Preguntas: El Argumento Cosmológico “Kalam”

Preguntas: El Argumento Cosmológico “Kalam”

Nota del Administrador: Este Post fue tomado del blog amigo: http://verdadyfe.com

Hace algún tiempo, publicamos uno de los argumentos a favor de la Existencia de Dios. El Argumento Kalam, es uno de los argumentos más utilizados por apologetas cristianos actualmente. Siendo esto así, es uno de los que más preguntas y discordias suele crear. Hace algunas semanas recibimos unas preguntas y nos pareció pertinente compartirlas por aquí. Puede que otros de ustedes tengan las mismas dudas. Comencemos.

Seré breve, aunque conciso. Agradezco el tiempo que Josué dedicó a estas preguntas. Son muy buenas.

Pregunta 1: ¿Por qué hay algo en vez de nada?
Primero debemos cuestionarnos algo ¿Qué es “nada”? Al asumir los cristianos esta pregunta, les corresponde a ellos probar que existe algo llamado “nada” y también dar un ejemplo de “nada”. Hasta entonces, yo podría responderte: No sé qué es “nada” ya que no la has probado.

Respuesta: Nada: (según la rae.es) es: Ninguna cosa, negación absoluta de las cosas, a distinción de la de las personas.

Así que si digo, “Hoy no almorzé nada.” Significa que me quedé con hambre, no que había algo en el menú que se llamaba nada y eso comí.

Cuando decimos que no existía nada, queremos decir que estábamos en ausencia de todo. No es la nada que por ejemplo, Lawrence Krauss define como partículas sub-atómicas. Asi que “nada” es: la ausencia de todo.

Pregunta 2: Todo lo que comienza a existir tiene una causa.
Así hayas recopilado y llegado a la conclusión de que la causa del universo tuvo que ser un ser pensante, sin tiempo ni espacio, todopoderoso, etc. Aun así tendrías que probar que dicho ser es un dios. ¿Cómo sabes que no es otra criatura pensante, con omnipotencia, benevolencia, etc.? – Aun así pruebes de que tuvo que ser un dios – tendrías que probar que fue tu dios y no el de otra religión.

Respuesta: No decimos que fue obra de “un” dios pues significaría que ese ente tuvo también un comienzo. Decimos que fue el creador/Dios del Universo quien por definición es eterno. Tampoco identificamos que es el Dios en el que cree el Cristiano para llegar a esa conclusión debemos analizar otras evidencias que forman parte del caso acumulativoen pos del Cristianismo.

Pregunta 3: El universo comenzó a existir.
Si es que esta afirmación fuese verdadera, no significa que tuvo una causa, significa que no sabemos cómo se inició exactamente, pero te puedo asegurar que algún día lo sabremos ya que la ciencia ha ido avanzado. El error que cometen ustedes es asumir que Dios hace lo que no entendemos. Así como civilizaciones antiguas no comprendía por qué llovía, entonces pensaban que lo hacía un dios. Hoy, sin embargo sabemos cómo se producen las lluvias. Por esa razón te aseguro que la ciencia no tiene límites y algún día se sabrá exactamente cómo se creó el universo.

Respuesta: Decir “algún día la ciencia lo sabrá” es lo mismo que decir “Dios lo hizo (cuando no sabemos cómo sucedió algo)” porque no entendemos como sucedió. A nosotros se nos acusa de usar el argumento del dios de los agujeros, mientras que a ti se te puede acusar de usar “la ciencia de los agujeros”

Cuando decimos que el Universo tuvo un comienzo nos basamos en evidencia científica y la teoría más aceptada (Big Bang) de cómo todo comenzó según iniciada por Georges Lamêtre, confirmada por E. Hubble y reafirmada por Borde, Guth y Vilenken. Esto parece ir en acuerdo a lo que enseña la Biblia.

Pregunta 4: El universo requiere una causa.
La razón de que algo comience a existir, no significa de que tenga una causa y asumir lo mismo con el universo se puede comparar con otras situaciones. Por ejemplo, es como preguntarse ¿Por qué razón existen las montañas? Nosotros tal vez sabemos cómo se crearon las montañas pero preguntarse “por qué” desde mi punto de vista no es una pregunta válida. Lo que sí es válido preguntar es: ¿Cuáles son los factores causales que conducen a la existencia de las montañas? Lo mismo con la vida, y lo mismo con el universo.
Incluso podría cambiar el Argumento Kalam por el siguiente:
Premisa #1: Todo aquello que comienza a existir requiere una causa.
Premisa #2: Las montañas comenzaron a existir.
Conclusión: Las montañas requieren una causa.

Sabemos que las montañas comenzaron a existir pero no por esa razón significa que ellas necesitan una causa o un propósito. Y podríamos aplicarlo con todas las cosas que existen como los virus, las enfermedades, las ratas, la inmundicia, etc. Todas estas cosas comenzaron a existir pero acaso ¿tienen un propósito? – ¡Claro que no! – todas esas cosas son un accidente biológico, genético o simplemente fueron creados sin querer. Y quizá lo crearon los humanos, pero no con un propósito ni una causa, sino porque fue un accidente, o porque se salió de sus manos. Y yo creo que lo mismo pasa con el universo. Pienso que éste solo fue un accidente natural y que los hechos y sucesos solo son consecuencia de este accidente.

OJO: no estoy asumiendo que el universo fue causado por un accidente o sea un accidente, de hacerlo, tendría que demostrarlo, solo digo que eso es lo que creo yo al respecto.

Respuesta: Decimos: “El Universo tuvo una causa”. El argumento no trata de explicar el propósito por el cual el Universo comenzó o existe. Este argumento no entra en esos temas y la conclusión es que un Dios teísta existe. Ni siquiera infiere cuál Dios. El argumento podría ser utilizado por cualquier religión teísta. De hecho, inicialmente el argumento fue musulmán, aunque actualmente su mayor defensor es el cristiano William Lane Craig.

El argumento provoca a pensar en lo que hoy existe, que la ciencia apunta a que tuvo un comienzo. Si hubo un punto en que no existía, nada de lo que existe actualmente pudo haber dado inicio al Universo, pues no existía. De esto podemos inferir cualidades de lo que pudo ser la causa. Sabiendo que tiene que ser Sobrenatural, pues la naturaleza no estaba. Atemporal (o eterno) pues no existía el tiempo. Poderoso e inteligente pues provocó todo lo que existe y ahora está ordenado, por lo que se necesita una mente racional que organice.

Bueno Josué, espero haber podido ayudarte a entender el argumento. No te cierres a la posibilidad de la veracidad de Dios. Búscale con toda sinceridad, te aseguro que si le buscas de todo corazón, le encontrarás. Dios te bendiga.


La paloma, el buitre y la regeneración

La paloma, el buitre y la regeneración.

Por: Damián Ayala

Este es la continuación del pos´t (La paloma, el buitre y el libre albedrío.)

