porque no contiene una sola palabra de fe o cualquier otra reacción consciente a Dios hasta el versículo 11; y ahí la reacción viene después de bautismo. Por lo tanto el utiliza Romano 6 como la defensa clásica del bautismo de los niños. Para mí me va a cualquier dirección en forma aislada.

Pero Colosos 2:12 y 1 Pedro 3:21 me pareció ser devastador para los puntos de vista del bautismo de los niños. Pablo compara el bautismo con la circuncisión y dice, “Con él fuisteis sepultados en el bautismo, y en él fuisteis también resucitados por la fe en el poder de Dios que lo levantó de los muertos.” Esto dice claramente: en el bautismo somos resucitados por la fe. El bautismo es válido como una expresión de fe. No vi como un niño podría adecuadamente aceptar este símbolo de fe.

Entonces 1 Pedro 3:21 dice, “el bautismo…os salva (no quitando la suciedad de la carne, sino como una petición a Dios de una buena conciencia) mediante la resurrección de Jesucristo.” Este texto asusta a muchos bautistas ya que parece acercarse a la noción de los católicos, luteranos y anglicanos de que el acto mismo del bautismo salva. Pero al huir de este texto malgastamos una poderosa discusión del bautismo de los creyentes. Ya que según lo que dice J.D.G. Dunn, esto es lo más se acerca a una definición que incluye fe. El bautismo es “una suplica a Dios.” Esto es, el bautismo es el llamado de fe a Dios. Enese sentido en ese grado, es parte del medio de salvación de Dios. Esto no debe asustarnos mas que la oración, “Si confiesas con tus labios que Jesús es el Señor. . .serás salvado.” El movimiento de los labios en el aire y el movimiento del cuerpo en el agua solo salva en el sentido de que expresan la suplica y la fe del corazón hacia Dios.

Entonces me parece que Colosenses 2:12 y 1 Pedro 3:21 cerraron el caso contra bautizar a los niños quienes todavía no pueden creer en Cristo o rogar a Dios.

Pero ahí fue donde mi batalla en Baviera se detuvo. Desde entonces se me ha estado demostrando en mis clases de membrecía a través de una larga sucesión de discusiones que hasta estos textos abren la [¡remota!] posibilidad de que un niño pueda ser bautizado basado en la fortaleza de la fe de sus padres y en la espera de su propia eventual “confirmación.” Es posible también que estos pasajes tengan relevancia únicamente en los entornos de los misioneros en lugares donde los adultos son convertidos y bautizados. Si Pablo y Pedro hubieran enfocado el tema de los nuevos niños en los hogares cristianos, quizás hubieran salido como buenos presbiterianos.

Lo dudo. Ya que existe una tercera etapa de razonamiento a favor del bautismo de los creyentes. Existe una gran respuesta bíblica y bautista al catecismo Heidelberg, que dice que los niños de padres cristianos “están comprendidos, como los adultos, en el pacto, y pertenecen a la iglesia de Dios… y deben ser incorporados a la Iglesia de Dios y diferenciados de los hijos de los infieles, así como se hacía en el pacto del Antiguo Testamento por la circuncisión, cuyo sustituto es el Bautismo en el Nuevo Pacto.” En otras palabras, la justificación del bautismo de los niños en la iglesia reformada esta relacionado con el hecho de que el bautismo es la contraparte de la circuncisión en el Nuevo Testamento.

De hecho existe una continuidad importante entre las señales de circuncisión y bautismo, pero los representantes presbiterianos de la teología reformada han restado valor a ladiscontinuidad. Esta es la diferencia profunda entre bautista y presbiteriano en lo relacionado con el bautismo. Soy bautista porque creo que en ese respecto respetamos tanto a la continuidad como a la discontinuidad entre Israel y la iglesia y entre sus respectivas señales del pacto.

La continuidad se expresa en esta forma: Así como la circuncisión fue administrada a todos los hijos físicos de Abraham quien integró el Israel físico, de la misma forma deberá administrarse el bautismo a todos los hijos espirituales de Abraham que integran el Israel espiritual, la iglesia. ¿Pero quiénes son estos hijos espirituales de Abraham que constituyen el pueblo de Dios en nuestra época?

Gálatas 3:7 dice, “Sabed, por tanto, que los que tienen fe, estos son hijos de Abraham.” Lo nuevo, desde que Jesús ha venido, es que la gente del pacto de Dios ya no son una nación étnica, política, pero si un cuerpo de creyentes.

