La Resurrección de Jesús

La Resurrección de Jesús

Por: William Lane Craig

Traducido por:  Joel Naranjo

La mayor parte de la gente no tiene problemas en reconocer que Dios existe; pero en nuestra sociedad pluralista se ha vuelto políticamente incorrecto afirmar que Dios se ha revelado a sí mismo de una forma decisiva en Jesús. ¿Qué justificación pueden ofrecer los cristianos, en contraste con los hindúes, judíos, o musulmanes, para pensar que el Dios cristiano es real?

Recientemente hablé en una importante universidad canadiense sobre la existencia de Dios. Después de mi charla, una estudiante, ligeramente enfadada, escribió en su tarjeta de comentarios: “Estaba con usted hasta que llegó a todo ese asunto sobre Jesús. ¡Dios no es el Dios cristiano!”

Esta actitud es muy típica en la actualidad. La mayor parte de la gente no tiene problemas en reconocer que Dios existe; pero en nuestra sociedad pluralista se ha vuelto políticamente incorrecto afirmar que Dios se ha revelado a sí mismo de una forma decisiva en Jesús. ¿Qué justificación pueden ofrecer los cristianos, en contraste con los hindúes, judíos, o musulmanes, para pensar que el Dios cristiano es real?

La respuesta del Nuevo Testamento es: la Resurrección de Jesús. “Él ha fijado un día en que juzgará al mundo con justicia, por medio del hombre que ha designado. De ello ha dado pruebas a todos al levantarlo de entre los muertos.” (Hechos 17.31). La resurrección es la vindicación por parte de Dios de las radicales pretensiones personales de autoridad divina de Jesús.

Así qué ¿cómo sabemos que Jesús ha resucitado de entre los muertos? El compositor del himno de Pascua dice, “¿Me preguntas cómo sé que él vive? ¡Él vive dentro de mi corazón!” Esta respuesta es absolutamente apropiada en un nivel individual. Pero cuando los cristianos interactuamos con no creyentes en la arena pública, como en las Cartas al Editor de un periódico local, al llamar a un programa de radio, en las reuniones de padres y maestros, o incluso en una simple conversación con compañeros de trabajo, entonces es crucial que seamos capaces de presentar evidencia objetiva en apoyo de nuestras creencias. De otro modo nuestras afirmaciones no tendrán más peso que la aserción de cualquiera que afirme haber tenido una experiencia privada de Dios.

Afortunadamente, el cristianismo, como religión arraigada en la historia, hace afirmaciones que pueden, en buena medida, ser investigadas históricamente. Supongamos, entonces, que nos acercamos los escritos del Nuevo Testamento, no como Escritura inspirada, si no meramente como una colección de documentos en griego que nos han llegado desde el primer siglo, sin ninguna presunción acerca de su fiabilidad más que aquella con la que consideramos normalmente otras fuentes de historia antigua. Podría sorprendernos descubrir que la mayoría de los críticos del Nuevo Testamento que se dedican a investigar los evangelios de esta manera admite los hechos centrales que subyacen a la resurrección de Jesús. Quiero enfatizar que no hablo sólo de estudiosos evangélicos o conservadores, si no del amplio espectro de críticos del Nuevo Testamento que enseñan en universidades seculares y seminarios no evangélicos. Asombroso como pueda parecer, la mayoría de ellos ha llegado a considerar como históricos los hechos básicos que apoyan la resurrección de Jesús. Estos hechos son los siguientes:

HECHO #1: Después de su crucifixión, Jesús fue sepultado en una tumba por José de Arimatea. Este hecho es altamente significativo porque implica, contrariamente a los críticos radicales como John Dominic Crossan del Seminario de Jesús, que la ubicación del sitio de entierro de Jesús era conocido para judíos y cristianos por igual. En ese caso, los discípulos jamás podrían haber proclamado su resurrección en Jerusalén si la tumba no hubiera estado vacía. Los investigadores del Nuevo Testamento han establecido este primer hecho sobre la base de evidencia tal como la siguiente:

1. La sepultura de Jesús es atestada por una tradición muy antigua citada por Pablo en 1 Cor. 15.3-5:

Porque ante todo les transmití a ustedes lo que yo mismo recibí:

… que Cristo murió por nuestros pecados según las Escrituras,
que fue sepultado,
que resucitó al tercer día según las Escrituras,
y que se apareció a Cefas, y luego a los doce. (1Co 15:3-5 NVI)

Pablo no sólo usa los términos rabínicos típicos “recibir” y “transmitir” con respecto a la información que está entregando a los corintios, si no que los vv. 3-5 son una fórmula de cuatro líneas altamente estilizada, llena de características no paulinas. Esto ha convencido a todos los estudiosos que Pablo está, tal como afirma, citando una antigua tradición que él mismo recibió después de su conversión al cristianismo. Esta tradición probablemente se remonta, por lo menos, a la visita de investigación que Pablo hizo a Jerusalén alrededor del año 36 DC, cuando pasó dos semanas con Cefas y Santiago (Gálatas 1.18). Data así de un período de cinco años desde de la muerte de Jesús. Tan corto espacio de tiempo, y tal contacto personal hace infundado hablar de leyenda en este caso.

2. La historia del entierro es la parte del material de una fuente muy antigua usada por Marcos al escribir su evangelio. Los evangelios tienden a consistir en breves instantáneas de la vida de Jesús vagamente conectadas y no siempre cronológicamente ordenadas. Pero al llegar a la historia de la Pasión nos encontramos con una narrativa fluida y continua. Esto sugiere que la historia de la Pasión fue una de las fuentes de información que Marcos usó para escribir su evangelio. Ahora, la mayoría de los estudiosos piensa que Marcos es ya el evangelio más temprano, y la fuente de Marcos de la pasión de Jesús es, por supuesto, aun más antigua. Una comparación de las narraciones de los cuatro los evangelios revela que sus recuentos no divergen entre si, si no hasta después de la sepultura. Esto implica que el recuento del entierro era parte de la historia de pasión. De nuevo, su antigüedad milita contra la posibilidad de que sea legendaria.

3. Como miembro del tribunal judío que condenó a Jesús, es improbable que José de Arimatea sea una invención cristiana. Había un fuerte resentimiento contra los dirigentes judíos a causa de su papel en la condena de Jesús (1 Tesalonicenses. 2.15). Es, por consiguiente, muy improbable que los cristianos inventaran que un miembro del tribunal que condenó a Jesús honrara a Jesús dándole una sepultura apropiada en lugar de permitirle ser despachado como un delincuente común.

4. No existe ninguna otra historia de la sepultura competidora. Si el entierro por José fuera ficticio, esperaríamos encontrar algún rastro histórico de lo que realmente sucedió con el cadáver de Jesús, o por lo menos alguna leyenda competidora. Sin embargo, todas nuestras fuentes son unánimes en el entierro honorable Jesús por José.

Por ésta y otras razones, la mayoría de críticos del Nuevo Testamento concuerdan que Jesús fue sepultado en una tumba por José de Arimatea. Según el fallecido John A. T. Robinson de la Universidad de Cambridge, el entierro de Jesús en sepulcro es “uno de los más tempranos y mejor atestados hechos acerca de Jesús.”1

HECHO #2: En el domingo siguiente a la crucifixión, la tumba de Jesús fue hallada vacía por un grupo de sus seguidoras. Entre las razones que han llevado la mayoría de los estudiosos a esta conclusión están las siguientes:

1. La historia de la tumba vacía también es parte de la antigua fuente de la pasión usada por Marcos. La fuente de la pasión usada por Marcos no concluía en muerte y derrota, sino con la historia de la tumba vacía, que es gramaticalmente de una pieza con la historia de la sepultura.

2. La antigua tradición citada por Pablo en 1 Cor. 15.3-5 implica el hecho de la tumba vacía. Para cualquier judío del primer siglo, decir de un muerto “que fue enterrado y que fue levantado” es implicar que quedó atrás una tumba vacante. Es más, la expresión “en el tercer día” probablemente deriva de la visita de las mujeres a la tumba en el tercer día, en la forma judía de contar, desde la crucifixión. La tradición de cuatro versos citada por Pablo resume tanto el recuento de los evangelios como la temprana predicación apostólica (Hechos 13. 28-31); significativamente, la tercera línea de la tradición corresponde a la historia de la tumba vacía.

3. La historia es simple y carece de señales de embellecimiento legendario. Todo lo que uno tiene que hacer para apreciar este punto es comparar el recuento de Marcos con las locas historias legendarias que hallamos en los evangelios apócrifos del siglo segundo, en los que Jesús es visto salir de la tumba con su cabeza alcanzando por sobre las nubes y ¡seguido por una cruz parlante!

4. El hecho que el testimonio de una mujer era despreciado en la Palestina del siglo primero está a favor del rol de las mujeres en el descubrimiento de la tumba vacía. Según Josefo, el testimonio de las mujeres era considerado de tan poco valor que ni siquiera era admisible en un tribunal de justicia judío. Cualquier historia legendaria tardía habría hecho, ciertamente, a discípulos masculinos descubrir la tumba vacía.

5. La temprana alegación judía de que los discípulos habían robado el cuerpo de Jesús (Mat. 28.15) demuestra que el cuerpo había, de hecho, desaparecido de la tumba. La respuesta judía más temprana a la proclamación de los discípulos de que, “¡Él ha resucitado de los muertos!” no era indicar su tumba ocupada y reírse ellos como fanáticos, sino afirmar que ellos se habían llevado el cuerpo de Jesús. Así, tenemos evidencia de la tumba vacía viniendo de los propios oponentes de los primeros cristianos.

Podríamos continuar, pero creo que se ha dicho que lo suficiente para indicar por qué, en las palabras de Jacob Kremer, un especialista austriaco en la resurrección, “Por lejos, la mayoría de los exegetas sostiene firmemente a la fiabilidad de las declaraciones bíblicas acerca de la tumba vacía.”2

HECHO #3: En múltiples ocasiones y bajo variadas circunstancias, distintos individuos y grupos de personas experimentaron apariciones de Jesús vivo después de su muerte.

Éste es un hecho que es reconocido casi universalmente entre los estudiosos del Nuevo Testamento, por las siguientes razones:

1. La lista de testigos de las apariciones del Jesús resucitado, citadas por Pablo en 1 Cor. 15. 5-7 garantiza que dichas apariciones ocurrieron. Estos incluían a Pedro (Cefas), los Doce, 500 hermanos, y Santiago.

2. Las tradiciones de las apariciones en los evangelios proporcionan atestación múltiple e independiente de las mismas. Ésta es una de las marcas más importantes de historicidad. La aparición a Pedro es atestada independientemente por Lucas, y la aparición a los Doce por Lucas y Juan. También tenemos el testimonio independiente de las apariciones galileas en Marcos, Mateo y Juan, así como a las mujeres en Mateo y Juan.

3. Ciertas apariciones tienen señales de historicidad. Por ejemplo, tenemos buena evidencia en los evangelios que ni Santiago ni ninguno de los hermanos menores de Jesús creyeron en él durante su vida. No hay ninguna razón para pensar que la iglesia primitiva generaría historias ficticias acerca de la incredulidad de la familia de Jesús si hubieran sido desde un principio seguidores fieles. Pero es indiscutible que Santiago y sus hermanos se volvieron creyentes cristianos activos después de la muerte de Jesús. Santiago fue considerado un apóstol y eventualmente ascendió a una posición de liderazgo en la iglesia de Jerusalén. Según el historiador judío del primer siglo, Josefo, Santiago fue martirizado por su fe en Cristo hacia fines de la década del 60 DC. Ahora, la mayoría de nosotros tiene hermanos. ¿Qué se necesitaría para convencerlos que su hermano es el Señor, de tal modo que estuvieran dispuestos a morir por esa creencia? ¿Puede haber alguna duda de que esta notable transformación en el hermano menor de Jesús tuvo lugar porque, en palabras de Pablo, “entonces apareció a Santiago”?

Incluso Gert Lüdemann, un destacado estudioso alemán crítico de la Resurrección, admite, “puede tomarse como históricamente cierto que Pedro y los discípulos tuvieron experiencias después de la muerte de Jesús en que Jesús se les apareció como el Cristo resucitado.”3

HECHO #4: Los discípulos originales creyeron que Jesús había sido levantado de entre los muertos a pesar de tener toda predisposición en contra de ello. Piense en la situación que los discípulos enfrentaron después de la crucifixión de Jesús:

1. Su líder estaba muerto. Y los judíos no tenían ninguna creencia un Mesías que muriese, mucho menos que resucitase. Se suponía que el Mesías debía expulsar a los enemigos de Israel (= Roma) y restablecer el Reino Davídico, no sufrir la muerte ignominiosa de un criminal.

2. Según la ley judía, la ejecución de Jesús como un criminal demostraba que era un hereje, un hombre literalmente bajo la maldición de Dios (Deut. 21.23). La catástrofe de la crucifixión para los discípulos no era simplemente que su Maestro se hubiera ido, sino que la crucifixión demostraba que, en efecto, los Fariseos habían tenido razón desde el principio, que durante tres años habían estado siguiendo a un hereje, ¡a un hombre maldito por Dios!

3. Las creencias judías acerca de la otra vida precluían que alguien fuese levantado de entre los muertos a gloria e inmortalidad antes de la resurrección general en el Fin del mundo. Todo lo que los discípulos podían hacer que era conservar la tumba de su Maestro como un santuario dónde sus huesos podrían residir hasta el día en que los muertos justos de Israel fuesen levantados por Dios a la gloria.

A pesar de todo esto, los discípulos originales creyeron en y estaban deseoso de ir a la muerte por el hecho de la resurrección de Jesús. Luke Johnson, un estudioso del Nuevo Testamento de la Universidad de Emory, reflexiona, “se requiere alguna clase experiencia poderosa y transformativa para generar el tipo de movimiento que el Cristianismo más temprano era…”4 N. T. Wright, un eminente estudioso británico, concluye, “es por eso que, como historiador, no puedo explicar el surgimiento del cristianismo primitivo a menos que Jesús se halla levantado nuevamente, dejando una tumba vacía tras él.”5

En el resumen, hay cuatro hechos aceptados por la mayoría de los estudiosos que han escrito sobre esta materia que cualquier hipótesis histórica adecuada debe responder: la sepultura de Jesús por José de Arimatea, el descubrimiento de su tumba vacía, sus apariciones después de la muerte, y el origen de la creencia de los discípulos en su resurrección.

Ahora la pregunta es: ¿cuál es la mejor explicación de estos cuatro hechos? La mayoría de los estudiosos probablemente permanece agnóstico sobre esta pregunta. Pero el cristiano puede sostener que la hipótesis que mejor explica estos hechos es “Dios resucitó a Jesús de entre los muertos.”

En su libro que “Justifying Historical Descriptions”, el historiador C. B. McCullagh lista seis tests que los historiadores usan para determinar cual es la mejor explicación para ciertos hechos histórico dados6. La hipótesis “Dios resucitó a Jesús de entre los muertos” pasa todas estos tests:

1. Tiene mayor alcance explicativo: explica por qué la tumba fue hallada vacía, por qué los discípulos vieron apariciones después de la muerte de Jesús, y por qué la fe cristiana llegó a existir.

2. Tiene mayor poder explicativo: explica por qué el cuerpo de Jesús desapareció, por qué varias personas vieron a Jesús vivo en repetidas oportunidades, a pesar de su ejecución pública previa, etcétera.

3. Es plausible: dado el contexto histórico de la propia vida y afirmaciones incomparables de Jesús, la resurrección sirve como confirmación divina de esas pretensiones radicales.

4. No es ad hoc o artificial: requiere sólo una hipótesis adicional: que Dios existe. Y ni siquiera esa es necesariamente una hipótesis adicional si uno ya cree en la existencia de Dios.

5. Está de acuerdo con creencias aceptadas. La hipótesis: “Dios resucitó a Jesús de entre los muertos” no contradice en forma alguna la creencia aceptada de que las personas no resucitan naturalmente. El cristiano acepta dicha creencia de todo corazón, tal como acepta la hipótesis de que Dios resucitó a Jesús de entre los muertos.

6. Supera ampliamente a las hipótesis rivales en cumplir las condiciones (1)-(5). A través de la historia se han ofrecido variadas explicaciones alternativas de los hechos, por ejemplo, la hipótesis de la conspiración, la hipótesis de la muerte aparente, la hipótesis de la alucinación, y así. Tales hipótesis han sido rechazadas casi universalmente por la erudición contemporánea. Ninguna de estas hipótesis naturalistas tiene éxito en cumplir las condiciones tan bien como la hipótesis de la resurrección.