En el post antes mencionado hablamos sobre el error de los calvinistas radicales de negar el libre albedrío que tiene el hombre para aceptar el don de la salvación. Concluimos que el hombre si tiene libertad de elección, esto gracias a la gracia capacitadora de Dios que da a todo oyente del evangelio habilitándolo para aceptar o rechazar el preciado regalo.

Como todo sistema teológico, un error trae otro error, el particularísimo forza a nuestros amigos calvinista radicales a negar el libre albedrío e inventarse el cuento de que Dios para poder ser soberano, (pura especulación) regenera a los pecadores para que puedan elegir a Cristo y ser salvos. Pero, ¿podemos separar la salvación de la regeneración? ¿Se puede estar regenerado y no ser salvo?

Regeneración:

En el NT regeneración (palingenesía) solo se encuentra dos veces: en Mt. 19:28 y Tit. 3:5.

en el primer caso, se emplea en el contexto escatológico de la segunda venida de Jesús; y en el segundo, se refiere a la renovación de la persona.

palingenesia nuevo nacimiento (palin, de nuevo; genesis, nacimiento). Se utiliza de la regeneración espiritual (Tit 3.5: «de la regeneración», rv, rvr), involucrando la comunicación de una nueva vida, siendo los dos poderes activos para producirla «la palabra de verdad» (Stg 1.18; 1 P 1.23), y el Espíritu Santo (Jn 3.5, 6); el loutron, baño, lavamiento, es explicado en Ef 5.26: «habiéndola purificado en el lavamiento del agua por la palabra».

Hay que aclarar que el concepto bíblico de regeneración no se agota en el vocablo palingenesía, sino que puede encontrarse en muchas otras figuras, símbolos y metáforas, como las expresadas como «concebir, engendrar de nuevo» (Jn. 1:13; 3:3, 4, 5, 6, 7, 8; 1 Jn. 2:29; 3:9; 4:7; 5:1, 4, 18; 1 Pd. 1:23); «nueva creación» 2 Cor. 5:17; Gal. 6:15); «nuevo hombre» (Ef. 4:24); «vivificar» (Ef. 2:5; Col. 2:13); «renacer» (1 Pd. 1:3).

Tenemos que entender que el nuevo nacimiento y la regeneración no constituyen etapas sucesivas en la experiencia espiritual; se refieren al mismo acontecimiento, aunque lo contemplan en diferentes aspectos. El nuevo nacimiento destaca la comunicación de vida espiritual en contraste al anterior estado de muerte espiritual; la regeneración destaca el inicio de un nuevo estado de cosas en contraste con el viejo.

Teniendo claro, qué es la regeneración, podemos analizar lo que nuestros amigos calvinistas radicales quieren que creamos respecto al tema.

Citemos las palabras del hermano Sugel Michelén publicado en el blog amigo http://elteologillo.wordpress.com -Si partimos de la premisa de que el hombre está muerto en sus delitos y pecados, es obvio que el hombre no tiene la capacidad natural de escoger a Dios, a menos que Dios haga una “obra de regeneración en su corazón”.

-Y eso es exactamente lo que hace Dios en la regeneración: él cambia la naturaleza humana y hace una transformación de tal manera que yo libremente escojo a Cristo. No fue obligado, fue libremente, pero ya Dios había hecho una obra previa en mí.-

No se que entiende usted, pero yo entiendo que el hermano nos quiere persuadir a que creamos que para ser regenerados no requerimos de la obra redentora de Jesucristo, basta solo la “supuesta soberanía de Dios” para ello, es como un estado de pre-salvación o media salvación, ya solo lo que el hombre tiene que hacer es un tramite burocrático para ratificar su salvación, el tramite es escoger a Cristo. -Casi escucho a los hermanos decir, bueno, hermano, es que esto es una revelación que Dios tiene que darle.-

Los calvinistas radicales para enseñar que Dios regenera a los perdidos sin la necesidad de la obra redentora de Cristo suelen poner un pie en territorios filosóficos para justificar su sistema teológico y así darle la dirección que ellos quieren a la escritura. Decir que la regeneración antecede al arrepentimiento y a la fe es una especulación filosófica, pero separar la regeneración de la salvación es una aberración. La única forma de que usted pueda creer esta mentira es caer en las garras de su sistema teológico. Sin duda el testimonio de la palabra enseña todo lo contrario. Usted va a encontrar en la palabra; y el que cree será salvo, tendrá vida eterna etc.., jamás encontrara un verso que diga.. el que es regenerado podrá creer…

Nuestros amigos sin importar lo que enseña la escritura en este tema, dicen llegar a esa conclusión basados según ellos por la lógica, la cual reza, que si todas las personas son auténticos pecadores, totalmente depravados e incapaces de responder a la gracia de Dios, nadie puede convertirse a menos que sea regenerado previamente. El arrepentimiento y la fe no son capacidades humanas. Este tema se resuelve con la gracia capacitadora de Dios explicada en el post (La paloma, el buitre y el libre albedrío.)

Uno de sus pasajes favoritos para demostrar que Dios regenera antes de que la persona pueda creer es (Ezequiel 36.25–27, RVR60) dicen, ya ve hermano Dios es el que lo hace no el hombre!!! La cosa es que nadie dice que lo hace el hombre, Sin duda Dios en su soberanía y por pura misericordia -por medio de la obra de Cristo, ¡él !! Esparce agua limpia sobre a aquellos que se arrepienten y ponen su fe en Cristo, ¡él !! una ves siendo salvos y no antes nos da un corazón nuevo, ¡él !! pone en nosotros espíritu nuevo ¡él !! pone dentro de nosotros su Espíritu, ¡él !! hace que andemos en sus estatutos, ¡él !! todo esto lo hace ¡él !! cuando uno responde al evangelio con arrepentimiento y cree que Jesucristo es su salvador.

La evidencia bíblica favorece la posición de que la persona debe arrepentirse y creer  para ser salvo y por consecuencia regenerados. Diferentes llamamientos a responder al evangelio implican que arrepentirse y creer trae como resultado la salvación. Entre ellos está la respuesta de Pablo al carcelero de Filipos “Cree en el Señor Jesucristo, y serás salvo tú y tu casa” (Hch. 16:31). Pedro hace una declaración similar en su sermón de Pentecostés: “Arrepentíos y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de los pecados, y recibiréis el don del Espíritu Santo” (Hch. 2:38). (Decir que estas palabras son dirigidas a personas ya regeneradas es decir lo que la palabra no dice.)

Este parece ser el patrón a lo largo de todo el Nuevo Testamento. Incluso John Murray, que inequívocamente considera la regeneración como anterior, parece negar su propia posición cuando dice: “La fe de la que estamos hablando ahora no es la creencia de que hemos sido salvados, sino la confianza en Cristo para que podamos ser salvados”.  A menos que Murray no considere la regeneración como parte del proceso de la salvación, parece estar diciendo que la fe es instrumental para la regeneración y por lo tanto, lógicamente anterior a ella.

