¿Por qué creyó el más famoso ateo en Dios?

¿Por qué creyó el más famoso ateo en Dios?

Will Graham

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Se cumplen diez años de la conversión al teísmo de Anthony Flew, el intelectual ateo más prominente del siglo XX.

Este año marca el décimo aniversario de la conversión intelectual del ateo más prominente del siglo XX, a saber, el filósofo inglés Anthony Flew (1923-2010). Después de dedicar su vida a la propagación del ateísmo, Flew causó revuelo en el mundo académico anglosajón cuando llegó a profesar fe en un Dios creador públicamente a finales del 2004.

Esta noticia tan significativa a nivel internacional, sin embargo, apenas fue anunciada por la prensa española. Francisco José Soler Gil lamenta este hecho: “Diarios como el  New York Times  dedicaron extensos artículos a comentar el último libro de Flew, y a tomar partido en la discusión acerca de esta obra. Mientras que, en España, la noticia apenas si trascendió de las páginas de Internet dedicadas a la información religiosa. Y algo muy parecido ocurrió tras la muerte de Flew en 2010”. La tendencia actual en España es traducir los libros ateos en seguida al castellano pero la erudición teísta es pasada por alto. ¿Por qué será?

La traducción de la última obra de Flew,  Dios existe  (Editorial Trotta, 2012) ha sido todo un logro. Se trata de un libro pequeño, publicado en el 2007, en el cual Flew cuenta la historia completa de su conversión intelectual. Está repleto de datos autobiográficos; pero lo más interesante son las tres razones que ofrece para explicar su cambio tan radical de cosmovisión. Estos argumentos ocupan el lugar central del tomo. ¿Cuáles son? Respuesta: 1) los orígenes de las leyes de la naturaleza; 2) los orígenes de la vida; y 3) los orígenes del universo.

En el artículo de hoy, queremos analizar cada uno de estos tres puntos del filósofo inglés para demostrar la veracidad de la observación hecha recientemente por nuestro querido apologeta español Antonio Cruz, “Yo creo que la ciencia contemporánea hace que cada vez sea más difícil ser un ateo intelectualmente satisfecho”.

1.- Los orígenes de las leyes de la naturaleza (capítulos 5 y 6)
Flew estima que el argumento del diseño inteligente es sumamente persuasivo. La existencia de leyes (es decir, simetría/ regularidades) en la naturaleza revela una mente divina detrás de ellas. Estas mismas leyes, explica el inglés, llevaron a Albert Einstein y a los padres de la física cuántica (entre otros) a postular el concepto de la Mente de Dios. En una entrevista con Benjamin Wiker, confesó Flew, “Tenía que haber una Inteligencia detrás de la complejidad integrada del universo físico”. [1] 

Es como si el universo supiera que veníamos. Comenta el filósofo, “Se ha calculado que si el valor de solo una de las constantes fundamentales […] hubiese sido ligerísimamente diferente, no se hubiese podido formar ningún planeta capaz de permitir la evolución de la vida humana”. [2]  La única posible explicación de tal ajuste fino se debe al diseño divino. Por esta razón Flew reprende a los ateos contemporáneos que niegan la idea de un Diseñador y proponen- en su lugar- la idea especulativa del multiverso.

La teoría del multiverso enseña que hay una infinidad de universos como el nuestro en existencia y se ha dado la casualidad (¡vamos, casualidad con ‘c’ mayúscula!) de que la vida ha aparecido justamente en nuestro universo. Apelando al físico Paul Davies y al filósofo Richard Swinburne, Flew tacha esta teoría como disparatada, especulativa y filosóficamente vacía. En palabras de Swinburne, “Es una locura postular un trillón de universos (causalmente desconectados entre sí) para explicar los rasgos de un solo universo, cuando postular una sola entidad (Dios) solucionaría el problema”. [3]  Y de todas formas, aun si la teoría del multiverso fuera cierta, tampoco podría explicar el origen de las leyes de la naturaleza.

Concluye Flew, “Así que, haya o no multiverso, todavía tenemos que habérnoslas con la cuestión del origen de las leyes de la naturaleza. Y la única explicación viable es la Mente divina”. [4]  Las leyes de la naturaleza, por tanto, dan testimonio de la existencia de un Dios ordenador/ creador.

2.- Los orígenes de la vida (capítulo 7)
Otra cosa que Flew no podía explicar a partir de una cosmovisión atea fue el origen de la vida en sí. ¿Cómo es que surgió y se conservó la vida en nuestro planeta? Una cosa es tener leyes físicas que permiten la existencia de la vida; pero otra cosa es la aparición de la vida en sí. Y no estamos hablando de cualquier tipo de vida; sino vida inteligente. Flew se pregunta, “¿Cómo puede un universo hecho de materia no pensante producir seres dotados de fines intrínsecos, capacidad de autorreplicación y una ‘química codificada’?” [5]  Tales preguntas constituyen un gran desafío científico e intelectual para el ateísmo del siglo XXI.

En términos sencillos, el materialismo no es capaz de explicar tantas señales de inteligencia de forma satisfactoria. Intenta refugiarse bajo el lema de reacciones químicas. No obstante, el ADN (ácido desoxirribonucleico) y el ARN (ácido ribonucleico) han revelado que la vida se trata de muchísimo más que una simple serie de reacciones químicas. En todas las células hay un código genético asombroso que almacena una cantidad compleja de información. ¿De dónde viene esta información si todo es fruto de materia no pensante y no inteligente? Como explica Paul Davies, “El problema de cómo esta información significativa o semántica pudo surgir de una colección de moléculas no inteligentes, sometidas a fuerzas ciegas y carentes de propósito, supone un profundo desafío conceptual”. [6] 

¿Cómo es que semejante vida puede existir en este planeta? Flew lo tiene bien claro, “La única explicación satisfactoria de esta vida orientada hacia propósitos y autorreplicante que vemos en la Tierra es una Mente infinitamente inteligente”. [7] 

3.- La existencia del universo (capítulo 8)
Flew no solamente se quedó perplejo ante las leyes de la naturaleza y la vida inteligente que existía en la Tierra, sino que la existencia del cosmos también le llevó a Dios. Puesto que nada viene de la nada, todo tiene que venir de algo. El universo es algo que requiere una explicación.

El punto clave en este sentido para Flew fue el descubrimiento de la teoría del Big Bang. En términos autobiográficos, recalca nuestro filósofo que, “Cuando, siendo aún ateo, me enfrenté por primera vez a la teoría del Big Bang, me pareció que esta teoría cambiaba mucho las cosas, pues sugería que el universo había tenido un comienzo y que la primera frase del Génesis […] estaba relacionada con un acontecimiento real. Mientras pudimos albergar la cómoda idea de que el universo no había tenido un comienzo ni tendría un final, fue fácil considerar su existencia (y sus rasgos más fundamentales) como hechos brutos. Y, si no había razón para pensar que el universo tuvo un comienzo, no había necesidad de postular otro ente que lo hubiera producido.

Pero la teoría del Big Bang cambió todo esto. Si el universo había tenido un comienzo, pasaba a ser totalmente razonable, incluso inevitable, preguntar qué había producido ese comienzo. Esto alteraba radicalmente la situación […] Reconocí también que los creyentes podrían, con toda razón, acoger la cosmología del Big Bang como algo que tendía a confirmar su creencia previa en que “en el principio” Dios creó el universo”. [8] 

La incapacidad de la ciencia a la hora de entender la causa del Big Bang condujo a Flew al postulado de Dios. Ya no era posible seguir creyendo en la eternidad de la materia. El Big Bang enseña que todo surgió a partir de algo. Y ese algo tenía que ser inmensamente grande. Y ese algo inmensamente grande es Dios.

Conclusión
Estas, pues, son las tres razones principales por las que Flew renunció su ateísmo y se hizo deísta: los orígenes de las leyes de la naturaleza, los orígenes de la vida y los orígenes del cosmos. No podía refutar la evidencia de la ciencia contemporánea. Por eso explica que, “En resumen, mi descubrimiento de lo divino ha sido una peregrinación de la razón, y no de la fe”. [9] 

De esta forma vemos que la ciencia y la fe no se pueden considerar como enemigas sino como compañeras de milicia que procuran dar a conocer algo más de la gloria de Dios. Para citar a Antonio Cruz de nuevo, “Teología y ciencia constituyen así mecanismos legítimos para la búsqueda de conocimiento verdadero. La primera, intenta aproximarse al carácter y propósito de Dios revelado en la Biblia, mientras que la segunda se preocupa por las leyes y mecanismos que rigen el universo creado por ese mismo Dios”. [10] 

La ciencia da testimonio de Dios y gracias a este testimonio, Flew estaría celebrando hoy su decimo cumpleaños como creyente en el Dios creador.

 


   [1] Se puede leer la entrevista entera haciendo clic en el siguiente enlace en  Protestante Digital:  www.protestantedigital.com/ES/Magacin/articulo/2734/La-conversion-de-flew-el-amigo-ateo-de-cs-lewis (12.01.2008)
   [2] FLEW, Anthony,  Dios existe  (Trotta: Madrid, 2012), p. 104.
   [3] Ibíd., p. 107
   [4] Ibíd., p. 108.
   [5] Ibíd., p. 110.
   [6] Ibíd., p. 113.
   [7] Ibíd., p. 115.
   [8] Ibíd., p. 119.
   [9] Ibíd., p. 90.
   [10] CRUZ, Antonio,  La ciencia encuentra a Dios  (Clie: Barcelona, 2004), p. 65.
Nota del administrador: Este post fue tomado de http://www.protestantedigital.com

Por qué me opongo al matrimonio gay

Por qué me opongo al matrimonio gay

Me opongo al matrimonio gay por la misma razón que me opongo a cualquier otro tipo de relación sexual fuera de los confines del pacto del amor heterosexual. Me opongo al matrimonio gay por la misma razón que el Antiguo y el Nuevo Testamento se oponen a él. De hecho, me opongo al matrimonio gay por la misma razón que Cristo se opuso a él. ¿Cuál es esta razón? Respuesta: la creación. ¡Es así de sencillo!

Cuando los teólogos contemporáneos de su generación preguntaron a Jesús acerca del divorcio, Jesús apeló al Edén para demostrar la voluntad de su Padre con respecto al matrimonio (Marcos 10:2-9). Cristo enseñó que Dios quiere que el hombre y la mujer estén juntos hasta que la muerte los separe. Esta ideal se dio a conocer en la misma creación- antes de que naciera la cultura humana- para que todos entendieran que el anti-homosexualismo no es fruto de una determinada nación o tribu. Adán y Eva juntos representan el plan universal de Dios para el resto de la historia humana. “Según las enseñanzas de Jesús,” escribe el renombrado Dr. Wolfhart Pannenberg, “la sexualidad humana entre hombre y mujer pertenece a la unión indisoluble del matrimonio. Este estándar es la base de todo lo que enseña el cristianismo sobre el comportamiento sexual”. Jesús se refería a la creación a posta. Créeme: sabía perfectamente lo que estaba haciendo.

Es a la luz de la creación que tenemos que entender todas las condenaciones a la ‘sodomía’ que se nombran en las Escrituras. La Biblia no es anti-gay por ser anti-gay. Es anti-gay porque es pro-creación. El hecho de que varias leyes anti-homosexuales fuesen incorporadas en la Torá judía nos revela que la  Revolución gay  no nació en nuestra generación. En los días de Levítico, la homosexualidad era tan desenfrenada entre los apostatas e idolatras de las naciones vecinas a Israel que el pueblo de Dios tuvo que separarse de ellos y consagrarse al Señor. En los días de Moisés, por ejemplo, cualquier manifestación de homosexualidad merecía la pena de muerte inmediata (Levítico 20). ¡Dios no la toleraba para nada!

La misma condenación se transmite en el Nuevo Testamento.En vez de seguir la corriente tan lujuriosa y carnal de la cultura greco-romana que prevalecía en el primer siglo, Pablo advirtió a todos los creyentes de la homosexualidad en términos bien, pero bien, severos. La homosexualidad, explica Pablo, es una exhibición pública de idolatría y apostasía (Romanos 1) y excluye a los hombres (y mujeres) del Reino de Dios (1 Corintios 6). El apóstol habló directamente sin dar rodeos. Es imposible malinterpretarlo (aunque algunos pensadores están intentando hacerlo). ¿Qué más podría haber dicho Pablo para posicionarse con más contundencia?

El veredicto categórico de la Escritura es rotundo: la homosexualidad tiene que ser devuelta al abismo de donde ha salido. No hay nada en la Biblia que promueva una vida gay. Se trata de un pecado sumamente detestable. “Es abominación” (Levítico 18:22). Ésta, por lo menos, es la opinión de Dios. Y no solamente esto, representa una rebelión abierta contra las enseñanzas de Jesucristo, el Señor de la Iglesia. ¿Qué quiere decir todo esto?

Primero, quiere decir que si alguien está luchando contra inclinaciones homosexuales, no significa que esté condenado al lago de fuego.Significa, sencillamente, que tiene que batallar contra esta tentación- como cualquier otra- en el poder del Espíritu y por medio de las disciplinas espirituales que Dios nos ha dejado (las Escrituras, la oración, la comunión con los santos). Debe recordar también que Cristo es poderoso para conquistar cualquier pecado vil que nos asedia. Su gracia vence nuestra iniquidad. Así que hay esperanza para todos. ¡Bendito sea Dios!

Segundo, quiere decir- y voy a emplear términos muy claros- que cualquier Iglesia que acepte el matrimonio gay ya no es una Iglesia. Se hace anti-Iglesia.Puede llamarse como quiera, pero ha dejado de ser un vocero del Omnipotente. No es fiel al Señor de la Escritura ni a la Escritura del Señor. Una Iglesia gobernada por la Biblia jamás podría desviarse en esta cuestión tan fundamental. De nuevo, cito al Dr. Pannenberg, “Si una Iglesia se dejara llevar hasta el punto de ver la homosexualidad como forma de desviación del patrón bíblico y de reconocer las uniones homosexuales como equivalentes a un verdadero matrimonio de amor, tal Iglesia ya no estaría posicionándose a favor de la Biblia, sino en contra de ella”.

Así que la creación, el Antiguo Testamento, el Nuevo Testamento y la verdadera naturaleza de la Iglesia: éstas son las razones por la cuales me opongo al matrimonio gay. ¡Menuda combinación! ¿Verdad?

Autor: Will Graham (http://www.protestantedigital.com)


Los Masones Breve Perspectiva

Los Masones
Breve Perspectiva

Por: Pablo Santomauro

El tema de los masones continúa siendo relevante para muchos en la actualidad. En esta breve perspectiva sólo advertiremos de los peligros latentes dentro de sus filas.

La existencia de símbolos misteriosos, juramentos, ritos y doctrinas secretas, es ampliamente conocida y aceptada en la masonería y no es tema de controversia.

La Enciclopedia Británica reporta datos suministrados por los masones, entre ellos, un número de adeptos de 6 millones alrededor del mundo, y le llama la sociedad secreta más grande del planeta.

Si usted tiene la intención de unirse a los masones quizá encuentre un pequeño problema para decidir a cuál grupo quiere ingresar. Existen cerca de 34,000 logias.

La dificultad se acrecienta cuando encontramos que muchas de las enseñanzas masónicas y sus eruditos se contradicen entre sí. Lo que uno afirma el otro niega o duda, y viceversa. Tomadas en conjunto, las doctrinas masónicas son una ensalada de aberraciones digna de lástima.

El hecho de que una sociedad sea secreta no necesariamente es indicativo de que sea ocúltica, pero en el caso de los masones, a medida que indagamos, la conexión ocúltica se hace obvia.

John Weldon, autor cristiano, presenta cinco características de las organizaciones masonas:

1. La masonería concuerda con la Nueva Era en que cada ser humano posee en sí un poder ilimitado que puede ser desencadenado cuando se siguen ciertos pasos.

2. Utiliza un sistema de símbolos muy similares a los de las ciencias ocúlticas, tales como la cábala, el rosacrucianismo y la filosofía hermética.

3. Induce a sus miembros a descubrir los significados detrás de sus símbolos y ceremonias (o “verdades esotéricas”).

4. Promueve la búsqueda de estados de conciencia alterados, una práctica mística y ocúltica.

5. Un número considerable de masones entiende que su organización (cualquiera sea de las 34,000 en existencia) será el vehículo que guiará al mundo a una era de iluminación.

Nosotros agregaríamos que la masonería requiere que sus miembros crean en una entidad divina o poder superior. No importa el nombre o la definición, puede llamarse Zeus, Osiris, Gran Espíritu o The Force ; puede ser personal, impersonal, o una batería Duracell gigante viajando por el universo.

La logia de los masones libres enseña que el Dios de la Biblia es el mismo Dios de todas las religiones  que se ha revelado con distintos nombres y de diversas maneras. La absurdidad de este concepto es refutada en otra de nuestras perspectivas.

¿Por qué hay tantos masones que no conocen el aspecto misterioso y ocúltico de la masonería? ¿Por qué muchos masones lo niegan?  Porque un gran número de masones rara vez avanzan más allá de los niveles iniciales de la organización. Como se han quedado en kindergarten (jardín de infantes), para ellos el grupo no es más que un club social. Los que llegan a progresar sí son instruidos en materia ideológica tanto como ocúltica. Este es el peligro de la masonería.

No importa cuántas obras de beneficencia haga la organización, o cuán altruistas sean sus metas a nivel social o político, la filosofía de la organización está en directa oposición al Dios de la Biblia. Teniendo en cuenta que para muchos de sus integrantes, la masonería es una búsqueda de iluminación espiritual o salvación individual, el destino eterno del masón que permanece en sus creencias sobre el final de su vida, es el infierno.

Para finalizar, digamos que las doctrinas universalistas de los masones, la paternidad de Dios y la hermandad de los hombres, son falsas doctrinas, la Biblia las contradice de plano. Los rituales secretos, a su vez, no son un camino de salvación, sino todo lo contrario.

A nuestros amigos masones les exhortamos a depositar fe en el único que los puede salvar, el Señor Jesucristo, el mismo que dijo “Yo públicamente he hablado al mundo ….. y nada he hablado en oculto” (Juan 18:20), el mismo Dios que dijo en Isaías 48:16: “Desde el principio no hablé en secreto ….”<>

*Este Artículo ha sido publicado con el permiso del apologista Pablo Santomauro*

Nota: Este articulo fue tomado del blog amigo El blog del Pastor Daniel


Lo Absurdo de la Vida sin Dios

Lo Absurdo de la Vida sin Dios

Por: William Lane Craig

El hombre moderno pensó que al librarse de Dios, se había librado de todo aquello que lo reprimía y ahogaba. Sin embargo, descubrió que al matar a Dios, se había dado muerte a sí mismo. Porque si no hay Dios, la vida de hombre se vuelve absurda.

Traducido por Joel Naranjo. The Absurdity of Life without God

La Necesidad de Dios y la Inmortalidad

El Hombre, escribe Loren Eiseley, es el Huérfano Cósmico. Es la única criatura en el universo que pregunta, “¿Por qué?” Otros animales tienen su instinto para guiarlos, pero el hombre ha aprendido a hacer preguntas. “¿Quién soy?” pregunta el ser humano. “¿Por qué estoy aquí? ¿A dónde voy?”. Desde la Ilustración, cuando se despojó de los grilletes de la religión, el hombre ha intentado contestar estas preguntas sin hacer referencia a Dios. Pero las respuestas que ha hallado no han sido estimulantes, si no oscuras y terribles. “Eres un subproducto accidental de la naturaleza, el resultado de la materia más el tiempo y el azar. No hay ninguna razón para tu existencia. Todo lo que enfrentas es la muerte.”

El hombre moderno pensó que al librarse de Dios, se había librado de todo aquello que lo reprimía y ahogaba. Sin embargo, descubrió que al matar a Dios, se había dado muerte a sí mismo. Porque si no hay Dios, la vida de hombre se vuelve absurda.

Si Dios no existe, tanto el hombre como el universo están inevitablemente condenados a la muerte. El ser humano, como todos los organismos biológicos, debe morir. Sin la esperanza de la inmortalidad, la vida de hombre lleva sólo a la tumba. Su vida no es si no una chispa en la oscuridad infinita, una chispa que nace, parpadea, y muere para siempre. Por consiguiente, todos debemos enfrentar lo que teólogo Paul Tillich ha llamado “la amenaza del no ser”. Porque aunque ahora sé que existo, que estoy vivo, sé también que algún día ya no existiré, que ya no seré más, que voy a morir. Este pensamiento es pasmoso y amenazador: ¡pensar que la persona que llamo “yo” dejará de existir, que no será más!

Recuerdo vivamente la primera vez que mi padre me dijo que algún día yo moriría. De algún modo, como niño, el pensamiento simplemente nunca había cruzado por mi mente. Cuando me lo dijo, quedé lleno de miedo y una insoportable tristeza. Y aunque intentó repetidamente asegurarme esto ocurriría en mucho tiempo más, eso no parecía importar. Fuese antes o después, el hecho innegable era que yo moriría y ya no sería más, y esta idea me resultó abrumadora. Eventualmente, como todos, llegué a simplemente a aceptarlo. Todos aprendemos a vivir con lo inevitable. Pero esa percepción infantil sigue siendo cierta. Como el existencialista francés Jean-Paul Sartre observó, “algunas horas o algunos años no hacen diferencia alguna una vez que se ha perdido la eternidad”.

Ya sea que llegué antes o después, la perspectiva de la muerte y la amenaza del no ser es un horror terrible. Pero una vez conocí un estudiante quién no sentía esta amenaza. Decía que había crecido en una granja y estaba acostumbrado a ver los animales nacer y morir. La muerte era para él simplemente algo natural, parte de la vida, por así decirlo. Yo estaba intrigado por lo diferente que eran nuestras perspectivas acerca de la muerte y encontraba difícil entender por qué él no sentía la amenaza de no ser. Después de varios años, pienso que encontré mi respuesta leyendo a Sartre. Sartre observó que la muerte no es amenazante en tanto la veamos como la muerte del otro, cuando la vemos en tercera persona, por así decirlo. Es sólo es cuando la internalizamos y la vemos primera persona (“mi muerte: Yo voy morir”) que la amenaza del no ser se vuelve real. Como indica Sartre, muchas personas nunca asumen esta perspectiva de primera persona en su vida; uno puede mirar incluso su propia muerte desde un punto de vista de tercera persona, como si fuera la muerte de otro o incluso de un animal, como hizo mi amigo. Pero el verdadero significado existencial de mi muerte sólo puede apreciarse de la perspectiva de primera persona, cuando comprendo que yo voy morir y dejaré de existir para siempre. Mi vida es simplemente una transición momentánea del olvido al olvido.

Y el universo, también, enfrenta la muerte. Los Científicos nos dicen que el universo se está expandiendo, y todo en él se aleja más y más. Mientras esto sucede, se vuelve más y más frío, y su energía se agota. En el futuro todas las estrellas se consumirán y toda la materia colapsará en estrellas muertas y agujeros negros. No habrá luz en absoluto; no habrá calor; no habrá vida; sólo los cadáveres de estrellas y galaxias muertas, siempre expandiéndose en la oscuridad interminable y las frías profundidades del espacio: un Universo en ruinas. Así que no sólo la vida de cada persona individual está condenada; la raza humana entera está condenada. No hay escapatoria. No hay esperanza.
Lo Absurdo de la Vida sin Dios y sin Inmortalidad

Si no hay Dios, entonces el hombre y el universo están condenados. Como prisioneros sentenciados a muerte, esperamos nuestra inevitable ejecución. No hay Dios ni inmortalidad. ¿Y cuál es la consecuencia de esto? Significa que la vida misma es absurda. Significa que la vida que tenemos carece de significado, valor, o propósito último. Miremos cada uno de éstos.
No hay Significado Último sin Inmortalidad y sin Dios

Si cada persona deja de existir cuándo muere, entonces ¿qué significado último puede darse a su vida? ¿Importa realmente si alguna vez existió? Su vida puede ser importante en relación a ciertos eventos, pero ¿Cuál es el significado último de cualquiera de esos eventos? Si todos los eventos carecen de sentido, entonces ¿Cuál puede ser el significado o influencia última de cualquiera de ellos? En última cuenta no hacen ninguna diferencia.

Veámoslo desde otra perspectiva: Los científicos dicen que el universo en originó en una explosión denominada el “Big Bang” hace unos 13 mil millones años. Suponga que el Big Bang nunca hubiera ocurrido. Suponga que el universo nunca hubiera existido. ¿Qué diferencia sustancial haría? De todos modos, el universo esta condenado. En última cuenta, no hace ninguna diferencia si el universo alguna vez existió o no. Por consiguiente, carece de significado último.

Lo mismo es verdad respecto la raza humana. La humanidad es una especie condenada en un universo agonizante. Porque la raza humana dejará de existir en el futuro; da lo mismo si alguna vez existió. La humanidad, así, no es más significativa que un enjambre de mosquitos o un corral de cerdos, pues su destino es el mismo. El mismo ciego proceso cósmico que los escupió en primer lugar se los tragará a todos en el futuro.

Y lo mismo es verdad de cada persona individual. Las contribuciones del científico al adelanto de conocimiento humano, las investigaciones del doctor para aliviar el dolor y el sufrimiento, los esfuerzos del diplomático por afianzar la paz en el mundo, los sacrificios de hombres buenos en todo lugar para mejorar la condición de la raza humana: todos éstos llegan a nada. Éste es el horror de hombre moderno: dado que acaba en nada, es nada.

Pero es importante ver que no es sólo inmortalidad lo que necesita el hombre si su vida ha de ser significativa. La mera duración de la existencia no hace a esa existencia significativa. Si el hombre y el universo pudieran existir para siempre, pero no hubiera Dios, su existencia aún carecería de significado último. Como ilustración, una vez leí un cuento de ciencia-ficción en que un astronauta estaba aislado en un yermo trozo de piedra perdido en el espacio exterior. Con él tenía dos frascos: uno contenía veneno y el otro una poción que lo haría vivir para siempre. Comprendiendo su predicamento, bebió el veneno. Pero entonces, para su horror, descubrió que había bebido el frasco equivocado, habían bebido la poción de la inmortalidad. Y eso significaba que él estaba maldito a existir para siempre, una vida interminable y carente de sentido. Ahora, si Dios no existe, nuestras vidas son exactamente igual. Podrían seguir y seguir y aún carecer absolutamente de sentido. Aún podríamos preguntar de la vida, “¿Y qué?” Así que no es sólo la inmortalidad lo que el hombre necesita si su vida ha de ser significativa en último término; necesita a Dios y la inmortalidad. Y si Dios no existe, carece de ambos.

El hombre del siglo XX llegó a entender esto. Lean “Esperando a Godot” de Samuel Beckett. Durante toda la obra dos hombres mantienen una conversación trivial mientras esperan que llegué un tercer hombre, quién nunca lo hace. Nuestras vidas son así, está diciendo Beckett; sólo matamos el tiempo esperando. ¿Qué?, no lo sabemos. En un trágico retrato del hombre, Beckett escribió otra obra en que el telón se abre revelando un escenario cubierto de basura. Durante treinta largos segundos, el público se sienta y mira fijamente en silencio esa basura. Entonces el telón se cierra. Eso es todo.

Los existencialistas franceses Jean-Paul Sartre y Albert Camus entendieron esto también. Sartre retrató la vida en su obra “Sin Salida” como el infierno. La línea final de la obra son las palabras de resignación, “Bien, sigamos con él.” Así, Sartre escribe en otra parte acerca de la “náusea” de la existencia. Camus, también, vio la vida como un absurdo. Al final de su novela breve “El Extranjero”, el héroe de Camus descubre en un destello de comprensión que el universo no tiene significado y no hay Dios para darle uno.

Así, si no hay Dios, entonces la vida misma carece sentido. El hombre y el universo carecen de significado último.

 

No hay Valor Último Sin Inmortalidad y sin Dios

Si la vida acaba a la tumba, entonces da lo mismo si uno ha vivido como un Stalin o como un santo. Dado que el destino de cada uno finalmente no se relaciona con la propia conducta, usted puede simplemente vivir como mejor le parezca. Como lo puso Dostoyevsky: “Si no hay inmortalidad, todas las cosas están permitidas”. Sobre esta base, un escritor como Ayn Rand esta completamente en lo cierto al alabar las virtudes del egoísmo. Viva totalmente para el yo; ¡no hay nadie que le haga rendir cuentas! De hecho, sería estúpido hacer algo diferente, pues la vida es demasiado corta para arriesgarla actuando por otra cosa que no sea puro interés propio. Sacrificarse en favor de otro sería estúpido. Kai Nielsen, un filósofo del ateo que intenta defender la viabilidad de la ética sin Dios, al final admite,

No hemos sido capaces de mostrar que la razón requiere el punto de vista moral, o que todos que las personas verdaderamente racionales, desprovistas de mitos o ideologías, no necesitan ser individuos egoístas o los amorales clásicos. La razón no decide aquí. El cuadro que he pintado para usted no es uno agradable. La reflexión acerca de él me deprime. . . . La pura razón práctica, incluso con un adecuado conocimiento de los hechos, no le llevará a la moralidad.i

Pero el problema es aun peor. Porque, dejando de lado la inmortalidad, si no hay Dios, no puede haber estándares objetivos del bien y el mal. Todo lo que confrontamos es, en palabras de Jean-Paul Sartre, el hecho desnudo, carente de valor, de la existencia. Los valores morales son ya sea sólo expresiones de gusto personal o los derivados de la evolución y condicionamiento socio-biológico. En un mundo sin Dios ¿Quién puede decir qué valores son correctos y cuales no? ¿Quién puede juzgar que los valores de Adolfo Hitler son inferiores a los de un santo? El concepto de moralidad pierde todo significado en un universo sin Dios. Como un eticista ateo contemporáneo señala,”decir que algo es malo porque. . . esta prohibido por Dios, es. . . absolutamente comprensible para cualquiera que cree en un legislador Divino. Pero decir que algo está mal. . . aun cuando no haya ningún Dios para prohibirlo, no es comprensible. . . . ” “El concepto de obligación moral [es] ininteligible aparte de la idea de Dios. Las palabras permanecen pero su significado ha idoii. En un mundo sin Dios, no puede haber bien y mal en un sentido objetivo, sólo nuestros juicios subjetivos cultural y personalmente relativos. Esto significa que es imposible de condenar la guerra, la opresión, o el crimen como algo malo. Ni tampoco es posible alabar la fraternidad, la igualdad y el amor como algo bueno. Porque en un universo sin Dios, el bien y el mal no existen, sólo esta el hecho desnudo y sin valor de la existencia, y no hay nadie que diga que tu tienes la razón y yo estoy equivocado.
No hay Propósito Último Sin la Inmortalidad y sin Dios

Si la muerte nos espera con los brazos abiertos al final del camino, ¿cuál es entonces el propósito de la vida? ¿Es todo para nada? ¿No hay razón para la vida? ¿Y qué del universo? ¿Es absolutamente en vano? Si su destino es una tumba helada en el vacío del espacio exterior, la respuesta debe ser: Sí, es vano. No hay ninguna meta, ningún propósito para el universo. Los restos de un universo muerto simplemente seguirán expandiéndose y expandiéndose. Para siempre

¿Y qué de hombre? ¿No hay ningún propósito en absoluto para la raza humana? ¿O simplemente desaparecerá algún día en el olvido de un universo indiferente? El escritor inglés H. G. Wells previó tal perspectiva. En su novela “La Maquina del Tiempo”, el viajero del tiempo de Wells viaja lejos en el futuro para descubrir el destino de hombre. Todo lo que encuentra es una tierra muerta, salvo por un poco de liquen y musgo, orbitando un gigantesco sol rojo. Los únicos sonidos son el zumbido del viento y las suaves olas del mar. “Más allá de estos sonidos inanimados“, escribe Wells, “el mundo estaba silencioso. ¿Silencioso? Sería difícil expresar su quietud. Todos los sonidos de hombre, el balido de oveja, los gritos de las aves, el zumbido de los insectos, el movimiento que sirve de fondo a nuestras vidas, todo se había acabadoiii 3. Y así, el viajero de tiempo de Wells regresó. ¿Pero a qué? meramente un punto anterior en la carrera sin objeto hacia el olvido. Cuando como no cristiano leí por primera vez el libro de Wells pensé, “¡No, no! ¡No puede acabar así!” Pero si no hay Dios, así es como acabará, nos guste o no. Ésta es la realidad en un universo sin Dios: no hay esperanza; no hay propósito.