Ahora, esto pone al crítico escéptico en una situación bastante desesperada. Hace unos años participé en un debate sobre la Resurrección de Jesús con un profesor en la Universidad de California en Irvine. Él había escrito su disertación doctoral sobre la resurrección, y estaba completamente familiarizado con la evidencia. No podía negar los hechos del entierro honorable de Jesús, la tumba vacía, las apariciones después de la muerte, y el origen de la creencia de los discípulos en la resurrección. Así que su único recurso era proponer alguna explicación alternativa de esos hechos. Y así, ¡argumentó que Jesús de Nazaret tenía un desconocido hermano gemelo idéntico que fue separado de él en la infancia y creció independientemente, pero que regresó a Jerusalén en el momento de la crucifixión, robo el cuerpo de Jesús de la tumba, y se presentó a los discípulos, quienes equivocadamente infirieron que Jesús había resucitado de entre los muertos! No me tomaré la molestia explicar como refuté dicha teoría. Pero pienso que el ejemplo es ilustrativo de hasta donde debe llegar el escepticismo en su desesperación por refutar la evidencia de la Resurrección de Jesús. De hecho, la evidencia es tan poderosa que uno de los principales teólogos judíos a nivel mundial, el fallecido Pinchas Lapide, quien enseñó en la Universidad Hebrea en Israel, declaró estar convencido en base a la evidencia ¡que el Dios de Israel había levantado a Jesús de Nazaret de entre los muertos!7

La importancia de la resurrección de Jesús descansa en el hecho de que no es sólo cualquier Perico de los Palotes quien ha sido levantado de entre los muertos, si no Jesús de Nazaret, cuya crucifixión fue se instigada por los dirigentes judíos debido a sus pretensiones blasfemas a la Autoridad Divina. Si este hombre ha sido levantado de entre los muertos, entonces el Dios contra quien supuestamente había blasfemado ha vindicado claramente sus pretensiones. Así, en una edad de relativismo y pluralismo religioso, la Resurrección de Jesús constituye una roca sólida en que los cristianos pueden tomar su posición en favor de la auto-revelación definitiva de Dios en Jesús.
 Notas

1 John A. T. Robinson, The Human Face of God (Philadelphia: Westminster, 1973), p. 131.

2 Jacob Kremer, Die Osterevangelien—Geschichten um Geschichte (Stuttgart: Katholisches Bibelwerk, 1977), pp. 49-50.

3 Gerd Lüdemann, What Really Happened to Jesus?, trans. John Bowden (Louisville, Kent. Westminster John Knox Press, 1995), p. 80.

4 Luke Timothy Johnson, The Real Jesus (San Francisco: Harper San Francisco, 1996), p. 136.

5 N. T. Wright, “The New Unimproved Jesus,” Christianity Today (September 13, 1993), p. 26.

6 C. Behan McCullagh, Justifying Historical Descriptions (Cambridge: Cambridge University Press, 1984), p. 19.

7 Pinchas Lapide, The Resurrection of Jesus, trans. Wilhelm C. Linss (London: SPCK, 1983).

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La Apologética Cristiana: ¿Quién La Necesita?

La Apologética Cristiana:

¿Quién La Necesita?

Por: William Lane Craig

Reflexiones del porqué la disciplina de la apologética es vital para la salud del cristianismo en la sociedad occidental.

Estoy profunda y humildemente honrado por el privilegio de que se me invitara a las Conferencias Stob este año. Es más, estoy un poco apenado por todo el alboroto que ustedes han hecho. Hay una tentación de querer justificar el que seleccionen a uno como conferencista Stob, es decir, dar un par de conferencias esperanzadamente impresionantes y eruditas. Pero una llamada del Presidente Plantinga me dejó más que claro que tal tentación no era consistente, ni con el propósito que se pretendía, ni la audiencia de esas conferencias. Había pensado en hablar de algunos temas claves en la teología filosófica cristiana. Pero el Presidente Plantinga me alentó a tratar la pregunta de la apologética cristiana, un tema al parecer muy apreciado por el corazón de Henry Stob, pero de alguna manera abandonado en años recientes. Me animó a aprovechar mis años de experiencia, como un apologeta cristiano, para compartir algunas reflexiones muy prácticas en esta disciplina. Así que, es lo que me he resuelto hacer.

Esta noche nos hacemos la pregunta fundamental: La apologética cristiana – ¿quién la necesita?

Para empezar, creo que debemos distinguir entre la necesidad de la apologética y su utilidad. La distinción es importante. Porque aun si la apologética no resultara ser absolutamente necesaria, no se concluye de ello que es, por lo tanto, inútil. Por ejemplo, no es necesario saber escribir a máquina para usar una computadora, puedes escribir de a dedazo, como yo; sin embargo las habilidades para escribir a máquina son muy útiles al usar una computadora. Dicho de otra manera, no es necesario mantener tu bicicleta en buen estado para ir en ella, pero puede ser un verdadero beneficio mantenerla bien engrasada. De la misma manera, la apologética cristiana puede ser de gran utilidad aun si no es necesaria para algún fin. Así que, no solamente necesitamos preguntar respecto a la apologética cristiana, ¿Quién la necesita? sino también ¿Para qué sirve?

La apologética cristiana puede definirse como aquella rama de la teología cristiana, que busca presentar una justificación racional para las verdades expresadas del cristianismo. Aquéllos que tratan a la apologética como si no tuviese importancia, tienden a medir el valor de la apologética enfocándose en su supuesta necesidad de garantizar la creencia cristiana. Algunos pensadores, particularmente en la tradición reformada holandesa, ven este rol como innecesario y a veces hasta equivocado.

Ahora, estoy completamente de acuerdo con los modernos y así llamados epistemólogos reformados, como Alvin Plantinga, en cuanto a que: los argumentos apologéticos y la evidencia no son necesarios para que la creencia cristiana sea justificada para alguien. El argumento de los racionalistas teológicos (o evidencialistas, como se les llama falsamente hoy en día) de que la fe cristiana es irracional en la ausencia de evidencia positiva es difícil de armonizar con la Escritura, la cual parece enseñar que la fe en Cristo puede establecerse inmediatamente por el testimonio interior del Espíritu (Ro. 8.14-16; 1 Jn. 2.27; 5.6-10) de tal manera que el argumento y la evidencia se vuelven innecesarios. He caracterizado en alguna otra parte el Testimonio del Espíritu Santo como autenticado por sí mismo, y con eso quiero decir (1) que la experiencia del Espíritu Santo es verídica e inequívoca (aunque no necesariamente irresistible o indubitable) por aquél que le tiene o le atiende; (2) que esa persona no necesita argumentos suplementarios o evidencia para conocer y saber con certeza que él está de hecho experimentando el Espíritu de Dios; (3) esta experiencia no funciona en este caso como una premisa en ningún argumento desde una experiencia religiosa a Dios, sino que es experimentar a Dios mismo inmediatamente. (4) que en ciertos contextos la experiencia del Espíritu Santo implicará la comprensión de ciertas verdades de la religión cristiana como; “Dios existe, “Estoy reconciliado con Dios”, “Cristo vive en mí”, etc.; (5) que esa experiencia le proporciona a uno, no solamente una certidumbre subjetiva de la verdad del cristianismo, sino también un conocimiento objetivo de esa verdad; y (6) que la evidencia y los argumentos incompatibles con esa verdad quedan sin efecto por la experiencia del Espíritu Santo por aquél que le atiende totalmente.

Los cristianos evidencialistas pudieran insistir en que, aun si la creencia cristiana pudiera justificarse en la ausencia de argumentos apologéticos positivos, incluso así, uno debe tener, al menos, los recursos apologéticos de defensa para vencer las diversas objeciones con las que uno se ve confrontado. Pero todavía, esa afirmación más modesta es apresurada, porque si el testimonio del Espíritu Santo en la vida de una persona es lo suficientemente poderoso (como debiera ser), entonces simplemente destruirá los argumentos que vengan en contra de las creencias cristianas de esa persona, y de este modo, eliminando incluso la necesidad de la apologética defensiva. Un creyente, que desconoce o que está pobremente equipado para refutar argumentos anticristianos, está justificado en creer, con base en el testimonio del Espíritu, aún ante tales objeciones. Incluso una persona que se enfrenta con lo que para él son objeciones sin respuesta para el teísmo cristiano está, debido a la obra del Espíritu Santo, dentro de sus derechos epistémicos—no, bajo obligación epistémica—de creer en Dios. Ya que las creencias basadas en el testimonio objetivo y verídico del Espíritu son parte de la emancipación invencible de la razón, la fe del creyente está justificada, aunque esté completamente privada de argumentos apologéticos (como es el caso de la mayoría de los cristianos hoy en día y a través de la historia de la Iglesia).

Por el contrario, el cristiano evidencialista se enfrenta con serias dificultades: (1) Negaría el derecho a la fe cristiana a todos los que no tienen la habilidad, tiempo y oportunidad de entender y evaluar los argumentos y la evidencia. La consecuencia sería, sin duda, consignar incalculables millones de personas que son cristianas a la incredulidad. Sin embargo, la Escritura dice que todos los hombres están sin excusa por no responder a la revelación que tienen (Ro.1.21). (3) Esta perspectiva crea un tipo de élite intelectual, un sacerdocio de filósofos e historiadores, que dictarán a las masas si es racional o no creer en el Evangelio. Pero, sin duda, la fe está disponible para todos los que, en respuesta al llamado del Espíritu, invocan el nombre del Señor. (4) La fe está sujeta a los caprichos de la razón humana y a las tierras movedizas de la evidencia, haciendo la fe cristiana, racional en una generación, e irracional en la siguiente. Pero el testimonio del Espíritu hace a cada generación contemporánea con Cristo, y así asegura una base firme para la fe.

Así que, no creo, de hecho, que la apologética sea necesaria para que la creencia cristiana se garantice. Pero no se concluye por ello que la apologética cristiana sea, por lo tanto, sin valor o de ningún beneficio en justificar la fe cristiana. Si los argumentos de la teología natural y las evidencias cristianas son acertados, entonces la creencia cristiana está justificada por esos argumentos y evidencias, para que la persona las entienda, aún cuando esa persona estaría justificada en la ausencia de éstos. Esta persona está doblemente justificada en su creencia cristiana, en el sentido de que disfruta de dos fuentes de garantía.

Se pueden visualizar los grandes beneficios que se tienen de esa doble garantía en las creencias cristianas de uno. Teniendo argumentos válidos para la existencia de Creador y Diseñador del universo o evidencia para la credibilidad histórica de los registros del Nuevo Testamento de la vida de Jesús, además de que el testimonio del Espíritu podría incrementar la confianza de uno en cuanto a la veracidad de las verdades cristianas expresadas. En el modelo epistemológico de Plantinga, al menos, uno tendría entonces mayor garantía por creer tales afirmaciones. Mayor garantía podría, a su vez, guiar a un incrédulo venir a la fe más fácilmente, o inspirar a un creyente a compartir su fe de forma más audaz. Además, el disponer de una garantía independiente para las verdades cristianas expresadas, aparte del testimonio del Espíritu, podría ayudar a predisponer al incrédulo a responder al llamado del Espíritu Santo cuando escuche el Evangelio, y al creyente podría proporcionarle apoyo epistémico en momentos de sequedad espiritual o duda, cuando el testimonio del Espíritu parece eclipsado. Uno puede, sin duda, pensar en muchas otras maneras en las que puede ser provechoso para las creencias cristianas poseer esa garantía.

Así que la pregunta es: ¿la teología natural y las evidencias cristianas garantizan la creencia cristiana? Pienso que así es. En mi trabajo publicado he formulado y defendido versiones de los argumentos cosmológico, teleológico, axiológico y ontológico a favor de la existencia de Dios, y también he defendido el teísmo en contra de las objeciones más prominentes que los pensadores ateos albergan para creer en Dios, como el problema del mal, lo oculto de Dios y la coherencia del teísmo. Además, he argumentado a favor de la autenticidad de las afirmaciones personales y radicales de Jesús y la historicidad de su tumba vacía, sus apariciones después de su muerte a varias personas y grupos. Y la creencia inesperada de los primeros discípulos de que Dios lo levantaría de los muertos. Asimismo, haciendo uso de los criterios estándares para evaluar las hipótesis históricas, he argumentado que la mejor explicación de los hechos, es aquella dada por los mismos apóstoles: Dios levantó de los muertos a Jesús.

Si estos argumentos son correctos, entonces la creencia del teísmo cristiano se justifica por la teología natural y las evidencias cristianas, así como, también por el testimonio interno del Espíritu Santo. Así que, aunque los argumentos apologéticos no son necesarios para saber que el cristianismo es verdadero, aún así son suficientes, y esta doble justificación para las creencias cristianas puede ser de gran ventaja. Por lo tanto, el éxito de la Epistemología Reformada y el fracaso del Racionalismo Teológico de ninguna manera implica que la apologética sea inservible o sin importancia.

Más que eso: aun si la apologética cristiana no es necesaria en cuanto a que garantice la creencia cristiana, la apologética cristiana puede ser de provecho y hasta necesaria en relación a varios fines. Permítame mencionar tres de ellos, en donde la apologética cristiana desempeña un papel vital en su realización.

1. Moldear la cultura. La apologética es útil, y bien puede ser necesaria, para que el Evangelio sea oído de manera efectiva en la sociedad occidental de hoy. En general, la cultura occidental es profundamente post-cristiana. Es el producto de La Ilustración, la levadura del secularismo, que se introdujo en la cultura europea y que ha permeado, hasta ahora, toda la sociedad occidental. El sello de La Ilustración fue “el libre pensamiento”, esto es, la búsqueda de conocimiento, a través y solamente de la razón humana, sin límites. Si bien, de ninguna manera se puede evitar que tal búsqueda lleve a conclusiones no cristianas, y aunque la mayoría de los mismos pensadores originales de La Ilustración eran teístas, el abrumador impacto de la mentalidad de La Ilustración ha sido que los intelectuales de occidente no consideren que el conocimiento teológico sea posible. La teología no es una fuente genuina de conocimiento y por lo tanto no es ciencia. Es así que la razón y la religión están en conflicto. Lo que de la ciencias naturales resulte se ha de tomar como guías autoritativas para nuestro entendimiento del mundo, y la confiada suposición es que la descripción del mundo que emerja de las ciencias genuinas es una descripción completamente naturalista. La persona que siga la búsqueda de la razón sin temor a su final será ateo o a lo más, agnóstico.

¿Por qué son importantes estas consideraciones de la cultura? Simplemente porque el Evangelio nunca se escucha en aislamiento. Siempre se le escucha en contra del trasfondo del ambiente cultural en el que uno vive. Una persona educada en un ambiente cultural en el que el cristianismo es todavía visto como una opción viable intelectualmente mostrará una apertura al Evangelio, lo que una persona secularizada no. ¡Para la persona secular es lo mismo si le dices que crea en cuentos de hadas o duendes, como en Jesucristo! O para dar una ilustración más realista, es como el que se nos acerque en la calle un creyente del movimiento Hare Krishna y nos invite a creer en Krishna. Semejante invitación nos parece bizarra, rara, incluso entretenida. Pero para una persona en Bombay, tal invitación parecería, asumo, muy razonable y sería una causa seria de reflexión. Me temo que en las calles de Bonn, Estocolmo o París los evangélicos parecen casi tan raros a las personas como los creyentes de Krishna.

Lo que nos espera en Norteamérica, en caso de que la caída en el secularismo continúe constante, ya es evidente en Europa. Aunque la mayoría de los europeos retienen una afiliación nominal con el cristianismo, sólo el 10% son creyentes que lo practican y menos de la mitad son de teología evangélica. La tendencia más significativa en la afiliación religiosa europea es el crecimiento de aquellos clasificados como “no religiosos” de 0% de la población en 1900 a arriba del 22% hoy en día. Como resultado el evangelismo es inmensurablemente más difícil en Europa que en los Estados Unidos. Haber vivido por trece años en Europa, donde hablé evangelísticamente en los campus universitarios por todo el continente, puedo testificar qué tan dura es la tierra. Es difícil que el Evangelio sea oído siquiera. Por ejemplo, recuerdo vívidamente que cuando hablé en la Universidad de Porto en Portugal, los estudiantes estaban tan incrédulos ante la posibilidad de un cristiano intelectual con títulos de doctorado de dos universidades europeas, que sospechaban que era realmente un impostor. ¡Incluso hablaron a la Universidad de Louvain en Bélgica, donde era un investigador visitante, para confirmar mi afiliación con la universidad!

EU sigue en cierta manera el mismo camino, y Canadá está en algún punto intermedio. La caída de Canadá en el secularismo ha sido abrupta. En 1900, los evangélicos representaban el 25% de la población canadiense. Para 1985, cayeron vertiginosamente a menos del 8% de la población. Mi experiencia, como ponente en los campus universitarios por Canadá, me sugiere que Canadá personifica un tipo de cultura centroatlántica más cercana hacia el secularismo europeo que su vecino del sur. El pluralismo y el relativismo son la sabiduría convencional en las universidades canadienses. Lo políticamente correcto y las leyes que regulan el discurso reprimen debatir respecto a temas de importancia ética y sirven como armas para oprimir ideas e instituciones cristianas. La caída de Canadá en el secularismo ilustra qué tan importante es mantener un ambiente cultural comprensivo a la creencia cristiana para la efectividad del evangelismo. Afortunadamente, los canadienses evangélicos han revertido esta tendencia durante la última década. Pero la cuesta arriba será mucho más difícil que el bajar, puesto que será directamente en contra de una cultura que ha llegado a oponerse a la cosmovisión cristiana.

Es por esta razón que los cristianos que disminuyen el valor de la apologética, porque “nadie viene a Cristo a través de argumentos intelectuales”, tienen una vista muy corta. Ya que la apologética se extiende más allá de un contacto evangelístico cristiano. La tarea de la apologética tiene una mira más amplia para ayudar a crear y mantener un ambiente cultural en el que el Evangelio pueda escucharse como una opción intelectualmente viable para los hombres y mujeres pensantes. El gran teólogo de Princeton, J. Gresham Machen en su artículo “El Cristianismo y la Cultura”, declaró correctamente:

Las ideas falsas son los más grandes obstáculos para la recepción del evangelio. Podemos predicar con todo el fervor de un reformador y así sólo tener éxito en ganar una batalla rezagada aquí y allá, si permitimos que todo el pensamiento de la nación sea controlado por ideas que impidan al cristianismo ser considerado no más que una falsa ilusión inofensiva.