Juan el Bautista inauguró este cambio e introdujo el nuevo símbolo del bautismo. Al llamar a todos los judíos a arrepentirse y bautizarse, Juan declara fuertemente y ofensivamente que la descendencia física no forma una parte de la familia de Dios y que la circuncisión, que significa una relación física, será reemplazada por el bautismo, que significa una relación espiritual. El apóstol Pablo recoge este nuevo énfasis, especialmente en Romanos 9, y dice, “ni por ser descendientes de Abraham, son todos hijos suyos. . . no son hijos de Dios los hijos según la carne” (vs. 7-8).

Por lo tanto un cambio muy importante ha sucedido en la historia redentora. Hay discontinuidad como también continuidad.

Zwingli y Calvin y sus herederos han tratado las señales del pacto como si ningún cambio significativo haya ocurrido con la venida de Cristo. Pero Dios esta formando a su pueblo hoy día diferente de cómo cuando esforzó con un grupo étnico llamado Israel. El pueblo de Dios ya no esta formado por parentesco natural, pero sí por la transformación sobrenatural de la fe en Cristo.

Con la venida de Juan el Bautista y Jesús y los apóstoles, el énfasis actual es que el estado espiritual de tus padres no determina tu membresía en el pacto de la comunidad. Los beneficiarios de las bendiciones de Abraham son aquellos que tienen la fe de Abraham. Estos son los que pertenecen al pacto de la comunidad.

Y estos son los que deberían recibir la señal del pacto: bautismo de los creyentes. Si pudiera regresar a Baviera, iría de inmediato a la raíz. Ahí es donde nuestra “defensa y confirmación” se ganará o se perderá. Pero el Señor nos lleva a través de la niñez, la adolescencia y la madurez por una razón. Toda etapa de razonamiento es útil. Conozcan su audiencia, hermanos, y magnifiquen el significado del bautismo.

Publicado por Pastor Damian Ayala

Este artículo ha sido publicado con el permiso de desiringGod.org


Dios detesta el legalismo tanto como el alcoholismo.

Dios detesta el legalismo tanto como el alcoholismo.

Por: John Piper

Es posible que el tema de la abstinencia completa del acohol, con respecto a los miembros de la iglesia, pase inadvertido, pero los principios bíblicos relacionados con este asunto, son pertinentes a otras cuestiones de la santidad personal y la pureza de la iglesia. Cuando vine a la iglesia bautista, Bethlehem, hace casi 3 decadas, esta fue una de las primeras polémicas con las que tuve que lidiar. Sobrevivimos a ella y fue para mejor, creo que lo que aprendí puede resultar de utilidad. Entre los bautistas y demás iglesias con sistema congragacional de gobierno, en la construcción de la iglesia local, por lo general, aparece reflejado un testimonio de fe y un pacto de la iglesia. El pacto de la iglesia describe una serie fundamental de expectativas bíblicas relacionada con el estilo de vida de los miembros; mientras que el testimonio de la fe describe un núcleo de expectativas bíblicas relacionadas con las creencias de los miembros. Consiguientemente, por regla general, las expectativas del pacto de la iglesia, junto con el testimonio de la fe, actúan como requisitos previos para ser miembro de la iglesia.

Muchas iglesias con sistema congregacional de gobierno presentan una sentencia en su pacto que plantea algo similar a lo siguiente: “nos abstenemos del uso y venta de bebidas alcoholicas”. Por lo tanto, en principio, estas iglesias excluyen de ser miembros a todas las personas, excepto a los abstemios. Es posible que los líderes de la iglesia tengan que decirle lo siguiente a un candidato a miembro:  “aunque usted confía en Jesucristo como su Salvador, desea vivir bajo su señorío, ha sido bautizado según su ordenanza y ha asentido de corazón a nuestro testimonio de fe, no puede ser miembro de esta iglesia porque hace uso del vino en algunas ocasiones festivas o cuando visita a sus parientes”.

Estoy convencido de que una regulación así para ser miembro de la iglesia cae en la categoría de exclusivismo legalista y es enjuiciado según la palabra apostólica de las Escrituras. De ello estoy convencido, aunque yo sea un completo abstemio y crea que la abstinencia total es un estilo de vida sabio y defendible bíblicamente para nuestro tiempo.

