Alterando la Biblia II: Cambiando el sentido de las palabras (Testigos de Jehová)

Alterando la Biblia II: Cambiando el sentido de las palabras

Testigos de Jehová

 

En la primera parte, se viócomo la Sociedad ha alterado los versículos de Juan 1:1 y Filipenses 2:11 con el fin de que estos apoyen sus enseñanzas.

Por lo que ahora, vamos a examinar como el comité”anónimo” de la Traducción del Nuevo Mundo ha agregado palabras a algunos versículos cambiando el total sentido de estos para que apoyen y encajen con su teología.

Jesucristo, ¿un ser creado o el creador?

Una de las enseñanzas de la Sociedad, es la de que Jesucristo es un ser creado, por lo tanto, no puede ser Dios. Para ello, citan los versículos de Colosenses 1. Por lo tanto, invito al lector a comprobar buscando en la TNM, los versículos de Colosenses 1:16-17:

“porque por medio de él todas las [otras] cosas fueron creadas en los cielos y sobre la tierra, las cosas visibles y las cosas invisibles, no importa que sean tronos, o señoríos, o gobiernos, o autoridades. Todas las [otras] cosas han sido creadas mediante él y para él. También, él es antes de todas las [otras] cosas y por medio de él se hizo que todas las [otras] cosas existieran” (Colosenses 1:16-17, TNM)

Si leemos unos versículos más atrás, notaremos que estos versículos se refieren a Jesucristo (versículos 13-14). Lo que hay que recalcar aqui, son las palabras entre corchetes, [“otras”] las cuales se han agregado 4 veces a pesar de que estas NO APARECEN en los escritos griegos originales [1].

La Sociedad ha enseñado a los testigos a citar estos versículos para justificar su enseñanza de que Jesús es un ser creado, sin embargo, al leer estos versículos sin las palabras entre corchetes, se darácuenta de que Pablo identifica a Jesús como el creador de “TODAS LAS COSAS”, veamos:

“porque por medio de él todas las cosas fueron creadas en los cielos y sobre la tierra, las cosas visibles y las cosas invisibles, no importa que sean tronos, o señoríos, o gobiernos, o autoridades. Todas las cosas han sido creadas mediante él y para él. También, él es antes de todas las cosas y por medio de él se hizo que todas las cosas existieran” (Colosenses 1:16-17, TNM, sin las palabras agregadas)

Por lo tanto, el comitéde traducción de la Sociedad, sencillamente agrególas palabras “otras” para así, seguir sosteniendo su torcida enseñanza de que Jesús no es Dios.

¿O es que realmente la Biblia nos enseña que existe algo además de Dios y su creación? Si algo o alguien no es parte de la creación, entonces, ese algo o alguien, es eterno, y por lo tanto, TIENE QUE SER DIOS. El versículo estáidentificando claramente a Jesús como el Creador de TODO. Algo que choca en contra las enseñanzas de la Sociedad, ¿la solución? agregar la idea de “las otras cosas”.

¿Un nombre que estápor encima de todo [otro] nombre?

Pero estas alteraciones, no son un caso aislado, un error, o un accidente, con el fin de restar importancia al nombre de Jesús, el comitéde traducción ha agregado la palabra [otro] en el versículo de Filipenses 2:9-10:

Por esta misma razón, también, Dios lo ensalzóa un puesto superior y bondadosamente le dio el nombre que estápor encima de todo [otro] nombre, para que en el nombre de Jesús se doble toda rodilla

Puesto que la Sociedad enseña que el nombre “Jehová” es el que estápor encima de todo nombre, este versículo contradice su enseñanza, por lo que el nombre de Jesús es reducido a ser un nombre que estápor encima de “todo otro nombre”.

Cuando la Biblia nos dice claramente que Jesús es el nombre al cual debemos invocar, vea los siguientes ejemplos: Mateo 18:20; 24:9; Marcos 9:37, 39, 41; 13:13; 16:17; Lucas 21:12; 21:17; Juan 3:18; 14:13, 14, 26; 15:16, 21; 16:23-26; Hechos 2:38; 3:6; 4:10; 9:15-16; 10:48; 15:17; 16:18; 19:5; 1 Corintios 5:4; 6:11; Efesios 5:20; Filipenses 2:10; Colosenses 3:17; 2 Tesalonicenses 3:6; Santiago 5:14; 1 Juan 3:23; 5:13; Apocalipsis 2:3, 13; 3:8 y 12.

Más el Señor nos advierte, diciéndonos:

Yo testifico a todo el que escuche las palabras de la profecía de este libro: Si alguno agrega a estas cosas, Dios le agregaráa él las plagas que están registradas en este libro. También si alguno suprime palabras del libro de esta profecía, que están registradas en este libro, Dios quitarásu porción del árbol de la vida y de la Ciudad santa. (Apo 22:18-19)

Traduccion del Nuevo Mundo

Nota del administrador de este blog: Este post fue tomado del blog amigo: Examinando la Watchtower


Alterando la Biblia I: Juan 1:1 y Filipenses 2:11(Los Testigos de Jehová )

Alterando la Biblia I: Juan 1:1 y Filipenses 2:11

Los Testigos de Jehová

Muchas veces me he preguntado, ¿cómo es posible que la Sociedad Watchtower enseñe a los Testigos de Jehováa creer que Jesucristo no es Dios, sino “un dios”?, pero más me sorprende cuando les muestro a los testigos las inconsistencias con su propia Traducción del Nuevo Mundo, la cual, ciegamente consideran que es una buena traducción de “la Palabra de Dios”.

Lo cual no es cierto, ya que debido a que la Biblia no se adapta a las doctrinas de la Sociedad, esta no ha tenido reparos en alterar la Palabra de Dios para que esta se adapte a sus doctrinas. El problema de hacer esto es que necesitan desarrollar una serie de material extra-bíblico para justificar sus puntos de vista, tomando solamente aquellos que aparentemente apoyan sus puntos de vista, y omitiendo otros que los contradicen, o buscando una justificiación, la cual resulta muchas veces absurda.

Jesucristo, ¿Dios o “un dios”? (Juan 1:1)

El caso que examinaremos es el versículo de Juan 1:1, el cual traducen de la forma:

“En el principio la Palabra era, y la Palabra estaba con Dios, y la Palabra era un dios”

Donde para poder apoyar sus doctrinas, la Sociedad se ha inventado unas reglas gramaticales del griego siguiéndolas sólo cuando les es conveniente con sus doctrinas. Veamos:

En la Traducción Interlineal del Reino, edición 1969, pág. 1158 (en inglés), publicada por la misma Sociedad, en su comentario al versículo de Juan 1:1 podemos notar la siguiente declaración:

“La razón por la cual tradujeron la palabra griega como ‘divino,’y no ‘Dios,’es porque el sustantivo griego theos (Dios) aparece sin el artículo definido”(el)

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Traducción Interlineal del Reino en inglés de Juan 1:1 “…y la Palabra era un dios.”

Por lo tanto, el comité(anónimo) de la Traducción del Nuevo Mundo de la Sociedad concluye que como la palabra “theos” (Dios) aparece sin el artículo definido “el”, entonces el versículo puede traducirse como “un dios” (agregando el artículo “un” y colocando “dios” con “d” minúscula).

El problema viene cuando examinamos los versículos 6, 12 y 13 del mismo capítulo de Juan 1, donde en todos ellos aparece el sustantivo griego “theos” (Dios) sin el artículo “el”, pero ¡todos ellos sílos ha traducido como Dios (con “D”)!

Pero esto no termina aqui, ya que el sustantivo “theos” aparece más de 280 veces sin el artículo definido “el”, en el Nuevo Testamento y, a pesar de ello, la mayoría de veces estos versículos han sido traducidos como “Dios”, haciendo caso omiso a la regla antes mencionada, la cual solo cita para que apoye su doctrina de que Jesús no es Dios, sino “un dios”.

Restaurando el nombre divino (Filipenses 2:11)

En la misma Traducción Interlineal del Reino, pág. 18 la Sociedad menciona cómo ha hecho para restaurar el nombre divino (Jehová) en el Nuevo Testamento. Argumentando que las palabras griegas “kyrios” (Señor) y “theos” (Dios) son traducidas de la forma “Jehová” cuando los escritores del Nuevo Testamento (Escrituras griegas) han citado a las Escrituras del Antiguo Testamento (Escrituras hebreas).

Sin embargo, de nuevo esta “regla” de la misma Sociedad es omitida convenientemente enFilipenses 2:11:

“y reconozca abiertamente toda lengua que Jesucristo es Señor para la gloria de Dios el Padre.”

Donde vemos que el apóstol Pablo cita Isaías 45:23 y lo aplica a Jesucristo, por lo tanto, siguiendo la regla el versículo debióser traducido de la siguiente manera:

“y reconozca abiertamente toda lengua que Jesucristo es Jehová [kyrios] para la gloria de Dios el Padre.”

Es evidente que de haber seguido esta “regla” hubiesen echado por tierra completamente su doctrina de que Jesús no es JehováDios. Mientras que el mismo versículo de Isaías 45:23 es citado por el apóstol en Romanos 14:11, y aquísíse aplicóla “regla”.

“porque estáescrito: “‘Tan ciertamente como que vivo yo —dice Jehová [kyrios]—, ante mítoda rodilla se doblará, y toda lengua haráreconocimiento abierto a Dios’”.”

Más Jesucristo, quién es verdad (Juan 14:6) nos advierte diciéndonos:

“…porque si no creéis que YO SOY, en vuestros pecados moriréis.” [1]

 

¡Jesucristo es Dios! [2]

Traduccion del Nuevo Mundo

 

 

[1] Vea el tema “¿Por qué no quiere la Watchtower que los testigos comprueben la exactitud de su Biblia?

[2] Aunque la Sociedad Watchtower ha tratado de negarlo, aún su adulterada TNM dice claramente que Jesús es JehováDios: Juan 20:28; 1a Juan 5:20; Efesios 4:7-10 se cita Salmo 68:18; la profecía de Isaías 7:14 se cumple en Mateo 1:23.

 

Nota del administrador de este blog: Este post fue tomado del blog amigoExaminando la Watchtower

 

Dios los bendiga.

 
 


Las matemáticas y el origen de la vida

Las matemáticas y el origen de la vida

Por: El apologista Antonio Cruz Suárez

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El origen y desarrollo de la vida sobre la Tierra, según propone la evolución darwiniana, se enfrenta con una dificultad insalvable: hay muy poco tiempo para que el azar haya podido ser la causa.

Leyendo las obras de Richard Dawkins, uno llega a la conclusión de que el motivo principal de su distorsionada visión acerca de los orígenes se debe, sobre todo, a la enorme fe que profesa en el azar.

En numerosas ocasiones, se refiere a una antigua sentencia del famoso filósofo ateo, David Hume, para negar la posibilidad de la existencia del Dios creador. Según este pensador escocés del siglo XVIII: “Ningún testimonio es suficiente para establecer un milagro, a menos que el testimonio sea de tal tipo que su falsedad resulte más milagrosa que el hecho que trata de establecer.” [1]  Y, por supuesto, Dawkins cree que Dios es mucho más milagroso que el origen materialista de la vida por azar. Cualquier cosa que pudiera atribuirse al Sumo Hacedor, el azar la haría mejor y, por milagroso que parezca un determinado acontecimiento, siempre se podrá explicar más satisfactoriamente como una afortunada casualidad. ¿Está Dawkins en lo cierto? Vamos a ver como la ciencia de la estadística demuestra que no es así.

Hay una objeción importante. Según el darwinismo gradualista y materialista que el famoso biólogo ateo cree a pies juntillas, el azar no dispuso de todo el tiempo del mundo para originar la vida a partir de la materia muerta, por la sencilla razón de que el cosmos no es eterno. Desde luego, ante las vertiginosas expectativas de la eternidad todo puede suceder. Pero si se acepta que el Universo empezó a existir hace alrededor de 13.500 millones de años, que la Tierra se formó hace 4.500 millones y las primeras células vivas surgieron hace 3.700 millones de años, hay que asumir que el azar dispuso como mucho de diez mil millones de años para convertir la química en biología. Es decir, para originar la vida por casualidad sin la intervención de ningún agente inteligente. Semejante cantidad de tiempo puede parecer enorme y suficiente a primera vista pero, en realidad, no lo es. Más bien se trata de un período demasiado breve para que la ruleta de los elementos químicos se parara precisamente en el extraordinario número premiado del ADN. Y esto supone, sin duda, un grave problema para los ateos.

Si el creador hubiera sido el Dios de la Biblia, podría haber formado el universo de manera instantánea o bien en cualquier período de tiempo que le viniera en gana. No obstante, el azar no posee tantas posibilidades ya que requiere muchísimo tiempo para conseguir unos insignificantes resultados. ¿Y esto por qué? Pues porque un ser inteligente es capaz de tomar decisiones inteligentes pero el azar no lo es. Si se caracteriza por algo es precisamente por su falta de inteligencia. El azar no toma decisiones, no planifica el futuro, no elije atajos y, desde luego, es incapaz de elaborar, por mucho tiempo que se le conceda, algo tan sofisticado como un cerebro inteligente.

Suponiendo incluso que la cronología evolucionista sea cierta, al azar le quedaría muy poco tiempo para originar la primera célula viva, ya que hasta hace 3.800 millones de años -según afirma la geología histórica- la Tierra no estuvo suficientemente fría y preparada como para permitir la vida. Se piensa que las primeras células simples, del tipo bacterias o procariotas, (que de simples no tienen nada) debieron originarse casi inmediatamente después de que la Tierra se enfriara. Esto deja un breve margen de tiempo para que el azar juegue con el intrincado puzle de la primera molécula de ADN. Sin embargo, el lento gradualismo que requiere el azar necesita en realidad como cuatro veces y media la edad que se le supone al universo para originar la vida. Hay aquí un serio problema. ¿No podría la evolución dar saltos o ir más rápida? Algunas hipótesis teístas aceptan esta posibilidad pero el azar antiteísta del biólogo inglés la rechaza radicalmente. Para él, cualquier transformación de la materia o de los organismos ha de ser siempre pasito a pasito y sin prisas ni atajos.

Dawkins insiste en que la probabilidad de que la macromolécula de ADN surgiera espontáneamente es de una en mil millones o incluso menos. Sin embargo, la mayoría de los físicos, químicos y biólogos especializados en el origen de la vida no suelen compartir este optimismo matemático. Ellos saben que las bases nitrogenadas que conforman cualquier molécula de ADN (adenina, citosina, guanina y timina) no suelen formarse espontáneamente chocando unas con otras sino que deben ser fabricadas minuciosamente paso a paso. Esto requiere que se tenga que calcular la probabilidad de los enlaces químicos entre los distintos átomos en cada uno de tales pasos. Y así sucesivamente la complejidad se va multiplicando sin cesar. Los estudiosos de la biogénesis no creen que la probabilidad de que el azar fabrique una secuencia de tan sólo 100 bases de ADN sea, como dice Dawkins, de una en 1.000.000.000 sino de una en 1.600.000.000.000.000.000.000.000.000.000.000.000.000.000.000.000.000.000.000.000 [2] . No se trata de un uno seguido de nueve ceros, sino del número dieciséis seguido por cincuenta y nueve ceros. ¡La diferencia es abrumadoramente abismal y sobrepasa cualquier expectativa! Sobre todo cuando se compara con la cantidad total de átomos que podría tener el universo, que es muchísimo menor (un uno seguido por 28 ceros).

Sin embargo, tan remota probabilidad para el origen de la vida por azar es en realidad todavía bastante inferior. Hay que tener en cuenta que el ADN es solamente un componente de la célula; que la información que contiene debe servir para fabricar proteínas y que, para poder hacerlo, necesita de la existencia de otras proteínas ya elaboradas, así como de otros ácidos nucleicos del tipo ARN. Se requiere todo este conjunto de estructuras y actividades proteicas para que el ADN pueda despertar y revelar su información. Esto significa que, además de la secuencia del ADN, hay que contar con la formación al azar del ejército de macromoléculas que le acompaña. Y además se genera la cuestión de siempre: ¿qué fue antes, el huevo o la gallina? ¿el ADN o las proteínas que éste necesita para expresarse? La probabilidad de que ambas estructuras aparecieran simultáneamente disminuye hasta lo impensable. ¿Cómo es posible que Dawkins siga creyendo en el azar, ante semejante estadística? Muy fácil, él dice que si estamos aquí es porque debió ocurrir así, a pesar de los pesares [3] . Pero esta “explicación dawkiniana” no explica nada porque ni siquiera es un argumento serio. En realidad, se trata de una suposición que se hace pasar por demostración. Pero la aparición de la vida por azar no queda así demostrada, ni mucho menos. Siempre resulta sospechoso dar por supuesto precisamente aquello que es menester demostrar. Es verdad que estamos aquí en la Tierra, esto lo sabemos bien, pero de semejante evidencia no se sigue necesariamente que la vida se originara en este planeta por azar. Eso es justo lo que hay que demostrar.