Desafortunadamente, se hizo caso omiso de la advertencia de Machen, y el cristianismo bíblico se retrajo en los closets intelectuales del aislacionismo cultural, del cual hemos empezado a volver a surgir sólo recientemente.

Ahora, las grandes puertas de oportunidad se mantienen abiertas ante nosotros. Vivimos en un tiempo donde la filosofía cristiana está experimentando un renacimiento genuino, revitalizando la teología natural, en un tiempo cuando la ciencia está más abierta a la existencia de un Creador trascendental y Diseñador del cosmos que en ningún otro momento en tiempos recientes, en una etapa donde la crítica bíblica se ha embarcado en una búsqueda renovada del Jesús histórico, la cual trata a los evangelios seriamente como fuentes históricas de valor para la vida de Jesús y ha confirmado las líneas principales del retrato de Jesús que se describe en los evangelios. Estamos bien equilibrados intelectualmente para ayudar a volver a dar forma a nuestra cultura, de tal manera que recobremos el terreno perdido para que el Evangelio pueda ser oído como una opción intelectualmente viable para la gente seria.

Ahora bien, puedo imaginarme a algunos de ustedes pensando, “¿No vivimos en una cultura postmodernista en la que apelar a los argumentos de la apologética tradicional ya no son efectivos? Ya que los postmodernistas rechazan los cánones tradicionales de la lógica, la racionalidad y la verdad, los argumentos racionales para la verdad del cristianismo ya no funcionan. Más bien, en la cultura de hoy deberíamos simplemente compartir nuestra narrativa e invitar a la gente a participar en ella”.

En mi opinión, esta forma de pensar no podría estar más equivocada. La idea de que vivimos en una cultura postmoderna es un mito. De hecho, una cultura postmoderna es imposible, no sería posible vivirla. ¡Nadie es un postmodernista; cuando se trata de leer las etiquetas de un frasco de medicina a una caja de veneno para ratas! ¡Más vale creer que los textos tienen un significado objetivo! La gente no es relativista en cuestiones de ciencia, ingeniería y tecnología, donde sí son relativistas y pluralistas es en cuestiones de ética y religión. Pero, adviertan que eso no es postmodernismo, ¡eso es modernismo! Eso es sólo el ya bien establecido Positivismo y el Verificacionismo, éstos sostienen que cualquier cosa que no puedas probar con tus cinco sentidos, es sólo cuestión de gusto individual y expresión emotiva. Vivimos en un ambiente cultural que permanece profundamente modernista.

De hecho, pienso que el postmodernismo es uno de los engaños más artificiosos que Satanás haya ideado. Nos dice “El modernismo está muerto”, “No necesitas temerle más. Ya olvídalo; está muerto y sepultado”. Mientras que el modernismo aparenta estar muerto, vuelve en el traje elegante del postmodernismo, camuflageandose como un nuevo contrincante. Se nos dice: “Tus viejos argumentos y apologética ya no son efectivos en contra de ésta nueva llegada”. “Déjalos de lado, no sirven de nada. Sólo comparte tu narrativa”. De hecho, algunos, cansados de las largas batallas en contra del modernismo, dan la bienvenida al nuevo visitante con alivio. Y así, Satanás nos engaña al dejar de lado voluntariamente nuestras mejores armas; la lógica y la evidencia, y de ese modo asegura inadvertidamente el triunfo del modernismo sobre nosotros. Si adoptamos este curso de acción suicida, las consecuencias para la Iglesia en la siguiente generación serán catastróficas. El cristianismo se le reducirá a otra voz en la cacofonía de voces en competencia, cada uno compartiendo su narrativa y ninguno recomendándose a sí mismo como portador de la verdad objetiva de la realidad, mientras que el naturalismo científico moldea la perspectiva de nuestra cultura de cómo es realmente el mundo.

Ahora bien, esto va sin dejar de mencionar, ciertamente, que al practicar la apologética debemos ser relacionales, humildes, con una actitud invitadora; pero eso es difícilmente una percepción original del postmodernismo. Desde el principio los apologetas cristianos han sabido que debemos presentar razones de la esperanza “con mansedumbre y reverencia” (1P. 3.15). Uno no necesita abandonar los cánones de la lógica, la racionalidad y la verdad para ejemplificar estas virtudes bíblicas.

Y en cuanto a la idea de que la gente en nuestra cultura ya no está interesada o sensible a la argumentación racional y la evidencia del cristianismo, nada podría estar más lejos de la verdad. Si me permiten hablar de mi experiencia, por más de veinte años he hablado evangelísticamente en los campus universitarios en Norteamérica y Europa, compartiendo el Evangelio en el contexto de presentar una defensa intelectual de las verdades expresadas del cristianismo. Siempre concluyo mis pláticas con un periodo largo de preguntas y respuestas. Durante todos esos años, prácticamente nadie se ha levantado y dicho algo como: “Tu argumento está basado en estándares chauvinistas occidentales de la lógica y la racionalidad” o expresado algún otro sentir postmodernista. Esto simplemente no sucede. Si abordas las preguntas a un nivel racional, la gente responde a ellas a un nivel racional. Si presentas evidencia científica o histórica para una verdad expresada del cristianismo, los estudiantes incrédulos pueden argumentar contigo respecto a los hechos, eso es exactamente lo que quieres, pero no atacan la objetividad de la ciencia o la historia mismas. Si presentas un argumento deductivo a favor de una verdad cristiana, los estudiantes inconversos pueden levantar objeciones a tu conclusión o premisas, lo que es, otra vez, precisamente donde la discusión debe centrarse, pero no se contiende del uso de la lógica en sí.

Ahora, lo que si veo es que los estudiantes pueden sospechar de un conferencista cristiano. Así que, a ellos les gusta escuchar ambos lados del tema presentado. Por esta razón, encuentro a los debates como un foro especialmente atractivo para el evangelismo universitario. Competí por ocho años en actividades de debate en preparatoria y universidad, debatiendo temas de interés público como el programa de ayuda militar, control de paga y de precios etcétera. Nunca pensé que algún día el debate se volvería una actividad ministerial. Pero tan pronto como terminé mi doctorado teológico, empecé a recibir invitaciones de grupos de estudiantes cristianos en Canadá para participar en debates en temas como; “¿Dios existe?”, “¿Jesús se levantó de los muertos?”, “El Humanismo vs. El Cristianismo”, y así sucesivamente. Y lo que he descubierto es que, mientras que unos cuantos o tal vez unas doscientas personas vendrán a escucharme a dar una plática en el campus universitario, varios cientos o incluso miles de estudiantes vendrán a un debate donde puedan escuchar ambos lados. Por ejemplo, 2,200 estudiantes en el campus universitario de Riverside vinieron a escuchar mi debate con Greg Cavin tocante a la resurrección de Jesús. En la Universidad de Wisconsin en Madison 4,000 los estudiantes salieron, ¡en la noche de un partido de básquetbol!, para escuchar a Antony Flew y a mí, debatir la existencia de Dios. Simplemente, este Febrero pasado 3000 estudiantes en la Universidad de Iowa desafiaron una tempestad de nieve, que descargó siete pulgadas de nieve en el campus, para escuchar mi debate con un profesor universitario de Estudios Religiosos, conocido por su enemistad mortal hacia el cristianismo.  Más tarde, en la primavera de este año, 3,000 estudiantes en la Universidad de Purdue salieron a escuchar el debate que tuve con el joven filósofo humanista Austin Dacey tocante a la pregunta “¿Dios existe?”. El enfoque en todos estos debates es el argumento racional y la evidencia. Hay tremendo interés entre los estudiantes de escuchar una discusión balanceada de las razones en favor y en contra de la creencia Cristiana.

Así que, no se dejen engañar pensando que la gente en nuestra cultura ya no está interesada en la evidencia del cristianismo. Precisamente, lo contrario es la verdad. Es de vital importancia que preservemos una cultura en la que el Evangelio se escuche como una opción viva para personas serias, y la apologética estará a la vanguardia en ayudar para suscitar ese resultado.

2. Fortalecer a los creyentes. No sólo la apologética es vital en moldear nuestra cultura, sino que también juega un rol vital en las vidas de las personas. Uno de esos roles será fortalecer a los creyentes.

Jan y yo pasamos el verano de 1982 viviendo en un departamento en Berlín, preparándome para mis exámenes orales de teología en la Universidad de Munich. Había estado preparándome por más de un año para estos exámenes cruciales, tenía una pila de apuntes de un pie de altura que había virtualmente memorizado y revisado diario anticipadamente para el examen. Durante nuestra estadía ahí, tuvimos el placer de tener como invitada a Ann Kiemel y a su esposo Will mientras pasaban por Berlín. En ese tiempo Ann era una de las oradoras cristianas más populares en los Estados Unidos. Era una persona única que solía encontrarse con desconocidos y buscaba animarlos entonando cancioncillas de forma improvisada y compartiéndoles su fe. Era extremadamente sentimental y emocional. Contaba historias, algunas de ficción, algunas reales, eso bastaba para hacer llorar a una audiencia de mujeres en minutos.

Pues al sentarnos un día a la mesa, pensé en tratar de aprender algunas lecciones de su experiencia. “Ann” le pregunté, “¿Cómo te preparas para tus mensajes?”, ella respondió “¡Oh!, no lo hago”.

Me quedé completamente perplejo. “¿No te preparas?” le dije.

“No”, respondió.

Me quedé absolutamente pasmado. “Bueno, entonces ¿qué haces?” le pregunté.

“Oh, sólo comparto mis luchas.”

No podía creerlo. Ahí estaba yo matándome en años de preparación en el ministerio, y ¡ella no se prepara! Sin embargo no cabía duda de su efectividad. Alcanzaba a miles de personas con el Evangelio. Contaba historias de cómo incluso académicos de un carácter fuerte se ablandaban por sus cancioncitas e historias y venían a Cristo. Llegué a pensar, “¿Por qué hacer todo esto, cuando todo lo que necesitas hacer es compartir tus luchas?”

Regresamos a los Estados Unidos ese verano para hacer un sabático en la Universidad de Arizona en Tucson, donde vivía un antiguo amigo. Un día compartí con él la conversación que tuve con Ann y le dije cómo aquello me había realmente bajado los ánimos. Él me dijo algo que fue muy tranquilizador. Me dijo “Bill, algún día esas personas a quienes Ann Kiemel ha traído al Señor, van a necesitar lo que tienes que ofrecer”.

Él tenía razón. Las emociones te llevarán sólo hasta ahí, y entonces necesitarás algo más substancial. La apologética provee algo de esa substancia. Al hablar en las iglesias por el país, frecuentemente me encuentro a padres que se me acercan después del servicio y dicen algo como: “¡si sólo hubiera estado aquí hace dos o tres años!” “Nuestro hijo (hija) tenía preguntas respecto a la fe que nadie en la iglesia podía contestar, y ahora ha perdido su fe y está lejos del Señor”.

Me rompe el corazón conocer a padres así. Al viajar, también he tenido la experiencia de conocer a otras personas que me han dicho cómo evitaron ser apóstatas por leer un libro de apologética o ver un video de un debate. En estos casos, la apologética ha sido el medio por el que Dios ha causado su perseverancia en la fe. Ahora bien, desde luego, la apologética no puede garantizar la perseverancia, pero puede ayudar y en algunos casos puede, con la providencia de Dios, hasta ser necesaria. Recientemente tuve el privilegio de hablar en la Universidad de Princeton respecto a los argumentos a favor de la existencia de Dios, y después de la conferencia se me acercó un joven que quería hablar conmigo. Obviamente tratando de contener las lágrimas, me dijo cómo hacía un par de años había estado luchando con dudas y estaba a punto de abandonar su fe. Alguien le dio un video de uno de mis debates. Me dijo, “Ese video me salvó de perder mi fe, no puedo agradecerle lo suficiente”.

Le dije, “Fue el Señor quien te salvó de caer”.

“Sí”, contestó, “pero él lo usó a usted. No tengo cómo agradecerle”. Le dije cuan emocionado estaba por él y le pregunté por sus planes a futuro. “Me voy a graduar este año”, me dijo, “y pienso ir al seminario. Voy al pastorado”. ¡Alabado sea Dios por la victoria en la vida de este joven!

Otros estudiantes que conocí en Princeton se enrolaron en una clase que se impartía por el crítico del Nuevo Testamento, Elaine Pagels, la cual apodaban “La clase del destructor de la fe” por su efecto destructivo en la fe de muchos estudiantes cristianos. No tenían forma de saber qué tan distante estaban los puntos de vista del catedrático Pagels de la corriente principal de erudición tocante a los evangelios gnósticos. Fue un privilegio compartir con ellos las bases para la credibilidad del Nuevo Testamento, el cual atestigua de Jesús.

Su experiencia no es inusual. En la preparatoria y en la universidad a los jóvenes se les ataca con todo tipo de cosmovisiones no cristianas, aunado a ello el agobiante relativismo. Si los padres no se ocupan intelectualmente de su fe y no tienen argumentos sólidos a favor del teísmo cristiano y buenas respuestas para las preguntas de sus hijos, entonces estamos en un peligro real de perder a nuestra juventud. Ya no es suficiente enseñar a nuestros hijos historias de la Biblia simplemente, necesitan doctrina y apologética. Es difícil entender cómo es que la gente hoy en día puede arriesgar el ser padres sin haber estudiado apologética.

Desafortunadamente, también nuestras iglesias han dejado caer la bola en esta área. Es insuficiente para los grupos de jóvenes y las clases de escuela dominical enfocarse en pensamientos devocionales entretenidos. Debemos entrenar a nuestros niños para la guerra. No nos aventuremos pues a enviarlos a escuelas de nivel medio superior o a la universidad armados con espadas de hule y armaduras de plástico. El tiempo para jugar ya pasó.

Pero la apologética cristiana hace más que salvaguardar de los errores. Los efectos positivos de construcción del entrenamiento apologético son todavía más evidentes. Esto lo veo todo el tiempo en los campus universitarios cuando estoy en debate. John Stackhouse me hizo notar que estos debates son realmente una versión occidentalizada de lo que los misiólogos llaman “un encuentro de poder”. Creo que eso es un análisis perspicaz. Los estudiantes cristianos se salen de estos encuentros con una confianza renovada en su fe, ponen sus cabezas en alto, orgullosos de ser cristianos, y más atrevidos al hablar de Cristo en su campus. A veces después de un debate los estudiantes dirán, “¡No puedo esperar más para compartir mi fe en Cristo!”

Muchos cristianos no comparten su fe con los incrédulos simplemente por temor. Tienen miedo de que los incrédulos les hagan preguntas o levanten objeciones que no puedan contestar. Así que, deciden permanecer callados y así esconder su luz debajo de un almud, en desobediencia al mandato de Cristo. El entrenamiento apologético es una tremenda ayuda para el evangelismo, pues nada inspira más confianza y audacia que saber que uno tiene buenas razones para lo que uno cree y buenas respuestas a las preguntas y objeciones típicas que el incrédulo pueda plantear. Un entrenamiento sano en apologética es una de las claves para el evangelismo sin temor.

En ésta y en muchas otras maneras la apologética ayuda a construir el cuerpo de Cristo, al fortalecer a los creyentes de manera individual.

3. Evangelizar a los incrédulos. Pocas personas estarían en desacuerdo conmigo de que la apologética fortalece la fe de los creyentes cristianos. Pero muchos dirán que la apologética no es muy útil en el evangelismo. “Nadie viene a Cristo a través de argumentos”, te dirán. (No sé cuantas veces he escuchado decir esto).

Ahora, esta actitud de falta de interés hacia el rol de la apologética en el evangelismo ciertamente no es el punto de vista bíblico. Conforme uno lee los Hechos de los Apóstoles, es evidente que fue el procedimiento estándar de los apóstoles para argumentar a favor de la verdad del punto de vista cristiano, tanto con los judíos como con los paganos (ej. Hechos 17.23, 17; 19.8; 28.2324). Al tratar con audiencias judías los apóstoles apelaban a la profecía cumplida, los milagros de Jesús, y especialmente a la resurrección de Jesús como evidencia de que él era el Mesías (Hechos 2.22-32). Cuando confrontaron a las audiencias gentiles, las cuales no aceptaban el Antiguo Testamento, los apóstoles apelaron a la obra de Dios en la naturaleza como evidencia de la existencia de un Creador (Hechos 14.17). Luego se apeló al testimonio de los testigos de la resurrección de Jesús, para mostrar específicamente que Dios se había revelado a sí mismo en Jesucristo (Hechos 17. 30,31; 1Co. 15.3-8).

Francamente, pienso que aquellos que consideran a la apologética como trivial, simplemente no hacen mucho evangelismo. Sospecho que han tratado de usar argumentos apologéticos en alguna ocasión y encontraron que la persona incrédula se mantuvo escéptica. Luego llegan a la conclusión generalizada de que la apologética no es efectiva en el evangelismo.

Ahora bien, hasta cierto punto estas personas son sólo víctimas de falsas expectativas. Cuando reflexionas que sólo una minoría de personas que escuchan el Evangelio lo aceptarán y que sólo una minoría de aquellos que lo aceptan lo hacen por razones intelectuales, no debería sorprendernos que el número de personas con el que la apologética es efectiva es relativamente pequeño. Por la misma naturaleza del caso, deberíamos esperar que la mayoría de los incrédulos permanezcan sin convencer por nuestros argumentos apologéticos, así como, la mayoría permanece indiferente al predicarles la cruz.

