Estoy a favor de la unidad

Estoy a favor de la unidad

Por: Will Graham

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Dime, ¿cómo es posible caminar en unidad con el Catolicismo romano y ser fiel a Juan 17:8? Respuesta: no se puede.

Estoy a favor de la unidad. Por supuesto que sí. Después de todo, la unidad es el gran propósito de Dios en todas las esferas de la vida creada. La unidad en la diversidad refleja la naturaleza del Dios trino.

Cuando Dios creó al hombre, no lo dejó solo. Le hizo una compañera preciosa para que hubiera unidad en la diversidad. Adán y Eva juntos representan el gran ideal del Señor para la humanidad. Sólo con la existencia de ambos es que la Escritura declara que son la imagen y semejanza del Señor (Génesis 1:27). Siendo dos, eran uno. Así como la Trinidad: siendo tres, son uno.

La pasión de Dios por la unidad, sin embargo, no sólo implica el mundo creado, sino el reino redimido también. La oración de Cristo por su Iglesia fue que “todos sean uno, así como nosotros somos uno” (Juan 17:22). La Iglesia de Cristo había de ser una Iglesia unida que trasciende todas las naciones, lenguas, tribus y grupos étnicos. Siendo muchos, iban a ser uno.

Pero ¿en qué sentido Jesús intercede para que sean ‘uno’? ¿Acaso simplemente desea la unidad por el bien de la unidad visible? ¿O fue su petición de unidad algo más específico? Si leemos un poco antes en Juan 17 captaremos la respuesta.

Juan 17:8 habla de las condiciones de la unidad cristiana. La unidad de los discípulos era de lo más importante en la doctrina enseñada por Jesús. Permítanme citar ese versículo: “Porque yo les he dado las palabras que me diste; y ellos las recibieron, y han conocido verdaderamente que salí de ti, y han creído que Tú me enviaste”.

Así que antes de que Jesús orase por la unidad en el versículo 22, Él presupone en el versículo 8 que Sus seguidores han recibido su enseñanza (que provenía de su Padre). Esto significa que la apelación a la unidad cristiana debe ser una unidad muy concreta, a saber, se trata de una unidad que se deriva de una común adhesión a las enseñanzas de Jesús. Donde no se acepta la doctrina de Jesús, no puede haber unidad del Evangelio.

Este descubrimiento bíblico es de suma importancia para nuestra escena contemporánea en la Iglesia, donde el canto que suena por doquier en todos los sectores de la cristiandad ecuménica (Ortodoxa oriental, Católica Romana y Protestante liberal) es: “¡Unidad, unidad! ¡Formemos una comunidad!”

El problema es que la unidad tan anhelada en nuestros días no es la unidad en los términos de Cristo (como Juan 17:8 deja claro). Es sólo una definición generalizada, descafeinada y sin azúcar de unidad que abraza a toda confesión de fe, siempre y cuando se comprometa a no ofender a nadie y ya está. Esta noción de unidad de fabricación humana está completamente desprovista de cualquier contenido centrado en Jesús y por lo tanto puede ser completamente descartada por ser anti cristiana y anti bíblica. Es en contra de este tipo de unidad que tenemos que librar la batalla hoy. Esta no es la preciosa unidad mencionada por el Señor Jesucristo en Juan 17:8 que da a conocer la gloria del Padre y del Hijo.

Una unidad que no se basa en las palabras de Jesús es una unidad falsa.No es ni siquiera digna de ser llamada así. Por eso me niego a seguir los caminos de los populares protestantes Peter Kreeft y Ulf Ekman que finalmente se convirtieron al Catolicismo o de los mega pastores Kenneth Copeland y Joel Osteen que alaban abiertamente al Papa Francisco.

De todas formas, el movimiento a favor de la unidad ecuménica ha sufrido dos grandes golpes en estas últimas dos semanas. Por un lado, la Iglesia de Inglaterra finalmente aprobó la ordenación de mujeres al obispado –“un evento grave que complica el camino ecuménico” en palabras del director del  Osservatore Romano  Giovanni Maria Vian. [1]

Por otro lado, el domingo pasado saltó la noticia inesperada: Tony Palmer, el mediador principal entre la Iglesia Católica Romana y la Iglesia carismática, murió en un accidente de moto en el Reino Unido. El obispo anglicano dedicó los últimos seis meses de su vida a sembrar el mensaje de que la Reforma protestante había terminado. “La protesta de Lutero ha terminado. ¿Verdad? […] Si no hay más protestas, ¿cómo puede haber una Iglesia protestante?”

La Reforma protestante no ha terminado. Y mientras haya creyentes que creen que la unidad de la Iglesia se basa en las exigencias de las Escrituras (Juan 17:8, por ejemplo), el espíritu noble del protestantismo seguirá avanzando.

Dime, ¿cómo es posible caminar en unidad con el Catolicismo romano y ser fiel a Juan 17:8?Respuesta: no se puede. ¿Por qué no? Algunas razones doctrinales serían la Mariología, oraciones a los santos, la sucesión apostólica, el purgatorio, la infalibilidad papal, la división entre los cleros y los laicos, la transubstanciación, la regeneración bautismal, los libros apócrifos, los siete sacramentos, los pecados mortales y veniales, etc.

Una vez más, estoy a favor de la unidad. Pero la unidad en los términos de Cristo. La unidad con los que creen y practican lo que Jesús enseñó. Como Charles Spurgeon (1834-1892) dijo una vez, “La unidad en el error es la unidad en la ruina”.

 Traducido por: Antonio Espino

 

[1]   Obispas ¿un ‘grave obstáculo ecuménico’?

 

Autores: Will Graham

Nota del administrador: Este post fue tomado de http://www.protestantedigital.com


¿Por qué no oro a la virgen?

¿Por qué no oro a la virgen?

 

María. ¡Qué mujer de Dios más maravillosa! Su fe, su obediencia y su sumisión a la voluntad de Dios nunca dejan de sorprenderme. A lo largo de los años, pocos seguidores del Señor han sido tan ferozmente probados como lo fue ella; pero aun así, ella se mantuvo fiel al Dios de Israel y al Hijo que el Señor le había concedido.

Cada lector de la Biblia se sentirá profundamente conmovido por el amor teocéntrico de María (esto es, centrado en Dios), pero al mismo tiempo, nadie que lee la Escrituras correctamente podrá caer en la trampa de convertir a la madre Jesús en una especie de figura salvadora a quien tenemos que orar e interceder constantemente (y por medio de la cual tenemos acceso al Padre). Tal forma de pensar es una distorsión completa de la fe neo-testamentaria. Así que, ¿oro yo a la virgen María? No, no lo hago.

¿Por qué no lo hago? Permíteme ofrecerte algunas razones:

1.-Primero, no oro a María porque María no es Dios. La Biblia explica en términos bien claros que la oración se ha de dirigir a Dios (y solamente a Él). La Biblia prohíbe la deificación de cualquier criatura en detrimento de Dios. Muchas veces me pongo a pensar en lo horrorizada que estaría María si supiera que tantos millones de ‘creyentes’ ignorantes de la Biblia usan su nombre para usurpar la autoridad del Todopoderoso.

2.-Segundo, no oro a María porque solamente hay un Mediador entre Dios y el hombre. ¿Quién es el único Mediador? Te voy a contestar con palabras apostólicas: “Jesucristo hombre” (1 Timoteo 2:5). La Iglesia primitiva nunca enseñó nada acerca de la doctrina de la correndentora . No negamos que María desempeñara un papel significativo en la economía de la redención -al fin y al cabo, dio a luz al mismo Hijo de Dios en Belén- pero decir que ella constituye un puente entre Dios y nosotros significa quitar la exclusividad de salvación en Cristo Jesús. La sangre de Jesús es el único acceso que el cristiano tiene a la presencia del Padre. ¡‘Único’ quiere decir ‘único’! “Y en ningún otro hay salvación; porque no hay otro nombre bajo el cielo, dado a los hombres, en que podamos ser salvos” (Hechos 4:12).

