Caminar en el Espíritu

Caminar en el Espíritu

Por: Pablo Jimenez

“Camina con cuidado”; “anda en malos pasos”; “dio un resbalón” dice la gente cuando quiere hablar de la conducta. En español se usa el verbo “caminar” como un sinónimo del comportamiento. Quien “va por buen camino” tiene un comportamiento ejemplar. Sin embargo, quien “anda en malos pasos” se comporta de manera incorrecta.

La Biblia también usa el verbo “caminar” como una metáfora para el comportamiento. En particular, Efesios 4 al 6 nos exhorta a vivir de acuerdo a los valores del Evangelio. La teología cristiana, resumida en los primeros tres capítulos, nos revela el carácter de Dios. Afirma que Dios es santo, que es misericordioso, que juzga con justicia, que ama a la humanidad y que busca la reconciliación de la humanidad. La ética cristiana demanda que los creyentes tratemos de imitar a Dios, encarnando su amor, su justicia y su misericordia. La palabra clave de la segunda sección de Efesios es el verbo griego “peripatéo”, traducido al español como “andar” o “caminar” en 4:1, 17 y 5:1-2, 8 y 15.

Queda claro, pues, que Efesios nos exhorta a “caminar” con dignidad, encarnando los valores que Dios nos ha enseñado por medio de su manera de tratar a la humanidad y que Jesucristo demostró en su ministerio terrenal.

Efesios 5:15 al 20 es la conclusión de la exhortación que comenzó en el primer versículo del capítulo 4. Este pasaje resume las enseñanzas de lo que ha sido una larga exhortación sobre el comportamiento del creyente. Entre los cinco versículos que incluye este pasaje, hay uno que se destaca de manera especial. Efesios 5:18 dice: “No os embriaguéis con vino, en lo cual hay disolución; antes bien sed llenos del Espíritu.”

Este versículo sorprende por dos razones principales. En primer lugar, parece ser una referencia al día de Pentecostés, donde los 120 creyentes que recibieron el bautismo en el Espíritu Santo fueron acusados de estar borrachos (Hch. 2:13). En segundo lugar, sorprende porque establece una clara conexión entre la ética cristiana y la doctrina del Espíritu Santo. El pasaje afirma que el creyente que “camina” como es digno del Evangelio de Jesucristo vive “lleno” del Espíritu Santo de Dios.

Este es un buen momento para repasar algunos puntos básicos de la doctrina bíblica sobre el Espíritu Santo. Este es uno de los personajes centrales de la historia, dado que ha estado presente desde la creación (Gn. 1:2) y estará presente hasta el fin de los tiempos (Ap. 22:17). El Espíritu de Dios, junto con el Dios Padre y el Dios Hijo, conforma la Trinidad. Por lo tanto, el Espíritu Santo es la presencia misma de Dios en el mundo.

En su discurso final, Jesús de Nazaret afirmó que la tarea del Espíritu Santo sería revelar la verdad (Jn. 14:15-17; 15:26-27); recordarle las palabras de Jesús (14:25-26); y convencer al mundo de juicio, de pecado y de justicia (16:7-15).

El Espíritu Santo es una figura clave para el desarrollo espiritual del creyente. El Espíritu nos lleva a Cristo, nos recuerda sus enseñanzas, nos convence de pecado, nos lleva a la verdad y nos acompaña en nuestro caminar de fe. El Espíritu Santo es quien nos capacita para “caminar” de acuerdo a los valores del Reino de Dios.

En el Nuevo Testamento hay otros textos que hablan de las varias funciones del Espíritu Santo:

  • Hechos 1:8 afirma que el Espíritu da a los creyentes “poder para testificar” acerca de Jesucristo.
  • Romanos 8:26 describe la acción pastoral del Espíritu, quien ayuda a los creyentes intercediendo a su favor en los momentos de debilidad.
  • Romanos 12:6-7, 1 Corintios 12 y 14 y Efesios 4:11 enumeran los dones del Espíritu. Los dones son habilidades y talentos que Dios da a su Iglesia para facilitar el cumplimiento de la misión cristiana.

Todos estos énfasis son importantes y deben tenerse en cuenta a la hora de hablar sobre la labor del Espíritu Santo. Sin embargo, hoy queremos recalcar que el Apóstol Pablo también afirmó que el Espíritu de Dios capacita a los creyentes para “caminar” de acuerdo a los valores del Reino de Dios. Quizás el texto donde Pablo habla con más claridad sobre este asunto es Gálatas 5:22 al 26, el texto que enumera los “frutos del Espíritu”:

22Pero el fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, 23mansedumbre, templanza; contra tales cosas no hay ley. 24Pero los que son de Cristo han crucificado la carne con sus pasiones y deseos. 25Si vivimos por el Espíritu, andemos también por el Espíritu. 26No busquemos la vanagloria, irritándonos unos a otros, envidiándonos unos a otros.