Bueno, entonces, ¿por qué preocuparse con esa minoría de la minoría con la que la apologética es efectiva? Primero, porque cada persona es preciosa delante de Dios, una persona por la que Cristo murió. Como un misionero, que fue llamado a alcanzar algún grupo recóndito de personas, el apologeta cristiano tiene carga por alcanzar esa minoría de personas que responderán al argumento racional y a la evidencia.

Pero, en segundo lugar, y aquí es donde el caso difiere significativamente del caso del grupo recóndito de personas, este grupo de personas, aunque relativamente pequeño en número, es enorme en influencia.

Una de estas personas, por ejemplo, es C.S. Lewis. ¡Piense en el impacto que una sola conversión de un hombre sigue teniendo! He visto que las personas que más se identifican con mi trabajo apologético tienden a ser ingenieros, médicos y abogados. Esas personas están entre las más influyentes en formar nuestra cultura actual. Así que, alcanzar esta minoría de personas producirá una gran cosecha para el Reino de Dios.

De cualquier manera, la conclusión general de que la apologética es ineficaz en el evangelismo es precipitada. Lee Strobel recientemente me comentó que ha perdido la cuenta del número de personas que han venido a Cristo a través de sus libros El Caso de Cristo y El Caso de la Fe. Y si se me permite, tampoco ha sido mi experiencia el que la apologética sea ineficaz en el evangelismo. Continuamente estamos emocionados de ver a la gente entregar sus vidas a Cristo, a través de presentaciones apologéticamente orientadas del Evangelio. Después de una plática a favor de la existencia de Dios o evidencia a favor de la resurrección de Jesús o una defensa del particularismo cristiano, a veces termino con una oración para que entreguen su vida a Cristo, y las tarjetas de comentarios indican aquellos que han registrado tal entrega. Apenas esta primavera pasada, di un tour de conferencias en las universidades de Illinois, y estábamos entusiasmados de encontrar que casi cada vez que di esa presentación, los estudiantes tomaban decisiones para Cristo. ¡Hasta he visto estudiantes venir a Cristo sólo al oír una defensa del argumento cosmológico kalam!

Uno de los casos más emocionantes fue el de Eva Dresher, una física polaca que conocimos en Alemania poco después de que terminé mi doctorado en filosofía. Conforme Jan y yo hablábamos con Eva, llegó a mencionar que la física había destruido su creencia en Dios y que la vida ya no tenía significado para ella. “Cuando veo al universo todo lo que veo es obscuridad”, decía, “y cuando me veo a mí misma, todo lo que veo es obscuridad interior”. (¡Cuán triste declaración del predicamento moderno!) Bueno, en ese momento Jan le ofreció, “¡oh, deberías leer la disertación doctoral de Bill! Usa la física para probar que Dios existe”. Así que le prestamos mi disertación del argumento cosmológico para que la leyera. En los siguientes días ella se mostró progresivamente más entusiasmada. Cuando llegó a la sección de astronomía y astrofísica, ella estaba muy contenta. “! Conozco a los científicos que estás citando!” exclamó asombrada. En el momento que llegó al final su fe había sido restaurada. Ella dijo, “gracias por ayudarme a creer que Dios existe”.

Le contestamos, ¿Te gustaría conocerle de una manera personal? Entonces hicimos una cita para volver a verla esa misma tarde en un restaurante. Mientras, de memoria, preparamos nuestro propio folleto de Las Cuatro Leyes Espirituales. Después de la cena abrimos el folleto y empezamos, “Así como hay leyes físicas que gobiernan nuestro universo físico, así también existen leyes espirituales que gobiernan nuestra relación con Dios…”

“¡Leyes físicas! ¡Leyes espirituales!” exclamó. “¡Esto es justo lo que necesito!” Cuando llegamos a los círculos al final que representan dos vidas y le preguntamos qué círculo representaba su vida, puso su mano sobre los círculos y dijo, “¡Esto es muy personal!, no puedo contestar ahorita”. Así que le animamos a que se llevara el folleto a casa y le entregara su vida a Cristo.

Cuando la vimos el día siguiente, su rostro se veía radiante de gozo. Nos dijo cómo se había ido a casa y en la privacidad de su cuarto hizo la oración para recibir a Cristo. Luego, tiró en la taza del baño todo el vino y los tranquilizadores que había estado consumiendo. Era una persona verdaderamente transformada. Le dimos una Biblia Good News (Buenas Nuevas) y le explicamos la importancia de mantener una vida devocional con Dios. Nuestros caminos se apartaron por varios meses. Pero cuando la vimos otra vez, todavía estaba entusiasmada con su fe, y nos dijo que sus posesiones más preciadas eran su Biblia y su folleto hecho a mano de Las Cuatro Leyes Espirituales. Fue una de las ilustraciones más vívidas que he visto de cómo el Espíritu Santo puede usar los argumentos y la evidencia para atraer a la gente a un conocimiento de Dios que salva.

Ha sido emocionante, también, escuchar historias de cómo la gente ha llegado a Cristo por leer algo que he escrito. Por ejemplo, cuando estaba dando conferencias en Moscú hace unos años, conocí a un hombre de Minsk en Belorusia. Me dijo que poco después de la caída del comunismo había escuchado a alguien leer en ruso por la radio de Minsk mi libro La Existencia de Dios y el Principio del Universo. Al final de la transmisión se había convencido que Dios existe y rindió su vida a Cristo. Me dijo que hoy en día está sirviendo al Señor como anciano en una iglesia bautista en Minsk. ¡Alabado sea Dios! Previamente, este año en la Universidad A & M de Texas, conocí a una mujer que asistía a mis conferencias. Me dijo con lágrimas en los ojos que por 27 años se había alejado de Dios y se sentía desesperanzada. Curioseando en una librería Border se topó con mi libro Por favor ¿Quiere ponerse de pie el auténtico Jesús?, el cual contiene mi debate con John Dominic Crossan, copresidente del radical Seminario de Jesús, y compró una copia. Dijo que al leerlo, fue como si la luz simplemente viniera y le entregó su vida a Cristo. Cuando le pregunté qué hacía, me dijo que era una psicóloga que trabaja en una cárcel de mujeres en Texas. Sólo piensen en la influencia cristiana que puede tener en un ambiente tan desesperado.

Si me permiten, una última historia. Los últimos años, he tenido el privilegio de estar involucrado en debates con apologetas islámicos en varios campus universitarios en Canadá y en los Estados Unidos. Este verano, temprano un sábado por la mañana, recibí una llamada telefónica. La voz del otro lado de la línea dijo, “¡Hola! ¡Soy Sayd al-Islam llamando desde Omán!” Pensé, “¡Oh, no! Me encontraron”. Continuó explicando que había secretamente perdido su fe musulmán y se había vuelto ateo. Pero al leer varias obras apologéticas cristianas, las cuales estuvo ordenando por Amazon.com, había llegado a creer en Dios y estaba al borde de hacer un compromiso con Cristo. Estaba impresionado con la evidencia de la resurrección de Jesús, y me había llamado porque todavía tenía algunas preguntas que todavía necesitaba resolver. Hablamos por una hora, y percibí que en su corazón él ya había creído en Cristo; pero quería ser cuidadoso y asegurarse de que tenía la evidencia en su lugar, antes de que tomara ese paso conscientemente. Me explicó, “Usted entiende que no puedo decirle mi verdadero nombre. En mi país debo llevar una vida doble, de otra manera me matarían.” Oré con él que Dios le siguiera guiando a la verdad, y nos despedimos. ¡Pueden imaginarse cuan agradecido está mi corazón con Dios por usar estos libros -¡y por el internet!-, en la vida de este hombre! Historias como esas podrían multiplicarse, y claro está, nunca escuchamos la mayoría de ellas.

Así que, aquellos que dicen que la apologética no es efectiva con los incrédulos deben estar hablando de su limitada experiencia. Cuando la apologética se presenta persuasivamente y se combina de una forma sensible con el Evangelio y un testimonio personal, el Espíritu de Dios concede usarla para traer a ciertas personas a sí mismo. ¿La apologética es necesaria en esos casos? ¿Esas personas habrían aceptado a Cristo de cualquier forma, aun sin escuchar los argumentos? Creo que nos queda decir “¡Sólo Dios sabe!” Al menos, Dios lo sabe si tiene conocimiento medio ¿no?. Podemos no saber el valor verdadero de esas circunstancias contrafácticas de la libertad, pero podemos y sabemos, por experiencia, que Dios usa la apologética en el evangelismo para traer a las personas perdidas hacia Él.

Así que, en conclusión, la apologética cristiana es parte vital del currículum teológico. Aunque no es necesaria para garantizar la creencia cristiana, sin embargo es, creo yo, suficiente para garantizar la creencia cristiana y por lo tanto de gran beneficio. La apologética juega un papel vital y tal vez crucial en moldear la cultura, fortalecer a los creyentes y evangelizar a los incrédulos. Por todas estas razones, soy totalmente entusiasta en cuanto a la apologética cristiana.

Este articulo es publicado con el permiso de  http://www.reasonablefaith.org dueño de todos los derechos.

Dios los bendiga.


¡Tantos Ateos y Tan Poco Tiempo!

¡Tantos Ateos y Tan Poco Tiempo!

Por: William Lane Craig

Pregunta de la Semana:

Dr. Craig, asisto a Louisiana State University (Universidad Estatal de Louisiana) y trabajo en la biblioteca de nuestra universidad. De todas las personas con las que trabajo, la mitad son agnósticos y la otra mitad ateas. Me convertí en un cristiano nacido de nuevo hace un poco más de un año después ser ateo por cinco años. He observado que muchos jóvenes creen, como yo pensaba antes, que la religión es una estupidez y que no hay Dios. Ni siquiera menciono la palabra religión a mis compañeros de trabajo y algunos simplemente dicen abruptamente cosas horribles acerca de la religión/cristianismo. Yo trabajo con un británico que habla de que su país es tan poco religioso al punto que simplemente mencionar a Dios es causa de burla. Estados Unidos también está creciendo en el número de no creyentes. Estoy preocupado por nuestro futuro, no sé como luchar contra el ateísmo. Yo soy cristiano, me convertí en base a experiencias personales y yo no soy filósofo. Los ateos están de mal humor y quieren respuestas a sus preguntas, a las cuales no tengo tiempo para averiguar. En la actualidad estoy tratando de obtener tres títulos de licenciatura en la universidad y ninguno de ellos es en filosofía. ¿Cómo puede un estudiante universitario, un simple laico, como yo convertirse en un defensor moderado del cristianismo en contra de esos ateos promedios universitarios? Siempre voy a defender mi fe en Cristo, pero ellos buscan algo más allá de lo que creo. Dicen que los creyentes son estúpidos e ilógicos. Por lo tanto, me gustaría argumentar sobre la base de la lógica y demostrarles que los creyentes simplemente no son estúpidos. ¿Cómo puede convertirse alguien que no tenga tiempo, ni para aprender filosofía o ni para leer teología, en un polemista contra esos cerrados de mente y bochincheros no creyentes?

John

Respuesta:

Después de haber hablado dos veces en la Universidad Estatal Louisiana (LSU), estuve sorprendido por la atmósfera de incredulidad que caracterizaba la comunidad universitaria de allí. Te da la oportunidad de ser una luz aún más brillante en las tinieblas.

John, tomé ésta como la pregunta de la semana porque creo que es una interrogante que enfrentan muchos cristianos. No todos tienen tiempo para convertirse en defensores expertos, y sin embargo nos encontramos en situaciones en las que estamos llamados a dar “una razón de la esperanza que hay en nosotros” (I Pedro 3:15). ¿Qué se supone que debemos hacer?

Una de las cosas sencillas que todos podemos hacer es aprender a hacer preguntas. Greg Koukl recomienda hacer dos preguntas a los no creyentes:

1. ¿Qué quieres decir con eso?

2. ¿Qué razones tienes para pensar eso?

¡Es increíble cómo estas dos preguntas sencillas cautivadoras pueden atar a la gente en nudos! Por ejemplo, pregunta a los incrédulos lo que quieren decir cuando hablan de que no creen en Dios, ¿es él un ateo o un agnóstico? (Tienes que estar preparado para explicarle la diferencia). Lo que sea que él diga, pregúntale, “¿Qué razones tienes para pensar eso?” Muchas personas no entienden lo que quieren decir con sus afirmaciones y probablemente la mayoría no tienen buenas razones para ellas. Mientras tú hagas preguntas, no estás haciendo ninguna afirmación, y así no tienes que probar nada. Permite a los no creyentes llevar la carga de la prueba de sus afirmaciones.

Una segunda cosa que puedes hacer es referir al no creyente a algunos recursos. No tienes que tener algo de cerebro para decirle a alguien: “¿Has visto The Blackwell Companion to Natural Theology (El Compendio Blackwell para de Teología Natural)? Antes que digas que no hay teístas inteligentes y que no hay buenas razones para creer en Dios, talvez te convendría mejor mirar este libro primero. De lo contrario, no estás realmente informado.” No es necesario que tú mismo hayas leído esos libros si estás tan presionado por el tiempo. Todo lo que tienes que hacer es saber algunos títulos God, Freedom, and Evil (Dios, Libertad y el Mal) por Alvin Plantinga. The Existence of God (La Existencia de Dios) por Richard Swinburne. Finite and Infinite Goods: A Framework for Ethics (Bienes Finitos e Infinitos: Un Marco para la Ética) por Robert Adams. The Book of Acts in the Setting of Hellenistic History (El Libro de los Hechos en el Marco de una Historia Helenística) por Colin Hemer Jesus Remembered (Jesús Recordado) por James D. G. Dunn y The Resurrection of the Son of God (La Resurrección del Hijo de Dios) por N.T. Wright. Avergüenza al no creyente por su ignorancia a la literatura. Por otro lado, si es un buscador sincero, recomiéndale que examine este sitio web o que mire uno de mis debates.

En tercer lugar, aprende mencionar los nombres de algunos eruditos cristianos. Cuando el no creyente dice que los cristianos son todos fanáticos ignorantes, muéstrate realmente sorprendido y dile con asombro, “¿De verdad crees eso? ¿Qué piensas de la obras de Alvin Plantinga-o de William Alston? Mencionar nombres de eruditos importantes cae de mal gusto cuando alguien está tratando de jactarse. Pero en un caso como este, tú estás simplemente ofreciendo contra-ejemplos a la afirmación radical de que todos los cristianos son ignorantes, un punto que está arraigado en la ignorancia misma. Éstos son algunos de los nombres a mencionar: filósofosAlvin Plantinga (Universidad de Notre Dame),Peter van Inwagen (Universidad de Notre Dame), el difunto William Alston (Universidad de Syracuse), Richard Swinburne (Universidad de Oxford), Robert Adams (Universidad de Carolina del Norte), Dean Zimmerman (Rutgers University); científicosFrancisco Ayala (altamente condecorado biólogo evolutivo), Allan Sandage (el más famoso astrónomo del mundo), Christopher Isham (llamado el más grande cosmólogo cuántico de Gran Bretaña), George Ellis (una vez un colega me lo describió como la persona que más sabe sobre cosmología entre todos los seres vivientes), Francis Collins (director del proyecto del genoma humano); Eruditos de Jesús históricos: John Meier (autor de un estudio de multivolumen sobre el Jesús histórico), N.T. Wright (otro autor de obras prodigiosas sobre Jesús), James D. G Dunn (muy respetado erudito de la Universidad de Durham), Craig Evans (primera clase de los eruditos canadienses sobre el Jesús histórico). Pregúntale al no creyente que cómo él puede hacer cualquier afirmación creíble sobre el calibre intelectual de los cristianos si él nunca ha leído ninguno de estos eruditos.

En cuarto lugar, ofrécele esta réplica práctica a sus afirmaciones

“Ahora pues, déjame ver si te entiendo: tu argumento es que

1. Los cristianos son estúpidos e ilógicos.

2. Por consiguiente, el cristianismo no es verdadero.

Ahora ¿puedes explicarme cómo (2) se deduce de manera lógica de (1)?”

¿Quién está siendo ilógico ahora? Tú puedes incluso escribir la premisa y la conclusión en un pedazo de papel para él. Pregúntale cómo la conclusión se deduce lógicamente de la premisa. Si él quiere añadir algunas premisas a su argumento, permíteselo y luego pregúntale qué razones tiene para pensar que las premisas son verdaderas. Señálale que atacar la inteligencia de los cristianos en lugar de atacar su punto de vista es ser culpable de la falacia de argumentar ad hominem (el error de atacar a la persona en vez del argumento de la persona). Una vez más, ¿quién es el ilógico ahora?

Por último, John, déjate de excusas y aparta un tiempo para prepararte. Tú puedes tomar una hora semanal cada sábado o domingo y leerte un capítulo de On Guard (En Guardia). Tú puedes terminarlo en diez semanas. Memorízate las premisas de los argumentos teístas para que puedas compartirlos de una manera rápida y de memoria. Te garantizo que si haces eso, estarás preparado para tratar con casi cualquier no creyente que se atraviese en tu camino. ¡No es tan difícil, John! Sé que estás ocupado con tus clases y con las tareas, pero no puedo creer que no puedes encontrar una hora a la semana para invertir en la preparación apologética. Si haces eso, no te vas a arrepentir.

