¿Es la Identidad de Género dañina para niños?

¿Es la Identidad de Género dañina para niños?

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Con el impresionante avance de la ideología de género y su establecimiento en muchos currículos educativos, es interesante ver cómo esto ha influido en nuestra sociedad. El pasado 21 de marzo de 2016, la American College of Pediatricians publicó un artículo, con referencias, contestando la pregunta: ¿Es la Identidad de Género dañina para niños?

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Como no la pudimos conseguir en español, a continuación una traducción literal del artículo publicado originalmente en la página del American College of Pediatricians – el artículo original en inglés, con todas las referencias, puede ser visto pulsando aquí.

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El American College of Pediatricians solicita a los educadores y a los legisladores a rechazar toda política que condiciona a los niños a aceptar que una vida de interpretación química o quirúrgica del sexo opuesto como algo normal. Hechos – no ideología – determinan la realidad.

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1. La sexualidad humana es un rasgo objetivo, biológico y binario: “XY” y “XX” son los marcadores genéticos de la salud – no marcadores genéticos de un desorden.

Lo normal del diseño humano es ser concebido macho o hembra. La sexualidad humana es binaria por diseño, con el propósito obvio de la reproducción y la propagación de nuestra especie. Este principio es auto-evidente. Los muy pocos frecuentes desórdenes del desarrollo sexual (DDSs), que incluyen pero no se limitan a feminización testicular y hyperplasia adrenal congénita, son todas desviaciones médicamente identificables de la norma sexual binaria, y son correctamente reconocidas como desórdenes del diseño humano. Individuos con DDSs no constituyen un tercer sexo.

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2. Nadie nace con un género. Todos nacen con un sexo biológico. Género (la conciencia de ser hombre o mujer) es un concepto sociológico y psicológico; no uno biológicamente objetivo.

Nadie nace con una conciencia de sí mismos como macho o hembra; esta conciencia se desarrolla a través del tiempo y, como todos los procesos de desarrollo, puede ser descarrilado por percepciones subjetivas, relaciones, y experiencias adversas desde la infancia en adelante. Personas que se identifican como “sintiéndose del sexo opuesto” o “en algún punto medio” no componen un tercer sexo. Ellos se mantienen siento biológicamente hombre o biológicamente mujeres.

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3. El que una persona crea que es algo diferente a lo que realmente es, en el mejor de los casos, es una señal de pensamiento confundido.

Cuando un niño biológico y saludable cree que es niña o una niña biológica y saludable cree que es un niño, existe un problema objetivo psicológico en la mente y no en el cuerpo, y se debe tratar como tal. Estos niños sufren de disforia de género. Disforia de Género (GD [siglas en inglés]), antes conocido como Desorden de Identidad de Género (GID), es un desorden mental que fue reconocido como tal en la más reciente edición del Manual de Diagnósticos y Estadísticas de la Asociación Americana Psiquiátrica (DSM-V). Las teorías de enseñanza psicodinámicas y sociales de GD/GID nunca han sido desprobadas.

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4. La pubertad no es una enfermedad y las hormonas que detienen la pubertad son peligrosas.

Reversible o no, las hormonas que detienen la pubertad inducen un estado de enfermedad – la ausencia de pubertad – e inhiben el crecimiento y fertilidad en un niño biológicamente saludable.

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5. De acuerdo con el DSM-V, tanto como el 98% de los niños confundidos en cuanto a género y el 88% de las niñas confundidas en cuanto a su género eventualmente aceptan su sexo biológico luego de pasar por la pubertad naturalmente.

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6. Niños que utilizan hormonas que detienen la pubertad para interpretar el sexo opuesto van a requerir hormonas del sexo opuesto tarde en su adolescencia. Éstas hormonas del sexo opuesto (testosterona y estrógeno) son asociadas con peligrosos riesgos de salud, que incluyen pero no se limitan a alta presión, coágulos, infartos y cáncer.

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7. La taza de suicido es 20 veces mayor entre adultos que utilizan hormonas del sexo opuesto y que pasan por una cirugía de cambio de sexo, aún en Suecia que es uno de los países que más afirma LGBQT.

¿Qué persona sensata y compasiva condenaría a niños este destino sabiendo que, al pasar la pubertad, tanto como 88% de niñas y 98% de niños eventualmente aceptarán la realidad y lograrán un estado de salud mental y física?

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8. Condicionar a niños a creer que una vida de interpretación química y quirúrgica del sexo opuesto es algo normal y saludable es abuso infantil.

Promoviendo disonancia de género como algo normal via la educación pública y política legal confundirá a niños y a padres, llevando a más niños a presentarse a “clínicas de género” donde se les proveerá con hormonas que detienen la pubertad. Esto, a su vez, asegura que “escogerán” una vida de hormonas del sexo opuesto que son tóxicas y carcinógenas, probablemente escogiendo una innecesaria mutilación quirúrgica de sus partes del cuerpo saludables cuando entren en la adultez.

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Nuevamente, pueden buscar todas las referencias y leer el artículo en inglés pulsando aquí.

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Este post fue copiado del Post amigo https://verdadyfe.com


Preguntas: El Argumento Cosmológico “Kalam”

Preguntas: El Argumento Cosmológico “Kalam”

Nota del Administrador: Este Post fue tomado del blog amigo: http://verdadyfe.com

Hace algún tiempo, publicamos uno de los argumentos a favor de la Existencia de Dios. El Argumento Kalam, es uno de los argumentos más utilizados por apologetas cristianos actualmente. Siendo esto así, es uno de los que más preguntas y discordias suele crear. Hace algunas semanas recibimos unas preguntas y nos pareció pertinente compartirlas por aquí. Puede que otros de ustedes tengan las mismas dudas. Comencemos.

Seré breve, aunque conciso. Agradezco el tiempo que Josué dedicó a estas preguntas. Son muy buenas.

Pregunta 1: ¿Por qué hay algo en vez de nada?
Primero debemos cuestionarnos algo ¿Qué es “nada”? Al asumir los cristianos esta pregunta, les corresponde a ellos probar que existe algo llamado “nada” y también dar un ejemplo de “nada”. Hasta entonces, yo podría responderte: No sé qué es “nada” ya que no la has probado.

Respuesta: Nada: (según la rae.es) es: Ninguna cosa, negación absoluta de las cosas, a distinción de la de las personas.

Así que si digo, “Hoy no almorzé nada.” Significa que me quedé con hambre, no que había algo en el menú que se llamaba nada y eso comí.

Cuando decimos que no existía nada, queremos decir que estábamos en ausencia de todo. No es la nada que por ejemplo, Lawrence Krauss define como partículas sub-atómicas. Asi que “nada” es: la ausencia de todo.

Pregunta 2: Todo lo que comienza a existir tiene una causa.
Así hayas recopilado y llegado a la conclusión de que la causa del universo tuvo que ser un ser pensante, sin tiempo ni espacio, todopoderoso, etc. Aun así tendrías que probar que dicho ser es un dios. ¿Cómo sabes que no es otra criatura pensante, con omnipotencia, benevolencia, etc.? – Aun así pruebes de que tuvo que ser un dios – tendrías que probar que fue tu dios y no el de otra religión.

Respuesta: No decimos que fue obra de “un” dios pues significaría que ese ente tuvo también un comienzo. Decimos que fue el creador/Dios del Universo quien por definición es eterno. Tampoco identificamos que es el Dios en el que cree el Cristiano para llegar a esa conclusión debemos analizar otras evidencias que forman parte del caso acumulativoen pos del Cristianismo.

Pregunta 3: El universo comenzó a existir.
Si es que esta afirmación fuese verdadera, no significa que tuvo una causa, significa que no sabemos cómo se inició exactamente, pero te puedo asegurar que algún día lo sabremos ya que la ciencia ha ido avanzado. El error que cometen ustedes es asumir que Dios hace lo que no entendemos. Así como civilizaciones antiguas no comprendía por qué llovía, entonces pensaban que lo hacía un dios. Hoy, sin embargo sabemos cómo se producen las lluvias. Por esa razón te aseguro que la ciencia no tiene límites y algún día se sabrá exactamente cómo se creó el universo.

Respuesta: Decir “algún día la ciencia lo sabrá” es lo mismo que decir “Dios lo hizo (cuando no sabemos cómo sucedió algo)” porque no entendemos como sucedió. A nosotros se nos acusa de usar el argumento del dios de los agujeros, mientras que a ti se te puede acusar de usar “la ciencia de los agujeros”

Cuando decimos que el Universo tuvo un comienzo nos basamos en evidencia científica y la teoría más aceptada (Big Bang) de cómo todo comenzó según iniciada por Georges Lamêtre, confirmada por E. Hubble y reafirmada por Borde, Guth y Vilenken. Esto parece ir en acuerdo a lo que enseña la Biblia.

Pregunta 4: El universo requiere una causa.
La razón de que algo comience a existir, no significa de que tenga una causa y asumir lo mismo con el universo se puede comparar con otras situaciones. Por ejemplo, es como preguntarse ¿Por qué razón existen las montañas? Nosotros tal vez sabemos cómo se crearon las montañas pero preguntarse “por qué” desde mi punto de vista no es una pregunta válida. Lo que sí es válido preguntar es: ¿Cuáles son los factores causales que conducen a la existencia de las montañas? Lo mismo con la vida, y lo mismo con el universo.
Incluso podría cambiar el Argumento Kalam por el siguiente:
Premisa #1: Todo aquello que comienza a existir requiere una causa.
Premisa #2: Las montañas comenzaron a existir.
Conclusión: Las montañas requieren una causa.

Sabemos que las montañas comenzaron a existir pero no por esa razón significa que ellas necesitan una causa o un propósito. Y podríamos aplicarlo con todas las cosas que existen como los virus, las enfermedades, las ratas, la inmundicia, etc. Todas estas cosas comenzaron a existir pero acaso ¿tienen un propósito? – ¡Claro que no! – todas esas cosas son un accidente biológico, genético o simplemente fueron creados sin querer. Y quizá lo crearon los humanos, pero no con un propósito ni una causa, sino porque fue un accidente, o porque se salió de sus manos. Y yo creo que lo mismo pasa con el universo. Pienso que éste solo fue un accidente natural y que los hechos y sucesos solo son consecuencia de este accidente.

OJO: no estoy asumiendo que el universo fue causado por un accidente o sea un accidente, de hacerlo, tendría que demostrarlo, solo digo que eso es lo que creo yo al respecto.

Respuesta: Decimos: “El Universo tuvo una causa”. El argumento no trata de explicar el propósito por el cual el Universo comenzó o existe. Este argumento no entra en esos temas y la conclusión es que un Dios teísta existe. Ni siquiera infiere cuál Dios. El argumento podría ser utilizado por cualquier religión teísta. De hecho, inicialmente el argumento fue musulmán, aunque actualmente su mayor defensor es el cristiano William Lane Craig.

El argumento provoca a pensar en lo que hoy existe, que la ciencia apunta a que tuvo un comienzo. Si hubo un punto en que no existía, nada de lo que existe actualmente pudo haber dado inicio al Universo, pues no existía. De esto podemos inferir cualidades de lo que pudo ser la causa. Sabiendo que tiene que ser Sobrenatural, pues la naturaleza no estaba. Atemporal (o eterno) pues no existía el tiempo. Poderoso e inteligente pues provocó todo lo que existe y ahora está ordenado, por lo que se necesita una mente racional que organice.

Bueno Josué, espero haber podido ayudarte a entender el argumento. No te cierres a la posibilidad de la veracidad de Dios. Búscale con toda sinceridad, te aseguro que si le buscas de todo corazón, le encontrarás. Dios te bendiga.


Excelencias del planeta azul

Excelencias del planeta azul

Por: Antonio Cruz Suárez

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La segunda predicción del principio de la mediocridad -mal atribuido a Copérnico, según vimos- afirma que el Sol es una estrella bastante ordinaria y típica. Hoy podemos decir, sin embargo, que el Sol no se ajusta para nada a esta afirmación ya que es bastante atípico. De hecho, se encuentra entre el 9% de las estrellas con mayor masa de la Vía Láctea. Su luz varía bastante menos que la media de la luz de estrellas similares a él en edad y actividad de manchas solares, evitando así que se produzcan cambios radicales del clima en la Tierra.A la vez, sus particulares condiciones abren información científica vital de un modo más abundante que muchos tipos de estrellas que son más comunes en el cosmos.

La tercera predicción dice que el Sistema Solar es también típico y que cabe esperar que haya muchos sistemas como él. No obstante,los descubrimientos de otros planetas extrasolares vienen a contradecir esta afirmación. La mayor parte de tales planetas tienen órbitas excéntricas que describen elipses muy estrechas y alargadas, bastante en contraste con los planetas de nuestro Sistema Solar. Aún no se tienen suficientes datos, pero los que se van recopilando sugieren que el nuestro es un sistema muy atípico en relación a su habitabilidad.

Una cuarta predicción de mediocridad afirma que el número y tipo de planetas y satélites de un sistema tienen poco que ver con la existencia de vida en ellos. Esta aseveración también está equivocada ya que los planetas grandes, como por ejemplo Júpiter, protegen a la Tierra de los impactos provocados por meteoritos o asteroides. Si no fuera por este gran gigante gaseoso tampoco podríamos habitar nuestro querido planeta azul. Probablemente alguna colisión catastrófica nos habría borrado ya del universo. ¿Casualidad o diseño?

La quinta predicción dice que la localización de nuestro Sistema Solar en la Vía Láctea carece de importancia. ¿Es esto así? El Sistema Solar está localizado en la Vía Láctea a miles de años luz del centro de la galaxia y cerca de un brazo espiral. Los defensores del principio de Copérnico vieron este descubrimiento como una confirmación de su teoría. Sin embargo, ahora sabemos que el centro de la galaxia, lo mismo que el infierno de Dante, es el último lugar donde querríamos estar. En el centro de las galaxias hay agujeros negros, zonas polvorientas, luz contaminada con rayos gamma, radiación abrasadora y no es posible de ninguna manera la vida. Nuestro Sistema Solar está ubicado dentro de una estrecha región habitable del espacio. Ocupamos el mejor lugar de la galaxia no sólo para vivir sino también para aprender sobre las estrellas y el universo. Igual que existe una Zona Habitable Circumestelar en nuestro Sistema Solar, también hay una Zona Habitable Galáctica que permite la existencia de agua líquida para la vida en este preciso lugar de la Vía Láctea.

Dice la sexta proposición de la mediocridad que nuestra galaxia no es particularmente excepcional o importante y que la vida puede existir en cualquier galaxia. Esto tampoco parece ser así. Las grandes galaxias en espiral como la Vía Láctea son más habitables que las galaxias de otras edades y tipos. Alrededor del 98% de las galaxias del universo local son menos luminosas y más pobres en metales que la Vía Láctea. Hay galaxias enteras desprovistas de planetas como la Tierra. Por tanto, nuestra galaxia es un hogar especialmente adecuado para el Sistema Solar.

La creencia de que el universo era eterno en el tiempo e infinito en espacio y materia se mantuvo hasta que a principios del siglo XX, Edwin Hubble, descubrió los corrimientos al rojo, las distancias de las galaxias y dedujo la expansión del universo. Otros descubrimientos posteriores, como la radiación cósmica de fondo de microondas y la relativa abundancia de isótopos de elementos ligeros, vinieron a corroborar dicha idea. Hoy se asume la teoría del Big Bang, que acepta que el universo tuvo un principio en el tiempo, igual que la Tierra y el resto de los astros. Pero, al no querer aceptar esta evidencia, pues la noción de creación no les gusta, algunos científicos han sugerido el modelo de un “universo oscilatorio”. La idea de que nuestro universo sería sólo un episodio de un ciclo de Big Bangs, expansiones y regresiones. Sin embargo, esta teoría presenta serios inconvenientes: la energía disponible para el trabajo de expansión decrece con cada ciclo sucesivo, por lo que el universo si es eterno habría alcanzado ya un equilibrio inerte hace tiempo; las medidas realizadas sugieren que el universo tiene solamente una fracción de la masa requerida para crear una contracción gravitacional en primer lugar; y no solo la expansión del universo no está ralentizándose lo suficiente para implicar una posible contracción, sino que realmente está acelerándose. La teoría del Big Bang implica que el universo no es eterno ni infinito. Además, nuestro tiempo y lugar en el cosmos están bien sintonizados para la vida inteligente y el desarrollo de la tecnología.

Otra predicción mediocre afirma que las leyes físicas no están especialmente preparadas para la existencia de vida inteligente. Se ha comprobado que esto tampoco es así. Las leyes del universo parecen intrincadamente bien afinadas para la existencia de vida en la Tierra. En su última época, el astrofísico Fred Hoyle, un astrónomo manifiestamente ateo, escribió: “Una interpretación de sentido común de los hechos sugiere que un superintelecto ha jugado con la física, y también con la química y la biología, y que no hay fuerzas ciegas de las que valga la pena hablar en la naturaleza” [1] . Esta conclusión obviamente no era de su agrado, pero no tuvo más remedio que reconocerla ante la abrumadora cantidad de hechos que la demandaban. Desde entonces, lentamente se ha venido reconociendo que el universo tiene una especie de “ADN cósmico”. Toda una serie de factores que han venido colaborando entre sí con gran precisión para permitir nuestra existencia. Esto se conoce como el principio Antrópico. Tales coincidencias serían como los “genes del universo” que han codificado la formación de la vida. Existen notables correlaciones entre la constante gravitatoria, la constante de Plank, las singulares propiedades de la molécula de agua, y muchos otros precisos números de la física y la química del universo, en los que una leve desviación de sus equilibrios haría imposible la vida humana en la Tierra. Estos valores parecen haber sido finamente ajustados para permitir la existencia del ser humano. La ciencia contemporánea no puede evitar un componente antrópico y viene a decirnos que, después de todo, sí parecemos importantes para alguien. A muchos cosmólogos ateos les repugna esta idea y procuran encontrar vías de escape. Sin embargo, los hechos son los hechos.