3.-Tercero, no oro a María porque María era tan pecadora como yo. El testimonio tan gozoso de María nos confirma esta verdad: “Mi espíritu se regocija en Dios mi Salvador” (Lucas 1:47). María llamó a Dios su Salvador porque ella también necesitaba ser librada del poder del pecado. María era humana, demasiado humana. Ella había sentido el mordisco tan frío del pecado y su alma clamaba por el perdón de Dios. Es decir, María no era inmaculada. No vivía libre del pecado. Ella compartió nuestro estado humano caído y por lo tanto, se quedó descalificada de contestar oraciones.

4.-Cuarto, no oro a María porque María no me escucha. María ha pasado la mayor parte de los últimos dos mil años rodeada de la plenitud de la gloria celestial. Su mirada está firmemente puesta en el Altísimo Dios. Lleva dos siglos alabándole y sirviéndole con gran gozo. Las cosas de este mundo presente no tienen importancia ninguna para ella ahora. Ella está con Jesús. Se une a la melodía angelical para cantar himnos de alabanza a su Rey. María no presta atención a nuestras oraciones. No tiene un teléfono móvil ni What’s App . Y de todos modos, si los tuviera, dudo mucho de que los encendiera.

5.-Quinto y último, no oro a María porque María quiere que yo ore a Dios. Si quiero honrar a una persona que amo, la mejor forma es honrar a alguien que él (o ella) ama. Si quieres hacerme feliz, háblame bien de mi familia, mis amigos y mis seres queridos. De la misma forma, si la hermana María todavía estuviera con nosotros, se alegraría en saber que nosotros también amamos a Dios con la misma pasión que ella. Siendo una mujer llena del Espíritu de Dios, nos animaría a orar a Dios, mirar a Dios y confiar en Dios (y nunca en nadie más).

CONCLUSIÓN
Espero que esta lista cortita -y claro está, no se trata de una lista exhaustiva- nos aleje de doblar nuestras rodillas ante la madre del Unigénito Hijo de Dios. A María no se ora. Sí, le admiramos por su fe. Sí, damos gracias a Dios por su ministerio. Y sí, nos maravillamos ante su vida ejemplar. Pero a María no hay que buscarla en oración. A Dios, hay que buscarle en oración. Y cualquier oración que va dirigida hacia María es una ofensa abominable para el Dios todopoderoso y un insulto al legado de una maravillosa mujer de Dios.

Autor: Will Graham


¿Fue Pedro el primer Papa?

¿Fue Pedro el primer Papa?

 por Pablo Santomauro

La respuesta a la pregunta del título es: ¡Claro que no! En Lucas 22:24 leemos lo siguiente: “Hubo también entre ellos una disputa sobre quien de ellos sería el mayor”.

Poco antes del arresto y crucifixión de Cristo, los discípulos tuvieron una discusión acerca del cuál de ellos iba a tener mayor autoridad o supremacía. Muchos han creído durante la historia que Pedro fue el primer Papa, pero cuando consideramos el versículo anterior, ésta es la pregunta que surge en cualquier mente analítica:  ¿Por qué ya casi al final del ministerio de Cristo en la tierra los discípulos aún se plantean la pregunta, si en realidad ya Pedro había sido escogido por Jesús para ocupar una posición suprema entre ellos?

El hecho de que hubo una discusión nos confirma que ningún apóstol tenía autoridad sobre el resto. Jesús trató a cada uno de sus discípulos con el mismo nivel de respeto y confianza.

El apologista cristiano James White sugiere que si Pedro hubiera en realidad estado en una posición suprema de poder, él hubiera dicho algo al respecto en su segunda epístola (2da. Pedro), a los efectos de que los lectores de la carta se aseguraran de seguir a su sucesor en Roma. Después de todo, Pedro ya estaba entrado en años y la amenaza de una ejecución por parte del gobierno de Nerón era eminente; es por ello que escribe que muy pronto debe “abandonar el cuerpo” (2 P. 1:14). El hecho de que Pedro no promueve el Papado significa que no había ninguno en existencia.

Otro argumento que podemos utilizar es que Pablo en 2 Corintios 12:11 afirma que él en nada ha sido inferior a los demás apóstoles. Pablo no hubiera dicho eso si ya en ese entonces había un Papado en existencia ocupado por Pedro.

Aún más, en 1 Corintios 12:28, donde Pablo nombra la estructura de poder en la iglesia primitiva, dice: “Y a unos puso Dios en la iglesia, primeramente apóstoles, luego profetas, lo tercero maestros …” y así continúa. No hay  aquí ni mención de la existencia de un Papa.

Podríamos apilar argumentos sobre argumentos.  En este breve espacio, lo que dimos alcanza para concluir que la posición católico-romana no tiene base bíblica. La enseñanza de que Pedro fue el primer Papa y del Papado en general no está en el Nuevo Testamento. Es un doctrina arrastrada de los cabellos e inventada muy convenientemente para lograr autoridad sobre muchos.

Nosotros, como discípulos de Cristo, tenemos la Biblia como máxima regla de autoridad. Toda enseñanza que recibimos y que se nos dice que viene de Dios, la debemos comparar con la Biblia. Si no está en la Biblia, o contradice la Biblia, la debemos rechazar. Recogemos la piedra, la hacemos a un lado del camino, y seguimos adelante, al pleno conocimiento de la excelencia de Cristo. Y este es el caso con la doctrina del Papado y la Sucesión Apostólica. Es una falsa doctrina. <>

*Este Artículo ha sido publicado con el permiso del apologista Pablo Santomauro*

Este post fue tomado del blog amigo El blog del Pastor Daniel


¿Está la iglesia fundada sobre Pedro o sobre Cristo?

¿Está la iglesia fundada sobre Pedro o sobre Cristo?

Según la doctrina Católica Romana, Pedro es la roca sobre la cual está edificada la iglesia. El pasaje que sirve de base para esta doctrina es Mateo 16:18: “Y yo también te digo, que tú eres Pedro, y sobre esta roca edificaré mi iglesia; y las puertas del Hades no prevalecerán contra ella”.

Antes de considerar la correcta interpretación de este pasaje y compararlo con otras declaraciones del NT, veamos algunas de las doctrinas que el catolicismo romano extrae de este texto, doctrinas que, como bien señala el ex sacerdote Francisco Lacueva, “constituyen toda la clave dogmática del sistema católico-romano” (La Iglesia, Cuerpo de Cristo; pg. 58).

Según la Iglesia Católica, en este pasaje Cristo constituyó a Pedro la roca sobre la cual estaría fundada Su iglesia. Cito aquí a un teólogo católico: “Cristo hizo a Pedro el fundamento de Su Iglesia, esto es, el garante de su unidad y de su fortaleza inconmovible, y prometió a Su Iglesia una duración perenne (Mt. 16:18). Ahora bien, la unidad y la solidez de la iglesia, no son posibles sin la recta Fe. Por tanto, Pedro es también el supremo maestro de la Fe. Como tal debe ser infalible en la promulgación oficial de la Fe, tanto en su propia persona como en la de sus sucesores (es decir, los Papas)” (cit. Por Lacueva; pg. 58; el paréntesis es mío).

Debo señalar que esta interpretación tiene carácter de dogma y, por lo tanto, debe ser creída por todos los miembros de la iglesia Católica Romana, so pena de eterna condenación. ¿Cuáles son las consecuencias doctrinales que emanan de esta interpretación bíblica? Básicamente tres:

En primer lugar, que el Papa, como Cabeza y Fundamento visible de toda la Iglesia, es el principio y raíz de de la unidad de la Iglesia.

En segundo lugar, que el Papa tiene sobre la Iglesia un poder de jurisdicción universal, supremo e inmediato sobre cada uno de los pastores, cada uno de los fieles y cada una de las iglesias. El Papa Bonifacio VIII declaró en cuanto a esto: “Toda criatura humana está sometida al Romano Pontífice, como algo necesario para su salvación”. De paso, es importante señalar aquí que el papa Francisco I declaró recientemente: “Es absurdo pretender vivir con Jesús, amar a Jesús y creer en Jesús, pero sin la Iglesia”. Y para que no haya dudas en cuanto a cuál iglesia se refería, exhortó a los fieles a caminar todos juntos, “llevando el nombre de Jesús en el seno de la Santa Madre Iglesia, jerárquica y católica, como decía san Ignacio de Loyola”.