Volvamos a las matemáticas. Si se toma de nuevo una sola proteína sencilla de cien aminoácidos y se calcula la posibilidad de acertar con la combinación correcta por azar, resulta que la estadística de Dawkins se queda muy pero que muy atrás. En vez de su optimista probabilidad de obtener esa pequeña proteína por azar, de uno en mil millones -igual que vimos para el ADN-, resulta, después de hechos los oportunos cálculos matemáticos, una cantidad con tantos ceros que prefiero no escribirlos para no marear al lector. En realidad, tal probabilidad sería de uno entre el número doce seguido por 129 ceros. [4]  Algo absolutamente improbable. No obstante, una célula no es sólo un pequeño trozo de ADN más las pocas proteínas que transcribe. Es muchísimo más que eso.

El origen y desarrollo de la vida sobre la Tierra, según propone la evolución darwiniana, se enfrenta por tanto con una dificultad insalvable: hay muy poco tiempo para que el azar haya podido ser la causa. No solo es improbable, usando la terminología de Dawkins, sino sencillamente imposible. Esto es precisamente lo que certifica la gran cantidad de trabajos científicos sobre el origen de la vida que se han venido publicando durante los últimos treinta años y que Dawkins prefiere ignorar por completo. Si a esta dificultad del tiempo se añade que la célula no puede funcionar, a menos que estén integradas todas sus partes de manera precisa y sean capaces de actuar como un todo desde el principio. Además, las diferentes estructuras y orgánulos celulares son también entidades complejas constituidas por unidades todavía más pequeñas pero perfectamente integradas. ¿Cómo pudo el azar ciego fabricar dichas partes? El azar carece de previsión o finalidad. Es incapaz de construir cualquier estructura celular “para que sirva en el futuro cuando haga falta”. ¿Cómo explicar que existan partes tan sofisticadas, sin función aparente, durante millones de años? No existe una respuesta satisfactoria.

En resumen, son tan pocas las posibilidades de que la vida se originara por casualidad, como propone Dawkins, que la alternativa contraria adquiere notable importancia. Ante el dilema de las dos opciones para el origen de la vida, la inteligencia o el azar, y a la vista de los importantes obstáculos lógicos que presenta éste, la acción de una inteligencia creadora se erige por encima del azar sin propósito. El físico Michael Turner, después de reflexionar sobre el Big Bang y la apabullante precisión con la que debió suceder para poder crear todas las constantes del cosmos, elaboró una analogía que nos parece también pertinente en el asunto del origen de la vida. Dijo: “es como si uno lanzase un dardo a través de todo el universo y acertase en el centro de una diana de un milímetro de diámetro”. [5]  ¿Qué resulta más milagroso para explicar el origen de la vida: el azar ciego o la inteligencia previsora? Dawkins se empeña en la absurda posibilidad del azar porque no quiere aceptar a un Dios todopoderoso, creador del cielo, la tierra y la vida. Yo prefiero pensar que a Dios le gusta jugar a los dardos y sabe tirarlos con exquisita precisión.

  [1] Dawkins, R., 2011,  La magia de la realidad,  Espasa, Barcelona, p. 254.

 

[2] Hahn, S. y Wiker, B., 2011,  Dawkins en observación,  Rialp, Madrid, p. 43.

 

[3] Dawkins, R., 2011,  El espejismo de Dios,  ePUB ,  p. 125.

 

[4] Hahn, S. y Wiker, B., 2011,  Dawkins en observación,  Rialp, Madrid, p. 47.

 

[5] Citado en Gerald Schroeder, The Science of God (New York: Broadway Books, 1997), p. 5.

 


Derribando a Dawkins

Derribando a Dawkins

Por: Will Graham

Nuestro artículo se enfocará exclusivamente en el capítulo más importante del El espejismo de Dios, a saber, el capítulo cuatro, titulado ‘Porqué casi ciertamente Dios no existe’.

Damas y caballeros, en este día quiero presentaros al biólogo británico Richard Dawkins, el ateo más famoso, renombrado y celebrado del planeta Tierra. Nacido en Nairobi (Kenia) en el 1941, Dawkins- además de su labor científica- es conocido principalmente por su desprecio hacia la fe religiosa, ejemplificado en su best seller  El espejismo de Dios (2006) , libro que inició el movimiento del Nuevo Ateísmo.

¿Por qué presentaros, pues, al ‘capellán del diablo’ en este espléndido día? Por dos razones.

Primera razón: porque el nombre de Dawkins está en boca de cada vez más jóvenes universitarios aquí en España. Muchos han leído (o han oído hablar de)  El espejismo de Dios  y por lo tanto, están convencidos de que el ateísmo contemporáneo ha enterrado a Dios definitivamente. Segunda razón: porque muchos creyentes le tienen miedo. ¡Así declaro! Es como si Dawkins fuera el Goliat intelectual del siglo XXI. Si un ateo nos cita un pasaje de Dawkins- como regla general- nos ponemos a temblar, a sudar y no sabemos qué decir salvo: “¡Líbrame de esta situación, Señor!”

Si queremos ser relevantes y más eficaces a la hora de evangelizar (sobre todo con los jóvenes españoles pensantes), sería importante interactuar con el pensamiento del inglés para poder derribarle de la misma forma que el pastorcito David hizo con Goliat. A nivel personal he visto una y otra vez como los agnósticos y ateos se quedan impresionados cuando un creyente común y corriente es capaz de identificar fallos en la lógica de Dawkins en particular (o del ateísmo en general). Enseguida el evangelista consigue mucha más credibilidad con sus interlocutores y por consiguiente, resulta más fácil abrir el camino para la predicación del Evangelio.

Hoy, nuestro artículo se enfocará exclusivamente en el capítulo más importante del  El espejismo de Dios , a saber, el capítulo cuatro, titulado ‘Porqué casi ciertamente Dios no existe’. Dawkins mismo confesó que contiene “el argumento central” de su libro. Lo que haremos es citar los seis pasos del argumento de Dawkins encontrados en el cuarto capítulo y luego proseguiremos analizándolos detenidamente a la luz de la razón.

1.- Los seis pasos de Dawkins

Aquí están los seis pasos de Dawkins. El tercer punto, por cierto, es el más ampliamente citado y usado por los nuevos ateos.

Paso 1: Uno de los mayores desafíos al intelecto humano a través de los siglos ha sido explicar cómo surge en el universo la compleja e improbable apariencia de diseño.

Paso 2: La tentación natural es la de atribuir la apariencia de diseño al mismo diseño actual. En el caso de un artefacto hecho por el hombre como un reloj, el diseñador fue realmente un ingeniero inteligente. Es tentador aplicar la misma lógica a un ojo, a un ala, a una araña o a una persona.

Paso 3: Esa tentación es falsa porque la hipótesis de un diseñador hace surgir inmediatamente el mayor problema de quién diseñó al diseñador. […]

Paso 4: La más ingeniosa y poderosa explicación descubierta hasta ahora es la evolución darwiniana mediante la selección natural. Darwin y sus sucesores han demostrado cómo las criaturas vivientes con su espectacular improbabilidad estadística y apariencia de diseño han evolucionado lentamente mediante grados incrementales desde comienzos simples. Nosotros podemos ahora con seguridad decir que la ilusión del diseño en las criaturas vivientes es precisamente eso, una ilusión.

Paso 5: Nosotros todavía no tenemos una explicación equivalente para la física. Algún tipo de teoría de un multiverso podría, en principio, hacer para la física el mismo trabajo explicativo que el darwinismo hace para la biología. […]

Paso 6: No debemos renunciar a nuestras esperanzas de que aparezca una mejor explicación en física, algo tan poderoso como lo es darwinismo para la biología. […]

Con estos seis pasos, el biólogo concluye, “Si el argumento de este capítulo es aceptado, la premisa factual -la hipótesis de Dios- es insostenible. Dios, casi ciertamente, no existe. Esta es la conclusión principal del libro hasta ahora”.

2.- Un análisis crítico de los seis pasos de Dawkins:

Paso 1:

Estamos cien por cien de acuerdo con el primer paso del biólogo. La tradición intelectual de la humanidad ha reconocido una compleja apariencia de diseño. Así es. No hay quien lo dude.

 Paso 2:

Dawkins simplemente afirma que, según él, es “tentador” pensar que esta apariencia de diseño implica la existencia de un Diseñador. No dice nada más. No sé, sin embargo, si “tentador” sería el adjetivo correcto. ¿Por qué no decir que es “lógico” o “natural” o “razonable” suponer la existencia de un Diseñador? ¿Por qué precisamente “tentador”?

 Paso 3

¿Quién diseñó al Diseñador? ¿Quién creó al Creador? ¿Qué causó la Primera Causa? ¿Cómo puede el creyente contestar semejantes objeciones? Se me ocurren cuatro respuestas sencillas:

La primera es sencillamente reconocer que la hipótesis de un ‘Diseñador diseñado’ está cargada de una presuposición inaceptable, a saber, que Dios es creado. Es como hablar de un círculo cuadrado o de un soltero casado o de un cerdo araña. Son dos conceptos mutuamente excluyentes. El momento en que empezamos a hablar de un Dios creado, estamos refiriéndonos a un  no dios,  o en términos cristianos, a un ídolo. No hay tal cosa como un Dios creado. Dios es -por definición- eterno y por lo tanto, no creado. No me sorprende, pues, que Dawkins no crea en Dios si el Dios en el cual no cree es un Dios creado. De hecho, no conozco a ningún cristiano que tenga fe en tales dioses creados. Me pregunto, ¿por qué llamó Dawkins su libro  El espejismo de Dios ? ¿No debería haberlo llamado más bien  El espejismo de los dioses  creados? Tal vez no hubiera vendido tantos ejemplares ya que prácticamente nadie cree en los ídolos hoy día. Pero a nivel lingüístico, debemos rechazar este argumento como sumamente engañoso. No tenemos que tragarnos todo lo que dice el ateísmo. Es una objeción falsa.

La segunda es darnos cuenta de que -a nivel filosófico- no hace falta tener una explicación de la explicación. ¿Me explico? Aquí empleo la ilustración de William Lane Craig, “Si unos arqueólogos, excavando en la tierra, descubrieran objetos que lucieran como puntas de flecha, cabezas de hachas, y fragmentos de cerámica, estarían justificados al inferir que esos artefactos no son el resultado del azar de la sedimentación y metamorfosis, sino productos de algún grupo desconocido de personas, aunque no tuvieran ninguna explicación de quiénes fueron, ni de dónde vinieron”. La idea es que no hace falta explicar la existencia de la tribu (o el grupo desconocido de personas) para reconocer que fabricó las diversas herramientas. De la misma forma, tampoco hace falta explicar la existencia del Creador para entender que creó todo lo que hay debajo de los cielos. Dios es la explicación del diseño que hay en el universo; pero no necesitamos una explicación de Dios para reconocer que Él lo ha hecho todo. De todas formas, si necesitáramos una explicación de la explicación tarde o temprano necesitaríamos una explicación de la explicación de la explicación y así  ad infinitum  (es decir, una regresión infinita de explicaciones) que no sería capaz de explicar absolutamente nada. En tal caso, la ciencia perecería y, por consiguiente, Richard Dawkins no podría seguir escribiendo libros explicando la no existencia de Dios porque no sería posible explicar nada de nada.

La tercera es entender la razón por la que Dawkins rechaza el concepto del Diseñador. Puesto que Dawkins es darwiniano, cree que lo complejo siempre surge a partir de lo simple. Hay dos maneras de acercarnos a esta objeción (dependiendo del contexto). En primer lugar, podríamos decir que Dios es mucho más simple que el universo porque Él es un Ser espiritual (o sea, inmaterial). No tiene partes físicas. Por lo tanto, podríamos decir que la hipótesis de Dios encaja perfectamente con la idea evolucionista de que lo complejo viene de lo sencillo.

En segundo lugar, podríamos rechazar el postulado evolucionista y explicar que hay muchos ejemplos que demuestran que algo complejo puede producir algo simple. Un buen ejemplo sería el libro  El espejismo de Dios.  ¿Qué es un libro sino papel y tinta? ¿Acaso no es su autor, a saber, Richard Dawkins- cien mil veces más complejo que el libro que produjo? ¡Por supuesto que sí! Por tanto, es muy posible que el Creador del universo sea infinitamente más complejo que aquello que creó.

La cuarta idea es simplemente preguntar a Dawkins la razón la por la que no quiere aceptar la hipótesis de Dios. Al fin y al cabo, el biólogo ha comentado que cree en algún tipo de materia eterna que existía aun antes del Big Bang. Pero si Dawkins está dispuesto a creer en algo eterno, ¿por qué no se abre a la idea de un Dios eterno también?

Estas cuatro respuestas -el engaño lingüístico, la explicación de la explicación, lo complejo de lo sencillo y la eternidad- nos ayudan a contradecir la hipótesis de un Diseñador diseñado.

Paso 4

Aquí Dawkins apela a su héroe científico Charles Darwin (1809-82) para derribar la idea del diseño biológico. ¡Qué extraño! ¿Verdad? Es como si Dawkins no se diera cuenta de que Darwin creía que el Dios Creador había puesto en marcha el proceso evolutivo. Escribió en su  magnum opus Sobre el origen de las especies,  “Hay grandeza en esta concepción de que la vida, con sus diferentes facultades, fue originalmente alentada por el Creador en unas cuantas formas o en una sola y […] se han desarrollado y se están desarrollado, a partir de un comienzo tan sencillo, infinidad de formas cada vez más bellas y maravillosas”. 1

Es necesario aclarar que la teoría de la evolución no implica la no existencia de un Diseñador. Hasta el día de hoy hay protestantes tales como el genetista americano Francis Collins (1950-) o el teólogo alemán Jürgen Moltmann (1926-) que combinan su fe en Cristo con una cosmovisión abiertamente evolucionista (aprovecho para comentar que yo, personalmente, no comparto la postura macro-evolucionista por varias razones). La evolución puede explicar lo que sucede una vez que haya vida en el universo; pero no es capaz de explicar el origen de dicha vida. En palabras de Wayne Grudem, “Probablemente la mayor dificultad de toda la teoría evolucionista es explicar cómo pudo haber empezado la vida. La generación espontanea de incluso el organismo vivo más sencillo capaz de tener vida independiente (la célula  bacteriana procariota)  de materia inorgánica en la tierra no pudo haber sucedido por la mezcla casual de químicos; exige diseño y artesanía inteligente tan compleja que ningún laboratorio científico avanzado del mundo ha podido lograrlos”.

El cuarto paso de Dawkins, entonces, no hace avanzar su mensaje de ateísmo. La evolución no contradice el teísmo.

 Paso 5

En el quinto paso tristemente acontece lo mismo que con el cuarto. La única diferencia es que esta vez estamos en el terreno de la física -o mejor dicho, la astrofísica- y por lo tanto, en vez de citar al biólogo Darwin, Dawkins evoca la teoría astrofísica del multiverso (la creencia de que hay una infinidad de universos como el nuestro en existencia).

Pero de nuevo, es más de lo mismo. Apelar al multiverso no soluciona nada. Además de ser una teoría disparatada, especulativa y filosóficamente vacía (en términos de Anthony Flew, Richard Swinburne y Paul Davies) que uno ha de aceptar por fe ciega -¡menuda ironía!- el multiverso, si de verdad existe, es algo que requiere una explicación. ¿De dónde vino? ¿Cómo es que surgió de la nada? ¿Cómo explicar sus leyes? “Así que, haya o no multiverso, todavía tenemos que habérnoslas con la cuestión del origen de las leyes de la naturaleza. Y la única explicación viable es la Mente divina” (Anthony Flew). 2

El quinto paso de Dawkins, entonces, tampoco hace avanzar su mensaje de ateísmo. Si existiera el multiverso, sería perfectamente compatible con la existencia de Dios. No implica para nada la no existencia del Creador. Es otro argumento vacío que ofrece una falsa alternativa entre Dios y la física (como la falsa alternativa entre Dios y Darwin).

 Paso 6

El paso seis no se trata de un argumento. Es simplemente una confesión de fe y esperanza ateísta en que un día habrá una explicación física materialista que explicará la compleja apariencia de diseño que hay en el cosmos. En cierto sentido, confieso que admiro a Dawkins. Me encantaría tener tanta fe como él.