No queda más remedio que reconocer que el principio de la mediocridad ha fracasado al interpretar el mundo. Es verdad que ni la Tierra ni el Sol son el ombligo del universo. Es cierto que el ser humano no habita en el centro geográfico o espacial del cosmos, entre otras cosas porque el universo, tal como lo concibe la teoría del Big Bang, no tiene centro. No obstante, ¿acaso no es verdad que, en cierto sentido, hemos anidado en el verdadero “centro” del universo? No en un trivial sentido espacial, sino con respecto a la habitabilidad y a la  mensurabilidad , es decir, a la posibilidad de medir e investigar el cosmos. Este hecho contradice todas las expectativas del principio de Copérnico y constituye por sí mismo otro principio que podríamos llamar el “principio de la Excelencia”. A veces, da la impresión que puesto que la Tierra y sus habitantes son diminutos en comparación con todo el universo, también somos insignificantes. Esta es la idea que parece expresar el salmista:  Cuando veo tus cielos, obra de tus dedos, la luna y las estrellas que tú formaste, digo: ¿Qué es el hombre para que tengas de él memoria, y el hijo del hombre para que lo visites?  (Salmo 8:3-4). Se trata de algo obvio que expresa la pequeñez humana comparada con la grandeza de Dios.

Sin embargo, el tamaño físico no es un indicador fiable de significado. Nosotros o la misma Tierra, debemos ser realmente importantes, puesto que, en la escala de tamaños que va desde los  quarks  hasta el universo, nos encontramos extrañamente cercanos a la mitad. El punto de vista oficial hoy entre los científicos y académicos es que la noción de diseño inteligente no es científica o al menos resulta superflua para la práctica de la ciencia natural. No obstante, después de observar los hechos, creo que esa opinión no está acertada. El diseño es la mejor explicación para el origen de las criaturas, así como para la correlación entre habitabilidad y mensurabilidad. Un universo tan hábilmente labrado para la vida y para la investigación científica, parece ser el susurro de una inteligencia extraterrestre inconmensurablemente más grande, más antigua y más espléndida que cualquier otra cosa que pudiéramos imaginar.

La Biblia no sólo afirma que  en el principio creó Dios los cielos y la tierra  (Gn 1:1) sino que también somos especialmente importantes para él. Por eso nos colocó en un marco idóneo. Nuestra ubicación en el cosmos es la mejor no sólo para poder vivir sino también para hacer ciencia. Y no sólo nos puso en este medio ambiente adecuado, sino que asimismo nos visitó en la persona de Jesucristo. Si Dios es el diseñador supremo que lo hizo todo con un propósito, nuestra vida tiene sentido, la moralidad un sólido fundamento y, por tanto, podemos saber cómo debemos vivir.

  [1] Hoyle, F., 1982, “The universe: Past and Present Reflections” , Annual Review of Astronomy and Astrophysics  20, p. 16.


La Tierra no es mediocre

La Tierra no es mediocre

Por: Antonio Cruz Suárez

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Se dice que la Tierra no está excepcionalmente dotada para la vida y que posiblemente hay vida en otros planetas ya que ésta debe ser algo común en el universo. ¿Es esto así?

A principios de 1543 falleció el monje y astrónomo polaco Nicolás Copérnico. Durante muchos años estuvo trabajando en la teoría de su vida: el heliocentrismo. La idea de que la Tierra giraba alrededor del Sol y no al revés, como hasta entonces se pensaba. 

Actualmente se ha extendido el mito que afirma que, en la época de Copérnico, la mayoría de las personas creía que la Tierra era plana. Nada más lejos de la verdad. Las escuelas del momento enseñaban la visión griega de que nuestro planeta era una esfera. Fue el escritor estadounidense del siglo XIX, Washington Irving, quien se inventó la leyenda de que durante la Edad Media se pensaba que la Tierra era plana. Pero, en realidad, no era así ( 1 ).

Pues bien, Copérnico fue plenamente consciente de que su teoría, que había sido presentada al papa Pablo III, sería controvertida sobre todo entre los astrónomos. Éstos asumían el sistema ptolemaico que, durante mil doscientos años, venía diciendo que el Sol giraba alrededor de la Tierra (geocentrismo). Este sistema funcionaba pero requería constantes y tediosas correcciones. Incluso se dice que Alfonso X el Sabio (1221-1284), cientos de años antes, había comentado: “Si yo hubiera estado presente en el momento de la creación, habría ofrecido algunas sugerencias útiles para ordenar mejor el universo” ( 2 ).

Semejante presunción de querer hacer la cosas mejor que el Creador, comprensible desde la visión del geocentrismo, sigue hoy en boca de algunos paladines del Nuevo ateísmo, en relación a otros temas. Un segundo mito que envuelve la historia de Copérnico -tal como se vio la pasada semana- es el de que los filósofos medievales pensaban que la Tierra era el centro del universo porque era muy especial. En realidad, creían todo lo contrario. Estaba en el centro precisamente por no tener nada de especial. Se trataba de un planeta rocoso, pesado, inferior y desde luego no era un cuerpo “celeste”. Todos los objetos pesados caían hacia su interior que era progresivamente más caliente. De manera que allí debía estar el infierno, en el peor lugar del cosmos. Desde luego, Copérnico no lo tenía fácil. Su teoría desmontaba muchos mitos de la época.

Paradójicamente, aquella afirmación copernicana de que la Tierra no está en el centro del Sistema Solar ha venido evolucionando hasta convertirse en una doctrina filosófica que asume que el planeta y sus habitantes no son significativamente especiales. Si la Tierra no es el centro, el ser humano tampoco. Pero, resulta que Copérnico estaría absolutamente en contra de semejante conclusión. Trasladar la Tierra desde el centro infernal a una posición próxima a los demás cuerpos celestes era elevarla en rango y dignidad. A pesar de todo, a este principio anti-copernicano de la mediocridad de la Tierra y sus moradores se le ha colocado la rúbrica de Copérnico. ¿Qué predicciones realiza dicho principio?

En primer lugar, se dice que la Tierra no está excepcionalmente dotada para la vida y que posiblemente hay vida en otros planetas ya que ésta debe ser algo común en el universo. ¿Es esto así? Veamos las siguientes características contrarias a dicha predicción que confirman que el planeta Tierra no tiene nada de común. El sistema formado por la Tierra más la Luna no sólo hace posible la vida sino también el conocimiento científico. El gran satélite plateado estabiliza y conserva la inclinación del eje terrestre, con lo cual hace posible un clima más estable que favorece la existencia de los organismos. Si su masa fuese diferente causaría importante fluctuaciones climáticas incompatibles con la existencia de vida en la Tierra. Por otro lado, si la órbita de la Tierra fuera un poco más grande de lo que es, la temperatura en su superficie variaría notablemente y ésta sería menos habitable. La Luna provoca mareas en los océanos que remueven los nutrientes marinos y los mezclan con los que arrastran los ríos desde la tierra. Esto genera zonas litorales fértiles que contribuyen al ciclo de la vida acuática.

Como el Sol está alrededor de cuatrocientas veces más lejos de la Tierra que la Luna, pero es también cuatrocientas veces más grande, resulta que ambos cuerpos aparecen con el mismo tamaño en nuestro cielo. Esto hace que los eclipses de la Tierra sean los mejores del Sistema Solar y que, por tanto, un observador situado en nuestro planeta pueda discernir mejor pequeños detalles de la cromosfera del Sol y de su corona que desde cualquier otro planeta. Los eclipses de Sol han permitido el avance de la astronomía ya que han ayudado a descubrir la naturaleza de las estrellas, han proporcionado un experimento natural para probar la teoría de la relatividad de Einstein y han servido para medir el retraso de la rotación terrestre. El Sol, la Tierra y la Luna constituyen los componentes primarios de un espectroscopio gigante. Es posible interpretar la luz de las estrellas distantes y determinar su composición química.

La forma de la sombra circular de la Tierra sobre la Luna indicó ya a los antiguos griegos, como Aristóteles, que nuestro planeta era una esfera. La Luna actúa como un telescopio gigante ya que permite detectar objetos muy pequeños o muy juntos para poderlos medir desde la superficie terrestre. Si la Tierra estuviera más cerca del Sol sería como un invernadero con calefacción y tendría una atmósfera espesa como la de Venus, imposible para la vida. Pero si estuviera más lejos necesitaría más dióxido de carbono en su atmósfera para mantener el agua en la superficie. Algo que también iría contra la vida animal. Por tanto, nuestro planeta, es el lugar más habitable de todo el Sistema Solar y además posee la mejor vista de eclipses solares en el momento en el que los observadores los pueden apreciar mejor. Luego, la Tierra es un planeta único, privilegiado para la habitabilidad y la mensurabilidad. Esta es la tesis que defienden Guillermo González y Jay W. Richards en su libro:  El planeta privilegiado ( 3 ).

En la misma línea de observaciones, sabemos que el campo magnético terrestre sirve como primer escudo de defensa contra las partículas de los rayos cósmicos de las galaxias, capaces de generar otras partículas secundarias que pueden atravesar nuestros cuerpos y producir daños en las células. La Tierra tiene el tamaño adecuado para la vida. Si fuera algo más pequeña sería menos habitable ya que variaría su gravedad, perdería la atmósfera con rapidez y su interior se enfriaría demasiado como para poder generar un fuerte campo magnético. Los planetas más pequeños tienden a tener órbitas peligrosamente erráticas. Y al revés, si fuera más grande tendría mayor gravedad y atmósfera. Pero una alta presión en superficie haría disminuir la evaporación del agua y se incrementaría la viscosidad del aire, haciendo la respiración más difícil.

Mucha gente asocia los terremotos con muerte y destrucción, pero, irónicamente, los seísmos son una inevitable muestra del desarrollo de fuerzas geológicas muy ventajosas para la vida. El calor que fluye desde el interior de la Tierra es el motor que produce la convección del manto y los movimientos de la corteza que construyen montañas y reciclan el dióxido de carbono de la atmósfera. Fenómenos todos que hacen la Tierra más habitable. La atmósfera terrestre es lo suficientemente espesa para permitirnos respirar y protegernos de los peligrosos rayos cósmicos, mientras que, a la vez, es lo bastante transparente para poder ver las estrellas. Este frágil equilibrio constituye de forma notable algo muy improbable. No conocemos ningún otro planeta en el universo que reúna estas condiciones. A pesar de todo esto, todavía hoy muchos creen que el origen de la vida es sólo un asunto de encontrar agua líquida en cualquier lugar del cosmos durante unos pocos millones de años. Aunque en la actualidad nadie espera encontrar vida avanzada o inteligente en algún planeta del Sistema Solar, sí que creen que la vida microbiana “simple” sea algo común en el universo.

Mercurio es el planeta más cercano al Sol, lo que significa que es un mundo de ceniza desolado muy parecido a la Luna. Las temperaturas del suelo por la tarde pueden alcanzar fácilmente los 227 grados centígrados, mientras que al anochecer éstas son capaces de descender a unos 173 grados bajo cero. No hay agua ni atmósfera, por lo que resulta absolutamente inhóspito para la vida. Venus está más cerca de la Tierra pero es un auténtico infierno. Tiene una densa atmósfera de dióxido de carbono que mantiene una temperatura en superficie de 477 grados centígrados y una presión atmosférica noventa veces superior a la terrestre. Si, a pesar de tal temperatura, un ser humano consiguiera estar sobre la superficie de Venus, estaría sometido a una presión comparable a la que existe a unos mil metros bajo el mar. Así como la atmósfera terrestre posee gotitas de vapor de agua, la atmósfera venusiana tiene gotitas de ácido sulfúrico, capaz de corroer cualquier aparato o ser vivo. El medio ambiente de Marte no favorece tampoco el crecimiento ni la reproducción de organismos terrestres (al menos en los lugares en que hasta ahora se ha aterrizado). La intensa radiación ultravioleta que llega a su superficie bastaría para aniquilar la mayoría de las bacterias terrestres, y además los oxidantes del suelo destruirían cualquier molécula orgánica. A pesar de ello, su atmósfera de dióxido de carbono así como el hielo polar capaz de fundirse, han hecho pensar a muchos científicos en la posibilidad de que poseyera vida microscópica o la hubiera tenido en el pasado. No obstante, por lo que sabemos hoy, el suelo de Marte carece de moléculas orgánicas complejas.

Según nos movemos hacia afuera en el Sistema Solar, las condiciones de vida se van poniendo peor. Júpiter es el mayor de los planetas del sistema solar. La Tierra cabría de sobras en el interior de su característico sistema tormentoso ovalado que gira como un enorme remolino en el cielo de Júpiter. Tiene una espesa atmósfera formada en un 88% aproximado de gas de hidrógeno molecular y un 11% de helio. El uno por ciento restante está constituido por metano, amoníaco, agua, monóxido de carbono y otros compuestos menores. La superficie del planeta no es sólida sino líquida. No hay continentes, ni islas, sólo un inmenso y único océano viscoso de hidrógeno líquido sobre el que se eleva una espesa niebla formada por gotitas de amoníaco y agua. Júpiter no es apto para la vida, es más bien, un lugar desierto y terrible.

De las dieciséis lunas que se le conocen a Júpiter, algunas han sido propuestas como candidatas para encontrar en ellas moléculas orgánicas o incluso vida microscópica. Este es el caso de Europa, un satélite que genera mucho calor como consecuencia de la deformación mareal. La atracción que sobre él ejerce el inmenso Júpiter lo deforma y esto produce un gran aumento de temperatura en su interior. Europa está formada principalmente por agua helada y, desde el espacio, parece una blanca bola de billar. Se trata de un astro rocoso cuya corteza, que puede alcanzar entre 100 y 300 kilómetros de espesor, es de hielo bastante puro con muy pocos contaminantes y carece por completo de volcanes. La exobiología -disciplina que busca vida extraterrestre- sugiere la posibilidad de que a cierta profundidad bajo el hielo, pudiera existir un océano de agua líquida capaz de alojar vida microscópica, similar a las algas que existen bajo los hielos del Ártico o la Antártida. De nuevo, todo se basa en suposiciones que hoy por hoy son imposibles de verificar.

No obstante, esta posibilidad presenta tres serios inconvenientes: primero, si hay un océano de 100 kilómetros de espesor como mínimo bajo la superficie helada de Europa, (es decir, veinte veces más profundo que los océanos de la Tierra) ejercerá una presión tan elevada que resultará incompatible con cualquier forma microbiana de vida. Los seres vivos no pueden tolerar una presión arbitrariamente elevada; segundo, incluso aunque alguna forma extraña de vida pudiera tolerar semejantes presiones, la luz del Sol no puede penetrar el espeso hielo y eso implica que los océanos de Europa tienen muy poca energía disponible para la actividad biológica; y en tercer lugar, los océanos de Europa pueden ser un inmenso Mar Muerto del tamaño del planeta, demasiado salados para mantener la vida. Su congelación periódica hace que el agua líquida se vuelva más salada ya que la sal no se incorpora al hielo, y esto mataría a los seres vivos.

Por tanto, después de examinar todos los cuerpos celestes que constituyen el Sistema Solar, no parece que la vida sea ese fenómeno emergente que tiende a aparecer por doquier con relativa facilidad, cuando confluyen esas tres condiciones casi mágicas que propone la exobiología: agua, energía y los elementos químicos característicos de la materia orgánica. 

Más bien se confirma la hipótesis contraria. A saber, que la vida es una manifestación altamente singular y especializada, propia de un mundo con características tan especiales como las del planeta Tierra. La próxima semana concluiremos esta serie sobre la singularidad de nuestro planeta y comprobaremos el fracaso del principio de mediocridad a la luz de los actuales conocimientos astronómicos.

   1  O’Leary, D. 2011,  ¿Por diseño o por azar?,  Clie, p. 39.

   2   Oxford Dictionary of Thematic Quotations , 2000.

   3  González, G. y Richards, J. W. 2006,  El planeta privilegiado,  Palabra, Madrid.

Nota del administrador: este post fue tomado de http://www.protestantedigital.com/ES


¿Deberían Las distintas religiones estar Unidas?