En tercer lugar, esta doctrina también afirma que el Papa es el único intérprete infalible de la Escritura y la tradición. Así que cuando el Papa habla ex cátedra, es decir, en calidad de maestro universal de la cristiandad, no puede equivocarse y, por lo tanto, todo el mundo está obligado a aceptar su interpretación.

Ahora bien, ¿enseña el Señor todo eso en este pasaje de Mateo 16:18? Lo primero que debemos hacer es colocar este texto en su contexto. Y el contexto de esta declaración es la pregunta que el Señor Jesús hace a los discípulos en el vers. 13: “Viniendo Jesús a la región de Cesarea de Filipo, preguntó a sus discípulos, diciendo: ¿Quién dicen los hombres que es el Hijo del Hombre? Ellos dijeron: Unos, Juan el Bautista; otros, Elías; y otros, Jeremías, o alguno de los profetas. El les dijo: Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?”

Noten que el centro de la cuestión era la identidad de Cristo, no de Pedro o de ningún otro de los apóstoles. El punto crucial de la pregunta del Señor en el vers. 15 era lo que ellos pensaban acerca de Él. “Respondiendo Simón Pedro, dijo: Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente. Entonces le respondió Jesús: Bienaventurado eres, Simón, hijo de Jonás, porque no te lo reveló carne ni sangre, sino mi Padre que está en los cielos”.

¿Qué fue lo que el Padre reveló a Pedro? Lo mismo que revela a todo pecador para traerlo a la salvación: Que Jesús es el Cristo y el Hijo del Dios viviente. La palabra Cristo es la traducción griega de la palabra hebrea Mesías, que traducido al español significa “el Ungido”. Así que las palabras Mesías, Cristo y Ungido son equivalentes, pero en tres idiomas distintos. En el AT se ungía con aceite a los reyes, a los profetas y a los sacerdotes. Cuando el Señor Jesús es señalado como el Ungido de Dios, como el Cristo, lo que se quiere significar es que Él es Rey, Profeta y Sacerdote. En Su Persona estos tres oficios alcanzan su punto más alto y definitivo. Y es en ese contexto que el Señor dice a Pedro en el vers. 18: “Y yo también te digo, que tú eres Pedro, y sobre esta roca edificaré mi iglesia; y las puertas del Hades no prevalecerán contra ella”.

Hay un juego de palabras aquí. El nombre de Pedro significa “piedra”, una referencia a la obra que Cristo estaba haciendo en este hombre que había mostrado ser tan impulsivo y voluble en ocasiones. “Tú eres Pedro – una piedra – y sobre esta roca edificaré mi Iglesia” (y allí el Señor usa la palabra griega kefa que señala una gran piedra firme y estable).

“Tú eres una piedra, pero yo edificaré mi iglesia sobre una roca firme e inamovible”. Si la intención hubiera sido señalar a Pedro como el fundamento, hubiera sido más natural decirle: “Tu eres Pedro y sobre ti edificaré mi iglesia”; pero eso no fue lo que Cristo dijo, sino más bien: “Sobre esta roca, sobre eso que acabas de confesar de que yo soy el Cristo, el Hijo del Dios viviente”. La Iglesia está fundada sobre la identidad de Jesús como el Hijo de Dios y como el Mesías prometido en el AT.

Agustín de Hipona, que vivió en el siglo V y a quien la iglesia Católica venera como santo, parafrasea el texto de Mt. 16:18 de este modo: “Sobre esta piedra que has confesado, edificaré mi iglesia. Pues la piedra era Cristo – dice Agustín – y el mismo Pedro fue edificado también sobre este fundamento”.

Si todavía alguien tiene duda al respecto, entonces debemos dejar que el mismo Pedro nos explique el sentido de estas palabras. En Hch. 4:11-12 él declaró: “Este Jesús es la piedra reprobada por vosotros los edificadores, la cual ha venido a ser cabeza del ángulo. Y en ningún otro hay salvación; porque no hay otro nombre bajo el cielo, dado a los hombres, en que podamos ser salvos”.

Cristo es la piedra angular sobre la cual está siendo edificado este templo espiritual, la iglesia. Su Persona y Su obra sustentan el edificio y le proveen simetría y fortaleza. La Iglesia no está fundada sobre ningún hombre, sino sobre el Dios – Hombre. De ahí su gloria y su fortaleza. Pedro recalca esta enseñanza en su primera carta cuando escribe: “Acercándoos a él, piedra viva, desechada ciertamente por los hombres, mas para Dios escogida y preciosa, vosotros también, como piedras vivas, sed edificados como casa espiritual y sacerdocio santo, para ofrecer sacrificios espirituales aceptables a Dios por medio de Jesucristo”.

Y lo mismo dice el apóstol Pablo en Efesios 2:19-22: “Así que ya no sois extranjeros ni advenedizos, sino conciudadanos de los santos, y miembros de la familia de Dios, edificados sobre el fundamento de los apóstoles y profetas, siendo la principal piedra del ángulo Jesucristo mismo, en quien todo el edificio, bien coordinado, va creciendo para ser un templo santo en el Señor; en quien vosotros también sois juntamente edificados para morada de Dios en el Espíritu”.

He ahí, entonces, el fundamento de este templo espiritual, la iglesia: nuestro gran Dios y Salvador Jesucristo. Sólo a Él escogió Dios el Padre como “la principal piedra del ángulo, escogida, preciosa”, dice el apóstol Pedro en su primera carta (1P. 2:6). Por lo tanto, sólo “el que creyere en Él, no será avergonzado”. Todo lo demás es doctrina de hombres, sin ningún valor.

Dios los bendiga.


El Papa dice: no tome la Biblia literalmente

Nota del administrador: Este articulo se ha tomado del blog amigo

 El Papa dice: no tome la Biblia literalmente

 

En una de las ultimas encíclicas del papa romano Benedicto XVI, se regresa lamentablemente a la enseñanza medieval.

¿Puede uno confiar en la Biblia? ¿Es ésta realmente la Palabra inspirada de Dios?

hace ya algun  tiempo atras, el Papa hizo algunas declaraciones enfáticas sobre estas preguntas en una “exhortación apostólica” nombrada Verbum Domini (“La Palabra del Señor”). Como lo informó Noticias CNA/EWTN, este mensaje papal fue “una súplica elevada y apasionada para que todos en la iglesia redescubran la Biblia”.

La verdad de esto es que fue más que una “súplica apasionada” de este Papa a sus feligreses. ¡Fue un ataque directo contra todos los que creen en la infalibilidad literal de las Escrituras tal como Dios las inspiró!

El papa Benedicto “criticó las interpretaciones ‘fundamentalistas’ o ‘literales’ y urgió a hacer una apreciación renovada de las técnicas de interpretación simbólica y espiritual usadas por los antiguos padres de la iglesia”

“Una interpretación auténtica de la Biblia siempre debe estar en armonía con la fe de la Iglesia Católica”, declaró Benedicto.

Debemos ver esta declaración a la luz de otros endosos recientes donde se afirma que la Iglesia Católica Romana es la única iglesia verdadera. Este Papa ha dicho más de una vez que todas las denominaciones cristianas diferentes del catolicismo romano son ilegítimas; que son defectuosas o que ni son iglesias verdaderas. Ahora él ha reafirmado la postura medieval de que sólo la interpretación de las Escrituras dada por la Iglesia Católica Romana tiene autenticidad. ¡Esa es una mentira papal descarada a la que las Escrituras mismas se oponen!

Cómo entender la Biblia
La Biblia afirma clara, primordialmente y antes que nada, que “ninguna profecía de la Escritura es de interpretación privada” (2 Pedro 1:20).

Más adelante declara que “Toda la Escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia” (2 Timoteo 3:16). ¡No hay instrucción aquí de acudir primero a algunas “técnicas de interpretación simbólica y espiritual usadas por los antiguos padres de la iglesia”!

Esas “técnicas de interpretación” aplicadas durante siglos han conducido a muchas interpretaciones contradictorias de las Escrituras, aún dentro del catolicismo romano. Pero Jesucristo dijo claramente que, “la Escritura no puede ser quebrantada” (Juan 10:35). ¡La Biblia no se contradice a sí misma!

¡No es del Papa, ni de ninguno de sus sacerdotes, ni de ningún hombre en absoluto interpretar las Escrituras basados en alguna ideología religiosa particular!