La regeneración es el milagro que se da en la vida de quien acepta a Cristo, ocurre en la conversión cristiana, cuando el pecador que se arrepiente y cree pasa de muerte espiritual a vida espiritual. Como tal, es simultánea con los otros aspectos de esta experiencia religiosa, es decir, justificación, adopción y santificación inicial. En otras palabras una persona que es regenerada en el mismo momento es justificada, adoptada y santificada. Ni la regeneración es anterior a la salvación como dicen los calvinistas radicales, ni la justificación es antes que la regeneración como dicen los arminianos, Mas bien, son actos como ya dije simultáneos, una persona no puede ser regenerada sin ser justificado o ser justificado sin ser regenerado, que en la teología separemos estos conceptos para su estudio no nos debe llevar a creer que se dan en una linea cronológica. Esto equivale a creer que Dios esta dividido en partes cuando estudiemos sus atributos constitutivos y morales.

Si una persona es regenerada estamos hablando que es salva y esto solo por medio de la fe en Cristo Jesús, así lo dicta la soberanía de Dios, decir lo contrario es ir en contra de tal soberanía. Definitivamente el hombre no nace por voluntad propia ni busca nacer de nuevo, esto es un don de Dios que da por su propia voluntad aquellos que se arrepienten y creen en el Señor Jesucristo previamente. El decir que Dios te regenera acto separado de ser justificado, adoptado y santificado es un cuento chino y filosófico nacido del error de un sistema teológico.

La conclusión entonces es que Dios salva, regenera adopta y santifica a aquellos que se arrepienten y creen.  ¿Esta conclusión es incoherente con la doctrina de la incapacidad total.? ¿Estamos divididos entre las Escrituras y la lógica en este punto? De ninguna manera, si consideramos que Dios en su soberanía da su gracia capacitadora a todas las personas que son expuestas al evangelio de Cristo para que puedan libremente decidir si negar o aceptar el don de la salvación no hay necesidad de una regeneración anterior a la fe.

Dios los bendiga.

Kittel, G., Friedrich, G., & Bromiley, G. W. (2002). Compendio del diccionario teológico del Nuevo Testamento (pp. 121–122). Grand Rapids, MI: Libros Desafío.

Strong, J. (2002). Nueva concordancia Strong exhaustiva: Diccionario (p. 62). Nashville, TN: Caribe.

Cayuela, N. L. (Ed.). (1997). Diccionario general de la lengua española Vox. Barcelona: VOX.

Vine, W. E. (1999). Vine diccionario expositivo de palabras del Antiguo y del Nuevo Testamento exhaustivo (electronic ed.). Nashville: Editorial Caribe.

De Andrade, C. C. (2002). En Diccionario Teológico: Con un Suplemento Biográfico de los Grandes Teólogos y Pensadores (p. 266). Miami, FL: Patmos.

Manser, M. H. (2012). Diccionario de temas bíblicos. (G. Powell, Ed.). Bellingham, WA: Software Bíblico Logos.

Kuhn, H. B. (2009). REGENERACIÓN. En R. S. Taylor, J. K. Grider, W. H. Taylor, & E. R. Conzález (Eds.), E. Aparicio, J. Pacheco, & C. Sarmiento (Trads.), Diccionario Teológico Beacon (pp. 583–584). Lenexa, KS: Casa Nazarena de Publicaciones.

Erickson, M. J. (2008). Teología sistemática. (B. Fernández, Trad., J. Haley, Ed.) (Segunda Edición., p. 940). Viladecavalls, Barcelona: Editorial Clie.

Pinson, J. M. (2006). Introducción. En J. M. Pinson, N. A. Ozuna, A. F. Ortiz, & D. G. Bataller (Eds.), P. L. Gómez Flores (Trad.), La seguridad de la salvación: Cuatro puntos de vista (p. 19). Viladecavalls, Barcelona: Editorial Clie.


La paloma, el buitre y el libre albedrío.

La paloma, el buitre y el libre albedrío.

Por: Damián Ayala

Me anime a escribir sobre este tema al leer un post del Pastor Sugel Michelén en el blog amigo http://elteologillo.wordpress.com que sin duda es una muy inteligente disertación. Quiero mencionar que este post que publico, no es en contra del ministerio, ni contra el blog antes mencionados, mas bien es en contra  de la postura calvinista radical que enseña que el hombre no tiene libre albedrío para elegir el don de Dios.

Según el calvinismo radical, no podemos recibir la salvación por medio de un acto libre de fe, puesto que estamos en un estado tan completamente depravado (en sentido intensivo), muertos en nuestros pecados, que no tenemos ni siquiera la capacidad de aceptar el don de la salvación. Dios ha de regenerar a los pecadores mediante su Gracia irresistible antes de que sean capaces de creer.

Para probar esto el hermano Sugel Michelén usa la ilustración siguiente: -Podemos ilustrarlo de esta manera: si yo pongo a escoger, libremente, a un buitre y una paloma, la comida que quiere comer, y pongo delante del buitre, alpiste y carroña; y pongo delante de la paloma, alpiste y carroña. El buitre libremente va a escoger la carroña; la paloma, libremente va a escoger el alpiste, porque es parte de su naturaleza. Para yo hacer que el buitre escoja el alpiste en vez de la carroña, tengo que “palomizar” su naturaleza, yo tendría que -cambiar su naturaleza-. Y eso es exactamente lo que hace Dios en la regeneración: él -cambia la naturaleza humana- y hace una transformación de tal manera que yo libremente escojo a Cristo. No fue obligado, fue libremente, pero ya Dios había hecho una obra previa en mí.-

Sin duda es una muy inteligente analogía, pero hay que admitirlo, es engañosa, nace del error, y está basada en su sistema teológico y no en la Escritura, son solo especulaciones de algo que no tiene sustento bíblico. Les explico; la ilustración contempla dos aves de diferente especie, esto busca poner en la mente del lector que el hombre en la caída -paso a ser de otra naturaleza-, digamos, era paloma y ahora es buitre, una vez y los lectores se comen este cuento y en su mente aceptan esta mentira, nuestro amigo palomiza al buitre.. lo cambia de naturaleza… era buitre ahora es paloma.

Esto puede funcionar en el sistema teológico de nuestros amigos calvinistas radicales, pero esto no funciona en la verdad bíblica. El hombre no cambió de naturaleza en la caída, mas bien, -su misma naturaleza- fue depravada, corrupta, fue deformada, o en otras palabras, se contaminó completamente con el pecado (en sentido extensivo). El concepto de depravación total a menudo no se interpreta correctamente. “No significa que el hombre sea totalmente malo, sino que no hay nada en él que no haya sido contaminado por el poder del pecado”

Para salir del problema de los hombres títeres hacen una maniobra intelectual, ya no niegan el libre albedrío abiertamente para aceptar el don de la salvación, solo disfrazan su postura con el cuento que Dios      -cambia la naturaleza en la regeneración para que los hombres decidan libremente-. El engaño mayor esta en la afirmación, -No fue obligado, fue libremente…- ¿No fue obligado? ¿Acaso alguien le pregunto al buitre si quería ser paloma?, en el supuesto de que Dios te regenere sin tu consentimiento, no es un ultraje a tu libre albedrío… Muy parecido a un robot, solo es cuestión de cambiar el chip para que haga lo que yo quiero.