3.- Conclusión

Todo lo que hemos estudiado hoy sirve para demostrar que la conclusión de Dawkins de que “Dios, casi ciertamente, no existe” no es coherente con los seis pasos de su argumento. A nivel lógico, su conclusión es manifiestamente falsa.

Evidentemente los puntos tres, cuatro y cinco representan el cénit del libro del  Espejismo de Dios;  pero hemos visto que no implican para nada la no existencia de Dios. Como mucho, Dawkins podría decir que el argumento a partir del diseño no es un buen argumento para defender la hipótesis de Dios (idea que nuestro querido apologeta español, el doctor en biología Antonio Cruz, no aceptaría nunca); pero el inglés se olvida de que hay muchos otros argumentos que dan testimonio de la existencia del Creador tales como el argumento cosmológico, el argumento teleológico, el argumento moral, el argumento a partir de la experiencia personal con Dios y las evidencias tocantes a la resurrección de Jesús de Nazaret de la tumba (entre otros).

Así que, ¡no tengas más miedo a Goliat! Es hora de derribarle en las calles y las universidades de España. Dios, ciertamente, existe. Dios es. Y felizmente Goliat y Dawkins no pueden hacer nada al respecto. ¡Aleluya!

…….

 

1  DARWIN, Charles, El origen de las especies (Prisa Innova: Madrid, 2009), p. 778.

2  FLEW, Anthony, Dios existe (Trotta: Madrid, 2012), p. 108.

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¿‘Fuego extraño’ o ‘Humo de prejuicios’?

¿‘Fuego extraño’ o ‘Humo de prejuicios’?

Nota del administrador: John MacArthur el Fariseo de los nuevos tiempos.

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Por: Mario Escobar Golderos

Se esperaba que la última obra de John MacArthur levantara mucha polvareda y lo ha conseguido. Las palabras del polémico pastor no son nuevas, pero si su virulencia. Cuando el pastor MacArthur escribió su libro  Los carismáticos  en 1978, su pensamiento teológico ya estaba totalmente fijado, pero no su posición hacía los pentecostales.

El regalo de John MacArthur al movimiento pentecostal y carismático que este año cumple 114 años no ha podido ser más duro. El escritor y pastor norteamericano lleva décadas polemizando sobre los más diversos temas, en especial sobre la salvación y la encarnación de Cristo.

En los años ochenta, MacArthur fue el centro de una agria polémica sobre la salvación por medio de la Gracia, y la doctrina de la pérdida o no de la salvación. MacArthur en aquel momento defendía que la Gracia no podía sostenerse sin las obras, que la salvación se perdía. Sus enseñanzas mostraban una línea calvinista muy marcada. Poco tiempo después, MacArthur volvía a los medios cristianos por su polémica declaración sobre la sangre de Cristo, al afirmar que no “la hemorragia, pero si la muerte” es la que perdona pecados.

En su reciente libro,  Fuego Extraño , MacArthur escribe un ensayo ligero sobre las doctrinas e historia del movimiento pentecostal y carismático.¿Por qué digo ligero? La razón es que a pesar del calado del tema y la amplia historia del pentecostalismo y carismatismo moderno, MacArthur simplemente mete a todos los movimientos, denominaciones y avivamientos en el mismo saco y los golpea con fuerza con el bate de “la sana doctrina”.

La tesis del libro señala desde el principio que todo el movimiento pentecostal y carismático es falso. Que no existen conexiones con ninguna tradición cristiana, que sus enseñanzas además de falsas son diabólicas y que sus ministros están viviendo en la herejía más absoluta. En el libro del escritor norteamericano no hay excepciones ni paliativas. Analicemos brevemente el texto.

La primera parte del libro se titula: Cómo enfrentar un avivamiento falsificado. Ya en las primeras líneas MacArthur ridiculiza e ironiza sobre el “Hablar en lenguas” y utiliza para arrancar su tesis, un artículo de un pastor pentecostal africano que describe un culto exaltado.

Tras esa breve introducción, que él toma como argumento válido, durante varios capítulos MacArthur toma varios casos de escándalos de predicadores y evangelistas pentecostales como muestra de lo falso de sus enseñanzas. MacArthur reúne una docena de anécdotas y las califica como práctica habitual del pentecostalismo: golpear a la gente para que sea sanada, abofetear enfermos, etc.. Después al autor se mete con TBN (polémica televisión neocarismática), la teología de la prosperidad y de la palabra de fe. Para acto seguido entrar en los beneficios económicos de los ministerios carismáticos y su presunta avaricia.

Esta parte continúa con una confusa y somera explicación del nacimiento del movimiento pentecostal. Para MacArthur lo sucedido en 1900 en el Seminario de Topeka, Arkansas, no pasa de ser una pantomima histérica, manipulada por Charles Parham. La descripción de Parham apenas es la caricatura de un pobre diablo, entre avaricioso y lascivo. MacArthur critica duramente la idea de Parham de que “las lenguas” eran idiomas humanos y que por eso serían útiles para evangelizar en lugares como África o Asia. Después describe a Parham como un estafador y sectario, además de racista.

La visión sobre William J. Seymour no es mucho mejor, pero al no encontrar el autor nada especialmente escabroso en su biografía, se limita a descalificarle como un fanático. En ambos casos, las fuentes de información de la época son medios de comunicación seculares o religiosos contrarios el naciente movimiento pentecostal y alguna biografía.

Después de despacharse a gusto con los fundadores del pentecostalismo, MacArthur se dedica a meterse con Essek William Kenyon, creador de la doctrina de la Palabra de Fe. Para MacArthur es un carismático más, a pesar de que Kenyon no fue nunca pentecostal, siempre ministró como pastor y maestro de las Iglesias Bautista del Libre Albedrío, seguramente al escritor norteamericano le debió parecer que tan maña herejía debía provenir de los socorridos pentecostales.

MacArthur no se atreve a criticar “El Gran Despertar del siglo XVIII, de origen fundamentalmente metodista, aunque si comenta que sus excesos y emocionalismos fueron un lastre para el protestantismo. Primero critica en parte al evangelista Jonathan Edwards, gran predicador del siglo XVIII, pero luego utiliza sus enseñanzas sobre el avivamiento, para probar si los avivamientos pentecostales son o no de Dios.

Por alguna razón que escapa a mi comprensión, MacArthur se salta el segundo Gran Despertar y el Movimiento de Santidad, aunque ambos son la preparación al gran avivamiento pentecostal, especialmente el segundo caso. El Movimiento de Santidad fue concebido y apoyado sobre todo por las iglesias bautistas, metodistas y otros grupos fundamentalistas. La mayoría de los primeros pentecostales provenían de estos grupos. Tal vez la razón de MacArthur, para no hablar de estos dos movimientos sea no apuntar con su propia arma al pie de las iglesias fundamentalistas a las que pertenece, ya que de esa Movimiento de Santidad salieron todo tipo de líderes estrafalarios y surgieron tanto El Adventismo del Séptimo Día, como los Mormones o Los Testigos de Jehová.

En los siguientes capítulos, MacArthur utiliza el método de Edwards para juzgar si el carismatismo es fiable. Aquí comete el escritor estadunidense un nuevo fallo, ya que no distingue entre las diferencias de pentecostales, carismático, neopentecostales y neocarismáticos. Debe pensar el autor, que son todos lo mismo y que no merece la pena entrar en matices. Entre análisis y análisis doctrinal, el escrito airea todos los escándalos que ha encontrado sobre pastores pentecostales o carismáticos, ya sea abusos a menores, palizas a sus mujeres, engaños, robos o prácticas homosexuales.

Tras su análisis superficial, arbitrario y nada riguroso de la supuesta veracidad del batiburrillo de “carismáticos”, MacArthur ya se ve capaz de adentrarse en las doctrinas teológicas de los “herejes”. Por eso titula su segunda parte “Los dones falsos expuestos”. 

El primer tema es el nuevo apostolado. Naturalmente, el autor vuelva a mezclarlo todo. No pone de manifiesto que esta doctrina surge de una visión neocarismática o la denominada Nueva Ola, de hecho el mismo Peter Wagner, fundador del movimiento, dice que no se considera pentecostal ni carismático. En muchos artículos y en mi libro Los Zapatos del Predicador, menciono las diferencias entre los cuatro grupos, por eso recomiendo al lector que los lea, para recibir orientación sobre el tema.

Peter Wagner crea en 1996, el Movimiento de la Nueva Iglesia Apostólica y vaticina la era posdenominacional. Wagner habla de cinco puntos, MacArthur ni los menciona, sobre el nuevo movimiento apostólico: las nuevas iglesias no son pentecostales ni carismáticas, son apostólicas, líderes indiscutibles, lideres autodidactas, la teología de la visión, adoración pasiva de los miembros y dirigida por el grupo de alabanza. Por tanto, MacArthur cree que todos los pentecostales, carismáticos son neoapostólicos, ignorando una vez más la realidad teológica de decenas de denominaciones y miles de iglesias.

Después entra a juzgar las ideas del don de profecía, como algo no vigente en la actualidad. MacArthur compara a los pentecostales con la Nueva Era, advierte del peligro de las profecías y para ello menciona a William Miller y Ellen G. White, los mormones o los Testigos de Jehová, todos ellos movimientos anteriores al pentecostalismo.

Al  Hablar en Lenguas , MacArthur lo denomina “Lenguas Torcidas”. La calificación es muy poco respetuosa, ya que además de ofender a cientos de millones que tienen en el Hablar en Lenguas, un don dado por el Espíritu Santo, puede ofender al mismo Espíritu Santo, dador de esas lenguas especiales. MacArthur las califica de “cháchara sin sentido”.

Para ello, MacArthur utiliza palabras de San Agustín sacadas de contexto, ya que las menciona como si este estuviera mencionando que las lenguas fueron dadas únicamente para el principio de la iglesia, pero como MacArthur no ha leído a San Agustín desconoce que este mismo dice que utilizaba la imposición de manos para que los creyentes hablaran en otras lenguas. También el movimiento hugonote (Calvinista) tuvo estas prácticas, al igual que los Husitas, Moravos, etc. Lo mismo hace MacArthur con el tema de la sanidad y su supuesta vigencia en la actualidad.

La tercera parte, podría parecer estar escrita en tono más positivo, ya que trata sobre la verdadera obra del Espíritu Santo. Aunque al final, el autor norteamericano habla de los peligro de los continuacioncitas, que creen que en la actualidad siguen vigente los dones del Espíritu Santo tal y como están descritos en la Biblia. De esta manera, MacArthur termina con el último contendiente, los dudosos o abiertos, intentando mandarlo a la lona. No sólo es peligroso todo movimiento pentecostal y carismático, también la mera creencia de que las sanidades o los dones son posibles en la actualidad, ya que abre la puerta al malvado carismatismo.

El libro concluye con una selección de comentarios de padres de la iglesia en la que apoyar sus ideas, aunque estos textos estén, en muchos casos sacados de contexto.

Por desgracia, el libro MacArthur está repleto de prejuicios y generalidades. Un libro, que por otra parte era necesario para aclarar la confusión reinante, pero que más que aclarar añade más confusión.

Los principales fallos del libro son su falta de rigor y orden, la escasa fuente documental, que la mayoría de las veces no está contrastada. La cicatera utilización de los escándalos para extenderlos a todo el movimiento pentecostal y carismático. El trato negativo del pentecostalismo, al que no se le concede, al menos, su gran esfuerzo evangelístico en el siglo XX, su inmenso esfuerzo misionero, los cientos de mártires que ha dado a la causa del Evangelio y sigue dando en el mundo. Por no añadir su apuesta por los más pobres, la dignificación de la mujer en la iglesia y su desarrollo ministerial, la integración de las minorías étnicas, la reforma de la liturgia, la salvación de muchas denominaciones tradicionales que estaban literalmente extinguiéndose, el papel del pentecostalismo en la lucha contra la droga y otras adicciones.

 

MacArthur intenta desesperadamente dar en la línea de flotación del pentecostalismo, pero apenas logra desconchar la pintura. Una pena, ya que si hay algo que denunciar en la Iglesia del Siglo XXI es el peligro del materialismo, el conformismo y de un liderazgo muchas veces servil o dictatorial. 

 

En el movimiento pentecostal hay de todo, bueno y malo, excelente y mediocre, la simple amalgama del ser humano en la eterna tensión entre servir a Dios o servirse a él mismo. Espero que este libro no vuelva a levantar los prejuicios y las barreras que hubo hacia el pentecostalismo los primeros cincuenta años de su historia. Los pentecostales son personas y se equivocan, pero de eso precisamente está compuesta la iglesia, de pecadores y yo el primero.

 


El dios Azar y sus Cuatro Jinetes

El dios Azar y sus Cuatro Jinetes

Ateos.

Por: Antonio Cruz Suárez

La fe que tiene Dawkins en el dios Azar es tan fuerte como la de los creyentes en el Dios creador, aunque él se niegue a llamarle fe

Vivimos en una época en la que la verdad se ha relativizado y las cosas se juzgan más por su cantidad que por su autenticidad. A fuerza de repetir una mentira, ésta puede convertirse en verdad aceptada por la mayor parte de la sociedad. Y al revés también, las grandes verdades de siempre pueden ser arrinconadas e ignoradas hasta transformarse en reliquias del pasado sin relevancia social en el presente.

Muchas de las afirmaciones del cristianismo entrarían dentro de esta segunda categoría. La fe en Jesucristo y los valores para la vida del ser humano que de ella se desprenden, están siendo cuestionados y atacados en la actualidad. No solamente por parte de ciertos fanatismos religiosos, como el procedente de algunos grupos extremistas islámicos, sino también por otro tipo de fanatismo antirreligioso, el de unos intelectuales anglo-americanos que se hacen llamar: Los Cuatro Jinetes. Me refiero a Richard Dawkins, Sam Harris, Christopher Hitchens y Daniel Dennet. No son los únicos pero sí los más vehementes y significativos. Durante las últimas décadas, estos militantes del ateísmo radical han venido produciendo montones de best-sellers y DVDs con el único propósito de acometer contra la religión y, en particular, contra la visión cristiana de la vida. Algunos de sus títulos más característicos traducidos al español son:  El espejismo de Dios  (R. Dawkins);  El fin de la fe  (S. Harris); Dios no es bueno: alegato  (C. Hitchens) y  Rompiendo el conjuro  (D. Dennet). Es curioso, pero del gran número de libros escritos por creyentes que responden a estas obras ateas en inglés, sólo un pequeñísimo porcentaje ha sido publicado también en nuestro idioma. ¿Hay motivos para la preocupación?

En mi opinión, no y sí. Me explico. Si hacemos caso a los especialistas, sobre todo, a los filósofos y teólogos de prestigio, toda la propaganda que realizan estos predicadores del ateísmo se apoya en unos argumentos sumamente endebles. La calidad de sus razonamientos, cuando hablan de Dios y de los orígenes, es tan baja que parece propia de alumnos de secundaria (¡con perdón para éstos últimos!). Desde semejante perspectiva, no habría por qué preocuparse ya que las razones que ofrecen, hace ya bastante tiempo que fueron bien replicadas y superadas por el pensamiento filosófico-teológico. Además, parece que la virulencia con que arremeten contra la religión avergüenza incluso a los propios pensadores ateos tradicionales. Esto contribuye a que no gocen de la aprobación del gran público sino solamente de un sector previamente sensibilizado.

No obstante, como la cultura contemporánea valora más la cantidad que la calidad, pienso que sí hay motivos para la preocupación. Muchas de estas publicaciones ateas han hecho que algunos creyentes, jóvenes y no tan jóvenes, pierdan su fe. Al sobreestimar la insistencia y la elocuencia de algunos de estos paladines del nuevo ateísmo por encima de la veracidad y la lógica de sus proposiciones, un cierto sector de la población actual sucumbe a los cantos de sirena del cientifismo descreído. Sobre todo los jóvenes universitarios. Y esto, sí me parece preocupante. Creo que en estos momentos todo esfuerzo argumentativo por parte de los creyentes, en defensa de la fe cristiana, resulta absolutamente necesario para paliar la situación que se está viviendo en el mundo universitario de Occidente. Hoy, como siempre, estamos obligados a seguir realizando una apologética de calidad que sea capaz de contrarrestar la perniciosa visión del mundo que se desprende del ateísmo.