Sólo un poder puede descifrar el significado claro y directo de las Escrituras. Es el poder de la mente de Dios únicamente, ejerciendo Su influencia sobre la mente de un individuo por el poder de Su Espíritu Santo.

Jesucristo Mismo, la Palabra de Dios en persona, declaró que cuando el Espíritu Santo entra a la mente de un individuo, le revela todas las cosas. Él lo llamó “el Espíritu de verdad, al cual el mundo no puede recibir, porque no le ve, ni le conoce” (Juan 14:17).

Cristo llamó al Espíritu Santo el “Consolador” (Juan 16:7). Este es un Espíritu revelador, el Espíritu de verdad; y en realidad una porción del propio intelecto supremo de Dios integrado en la mente de un cristiano convertido. Cristo declaró que cuando éste es dado por el Padre a un siervo de Dios, lo “guiará a toda la verdad (…) y [éste] os hará saber las cosas que habrán de venir” (versículo 13).

Noticias CNA/EWTN describió que “El corazón de Verbum Domini” consta de “una discusión larga y frecuentemente técnica de ‘hermenéutica’, o el método apropiado de interpretar los textos sagrados”.

La realidad es que Jesucristo, el Autor mismo de la Palabra de Dios, nos dio el método apropiado para entender la Biblia. Leemos de la experiencia directa de Sus discípulos originales, de quienes fueron ordenados los apóstoles originales y quienes a su vez formaron el fundamento mismo de la única Iglesia verdadera. De su experiencia con Jesucristo resucitado ellos recordaron esto: “¿No ardía nuestro corazón en nosotros, mientras nos hablaba en el camino, y cuando nos abría las Escrituras?’.

Así que Jesucristo viviente, la verdadera Cabeza de Su única Iglesia verdadera, ¡es quien abre para nosotros la Palabra de Dios por el poder del Espíritu Santo de Dios!

La razón verdadera por la que los hombres interpretan la Biblia

Sí, se requiere del estudio dedicado para crecer en el entendimiento de la Biblia (2 Timoteo 2:15; Isaías 28:10,13). Pero en realidad, ¡la Biblia se interpreta a sí misma!

¿Por qué los hombres insisten en tratar de interpretar la Biblia?

Hace un cuarto de siglo, Herbert Armstrong dio la respuesta. En la revista La Pura Verdad de noviembre de 1983, él escribió:

“Las Escrituras son útiles para el propósito de redargüimos y corregirnos. Pero resentimos ser reprobados y corregidos. ¿A cuántas personas conoce usted que estén siquiera dispuestas a ser corregidas cuando están en un error; a ser reprobadas por las cosas erradas que hacen?”.

“A la gente no le gusta ser reprobada ni corregida. Le encanta la alabanza y la adulación. Pero seguramente detesta el reproche y la corrección”.

“Es por eso que es tan difícil para algunas personas entender la Biblia y estar de acuerdo simplemente con lo que ésta dice. La Biblia es el gran espejo espiritual de Dios. Ésta muestra todas las fallas de nuestro pensamiento y revela toda mancha de nuestro carácter. Nos muestra cómo somos realmente, y cómo Dios nos ve, no como nos gusta pensar que somos, o como hacemos creer a los demás que somos”.

Esa es la verdad simple y clara.

◦   Hebreos 4:12 dice: “Porque la palabra de Dios es viva y eficaz, y más cortante que toda espada de dos filos (…) y discierne los pensamientos y las intenciones del corazón”.

La Biblia es un arma poderosa que corta por ambos lados, ¡abriendo y descubriendo al hombre interior!
Ese no es un proceso cómodo; por tanto con mucha frecuencia, los hombres simplemente no se someten a él. Como Herbert Armstrong declaró después,

“Con mucha frecuencia los hombres han aplicado algún significado diferente a las escrituras que los condenan. Ellos han pasado por alto algunas escrituras que los corregían y los reprendían. En lugar de eso han estudiado diligentemente para encontrar alguna otra escritura en la cual pudieran leer un significado que justificara su curso de acción”.

“Así fue como hace siglos los hombres comenzaron a interpretar la Biblia. Como consecuencia la Palabra de Dios ha sido pervertida, torcida, deformada y distorsionada. Y se le da casi cualquier significado falso y engañoso imaginable, en lugar de ver el significado natural, el significado simple y claro que Dios planeó”.

“Hoy tenemos cientos de interpretaciones de la Biblia. Pero nunca se escucha de cientos de interpretaciones de un texto de biología. ¿Por qué? Porque los textos de biología no reprenden ni corrigen a los hombres”.

“En lugar de reconocer la verdad, arrepintiéndose del pecado, haciendo que sea legalmente justificado por medio de la sangre de Cristo, los hombres buscan justificar sus propios actos pervirtiendo la Palabra sagrada y santa de Dios”.

Melanie Phillips recientemente meditaba que el Vaticano hoy, bajo este Papa, puede estar dando “un paso gigante de regreso a una era más oscura”, ¡una era cuando el Vaticano dictaba que sólo la Iglesia Católica Romana era la autoridad exclusiva para interpretar la Biblia! (25 de octubre, 2010).

¿Podría ser que este Papa en realidad esté buscando ocultar lo que las Escrituras infalibles revelan qué es la verdadera naturaleza del organismo religioso que él dirige, de sus verdaderos comienzos, y de su final profetizado? ¿Ocultando la verdad al insistir en la aplicación de las técnicas de interpretación impuestas por los “antiguos padres de la iglesia” e interpretando así, o más bien distorsionando, las Escrituras para adaptarlas al capricho y voluntad del Vaticano?

◦   16 casi en todas sus epístolas, hablando en ellas de estas cosas; entre las cuales hay algunas difíciles de entender, las cuales los indoctos e inconstantes tuercen, como también las otras Escrituras, para su propia perdición.(2 Pedro 3:16 RV 1960).

Usted necesita dejar que la Biblia se interprete a sí misma en esta cuestión, y en todas las demás preguntas cruciales.

Creo que deberíamos estar todos los creyentes fieles, el decir como dijo Johh Huss:

“Dios Todopoderoso es testigo que de todo corazón y con toda mi mente estoy dispuesto a cambiar mis creencias si el concilio puede mostrarme con la Biblia en la mano que estoy en un error”.

La hoguera acabó con su vida,mas no pudo matar su testimonio,ni su alma que descansa en el gozo del Señor.

Creo que deberiamos reflexionar nuevamente como lo hacia Lutero,por la verdad de la inerrancia gloriasa de la Palabra de Dios. La total dependencia de Lutero de Dios quizá nunca se vio de manera más notable que durante las horas que precedieron de inmediato a su defensa delante de la Dieta de Worms. Su oración en aquella ocasión, oída casualmente y registrada por un amigo, la citamos aquí de la Historia de D’Aubigné:

«¡Oh Dios Omnipotente y Eterno! ¡Cuán terrible es este mundo! ¡He aquí que abre la boca para tragarme, y yo … confío tan poco en ti! … ¡cuán débil es la carne y cuán poderoso es Satanás! ¡Si es en el poder de este mundo en lo único que puedo confiar, todo ha terminado! … ¡mi última hora ha llegado, ha sido pronunciada mi sentencia! … ¡Oh Dios! ¡Oh Dios! … ¡Oh Dios! ¡Ayúdame Tú contra toda la sabiduría del mundo! Haz esto; deberías hacerlo … sólo Tú … porque ésta no es mi obra, sino la tuya. Nada tengo yo que hacer aquí, ¡nada por lo que luchar contra estos grandes del mundo! Desearía que mis días pasaran pacíficos y felices. Pero la causa es tuya … y es una causa justa y eterna. ¡Oh Señor, ayúdame! ¡Dios fiel e inmutable! No pongo mi confianza en hombre alguno. ¡Sería en vano! Todo lo que pertenece al hombre es incierto; todo lo que viene del hombre fracasa. … ¡Oh Dios, mi Dios ¿No me oyes? … Dios mío, ¿acaso estás muerto? … ¡No, Tú no puedes morir! ¡Tú sólo te ocultas! ¡Tú me has escogido para esta obra. Lo sé bien! … Obra, oh Dios, entonces. … Quédate a mi lado por causa de tu amado Jesucristo, que es mi defensa, mi escudo y mi castillo fuerte. ¡Señor! ¿Dónde estás! … ¡Oh, Dios mío! ¿dónde te encuentras? … ¡ven! ¡ven! ¡Estoy dispuesto! … Estoy listo para poner mi vida por tu verdad … paciente como un cordero. Porque ésta es la causa de la justicia —¡es tu causa! … ¡Nunca me separaré de ti, ni ahora ni para la eternidad! Y aunque todo el mundo estuviera lleno de demonios, —aunque mi cuerpo, que sigue siendo obra de tus manos, fuera muerto, fuera estirado sobre el suelo y despedazado, … reducido a cenizas … ¡mi alma es tuya! ¡Sí! Tengo la certidumbre de tu palabra. Mi alma te pertenece. Para siempre morará contigo. … ¡Amén! … ¡Oh Dios! ¡Ayúdame! … Amén». (D’Aubigné, History of the Reformation, Vol. II, pág. 242.)