Lo que es verdad para la humanidad como un todo es verdad individualmente para cada uno de nosotros: estamos aquí sin ningún propósito. Si no hay Dios, entonces nuestra vida no es cualitativamente diferente de la de un perro. Como el antiguo autor de Eclesiastés lo pone “Los hombres terminan igual que los animales; el destino de ambos es el mismo, pues unos y otros mueren por igual, y el aliento de vida es el mismo para todos, así que el hombre no es superior a los animales. Realmente, todo es absurdo, y todo va hacia el mismo lugar. Todo surgió del polvo, y al polvo todo volverá“. (Ecl 3:19-20 NVI). En este libro, que se lee más como un pedazo de literatura existencialista moderna que como un libro de la Biblia, el escritor muestra la futileza de placer, la riqueza, la educación, la fama política, y la honra en una vida condenada a acabar en la muerte. ¿Su veredicto? “¡Vanidad de vanidades! Todo es vanidad!” (1:2). Si la vida acaba a la tumba, entonces no tenemos ningún propósito último por el cual vivir.

Pero más que esto: aun si no acabara con la muerte, sin Dios la vida aún carecería de propósito. El hombre y el universo serían entonces simples accidentes del azar, lanzados a la existencia sin razón. Sin Dios, el universo es el resultado de un accidente cósmico, una explosión fortuita. No hay razón para su existencia. En cuanto al hombre, es un capricho de la naturaleza—un producto ciego de la materia, más el tiempo, más el azar. Es simplemente un poco de cieno que desarrolló racionalidad. Como un filósofo lo ha puesto: “La vida humana está montada sobre un pedestal subhumano y debe desplazarse por sí sola en el corazón de un universo silencioso e inconsciente.”iv

Lo que es verdad del universo y de la raza humana también es verdad de nosotros como individuos. Si Dios no existe, entonces usted es simplemente un aborto de naturaleza, lanzado a un universo sin propósito para vivir una vida sin propósito.

Así, si Dios no existe, significa que el hombre y el universo existen sin propósito, dado que el fin de todo es la muerte, y llegaron a existir sin propósito, dado que son sólo productos ciegos del azar. En pocas palabras, la vida carece absolutamente de razón.

¿Entiende usted la gravedad de la alternativa que se nos presenta? Si Dios existe, hay esperanza para el hombre. Pero si Dios no existe, todo lo que nos queda es la desesperación. ¿Entiende por qué la pregunta sobre la existencia de Dios es tan vital para el ser humano? Como un escritor acertadamente lo ha puesto “Si Dios está muerto, entonces el hombre también está muerto”.

Desgraciadamente, la gran masa de la humanidad no comprende este hecho. Continúan adelante como si nada hubiera cambiado. Me recuerda la historia de Nietzsche del loco que en las primeras horas de la mañana irrumpió en el mercado, linterna en mano, gritando: “¡Busco Dios! ¡Busco Dios!” Dado que muchos de los presentes no creían en Dios, provocó mucha risa. “¿Dios se ha perdido? ” se mofaron de él. “¿O está escondido? ¡O quizá se ha ido de viaje o ha emigrado!” Le gritaron y se rieron. Entonces, escribe a Nietzsche, el loco se volvió hacia ellos y los atravesó con su mirada

“¿Donde esta Dios? ” gritó, ‘yo les diré. Nosotros lo hemos matado: ustedes y yo. Todos nosotros somos sus asesinos. ¿Pero cómo hemos hecho esto? ¿Cómo pudimos beber al mar? ¿Quién nos dio la esponja para borrar el horizonte entero? ¿Qué hicimos cuándo desencadenamos esta tierra de su sol? ¿Hacia donde se está moviendo ahora? ¿Lejos de todos los soles? ¿Acaso no nos hundimos continuamente? ¿Hacia atrás, hacia los lados, adelante, en todas las direcciones? ¿Queda un arriba y un abajo? ¿No estamos extraviándonos como en una infinita nada? ¿No sentimos el aliento del espacio vacío? ¿No se ha vuelto más frío? ¿No viene noche y más noche? ¿No deben encenderse las linternas por la mañana? ¿No oímos todavía del ruido de los sepultureros que están enterrando Dios? . . . Dios está muerto. . . . Y nosotros lo hemos matado. ¡Cómo nosotros, asesinos entre los asesinos, nos consolaremos!”v

La muchedumbre miró fijamente al loco en el silencio y asombro. Por fin este azotó su linterna en el suelo. “He venido demasiado pronto” dijo. “Este tremendo evento todavía está en de camino, no ha alcanzado los oídos del hombre todavía”. Los hombres no comprendieron realmente las consecuencias de lo que habían hecho al matar a Dios. Pero Nietzsche predijo que algún día la gente comprenderían las implicaciones de su ateísmo; y este descubrimiento introduciría una edad de nihilismo: la destrucción de todo significado y valor en la vida.

La mayoría de las personas aun no reflexiona en las consecuencias del ateísmo y así, como la muchedumbre en el mercado, sigue inconscientemente su camino. Pero cuando comprendemos, como hizo Nietzsche, lo qué el ateísmo implica, entonces su pregunta nos golpea fuertemente: ¿cómo nosotros, los asesinos de todos los asesinos, nos consolaremos?
La imposibilidad Práctica del Ateísmo

Casi la única solución que el ateo puede ofrecer es que enfrentemos la absurdidad de la vida y vivamos valientemente. Por ejemplo, Bertrand Russell escribió que debemos construir nuestras vidas en “el firme fundamento de la inflexible desesperación”vi. Sólo reconociendo que el mundo realmente es un lugar terrible podemos enfrentar exitosamente la vida. Camus dijo que debemos reconocer la absurdidad de la vida honestamente y entonces debemos vivir en amor el uno por el otro.

El problema fundamental con esta solución, sin embargo, es que es imposible vivir de forma consistente y alegre dentro de tal cosmovisión. Si uno vive de forma consistente, no será feliz; si uno vive felizmente, es sólo porque no es consistente. Francis Schaeffer ha explicado bien este punto. El hombre moderno, dice Schaeffer, vive en un universo de dos pisos. En el piso de abajo está el mundo finito sin Dios; aquí la vida es absurda, como hemos visto. En el piso superior está el significado, los valores, y el propósito. Ahora, el hombre moderno vive en el piso de abajo porque cree que no hay Dios. Pero no puede vivir felizmente en un mundo tan absurdo; por tanto continuamente da saltos de fe al piso superior para afirmar el significado, valor, y propósito, aún cuando no tiene derecho a ello, dado que no cree en Dios.

Echémosle, entonces, una nueva mirada a cada una de las tres áreas en que vimos que la vida es absurda sin Dios, para mostrar cómo el hombre no puede vivir consistente y alegremente con su ateísmo.
Significado de la Vida

Primero, el área del significado. Vimos que sin Dios, la vida no tiene ningún significado. Aun así, los filósofos continúan viviendo como si la vida tuviera significado. Por ejemplo, Sartre afirmó que uno puede crear significado para su vida escogiendo libremente seguir un cierto curso de acción. El propio Sartre escogió el Marxismo.

Ahora esto es absolutamente incoherente. Es incoherente decir que la vida es objetivamente absurda y después decir uno puede crear significado para su vida. Si la vida es realmente absurda, entonces el hombre esta atrapado en el piso inferior. Intentar crear significado en la vida representa un salto al piso superior. Pero Sartre no tiene ninguna base para este salto. Sin Dios, no puede haber ningún significado objetivo en la vida. El programa de Sartre realmente es un ejercicio de autoengaño. Sartre realmente está diciendo, “Hagamos como que el universo tiene significado.” Esto es simplemente engañarnos a nosotros mismos.

El punto es este: si Dios no existe, entonces la vida objetivamente carece de sentido; pero el hombre no puede vivir de forma consistente y feliz sabiendo que la vida no tiene sentido; así que para ser feliz simula que la vida tiene significado. Pero esto es, claro, completamente inconsistente, porque sin Dios, el hombre y el universo carecen de cualquier significancia real.
El valor de Vida

Volvámonos ahora al problema de valor. Aquí es donde ocurren las inconsistencias más escandalosas. En primer lugar, los humanistas ateos son totalmente incoherentes al afirmar los valores tradicionales del amor y hermandad. Camus ha sido correctamente criticado por sostener inconsistentemente la absurdidad de la vida y la ética del amor y hermandad humana. Los dos son lógicamente incompatibles. Bertrand Russell, también, fue inconsistente. Pues aunque era ateo, era un abierto crítico social, denunciando la guerra y las restricciones a la libertad sexual. Russell admitió que no podía vivir como si los valores éticos simplemente fueran una cuestión de gusto personal, y que encontraba su propia visión, por consiguiente, “increíble.” “No sé la solución”, confesóvii. El punto es que si no hay Dios, no puede existir un bien y mal objetivos. Como dijo Dostoyevsky “Todas las cosas están permitidas.”

Pero Dostoyevsky también mostró que el hombre no puede vivir de esta manera. No puede vivir como si fuera perfectamente correcto que soldados maten niños inocentes. No puede vivir como si fuera perfectamente correcto que dictadores como Pol Pot exterminen a millones de sus propios compatriotas. Todo en él clama que estos actos son malvados, realmente malvados. Pero si no hay Dios, no puede hacerlo. Así que da un salto de fe y afirma los valores de todos modos. Y cuando lo hace, revela la insuficiencia de un mundo sin Dios.

El horror de un mundo desprovisto de valor se hizo real para mi con una nueva intensidad hace unos pocos años atrás, cuando vi un documental televisivo de la BBC llamado “The Gathering”, Se trataba de una reunión de sobrevivientes del Holocausto en Jerusalén dónde reencontraron amistades perdidas y compartieron sus experiencias. Un prisionera, enfermera, contó como había llegado a ser la ginecóloga de Auschwitz. Ella observó que las mujeres embarazadas eran agrupadas por los soldados bajo la dirección del Dr. Mengele y alojadas en los mismos cuarteles. Pasado algún tiempo, notó que no se volvía a ver a ninguna de estas mujeres. Hizo algunas averiguaciones. “¿Dónde están las mujeres embarazadas que fue alojadas en esos cuarteles?” “¿No se enteró? ” fue la respuesta. “El Dr. Mengele las usó para vivisección.”

Otra mujer contó cómo Mengele había ligado a sus pechos para que no pudiera amamantar a su pequeño. El doctor quería descubrir cuánto tiempo un infante podía sobrevivir sin nutrición. Desesperadamente esta pobre mujer intentó mantener a su bebé vivo dándole los pedazos de pan empapados en café, sin resultados. Cada día el bebé perdía peso, un hecho que era ávidamente monitoreado por el Dr. Mengele. Una enfermera vino en secreto a esta mujer y le dijo, “He arreglado una manera para que usted pueda salir de aquí, pero usted no puede llevar a su bebé con usted. Traje una inyección de morfina que puede darle al niño para acabar su vida.” Cuando la mujer protestó, la enfermera insistió: “Mire, su bebé va a morir de todas maneras. Al menos sálvese usted.” Y así, esta madre le quitó la vida de su propio bebé. El Dr. Mengele se enfureció cuando se enteró de ello, porque había perdido su espécimen de experimentación y, buscó entre los cadáveres para encontrar el cuerpo descartado del bebé y así poder tener un último registro de peso.

Mi corazón se rasgó por estas historias. Un rabino que sobrevivió al campo lo resumió bien cuando dijo que en Auschwitz era como si existiera un mundo en que todos los Diez Mandamientos hubieran sido invertidos. La humanidad nunca había visto tal infierno.

Y aún así, si Dios no existe, entonces en cierto sentido, nuestro mundo es Auschwitz: no hay un bien y un mal absolutos; cualquier cosa esta permitida. Pero ningún ateo, ningún agnóstico, puede vivir de forma consistente con tal perspectiva. El propio Nietzsche, quién proclamó la necesidad de vivir más allá del bien y del mal, rompió con su mentor Richard Wagner a causa del problema del antisemitismo del compositor y su estridente nacionalismo alemán. Del mismo modo, Sartre, escribiendo justo después de la Segunda Guerra Mundial, condenó el antisemitismo, declarando que una doctrina que lleva al exterminio no es meramente una cuestión de opinión o gusto personal, de igual valor que su opuestoviii. En su importante ensayo “El Existencialismo Es un Humanismo”, Sartre se esfuerza vanamente por eludir la contradicción entre su rechazo a la idea de valores divinamente preestablecidos y su deseo urgente afirmar el valor de la persona humana. Como Russell, no podía vivir con las implicaciones de su propio rechazo de los absolutos éticos.

Un segundo problema es que si Dios no existe y no hay inmortalidad, entonces todos los actos malvados de los hombres quedan impunes y todos los sacrificios de los hombres buenos quedan sin recompensa. ¿Pero quién puede vivir con tal perspectiva? Richard Wurmbrand, quien fue torturado por su fe en las prisiones comunistas dice

“La crueldad de ateísmo es difícil de creer cuando el hombre no tiene fe en la recompensa del bien o el castigo de mal. No hay ninguna razón para ser humano. No hay restricción de las profundidades de mal que hay en el hombre. Los verdugos comunistas a menudo decían, ‘no hay Dios, no hay más allá, no hay castigo para el mal. Podemos hacer lo que queramos.’ Incluso escuché a un torturador decir, ‘Doy gracias a Dios en quien no creo, por haber vivido hasta a esta hora cuando puedo expresar todo el mal en mi corazón.’ Lo expresó en la increíble brutalidad y tortura infligidas en los prisioneros”ix.

Y lo mismo se aplica a los actos de auto-sacrificio. Hace varios años, ocurrió un terrible desastre aéreo en pleno invierno, en que un avión que despegaba del aeropuerto de Washington, D.C., se estrelló contra un puente sobre el río Potomac, zambullendo a los pasajeros en las heladas aguas. Cuando los helicópteros de rescate llegaron, la atención se enfocó en un hombre que una y otra vez empujó la escalera de cuerda colgante hacia otros pasajeros en lugar de ser el mismo llevado a la seguridad. Seis veces pasó la escalera. Cuando llegaron nuevamente, había fallecido. Había dado gratuitamente su vida para que otros pudieran vivir. La nación entera volvió sus ojos a este hombre en respeto y admiración por el acto bueno y desinteresado que había realizado. Y aún así, si el ateo está en lo correcto, ese hombre no fue noble, hizo la cosa más estúpida posible. Debió haber ido primero por la escalera, empujando a otros si era necesario para sobrevivir. ¿Pero morir por otros que ni siquiera conocía, renunciar a toda la breve existencia que tendría? ¿Para que? Para el ateo no puede haber ninguna razón. Y aún así el ateo, como el resto de nosotros, reacciona instintivamente con alabanza para la acción generosa de este hombre. De hecho, uno probablemente nunca encontrará a un ateo que viva de forma consistente con su sistema. Porque un universo sin responsabilidad moral y carente de valor es inimaginablemente terrible.
El propósito de Vida

Finalmente, miremos el problema del propósito de la vida. La única manera en que la mayoría de las personas que niegan el propósito en la vida viven felizmente es, ya sea, inventando algún propósito, lo que es auto engaño como vimos con Sartre, o no llevando su perspectiva a sus conclusiones lógicas. Tome el problema de muerte, por ejemplo. Según Ernst Bloch, la única manera en que el hombre moderno puede vivir ante la muerte es tomando prestada subconscientemente la creencia en la inmortalidad que sus antepasados sostuvieron, aunque él mismo no tiene ninguna base para esta creencia, dado que no cree en Dios. Al tomar prestados los remanentes de una creencia en la inmortalidad, escribe a Bloch, “el hombre moderno no siente el abismo que incesantemente lo rodea y que ciertamente finalmente lo engullirá. A través de estos remanentes, salva su sentido de identidad. A través de ellos surge la impresión de que el hombre no está pereciendo, si no solo que un día el mundo tiene el capricho de no aparecerle más.” Bloch concluye, “Este ánimo, bastante superficial se alimenta de una tarjeta de crédito prestada. Vive de esperanzas antiguas y del apoyo que estas una vez habían proporcionado”x. El hombre Moderno ya no tiene derecho a ese apoyo, dado que ha rechazado a Dios. Pero para vivir con un propósito, hace un salto de fe al afirmar una razón por la cual vivir.

A menudo encontramos la misma inconsistencia entre aquéllos que dicen que el hombre y el universo llegaron a existir sin ninguna razón o propósito, simplemente por casualidad. Incapaz de vivir en un universo impersonal en que todo es producto del ciego azar, esta gente comienza a atribuir personalidad y motivos a los procesos físicos mismos. Es una manera extraña de hablar y representa un salto del piso inferior al superior. Por ejemplo, Francis Crick, a medio camino de su libro “El Origen del Código Genético” comienza a escribir “naturaleza” con una “N” mayúscula y en otra parte habla de selección natural como siendo “inteligente” y como “pensando” en lo que va a hacer. Fred Hoyle, el astrónomo inglés, atribuye al propio universo las cualidades de Dios. Para Carl Sagan el “Cosmos”, que él siempre escribe con mayúscula, obviamente cumple el papel de un dios sustituto. Aunque todos estos hombres profesan no creer en Dios, contrabandean un Dios suplente por la puerta trasera porque ellos no pueden soportar vivir en un universo en que todo es el resultado aleatorio de fuerzas impersonales.

Y es interesante ver a muchos pensadores traicionar sus perspectivas cuando son llevadas a su conclusión lógica. Por ejemplo, ciertas feministas han levantado una tormenta de protesta contra la psicología sexual Freudiana porque es chauvinista y degradante respecto de las mujeres. Y algunos psicólogos se han sometido y han revisado sus teorías. Ahora, esto es totalmente inconsistente. Si la psicología Freudiana es realmente verdad, entonces no importa si es degradante para las mujeres. No se puede cambiar la verdad porque no nos guste a lo a que lleva. Pero las personas no pueden vivir de forma consistente y feliz en un mundo dónde otras personas son devaluadas. Sin embargo, si Dios no existe, nadie tiene valor alguno. Sólo si Dios existe puede alguien de forma consistente sostener los derechos de las mujeres. Pero si Dios no existe, entonces la selección natural dicta que el varón de la especie sea dominante y agresivo. Las mujeres no tendrían más derechos que los que tienen una cabra hembra o una gallina. En la naturaleza cualquier cosa que es, esta bien. ¿Pero quién puede vivir con tal perspectiva? Al parecer, ni siquiera los psicólogos Freudianos que traicionan sus teorías cuando son empujadas a sus conclusiones lógicas.

O tomemos el conductismo sociológico de alguien como B. F. Skinner. Su perspectiva lleva a la clase de sociedad prevista en “1984” de George Orwell, dónde el gobierno controla y programa el pensamiento de todos. Si las teorías de Skinner son correctas, no puede haber objeción a tratar a las personas como a las ratas en la jaula de Skinner, recorriendo sus laberintos, estimulados con comida y choques eléctricos. Según Skinner, todas nuestras acciones están determinadas de todas formas. Y si Dios no existe, ninguna objeción moral puede levantarse contra este tipo de programación, porque el ser humano no es cualitativamente diferente de una rata, dado que ambos no son más que materia, más tiempo, más azar. Pero, de nuevo ¿quién puede vivir con tal perspectiva deshumanizante?

O finalmente, tome el determinismo biológico alguien como Francis Crick. La conclusión lógica es que el ser humano es como cualquier otro espécimen de laboratorio. El mundo se horrorizó cuando descubrió que en campos como Dachau los nazis habían usado a prisioneros para experimentos médicos en humanos vivos. ¿Pero por qué no? Si Dios no existe, no puede haber ninguna objeción en usar a alguien como conejillo de indias humano. El fin de esta perspectiva es el control de la población en que el débil y el no deseado son muertos en orden a dar lugar al fuerte. Pero la única manera en que podemos protestar de forma consistente contra esta perspectiva es si Dios existe. Sólo si Dios existe puede haber propósito en la vida.

El dilema de hombre moderno es así verdaderamente terrible. Y en la medida en que niega la existencia de Dios y la objetividad de los valores y el propósito, este dilema permanece sin resolver también para el hombre “posmoderno.” De hecho, es precisamente la conciencia de que el modernismo produce inevitablemente la absurdidad y desesperación lo que constituye la angustia de la posmodernidad. En algunos respectos, la posmodernidad es solo la conciencia de la bancarrota de la modernidad. La cosmovisión atea es insuficiente para mantener una vida feliz y consistente. El hombre no puede vivir de forma consistente y feliz como si la vida careciera finalmente de significado, valor o propósito. Si intentamos vivir de forma consistente dentro de una cosmovisión atea, seremos profundamente infelices. Si en cambio logramos vivir felizmente, es sólo desmintiendo nuestra cosmovisión.

Confrontado con este dilema, el ser humano se debate patéticamente por algún medio de escape. En un notable discurso ante la Academia Americana para el Avance de Ciencia en 1991, el Dr. L. D. Rue, confrontado con el predicamento del hombre moderno, postuló audazmente que debemos engañarnos a nosotros mismos por medio de alguna “Mentira Noble” para pensar que nosotros y el universo aún tenemos valorxi. Afirmando que “La lección de los últimos dos siglos es que el relativismo intelectual y moral es profundamente la realidad”, el Dr. Rue reflexiona que la consecuencia de tal descubrimiento es que búsqueda del plenitud personal (o la auto realización) y la búsqueda de la coherencia social se independizan una de la otra. Esto porque desde el punto de vista del relativismo la búsqueda de la autorrealización se privatiza radicalmente: cada uno escoge su propio juego de valores y significado. Si hemos de evitar la “opción del manicomio”, dónde la autorrealización es perseguida sin tener en cuenta la coherencia social, y la “opción totalitaria” dónde la coherencia social se impone a expensas de la plenitud personal, no tenemos otra opción que abrazar alguna Mentira Noble que nos inspire a vivir más allá de nuestros intereses egoístas y así lograr la coherencia social. Una Mentira Noble “es una que nos engaña, nos compele más allá del propio interés, más allá del ego, más allá de la familia, la nación, [y] la raza.” Es una mentira, porque nos dice que el universo esta imbuido de valor (lo qué es una gran ficción), porque tiene una pretensión de verdad universal (cuando no la hay), y porque me dice que no viva para mi propio interés (lo qué es evidentemente falso). “Pero sin tales mentiras, no podemos vivir.”

Éste es el espantoso veredicto pronunciado sobre el hombre moderno. Para sobrevivir, debe vivir en el auto engaño. Pero incluso la opción de la Mentira Noble es finalmente impracticable. Para ser feliz, uno debe creer en el en un significado, valor y propósito objetivos. ¿Pero cómo puede uno creer en esas Mentiras Nobles y al mismo tiempo en el ateísmo y relativismo? Mientras más convencido se esté de la necesidad de una Mentira Noble, menos se puede creer en ella. Como un placebo, una Mentira Noble opera sólo en aquéllos que la creen verdad. Una vez que hemos visto a través de la ficción, la Mentira pierde su poder sobre nosotros. Así, irónicamente, la Mentira Noble no puede resolver el predicamento humano para cualquiera que ha llegado a ver ese predicamento.

La opción de la Mentira Noble lleva por consiguiente, en el mejor de los casos, a una sociedad en que un grupo elitista de illuminatis engaña a las masas para su propio bien, perpetuando la Mentira Noble. ¿Pero entonces por qué aquéllos de nosotros que estamos bien informados debemos seguir a las masas en su ilusión? ¿Por qué debemos sacrificar nuestro interés propio por una ficción? Si la gran lección de los últimos dos siglos el relativismo moral e intelectual es, entonces ¿por qué (si pudiéramos) pretender que no sabemos esta verdad y vivir una mentira en cambio? Si alguien contesta, “en beneficio de la coherencia social”, uno puede legítimamente preguntar por qué debo sacrificar mi interés propio en beneficio de la coherencia social. La única respuesta que el relativista puede dar es la coherencia social es en mi propio interés, pero el problema de esta respuesta es que el interés propio y el interés de la manada no siempre coinciden. Además, si (por puro interés individual) me preocupo de la coherencia social, la opción totalitaria me siempre está abierta: olvidemos la Mentira Noble y mantengamos la coherencia social (así como mi propia autorrealización) a expensas del bienestar personal de las masas. Rue consideraría tal opción indudablemente repugnante. Pero ahí esta el problema. El dilema de Rue es que él obviamente valora profundamente la coherencia social y la plenitud personal en si mismas; en otros términos, estas son valores objetivos, los que según su filosofía no existen. Él ya ha hecho el salto al piso de arriba. La opción de la Mentira Noble afirma lo que niega y así se refuta a si misma.
El Éxito del Cristianismo Bíblico

Pero si el ateísmo falla a este respecto, ¿que pasa con el Cristianismo bíblico? Según la cosmovisión cristiana, Dios sí existe, y la vida de hombre no acaba a la tumba. En el cuerpo de resurrección el ser humano puede disfrutar de vida eterna y comunión con Dios. El Cristianismo bíblico por lo tanto provee de las dos condiciones necesarias para una vida significativa, valiosa, y con propósito para el hombre: Dios e inmortalidad. Debido a esto, podemos vivir de forma consistente y feliz. Así, el Cristianismo bíblico tiene éxito precisamente donde el ateísmo colapsa.
Conclusión

Si el Dios de la Biblia existe, entonces la vida es significativa. Sólo la segunda de estas dos alternativas nos permite vivir de forma feliz y consistente. Por consiguiente, me parece que aun cuando la evidencia para estas dos opciones sea completamente igual, una persona racional debiera escoger el Cristianismo bíblico. Me parece positivamente irracional preferir la muerte, la futileza, y la destrucción a la vida, el significado y la felicidad. Como dijo Pascal, no tenemos nada que perder y el infinito que ganar.
 Notas

i 1 Kai Nielsen, “Why Should I Be Moral?” American Philosophical Quarterly 21 (1984): 90.

ii Richard Taylor, Ethics, Faith, and Reason (Englewood Cliffs, NJ: Prentice Hall, 1985), 90, 84.

iii H.G. Wells, The Time Machine (New York: Berkeley, 1957), chap. 11.

iv W.E. Hocking, Types of Philosophy (New York: Scribner’s, 1959), 27

v Friedrich Nietzsche, “The Gay Science,” in The Portable Nietzsche, ed. and trans. W. Kaufmann (New York: Viking, 1954), 95.

vi Bertrand Russell, “A Free Man’s Worship,” in Why I Am Not a Christian, ed. P. Edwards (New York: Simon & Schuster, 1957), 107.

vii Bertrand Russell, Letter to the Observer, 6 October, 1957.

viii Jean Paul Sartre, “Portrait of the Antisemite,” in Existentialism from Dostoyevsky to Satre, rev. ed., ed. Walter Kaufmann (New York: New Meridian Library, 1975), p. 330.

ix Richard Wurmbrand, Tortured for Christ (London: Hodder & Stoughton, 1967), 34.

x Ernst Bloch, Das Prinzip Hoffnung, 2d ed., 2 vols. (Frankfurt am Main: Suhrkamp Verlag, 1959), 2:360-1.

xi Loyal D. Rue, “The Saving Grace of Noble Lies,” address to the American Academy for the Advancement of Science, February, 1991.

Este Articulo fue tomado con el permiso  de  http://www.reasonablefaith.org


La Apologética Cristiana: ¿Quién La Necesita?

La Apologética Cristiana:

¿Quién La Necesita?

Por: William Lane Craig

Reflexiones del porqué la disciplina de la apologética es vital para la salud del cristianismo en la sociedad occidental.

Estoy profunda y humildemente honrado por el privilegio de que se me invitara a las Conferencias Stob este año. Es más, estoy un poco apenado por todo el alboroto que ustedes han hecho. Hay una tentación de querer justificar el que seleccionen a uno como conferencista Stob, es decir, dar un par de conferencias esperanzadamente impresionantes y eruditas. Pero una llamada del Presidente Plantinga me dejó más que claro que tal tentación no era consistente, ni con el propósito que se pretendía, ni la audiencia de esas conferencias. Había pensado en hablar de algunos temas claves en la teología filosófica cristiana. Pero el Presidente Plantinga me alentó a tratar la pregunta de la apologética cristiana, un tema al parecer muy apreciado por el corazón de Henry Stob, pero de alguna manera abandonado en años recientes. Me animó a aprovechar mis años de experiencia, como un apologeta cristiano, para compartir algunas reflexiones muy prácticas en esta disciplina. Así que, es lo que me he resuelto hacer.

Esta noche nos hacemos la pregunta fundamental: La apologética cristiana – ¿quién la necesita?

Para empezar, creo que debemos distinguir entre la necesidad de la apologética y su utilidad. La distinción es importante. Porque aun si la apologética no resultara ser absolutamente necesaria, no se concluye de ello que es, por lo tanto, inútil. Por ejemplo, no es necesario saber escribir a máquina para usar una computadora, puedes escribir de a dedazo, como yo; sin embargo las habilidades para escribir a máquina son muy útiles al usar una computadora. Dicho de otra manera, no es necesario mantener tu bicicleta en buen estado para ir en ella, pero puede ser un verdadero beneficio mantenerla bien engrasada. De la misma manera, la apologética cristiana puede ser de gran utilidad aun si no es necesaria para algún fin. Así que, no solamente necesitamos preguntar respecto a la apologética cristiana, ¿Quién la necesita? sino también ¿Para qué sirve?

La apologética cristiana puede definirse como aquella rama de la teología cristiana, que busca presentar una justificación racional para las verdades expresadas del cristianismo. Aquéllos que tratan a la apologética como si no tuviese importancia, tienden a medir el valor de la apologética enfocándose en su supuesta necesidad de garantizar la creencia cristiana. Algunos pensadores, particularmente en la tradición reformada holandesa, ven este rol como innecesario y a veces hasta equivocado.

Ahora, estoy completamente de acuerdo con los modernos y así llamados epistemólogos reformados, como Alvin Plantinga, en cuanto a que: los argumentos apologéticos y la evidencia no son necesarios para que la creencia cristiana sea justificada para alguien. El argumento de los racionalistas teológicos (o evidencialistas, como se les llama falsamente hoy en día) de que la fe cristiana es irracional en la ausencia de evidencia positiva es difícil de armonizar con la Escritura, la cual parece enseñar que la fe en Cristo puede establecerse inmediatamente por el testimonio interior del Espíritu (Ro. 8.14-16; 1 Jn. 2.27; 5.6-10) de tal manera que el argumento y la evidencia se vuelven innecesarios. He caracterizado en alguna otra parte el Testimonio del Espíritu Santo como autenticado por sí mismo, y con eso quiero decir (1) que la experiencia del Espíritu Santo es verídica e inequívoca (aunque no necesariamente irresistible o indubitable) por aquél que le tiene o le atiende; (2) que esa persona no necesita argumentos suplementarios o evidencia para conocer y saber con certeza que él está de hecho experimentando el Espíritu de Dios; (3) esta experiencia no funciona en este caso como una premisa en ningún argumento desde una experiencia religiosa a Dios, sino que es experimentar a Dios mismo inmediatamente. (4) que en ciertos contextos la experiencia del Espíritu Santo implicará la comprensión de ciertas verdades de la religión cristiana como; “Dios existe, “Estoy reconciliado con Dios”, “Cristo vive en mí”, etc.; (5) que esa experiencia le proporciona a uno, no solamente una certidumbre subjetiva de la verdad del cristianismo, sino también un conocimiento objetivo de esa verdad; y (6) que la evidencia y los argumentos incompatibles con esa verdad quedan sin efecto por la experiencia del Espíritu Santo por aquél que le atiende totalmente.

Los cristianos evidencialistas pudieran insistir en que, aun si la creencia cristiana pudiera justificarse en la ausencia de argumentos apologéticos positivos, incluso así, uno debe tener, al menos, los recursos apologéticos de defensa para vencer las diversas objeciones con las que uno se ve confrontado. Pero todavía, esa afirmación más modesta es apresurada, porque si el testimonio del Espíritu Santo en la vida de una persona es lo suficientemente poderoso (como debiera ser), entonces simplemente destruirá los argumentos que vengan en contra de las creencias cristianas de esa persona, y de este modo, eliminando incluso la necesidad de la apologética defensiva. Un creyente, que desconoce o que está pobremente equipado para refutar argumentos anticristianos, está justificado en creer, con base en el testimonio del Espíritu, aún ante tales objeciones. Incluso una persona que se enfrenta con lo que para él son objeciones sin respuesta para el teísmo cristiano está, debido a la obra del Espíritu Santo, dentro de sus derechos epistémicos—no, bajo obligación epistémica—de creer en Dios. Ya que las creencias basadas en el testimonio objetivo y verídico del Espíritu son parte de la emancipación invencible de la razón, la fe del creyente está justificada, aunque esté completamente privada de argumentos apologéticos (como es el caso de la mayoría de los cristianos hoy en día y a través de la historia de la Iglesia).