Aunque se pudiera pensar que ponerse a discutir sobre la existencia de Dios, o la veracidad del cristianismo, con alguien que no acepta ninguna de estas realidades, es una auténtica pérdida de tiempo, con todo, creo que quienes pretendemos seguir a Cristo estamos llamados a presentar en todo momento defensa de nuestra fe. Desde luego, con arreglo a nuestras posibilidades. En este sentido, quisiera referirme a un tema que me llama poderosamente la atención y que se desprende del libro,  El espejismo de Dios,  de Richard Dawkins. Este autor manifiesta insistentemente que no cree en la existencia de Dios. Sin embargo, con el fin de desmentir dicha realidad trascendente, se ve obligado a crear otro dios a su medida. El “dios Azar” se convierte así en el objeto de su fe y esperanza, al que le dedica una considerable devoción. En el fondo, se trata de una especie de anti-dios convertido -de manera equivocada según veremos- en divinidad laica.

Una confusión importante en la que incurre con frecuencia Dawkins es tratar lo “imposible” como si sólo fuera “improbable”. En  El espejismo de Dios  escribe: “En un extremo del espectro de improbabilidades están aquellos eventos probables que nosotros llamamos imposibles. Los milagros son eventos que son extremadamente improbables.” [1]  Mediante esta extraña frase, intenta convencer a sus lectores de que lo imposible es en realidad sólo extremadamente improbable. Esto le hace caer en la contradicción de afirmar que lo imposible, por absurdo que parezca, es posible. El origen de la vida a partir de la materia inorgánica entraría dentro de esta posibilidad. Cualquier cosa sería posible en la naturaleza, por muy improbable que fuera, excepto, por supuesto, la existencia de Dios y los milagros. ¿Por qué? Pues porque, en su opinión, tales cosas serían tan poco probables como la existencia de hadas o gnomos correteando por cualquier bosque.

Dawkins se refiere a las distintas opiniones humanas acerca de la existencia del Sumo Hacedor y propone un espectro de siete probabilidades que irían desde el teísmo fanático al ateísmo radical. Él se confiesa ateo  de facto  y se incluye en la sexta opinión: “No estoy totalmente seguro, más pienso que es muy improbable que Dios exista y vivo mi vida en la suposición de que Él no está ahí.” [2]  Pues bien, esta manera de intentar resolver la existencia de Dios como un simple cálculo de probabilidades es el principal error que atraviesa toda la obra atea de Dawkins.

La existencia de Dios no es cuestión de probabilidades. Él existe o no existe. No podemos tratarlo como si se fuese un ser físico o un fenómeno perteneciente al mundo natural. Lo que entra en el ámbito de las probabilidades son aquellas cosas que se consideran contingentes, es decir, que no tienen por qué existir necesariamente. De hecho, todo es contingente menos Dios que es necesario. El universo existe pero podría no haber existido, por tanto es contingente. Pero Dios, si existe, es necesario y eterno por definición. Esta matización, desde luego, no demuestra que su existencia sea real pero deja claro que existir eternamente y ser Dios son conceptos inseparables. Por tanto, es tan absurdo preguntarse “¿cuál es la probabilidad de que Dios exista?” como cuestionarse “¿cuál es la probabilidad de que los gnomos del bosque lleven un gorro rojo?”.

Otra cosa distinta sería aplicar la probabilidad a los argumentos acerca de la existencia del Creador. Éstos pueden ser más o menos acertados y, por tanto, sería correcto establecer categorías entre los más o menos probables. Pero, lo que hace Dawkins carece por completo de sentido ya que trata a Dios como si éste fuera un pedazo cualquiera de la naturaleza y no un ser trascendente. Esto le lleva a cosas tan absurdas como preguntarse quién creó a Dios o usar métodos estadísticos para verificar su existencia. En realidad, su problema es que sabe muy poco acerca del Dios que intentar rebatir. Por el contrario, usa su ilimitada fe en el azar para ofrecer explicaciones materialistas de aquellos acontecimientos que cualquier persona en su sano juicio atribuiría a una causa sobrenatural. Su razonamiento confuso entre lo posible y lo imposible es como un juego de prestidigitación intelectual con el que pretende convencer a la gente para que crea que la aparición de la vida sobre la Tierra no requiere para nada de un Dios creador.

Veamos cómo argumenta acerca del origen de la vida. Después de reconocer que hay dos hipótesis para explicarlo: la del diseño y la científica (como si la primera no se dedujera también de los últimos datos de la ciencia), asegura que la hipótesis científica es la única estadística ya que los investigadores invocan la magia de los grandes números. “Se ha estimado que hay entre mil y treinta mil millones de planetas en nuestra galaxia, y cerca de cien mil millones de galaxias en el Universo. (…) Supongamos que ( el origen de la vida ) fue tan improbable como para ocurrir solo en uno entre mil millones de planetas. (…) Y aun así… incluso con esas absurdamente bajas posibilidades, la vida habría surgido en un billón de planetas -de los que la Tierra, por supuesto, es uno de ellos-.” [3]  Esta conclusión resulta tan sorprendente que la vuelve a repetir para que el lector se la crea. ¿Está Dawkins en lo cierto? ¿Ha aparecido la molécula de ADN, y por consiguiente la vida, en mil millones de planetas por todo el universo?

Semejante conclusión resulta tan sorprendente por la sencilla razón de que se basa en un razonamiento equivocado. Se trata de un argumento insostenible a la luz de las reglas de la lógica. Éstas dicen que no se puede dar por supuesto aquello que se debe probar. Que la molécula de ADN y la primera célula viva se hayan construido espontáneamente por azar es algo que se tendría que demostrar, no darlo por supuesto. Hay que preguntarse si eso es posible o no, antes de plantearse si es más o menos probable. Porque si es imposible que la tremenda complejidad de la más simple célula se originara en la Tierra por casualidad, a partir de elementos químicos sencillos, el hecho de añadir un billón o un trillón de posibles planetas, no cambia dicha imposibilidad en nada. No importa la cantidad de planetas similares al nuestro que pueda haber en todo el universo. Si algo es imposible, no ocurrirá nunca. Y este es el error que comete Dawkins, dar por hecho que lo imposible es solamente algo muy improbable, pero que puede ocurrir. Cuando, en realidad, no es así.

Aunque se aceptase incluso que el ADN, o alguna otra molécula parecida, ha podido formarse únicamente por azar, continuaría siendo equívoco y excesivo suponer una posibilidad en mil millones. Si esto fuera así, no habría tanto escepticismo entre los especialistas que estudian el origen de la vida porque, en realidad, cuando se hacen bien los cálculos los resultados son aún más aterradores. Por ejemplo, si pensamos en una pequeña cadena de ADN de tan sólo cien bases nitrogenadas de longitud, que sería muchísimo más corta que las que posee cualquier célula, la probabilidad de obtener determinada combinación es alucinante. Una de cada cuatro elevado a cien. Esto significa que los cálculos de Dawkins son excesivamente optimistas, pues considera que una cadena de ADN favorable podría surgir por azar con la probabilidad de una en mil millones. Es decir, una en una cantidad equivalente a un uno seguido por nueve ceros. Pero resulta que, en realidad, ¡es una en un 1’6 seguido por 59 ceros! [4]  No hace falta ser matemático para darse cuenta de la diferencia de ceros. Pero además, resulta que el ADN no sirve de nada sin las proteínas y la probabilidad combinada de la aparición por azar de las proteínas necesarias para que la célula más simple funcione es prácticamente incalculable.

La fe que tiene Dawkins en el dios Azar es tan fuerte como la de los creyentes en el Dios creador, aunque él se niegue a llamarle fe. Su deseo de eliminar al verdadero Creador le lleva a admitir cosas tan absurdas, como que lo imposible es posible. ¿Por qué una persona tan inteligente como él manifiesta tanta devoción hacia el huidizo dios Azar? No lo sé. Habría que averiguar en los entresijos de su alma. Pero lo que está claro es que prefiere creer en cualquier cosa, antes que en el Dios que se revela en la Biblia.

 [1] Dawkins, R., 2011,  El espejismo de Dios,  ePUB ,  p. 339.

 

[2] Ibid.,  p. 48.

 

[3] Ibid.,  p. 125. (Hay que tener en cuenta que “un billón”, en inglés, son “mil millones” y no “un millón de millones”, como en español).

 

[4] Hahn S. y Wiker, B., 2011,  Dawkins en observación,  Rialp, Madrid, p. 43.

 


El versículo peor citado de toda la Biblia

El versículo peor citado de toda la Biblia

Por: Will Graham

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Crisóstomo escribió que debemos corregirnos unos a otros, pero no como un enemigo que busca venganza, sino como un médico que busca sanar.

Si me preguntaras qué versículo bíblico considero el peor citado de toda la Biblia, respondería sin vacilar: “Mateo 7:1”. ¿Qué dice? “No juzguéis para que no seáis juzgados”.

Hoy día es demasiado común citar este versículo de memoria sin entender nada de su significado original. ¿Por qué Jesús dijo esto? ¿Ser un discípulo del Señor en el siglo XXI realmente quiere decir que no se nos permite pensar por nosotros mismos y juzgar con juicio espiritual? Sería de gran ayuda leer el contexto del versículo en cuestión. Así que esto es lo que vamos a hacer hoy. Aquí está el versículo en su contexto original:

 No juzguéis, para que no seáis juzgados. Porque con el juicio con que juzgáis, seréis juzgados, y con la medida con que medís, os será medido. ¿Y por qué miras la paja que está en el ojo de tu hermano, y no echas de ver la viga que está en tu propio ojo? ¿O cómo dirás a tu hermano: “Déjame sacar la paja de tu ojo”, y he aquí la viga en el ojo tuyo? ¡Hipócrita!, saca primero la viga de tu propio ojo, y entonces verás bien para sacar la paja del ojo de tu hermano (Mateo 7:1-5).

Una vez que se lee el pasaje en su totalidad, entonces la expresión “No juzguéis para que no seáis juzgados” no parece demasiado difícil de entender. Jesús estaba golpeando contra un espíritu de hipocresía que condena a los demás por las faltas y pecados de los cuales el acusador es culpable. Si vives una vida secreta de pecado e iniquidad, ¿quién eres para atreverte a hablar en contra del pecado de otra persona en público? ¡Eso es el colmo de la hipocresía! Una vez que hayas sacado la viga de tus ojos, entonces podrás juzgar con justo juicio y discernir por el Espíritu del Señor. Juan 7:24 nos ordena en términos explícitos: “Juzgad con justo juicio”. No es pecado juzgar. De hecho, Dios nos manda a juzgar. Por lo tanto, sería más correcto decir que es pecado no juzgar.

El gran problema de citar erróneamente este versículo es que estamos acabando, de una manera muy sutil, con toda forma de juicio en la fe cristiana, la cual es una idea muy anti-bíblica.

Jesús dijo las palabras registradas en Mateo 7:1, pero recuerda que Él es el Juez Todopoderoso (1 Pedro 4:5) que enviará a sus ángeles para echar a los apóstatas al fuego eterno del infierno. Jesús juzga con juicio justo. Sus feroces palabras, dirigidas a los fariseos y a la élite religiosa del Israel del primer siglo eran innegablemente críticas (al igual que las palabras de los profetas del Antiguo Testamento). Dijo que si no se arrepentían de sus pecados, entonces perecerían. Ahora bien, ese tipo de mensaje no es muy ‘amoroso’ según la nueva moda de fe utilitaria y pragmática que ha nacido en nuestra generación, pero no importa lo que diga el  Evangelio light  o el  Evangelio de mantequilla , lo que cuenta es la Palabra de Dios. Tu destino eterno depende del Señor, no de ministerios fabricados por hombres que sólo procuran conseguir éxito, dinero y popularidad. He visto a predicadores y teólogos evangélicos dando entrevistas en la televisión con miedo a la hora de afirmar dogmáticamente que Jesucristo es el único camino de salvación. Por temor a ofender han hecho más mal que bien. No juzgaron con juicio justo. Pecaron contra el mandato de Dios.

Si juzgar está prohibido a los santos- como muchos creen erróneamente- entonces, ¿quién era Pablo para juzgar el caso de incesto en Corinto (1 Corintios 5)? ¿Quién le dio a Pedro el derecho de acusar a Ananías y Safira de mentir (Hechos 5)? Crisóstomo, un gran hombre de Dios y predicador de la Palabra en el siglo IV, escribió que debemos corregirnos unos a otros, pero no como un enemigo que busca venganza, sino como un médico que busca sanar. Un espíritu recto debe dominar nuestro juicio. Nos juzgamos de acuerdo a la norma bíblica y, al hacer esto, nos libramos del engaño y obedecemos el mandato de Dios. Juzgamos para obedecer a Dios, no para difamar ni hacer daño a los rebeldes.

Traduzcamos todo esto en un ejemplo práctico: digamos que un hombre en el púlpito de tu Iglesia predica una doctrina herética este domingo. Supongamos que él dice (al igual que muchos apóstatas dicen hoy día), “Dios no es un Dios Trino, no hay distinción de personas en la Deidad. Olvídate de todo eso de el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo”, o tal vez “Jesucristo no es Dios manifestado en carne”, ¿cómo respondes a eso? ¿Te sientas allí en el banco y dices: “Bueno, no voy a hacer nada, después de todo, Dios no me ha llamado a juzgar”? ¿Quién sería tan insensato como para permitir que la gloria de Dios sea así blasfemada?¿Dejarías que una niña fuera violada delante de tus ojos y luego decir: “Yo no intervine porque yo no quería juzgar la situación. Amo demasiado a las personas. No quería juzgar al violador”? ¿Qué tipo de excusa es ésta? Sería sumamente repugnante.

Dios nos llama a “examinarlo todo y retener lo bueno” (1 Tesalonicenses 5:21). Si no te examinas de acuerdo a la Palabra de Dios, entonces vas a ser engañado. En la apostasía de los últimos días, muchos hombres van a ser entregados a graves engaños para que crean la mentira. ¿Por qué? Pablo responde: “A fin de que sean condenados todos los que no creyeron a la verdad, sino que se complacieron en la injusticia” (2 Tesalonicenses 2:12). Eso es un mensaje fuerte, pero sólo sirve para demostrar la necesidad imperiosa y urgente de juzgar de manera bíblica todas las enseñanzas y acciones. Por lo tanto, juzgar de manera bíblica es la única garantía de nuestra supervivencia espiritual en estos próximos años.

Así que, corrijamos a aquellos que nos rodean que constantemente citan de manera incorrecta Mateo 7:1. Jesús no nos ha llamado a poner nuestro cerebro a un lado; Él nos llama a juzgar con justo juicio y asegurarnos de que no caigamos atrapados en la misma falsedad y pecado que censuramos en otros. De esta manera se evitará el peligro de ser juzgado por juzgar a los demás.

Traducido por: Julian Esquinas

Nota del Administrador: Este post fue tomado de http://www.protestantedigital.com/ES/Magacin/

Dios los bendiga.


Dios y el Diseño Inteligente

Dios y el Diseño Inteligente

Por Antonio Cruz Suárez

Lo que se propone es que la actividad inteligente de Dios al crear la naturaleza puede ser detectable, de la misma manera que lo es la de un informático que diseña determinado programa.

La afirmación de que la vida, y en general el cosmos, fueron diseñados por un agente inteligente puede turbar al ser humano contemporáneo, educado desde la enseñanza primaria en la

creencia de que todo deriva de las simples leyes naturales. Sin embargo, el desarrollo de la ciencia durante las últimas décadas constituye un avance progresivo en esa dirección. De la misma manera que en la Edad Media la humanidad tuvo que acostumbrarse a pensar que la Tierra se movía alrededor del Sol, a pesar de que nadie podía ver ningún movimiento de rotación ni traslación, probablemente el siglo XXI impondrá también la idea de un diseño inteligente de la vida y el universo.Otra cosa distinta ocurrirá con la naturaleza del diseñador. Aquí no habrá acuerdo. En efecto, ante la cuestión: ¿qué idea de Dios transmite el Diseño inteligente (DI)? Hay que responder simplemente que ninguna. Por su propia naturaleza, que pretende seguir la evidencia empírica, esta teoría es incapaz de definir las características de la inteligencia que evidencia la vida.Está claro que, para quienes creemos en el Dios de la Biblia, resultará fácil transferir sus atributos al diseñador inteligente que sugiere la ciencia. No obstante, quienes no aceptan la existencia del Dios judeocristiano probablemente propondrán otras explicaciones a la realidad del diseño. Aunque no hay demasiados sustitutos, se han sugerido los siguientes: que la inteligencia provenga de los extraterrestres; de un enigmático principio autoorganizador del universo; que los entes vivos sean inteligentes en sí mismos; entender la biosfera como un todo (Gaia, la Diosa Tierra) que pudiera ser inteligente y actuara como un único organismo, etc. Todas estas posibilidades pueden estar interrelacionadas o ser la misma. La ciencia no tiene aquí la última palabra y debe ceder ante las explicaciones de la teología o de la especulación filosófica más o menos fundamentada.Uno de los famoso descubridores de la estructura helicoidal del ADN, el doctor Francis Crick, propuso su conocida teoría de la panspermia. En su opinión, la vida habría sido sembrada en la Tierra por parte de alguna civilización inteligente procedente del espacio exterior. Aunque tal planteamiento no resuelve el problema del origen de dicha hipotética civilización, sí asume parte de la premisa fundamental del DI. Es decir, que la vida muestra diseño, aunque éste no sea perfecto. Crick abre así la puerta a la posibilidad de diseñadores inteligentes pero capaces de cometer errores. Alienígenas del espacio que no tienen por qué ser moralmente superiores a nosotros. Exportadores de una sofisticada tecnología que puede responder a motivaciones altruistas o quizá egoístas. Nadie lo sabe. En pocas palabras, la panspermia sustituye a Dios por múltiples dioses menores que a veces se equivocan, ya que las cosas no siempre les salen como ellos quisieran. Y a nadie se le escapa que con la especie humana, desde luego, no acertaron.