Para entender un poco esta locura, nuestros amigos calvinistas radicales llegan a la palabra con un sistema teológico en su mente, entonces ellos deducen que la regeneración es antes que la salvación, ellos especulan que Dios en su soberanía te regenera y después te da la salvación. El testimonio de la Palabra nos enseña que los hombres son regenerados por que recibieron el don de Dios, el efecto de la obra de Cristo, es la regeneración y la salvación de los hombres.

Tanto el AT como el NT dan testimonio de que la imagen de Dios en el ser humano ha sido seriamente dañada (no destruida, o que pertenecemos a otra naturaleza) por la caída. (c.f Génesis 9.6). Lo que hace Dios es restaurar esta imagen y semejanza en el nuevo nacimiento, (c.f Efesios 4.24) la imagen de Dios no ha sido completamente borrada de la humanidad caída, sino solamente difuminada, distorsionada, deformada, corrompida.

Una ilustración mas honesta para este sistema teológico sería, imagine una paloma que por alguna razón se corrompió en su naturaleza, que en vez de comer alpiste come carroña. Para que la paloma coma alpiste tengo yo que restaurar su misma naturaleza….. no se palomiza, sino se restaura. Fuera de toda ilustración, la cuestión es, ¿en que momento el hombre es restaurado. ¿Antes de aceptar a Cristo o después de aceptarlo? ¿Somos regenerados por la obra de Cristo o somos regenerados sin necesidad de ella? Este punto lo veremos en el próximo post “La paloma, el buitre y la regeneración.”

Los calvinistas radicales sostienen que la única forma en que Dios puede ser soberano y generoso es si de manera incondicional escoge a algunos para salvación y a continuación los salva obrando con Gracia irresistible.

Con todo respeto, no estoy de acuerdo con esta concepción de la Soberanía de Dios. Creo que cuando se trata de considerar los consejos eternos de Dios, la prudencia se hace especialmente necesaria. Generalmente los calvinistas radicales han advertido que, cuando analizamos los decretos de Dios respecto al ordo salutis, hay que tener en cuenta que estamos hablando de un orden lógico, no cronológico. Si esto es realmente así, ¿qué consecuencias se derivarían de ello? La implicación evidente es que estamos considerando una cuestión lógica con respecto al modo en que Dios decide llevar a cabo la Salvación de la Humanidad. Cuando los calvinistas radicales observan al hombre caído, le ven «muerto en pecados» e «incapaz de hacer ningún bien espiritual». Por ello, el calvinismo enseña que Dios obra en las personas en el marco de una relación de causa y efecto con una «Gracia irresistible», mediante la cual se efectúa su salvación. Sin embargo, si se trata de una cuestión lógica, Dios podría entonces haber decidido remediar la situación de la Humanidad por un procedimiento distinto del particularista que se basa en causas y efectos. En otras palabras, cuando Dios vio a la raza humana en un estado tan precario y necesitado —«muerta en pecados» e «incapaz de hacer el más mínimo bien espiritual»— lógicamente, nada le hubiera impedido decidir soberanamente alcanzar a todas las personas mediante una Gracia capacitadora pero no irresistible. Esto es, capacitando a la persona por esta gracia para que ella pueda elegir libremente el don de la salvación.

Los calvinistas radicales tienen razón en su observación de que los humanos caídos están «muertos en sus pecados» y son incapaces de llevar a cabo ningún bien espiritual -por sí mismos.- Es decir, no pueden iniciar ni lograr su salvación. Solo pueden recibirla como un don de Dios. Solo somos capaces de creer después de que Dios haya obrado en nuestro corazón mediante su gracia capacitadora, no antes, en otras palabras, no obra de una manera coercitiva, obra de una manera capacitadora. En otras palabras, Dios habilita al hombre sin necesidad de regenerarlo para que responda positiva o negativamente a su invitación.

No hay nada ilógico cuando se dice que Dios puede ofrecerle a la humanidad caída su gracia capacitadora, Dios puede permitir que el pecador tenga la posibilidad de aceptar o resistir su oferta de Gracia (una Gracia que ha sido capacitado para aceptar). El evangelio es poder de Dios, ¿poder para que? para salvación!! El propio Dios determinó que la gente se salvase por la predicación del evangelio.

Cuando me preguntan, el hombre tiene libre albedrío para elegir el don de Dios, yo siempre contesto. Si, tomando en cuenta que del hombre que hablamos es alguien que se le predicó el evangelio, no uno que jamas a escuchado de ello. ¿Que quiero decir con esto? Las personas que jamás han escuchado el evangelio, no pueden venir por ellos mismos al Dios verdadero, no habrá hombre que sin escuchar las buenas nuevas un día se levante diciendo, elijo rendirme al Dios verdadero!!,. Pero a los que si se les a predicado es distinto, siempre que se predica el mensaje de la cruz, Dios capacita  a los oyentes para que ellos puedan decidir libre mente (Juan 16.8) (no los regenera… los capacita, la regeneración es después), algunos lo rechazan y otros lo aceptan. Los que aceptan, son salvos y regenerados.

No existen condiciones para impartir la Salvación, sin embargo, la fe es la condición para recibirla. Esto se debe a que en la salvación, Dios opera con los pecadores mediante el principio de «influencia y respuesta» y no «por causa y efecto». Es decir, Dios no aplica una Gracia irresistible a personas que no quieren ser salvas. En el momento de la conversión no viola nuestro libre albedrío. La fe es una causa instrumental de la Salvación. Es decir, que Dios utiliza la fe como causa secundaria para la recepción del don de la Salvación. De modo que, Dios es la Causa primaria de nuestra recepción de la Salvación, y la libre elección, la secundaria. Y solo Dios es la Causa primaria de la fuente de la Salvación. (c.f Lucas 7.50)

El problema de los calvinistas radicales es que asumen erróneamente la Expiación limitada («el particularismo») como un a priori. Imponen al texto bíblico su concepción de la Expiación en lugar de permitir que tal concepción surja de lo que afirma la Escritura. Asumen sistemáticamente esta idea particularista y luego fuerzan al texto para que encaje con ella. La restricción del término «mundo» a los escogidos es solo un ejemplo. Hacer que «todos» signifique «algunos» en 1 Timoteo 2:4 es otra muestra de lo mismo. Los calvinistas radicales se acercan al texto de la Escritura con un sistema estrictamente cohesionado por la lógica. Pero que no se deriva solo de la Escritura

Dios los bendiga.