¿Deberían Las distintas religiones estar Unidas?

hipocrsia

Tomado del Articulo “Un Elefante en la Sala” por Vicent Cheung

“¿Pensáis que vine a traer paz en la tierra? No, os digo, sino división. Porque de ahora en adelante, cinco en una casa estarán divididos: tres contra dos y dos contra tres. Estará dividido el padre contra el hijo y el hijo contra el padre, la madre contra la hija y la hija contra la madre, la suegra contra su nuera y la nuera contra su suegra”(Lc 12,51-53)

Hace algunos años, tuve un altercado con un familiar. Ella era una devota seguidora de una religión no cristiana, y el conflicto había estallado a causa de eso. Ella era de aquella opinión equivocada de que todas las religiones son esencialmente la misma cosa y que conducen a la humanidad al bien, ella, alegó que consideraba a la familia como lo más importante. Algunas personas asumen que si una religión divide a una familia, debe ser una secta peligrosa. Ella dijo: ” religión no es sobre la unidad? ¿Y la familia no es lo más importante? “Respondí: “claro que no. La religión es sobre la verdad, especialmente la verdad sobre Dios y la verdad de Dios. Esta verdad lleva a la salvación y la adoración correcta. Yo sostengo que la verdad está en Jesús Cristo y en Él solamente. ¿Y cómo usted no piensa así , yo condeno su religión como falsa. Como la religión es sobre Dios, esta es más importante que cualquier otra cosa, y mucho más importante que la familia.

Luego añadí: “Sin embargo, si usted realmente cree que la religión es acerca de la unidad y realmente cree que la familia es lo más importante, ¿por qué no renunciar a su religión para que haya unidad entre nosotros?” Ella se negó. Ve Usted, ella era hipócrita. Ella quería que yo ceda en mi fe para dar cabida a la de ella, mas ella no se movió un centímetro, a pesar de que fue ella quien dijo que la religión debe ser de la unidad y que la familia debe ocupar el lugar más alto. Lo mismo sucede con aquellos que promueven la tolerancia y la diversidad religiosa y culpar a la fe cristiana a negarse a seguir sus agendas. Esta gente es falsa, hipócrita y contradictoria en sí mismo. Ellos realmente no quieren decir que todos deben aceptar a los otros, sino que todos los cristianos deben abandonar sus creencias y adoptar esta mezcla heterogénea de locura y confusión. Si rechazamos estas tonterías, dirán que somos fanáticos y violentos, una amenaza para la sociedad. No se deje engañar. Son unos mentirosos. Presentaran a Cristo como alguien que no fue, interpretando sus palabras para decir algo que él nunca tuvo la intención de decir o, de alguna manera, lo manipularan para comprometer su lealtad a él. A pesar de afirmar que la paz es más importante que nuestras diferencias ideológicas, no van a renunciar a sus propias creencias para hacer la paz con ustedes. Aunque griten diciendo tolerancia y diversidad, su tolerancia y diversidad no tiene lugar a los cristianos que no están de acuerdo con ellos. Tal vez incluso los contemporáneos de Cristo imaginaron que El traería la armonía en todas las relaciones humanas, o al menos en las familias o en el país donde existiere el vínculo de sangre y la nacionalidad, a la espera de ser mejorada por este gran profeta, o Mesías. Jesús dijo que esto era un malentendido. Él no ha venido a traer la paz y la unidad entre los hombres, sino introducir la división, incluso don ella no existía antes. Él no se avergonzó de ello, mas dijo: “quien ama a su padre o madre más que a mí, no es digno de mí, y el que ama a hijo o hija más que a mí, no es digno de mí” ( Mt 10:37 .) La paz verdadera sólo es posible cuando los no cristianos renuncian a sus religiones, sus filosofías, sus ciencias – que son falsas e irracionales – y se postren delante de Jesucristo. La unidad verdadera sólo es posible cuando los no cristianos alcen sus manos arriba y se arrepientan en polvo y ceniza. Y entonces habríamos de abrazarlos y llamarlos hermanos y hermanas, padres y madres. A menos que esto ocurra, habrá siempre división entre nosotros. Los cristianos tratan de culparnos por ello, pero la división persiste porque la verdad llegó, y ellos no pueden ahuyentarla. Él dice: “Yo soy el camino, la verdad y la vida. Nadie viene al Padre, a no ser por mí. “Eso es lo que Él dice. ¿Qué hacemos al respecto? Ellos no creen eso, mas nosotros lo creemos. La gente hablando del “elefante en la sala”. Bueno, Jesucristo vino y está en medio de nosotros. Y esa es la cuestión que no puede ser ignorada. Si usted finge que el no esta ahí o que no hace ninguna diferencia, él le patera en la cara. Como cristianos, anhelamos la paz, pero no estamos satisfechos con el fingimiento, con una paz basada en la transigencia, o ilusión, y ocultar nuestras verdaderas creencias. Nosotros nos satisfacemos sólo con una paz que está basada en una creencia común en la verdad, la verdad que Dios nos ha revelado en Jesucristo y registrado para nosotros en la Biblia.

De hecho, como había declarado en un contexto diferente, Jesucristo trajo unidad, pero sólo a su pueblo. Esta unidad era de hecho tan poderosa que superó muchas generaciones de prejuicios, de manera que Judíos y gentiles aprendieron a aceptarse unos a otros, los ricos y los pobres se abrazaron y lavaron sus pies, y las mujeres fueron reconocidos como co-herederas con los hombres por medio de Jesucristo, e incluso sacerdotes de Dios, que tiene acceso directo al trono celestial, con pleno derecho a recibir educación de piedad. Por supuesto, siempre hay más trabajo por hacer, ya que el pecado sigue funcionando entre nosotros, y nuevos creyentes llegaran a la iglesia todos los días, pero fuera de Cristo no hay ningún tipo de unidad. Una vez más, no nos estamos refiriendo a una cortesía superficial, compromiso o posible eliminación de las diferencias, sino una inquebrantable hermandad unidos por la verdad y la fe. Sigamos entonces el ejemplo de Cristo, trayendo unidad donde debe haber unidad, mas división donde debe haber división.

TRADUCCION: Raul Loyola Roman.

Tomado del Blog: http://cheungyclarkenespanol.wordpress.com/2013/04/18/un-elefante-en-la-sala-2/

Nota del administrador: Este post fue tomado del blog amigo Espíritu Reformado


Leyes que demandan Legislador

Leyes que demandan Legislador

Por: Antonio Cruz Suárez

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¿Por qué hay regularidades universales, matemáticamente precisas, que están entrelazadas unas con otras? ¿Cómo es que la naturaleza viene empaqueta de esta manera tan singular?

Se supone que cuando las primeras civilizaciones humanas empezaron a preguntarse acerca de los fenómenos naturales que ocurrían a su alrededor, la imagen que tenían del mundo era bastante diferente de la que poseemos hoy. Se cree que pronto se darían cuenta de que algunos acontecimientos se repetían con una regularidad muy precisa. Así, días, estaciones, años, fases lunares y movimientos de las estrellas les resultarían útiles para calcular el tiempo. Sin embargo, otros eventos naturales podían ser arbitrarios o aleatorios como las tormentas, los relámpagos, las erupciones volcánicas o los temblores de tierra. ¿Cómo podían explicar semejante aspecto ambivalente del mundo natural?

Es fácil entender que aquellos comportamientos regulares que les permitían predecir el futuro, fuesen considerados como benevolentes y les inspirasen un aspecto bondadoso de la naturaleza, mientras que los fenómenos violentos e inesperados se entendieran como la otra cara airada, agresiva o caprichosa del mundo. En este contexto antiguo de intentar reflejar características humanas en los fenómenos del medio ambiente natural, nacería seguramente la astrología. La creencia de que los astros formaban un único sistema con los mortales y que, por tanto, cualquier cambio en éstos debería tener repercusiones sobre la vida de los hombres. Algo que supuestamente podía ser empleado para predecir el futuro de la humanidad.

En ciertas sociedades florecieron los animismos que interpretaron estos diferentes comportamientos de la naturaleza como si se tratasen de auténticas personalidades. Cada fenómeno poseería así su particular espíritu: el del bosque, el río, la lluvia, el fuego o el jaguar. Otras culturas algo más complejas desarrollaron toda una jerarquía de dioses, que reflejaban las virtudes y defectos humanos, para representar el Sol, la Luna, los planetas y hasta la propia Tierra. Esto condujo a la despiadada práctica de los sacrificios de personas, realizados con la intención de apaciguar la ira de los dioses y pedirles lluvia, fertilidad o buenas cosechas. La Biblia muestra las dificultades de un pueblo monoteísta, como el de Israel, por abrirse camino en medio de culturas politeístas que asumían tales costumbres.

Según los historiadores, con los asentamientos urbanos, la vida en sociedad y la aparición de los estados naturales surgió la necesidad de crear estrictos códigos de leyes que regularan la conducta humana. Incluso las divinidades tenían que estar sometidas a las leyes, en función de cada jerarquía, y éstas debían tener también su reflejo en la sociedad humana. Eran los sacerdotes, intermediarios entre dioses y hombres, los encargados de revelar la voluntad divina así como de refrendar sus disposiciones. Pero fue precisamente en el seno de una civilización antigua como la griega, que poseía la convicción de que el universo estaba regido por leyes naturales, donde surgió la novedosa idea de que los fenómenos ocurrían independientemente del estado de ánimo de los dioses. Poco a poco, a medida que fue fortaleciéndose la idea de que el cosmos se desenvolvía según un conjunto de principios fijos e inviolables, el dominio de espíritus y dioses de la naturaleza fue erosionándose a la vez que se descubrían nuevas leyes.

Los trabajos de Galileo Galilei, Johannes Kepler, Isaac Newton y otros investigadores fueron decisivos para reforzar el papel de las leyes físicas. Se entendió que detrás de los fenómenos aparentemente complejos había casi siempre una norma simple que podía ser estudiada y comprendida por el ser humano. Tal creencia en la simplicidad fundamental de la aparente complejidad que muestra el universo, así como en la posibilidad de ser entendida por la razón humana, ha sido la fuerza impulsora de la investigación científica moderna.

Galileo, por ejemplo, estudiando la caída libre de los cuerpos, se dio cuenta de que a pesar de ser un fenómeno complejo que dependía de múltiples factores, tales como el peso, la masa, la forma del objeto, el movimiento, la velocidad del viento, la densidad del aire, etc., en el fondo, todo esto eran solamente incidentes de una ley muy simple. Se trataba de la ley fundamental de la caída de los cuerpos. Es decir, el tiempo que tarda un objeto cualquiera en caer desde una determinada altura es exactamente proporcional a la raíz cuadrada de dicha altura. La idea de ley se había revestido con lenguaje matemático. La antigua creencia en un espíritu que se dedicaba exclusivamente a controlar la caída de los cuerpos sería sustituida pronto por las fórmulas físicas demostrables. Había nacido la ciencia. Se trataba de la Revolución científica del siglo XVI. El comportamiento futuro del mundo, así como su pasado, se podían conocer o predecir por medio de precisas leyes matemáticas.

A mediados del siglo XVII, Newton fue aún más lejos que Galileo al elaborar un sistema global de mecánica que determinaba todo tipo de movimientos. Se aventuró a decir que el Sol y los demás cuerpos del universo experimentan una fuerza gravitatoria entre ellos que disminuye con la distancia según otra ley matemática exacta y sencilla. Se trataba de la famosa ley de la gravitación universal. Al matematizar la gravedad, Newton pudo empezar a predecir el comportamiento de los planetas y esto fue uno de los grandes triunfos de la ciencia moderna. El descubrimiento de otra ley fundamental del universo. Quizás esta revolución científica explicaría en parte la diferencia sociológica existente entre el mundo moderno, caracterizado sobre todo por la idea de progreso, avance y cambio permanente, frente al mundo premoderno más estático y preocupado ante todo por mantener sus costumbres o su inmovilidad cultural. De cualquier manera, la sociedad se volvió dinámica y empezó a pretender el control sobre la naturaleza por medio de la nueva mecánica.

Aquella antigua concepción del mundo, como si fuera una comunidad de espíritus o temperamentos variables que existían en equilibrio manifestando eventualmente sus caprichosos estados de ánimo, dejaría paso a la visión inanimada de un universo mecánico y rígido que funcionaba impasiblemente como un reloj de cuerda sometido a leyes predeterminadas. Aunque se tratase de un avance en la comprensión del cosmos, tal concepción mecanicista resultaba un tanto deprimente. Un mecanismo de relojería condicionado por rígidas leyes puede funcionar con exactitud, pero lamentablemente elimina la posibilidad del libre albedrío. Si el mundo está absolutamente predeterminado por sus leyes inexorables, ¿está también el futuro del hombre determinado de antemano hasta en sus últimos detalles? ¿Son nuestras decisiones, aparentemente libres, el resultado de una maraña de fuerzas naturales totalmente controladas desde el principio? También la concepción de un Dios que se inmiscuía en los asuntos humanos supervisándolo todo, desde las fases lunares hasta las enfermedades y la concepción de los bebés, fue cambiada por otra idea de Dios como creador del cosmos, pero que sólo intervenía observando el mundo y viendo cómo éste evolucionaba según las leyes exactas impuestas desde el principio.

La ciencia actual ha descubierto, después de la teoría cuántica, que las leyes de Newton fallan cuando se aplican estrictamente a los átomos. El ordenado determinismo del mundo macroscópico, al que estamos acostumbrados en nuestra experiencia cotidiana, se derrumba ante el aparente caos que subyace en el interior del átomo. Y, a pesar de todo, este caos subatómico puede dar lugar a alguna clase de orden. La anarquía de las partículas que componen la estructura atómica vuelve a ser coherente, en cierta medida, con las leyes newtonianas.

El universo, después de todo, no es un simple mecanismo de relojería cuyo futuro está absolutamente determinado. Hay lugar para las leyes inexorables pero también para el azar. La incertidumbre es otra propiedad inherente de la materia. Y, aunque esto no le gustara mucho a Einstein y dijera aquello de que “Dios no juega a los dados”, lo cierto es que el Creador no sólo diseñó leyes matemáticas sino también la libertad indeterminista.

En resumen, ¿quién escribió las leyes de la naturaleza que se han venido descubriendo desde Newton hasta las del caos? ¿Por qué hay regularidades universales, matemáticamente precisas, que están entrelazadas unas con otras? ¿Cómo es que la naturaleza viene empaqueta de esta manera tan singular? Los científicos ateos dicen que las leyes existen porque sí y que el universo carece de sentido.

No obstante,grandes genios de la ciencia a lo largo de la historia no han estado de acuerdo con semejante respuesta. Desde Newton hasta Einstein, pasando por Werner Heisenberg, Erwin Schrödinger, Max Planck, Paul Dirac, Paul Davies, John Barrow, John Polkinghorne, Freeman Dyson, Francis Collins, Owen Gingerich, Roger Penrose y otros muchos, han creído que existía otra alternativa. Sus respuestas apuntan generalmente hacia la mente del Dios creador. Incluso el físico agnóstico, Stephen Hawking, heredero de la cátedra de Newton en la Universidad de Cambridge, no tuvo más remedio que terminar su libro,  Historia del tiempo,  con estas palabras: “Si encontramos una respuesta a esto,  (una teoría completa acerca del tiempo)  sería el triunfo definitivo de la razón humana, porque entonces conoceríamos el pensamiento de Dios.” [1]  Pues bien,nosotros creemos también que el universo existe porque el pensamiento de Dios lo creó. Las leyes universales demandan la existencia del supremo Legislador cósmico.Y, como bien dice Antony Flew: “Las leyes de la naturaleza suponen un problema para los ateos porque son una voz de la racionalidad escuchada a través de los mecanismos de la materia”.[2]  Punto y final.

[1] Hawkin, S. W., 1988,  Historia del tiempo,  Crítica, Barcelona, p. 224.

[2] Flew, A., 2012,  Dios existe,  Trotta, Madrid, p. 101.


El multiverso: una teoría desesperada

El multiverso: una teoría desesperada

Por: Antonio Cruz Suárez

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La teoría del multiverso puede estar revestida con ropaje matemático, pero necesita un salto de fe similar o superior al de aceptar la existencia de un Dios creador.

Ante la evidencia del extraordinario ajuste fino que muestra el universo, que nos conduce a muchos a la conclusión lógica de que éste es obra de la deidad, bastantes científicos ateos se aferran a una teoría que parece proporcionar una escapatoria a dicha deducción. Se trata del  multiverso .

Un planteamiento que supone la existencia de múltiples universos, cada uno con unas leyes físicas o parámetros diferentes al nuestro. Entre los trillones y trillones de universos que se puedan imaginar, solamente unos pocos poseerían leyes con un ajuste lo suficientemente preciso como para permitir la vida. Esto no sería nada milagroso ya que si existen todos los universos posibles, deben darse también aquellos en los que puedan surgir los seres vivos.

El hecho de que nuestro universo tenga exactamente los valores que sostienen la vida, “probaría” que debe haber otros universos que carezcan de ellos. Si, gracias a la Gran Explosión inicial, es posible que el universo no sea infinito en el tiempo, quizás lo sea en el espacio. Desde semejante perspectiva, resultaría posible la existencia de una serie infinita de universos paralelos en el espacio, cada uno de los cuales constituiría sólo una pequeña parte de un multiverso mucho más grande. Igual que una burbuja de jabón forma parte de la espuma que la contiene.