Por el contrario, el cristiano evidencialista se enfrenta con serias dificultades: (1) Negaría el derecho a la fe cristiana a todos los que no tienen la habilidad, tiempo y oportunidad de entender y evaluar los argumentos y la evidencia. La consecuencia sería, sin duda, consignar incalculables millones de personas que son cristianas a la incredulidad. Sin embargo, la Escritura dice que todos los hombres están sin excusa por no responder a la revelación que tienen (Ro.1.21). (3) Esta perspectiva crea un tipo de élite intelectual, un sacerdocio de filósofos e historiadores, que dictarán a las masas si es racional o no creer en el Evangelio. Pero, sin duda, la fe está disponible para todos los que, en respuesta al llamado del Espíritu, invocan el nombre del Señor. (4) La fe está sujeta a los caprichos de la razón humana y a las tierras movedizas de la evidencia, haciendo la fe cristiana, racional en una generación, e irracional en la siguiente. Pero el testimonio del Espíritu hace a cada generación contemporánea con Cristo, y así asegura una base firme para la fe.

Así que, no creo, de hecho, que la apologética sea necesaria para que la creencia cristiana se garantice. Pero no se concluye por ello que la apologética cristiana sea, por lo tanto, sin valor o de ningún beneficio en justificar la fe cristiana. Si los argumentos de la teología natural y las evidencias cristianas son acertados, entonces la creencia cristiana está justificada por esos argumentos y evidencias, para que la persona las entienda, aún cuando esa persona estaría justificada en la ausencia de éstos. Esta persona está doblemente justificada en su creencia cristiana, en el sentido de que disfruta de dos fuentes de garantía.

Se pueden visualizar los grandes beneficios que se tienen de esa doble garantía en las creencias cristianas de uno. Teniendo argumentos válidos para la existencia de Creador y Diseñador del universo o evidencia para la credibilidad histórica de los registros del Nuevo Testamento de la vida de Jesús, además de que el testimonio del Espíritu podría incrementar la confianza de uno en cuanto a la veracidad de las verdades cristianas expresadas. En el modelo epistemológico de Plantinga, al menos, uno tendría entonces mayor garantía por creer tales afirmaciones. Mayor garantía podría, a su vez, guiar a un incrédulo venir a la fe más fácilmente, o inspirar a un creyente a compartir su fe de forma más audaz. Además, el disponer de una garantía independiente para las verdades cristianas expresadas, aparte del testimonio del Espíritu, podría ayudar a predisponer al incrédulo a responder al llamado del Espíritu Santo cuando escuche el Evangelio, y al creyente podría proporcionarle apoyo epistémico en momentos de sequedad espiritual o duda, cuando el testimonio del Espíritu parece eclipsado. Uno puede, sin duda, pensar en muchas otras maneras en las que puede ser provechoso para las creencias cristianas poseer esa garantía.

Así que la pregunta es: ¿la teología natural y las evidencias cristianas garantizan la creencia cristiana? Pienso que así es. En mi trabajo publicado he formulado y defendido versiones de los argumentos cosmológico, teleológico, axiológico y ontológico a favor de la existencia de Dios, y también he defendido el teísmo en contra de las objeciones más prominentes que los pensadores ateos albergan para creer en Dios, como el problema del mal, lo oculto de Dios y la coherencia del teísmo. Además, he argumentado a favor de la autenticidad de las afirmaciones personales y radicales de Jesús y la historicidad de su tumba vacía, sus apariciones después de su muerte a varias personas y grupos. Y la creencia inesperada de los primeros discípulos de que Dios lo levantaría de los muertos. Asimismo, haciendo uso de los criterios estándares para evaluar las hipótesis históricas, he argumentado que la mejor explicación de los hechos, es aquella dada por los mismos apóstoles: Dios levantó de los muertos a Jesús.

Si estos argumentos son correctos, entonces la creencia del teísmo cristiano se justifica por la teología natural y las evidencias cristianas, así como, también por el testimonio interno del Espíritu Santo. Así que, aunque los argumentos apologéticos no son necesarios para saber que el cristianismo es verdadero, aún así son suficientes, y esta doble justificación para las creencias cristianas puede ser de gran ventaja. Por lo tanto, el éxito de la Epistemología Reformada y el fracaso del Racionalismo Teológico de ninguna manera implica que la apologética sea inservible o sin importancia.

Más que eso: aun si la apologética cristiana no es necesaria en cuanto a que garantice la creencia cristiana, la apologética cristiana puede ser de provecho y hasta necesaria en relación a varios fines. Permítame mencionar tres de ellos, en donde la apologética cristiana desempeña un papel vital en su realización.

1. Moldear la cultura. La apologética es útil, y bien puede ser necesaria, para que el Evangelio sea oído de manera efectiva en la sociedad occidental de hoy. En general, la cultura occidental es profundamente post-cristiana. Es el producto de La Ilustración, la levadura del secularismo, que se introdujo en la cultura europea y que ha permeado, hasta ahora, toda la sociedad occidental. El sello de La Ilustración fue “el libre pensamiento”, esto es, la búsqueda de conocimiento, a través y solamente de la razón humana, sin límites. Si bien, de ninguna manera se puede evitar que tal búsqueda lleve a conclusiones no cristianas, y aunque la mayoría de los mismos pensadores originales de La Ilustración eran teístas, el abrumador impacto de la mentalidad de La Ilustración ha sido que los intelectuales de occidente no consideren que el conocimiento teológico sea posible. La teología no es una fuente genuina de conocimiento y por lo tanto no es ciencia. Es así que la razón y la religión están en conflicto. Lo que de la ciencias naturales resulte se ha de tomar como guías autoritativas para nuestro entendimiento del mundo, y la confiada suposición es que la descripción del mundo que emerja de las ciencias genuinas es una descripción completamente naturalista. La persona que siga la búsqueda de la razón sin temor a su final será ateo o a lo más, agnóstico.

¿Por qué son importantes estas consideraciones de la cultura? Simplemente porque el Evangelio nunca se escucha en aislamiento. Siempre se le escucha en contra del trasfondo del ambiente cultural en el que uno vive. Una persona educada en un ambiente cultural en el que el cristianismo es todavía visto como una opción viable intelectualmente mostrará una apertura al Evangelio, lo que una persona secularizada no. ¡Para la persona secular es lo mismo si le dices que crea en cuentos de hadas o duendes, como en Jesucristo! O para dar una ilustración más realista, es como el que se nos acerque en la calle un creyente del movimiento Hare Krishna y nos invite a creer en Krishna. Semejante invitación nos parece bizarra, rara, incluso entretenida. Pero para una persona en Bombay, tal invitación parecería, asumo, muy razonable y sería una causa seria de reflexión. Me temo que en las calles de Bonn, Estocolmo o París los evangélicos parecen casi tan raros a las personas como los creyentes de Krishna.

Lo que nos espera en Norteamérica, en caso de que la caída en el secularismo continúe constante, ya es evidente en Europa. Aunque la mayoría de los europeos retienen una afiliación nominal con el cristianismo, sólo el 10% son creyentes que lo practican y menos de la mitad son de teología evangélica. La tendencia más significativa en la afiliación religiosa europea es el crecimiento de aquellos clasificados como “no religiosos” de 0% de la población en 1900 a arriba del 22% hoy en día. Como resultado el evangelismo es inmensurablemente más difícil en Europa que en los Estados Unidos. Haber vivido por trece años en Europa, donde hablé evangelísticamente en los campus universitarios por todo el continente, puedo testificar qué tan dura es la tierra. Es difícil que el Evangelio sea oído siquiera. Por ejemplo, recuerdo vívidamente que cuando hablé en la Universidad de Porto en Portugal, los estudiantes estaban tan incrédulos ante la posibilidad de un cristiano intelectual con títulos de doctorado de dos universidades europeas, que sospechaban que era realmente un impostor. ¡Incluso hablaron a la Universidad de Louvain en Bélgica, donde era un investigador visitante, para confirmar mi afiliación con la universidad!

EU sigue en cierta manera el mismo camino, y Canadá está en algún punto intermedio. La caída de Canadá en el secularismo ha sido abrupta. En 1900, los evangélicos representaban el 25% de la población canadiense. Para 1985, cayeron vertiginosamente a menos del 8% de la población. Mi experiencia, como ponente en los campus universitarios por Canadá, me sugiere que Canadá personifica un tipo de cultura centroatlántica más cercana hacia el secularismo europeo que su vecino del sur. El pluralismo y el relativismo son la sabiduría convencional en las universidades canadienses. Lo políticamente correcto y las leyes que regulan el discurso reprimen debatir respecto a temas de importancia ética y sirven como armas para oprimir ideas e instituciones cristianas. La caída de Canadá en el secularismo ilustra qué tan importante es mantener un ambiente cultural comprensivo a la creencia cristiana para la efectividad del evangelismo. Afortunadamente, los canadienses evangélicos han revertido esta tendencia durante la última década. Pero la cuesta arriba será mucho más difícil que el bajar, puesto que será directamente en contra de una cultura que ha llegado a oponerse a la cosmovisión cristiana.

Es por esta razón que los cristianos que disminuyen el valor de la apologética, porque “nadie viene a Cristo a través de argumentos intelectuales”, tienen una vista muy corta. Ya que la apologética se extiende más allá de un contacto evangelístico cristiano. La tarea de la apologética tiene una mira más amplia para ayudar a crear y mantener un ambiente cultural en el que el Evangelio pueda escucharse como una opción intelectualmente viable para los hombres y mujeres pensantes. El gran teólogo de Princeton, J. Gresham Machen en su artículo “El Cristianismo y la Cultura”, declaró correctamente:

Las ideas falsas son los más grandes obstáculos para la recepción del evangelio. Podemos predicar con todo el fervor de un reformador y así sólo tener éxito en ganar una batalla rezagada aquí y allá, si permitimos que todo el pensamiento de la nación sea controlado por ideas que impidan al cristianismo ser considerado no más que una falsa ilusión inofensiva.

Desafortunadamente, se hizo caso omiso de la advertencia de Machen, y el cristianismo bíblico se retrajo en los closets intelectuales del aislacionismo cultural, del cual hemos empezado a volver a surgir sólo recientemente.

Ahora, las grandes puertas de oportunidad se mantienen abiertas ante nosotros. Vivimos en un tiempo donde la filosofía cristiana está experimentando un renacimiento genuino, revitalizando la teología natural, en un tiempo cuando la ciencia está más abierta a la existencia de un Creador trascendental y Diseñador del cosmos que en ningún otro momento en tiempos recientes, en una etapa donde la crítica bíblica se ha embarcado en una búsqueda renovada del Jesús histórico, la cual trata a los evangelios seriamente como fuentes históricas de valor para la vida de Jesús y ha confirmado las líneas principales del retrato de Jesús que se describe en los evangelios. Estamos bien equilibrados intelectualmente para ayudar a volver a dar forma a nuestra cultura, de tal manera que recobremos el terreno perdido para que el Evangelio pueda ser oído como una opción intelectualmente viable para la gente seria.

Ahora bien, puedo imaginarme a algunos de ustedes pensando, “¿No vivimos en una cultura postmodernista en la que apelar a los argumentos de la apologética tradicional ya no son efectivos? Ya que los postmodernistas rechazan los cánones tradicionales de la lógica, la racionalidad y la verdad, los argumentos racionales para la verdad del cristianismo ya no funcionan. Más bien, en la cultura de hoy deberíamos simplemente compartir nuestra narrativa e invitar a la gente a participar en ella”.

En mi opinión, esta forma de pensar no podría estar más equivocada. La idea de que vivimos en una cultura postmoderna es un mito. De hecho, una cultura postmoderna es imposible, no sería posible vivirla. ¡Nadie es un postmodernista; cuando se trata de leer las etiquetas de un frasco de medicina a una caja de veneno para ratas! ¡Más vale creer que los textos tienen un significado objetivo! La gente no es relativista en cuestiones de ciencia, ingeniería y tecnología, donde sí son relativistas y pluralistas es en cuestiones de ética y religión. Pero, adviertan que eso no es postmodernismo, ¡eso es modernismo! Eso es sólo el ya bien establecido Positivismo y el Verificacionismo, éstos sostienen que cualquier cosa que no puedas probar con tus cinco sentidos, es sólo cuestión de gusto individual y expresión emotiva. Vivimos en un ambiente cultural que permanece profundamente modernista.

De hecho, pienso que el postmodernismo es uno de los engaños más artificiosos que Satanás haya ideado. Nos dice “El modernismo está muerto”, “No necesitas temerle más. Ya olvídalo; está muerto y sepultado”. Mientras que el modernismo aparenta estar muerto, vuelve en el traje elegante del postmodernismo, camuflageandose como un nuevo contrincante. Se nos dice: “Tus viejos argumentos y apologética ya no son efectivos en contra de ésta nueva llegada”. “Déjalos de lado, no sirven de nada. Sólo comparte tu narrativa”. De hecho, algunos, cansados de las largas batallas en contra del modernismo, dan la bienvenida al nuevo visitante con alivio. Y así, Satanás nos engaña al dejar de lado voluntariamente nuestras mejores armas; la lógica y la evidencia, y de ese modo asegura inadvertidamente el triunfo del modernismo sobre nosotros. Si adoptamos este curso de acción suicida, las consecuencias para la Iglesia en la siguiente generación serán catastróficas. El cristianismo se le reducirá a otra voz en la cacofonía de voces en competencia, cada uno compartiendo su narrativa y ninguno recomendándose a sí mismo como portador de la verdad objetiva de la realidad, mientras que el naturalismo científico moldea la perspectiva de nuestra cultura de cómo es realmente el mundo.

Ahora bien, esto va sin dejar de mencionar, ciertamente, que al practicar la apologética debemos ser relacionales, humildes, con una actitud invitadora; pero eso es difícilmente una percepción original del postmodernismo. Desde el principio los apologetas cristianos han sabido que debemos presentar razones de la esperanza “con mansedumbre y reverencia” (1P. 3.15). Uno no necesita abandonar los cánones de la lógica, la racionalidad y la verdad para ejemplificar estas virtudes bíblicas.

Y en cuanto a la idea de que la gente en nuestra cultura ya no está interesada o sensible a la argumentación racional y la evidencia del cristianismo, nada podría estar más lejos de la verdad. Si me permiten hablar de mi experiencia, por más de veinte años he hablado evangelísticamente en los campus universitarios en Norteamérica y Europa, compartiendo el Evangelio en el contexto de presentar una defensa intelectual de las verdades expresadas del cristianismo. Siempre concluyo mis pláticas con un periodo largo de preguntas y respuestas. Durante todos esos años, prácticamente nadie se ha levantado y dicho algo como: “Tu argumento está basado en estándares chauvinistas occidentales de la lógica y la racionalidad” o expresado algún otro sentir postmodernista. Esto simplemente no sucede. Si abordas las preguntas a un nivel racional, la gente responde a ellas a un nivel racional. Si presentas evidencia científica o histórica para una verdad expresada del cristianismo, los estudiantes incrédulos pueden argumentar contigo respecto a los hechos, eso es exactamente lo que quieres, pero no atacan la objetividad de la ciencia o la historia mismas. Si presentas un argumento deductivo a favor de una verdad cristiana, los estudiantes inconversos pueden levantar objeciones a tu conclusión o premisas, lo que es, otra vez, precisamente donde la discusión debe centrarse, pero no se contiende del uso de la lógica en sí.

Ahora, lo que si veo es que los estudiantes pueden sospechar de un conferencista cristiano. Así que, a ellos les gusta escuchar ambos lados del tema presentado. Por esta razón, encuentro a los debates como un foro especialmente atractivo para el evangelismo universitario. Competí por ocho años en actividades de debate en preparatoria y universidad, debatiendo temas de interés público como el programa de ayuda militar, control de paga y de precios etcétera. Nunca pensé que algún día el debate se volvería una actividad ministerial. Pero tan pronto como terminé mi doctorado teológico, empecé a recibir invitaciones de grupos de estudiantes cristianos en Canadá para participar en debates en temas como; “¿Dios existe?”, “¿Jesús se levantó de los muertos?”, “El Humanismo vs. El Cristianismo”, y así sucesivamente. Y lo que he descubierto es que, mientras que unos cuantos o tal vez unas doscientas personas vendrán a escucharme a dar una plática en el campus universitario, varios cientos o incluso miles de estudiantes vendrán a un debate donde puedan escuchar ambos lados. Por ejemplo, 2,200 estudiantes en el campus universitario de Riverside vinieron a escuchar mi debate con Greg Cavin tocante a la resurrección de Jesús. En la Universidad de Wisconsin en Madison 4,000 los estudiantes salieron, ¡en la noche de un partido de básquetbol!, para escuchar a Antony Flew y a mí, debatir la existencia de Dios. Simplemente, este Febrero pasado 3000 estudiantes en la Universidad de Iowa desafiaron una tempestad de nieve, que descargó siete pulgadas de nieve en el campus, para escuchar mi debate con un profesor universitario de Estudios Religiosos, conocido por su enemistad mortal hacia el cristianismo.  Más tarde, en la primavera de este año, 3,000 estudiantes en la Universidad de Purdue salieron a escuchar el debate que tuve con el joven filósofo humanista Austin Dacey tocante a la pregunta “¿Dios existe?”. El enfoque en todos estos debates es el argumento racional y la evidencia. Hay tremendo interés entre los estudiantes de escuchar una discusión balanceada de las razones en favor y en contra de la creencia Cristiana.

Así que, no se dejen engañar pensando que la gente en nuestra cultura ya no está interesada en la evidencia del cristianismo. Precisamente, lo contrario es la verdad. Es de vital importancia que preservemos una cultura en la que el Evangelio se escuche como una opción viva para personas serias, y la apologética estará a la vanguardia en ayudar para suscitar ese resultado.

2. Fortalecer a los creyentes. No sólo la apologética es vital en moldear nuestra cultura, sino que también juega un rol vital en las vidas de las personas. Uno de esos roles será fortalecer a los creyentes.

Jan y yo pasamos el verano de 1982 viviendo en un departamento en Berlín, preparándome para mis exámenes orales de teología en la Universidad de Munich. Había estado preparándome por más de un año para estos exámenes cruciales, tenía una pila de apuntes de un pie de altura que había virtualmente memorizado y revisado diario anticipadamente para el examen. Durante nuestra estadía ahí, tuvimos el placer de tener como invitada a Ann Kiemel y a su esposo Will mientras pasaban por Berlín. En ese tiempo Ann era una de las oradoras cristianas más populares en los Estados Unidos. Era una persona única que solía encontrarse con desconocidos y buscaba animarlos entonando cancioncillas de forma improvisada y compartiéndoles su fe. Era extremadamente sentimental y emocional. Contaba historias, algunas de ficción, algunas reales, eso bastaba para hacer llorar a una audiencia de mujeres en minutos.

Pues al sentarnos un día a la mesa, pensé en tratar de aprender algunas lecciones de su experiencia. “Ann” le pregunté, “¿Cómo te preparas para tus mensajes?”, ella respondió “¡Oh!, no lo hago”.

Me quedé completamente perplejo. “¿No te preparas?” le dije.

“No”, respondió.

Me quedé absolutamente pasmado. “Bueno, entonces ¿qué haces?” le pregunté.

“Oh, sólo comparto mis luchas.”

No podía creerlo. Ahí estaba yo matándome en años de preparación en el ministerio, y ¡ella no se prepara! Sin embargo no cabía duda de su efectividad. Alcanzaba a miles de personas con el Evangelio. Contaba historias de cómo incluso académicos de un carácter fuerte se ablandaban por sus cancioncitas e historias y venían a Cristo. Llegué a pensar, “¿Por qué hacer todo esto, cuando todo lo que necesitas hacer es compartir tus luchas?”

Regresamos a los Estados Unidos ese verano para hacer un sabático en la Universidad de Arizona en Tucson, donde vivía un antiguo amigo. Un día compartí con él la conversación que tuve con Ann y le dije cómo aquello me había realmente bajado los ánimos. Él me dijo algo que fue muy tranquilizador. Me dijo “Bill, algún día esas personas a quienes Ann Kiemel ha traído al Señor, van a necesitar lo que tienes que ofrecer”.

Él tenía razón. Las emociones te llevarán sólo hasta ahí, y entonces necesitarás algo más substancial. La apologética provee algo de esa substancia. Al hablar en las iglesias por el país, frecuentemente me encuentro a padres que se me acercan después del servicio y dicen algo como: “¡si sólo hubiera estado aquí hace dos o tres años!” “Nuestro hijo (hija) tenía preguntas respecto a la fe que nadie en la iglesia podía contestar, y ahora ha perdido su fe y está lejos del Señor”.

Me rompe el corazón conocer a padres así. Al viajar, también he tenido la experiencia de conocer a otras personas que me han dicho cómo evitaron ser apóstatas por leer un libro de apologética o ver un video de un debate. En estos casos, la apologética ha sido el medio por el que Dios ha causado su perseverancia en la fe. Ahora bien, desde luego, la apologética no puede garantizar la perseverancia, pero puede ayudar y en algunos casos puede, con la providencia de Dios, hasta ser necesaria. Recientemente tuve el privilegio de hablar en la Universidad de Princeton respecto a los argumentos a favor de la existencia de Dios, y después de la conferencia se me acercó un joven que quería hablar conmigo. Obviamente tratando de contener las lágrimas, me dijo cómo hacía un par de años había estado luchando con dudas y estaba a punto de abandonar su fe. Alguien le dio un video de uno de mis debates. Me dijo, “Ese video me salvó de perder mi fe, no puedo agradecerle lo suficiente”.

Le dije, “Fue el Señor quien te salvó de caer”.

“Sí”, contestó, “pero él lo usó a usted. No tengo cómo agradecerle”. Le dije cuan emocionado estaba por él y le pregunté por sus planes a futuro. “Me voy a graduar este año”, me dijo, “y pienso ir al seminario. Voy al pastorado”. ¡Alabado sea Dios por la victoria en la vida de este joven!

Otros estudiantes que conocí en Princeton se enrolaron en una clase que se impartía por el crítico del Nuevo Testamento, Elaine Pagels, la cual apodaban “La clase del destructor de la fe” por su efecto destructivo en la fe de muchos estudiantes cristianos. No tenían forma de saber qué tan distante estaban los puntos de vista del catedrático Pagels de la corriente principal de erudición tocante a los evangelios gnósticos. Fue un privilegio compartir con ellos las bases para la credibilidad del Nuevo Testamento, el cual atestigua de Jesús.

Su experiencia no es inusual. En la preparatoria y en la universidad a los jóvenes se les ataca con todo tipo de cosmovisiones no cristianas, aunado a ello el agobiante relativismo. Si los padres no se ocupan intelectualmente de su fe y no tienen argumentos sólidos a favor del teísmo cristiano y buenas respuestas para las preguntas de sus hijos, entonces estamos en un peligro real de perder a nuestra juventud. Ya no es suficiente enseñar a nuestros hijos historias de la Biblia simplemente, necesitan doctrina y apologética. Es difícil entender cómo es que la gente hoy en día puede arriesgar el ser padres sin haber estudiado apologética.

Desafortunadamente, también nuestras iglesias han dejado caer la bola en esta área. Es insuficiente para los grupos de jóvenes y las clases de escuela dominical enfocarse en pensamientos devocionales entretenidos. Debemos entrenar a nuestros niños para la guerra. No nos aventuremos pues a enviarlos a escuelas de nivel medio superior o a la universidad armados con espadas de hule y armaduras de plástico. El tiempo para jugar ya pasó.

Pero la apologética cristiana hace más que salvaguardar de los errores. Los efectos positivos de construcción del entrenamiento apologético son todavía más evidentes. Esto lo veo todo el tiempo en los campus universitarios cuando estoy en debate. John Stackhouse me hizo notar que estos debates son realmente una versión occidentalizada de lo que los misiólogos llaman “un encuentro de poder”. Creo que eso es un análisis perspicaz. Los estudiantes cristianos se salen de estos encuentros con una confianza renovada en su fe, ponen sus cabezas en alto, orgullosos de ser cristianos, y más atrevidos al hablar de Cristo en su campus. A veces después de un debate los estudiantes dirán, “¡No puedo esperar más para compartir mi fe en Cristo!”

Muchos cristianos no comparten su fe con los incrédulos simplemente por temor. Tienen miedo de que los incrédulos les hagan preguntas o levanten objeciones que no puedan contestar. Así que, deciden permanecer callados y así esconder su luz debajo de un almud, en desobediencia al mandato de Cristo. El entrenamiento apologético es una tremenda ayuda para el evangelismo, pues nada inspira más confianza y audacia que saber que uno tiene buenas razones para lo que uno cree y buenas respuestas a las preguntas y objeciones típicas que el incrédulo pueda plantear. Un entrenamiento sano en apologética es una de las claves para el evangelismo sin temor.

En ésta y en muchas otras maneras la apologética ayuda a construir el cuerpo de Cristo, al fortalecer a los creyentes de manera individual.

3. Evangelizar a los incrédulos. Pocas personas estarían en desacuerdo conmigo de que la apologética fortalece la fe de los creyentes cristianos. Pero muchos dirán que la apologética no es muy útil en el evangelismo. “Nadie viene a Cristo a través de argumentos”, te dirán. (No sé cuantas veces he escuchado decir esto).

Ahora, esta actitud de falta de interés hacia el rol de la apologética en el evangelismo ciertamente no es el punto de vista bíblico. Conforme uno lee los Hechos de los Apóstoles, es evidente que fue el procedimiento estándar de los apóstoles para argumentar a favor de la verdad del punto de vista cristiano, tanto con los judíos como con los paganos (ej. Hechos 17.23, 17; 19.8; 28.2324). Al tratar con audiencias judías los apóstoles apelaban a la profecía cumplida, los milagros de Jesús, y especialmente a la resurrección de Jesús como evidencia de que él era el Mesías (Hechos 2.22-32). Cuando confrontaron a las audiencias gentiles, las cuales no aceptaban el Antiguo Testamento, los apóstoles apelaron a la obra de Dios en la naturaleza como evidencia de la existencia de un Creador (Hechos 14.17). Luego se apeló al testimonio de los testigos de la resurrección de Jesús, para mostrar específicamente que Dios se había revelado a sí mismo en Jesucristo (Hechos 17. 30,31; 1Co. 15.3-8).

Francamente, pienso que aquellos que consideran a la apologética como trivial, simplemente no hacen mucho evangelismo. Sospecho que han tratado de usar argumentos apologéticos en alguna ocasión y encontraron que la persona incrédula se mantuvo escéptica. Luego llegan a la conclusión generalizada de que la apologética no es efectiva en el evangelismo.

Ahora bien, hasta cierto punto estas personas son sólo víctimas de falsas expectativas. Cuando reflexionas que sólo una minoría de personas que escuchan el Evangelio lo aceptarán y que sólo una minoría de aquellos que lo aceptan lo hacen por razones intelectuales, no debería sorprendernos que el número de personas con el que la apologética es efectiva es relativamente pequeño. Por la misma naturaleza del caso, deberíamos esperar que la mayoría de los incrédulos permanezcan sin convencer por nuestros argumentos apologéticos, así como, la mayoría permanece indiferente al predicarles la cruz.

Bueno, entonces, ¿por qué preocuparse con esa minoría de la minoría con la que la apologética es efectiva? Primero, porque cada persona es preciosa delante de Dios, una persona por la que Cristo murió. Como un misionero, que fue llamado a alcanzar algún grupo recóndito de personas, el apologeta cristiano tiene carga por alcanzar esa minoría de personas que responderán al argumento racional y a la evidencia.

Pero, en segundo lugar, y aquí es donde el caso difiere significativamente del caso del grupo recóndito de personas, este grupo de personas, aunque relativamente pequeño en número, es enorme en influencia.

Una de estas personas, por ejemplo, es C.S. Lewis. ¡Piense en el impacto que una sola conversión de un hombre sigue teniendo! He visto que las personas que más se identifican con mi trabajo apologético tienden a ser ingenieros, médicos y abogados. Esas personas están entre las más influyentes en formar nuestra cultura actual. Así que, alcanzar esta minoría de personas producirá una gran cosecha para el Reino de Dios.

De cualquier manera, la conclusión general de que la apologética es ineficaz en el evangelismo es precipitada. Lee Strobel recientemente me comentó que ha perdido la cuenta del número de personas que han venido a Cristo a través de sus libros El Caso de Cristo y El Caso de la Fe. Y si se me permite, tampoco ha sido mi experiencia el que la apologética sea ineficaz en el evangelismo. Continuamente estamos emocionados de ver a la gente entregar sus vidas a Cristo, a través de presentaciones apologéticamente orientadas del Evangelio. Después de una plática a favor de la existencia de Dios o evidencia a favor de la resurrección de Jesús o una defensa del particularismo cristiano, a veces termino con una oración para que entreguen su vida a Cristo, y las tarjetas de comentarios indican aquellos que han registrado tal entrega. Apenas esta primavera pasada, di un tour de conferencias en las universidades de Illinois, y estábamos entusiasmados de encontrar que casi cada vez que di esa presentación, los estudiantes tomaban decisiones para Cristo. ¡Hasta he visto estudiantes venir a Cristo sólo al oír una defensa del argumento cosmológico kalam!

Uno de los casos más emocionantes fue el de Eva Dresher, una física polaca que conocimos en Alemania poco después de que terminé mi doctorado en filosofía. Conforme Jan y yo hablábamos con Eva, llegó a mencionar que la física había destruido su creencia en Dios y que la vida ya no tenía significado para ella. “Cuando veo al universo todo lo que veo es obscuridad”, decía, “y cuando me veo a mí misma, todo lo que veo es obscuridad interior”. (¡Cuán triste declaración del predicamento moderno!) Bueno, en ese momento Jan le ofreció, “¡oh, deberías leer la disertación doctoral de Bill! Usa la física para probar que Dios existe”. Así que le prestamos mi disertación del argumento cosmológico para que la leyera. En los siguientes días ella se mostró progresivamente más entusiasmada. Cuando llegó a la sección de astronomía y astrofísica, ella estaba muy contenta. “! Conozco a los científicos que estás citando!” exclamó asombrada. En el momento que llegó al final su fe había sido restaurada. Ella dijo, “gracias por ayudarme a creer que Dios existe”.

Le contestamos, ¿Te gustaría conocerle de una manera personal? Entonces hicimos una cita para volver a verla esa misma tarde en un restaurante. Mientras, de memoria, preparamos nuestro propio folleto de Las Cuatro Leyes Espirituales. Después de la cena abrimos el folleto y empezamos, “Así como hay leyes físicas que gobiernan nuestro universo físico, así también existen leyes espirituales que gobiernan nuestra relación con Dios…”

“¡Leyes físicas! ¡Leyes espirituales!” exclamó. “¡Esto es justo lo que necesito!” Cuando llegamos a los círculos al final que representan dos vidas y le preguntamos qué círculo representaba su vida, puso su mano sobre los círculos y dijo, “¡Esto es muy personal!, no puedo contestar ahorita”. Así que le animamos a que se llevara el folleto a casa y le entregara su vida a Cristo.

Cuando la vimos el día siguiente, su rostro se veía radiante de gozo. Nos dijo cómo se había ido a casa y en la privacidad de su cuarto hizo la oración para recibir a Cristo. Luego, tiró en la taza del baño todo el vino y los tranquilizadores que había estado consumiendo. Era una persona verdaderamente transformada. Le dimos una Biblia Good News (Buenas Nuevas) y le explicamos la importancia de mantener una vida devocional con Dios. Nuestros caminos se apartaron por varios meses. Pero cuando la vimos otra vez, todavía estaba entusiasmada con su fe, y nos dijo que sus posesiones más preciadas eran su Biblia y su folleto hecho a mano de Las Cuatro Leyes Espirituales. Fue una de las ilustraciones más vívidas que he visto de cómo el Espíritu Santo puede usar los argumentos y la evidencia para atraer a la gente a un conocimiento de Dios que salva.

Ha sido emocionante, también, escuchar historias de cómo la gente ha llegado a Cristo por leer algo que he escrito. Por ejemplo, cuando estaba dando conferencias en Moscú hace unos años, conocí a un hombre de Minsk en Belorusia. Me dijo que poco después de la caída del comunismo había escuchado a alguien leer en ruso por la radio de Minsk mi libro La Existencia de Dios y el Principio del Universo. Al final de la transmisión se había convencido que Dios existe y rindió su vida a Cristo. Me dijo que hoy en día está sirviendo al Señor como anciano en una iglesia bautista en Minsk. ¡Alabado sea Dios! Previamente, este año en la Universidad A & M de Texas, conocí a una mujer que asistía a mis conferencias. Me dijo con lágrimas en los ojos que por 27 años se había alejado de Dios y se sentía desesperanzada. Curioseando en una librería Border se topó con mi libro Por favor ¿Quiere ponerse de pie el auténtico Jesús?, el cual contiene mi debate con John Dominic Crossan, copresidente del radical Seminario de Jesús, y compró una copia. Dijo que al leerlo, fue como si la luz simplemente viniera y le entregó su vida a Cristo. Cuando le pregunté qué hacía, me dijo que era una psicóloga que trabaja en una cárcel de mujeres en Texas. Sólo piensen en la influencia cristiana que puede tener en un ambiente tan desesperado.