1.- Horton, Michael S. ; Geisler, Norman L. ; Ashby, Stephen M. ; Harper, J. Steven ; Pinson, J. M. ; Ozuna, N. A. ; Ortiz, A. F. ; Bataller, D. G. (eds.) ; Gómez Flores, P. L. (trad.): La seguridad de la salvación: Cuatro puntos de vista, Colección Teológica Contemporánea. Viladecavalls, Barcelona : Editorial Clie, 2006

2.- Pinson, J. Matthew ; Gómez Flores, P. L. (trad.): Introducción. En: Pinson, J. M. ; Ozuna, N. A. ; Ortiz, A. F. ; Bataller, D. G. (eds.): La seguridad de la salvación: Cuatro puntos de vista, Colección Teológica Contemporánea. Viladecavalls, Barcelona : Editorial Clie, 2006


La misión de la iglesia de la prosperidad

La misión de la iglesia de la prosperidad

La misión de la iglesia de la prosperidad

AUTOR: Will Graham

Dado que las Iglesias de la prosperidad rechazan la enfermedad, la pobreza y la escasez y la tachan de ‘falta de fe’, una culpabilidad impregna a los hermanos que sufren.

22 DE MARZO DE 2014

La semana pasada vimos cómo el Evangelio de la prosperidad está distorsionando las doctrinas bíblicas de Dios y de Cristo. Hoy queremos examinar cómo dicho movimiento está modificando la eclesiología (doctrina de la Iglesia) y la misiología (doctrina de las misiones).

Si queremos defender a nuestras congregaciones de la avalancha de falsa doctrina que se acerca a España, nos resulta necesario volver a indagar en las Escrituras para poder identificar los errores de la Teología de la prosperidad y así confrontarlos valientemente a la luz de la Palabra de Dios.

¡Estudiemos, pues!

LA DOCTRINA DE LA IGLESIA

En primer lugar, hablemos de la eclesiología. En los círculos de la prosperidad la Iglesia deja de ser la congregación del pueblo peregrino de Dios para convertirse en un exitoso negocio centrado en la autoestima, la influencia mundana y la comercialización de productos religiosos. El cielo ya no es la esperanza de la gloria venidera del Reino de Dios, sino una realidad para ser vivida y disfrutada aquí y ahora. La perspectiva escatológica del cristianismo se pierde y la iglesia se convierte en un asunto puramente terrenal (al igual que se hizo en la cristiandad medieval). “¡Olvida el futuro!”, dicen, “¡El presente es lo único que importa!”

Dada esta perspectiva enteramente mundana, de un plumazo los pobres y necesitados son expulsados de la alta sociedad de la prosperidad cristiana y sustituidos por los ricos, los adinerados, los prósperos y por aquellos considerados lo suficientemente buenos como para formar parte de su ‘club de la felicidad’. El mensaje desde el púlpito ya no es ‘Cristo y éste crucificado’, sino ‘Tú y lo tuyo glorificados’. La fe, por consiguiente, se convierte en un asunto puramente egocéntrico donde el discípulo sólo procura su propio beneficio. Ya no existimos para la gloria de Dios. ¡Él existe para nosotros!

Aunque el Evangelio de la prosperidad se ha infiltrado en una amplia gama de denominaciones cristianas, hay un denominador común en cuanto a su gobierno, esto es, un líder autoritario y carismático en la parte superior de la estructura piramidal de poder que disfruta de una ‘conexión directa’ con el Todopoderoso. Estos líderes se especializan en exageraciones, eufemismos y repeticiones en el púlpito para manipular emocionalmente a las masas y asegurarse de que cualquier persona en la iglesia que se atreva a cuestionar lo que dice el predicador es del diablo. En este sistema- fabricado por el hombre- las visiones, los sueños y la profecía personal reemplazan la autoridad de la Biblia; y al ideal de la Reforma del sacerdocio universal de todos los creyentes se le asesta un golpe de gracia final.

Dado que las Iglesias de la prosperidad rechazan la enfermedad, la pobreza y la escasez y la tachan de ‘falta de fe’, una culpabilidad impregna a los hermanos que sufren, ya que consideran que están cayendo en el pecado de la incredulidad. ¿Tienes una fractura de cadera? ¿Un dolor de cabeza? ¿Una nariz que sangra? ¿Llevas gafas? ¡Sólo confiesa tu pecado y serás sanado! O siempre puedes ir a la tienda de recuerdos de la iglesia para comprar un pañuelo ungido y personalmente bendecido por el pastor (el cual está demasiado ocupado para hablar contigo) o una botella de aceite de oliva firmada por tu evangelista favorito o alguna oferta limitada de agua bendita recientemente importada del río Jordán. Suena ridículo, ¿no es así? Pero esa es la cruda realidad de lo que está pasando hoy en día en estos clubes de negocios religiosos. ¿Nos reímos o lloramos? Esta- lamento tener que decirlo- no es la Iglesia del Nuevo Testamento. La casa de nuestro Padre se ha convertido, una vez más, en una cueva de ladrones que se alimenta de la desgracia de los demás (Mateo 21:13).

Al analizar estas perturbadoras realidades en el mundo de la Iglesia contemporánea, he llegado a la siguiente conclusión: el Evangelio de la prosperidad nos lleva de regreso a Roma. ¿Qué quiero decir con eso? Quiero decir que la creciente estructura jerárquica y autoritaria de la política y la actividad de la Iglesia de la prosperidad , su doctrina herética y errónea respecto de Dios y de Cristo (y el consecuente déficit de profundidad teológica), la falta total de una saludable autocrítica constructiva, la desaparición del sacerdocio universal de todos los creyentes, el abuso de los mecanismos de la culpa, y la comercialización de artefactos religiosos, nos están llevando de regreso a los días de la pre-Reforma. Estamos volviéndonos a la religión de las indulgencias católicas de Juan Tetzel, y escupiendo en el rostro de Lutero.

LA DOCTRINA DE MISIONES

En segundo lugar, nos enfocaremos en la misiología. En pocas palabras, las misiones del Nuevo Testamento y las misiones de la Teología de la prosperidad se parecen tanto la una a la otra como la tiza al queso. En los círculos de la prosperidad, el primitivo kerygma (proclamación) de arrepentimiento y fe en Dios para salvación eterna es rechazado por un mensaje de ‘siéntete bien’ que masajea el ego y hace del hombre un dios. El infame Kenneth Copeland dijo, “No tienes un dios en ti, tú eres uno.” Este tipo de pensamiento es la manifestación de una religión totalmente basada en caprichos humanos y antojos carnales. Así que, ¡olvídate de convertirte en una nueva criatura! ¡Simplemente sé un dios! ¡Esa sí es la misión real! ¿No fue ésta la mismísima misión que la serpiente entregó a Eva en el Edén? “¡Sé una diosa!” (Génesis 3:5).

El discipulado también es muy distinto en el Evangelio de la prosperidad . En lugar de obedecer al Señor con un amor libre por su gracia soberana, se anima a los santos de Dios a obedecer por lo que pueden obtener del Señor. Su razonamiento es algo así: “Si me mantengo en santidad, un día voy a estar en una plataforma sanando a miles de personas, o si me mantengo alejado del pecado, Dios se verá obligado a derramar una indescriptible bendición sobre mi vida”. Esta mentalidad es lo que el Nuevo Testamento describe como el Evangelio de ‘panes y peces’. Se trata de un Evangelio que se centra en el ego (yo) humano. Multitudes seguían a Jesús y estaban dispuestos a hacerlo siempre y cuando vieran milagros, señales y prodigios, y tuvieran pescado y pan para comer antes de irse a casa. Pero en el momento en que Jesús comenzó a hablarle a la multitud sobre la importancia del auto-sacrificio y el martirio para la causa de Cristo, todos desaparecieron (Juan 6:66). ¿Cuántas personas seguirían de manera voluntaria a Cristo si no obtienen nada a cambio excepto el rechazo, la angustia, el odio y la muerte? Pocos, contestarás. Pero esos pocos son los verdaderos discípulos. Abrazan la misión de Jesús cueste lo que cueste.