El físico Max Tegmark, uno de los proponentes del multiverso, escribió en mayo del 2003 estas palabras: “El modelo cosmológico más simple y más popular predice que usted tiene un gemelo en una galaxia situada a diez elevado a veintiocho metros de aquí. Esta distancia es tan grande que está más allá de lo astronómico, pero eso no hace menos real a su doble. En un espacio infinito hasta los eventos más inverosímiles deben tener lugar en alguna parte. Hay infinitos planetas habitados, lo cual incluye no solo uno sino infinitos que tienen personas con la misma apariencia, nombre y recuerdos que usted.” [1]  Por supuesto, no hace falta decir que tal afirmación hay que aceptarla por fe ya que jamás podremos comprobar la existencia de nuestros gemelos intergalácticos, ni siquiera enviarles un correo electrónico. Vivirían demasiado lejos. Trece mil setecientos millones de años luz es la distancia más lejana que se puede observar en el borde de nuestro universo porque desde allí nos llega luz de estrellas. Esto significa que no podemos ver ningún otro universo que esté más allá. Suponiendo, desde luego, que exista.

Puestos a imaginar, Tegmark predice que los multiversos pueden tener espacios, tiempos y leyes físicas diferentes al nuestro. Incluso podrían crearse universos nuevos cada vez que cualquier persona, en la Tierra, escoge un camino y no otro. Esto sería matemáticamente posible suponiendo un espacio de infinitas dimensiones en el que todas las realidades alternativas existirían al mismo tiempo. Y, en fin,Tegmark está convencido de que su hipótesis de los múltiples universos desconocidos parece más razonable que la del diseño inteligente del único universo que conocemos. Pero, ¿lo es realmente?

Lo primero que me gustaría señalar es quela idea de los infinitos universos paralelos no es nueva. El filósofo griego Epicuro (341-271 a. C.) se imaginaba ya, tres siglos antes de Cristo, un “universo infinito que lanzaba mundos aleatoriamente” [2] . Lo que constituye una versión antigua de la moderna teoría del multiverso. No es, por tanto, que la ciencia contemporánea haya descubierto esta posibilidad y la imponga necesariamente, sino que se trata de una concepción más ideológica que matemática.

Suponer la existencia de múltiples universos que no se pueden detectar de ninguna manera en la realidad, puesto que estarían más allá del alcance de los telescopios más sofisticados o de las posibilidades de la ciencia, es como caminar por una pendiente sumamente resbaladiza.La teoría del multiverso puede estar revestida con ropaje matemático, pero necesita un salto de fe similar o superior al de aceptar la existencia de un Dios creador. Si no es una teoría simple como las que buscan habitualmente los científicos, ¿por qué hay tantos que la aceptan? ¿Será quizás que para deshacerse de Dios se requieren infinitos universos, de los que no hay constancia y nada podemos saber? La elección continúa siendo la misma que en tiempos de Epicuro: Dios o el multiverso. No parece que hayamos avanzado mucho.

Refiriéndose a los múltiples universos, el biólogo ateo Richard Dawkins escribe que ha leído que “la mayoría de los físicos odian esta idea. No puedo entender por qué. Creo que es muy bella, quizá porque mi conciencia ha sido mejorada por Darwin” [3] . Como era de esperar, Dawkins aplica su ferviente darwinismo no sólo a la biología sino también a la cosmología. Cree que la teoría del multiverso se complementa perfectamente con la selección natural de Darwin aplicada a los universos paralelos.

Lo que no explica Dawkins es el motivo por el cual dicha teoría no gusta a la mayoría de los físicos. Yo creo quelos físicos odian la hipótesis del multiverso porque no ofrece ninguna evidencia a su favor. Pretende explicarlo todo pero en realidad no explica nada. No hay forma de investigar o verificar esta teoría. Solamente puede resultar interesante para quienes, como Dawkins, desean evitar a toda costa la conclusión obvia de que el ajuste fino del universo, su elegancia física y exquisitez matemática, necesita una explicación divina. Se pretende sustituir el diseño inteligente que muestra el cosmos por una especie de payasada matemática infinitamente compleja y carente de explicación.

El hecho de que pudieran existir múltiples universos con sus propias leyes no demuestra, ni mucho menos, que tales universos existan realmente.No se conoce, hoy por hoy, la menor evidencia física de tal existencia y, por tanto, se trata de una idea absolutamente especulativa. Incluso en el supuesto de que dichos mundos fueran reales, estarían sometidos necesariamente a leyes particulares. ¿De dónde habrían surgido tales leyes? Existiera o no el multiverso, todavía tendríamos que responder a la pregunta acerca del origen de las leyes de la naturaleza. Y la única respuesta razonable es la Mente inteligente que se revela en lo creado. La existencia del multiverso no eliminaría tampoco la necesidad de un origen divino.

En resumen, yo creo que el multiverso no es más que una teoría desesperada que procura borrar las múltiples huellas de Dios en la naturaleza pero, inclusive aunque fuera cierta, nunca lograría su objetivo.

[1] Tegmark, M., mayo del 2003,  Scientific American,  Ver http://www.sciam.com/article.cfm?chanID=sa006&articleID=000F1EDD-B48A-1E90-8EA5809EC5880000.

 

[2] O’Leary, D., 2011,  ¿Por diseño o por azar?,  Clie, p. 50.

 

[3] Dawkins, R., 2011,  El espejismo de Dios,  ePUB p. 371.


Dawkins y su experimento de la oración

Dawkins y su experimento de la oración

Por el apologista Antonio Cruz Suárez

No deberíamos, como hace el biólogo ateo, concebir a Dios como si fuera un ser humano elevado a la enésima potencia.

Como es sabido, el biólogo ateo Richard Dawkins defiende en sus escritos la idea de que la religión es, en general, la raíz de casi todos los males que hay en el mundo. De tal convicción, saca la motivación principal para arremeter tenazmente contra la probabilidad de la existencia de Dios ya que, según él, toda creencia en el Ser Supremo es una especie de espejismo que puede resultar muy peligroso para la humanidad. La presencia o ausencia de la divinidad es considerada en sus obras como si, en efecto, se tratase de un asunto susceptible de ser analizado científicamente, aunque admite que de momento no está resuelto. ¿Cómo se podría experimentar con Dios?

Si realmente existiera un Creador inteligente, sus huellas deberían resultar evidentes en el cosmos. Sin embargo, si su realidad fuese solamente una ilusión -como cree Dawkins-, el universo mostraría por el contrario signos que reflejarían la no existencia de Dios. Un mundo con Dios y otro sin él tendrían que ser radicalmente distintos. Ahora bien, ¿qué respuesta ofrece la naturaleza? ¿Cómo es el mundo según los datos de la ciencia?

El propio autor reconoce que el universo y la vida parecen decir que existe una inteligencia sobrenatural que diseñó y lo creó todo, incluido el ser humano. En el prefacio de su libro, El relojero ciego,  escribe: “La complejidad de los organismos vivos va pareja con la elegante eficiencia de su diseño aparente. Si alguien no está de acuerdo con que este diseño tan complejo pide a gritos una explicación, me rindo.” [1]  Pero, por supuesto, Dawkins no se rinde. Dedica el resto del libro a defender la idea de que los mecanismos de la evolución han sido los únicos responsables del aparente diseño que evidencia la naturaleza. En su opinión, no se necesita para nada un diseñador divino ya que la acción ciega de la selección natural es capaz de hacerlo igual de bien. Hasta mediados del siglo XIX casi todo el mundo estaba convencido de la existencia de una inteligencia sobrenatural que creó el universo y la vida, pero a partir de Darwin las cosas cambiaron. Se empezó a creer que las múltiples evidencias de diseño eran consecuencia de la acción azarosa de la evolución y, por tanto, la existencia de Dios se volvió cada vez más improbable.

Uno de los argumentos a los que se refiere Dawkins para explicar por qué cree que Dios es tan inseguro, es lo que llama “el gran experimento de la oración”. [2]  El físico británico Russell Stannard llevó a cabo este curioso experimento, que patrocinó la Fundación Templeton (gastándose 2,4 millones de dólares), con el fin de probar experimentalmente que la oración mejoraba la salud de los pacientes con problemas cardíacos. Se eligieron 1.802 enfermos al azar de seis hospitales, a los que se les había implantado un  bypass . Éstos no se conocían entre sí, ni a los médicos, ni a quienes oraban por ellos. Se les dividió en tres grupos: el primero, formado por pacientes que recibían oraciones y no lo sabían; el segundo (grupo control), no recibían oraciones y tampoco lo sabían; mientras que el tercer grupo recibían oraciones y eran conscientes de ello. Las personas encargadas de orar fueron seleccionadas también entre tres iglesias: una de Minnesota, otra de Massachusetts y la tercera de Missouri. Los resultados de tan temerario experimento fueron publicados en el número de abril del 2006 de la revista  American Heart Journal . Al parecer, las conclusiones obtenidas no dejaban lugar a las dudas. No había ninguna diferencia entre la mejoría de los pacientes por los que se había estado orando y aquellos otros por los que no. El regocijo de Dawkins ante semejante resultado era previsible. Si existe un Dios personal que escucha todas las oraciones, ¿por qué no responde? ¿No se debería interpretar dicha falta de respuesta en el sentido de que, sencillamente, Dios no existe?

Hay un error fundamental en este experimento de la oración:  con Dios no se pueden hacer experimentos científicos . No es posible ponerle a prueba mediante la metodología humana porque no está constituido por átomos, moléculas, células o fuerzas físicas. Dios no es una causa natural sino un ser espiritual, racional y personal. Semejante intento de ponerle a prueba es una humillación para la divinidad. Pretender examinarle según nuestros criterios constituye un insulto a Dios del que deberíamos avergonzarnos. No se le ultraja por rogarle en oración que sane a un enfermo, se le ofende cuando esto se le pide en el marco de una manipulación experimental humana. Mediante tal práctica colocamos nuestra razón por encima de la fe como hizo Tomás, mereciendo la recriminación de Jesús: “Porque me has visto, Tomás, creíste; bienaventurados los que no vieron, y creyeron” (Jn 20:29).

Como no creo que este versículo impresione demasiado a Dawkins, me lo imagino replicando, a pesar de todo, que si hay un Dios bueno siempre curará al que se lo pide, como hace cualquier médico si está en su mano. Sin embargo, esta réplica incurre en un segundo error.  El de suponer que Dios hará aquello que nosotros pensamos que debe hacer . En realidad, el experimento de la oración pretende comprobar solamente la omnipotencia divina para curar al enfermo. Pero es incapaz de averiguar la existencia de Dios precisamente porque él es mucho más que un simple sanador de dolencias físicas. Si existe un Creador sobrenatural, personal, sabio y sobrehumano, resulta del todo imposible comprobar únicamente su poder para curar, porque esta cualidad particular no representa todo lo que Dios es. La omnipotencia divina va inseparablemente unida a su sabiduría y benevolencia sobrenatural. En el Creador se conjugan de manera indisoluble los atributos de la inteligencia, el amor y todo poder. Es imposible, por tanto, comprobar únicamente uno de ellos.

No debemos concebir a Dios como si fuera un ser humano elevado a la enésima potencia. No podemos saber cómo percibe y actúa suponiendo cómo lo haríamos nosotros si tuviéramos su poder. Hay una gran diferencia entre lo que es en realidad el Altísimo y aquello que nosotros pensamos que debería ser. El Dios que pretende poner a prueba Richard Dawkins es sólo una versión muy amplificada de él mismo. Por eso no lo ha encontrado todavía. Pero nosotros, por desgracia, no somos seres espirituales, omniscientes, omnipotentes y absolutamente bondadosos. No somos dioses, aunque algunos se lo crean.

El error de Dawkins, de considerar a Dios como un ser natural complejo que ha evolucionado, se observa en estas palabras: “cualquier inteligencia creativa, con suficiente complejidad como para diseñar algo, sólo existe como producto final de un prolongado proceso de evolución gradual. Las inteligencias creativas, tal cual han evolucionado, llegan necesariamente tarde al Universo, y por lo tanto, no pueden ser las responsables de su diseño. Dios, en el sentido ya definido, es un espejismo; y tal como se muestra en capítulos posteriores, un espejismo pernicioso” [3] . Este argumento demuestra, una vez más, el equivocado concepto de Dios que posee Dawkins.

Si Dios hubiera evolucionado, como sugiere él, no sería Dios. Imaginar que la inteligencia del Sumo Hacedor es como una versión potentísima de la nuestra no nos permite saber qué significa realmente ser Dios. Él es una mente sin cerebro ni cuerpo físico capaz de diseñar y crear el universo. Su intencionalidad y premeditación son anteriores a las leyes del cosmos y las explican por completo. Su inteligencia, que es de una clase completamente distinta a la nuestra, precede a la materia y, por supuesto, a cualquier transformación de ésta. Dios es puramente espiritual por definición. No está formado por átomos. Lo sabe todo, lo puede todo, nos ama a todos -incluso a los incrédulos como Dawkins-. Comprende totalmente todas las posibles repercusiones de cualquier acción, así como el bien espiritual y material que se derivaría de ellas, no sólo para el creyente que ora sino para todos los demás en el presente y el futuro. Tal es el Dios cuya existencia hay que probar y no el que evoluciona según el darwinismo gradualista.

Frente a este verdadero Dios, cualquier resultado del experimento de la oración resulta positivo. Él responde las oraciones teniendo en cuenta siempre aquello que es verdaderamente bueno no sólo para quien lo pide, sino también para todos los seres humanos presentes y futuros. No se trata solamente del bien de la sanidad inmediata e individual, sino del bien espiritual y de la inmensa red de bienes múltiples que se entrecruzan en los distintos niveles posibles. Para comprender perfectamente las respuestas de Dios a nuestras oraciones deberíamos poseer su infinita sabiduría y bondad.

El teólogo católico Scott Hahn se refiere a la labor de los médicos para poner un ejemplo de lo que podría ser el papel de Dios antes las oraciones de sus hijos. [4]  Los profesionales de la medicina se encuentran a menudo con pacientes gravemente enfermos de enfisema pulmonar que, por supuesto, desean curarse, pero no están dispuestos a dejar de fumar. Alcohólicos que pretenden sanar su deteriorado hígado, pero no consiguen dejar de tomar bebidas alcohólicas. Conductores temerarios que anhelan caminar bien, después de un serio accidente de tráfico, pero no están dispuestos a conducir con prudencia ni a dejar de poner en peligro las vidas de los demás. Enfermos de cualquier tipo de cáncer, que durante años han venido amargando las vidas de sus familiares y continuarán haciéndolo si se curan. Se podrían poner muchos ejemplos más parecidos a éstos. Pues bien, si un médico humano se da cuenta de tales aspectos en su trabajo diario, ¿cuánto podrá saber un Dios omnisciente?

Es difícil que un materialista entienda que el bien espiritual esté por encima del bien material o físico. Pero para los cristianos es así. La curación última de toda enfermedad o dolencia física es, de hecho, la muerte. El bien final con el que debemos comparar cualquier bien material, como es la propia sanidad, es sin duda la vida eterna. Esto es lo que nos indica la cruz de Jesucristo. Allí fue donde verdaderamente Dios se puso a prueba. Ese fue el gran experimento. Cristo sudó sangre en el Getsemaní, le pidió al Padre si era posible dejar de beber aquella amarga copa y lanzó un último grito al sentirse abandonado mientras cargaba nuestro pecado. Tal es el auténtico escenario que le da sentido a todo y en el que debemos formular todas las preguntas sobre el bien último: los alrededores de la tumba vacía de Jesús.

  [1] Dawkins, R., 1986,  El relojero ciego,  ePUB, p. 7.

   [2] Dawkins, R., 2011,  El espejismo de Dios,  ePUB p. 58.

   [3] Ibid.,  p. 30.

   [4] Scott H., 2011,  Dawkins en observación , Rialp, Madrid, p. 88.

Nota del administrador: Este post fue tomado de http://www.protestantedigital.com


Derribando a Dawkins

Derribando a Dawkins

Por: Will Graham

Nuestro artículo se enfocará exclusivamente en el capítulo más importante del El espejismo de Dios, a saber, el capítulo cuatro, titulado ‘Porqué casi ciertamente Dios no existe’.

Damas y caballeros, en este día quiero presentaros al biólogo británico Richard Dawkins, el ateo más famoso, renombrado y celebrado del planeta Tierra. Nacido en Nairobi (Kenia) en el 1941, Dawkins- además de su labor científica- es conocido principalmente por su desprecio hacia la fe religiosa, ejemplificado en su best seller  El espejismo de Dios (2006) , libro que inició el movimiento del Nuevo Ateísmo.

¿Por qué presentaros, pues, al ‘capellán del diablo’ en este espléndido día? Por dos razones.

Primera razón: porque el nombre de Dawkins está en boca de cada vez más jóvenes universitarios aquí en España. Muchos han leído (o han oído hablar de)  El espejismo de Dios  y por lo tanto, están convencidos de que el ateísmo contemporáneo ha enterrado a Dios definitivamente. Segunda razón: porque muchos creyentes le tienen miedo. ¡Así declaro! Es como si Dawkins fuera el Goliat intelectual del siglo XXI. Si un ateo nos cita un pasaje de Dawkins- como regla general- nos ponemos a temblar, a sudar y no sabemos qué decir salvo: “¡Líbrame de esta situación, Señor!”