En los planteamientos que siguen, intentaré mostrar lo que significa legalismo y porqué el requisito de la abstinencia total para ser miembro de la iglesia cae en dicha categoría y por tanto erróneo. Por último haré una propuesta práctica sobre cómo mejorar los pactos de la iglesia y hacerlos más fundamentales y menos específicos.

Ya el nuevo testamento no utiliza el término “legalismo”  intentaré definirlo de una manera generalmente aceptada para que quede claro que en el nuevo testamento se le da tratamiento a la cuestión. El  “legalismo” tiene al menos dos significados, pero ambos expresan una sola raíz del problema.

Primero, legalismo significa tratar las normas de conductas bíblicas como regulaciones que tenemos que obedecer por nosotros mismos con el objetivo de ganar el favor de Dios. En otras palabras, el legalismo se presenta cada vez que una persona intenta ser ética por sí misma; es decir, sin confiar en la misericordia ayuda de Dios en Cristo. Dicho de manera sencilla, la conducta moral que no parte de la fe es legalismo(Ro.14:23).

El legalista es por lo general una persona moral. La verdad es que la mayoría de las personas morales en el mundo occidental son legalistas debido a su llamada moralidad judeocristiana, heredada de sus ancestros, que no proviene de la confianza humilde y contrita en la misericordiosa habilitación de Dios, comprada con sangre, traída por el Espíritu. Por el contrario, para el legalista, la moralidad sirve al mismo propósito que la inmoralidad al antinómico o al progresista, a saber, como expresión de independencia y reafirmación. La razón por la que los fariseos daba el diezmo y ayunaban era la misma razón por la que algunos estudiantes universitarios sse quitan la ropa y se acuestan en los parque en Munich y Ámsterdam.

El legalista moral es el hermano mayor del pródigo inmoral (Lc. 15:11-32). Son hermanos de sangre a la vista de Dios porque ambos rechazan la misericordia de Dios en Cristo como medio para alcanzar la justicia y utilizan tanto la moralidad como la inmoralidad como medio de expresar su independencia, autosuficiencia y autodeterminación. Además, queda claro a partir del nuevo testamento que ambos traen como resultado la trágica pérdida de la vida eterna, sino hay arrepentimiento.

De modo que el primer significado de legalismo es el horrible error de tratar a las normas de conducta bíblicas como regulaciones que tenemos que obedecer por nosotros mismos para demostrar nuestras proezas morales y ganarnos el favor de Dios. Constituye un peligro del que todos debemos guardarnos cada día.

El significado de legalismo es el siguiente: La instauración de requisitos de conducta más allá de la enseñanza de las escrituras y la adhesión a ellos (los medios por los cuales una persona califica para ser miembro de una iglesia local). Es entonces que surge el exclusivismo no bíblico.

No hay manera de sortear el hecho de que la iglesia universal no incluye a todas las personas y que las iglesias locales no incluyen a todos los cristianos. Excluimos la posibilidad de que las personas sean miembros porque creemos que esta debe suponer un compromiso para con el señorío de Cristo la cabeza de la iglesia (de ahí la exclusión de los no cristianos) y porque las iglesias locales entienden dicho señorío de manera particular e importante ( de ahí la exclusión de algunos cristianos con los que no estamos de acuerdo). Sin embargo, la exclusión de la posibilidad de que las personas sean miembros de la iglesia local no debe tomarse nunca a la ligera. Es un asunto muy importante.

Las escuelas, los clubes y las sociedades pueden instaurar cualquier norma humana que deseen con el objetivo de evitar la entrada de ciertas personas y preservar, mediante reglas, un ambiente particular. Sin embargo, la iglesia no es una institución humana; pertenece a Cristo. Él es la cabeza del cuerpo y sólo Él debe establecer los requisitos de entrada.

Estos dos usos de término legalismo tienen una raíz común.  Por una parte, el legalismo significa tratar las normas de conducta bíblicas como regulaciones que debemos obedecer por nosotros mismos con el objetivo de ganarnos el favor de Dios. Por otra parte, significa implementar requisitos de conducta específicos más allá de la enseñanza de las escrituras y la adhesión a ellos (los medios por los cuales una persona califica para ser miembro de una iglesia local).