Cuando Efesios nos exhorta a buscar la plenitud del Espíritu, nos está llamando a encarnar los frutos del Espíritu.

En fin, la persona que está llena del Espíritu Santo puede comportarse a la altura de los valores del Evangelio de Jesucristo.

Efesios 5:18, pues, nos exhorta a buscar la plenitud del poder del Espíritu Santo dado que la llenura del Espíritu nos capacitará para “caminar” de forma agradable a Dios. Interesantemente, la frase “sed llenos del Espíritu” está en el modo imperativo. Es decir, es un mandato o una orden. ¿Por qué el texto nos ordena buscar esa plenitud con lenguaje tan claro, tan directo y tan recio? No sé, esa pregunta puede responderse de diversas maneras.

Quizás Efesios nos ordena buscar la plenitud del Espíritu porque Dios conoce que somos personas pecadoras. Quizás Efesios nos ordena buscar la plenitud del Espíritu porque Dios sabe cuán difícil es alcanzar la madurez espiritual. Quizás Efesios nos ordena buscar la plenitud del Espíritu porque Dios sabe que no estamos llenos de su Espíritu.

Para ser fieles a Dios, tenemos que buscar la plenitud del Espíritu Santo. Sólo los creyentes que aprenden a “caminar en el Espíritu” pueden llegar a ser “firmes y constantes, creciendo en la obra del Señor siempre, sabiendo que vuestro trabajo en el Señor no es en vano” (1 Co. 15:58).

Dios los bendiga.


La Blasfemia Contra el Espíritu Santo y su Incidencia sobre la Doctrina de la Trinidad

La Blasfemia Contra el Espíritu Santo y su Incidencia sobre la Doctrina de la Trinidad

Por Pablo Santomauro

Por tanto os digo: Todo pecado y blasfemia será perdonado a los hombres; mas la blasfemia contra el Espíritu no les será perdonada. A cualquiera que dijere alguna palabra contra el Hijo del Hombre, le será perdonado; pero al que hable contra el Espíritu Santo, no le será perdonado, ni en este siglo ni en el venidero. (Mateo 12:31-32)

En este breve ensayo no elaboraremos en la interpretación del pasaje. Ya se ha especulado bastante al respecto y el material en el tema es más que abundante. Yo creo sinceramente que Dios ha dejado algunos pasajes de la Escritura envueltos en cierta medida de misterio, simplemente para humillar a aquellos que quieren reducir a toda la Palabra de Dios al alcance de la razón. Paradójicamente, este pasaje presenta también una enseñanza clarísima relacionada con la Trinidad, específicamente en lo relacionado con la persona y la deidad del Espíritu Santo. Tan diáfano es el pasaje en este aspecto, que es inconcebible que alguien pueda negar ambos atributos del Espíritu. El tipo de blasfemia al que se hace referencia requiere obligatoriamente la personalidad y la deidad del blasfemado. La igualdad ontológica inherente a los Tres mencionados en el pasaje es también más que evidente.

La deidad del Espíritu es fácilmente deducible en el hecho de que si alguien blasfema contra el Padre o el Hijo, puede ser perdonado, pero si blasfema contra el Espíritu Santo nunca le sera perdonado. Es absurdo e irracional que una fuerza o poder pueda ser exaltado por encima del Padre y del Hijo.

El reclamo arriano/sociniano de que el Espíritu es meramente un atributo o el poder de Dios se derrumba ante la propuesta del pasaje, ya que existe una clara distinción entre el Padre y el Espíritu. Si el Espíritu fuera el poder operacional del Padre, como afirma Mario Olcese, blasfemar al Padre sería equivalente a blasfemar al Espíritu Santo. Pero éste no es el caso. Cualquiera que blasfeme contra el Padre puede ser perdonado, pero no es así cuando se blasfema al Espíritu Santo. Obviamente, son personas diferentes.

Los modalistas, a su vez, reclaman que el Espíritu es Jesús. Esta proposición también se da de narices contra el suelo. Si los Tres son la misma persona, blasfemar a uno equivale a blasfemar a todos. Para desconsuelo del modalista, blasfemar contra Jesús o el Padre no es lo mismo que blasfemar contra el Espíritu Santo. Conclusión: los Tres son diferentes personas. De lo contrario el pasaje no tiene ningún sentido.<>

*Este Escrito ha sido Publicado en este blog con el Permiso del apologista Pablo Santomauro*

*Este Artículo ha sido tomado del blog amigo: El Blog del Pastor Daniel: http://pastordanielbrito.wordpress.com/ *

Publicado por Héctor Reséndiz