Si me permiten, una última historia. Los últimos años, he tenido el privilegio de estar involucrado en debates con apologetas islámicos en varios campus universitarios en Canadá y en los Estados Unidos. Este verano, temprano un sábado por la mañana, recibí una llamada telefónica. La voz del otro lado de la línea dijo, “¡Hola! ¡Soy Sayd al-Islam llamando desde Omán!” Pensé, “¡Oh, no! Me encontraron”. Continuó explicando que había secretamente perdido su fe musulmán y se había vuelto ateo. Pero al leer varias obras apologéticas cristianas, las cuales estuvo ordenando por Amazon.com, había llegado a creer en Dios y estaba al borde de hacer un compromiso con Cristo. Estaba impresionado con la evidencia de la resurrección de Jesús, y me había llamado porque todavía tenía algunas preguntas que todavía necesitaba resolver. Hablamos por una hora, y percibí que en su corazón él ya había creído en Cristo; pero quería ser cuidadoso y asegurarse de que tenía la evidencia en su lugar, antes de que tomara ese paso conscientemente. Me explicó, “Usted entiende que no puedo decirle mi verdadero nombre. En mi país debo llevar una vida doble, de otra manera me matarían.” Oré con él que Dios le siguiera guiando a la verdad, y nos despedimos. ¡Pueden imaginarse cuan agradecido está mi corazón con Dios por usar estos libros -¡y por el internet!-, en la vida de este hombre! Historias como esas podrían multiplicarse, y claro está, nunca escuchamos la mayoría de ellas.

Así que, aquellos que dicen que la apologética no es efectiva con los incrédulos deben estar hablando de su limitada experiencia. Cuando la apologética se presenta persuasivamente y se combina de una forma sensible con el Evangelio y un testimonio personal, el Espíritu de Dios concede usarla para traer a ciertas personas a sí mismo. ¿La apologética es necesaria en esos casos? ¿Esas personas habrían aceptado a Cristo de cualquier forma, aun sin escuchar los argumentos? Creo que nos queda decir “¡Sólo Dios sabe!” Al menos, Dios lo sabe si tiene conocimiento medio ¿no?. Podemos no saber el valor verdadero de esas circunstancias contrafácticas de la libertad, pero podemos y sabemos, por experiencia, que Dios usa la apologética en el evangelismo para traer a las personas perdidas hacia Él.

Así que, en conclusión, la apologética cristiana es parte vital del currículum teológico. Aunque no es necesaria para garantizar la creencia cristiana, sin embargo es, creo yo, suficiente para garantizar la creencia cristiana y por lo tanto de gran beneficio. La apologética juega un papel vital y tal vez crucial en moldear la cultura, fortalecer a los creyentes y evangelizar a los incrédulos. Por todas estas razones, soy totalmente entusiasta en cuanto a la apologética cristiana.

Este articulo es publicado con el permiso de  http://www.reasonablefaith.org dueño de todos los derechos.

Dios los bendiga.


¡Tantos Ateos y Tan Poco Tiempo!

¡Tantos Ateos y Tan Poco Tiempo!

Por: William Lane Craig

Pregunta de la Semana:

Dr. Craig, asisto a Louisiana State University (Universidad Estatal de Louisiana) y trabajo en la biblioteca de nuestra universidad. De todas las personas con las que trabajo, la mitad son agnósticos y la otra mitad ateas. Me convertí en un cristiano nacido de nuevo hace un poco más de un año después ser ateo por cinco años. He observado que muchos jóvenes creen, como yo pensaba antes, que la religión es una estupidez y que no hay Dios. Ni siquiera menciono la palabra religión a mis compañeros de trabajo y algunos simplemente dicen abruptamente cosas horribles acerca de la religión/cristianismo. Yo trabajo con un británico que habla de que su país es tan poco religioso al punto que simplemente mencionar a Dios es causa de burla. Estados Unidos también está creciendo en el número de no creyentes. Estoy preocupado por nuestro futuro, no sé como luchar contra el ateísmo. Yo soy cristiano, me convertí en base a experiencias personales y yo no soy filósofo. Los ateos están de mal humor y quieren respuestas a sus preguntas, a las cuales no tengo tiempo para averiguar. En la actualidad estoy tratando de obtener tres títulos de licenciatura en la universidad y ninguno de ellos es en filosofía. ¿Cómo puede un estudiante universitario, un simple laico, como yo convertirse en un defensor moderado del cristianismo en contra de esos ateos promedios universitarios? Siempre voy a defender mi fe en Cristo, pero ellos buscan algo más allá de lo que creo. Dicen que los creyentes son estúpidos e ilógicos. Por lo tanto, me gustaría argumentar sobre la base de la lógica y demostrarles que los creyentes simplemente no son estúpidos. ¿Cómo puede convertirse alguien que no tenga tiempo, ni para aprender filosofía o ni para leer teología, en un polemista contra esos cerrados de mente y bochincheros no creyentes?

John

Respuesta:

Después de haber hablado dos veces en la Universidad Estatal Louisiana (LSU), estuve sorprendido por la atmósfera de incredulidad que caracterizaba la comunidad universitaria de allí. Te da la oportunidad de ser una luz aún más brillante en las tinieblas.

John, tomé ésta como la pregunta de la semana porque creo que es una interrogante que enfrentan muchos cristianos. No todos tienen tiempo para convertirse en defensores expertos, y sin embargo nos encontramos en situaciones en las que estamos llamados a dar “una razón de la esperanza que hay en nosotros” (I Pedro 3:15). ¿Qué se supone que debemos hacer?

Una de las cosas sencillas que todos podemos hacer es aprender a hacer preguntas. Greg Koukl recomienda hacer dos preguntas a los no creyentes:

1. ¿Qué quieres decir con eso?

2. ¿Qué razones tienes para pensar eso?

¡Es increíble cómo estas dos preguntas sencillas cautivadoras pueden atar a la gente en nudos! Por ejemplo, pregunta a los incrédulos lo que quieren decir cuando hablan de que no creen en Dios, ¿es él un ateo o un agnóstico? (Tienes que estar preparado para explicarle la diferencia). Lo que sea que él diga, pregúntale, “¿Qué razones tienes para pensar eso?” Muchas personas no entienden lo que quieren decir con sus afirmaciones y probablemente la mayoría no tienen buenas razones para ellas. Mientras tú hagas preguntas, no estás haciendo ninguna afirmación, y así no tienes que probar nada. Permite a los no creyentes llevar la carga de la prueba de sus afirmaciones.

Una segunda cosa que puedes hacer es referir al no creyente a algunos recursos. No tienes que tener algo de cerebro para decirle a alguien: “¿Has visto The Blackwell Companion to Natural Theology (El Compendio Blackwell para de Teología Natural)? Antes que digas que no hay teístas inteligentes y que no hay buenas razones para creer en Dios, talvez te convendría mejor mirar este libro primero. De lo contrario, no estás realmente informado.” No es necesario que tú mismo hayas leído esos libros si estás tan presionado por el tiempo. Todo lo que tienes que hacer es saber algunos títulos God, Freedom, and Evil (Dios, Libertad y el Mal) por Alvin Plantinga. The Existence of God (La Existencia de Dios) por Richard Swinburne. Finite and Infinite Goods: A Framework for Ethics (Bienes Finitos e Infinitos: Un Marco para la Ética) por Robert Adams. The Book of Acts in the Setting of Hellenistic History (El Libro de los Hechos en el Marco de una Historia Helenística) por Colin Hemer Jesus Remembered (Jesús Recordado) por James D. G. Dunn y The Resurrection of the Son of God (La Resurrección del Hijo de Dios) por N.T. Wright. Avergüenza al no creyente por su ignorancia a la literatura. Por otro lado, si es un buscador sincero, recomiéndale que examine este sitio web o que mire uno de mis debates.

En tercer lugar, aprende mencionar los nombres de algunos eruditos cristianos. Cuando el no creyente dice que los cristianos son todos fanáticos ignorantes, muéstrate realmente sorprendido y dile con asombro, “¿De verdad crees eso? ¿Qué piensas de la obras de Alvin Plantinga-o de William Alston? Mencionar nombres de eruditos importantes cae de mal gusto cuando alguien está tratando de jactarse. Pero en un caso como este, tú estás simplemente ofreciendo contra-ejemplos a la afirmación radical de que todos los cristianos son ignorantes, un punto que está arraigado en la ignorancia misma. Éstos son algunos de los nombres a mencionar: filósofosAlvin Plantinga (Universidad de Notre Dame),Peter van Inwagen (Universidad de Notre Dame), el difunto William Alston (Universidad de Syracuse), Richard Swinburne (Universidad de Oxford), Robert Adams (Universidad de Carolina del Norte), Dean Zimmerman (Rutgers University); científicosFrancisco Ayala (altamente condecorado biólogo evolutivo), Allan Sandage (el más famoso astrónomo del mundo), Christopher Isham (llamado el más grande cosmólogo cuántico de Gran Bretaña), George Ellis (una vez un colega me lo describió como la persona que más sabe sobre cosmología entre todos los seres vivientes), Francis Collins (director del proyecto del genoma humano); Eruditos de Jesús históricos: John Meier (autor de un estudio de multivolumen sobre el Jesús histórico), N.T. Wright (otro autor de obras prodigiosas sobre Jesús), James D. G Dunn (muy respetado erudito de la Universidad de Durham), Craig Evans (primera clase de los eruditos canadienses sobre el Jesús histórico). Pregúntale al no creyente que cómo él puede hacer cualquier afirmación creíble sobre el calibre intelectual de los cristianos si él nunca ha leído ninguno de estos eruditos.

En cuarto lugar, ofrécele esta réplica práctica a sus afirmaciones

“Ahora pues, déjame ver si te entiendo: tu argumento es que

1. Los cristianos son estúpidos e ilógicos.

2. Por consiguiente, el cristianismo no es verdadero.

Ahora ¿puedes explicarme cómo (2) se deduce de manera lógica de (1)?”

¿Quién está siendo ilógico ahora? Tú puedes incluso escribir la premisa y la conclusión en un pedazo de papel para él. Pregúntale cómo la conclusión se deduce lógicamente de la premisa. Si él quiere añadir algunas premisas a su argumento, permíteselo y luego pregúntale qué razones tiene para pensar que las premisas son verdaderas. Señálale que atacar la inteligencia de los cristianos en lugar de atacar su punto de vista es ser culpable de la falacia de argumentar ad hominem (el error de atacar a la persona en vez del argumento de la persona). Una vez más, ¿quién es el ilógico ahora?

Por último, John, déjate de excusas y aparta un tiempo para prepararte. Tú puedes tomar una hora semanal cada sábado o domingo y leerte un capítulo de On Guard (En Guardia). Tú puedes terminarlo en diez semanas. Memorízate las premisas de los argumentos teístas para que puedas compartirlos de una manera rápida y de memoria. Te garantizo que si haces eso, estarás preparado para tratar con casi cualquier no creyente que se atraviese en tu camino. ¡No es tan difícil, John! Sé que estás ocupado con tus clases y con las tareas, pero no puedo creer que no puedes encontrar una hora a la semana para invertir en la preparación apologética. Si haces eso, no te vas a arrepentir.

William Lane Craig

Este articulo fue tomado de : http://www.reasonablefaith.org/spanish


Diseño desde el Ajuste Fino

Diseño desde el Ajuste Fino

Por: William Lane Craig

El argumento del ajuste fino es uno de los principales argumentos que Dr. Craig ofrece como evidencia para la existencia de Dios. La ciencia ha demostrado que la vida inteligente no podría existir en nuestro universo, aparte de un conjunto extremadamente preciso de condiciones iniciales que son improbables que hayan ocurrido por casualidad. Por lo tanto, se puede concluir que el universo fue diseñado para la vida. En esta pregunta, Dr. Craig responde a las afirmaciones hechas por el ateo Richard Carrier que tratan de desacreditar el argumento del ajuste fino. Él refuta la afirmación de que una Teoría del Todo haría que el ajuste fino fuese inevitable y argumenta que incluso el postular múltiples universos no debilita la implicación de un Diseñador cósmico.

Hola, Dr. Craig,

Usted es mi filósofo cristiano favorito. Por haber escuchado sus charlas y lecciones de audio, he notado que usted es un firme creyente de que el diseño es la explicación más simple para el ajuste fino del universo. Me encontré con un artículo de Richard Carrier que “desacredita” el argumento del ajuste fino, en respuesta a James Hannam (bede.org.uk), Richard respondió con esto,

Hannam ha fracasado en mostrar que incluso es posible que una constante cambie mientras que las demás permanezcan iguales, ya que alterar una constante puede alterar irrevocablemente otra y así modifica en gran medida cualquier conclusión que podamos extraer de una modelación de posibles universos. Por lo tanto, tal como Hannam advierte en contra de los argumentos basados ​​en la improbabilidad de que la vida se forme de forma natural sobre las bases de que la ciencia podría descubrir los medios naturales para formar vida, así también a él se le debería advertir en contra del uso de un argumento de Ajuste Fino basado en la presuposición de constantes independientes cuando la ciencia pronto podría descubrir, por ejemplo, una Gran Teoría Unificada o una Teoría del Todo que demuestre cómo todas las constantes están causalmente relacionadas entre sí.

Las constantes de la naturaleza y las cantidades arbitrarias son una gran parte del argumento del ajuste fino, ¿cómo deberíamos nosotros, como cristianos que usamos este argumento, responder a un ataque como este? En el mismo artículo Richard rechaza este argumento acerca de las constantes,

en el siglo 19 había de unas veinte a cuarenta ‘constantes físicas’, ahora existen solamente alrededor de seis. Todas las otras, sobre el siglo de intervalo, han demostrado ser causalmente determinadas por factores más fundamentales. Por ejemplo, el punto de ebullición del agua fue una vez considerado una constante física, pero ahora se sabe que es el resultado de las leyes de la mecánica cuántica y por lo tanto no pudo ser más diferente de lo que es sin también cambiar las leyes de la mecánica cuántica. Dado que la tendencia ha ido constantemente en esa dirección, es algo racional predecir que todas las constantes terminarán siendo explicadas de esa manera. Por ejemplo, ya que la constante de Planck define la unidad más pequeña posible del espacio y tiempo, podría ser el caso de que la velocidad de la luz esté inexorablemente ligada a la constante de Planck, de modo que una no puede ser cambiada sin alterar la otra.

¿Es posible de que todas las constantes sean explicadas por alguna teoría científica? Además, ¿cómo respondería usted a esta objeción al teísmo cristiano a través de la idea de múltiples universos?

Una vez más a diferencia del teísmo, la teoría de “universos múltiples” tiene otro mérito inherente que Hannam no considera: sabemos que existe un universo y el mismo Hannam está de acuerdo que diferentes universos, en principio, son posibles, por lo que tenemos una explicación lista de lo que es desconocido, al recurrir a una entidad conocida—de que existen universos. Por el contrario, el teísta trata de explicar lo mismo desconocido, recurriendo a una entidad completamente desconocida, es decir, a una entidad que nunca ha sido científicamente observada y que bien ni siquiera podría existir. ¿Cómo es que tiene más sentido recurrir a una entidad tan extraña y que no ha sido observada cuando podemos explicar las mismas cosas, apelando a una entidad que todos están de acuerdo que existe? Dado que existe un universo y que otros universos son posibles, ¿no es plausible que existan otros universos? Ciertamente, no podemos saber que existan. Pero no podemos saber que no y por lo tanto hacer cualquier argumento a favor de Dios que suponga que no, es un argumento extraído de la ignorancia. Una vez más, el agnosticismo es el único resultado justificado de esta línea de razonamiento.

¿El mero hecho de que nuestro universo existe hace que la hipótesis de múltiples universos sea más creíble que la hipótesis de Dios sólo porque en la palabra de Richard: “Dios es una entidad desconocida que no pueden ser observada científicamente?”

Como una persona que utiliza muchísimo el argumento del ajuste fino, sería de gran ayuda para mí, y así como para otros cristianos, tener respuestas a estas posibles objeciones cuando testificamos en nuestra vida personal.

¡Que Dios le bendiga Dr. Craig!

Christopher

Respuesta: 

El Argumento del Ajusto Fino

Chris, a pesar de que no estoy familiarizado con el intercambio que hubo entre Carrier y Hannam que usted cita, permítame hacer algunos comentarios sobre las cuestiones que se plantean en su pregunta sobre el argumento del ajuste fino.

De que el universo está finamente ajustado para la existencia de vida inteligente es un hecho que está (muy) sólidamente establecido y no debería ser un tema de controversia. Por “ajuste fino” no queremos decir “diseñado,” sino simplemente que las constantes y las cantidades fundamentales de la naturaleza caen en un rango exquisitamente estrecho de valores que hacen que nuestro universo permita vida. Si esas constantes y cantidades fuesen alteradas hasta por una hebra de cabello, el delicado equilibrio sería alterado y no podría existir vida.

Carrier está equivocado cuando afirma que sólo hay alrededor de seis constantes físicas en la física contemporánea. Por el contrario, el modelo estándar de la física de partículas involucra más o menos a un par de docenas. La cifra de seis se pueden derivar del libro de Sir Martin Rees titulado Just Six Numbers (Sólo Seis Números) (Nueva York: Basic Books, 2000), el que centra la atención en seis de estas constantes que deben estar finamente ajustadas para nuestra existencia. Pero esto es sólo una selección de las constantes que hay y constantes nuevas que eran desconocidas en el siglo 19, como la llamada “constante cosmológica” que debe ser finamente ajustada a una parte en 10120 para que pueda existir vida, están siendo descubiertas a medida que avanza la física.

Además de esas constantes, también están las cantidades arbitrarias que sirven como condiciones de contorno o fronterizas en las que operan las leyes de la naturaleza, tales como el nivel de entropía en el universo temprano, que también están finamente ajustado para la vida. Si pudiéramos hablar de un patrón, sería que el ajuste fino es como una elevación persistente en la alfombra que simplemente no se quita: cuando se suprime en un lugar, aparece en otro. Además, aunque algunas de las constantes pueden estar relacionadas de manera que un cambio en el valor de una alteraría el valor de otra. Otras de las constantes, por no mencionar las condiciones de contorno, no son interdependientes en esta manera. En cualquier caso, no hay ninguna razón para sospechar de manera tan feliz que es una coincidencia de que esos cambios se compensaren el uno a otro de una manera exacta para que en el período subsiguiente a dicha alteración, la vida aún pudiera existir. Parece que el argumento del ajuste fino está aquí para quedarse.

El argumento del ajuste fino–¿Cómo podemos explicar el equilibrio delicado del cosmos?

Sólo hay tres maneras de explicar este extraordinario ajuste fino del cosmos para la vida inteligente: la necesidad física, el azar, o el diseño. El debate contemporáneo es sobre cuál de estas opciones es la mejor explicación del observado ajuste fino. Carrier parece preferir cualquiera de las alternativas para la conclusión del diseño del argumento del ajuste fino.

La necesidad física es la hipótesis de que las constantes y las cantidades tenían que tener los valores que tienen para que el universo sea de una necesidad física que permita vida. Ahora bien, a primera vista esta alternativa es extraordinariamente improbable. Ella requiere que creamos que es físicamente imposible que exista un universo que prohíba la vida. Pero, ciertamente sí parece ser algo posible. Si la materia y la antimateria primordial hubieran sido proporcionadas de manera diferente, si el universo se hubiese expandido un poco más despacio, si la entropía del universo fuese marginalmente más grande, cualquiera de estos ajustes y más hubiese impedido la existencia de un universo que permitiera vida. Sin embargo, todo parece ser perfectamente posible en lo físico. La persona que sostiene que el universo tiene que ser uno que permita vida está tomando una línea radical que requiere una prueba fuerte. Pero no hay ninguna, esta alternativa es simplemente presentada como una mera posibilidad.

El argumento del Ajuste Fino—La Teoría del Todo no explica el ajuste fino

A veces, los físicos hablan de una teoría que aún se está por descubrir llamada la Teoría del Todo (TDT), pero esa nomenclatura, al igual que muchos de los nombres preciosos que se les dan a las teorías científicas, es muy engañosa. Una TDT en realidad tiene el objetivo limitado de proporcionar una teoría unificada de las cuatro fuerzas fundamentales de la naturaleza, para reducir la gravedad, el electromagnetismo, la fuerza fuerte y la fuerza débil a una fuerza fundamental llevada por una partícula fundamental. Dicha teoría, esperamos, va a explicar el por qué estas cuatro fuerzas toman los valores que toman, pero ni siquiera trata de explicar literalmente todo.

Por ejemplo, en el candidato más prometedor para una Teoría del Todo que existe hasta ahora, la teoría de supercuerdas o la teoría-M, el universo físico debe ser de 11 dimensiones, pero el por qué el universo debe poseer sólo ese número de dimensiones no se aborda en la teoría. Por otra parte, la Teoría M no puede predecir de forma única los valores de las constantes de la naturaleza. Resulta que la teoría de cuerdas permite un “paisaje cósmico” de alrededor de 10500 universos diferentes, regidos por las leyes actuales de la naturaleza, pero con diferentes valores de las constantes físicas. Además, a pesar de que puede haber un gran número de universos posibles que yacen dentro de la región que permite vida del paisaje cósmico, sin embargo, esa región que permite vida será insondablemente pequeña en comparación con el paisaje completo. De modo que la existencia de un universo que permita vida es fantásticamente improbable. ¡De hecho, dado el número de constantes que requiere el ajuste fino, está lejos de estar claro que 10500 universos posibles sean suficientes para garantizar que incluso un mundo que permite vida aparecerá por casualidad en el paisaje!

Todo esto se ha dicho con respecto únicamente a las constantes, todavía no hay nada que explique las cantidades arbitrarias puestas como condiciones de contorno. La condición de entropía extraordinariamente baja del universo temprano sería un buen ejemplo de una cantidad arbitraria que parece que acababa de ser puesta como una condición inicial en el momento de la creación. No hay ninguna razón para pensar que mostrar todas las constantes y las cantidades como físicamente necesarias es algo más que una quimera.

Argumento de ajuste fino – La hipótesis de los múltiples universos busca reducir las probabilidades

¿Qué podemos decir de la alternativa de la casualidad? Esta es la hipótesis de “universos múltiples” que menciona Carrier. La hipótesis de universos múltiples es esencialmente un esfuerzo por parte de los partidarios de la casualidad para multiplicar sus recursos de probabilidad con el fin de reducir la improbabilidad de la ocurrencia del ajuste fino. (Entre más vueltas se le dé a la ruleta, mayor será la posibilidad de que quede en su número). El hecho mismo de que de otra manera los científicos sobrios deben recurrir a esa notable hipótesis es una especie de complemento de doble intención para la hipótesis de diseño. Esto demuestra que el ajuste fino clama para que se le dé una explicación. Pero ¿es la hipótesis de universos múltiples tan plausible como la hipótesis de diseño?

No estoy impresionado de la nada por la apelación de Carrier a la familiaridad como un argumento para preferir la hipótesis de universos múltiples, ya que no tenemos ninguna experiencia de otros universos– la hipótesis de universos múltiples es un asunto audaz en la cosmología metafísica. Nuestra familiaridad con nuestro universo no hace nada para garantizar la apelación a otros universos como entidades familiares—al menos no más que la hipótesis del diseño. Porque igualmente mientras no estamos familiarizados con los diseñadores de los universos, sin duda estamos familiarizados con las mentes y los productos del diseño inteligente, de modo que la apelación a un diseñador como la mejor explicación del ajuste fino es una apelación a una entidad explicativa familiar. ¡De hecho, los teístas han sido a veces acusados de antropomorfismo en este sentido!

Además, como no tenemos evidencia de la existencia de universos múltiples, tenemos razones independientes para creer en la existencia de un diseñador ultramundano del universo, es decir, los otros argumentos a favor de la existencia de Dios que he defendido en otra parte.

Argumento del ajuste fino – Las hipótesis de universos múltiples y una objeción letal

Por último, Carrier está equivocado cuando opina que no podemos saber que los universos múltiples no existen y por lo tanto, el agnosticismo es la única conclusión justificada. (¡Es interesante comparar esta conclusión con la frecuente afirmación atea de que en la ausencia de evidencia de Dios, debemos concluir que Dios no existe! ¿Ve usted la inconsistencia?) Él no está consciente o desconoce las objeciones potencialmente letales que existen para la hipótesis de los universos múltiples que han sido presentadas por físicos como Roger Penrose de la Universidad de Oxford en el libro The Road to Reality (El Camino a la Realidad) [New York: Alfred A. Knopf, 2005], en las página 762-5. En pocas palabras, si nuestro universo es sólo uno de los miembros de un conjunto infinito de mundos compuestos por varios universos al azar, entonces es abrumadoramente más probable de que deberíamos estar observando un universo muy diferente a ese que de hecho estamos observando.

Penrose calcula que las probabilidades de la condición de baja entropía de nuestro universo que se obtiene por pura casualidad están en el orden de 1:1010 (123), un número inconcebible. Las probabilidades de que nuestro sistema solar esté siendo formado de manera instantánea por colisiones al azar de partículas es, por otro lado, sobre 1:1010 (60), un gran número, pero inconcebiblemente menor que 1010 (123). ¡Penrose le llama “alimento para pollos” en comparación! Así que si nuestro universo fuese simplemente un miembro de una colección de mundos ordenados aleatoriamente, entonces es mucho más probable que deberíamos estar observando un universo mucho más pequeño. Los universos observables como ese son mucho más abundantes en el conjunto de universos que en los mundos como el nuestro y, por tanto, deben ser observados por nosotros si el universo no fuese más que un miembro al azar de un conjunto de mundos.

O también, si nuestro universo no es más que un miembro al azar de un conjunto de mundos, entonces deberíamos estar observando los acontecimientos altamente extraordinarios, como caballos que entran y salen a la existencia por colisiones al azar, o máquinas de movimiento perpetuo, ya que estos acontecimientos son mucho más probables que todas las constantes y cantidades de la naturaleza que caen por casualidad en el rango virtualmente infinitesimal que permite vida. Dado que no tenemos esas observaciones, este hecho no confirma fuertemente la hipótesis de universos múltiples. Penrose concluye que las explicaciones de la hipótesis de múltiples universos son tan “impotentes” que está realmente “erróneo” el recurrir a ellas para explicar las características especiales del universo.

Dado que la alternativa de la casualidad se mantiene o se cae con la hipótesis de universos múltiples, esa alternativa se considera ser muy improbable. Por lo tanto, parece que el ajuste fino del universo plausiblemente no se debe ni a la necesidad física ni a la casualidad (el azar), se deduce que el ajuste fino, por lo tanto, se debe al diseño, a menos que la hipótesis del diseño se pueda demostrar ser aún más improbable que sus competidores. Sobre esa cuestión, véase mi crítica a la objeción de Dawkins a la inferencia de diseño en el Question Archive (Archivo de Preguntas)

William Lane Craig

Este articulo fue tomado de:  http://www.reasonablefaith.org/spanish


Hawking y Mlodinow: Emprendedores Filosóficos

Hawking y Mlodinow: Emprendedores Filosóficos

Por: William Lane Craig

Hola Doctor Craig,

¿Podría dar respuesta a lo siguiente, extraído del libro de Stephen Hawking y que cito como sigue: “Porque existe una ley como la gravedad, el universo puede crearse (y se creará) a sí mismo de la nada. La creación espontánea es la razón por la que algo exista en lugar de nada, de que exista el universo, de que existamos nosotros,” y “no es necesario invocar a Dios para que encienda la antorcha azul de papel y comience el universo.”

Si existe dicha revolución en la filosofía teísta, tales como los argumentos sobre el origen del universo, como usted sostiene, ¿Cómo pueden los físicos hacer estas declaraciones? ¿No muestra esto que los argumentos teístas no tienen mucho peso en el paradigma actual de la física?

Gracias,

Matthew

Australia

Respuesta: Tu pregunta es una de las muchas que hemos recibido recientemente sobre el nuevo libro de Stephen Hawking y Leonard Mlodinow, El Gran Diseño. En la Pregunta de la Semana # 180, me dirigí a las implicaciones de sus teorías para el argumento cosmológico kalam y el argumento del ajuste fino a favor de un Creador y Diseñador del Universo. Aquí, quiero utilizar tu pregunta, Matthew, “Si hay tal revolución en la filosofía teísta, tales como argumentos sobre el origen del universo, como usted sostiene, ¿Cómo pueden los físicos hacer estas declaraciones?” como un trampolín para abordar un asunto esencial planteado en el libro.

Hawking y Mlodinow comienzan El Gran Diseño con una serie de preguntas filosóficas profundas:¿Cuál es la naturaleza de la realidad? ¿De dónde viene todo esto? ¿Necesita el universo de un creador? Luego, dicen esto:

Tradicionalmente, estas han sido cuestiones filosóficas, pero la filosofía está muerta. La filosofía no se ha mantenido al corriente de los desarrollos modernos de la ciencia, en particular de la física. Los científicos se han convertido en los portadores de la antorcha del descubrimiento en nuestra búsqueda del conocimiento (Pág. 5).

El filósofo profesional sólo puede mirar con frustración ante el descaro y la condescendencia de esta declaración. Dos científicos que tienen, según todas las apariencias, poca familiaridad con la filosofía, se sienten preparados para pronunciar muerta a toda una disciplina e insultar a sus propios colegas de la facultad de filosofía en la Universidad Tecnológica de California (Cal Tech) y en la Universidad de Cambridge, los cuales, como Michael Redhead y D.H. Mellor, son eminentes filósofos de ciencia, simplemente por supuestamente no haber podido mantener el paso con los avances de la ciencia. No pude evitar preguntarme ¿qué evidencia tienen nuestros intrépidos autores de la erudición rezagada del Señor Redhead? ¿Cuáles obras recientes en la filosofía han leído que constituyen la base de su veredicto? ¡Ahí, que no lo dicen!

El filósofo profesional considerará su veredicto, no sólo como meramente condescendiente sino como también escandalosamente ingenuo. El hombre que declara no tener necesidad de la filosofía es el más apto para ser engañado por ella. Por lo tanto, uno podría anticipar que la exposición subsecuente de Mlodinow y Hawking sobre sus teorías favorecidas serán respaldadas por una serie de presuposiciones filosóficas no examinadas. De hecho esta expectativa se ve confirmada. Al igual que sus afirmaciones sobre el origen del universo de la “nada” o sobre la Hipótesis de Muchos Mundos para explicar el ajuste fino, sus afirmaciones sobre las leyes de la naturaleza, la posibilidad de los milagros, el determinismo científico y la ilusión del libro albedrío, son afirmadas con la más mínima justificación y el menor entendimiento de los asuntos filosóficos involucrados.

Tomemos, por ejemplo, sus reflexiones sobre las leyes de la naturaleza (pp. 27-34). Después de admitir la dificultad filosófica en definir lo que es una ley de la naturaleza, ellos proceden a hacer tres preguntas sobre las leyes naturales: (i) ¿Cuál es el origen de dichas leyes? (ii) ¿Hay algunas excepciones a estas leyes, por ejemplo, los milagros? (iii) ¿Hay un solo conjunto posible de leyes?

En cuanto a (i), ellos observan que la respuesta tradicional es que Dios estableció las leyes de la naturaleza. Sin embargo, Hawking y Mlodinow se quejan de que al menos que se invista a Dios con ciertos atributos, esta respuesta no llega a ser más que definir a Dios como la personificación de las leyes de la naturaleza. Yo encuentro esta queja desconcertante. Dado que los teístas clásicos que tienen en mente (incluyendo a Descartes, de quien ellos tergiversan sus visiones) pensaban que Dios dispuso libremente las leyes de la naturaleza. Dios no podía ser meramente la personificación de esas leyes, ya que Dios podría haber establecido leyes muy diferentes. Lo que Mlodinow y Hawking describen es la visión de Spinoza, un panteísta que consideraba que “Dios” y la “naturaleza” eran sinónimos. Por supuesto, los teístas clásicos consideran que Dios es un ser con ciertos atributos que Le distingue de la naturaleza. Eso está simplemente implicado en la respuesta de que Dios estableció las leyes.

Hawking y Mlodinow parecen estar listos para reconocer la coherencia de esta respuesta, pero creen que el “embate real” llega entonces con la segunda pregunta (ii): ¿Existen los milagros? Hawking y Mlodinow aparentemente piensan que si responden a (ii) de forma negativa, pone en duda la respuesta teísta a (i). De ser así, esta afirmación es desconcertante. Supongamos que alguien es un Deísta que cree que Dios, habiendo establecido todo el mecanismo del universo, decide no intervenir en él. En ese caso, no hay “embate” alguno en responder a la pregunta primera (i) cuando se responde “Dios” y “no” a la segunda (ii).