William Lane Craig

Este articulo fue tomado de : http://www.reasonablefaith.org/spanish


Diseño desde el Ajuste Fino

Diseño desde el Ajuste Fino

Por: William Lane Craig

El argumento del ajuste fino es uno de los principales argumentos que Dr. Craig ofrece como evidencia para la existencia de Dios. La ciencia ha demostrado que la vida inteligente no podría existir en nuestro universo, aparte de un conjunto extremadamente preciso de condiciones iniciales que son improbables que hayan ocurrido por casualidad. Por lo tanto, se puede concluir que el universo fue diseñado para la vida. En esta pregunta, Dr. Craig responde a las afirmaciones hechas por el ateo Richard Carrier que tratan de desacreditar el argumento del ajuste fino. Él refuta la afirmación de que una Teoría del Todo haría que el ajuste fino fuese inevitable y argumenta que incluso el postular múltiples universos no debilita la implicación de un Diseñador cósmico.

Hola, Dr. Craig,

Usted es mi filósofo cristiano favorito. Por haber escuchado sus charlas y lecciones de audio, he notado que usted es un firme creyente de que el diseño es la explicación más simple para el ajuste fino del universo. Me encontré con un artículo de Richard Carrier que “desacredita” el argumento del ajuste fino, en respuesta a James Hannam (bede.org.uk), Richard respondió con esto,

Hannam ha fracasado en mostrar que incluso es posible que una constante cambie mientras que las demás permanezcan iguales, ya que alterar una constante puede alterar irrevocablemente otra y así modifica en gran medida cualquier conclusión que podamos extraer de una modelación de posibles universos. Por lo tanto, tal como Hannam advierte en contra de los argumentos basados ​​en la improbabilidad de que la vida se forme de forma natural sobre las bases de que la ciencia podría descubrir los medios naturales para formar vida, así también a él se le debería advertir en contra del uso de un argumento de Ajuste Fino basado en la presuposición de constantes independientes cuando la ciencia pronto podría descubrir, por ejemplo, una Gran Teoría Unificada o una Teoría del Todo que demuestre cómo todas las constantes están causalmente relacionadas entre sí.

Las constantes de la naturaleza y las cantidades arbitrarias son una gran parte del argumento del ajuste fino, ¿cómo deberíamos nosotros, como cristianos que usamos este argumento, responder a un ataque como este? En el mismo artículo Richard rechaza este argumento acerca de las constantes,

en el siglo 19 había de unas veinte a cuarenta ‘constantes físicas’, ahora existen solamente alrededor de seis. Todas las otras, sobre el siglo de intervalo, han demostrado ser causalmente determinadas por factores más fundamentales. Por ejemplo, el punto de ebullición del agua fue una vez considerado una constante física, pero ahora se sabe que es el resultado de las leyes de la mecánica cuántica y por lo tanto no pudo ser más diferente de lo que es sin también cambiar las leyes de la mecánica cuántica. Dado que la tendencia ha ido constantemente en esa dirección, es algo racional predecir que todas las constantes terminarán siendo explicadas de esa manera. Por ejemplo, ya que la constante de Planck define la unidad más pequeña posible del espacio y tiempo, podría ser el caso de que la velocidad de la luz esté inexorablemente ligada a la constante de Planck, de modo que una no puede ser cambiada sin alterar la otra.

¿Es posible de que todas las constantes sean explicadas por alguna teoría científica? Además, ¿cómo respondería usted a esta objeción al teísmo cristiano a través de la idea de múltiples universos?

Una vez más a diferencia del teísmo, la teoría de “universos múltiples” tiene otro mérito inherente que Hannam no considera: sabemos que existe un universo y el mismo Hannam está de acuerdo que diferentes universos, en principio, son posibles, por lo que tenemos una explicación lista de lo que es desconocido, al recurrir a una entidad conocida—de que existen universos. Por el contrario, el teísta trata de explicar lo mismo desconocido, recurriendo a una entidad completamente desconocida, es decir, a una entidad que nunca ha sido científicamente observada y que bien ni siquiera podría existir. ¿Cómo es que tiene más sentido recurrir a una entidad tan extraña y que no ha sido observada cuando podemos explicar las mismas cosas, apelando a una entidad que todos están de acuerdo que existe? Dado que existe un universo y que otros universos son posibles, ¿no es plausible que existan otros universos? Ciertamente, no podemos saber que existan. Pero no podemos saber que no y por lo tanto hacer cualquier argumento a favor de Dios que suponga que no, es un argumento extraído de la ignorancia. Una vez más, el agnosticismo es el único resultado justificado de esta línea de razonamiento.

¿El mero hecho de que nuestro universo existe hace que la hipótesis de múltiples universos sea más creíble que la hipótesis de Dios sólo porque en la palabra de Richard: “Dios es una entidad desconocida que no pueden ser observada científicamente?”

Como una persona que utiliza muchísimo el argumento del ajuste fino, sería de gran ayuda para mí, y así como para otros cristianos, tener respuestas a estas posibles objeciones cuando testificamos en nuestra vida personal.

¡Que Dios le bendiga Dr. Craig!

Christopher

Respuesta: 

El Argumento del Ajusto Fino

Chris, a pesar de que no estoy familiarizado con el intercambio que hubo entre Carrier y Hannam que usted cita, permítame hacer algunos comentarios sobre las cuestiones que se plantean en su pregunta sobre el argumento del ajuste fino.

De que el universo está finamente ajustado para la existencia de vida inteligente es un hecho que está (muy) sólidamente establecido y no debería ser un tema de controversia. Por “ajuste fino” no queremos decir “diseñado,” sino simplemente que las constantes y las cantidades fundamentales de la naturaleza caen en un rango exquisitamente estrecho de valores que hacen que nuestro universo permita vida. Si esas constantes y cantidades fuesen alteradas hasta por una hebra de cabello, el delicado equilibrio sería alterado y no podría existir vida.

Carrier está equivocado cuando afirma que sólo hay alrededor de seis constantes físicas en la física contemporánea. Por el contrario, el modelo estándar de la física de partículas involucra más o menos a un par de docenas. La cifra de seis se pueden derivar del libro de Sir Martin Rees titulado Just Six Numbers (Sólo Seis Números) (Nueva York: Basic Books, 2000), el que centra la atención en seis de estas constantes que deben estar finamente ajustadas para nuestra existencia. Pero esto es sólo una selección de las constantes que hay y constantes nuevas que eran desconocidas en el siglo 19, como la llamada “constante cosmológica” que debe ser finamente ajustada a una parte en 10120 para que pueda existir vida, están siendo descubiertas a medida que avanza la física.

Además de esas constantes, también están las cantidades arbitrarias que sirven como condiciones de contorno o fronterizas en las que operan las leyes de la naturaleza, tales como el nivel de entropía en el universo temprano, que también están finamente ajustado para la vida. Si pudiéramos hablar de un patrón, sería que el ajuste fino es como una elevación persistente en la alfombra que simplemente no se quita: cuando se suprime en un lugar, aparece en otro. Además, aunque algunas de las constantes pueden estar relacionadas de manera que un cambio en el valor de una alteraría el valor de otra. Otras de las constantes, por no mencionar las condiciones de contorno, no son interdependientes en esta manera. En cualquier caso, no hay ninguna razón para sospechar de manera tan feliz que es una coincidencia de que esos cambios se compensaren el uno a otro de una manera exacta para que en el período subsiguiente a dicha alteración, la vida aún pudiera existir. Parece que el argumento del ajuste fino está aquí para quedarse.

El argumento del ajuste fino–¿Cómo podemos explicar el equilibrio delicado del cosmos?

Sólo hay tres maneras de explicar este extraordinario ajuste fino del cosmos para la vida inteligente: la necesidad física, el azar, o el diseño. El debate contemporáneo es sobre cuál de estas opciones es la mejor explicación del observado ajuste fino. Carrier parece preferir cualquiera de las alternativas para la conclusión del diseño del argumento del ajuste fino.

La necesidad física es la hipótesis de que las constantes y las cantidades tenían que tener los valores que tienen para que el universo sea de una necesidad física que permita vida. Ahora bien, a primera vista esta alternativa es extraordinariamente improbable. Ella requiere que creamos que es físicamente imposible que exista un universo que prohíba la vida. Pero, ciertamente sí parece ser algo posible. Si la materia y la antimateria primordial hubieran sido proporcionadas de manera diferente, si el universo se hubiese expandido un poco más despacio, si la entropía del universo fuese marginalmente más grande, cualquiera de estos ajustes y más hubiese impedido la existencia de un universo que permitiera vida. Sin embargo, todo parece ser perfectamente posible en lo físico. La persona que sostiene que el universo tiene que ser uno que permita vida está tomando una línea radical que requiere una prueba fuerte. Pero no hay ninguna, esta alternativa es simplemente presentada como una mera posibilidad.

El argumento del Ajuste Fino—La Teoría del Todo no explica el ajuste fino

A veces, los físicos hablan de una teoría que aún se está por descubrir llamada la Teoría del Todo (TDT), pero esa nomenclatura, al igual que muchos de los nombres preciosos que se les dan a las teorías científicas, es muy engañosa. Una TDT en realidad tiene el objetivo limitado de proporcionar una teoría unificada de las cuatro fuerzas fundamentales de la naturaleza, para reducir la gravedad, el electromagnetismo, la fuerza fuerte y la fuerza débil a una fuerza fundamental llevada por una partícula fundamental. Dicha teoría, esperamos, va a explicar el por qué estas cuatro fuerzas toman los valores que toman, pero ni siquiera trata de explicar literalmente todo.

Por ejemplo, en el candidato más prometedor para una Teoría del Todo que existe hasta ahora, la teoría de supercuerdas o la teoría-M, el universo físico debe ser de 11 dimensiones, pero el por qué el universo debe poseer sólo ese número de dimensiones no se aborda en la teoría. Por otra parte, la Teoría M no puede predecir de forma única los valores de las constantes de la naturaleza. Resulta que la teoría de cuerdas permite un “paisaje cósmico” de alrededor de 10500 universos diferentes, regidos por las leyes actuales de la naturaleza, pero con diferentes valores de las constantes físicas. Además, a pesar de que puede haber un gran número de universos posibles que yacen dentro de la región que permite vida del paisaje cósmico, sin embargo, esa región que permite vida será insondablemente pequeña en comparación con el paisaje completo. De modo que la existencia de un universo que permita vida es fantásticamente improbable. ¡De hecho, dado el número de constantes que requiere el ajuste fino, está lejos de estar claro que 10500 universos posibles sean suficientes para garantizar que incluso un mundo que permite vida aparecerá por casualidad en el paisaje!

Todo esto se ha dicho con respecto únicamente a las constantes, todavía no hay nada que explique las cantidades arbitrarias puestas como condiciones de contorno. La condición de entropía extraordinariamente baja del universo temprano sería un buen ejemplo de una cantidad arbitraria que parece que acababa de ser puesta como una condición inicial en el momento de la creación. No hay ninguna razón para pensar que mostrar todas las constantes y las cantidades como físicamente necesarias es algo más que una quimera.

Argumento de ajuste fino – La hipótesis de los múltiples universos busca reducir las probabilidades

¿Qué podemos decir de la alternativa de la casualidad? Esta es la hipótesis de “universos múltiples” que menciona Carrier. La hipótesis de universos múltiples es esencialmente un esfuerzo por parte de los partidarios de la casualidad para multiplicar sus recursos de probabilidad con el fin de reducir la improbabilidad de la ocurrencia del ajuste fino. (Entre más vueltas se le dé a la ruleta, mayor será la posibilidad de que quede en su número). El hecho mismo de que de otra manera los científicos sobrios deben recurrir a esa notable hipótesis es una especie de complemento de doble intención para la hipótesis de diseño. Esto demuestra que el ajuste fino clama para que se le dé una explicación. Pero ¿es la hipótesis de universos múltiples tan plausible como la hipótesis de diseño?

No estoy impresionado de la nada por la apelación de Carrier a la familiaridad como un argumento para preferir la hipótesis de universos múltiples, ya que no tenemos ninguna experiencia de otros universos– la hipótesis de universos múltiples es un asunto audaz en la cosmología metafísica. Nuestra familiaridad con nuestro universo no hace nada para garantizar la apelación a otros universos como entidades familiares—al menos no más que la hipótesis del diseño. Porque igualmente mientras no estamos familiarizados con los diseñadores de los universos, sin duda estamos familiarizados con las mentes y los productos del diseño inteligente, de modo que la apelación a un diseñador como la mejor explicación del ajuste fino es una apelación a una entidad explicativa familiar. ¡De hecho, los teístas han sido a veces acusados de antropomorfismo en este sentido!

Además, como no tenemos evidencia de la existencia de universos múltiples, tenemos razones independientes para creer en la existencia de un diseñador ultramundano del universo, es decir, los otros argumentos a favor de la existencia de Dios que he defendido en otra parte.

Argumento del ajuste fino – Las hipótesis de universos múltiples y una objeción letal

Por último, Carrier está equivocado cuando opina que no podemos saber que los universos múltiples no existen y por lo tanto, el agnosticismo es la única conclusión justificada. (¡Es interesante comparar esta conclusión con la frecuente afirmación atea de que en la ausencia de evidencia de Dios, debemos concluir que Dios no existe! ¿Ve usted la inconsistencia?) Él no está consciente o desconoce las objeciones potencialmente letales que existen para la hipótesis de los universos múltiples que han sido presentadas por físicos como Roger Penrose de la Universidad de Oxford en el libro The Road to Reality (El Camino a la Realidad) [New York: Alfred A. Knopf, 2005], en las página 762-5. En pocas palabras, si nuestro universo es sólo uno de los miembros de un conjunto infinito de mundos compuestos por varios universos al azar, entonces es abrumadoramente más probable de que deberíamos estar observando un universo muy diferente a ese que de hecho estamos observando.

Penrose calcula que las probabilidades de la condición de baja entropía de nuestro universo que se obtiene por pura casualidad están en el orden de 1:1010 (123), un número inconcebible. Las probabilidades de que nuestro sistema solar esté siendo formado de manera instantánea por colisiones al azar de partículas es, por otro lado, sobre 1:1010 (60), un gran número, pero inconcebiblemente menor que 1010 (123). ¡Penrose le llama “alimento para pollos” en comparación! Así que si nuestro universo fuese simplemente un miembro de una colección de mundos ordenados aleatoriamente, entonces es mucho más probable que deberíamos estar observando un universo mucho más pequeño. Los universos observables como ese son mucho más abundantes en el conjunto de universos que en los mundos como el nuestro y, por tanto, deben ser observados por nosotros si el universo no fuese más que un miembro al azar de un conjunto de mundos.

O también, si nuestro universo no es más que un miembro al azar de un conjunto de mundos, entonces deberíamos estar observando los acontecimientos altamente extraordinarios, como caballos que entran y salen a la existencia por colisiones al azar, o máquinas de movimiento perpetuo, ya que estos acontecimientos son mucho más probables que todas las constantes y cantidades de la naturaleza que caen por casualidad en el rango virtualmente infinitesimal que permite vida. Dado que no tenemos esas observaciones, este hecho no confirma fuertemente la hipótesis de universos múltiples. Penrose concluye que las explicaciones de la hipótesis de múltiples universos son tan “impotentes” que está realmente “erróneo” el recurrir a ellas para explicar las características especiales del universo.

Dado que la alternativa de la casualidad se mantiene o se cae con la hipótesis de universos múltiples, esa alternativa se considera ser muy improbable. Por lo tanto, parece que el ajuste fino del universo plausiblemente no se debe ni a la necesidad física ni a la casualidad (el azar), se deduce que el ajuste fino, por lo tanto, se debe al diseño, a menos que la hipótesis del diseño se pueda demostrar ser aún más improbable que sus competidores. Sobre esa cuestión, véase mi crítica a la objeción de Dawkins a la inferencia de diseño en el Question Archive (Archivo de Preguntas)

William Lane Craig

Este articulo fue tomado de:  http://www.reasonablefaith.org/spanish


La Premisa Casual del Argumento Kalam

La Premisa Casual del Argumento Kalam

Por: William Lane Craig

Esta es una pregunta que le fue hecha al Doc. Craig´s en su blog http://www.reasonablefaith.org/spanish

Usted corre el argumento cosmológico de la siguiente manera

(1) Todo lo que comienza a existir debe tener una causa.

(2) El universo comenzó a existir.

(3) Por lo tanto, el universo tuvo una causa.

La primera premisa es la que me confunde. El apoyo que se ofrece para la (1) parece socavar la creación ex nihilo. Cuando se encuentra presionado para defender la premisa (1) usted dice cosas como “el ser no puede venir del no-ser,” “algo no puede venir de la nada”, etc. Por lo tanto la premisa (1) es verdadera porque (A) no es posible de que algo venga de la nada. Usted dice que (A) es evidente y lo llama “un primer principio de la metafísica.” ¿Cuál es el sentido de la “posibilidad” aquí? Esto no puede querer decir una posibilidad física, ya que claramente las leyes naturales no se aplicarán al acontecimiento o evento de la creación. Por lo que puedo ver eso debe querer decir algo como una posibilidad lógica. Pero si es lógicamente imposible de que algo venga de la nada, entonces no es posible para Dios hacer que algo surja de la nada, ya que ciertamente Dios no puede violar las leyes lógicas, ¿o puede Él?

Parece que lo que usted realmente quiere decir es algo como (B) no es posible que algo venga de la nada, sin una causa. Pero no hay nada de evidencia propia y de fuerza intuitiva en B como lo hay en A. No es el algo venga de la nada sin causa que encontramos desconcertante, sino es simplemente el que algo venga de la nada.