Fuente bibliográfica:

POR RON FRASER – Revista “La Trompeta de Filadelfia”,Marzo 2011, pag. 18-19


EL ENFOQUE CATÓLICO DE LA SALVACIÓN

EL ENFOQUE CATÓLICO DE LA SALVACIÓN

Por: Richard B. Ramsay

La siguiente anécdota en la novela popular, Donde el corazón te lleve, es una alegoría de la experiencia religiosa de muchas personas, tanto católicas como protestantes:

En la entrada del colegio las hermanas tenían armado un gran pesebre durante todo el año. Estaba Jesús en su choza con el padre, la madre, el buey y el pequeño asno, y alrededor había montes y despeñaderos de cartón de piedra, poblados solamente con un rebaño de ovejitas. Cada una de ellas era una alumna y, de acuerdo con su comportamiento del día, era alejada o aproximada a la choza de Jesús. Todas las mañanas, antes de ir a clase, pasábamos por delante del pesebre y nos obligaban a mirar nuestra posición. Del otro lado de la choza había un precipicio muy profundo, y era allí donde estaban las más malas, con dos patitas ya suspendidas en el vacío. De los seis a los diez años viví condicionada por los pasos que hacía mi corderito. Y no necesito decirte que casi nunca se movía del borde del despeñadero.[1]

Tendemos a pensar que nuestra distancia de Dios depende directamente de nuestra conducta. La gran pregunta es, ¿cómo puedo resolver este dilema? ¿Cómo puedo quedar bien con Dios?  ¿Cual es las posiciones oficiales de la Iglesia Católica y de la Iglesia Protestante?

Los protestantes creemos que el hombre se acerca a Dios y se salva solamente por la fe en Jesucristo. Destacamos la obra directa del Espíritu Santo en las personas. En cambio, los católicos enseñan que la salvación depende de los sacramentos y de los méritos logrados por el hombre en colaboración con la gracia de Dios, además de la fe. Destacan a la Iglesia como canal de la gracia salvadora de Dios. La posición católica no es tan simple como algunos protestantes pretenden; no es exactamente la fe + las obras = la salvación.

Este tema es el más importante de todos, porque llega al corazón del evangelio. Al principio, las diferencias podrían parecer muy sutiles, pero en realidad son profundas.

Tanto los protestantes como los católicos apuntan a la obra de Cristo como la base de nuestra salvación. El hombre es pecador y merece la condenación eterna. Jesús vino a vivir la vida perfecta y a morir en nuestro lugar. Él recibió el castigo que nosotros merecemos. La salvación depende de la gracia de Dios. En estos temas, ambas iglesias están de acuerdo, por lo menos en lo que enseñan tradicionalmente.

Pero la pregunta clave es: ¿Cómo recibe el hombre la salvación que Jesús consiguió? Es aquí donde las respuestas se diferencian. Es decir, la diferencia no está en cómo Dios logró la salvación por nosotros, sino que está en cómo la aplica a nosotros.

Veamos la posición católica:

El problema del pecado

Primero, antes de hablar de la salvación, debemos explicar por qué se necesita la salvación. Todos los cristianos estamos de acuerdo en que el problema es el pecado. Sin embargo, hay diferencias de perspectiva acerca de la extensión y la gravedad del pecado, algo que influye mucho en la doctrina de la salvación.

Hubo un debate teológico en el quinto siglo entre Agustín de Hipona y Pelagio, un monje inglés, acerca de los efectos de la caída, el pecado original, y la gracia redentora. Pelagio reaccionó en contra del énfasis de Agustín en la necesidad absoluta de la gracia soberana de Dios, temiendo que esta doctrina causara una actitud pasiva en la lucha contra el pecado.[2]  El monje creía que el hombre, aun después de la caída, era capaz en sí mismo, sin ninguna obra sobrenatural de Dios, de obedecer a Dios y evitar el pecado.

… Un hombre puede estar sin pecado y guardar los mandamientos de Dios, si desea, porque Dios le ha dado esta habilidad.[3]

Aunque Agustín no era totalmente consecuente en todos sus escritos, tomó el liderazgo en el debate público en contra de Pelagio y sus colegas. Insistió que el hombre había sido tan afectado por la caída, que era incapaz de agradar a Dios sin una obra previa, soberana y sobrenatural del Espíritu Santo. Según él, el hombre caído es una «massa peccati», una masa de pecado, hasta que Dios regenera su corazón. Antes de la caída era posible pecar o no pecar, pero después de la caída, es imposible no pecar.

La doctrina de Pelagio fue condenada por varios concilios de la Iglesia del oeste (Cartago en 412, 416, y 418; Éfeso en 431; Orange en 529, incluso Trento en 1546). Pelagio fue excomulgado por el Papa Inocencio I.[4]

Sin embargo, no todos estaban completamente de acuerdo con Agustín. Algunos (como Juan Cassiano) adoptaron una posición entre Pelagio y Agustín (llamada normalmente «semi-Pelagiana», pero a veces «semi-Agustiniana»), en que reconocen mayormente los efectos de la caída, pero creen que quedó algún elemento positivo en el hombre que le permite acercarse a Dios. La gracia divina es necesaria para la salvación, pero el hombre toma la iniciativa en buscar esa gracia; la gracia no es eficaz hasta que el hombre responda por su propia voluntad. «El hombre está enfermo pero no muerto en sus pecados; no se puede sanar a sí mismo pero puede llamar el doctor.».[5] Aunque este enfoque también fue condenado por el Concilio de Orange, tuvo gran influencia sobre la futura posición oficial de la Iglesia Romana. Fue expresado en la teología escolástica de Tomás de Aquino y Juan Duns Escoto, y posteriormente en el Concilio de Trento.[6]

El Catecismo de la Iglesia católica lo expresa claramente:

405 … La naturaleza humana no está totalmente corrompida; está herida en sus propias fuerzas naturales, sometida a la ignorancia, al sufrimiento y al imperio de la muerte e inclinada al pecado.[7]

La iniciación

Primero, una persona recibe la gracia inicial en el sacramento del bautismo (normalmente como infante). Esto produce tanto perdón como renovación espiritual. Según el Catecismo católico:

1213 El santo bautismo es el fundamento de toda la vida cristiana, el pórtico de la vida en el Espíritu (vitae spritualis ianua) y la puerta que abre el acceso a los otros sacramentos. Por el Bautismo somos liberados del pecado y regenerados como hijos de Dios, llegamos a ser miembros de Cristo y somos incorporados a la Iglesia y hechos partícipes de su misión.…

1263 Por el bautismo, todos los pecados son perdonados, el pecado original y todos los pecados personales, así como todas las penas del pecado.

Note que varias cosas importantes suceden a la persona a través del bautismo: 1) se le perdona el pecado, 2) nace de nuevo, 3) llega a ser miembro de la Iglesia, y 4) recibe la gracia. Obviamente este sacramento es clave para los católicos. Es el comienzo de su vida cristiana, su capacitación inicial.

El catecismo católico también ocupa la terminología de la «justificación» para explicar los resultados del bautismo.

1992 … La justificación es concedida por el bautismo, sacramento de la fe.

Los protestantes tenemos que evitar una confusión al leer el término «justificación». Para los católicos, la justificación incluye tanto el perdón de los pecados, como la liberación del poder del pecado. La persona bautizada es perdonada y recibe una infusión de fuerza para superar el pecado. Para los católicos, la «justificación» encierra los dos conceptos que los protestantes llamamos «justificación» y «santificación».