En cualquier caso, ¿Por qué contestar negativamente a la pregunta (ii)? Increíblemente, Hawking y Mlodinow piensan que la ciencia lo requiere de esa manera:

El determinismo científico que Laplace formuló es la respuesta de los científicos modernos a la segunda pregunta. De hecho, es la base de toda la ciencia moderna, y un principio que desempeña un papel importante a lo largo de todo este libro. Una ley científica no es tal si sólo se cumple cuando algún ser sobrenatural decide no intervenir (p. 30).

Este argumento es de múltiples confusiones. Primero, es falso que el determinismo de Laplace sea la base de la ciencia moderna. Sin contar las hordas de científicos teístas que afirman la realidad de los milagros, hay montones de científicos, incluyendo los mismos Hawking y Mlodinow (Pág.72), que consideran la característica del indeterminismo de la física cuántica como óptica y no meramente epistemológica. Si la naturaleza misma es indeterminista, entonces, el determinismo de Laplace (un Newtoniano) no se sostiene. Incluso un conjunto completo de leyes naturales no sería suficiente para determinar el futuro. Es fácil imaginar todo tipo de formas en que la indeterminación en el nivel cuántico puede ser amplificada y puede emitir cambios macroscópicos en el mundo. (Recuerdo la ilustración divertida de un estudiante de posgrado que se demoraba en salir del laboratorio mientras esperaba la desintegración de un isótopo radiactivo y que como consecuencia el retraso él conoce a una chica en el pasillo, de quien se enamora y luego terminan casándose). Es desconcertante que Hawking y Mlodinow hacen caso omiso a la contradicción entre su afirmación del Determinismo de Laplace y la indeterminación cuántica.

En segundo lugar, Hawking y Mlodinow confunden el determinismo con el naturalismo. La indeterminación cuántica es la prueba positiva de que la ciencia moderna no se basa en el determinismo. Su argumento en contra de la intervención de un ser sobrenatural es un argumento a favor del naturalismo, no del determinismo. La indeterminación cuántica es aceptable porque es naturalista, mientras que los milagros suponen un agente sobrenatural. Pero entonces su afirmación de que las leyes científicas no serían leyes si se sostuvieran sólo cuando un ser sobrenatural decide de no intervenir es claramente falsa. Las leyes de la naturaleza describen el comportamiento de los sistemas físicos en ausencia de cualquier intervención sobrenatural. En el caso de que un agente sobrenatural interviniera, las predicciones basadas en las leyes no se sostendrían precisamente debido a que factores no-naturales, no previstos por las leyes, habrían entrado en escena. Las leyes, por lo tanto, tienen condiciones implícitas ceteris paribus: que describen el comportamiento de los sistemas dados que ningún agente sobrenatural intervenga. Si tal ser interviene, la ley natural no queda suprimida ya que describe el comportamiento del sistema sólo bajo la presunción de que tal ser no intervenga.

Talvez lo que realmente Hawking y Mlodinow quieren decir es que la ciencia debe presuponer el naturalismo para poder ser una empresa viable. Pero en ese caso, han fallado en distinguir el naturalismo metodológico de naturalismo metafísico. Su argumento mostraría, en el mejor de los casos, que la ciencia está metodológicamente comprometida a considerar sólo aquellas hipótesis que postulan las causas naturales, pero eso no aportaría nada para justificar una respuesta negativa a (ii), de que no existen los milagros. Aún la pregunta del compromiso al naturalismo metodológico de la ciencia no es en sí misma una cuestión científica sino una cuestión filosófica sobre la naturaleza de la ciencia.

Hawking y Mlodinow se sumergen en aguas filosóficas aún más profundas cuando proceden a argumentar que, debido a que la gente vive en el universo e interactúa con otros objetos en él, “el determinismo científico debe cumplirse también para las personas ” (Pág. 30). Por lo tanto, “no somos más que máquinas biológicas y. . . que ellibre albedrío es sólo una ilusión”(Pág. 32). Este es un pensamiento muy débil. No veo razón alguna para pensar que un ser dotado de libertad de voluntad no pueda existir espacio-temporal, y afectar otros objetos y ser también ser afectado por ellos. Así que ¿Cuál es el argumento en contra de tal cosa? Hawking y Mlodinow preguntan: “Si lo tenemos [el libre albedrío], ¿en que punto del árbol de la evolución se desarrolló?” Si ésto se supone que sea un argumento, hay al menos dos errores en él. En primer lugar, el hecho de que yo tenga libre albedrío no depende de que yo sea capaz de especificar en qué parte del proceso evolutivo pudieron los organismos adquirirlo por vez primera. En segundo lugar, el libre albedrío se supone que surgió tan pronto como el cerebro humano evolucionó lo suficiente para sustentar la auto-consciencia, la reflexión racional. Así que, ¿Cuál es el problema?

Mlodinow y Hawking también argumentan que el libre albedrío es una ilusión, porque los neurocirujanos pueden estimular el cerebro de una persona de tal manera que pueden crear el deseo de mover sus extremidades o sus labios. La falacia aquí es pensar que porque uno puede intervenir para producir determinadamente un efecto, ya por ello el efecto ocurre de manera determinista en ausencia de tal intervención. Sólo porque un neurocirujano pueda estimular mi cerebro para que me dé el deseo de mover un brazo, obviamente, eso no implica que en otras ocasiones yo no mueva, o no pueda mover mi brazo de manera libre.

Esos son los únicos argumentos a favor del determinismo que presentan Mlodinow y Hawking y no consideran ninguno de los argumentos contra el determinismo. Me pregunto, por ejemplo, por qué piensan que todo lo que han dicho en su libro es verdadero, ya que en su visión, estaban determinados para escribirlo. Todo lo que dicen es el producto de causas físicas ciegas, como el agua corriendo por una tubería o un árbol al que le crece una rama. ¿Qué confianza pueden ellos tener de que todo lo que han dicho es verdadero, incluyendo su afirmación de que el determinismo es verdadero?

Mlodinow y Hawking se reservan la discusión sobre la pregunta (iii) sobre el carácter único de las leyes de la naturaleza hasta que tratan con el argumento del diseño proveniente del ajuste fino del universo para vida inteligente. Dado que ya abordé sobre este tema en mi discusión de (iii) la semana pasada, me voy a abstener de repetirme aquí de nuevo. Pero confío en que queda claro, como era de esperarse, que Mlodinow y Hawking están hasta el cuello con preguntas filosóficas.

¡Lo que no se podría esperar era que, después de pronunciar la muerte de la filosofía, Hawking y Mlodinow mismos se involucraran en una discusión filosófica sobre el realismo científico versus el anti-realismo! El primer tercio de su libro no es, en lo absoluto, sobre las teorías científicas actuales sino que es una disquisición sobre la historia y la filosofía de la ciencia. Encontré que esta sección fue la más interesante y alucinante de todo el libro.

Permíteme explicar. Después de haber apartado un lunes por la tarde para leer el libro de Hawking y Mlodinow, pasé la mañana tratando con un artículo académico de nombre: Blackwell’s Contemporary Debates in Metaphysics (Debates Contemporáneos en Metafísica de Blackwell) que presenta una visión filosófica conocida como el pluralismo ontológico.El pluralismo ontológico es una visión en una sub-disciplina de la filosofía, cuyo nombre suena como un tartamudeo: meta-metafísica, o, como se le llama a veces, meta-ontología. Como más, esta es la filosofía etérea. La ontología es el estudio de ser o de lo que existe, la naturaleza de la realidad. La meta-ontología es un escalón más alto: esta requiere si las disputas ontológicas son significativas y la mejor manera para resolverlas.

El pluralismo ontológico sostiene que realmente no hay respuesta correcta a las muchas preguntas ontológicas (por ejemplo, “¿Existen los objetos compuestos?”). Según el pluralista ontológico, sólo hay diferentes maneras de describir la realidad y ninguna de ellas es más correcta o precisa que la otra. Literalmente, no hay ningún hecho en lo absoluto en la respuesta de estas preguntas. De modo que si tú preguntaras, “¿Existe tal cosa como la Luna?”, el pluralista ontológico diría que la pregunta no tiene respuesta objetiva. No es verdadero que la Luna existe y no es verdadero que la Luna no existe. Simplemente, no hay un hecho en lo absoluto de que exista tal cosa como la Luna. El pluralismo ontológico es, pues, una visión radical la cual es defendida solamente por un puñito de filósofos.

¡Por tanto, te puedes maginar mi asombro total al encontrar a Hawking y Mlodinow apoyando el pluralismo ontológico (sin estar consciente de su nombre) como su filosofía de la ciencia! Ellos llaman a su visión, “realismo dependiente del modelo.” Su visión es aún más radical que el pluralismo ontológico, ya que Hawking y Mlodinow lo arraigan no sólo para las disputas ontológicas de alto nivel, sino para todo nuestro entendimiento del mundo. Ellos explican,

. . . nuestros cerebros interpretan las informaciones de nuestros órganos sensoriales construyendo un modelo del mundo exterior. Cuando el modelo explica satisfactoriamente los acontecimientos, tendemos a atribuirle, a él, a los elementos y conceptos que lo integran, la calidad de realidad o verdad absoluta. Pero podría haber otras maneras de construir un modelo de la misma situación física, empleando en cada una de ellas conceptos y elementos fundamentales diferentes. Si dos de esas teorías físicas o modelos predicen con exactitud los mismos acontecimientos, no podemos decir que una sea más real que el otro, y somos libres para utilizar el modelo que nos resulte más conveniente (Pág. 7).

En esta visión, un modelo parece ser, (por lo menos en parte) una manera inconsciente de organizar las percepciones sensoriales las cuales puede ser redefinidas por una teoría científica. Nunca llegamos a conocer la forma en que el mundo es. Todo lo que logramos son formas más o menos convenientes de organizar nuestras percepciones. Dicho escepticismo sería suficientemente malo, pero la situación es aún peor. Ya que estos diferentes modelos no son, aún desconocido para nosotros, más o menos aproximaciones precisas de la realidad. Al contrario, no hay una realidad objetiva a la cual nuestros modelos más o menos corresponden con exactitud. ¡Esto es el pluralismo ontológico desarrollado!

De manera que Mlodinow y Hawking son antirrealistas extremos. Ahora bien, ellos tratan de distinguir su visión del antirrealismo científico, al definir este último como la opinión que “observaciones y experimentos tienen sentido pero que las teorías no son más que instrumentos útiles, que no encarnan verdades más profundas que transciendan los fenómenos observados” (Pág. 44). Sin embargo, lo que Hawking y Mlodinow están describiendo aquí no es antirrealismo científico sino el positivismo, una filosofía de la ciencia que era popular en la década de 1930 y 1940. Debido a su distinción artificial entre las declaraciones de la observación y las declaraciones teóricas, el positivismo probó en parte ser insostenible. Pero el anti-realismo no depende del positivismo. Hawking y Mlodinow son más anti-realistas que los positivistas, ya que no sólo niegan que las declaraciones teóricas expresan verdades objetivas sobre el mundo sino que ellos también niegan las declaraciones de la observación, dado que aún la observación es incluso dependiente del modelo. Otra vez, lo que ellos están negando no sólo es el conocimiento de la manera en que el mundo es sino que hasta hay un mundo objetivo para conocer.

¿Qué cuan serio están ellos con su antirrealismo? Esto es evidente al mirar sus ejemplos. Si los pececillos que miran el mundo a través de una pecera con las paredes curvas pueden formular un modelo o teoría que le permite hacer predicciones exitosas, entonces, “deberíamos admitir que tienen una imagen válida de la realidad” (Pág. 39). El modelo geocéntrico del mundo de Ptolomeo era tan adecuado como el modelo heliocéntrico de Copérnico. “Así pues, ¿qué sistema se ajusta más a la realidad, el ptolemaico o el copernicano? Aunque es bastante habitual que se diga que Copérnico demostró que Ptolomeo estaba equivocado, eso no es verdad “(Pág. 41). El punto no es que la evidencia de Copérnico era insuficiente sino que ninguna de las teorías es objetivamente verdadera. Al contrastar la teoría del creacionismo de la tierra joven y la teoría del Big Bang, Hawking y Mlodinow afirman que mientras que la teoría del Big Bang sea “más útil”, sin embargo, “no podemos afirmar que ninguno de los modelos es más real que el otro” (Pág. 51).

Uno no puede dejar de preguntarse qué clase de argumento justificaría la adopción de un pluralismo ontológico tan radical. Todo lo que Mlodinow y Hawking tienen que ofrecer es el hecho de que si por ejemplo fuésemos, por decir, habitantes de una realidad virtual controlada por seres extraterrestres, entonces no habría ningún modo para nosotros decirque estábamos en un mundo simulado y de modo que no habría razón para dudar de su realidad (Pág. 42). El problema con este tipo de argumento es que no excluye la posibilidad que tengamos, en tal caso, dos teorías compitiendo sobre el mundo, una de los extraterrestres y la nuestra. Y una de las teorías es verdadera y la otra falsa, aún si no podamos decir cuál es cuál.

Además, el hecho de que nuestras observaciones son dependientes del modelo o cargados por teoría, no implica que no podamos tener conocimiento de la manera que el mundo es (mucho menos que no haya manera de que el mundo exista). Por ejemplo, un laico que entra en un laboratorio científico podría ver que hay una pieza de maquinaria en la mesa, pero no vería que hay un interferómetro en la mesa ya que carece de los conocimientos teóricos para reconocerlo como tal. Un cavernícola al entrar en el laboratorio ni siquiera miraría que hay una pieza de maquinaria en la mesa ya que le falta el concepto de máquina. Pero eso no hace nada para socavar la verdad objetiva de la observación del técnico de laboratorio de que hay un interferómetro sobre la mesa.

Mlodinow y Hawking, no contentos con el pluralismo ontológico, realmente salen de lo mas profundo cuando afirman: “No hay comprobación de realidad independiente del modelo. Se sigue que un modelo bien construido crea su propia realidad” (p. 172). Esta es una afirmación de la relatividad ontológica, la visión de que la realidad misma es diferente para las personas que tienen diferentes modelos. Si eres Fred Hoyle, el universo realmente ha existido eternamente en un estado estacionario. Pero si eres Stephen Hawking, el universo en realidad comenzó con un Big Bang. Si eres el médico antiguo Galeno, la sangre realmente no circula por el cuerpo humano, pero si eres William Harvey, sí lo hace. Tal visión parece una locura y sólo se hace más locura por la afirmación de Mlodinow y Hawking de que el modelo en sí mismo es responsable de crear su realidad respectiva. Apenas se necesita mencionar de que tal conclusión no se deduce de que no haya un examen del modelo independiente para medir o saber la manera que el mundo es.

Cualquiera que fuera el veredicto que demos sobre sus argumentos, el punto es que, a pesar de sus presuposiciones de hablar como portadores de la antorcha científica de los conocimientos, lo que Hawking y Mlodinow están haciendo es involucrándose en filosofía. Las conclusiones más importantes trazadas en su libro son filosóficas y no científicas. ¿Por qué, entonces, pronuncian muerta a la filosofía y demandan que son los científicos los que llevan la antorcha del descubrimiento? Simplemente porque eso les permite encubrir su filosofar de aficionados (amateur) con el manto de la autoridad científica y de ese modo eludir la difícil tarea de argumentar a favor de, en vez de meramente afirmar, sus visiones filosóficas,.

La respuesta a tu pregunta, Matthew, fue dada hace mucho tiempo por Albert Einstein, cuando dijo, “El hombre de ciencia es un pobre filósofo.” El libro de Hawking y Mlodinow atestigua de la sagacidad de Einstein.

Este articulo fue tomado de: http://www.reasonablefaith.org/spanish


Dios aún no ha Muerto

Dios aún no ha Muerto

Por: William Lane Craig

“God Is Not Dead Yet.” Christianity Today. Julio, 2008, pp. 22-27. Traducido por Joel Naranjo

Se podría pensar de la reciente avalancha de best-sellers ateos que la creencia en Dios es intelectualmente indefendible en la actualidad para las personas racionales. Pero una mirada a los libros por Richard Dawkins, Sam Harris, y Christopher Hitchens, entre otros, revela rápidamente que el llamado Nuevo Ateísmo carece de músculo intelectual. Es felizmente ignorante de la revolución que ha tenido lugar en la filosofía angloamericana. Refleja el cientificismo de una generación pasada en lugar de la escena intelectual contemporánea.

El clímax cultural de aquella generación llegó el 8 de abril de 1966, cuando la revista Time publicó una historia principal cuya cubierta era completamente negra salvo tres palabras blasonadas en brillantes letras rojas: “¿Ha muerto Dios?”. La historia describía el movimiento de la “Muerte de Dios”, de moda en la teología norteamericana.

Pero para parafrasear a Mark Twain, las noticias del fallecimiento de Dios fueron prematuras. Puesto que, al mismo tiempo que los teólogos escribían el obituario de Dios, una nueva generación de jóvenes filósofos estaba redescubriendo su vitalidad.

Allá por los años cuarenta, muchos filósofos creían que el lenguage acerca Dios, dado que no es verificable por los cinco sentidos, carece de significado: es un verdadero sinsentido. Este verificacionismo finalmente colapsó, en parte, porque los filósofos comprendieron ¡que el verificacionismo mismo no puede ser verificado! El colapso del verificacionismo fue el evento filosófico más importante del siglo 20. Su caída implicó que los filósofos fueron una vez más libres de hacer frente a los problemas tradicionales de la filosofía que el verificacionismo había suprimido. Junto a este resurgimiento del interés en las preguntas filosóficas tradicionales vino algo totalmente inesperado: un renacimiento de la Filosofía Cristiana.

El punto de inflexión llegó, probablemente, en 1967, con la publicación de “Dios y Otras Mentes: Un Estudio de la Justificación Racional de Creencia en Dios” de Alvin Plantinga. Los pasos de Plantinga han sido seguidos por una multitud de filósofos cristianos, los cuales escriben en revistas académicas, participan en conferencias profesionales y publican con las mejores editoriales académicas. Como resultado, el rostro de la filosofía angloamericana se ha visto transformado. El ateísmo, si bien quizás todavía el punto de vista dominante en las universidades norteamericanas, es una filosofía en retirada.

En un reciente artículo, el filósofo de la Universidad de Western Michigan, Quentin Smith, lamenta lo que él llama “la desecularización de la academia que se ha desarrollado en los departamentos de filosofía desde finales de los años ’60”. Reclama de la pasividad de los naturalistas ante la ola de “teístas inteligentes y talentosos que han entrado en el mundo académico en la actualidad.” Smith concluye, “Dios no esta ‘muerto’ en la academia; volvió a la vida a fines de los 60s y está ahora vivo y bien en su última fortaleza académica, los departamentos de filosofía”.

El renacimiento de filosofía cristiana se ha visto acompañado por un resurgimiento del interés en la teología natural, aquella rama de la teología que busca demostrar la existencia de Dios aparte de la revelación divina. La meta de la teología natural es justificar una cosmovisión teísta en un sentido amplio, una que pueda ser común a cristianos, judíos, musulmanes, y deístas. Aún cuando pocos los llamarían pruebas concluyentes, todos los argumentos tradicionales para la existencia de Dios, por no mencionar otros argumentos nuevos y creativos, hallan en la actualidad defensores bien articulados.

Los Argumentos

Primero, démosle una rápida mirada a algunos de los argumentos actuales de teología natural. Los veremos de manera condensada. Esto tiene la ventaja de hacer la lógica de los argumentos muy clara. El esqueleto de los argumentos puede ser entonces rellenado de carne con una discusión más extensa. Una segunda pregunta crucial, ¿De que sirve un argumento racional en nuestra época supuestamente postmoderna?, será tratada en la próxima sección.

El Argumento Cosmológico. Versiones de este argumento son defendidas por Alexander Pruss, Timothy O’Connor, Stephen Davis, Robert Koons y Richard Swinburne, entre otros. Una formulación simple de este argumento es:

1. todo lo que existe tiene una explicación de para su existencia, sea en la necesidad de su propia naturaleza o en una causa externa.

2. si el universo tiene una explicación para su existencia, dicha explicación es Dios.

3. el universo existe.

4. por consiguiente, la explicación para la existencia del universo es Dios.

Este argumento es lógicamente válido, de modo que la única pregunta es acerca de la verdad de sus premisas. La premisa (3) es innegable para cualquier buscador sincero de la verdad, de modo que el problema se reduce a (1) y (2).

La premisa (1) parece bastante plausible. Imagine que va caminando por un bosque y descubre una esfera translúcida en el suelo. Usted encontraría bastante extraña la afirmación de que la esfera simplemente existe, inexplicablemente. Y aumentar el tamaño de la esfera, incluso hasta que llegue a ser co-extensiva con el cosmos, no ayudaría en nada para eliminar la necesidad de una explicación para su existencia.

La premisa (2) podría parecer polémica en un comienzo, pero es, de hecho, sinónima de la usual afirmación atea de que si Dios no existe, entonces no hay ninguna explicación para la existencia del universo. Además, (2) es bastante plausible por derecho propio. Esto porque una causa externa del universo debe existir más allá del espacio y el tiempo, y por consiguiente no puede ser física o material. Ahora, hay sólo dos tipos de cosas que calzan con esa descripción: Ya sea un objeto abstracto, como los números, o, de lo contrario, una mente inteligente. Pero los objetos abstractos son causalmente impotentes. Por ejemplo, el número 7 no puede causar nada. Por lo tanto, se sigue que que la explicación de la existencia del universo es una mente personal, externa y trascendente que creó el universo, que es lo que la mayoría de las personas tradicionalmente han querido decir con la palabra “Dios.”

El Argumento Cosmológico Kalam. Esta versión del argumento tiene una rica herencia islámica. Stuart Hackett, David Oderberg, Mark Nowacki, y yo hemos defendido el argumento kalam. Su formulación es simple:

1. todo lo que comienza a existir tiene una causa.

2. el universo comenzó a existir.

3. por consiguiente, el universo tiene una causa.

La premisa (1) ciertamente parece más plausible que su negación. La idea que las cosas pueden nacer a la existencia sin una causa es peor que la magia. No obstante, es notable cuántos no-teístas, bajo el peso de la evidencia en favor de la premisa (2), han negado (1) en lugar aceptar la conclusión del argumento.

Tradicionalmente, los ateos han negado (2), en favor de un universo eterno. Pero hay buenas razones, filosóficas y científicas, para dudar que el universo no tenga un comienzo. Filosóficamente, la idea de un pasado infinito parece absurda. Si el universo nunca tuviera un principio, entonces el número de eventos del pasado en la historia del universo es infinito. No sólo es ésta una idea muy paradójica, si no que hace surgir un problema: ¿Cómo el evento presente podría llegar alguna vez, si un número infinito de eventos anteriores tenían que ocurrir primero?

Es más, una notable serie de descubrimientos en astronomía y astrofísica durante el último siglo han inspirado nueva vida al argumento cosmológico kalam. En la actualidad tenemos evidencia bastante poderosa de que el universo no tiene un pasado eterno, sino que tuvo un comienzo absoluto hace aproximadamente 13.7 mil millones años en un evento cataclísmico conocido como el Big Bang.

El Big Bang es tan asombroso porque representa el origen del universo a partir de literalmente nada. Esto, dado que toda la materia y energía, e incluso el espacio físico y el tiempo llegaron a ser en el Big Bang. Si bien algunos cosmólogos han intentado desarrollar teorías alternativas con el objeto de evitar este principio absoluto, ninguna de estas teorías se ha impuesto en la comunidad científica. De hecho, en 2003, los cosmólogos Arvind Borde, Alan Guth, y Alexander Vilenkin fueron capaces de demostrar que cualquier universo que este, en promedio, en un estado de expansión cósmica no puede ser eterno hacia el pasado si no que debe tener un principio absoluto. Según Vilenkin, “Los cosmólogos ya no pueden esconderse tras la posibilidad de un universo con un pasado eterno. No hay ninguna salida, tienen que enfrentar el problema de un principio cósmico”. Se sigue, entonces, que debe haber una causa trascendente que produjo la existencia de universo, una causa que, como hemos visto, es plausiblemente eterna, no-espacial, inmaterial, y personal.

El Argumento de Teleológico. Los antiguos argumentos del diseño permanecen hoy tan robustos hoy como siempre, defendidos en varias formas por Robin Collins, John Leslie, Paul Davies, William Dembski, Michael Denton, y otros. Los partidarios del movimiento del Diseño Inteligente han continuado la tradición de buscar ejemplos de diseño en los sistemas biológicos. Pero la vanguardia de la discusión se enfoca en el notable y recientemente descubierto “ajuste fino” del cosmos para la vida. Este ajuste fino es de dos clases. Primero, cuando las leyes de la naturaleza se expresan como ecuaciones matemáticas, contienen ciertas constantes, tales como la constante gravitatoria. Los valores matemáticos de estas constantes no son determinados por las leyes de la naturaleza. Segundo, hay ciertas cantidades arbitrarias que son sólo parte de las condiciones iniciales del universo, por ejemplo, la cantidad de entropía presente en el universo.

Estas constantes y condiciones caen en un rango extremadamente estrecho de valores que posibilitan la vida. Si cualquiera de estas constantes o condiciones iniciales fuera alterado por menos que el ancho de un cabello, el equilibrio que hace posible la vida se destruiría, y la vida no existiría.

De acuerdo con esto, podemos argumentar:

1. El ajuste fino del universo se debe ya sea a la necesidad física, al azar o a al diseño.

2. no se debe a la necesidad física o al azar.

3. por consiguiente, se debe al diseño.

La premisa (1) simplemente las lista de opciones posibles para explicar el ajuste fino. La premisa importante es por consiguiente (2). La primera alternativa, la necesidad física, dice que las constantes y condiciones iniciales deben tener los valores que tienen. Esta alternativa tiene poco digno de consideración. Las leyes de la naturaleza son consistentes con una amplia gama de valores para las constantes y condiciones iniciales del universo. Por ejemplo, la candidata más prometedora para una teoría unificada de la física a la fecha, la teoría de las “supercuerdas” o “teoría M”, permite un paisaje cósmico de alrededor de 10500 posibles universos distintos gobernados por leyes naturales, y sólo una proporción infinitesimal de éstos es capaz de sostener vida.

En cuanto al azar, los teóricos contemporáneos reconocen cada vez más que las posibilidades contra el ajuste fino son simplemente insuperables a menos que uno este preparado para abrazar la especulativa hipótesis de que nuestro universo es solo un miembro de un conjunto infinito de universos aleatoriamente ordenados (alias, el multiverso). En este conjunto de mundos, cada mundo físicamente posible existe y, obviamente, nosotros podríamos observar sólo un universo dónde las constantes y condiciones iniciales sean consistentes con nuestra existencia. Es aquí donde el debate arrecia hoy por hoy. Físicos como Roger Penrose, de la Universidad de Oxford, presentan poderosos argumentos contra cualquier apelación a un multiverso como forma de explicar el ajuste fino.

El Argumento Moral. Varios eticistas, tales como Robert Adams, William Alston, Mark Linville, Paul Copan, John Hare, Stephen Evans, y otros han defendido teorías éticas de “Mandamiento Divino [“Divine command theories”], que apoyan varios argumentos morales para la existencia de Dios. Uno de dichos argumentos es el siguiente:

1. si Dios no existe, los valores y deberes morales objetivos no existen.

2. los valores y deberes morales objetivos existen.

3. por consiguiente, Dios existe.

Por valores y deberes objetivos quiero decir valores y deberes que son válidos y obligatorios independiente de la opinión humana. Muchos ateos y teístas por igual concuerdan con la premisa (1). Esto, porque dada una cosmovisión naturalista, los seres humanos no son más que animales, y un acto que nosotros consideraríamos asesinato, tortura, o violación, es natural y amoral en el reino animal. Aún más, si no hay nadie para ordenar o prohibir ciertas acciones, ¿cómo podemos nosotros estar sujetos a obligaciones o prohibiciones morales?

La premisa (2) podría parecer más disputable, pero probablemente será una sorpresa para la mayoría de los legos enterarse que (2) es ampliamente aceptada entre los filósofos. Porque cualquier argumento contra la objetividad de la moral tenderá a estar basado en premisas menos evidentes que la realidad de los valores morales mismos, tal como son aprehendidos en nuestra experiencia moral. La mayoría de los filósofos, por lo tanto, reconoce distinciones morales objetivas.

Los no teístas típicamente opondrán al argumento moral un dilema: ¿Algo es bueno porque Dios los quiere, o Dios lo quiere porque es bueno? La primera alternativa hace del bien y el mal algo arbitrario, mientras que la segunda hace al bien independiente de Dios. Afortunadamente, éste es un falso dilema. Los teístas tradicionalmente han optado por una tercera alternativa: Dios quiere algo porque Él es bueno. Es decir, lo que Platón llamó el Bien es la naturaleza moral del propio Dios. Dios es por naturaleza amoroso, benévolo, justo, y así. Él es el paradigma de la bondad. Por consiguiente, el Bien no es independiente de Dios. Es más, los mandamientos de Dios son una expresión necesaria de su naturaleza. Sus mandamientos para nosotros no son, por lo tanto, arbitrarios, sino un reflejo necesario de su carácter. Esto nos provee de un fundamento adecuado para afirmar la existencia de valores y deberes morales objetivos.

El Argumento Ontológico. El famoso argumento de Anselmo ha sido el reformulado y defendido por Alvin Plantinga, Robert Maydole, Brian Leftow, y otros. Dios, observa Anselmo, es por definición el más grande ser concebible. Si usted pudiera concebir algo más grande que Dios, entonces eso sería Dios. Así, Dios es el más grande ser concebible, un Ser Máximamente Grande. ¿Cómo sería tal ser? Debiese ser todo poderoso, lo sabría todo, sería perfectamente bueno, y existiría en todo mundo lógicamente posible. Pero entonces podemos argumentar:

1. es posible que un Ser Máximamente Grande (Dios) exista.

2. si es posible que un Ser Máximamente Grande exista, entonces un Ser Máximamente grande existe en algún mundo posible.

3. si un Ser Máximamente Grande existe en algún mundo posible, entonces existe en todos los mundos posibles.

4. si un Ser Máximamente Grande existe en todos los mundos posibles, entonces existe en el mundo real.

5. por consiguiente, un Ser Máximamente Grande existe en el mundo real.

6. por consiguiente, un Ser Máximamente Grande existe.

7. por consiguiente, Dios existe.

Ahora, puede ser una sorpresa descubrir que los pasos 2 al 7 de este argumento son relativamente poco controvertidos. La mayoría de los filósofos estaría de acuerdo que si la existencia de Dios es incluso posible, entonces Él debe existir. Así que la única pregunta es: ¿Es posible la existencia de Dios? El ateo tiene que sostener que es imposible que Dios exista. Tiene que decir que el concepto de Dios es incoherente, tal como el concepto de un soltero casado o de un círculo cuadrado. Pero el problema es que el concepto de Dios simplemente no parece ser incoherente en tal forma. La idea de un ser que es todo poderoso, que todo lo sabe, y que es perfectamente bueno existe en cada mundo posible parece perfectamente coherente. Y en tanto la existencia de Dios sea sólo posible, se sigue que Dios debe existir.

¿Por qué importa?

Por supuesto, hay réplicas y contra réplicas respecto a todos estos argumentos, y nadie imagina que se alcanzará un consenso general. De hecho, después de un período de pasividad, hay señales de que el gigante dormido del ateísmo ha despertado de su letargo dogmático y esta defendiéndose. J. Howard Sobel y Graham Oppy han escrito voluminosos libros académicos, críticos de los argumentos de teología natural, y Cambridge University Press publicó su “Companion to Atheism” el año pasado. No obstante, la misma presencia del debate en el mundo académico es en si misma señal de cuán saludable y vibrante es una cosmovisión teísta en la actualidad.

Sin embargo, aunque todo esto pueda ser así, algunos podrían pensar que el renacimiento de la teología natural en nuestro tiempo es meramente una gran cantidad de trabajo perdido. Porque ¿no vivimos en una cultura postmoderna en que el apelar a tales argumentos apologéticos ya no es efectivo? Los argumentos racionales en favor de la verdad del teísmo supuestamente ya no funcionan. Algunos cristianos aconsejan, por lo tanto, que debemos simplemente compartir nuestra narrativa e invitar a la gente a participar en ella.

Esta clase de pensamiento es culpable de un desastroso diagnóstico errado de la cultura contemporánea. La idea de que vivimos en una cultura postmoderna es un mito. De hecho, una cultura postmoderna es imposible; sería absolutamente invivible. La gente no es relativista respecto a temas de ciencia, ingeniería, y tecnología; más bien, es relativista y pluralista en materia de religión y ética. Pero, claro, eso no es postmodernismo; ¡eso es modernismo! Esto es simplemente verificacionismo de la vieja escuela, que sostenía que cualquier cosa que no se pueda probar con los cinco sentidos es cuestión de gusto personal. Vivimos en una cultura que sigue siendo profundamente modernista.