Otro importante desafío al concepto tradicional de las misiones tiene que ver con el Reino de Dios. La Teología de la prosperidad tiende a inclinarse hacia un entendimiento de la escatología centrada en disfrutar de ‘tu mejor vida ahora’, en lugar de predicar con entusiasmo sobre la inminente Segunda Venida del Señor Jesucristo. Históricamente hablando, es interesante observar cómo la Iglesia perseguida siempre ha puesto mucho énfasis en la gloria que viene (como la Iglesia anterior a Constantino o las iglesias subterráneas de hoy en Rusia, China y Corea del Norte, etc.), mientras que las iglesias con estabilidad financiera, las cuales están políticamente establecidas en el mundo, se centran en temas no escatológicos, tales como la psicología, el sentimentalismo y el éxito social. La ansiosa expectativa futura por la anunciación del Reino eterno de Dios se echa a un lado en nombre del presente. En otras palabras, Abraham fue un necio por haber esperado una mejor ciudad cuyo arquitecto y constructor era Dios (Hebreos 11:10), lo que debería haber hecho es quedarse en Ur y hacer una institución de sí mismo.

Y, como última observación, la forma de las misiones es notablemente diferente de la del Nuevo Testamento. Las misiones primitivas fueron llevadas a cabo por hombres (y mujeres) pobres y arruinados que no poseían nada más que fe en Cristo; no por intrigantes empresarios y estrellas religiosas de televisión vestidos con llamativos trajes de diseño y joyas caras. Aquellos primeros creyentes eran verdaderos testigos de la verdad. Su forma de predicar- y creo que estarás de acuerdo conmigo- está a un millón de años luz de distancia del mensaje de la Prosperidad, el cual es un anuncio de éxito, triunfalismo y conlleva una fuerte negación de la teología del sufrimiento/dolor.

CONCLUSIÓN

Con todo, nuestro estudio sirve para demostrar la perversión del cristianismo auténtico llevada a cabo por una escuela de pensamiento (y de práctica) que poco tiene de la aprobación del Espíritu Santo.

El Evangelio de la Prosperidad , para ser fiel a sus moribundas y agonizantes raíces evangélicas, debe volver al verdadero mensaje de las misiones, es decir, el arrepentimiento y la fe; promover los valores del verdadero discipulado; enfatizar la pronta venida de Cristo; y recuperar algo del espíritu de los primeros discípulos.

Tal y como está en este momento, la Teología de la Prosperidad está tan lejos del verdadero Evangelio como cualquier otra ideología mundana. Volver al Evangelio verdadero debería ser la preocupación principal para los predicadores de prosperidad contemporáneos.

El Evangelio de la prosperidad , pues,ofrece una eclesiología y una misiología totalmente distintas al legado que hemos recibido de nuestros queridos antepasados protestantes, los cuales se negaron a moverse ni un milímetro de lo que decía la Escritura. Pero, a pesar de este preocupante estado de las cosas, confiemos hermanos, porque el Rey Jesús sigue declarando: “Edificaré mi iglesia y las puertas del Hades (y las puertas del Evangelio de la Prosperidad ) no prevalecerán contra ella” (Mateo 16:18).

(Traducido por Julian Esquinas)

Autores: Will Graham

Nota del administrador, este post fue tomado del blog amigo :El blog del Pastor Daniel


Excelencias del planeta azul

Excelencias del planeta azul

Por: Antonio Cruz Suárez

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La segunda predicción del principio de la mediocridad -mal atribuido a Copérnico, según vimos- afirma que el Sol es una estrella bastante ordinaria y típica. Hoy podemos decir, sin embargo, que el Sol no se ajusta para nada a esta afirmación ya que es bastante atípico. De hecho, se encuentra entre el 9% de las estrellas con mayor masa de la Vía Láctea. Su luz varía bastante menos que la media de la luz de estrellas similares a él en edad y actividad de manchas solares, evitando así que se produzcan cambios radicales del clima en la Tierra.A la vez, sus particulares condiciones abren información científica vital de un modo más abundante que muchos tipos de estrellas que son más comunes en el cosmos.

La tercera predicción dice que el Sistema Solar es también típico y que cabe esperar que haya muchos sistemas como él. No obstante,los descubrimientos de otros planetas extrasolares vienen a contradecir esta afirmación. La mayor parte de tales planetas tienen órbitas excéntricas que describen elipses muy estrechas y alargadas, bastante en contraste con los planetas de nuestro Sistema Solar. Aún no se tienen suficientes datos, pero los que se van recopilando sugieren que el nuestro es un sistema muy atípico en relación a su habitabilidad.

Una cuarta predicción de mediocridad afirma que el número y tipo de planetas y satélites de un sistema tienen poco que ver con la existencia de vida en ellos. Esta aseveración también está equivocada ya que los planetas grandes, como por ejemplo Júpiter, protegen a la Tierra de los impactos provocados por meteoritos o asteroides. Si no fuera por este gran gigante gaseoso tampoco podríamos habitar nuestro querido planeta azul. Probablemente alguna colisión catastrófica nos habría borrado ya del universo. ¿Casualidad o diseño?

La quinta predicción dice que la localización de nuestro Sistema Solar en la Vía Láctea carece de importancia. ¿Es esto así? El Sistema Solar está localizado en la Vía Láctea a miles de años luz del centro de la galaxia y cerca de un brazo espiral. Los defensores del principio de Copérnico vieron este descubrimiento como una confirmación de su teoría. Sin embargo, ahora sabemos que el centro de la galaxia, lo mismo que el infierno de Dante, es el último lugar donde querríamos estar. En el centro de las galaxias hay agujeros negros, zonas polvorientas, luz contaminada con rayos gamma, radiación abrasadora y no es posible de ninguna manera la vida. Nuestro Sistema Solar está ubicado dentro de una estrecha región habitable del espacio. Ocupamos el mejor lugar de la galaxia no sólo para vivir sino también para aprender sobre las estrellas y el universo. Igual que existe una Zona Habitable Circumestelar en nuestro Sistema Solar, también hay una Zona Habitable Galáctica que permite la existencia de agua líquida para la vida en este preciso lugar de la Vía Láctea.

Dice la sexta proposición de la mediocridad que nuestra galaxia no es particularmente excepcional o importante y que la vida puede existir en cualquier galaxia. Esto tampoco parece ser así. Las grandes galaxias en espiral como la Vía Láctea son más habitables que las galaxias de otras edades y tipos. Alrededor del 98% de las galaxias del universo local son menos luminosas y más pobres en metales que la Vía Láctea. Hay galaxias enteras desprovistas de planetas como la Tierra. Por tanto, nuestra galaxia es un hogar especialmente adecuado para el Sistema Solar.