En primer caso, utilizamos nuestra propia fuerza para hacernos morales. En el segundo caso, utilizamos nuestra propia fuerza para hacer a la iglesia moral. En el primer caso, no confiamos en el poder de Dios para lograr nuestra propia santificación. En el segundo caso, no confiamos en el poder de Dios para lograr la santificación de los demás.

Por consiguiente, lo que une a las dos formas de legalismo anteriores en la raíz es la falta de fe, la falta de fe con respecto a nosotros mismos, de que es Dios quien está en nosotros “porque Dios es el que en nosotros produce así el querer como el hacer, por su voluntad” (fil. 2:13) y la falta de fe en relación con los demás, que Dios les hará saber su voluntad y los inclinará a cumplirla. Como dice Pablo en Filipenses 3:15. “ así que, todos los que somos perfectos, esto mismo sintamos; y si otra cosa sentís, esto también nos lo revelará Dios” con seguridad Pablo confía a Dios la purificación de la iglesia.

Cada vez que se debilita la acertada confianza en el poder sobrenatural de Dios, para nuestras vidas y las de los demás, el legalismo va calando. Inevitablemente intentamos compensar las pérdidas de fe dinámica aumentando la determinación moral y añadiendo regulaciones hechas por el hombre. Sin embargo, cada vez que la confianza gozosa en el poder de Dios decae, la carne se acrecienta. Esto significa que la moralidad que esperábamos que nos salvara y las regulaciones que esperábamos que purificaran nuestra iglesia caen víctima del gran poder de la carne y se convierten en instrumentos de independencia y autosuficiencia.

Parece estar más allá de toda duda que Dios detesta el legalismo tanto como el alcoholismo. Y creo que decir que el legalismo ha llevado ruina eterna a más personas que el alcoholismo, es un eufemismo, a pesar de que los estragos que produce el alcohol son enormes.

No nos dejemos engañar por las apariencias. Satanás “se disfraza como ángel de luz” (2 Co. 11:14). Él mantiene impolutas las enfermedades más letales. Viste a sus capitanes con prendas religiosas y alberga sus armas en templos. El legalismo es un padecimiento más peligroso que el alcoholismo porque no parece ser una enfermedad. El alcoholismo hace que los hombres fracasen; el legalismo los hace triunfar en el mundo. El alcoholismo hace que los hombres dependan de una botella; el legalismo los hace autosuficientes, dependientes de nadie. El alcoholismo destruye la determinación moral; el legalismo les da fuerza. Los alcohólicos no se sienten bienvenidos en la iglesia; los legalistas disfrutan escuchar como ensalzan su moralidad en la iglesia.

Por consiguiente, lo que necesitamos en la iglesia no es regulaciones de todo tipo para intentar mantenernos puros. Tenemos que predicar, orar y creer que ni la circuncisión ni la no incircuncisión,  ni la prohibición de las bebidas alcohólicas o beber en una reunión, ni el legalismo ni el alcoholismo son de utilidad alguna para con Dios. Sólo lo es un corazón nuevo.

Cada día el enemigo envía contra nosotros el tanque Sherman de la carne, con cañones de independencia y autosuficiencia. Si intentamos defendernos o defender a nuestra iglesia con reglas de cerbatana, terminaremos derrotados incluso en nuestra aparente victoria. La única defensa es estar “arraigados y sobreedificados en Cristo y confirmados en la fe” (col. 2:7) “fortalecidos con todo poder, conforme a la potencia de su gloria, para toda paciencia y longanimidad”  (col.1:11) “asiéndose de la cabeza, en virtud de que todo el cuerpo, nutriéndose y uniéndose… crece con el crecimiento que da Dios” (col.2:19).

¡De Dios! ¡De Dios y no de nosotros!

El semillero de todos estos pensamientos ha sido Colosenses 2:16-23. Este fue el pasaje clave que me dio guía al inicio de mi ministerio para salir airoso de esta polémica. Me parece que estos versículos colocan a la abstinencia total como un requisito para ser miembro de la iglesia en la categoría de legalismo y por lo tanto, nos enseñan que es errónea. Las enseñanzas de Pablo pueden resumirse en cinco puntos:

  1. “Nadie os juzgue en comida o en bebida” Col. 2:16

El consumo de alimentos y bebidas no constituye en sí  mismo un fundamento por el cual juzgar su posición en la relación con Dios o su posición en la familia de Dios. Para estar seguro, Pablo tuvo que lidiar con el abuso de la comida y de la bebida, el problema de comer carne que se había ofrecido a los ídolos y el problema de la borrachera (1 Co. 8; 11:21; Ro. 14). Sin embargo, su enfoque en relación con estos abusos nunca fue prohibir la comida ni la bebida; siempre fue prohibir lo que destruía el templo de Dios y dañaba la fe (¡que en ocasiones podía incluír la comida y la bebida!) él enseñó el principio del amo, pero no determinó su aplicación con regulaciones en materia de comida y bebida. El pacto de la iglesia que tenga la abstinencia total como requisito, se extralimita en lo que refiere a la restricción del principio del amor.

  1. “Nadie os prive de vuestro premio,  afectando humildad y culto a los ángeles”

La fañsa enseñanza en Colosas, contó de dos partes: por una parte, llamó a la adoración de los ángeles y por otra, a regulaciones estríctas y acéticas. Ambas se erigieron como requisitos para quienes querían calificar para la plenitud de la vida (2:10) o la completa participación en la comunidad espiritual. Pablo denunció ambos requisitos.la teología de los creyentes colosenses era errónea. Sus regulaciones acéticas con respecto a la comida y la bebida, no tenían utilidad porque la plenitud de la deidad habita en Cristo y dichas normas eran sólo sombras de la realidad que conducen al engreimiento.

  1. La fuente de vida, pureza y crecimiento no nos llega mediante visiones religiosas ni regulaciones con respecto a la comida y la bebida, sino “haciéndose de la cabeza (Cristo), en virtud de quien todo el cuerpo, nutriéndose y uniéndose por las coyunturas y ligamentos, crece con el crecimiento que da Dios” Col. 2:19

La única esperanza para lograr crecimiento espiritual y salud en el cuerpo de Cristo es la fidelidad a Cristo la cabeza, no a regulaciones excluyentes.

  1. “Pues si habéis nuerto con Cristo en cuanto a los rudimentos del mundo, ¿porqué, como si vivieseis en el mundo, os sometéis a preceptos tales como:  no manejes, ni gustes, ni aún toques (en conformidad a mandamientos y doctrinas de hombre), cosas que todas se destruyen en el uso? “ Col. 2:20-22.

Una iglesia que instaura regulaciones con respecto a la comida y la bebida como medios para juzgar o excluir, no conoce aún lo que significa morir con Cristo y ser liberado de los poderes del mundo. Esto fue lo que quise decir anteriormente cuando dije que cada vez que la confianza gozosa y genuina en Cristo disminuye, se instauran regulaciones para preservar lo que el poder de Cristo creó una vez. Si instaura suficientes regulaciones y crea una dotación lo bastante grande, una institución puede durar décadas después de que la dinámica espiritual que le dio origen haya desaparecido.

  1. “Tales cosas (regulaciones) tienen a la verdad cierta reputación de sabiduría en culto voluntario, en humildad y en duro trato del cuerpo; pero no tienen valor alguno contra los apetitos de la carne” Col. 2:23.

La abstinencia total, como requisito de entrada, puede asegurar que los miembros de la iglesia tengan una postura común con respecto al alcohol, pero no sirve de nada a la hora de hacernos personas puras que no vivan según la carne. Por el contrario, al imponer una restricción que el nuevo testamento jamás impone, este requisito de entrada, en principio, nos involucra en un legalismo que tiene raíces en la falta de fe. Es señal de descoloridos poder y gozo, y el corazón justo creado otrora por el poder de Cristo ya no puede preservarse por medio de leyes.

Concluyo por consiguiente, que el apóstol Pablo no aprobaría los pactos de las iglesias contemporáneas que hacen de la abstinencia total un requisito para ser miembro de la iglesia local. Como alternativa práctica a la cláusula de la abstinencia total, sugiero sustituirla por una sentencia como la siguiente: “nos abstenemos de toda droga, alimento, bebida y prácticas que provoquen daños injustificados al cuerpo o pongan en riesgo nuestra fe o la de otras personas”. Este pacto es más fundamental, pero brinda flexibilidad bíblica para la libertad de conciencia en Cristo.

 


¿Cuál es el Estado de la Iglesia en nuestros días?

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¡Fieles Hasta La Muerte! John Piper

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Publicado por Pastor Damián Ayala