Por otra parte, ¿cómo hacer sentido de la popularidad del Nuevo Ateísmo? Dawkins y sus vástagos son indeleblemente modernistas e incluso cientificistas en su enfoque. En una lectura posmodernista de la cultura contemporánea, sus libros debieron haber caído como agua en una piedra. En cambio, la gente los consume ávidamente, convencidos de que las creencias religiosas son una tontería.

Visto bajo esa luz, ajustar nuestro evangelio a la cultura postmoderna es contraproducente. Al dejar de lado nuestras mejores armas de la lógica y la evidencia, aseguramos el triunfo de modernismo sobre nosotros. Si la iglesia adopta este curso de acción, las consecuencias para la próxima generación serán catastróficas. El Cristianismo se verá reducido a ser solo una voz más en una cacofonía de voces en competencia, cada una compartiendo su propia narrativa y ninguna encomendándose como la verdad objetiva sobre la realidad. Entretanto, el naturalismo científico continuará formando la visión de nuestra cultura acerca de cómo es realmente el mundo.

Una teología natural robusta bien puede ser necesaria para que el evangelio sea oído eficazmente en la sociedad Occidental de hoy. En general, la cultura Occidental es profundamente post cristiana. Es el fruto de la Ilustración, que introdujo en la cultura europea la levadura del secularismo, que ahora ha permeado la sociedad Occidental. Mientras que la mayoría de los pensadores originales de la Ilustración eran teístas, la mayoría de los intelectuales Occidentales hoy ya no consideran que el conocimiento teológico sea posible. Quién persiga la búsqueda de la razón firmemente finalmente será ateo o, cuando mucho, agnóstico.

Una comprensión adecuada de nuestra cultura es importante porque el evangelio nunca es oído de manera aislada. Siempre se oye en relación al trasfondo del entorno cultural actual. Alguien criado en un entorno cultural en que el cristianismo todavía es visto como una opción intelectualmente viable mostrará una apertura al evangelio. ¡Pero bien se le podría pedir al secularista que creyera en hadas o duendes como en Jesucristo!

Los cristianos que desprecian el valor de la teología natural porque “nadie viene a la fe por medio de argumentos intelectuales” son, por tanto trágicamente cortos de vista. Porque el valor de la teología natural se extiende mucho más allá de mis contactos evangelísticos inmediatos. Es la tarea más amplia de la apologética cristiana, incluyendo la teología natural, ayudar a crear y sostener un entorno cultural en que el evangelio pueda ser visto como una opción intelectualmente viable para los hombres y mujeres reflexivos. Le da a la gente el permiso intelectual para creer cuando sus corazones sean conmovidos. En tanto más nos adentremos en el siglo XXI, anticipo que la teología natural se volverá crecientemente relevante y vital como preparación para que la gente reciba el evangelio.

Este Articulo fue tomado de: http://www.reasonablefaith.org/spanish


William Lane Craig refuta a Stephen Hawking – (El Gran diseño. Respuesta de W.L.Craig a carta de un lector.)

William Lane Craig refuta a Stephen Hawking

El Gran diseño. Respuesta de W.L.Craig a carta de un lector.

El filosofo William Lane Craig, responde a través de su página web, una fe razonable, a distintas preguntas que le hacen llegar sobre diferentes temas de ciencia, filosofía y religión.

El tan extensamente publicitado último libro de Stephen Hawking y suscitó algunas de estas preguntas, cuya traducción y respuesta detallo a continuación.

“El universo puede crearse a sí mismo de la nada”, declara Stephen Hawking, “y Dios ya no es necesario.” In The Grand Design, su libro recientemente publicado con el coautor Leonard Mlodinow, Hawking propone un modelo de un universo no creado con un principio basado en una teoría de la gravedad cuántica. En respuesta, el Dr. Craig explica que la expresión “creación de la nada”, según lo utilizado por Stephen Hawking y el acto de Dios de la creación ex nihilo son dos conceptos muy diferentes.

Pregunta: (Ver web original)

Hola Sr. Craig,

Estoy seguro que ya ha visto alguno de los resúmenes del nuevo libro de Stephen Hawking que pronto será publicado, “El Gran diseño”. Allí, manifiesta que, debido a la ley de la gravedad, el universo puede crearse a sí mismo de la nada, y así lo hace. Así pues, de acuerdo con Hawking, no hay necesidad de referirse a Dios, ya que la creación espontanea es la razón de que exista “algo” en vez de “nada”, de que el universo exista, de que nosotros existamos.¨

Ahora bien, yo no soy físico, y entiendo que un autor a veces tiene que ir un poco lejos para publicitar y hacer marketing de su libro de modo que pueda asegurarse unas buenas ventas, pero en mi opinión, esto parece simplemente irracional, como mínimo.

Aunque lo que ahora tenemos son solo unas cuantas declaraciones de entre todo el libro, sin embargo, todo tipo de preguntas vienen ya a la mente.

Desde luego que Hawking no cree que el universo venga de la nada, ya que la gravedad ya estaba ahí para encargarse de la creación, y ciertamente, la gravedad no es “nada”. Pero, ¿qué es la gravedad si la aislamos del universo? (ej, espacio y masa). ¿No son las leyes de la naturaleza propiedades del universo?¿No son parte de él?¿No “aparecieron en la existencia” con el universo?¿De dónde vino la gravedad?

¿Cómo se puede estirar la ciencia “fuera” del universo, por ej, al plantear la investigación científica, ¿Cómo puede el científico dar el salto hasta el momento “por detrás” del big bang? ¿Cómo puede inferir nada científicamente sobre aquello que ocurrió antes del Big Bang? Al hacer eso, en mi opinión, uno entra en el ámbito de la metafísica.

Y además, por supuesto, se añade la absurda noción autocontradictoria, tipo Dennet, de que el universo se pueda crear a sí mismo de la nada.

Me da la impresión de que Hawking, simplemente reemplaza una causa trascendente (Dios), por otra,(la gravedad)

Sobra decir que Stepehn Hawking es uno de los científicos mas grandes de la historia. Sin embargo, estoy asombrado.

¿Podría darme su perspectiva sobre este tema?

Respetuosamente

Gunnar
Iceland

RESPUESTA DEL DOCTOR CRAIG

Nos hemos visto inundados con preguntas sobre las afirmaciones sensacionalistas promocionadas por la prensa en adelanto del lanzamiento del nuevo libro de Hawking y Mlodinow. He elegido tu pregunta, Gunnar, no solo porque es representativa de muchas, sino porque no he podido resistir publicar una pregunta desde Islandia!

En mi blog, con fecha 6 de septiembre, y en adelanto del lanzamiento del libro, planteé varias preguntas a tener en cuenta cuando llegamos al libro. Dichas preguntas han resultado dar justamente en el clavo. No solo no hay nada sustancial de novedad científica en este libro, nada que Hawking no hubiera ya escrito en su anterior best seller, “Una breve historia del tiempo”, sino que Hawking y Mlodinow faltan en tomar consciencia de las críticas en la literatura en contra de propuestas anteriores de Hawking. Si has digerido mi planteamiento sobre el origen del universo y el ajuste fino en la tercera edición del libro “fe razonable”, entonces ya estas equipado para responder a las declaraciones de este nuevo libro.

Hawking y Mlodinow buscan responder a tres preguntas en este libro:

1. ¿Por qué existe algo en lugar de nada?

2. ¿Por qué existimos?

3. ¿Por qué tenemos este conjunto particular de leyes y no otras?

Curiosamente, sus respuestas a cada una de estas preguntas resultaron ser muy breves. De hecho, la pregunta 2 queda incluida dentro de la 1, de modo que ni siquiera recibe una respuesta separada.

La respuesta de Hawking y Mlodinow a las preguntas 1 y 2 supone una apelación al modelo “sin límites” sobre el origen del universo que ya popularizó Hawking en “una breve historia del tiempo”.

Nuestros autores, se limitan a exponer este modelo, sin aportar ninguna prueba a favor, o mencionar ninguno de los otros modelos alternativos. Ni responden a la crítica de que el llamado “tiempo imaginario” presentado en su modelo es físicamente ininteligible y por ello es meramente un “truco” matemático para evitar la singularidad cosmológica que aparece en las teorías clásicas del principio del universo.

Aún así, su exposición no carece de interés en lo que se refiere a si el universo tuvo un inicio temporal. Escriben:

La comprensión de que el tiempo puede comportarse como otra dirección del espacio, significa que uno puede deshacerse del problema de que el tiempo tenga un principio, de un modo similar al que nos hemos librado de los límites del mundo. Supón que el comienzo del universo fuera como el Polo Sur de la tierra, con grados de latitud haciendo el papel del tiempo. Según nos movemos hacia el norte, los círculos de latitud, representando el tamaño del universo, se expandirían. El universo comenzaría como un punto en el Polo Sur, pero el Polo Sur es como cualquier otro punto. Preguntar qué ocurrió antes del comienzo del universo carecería de sentido, porque no hay nada al sur del Polo Sur. En este dibujo, espacio-tiempo no tienen límites, las mismas leyes de la naturaleza se dan en el Polo Sur que en cualquier otra parte (pp.134-5)

Este pasaje es fascinante porque representa una interpretación bastante diferente del tiempo imaginario a la que teníamos en “Una breve historia del tiempo”. Aquí, la analogía del Polo Sur se interpreta para implicar un punto de inicio de ambos, el tiempo y el universo. A pesar del hecho de que el tiempo imaginario se comporta como cualquier otra dimensión espacial, Hawking permite que los círculos de latitud jueguen el papel del tiempo, que tiene un punto de inicio en el Polo Sur. Cuando Hawking habla del problema del inicio del tiempo, a lo que se refiere es a la antigua objeción de que el universo tenga un principio. ¿Qué ocurrió antes del inicio del universo? Hawking lleva razón en que esta pregunta carece de sentido en su modelo, pero lo que no menciona es que la pregunta es igualmente inútil en el modelo estándar del Big Bang, ya que no hay nada anterior a la singularidad inicial cosmológica. En cualquiera de estos modelos el universo tiene un absoluto comienzo temporal, exactamente como planteo en la segunda premisa del argumento cosmológico Kalam.

Así que la pregunta es. ¿Por qué el universo comenzó a existir?¿Por qué hay algo en lugar de nada? Hawking y Mlodinow defienden lo que ellos llaman una aproximación “de arriba abajo” a esta pregunta. La idea es empezar por nuestro universo observable en el presente, caracterizado por el modelo estándar de física de partículas, y luego calcular, dada la condición de “no limites”, la probabilidad de las diversas opciones que permite la física cuántica para llegar al estado actual. La historia más probable, representaría la historia de nuestro universo observable.

Hawking y Mlodinow afirman que, “bajo este punto de vista, el universo apareció espontáneamente de la nada” (p. 136). Por “espontáneamente” quieren decir, sin causa.

Pero ¿cómo se deduce eso del modelo? La aproximación “de arriba abajo” calcula la probabilidad de nuestro universo observable dada la condición de “no limites”. El enfoque “de arriba abajo” no calcula la probabilidad de que la condición de “no limites” se sostenga, sino que lo da por sentado. Tal condición no es necesaria metafísicamente o físicamente. Si el universo vino a existir de la nada, podría haber tenido algún tipo de configuración espaciotemporal imaginable. Dado que la nada o el “no ser” no tienen propiedades ni restricciones, ni está gobernado por leyes físicas. La física solo comienza en el “Polo Sur” en el modelo sin límites. No hay nada en el modelo que implique que ese punto llego a la existencia sin una causa. De hecho, la idea de que el ser pudiera brotar sin causa del no ser, parece metafísicamente absurdo.

Hawking y Mlodinow parecen darse cuenta de que todavía no han respondido a la pregunta: ¿“Por qué hay algo en lugar de nada”?, dado que vuelven a esta cuestión en su capítulo conclusión, y dan una respuesta bastante diferente. Allí explican, que existe una energía de vacio constante contenida en el espacio vacío, y si la energía positiva del universo asociada con la materia, se equilibra con la energía negativa asociada a la gravedad, entonces el universo, espontáneamente, puede surgir como una fluctuación de la energía en el vacio (que, en un hábil juego de manos, dicen “podríamos bien llamar…. Cero”).

Esto parece ser un relato muy diferente del origen del universo, ya que presupone la realidad del espacio y la energía en el. Así pues, es desconcertante cuando Mlodinow y Hawking concluyen: “Porque existe una ley como la gravedad, el universo puede crearse a sí mismo, y lo hará, en el modo descrito en el capítulo 6” (p.180). Aquí se dice que la “nada” de la que se habló en el capítulo 6, no es realmente “nada” después de todo, sino espacio lleno de energía del vacío. Ello viene a reforzar la convicción de que el enfoque “no limites” sólo describe la evolución de nuestro universo desde su origen en su “Polo Sur” hasta el momento presente, pero no dice nada de por qué el universo surgió en primer lugar.

Lo que esto implica es que Hawking y Mlodinow no han empezado siquiera a abordar la cuestión filosófica “¿Por qué hay algo en vez de nada?”, ya que “nada” en su vocabulario, no tiene el sentido tradicional de “no existencia”, sino que significa “el vacío cuántico”. Ni siquiera están respondiendo a la misma pregunta. Al igual que el estudiante de filosofía que ante la pregunta “Qué es time?” en su examen final, responde “una revista semanal”, del mismo modo Hawking y Mlodinow han evitado la pregunta difícil por equivocación. Si ellos, por tanto, no han fracasado en responder a las preguntas 1 y 2, qué hay de la pregunta 3: ¿Por qué tenemos este conjunto particular de leyes y no otras?

El asunto aquí es explicar el aparentemente milagroso ajuste fino del universo para que pudiera surgir la vida inteligente. Hawking y Mlodinow expresan esta idea mediante la observación de que “en los últimos años, los físicos empezaron a preguntarse cómo sería el universo si las leyes de la naturaleza hubieran sido diferentes” (p.159). Desafortunadamente, esta afirmación es muy engañosa. Cuando los científicos lidian con el tema del ajuste fino no se están preguntando como hubiera sido el universo si hubiera estado gobernado por diferentes leyes de la naturaleza. Más bien se están preguntando cómo sería el universo si fuera gobernado por las mismas leyes de la naturaleza pero con diferentes valores para las constantes físicas que aparecen y con diferentes cantidades en las condiciones iniciales en que las leyes funcionan.

¡Nadie sabe cómo hubiera sido un universo gobernado por leyes diferentes! Pero porque estamos refiriéndonos a universos gobernados por las mismas leyes pero con diferentes números fijados para las constantes y cantidades, podemos calcular el tipo de universo que predicen las leyes (Tal como Hawking y Mlodinow ilustran en las páginas 159-62). Así pues, la pregunta 3 está mal formulada según la formulan. La pregunta real es : ¿Por qué este particular conjunto de constantes y cantidades y no otras?

Ahora bien, hay tres posibles respuestas a esa pregunta: Necesidad física, azar o diseño. Hawking y Mlodinow rechazan la hipótesis de la necesidad física: “parece ser que los números fundamentales, e incluso la forma, de las leyes aparentes de la naturaleza no son demandas de la lógica o de un principio físico” (p.143). Dado que Mlodinow y Hawking no quieren saber nada de un Diseñador Cósmico, optan por la hipótesis del azar. Dado que las probabilidades de que nuestro universo haya quedado finamente ajustado para la existencia de vida inteligente son tan incomprensiblemente remotas, Hawking y Mlodinow apelan a la hipótesis de los muchos mundos para aumentar sus recursos probabilísticos hasta el punto en que sería inevitable que un universo finamente ajustado apareciera por azar en algún lugar de ese conjunto de mundos o multiverso. Si hay un número infinito de universos ordenados al azar en el conjunto, entonces un universo finamente sintonizado aparecerá en algún lugar de ese conjunto por pura casualidad.

Ahora bien, si la hipótesis de los muchos mundos ha de ser ciencia seria y no especulación metafísica, ha de proveerse algún tipo de mecanismo para general este conjunto de mundos. El mecanismo al que Hawking y Mlodinow apelan es al enfoque de la teoría cuántica de “suma de historias”, de Richard Feynman. Este es el enfoque que Hawking utiliza en el modelo “no limites” para calcular la historia mas probable del universo, dada esa condición de no limites, hasta nuestro estado presente. Hawking y Mlodinow toman estas otras historias que el universo hubiera podido tener como reales, universos paralelos que son tan reales como nuestro universo.

Desafortunadamente, esto no es ciencia, sino una pieza de metafísica gratuita. El método de “suma de historias” de Feynman no es mas que un instrumento matemático para calcular la probabilidad que tiene una partícula subatómica de llegar a un punto desde otro punto. Uno imagina todos los posibles caminos que la partícula podría haber tomado y luego, sobre esa base, calcula la probabilidad de que a alcanzara el destino observado. No hay bases para interpretar que este “truco” matemático implica la realidad ontológica de universos concretos espacio-temporales.

Hawking y Mlodinow también recurren a la Teoria-M, o de las supercuerdas, para generar un conjunto de mundos que presentan varios valores de las constantes de la naturaleza. Tal especulación presenta problemas en numerosas maneras que ellos no discuten. Primero, el “paisaje cósmico” de esos 10500 diferentes universos posibles consistentes con las leyes de la naturaleza que permite la Teoria-M son solo eso: posibilidades. No son más mundos reales de lo que lo son las historias de Feynman. Segundo, no está claro, que 10500 posibilidades sean suficientes para garantizar la existencia de universos finamente sintonizados en este paisaje. ¿Qué ocurre si la probabilidad de sintonía fina es menor que 1: 10500? Esto puede ser especialmente problemático en lo que concierne a las condiciones arbitrarias iniciales. Finalmente, ¿presenta este mismo multiverso descrito por la teoría-M este ajuste fino? Si lo hace, entonces el problema ha sido simplemente pospuesto un peldaño más atrás (solo se ha retrasado una muesca). Parece que sí, pues tal como Hawking y Mlodinot notan, la teoría M requiere precisamente de once dimensiones para ser viable, y aún así, la teoría no puede explicar por qué exactamente ese número de dimensiones son las que deberían existir. Mas aun, Mlodinow y Hawking ni siguiera mencionan, y mucho menos responden, a las mordaces criticas de Roger Penrose a la hipótesis de los Muchos mundos para explicar el ajuste fino, en su obra “Camino a la realidad”, es decir, que si no fuéramos mas que un miembro al azar de un conjunto de mundos, entonces sería mucho mas probable que es tuviéramos observando un universo diferente al que vemos, lo cual invalida fuertemente la hipótesis de los muchos mundos. No hay excusa para que Hawking haya dejado de responder las críticas a su punto de vista de su antiguo colaborador.

En resumen, a pesar de las cacareadas afirmaciones de Hawking y Mlodinow y sus constantes ataques a las creencias religiosas a lo largo de este libro, hay en realidad un beneficio para los creyentes religiosos, especialmente para aquellos interesados en la teología natural. Con respecto al argumento cosmológico Kalam, la teoría preferida de los autores afirma el hecho de un comienzo absoluto del tiempo y del universo, lo cual es la premisa principal del argumento. Con respecto al argumento teleológico basado en el ajuste fino, los autores afirman el hecho del aparentemente milagroso ajuste fino del universo para que pueda existir vida inteligente. Es más, están de acuerdo en que el ajuste fino no puede plausiblemente ser explicado debido a necesidad física o por casualidad, en ausencia del conjunto de mundos. Dada la desesperación y/o irrelevancia de las formas presentadas para escapar estos argumentos, su libro resulta ser de bastante apoyo para la existencia de un Creador trascendente y Diseñador del Cosmos.

Fuente:

http://www.reasonablefaith.org/stephen-hawking-and-god

Traducido por:

http://lastresllavesdepablo.blogspot.mx/2011/01/el-gran-diseno-respuesta-de-wlcraig.html

Dios los Bendiga


¿La Partícula de Dios?

¿La Partícula de Dios?

 Por: Pastor Damián Ayala

Esta semana ha sido de grandes avances en el mundo de la ciencia, científicos afirman haber encontrado el bosón de Higgs, apodado La Partícula de Dios.

¿Que es el bosón de Higgs?

El bosón de Higgs es una partícula subatómica, un bosón, que constituye el cuanto del campo de Higgs. Tanto él como su campo asociado están relacionados con el origen de la masade las partículas elementales. Al bosón de Higgs se le denomina habitualmente la partícula de Dios o la partícula divina, debido al libro La partícula divina: si el universo es la respuesta, ¿cuál es la pregunta? del premio Nobel de Física Leon Lederman. [1]

¿Que se descubrió?

El 4 de julio del 2012. el CERN confirmó con más de un 99% de probabilidad la existencia del bosón de Higgs9 fruto de los esfuerzos de los grandes laboratorios de investigación como el CERN o el Fermilab. Los datos obtenidos permiten estimar un valor mínimo experimental de masa 114.4 GeV para el bosón de Higgs del modelo estándar, con un nivel de confianza del 95%.10 Experimentalmente se ha registrado un pequeño número de eventos no concluyentes en el colisionador LEP en el CERN. Estos han podido ser interpretados como resultados de los bosones de Higgs, pero la evidencia no es concluyente. Se espera que el Gran Colisionador de Hadrones, ya construido en el CERN, pueda confirmar o desmentir la existencia de este bosón.[2]

Este apodo (La Partícula de Dios) a causado una gran controversia en el mundo de la fe, no solo por el sobre nombre sino por la declaración “el bosón de higgs es el origen de la masa” , no hay nada que temer, nosotros conocemos que dicha partícula fue creada por Dios.

Este descubrimiento no es algo nuevo para la fe, recordemos lo que dice la palabra  “Por la fe entendemos haber sido constituido el universo por la palabra de Dios (Gen 1:1-3), de modo que lo que se ve fue hecho de lo que no se veía.” (Hebreos 11.3, RVR60)

Sabemos que todo lo visible (masa) fue hecho de lo que no se ve (bosón de Higgs), no hay nada nuevo en esto.

Lejos de afectar este descubrimiento la fe en un Dios creador, si es un golpe para algunas teorías de la ciencia como la del Sr. Stephen Hawking, quien afirma que sin alguna causa la nada causo todo el universo, increíble postura de un científico de su altura, bien dice la palabra “Profesando ser sabios, se hicieron necios,” (Romanos 1.22, RVR60)

Ahora la ciencia sabe que si hay una causa, la partícula de Dios, y nosotros entendemos  por la fe que todo fue constituido por la palabra de Dios.

Este descubrimiento solo nos deja maravillados del Dios creador y su perfecto diseño, quedando asombrados como el Sr. Francis S. Collins al descifrar la secuencia del ADN donde afirma no hay duda de la presciencia de un creador.  

¿La ciencia con este descubrimiento pretende demostrar que Dios no existe?

La verdad no, no hay científico participante en este proyecto comenzando con Peter Higgs que tenga tales declaraciones. El apodo lo demuestra,  La partícula “de” Dios,  ¿de quien es la partícula?  respuesta de Dios. No dice La partícula Dios.

Mas bien, este descubrimiento esta siendo usado por los enemigos de Cristo, para desacreditar a un Dios creador, y solo eso, solo son víctimas de su necedad e ignorancia.

Como dice Marcelo Sánchez Sorondo, canciller de la Pontificia Academia de Ciencias, el organismo vaticano dedicado a la promoción del estudio de la Matemática, la Física y las Ciencias Naturales:

“Se trataría de un disparate pensar que el hecho de haber probado la teoría del físico británico Peter Higgs, quien además es creyente, vaya de alguna forma contra la existencia de Dios”, [3]

Los que si tienen que preocuparce son todas las religiones panteístas (NUEVA ERA, BUDISTAS, INDUISTAS, TAOISTAS,  ECÓLOGOS PROFUNDOS, PAGANOS, ANIMISTAS, SEGUIDORES DE MUCHAS RELIGIONES INDÍGENAS, Y UNIVERSALISTAS UNITARIOS)   para estos su dios es la creación (el universo). Esto si que está, en aprietos.

Dios los bendiga.

1 y 2.- http://es.wikipedia.org/wiki/Bosón_de_Higgs

3.- http://www.noticiacristiana.com/ciencia_tecnologia/descubrimientos/2012/07/descubren-la-particula-de-dios-que-explica-el-origen-del-universo-video.html


¿Es Jesús el único camino al Cielo?

¿Es Jesús el único camino al Cielo?

Por: GotQuestions.org

A menudo escuchamos estas respuestas de la gente: “Básicamente soy una buena persona, tanto que iré al cielo.” “Bueno, hago algunas cosas malas, pero hago más cosas buenas, así que iré al cielo.” “Dios no va a enviarme al infierno solamente porque no vivo pegado a la Biblia. ¡Los tiempos han cambiado!” “Solamente la gente verdaderamente mala, como los que abusan sexualmente de niños, y los asesinos van al infierno.”

Todos estos son conceptos comunes entre la mayoría de la gente, pero la verdad es que todos estos son mentiras. Satanás, el gobernador del mundo, fabrica estos pensamientos en nuestras cabezas. Él, y cualquiera que sigue sus caminos, es un enemigo de Dios (1 Pedro 5:8). Satanás siempre se disfraza de bueno (2 Corintios 11:14), pero él tiene control sobre todas las mentes que no pertenecen a Dios. “Satanás, el dios de este siglo cegó el entendimiento de los incrédulos, para que no les resplandezca la luz del evangelio de la gloria de Cristo, el cual es la imagen de Dios” (2 Corintios 4:4).

Es una mentira creer que Dios no tiene cuidado de los pecados pequeños, y que el infierno está reservado sólo para la “gente mala.” Todo pecado nos aparta de Dios, aún una “pequeña mentirita blanquita.” Todos hemos pecado, y ninguno es lo suficientemente bueno como para ir al cielo por sí mismo (Romanos 3:23). Entrar al cielo no se basa en que lo bueno pesa sobre lo malo; todos vamos a perder si ese es el caso. “Y si son salvos por el favor de Dios, entonces no es por sus buenas obras. En ese caso, el maravilloso favor de Dios no sería lo que es en realidad – gratuito e inmerecido” (Romanos 11:6). No podemos hacer nada bueno para ganar nuestro camino al cielo (Tito 3:5).

“Entrad al reino de Dios por la puerta estrecha; porque ancha es la puerta, y espacioso el camino que lleva a la perdición, y muchos son los que entran por ella” (Mateo 7:13). Aún si cada uno vive una vida de pecado, y confiar en Dios no es popular, Dios no va a disculparlo. “Solía vivir justamente como el resto del mundo, lleno de pecado, obedeciendo a Satanás, el príncipe de la potestad del aire. El es el espíritu que ahora obra en los corazones de aquellos que rehúsan obedecer a Dios” (Efesios 2:2).

Cuando Dios creó el mundo, era perfecto. Todo era bueno. Entonces creó a Adán y Eva, y les dio libre albedrío, de manera que pudieran escoger seguir y obedecer a Dios o no. Pero Adán y Eva, los primeros seres que Dios creó, fueron tentados por Satanás para desobedecer a Dios, y pecaron. Esto los separó (y a todo el que vino después de ellos, incluyéndonos a nosotros) de estar en capacidad de tener una relación cercana con Dios. Él es perfecto y no puede estar entre el pecado. Como pecadores, no podríamos hacerlo por nosotros mismos. De manera que, Dios hizo un camino para que pudiéramos estar unidos con Él en el cielo. “Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna” (Juan 3:16). “Porque la paga del pecado es muerte, mas la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús Señor nuestro” (Romanos 6:23). Jesús nació para enseñarnos el camino, para morir por nuestros pecados, y de esta manera poder ser liberados. Tres días después de Su muerte, Jesús se levantó de la tumba (Romanos 4:25), probando Su victoria sobre la muerte. Él llenó el vacío entre Dios y el hombre, a fin de que podamos tener una relación personal con Él si solamente creemos.

“Y esta es la vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y a Jesucristo a quien has enviado” (Juan 17:3). La mayoría de la gente cree en Dios, aún Satanás cree. Pero para recibir la salvación, debemos volvernos a Dios, formar una relación personal, apartarnos de nuestros pecados y seguirle. Debemos confiar en Jesús con todo lo que tenemos y todo lo que hacemos. “Se ha manifestado la justicia de Dios por medio de la fe en Jesucristo, para que quite nuestros pecados. Y todos podemos ser salvos de esta manera, sin importar quienes somos o qué hayamos hecho” (Romanos 3:22). La Biblia enseña que no hay otro camino para la salvación sino a través de Cristo. En Juan 14:6 Jesús dice, “Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí.”

Jesús es el único camino de salvación porque es el único que puede pagar nuestra penalidad por el pecado (Romanos 6:23). Ninguna otra religión enseña la gravedad o seriedad del pecado y sus consecuencias. Ninguna otra religión ofrece el pago infinito del pecado que solamente Jesucristo puede proveer. Ningún otro “fundador religioso” fue Dios que se hizo hombre (Juan 1:1,14) – la única manera en que una deuda infinita pudo ser pagada. Jesús tenía que ser Dios, a fin de que pudiera pagar nuestra deuda. Jesús tenía que ser hombre para que pudiera morir. ¡La salvación está disponible solamente a través de la fe en Jesucristo! “Y en ningún otro hay salvación; porque no hay otro nombre bajo el cielo, dado a los hombres, en que podamos ser salvos” (Hechos 4:12).

Dios los bendiga.


Teoría de la evolución v/s Creacionismo

Teoría de la evolución v/s Creacionismo

¿La ciencia actual aún cree en la evolución del hombre, o es una teoría ya desechada por la falta de evidencias y nuevos descubrimientos?

En la actualidad aún se enseña en las escuelas que el hombre a evolucionado de los changos, existen museos con valor de millones de dólares para exhibir tal evolución, sin embargo tal teoría ya ha sido desechada por la gran mayoría de los eruditos en esta materia y esto  ha sido por la falta de evidencia y los nuevos descubrimientos.

Nos preguntamos, ¿si esta Teoría ha sido desechada y superada, ¿por que aún se impone a nuestros hijos en los sistemas educativos? ¿Por que no se publica de manera general que dicha teoría ha sido ya desechada?

Veamos la investigación que realizo Antonio Cruz misma que esta al alcance de cualquier persona que sin prejuicios quiera llegar a la verdad.

¿Primate salvaje o persona consciente?

El evolucionismo nos ha enseñado a creer que en la remota antigüedad, allá por el período geológico del Pleistoceno, un reducido grupo de primates inició un proceso de humanización que culminó con la aparición del ser humano. Se dice que primero ocurrió el bipedismo: cansados de caminar en cuatro patas, tales antropoides decidieron erguirse y andar como las personas. Sus manos quedaron así liberadas para fabricar toda clase de objetos útiles: hachas de sílex, flechas de hueso, pistolas y hasta telescopios espaciales como el Hubble. La cabeza les fue creciendo poco a poco porque sus cerebros ya no cabían dentro de la reducida cavidad craneal que tenían aquellos primitivos monos. Así habrían surgido, a lo largo de millones de años, el lenguaje a partir de los gruñidos, la inteligencia humana después del instinto, e incluso la conciencia reflexiva como producto de la más pura animalidad.

Durante mucho tiempo los paleontólogos evolucionistas, especializados en el estudio de los fósiles humanos y de los primates, han venido creyendo que tales ancestros del hombre eran los australopitecos, llamados así por haberse encontrado en el continente africano que está situado en el hemisferio austral. Hoy la cosa ya no está tan clara pues son muchos los especialistas que opinan que este tipo de fósiles perteneció a simios del pasado que nada tuvieron que ver con la pretendida evolución del ser humano. No obstante, como la ciencia asumió mayoritariamente la teoría evolucionista para explicar el origen del hombre, también muchos teólogos creyeron que era necesario aceptarla y empezaron a pensar que el Adán bíblico fue, en realidad, el descendiente de uno de estos australopitecos. Al fin y al cabo, se cuestionaban algunos creyentes, ¿no es mejor descender de un mono que del polvo de la tierra? Según este punto de vista, el relato bíblico de la creación no sería más que una leyenda mítica desacreditada de forma absoluta por la ciencia moderna.

El asunto que pensamos tratar a continuación viene formulado precisamente por las siguientes cuestiones: ¿Qué hay de cierto en este planteamiento transformista del origen del hombre a la luz de los últimos descubrimientos de la paleoantropología, la genética y la neurobiología? ¿Conviene seguir considerando científica una teoría que, como veremos, presenta tantos inconvenientes? ¿Fue esta hipotética evolución lenta y gradual desde el simio al hombre el método que el Creador empleó para originar al primer ser humano o, por el contrario, este posee rasgos imposibles de explicar desde el naturalismo y que demandan una creación directa y especial, como declara el libro del Génesis? ¿Puede la ciencia demostrar el origen de la conciencia humana a partir de las neuronas de los primates? Se trata de preguntas antiguas, a las que los últimos descubrimientos ofrecen respuestas nuevas.