La creencia de que el universo era eterno en el tiempo e infinito en espacio y materia se mantuvo hasta que a principios del siglo XX, Edwin Hubble, descubrió los corrimientos al rojo, las distancias de las galaxias y dedujo la expansión del universo. Otros descubrimientos posteriores, como la radiación cósmica de fondo de microondas y la relativa abundancia de isótopos de elementos ligeros, vinieron a corroborar dicha idea. Hoy se asume la teoría del Big Bang, que acepta que el universo tuvo un principio en el tiempo, igual que la Tierra y el resto de los astros. Pero, al no querer aceptar esta evidencia, pues la noción de creación no les gusta, algunos científicos han sugerido el modelo de un “universo oscilatorio”. La idea de que nuestro universo sería sólo un episodio de un ciclo de Big Bangs, expansiones y regresiones. Sin embargo, esta teoría presenta serios inconvenientes: la energía disponible para el trabajo de expansión decrece con cada ciclo sucesivo, por lo que el universo si es eterno habría alcanzado ya un equilibrio inerte hace tiempo; las medidas realizadas sugieren que el universo tiene solamente una fracción de la masa requerida para crear una contracción gravitacional en primer lugar; y no solo la expansión del universo no está ralentizándose lo suficiente para implicar una posible contracción, sino que realmente está acelerándose. La teoría del Big Bang implica que el universo no es eterno ni infinito. Además, nuestro tiempo y lugar en el cosmos están bien sintonizados para la vida inteligente y el desarrollo de la tecnología.

Otra predicción mediocre afirma que las leyes físicas no están especialmente preparadas para la existencia de vida inteligente. Se ha comprobado que esto tampoco es así. Las leyes del universo parecen intrincadamente bien afinadas para la existencia de vida en la Tierra. En su última época, el astrofísico Fred Hoyle, un astrónomo manifiestamente ateo, escribió: “Una interpretación de sentido común de los hechos sugiere que un superintelecto ha jugado con la física, y también con la química y la biología, y que no hay fuerzas ciegas de las que valga la pena hablar en la naturaleza” [1] . Esta conclusión obviamente no era de su agrado, pero no tuvo más remedio que reconocerla ante la abrumadora cantidad de hechos que la demandaban. Desde entonces, lentamente se ha venido reconociendo que el universo tiene una especie de “ADN cósmico”. Toda una serie de factores que han venido colaborando entre sí con gran precisión para permitir nuestra existencia. Esto se conoce como el principio Antrópico. Tales coincidencias serían como los “genes del universo” que han codificado la formación de la vida. Existen notables correlaciones entre la constante gravitatoria, la constante de Plank, las singulares propiedades de la molécula de agua, y muchos otros precisos números de la física y la química del universo, en los que una leve desviación de sus equilibrios haría imposible la vida humana en la Tierra. Estos valores parecen haber sido finamente ajustados para permitir la existencia del ser humano. La ciencia contemporánea no puede evitar un componente antrópico y viene a decirnos que, después de todo, sí parecemos importantes para alguien. A muchos cosmólogos ateos les repugna esta idea y procuran encontrar vías de escape. Sin embargo, los hechos son los hechos.

No queda más remedio que reconocer que el principio de la mediocridad ha fracasado al interpretar el mundo. Es verdad que ni la Tierra ni el Sol son el ombligo del universo. Es cierto que el ser humano no habita en el centro geográfico o espacial del cosmos, entre otras cosas porque el universo, tal como lo concibe la teoría del Big Bang, no tiene centro. No obstante, ¿acaso no es verdad que, en cierto sentido, hemos anidado en el verdadero “centro” del universo? No en un trivial sentido espacial, sino con respecto a la habitabilidad y a la  mensurabilidad , es decir, a la posibilidad de medir e investigar el cosmos. Este hecho contradice todas las expectativas del principio de Copérnico y constituye por sí mismo otro principio que podríamos llamar el “principio de la Excelencia”. A veces, da la impresión que puesto que la Tierra y sus habitantes son diminutos en comparación con todo el universo, también somos insignificantes. Esta es la idea que parece expresar el salmista:  Cuando veo tus cielos, obra de tus dedos, la luna y las estrellas que tú formaste, digo: ¿Qué es el hombre para que tengas de él memoria, y el hijo del hombre para que lo visites?  (Salmo 8:3-4). Se trata de algo obvio que expresa la pequeñez humana comparada con la grandeza de Dios.

Sin embargo, el tamaño físico no es un indicador fiable de significado. Nosotros o la misma Tierra, debemos ser realmente importantes, puesto que, en la escala de tamaños que va desde los  quarks  hasta el universo, nos encontramos extrañamente cercanos a la mitad. El punto de vista oficial hoy entre los científicos y académicos es que la noción de diseño inteligente no es científica o al menos resulta superflua para la práctica de la ciencia natural. No obstante, después de observar los hechos, creo que esa opinión no está acertada. El diseño es la mejor explicación para el origen de las criaturas, así como para la correlación entre habitabilidad y mensurabilidad. Un universo tan hábilmente labrado para la vida y para la investigación científica, parece ser el susurro de una inteligencia extraterrestre inconmensurablemente más grande, más antigua y más espléndida que cualquier otra cosa que pudiéramos imaginar.

La Biblia no sólo afirma que  en el principio creó Dios los cielos y la tierra  (Gn 1:1) sino que también somos especialmente importantes para él. Por eso nos colocó en un marco idóneo. Nuestra ubicación en el cosmos es la mejor no sólo para poder vivir sino también para hacer ciencia. Y no sólo nos puso en este medio ambiente adecuado, sino que asimismo nos visitó en la persona de Jesucristo. Si Dios es el diseñador supremo que lo hizo todo con un propósito, nuestra vida tiene sentido, la moralidad un sólido fundamento y, por tanto, podemos saber cómo debemos vivir.

  [1] Hoyle, F., 1982, “The universe: Past and Present Reflections” , Annual Review of Astronomy and Astrophysics  20, p. 16.


La Tierra no es mediocre

La Tierra no es mediocre

Por: Antonio Cruz Suárez

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Se dice que la Tierra no está excepcionalmente dotada para la vida y que posiblemente hay vida en otros planetas ya que ésta debe ser algo común en el universo. ¿Es esto así?

A principios de 1543 falleció el monje y astrónomo polaco Nicolás Copérnico. Durante muchos años estuvo trabajando en la teoría de su vida: el heliocentrismo. La idea de que la Tierra giraba alrededor del Sol y no al revés, como hasta entonces se pensaba. 

Actualmente se ha extendido el mito que afirma que, en la época de Copérnico, la mayoría de las personas creía que la Tierra era plana. Nada más lejos de la verdad. Las escuelas del momento enseñaban la visión griega de que nuestro planeta era una esfera. Fue el escritor estadounidense del siglo XIX, Washington Irving, quien se inventó la leyenda de que durante la Edad Media se pensaba que la Tierra era plana. Pero, en realidad, no era así ( 1 ).