Esto se evidencia por su propia perplejidad sobre la doctrina del ex nihilo. Cuando le veo presionado en este punto, el argumento parece volverse abductivo. Usted dice algo como “Yo no sé cómo Dios pudo haber creado el universo de la nada, solo sé que es doblemente absurdo decir que eso sucedió sin causa.” Pero no hay ningún asunto que sea doblemente absurdo, hay simplemente absurdo y ambas explicaciones son absurdas. Lo que se requiere es que Dios sea la mejor explicación de un acontecimiento sin causalidad (si de hecho esa es la única otra opción). No sé exactamente lo que constituye las condiciones necesarias y suficientes para una buena explicación, pero creo que tiene algo que ver con remover la confusión.  Es decir, una buena explicación debería dejarnos menos confundidos acerca de los fenómenos. Pero si es algo desconcertante al punto de lo absurdo de que algo debió saltar a la existencia de la nada, ¿es en realidad algo menos absurdo si alguien está parado sobre eso y “dice hágase…”?

Yo no sé.

Además, esta es una clase de causalidad que es radicalmente diferente. Supongo que cualquiera que sea la noción de causalidad que esté involucrada debe ser algo así como una causalidad eficiente. Cuando observamos la causalidad eficiente, observamos algo actuando en otra cosa para traer algún resultado. Creo que puedo entender lo que significa, por ejemplo, para que una persona trabaje en un ladrillo para hacer una estatua. Creo que ésta es una noción perfectamente inteligible de la causalidad. Pero qué sería de una persona que actuara sobre la nada de tal manera que provoque un efecto. La causalidad eficiente como creando o “ocasionando” es una acción sobre una cosa. Así que cualquier causalidad que usted tenga en mente aquí es radicalmente diferente a cualquier cosa que normalmente entendemos por el término. Y mientras menos entiendo esta noción de causalidad, menos inclinado me encuentro a considerar que la hipótesis Dios es la mejor explicación.

William.

Respuesta: 

Para responder a su pregunta compleja, William, permíteme primero repasar tres razones que he dado para creer en la primera premisa del argumento cosmológico del Kalam. En primer lugar, la premisa causal está basada en la intuición metafísica de que algo no puede venir a la existencia de la nada. Sugerir que las cosas podrían surgir a la existencia de la nada sin que hayan sido causadas es dejar de hacer metafísica seria y recurrir a la magia. En segundo lugar, si las cosas realmente podrían llegar a existir de la nada sin ser causadas, entonces se convierte en algo inexplicable el por qué cualquier y todas las cosas no llegan a existir de la nada sin causa. Por último, la primera premisa se confirma constantemente en nuestra experiencia, la cual les proporciona a los ateos que son naturalistas científicos la más fuerte de las motivaciones para aceptarla.

Mi primera razón corresponde a su declaración:

(A) no es posible de que algo venga de la nada.

Creo que el principio ex nihilo nihil fit (de la nada, nada viene) es tan cierto como cualquier cosa en filosofía y que ninguna persona racional sinceramente lo duda. Pero este principio no contradice de ninguna manera la doctrina de creatio ex nihilo (la creación de la nada), como se dieron cuenta los pensadores medievales que apoyaron a ambos, ya que solo en el caso de la creación hay una causa la cual trae el objeto relevante a la existencia.

La primera pregunta que usted hace es “¿Cuál es el sentido de la ‘posibilidad’ aquí?” La respuesta es “la posibilidad metafísica.” Esta es una modalidad entre la posibilidad física y la posibilidad de la lógica estricta y a menudo los filósofos contemporáneos le llaman “posibilidad de la lógica amplia.” Para ilustrar esto, es estrictamente lógicamente posible que “El Primer Ministro sea un número primo” (no hay ninguna contradicción lógica aquí), pero, sin embargo, dicha cosa es metafísicamente imposible (incapaz de materializarse). Hay todo tipo de verdades—como “Todo lo que tiene una forma tiene un tamaño,” “Nada puede ser de color rojo por todas partes y verde por todas partes,” “Ningún acontecimiento se precede a sí mismo,” etc.—los cuales no son estrictamente lógicamente necesarios pero son, yo creo, metafísicamente necesarios. Creo que la primera premisa del argumento del kalam es una verdad metafísicamente necesaria.

En cuanto a su comentario:

(B) no es posible que algo venga de la nada sin una causa,

Creo que es lógicamente equivalente a (A). Ellos se implican el uno al otro. Solo considere esto: supongamos que alguien propuso refutar (A) diciendo: “¡Algo puede venir de nada si tiene una causa!” El defensor de (A) tendría razón en pensar que la otra persona no le había entendido. Si algo tiene una causa, entonces no viene de la nada. Venir de la nada es carecer de todas las condiciones causales, y punto. Piénselo de esta manera: si algo llega a la existencia de la nada sin causa, entonces evidentemente eso viene a existir de la nada (B → A). Y si algo llega a existir de la nada, entonces eso llega a existir de la nada sin causa (A → B). Entonces (A) y (B) son lógicamente equivalentes. Así que una de las dos, (A) o (B), puede ser utilizada para apoyar la premisa (1).

Ahora bien, es correcto de que dos enunciados lógicamente equivalentes pueden tener una fuerza intuitiva diferente. Yo exploro eso en mi enunciado de la primera premisa del argumento moral. Es lógicamente equivalente decir: “Si Dios no existe, los valores morales objetivos no existen” o “Si los valores morales objetivos existen, entonces Dios existe”, pero el primero es más intuitivamente obvio. Por lo tanto, puede ser más efectivo dialécticamente utilizar la formulación más intuitiva.

Ahora ¿es absurda la doctrina de la creatio ex nihilo? No, porque ella no contradice a (A). El universo tiene una causa creativa. En cambio, el ateo que, al igual que mi amigo Quentin Smith, afirma que el universo solamente surgió a la existencia sin ningún tipo de condiciones causales sí contradice la declaración (A).

Podemos obtener alguna aclaración sobre la pregunta al recordar la distinción que hace Aristóteles entre la causa eficiente y la causa material. Una causa eficiente es algo que produce su efecto en existir. Una causa material es la “cosa” de la cual algo está hecho. Miguel Ángel es la causa eficiente de la estatua de David, mientras que el trozo de mármol es la causa material.

Si hay algo surge a existir de la nada, esa cosa carecería de algún tipo de condiciones causales, eficientes o materiales. Si Dios crea algo ex nihilo, entonces a Él le falta solo una causa material. Esto, sin duda, es difícil de concebir, pero si el llegar a la existencia sin una causa material es absurdo, entonces llegar a existir sin una causa material o sin una causa eficiente, como digo, es doblemente absurdo, es decir, dos veces difícil de concebir. Por lo tanto, no está abierto al no-teísta confrontado con el comienzo del universo el decir que mientras la creatio ex nihilo es imposible, un origen espontáneo ex nihilo lo es.

Si se me permite hablar por usted, me parece que lo que realmente usted está argumentando es lo siguiente: La justificación que ofrezco en apoyo de la premisa (1), es decir (A), realmente apoya una premisa más fuerte, es decir,

1′. Todo lo que comienza a existir debe tener ambas: una  causa eficiente y una causa material.

Pero entonces el argumento kalam sería de la siguiente manera:

1′. Todo lo que comienza a existir debe tener ambas: una causa eficiente y una material.

2. El universo comenzó a existir.

3. Por lo tanto, el universo tuvo ambas: una causa eficiente y una material.

No solo es (3) incompatible con la doctrina creatio ex nihilo, como usted lo señala, sino aun peor, es incoherente, ya que el universo está definido aquí como la totalidad de la realidad material. ¡La totalidad de la realidad material no puede tener una causa material previa o anterior porque si la tuviera, entonces realmente no comenzó a existir! Por lo tanto, la persona que acepta (1 ‘) no puede aceptar (2). Ahora bien, usted evidentemente acepta (A), ya que, como usted dice, las cosas no pueden “saltar a la existencia de la nada” y por lo tanto, usted también acepta (1’). Así que la premisa de que usted realmente rechaza es la (2). La materia y la energía, o el universo, debe ser eterno.

Lo que quiero desafiar es su justificación para la afirmación más fuerte (1′). ¿Por qué pensar que la causalidad eficiente sin una causalidad material es imposible?  Hemos visto que (A) de hecho no justifica a (1′). Lo que (A) justifica es que tiene que haber algún tipo de causa de la cosa que empieza, pero no hay razón para pensar que debe ser una causa material. En su párrafo final usted apela a nuestra experiencia normal de ver las causas eficientes que actúan conjuntamente con las causas materiales como justificación para (1′). Pero ¿por qué pensar que esta concatenación común debe ser siempre el caso?

Tal vez sería útil aquí pensar en casos donde podríamos tener una causalidad eficiente sin tener una causalidad material. He estado trabajando fuertemente en el tema de los objetos abstractos como son los números, los conjuntos, las proposiciones, y así sucesivamente. Muchos filósofos creen que estos objetos inmateriales existen necesaria y eternamente. Pero hay muchos objetos abstractos que parecen existir de manera contingente y de manera no eterno. Por ejemplo, el ecuador, el centro de masa del sistema solar, la Quinta Sinfonía de Beethoven,  Anna Karenina de León Tolstoi, y así sucesivamente. Ninguno de estos es un objeto físico. La novela de Tolstoi, por ejemplo, no es idéntica a ninguno de sus ejemplares impresos, ya que estos todos pudieron ser destruidos y reemplazados por nuevos libros. Tampoco puede la Quinta de Beethoven ser identificada con ninguna serie en particular de marcas de tinta o de cualquier otra presentación de la sinfonía. Ahora, todas estas cosas comenzaron a existir: el Ecuador, por ejemplo, no existía antes de que existiera la tierra. Pero si estas cosas comenzaron a existir, ¿tenían ellas una causa o llegaron ellas a existir simplemente de la nada? (Observe que tiene sentido hacer esta pregunta a pesar de que esas entidades son inmateriales y por lo tanto no tienen una causa material). Muchos filósofos dirían que en efecto ellas tienen una causa: fue Tolstoi, por ejemplo, quien creó a Ana Karenina. Así que en casos como estos (y son legiones), de hecho tenemos instancias de la causalidad eficiente sin causalidad material. Usted no podría estar de acuerdo que realmente esos objetos abstractos existan, pero creo que tenemos que decir que la visión defendida por nuestros colegas filósofos es una que es coherente.

Los ejemplos de la creación literaria y musical son sugestivos. ¿Pudo haber Dios análogamente pensado el universo a la existencia, de la misma manera que Tolstoi creó Ana Karenina? Es una idea provocadora.

Usted dice que recurrir o apelar a Dios como la causa del universo no podría ser la mejor explicación. “¿Mejor que qué?” yo pregunto. Si la alternativa es el llegar a existir espontáneamente de la nada, creo que ambos estamos de acuerdo de que eso es imposible. El único recurso para el ateo es entonces negar la premisa (2) del argumento del kalam. Pero si tenemos buena evidencia para el comienzo del universo, como creo que tenemos, entonces la alternativa de Dios se ve mucho mejor cada vez.

Este articulo fue tomado de http://www.reasonablefaith.org/spanish

Dios los bendiga.


Hawking y Mlodinow: Emprendedores Filosóficos

Hawking y Mlodinow: Emprendedores Filosóficos

Por: William Lane Craig

Hola Doctor Craig,

¿Podría dar respuesta a lo siguiente, extraído del libro de Stephen Hawking y que cito como sigue: “Porque existe una ley como la gravedad, el universo puede crearse (y se creará) a sí mismo de la nada. La creación espontánea es la razón por la que algo exista en lugar de nada, de que exista el universo, de que existamos nosotros,” y “no es necesario invocar a Dios para que encienda la antorcha azul de papel y comience el universo.”

Si existe dicha revolución en la filosofía teísta, tales como los argumentos sobre el origen del universo, como usted sostiene, ¿Cómo pueden los físicos hacer estas declaraciones? ¿No muestra esto que los argumentos teístas no tienen mucho peso en el paradigma actual de la física?

Gracias,

Matthew

Australia

Respuesta: Tu pregunta es una de las muchas que hemos recibido recientemente sobre el nuevo libro de Stephen Hawking y Leonard Mlodinow, El Gran Diseño. En la Pregunta de la Semana # 180, me dirigí a las implicaciones de sus teorías para el argumento cosmológico kalam y el argumento del ajuste fino a favor de un Creador y Diseñador del Universo. Aquí, quiero utilizar tu pregunta, Matthew, “Si hay tal revolución en la filosofía teísta, tales como argumentos sobre el origen del universo, como usted sostiene, ¿Cómo pueden los físicos hacer estas declaraciones?” como un trampolín para abordar un asunto esencial planteado en el libro.

Hawking y Mlodinow comienzan El Gran Diseño con una serie de preguntas filosóficas profundas:¿Cuál es la naturaleza de la realidad? ¿De dónde viene todo esto? ¿Necesita el universo de un creador? Luego, dicen esto:

Tradicionalmente, estas han sido cuestiones filosóficas, pero la filosofía está muerta. La filosofía no se ha mantenido al corriente de los desarrollos modernos de la ciencia, en particular de la física. Los científicos se han convertido en los portadores de la antorcha del descubrimiento en nuestra búsqueda del conocimiento (Pág. 5).

El filósofo profesional sólo puede mirar con frustración ante el descaro y la condescendencia de esta declaración. Dos científicos que tienen, según todas las apariencias, poca familiaridad con la filosofía, se sienten preparados para pronunciar muerta a toda una disciplina e insultar a sus propios colegas de la facultad de filosofía en la Universidad Tecnológica de California (Cal Tech) y en la Universidad de Cambridge, los cuales, como Michael Redhead y D.H. Mellor, son eminentes filósofos de ciencia, simplemente por supuestamente no haber podido mantener el paso con los avances de la ciencia. No pude evitar preguntarme ¿qué evidencia tienen nuestros intrépidos autores de la erudición rezagada del Señor Redhead? ¿Cuáles obras recientes en la filosofía han leído que constituyen la base de su veredicto? ¡Ahí, que no lo dicen!

El filósofo profesional considerará su veredicto, no sólo como meramente condescendiente sino como también escandalosamente ingenuo. El hombre que declara no tener necesidad de la filosofía es el más apto para ser engañado por ella. Por lo tanto, uno podría anticipar que la exposición subsecuente de Mlodinow y Hawking sobre sus teorías favorecidas serán respaldadas por una serie de presuposiciones filosóficas no examinadas. De hecho esta expectativa se ve confirmada. Al igual que sus afirmaciones sobre el origen del universo de la “nada” o sobre la Hipótesis de Muchos Mundos para explicar el ajuste fino, sus afirmaciones sobre las leyes de la naturaleza, la posibilidad de los milagros, el determinismo científico y la ilusión del libro albedrío, son afirmadas con la más mínima justificación y el menor entendimiento de los asuntos filosóficos involucrados.

Tomemos, por ejemplo, sus reflexiones sobre las leyes de la naturaleza (pp. 27-34). Después de admitir la dificultad filosófica en definir lo que es una ley de la naturaleza, ellos proceden a hacer tres preguntas sobre las leyes naturales: (i) ¿Cuál es el origen de dichas leyes? (ii) ¿Hay algunas excepciones a estas leyes, por ejemplo, los milagros? (iii) ¿Hay un solo conjunto posible de leyes?

En cuanto a (i), ellos observan que la respuesta tradicional es que Dios estableció las leyes de la naturaleza. Sin embargo, Hawking y Mlodinow se quejan de que al menos que se invista a Dios con ciertos atributos, esta respuesta no llega a ser más que definir a Dios como la personificación de las leyes de la naturaleza. Yo encuentro esta queja desconcertante. Dado que los teístas clásicos que tienen en mente (incluyendo a Descartes, de quien ellos tergiversan sus visiones) pensaban que Dios dispuso libremente las leyes de la naturaleza. Dios no podía ser meramente la personificación de esas leyes, ya que Dios podría haber establecido leyes muy diferentes. Lo que Mlodinow y Hawking describen es la visión de Spinoza, un panteísta que consideraba que “Dios” y la “naturaleza” eran sinónimos. Por supuesto, los teístas clásicos consideran que Dios es un ser con ciertos atributos que Le distingue de la naturaleza. Eso está simplemente implicado en la respuesta de que Dios estableció las leyes.

Hawking y Mlodinow parecen estar listos para reconocer la coherencia de esta respuesta, pero creen que el “embate real” llega entonces con la segunda pregunta (ii): ¿Existen los milagros? Hawking y Mlodinow aparentemente piensan que si responden a (ii) de forma negativa, pone en duda la respuesta teísta a (i). De ser así, esta afirmación es desconcertante. Supongamos que alguien es un Deísta que cree que Dios, habiendo establecido todo el mecanismo del universo, decide no intervenir en él. En ese caso, no hay “embate” alguno en responder a la pregunta primera (i) cuando se responde “Dios” y “no” a la segunda (ii).

En cualquier caso, ¿Por qué contestar negativamente a la pregunta (ii)? Increíblemente, Hawking y Mlodinow piensan que la ciencia lo requiere de esa manera:

El determinismo científico que Laplace formuló es la respuesta de los científicos modernos a la segunda pregunta. De hecho, es la base de toda la ciencia moderna, y un principio que desempeña un papel importante a lo largo de todo este libro. Una ley científica no es tal si sólo se cumple cuando algún ser sobrenatural decide no intervenir (p. 30).