Si queremos ser relevantes y más eficaces a la hora de evangelizar (sobre todo con los jóvenes españoles pensantes), sería importante interactuar con el pensamiento del inglés para poder derribarle de la misma forma que el pastorcito David hizo con Goliat. A nivel personal he visto una y otra vez como los agnósticos y ateos se quedan impresionados cuando un creyente común y corriente es capaz de identificar fallos en la lógica de Dawkins en particular (o del ateísmo en general). Enseguida el evangelista consigue mucha más credibilidad con sus interlocutores y por consiguiente, resulta más fácil abrir el camino para la predicación del Evangelio.

Hoy, nuestro artículo se enfocará exclusivamente en el capítulo más importante del  El espejismo de Dios , a saber, el capítulo cuatro, titulado ‘Porqué casi ciertamente Dios no existe’. Dawkins mismo confesó que contiene “el argumento central” de su libro. Lo que haremos es citar los seis pasos del argumento de Dawkins encontrados en el cuarto capítulo y luego proseguiremos analizándolos detenidamente a la luz de la razón.

1.- Los seis pasos de Dawkins

Aquí están los seis pasos de Dawkins. El tercer punto, por cierto, es el más ampliamente citado y usado por los nuevos ateos.

Paso 1: Uno de los mayores desafíos al intelecto humano a través de los siglos ha sido explicar cómo surge en el universo la compleja e improbable apariencia de diseño.

Paso 2: La tentación natural es la de atribuir la apariencia de diseño al mismo diseño actual. En el caso de un artefacto hecho por el hombre como un reloj, el diseñador fue realmente un ingeniero inteligente. Es tentador aplicar la misma lógica a un ojo, a un ala, a una araña o a una persona.

Paso 3: Esa tentación es falsa porque la hipótesis de un diseñador hace surgir inmediatamente el mayor problema de quién diseñó al diseñador. […]

Paso 4: La más ingeniosa y poderosa explicación descubierta hasta ahora es la evolución darwiniana mediante la selección natural. Darwin y sus sucesores han demostrado cómo las criaturas vivientes con su espectacular improbabilidad estadística y apariencia de diseño han evolucionado lentamente mediante grados incrementales desde comienzos simples. Nosotros podemos ahora con seguridad decir que la ilusión del diseño en las criaturas vivientes es precisamente eso, una ilusión.

Paso 5: Nosotros todavía no tenemos una explicación equivalente para la física. Algún tipo de teoría de un multiverso podría, en principio, hacer para la física el mismo trabajo explicativo que el darwinismo hace para la biología. […]

Paso 6: No debemos renunciar a nuestras esperanzas de que aparezca una mejor explicación en física, algo tan poderoso como lo es darwinismo para la biología. […]

Con estos seis pasos, el biólogo concluye, “Si el argumento de este capítulo es aceptado, la premisa factual -la hipótesis de Dios- es insostenible. Dios, casi ciertamente, no existe. Esta es la conclusión principal del libro hasta ahora”.

2.- Un análisis crítico de los seis pasos de Dawkins:

Paso 1:

Estamos cien por cien de acuerdo con el primer paso del biólogo. La tradición intelectual de la humanidad ha reconocido una compleja apariencia de diseño. Así es. No hay quien lo dude.

 Paso 2:

Dawkins simplemente afirma que, según él, es “tentador” pensar que esta apariencia de diseño implica la existencia de un Diseñador. No dice nada más. No sé, sin embargo, si “tentador” sería el adjetivo correcto. ¿Por qué no decir que es “lógico” o “natural” o “razonable” suponer la existencia de un Diseñador? ¿Por qué precisamente “tentador”?

 Paso 3

¿Quién diseñó al Diseñador? ¿Quién creó al Creador? ¿Qué causó la Primera Causa? ¿Cómo puede el creyente contestar semejantes objeciones? Se me ocurren cuatro respuestas sencillas:

La primera es sencillamente reconocer que la hipótesis de un ‘Diseñador diseñado’ está cargada de una presuposición inaceptable, a saber, que Dios es creado. Es como hablar de un círculo cuadrado o de un soltero casado o de un cerdo araña. Son dos conceptos mutuamente excluyentes. El momento en que empezamos a hablar de un Dios creado, estamos refiriéndonos a un  no dios,  o en términos cristianos, a un ídolo. No hay tal cosa como un Dios creado. Dios es -por definición- eterno y por lo tanto, no creado. No me sorprende, pues, que Dawkins no crea en Dios si el Dios en el cual no cree es un Dios creado. De hecho, no conozco a ningún cristiano que tenga fe en tales dioses creados. Me pregunto, ¿por qué llamó Dawkins su libro  El espejismo de Dios ? ¿No debería haberlo llamado más bien  El espejismo de los dioses  creados? Tal vez no hubiera vendido tantos ejemplares ya que prácticamente nadie cree en los ídolos hoy día. Pero a nivel lingüístico, debemos rechazar este argumento como sumamente engañoso. No tenemos que tragarnos todo lo que dice el ateísmo. Es una objeción falsa.

La segunda es darnos cuenta de que -a nivel filosófico- no hace falta tener una explicación de la explicación. ¿Me explico? Aquí empleo la ilustración de William Lane Craig, “Si unos arqueólogos, excavando en la tierra, descubrieran objetos que lucieran como puntas de flecha, cabezas de hachas, y fragmentos de cerámica, estarían justificados al inferir que esos artefactos no son el resultado del azar de la sedimentación y metamorfosis, sino productos de algún grupo desconocido de personas, aunque no tuvieran ninguna explicación de quiénes fueron, ni de dónde vinieron”. La idea es que no hace falta explicar la existencia de la tribu (o el grupo desconocido de personas) para reconocer que fabricó las diversas herramientas. De la misma forma, tampoco hace falta explicar la existencia del Creador para entender que creó todo lo que hay debajo de los cielos. Dios es la explicación del diseño que hay en el universo; pero no necesitamos una explicación de Dios para reconocer que Él lo ha hecho todo. De todas formas, si necesitáramos una explicación de la explicación tarde o temprano necesitaríamos una explicación de la explicación de la explicación y así  ad infinitum  (es decir, una regresión infinita de explicaciones) que no sería capaz de explicar absolutamente nada. En tal caso, la ciencia perecería y, por consiguiente, Richard Dawkins no podría seguir escribiendo libros explicando la no existencia de Dios porque no sería posible explicar nada de nada.

La tercera es entender la razón por la que Dawkins rechaza el concepto del Diseñador. Puesto que Dawkins es darwiniano, cree que lo complejo siempre surge a partir de lo simple. Hay dos maneras de acercarnos a esta objeción (dependiendo del contexto). En primer lugar, podríamos decir que Dios es mucho más simple que el universo porque Él es un Ser espiritual (o sea, inmaterial). No tiene partes físicas. Por lo tanto, podríamos decir que la hipótesis de Dios encaja perfectamente con la idea evolucionista de que lo complejo viene de lo sencillo.

En segundo lugar, podríamos rechazar el postulado evolucionista y explicar que hay muchos ejemplos que demuestran que algo complejo puede producir algo simple. Un buen ejemplo sería el libro  El espejismo de Dios.  ¿Qué es un libro sino papel y tinta? ¿Acaso no es su autor, a saber, Richard Dawkins- cien mil veces más complejo que el libro que produjo? ¡Por supuesto que sí! Por tanto, es muy posible que el Creador del universo sea infinitamente más complejo que aquello que creó.

La cuarta idea es simplemente preguntar a Dawkins la razón la por la que no quiere aceptar la hipótesis de Dios. Al fin y al cabo, el biólogo ha comentado que cree en algún tipo de materia eterna que existía aun antes del Big Bang. Pero si Dawkins está dispuesto a creer en algo eterno, ¿por qué no se abre a la idea de un Dios eterno también?

Estas cuatro respuestas -el engaño lingüístico, la explicación de la explicación, lo complejo de lo sencillo y la eternidad- nos ayudan a contradecir la hipótesis de un Diseñador diseñado.

Paso 4

Aquí Dawkins apela a su héroe científico Charles Darwin (1809-82) para derribar la idea del diseño biológico. ¡Qué extraño! ¿Verdad? Es como si Dawkins no se diera cuenta de que Darwin creía que el Dios Creador había puesto en marcha el proceso evolutivo. Escribió en su  magnum opus Sobre el origen de las especies,  “Hay grandeza en esta concepción de que la vida, con sus diferentes facultades, fue originalmente alentada por el Creador en unas cuantas formas o en una sola y […] se han desarrollado y se están desarrollado, a partir de un comienzo tan sencillo, infinidad de formas cada vez más bellas y maravillosas”. 1

Es necesario aclarar que la teoría de la evolución no implica la no existencia de un Diseñador. Hasta el día de hoy hay protestantes tales como el genetista americano Francis Collins (1950-) o el teólogo alemán Jürgen Moltmann (1926-) que combinan su fe en Cristo con una cosmovisión abiertamente evolucionista (aprovecho para comentar que yo, personalmente, no comparto la postura macro-evolucionista por varias razones). La evolución puede explicar lo que sucede una vez que haya vida en el universo; pero no es capaz de explicar el origen de dicha vida. En palabras de Wayne Grudem, “Probablemente la mayor dificultad de toda la teoría evolucionista es explicar cómo pudo haber empezado la vida. La generación espontanea de incluso el organismo vivo más sencillo capaz de tener vida independiente (la célula  bacteriana procariota)  de materia inorgánica en la tierra no pudo haber sucedido por la mezcla casual de químicos; exige diseño y artesanía inteligente tan compleja que ningún laboratorio científico avanzado del mundo ha podido lograrlos”.

El cuarto paso de Dawkins, entonces, no hace avanzar su mensaje de ateísmo. La evolución no contradice el teísmo.

 Paso 5

En el quinto paso tristemente acontece lo mismo que con el cuarto. La única diferencia es que esta vez estamos en el terreno de la física -o mejor dicho, la astrofísica- y por lo tanto, en vez de citar al biólogo Darwin, Dawkins evoca la teoría astrofísica del multiverso (la creencia de que hay una infinidad de universos como el nuestro en existencia).

Pero de nuevo, es más de lo mismo. Apelar al multiverso no soluciona nada. Además de ser una teoría disparatada, especulativa y filosóficamente vacía (en términos de Anthony Flew, Richard Swinburne y Paul Davies) que uno ha de aceptar por fe ciega -¡menuda ironía!- el multiverso, si de verdad existe, es algo que requiere una explicación. ¿De dónde vino? ¿Cómo es que surgió de la nada? ¿Cómo explicar sus leyes? “Así que, haya o no multiverso, todavía tenemos que habérnoslas con la cuestión del origen de las leyes de la naturaleza. Y la única explicación viable es la Mente divina” (Anthony Flew). 2

El quinto paso de Dawkins, entonces, tampoco hace avanzar su mensaje de ateísmo. Si existiera el multiverso, sería perfectamente compatible con la existencia de Dios. No implica para nada la no existencia del Creador. Es otro argumento vacío que ofrece una falsa alternativa entre Dios y la física (como la falsa alternativa entre Dios y Darwin).

 Paso 6

El paso seis no se trata de un argumento. Es simplemente una confesión de fe y esperanza ateísta en que un día habrá una explicación física materialista que explicará la compleja apariencia de diseño que hay en el cosmos. En cierto sentido, confieso que admiro a Dawkins. Me encantaría tener tanta fe como él.

3.- Conclusión

Todo lo que hemos estudiado hoy sirve para demostrar que la conclusión de Dawkins de que “Dios, casi ciertamente, no existe” no es coherente con los seis pasos de su argumento. A nivel lógico, su conclusión es manifiestamente falsa.

Evidentemente los puntos tres, cuatro y cinco representan el cénit del libro del  Espejismo de Dios;  pero hemos visto que no implican para nada la no existencia de Dios. Como mucho, Dawkins podría decir que el argumento a partir del diseño no es un buen argumento para defender la hipótesis de Dios (idea que nuestro querido apologeta español, el doctor en biología Antonio Cruz, no aceptaría nunca); pero el inglés se olvida de que hay muchos otros argumentos que dan testimonio de la existencia del Creador tales como el argumento cosmológico, el argumento teleológico, el argumento moral, el argumento a partir de la experiencia personal con Dios y las evidencias tocantes a la resurrección de Jesús de Nazaret de la tumba (entre otros).

Así que, ¡no tengas más miedo a Goliat! Es hora de derribarle en las calles y las universidades de España. Dios, ciertamente, existe. Dios es. Y felizmente Goliat y Dawkins no pueden hacer nada al respecto. ¡Aleluya!

…….

 

1  DARWIN, Charles, El origen de las especies (Prisa Innova: Madrid, 2009), p. 778.

2  FLEW, Anthony, Dios existe (Trotta: Madrid, 2012), p. 108.

Nota del administrador: Este post fue tomado de http://www.protestantedigital.com

 


El dios Azar y sus Cuatro Jinetes

El dios Azar y sus Cuatro Jinetes

Ateos.

Por: Antonio Cruz Suárez

La fe que tiene Dawkins en el dios Azar es tan fuerte como la de los creyentes en el Dios creador, aunque él se niegue a llamarle fe

Vivimos en una época en la que la verdad se ha relativizado y las cosas se juzgan más por su cantidad que por su autenticidad. A fuerza de repetir una mentira, ésta puede convertirse en verdad aceptada por la mayor parte de la sociedad. Y al revés también, las grandes verdades de siempre pueden ser arrinconadas e ignoradas hasta transformarse en reliquias del pasado sin relevancia social en el presente.

Muchas de las afirmaciones del cristianismo entrarían dentro de esta segunda categoría. La fe en Jesucristo y los valores para la vida del ser humano que de ella se desprenden, están siendo cuestionados y atacados en la actualidad. No solamente por parte de ciertos fanatismos religiosos, como el procedente de algunos grupos extremistas islámicos, sino también por otro tipo de fanatismo antirreligioso, el de unos intelectuales anglo-americanos que se hacen llamar: Los Cuatro Jinetes. Me refiero a Richard Dawkins, Sam Harris, Christopher Hitchens y Daniel Dennet. No son los únicos pero sí los más vehementes y significativos. Durante las últimas décadas, estos militantes del ateísmo radical han venido produciendo montones de best-sellers y DVDs con el único propósito de acometer contra la religión y, en particular, contra la visión cristiana de la vida. Algunos de sus títulos más característicos traducidos al español son:  El espejismo de Dios  (R. Dawkins);  El fin de la fe  (S. Harris); Dios no es bueno: alegato  (C. Hitchens) y  Rompiendo el conjuro  (D. Dennet). Es curioso, pero del gran número de libros escritos por creyentes que responden a estas obras ateas en inglés, sólo un pequeñísimo porcentaje ha sido publicado también en nuestro idioma. ¿Hay motivos para la preocupación?

En mi opinión, no y sí. Me explico. Si hacemos caso a los especialistas, sobre todo, a los filósofos y teólogos de prestigio, toda la propaganda que realizan estos predicadores del ateísmo se apoya en unos argumentos sumamente endebles. La calidad de sus razonamientos, cuando hablan de Dios y de los orígenes, es tan baja que parece propia de alumnos de secundaria (¡con perdón para éstos últimos!). Desde semejante perspectiva, no habría por qué preocuparse ya que las razones que ofrecen, hace ya bastante tiempo que fueron bien replicadas y superadas por el pensamiento filosófico-teológico. Además, parece que la virulencia con que arremeten contra la religión avergüenza incluso a los propios pensadores ateos tradicionales. Esto contribuye a que no gocen de la aprobación del gran público sino solamente de un sector previamente sensibilizado.

No obstante, como la cultura contemporánea valora más la cantidad que la calidad, pienso que sí hay motivos para la preocupación. Muchas de estas publicaciones ateas han hecho que algunos creyentes, jóvenes y no tan jóvenes, pierdan su fe. Al sobreestimar la insistencia y la elocuencia de algunos de estos paladines del nuevo ateísmo por encima de la veracidad y la lógica de sus proposiciones, un cierto sector de la población actual sucumbe a los cantos de sirena del cientifismo descreído. Sobre todo los jóvenes universitarios. Y esto, sí me parece preocupante. Creo que en estos momentos todo esfuerzo argumentativo por parte de los creyentes, en defensa de la fe cristiana, resulta absolutamente necesario para paliar la situación que se está viviendo en el mundo universitario de Occidente. Hoy, como siempre, estamos obligados a seguir realizando una apologética de calidad que sea capaz de contrarrestar la perniciosa visión del mundo que se desprende del ateísmo.

Aunque se pudiera pensar que ponerse a discutir sobre la existencia de Dios, o la veracidad del cristianismo, con alguien que no acepta ninguna de estas realidades, es una auténtica pérdida de tiempo, con todo, creo que quienes pretendemos seguir a Cristo estamos llamados a presentar en todo momento defensa de nuestra fe. Desde luego, con arreglo a nuestras posibilidades. En este sentido, quisiera referirme a un tema que me llama poderosamente la atención y que se desprende del libro,  El espejismo de Dios,  de Richard Dawkins. Este autor manifiesta insistentemente que no cree en la existencia de Dios. Sin embargo, con el fin de desmentir dicha realidad trascendente, se ve obligado a crear otro dios a su medida. El “dios Azar” se convierte así en el objeto de su fe y esperanza, al que le dedica una considerable devoción. En el fondo, se trata de una especie de anti-dios convertido -de manera equivocada según veremos- en divinidad laica.