Los especialistas en el estudio de los primates saben que en la Tierra, si se cuentan los fósiles y los que todavía están vivos, han existido más de seis mil especies distintas de monos. De ellas, actualmente solo viven unas ciento veinte. Esto significa que existe un amplio elenco de simios fósiles entre los que elegir si se desea construir el hipotético árbol de la evolución humana. Lo que ha venido haciendo de forma tradicional la paleoantropología evolucionista es precisamente eso, tomar cráneos y huesos fósiles pertenecientes unas veces a simios del pasado, y otras a diversas razas humanas extintas, con la intención de conseguir una perfecta gradación filogenética que demuestre cómo habría ocurrido la evolución entre el simio y el hombre. Asumiendo la existencia de un supuesto eslabón perdido, que habría sido el antecesor tanto de los monos actuales como de los seres humanos, se procura rellenar los huecos mediante fósiles intermedios de transición que irían cambiando lentamente de acuerdo a los diversos y, a su vez, cambiantes ambientes ecológicos.

Sin embargo, después de estudiar el tema durante más de treinta años, no creo que se haya presentado ninguna evidencia real que demuestre sin lugar a dudas la existencia de una relación evolutiva entre cualquier primate fósil y la especie humana. A pesar de todo lo publicado en este sentido y teniendo en cuenta las distorsiones partidistas, malas interpretaciones, modificaciones, falsificaciones, dibujos intencionados realizados a partir de fósiles escasos, discusiones interesadas entre especialistas, y muchas otras cosas, lo cierto es que ningún descubrimiento anatómico o paleontológico serio ha confirmado que descendamos del mono. Se trata más bien de un acto de fe en los requerimientos del evolucionismo que de un hecho real comprobado por la ciencia. Como veremos, los datos que se desprenden del estudio de los fósiles pueden ser interpretados de otra manera, en el sentido de que existen muchas especies de simios extintas, así como también algunas pocas razas humanas, pero no eslabones intermedios que conecten a los monos con las personas.

La mayoría de los antropólogos evolucionistas creen hoy que cada una de las especies fósiles halladas no evidencia cambio o transformación para convertirse en otras especies distintas, sino todo lo contrario, una constancia en su aspecto y una estabilidad durante toda su existencia. La popular serie transicional que todavía aparece en numerosos libros de texto, la cual partiendo de un simio con aspecto de chimpancé y pasando luego por el australopiteco, el Homo habilis y el Homo erectus llega hasta el Homo sapiens moderno, no era más que un icono imaginario del darwinismo sin reflejo en la realidad (Fig. 4). Los evolucionistas creen ahora que las distintas especies aparecieron de golpe y que no existe entre ellas ningún tipo de transición evolutiva. El antiguo gradualismo propuesto por Darwin que imaginaba una sucesión ininterrumpida de pequeños cambios acumulativos en cada especie biológica, la cual la hacía evolucionar lentamente hasta convertirla en otra distinta, no responde a la realidad de los fósiles estudiados por los paleontólogos. De ahí la necesidad, a la que se ha visto abocado el evolucionismo, de aceptar la teoría del equilibrio puntuado de Gould y Eldredge. Es decir, el gran acto de fe de asumir que aunque las especies no cambian, a pesar de todo van apareciendo otras nuevas como consecuencia de milagrosas mutaciones en los embriones.

Fig. 4. La marcha del progreso humano es un famoso icono de la evolución desde el simio al hombre que, a pesar de haber sido divulgado hasta la saciedad, no responde a la realidad, según han reconocido los propios paleontólogos evolucionistas, como el recientemente fallecido Stephen Jay Gould (1991). Hoy ya no puede sostenerse una evolución darwinista así, lineal o gradual, que provocaría la aparición de nuevas especies a partir de sus antecesoras mediante la acumulación de pequeños e imperceptibles cambios genéticos. Por el contrario, el evolucionismo propone la teoría del equilibrio puntuado de Gould y Eldredge. Es decir, el gran acto de fe de creer que aunque las especies no cambian gradualmente sino que permanecen estables, a pesar de todo, de vez en cuando aparecerían otras nuevas como consecuencia de milagrosas macromutaciones embrionarias. Se continúa, por lo tanto, dentro del ámbito de la creencia indemostrable y no de los hechos científicos.

Los partidarios actuales del transformismo reconocen fundamentalmente cuatro peldaños en la supuesta escalera fósil que conduciría al ser humano. A saber, los ya mencionados australopitecos, seguidos por el Homo habilis, el Homo erectus y, finalmente, el Homo sapiens. Por supuesto, el árbol genealógico es mucho más complejo, ya que en él figuran fósiles nuevos que van apareciendo y desapareciendo en función de las discusiones académicas entre especialistas. No obstante, dejando aparte las ramas laterales, estas cuatro serían las principales formas transitorias propuestas por el evolucionismo que existirían entre nosotros y nuestros supuestos ancestros. Veamos ciertos detalles de cada uno de tales grupos fósiles y descubriremos que pueden ser interpretados de otra manera diferente.

1. Australopitecinos: pretendidos homínidos

Los australopitecos o «monos del hemisferio austral», así como los fósiles incluidos dentro de los géneros Paranthropus, Praeanthropus, Zinjanthropus, Paraustralopithecus y Kenyapithecus, fueron animales parecidos a los simios actuales. Se conocen alrededor de veinte especies distintas de estos australopitecinos, encontrados en las inmediaciones del lago Turkana en Kenia y en otras regiones de África. Entre las especies mejor divulgadas destacan: Australopithecus afarensis, que es la más antigua; A. africanus, con huesos más bien delgados; A. robustus, que como su nombre indica presenta un esqueleto formado por huesos más grandes y robustos; A. boisei, A. anamensis, A. gahri y A. aethiopicus. Todas ellas poseían un volumen craneal igual o más pequeño que el de los actuales chimpancés. Sus manos y pies tenían dedos adaptados a la vida arborícola. Los machos eran más grandes que las hembras, o sea que presentaban dimorfismo sexual, como suele ocurrir habitualmente en algunos monos actuales. Ahora bien, la cuestión obvia es la siguiente, si los australopitecos eran tan parecidos a los simios que viven hoy, ¿por qué razón fueron elegidos como los antecesores de la especie humana?

Los paleoantropólogos supusieron que algunos australopitecos caminaban erguidos como los hombres. Durante décadas, desde que Richard Leakey y Donald C. Johanson estudiaron dichos fósiles, el evolucionismo ha venido creyendo que estos animales se desplazaban sobre las dos patas traseras. Incluso todavía hoy son muchos los que siguen pensando así, como evidencian las múltiples ilustraciones que aparecen en las publicaciones divulgativas. Sin embargo, lo cierto es que en la actualidad los propios especialistas del evolucionismo están divididos ya que, desde la década de los setenta, ciertas investigaciones al respecto han venido sembrando la duda.

En efecto, algunas revisiones del género Australopithecus sugerían todo lo contrario, es decir, que ningún australopiteco caminaba derecho. Dos prestigiosos especialistas en anatomía comparada, los doctores Lord Solly Zuckerman, jefe del Departamento de Anatomía en la Escuela Médica de la Universidad de Birmingham, en Inglaterra, y su antiguo alumno, Charles Oxnard, profesor de la Universidad del Oeste de Australia, después de estudiar detenidamente los esqueletos de todas estas especies, publicaron en la revista científica Nature sendos artículos coincidiendo en que los australopitecos no eran bípedos como se creía, sino que caminaban en cuatro patas, tal como lo hacen los chimpancés, gorilas y orangutanes actuales (Zuckerman, 1970; Oxnard, 1975). Oxnard finalizaba su trabajo señalando que el género Homo podía en realidad ser tan antiguo como el género Australopithecus, o incluso simultáneo en el tiempo, por lo que habría que eliminar a este último del linaje humano.

La postura erguida del ser humano requiere de una configuración anatómica muy especial que le hace notablemente diferente de los simios. Ningún otro animal conocido posee tales características. ¿Pudo la evolución realizar los cambios anatómicos necesarios para pasar del modo de caminar en cuatro patas, propio del mono, a la posición bípeda del hombre? Investigaciones en anatomía comparada que han empleado modelos de computadora han puesto de manifiesto que esto no es posible. Cualquier forma intermedia entre un ser cuadrúpedo y otro bípedo requeriría un consumo de energía tan elevado que la haría del todo inviable. Un animal semibípedo, tal como algunos conciben a Lucy, no puede existir porque, sencillamente, vulneraría las leyes de la biofísica.

La posición vertical propia del ser humano no tiene que ver solo con el esqueleto y los músculos, sino que afecta también a otros órganos del cuerpo. Por ejemplo, el tamaño del oído interno, en el que reside el sentido del equilibrio, está relacionado con la posición del cuerpo durante la locomoción. Mediante tomografías axiales computarizadas de alta resolución (TAC) se ha podido calcular el volumen del laberinto del oído interno de muchas personas y de monos actuales pertenecientes a diversas especies de chimpancés, gorilas y orangutanes, para compararlos con el laberinto correspondiente de cráneos fósiles de australopitecos, Homo habilis y Homo erectus (Word, 1994).

En los organismos vivos estudiados se correlacionó el tamaño de los canales semicirculares con la masa del cuerpo, y se comprobó que los seres humanos modernos poseen dichos canales anteriores y posteriores más grandes que los monos actuales, mientras que el canal lateral es más pequeño. El resultado de tales investigaciones ha revelado que el oído interno de todos los australopitecos, así como el del Homo habilis, era muy similar al de los grandes monos actuales, es decir, no apto para una locomoción bípeda. Por el contrario, el del Homo erectus se asemeja al del hombre moderno. Esto corrobora la idea de que, en cuanto al tipo de locomoción, entre los simios y el hombre existe una diferencia fundamental. Todos los Australopithecus y el Homo habilis serían en realidad simios fósiles comparables a los monos actuales, mientras que el Homo erectus tendría que ser considerado como una auténtica raza humana.

En contra de lo que habitualmente se dice, el bipedismo humano no constituye ninguna ventaja evolutiva sobre el desplazamiento en cuatro patas de los animales. El hombre no es capaz de alcanzar los ciento veinticinco kilómetros por hora del guepardo, ni moverse por la copa de los árboles a la velocidad que lo hacen los chimpancés o los monos aulladores. Desde el punto de vista de la rapidez de movimientos encaminados a huir o defenderse, los seres humanos estamos en inferioridad de condiciones con respecto al resto de los animales. Según la lógica evolutiva, que como suele afirmarse, apostaría siempre por una mayor complejidad y perfección de los seres, no se debería haber producido una transformación desde los monos cuadrúpedos al hombre bípedo, sino todo lo contrario: el ser humano tendría que haberse convertido en mono, ya que desde el punto de vista de la locomoción, este último es mucho más eficaz que nosotros.

Si a esto se replicara que el bipedismo permitiría liberar las manos, así como favorecer el desarrollo de la imaginación y del cerebro hasta convertir al hombre en un piloto de fórmula uno, en un aviador o en astronauta, deberíamos señalar que una cosa es la evolución biológica y otra muy distinta la cultural. Se trata de dos conceptos que no deberían mezclarse ya que, sea como sea, resulta difícil creer que la evolución habría favorecido el bipedismo porque estaba interesada en obtener astronautas. Además, al evolucionismo le ha repugnado siempre la idea teleológica de que las transformaciones de los seres vivos están orientadas hacia un fin determinado.

Por otro lado, el hecho de caminar sobre dos patas o dos pies no prueba de forma ineludible que quien así se desplaza esté relacionado filogenéticamente con el ser humano. Las aves, por ejemplo, son bípedas y a nadie se le ocurriría decir que descendemos de ellas. Lo mismo podría decirse de los lémures de Madagascar, que cuando están en el suelo se mueven saltando sobre sus dos patas traseras. El hecho de que un mono sea capaz de erguirse y ponerse de pie, como hacen casualmente los perros y los osos, no demuestra que vaya a transformarse en hombre después de millones de años.

La prestigiosa revista Science publicó en 1994 un trabajo del Dr. Randall L. Susman en el que se comparaba la forma de la mano humana con la de los simios actuales y de los fósiles en cuestión. La intención era relacionar estructura y función con el posible uso o no de herramientas (Susman, 1994). El tamaño y la forma de los huesos, así como de los músculos y tendones que constituyen la mano del hombre, tiene que ver con la precisión con que es capaz de agarrar y manipular objetos. Los monos poseen dedos largos y curvados con las yemas estrechas, mientras que las personas tienen dedos relativamente cortos, rectos y amplias yemas. Susman concluye su artículo señalando que existen dos grupos bien diferenciados: los que son capaces de utilizar herramientas más o menos sofisticadas y los que no. Entre los primeros, sus cálculos sitúan al Homo sapiens y al H. erectus, mientras que los australopitecos, entre los que se incluye Lucy, pertenecen al grupo de los simios incapaces de usar herramientas con cierta precisión. La investigación de Susman finaliza descartando a los australopitecos del pretendido árbol genealógico humano.

A la vista de las opiniones enfrentadas que se observan hoy dentro del propio evolucionismo, nos parece que la hipótesis del bipedismo dentro del género Australopithecus responde más al deseo de encontrar un eslabón perdido entre los animales cuadrúpedos y el ser humano que a verdaderos argumentos científicos. Los australopitecos constituyen diversas especies de monos fósiles que se extinguieron en el pasado sin dejar descendientes, como ocurrió con los dinosaurios y tantas otras especies biológicas que nada tuvieron que ver con el origen del hombre. Si algunos insisten en considerarlos antepasados humanos es porque no tienen nada mejor a mano. Sin embargo, los australopitecos son tan homínidos como pueden serlo los grandes monos que viven en la actualidad. Ellos eran seres mucho más parecidos a los gorilas, chimpancés y orangutanes de hoy que a nosotros mismos. Esto es precisamente lo que refleja el esquema que exhibe al público el zoológico de Barcelona, en España, en la entrada a su reciente pabellón dedicado a los gorilas de montaña (Fig. 6). Por lo tanto, el primer peldaño de la pretendida escalera evolutiva se tambalea y cae bajo el peso de la evidencia: los australopitecos no fueron antepasados del hombre.

Los australopitecos constituyen diversas especies de monos fósiles que se extinguieron en el pasado sin dejar descendientes, como ocurrió con los dinosaurios y tantas otras especies biológicas que nada tuvieron que ver con el origen del hombre. Si algunos insisten en considerarlos antepasados humanos es porque no tienen nada mejor a mano. Sin embargo, los australopitecos son tan homínidos como pueden serlo los grandes monos que viven en la actualidad. Ellos eran seres mucho más parecidos a los gorilas, chimpancés y orangutanes de hoy que a nosotros mismos. Esto es precisamente lo que refleja el esquema que exhibe al público el zoológico de Barcelona, en España, en la entrada a su reciente pabellón dedicado a los gorilas de montaña (Fig. 6). Por lo tanto, el primer peldaño de la pretendida escalera evolutiva se tambalea y cae bajo el peso de la evidencia: los australopitecos no fueron antepasados del hombre.

Fig. 6. Esquema simplificado que exhibe el parque zoológico de Barcelona (España), en el que puede apreciarse la pretendida relación filogenética que existiría entre el ser humano actual (Homo sapiens sapiens) y los grandes monos. Es significativo el hecho de que los australopitecos ya no han sido colocados en la línea que conduciría al hombre, sino en otra diferente que se extinguió sin dejar descendencia. El evolucionismo cree hoy que hombres y australopitecos descienden de un desconocido e hipotético antepasado común.

2. Homo habilis: un australopiteco más

La denominación de la especie Homo habilis fue propuesta en la década de los sesenta por la familia Leakey, constituida por varios paleoantropólogos famosos, con la intención de agrupar una serie de cráneos y restos óseos enigmáticos o difíciles de clasificar. Desde el principio este taxón, o grupo sistemático de clasificación, ha sido muy problemático y todavía hoy continúa generando divergencias profundas en el seno de la paleontología evolucionista.

En 1964, Louis Leakey, Phillip Tobias y John Napier anunciaron en la revista Nature el descubrimiento del nuevo «ancestro humano», al que llamaron precisamente Homo habilis por creer que era capaz de fabricar herramientas. Los primeros fósiles encontrados en Olduvai (Tanzania), que se denominaron: OH 13, OH 16 y OH 17, eran restos craneales muy incompletos asociados a mandíbulas y maxilares. Después se les añadió OH 8, formado por falanges, un fragmento molar y restos de un pie; OH 6, que incluía un parietal y algunos dientes; y OH 4, que era un trozo de mandíbula con un molar y un premolar. Más tarde se encontraron trozos de otro cráneo al que se llamó OH 24 (Fig. 7), que como puede apreciarse seguía siendo bastante fragmentario. A pesar de haber sido incluidos en el género Homo, por creer que dichos seres fabricaron los primeros instrumentos humanos vinculados con la industria de Olduvai, en realidad, todos estos fósiles recordaban mejor el aspecto simiesco de los australopitecos que el humano, tal como se manifestó ya desde un primer momento.

Fig. 7. Visión lateral y frontal del cráneo OH 24 que fue atribuido al Homo habilis a pesar de su aspecto simiesco y su reducido tamaño.

Los principales rasgos morfológicos del Homo habilis fueron criticados con severidad por algunos de los más ilustres paleontólogos de la época, como Le Gros Clark, Howell, Campbell, Pilbeam, Simons Robinson, entre otros. El primero de esta lista envió una carta al editor de la revista científica Discovery, en la que decía lo siguiente: «Las similitudes de los fósiles de Leakey (se refiere al Homo habilis) con los ejemplares conocidos como Australopithecus son tan remarcables, y las diferencias con respecto a los restos fósiles conocidos como Homo (se refiere a Homo erectus) tan grandes, que difícilmente puede discutirse su relegación al género anterior (es decir, a los australopitecos)». Por su parte, C. Loring Brace, de la Universidad de Michigan, afirmó también: «Ya que el taxón Homo habilis carece de espécimen tipo, de paratipos utilizables o de cualquier otro material inequívocamente referido, constituye un taxón vacío, propuesto de forma inadecuada, y debería ser formalmente suprimido» (Gibert, 2004). Tales fueron las primeras reacciones de buena parte del estamento científico del momento.

No obstante, a pesar de la oposición procedente de las propias filas evolucionistas, el deseo de llenar el vacío existente entre los australopitecos y los verdaderos seres humanos pudo más que las evidencias científicas, y el Homo habilis se mantuvo sobre su endeble y confuso pedestal. La historia se complicó todavía más con el descubrimiento de otros cráneos de diversos tamaños, el KNMER-1470 (Fig. 8), el KNMER-1813 y el OH 62. Los dos primeros hallados por el equipo de Richard Leakey y el tercero debido a los trabajos de Donald C. Johanson. Estos fósiles fueron también clasificados como pertenecientes al Homo habilis, lo que contribuyó a crear un gran cajón de sastre sumamente heterogéneo y confuso, donde se incluían restos que no encajaban en ningún otro lugar.

Algunos autores, como Groves (1989), intentaron ordenar dicho cajón de sastre y les salieron por lo menos dos especies distintas, Homo habilis y H. rudolfensis. La primera para incluir a los fósiles similares a los australopitecos y la segunda para los de aspecto humano. Otros paleontólogos prefirieron creer en la uniformidad del taxón y continúan considerando que el Homo habilis es una única especie intermedia entre el Australopithecus africanus y el Homo erectus.

En medio de toda esta polémica no conviene perder de vista que, en paleontología, muchas conclusiones que se muestran como científicas son en realidad bastante subjetivas y reflejan cuestiones ideológicas, estratégicas o simplemente de promoción personal, más que cualquier otra cosa. Además, en esta disciplina, los criterios para definir nuevas especies no suelen estar bien establecidos, por lo que resulta relativamente fácil crear nuevos taxones que vienen a complicar todavía más las cosas. Por fortuna, las discusiones posteriores de los especialistas a nivel mundial hacen que las aguas vuelvan a su cauce natural y muchos nombres científicos que fueron puestos alegremente se eliminan o son cambiados en función de los nuevos descubrimientos.

Fig. 8. Cráneo denominado KNMER-1470 hallado en la margen oriental del lago Turkana, en Kenya. Se atribuyó a la especie Homo habilis, considerada intermedia entre los australopitecos y el Homo erectus. Los ilustradores imaginaron cómo debía ser su aspecto externo y así se la representa hoy en los medios de divulgación. Sin embargo, muchos paleontólogos creen que se trata de una especie ilegítima que debería eliminarse de la filogenia humana, ya que está constituida por dos tipos de fósiles diferentes: unos claramente humanos, como el de este 1470, y otros pertenecientes al género Australopithecus.

Uno de los principales problemas para el evolucionismo, con relación al Homo habilis, era el que planteaba precisamente este cráneo KNMER-1470, ya que poseía un relativo aspecto de hombre moderno pero había sido encontrado en un estrato demasiado profundo como para pertenecer a un ser humano. Al principio fue datado en 2,9 millones de años de antigüedad, según la cronología evolucionista. Sin embargo, si se aceptaba tal edad, había que suponer que el H. habilis era tan antiguo como los australopitecos, y por lo tanto no podía haber surgido de ellos como se pretendía. Diez años duró la controversia acerca de la antigüedad real de este cráneo, hasta que en 1981 se rebajó ni más ni menos que un millón de años y se asumió que solo tenía 1,9 millones. No cabe duda de que semejante reducción pone en entredicho los métodos empleados por el evolucionismo para datar fósiles. Aunque no se aportaron razones convincentes de por qué el KNMER–1470 no se atribuyó a alguna forma de Homo sapiens, ya que esto era lo que indicaba su aspecto, en vez de ello se prefirió agruparlo con los fragmentos de la especie H. habilis. Y más tarde, este cráneo contribuyó precisamente a darle estatus y aceptación definitiva a la creación de dicha especie.

Hay por lo menos cuatro inconvenientes fundamentales que impiden considerar al Homo habilis como una especie válida (Lubenow, 2003). A saber: (1) según la ley de Dollo, la evolución regresiva es irreversible, o sea que cuando un órgano desaparece ya no reaparece jamás. Esto contradice la pretendida evolución desde el Homo habilis, de aspecto grácil, al Homo erectus, que posee un esqueleto mucho más robusto, y más tarde al Homo sapiens, que vuelve a ser otra vez grácil de formas como el H. habilis; (2) se ha supuesto que el Homo habilis era bípedo y fabricaba herramientas, basándose principalmente en la naturaleza juvenil de unos poco huesos postcraneales, pero esto es una asunción indemostrable; (3) existe una gran disparidad entre los volúmenes de los cráneos 1470 y 1590, que entran claramente dentro del rango humano, y los cráneos 1805, 1813 y OH 24, que son demasiado pequeños para ser considerados humanos, aunque a pesar de tan enormes discrepancias se sigue creyendo que todos pertenecen al H. habilis; y (4) está el hecho de que los fósiles postcraneales no se hayan localizado directamente asociados a los cráneos encontrados. Tales inconvenientes demuestran que el evolucionismo posee mucha fe, o demasiados intereses ideológicos, al pensar que todos estos fósiles pertenecieron a la misma especie.

En mi opinión, el Homo habilis no es un taxón legítimo ya que está formado por fósiles susceptibles de agruparse en dos categorías distintas: unos de mayor tamaño que pueden clasificarse como fósiles humanos y otros notablemente menores que son similares a los australopitecos. Por lo tanto, el H. habilis no constituye ninguna forma intermedia entre los géneros Australopithecus y Homo, como el evolucionismo pretende, sino una mezcla de individuos que pertenecieron a estos dos últimos géneros. Tal conclusión viene respaldada por investigaciones anatómicas de los endocráneos atribuidos al H. habilis (Falk, 1983). Además, la hipótesis de que el Homo erectus surgió del H. habilis ya no puede sostenerse, pues las últimas dataciones evolucionistas afirman que fueron simultáneos en el tiempo (Fig. 14). En resumen, aunque el Homo habilis continúe figurando en los libros de texto y en las publicaciones de divulgación, lo cierto es que se trata de una especie imaginaria que nunca existió. Algunos evolucionistas ya se han atrevido a reconocerlo pero será el tiempo quien se encargue de eliminarlo por completo.

3. Homo erectus: empieza la saga humana

La paleontología evolucionista reconoce la especie Homo erectus, que significa «hombre que caminaba erguido», como perteneciente ya a un verdadero ser humano que poseía su cultura propia. Desde que el médico holandés Eugene Dubois encontrara en 1892 su famoso Pitecanthropus erectus en Trinil (Java), se han venido descubriendo numerosos fósiles atribuidos al Homo erectus en Asia, Europa y África. La razón principal por la que se le considera más primitivo que el Homo sapiens es su capacidad craneal y el prominente arco superciliar (Fig. 9).

El volumen de su cerebro oscilaba entre los ochocientos y los mil doscientos cincuenta centímetros cúbicos. Esto lo sitúa dentro del rango inferior del ser humano, cuya dispersión actual oscila entre los setecientos y los dos mil doscientos centímetros cúbicos. No obstante, muchas personas que viven en la actualidad, como los pigmeos y otras etnias, poseen el mismo volumen craneal que el Homo erectus. También las hay que presentan prominentes arcos superciliares como los aborígenes australianos y, a pesar de ello, son auténticos seres humanos capaces de desarrollar los mismos niveles intelectuales que cualquier otro grupo humano. La neurobiología ha demostrado que la forma del cráneo o el tamaño del cerebro en los seres humanos no están necesariamente relacionados con la capacidad intelectual. Muchos esqueletos atribuidos a esta especie son idénticos a los de los hombres actuales, como el del niño de Turkana, que fue encontrado cerca del lago Turkana en Kenya.

Fig. 9. Reconstrucción del cráneo del Homo erectus con su característica y prominente arcada superciliar. El evolucionismo le considera más primitivo que el Homo sapiens. La razón principal para ello es su capacidad craneal ligeramente inferior y el mencionado arco superciliar. No obstante, muchas personas que viven en la actualidad, como los pigmeos y otras etnias, poseen el mismo volumen craneal que el Homo erectus. También las hay que presentan prominentes arcos superciliares como los aborígenes australianos y, a pesar de ello, son auténticos seres humanos capaces de desarrollar los mismos niveles intelectuales que cualquier otro grupo humano.

El propio paleontólogo Richard Leakey se vio obligado a reconocer que las diferencias existentes entre el Homo erectus y el Homo sapiens no son mayores que las que puedan existir entre razas humanas distintas:

Uno debería ver también las diferencias en las formas del cráneo, en el grado de profusión del rostro, en la prominencia de las cejas, etc. Estas diferencias probablemente no son más pronunciadas que las que vemos hoy día entre razas humanas alejadas geográficamente. Tales variaciones biológicas surgen cuando las poblaciones están apartadas geográficamente durante una cantidad de tiempo significativa (Leakey, 1981).

El mismo error que se cometió al intentar humanizar los australopitecos y el Homo habilis se ha realizado también con el H. erectus pero al revés, animalizándolo. Sin embargo, a pesar de tantas reconstrucciones e ilustraciones divulgativas influidas por el evolucionismo, en las que el H. erectus aparece con aspecto simiesco, a medio camino entre los simios y el hombre, lo cierto es que se trata de una auténtica raza humana. Hay un gran vacío fósil, así como una notable distancia intelectual, entre él y cualquier otro australopiteco u Homo habilis. El género Homo aparece de golpe, y la paleontología actual reconoce que su origen es enigmático e incierto (Gibert, 2004). Por mucho que se procure aproximar los simios a las personas, la verdad es que la propia ciencia de los fósiles se resiste a ello.

No hay señales de transición gradual entre el Homo habilis y el Homo erectus ya que ambas especies aparecen en los estratos casi a la vez. Esto significa que coexistieron en el mismo tiempo. Tampoco se conoce transición alguna entre el Homo erectus y cualquier otra especie de su mismo género (H. ergaster, H. sapiens, H. neanderthalensis, H. antecessor, H. rhodosiensis u H. heidelberguensis). Los árboles evolutivos y las relaciones entre especies se construyen de manera hipotética pues están basados en meras conjeturas o asunciones previas. La realidad es que las especies siempre permanecen estables durante millones de años, nunca se observan evidencias de transición entre una especie y otra.

Por lo que respecta a la capacidad craneal, tan utilizada en esta disciplina, es necesario reconocer que existe una gran variabilidad dentro de las distintas etnias humanas actuales. En ocasiones, el evolucionismo se ha basado en el tamaño del cerebro para construir árboles genealógicos y trazar relaciones de parentesco evolutivo entre las diferentes especies fósiles y el hombre actual. Sin embargo, la realidad es que nuestra capacidad craneal es muy amplia. Cuando se analiza el cráneo de las diversas razas humanas que existen en la actualidad, este oscila entre los setecientos y hasta cerca de los dos mil doscientos centímetros cúbicos de capacidad. Y además, dicha variación no tiene nada que ver con la inteligencia de las personas. Tan inteligente, o torpe, puede ser un individuo que pertenezca al rango inferior como al más elevado. Esto constituye un poderoso argumento a tener en cuenta a la hora de atribuir inteligencia a las especies fósiles.

La capacidad craneal media de los orangutanes actuales está alrededor de los cuatrocientos centímetros cúbicos, la de los chimpancés en cuatrocientos cincuenta, y la de los gorilas en unos quinientos. En el ser humano la misma alcanza los mil setecientos cincuenta centímetros cúbicos. Los antropólogos han elaborado distintos índices de cefalización, comparando el peso del cerebro con el total del individuo, o con la médula espinal, o la proporción entre las áreas prefrontales del córtex y la totalidad de este, etc. De tales estudios surgió el siguiente índice de cefalización de Schenk (Pinillos, 1995: 32).

Esta lista expresa con claridad el enorme salto que nos separa del chimpancé, que es el simio más cercano a nosotros en cuanto a índice de cefalización (Fig. 10). Otros indicadores, como los neopaleales y cerebelosos de Witz, muestran que en su dotación cerebral el ser humano supera a los antropoides más parecidos en cifras tal altas que están por encima del trescientos por ciento. Tales datos resaltan las notables diferencias que nos separan de los simios, a pesar de lo que en ocasiones se nos intenta hacer creer por parte del evolucionismo.

Fig. 10. Gráfico que muestra la gran diferencia existente en el índice de cefalización de Schenk entre el hombre y el resto de los grandes monos actuales.

El volumen craneal medio de los Australopithecus era semejante al de los simios actuales, rondaba los seiscientos centímetros cúbicos. Es decir, estaba en el rango propio de los monos. Sin embargo, el de los fósiles pertenecientes al género Homo, como el H. erectus, superaba ya los mil centímetros cúbicos. Por ejemplo, el hombre de Java y el de Pekín, que se consideran miembros de dicha especie, alcanzaban capacidades medias de mil trescientos centímetros cúbicos, mientras que el hombre de Neandertal y el de Cro-Magnon llegaron incluso a superar la capacidad craneal del hombre moderno. Todos tenían un volumen cerebral que estaba dentro del rango que incluso en la actualidad poseemos las personas. A pesar de las pretensiones de la teoría darwinista, y reconociendo las limitaciones de equiparar el tamaño cerebral con la inteligencia, lo cierto es que el análisis del volumen del cerebro muestra claramente lo que venimos defendiendo hasta ahora, que no hay evidencia de transición gradual entre los fósiles pertenecientes a los simios y los fósiles humanos. Los hechos confirman la existencia de dos grandes grupos fósiles diferentes, el de los monos y el de los hombres. Pero no el de los «hombres-mono» que predica el evolucionismo. El ancestro común está hoy más perdido que nunca.

Es frecuente oír acerca de los «grandes parecidos» que existen entre algunos simios de la actualidad y los seres humanos. Se dice, por ejemplo, que desde el punto de vista genético los chimpancés se parecen a nosotros en un noventa y ocho por ciento. Y es verdad. A primera vista, esto parece reforzar la idea de que ellos y nosotros somos parientes cercanos que habríamos descendido por evolución a partir de un antepasado común. No obstante, ante las evidentes diferencias que hay entre un mono y un científico, por ejemplo, quizás sea interesante preguntarse por esa «pequeña» diferencia del dos por ciento.

Uno de los descubrimientos que más sorprendió a los antropólogos evolucionistas fue el hecho de que tanto chimpancés, como gorilas y orangutanes tuvieran veinticuatro pares de cromosomas en cada una de sus células, mientras que los humanos solo poseyéramos veintitrés. El hombre constituye precisamente la única excepción entre el resto de los primates porque posee un par menos. Esta diferencia hace que las personas puedan ser consideradas como seres únicos. ¡Un par de cromosomas menos y ese misterioso dos por ciento distinto deben ser características tremendamente importantes!