Este argumento es de múltiples confusiones. Primero, es falso que el determinismo de Laplace sea la base de la ciencia moderna. Sin contar las hordas de científicos teístas que afirman la realidad de los milagros, hay montones de científicos, incluyendo los mismos Hawking y Mlodinow (Pág.72), que consideran la característica del indeterminismo de la física cuántica como óptica y no meramente epistemológica. Si la naturaleza misma es indeterminista, entonces, el determinismo de Laplace (un Newtoniano) no se sostiene. Incluso un conjunto completo de leyes naturales no sería suficiente para determinar el futuro. Es fácil imaginar todo tipo de formas en que la indeterminación en el nivel cuántico puede ser amplificada y puede emitir cambios macroscópicos en el mundo. (Recuerdo la ilustración divertida de un estudiante de posgrado que se demoraba en salir del laboratorio mientras esperaba la desintegración de un isótopo radiactivo y que como consecuencia el retraso él conoce a una chica en el pasillo, de quien se enamora y luego terminan casándose). Es desconcertante que Hawking y Mlodinow hacen caso omiso a la contradicción entre su afirmación del Determinismo de Laplace y la indeterminación cuántica.

En segundo lugar, Hawking y Mlodinow confunden el determinismo con el naturalismo. La indeterminación cuántica es la prueba positiva de que la ciencia moderna no se basa en el determinismo. Su argumento en contra de la intervención de un ser sobrenatural es un argumento a favor del naturalismo, no del determinismo. La indeterminación cuántica es aceptable porque es naturalista, mientras que los milagros suponen un agente sobrenatural. Pero entonces su afirmación de que las leyes científicas no serían leyes si se sostuvieran sólo cuando un ser sobrenatural decide de no intervenir es claramente falsa. Las leyes de la naturaleza describen el comportamiento de los sistemas físicos en ausencia de cualquier intervención sobrenatural. En el caso de que un agente sobrenatural interviniera, las predicciones basadas en las leyes no se sostendrían precisamente debido a que factores no-naturales, no previstos por las leyes, habrían entrado en escena. Las leyes, por lo tanto, tienen condiciones implícitas ceteris paribus: que describen el comportamiento de los sistemas dados que ningún agente sobrenatural intervenga. Si tal ser interviene, la ley natural no queda suprimida ya que describe el comportamiento del sistema sólo bajo la presunción de que tal ser no intervenga.

Talvez lo que realmente Hawking y Mlodinow quieren decir es que la ciencia debe presuponer el naturalismo para poder ser una empresa viable. Pero en ese caso, han fallado en distinguir el naturalismo metodológico de naturalismo metafísico. Su argumento mostraría, en el mejor de los casos, que la ciencia está metodológicamente comprometida a considerar sólo aquellas hipótesis que postulan las causas naturales, pero eso no aportaría nada para justificar una respuesta negativa a (ii), de que no existen los milagros. Aún la pregunta del compromiso al naturalismo metodológico de la ciencia no es en sí misma una cuestión científica sino una cuestión filosófica sobre la naturaleza de la ciencia.

Hawking y Mlodinow se sumergen en aguas filosóficas aún más profundas cuando proceden a argumentar que, debido a que la gente vive en el universo e interactúa con otros objetos en él, “el determinismo científico debe cumplirse también para las personas ” (Pág. 30). Por lo tanto, “no somos más que máquinas biológicas y. . . que ellibre albedrío es sólo una ilusión”(Pág. 32). Este es un pensamiento muy débil. No veo razón alguna para pensar que un ser dotado de libertad de voluntad no pueda existir espacio-temporal, y afectar otros objetos y ser también ser afectado por ellos. Así que ¿Cuál es el argumento en contra de tal cosa? Hawking y Mlodinow preguntan: “Si lo tenemos [el libre albedrío], ¿en que punto del árbol de la evolución se desarrolló?” Si ésto se supone que sea un argumento, hay al menos dos errores en él. En primer lugar, el hecho de que yo tenga libre albedrío no depende de que yo sea capaz de especificar en qué parte del proceso evolutivo pudieron los organismos adquirirlo por vez primera. En segundo lugar, el libre albedrío se supone que surgió tan pronto como el cerebro humano evolucionó lo suficiente para sustentar la auto-consciencia, la reflexión racional. Así que, ¿Cuál es el problema?

Mlodinow y Hawking también argumentan que el libre albedrío es una ilusión, porque los neurocirujanos pueden estimular el cerebro de una persona de tal manera que pueden crear el deseo de mover sus extremidades o sus labios. La falacia aquí es pensar que porque uno puede intervenir para producir determinadamente un efecto, ya por ello el efecto ocurre de manera determinista en ausencia de tal intervención. Sólo porque un neurocirujano pueda estimular mi cerebro para que me dé el deseo de mover un brazo, obviamente, eso no implica que en otras ocasiones yo no mueva, o no pueda mover mi brazo de manera libre.

Esos son los únicos argumentos a favor del determinismo que presentan Mlodinow y Hawking y no consideran ninguno de los argumentos contra el determinismo. Me pregunto, por ejemplo, por qué piensan que todo lo que han dicho en su libro es verdadero, ya que en su visión, estaban determinados para escribirlo. Todo lo que dicen es el producto de causas físicas ciegas, como el agua corriendo por una tubería o un árbol al que le crece una rama. ¿Qué confianza pueden ellos tener de que todo lo que han dicho es verdadero, incluyendo su afirmación de que el determinismo es verdadero?

Mlodinow y Hawking se reservan la discusión sobre la pregunta (iii) sobre el carácter único de las leyes de la naturaleza hasta que tratan con el argumento del diseño proveniente del ajuste fino del universo para vida inteligente. Dado que ya abordé sobre este tema en mi discusión de (iii) la semana pasada, me voy a abstener de repetirme aquí de nuevo. Pero confío en que queda claro, como era de esperarse, que Mlodinow y Hawking están hasta el cuello con preguntas filosóficas.

¡Lo que no se podría esperar era que, después de pronunciar la muerte de la filosofía, Hawking y Mlodinow mismos se involucraran en una discusión filosófica sobre el realismo científico versus el anti-realismo! El primer tercio de su libro no es, en lo absoluto, sobre las teorías científicas actuales sino que es una disquisición sobre la historia y la filosofía de la ciencia. Encontré que esta sección fue la más interesante y alucinante de todo el libro.

Permíteme explicar. Después de haber apartado un lunes por la tarde para leer el libro de Hawking y Mlodinow, pasé la mañana tratando con un artículo académico de nombre: Blackwell’s Contemporary Debates in Metaphysics (Debates Contemporáneos en Metafísica de Blackwell) que presenta una visión filosófica conocida como el pluralismo ontológico.El pluralismo ontológico es una visión en una sub-disciplina de la filosofía, cuyo nombre suena como un tartamudeo: meta-metafísica, o, como se le llama a veces, meta-ontología. Como más, esta es la filosofía etérea. La ontología es el estudio de ser o de lo que existe, la naturaleza de la realidad. La meta-ontología es un escalón más alto: esta requiere si las disputas ontológicas son significativas y la mejor manera para resolverlas.

El pluralismo ontológico sostiene que realmente no hay respuesta correcta a las muchas preguntas ontológicas (por ejemplo, “¿Existen los objetos compuestos?”). Según el pluralista ontológico, sólo hay diferentes maneras de describir la realidad y ninguna de ellas es más correcta o precisa que la otra. Literalmente, no hay ningún hecho en lo absoluto en la respuesta de estas preguntas. De modo que si tú preguntaras, “¿Existe tal cosa como la Luna?”, el pluralista ontológico diría que la pregunta no tiene respuesta objetiva. No es verdadero que la Luna existe y no es verdadero que la Luna no existe. Simplemente, no hay un hecho en lo absoluto de que exista tal cosa como la Luna. El pluralismo ontológico es, pues, una visión radical la cual es defendida solamente por un puñito de filósofos.

¡Por tanto, te puedes maginar mi asombro total al encontrar a Hawking y Mlodinow apoyando el pluralismo ontológico (sin estar consciente de su nombre) como su filosofía de la ciencia! Ellos llaman a su visión, “realismo dependiente del modelo.” Su visión es aún más radical que el pluralismo ontológico, ya que Hawking y Mlodinow lo arraigan no sólo para las disputas ontológicas de alto nivel, sino para todo nuestro entendimiento del mundo. Ellos explican,

. . . nuestros cerebros interpretan las informaciones de nuestros órganos sensoriales construyendo un modelo del mundo exterior. Cuando el modelo explica satisfactoriamente los acontecimientos, tendemos a atribuirle, a él, a los elementos y conceptos que lo integran, la calidad de realidad o verdad absoluta. Pero podría haber otras maneras de construir un modelo de la misma situación física, empleando en cada una de ellas conceptos y elementos fundamentales diferentes. Si dos de esas teorías físicas o modelos predicen con exactitud los mismos acontecimientos, no podemos decir que una sea más real que el otro, y somos libres para utilizar el modelo que nos resulte más conveniente (Pág. 7).

En esta visión, un modelo parece ser, (por lo menos en parte) una manera inconsciente de organizar las percepciones sensoriales las cuales puede ser redefinidas por una teoría científica. Nunca llegamos a conocer la forma en que el mundo es. Todo lo que logramos son formas más o menos convenientes de organizar nuestras percepciones. Dicho escepticismo sería suficientemente malo, pero la situación es aún peor. Ya que estos diferentes modelos no son, aún desconocido para nosotros, más o menos aproximaciones precisas de la realidad. Al contrario, no hay una realidad objetiva a la cual nuestros modelos más o menos corresponden con exactitud. ¡Esto es el pluralismo ontológico desarrollado!

De manera que Mlodinow y Hawking son antirrealistas extremos. Ahora bien, ellos tratan de distinguir su visión del antirrealismo científico, al definir este último como la opinión que “observaciones y experimentos tienen sentido pero que las teorías no son más que instrumentos útiles, que no encarnan verdades más profundas que transciendan los fenómenos observados” (Pág. 44). Sin embargo, lo que Hawking y Mlodinow están describiendo aquí no es antirrealismo científico sino el positivismo, una filosofía de la ciencia que era popular en la década de 1930 y 1940. Debido a su distinción artificial entre las declaraciones de la observación y las declaraciones teóricas, el positivismo probó en parte ser insostenible. Pero el anti-realismo no depende del positivismo. Hawking y Mlodinow son más anti-realistas que los positivistas, ya que no sólo niegan que las declaraciones teóricas expresan verdades objetivas sobre el mundo sino que ellos también niegan las declaraciones de la observación, dado que aún la observación es incluso dependiente del modelo. Otra vez, lo que ellos están negando no sólo es el conocimiento de la manera en que el mundo es sino que hasta hay un mundo objetivo para conocer.

¿Qué cuan serio están ellos con su antirrealismo? Esto es evidente al mirar sus ejemplos. Si los pececillos que miran el mundo a través de una pecera con las paredes curvas pueden formular un modelo o teoría que le permite hacer predicciones exitosas, entonces, “deberíamos admitir que tienen una imagen válida de la realidad” (Pág. 39). El modelo geocéntrico del mundo de Ptolomeo era tan adecuado como el modelo heliocéntrico de Copérnico. “Así pues, ¿qué sistema se ajusta más a la realidad, el ptolemaico o el copernicano? Aunque es bastante habitual que se diga que Copérnico demostró que Ptolomeo estaba equivocado, eso no es verdad “(Pág. 41). El punto no es que la evidencia de Copérnico era insuficiente sino que ninguna de las teorías es objetivamente verdadera. Al contrastar la teoría del creacionismo de la tierra joven y la teoría del Big Bang, Hawking y Mlodinow afirman que mientras que la teoría del Big Bang sea “más útil”, sin embargo, “no podemos afirmar que ninguno de los modelos es más real que el otro” (Pág. 51).

Uno no puede dejar de preguntarse qué clase de argumento justificaría la adopción de un pluralismo ontológico tan radical. Todo lo que Mlodinow y Hawking tienen que ofrecer es el hecho de que si por ejemplo fuésemos, por decir, habitantes de una realidad virtual controlada por seres extraterrestres, entonces no habría ningún modo para nosotros decirque estábamos en un mundo simulado y de modo que no habría razón para dudar de su realidad (Pág. 42). El problema con este tipo de argumento es que no excluye la posibilidad que tengamos, en tal caso, dos teorías compitiendo sobre el mundo, una de los extraterrestres y la nuestra. Y una de las teorías es verdadera y la otra falsa, aún si no podamos decir cuál es cuál.

Además, el hecho de que nuestras observaciones son dependientes del modelo o cargados por teoría, no implica que no podamos tener conocimiento de la manera que el mundo es (mucho menos que no haya manera de que el mundo exista). Por ejemplo, un laico que entra en un laboratorio científico podría ver que hay una pieza de maquinaria en la mesa, pero no vería que hay un interferómetro en la mesa ya que carece de los conocimientos teóricos para reconocerlo como tal. Un cavernícola al entrar en el laboratorio ni siquiera miraría que hay una pieza de maquinaria en la mesa ya que le falta el concepto de máquina. Pero eso no hace nada para socavar la verdad objetiva de la observación del técnico de laboratorio de que hay un interferómetro sobre la mesa.

Mlodinow y Hawking, no contentos con el pluralismo ontológico, realmente salen de lo mas profundo cuando afirman: “No hay comprobación de realidad independiente del modelo. Se sigue que un modelo bien construido crea su propia realidad” (p. 172). Esta es una afirmación de la relatividad ontológica, la visión de que la realidad misma es diferente para las personas que tienen diferentes modelos. Si eres Fred Hoyle, el universo realmente ha existido eternamente en un estado estacionario. Pero si eres Stephen Hawking, el universo en realidad comenzó con un Big Bang. Si eres el médico antiguo Galeno, la sangre realmente no circula por el cuerpo humano, pero si eres William Harvey, sí lo hace. Tal visión parece una locura y sólo se hace más locura por la afirmación de Mlodinow y Hawking de que el modelo en sí mismo es responsable de crear su realidad respectiva. Apenas se necesita mencionar de que tal conclusión no se deduce de que no haya un examen del modelo independiente para medir o saber la manera que el mundo es.

Cualquiera que fuera el veredicto que demos sobre sus argumentos, el punto es que, a pesar de sus presuposiciones de hablar como portadores de la antorcha científica de los conocimientos, lo que Hawking y Mlodinow están haciendo es involucrándose en filosofía. Las conclusiones más importantes trazadas en su libro son filosóficas y no científicas. ¿Por qué, entonces, pronuncian muerta a la filosofía y demandan que son los científicos los que llevan la antorcha del descubrimiento? Simplemente porque eso les permite encubrir su filosofar de aficionados (amateur) con el manto de la autoridad científica y de ese modo eludir la difícil tarea de argumentar a favor de, en vez de meramente afirmar, sus visiones filosóficas,.

La respuesta a tu pregunta, Matthew, fue dada hace mucho tiempo por Albert Einstein, cuando dijo, “El hombre de ciencia es un pobre filósofo.” El libro de Hawking y Mlodinow atestigua de la sagacidad de Einstein.

Este articulo fue tomado de: http://www.reasonablefaith.org/spanish


Dios aún no ha Muerto

Dios aún no ha Muerto

Por: William Lane Craig

“God Is Not Dead Yet.” Christianity Today. Julio, 2008, pp. 22-27. Traducido por Joel Naranjo

Se podría pensar de la reciente avalancha de best-sellers ateos que la creencia en Dios es intelectualmente indefendible en la actualidad para las personas racionales. Pero una mirada a los libros por Richard Dawkins, Sam Harris, y Christopher Hitchens, entre otros, revela rápidamente que el llamado Nuevo Ateísmo carece de músculo intelectual. Es felizmente ignorante de la revolución que ha tenido lugar en la filosofía angloamericana. Refleja el cientificismo de una generación pasada en lugar de la escena intelectual contemporánea.

El clímax cultural de aquella generación llegó el 8 de abril de 1966, cuando la revista Time publicó una historia principal cuya cubierta era completamente negra salvo tres palabras blasonadas en brillantes letras rojas: “¿Ha muerto Dios?”. La historia describía el movimiento de la “Muerte de Dios”, de moda en la teología norteamericana.

Pero para parafrasear a Mark Twain, las noticias del fallecimiento de Dios fueron prematuras. Puesto que, al mismo tiempo que los teólogos escribían el obituario de Dios, una nueva generación de jóvenes filósofos estaba redescubriendo su vitalidad.

Allá por los años cuarenta, muchos filósofos creían que el lenguage acerca Dios, dado que no es verificable por los cinco sentidos, carece de significado: es un verdadero sinsentido. Este verificacionismo finalmente colapsó, en parte, porque los filósofos comprendieron ¡que el verificacionismo mismo no puede ser verificado! El colapso del verificacionismo fue el evento filosófico más importante del siglo 20. Su caída implicó que los filósofos fueron una vez más libres de hacer frente a los problemas tradicionales de la filosofía que el verificacionismo había suprimido. Junto a este resurgimiento del interés en las preguntas filosóficas tradicionales vino algo totalmente inesperado: un renacimiento de la Filosofía Cristiana.

El punto de inflexión llegó, probablemente, en 1967, con la publicación de “Dios y Otras Mentes: Un Estudio de la Justificación Racional de Creencia en Dios” de Alvin Plantinga. Los pasos de Plantinga han sido seguidos por una multitud de filósofos cristianos, los cuales escriben en revistas académicas, participan en conferencias profesionales y publican con las mejores editoriales académicas. Como resultado, el rostro de la filosofía angloamericana se ha visto transformado. El ateísmo, si bien quizás todavía el punto de vista dominante en las universidades norteamericanas, es una filosofía en retirada.