1989 … «La justificación entraña, por tanto, el perdón de los pecados, la santificación y la renovación del hombre interior.»

Después, cuando la persona bautizada llega a la «edad del uso de la razón», participa en la confirmación y recibe la Eucaristía. Estos dos sacramentos adicionales forman parte de su «iniciación», porque preparan a la persona a vivir una nueva vida en Cristo.

Cuando los protestantes leemos acerca de todos los beneficios del bautismo, nos preguntamos, «¿No está salva entonces la persona, según los católicos? ¿No recibe ya la vida eterna por medio del bautismo?» Pero según el esquema católico, el problema es que la persona todavía tiene la debilidad de una naturaleza pecaminosa (llamada «concupiscencia»), y cuando peca, pierde el estado de limpieza que viene con los sacramentos de iniciación. En otras palabras, el bautismo cubre el pecado original y el pecado personal anterior al bautismo, pero no los pecados cometidos después del bautismo.

405 … El bautismo, dando la vida de la gracia de Cristo, borra el pecado original y devuelve el hombre a Dios, pero las consecuencias para la naturaleza, debilitada e inclinada al mal, persisten en el hombre y lo llaman al combate espiritual.

Es como si la persona fuera un vaso que ha sido llenado de agua pura, pero cuando la persona comete un pecado, el agua se contamina.[8] Ahora tiene que purificar el agua de nuevo. La ventaja está en que, después de la iniciación, la persona ya tiene el Espíritu Santo y la gracia para hacer méritos. Esto nos lleva a la segunda etapa de su salvación.

La colaboración

La persona bautizada «colabora» con la gracia de Dios para obtener la vida eterna, especialmente haciendo méritos y haciendo uso de los otros sacramentos como la Eucaristía y la penitencia. Este proceso es necesario porque el perdón logrado en el bautismo no era permanente ni completo. Cuando el Catecismo habla de la penitencia, explica que es necesaria porque se puede perder «la gracia bautismal».

1446 Cristo instituyó el sacramento de la penitencia en favor de todos los miembros pecadores de su Iglesia, para los que después del bautismo, hayan caído en el pecado grave y así hayan perdido la gracia bautismal y lesionado la comunión eclesial.

Desde el momento en que la persona recibe la gracia en el bautismo (y es «justificada»), empieza a colaborar con la gracia de Dios, y a hacer méritos.

1993 La justificación establece la colaboración entre la gracia de Dios y la libertad del hombre. Por parte del hombre se expresa en el asentimiento de la fe a la Palabra de Dios que lo invita a la conversión, y en la cooperación de la caridad al impulso del Espíritu Santo que lo previene y lo custodia.

Es verdad que el catolicismo enseña que la salvación está basada fundamentalmente en la gracia (ayuda gratuita) de Dios. En el sentido estricto de la palabra, el hombre no merece nada.

2007 Frente a Dios no hay, en el sentido de un derecho estricto, mérito por parte del hombre.

Sin embargo, el hombre no está totalmente dependiente de la gracia, sin tener algo que aportar.

Como vimos anteriormente, la caída no produjo una corrupción total, según el enfoque católico. Además, en los sacramentos de iniciación, la persona recibe una capacidad nueva para cooperar con Dios en la lucha espiritual. Ha recibido esta capacidad por gracia, pero la persona misma decide cómo usar esa capacidad.

En la práctica, esta colaboración significa que, tanto la vida eterna, como las bendiciones diarias, dependen de la conducta del hombre.

2010 … Bajo la moción del Espíritu Santo y de la caridad, podemos después merecer en favor nuestro y de los demás gracias útiles para la santificación, para el crecimiento de la gracia y de la caridad, y para la obtención de la vida eterna. Los mismos bienes temporales, como la salud, la amistad, pueden ser merecidos según la sabiduría de Dios. Estas gracias y bienes son objeto de la oración cristiana, la que provee a nuestra necesidad de la gracia para las acciones meritorias.

2016 Los hijos de nuestra madre la Santa Iglesia esperan justamente la gracia de la perseverancia final y de la recompensa de Dios, su Padre, por las obras buenas realizadas con su gracia en comunión con Jesús. (cf. Cc. de Trento: DS 1576)

2027 Nadie puede merecer la gracia primera que constituye el inicio de la conversión. Bajo la moción del Espíritu Santo podemos merecer en favor nuestro y de los demás todas las gracias útiles para llegar a la vida eterna, como también los necesarios bienes temporales.

Un aspecto clave de la «colaboración» del hombre con la gracia de Dios es el uso debido de los sacramentos. La participación continuada en la Eucaristía es especialmente importante para recibir fuerza espiritual.

1068 … En efecto, la liturgia, por medio de la cual «se ejerce la obra de nuestra redención», sobre todo en el divino sacrificio de la Eucaristía, contribuye mucho a que los fieles, en su vida, expresen y manifiesten a los demás el misterio de Cristo y la naturaleza genuina de la verdadera Iglesia.

1074 «La liturgia es la cumbre a la que tiende la acción de la Iglesia y, al mismo tiempo, la fuente de donde mana toda su fuerza» … Es en los sacramentos, y sobre todo en la Eucaristía, donde Jesucristo actúa en plenitud para la transformación de los hombres.

La confesión y la penitencia también son importantes, porque otorgan el perdón de pecados cometidos después del bautismo.

1422 «Los que se acercan al sacramento de la penitencia obtienen de la misericordia de Dios el perdón de los pecados cometidos contra Él.…»

¿Qué lugar tiene la fe? La Iglesia Católica enseña que la fe es necesaria para la salvación.

161 Creer en Cristo Jesús y en Aquel que lo envió para salvarnos es necesario para obtener esa salvación.

Pero la fe no es lo único que se necesita. Se necesitan también el bautismo, los otros sacramentos, y los méritos.

Además, cuando los católicos hablan de la «fe», ponen mucho énfasis en el aspecto corporal de la fe. La Iglesia es el Cuerpo de Cristo y el depósito de la fe y, por lo tanto, es el canal a través del cual un individuo «cree». En otras palabras, cuando uno se hace miembro de la Iglesia, comparte la fe del Cuerpo entero. Creer es un «acto eclesial».

169 La salvación viene sólo de Dios; pero como recibimos la vida de la fe a través de la Iglesia, ésta es nuestra madre: «creemos en la Iglesia como la madre de nuestro nuevo nacimiento, y no en la Iglesia como si ella fuese el autor de nuestra salvación.» … Porque es nuestra madre, es también la educadora de nuestra fe.

181 «Creer» es un acto eclesial. La fe de la Iglesia precede, engendra, conduce y alimenta nuestra fe. La Iglesia es la madre de todos los creyentes. «Nadie puede tener a Dios por Padre si no tiene a la Iglesia por madre.»

¡Esto explica la importancia de los sacramentos! Cuando una persona es bautizada, participa de la fe corporal de la Iglesia, dando comienzo al camino de la salvación. La Iglesia es su «madre» quien engendra, alimenta, y cuida a sus miembros. Los sacramentos siguen siendo la conexión vital con la gracia de Dios, canalizándola a través del Cuerpo de Cristo, representado por las autoridades de la institución.

Los católicos han designado esta época histórica como «la economía sacramental».

1076 El día de Pentecostés, por la efusión del Espíritu Santo, la Iglesia se manifiesta al mundo. El don del Espíritu inaugura un tiempo nuevo en la «dispensación del Misterio»: el tiempo de la Iglesia, durante el cual Cristo manifiesta, hace presente y comunica su obra de salvación mediante la Liturgia de su Iglesia, «hasta que él venga» (1 Co 11:26). Durante este tiempo de la Iglesia, Cristo vive y actúa en su Iglesia y con ella ya de una manera nueva, la propia de este tiempo nuevo. Actúa por los sacramentos; esto es lo que la Tradición común de Oriente y Occidente llama «la Economía sacramental»; ésta consiste en la comunicación (o «dispensación») de los frutos del misterio pascual de Cristo en la celebración de la liturgia «sacramental» de la Iglesia.

La palabra nos enseña:

Juan 5:24

De cierto, de cierto os digo: El que oye mi palabra, y cree al que me envió, tiene vida eterna; y no vendrá a condenación, mas ha pasado de muerte a vida.