Una confusión importante en la que incurre con frecuencia Dawkins es tratar lo “imposible” como si sólo fuera “improbable”. En  El espejismo de Dios  escribe: “En un extremo del espectro de improbabilidades están aquellos eventos probables que nosotros llamamos imposibles. Los milagros son eventos que son extremadamente improbables.” [1]  Mediante esta extraña frase, intenta convencer a sus lectores de que lo imposible es en realidad sólo extremadamente improbable. Esto le hace caer en la contradicción de afirmar que lo imposible, por absurdo que parezca, es posible. El origen de la vida a partir de la materia inorgánica entraría dentro de esta posibilidad. Cualquier cosa sería posible en la naturaleza, por muy improbable que fuera, excepto, por supuesto, la existencia de Dios y los milagros. ¿Por qué? Pues porque, en su opinión, tales cosas serían tan poco probables como la existencia de hadas o gnomos correteando por cualquier bosque.

Dawkins se refiere a las distintas opiniones humanas acerca de la existencia del Sumo Hacedor y propone un espectro de siete probabilidades que irían desde el teísmo fanático al ateísmo radical. Él se confiesa ateo  de facto  y se incluye en la sexta opinión: “No estoy totalmente seguro, más pienso que es muy improbable que Dios exista y vivo mi vida en la suposición de que Él no está ahí.” [2]  Pues bien, esta manera de intentar resolver la existencia de Dios como un simple cálculo de probabilidades es el principal error que atraviesa toda la obra atea de Dawkins.

La existencia de Dios no es cuestión de probabilidades. Él existe o no existe. No podemos tratarlo como si se fuese un ser físico o un fenómeno perteneciente al mundo natural. Lo que entra en el ámbito de las probabilidades son aquellas cosas que se consideran contingentes, es decir, que no tienen por qué existir necesariamente. De hecho, todo es contingente menos Dios que es necesario. El universo existe pero podría no haber existido, por tanto es contingente. Pero Dios, si existe, es necesario y eterno por definición. Esta matización, desde luego, no demuestra que su existencia sea real pero deja claro que existir eternamente y ser Dios son conceptos inseparables. Por tanto, es tan absurdo preguntarse “¿cuál es la probabilidad de que Dios exista?” como cuestionarse “¿cuál es la probabilidad de que los gnomos del bosque lleven un gorro rojo?”.

Otra cosa distinta sería aplicar la probabilidad a los argumentos acerca de la existencia del Creador. Éstos pueden ser más o menos acertados y, por tanto, sería correcto establecer categorías entre los más o menos probables. Pero, lo que hace Dawkins carece por completo de sentido ya que trata a Dios como si éste fuera un pedazo cualquiera de la naturaleza y no un ser trascendente. Esto le lleva a cosas tan absurdas como preguntarse quién creó a Dios o usar métodos estadísticos para verificar su existencia. En realidad, su problema es que sabe muy poco acerca del Dios que intentar rebatir. Por el contrario, usa su ilimitada fe en el azar para ofrecer explicaciones materialistas de aquellos acontecimientos que cualquier persona en su sano juicio atribuiría a una causa sobrenatural. Su razonamiento confuso entre lo posible y lo imposible es como un juego de prestidigitación intelectual con el que pretende convencer a la gente para que crea que la aparición de la vida sobre la Tierra no requiere para nada de un Dios creador.

Veamos cómo argumenta acerca del origen de la vida. Después de reconocer que hay dos hipótesis para explicarlo: la del diseño y la científica (como si la primera no se dedujera también de los últimos datos de la ciencia), asegura que la hipótesis científica es la única estadística ya que los investigadores invocan la magia de los grandes números. “Se ha estimado que hay entre mil y treinta mil millones de planetas en nuestra galaxia, y cerca de cien mil millones de galaxias en el Universo. (…) Supongamos que ( el origen de la vida ) fue tan improbable como para ocurrir solo en uno entre mil millones de planetas. (…) Y aun así… incluso con esas absurdamente bajas posibilidades, la vida habría surgido en un billón de planetas -de los que la Tierra, por supuesto, es uno de ellos-.” [3]  Esta conclusión resulta tan sorprendente que la vuelve a repetir para que el lector se la crea. ¿Está Dawkins en lo cierto? ¿Ha aparecido la molécula de ADN, y por consiguiente la vida, en mil millones de planetas por todo el universo?

Semejante conclusión resulta tan sorprendente por la sencilla razón de que se basa en un razonamiento equivocado. Se trata de un argumento insostenible a la luz de las reglas de la lógica. Éstas dicen que no se puede dar por supuesto aquello que se debe probar. Que la molécula de ADN y la primera célula viva se hayan construido espontáneamente por azar es algo que se tendría que demostrar, no darlo por supuesto. Hay que preguntarse si eso es posible o no, antes de plantearse si es más o menos probable. Porque si es imposible que la tremenda complejidad de la más simple célula se originara en la Tierra por casualidad, a partir de elementos químicos sencillos, el hecho de añadir un billón o un trillón de posibles planetas, no cambia dicha imposibilidad en nada. No importa la cantidad de planetas similares al nuestro que pueda haber en todo el universo. Si algo es imposible, no ocurrirá nunca. Y este es el error que comete Dawkins, dar por hecho que lo imposible es solamente algo muy improbable, pero que puede ocurrir. Cuando, en realidad, no es así.

Aunque se aceptase incluso que el ADN, o alguna otra molécula parecida, ha podido formarse únicamente por azar, continuaría siendo equívoco y excesivo suponer una posibilidad en mil millones. Si esto fuera así, no habría tanto escepticismo entre los especialistas que estudian el origen de la vida porque, en realidad, cuando se hacen bien los cálculos los resultados son aún más aterradores. Por ejemplo, si pensamos en una pequeña cadena de ADN de tan sólo cien bases nitrogenadas de longitud, que sería muchísimo más corta que las que posee cualquier célula, la probabilidad de obtener determinada combinación es alucinante. Una de cada cuatro elevado a cien. Esto significa que los cálculos de Dawkins son excesivamente optimistas, pues considera que una cadena de ADN favorable podría surgir por azar con la probabilidad de una en mil millones. Es decir, una en una cantidad equivalente a un uno seguido por nueve ceros. Pero resulta que, en realidad, ¡es una en un 1’6 seguido por 59 ceros! [4]  No hace falta ser matemático para darse cuenta de la diferencia de ceros. Pero además, resulta que el ADN no sirve de nada sin las proteínas y la probabilidad combinada de la aparición por azar de las proteínas necesarias para que la célula más simple funcione es prácticamente incalculable.

La fe que tiene Dawkins en el dios Azar es tan fuerte como la de los creyentes en el Dios creador, aunque él se niegue a llamarle fe. Su deseo de eliminar al verdadero Creador le lleva a admitir cosas tan absurdas, como que lo imposible es posible. ¿Por qué una persona tan inteligente como él manifiesta tanta devoción hacia el huidizo dios Azar? No lo sé. Habría que averiguar en los entresijos de su alma. Pero lo que está claro es que prefiere creer en cualquier cosa, antes que en el Dios que se revela en la Biblia.

 [1] Dawkins, R., 2011,  El espejismo de Dios,  ePUB ,  p. 339.

 

[2] Ibid.,  p. 48.

 

[3] Ibid.,  p. 125. (Hay que tener en cuenta que “un billón”, en inglés, son “mil millones” y no “un millón de millones”, como en español).

 

[4] Hahn S. y Wiker, B., 2011,  Dawkins en observación,  Rialp, Madrid, p. 43.

 


Dios y el Diseño Inteligente

Dios y el Diseño Inteligente

Por Antonio Cruz Suárez

Lo que se propone es que la actividad inteligente de Dios al crear la naturaleza puede ser detectable, de la misma manera que lo es la de un informático que diseña determinado programa.

La afirmación de que la vida, y en general el cosmos, fueron diseñados por un agente inteligente puede turbar al ser humano contemporáneo, educado desde la enseñanza primaria en la

creencia de que todo deriva de las simples leyes naturales. Sin embargo, el desarrollo de la ciencia durante las últimas décadas constituye un avance progresivo en esa dirección. De la misma manera que en la Edad Media la humanidad tuvo que acostumbrarse a pensar que la Tierra se movía alrededor del Sol, a pesar de que nadie podía ver ningún movimiento de rotación ni traslación, probablemente el siglo XXI impondrá también la idea de un diseño inteligente de la vida y el universo.Otra cosa distinta ocurrirá con la naturaleza del diseñador. Aquí no habrá acuerdo. En efecto, ante la cuestión: ¿qué idea de Dios transmite el Diseño inteligente (DI)? Hay que responder simplemente que ninguna. Por su propia naturaleza, que pretende seguir la evidencia empírica, esta teoría es incapaz de definir las características de la inteligencia que evidencia la vida.Está claro que, para quienes creemos en el Dios de la Biblia, resultará fácil transferir sus atributos al diseñador inteligente que sugiere la ciencia. No obstante, quienes no aceptan la existencia del Dios judeocristiano probablemente propondrán otras explicaciones a la realidad del diseño. Aunque no hay demasiados sustitutos, se han sugerido los siguientes: que la inteligencia provenga de los extraterrestres; de un enigmático principio autoorganizador del universo; que los entes vivos sean inteligentes en sí mismos; entender la biosfera como un todo (Gaia, la Diosa Tierra) que pudiera ser inteligente y actuara como un único organismo, etc. Todas estas posibilidades pueden estar interrelacionadas o ser la misma. La ciencia no tiene aquí la última palabra y debe ceder ante las explicaciones de la teología o de la especulación filosófica más o menos fundamentada.Uno de los famoso descubridores de la estructura helicoidal del ADN, el doctor Francis Crick, propuso su conocida teoría de la panspermia. En su opinión, la vida habría sido sembrada en la Tierra por parte de alguna civilización inteligente procedente del espacio exterior. Aunque tal planteamiento no resuelve el problema del origen de dicha hipotética civilización, sí asume parte de la premisa fundamental del DI. Es decir, que la vida muestra diseño, aunque éste no sea perfecto. Crick abre así la puerta a la posibilidad de diseñadores inteligentes pero capaces de cometer errores. Alienígenas del espacio que no tienen por qué ser moralmente superiores a nosotros. Exportadores de una sofisticada tecnología que puede responder a motivaciones altruistas o quizá egoístas. Nadie lo sabe. En pocas palabras, la panspermia sustituye a Dios por múltiples dioses menores que a veces se equivocan, ya que las cosas no siempre les salen como ellos quisieran. Y a nadie se le escapa que con la especie humana, desde luego, no acertaron.

Esta idea de la panspermia se sustenta sobre arenas movedizas. Carece de evidencia científica y apela a algo que es imposible de investigar: unos seres inteligentes que aparecieron hace mucho tiempo en una galaxia desconocida y muy lejana. Lo cual convierte la teoría en un auténtico milagro. Es como si Crick estuviera diciendo que “el origen de la vida en la Tierra fue un milagro”. Con lo cual el asunto queda inmediatamente fuera del ámbito de la ciencia. ¡Para este viaje no hacían falta tantas alforjas! Es lo mismo que, desde hace miles de años, viene proponiendo la doctrina bíblica del milagro de la creación.

No obstante, si no fueron los extraterrestres, ¿en qué otro diseñador permite pensar la teoría del DI? ¿Es bíblica la teología que parece sugerir? Aunque el DI no dice nada acerca de la naturaleza del diseñador, muchos creacionistas, y la mayoría de los evolucionistas cristianos, ven con malos ojos el tipo de Dios que se desprende.Unos porque creen que no se adecua al Dios creador del relato del Génesis, interpretado literalmente. Los otros porque piensan que el diseñador inteligente es, en realidad, el denostado Dios tapagujeros.

Ciertos partidarios del creacionismo de la Tierra joven -no todos, por supuesto- recriminan al DI el hecho de no interpretar literalmente el libro de Génesis y, por lo tanto, no respetar la Escritura, decir poco del Dios bíblico y no glorificarle como se merece. Para ellos, el DI no es “creacionismo camuflado”, como creen muchos darwinistas, sino una especie de enorme cajón de sastre donde caben todas las posibles concepciones de la divinidad. Por su parte, algunos teólogos que defienden el evolucionismo teísta ven la teoría del DI como poco científica porque les parece que apela demasiado al Dios tapagujeros. Es decir, creen que los proponentes del DI sólo ven diseño en aquellas áreas de la naturaleza que la ciencia no ha estudiado suficientemente todavía. Una idea peligrosa pues a medida que el conocimiento científico avanza, Dios retrocedería. Es como si la ignorancia humana fuera lo único capaz de dar cobijo a la creencia en Dios. ¿Qué hay de cierto en todo esto?

En primer lugar, no todos los creacionistas de la Tierra joven -menos aún los de la Tierra antigua- disienten ante los puntos de vista del DI. Muchos reconocen que no siempre la Biblia debe interpretarse literalmente y apoyan la defensa del diseño como un hecho fundamental de la naturaleza. Conviene recordar, una vez más, que la teoría del DI, como toda teoría empírica, no puede decir absolutamente nada sobre un diseñador con el que no se puede experimentar. Salvo que actuó de manera inteligente dejando la impronta de su sabiduría en los seres vivos.

En cuanto al argumento del Dios tapagujeros, con el que los cristianos evolucionistas acusan al DI, creo que está equivocado. No es que los investigadores vean diseño inteligente en ciertas estructuras naturales irreductiblemente complejas porque éstas han sido poco estudiada y sean prácticamente desconocidas por la ciencia. Es precisamente al revés. Aquello que motiva a los científicos a pensar en un diseñador inteligente es el gran conocimiento que poseen de dichas estructuras o funciones. No es lo que no saben sino lo que sí saben. Darwin y sus coetáneos, al observar una célula bajo sus rudimentarios microscopios, no podían pensar en el diseño real de la misma porque sólo veían simples esferas de gelatina que rodeaba un pequeño núcleo oscuro. Nada más. Pero es precisamente el elevado grado de información y sofisticación bioquímica en las estructuras celulares, descubierto por los potentes microscopios electrónicos actuales, lo que ha hecho posible la teoría del DI. No se está apelando al Dios tapagujeros. Lo que se propone es que la actividad inteligente de Dios al crear la naturaleza puede ser detectable, de la misma manera que lo es la de un informático que diseña determinado programa. Los sistemas biológicos manifiestan las huellas distintivas de los sistemas diseñados inteligentemente. Poseen características que, en cualquier otra área de la experiencia humana, activarían el reconocimiento de una causa inteligente. Según el DI, los seres vivos no sólo serían el resultado del azar y la necesidad sino, sobre todo, del diseño real y de decisiones sabiamente precisas.

Deseo terminar con una cuestión que me parece relevante. Muchos creen que el diseño en la naturaleza, para ser auténtico, debiera ser también perfecto, benéfico o, cuanto menos, inofensivo. Pero la realidad es que no siempre es así. El cosmos en el que vivimos actualmente es limitado, finito, cambiante y sometido a la ley física de la entropía. Si no se le aplica energía extra, su grado de desorden no disminuye sino que aumenta. Finalmente a los seres vivos les sobreviene la muerte. Por tanto, resulta bastante improbable que el diseño real sortee todos los inconvenientes o satisfaga todos los gustos y las necesidades en un mundo así. Me parece un error la afirmación de que: “el diseño tiene que ser perfecto o no es diseño”. ¿Acaso no pueden darse diseños imperfectos? Más aún, ¿existe el diseño maligno?

Uno de los organismos que hacían dudar a Darwin de la existencia de un Dios bondadoso eran las avispas. En concreto, unas pequeñas avispas del grupo de los icneumónidos ( Ichneumon ) que tienen el hábito de poner sus huevos dentro de los cuerpos vivos de orugas de otros insectos. Así, cuando nacen las larvas de  Ichneumon  disponen de alimento fresco, el cuerpo de sus desafortunados hospedantes, las orugas a las que se comen vivas.

William Dembski, uno de los principales proponentes del DI escribe: “La naturaleza es un morral mezclado. No es el mundo feliz de William Paley en el cual todo estaba en delicada armonía y equilibrio. No es el mundo darwinista ampliamente caricaturizado de la naturaleza roja de sangre en los dientes y en las garras. La naturaleza contiene diseño maligno, diseño mal construido y diseño exquisito. La ciencia necesita comenzar a aceptar el diseño como tal y no despreciarlo…” [1]

La existencia del mal, así como de la injusticia y miseria del mundo actual es un argumento clásico contra la existencia de Dios. Sin embargo, no es la ciencia quien debe dar la respuesta sino la teología, la filosofía o más concretamente la teodicea. Y me consta que lo vienen haciendo casi desde la noche de los tiempos.

 

 

 

[1] Dembski, W.  No Free Lunch,  Rowman y Littlefield, Lanham, 2002, p. 16.

 

Nota del administrador: Este post fue tomado de http://www.protestantedigital.com


¿Por qué creyó el más famoso ateo en Dios?