En un reciente artículo, el filósofo de la Universidad de Western Michigan, Quentin Smith, lamenta lo que él llama “la desecularización de la academia que se ha desarrollado en los departamentos de filosofía desde finales de los años ’60”. Reclama de la pasividad de los naturalistas ante la ola de “teístas inteligentes y talentosos que han entrado en el mundo académico en la actualidad.” Smith concluye, “Dios no esta ‘muerto’ en la academia; volvió a la vida a fines de los 60s y está ahora vivo y bien en su última fortaleza académica, los departamentos de filosofía”.

El renacimiento de filosofía cristiana se ha visto acompañado por un resurgimiento del interés en la teología natural, aquella rama de la teología que busca demostrar la existencia de Dios aparte de la revelación divina. La meta de la teología natural es justificar una cosmovisión teísta en un sentido amplio, una que pueda ser común a cristianos, judíos, musulmanes, y deístas. Aún cuando pocos los llamarían pruebas concluyentes, todos los argumentos tradicionales para la existencia de Dios, por no mencionar otros argumentos nuevos y creativos, hallan en la actualidad defensores bien articulados.

Los Argumentos

Primero, démosle una rápida mirada a algunos de los argumentos actuales de teología natural. Los veremos de manera condensada. Esto tiene la ventaja de hacer la lógica de los argumentos muy clara. El esqueleto de los argumentos puede ser entonces rellenado de carne con una discusión más extensa. Una segunda pregunta crucial, ¿De que sirve un argumento racional en nuestra época supuestamente postmoderna?, será tratada en la próxima sección.

El Argumento Cosmológico. Versiones de este argumento son defendidas por Alexander Pruss, Timothy O’Connor, Stephen Davis, Robert Koons y Richard Swinburne, entre otros. Una formulación simple de este argumento es:

1. todo lo que existe tiene una explicación de para su existencia, sea en la necesidad de su propia naturaleza o en una causa externa.

2. si el universo tiene una explicación para su existencia, dicha explicación es Dios.

3. el universo existe.

4. por consiguiente, la explicación para la existencia del universo es Dios.

Este argumento es lógicamente válido, de modo que la única pregunta es acerca de la verdad de sus premisas. La premisa (3) es innegable para cualquier buscador sincero de la verdad, de modo que el problema se reduce a (1) y (2).

La premisa (1) parece bastante plausible. Imagine que va caminando por un bosque y descubre una esfera translúcida en el suelo. Usted encontraría bastante extraña la afirmación de que la esfera simplemente existe, inexplicablemente. Y aumentar el tamaño de la esfera, incluso hasta que llegue a ser co-extensiva con el cosmos, no ayudaría en nada para eliminar la necesidad de una explicación para su existencia.

La premisa (2) podría parecer polémica en un comienzo, pero es, de hecho, sinónima de la usual afirmación atea de que si Dios no existe, entonces no hay ninguna explicación para la existencia del universo. Además, (2) es bastante plausible por derecho propio. Esto porque una causa externa del universo debe existir más allá del espacio y el tiempo, y por consiguiente no puede ser física o material. Ahora, hay sólo dos tipos de cosas que calzan con esa descripción: Ya sea un objeto abstracto, como los números, o, de lo contrario, una mente inteligente. Pero los objetos abstractos son causalmente impotentes. Por ejemplo, el número 7 no puede causar nada. Por lo tanto, se sigue que que la explicación de la existencia del universo es una mente personal, externa y trascendente que creó el universo, que es lo que la mayoría de las personas tradicionalmente han querido decir con la palabra “Dios.”

El Argumento Cosmológico Kalam. Esta versión del argumento tiene una rica herencia islámica. Stuart Hackett, David Oderberg, Mark Nowacki, y yo hemos defendido el argumento kalam. Su formulación es simple:

1. todo lo que comienza a existir tiene una causa.

2. el universo comenzó a existir.

3. por consiguiente, el universo tiene una causa.

La premisa (1) ciertamente parece más plausible que su negación. La idea que las cosas pueden nacer a la existencia sin una causa es peor que la magia. No obstante, es notable cuántos no-teístas, bajo el peso de la evidencia en favor de la premisa (2), han negado (1) en lugar aceptar la conclusión del argumento.

Tradicionalmente, los ateos han negado (2), en favor de un universo eterno. Pero hay buenas razones, filosóficas y científicas, para dudar que el universo no tenga un comienzo. Filosóficamente, la idea de un pasado infinito parece absurda. Si el universo nunca tuviera un principio, entonces el número de eventos del pasado en la historia del universo es infinito. No sólo es ésta una idea muy paradójica, si no que hace surgir un problema: ¿Cómo el evento presente podría llegar alguna vez, si un número infinito de eventos anteriores tenían que ocurrir primero?

Es más, una notable serie de descubrimientos en astronomía y astrofísica durante el último siglo han inspirado nueva vida al argumento cosmológico kalam. En la actualidad tenemos evidencia bastante poderosa de que el universo no tiene un pasado eterno, sino que tuvo un comienzo absoluto hace aproximadamente 13.7 mil millones años en un evento cataclísmico conocido como el Big Bang.

El Big Bang es tan asombroso porque representa el origen del universo a partir de literalmente nada. Esto, dado que toda la materia y energía, e incluso el espacio físico y el tiempo llegaron a ser en el Big Bang. Si bien algunos cosmólogos han intentado desarrollar teorías alternativas con el objeto de evitar este principio absoluto, ninguna de estas teorías se ha impuesto en la comunidad científica. De hecho, en 2003, los cosmólogos Arvind Borde, Alan Guth, y Alexander Vilenkin fueron capaces de demostrar que cualquier universo que este, en promedio, en un estado de expansión cósmica no puede ser eterno hacia el pasado si no que debe tener un principio absoluto. Según Vilenkin, “Los cosmólogos ya no pueden esconderse tras la posibilidad de un universo con un pasado eterno. No hay ninguna salida, tienen que enfrentar el problema de un principio cósmico”. Se sigue, entonces, que debe haber una causa trascendente que produjo la existencia de universo, una causa que, como hemos visto, es plausiblemente eterna, no-espacial, inmaterial, y personal.

El Argumento de Teleológico. Los antiguos argumentos del diseño permanecen hoy tan robustos hoy como siempre, defendidos en varias formas por Robin Collins, John Leslie, Paul Davies, William Dembski, Michael Denton, y otros. Los partidarios del movimiento del Diseño Inteligente han continuado la tradición de buscar ejemplos de diseño en los sistemas biológicos. Pero la vanguardia de la discusión se enfoca en el notable y recientemente descubierto “ajuste fino” del cosmos para la vida. Este ajuste fino es de dos clases. Primero, cuando las leyes de la naturaleza se expresan como ecuaciones matemáticas, contienen ciertas constantes, tales como la constante gravitatoria. Los valores matemáticos de estas constantes no son determinados por las leyes de la naturaleza. Segundo, hay ciertas cantidades arbitrarias que son sólo parte de las condiciones iniciales del universo, por ejemplo, la cantidad de entropía presente en el universo.

Estas constantes y condiciones caen en un rango extremadamente estrecho de valores que posibilitan la vida. Si cualquiera de estas constantes o condiciones iniciales fuera alterado por menos que el ancho de un cabello, el equilibrio que hace posible la vida se destruiría, y la vida no existiría.

De acuerdo con esto, podemos argumentar:

1. El ajuste fino del universo se debe ya sea a la necesidad física, al azar o a al diseño.

2. no se debe a la necesidad física o al azar.

3. por consiguiente, se debe al diseño.

La premisa (1) simplemente las lista de opciones posibles para explicar el ajuste fino. La premisa importante es por consiguiente (2). La primera alternativa, la necesidad física, dice que las constantes y condiciones iniciales deben tener los valores que tienen. Esta alternativa tiene poco digno de consideración. Las leyes de la naturaleza son consistentes con una amplia gama de valores para las constantes y condiciones iniciales del universo. Por ejemplo, la candidata más prometedora para una teoría unificada de la física a la fecha, la teoría de las “supercuerdas” o “teoría M”, permite un paisaje cósmico de alrededor de 10500 posibles universos distintos gobernados por leyes naturales, y sólo una proporción infinitesimal de éstos es capaz de sostener vida.

En cuanto al azar, los teóricos contemporáneos reconocen cada vez más que las posibilidades contra el ajuste fino son simplemente insuperables a menos que uno este preparado para abrazar la especulativa hipótesis de que nuestro universo es solo un miembro de un conjunto infinito de universos aleatoriamente ordenados (alias, el multiverso). En este conjunto de mundos, cada mundo físicamente posible existe y, obviamente, nosotros podríamos observar sólo un universo dónde las constantes y condiciones iniciales sean consistentes con nuestra existencia. Es aquí donde el debate arrecia hoy por hoy. Físicos como Roger Penrose, de la Universidad de Oxford, presentan poderosos argumentos contra cualquier apelación a un multiverso como forma de explicar el ajuste fino.

El Argumento Moral. Varios eticistas, tales como Robert Adams, William Alston, Mark Linville, Paul Copan, John Hare, Stephen Evans, y otros han defendido teorías éticas de “Mandamiento Divino [“Divine command theories”], que apoyan varios argumentos morales para la existencia de Dios. Uno de dichos argumentos es el siguiente:

1. si Dios no existe, los valores y deberes morales objetivos no existen.

2. los valores y deberes morales objetivos existen.

3. por consiguiente, Dios existe.

Por valores y deberes objetivos quiero decir valores y deberes que son válidos y obligatorios independiente de la opinión humana. Muchos ateos y teístas por igual concuerdan con la premisa (1). Esto, porque dada una cosmovisión naturalista, los seres humanos no son más que animales, y un acto que nosotros consideraríamos asesinato, tortura, o violación, es natural y amoral en el reino animal. Aún más, si no hay nadie para ordenar o prohibir ciertas acciones, ¿cómo podemos nosotros estar sujetos a obligaciones o prohibiciones morales?

La premisa (2) podría parecer más disputable, pero probablemente será una sorpresa para la mayoría de los legos enterarse que (2) es ampliamente aceptada entre los filósofos. Porque cualquier argumento contra la objetividad de la moral tenderá a estar basado en premisas menos evidentes que la realidad de los valores morales mismos, tal como son aprehendidos en nuestra experiencia moral. La mayoría de los filósofos, por lo tanto, reconoce distinciones morales objetivas.

Los no teístas típicamente opondrán al argumento moral un dilema: ¿Algo es bueno porque Dios los quiere, o Dios lo quiere porque es bueno? La primera alternativa hace del bien y el mal algo arbitrario, mientras que la segunda hace al bien independiente de Dios. Afortunadamente, éste es un falso dilema. Los teístas tradicionalmente han optado por una tercera alternativa: Dios quiere algo porque Él es bueno. Es decir, lo que Platón llamó el Bien es la naturaleza moral del propio Dios. Dios es por naturaleza amoroso, benévolo, justo, y así. Él es el paradigma de la bondad. Por consiguiente, el Bien no es independiente de Dios. Es más, los mandamientos de Dios son una expresión necesaria de su naturaleza. Sus mandamientos para nosotros no son, por lo tanto, arbitrarios, sino un reflejo necesario de su carácter. Esto nos provee de un fundamento adecuado para afirmar la existencia de valores y deberes morales objetivos.

El Argumento Ontológico. El famoso argumento de Anselmo ha sido el reformulado y defendido por Alvin Plantinga, Robert Maydole, Brian Leftow, y otros. Dios, observa Anselmo, es por definición el más grande ser concebible. Si usted pudiera concebir algo más grande que Dios, entonces eso sería Dios. Así, Dios es el más grande ser concebible, un Ser Máximamente Grande. ¿Cómo sería tal ser? Debiese ser todo poderoso, lo sabría todo, sería perfectamente bueno, y existiría en todo mundo lógicamente posible. Pero entonces podemos argumentar:

1. es posible que un Ser Máximamente Grande (Dios) exista.

2. si es posible que un Ser Máximamente Grande exista, entonces un Ser Máximamente grande existe en algún mundo posible.

3. si un Ser Máximamente Grande existe en algún mundo posible, entonces existe en todos los mundos posibles.

4. si un Ser Máximamente Grande existe en todos los mundos posibles, entonces existe en el mundo real.

5. por consiguiente, un Ser Máximamente Grande existe en el mundo real.

6. por consiguiente, un Ser Máximamente Grande existe.

7. por consiguiente, Dios existe.

Ahora, puede ser una sorpresa descubrir que los pasos 2 al 7 de este argumento son relativamente poco controvertidos. La mayoría de los filósofos estaría de acuerdo que si la existencia de Dios es incluso posible, entonces Él debe existir. Así que la única pregunta es: ¿Es posible la existencia de Dios? El ateo tiene que sostener que es imposible que Dios exista. Tiene que decir que el concepto de Dios es incoherente, tal como el concepto de un soltero casado o de un círculo cuadrado. Pero el problema es que el concepto de Dios simplemente no parece ser incoherente en tal forma. La idea de un ser que es todo poderoso, que todo lo sabe, y que es perfectamente bueno existe en cada mundo posible parece perfectamente coherente. Y en tanto la existencia de Dios sea sólo posible, se sigue que Dios debe existir.

¿Por qué importa?

Por supuesto, hay réplicas y contra réplicas respecto a todos estos argumentos, y nadie imagina que se alcanzará un consenso general. De hecho, después de un período de pasividad, hay señales de que el gigante dormido del ateísmo ha despertado de su letargo dogmático y esta defendiéndose. J. Howard Sobel y Graham Oppy han escrito voluminosos libros académicos, críticos de los argumentos de teología natural, y Cambridge University Press publicó su “Companion to Atheism” el año pasado. No obstante, la misma presencia del debate en el mundo académico es en si misma señal de cuán saludable y vibrante es una cosmovisión teísta en la actualidad.

Sin embargo, aunque todo esto pueda ser así, algunos podrían pensar que el renacimiento de la teología natural en nuestro tiempo es meramente una gran cantidad de trabajo perdido. Porque ¿no vivimos en una cultura postmoderna en que el apelar a tales argumentos apologéticos ya no es efectivo? Los argumentos racionales en favor de la verdad del teísmo supuestamente ya no funcionan. Algunos cristianos aconsejan, por lo tanto, que debemos simplemente compartir nuestra narrativa e invitar a la gente a participar en ella.

Esta clase de pensamiento es culpable de un desastroso diagnóstico errado de la cultura contemporánea. La idea de que vivimos en una cultura postmoderna es un mito. De hecho, una cultura postmoderna es imposible; sería absolutamente invivible. La gente no es relativista respecto a temas de ciencia, ingeniería, y tecnología; más bien, es relativista y pluralista en materia de religión y ética. Pero, claro, eso no es postmodernismo; ¡eso es modernismo! Esto es simplemente verificacionismo de la vieja escuela, que sostenía que cualquier cosa que no se pueda probar con los cinco sentidos es cuestión de gusto personal. Vivimos en una cultura que sigue siendo profundamente modernista.

Por otra parte, ¿cómo hacer sentido de la popularidad del Nuevo Ateísmo? Dawkins y sus vástagos son indeleblemente modernistas e incluso cientificistas en su enfoque. En una lectura posmodernista de la cultura contemporánea, sus libros debieron haber caído como agua en una piedra. En cambio, la gente los consume ávidamente, convencidos de que las creencias religiosas son una tontería.

Visto bajo esa luz, ajustar nuestro evangelio a la cultura postmoderna es contraproducente. Al dejar de lado nuestras mejores armas de la lógica y la evidencia, aseguramos el triunfo de modernismo sobre nosotros. Si la iglesia adopta este curso de acción, las consecuencias para la próxima generación serán catastróficas. El Cristianismo se verá reducido a ser solo una voz más en una cacofonía de voces en competencia, cada una compartiendo su propia narrativa y ninguna encomendándose como la verdad objetiva sobre la realidad. Entretanto, el naturalismo científico continuará formando la visión de nuestra cultura acerca de cómo es realmente el mundo.

Una teología natural robusta bien puede ser necesaria para que el evangelio sea oído eficazmente en la sociedad Occidental de hoy. En general, la cultura Occidental es profundamente post cristiana. Es el fruto de la Ilustración, que introdujo en la cultura europea la levadura del secularismo, que ahora ha permeado la sociedad Occidental. Mientras que la mayoría de los pensadores originales de la Ilustración eran teístas, la mayoría de los intelectuales Occidentales hoy ya no consideran que el conocimiento teológico sea posible. Quién persiga la búsqueda de la razón firmemente finalmente será ateo o, cuando mucho, agnóstico.

Una comprensión adecuada de nuestra cultura es importante porque el evangelio nunca es oído de manera aislada. Siempre se oye en relación al trasfondo del entorno cultural actual. Alguien criado en un entorno cultural en que el cristianismo todavía es visto como una opción intelectualmente viable mostrará una apertura al evangelio. ¡Pero bien se le podría pedir al secularista que creyera en hadas o duendes como en Jesucristo!

Los cristianos que desprecian el valor de la teología natural porque “nadie viene a la fe por medio de argumentos intelectuales” son, por tanto trágicamente cortos de vista. Porque el valor de la teología natural se extiende mucho más allá de mis contactos evangelísticos inmediatos. Es la tarea más amplia de la apologética cristiana, incluyendo la teología natural, ayudar a crear y sostener un entorno cultural en que el evangelio pueda ser visto como una opción intelectualmente viable para los hombres y mujeres reflexivos. Le da a la gente el permiso intelectual para creer cuando sus corazones sean conmovidos. En tanto más nos adentremos en el siglo XXI, anticipo que la teología natural se volverá crecientemente relevante y vital como preparación para que la gente reciba el evangelio.

Este Articulo fue tomado de: http://www.reasonablefaith.org/spanish