Juan 3:16–18

Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna. Porque no envió Dios a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo sea salvo por él. El que en él cree, no es condenado; pero el que no cree, ya ha sido condenado, porque no ha creído en el nombre del unigénito Hijo de Dios.

Romanos 4:1–5

¿Qué, pues, diremos que halló Abraham, nuestro padre según la carne? Porque si Abraham fue justificado por las obras, tiene de qué gloriarse, pero no para con Dios. Porque, ¿qué dice la Escritura? Creyó Abraham a Dios, y le fue contado por justicia. Pero al que obra, no se le cuenta el salario como gracia, sino como deuda; mas al que no obra, sino cree en aquel que justifica al impío, su fe le es contada por justicia.

Efesios 2:8–9

Porque por gracia sois salvos por la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios; no por obras, para que nadie se gloríe.

Note esto: Dios lo planificó así para que nadie pudiera jactarse. ¿Se puede imaginar una escena en el cielo donde todos están comparando lo que hicieron para merecer la vida eterna, jactándose? ¡No puede ser! La única actitud que tiene lugar en el cielo es una de humilde gratitud al Señor por salvarnos.

La obediencia a la ley no nos salva. Para salvarnos por nuestra propia justicia, tendríamos que ser perfectos. Ya que nadie es perfecto, la ley solamente destaca nuestra culpa. Demuestra la necesidad de la salvación.

La ley es como un letrero apuntando a Jesús. Imagine que queremos ir a la luna, y la única manera es viajar en una nave espacial. Supongamos que hay un letrero que dice, «Aquí a la luna. Tiene que abordar esta nave espacial». Así es nuestra situación. Queremos ir al cielo, pero el único camino es por la fe en Cristo. La ley es como un letrero diciendo, «Aquí al cielo. Tiene que creer en Jesucristo, porque usted es pecador». ¡Tratar de salvarse por buenas obras sería como sentarse encima del letrero para que lo lleve a la luna!

Romanos 3:19–24, 28

Pero sabemos que todo lo que la ley dice, lo dice a los que están bajo la ley, para que toda boca se cierre y todo el mundo quede bajo el juicio de Dios; ya que por las obras de la ley ningún ser humano será justificado delante de él; porque por medio de la ley es el conocimiento del pecado. Pero ahora, aparte de la ley, se ha manifestado la justicia de Dios, testificada por la ley y por los profetas; la justicia de Dios por medio de la fe en Jesucristo, para todos los que creen en él. Porque no hay diferencia, por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios, siendo justificados gratuitamente por su gracia, mediante la redención que es en Cristo Jesús …

Concluimos, pues, que el hombre es justificado por fe sin las obras de la ley.

Gálatas 3:10–11

Porque todos los que dependen de las obras de la ley están bajo maldición, pues escrito está: Maldito todo aquel que no permaneciere en todas las cosas escritas en el libro de la ley para hacerlas. Y que por la ley ninguno se justifica para con Dios, es evidente, porque: El justo por la fe vivirá.

No se puede mezclar el concepto de la salvación por gracia con el concepto de la salvación por méritos, porque son conceptos contradictorios. La gracia es favor no merecido. Si la salvación viene por la fe y por méritos, ya no es gracia. Si alguien paga un solo peso por un auto, ya no es un regalo, sino una compra-venta.

Romanos 11:6

Y si por gracia, ya no es por obras; de otra manera, la gracia ya no es gracia. Y si por obras, ya no es gracia; de otra manera la obra ya no es obra.

El error de los judíos era pensar que eran salvos por el hecho de ser judíos y por guardar la ley. Muchos pensaban que la circuncisión, señal de ser judío, garantizaba su salvación. Sin embargo, Pablo les muestra que el judío verdadero es el que tiene fe.

Romanos 2:28–29

Pues no es judío el que lo es exteriormente, ni es la circuncisión la que se hace exteriormente en la carne; sino que es judío el que lo es en lo interior, y la circuncisión es la del corazón, en espíritu, no en letra; la alabanza del cual no viene de los hombres, sino de Dios.

Romanos 9:31–32

… mas Israel, que iba tras la ley de justicia, no alcanzó la ley. ¿Por qué? Porque no era por fe, sino por obras. Tropezaron en la piedra de tropiezo,.…

Gálatas 3:7

Sabed, por tanto, que los que son de fe, éstos son hijos de Abraham.

A mi juicio, los católicos cometen el mismo error que los judíos, cuando enseñan que la salvación depende del bautismo. El bautismo para ellos es como la circuncisión para los judíos. Pero según la Biblia, la circuncisión verdadera es la del corazón, y el bautismo verdadero es el bautismo del corazón.

El ladrón en la cruz no pudo ser bautizado, ni hacer méritos. Sólo expresó arrepentimiento y fe en Jesús, pidiendo la salvación.

Pablo lo expresa claramente en sus epístolas. Insiste en que tratar de salvarse por buenas obras solamente lleva a la condenación. ¿Por qué? Porque es lo opuesto de confiar en Dios, y es muy arrogante en el fondo.

Piense en un joven que compra una argolla para su novia. Le declara su amor y le pide que se casen. ¡Ahora imagine que ella saca dinero para pagársela! ¿Por qué le ofendería? ¡Porque él quiere regalarle la argolla! Él quiere mostrarle su amor. Piense en una familia durante Navidad. ¿Cómo sería si cada uno sacara una calculadora para ver cuánto deberían pagar a los demás por sus regalos? Es una ofensa aun más grande para Dios cuando tratamos de pagar algo por nuestra salvación. ¡La vida eterna es el regalo más lindo que pudiéramos recibir! Dios dio a Su propio Hijo en la cruz para conseguirla. Por lo tanto, ofrecer algo por ella, en verdad, pisotea Su amor.

Hay una diferencia fundamental entre el concepto católico y el concepto protestante de la justificación. Los protestantes definimos la justificación como un veredicto divino que deja al hombre libre de culpa y lo deja con la justicia de Jesús a su favor. No la vemos como una combinación de perdón y de renovación interior, como la entienden los católicos. No incluimos la santificación bajo el mismo concepto de la justificación, sino que la separamos como un aspecto distinto de la salvación. Primero viene la justificación, que establece la situación legal de la persona, y después viene la santificación, que es un proceso de crecimiento.

Ramsay, R. B. (2004). Católicos y protestantes: ¿Cuál es la diferencia?. Miami, FL: FLET Inc.

Bibliografía del autor:

1.- Susana Tamaro, Donde el corazón te lleve (Santiago de Chile: Editorial Atlántida, 1995), pp. 66–67.

2.- Confesiones, citado por R. C. Sproul, «Augustine and Pelagius», http://www.leaderu.com/theology/augpelagius.html (28 de octubre, 2004).

3.- Citado por Geoffrey Ó Riada en “Pelagius: To Demetrias”. http://www.brojed.org/pelagius.html (28 de octubre de 2004).

4.- Louis Berkhof, The History of Christian Doctrines (Grand Rapids, Michigan: Baker Book House, 1975), pp. 205–210. Vea también R. Scott Clark, «Pelagianism». http://public.csusm. edu/public/guests/rsclark/Pelagius.htm (28 de octubre, 2004), y R.C. Sproul, «Augustine and Pelagius».

5.- Jorge Trujillo, «¿Son pecadores los niños?

6.-  la doctrina del pecado orginal», http://www.vidaeterna.org/esp/estudios/pecado_original.htm (27 de octubre, 2004).

7.- Se usa solamente el número del párrafo en todas las citas del Catecismo, para poder encontrar la cita en cualquier versión.


¿Tiene la Iglesia Católica razón de ser?

¿Tiene la Iglesia Católica razón de ser?

¿Tiene la Iglesia Católica razón de ser?
por Pablo Santomauro

Lo que dice el Catecismo

El Catecismo de la Iglesia Católica expresa en la sección 847: “Los que sin culpa suya no conocen el Evangelio de Cristo y su Iglesia, pero buscan a Dios con sincero corazón e intentan en su vida, con la ayuda de la gracia, hacer la voluntad de Dios, conocida a través de lo que les dice su conciencia, pueden conseguir la salvación eterna” .