A ellas se debe que nazcamos completamente indefensos y con un pequeño cerebro que solo representa el veinticinco por ciento de su volumen definitivo, para que después, fuera del claustro materno, pueda desarrollarse plenamente por encima de las posibilidades de cualquier simio, permitiendo así la educación y la cultura. A tales desigualdades génicas se deben también características propias, como que podamos andar erguidos, pensar, hablar, trabajar con las manos y creer en Dios. El gorila, por ejemplo, construye cada noche un nido de ramas que desaparece a los pocos días sin dejar rastro alguno. Sin embargo, el hombre siempre deja huellas indelebles de su presencia. Puntas de flecha, piedras de sílex talladas, pinturas rupestres, arte, cerámica, construcciones, enterramientos, etc. El entorno habitado por el ser humano tiene memoria y permite ser estudiado, mientras que el de los monos es casi estéril.

El hombre es la única especie verdaderamente ubicua, adaptada a todos los ambientes y capaz de transformarlos en beneficio propio. La conciencia que tiene de sí mismo le lleva a saber que debe morir y que su propia esencia no puede ser explicada solo como materia natural. La existencia del alma como realidad trascendente, sinónimo de vida, psiquismo, espiritualidad y apertura a lo sobrenatural es una característica fundamental del hombre, la cual no se da en el resto de los primates ni en ningún otro animal, y no puede ser pasada por alto. ¡Después de todo, esa diferencia del dos por ciento no parece tan insignificante!

 4. Homo sapiens: diversidad de razas

El nombre que el ser humano ha dado a su propia especie, Homo sapiens, denota la inteligencia que caracteriza o debiera caracterizar el comportamiento del hombre. Es verdad que cuando nos comparamos con otros animales irracionales, sobre todo por lo que respecta a su conducta, cuidado de las crías, fidelidad a los congéneres, sentido común, etc., en ocasiones el calificativo de «sabio» parece más apropiado para alguno de ellos que para ciertos individuos de la especie humana. No obstante, a pesar de tales consideraciones morales, es innegable que el hombre es cualitativamente diferente de todos los demás organismos que habitan este planeta. Tendremos ocasión de abundar en ello en el siguiente apartado, de momento pasaremos revista a los principales fósiles pertenecientes al género Homo y a las notables similitudes que presentan con el ser humano moderno.

Juan Luis Arsuaga e Ignacio Martínez, dos paleontólogos españoles que trabajan en el proyecto Atapuerca, proponen en su libro La especie elegida un nuevo esquema evolutivo para el género Homo, a partir del momento en que, según su opinión, se produjo el poblamiento de Eurasia (Arsuaga y Martínez, 1998) (Fig. 11). Evidentemente, en dicho esquema incluyen la nueva especie descubierta por ellos en la cueva de la Gran Dolina (Burgos), que denominan Homo antecessor por creer que fue el antepasado común de nuestra especie y de los neandertales.

Fig. 11. Esquema evolutivo del género Homo propuesto por el equipo de Atapuerca, a partir del momento del poblamiento de Eurasia (Arsuaga, 1998).

Lo primero que se observa en este nuevo árbol evolutivo es que ni el Homo erectus, ni el hombre de Neandertal, ni el de Heidelberg, están en el linaje que conduciría al Homo sapiens, sino que se extinguieron sin dejar descendientes. Esto demuestra cómo han evolucionado los propios árboles genealógicos y cómo cada nuevo cráneo que se descubre supone también una revisión de lo que se creía anteriormente. El esquema propuesto por Johanson y White (Fig. 12), y que se aceptó durante los años de 1979 a 1986, suponía que el Homo erectus fue el antecesor directo del Homo sapiens. Sin embargo, hoy se cree que ambas especies fueron contemporáneas y, por lo tanto, una no pudo surgir de la otra (Fig. 14).

Esquema de la evolución humana 1979–1986

(Según Johanson y White)

Fig. 12. Esquema de la evolución humana, según Johanson y White, que predominó durante la década de los ochenta y posteriormente fue cambiando.

Esquema de la evolución humana 1986–

(según Lubenow)

Fig. 13. Esquema de la evolución humana aceptado a partir de 1986. Con el descubrimiento de nuevos fósiles aumentan considerablemente los interrogantes y los simios fósiles se van separando de los humanos.

El hombre de Neanderthal fue considerado durante mucho tiempo como antepasado del ser humano actual. Se le dibujaba encorvado, peludo y con un cráneo de forma simiesca, para darle apariencia de estar a medio camino entre los monos y las personas. Sin embargo, la paleoantropología actual ha reconocido que esto fue un error. No hay nada en los múltiples restos óseos que se poseen de los neandertales que indique que se tratara de una especie inferior al hombre. Se ha reconocido que la apariencia encorvada era consecuencia del raquitismo que habían sufrido algunos ejemplares. Su esqueleto era más robusto que el nuestro y su capacidad craneal sobrepasaba también ligeramente la del hombre actual. Sabemos que enterraban a sus muertos mediante algún tipo de ceremonial religioso, que fabricaban instrumentos musicales y, probablemente, se relacionaron con el Homo sapiens antiguo. Algunos paleontólogos creen que no era una especie distinta a la nuestra, sino solo una subespecie o raza diferente, por eso prefieren llamarla Homo sapiens neanderthalensis. En resumen, los neandertales fueron una raza humana más fuerte y vigorosa que nosotros, que simplemente desapareció de la tierra, al igual que siguen desapareciendo hoy otras etnias.

Esquema de la evolución humana 1997

(según Bernard Wood, Universidad de Liverpool)

Fig. 14. Uno de los últimos esquemas evolutivos propuestos para el origen del hombre. Como puede apreciarse, continúan aumentando los interrogantes en torno al origen del género Homo, y cada vez resulta mayor la brecha existente entre los simios (Ardipithecus, Australopithecus, Paranthropus) y las distintas variedades humanas.

Lo mismo puede decirse del Homo heidelbergensis, el H. rhodesiensis, el H. antecessor y el H. ergaster. Las diferencias entre ellos y el Homo sapiens arcaico son realmente insignificantes, y el hecho de que se clasifiquen como especies distintas depende más de los criterios conceptuales y sistemáticos entre paleontólogos evolucionistas que de las evidencias reales. Muchas de las divergencias anatómicas que se observan en los cráneos fósiles atribuidos a dos especies distintas son similares a las que pueden existir hoy entre dos razas humanas diferentes, como pueden ser un europeo, un pigmeo o un aborigen australiano (Fig. 15).

No obstante, el descubrimiento más espectacular y trascendente para la paleontología no ha venido de ella sino de la ciencia de la herencia, la genética. Fue el ocurrido a principios de este siglo XXI. En la prestigiosa revista Nature, en el número de marzo del 2002, el evolucionista molecular Alan Templeton, de la Universidad de Washington en Saint Louis (Missouri), hizo público un estudio acerca de las comparaciones de ADN en los seres humanos actuales (Templeton, 2002). Se trata de una especie de técnica detectivesca que pretende reconstruir la historia evolutiva de la humanidad determinando el grado de parecido genético entre las poblaciones humanas actuales de todo el mundo. Sus conclusiones, centradas en métodos matemáticos e informáticos muy avanzados, están revolucionando completamente la antropología. Ya no se habla de huesos fósiles, sino de genes presentes en los humanos actuales que se consideran fósiles del pasado.

Fig. 15. Cráneos contemporáneos de un europeo y un aborigen australiano, ambos pertenecientes a la misma especie Homo sapiens sapiens. Las diferencias entre ellos serían suficientes para clasificarlos como dos especies distintas si se encontraran en estado fósil.

¡Si Templeton tiene razón, y parece que sí la tiene, todas las especies fósiles conocidas, tales como el Homo erectus, el Homo antecessor, el Homo heidelbergiensis, el Homo neanderthalensis y el Homo sapiens son en realidad la misma y única especie humana! Esto supone un cambio fundamental de paradigma dentro de la antropología, ya que confirma que todos estos pretendidos eslabones fósiles no fueron más que variedades raciales de la única especie de seres humanos. Los genes del hombre actual indican que en el pasado hubo importantes migraciones entre los continentes africano, asiático y europeo, pero tales traslados no produjeron el reemplazo de una variedad humana por otra, sino el entrecruzamiento o la mezcla genética, lo cual contribuyó a consolidar los lazos genéticos entre las poblaciones humanas por todo el mundo.

En otras palabras, no hay evidencia sólida de que el hombre haya evolucionado a partir de ningún simio del pasado. Todos los fósiles pertenecientes al género Homo (a excepción de H. habilis) corresponderían en realidad a seres humanos que nada tuvieron que ver con los monos fósiles de los géneros Australopithecus o Paranthropus. En algunos casos, incluso fueron contemporáneos. Por lo tanto, en contra de lo que habitualmente se divulga, no existe ninguna evidencia fósil convincente de que se hubiera producido una transición evolutiva entre ambos grupos fundamentales. El primitivo árbol de la evolución humana ha quedado convertido en dos arbustos independientes sin conexiones reales entre sí. Por un lado, el de las especies de simios fósiles, y por el otro, el de las variedades o razas de auténticos seres humanos. Estos hechos, que actualmente tienen confundidos a tantos paleoantropólogos evolucionistas, nos llevan a la conclusión lógica de que las personas siempre han sido personas y los monos, monos. El hombre desciende de Dios, no del simio, y esto es precisamente lo que afirma la Biblia.

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Jesús es precioso porque elimina nuestra culpa

Jesús es precioso porque elimina nuestra culpa

Por:  John Piper

Romanos 3:19–26

Pero sabemos que todo lo que la ley dice, lo dice a los que están bajo la ley, para que toda boca se cierre y todo el mundo quede bajo el juicio de Dios; 20 ya que por las obras de la ley ningún ser humano será justificado delante de él; porque por medio de la ley es el conocimiento del pecado. 21 Pero ahora, aparte de la ley, se ha manifestado la justicia de Dios, testificada por la ley y por los profetas; 22 la justicia de Dios por medio de la fe en Jesucristo, para todos los que creen en él. Porque no hay diferencia, 23 por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios, 24 siendo justificados gratuitamente por su gracia, mediante la redención que es en Cristo Jesús, 25 a quien Dios puso como propiciación por medio de la fe en su sangre, para manifestar su justicia, a causa de haber pasado por alto, en su paciencia, los pecados pasados, 26 con la mira de manifestar en este tiempo su justicia, a fin de que él sea el justo, y el que justifica al que es de la fe de Jesús.

La culpa es una experiencia universal. Todos alguna vez han tenido la mala sensación de no hacer lo que debieron haber hecho. Hasta los que niegan que exista tal cosa como el bien y el mal, quedan atrapados por la ley de Dios escrita en sus corazones. Pretenden probar que no existe tal cosa como el bien y el mal y que todas las éticas son relativas y arbitrarias, pero terminan diciendo que es bueno para estar de acuerdo con ellos y es malo no estarlo. Nadie jamás ha borrado exitosamente el sentido del deber que Dios escribe en cada alma humana. Nuestras sensibilidades morales pueden estar tan pervertidas que se oponen por completo a las de Dios, pero todos sienten que deben hacer ciertas cosas y otras no. Y todos sabemos que no hemos hecho todo lo que debimos haber hecho, o sentido lo que debimos haber sentido. Y alguna que otra vez esto nos ha hecho sentir mal. A dejar de hacer lo que debimos haber hecho, lo llamamos: culpa. Y a los malos sentimientos que a menudo le acompañan, les llamamos: sentimientos de culpa o remordimientos de conciencia.

Si nuestra conciencia es sensible, estos sentimientos pueden producir tanta miseria que podríamos ser tentados a cometer suicidio. Muy a menudo buscamos otras vías para disminuir el cargo de conciencia. Existen al menos tres vías por las que las personas contemporáneas tratan de resolver el problema de la culpa: las intelectuales, las físicas, y las religiosas. Por ejemplo, entre las vías intelectuales existe la enseñanza de que la culpa se debe a expectativas no reales que ponemos sobre nosotros mismos. Por supuesto, fallamos y hacemos lo malo, pero somos solo seres humanos y es irrazonable esperar demasiado de nosotros. Así disminuyen las expectativas puestas en su propia virtud y tendrá menos culpa. Otro método es decir que nuestros principios morales son anticuados y restrictivos. Son producto del accionar gastado de la ética protestante, o son residuos de la mojigatez puritanita de las costumbres victorianas. Usted resolvería sus problemas de culpa si saliera de esa época y dejara de vivir en las oscuras épocas de la ética. Una de las más asombrosas estrategias para manejar la culpa en los últimos diez años ha sido la enseñanza de que algunas de las cosas que todos pensamos que eran vicios son, en realidad, virtudes, ¡y no tenerlas es malo! Como: la codicia, y la intimidación, y la auto exaltación. (Ellen Goodman tenía una editorial en el periódico Friday’s acerca de seminarios que se ofrecían sobre como casarse por dinero. Un libro acerca de cómo la intimidación se utiliza para tener éxito en las ventas. Y todo, desde R.C hasta el queso fresco, es vendido con la palabra YO en letras mayúsculas). Para muchos ha sido muy prometedor resolver sus problemas de culpa uniéndose a la campaña de convertir los vicios en virtudes.

Pero aun cuando los 70’s fueron marcados por una asombrosa multiplicación de las estrategias intelectuales para resolver el problema de la culpa, las tradicionales vías físicas todavía predominan. Para los que no tienen suficiente cerebro para pensar en una forma de salir de los sentimientos de culpa, siempre se puede recurrir el alcohol, y más recientemente, otras drogas. Pienso que la mala conciencia es la raíz principal del alcoholismo. Se puede decir que fue el estrés lo que le llevó a beber, o que fue el dolor y la soledad lo que le llevó a beber. Pero ¿no es que sintieron que en lo profundo debieron ser capaces de poder con el estrés, y el dolor, y la soledad; y que lo que querían ahogar era la creciente culpa de su fracaso? Por supuesto, el alcohol y las drogas no son las únicas vías para escapar de la culpa. Algunas personas hablan, hablan incesantemente, y nunca escuchan en silencio, no sea que escuchen algo que no quieren oír. Algunas personas se dedican día y noche a los juegos, y a los pasatiempos, y a los deportes. Algunas mantienen la televisión encendida todo el día para crear una lluvia constante de sonido e imágenes en sus mentes que los proteja de lo que Simón y Garfunkel llamaron “Los inquietantes sonidos del silencio.”

Pero la táctica más antigua y reverenciada para evitar la miseria de la culpa, es la religión. Esta táctica puede ser la más engañosa, porque es la que más se acerca a la verdad. Reconoce lo que generalmente ignoran las estrategias intelectuales y físicas: que la causa suprema de la culpa es que existe un Dios justo cuya voluntad para sus criaturas es ignorada o desobedecida. Reconoce que bajo cada remordimiento de conciencia en el alma humana está la silenciosa, y a menudo inexpresada convicción, “He ido en contra de Dios”. Los caminos o modos que la religión ha desarrollado para lidiar con ésta culpa, es tratar de aplacar o apaciguar a Dios con buenas obras o rituales religiosos. Los religiosos conocen que tienen una gran deuda con Dios debido a su desobediencia. Pero a menudo cometen el terrible error de pensar que pueden pagarla mediante las buenas obras y la ejecución de deberes religiosos.

Pienso que si nos tomamos el tiempo, y fuésemos bien cuidadosos, pudiéramos mostrar que ninguna de estas formas de lidiar con la culpa (intelectual, física, o religiosa), es satisfactoria. Desde la profundidad de nuestra culpa, nuestras mentes pueden pervertirse fácilmente, pero nuestros corazones no sanan tan ligeramente. Y en lo profundo, todos nosotros conocemos que existe algo no auténtico en de la auto-confirmación de las ansias de dólar, e intimidar a los ejecutivos que te conocen bien. Sabemos que el alcohol, y las drogas, y el entretenimiento compulsivo, y el ruido no son la vía para vivir en paz. Y debemos saber, los que hemos escuchado el evangelio de Jesucristo, que la deuda que tenemos con Dios no puede ser pagada por nuestra miserable virtud. Pero en vez de tratar de mostrar la incapacidad de todo esto, quiero seguir avanzando en lo que comenzamos en los dos últimos mensajes. El punto de los dos últimos mensajes era que la imagen bíblica de Jesús es verdadera. Está históricamente apoyada y es defendible. Y es racionalmente convincente para la mente abierta. Jamás hombre alguno ha hablado como este hombre, Jesús (Juan 7:46). En él se puede confiar, él es verdadero, él sostenía el Antiguo Testamento, y es él quien habla por su Espíritu en el Nuevo Testamento. Por tanto, es suficiente para nosotros oír de él, mediante su apóstol, Pablo, como Dios ha lidiado con nuestra culpa. Es la mejor noticia en todo el mundo. Es la única estrategia que confiesa la verdad de la justicia de Dios y lo profundo de nuestra deuda ante él. Una vez que usted ha comprendido la manera en que Dios tratar con su culpa, cualquier otra cosa parecerá ligera, superficial, y completamente inadecuada en comparación, y se regocijará conmigo en que ‘Jesús es Precioso Porque Elimina Nuestra Culpa.’

Recuerden, no es mi palabra, sino la Palabra de Dios, la Biblia, quien nos muestra el camino. Examinemos juntos Romanos 3:19-29. Todo lo que quiero hacer es dejar que el texto hable, porque tiene un poder tremendo para persuadir y conquistar nuestros corazones. Pero permítanme resumir cinco observaciones del texto, y después las examinaremos más de cerca para seguir la línea del argumento de Pablo:

  • Primera, todos, judíos o gentiles, están personalmente bajo el juicio de Dios por su pecado (v.19).
  • Segunda, la relación resultante de la culpa humana y la indignación divina, no puede arreglarse mediante las obras de la ley (v.20).
  • Tercera, Dios, en su propia iniciativa, se ha encargado de buscar absolución gratuita (vv. 21-24).
  • Cuarta, él ha hecho esto poniendo de por medio a su Hijo Jesucristo para que nos redima mediante su muerte y demuestre la justicia de Dios (vv.24-26).
  • Quinta, este regalo de la justificación llega solo a aquellos que confían en Jesús (vv.22, 25,26).

Sigamos ahora la línea del pensamiento de Pablo desde el versículo 19 al 26.

Primero: En Romanos 3:9 Pablo resume la idea que ha expuesto anteriormente: “judíos y a gentiles, […] todos están bajo pecado”. Todos han pecado y están bajo el horroroso dominio del pecado, todos son esclavos del pecado (Romanos 6:16). Para ilustrar y respaldar esta idea toma palabras de los Salmos y de Isaías, y describe la condición pecadora de la especie humana en los versículos 10-18. Luego, en el versículo 19 dice: “ero sabemos que todo lo que la ley dice, lo dice a los que están bajo la ley, para que toda boca se cierre y todo el mundo quede bajo el juicio de Dios”. Nuestra primera observación, por tanto, es que todos, sin tener en cuenta la raza, están personalmente bajo el juicio de Dios. El problema universal de la culpa no se debe al hecho de que le hayamos fallado a nuestros compañeros, sino a que hemos fallado a Dios. Todos los aquí presentes, en esta habitación, están directamente bajo el juicio de Dios. Dios trata con usted como un individuo, y algún día tendrá que rendirle cuentas de su vida. Ese debe ser un pensamiento aterrador si va a tratar de lidiar con su culpa mediante uno de estos caminos: físico, intelectual, o religioso; que mencioné anteriormente. ¡Oh! Cuan necios y trágicos parecerán todos: “el día de la ira y de la revelación del justo juicio de Dios” (Romanos 2:5). No importa cuan virtuosos aparezcamos, todos estamos bajo el juicio de Dios, y habrá un ajuste de cuentas para lo que hayamos hecho, y dicho, y pensado, y sentido. El problema universal de la culpa no trata solo con el cómo sentirnos mejor, sino cómo estar bien con Dios. Las estratagemas seculares para aliviar la miseria de nuestra culpa, más tarde o más temprano fallarán, porque ignoran el principal problema de la existencia humana. Somos culpables ante Dios. Es su ley la que hemos quebrantado. Es de su gloria de la que hemos sido destituidos (Romanos 3:23). Todos los aquí presentes, en esta habitación, están personalmente bajo el juicio de Dios, y algún día se encontrarán con él, lo mismo culpables y condenados, que absueltos y destinados al gozo.

Segundo: El versículo 20 es dado como la base o fundamento del versículo 19: “ya que por las obras de la ley ningún ser humano será justificado delante de él [Dios]; porque por medio de la ley es el conocimiento del pecado”. Ser justificado significa ser absuelto por Dios, ser declarado libre e inocente, ser corregidos en relación a Dios de modo que su indignación sea retirada y nuestra rebelión ya no sea tomada en cuenta. La idea de este versículo es que la absolución nunca será lograda por medio de las obras de la ley. Esto quiere decir que, si una persona no confía en la gratuita y justificadora misericordia de Dios, y pretende todavía estar a bien con Dios mediante las obras de la ley, siempre fracasará. El resultado o efecto será revelar aún más claramente su pecado (Romanos 5:20; 7:7,8; Galatas 3:19).

La conexión entre los versículos 19 y 20 parece ser más o menos así: Cuando las personas no confían en la misericordia de Dios, pero tratan de utilizar la ley para estar a bien con él, la ley trae a la luz su pecado y los condena por su incredulidad. Y ya que esto es cierto para todos los humanos (“toda carne”), judíos y gentiles (v.20), sabemos que cuando la ley habla así a los judíos, también tiene en cuenta a todo el mundo, para que toda boca se cierre y todo el mundo quede bajo el juicio de Dios. Así que las primeras dos observaciones son que todos son pecadores y están personalmente bajo el juicio de Dios, y que esta relación de culpa no puede repararse mediante las obras de la ley.

Tercero: Dios, en su propia iniciativa, se ha encargado de buscar nuestra absolución.

Versículos 21-24: “21Pero ahora, aparte de la ley, se ha manifestado la justicia de Dios, testificada por la ley y por los profetas; 22la justicia de Dios por medio de la fe en Jesucristo, para todos los que creen en él. Porque no hay diferencia, 23por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios, 24siendo justificados gratuitamente por su gracia, mediante la redención que es en Cristo Jesús”. Olvidando las promesas acerca de la misericordia de Dios que habían en la ley del Antiguo Testamento, y los llamados al arrepentimiento y a la fe, el verdadero efecto de la ley en general, era exponer y condenar el pecado (Gálatas 3:21-22). Por tanto, cuando Dios se encargó de manifestar su justicia para nuestra justificación, lo hizo “aparte de la ley”. Es decir: no dirigió nuestra atención de vuelta a la ley con sus sacrificios de animales, sino que dirigió nuestra atención hacia su Hijo, al que envió a morir por nuestro pecado. Romanos 8:3 lo expone así: “Porque lo que era imposible para la ley, por cuanto era débil por la carne, Dios, enviando a su Hijo en semejanza de carne de pecado y a causa del pecado, condenó al pecado en la carne”.

Lo que quiero subrayar bajo esta tercera observación es que Dios no nos ha abandonado para que lidiemos con nuestra culpa solos, sino que ha tomado la iniciativa mientras todavía éramos pecadores (Romanos 5:8) de buscar nuestra absolución y dárnosla gratuitamente. La gloria del evangelio es el Único ante quien somos culpables y condenados, es el mismo que se ha encargado de reemplazar nuestra culpa y su indignación por justicia y reconciliación. Este acto de Dios que nos pone en una relación correcta para con él, donde ya no existe la culpa y la condenación, es llamado “justificación” en el versículo 24. Y por favor, no pierdan de vista el fundamento de la justificación en ese versículo: su fundamento es la gracia y por tanto es un regalo gratis. Usted no puede ganársela o merecerla por obras. La gracia y las obras se oponen la una a la otra. Escuchen Romanos 11:5, 6: “Así también aun en este tiempo ha quedado un remanente escogido por gracia. 6Y si por gracia, ya no es por obras; de otra manera la gracia ya no es gracia. Y si por obras, ya no es gracia; de otra manera la obra ya no es obra”. Cuando Pablo dice que nuestra culpa es eliminada por gracia, quiere decir que es un regalo gratis, y que usted no puede ganárselo por obras.

Cuarto: Dios produjo el regalo gratuito de la justificación. Los versículos 24 y 25 dicen que fue “mediante la redención que es en Cristo Jesús, 25a quien Dios puso como propiciación por medio de la fe en su sangre”. ¡Oh, cuan importante es ésta oración! Todos los esfuerzos seculares para lidiar con la miseria humana de la culpa son impotentes porque ignoran este hecho: La santidad de Dios y su justa gloria han sido desacreditadas, difamadas, y blasfemadas por nuestro pecado. ¡Es con un Dios Santo con quien tenemos que encarar nuestra culpa! Y no puede haber justificación, reconciliación, o limpieza de conciencia, a menos que la santidad de Dios sea honrada y la difamación de su justicia sea reparada. La urgencia de nuestro problema con la culpa no es que nos sintamos miserables, sino que el nombre de Dios ha sido blasfemado. Vivimos en una época con una opinión del potencial humano tan horrendamente inflada, y con una opinión de la santidad de Dios tan minúscula que apenas podemos entender cuál es el verdadero problema que tenemos con la culpa. El verdadero problema no es: ¿Cómo puede ser Dios amoroso, y sin embargo condenar a personas con pecados tan pequeños? El verdadero problema es: ¿Cómo puede ser Dios justo, si absuelve a personas tan miserables como nosotros? No puede existir un remedio duradero para la culpa que no trate con la justa indignación de Dios contra el pecado.

Es por eso que tiene que haber un sacrificio. Y no cualquier sacrificio, ¡Sino el sacrificio del Hijo de Dios! Nadie más, ni ningún otro acto, podría reparar la difamación hecha a la gloria de Dios por nuestros pecados. Pero cuando Jesús murió por la gloria del Padre, se hizo la satisfacción. La gloria fue restaurada. La justicia fue demostrada. De allí en adelante está claro que cuando Dios, por gracia, justifica gratuitamente a los impíos (Romanos 4:5), no está siendo indiferente a las demandas de la justicia. Todo está basado en la gran transacción entre el Padre y el Hijo en la mañana del Viernes Santo en el Calvario. Ningún otro evangelio puede eliminar nuestra culpa porque ningún otro evangelio se corresponde a las proporciones cósmicas de nuestro pecado en relación a Dios.

La quinta: y última observación es que ahora a este regalo gratuito de la justificación comprada por Jesús en la cruz, solo llegan a aquellos que confían en él. Después que Pablo dijo en el versículo 21 que Dios había manifestado su justicia aparte de la ley, define esa justicia en el versículo 22 como “a justicia de Dios por medio de la fe en Jesucristo, para todos los que creen en él”. (cf. Filipenses 3:9), luego, en el versículo 25 dice que Cristo es una expiación (o propiciación) “por medio de la fe”o “que se recibe por la fe.” Finalmente dice en el versículo 26 que Dios “justifica al que es de la fe de Jesús”. De modo que la enseñanza de la Palabra de Dios está clara y éste es el evangelio: Cualquiera que confíe en Jesús para justificación la tendrá gratuitamente.

Esto es a la vez lo más difícil y lo más fácil de hacer para un humano. Es difícil porque significa reconocer en su corazón que es culpable ante Dios y que no hay nada que pueda hacer para resolver el problema. A los seres humanos no les gusta pensar así de sí mismos. Y así el potencial humano tiene un despertar y el verdadero problema con la culpa sigue sin resolverse para la mayoría de las personas. La fe salvadora que es en Jesucristo es difícil porque nace de la desesperación, y lejos de la gracia de Dios los humanos odian admitir que están desesperados.

Pero, por otro lado, ¿qué podría ser más fácil que la fe? No requiere una fuerza extraordinaria, o una belleza extraordinaria, ni una inteligencia extraordinaria. Nadie tendrá como excusa en el día del juicio que el camino para la salvación era muy difícil. Dios simplemente dirá: ‘Teníais que volveros y haceros como niños (Mateo 18:3), y confiar en mí para que te cuidara. ¿Era tan difícil? ¿Era tan difícil inclinarse hacia mí, descansar en mis promesas, y tener en cuenta la obra que Jesús realizó? ¿Era tan difícil aceptar un regalo gratis? ¿Apreciar la perla del perdón? ¿Amar al salvador que murió por ti?’ ¡Es gratis! ¡Es gratis! ¡Es gratis! ¡Confiesa tu necesidad y descansa en él!

Y ahora, concluyendo, permítanme resumir estas cinco observaciones. Y recuerden que vienen de un apóstol de Jesús Cristo que vio al Señor, y que fue encomendado por el Señor para revelar los misterios de Dios (Efesios 3:3-5). Estas no son fábulas ingeniosamente ideadas. Son verdades que tienen sus raíces en la historia y que vienen del Jesús resucitado y confirmado por Dios. Primera, todos los seres humanos están personalmente bajo el juicio de Dios por su pecado (v.19). Segunda, la culpa resultante del hombre y la justa indignación de Dios no se puede reparar por las obras de la ley (v.20).Tercera, Dios, en su propia iniciativa, desarrolló nuestra justificación mediante la gracia y la ofrece como un regalo gratis (vv.21-24). Cuarta, esto lo hizo enviando a su Hijo, Jesús, a redimirnos mediante su muerte y para demostrar la justicia de Dios (vv.24-26). Quinta y última, este regalo que es la justificación, la eliminación de nuestra culpa y de la ira de Dios, llega solo a aquellos que confían en Jesús (vv. 22, 25, 26). Les insto en el nombre de Cristo, a que se reconcilien con Dios (2da a los Corintios 5:20). Apártense de todas las tácticas intelectuales, físicas, y religiosas que el mundo utiliza para evadir su culpa, y descansen en Jesús. Jesús es precioso porque solo él elimina nuestra culpa.

*Este articulo es publicado con el permiso de By John Piper. ©2012 Desiring God Foundation. Website: desiringGod.org

Dios los bendiga.


¿En verad hay que ver para creer?

¿En verdad hay que ver para Creer?

Por: Sugel Michelén

Todos conocemos el dicho: “Si no lo veo, no lo creo”. En esa frase tan popular se expresa en forma llana una de las teorías del conocimiento que más ha calado en el pensamiento del hombre moderno: el empirismo. Según los empiristas sólo podemos conocer aquello que percibimos por los sentidos. En esto concuerdan con los cientistas, quienes afirman que la ciencia es el único paradigma de verdad y racionalidad; según ellos, nada puede ser realmente conocido a menos que pueda ser probado científicamente.

Hay dos clases de cientistas, el fuerte y el débil. El cientista fuerte proclama que una proposición es verdadera o racional si, y sólo si, puede ser verificada por el método científico. De ese modo excluyen la posibilidad de llegar a conclusiones objetivas y razonables acerca de Dios, o de los valores éticos y morales o del sentido de la vida. Los cientistas débiles, en cambio, están dispuestos a conceder la posibilidad de que existan verdades aparte de la ciencia a las que podamos atribuir cierto grado de racionalidad, pero defienden el conocimiento científico como el más valioso, serio y autoritativo que podemos alcanzar como seres humanos.

Sin embargo, aunque los cientistas se presentan a sí mismos como el paradigma de la racionalidad, su teoría se refuta a sí misma y es, por lo tanto, irracional. El cientista fuerte dice que sólo puede ser considerado como verdadero y racional lo que puede ser  probado por la ciencia. Pero esta no es una declaración científica, sino filosófica. La veracidad de esta proposición no puede ser probada científicamente. Cabría preguntarle al cientista: “¿Qué concepto de verdad probado científicamente es el que estás usando en tu declaración? ¿Cómo puedes probar en un laboratorio que tus conceptos de verdad y de racionalidad son correctos?” Y en cuanto al cientista débil, su problema es que descansa en la filosofía para probar que las proposiciones filosóficas son inferiores a las científicas.

Los cristianos no limitamos el conocimiento de ese modo. Nuestra fe nos provee una visión más amplia de la realidad, porque descansa sobre una base racional (la revelación de Dios), pero nos permite llegar más lejos que el empirista porque por medio de la revelación divina conocemos lo que no podríamos conocer valiéndonos únicamente de los sentidos y nuestras capacidades intelectuales. Así que en vez de decir: “ver para creer”, decimos como Agustín de Hipona: credo ut intelligam – “creo para entender”. La fe es un elemento esencial para el conocimiento, entendiendo “fe” en este caso como “creencias provisionales en ciertas cosas antes que podamos validarlas por la demostración”. Esa fe produce en nosotros un deseo de conocer mejor lo que ya se cree. Los cientistas poseen esa clase de fe; ellos parten de ciertas premisas sobre las que construyen su teoría del conocimiento, premisas que, como hemos visto ya, no pueden ser probadas científicamente. Ellos también creen para entender. Pero mientras su fe descansa en ellos mismos, la nuestra descansa en Dios y Su revelación.

Publicado Por Pastor Damián Ayala.