Esta idea de la panspermia se sustenta sobre arenas movedizas. Carece de evidencia científica y apela a algo que es imposible de investigar: unos seres inteligentes que aparecieron hace mucho tiempo en una galaxia desconocida y muy lejana. Lo cual convierte la teoría en un auténtico milagro. Es como si Crick estuviera diciendo que “el origen de la vida en la Tierra fue un milagro”. Con lo cual el asunto queda inmediatamente fuera del ámbito de la ciencia. ¡Para este viaje no hacían falta tantas alforjas! Es lo mismo que, desde hace miles de años, viene proponiendo la doctrina bíblica del milagro de la creación.

No obstante, si no fueron los extraterrestres, ¿en qué otro diseñador permite pensar la teoría del DI? ¿Es bíblica la teología que parece sugerir? Aunque el DI no dice nada acerca de la naturaleza del diseñador, muchos creacionistas, y la mayoría de los evolucionistas cristianos, ven con malos ojos el tipo de Dios que se desprende.Unos porque creen que no se adecua al Dios creador del relato del Génesis, interpretado literalmente. Los otros porque piensan que el diseñador inteligente es, en realidad, el denostado Dios tapagujeros.

Ciertos partidarios del creacionismo de la Tierra joven -no todos, por supuesto- recriminan al DI el hecho de no interpretar literalmente el libro de Génesis y, por lo tanto, no respetar la Escritura, decir poco del Dios bíblico y no glorificarle como se merece. Para ellos, el DI no es “creacionismo camuflado”, como creen muchos darwinistas, sino una especie de enorme cajón de sastre donde caben todas las posibles concepciones de la divinidad. Por su parte, algunos teólogos que defienden el evolucionismo teísta ven la teoría del DI como poco científica porque les parece que apela demasiado al Dios tapagujeros. Es decir, creen que los proponentes del DI sólo ven diseño en aquellas áreas de la naturaleza que la ciencia no ha estudiado suficientemente todavía. Una idea peligrosa pues a medida que el conocimiento científico avanza, Dios retrocedería. Es como si la ignorancia humana fuera lo único capaz de dar cobijo a la creencia en Dios. ¿Qué hay de cierto en todo esto?

En primer lugar, no todos los creacionistas de la Tierra joven -menos aún los de la Tierra antigua- disienten ante los puntos de vista del DI. Muchos reconocen que no siempre la Biblia debe interpretarse literalmente y apoyan la defensa del diseño como un hecho fundamental de la naturaleza. Conviene recordar, una vez más, que la teoría del DI, como toda teoría empírica, no puede decir absolutamente nada sobre un diseñador con el que no se puede experimentar. Salvo que actuó de manera inteligente dejando la impronta de su sabiduría en los seres vivos.

En cuanto al argumento del Dios tapagujeros, con el que los cristianos evolucionistas acusan al DI, creo que está equivocado. No es que los investigadores vean diseño inteligente en ciertas estructuras naturales irreductiblemente complejas porque éstas han sido poco estudiada y sean prácticamente desconocidas por la ciencia. Es precisamente al revés. Aquello que motiva a los científicos a pensar en un diseñador inteligente es el gran conocimiento que poseen de dichas estructuras o funciones. No es lo que no saben sino lo que sí saben. Darwin y sus coetáneos, al observar una célula bajo sus rudimentarios microscopios, no podían pensar en el diseño real de la misma porque sólo veían simples esferas de gelatina que rodeaba un pequeño núcleo oscuro. Nada más. Pero es precisamente el elevado grado de información y sofisticación bioquímica en las estructuras celulares, descubierto por los potentes microscopios electrónicos actuales, lo que ha hecho posible la teoría del DI. No se está apelando al Dios tapagujeros. Lo que se propone es que la actividad inteligente de Dios al crear la naturaleza puede ser detectable, de la misma manera que lo es la de un informático que diseña determinado programa. Los sistemas biológicos manifiestan las huellas distintivas de los sistemas diseñados inteligentemente. Poseen características que, en cualquier otra área de la experiencia humana, activarían el reconocimiento de una causa inteligente. Según el DI, los seres vivos no sólo serían el resultado del azar y la necesidad sino, sobre todo, del diseño real y de decisiones sabiamente precisas.

Deseo terminar con una cuestión que me parece relevante. Muchos creen que el diseño en la naturaleza, para ser auténtico, debiera ser también perfecto, benéfico o, cuanto menos, inofensivo. Pero la realidad es que no siempre es así. El cosmos en el que vivimos actualmente es limitado, finito, cambiante y sometido a la ley física de la entropía. Si no se le aplica energía extra, su grado de desorden no disminuye sino que aumenta. Finalmente a los seres vivos les sobreviene la muerte. Por tanto, resulta bastante improbable que el diseño real sortee todos los inconvenientes o satisfaga todos los gustos y las necesidades en un mundo así. Me parece un error la afirmación de que: “el diseño tiene que ser perfecto o no es diseño”. ¿Acaso no pueden darse diseños imperfectos? Más aún, ¿existe el diseño maligno?

Uno de los organismos que hacían dudar a Darwin de la existencia de un Dios bondadoso eran las avispas. En concreto, unas pequeñas avispas del grupo de los icneumónidos ( Ichneumon ) que tienen el hábito de poner sus huevos dentro de los cuerpos vivos de orugas de otros insectos. Así, cuando nacen las larvas de  Ichneumon  disponen de alimento fresco, el cuerpo de sus desafortunados hospedantes, las orugas a las que se comen vivas.

William Dembski, uno de los principales proponentes del DI escribe: “La naturaleza es un morral mezclado. No es el mundo feliz de William Paley en el cual todo estaba en delicada armonía y equilibrio. No es el mundo darwinista ampliamente caricaturizado de la naturaleza roja de sangre en los dientes y en las garras. La naturaleza contiene diseño maligno, diseño mal construido y diseño exquisito. La ciencia necesita comenzar a aceptar el diseño como tal y no despreciarlo…” [1]

La existencia del mal, así como de la injusticia y miseria del mundo actual es un argumento clásico contra la existencia de Dios. Sin embargo, no es la ciencia quien debe dar la respuesta sino la teología, la filosofía o más concretamente la teodicea. Y me consta que lo vienen haciendo casi desde la noche de los tiempos.

 

 

 

[1] Dembski, W.  No Free Lunch,  Rowman y Littlefield, Lanham, 2002, p. 16.

 

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¿Por qué creyó el más famoso ateo en Dios?

¿Por qué creyó el más famoso ateo en Dios?

Will Graham

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Se cumplen diez años de la conversión al teísmo de Anthony Flew, el intelectual ateo más prominente del siglo XX.

Este año marca el décimo aniversario de la conversión intelectual del ateo más prominente del siglo XX, a saber, el filósofo inglés Anthony Flew (1923-2010). Después de dedicar su vida a la propagación del ateísmo, Flew causó revuelo en el mundo académico anglosajón cuando llegó a profesar fe en un Dios creador públicamente a finales del 2004.

Esta noticia tan significativa a nivel internacional, sin embargo, apenas fue anunciada por la prensa española. Francisco José Soler Gil lamenta este hecho: “Diarios como el  New York Times  dedicaron extensos artículos a comentar el último libro de Flew, y a tomar partido en la discusión acerca de esta obra. Mientras que, en España, la noticia apenas si trascendió de las páginas de Internet dedicadas a la información religiosa. Y algo muy parecido ocurrió tras la muerte de Flew en 2010”. La tendencia actual en España es traducir los libros ateos en seguida al castellano pero la erudición teísta es pasada por alto. ¿Por qué será?

La traducción de la última obra de Flew,  Dios existe  (Editorial Trotta, 2012) ha sido todo un logro. Se trata de un libro pequeño, publicado en el 2007, en el cual Flew cuenta la historia completa de su conversión intelectual. Está repleto de datos autobiográficos; pero lo más interesante son las tres razones que ofrece para explicar su cambio tan radical de cosmovisión. Estos argumentos ocupan el lugar central del tomo. ¿Cuáles son? Respuesta: 1) los orígenes de las leyes de la naturaleza; 2) los orígenes de la vida; y 3) los orígenes del universo.

En el artículo de hoy, queremos analizar cada uno de estos tres puntos del filósofo inglés para demostrar la veracidad de la observación hecha recientemente por nuestro querido apologeta español Antonio Cruz, “Yo creo que la ciencia contemporánea hace que cada vez sea más difícil ser un ateo intelectualmente satisfecho”.

1.- Los orígenes de las leyes de la naturaleza (capítulos 5 y 6)
Flew estima que el argumento del diseño inteligente es sumamente persuasivo. La existencia de leyes (es decir, simetría/ regularidades) en la naturaleza revela una mente divina detrás de ellas. Estas mismas leyes, explica el inglés, llevaron a Albert Einstein y a los padres de la física cuántica (entre otros) a postular el concepto de la Mente de Dios. En una entrevista con Benjamin Wiker, confesó Flew, “Tenía que haber una Inteligencia detrás de la complejidad integrada del universo físico”. [1] 

Es como si el universo supiera que veníamos. Comenta el filósofo, “Se ha calculado que si el valor de solo una de las constantes fundamentales […] hubiese sido ligerísimamente diferente, no se hubiese podido formar ningún planeta capaz de permitir la evolución de la vida humana”. [2]  La única posible explicación de tal ajuste fino se debe al diseño divino. Por esta razón Flew reprende a los ateos contemporáneos que niegan la idea de un Diseñador y proponen- en su lugar- la idea especulativa del multiverso.

La teoría del multiverso enseña que hay una infinidad de universos como el nuestro en existencia y se ha dado la casualidad (¡vamos, casualidad con ‘c’ mayúscula!) de que la vida ha aparecido justamente en nuestro universo. Apelando al físico Paul Davies y al filósofo Richard Swinburne, Flew tacha esta teoría como disparatada, especulativa y filosóficamente vacía. En palabras de Swinburne, “Es una locura postular un trillón de universos (causalmente desconectados entre sí) para explicar los rasgos de un solo universo, cuando postular una sola entidad (Dios) solucionaría el problema”. [3]  Y de todas formas, aun si la teoría del multiverso fuera cierta, tampoco podría explicar el origen de las leyes de la naturaleza.

Concluye Flew, “Así que, haya o no multiverso, todavía tenemos que habérnoslas con la cuestión del origen de las leyes de la naturaleza. Y la única explicación viable es la Mente divina”. [4]  Las leyes de la naturaleza, por tanto, dan testimonio de la existencia de un Dios ordenador/ creador.

2.- Los orígenes de la vida (capítulo 7)
Otra cosa que Flew no podía explicar a partir de una cosmovisión atea fue el origen de la vida en sí. ¿Cómo es que surgió y se conservó la vida en nuestro planeta? Una cosa es tener leyes físicas que permiten la existencia de la vida; pero otra cosa es la aparición de la vida en sí. Y no estamos hablando de cualquier tipo de vida; sino vida inteligente. Flew se pregunta, “¿Cómo puede un universo hecho de materia no pensante producir seres dotados de fines intrínsecos, capacidad de autorreplicación y una ‘química codificada’?” [5]  Tales preguntas constituyen un gran desafío científico e intelectual para el ateísmo del siglo XXI.

En términos sencillos, el materialismo no es capaz de explicar tantas señales de inteligencia de forma satisfactoria. Intenta refugiarse bajo el lema de reacciones químicas. No obstante, el ADN (ácido desoxirribonucleico) y el ARN (ácido ribonucleico) han revelado que la vida se trata de muchísimo más que una simple serie de reacciones químicas. En todas las células hay un código genético asombroso que almacena una cantidad compleja de información. ¿De dónde viene esta información si todo es fruto de materia no pensante y no inteligente? Como explica Paul Davies, “El problema de cómo esta información significativa o semántica pudo surgir de una colección de moléculas no inteligentes, sometidas a fuerzas ciegas y carentes de propósito, supone un profundo desafío conceptual”. [6] 

¿Cómo es que semejante vida puede existir en este planeta? Flew lo tiene bien claro, “La única explicación satisfactoria de esta vida orientada hacia propósitos y autorreplicante que vemos en la Tierra es una Mente infinitamente inteligente”. [7] 

3.- La existencia del universo (capítulo 8)
Flew no solamente se quedó perplejo ante las leyes de la naturaleza y la vida inteligente que existía en la Tierra, sino que la existencia del cosmos también le llevó a Dios. Puesto que nada viene de la nada, todo tiene que venir de algo. El universo es algo que requiere una explicación.

El punto clave en este sentido para Flew fue el descubrimiento de la teoría del Big Bang. En términos autobiográficos, recalca nuestro filósofo que, “Cuando, siendo aún ateo, me enfrenté por primera vez a la teoría del Big Bang, me pareció que esta teoría cambiaba mucho las cosas, pues sugería que el universo había tenido un comienzo y que la primera frase del Génesis […] estaba relacionada con un acontecimiento real. Mientras pudimos albergar la cómoda idea de que el universo no había tenido un comienzo ni tendría un final, fue fácil considerar su existencia (y sus rasgos más fundamentales) como hechos brutos. Y, si no había razón para pensar que el universo tuvo un comienzo, no había necesidad de postular otro ente que lo hubiera producido.

Pero la teoría del Big Bang cambió todo esto. Si el universo había tenido un comienzo, pasaba a ser totalmente razonable, incluso inevitable, preguntar qué había producido ese comienzo. Esto alteraba radicalmente la situación […] Reconocí también que los creyentes podrían, con toda razón, acoger la cosmología del Big Bang como algo que tendía a confirmar su creencia previa en que “en el principio” Dios creó el universo”. [8] 

La incapacidad de la ciencia a la hora de entender la causa del Big Bang condujo a Flew al postulado de Dios. Ya no era posible seguir creyendo en la eternidad de la materia. El Big Bang enseña que todo surgió a partir de algo. Y ese algo tenía que ser inmensamente grande. Y ese algo inmensamente grande es Dios.

Conclusión
Estas, pues, son las tres razones principales por las que Flew renunció su ateísmo y se hizo deísta: los orígenes de las leyes de la naturaleza, los orígenes de la vida y los orígenes del cosmos. No podía refutar la evidencia de la ciencia contemporánea. Por eso explica que, “En resumen, mi descubrimiento de lo divino ha sido una peregrinación de la razón, y no de la fe”. [9] 

De esta forma vemos que la ciencia y la fe no se pueden considerar como enemigas sino como compañeras de milicia que procuran dar a conocer algo más de la gloria de Dios. Para citar a Antonio Cruz de nuevo, “Teología y ciencia constituyen así mecanismos legítimos para la búsqueda de conocimiento verdadero. La primera, intenta aproximarse al carácter y propósito de Dios revelado en la Biblia, mientras que la segunda se preocupa por las leyes y mecanismos que rigen el universo creado por ese mismo Dios”. [10] 

La ciencia da testimonio de Dios y gracias a este testimonio, Flew estaría celebrando hoy su decimo cumpleaños como creyente en el Dios creador.

 


   [1] Se puede leer la entrevista entera haciendo clic en el siguiente enlace en  Protestante Digital:  www.protestantedigital.com/ES/Magacin/articulo/2734/La-conversion-de-flew-el-amigo-ateo-de-cs-lewis (12.01.2008)
   [2] FLEW, Anthony,  Dios existe  (Trotta: Madrid, 2012), p. 104.
   [3] Ibíd., p. 107
   [4] Ibíd., p. 108.
   [5] Ibíd., p. 110.
   [6] Ibíd., p. 113.
   [7] Ibíd., p. 115.
   [8] Ibíd., p. 119.
   [9] Ibíd., p. 90.
   [10] CRUZ, Antonio,  La ciencia encuentra a Dios  (Clie: Barcelona, 2004), p. 65.
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¿Apariencia o diseño? El fundamento de la Ciencia

¿Apariencia o diseño? El fundamento de la Ciencia

Antonio Cruz Suárez

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No creo que la verdadera ciencia dependa de la creencia en el diseño aparente. Más bien es el darwinismo quien depende de tal suposición no demostrada y contraria al sentido común.