¿Por qué creyó el más famoso ateo en Dios?

Will Graham

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Se cumplen diez años de la conversión al teísmo de Anthony Flew, el intelectual ateo más prominente del siglo XX.

Este año marca el décimo aniversario de la conversión intelectual del ateo más prominente del siglo XX, a saber, el filósofo inglés Anthony Flew (1923-2010). Después de dedicar su vida a la propagación del ateísmo, Flew causó revuelo en el mundo académico anglosajón cuando llegó a profesar fe en un Dios creador públicamente a finales del 2004.

Esta noticia tan significativa a nivel internacional, sin embargo, apenas fue anunciada por la prensa española. Francisco José Soler Gil lamenta este hecho: “Diarios como el  New York Times  dedicaron extensos artículos a comentar el último libro de Flew, y a tomar partido en la discusión acerca de esta obra. Mientras que, en España, la noticia apenas si trascendió de las páginas de Internet dedicadas a la información religiosa. Y algo muy parecido ocurrió tras la muerte de Flew en 2010”. La tendencia actual en España es traducir los libros ateos en seguida al castellano pero la erudición teísta es pasada por alto. ¿Por qué será?

La traducción de la última obra de Flew,  Dios existe  (Editorial Trotta, 2012) ha sido todo un logro. Se trata de un libro pequeño, publicado en el 2007, en el cual Flew cuenta la historia completa de su conversión intelectual. Está repleto de datos autobiográficos; pero lo más interesante son las tres razones que ofrece para explicar su cambio tan radical de cosmovisión. Estos argumentos ocupan el lugar central del tomo. ¿Cuáles son? Respuesta: 1) los orígenes de las leyes de la naturaleza; 2) los orígenes de la vida; y 3) los orígenes del universo.

En el artículo de hoy, queremos analizar cada uno de estos tres puntos del filósofo inglés para demostrar la veracidad de la observación hecha recientemente por nuestro querido apologeta español Antonio Cruz, “Yo creo que la ciencia contemporánea hace que cada vez sea más difícil ser un ateo intelectualmente satisfecho”.

1.- Los orígenes de las leyes de la naturaleza (capítulos 5 y 6)
Flew estima que el argumento del diseño inteligente es sumamente persuasivo. La existencia de leyes (es decir, simetría/ regularidades) en la naturaleza revela una mente divina detrás de ellas. Estas mismas leyes, explica el inglés, llevaron a Albert Einstein y a los padres de la física cuántica (entre otros) a postular el concepto de la Mente de Dios. En una entrevista con Benjamin Wiker, confesó Flew, “Tenía que haber una Inteligencia detrás de la complejidad integrada del universo físico”. [1] 

Es como si el universo supiera que veníamos. Comenta el filósofo, “Se ha calculado que si el valor de solo una de las constantes fundamentales […] hubiese sido ligerísimamente diferente, no se hubiese podido formar ningún planeta capaz de permitir la evolución de la vida humana”. [2]  La única posible explicación de tal ajuste fino se debe al diseño divino. Por esta razón Flew reprende a los ateos contemporáneos que niegan la idea de un Diseñador y proponen- en su lugar- la idea especulativa del multiverso.

La teoría del multiverso enseña que hay una infinidad de universos como el nuestro en existencia y se ha dado la casualidad (¡vamos, casualidad con ‘c’ mayúscula!) de que la vida ha aparecido justamente en nuestro universo. Apelando al físico Paul Davies y al filósofo Richard Swinburne, Flew tacha esta teoría como disparatada, especulativa y filosóficamente vacía. En palabras de Swinburne, “Es una locura postular un trillón de universos (causalmente desconectados entre sí) para explicar los rasgos de un solo universo, cuando postular una sola entidad (Dios) solucionaría el problema”. [3]  Y de todas formas, aun si la teoría del multiverso fuera cierta, tampoco podría explicar el origen de las leyes de la naturaleza.

Concluye Flew, “Así que, haya o no multiverso, todavía tenemos que habérnoslas con la cuestión del origen de las leyes de la naturaleza. Y la única explicación viable es la Mente divina”. [4]  Las leyes de la naturaleza, por tanto, dan testimonio de la existencia de un Dios ordenador/ creador.

2.- Los orígenes de la vida (capítulo 7)
Otra cosa que Flew no podía explicar a partir de una cosmovisión atea fue el origen de la vida en sí. ¿Cómo es que surgió y se conservó la vida en nuestro planeta? Una cosa es tener leyes físicas que permiten la existencia de la vida; pero otra cosa es la aparición de la vida en sí. Y no estamos hablando de cualquier tipo de vida; sino vida inteligente. Flew se pregunta, “¿Cómo puede un universo hecho de materia no pensante producir seres dotados de fines intrínsecos, capacidad de autorreplicación y una ‘química codificada’?” [5]  Tales preguntas constituyen un gran desafío científico e intelectual para el ateísmo del siglo XXI.

En términos sencillos, el materialismo no es capaz de explicar tantas señales de inteligencia de forma satisfactoria. Intenta refugiarse bajo el lema de reacciones químicas. No obstante, el ADN (ácido desoxirribonucleico) y el ARN (ácido ribonucleico) han revelado que la vida se trata de muchísimo más que una simple serie de reacciones químicas. En todas las células hay un código genético asombroso que almacena una cantidad compleja de información. ¿De dónde viene esta información si todo es fruto de materia no pensante y no inteligente? Como explica Paul Davies, “El problema de cómo esta información significativa o semántica pudo surgir de una colección de moléculas no inteligentes, sometidas a fuerzas ciegas y carentes de propósito, supone un profundo desafío conceptual”. [6] 

¿Cómo es que semejante vida puede existir en este planeta? Flew lo tiene bien claro, “La única explicación satisfactoria de esta vida orientada hacia propósitos y autorreplicante que vemos en la Tierra es una Mente infinitamente inteligente”. [7] 

3.- La existencia del universo (capítulo 8)
Flew no solamente se quedó perplejo ante las leyes de la naturaleza y la vida inteligente que existía en la Tierra, sino que la existencia del cosmos también le llevó a Dios. Puesto que nada viene de la nada, todo tiene que venir de algo. El universo es algo que requiere una explicación.

El punto clave en este sentido para Flew fue el descubrimiento de la teoría del Big Bang. En términos autobiográficos, recalca nuestro filósofo que, “Cuando, siendo aún ateo, me enfrenté por primera vez a la teoría del Big Bang, me pareció que esta teoría cambiaba mucho las cosas, pues sugería que el universo había tenido un comienzo y que la primera frase del Génesis […] estaba relacionada con un acontecimiento real. Mientras pudimos albergar la cómoda idea de que el universo no había tenido un comienzo ni tendría un final, fue fácil considerar su existencia (y sus rasgos más fundamentales) como hechos brutos. Y, si no había razón para pensar que el universo tuvo un comienzo, no había necesidad de postular otro ente que lo hubiera producido.

Pero la teoría del Big Bang cambió todo esto. Si el universo había tenido un comienzo, pasaba a ser totalmente razonable, incluso inevitable, preguntar qué había producido ese comienzo. Esto alteraba radicalmente la situación […] Reconocí también que los creyentes podrían, con toda razón, acoger la cosmología del Big Bang como algo que tendía a confirmar su creencia previa en que “en el principio” Dios creó el universo”. [8] 

La incapacidad de la ciencia a la hora de entender la causa del Big Bang condujo a Flew al postulado de Dios. Ya no era posible seguir creyendo en la eternidad de la materia. El Big Bang enseña que todo surgió a partir de algo. Y ese algo tenía que ser inmensamente grande. Y ese algo inmensamente grande es Dios.

Conclusión
Estas, pues, son las tres razones principales por las que Flew renunció su ateísmo y se hizo deísta: los orígenes de las leyes de la naturaleza, los orígenes de la vida y los orígenes del cosmos. No podía refutar la evidencia de la ciencia contemporánea. Por eso explica que, “En resumen, mi descubrimiento de lo divino ha sido una peregrinación de la razón, y no de la fe”. [9] 

De esta forma vemos que la ciencia y la fe no se pueden considerar como enemigas sino como compañeras de milicia que procuran dar a conocer algo más de la gloria de Dios. Para citar a Antonio Cruz de nuevo, “Teología y ciencia constituyen así mecanismos legítimos para la búsqueda de conocimiento verdadero. La primera, intenta aproximarse al carácter y propósito de Dios revelado en la Biblia, mientras que la segunda se preocupa por las leyes y mecanismos que rigen el universo creado por ese mismo Dios”. [10] 

La ciencia da testimonio de Dios y gracias a este testimonio, Flew estaría celebrando hoy su decimo cumpleaños como creyente en el Dios creador.

 


   [1] Se puede leer la entrevista entera haciendo clic en el siguiente enlace en  Protestante Digital:  www.protestantedigital.com/ES/Magacin/articulo/2734/La-conversion-de-flew-el-amigo-ateo-de-cs-lewis (12.01.2008)
   [2] FLEW, Anthony,  Dios existe  (Trotta: Madrid, 2012), p. 104.
   [3] Ibíd., p. 107
   [4] Ibíd., p. 108.
   [5] Ibíd., p. 110.
   [6] Ibíd., p. 113.
   [7] Ibíd., p. 115.
   [8] Ibíd., p. 119.
   [9] Ibíd., p. 90.
   [10] CRUZ, Antonio,  La ciencia encuentra a Dios  (Clie: Barcelona, 2004), p. 65.
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Búsqueda de la verdad científica

Búsqueda de la verdad científica

Por: Antonio Cruz Suárez

La teoría del diseño inteligente propone que las causas naturales por sí solas no pueden explicar la complejidad que muestran ciertas estructuras y funciones de los seres vivos. Acepta, sin embargo, que muchas otras características de la naturaleza han podido originarse mediante el concurso de la selección natural actuando sobre las variaciones al azar, pero niega que la realidad de tal selección elimine la necesidad del diseño. ¿Es posible poner a prueba el diseño inteligente?

Para que una teoría se considere científica es necesario que sus predicciones puedan ser puestas a prueba. Si resulta que éstas no se cumplen en la realidad, la teoría debe considerarse falsa. Pero si lo hacen, y consiguen superar el filtro de la “falsación” sugerido por Karl Popper, entonces la teoría en cuestión es científica. Como es sabido, este famoso filósofo de la ciencia, que se educó en Viena a principios del siglo XX, vivió con intensidad las discusiones intelectuales de su época en torno a dos grandes temas. Uno procedente de la psicología -el psicoanálisis de Freud- y el otro de la política -la lucha de clases de Marx-. Después de escuchar a proponentes y detractores de cada una de estas “teorías científicas”, Popper llegó a la conclusión de estar perdiendo el tiempo. Quienes defendían el psicoanálisis, a pesar de su falta de evidencia, atacaban a los oponentes arguyendo que éstos necesitaban ayuda mental. Por su parte, los que criticaban la teoría económica de Marx eran tildados de burgueses orgullosos e incompetentes. ¿Acaso no había manera de comprobar la veracidad de una teoría?

Fue precisamente una conferencia de Albert Einstein lo que le proporcionó a Popper la respuesta. Después de exponer su teoría de la relatividad general, Einstein no se centró en las evidencias que la apoyaban sino en todo lo contrario. Señaló aquello que, en caso de encontrarse, demostraría sin lugar a dudas que su teoría era falsa. Esta era la diferencia fundamental entre la teoría del gran físico y las de Freud o Marx. Para saber si una teoría es verdaderamente científica no basta con aportar evidencias que la confirmen, es menester también definir un factor clave que, suponiendo que se diera, sería capaz de refutarla por completo. Popper descubrió que esta cualidad de ser rebatibles caracterizaba las teorías genuinas de la ciencia. Una teoría que no presente ningún factor clave capaz de falsearla o rebatirla no puede considerarse científica. Podría tratarse, por el contrario, de una teoría metafísica. Por eso, el psicoanálisis y las teorías económicas de Marx sucumbieron al paso de los años, mientras la teoría de la relatividad general continua explicando la física del universo.

Popper se dio cuenta en seguida que, según este criterio de la falsación, el darwinismo no era tampoco una teoría científica porque no se podía poner a prueba. Es decir, no era contrastable [1] . Y aunque él reconocía las aportaciones positivas de la selección natural al conocimiento científico, concluyó que también se trataba, en realidad, de una teoría metafísica, pues sus predicciones estaban por encima del poder demostrativo de la ciencia. En efecto, cuando el darwinismo afirma que algo pudo haber ocurrido de tal o cual forma, dicha afirmación no constituye una prueba.Únicamente traslada una hipótesis desde el ámbito de la especulación infundada al de la especulación fundamentada en algún dato concreto. Desde luego, podría haber sido así, pero dicha posibilidad no es en sí misma una demostración irrefutable. Desafortunadamente, con demasiada frecuencia, el darwinismo supone que al poder identificar una determinada forma, estructura o función, aunque ésta sea improbable, toda su especulativa historia evolutiva queda confirmada. Sin embargo, esto no resuelve el problema. Simplemente se trata de una posible explicación que necesita ser evaluada frente a otras interpretaciones.

Los estudios que procuran reconstruir la historia natural suelen tropezar frecuentemente con la pobreza de documentación que sería necesaria para llevarlos a cabo de manera apropiada. Esta escasez de datos genera cierta tendencia perniciosa a recurrir a las grandes teorías, como el darwinismo, y verlas como si fueran leyes de la naturaleza que lo explican todo. Esto hace que muchas interpretaciones que pasan por ser científicas estén constituidas, en realidad, por una parte científica pero por otra mucho más especulativa.Aparecen así justificaciones de todo tipo al estilo de, por ejemplo, “es imposible observar los mecanismos propuestos por el darwinismo ya que ocurren lentamente a lo largo de millones de años”; “el registro fósil no muestra las transiciones necesarias pues es pobre e incompleto”; aunque no sea un buen ejemplo, pues se demostró falso, “el rápido cambio en las famosas polillas del abedul podría ayudar a los escolares a entender el darwinismo”; etc.

Una de las críticas que suele hacerse al diseño inteligente es que no es tampoco una teoría que pueda ponerse a prueba. En opinión de sus detractores, al no hacer predicciones que puedan comprobarse no sería una teoría científica. ¿Se trata quizás de otra teoría metafísica como el darwinismo?

La respuesta es negativa. El diseño inteligente que evidencia el cosmos, a diferencia del darwinismo, sí puede ponerse a prueba. Por ejemplo, si alguien fuera capaz de demostrar “detalladamente” que cualquier sistema irreductiblemente complejo -como los muchos que propone el biólogo Michael Behe- se han podido formar sólo mediante el azar y la casualidad, entonces el diseño inteligente habría sido refutado. El secreto está en la palabra “detalladamente”. No vale aquí decir, por ejemplo, que una determinada estructura que actualmente forma parte de un órgano irreductiblemente complejo -como el ojo, la coagulación sanguínea o el flagelo bacteriano, etc.- y que, por tanto, cumple una función específica en la célula de un ser vivo, podía cumplir otra función distinta en el pasado. Hay que demostrar también que las miles de estructuras y funciones, así como los genes encargados de controlarlas, que acompañan a dicho ejemplo en cuestión formaron parte también de otras cosas diferentes y que paulatinamente fueron cambiando al azar hasta convertirse en lo que ahora son. ¿Sirvieron todas las moléculas y células de un ojo para otras funciones ajenas a la visión? ¿Se transformaron gradualmente gracias a la selección natural en lo que son hoy? ¿Es posible demostrar “detalladamente” algo así? Si alguien lo hiciera habría acabado para siempre con la teoría del diseño inteligente.

A diferencia del darwinismo, el diseño inteligente es experimentable. Es decir, se puede poner a prueba y ver si es falso o no. Cualquier investigador que demuestre que los sistemas irreductiblemente complejos no existen, o que se han originado al azar, habrá rebatido por completo la teoría. Pero si esto no se consigue, si determinadas estructuras de los organismos se empeñan en evidenciar diseño real, entonces resulta que es el darwinismo el que queda cuestionado.

A veces, algunos biólogos afirman que la teoría de Darwin está tan sólidamente establecida como la teoría de la relatividad general de Einstein. Sin embargo, ¿cuántos físicos están dispuestos a decir lo mismo?

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Dios los bendiga.


El Argumento moral en favor de la existencia de Dios

El Argumento moral en favor de la existencia de Dios

Por Paul Copan

El filósofo John Rist está en lo correcto cuando dice que existe “una crisis ampliamente admitida  en el debate occidental contemporáneo acerca de las fundaciones éticas”1  Parece que últimamente la crisis es el resultado del enfoque de la ética sin referencia a Dios. Cuando la moralidad es apartada de sus raíces teológicas, la ética secular no se puede sostener así misma, se marchita y muere.

Solamente puedo bosquejar una defensa breve acerca de la conexión que existe entre Dios y los valores morales objetivos (lo cual he hecho más extensivamente en otro momento.)2 Argumentaré que, si los valores morales objetivos existen, entonces Dios existe; los valores morales objetivos existen; por lo tanto Dios existe. Para resolver nuestra crisis ética, debemos reconocer el carácter de un Dios bueno (a cuya valiosa imagen los humanos han sido hechos) como un fundamento necesario de la ética, de los derechos humanos, y de la dignidad humana.