Efectivamente, el Catecismo Católico, secciones 839-845, dice que la gente sincera de cualquier religión, budistas, musulmanes, taoístas, hindúes, judíos, paganos animistas, etc., con sólo ser sinceros en su fe y vivir una vida aceptable, tienen el boleto para ir al cielo asegurado.

Las secciones 839 y 840 afirman que los judíos, en general, tienen garantizada su entrada al cielo por el simple hecho de que están esperando al Mesías aunque ignoren que éste es Cristo Jesús. La fe judía, según el Catecismo en este pasaje, es una “respuesta”  válida“a la revelación de Dios” y por ende los judíos  ya tienen sus pasaportes sellados para la vida eterna.

Los musulmanes son candidatos firmes también. La sección 841 dice que al reconocer al Creador y “profesar la fe de Abraham”, “adoran con nosotros [los católicos] al Dios único y misericordioso”. Esta declaración sería risible si no fuera tan absurda. Es un insulto a la inteligencia del cristiano conocedor de las creencias del islam.

La sección 843 habilita al resto de las religiones, que según la iglesia católica, buscan“todavía en sombras y bajo imágenes” al Dios desconocido.

Para aquellos lectores de la rama protestante que comienzan a preocuparse con respecto a su futuro eterno, en la sección 838 tenemos algo para calmar sus nervios: los pentecostales evangélicos, luteranos, presbiterianos, bautistas, etc., también alcanzarán el cielo siempre y cuando vivan una buena vida.

Peter Kreeft, un erudito católico bien conocido, escribe en su libro Yihad Ecuménica(Ignatius, 1996), que en una experiencia fuera del cuerpo (como si hubiera pocos cuentos parecidos) tuvo la oportunidad de conocer en el cielo a Mahoma, Confucio, Buda y Moisés. El cuarteto le reprendió por la arrogancia que los evangélicos  demuestran al pensar que la salvación está sólo en Cristo (p. 79). [1]

Como si esto fuera poco, papas modernos han declarado que los agnósticos, ateos, escépticos, etc., viviendo decentemente y siendo sinceros, también llegarán al cielo. Reafirmando previas y similares declaraciones, el Papa Juan Pablo II dijo: “Todos los que buscan a Dios con un corazón sincero, incluyendo aquellos que no conocen a Cristo y su iglesia, contribuyen bajo la influencia de la gracia a construir el Reino” [2].

Conclusión: Es obvio que la iglesia católica ha perdido junto con su autoridad moral, todo compás teológico.

Las Escrituras contradicen la posición católica

La Biblia enseña exactamente todo lo contrario a lo que expresa el catecismo. Todas las religiones no cristianas son condenadas en la Escritura, debido a que:

a) Son religiones paganas idólatras que no representan la búsqueda de Dios por parte del hombre, sino el rechazo de Dios por parte del hombre (Rom. 1:18-25).

a) En realidad adoran a Satanás y sus demonios (1 Cor. 10:19-22).

a) No pueden hallar a Dios por medio de la sabiduría de este mundo (1 Cor. 1:18-31)

Los paganos no adoran al verdadero Dios en el marco de sus religiones falsas.

El verdadero cristiano se opone a la falsa idea de que todas las religiones son diferentes caminos que conducen a Dios. Todos los incrédulos son, definitivamente, de acuerdo con las Escrituras, idólatras.

Los verdaderos cristianos debemos predicar el evangelio a los seguidores de otras religiones

¿No dice Hechos 4:12 que no hay salvación en ningún otro más que en Cristo Jesús en toda la tierra?

El versículo es claro y no admite otras interpretaciones. Sólo en el nombre de Jesucristo puede una persona ser salva. ¿Significa esto que los demás millones y millones de gente que profesan religiones como el budismo, el islam, el hinduismo y otras están perdidos?

La respuesta es: Sí, están perdidos. Si no estuvieran perdidos, muchas de las enseñanzas de Cristo serían absurdas. Por ejemplo: “Porque de tal manera amó Dios al mundo que ha dado su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él crea, no se pierda, mas tenga vida eterna.” , no tendría sentido ninguno.

Si las masas que siguen las otras religiones del mundo no están perdidas, los mandamientos de Cristo después de su resurrección serían una burla cruel a la humanidad. Cristo ordenó a sus discípulos que se predicase “en su nombre el arrepentimiento y el perdón de pecados en todas las naciones” . Si los seres humanos sin Cristo no están perdidos, haríamos bien en borrar de la Biblia estos pasajes.

Todos los pasajes de tono evangelístico serían una broma cruel si los paganos del mundo no necesitan a Cristo. Si nosotros lo necesitamos, ellos también. De lo contrario la Biblia es una colección de contradicciones, Jesucristo es un falso maestro, y el mensaje cristiano queda reducido a la nada.

¿Qué hacemos con las misiones?

La posición católica tiene un profundo impacto en lo relacionado con las misiones. Si prácticamente toda la gente, religiosa y no religiosa, tienen como destino el cielo, ¿para qué predicar el evangelio a los que tienen otras creencias?

Si Mahoma, Buda y Confucio están el cielo, también deben estarlo Joseph Smith y sus seguidores mormones, y por qué no, Charles Russell con sus Testigos de Jehová. Si todo lo que es necesario es ser sincero en materia de religión, también deben estar en el cielo los terroristas suicidas de las torres gemelas de Nueva York y los terroristas bomba del Medio Oriente e Irak. Estos son muy sinceros en sus creencias religiosas.

En un tiempo en el cual la necesidad de predicar la salvación en Cristo a millones y millones es imperativa, la iglesia católica y su actitud frente a los que no conocen el Evangelio es de total indiferencia y anula toda propuesta evangelizadora. Detrás de esta posición late el Ecumenismo propio de la Iglesia Católica, siempre con el objetivo de ser la iglesia líder de una religión mundial.

Una base racional con los pies bien plantados en el aire

En vista de que la Iglesia Católica considera que no existe la necesidad de predicar a Cristo a las naciones, la justificación por la existencia de apologistas católicos que defiendan la doctrina de la iglesia católica desaparece automáticamente.

Todos los libros y artículos escritos que justifican sus doctrinas y tratan de refutar la posición evangélica de Sola Scriptura, que atacan y en muchos casos denigran la fe evangélica, quedan reducidos a la altura de un ensayo en inutilidad. En realidad, no hay necesidad de apologistas católicos. El esfuerzo gigantesco de estos apologistas por refutar los argumentos que los evangélicos proponemos en un sin número de errores doctrinales católicos, es un esfuerzo en vano.

Mucho del material publicado por los apologistas católicos conlleva el propósito de convertirnos a la fe católica. ¿Para qué tratan de convertirnos si no hay necesidad? Su propio catecismo lo dice, somos salvos. Por lo tanto no existe una base racional para justificar la existencia, ni de la iglesia católica, ni de su material escrito, ni de sus páginas cibernéticas, ni de la labor de sus apologistas en particular.

Para complicar más las cosas, el catecismo católico, en la sección 846, expresa que aquellos que han llegado a conocer que la Iglesia Católica es necesaria para la salvación, pero se niegan a ingresar en ella o se retiran de ella, irán al infierno. ¡Por favor, no nos pidan que ingresemos ni nos convenzan de que la Iglesia Católica es la verdadera iglesia! Están poniendo nuestra alma en peligro en caso de que rechazemos afiliarnos a la iglesia católica, o en su defecto, ingresemos un día y en el futuro decidamos renunciar a sus filas. Mientras seamos ignorantes de estas cosas, nuestra entrada al cielo está asegurada. <>
Notas:

1. Robert A. Morey, “An Open Letter to Roman Catholic Apologists,” Journal of Biblical Apologetics, Vol. 3, No. 2 (Summer 2001)
2.http://www.beliefnet.com/story/57/story_5704_1.html

Lectura recomendada y obras de referencia:

Porqué la Iglesia Católica Romana Representa una Amenaza Únicamente para los Católicos Romanos y Para Nadie Más. Por Robert Reymond http://www.contramundum.org/castellano/reymond/Catol_Amenaza.pdf

Robert A. Morey, “An Open Letter to Roman Catholic Apologists,” Journal of Biblical Apologetics, Vol. 3, No. 2 (Summer 2001).

ESTE ARTICULO A SIDO TOMADO DEL BLOG AMIGO  El blog del Pastor Daniel