¿Puede considerarse científica la idea de que el universo y la vida fueron diseñados por un creador inteligente? ¿Es posible hacer ciencia en base a tal planteamiento? O, como creen muchos, esta cuestión quedaría fuera del ámbito de las investigaciones humanas y no tendría ningún sentido formulársela ya que, desde la perspectiva del darwinismo, todo diseño en la naturaleza sería sólo aparente pero no real.

Según la filosofía naturalista, la apariencia que poseen los seres vivos, así como la materia y las leyes del cosmos, de haber sido diseñados inteligentemente, se debería tan sólo a un espejismo de los sentidos humanos pues, en realidad, todo sería obra de la selección natural, ciega y sin propósito, actuando sobre la materia inanimada o sobre las mutaciones fortuitas en los diversos genomas de los organismos.

Ahora bien,¿y si la propia evidencia científica mostrara la existencia de órganos o funciones biológicas complejas que no pudieran haberse formado de ninguna manera mediante el tipo de transformaciones que requiere el darwinismo? ¿Qué se debería pensar si la filosofía evolucionista ofrece unas explicaciones, pero los últimos descubrimientos científicos sugieren otras completamente diferentes? Por ejemplo, la bioquímica y la citología modernas han evidenciado que las principales macromoléculas de los seres vivos, como el ADN y el ARN, así como casi todas las funciones celulares importantes, apuntan en la dirección de algún tipo de inteligencia original que lo habría diseñado todo. Es matemáticamente imposible que la compleja información que poseen tales estructuras se haya originado al azar, sin propósito ni planificación previa alguna.

Durante más de dos milenios, la mayor parte de los pensadores y científicos del mundo estuvieron convencidos de que el universo había sido diseñado. Esta idea de diseño no interfirió negativamente en su tarea investigadora. Al contrario, entendían que el cosmos podía ser comprendido racionalmente porque había sido creado de manera inteligente. La ciencia era posible debido al orden y la comprensibilidad propia de la naturaleza que facilitaba su estudio. El cosmos era inteligible precisamente por haber sido creado de forma inteligente. En este sentido, Isaac Newton, manifestó: “Este sistema tan bello del Sol, los planetas y los cometas solamente podría proceder del consejo y dominio de un Ser inteligente y poderoso” [1] . Otros hombres de ciencia como Copérnico, Galileo, Kepler, Pascal, Faraday o Kelvin, eran de la misma opinión. ¿Acaso no avanzó la ciencia gracias a estos partidarios del diseño inteligente?

En ocasiones se sugiere que la creencia en el diseño impediría el progreso científico ya que ante cualquier problema el investigador podría encogerse de hombros y decir “Dios lo creó así” y el fantasma del Dios tapagujeros sería el recurso fácil que frenaría la ciencia para siempre. Sin embargo, no parece que la ciencia se paralizara debido a las convicciones acerca del diseño de aquellos grandes hombres que la forjaron.Más bien se aceleró en grado sumo.

Semejante convicción teísta imperó en Occidente hasta que Darwin, a mediados del siglo XIX, la cuestionó. En su opinión, según hemos dicho, el diseño sería una apariencia creada por el concurso de la selección natural sobre las variaciones al azar. A finales del siglo XX, el famoso biólogo ateo, Richard Dawkins, incluso llegó a inventarse una palabra para describir tal apariencia de diseño e introdujo el término “designoide” [2]  o falso diseño.Muchas personas creen hoy en este concepto darwinista reformulado por Dawkins. Están convencidas que la ciencia depende de semejante suposición naturalista y que para ser un buen científico hay que comulgar con dicha fe.

No creo que la verdadera ciencia dependa de la creencia en el diseño aparente. Más bien es el darwinismo quien depende de tal suposición no demostrada y contraria al sentido común. Ante las múltiples evidencias de órganos, estructuras y funciones biológicas complejas que presentan una elevada cantidad de información, decir que “la evolución las originó lentamente de alguna manera” es como apelar a la “evolución tapagujeros”. Afirmar simplemente que “la evolución las hizo”, sin aportar pruebas concluyentes, puede frenar tanto el avance de la ciencia como decir que quien las creó fue Dios. Se trata de un argumento que puede usarse indistintamente en ambos casos.

Es lógico que aquél científico partidario del diseño real en la naturaleza centre sus investigaciones en determinadas hipótesis previas, mientras que el darwinista lo haga en otras diferentes. Si un investigador estudia, por ejemplo, el origen de la fonación o la capacidad para hablar y emitir sonidos articulados, desde la perspectiva darwinista, es probable que se centre en la anatomía de las diferentes laringes y lenguas en los primates superiores, así como en la estructura de los cráneos de sus posibles fósiles y los compare con los análogos humanos. Trataría de comprender cómo el puro azar pudo transformar una laringe muda en otra capaz de hablar. Por su parte, el científico partidario del Diseño inteligente se centraría más en estudiar los patrones que gobiernan el origen embrionario de la laringe humana y su desarrollo. Si la capacidad para hablar, propia de los humanos, es un sistema que fue concebido de manera inteligente debería haber un patrón detectable. Posiblemente existirían genes en las personas que controlarían dicha capacidad que no estarían presentes en los simios. ¿Cuál de las dos líneas de investigación sería la correcta?

Desde luego, si no existe diseño real en la naturaleza, las investigaciones del científico partidario del DI constituirían un freno para la ciencia. Pero si, por el contrario, el diseño es real, entonces resulta que el darwinismo sería la hipótesis previa que estaría frenando el avance del conocimiento científico. Y, por tanto, únicamente el estudio serio de ambas posibilidades podrá determinar cuál de las dos es la verdadera.

Suponer, como suele hacerse habitualmente, que el darwinismo es el único punto de vista adecuado para la ciencia, es reconocer abiertamente que el naturalismo metodológico es la única idea previa válida. Este método significa que la ciencia sólo debe buscar causas naturales en los fenómenos observados. Y tal idea implica que el diseño queda automáticamente descartado de cualquier investigación científica porque si Dios diseñó al principio, evidentemente lo hizo de forma sobrenatural. De manera que hoy un científico tiene que ser darwinista porque, si no lo es, se considera que tampoco es científico. Todo investigador debe rechazar de entrada la idea del diseño, si quiere seguir siendo respetado por sus colegas y ver que sus trabajos se continúan publicado en revistas de prestigio. ¿Es razonable semejante eliminación  a priori ? ¿y si, después de todo, un Ser inteligente hubiera diseñado, tal como afirma la Biblia?

Aunque no todos lo admitan, es evidente que el darwinismo es también una postura que se fundamenta en la fe. Incluso la suposición “científica” de que todos los fenómenos observados en la naturaleza se deben siempre a causas naturales, se basa en la fe de los científicos que la profesan. Esta idea no ha sido descubierta en base a la evidencia. Es algo que se acepta por fe. Por ejemplo, es interesante ver cómo reacciona el darwinismo cuando se enfrenta a un serio problema para su teoría, como es el de las importantes lagunas del registro fósil. El famoso paleontólogo evolucionista, Stephen Jay Gould, tuvo la honradez de reconocer dicho inconveniente de la falta de fósiles de transición y proponer la teoría de los equilibrios puntuados para explicarlo. Aunque, lo cierto es que su teoría crea más interrogantes de los que soluciona. No obstante, a excepción de Gould, el darwinismo nunca ha considerado que la ausencia de tales fósiles intermedios constituya un problema. Se “sabe” que deben estar ahí en alguna parte. Si no se han descubierto es porque no se ha buscado suficientemente, pero ya saldrán. Los ancestros y las transiciones necesarias tuvieron que existir, por tanto, es mejor ignorar la ausencia de evidencia fósil. Tenemos la obligación moral de perseverar en aquello que, a todas luces, resulta improbable para continuar protegiendo el darwinismo porque al final éste recompensará el esfuerzo de nuestra creencia. ¿No es esto fe ciega en el darwinismo? Se descarta de entrada al diseñador inteligente y se deposita la fe en los procesos azarosos de la propia naturaleza. El darwinismo cree que no existe tal diseñador o, cuanto menos, que resulta innecesario. Pero, este planteamiento naturalista, ¿no puede convertirse también en un freno para la ciencia?

Por su parte, el Diseño inteligente no niega que se haya dado la selección natural, lo que no acepta es que ésta elimine la necesidad del diseño. Tampoco afirma que la Tierra fuera creada en seis días literales, ni se refiere a la naturaleza del diseñador. Más bien, afirma que el cosmos está constituido por leyes, azar y diseño; que éste se puede detectar por medio de métodos estadísticos y que algunas características naturales, como la complejidad irreductible, demuestran claramente diseño. Hay que seguir la evidencia hasta donde nos lleve. ¿Y si ésta nos sugiere diseño? ¿Habrá que cambiar las bases metodológicas de la ciencia? El tiempo nos lo dirá.


   [1] Citado por Charles Thaxton en escrito para el  Cosmic Pursuit,  1 de marzo de 1998. Ver http://www.arn.org/docs/thaxton/ct_newdesign3198.htm.
 [2] Richard Dawkins,  Escalando el monte improbable,  Tusquets, 1998.
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¿Fue la doctrina de la Trinidad inventada por la Iglesia Católica?

¿Fue la doctrina de la Trinidad inventada por la Iglesia Católica?

Por Pablo Santomauro

Sin duda alguna usted habrá leído a los oponentes de la doctrina de la Trinidad exponiendo sus teorías al respecto de cómo ésta fue “formada” o “inventada”. La más popular de esas teorías dice que la Trinidad fue maquinada por la iglesia católica. El adagio popular dice que una mentira repetida muchas veces se transforma en una verdad, aunque en realidad debería ser más obvia la noción de que una mentira repetida muchas veces sólo demuestra que quien la repite es un mentiroso.

En líneas generales, el argumento expresa que la doctrina de la Trinidad fue formulada en el 4to. siglo, en el Concilio de Nicea (325 d.C.), bajo el patrocinio del emperador Constantino. Fue a partir de ese entonces que fue impuesta a las masas por la iglesia católico-romana (que para ese entonces era una iglesia apóstata, se nos dice).

Bien se ha dicho que no existe peor mentira que aquella que contiene algo de verdad. Digo esto porque este argumento antitrinitario es precisamente una mezcla de verdad y error. Tengamos presente una realidad inescapable: Ningún antitrinitario ha sido enfrentado con una exposición clara de la historia de la iglesia, y si algunos han tenido la oportunidad de estudiarla, es obvio que han negado el testimonio de la historia. No solamente son herejes, sino también revisionistas históricos.

Yo he llegado a la conclusión de que aquellos antitrinitarios en posiciones de liderazgo que señalan hacia la iglesia Católica y Constantino como los promotores de la Trinidad, han fabricado ex-profeso una defectuosa representación histórico-teológica porque les es más fácil batallar contra una mentira que contra la verdad.

Primero que nada, no existió una “Iglesia Católica Romana” con una estructura jerárquica, es decir, un obispo en Roma con jurisdicción sobre muchas iglesias en una amplia área geográfica, hasta finales del siglo sexto. En verdad, el obispo de Roma ni siquiera estuvo presente en el Concilio de Nicea, cuya concurrencia estuvo exclusivamente formada por obispos de las iglesias del este. Fue cientos de años después de Nicea que la historia reporta los primeros vestigios de una organización con alguien en Roma funcionando como cabeza de la Iglesia Católica, o sea, algo similar a lo que vemos hoy.

Segundo, la doctrina de la Trinidad como tal, o sea, producto de la cuidadosa examinación de la Biblia y con la terminología esencial que conocemos hoy, la encontramos mucho antes de Nicea. Los términos “tres personas – una sustancia – trinidad” fueron usados por Tertuliano, quien escribió entre el 200/220 al 240 d.C. Esbozos bastantes definidos de la Trinidad pueden ser encontrados también en los escritos de Teófilo de Antioquía (115-181 d.C.), Hipólito (170-235 d.C.) e Irineo (120-202 d.C.). Si bien el término Trinitas fue popularizado por Tertuliano en el contexto de su debate con el hereje modalista Praxeas, él no fue el primero en usar el vocablo. La primera mención de la palabra que tenemos en forma escrita data del 160 d.C., por mano de Teófilo en su epístola a Autólico.

Tercero, muchas de las doctrinas esenciales de la fe cristiana se formaron a través de un desarrollo histórico similar al de la Trinidad. Entiéndase bien, y aclaro porque el antitrinitario tiene usualmente dificultades de comprensión, que no estoy diciendo que tales doctrinas fueron “inventadas” en determinado momento de la historia. Más bien estoy diciendo que a medida que el tiempo avanzaba surgían nuevos ataques a la fe cristiana original, lo que llevaba a los defensores de la fe a codificar o formular estas doctrinas en sucesivos concilios y declaraciones.

Por ejemplo, los libros del Canon del Nuevo Testamento no fueron listados hasta recién el siglo cuarto. Hubo que hacer esto porque muchos herejes agregaban o sustraían libros de la Escritura. Del mismo modo, la Escritura no dice explícitamente que su contenido es inerrante en asuntos históricos y temas científicos. La inerrancia de la Escritura fue formulada recién en el siglo 19 como respuesta a aquellos teólogos liberales y escépticos que propusieron que la Biblia no era inspirada y contenía errores. Fue así como ciertas doctrinas que son enseñadas en la Escritura fueron finalmente “formuladas” (recibieron una estructura y definición formal u oficial) como respuesta a ciertas herejías.

Lo mismo sucedió con la Trinidad, la cual fue formulada para evitar o contrarrestar los errores del arrianismo y el modalismo. La próxima vez que un sectario le confronte con el clásico caballito de batalla “Constantino- Roma”, hágale saber la verdad con amor y firmeza. Quizá el Espíritu de Dios obre para que este amigo sea trasladado de las tinieblas al reino de su amado Hijo.

Hoy por hoy, la doctrina de la Trinidad sigue siendo salvaguarda contra las diferentes herejías, las antiguas y las modernas, y por ello persistimos diligentemente en enseñarla. <>

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¿La falsa conversión de Simon el Mago narrada en Hechos 8:9-24 demuestra la teología de la expiación limitada (solo los elegidos) que enseñan algunos círculos cristianos influenciados por el calvinismo radical.?

¿La falsa conversión de Simon el Mago narrada en Hechos 8:9-24 demuestra la teología de la expiación limitada (solo los elegidos) que enseñan algunos círculos cristianos influenciados por el calvinismo radical.?

Por: Damián Ayala.

Hay una importante diferencia de opinión entre los cristianos con respecto al alcance de la obra expiatoria de Cristo. ¿Por quién murió? En su conjunto, los evangélicos han rechazados la doctrina del universalismo universal que propone, que la obra salvadora de Cristo abarcó absolutamente a todos, esta corriente enseña que no es requerimiento creer en Jesus, afirma que todos serán salvos sin importar credos ni la vida entregada al pecado.

Entre los evangélicos, la diferencia estriba en la decisión entre el particularismo, o expiación limitada (esto es, que Cristo sólo murió por aquéllos a quienes Dios ha elegido soberanamente), y la expiación ilimitada condicionada (es decir, que Cristo murió por “todos”, pero su obra salvadora se hace eficaz solamente en aquéllos que se arrepienten y creen).

Aquellos que son partidarios del particularísmo (expiación  Limitada) les gusta usar la historia de Simón el mago (hechos 8.9-24) como uno de sus fundamentos de su teología. La pregunta que nace es ¿La falsa conversión de Simon el mago es evidencia del particularismo?

La respuesta inmediata es NO.

¿Donde esta la controversia?

Planteamiento del problema.

1.-  Hechos 8:13 nos dice que Simon creyó y se bautizó

2.-  Hechos 8:21 y 22 nos lleva a entender que Simón no era salvo..

3.- Marcos 16.16, RVR60 nos enseña que “El que creyere y fuere bautizado, será salvo…..”

La respuesta de nuestros amigos partidarios del particularísmo afirman que Simón no era salvo por que no era un elegido de Dios o en otras palabras, Dios no hizo en el la regeneración para que Simon pudiera creer verdaderamente. Es correcto esto ??