1. Los valores morales objetivos existen…son básicos: Los valores morales objetivos existen ya sea que una persona o cultura los considere”objetivos” o no. Los seres humanos que funcionan normalmente los dan por sentado como base de su bienestar y prosperidad.

a) Los humanos no tienen que leer la Biblia para averiguar qué es moral, ese conocimiento está a la disposición de todas las personas. Romanos 2:14-15 dice que aquellos que no cuentan con la revelación especial de Dios (Las Escrituras, Jesucristo) pueden distinguir entre el bien y el mal. Ellos poseen la revelación general de las leyes morales básicas de Dios en sus conciencias. “De hecho, cuando los gentiles, que no tienen la ley, (de Moisés) cumplen por naturaleza lo que la ley exige” (Romanos 2:14-15, NVI) Lo cual no es sorpresa ya que están hechos a la imagen de Dios. Están diseñados para desempeñarse apropiadamente cuando viven de acuerdo a los designios de Dios. Por lo tanto los humanos (incluyendo a los ateos) cuyos corazones no han sido endurecidos o desviados tendrán el mismo tipo de instintos morales intrínsecos que los cristianos, –como considerar que es incorrecto torturar bebés por diversión (así como la violación y el adulterio) y considerarán que la bondad es buena.

Cuando una persona dice “Quizás el homicidio o la violación realmente no son tan malos” esta persona no necesita un argumento. Ha sido desviada, si realmente cree esto, esa persona necesita ayuda espiritual y psicológica porque no está actuando debidamente”. Incluso los relativistas que proclaman que los valores de alguien pueden ser verdaderos para él pero no para los otros son como aquellos que dicen “Tengo derechos” o “Deberías ser tolerante”. Pero los derechos y la tolerancia no tienen ningún sentido si el relativismo es correcto. En lugar de esto, ellos nos llevan a pensar que los valores morales objetivos existen.

b) Tal y como generalmente confiamos en nuestras percepciones sensoriales y las consideramos confiables (a menos que exista una buena razón para dudar de ellas), así deberíamos tratar a las intuiciones morales generales, como inocentes hasta probar lo contrario (aversión a torturar bebés por diversión, violación y adulterio) ¿Por qué confiamos en nuestros cinco sentidos? La mayoría de nosotros los consideramos bastante confiables,  aún si algunas veces percibimos algo mal, somos sabios al prestar atención a nuestros sentidos y no dudar de ellos. Similarmente, tenemos instintos morales básicos, por ejemplo una repulsión a violar o tomar la vida de una persona inocente (el factor de repulsión), o una afirmación interna hacia el auto sacrificio por el bienestar de mi hijo (el factor de aprobación).  El problema recae en aquellos que niegan o cuestionan los instintos morales básicos. Somos sabios al prestar atención a estos instintos morales básicos, aún si estas intuiciones necesitan un ajuste ocasional.

Los seres humanos que son sensibles a la moral pueden obtener las bases correctas relacionadas con la moralidad. En el apéndice del libro de C. S. Lewis La abolición del hombre3, él menciona una lista de varias virtudes que han sido aceptadas a lo largo de las épocas y civilizaciones (griega, egipcia, babilónica, nativa americana, india, hebrea…).  Robar y matar son condenadas en sus códigos legales mientras que honrar a los padres y respetar los votos del matrimonio son aplaudidos.

Algunos podrían argumentar: ¿Acaso no existen conflictos morales también?  Algunas culturas permiten la poligamia, por ejemplo. Sí, pero las costumbres del matrimonio y los votos que unen a los matrimonios también prohíben el adulterio. Mientras que las aplicaciones y las expresiones de principios morales pueden diferir de una cultura a otra, hay principios morales básicos que son comunes a todas las culturas. ¿Qué sucede cuando nos topamos con principios morales conflictivos (al menos cuando los encaramos)? Comencemos con casos claros de moral y vayamos hacia los que no están muy claros. A la luz de aparentes conflictos morales, sería erróneo adelantarse a concluir que la moralidad es relativa. Como el lexicógrafo Samuel Jonson menciona: “El hecho de que exista el crepúsculo no significa que no podamos distinguir entre día y noche”.
c) Los principios morales son descubiertos, no inventados. Las reformas morales (abolición de la esclavitud, el derecho de la mujer a votar, la promoción de los derechos civiles de los negros) no tienen ningún sentido a menos que los valores morales objetivos existan. Aún cuando de la  atmósfera de reforma pueda llevarse tiempo (incluso siglos), esto no implica que la moralidad sólo evoluciona durante la historia humana y sea solo una invención humana. Contrariamente, sugiere que los principios morales pueden ser descubiertos y que vale la pena ir en pos de ellos, aún cuando esto tenga un gran costo.

El filósofo ateo Kai Nielsen reconoce este punto: “Es más razonable creer que cosas tan elementales (como la violencia contra la mujer o el abuso de menores) sean malignas, que creer cualquier teoría que ponga en duda nuestra capacidad de saber o creer que son malignas… Creo firmemente que esto es fundamental y correcto y que cualquiera que no lo considere así no ha puesto a prueba en su interior las bases de sus creencias morales” 4.

2. Dios y la moralidad objetiva están cercanamente conectados: “No es poco común escuchar: “Los ateos pueden ser buenos sin Dios”. El ateo Michael Martín discute que los deístas dan las mismas razones que los ateístas para condenar la violación: Ésta viola los derechos de las victimas y perjudica a la sociedad. Lo que Martín en realidad quiere decir es que los ateos pueden ser buenos sin creer en Dios, pero ellos no podrían ser buenos (tener valor intrínseco, responsabilidad moral, etc.) sin Dios (De hecho, nada existiría sin Él.). Esto es, debido a que los humanos están hechos a la imagen de Dios, pueden saber lo que es bueno aún cuando no crean en Dios. Los ateos y deístas pueden apoyar los mismos valores, pero el deísmo puede creer profundamente  en los derechos humanos y en la dignidad porque estamos hechos a imagen de un valioso Ser Supremo.

Piense en esto: las personas racionales con valor intrínseco no provienen de procesos que no hayan sido conscientes, guiados y valiosos en su vida. Nuestro buen Dios provee un contexto  necesario y natural para al existencia de personas valiosas con conciencia personal y propósito, concientes de sus derechos y moralmente responsables. Esto significa que la personalidad y la moralidad están necesariamente conectadas; los valores morales están enraizados en la personalidad. Sin Dios (un Ser personal) ninguna persona, y por lo tanto tampoco los valores morales, podrían existir: Sin personas, no hay valores morales. Sólo si Dios existe pueden tener lugar las propiedades morales.

3. Las teorías éticas no deístas están incompletas e inadecuadas: Algunos seculares sugieren que podemos tener sistemas éticos sin ninguna referencia a Dios  (por ejemplo: Aristóteles, Kant.) Sin embargo, aunque pueden realizar algunas contribuciones muy positivas a la discusión ética (relacionadas con la virtud y el carácter moral o las obligaciones morales universales), sus sistemas están todavía incompletos. Todavía no nos dicen por qué los seres humanos valores intrínsecos y obligaciones morales.

¿Qué pasa con la ética evolutiva naturalista, según la cual desarrollamos la conciencia de lo correcto y lo incorrecto, y de la obligación moral que nos ayuda a sobrevivir y reproducirnos? La conciencia ética tiene solamente valor biológico.5 Tal enfoque, nos deja con los siguientes problemas: Primero, ¿podemos confiar en nuestras mentes incluso si somos nada más que productos de la evolución natural, tratando de pelear, alimentarnos, huir y reproducirnos? Charles Darwin  tuvo una “duda terrible” ya que la mente humana se ha  desarrollado a partir de los animales menores ¿porqué habría alguien de confiar en ella? ¿Por qué confiar en las convicciones de la mente de un mono? El proceso evolutivo natural se interesa en la adaptación y la supervivencia, no en la creencia de la verdad; por lo tanto, la moralidad objetiva no sólo está deteriorada, sino que además es un pensamiento irracional.  Nuestras creencias, incluyendo las morales, pueden ayudarnos a sobrevivir, pero no hay razón para creer que sean verdad. Creer en la moralidad objetiva o en la dignidad humana puede ayudarnos a sobrevivir, pero puede ser completamente equívoco. El problema del escepticismo (incluyendo el escepticismo moral) es que mediante un proceso de razonamiento que considero digno de confianza, llego a la conclusión de que ¡no puedo confiar en mi propio razonamiento! Si confiamos en nuestras facultades racionales y morales, asumiremos un punto de vista deísta: al estar hechos a la imagen de un Dios bueno, veraz y racional, tiene sentido por qué confiamos en nuestros sentidos e intuiciones morales.

Conjuntamente,  nos queda este problema: si los seres humanos son simplemente un producto de la evolución natural, entonces no tenemos fundamentos para tener obligaciones morales o dignidad humana. Esto podría disminuir fácilmente nuestra motivación moral. El predador sexual y caníbal Jeffrey Dahmer reconoció la seriedad de este asunto: “Si todo sucede naturalmente, ¿cuál es la necesidad de un Dios? ¿Puedo establecer  mis propias reglas? ¿A quién pertenezco?  Me pertenezco a mí mismo”7

Para reforzar aún más el punto acerca de la conexión entre Dios y la moralidad,  un buen número de ateos y escépticos han comentado lo siguiente: El novísimo filósofo ateo J. L. Mackie dijo que las propiedades morales son “extrañas” al naturalismo y que “si existen los valores objetivos, estos hacen más probable la existencia de un dios que si no existieran”. Por lo tanto, tenemos un argumento defendible que parte de la moral hasta la existencia de un dios8. El agnóstico Paul Draper observa: “En el deísmo es muy plausible un mundo moral”9.

Tal  como la Declaración de Independencia de los Estados Unidos de América establece: “provistos por su Creador de ciertos derechos inalienables”, este buen Creador es el fundamento verdadero de la ética y de la verdadera esperanza de rescatarla de su presente crisis”

Notas finales

1 John Rist, Etica Real (Real Ethics)  Cambridge: Cambridge University Press, 2003. Pág. 1
2 Vea Paul Copan, “Is Michael Martina Moral Realist?) Sic et Non” Philosophia Christi, new series 1 / 2 1999: 45-72; “Atheistic Goodness Revisited: A personal Reply to Michael Martin” Philosophia Christi, new series 2 /1 2000; Pp 91-104; “The Moral Argument ” in The Ratioanity of Theism, ed. Paul Copan and Paul K. Moser London: Routledge, 2003., Pp.149-74; “A moral Argument ” in To Every One An Answer : A case for the Christian Worldview: Essays in Honor of Norman L. Geisler, eds. Francis Beckwith, William Lane Craig, y J. P. Moreland. Downers Grove, III.: InterVasity Press 2004,  Pp. 108-23; “Morality and Meaning without God: Another Failed Attempt,” Philosophia Christi, new series 6 /1 2004; Pp. 295-304; “God Hume, and Objective Morality” in In Defense of Natural Theology: A Collection of New  Essays in Philosophy and Religion, eds. Douglas R. Groothuis and James R. Sennett Downers Grove, InterVasity Press 2005, Pp. 200-25.
3 C. S. Lewis “La Abolición del Hombre” San Francisco: HarperSF, 2001.
4 Kai Nielsen, Ethics Without God Buffalo: Prometheus Books, 1990 Pp10-11.
5 Michael Ruse, The Darwinian Paradigm London: Routledge, 1989, p. 262.
6 Letter (3 de Julio 1881) a Ww. G. Down, in The Life and Letters of Charles Darwin, ed. Francis Darwin. London:. John Murray, Abermarle Street, 1887. Pp. 1:315-16

Fuente: http://es.4truth.net/fourtruthespbgod.aspx?pageid=8589983546


La insensatez del ateísmo de Stephen Hawking

La insensatez del ateísmo de Stephen Hawking

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Creo que debemos tomar los comentarios de Hawking con una pizca de sal y pedirle amablemente que deje de meterse en el mundo de la metafísica cuando su verdadero ámbito de trabajo es la ciencia.

La publicación más reciente del astrofísico Stephen Hawking  The Grand Design  (‘El gran diseño’) fue un paso más allá de su anterior obra  A Brief History of Time  (‘Breve historia del tiempo’), con la finalidad de afirmar la no existencia de un Dios creador.

Como un físico de renombre mundial, la voz del cosmólogo británico tiene mucho peso en los círculos científicos. Sin embargo, la razón principal por la que Hawking rechaza a Dios es algo incomprensible en el mejor de los casos (y francamente idiota en el peor).

La tesis atea de su último libro dice así: “Debido a que existe una ley como la gravedad, el universo puede y va a crearse a sí mismo de la nada”. Déjame repetir la cita una vez más para asegurarme de que la has leído bien: “Debido a que existe una ley como la gravedad, el universo puede y va a crearse a sí mismo de la nada“. [1] 

A primera vista suena bastante razonable; pero muchas veces las apariencias engañan. Así que hoy vamos a hacer tres observaciones pequeñas para analizar esta teoría con el fin de ver si sobrevive a la luz de la observación de Einstein: “La teoría es asesinada tarde o temprano por la experiencia”.

¡Investiguemos!

Observación 1: La ley de la gravedad no es “nada”.

Hawking dice que el universo se creó a sí mismo de la nada. Pero, según su teoría, antes de que el cosmos comenzara a existir, la ley de la gravedad ya era. Existía y punto. En otras palabras, antes de la auto-creación del universo había “algo” y no “nada”. De ahí que la afirmación filosófica de nuestro astrofísico implica una contradicción descarada. O no había nada o había gravedad. La gravedad no es nada.

Pero en cualquiera de estos dos casos, un teísta puede hacerle al científico británico algunas preguntas desafiantes: ¿de dónde proviene la ley de la gravedad? ¿Quién o qué la creó? ¿Por qué estaba por ahí colgando en el espacio vacío? ¿Cómo puede algo provenir de la nada? ¿Por qué existe tal ley en un universo tan caótico? La Biblia tiene una respuesta bien sencilla (y mucho más satisfactoria): “En el principio creó Dios los cielos y la tierra” (Génesis 1:1).

Observación 2: El universo no puede crearse a sí mismo.

Hawking comete otro error de lógica muy serio cuando afirma que el universo “puede y va a crearse a sí mismo de la nada“. Es difícil creer que alguien del calibre de Hawking pueda ser tan crédulo. Nada puede crearse a sí mismo.

Vamos a poner un ejemplo. Si digo que tus padres te trajeron al mundo, esto tiene sentido porque tú procedes o desciendes de tus padres biológicos. No hay ningún error allí. Todo el mundo entiendo eso. Pero no puedo decir que tú te trajiste a ti mismo al mundo. Afirmar esto significaría que antes de que tú existieses, tú ya existías, es decir, existías y no existías al mismo tiempo. Eso es absurdo. Nada se crea a sí mismo. ¡Ni tú, ni yo, ni el cosmos! Esta afirmación de Hawking, pues, no tiene sentido ninguno. Sólo comprueba la teoría de que una tontería dicha por un experto sigue siendo una tontería.

Todo eso me hace pensar en un texto paulino: “¿Dónde está el sabio? ¿Dónde está el escriba? ¿Dónde está el disputador de este siglo? ¿No ha enloquecido Dios la sabiduría del mundo? Pues ya en la sabiduría de Dios, el mundo no conoció a Dios mediante la sabiduría” (1 Corintios 1:20-21). La teoría de Hawking se derrota a sí misma.

Observación 3: Las leyes no crean nada.

La equivocación final de Hawking le lleva a atribuir capacidades creativas a las leyes de la física (en este caso, la ley de la gravedad). Este es otro error de niño de colegio. Las leyes no crean nada. Los creadores son siempre agentes personales con inteligencia y voluntad.

Pongamos otro ejemplo para aclarar las cosas. La ley de la gravedad puede explicar por qué una pelota se cae cuando se lanza desde lo alto de un edificio. Pero la gravedad nunca tira la pelota. Eso requiere un agente personal. Las leyes de las matemáticas pueden demostrar que 10 + 10 = 20. Pero esas leyes nunca han puesto 10 + 10 fresas en mi bolsillo. Eso requiere un agente personal. Las leyes del movimiento pueden enseñar por qué un coche se mueve de A a B. Pero una ley de movimiento no enciende el motor de un coche. Eso requiere un agente personal.

Y de la misma manera, las leyes de la física nos pueden dar detalles de muchas regularidades que ocurren en el universo, pero esas leyes no trajeron el universo a la existencia. Una vez más, se requiere un agente personal de inteligencia y voluntad para explicar la existencia del cosmos.

CONCLUSIÓN
Con estas tres breves observaciones, creo que debemos tomar los comentarios de Hawking con una pizca de sal y pedirle amablemente que deje de meterse en el mundo de la metafísica cuando su verdadero ámbito de trabajo es la ciencia. Y si quiere hacer una incursión en el campo de la filosofía, entonces, que al menos, piense de manera lógica y racional sobre lo que está escribiendo.

“De Él, por Él y para Él son todas las cosas” (Romanos 11:36).

(Traducido por Julian Esquinas)

Autor: Will Graham (http://www.protestantedigital.com)