La respuesta inmediata es NO…

¿Entonces que fue lo que pasó? Sin duda cuando leemos el pasaje inevitablemente surge la pregunta, ¿si su fe era o no era genuina en Cristo Jesús o meramente un asentimiento intelectual a las verdades del cristianismo.?

Norman Géiser lo explica así:

Existen dos formas de creer: de manera nominal, teórica (que no produce salvación), y de manera eficaz o salvífica. En el primer caso se trata de la simple creencia en que algo es de un modo determinado; en el último se cree en ello.(1)

El Nuevo Testamento habla también de personas que se han «extraviado» de la fe (1 Timoteo. 6:10), la han «negado», la han «trastornado» o tratado de «desviar» en algunos (2 Timoteo 2:18 y Hechos 13:8) y se han «opuesto» a ella (2 Timoteo 3:8), o «apartado» de ella (1 Timoteo 4:1). Es difícil no creer que al menos algunas de estas expresiones —si no todas ellas— describen a personas que están verdaderamente condenadas. En estos textos, la expresión «la fe» significa «la fe cristiana», de modo que alguien puede apartarse de la fe sin que está haya sido jamás una fe propia y personal.

Para empezar, hemos de preguntarnos si existe alguna prueba categórica de que la Biblia afirme que cualquiera de estas personas fueran verdaderos creyentes. Un examen de estos textos nos da una respuesta negativa. Se trata de personas que, sin duda, profesaron las doctrinas de la fe cristiana, sin embargo, estos pasajes no hablan de ninguno de ellos como verdaderos creyentes. Al igual que Simón el mago, pueden haber «creído» y haber sido bautizados (Hechos 8:13). No obstante, la conducta posterior de Simón al intentar comprar el poder del Espíritu Santo y la condena de Pedro ponen de relieve que su fe era solo nominal y no salvífica. (2)

Una cosa es creer que Jesús es el Señor (nominal), y otra muy distinta es hacer a Jesucristo Señor de nuestras vidas (eficaz). Muchas personas se acercan a Cristo, no por que acepten que son pecadoras y requieran un salvador, lo hacen mas bien por una conveniencia basada en sus deceso y concupiscencia, por ejemplo en Juan 6.26 “Respondió Jesús y les dijo: De cierto, de cierto os digo que me buscáis, no porque habéis visto las señales, sino porque comisteis el pan y os saciasteis.” (RVR60)

Estos hombre buscaban a Jesús, no por que era su Señor, ni por las señales que confirmaban su Señorío, tampoco lo buscaban por que aceptaban que eran pecadores, lo buscaban por que tenían hambre. Sus motivos eran falsos, su atención estaba puesta en otras cosas y no en su necesidad de Dios, en estos hombres jamás hubo arrepentimiento.

Con Simón pasa algo parecido, su creer esta basado en su conveniencia (cf. Hechos 8.19), y no en su pecado, arrepentimiento y su necesidad de Cristo.

Los calvinistas radicales sostienen que la única forma en que Dios puede ser soberano y generoso es si de manera incondicional escoge a algunos para salvación y a continuación los salva obrando con Gracia irresistible. Esto aún en contra de su voluntad. Por eso ellos dicen que Simon no fue salvo, por que Dios no lo eligió para tal propósito.

Con todo respeto, muchos disentimos de esta concepción de la Soberanía de Dios. Una vez más, creemos que cuando se trata de considerar los consejos eternos de Dios, la prudencia se hace especialmente necesaria. Generalmente los calvinistas radicales han advertido que, cuando analizamos los decretos de Dios respecto al ordo salutis, hay que tener en cuenta que estamos hablando de un orden lógico, no cronológico. Si esto es realmente así, ¿qué consecuencias se derivarían de ello? La implicación evidente es que estamos considerando una cuestión lógica con respecto al modo en que Dios decide llevar a cabo la Salvación de la Humanidad. Cuando los calvinistas radicales observan al hombre caído, le ven «muerto en pecados» e «incapaz de hacer ningún bien espiritual». Por ello, el calvinismo radical enseña que Dios obra en las personas en el marco de una relación de causa y efecto con una «Gracia irresistible», mediante la cual se efectúa su salvación.(3)

Sin embargo, si se trata de una cuestión lógica, Dios podría entonces haber decidido remediar la situación de la Humanidad por un procedimiento distinto del particularista que se basa en “causas y efectos” y que propone el calvinismo radical. En otras palabras, cuando Dios vio a la raza humana en un estado tan precario y necesitado —«muerta en pecados» e «incapaz de hacer el más mínimo bien espiritual»— lógicamente, nada le hubiera impedido decidir soberanamente alcanzar a todas las personas mediante una Gracia capacitadora (con frecuencia se la ha llamado Gracia preveniente). De hecho, el apóstol Pablo dijo: «Porque la Gracia de Dios se ha manifestado, trayendo salvación a todos los hombres» (Tito 2:11).

No hay nada ilógico cuando se dice que Dios puede ofrecerle a la humanidad caída su Gracia capacitadora al mismo tiempo que inicia su salvación, es decir, atrayendo a todos hacia sí mismo. De hecho, Jesús afirmó: «Y yo, si soy levantado de la Tierra, atraeré a todos a mí mismo» (Juan 12:32). Por supuesto, los calvinistas radicales dirían a esto: «si todos son capacitados y atraídos, la conclusión ha de ser entonces necesariamente el universalismo: todos serían salvos». A lo cual yo diría: «Sí, si la Gracia de Dios fuera irresistible». Una vez más, sin embargo, Dios puede decidir que su salvación no se desarrolle a partir de las líneas de una relación determinista “de causa y efecto.” En lugar de ello, Dios puede permitir que el pecador “tenga la posibilidad de resistir su oferta de Gracia” (una Gracia que ha sido capacitado para aceptar).

F. Leroy Forlines ha hecho una excelente tarea desarrollando la idea de que Dios ha decidido soberanamente interactuar con los hombres de acuerdo con un modelo de «influencia y respuesta» más que por medio de uno de «causa y efecto». (F. Leroy Forlines, The Quest for Truth: Answering Life’s Inescapable Questions (Nashville: Randall House, 2001), 313–21.) 

Esto no solo es cierto cuando se trata de cuestiones secundarias sino también en la Salvación. “Dios respeta la naturaleza personal de su creación humana.” No actúa con las personas igual que lo haría con una «piedra» o un «cuerpo inerte». Quiero reiterar que nada de lo que aquí se propone disminuye ni un ápice la Soberanía o la Gracia de Dios. Es cierto que este esquema no es particularista ni la Gracia propuesta, irresistible. No obstante, cuando nos damos cuenta de que el orden de los decretos es lógico en lugar de cronológico, todo lo anterior supone una explicación perfectamente lógica acerca del modo en que un Dios soberano puede decidir llevar a cabo su Salvación de Gracia para con una Humanidad hundida en el pecado.

Sabemos que detrás de una genuina conversión debe haber un genuino arrepentimiento, esta verdad está impregnada en todas la escritura, por esta razón es que Simon nunca fue salvo, él fingía ser un verdadero cristiano, sus frutos lo delataron. (cf. Mat. 3.8)

Cuando se predica el evangelio, el Espíritu  Santo se mueve en los oyentes trayendo un convencimiento de pecado a su vida y haciéndoles ver lo tanto que requieren de Cristo para sus vidas. Las personas reaccionan de dos formas a esta gracia capacitadora, abren su corazón y se arrepienten o endurecen su corazón rechazando la oferta de Dios.

Veamos (Hechos 2.37–38, RVR60) “Al oír esto, se “compungieron de corazón”…. El Comentario Bíblico Beacon: Juan hasta Hechos (Tomo 7) (p. 294). Explica. El verbo enérgico (solamente aquí en el Nuevo Testamento) significa “traspasar, remorder profundamente, aturdir, herir, golpear”. Es una descripción vivida de la obra del Espíritu Santo al convencer al corazón humano de pecado (cf. Jn. 16:8, ASV). En respuesta a la convicción, la gente clamó: ¿Qué haremos?

La réplica de Pedro fue clara y específica: Arrepentíos y bautícese: En palabras de MacArthur: se refiere al cambio de mente y de propósito que hace volver al hombre de su pecado, a Dios (1 Ts. 1:9). Este cambio abarca mucho más que el simple temor a las consecuencias del juicio de Dios. El arrepentimiento genuino considera que se debe “abandonar la maldad del pecado” y “abrazar la persona y la obra de Cristo en su totalidad.” Pedro exhortó a sus oyentes a arrepentirse porque de lo contrario sería imposible experimentar una verdadera conversión (Biblia de Estudio MacArthur (Hch 2.38). ) 

Por otro lado, también podemos resistir su gracias, “Por lo cual, como dice el Espíritu Santo: Si oyereis hoy su voz, No endurezcáis vuestros corazones, Como en la provocación, en el día de la tentación en el desierto,” (Hebreos 3.7–8, RVR60)

Pero por tu dureza y por tu corazón no arrepentido, atesoras para ti mismo ira para el día de la ira y de la revelación del justo juicio de Dios,” (Romanos 2.5, RVR60)

Si las personas se dejan guiar al arrepentimiento y se entregan a Cristo serán salvos, pero si la persona no es movida al arrepentimiento y pone su Fe en Cristo, y es movido por otras motivaciones como las de Simón, el Dios que no puede ser engañado no le otorgara la salvación.

No es que Simon no sea de los elegidos, y que a Dios no le alcance la gracia y no lo pueda regenerara para que posteriormente pueda creer en Cristo, NO!! Mas bien, su conversión no esta basada en un arrepentimiento verdadero, por lo tanto es falsa. Así hoy hay muchos que se acercan a Dios, su motivaciones son incorrectas, algunos por falta de dinero, otros para ser sanados de alguna enfermedad, otros para que su matrimonio se restaure, para que sus hijos salgan de las drogas, unos mas maquiavélicos para tener poder y manipular a las masas, etc.. pero no por haber aceptado que son pecadores y requieren de Cristo para que los salve, que Jesús es digno de ser nuestros Señor por el simple hecho de que el es Dios !! estos tarde que temprano saldrán de nosotros, por que nunca fueron de nosotros (cf.1 Juan 2.19).

Repito, Simón no fue salvo por no ser de los elegidos, mas bien, por que no se arrepintió de su pecado.

Dios los bendiga.

 1.- Geisler, N. L. (2006). Un punto de vista calvinista moderado. En J. M. Pinson (Ed.), P. L. Gómez Flores (Trad.), La seguridad de la salvación: Cuatro puntos de vista (p. 97). Viladecavalls, Barcelona: Editorial Clie.

 2.- Geisler, N. L. (2006). Un punto de vista calvinista moderado. En J. M. Pinson (Ed.), P. L. Gómez Flores (Trad.), La seguridad de la salvación: Cuatro puntos de vista (pp. 99–100). Viladecavalls, Barcelona: Editorial Clie.


Por qué me opongo al matrimonio gay

Por qué me opongo al matrimonio gay

Me opongo al matrimonio gay por la misma razón que me opongo a cualquier otro tipo de relación sexual fuera de los confines del pacto del amor heterosexual. Me opongo al matrimonio gay por la misma razón que el Antiguo y el Nuevo Testamento se oponen a él. De hecho, me opongo al matrimonio gay por la misma razón que Cristo se opuso a él. ¿Cuál es esta razón? Respuesta: la creación. ¡Es así de sencillo!

Cuando los teólogos contemporáneos de su generación preguntaron a Jesús acerca del divorcio, Jesús apeló al Edén para demostrar la voluntad de su Padre con respecto al matrimonio (Marcos 10:2-9). Cristo enseñó que Dios quiere que el hombre y la mujer estén juntos hasta que la muerte los separe. Esta ideal se dio a conocer en la misma creación- antes de que naciera la cultura humana- para que todos entendieran que el anti-homosexualismo no es fruto de una determinada nación o tribu. Adán y Eva juntos representan el plan universal de Dios para el resto de la historia humana. “Según las enseñanzas de Jesús,” escribe el renombrado Dr. Wolfhart Pannenberg, “la sexualidad humana entre hombre y mujer pertenece a la unión indisoluble del matrimonio. Este estándar es la base de todo lo que enseña el cristianismo sobre el comportamiento sexual”. Jesús se refería a la creación a posta. Créeme: sabía perfectamente lo que estaba haciendo.

Es a la luz de la creación que tenemos que entender todas las condenaciones a la ‘sodomía’ que se nombran en las Escrituras. La Biblia no es anti-gay por ser anti-gay. Es anti-gay porque es pro-creación. El hecho de que varias leyes anti-homosexuales fuesen incorporadas en la Torá judía nos revela que la  Revolución gay  no nació en nuestra generación. En los días de Levítico, la homosexualidad era tan desenfrenada entre los apostatas e idolatras de las naciones vecinas a Israel que el pueblo de Dios tuvo que separarse de ellos y consagrarse al Señor. En los días de Moisés, por ejemplo, cualquier manifestación de homosexualidad merecía la pena de muerte inmediata (Levítico 20). ¡Dios no la toleraba para nada!

La misma condenación se transmite en el Nuevo Testamento.En vez de seguir la corriente tan lujuriosa y carnal de la cultura greco-romana que prevalecía en el primer siglo, Pablo advirtió a todos los creyentes de la homosexualidad en términos bien, pero bien, severos. La homosexualidad, explica Pablo, es una exhibición pública de idolatría y apostasía (Romanos 1) y excluye a los hombres (y mujeres) del Reino de Dios (1 Corintios 6). El apóstol habló directamente sin dar rodeos. Es imposible malinterpretarlo (aunque algunos pensadores están intentando hacerlo). ¿Qué más podría haber dicho Pablo para posicionarse con más contundencia?

El veredicto categórico de la Escritura es rotundo: la homosexualidad tiene que ser devuelta al abismo de donde ha salido. No hay nada en la Biblia que promueva una vida gay. Se trata de un pecado sumamente detestable. “Es abominación” (Levítico 18:22). Ésta, por lo menos, es la opinión de Dios. Y no solamente esto, representa una rebelión abierta contra las enseñanzas de Jesucristo, el Señor de la Iglesia. ¿Qué quiere decir todo esto?

Primero, quiere decir que si alguien está luchando contra inclinaciones homosexuales, no significa que esté condenado al lago de fuego.Significa, sencillamente, que tiene que batallar contra esta tentación- como cualquier otra- en el poder del Espíritu y por medio de las disciplinas espirituales que Dios nos ha dejado (las Escrituras, la oración, la comunión con los santos). Debe recordar también que Cristo es poderoso para conquistar cualquier pecado vil que nos asedia. Su gracia vence nuestra iniquidad. Así que hay esperanza para todos. ¡Bendito sea Dios!

Segundo, quiere decir- y voy a emplear términos muy claros- que cualquier Iglesia que acepte el matrimonio gay ya no es una Iglesia. Se hace anti-Iglesia.Puede llamarse como quiera, pero ha dejado de ser un vocero del Omnipotente. No es fiel al Señor de la Escritura ni a la Escritura del Señor. Una Iglesia gobernada por la Biblia jamás podría desviarse en esta cuestión tan fundamental. De nuevo, cito al Dr. Pannenberg, “Si una Iglesia se dejara llevar hasta el punto de ver la homosexualidad como forma de desviación del patrón bíblico y de reconocer las uniones homosexuales como equivalentes a un verdadero matrimonio de amor, tal Iglesia ya no estaría posicionándose a favor de la Biblia, sino en contra de ella”.

Así que la creación, el Antiguo Testamento, el Nuevo Testamento y la verdadera naturaleza de la Iglesia: éstas son las razones por la cuales me opongo al matrimonio gay. ¡Menuda combinación! ¿Verdad?

Autor: Will Graham (http://www.protestantedigital.com)


La insensatez del ateísmo de Stephen Hawking

La insensatez del ateísmo de Stephen Hawking

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Creo que debemos tomar los comentarios de Hawking con una pizca de sal y pedirle amablemente que deje de meterse en el mundo de la metafísica cuando su verdadero ámbito de trabajo es la ciencia.

La publicación más reciente del astrofísico Stephen Hawking  The Grand Design  (‘El gran diseño’) fue un paso más allá de su anterior obra  A Brief History of Time  (‘Breve historia del tiempo’), con la finalidad de afirmar la no existencia de un Dios creador.

Como un físico de renombre mundial, la voz del cosmólogo británico tiene mucho peso en los círculos científicos. Sin embargo, la razón principal por la que Hawking rechaza a Dios es algo incomprensible en el mejor de los casos (y francamente idiota en el peor).

La tesis atea de su último libro dice así: “Debido a que existe una ley como la gravedad, el universo puede y va a crearse a sí mismo de la nada”. Déjame repetir la cita una vez más para asegurarme de que la has leído bien: “Debido a que existe una ley como la gravedad, el universo puede y va a crearse a sí mismo de la nada“. [1] 

A primera vista suena bastante razonable; pero muchas veces las apariencias engañan. Así que hoy vamos a hacer tres observaciones pequeñas para analizar esta teoría con el fin de ver si sobrevive a la luz de la observación de Einstein: “La teoría es asesinada tarde o temprano por la experiencia”.

¡Investiguemos!

Observación 1: La ley de la gravedad no es “nada”.

Hawking dice que el universo se creó a sí mismo de la nada. Pero, según su teoría, antes de que el cosmos comenzara a existir, la ley de la gravedad ya era. Existía y punto. En otras palabras, antes de la auto-creación del universo había “algo” y no “nada”. De ahí que la afirmación filosófica de nuestro astrofísico implica una contradicción descarada. O no había nada o había gravedad. La gravedad no es nada.

Pero en cualquiera de estos dos casos, un teísta puede hacerle al científico británico algunas preguntas desafiantes: ¿de dónde proviene la ley de la gravedad? ¿Quién o qué la creó? ¿Por qué estaba por ahí colgando en el espacio vacío? ¿Cómo puede algo provenir de la nada? ¿Por qué existe tal ley en un universo tan caótico? La Biblia tiene una respuesta bien sencilla (y mucho más satisfactoria): “En el principio creó Dios los cielos y la tierra” (Génesis 1:1).

Observación 2: El universo no puede crearse a sí mismo.

Hawking comete otro error de lógica muy serio cuando afirma que el universo “puede y va a crearse a sí mismo de la nada“. Es difícil creer que alguien del calibre de Hawking pueda ser tan crédulo. Nada puede crearse a sí mismo.

Vamos a poner un ejemplo. Si digo que tus padres te trajeron al mundo, esto tiene sentido porque tú procedes o desciendes de tus padres biológicos. No hay ningún error allí. Todo el mundo entiendo eso. Pero no puedo decir que tú te trajiste a ti mismo al mundo. Afirmar esto significaría que antes de que tú existieses, tú ya existías, es decir, existías y no existías al mismo tiempo. Eso es absurdo. Nada se crea a sí mismo. ¡Ni tú, ni yo, ni el cosmos! Esta afirmación de Hawking, pues, no tiene sentido ninguno. Sólo comprueba la teoría de que una tontería dicha por un experto sigue siendo una tontería.

Todo eso me hace pensar en un texto paulino: “¿Dónde está el sabio? ¿Dónde está el escriba? ¿Dónde está el disputador de este siglo? ¿No ha enloquecido Dios la sabiduría del mundo? Pues ya en la sabiduría de Dios, el mundo no conoció a Dios mediante la sabiduría” (1 Corintios 1:20-21). La teoría de Hawking se derrota a sí misma.

Observación 3: Las leyes no crean nada.

La equivocación final de Hawking le lleva a atribuir capacidades creativas a las leyes de la física (en este caso, la ley de la gravedad). Este es otro error de niño de colegio. Las leyes no crean nada. Los creadores son siempre agentes personales con inteligencia y voluntad.

Pongamos otro ejemplo para aclarar las cosas. La ley de la gravedad puede explicar por qué una pelota se cae cuando se lanza desde lo alto de un edificio. Pero la gravedad nunca tira la pelota. Eso requiere un agente personal. Las leyes de las matemáticas pueden demostrar que 10 + 10 = 20. Pero esas leyes nunca han puesto 10 + 10 fresas en mi bolsillo. Eso requiere un agente personal. Las leyes del movimiento pueden enseñar por qué un coche se mueve de A a B. Pero una ley de movimiento no enciende el motor de un coche. Eso requiere un agente personal.

Y de la misma manera, las leyes de la física nos pueden dar detalles de muchas regularidades que ocurren en el universo, pero esas leyes no trajeron el universo a la existencia. Una vez más, se requiere un agente personal de inteligencia y voluntad para explicar la existencia del cosmos.

CONCLUSIÓN
Con estas tres breves observaciones, creo que debemos tomar los comentarios de Hawking con una pizca de sal y pedirle amablemente que deje de meterse en el mundo de la metafísica cuando su verdadero ámbito de trabajo es la ciencia. Y si quiere hacer una incursión en el campo de la filosofía, entonces, que al menos, piense de manera lógica y racional sobre lo que está escribiendo.

“De Él, por Él y para Él son todas las cosas” (Romanos 11:36).

(Traducido por Julian Esquinas)

Autor: Will Graham (http://www.protestantedigital.com)


Un contraste entre el calvinismo radical y el moderado basado en los cinco puntos

Un contraste entre el calvinismo radical y el moderado basado en los cinco puntos

Por: Norman L. Geisler

El criterio que suele utilizarse para contrastar el calvinismo moderado con el que se ha dado en llamar «clásico», y que nosotros llamamos «radical» es el de los cinco puntos tradicionales del calvinismo: la depravación total, la elección incondicional, la expiación limitada, la Gracia irresistible y la perseverancia de los santos. Los calvinistas radicales sostienen estas cinco doctrinas y los arminianos las niegan, al menos, en el sentido en que las plantean los calvinistas radicales.

Entre estos dos polos, están los calvinistas moderados que, según se entiende generalmente, sostienen algunos de estos cinco puntos aunque no todos ellos: como mínimo el último, a saber, la perseverancia de los santos. Esta enseñanza se conoce popularmente como la doctrina de la seguridad eterna o «una vez salvos, siempre salvos». También se la llama en ocasiones calvinismo de un solo punto. No obstante, nosotros creemos que la cuestión es un poco más compleja y preferimos cortar el pastel teológico de otro modo postulando lo que podría llamarse «calvinismo moderado de cinco puntos».

Si consideramos los cinco puntos del calvinismo tradicional como referente, la posición moderada que voy a exponer sostiene una perspectiva moderada respecto a todos ellos. Aun los calvinistas radicales admiten que «los cinco puntos del calvinismo —tal como ellos los entienden— se mantienen o caen juntos». Sin embargo, lo que a menudo no dicen es que existe un acercamiento moderado a la comprensión de estos cinco puntos que igualmente determina que se mantengan o caigan juntos. De modo que lo que se cree respecto a la seguridad eterna, dependerá de la comprensión que se tenga de los otros cuatro puntos del calvinismo. Por ello, se hace necesario un análisis de tales doctrinas antes de centrarnos en la seguridad eterna. En mi obra Chosen But Free se expone esta cuestión con mayor detalle.

Examinemos el siguiente resumen de las diferencias existentes:

tabla 1

Calvinismo radical versus calvinismo moderado respecto a la perseverancia de los Santos

Puesto que cada una de estas doctrinas de la Gracia se mantiene o cae con las demás, también cada una de ellas las influye. Esto es especialmente cierto por lo que respecta al concepto de la seguridad eterna, que se verá afectado por el modo en que entendamos los cuatro primeros puntos. Estos contrastes representan una manera útil de distinguir la seguridad eterna tal y como la plantean los calvinistas radicales de la que sostienen los calvinistas moderados.

Depravación total y seguridad eterna

Según el calvinismo radical, no podemos recibir la salvación por medio de un acto libre de fe, puesto que estamos en un estado tan completamente depravado (en sentido intensivo), muertos en nuestros pecados, que no tenemos ni siquiera la capacidad de aceptar el don de la salvación. Dios ha de regenerar a los pecadores mediante su Gracia irresistible antes de que sean capaces de creer.

Por el contrario, el calvinista moderado, que cree en la depravación total en un sentido extensivo, sostiene que la imagen de Dios no ha sido completamente borrada de la humanidad caída, sino solamente difuminada. Si bien las personas no pueden iniciar o alcanzar la salvación mediante sus propias obras, sí son capaces, no obstante, de recibir el don de la salvación. Incluso los seres humanos caídos tienen la capacidad de aceptar o rechazar el don de la salvación de Dios, puesto que, aunque la salvación no procede de nuestra voluntad (Juan 1:13), sin embargo, sí se hace realidad «por medio de la fe [la nuestra]» (Efesios 2:8) mediante nuestro acto de «recibir» a Cristo (Juan 1:12).

Elección incondicional y seguridad eterna

Para el calvinista radical, la salvación es incondicional tanto para el dador como para el receptor. Es decir, no existe ninguna condición para que una persona la reciba, ni tampoco para que Dios la imparta. Recibimos la seguridad eterna aparte de cualquier acto de fe por nuestra parte. De hecho, somos incapaces de recibirla hasta que Dios nos haya salvado.

El calvinista moderado, por el contrario, cree que la elección es incondicional desde el punto de vista del Dador, pero condicional desde la posición estratégica del receptor. Es un don incondicional; no requiere el cumplimiento de condición alguna. No obstante, aun siendo incondicional, ha de ser aceptado. Dicho acto de aceptación no es más meritorio que el de un mendigo cuando acepta una limosna. Él honor habría que dárselo más bien a quien concede el don que a quien lo recibe. Esto es lo que sucede con el don incondicional de la salvación (Hechos 16:31; Romanos. 6:23).

Expiación limitada y seguridad eterna

Es bien sabido que los calvinistas moderados difieren de los radicales con respecto al alcance de la Expiación: los calvinistas radicales afirman que ésta es limitada en su alcance e insisten en que Cristo murió solo por los escogidos. Por su parte, los calvinistas moderados sostienen que tal limitación de alcance no existe, puesto que Cristo murió por todos (Juan 1:29; 2 Corintios 5:15; 1 Juan 2:2); admiten sin embargo, que sí es limitada en su aplicación haciéndose efectiva solo en quienes creen. Esta diferencia afecta a las correspondientes creencias acerca de la seguridad eterna de ambos sistemas. Según los calvinistas radicales, Dios quiere que solo algunos tengan seguridad eterna. Por ello, Cristo solo murió por ellos. Por el contrario, el calvinista moderado sostiene que aunque solo serán salvos quienes crean Dios desea, sin embargo, que todos lo sean (1 Timoteo 2:4; 2 Pedro 3:9).

Gracia irresistible y seguridad eterna

Existe también una importante diferencia entre los calvinistas radicales y los moderados respecto al entendimiento de cómo recibimos la seguridad eterna. Para los primeros, la persona recibe el don de la salvación en contra de su voluntad. Por naturaleza, todos los escogidos son pecadores, están muertos, y eran incapaces de recibir la salvación cuando Dios se la otorgó en contra de lo que realmente deseaban.

Los calvinistas moderados, por el contrario, están convencidos de que la Gracia irresistible de Dios es eficaz en aquellos que la desean (los escogidos), pero no en quienes no la aceptan. Dios obra de un modo irresistible y eficaz en los que deciden recibir su Gracia. Sin embargo, no fuerza la voluntad de quienes no desean recibirla. Dios es amor, y el amor actúa de manera persuasiva, pero no coercitiva. El amor forzado representa una contradicción moral (Mateo. 23:37). Por ello, el calvinismo radical difiere del moderado en el modo de entender la naturaleza de la Gracia irresistible y su funcionamiento.

Perseverancia de los santos y seguridad eterna

El último de los cinco puntos del calvinismo es el de la perseverancia de los santos, conocido también como la doctrina de la seguridad eterna. Esta doctrina postula que todas las personas que han sido regeneradas perseverarán en la fe hasta el fin. Es decir, al final llegarán al Cielo. Dicho en lenguaje popular, los calvinistas de todo tipo creen que una vez has sido salvo, lo eres para siempre, cosa que niegan todos los arminianos.

No obstante, también en esto existe una diferencia entre calvinistas moderados y radicales, como ilustra la tabla siguiente:

tabla 2

La Confesión de Fe de Westminster (17:1), nos dice que la perseverancia significa que: «Aquellos a quienes Dios ha aceptado en su Hijo amado, y que han sido eficazmente llamados y santificados por su Espíritu, no pueden caer del estado de Gracia ni completa ni finalmente, sino que, sin duda, perseverarán en ella hasta el final, y serán eternamente salvos».

Diferencias acerca de la perseverancia de los Santos

A pesar de lo que normalmente se cree, existen otras importantes diferencias entre calvinistas moderados, calvinistas radicales, y arminianos respecto a la doctrina de la seguridad eterna. En primer lugar, consideremos los siguientes contrastes entre los calvinistas moderados y los arminianos:

tabla 3

Puesto que la mayoría de las partes de ambos lados está de acuerdo con estos contrastes no es necesario explicar estos puntos con detalle. La comparación más interesante, sin embargo, es la siguiente puesto que aporta un esclarecedor contraste entre las tres posiciones:

tabla 4

Por supuesto, muchos calvinistas radicales insisten en que es posible disfrutar de la certeza antes de la muerte. No obstante, hay varios factores que reducen seriamente el valor de esta afirmación. En primer lugar, reconocen que existe lo que ellos llaman «falsa Gracia» y «falsa certeza», que pueden llevar a alguien a suponer que forma parte de los escogidos cuando, de hecho, no es así.

En segundo lugar, la propia palabra «perseverancia» sugiere que algunos de quienes pretenden ser creyentes no perseverarán hasta el fin y, por ello, no serán salvos.

En tercer lugar, algunos calvinistas radicales admiten la posibilidad de que existan personas, creyentes en apariencia, pero que antes de su muerte abandonarán la fe y, por ello, se perderán eternamente. Sostienen que todo verdadero creyente seguirá fiel hasta el fin, y que quienes no lo hacen demuestran que no lo eran. De modo que existe seguridad eterna para los escogidos, pero la trampa es ésta: nadie puede estar realmente seguro de ser uno de los escogidos a no ser que permanezca fiel hasta el fin. Esta idea es distinta del punto de vista calvinista moderado que exponemos aquí: todo creyente puede estar seguro de ser salvo y continuará en la fe hasta el fin. Puesto que la presencia de «fe» es una «prueba» de que alguien es verdaderamente salvo (Hebreos 11:1). Él Espíritu Santo es quien implanta la fe en el corazón del creyente cuando éste cree la Palabra de Dios (Romanos 10:9, 17).

En contraste, los calvinistas radicales insisten en que además de seguir teniendo fe, las personas han de seguir siendo fieles a Dios hasta el fin como prueba de que son verdaderamente salvas. Él puritano Thomas Brooks afirmó que la verdadera perseverancia implica persistir en: (1) una santa profesión de nuestra fe, (2) principios santos y espirituales, (3) la doctrina de Cristo, y (4) acciones de Gracia.

En cuarto lugar, las mismas cosas que se sugieren como señales de la verdadera y permanente certeza hacen imposible que las personas sepan con seguridad que son salvas antes de su muerte. Sin embargo, la verdad es que, en la práctica, se hace imposible que alguien pueda saber, sin duda, que ha perseverado en todas estas cosas antes de morir. O, por decirlo de otro modo, cualquiera que no esté cumpliendo estos requisitos hasta el día de su muerte no puede estar seguro de ser uno de los escogidos.

Otro contraste al respecto es que los calvinistas moderados creen que los escogidos experimentan la certeza en la Tierra y poseen también la seguridad eterna en el Cielo. Sin embargo, algunos calvinistas radicales sostienen solo esto último, ya que no podemos estar realmente seguros de que alguien forma parte de los escogidos hasta que tal persona persevera hasta el fin. Esto se debe a la existencia de la «falsa certeza» que puede llevarnos a creer «que tenemos fe cuando de hecho, no es así».

A. A. Hodge dijo: «La perseverancia en la santidad, por tanto, en oposición a toda debilidad y tentación, es la única prueba de la autenticidad de la experiencia pasada, de la validez de nuestra confianza por lo que respecta a nuestra salvación futura…». Puede haber una «retirada temporal de la Gracia protectora» mientras se permite a los escogidos que «vuelvan atrás durante un tiempo»; no obstante, «en todos y cada uno de estos casos tales personas son restauradas por Gracia». Esto parece implicar que si alguien vuelve atrás y no se arrepiente antes de encontrarse con su Creador, tal condición es entonces una prueba de que la persona en cuestión no había sido verdaderamente salva. Si esto es así, cualquier cristiano, a pesar de las pruebas que pueda manifestar en su vida durante muchos años, no puede tener verdadera certeza de su salvación.

A pesar de las afirmaciones en sentido contrario, los calvinistas radicales no pueden estar seguros de ser salvos a no ser que perseveren hasta el fin y hasta que lo hayan hecho. En pocas palabras, por lo que hace al conocimiento de la propia salvación, no se sabe si uno es o no salvo sino hasta que se ha perseverado hasta el fin.

Nota del administrador: Sin duda el calvinismo radical es peligroso, es tierra fértil para el sectarismo.