Pues bien, Copérnico fue plenamente consciente de que su teoría, que había sido presentada al papa Pablo III, sería controvertida sobre todo entre los astrónomos. Éstos asumían el sistema ptolemaico que, durante mil doscientos años, venía diciendo que el Sol giraba alrededor de la Tierra (geocentrismo). Este sistema funcionaba pero requería constantes y tediosas correcciones. Incluso se dice que Alfonso X el Sabio (1221-1284), cientos de años antes, había comentado: “Si yo hubiera estado presente en el momento de la creación, habría ofrecido algunas sugerencias útiles para ordenar mejor el universo” ( 2 ).

Semejante presunción de querer hacer la cosas mejor que el Creador, comprensible desde la visión del geocentrismo, sigue hoy en boca de algunos paladines del Nuevo ateísmo, en relación a otros temas. Un segundo mito que envuelve la historia de Copérnico -tal como se vio la pasada semana- es el de que los filósofos medievales pensaban que la Tierra era el centro del universo porque era muy especial. En realidad, creían todo lo contrario. Estaba en el centro precisamente por no tener nada de especial. Se trataba de un planeta rocoso, pesado, inferior y desde luego no era un cuerpo “celeste”. Todos los objetos pesados caían hacia su interior que era progresivamente más caliente. De manera que allí debía estar el infierno, en el peor lugar del cosmos. Desde luego, Copérnico no lo tenía fácil. Su teoría desmontaba muchos mitos de la época.

Paradójicamente, aquella afirmación copernicana de que la Tierra no está en el centro del Sistema Solar ha venido evolucionando hasta convertirse en una doctrina filosófica que asume que el planeta y sus habitantes no son significativamente especiales. Si la Tierra no es el centro, el ser humano tampoco. Pero, resulta que Copérnico estaría absolutamente en contra de semejante conclusión. Trasladar la Tierra desde el centro infernal a una posición próxima a los demás cuerpos celestes era elevarla en rango y dignidad. A pesar de todo, a este principio anti-copernicano de la mediocridad de la Tierra y sus moradores se le ha colocado la rúbrica de Copérnico. ¿Qué predicciones realiza dicho principio?

En primer lugar, se dice que la Tierra no está excepcionalmente dotada para la vida y que posiblemente hay vida en otros planetas ya que ésta debe ser algo común en el universo. ¿Es esto así? Veamos las siguientes características contrarias a dicha predicción que confirman que el planeta Tierra no tiene nada de común. El sistema formado por la Tierra más la Luna no sólo hace posible la vida sino también el conocimiento científico. El gran satélite plateado estabiliza y conserva la inclinación del eje terrestre, con lo cual hace posible un clima más estable que favorece la existencia de los organismos. Si su masa fuese diferente causaría importante fluctuaciones climáticas incompatibles con la existencia de vida en la Tierra. Por otro lado, si la órbita de la Tierra fuera un poco más grande de lo que es, la temperatura en su superficie variaría notablemente y ésta sería menos habitable. La Luna provoca mareas en los océanos que remueven los nutrientes marinos y los mezclan con los que arrastran los ríos desde la tierra. Esto genera zonas litorales fértiles que contribuyen al ciclo de la vida acuática.

Como el Sol está alrededor de cuatrocientas veces más lejos de la Tierra que la Luna, pero es también cuatrocientas veces más grande, resulta que ambos cuerpos aparecen con el mismo tamaño en nuestro cielo. Esto hace que los eclipses de la Tierra sean los mejores del Sistema Solar y que, por tanto, un observador situado en nuestro planeta pueda discernir mejor pequeños detalles de la cromosfera del Sol y de su corona que desde cualquier otro planeta. Los eclipses de Sol han permitido el avance de la astronomía ya que han ayudado a descubrir la naturaleza de las estrellas, han proporcionado un experimento natural para probar la teoría de la relatividad de Einstein y han servido para medir el retraso de la rotación terrestre. El Sol, la Tierra y la Luna constituyen los componentes primarios de un espectroscopio gigante. Es posible interpretar la luz de las estrellas distantes y determinar su composición química.

La forma de la sombra circular de la Tierra sobre la Luna indicó ya a los antiguos griegos, como Aristóteles, que nuestro planeta era una esfera. La Luna actúa como un telescopio gigante ya que permite detectar objetos muy pequeños o muy juntos para poderlos medir desde la superficie terrestre. Si la Tierra estuviera más cerca del Sol sería como un invernadero con calefacción y tendría una atmósfera espesa como la de Venus, imposible para la vida. Pero si estuviera más lejos necesitaría más dióxido de carbono en su atmósfera para mantener el agua en la superficie. Algo que también iría contra la vida animal. Por tanto, nuestro planeta, es el lugar más habitable de todo el Sistema Solar y además posee la mejor vista de eclipses solares en el momento en el que los observadores los pueden apreciar mejor. Luego, la Tierra es un planeta único, privilegiado para la habitabilidad y la mensurabilidad. Esta es la tesis que defienden Guillermo González y Jay W. Richards en su libro:  El planeta privilegiado ( 3 ).

En la misma línea de observaciones, sabemos que el campo magnético terrestre sirve como primer escudo de defensa contra las partículas de los rayos cósmicos de las galaxias, capaces de generar otras partículas secundarias que pueden atravesar nuestros cuerpos y producir daños en las células. La Tierra tiene el tamaño adecuado para la vida. Si fuera algo más pequeña sería menos habitable ya que variaría su gravedad, perdería la atmósfera con rapidez y su interior se enfriaría demasiado como para poder generar un fuerte campo magnético. Los planetas más pequeños tienden a tener órbitas peligrosamente erráticas. Y al revés, si fuera más grande tendría mayor gravedad y atmósfera. Pero una alta presión en superficie haría disminuir la evaporación del agua y se incrementaría la viscosidad del aire, haciendo la respiración más difícil.

Mucha gente asocia los terremotos con muerte y destrucción, pero, irónicamente, los seísmos son una inevitable muestra del desarrollo de fuerzas geológicas muy ventajosas para la vida. El calor que fluye desde el interior de la Tierra es el motor que produce la convección del manto y los movimientos de la corteza que construyen montañas y reciclan el dióxido de carbono de la atmósfera. Fenómenos todos que hacen la Tierra más habitable. La atmósfera terrestre es lo suficientemente espesa para permitirnos respirar y protegernos de los peligrosos rayos cósmicos, mientras que, a la vez, es lo bastante transparente para poder ver las estrellas. Este frágil equilibrio constituye de forma notable algo muy improbable. No conocemos ningún otro planeta en el universo que reúna estas condiciones. A pesar de todo esto, todavía hoy muchos creen que el origen de la vida es sólo un asunto de encontrar agua líquida en cualquier lugar del cosmos durante unos pocos millones de años. Aunque en la actualidad nadie espera encontrar vida avanzada o inteligente en algún planeta del Sistema Solar, sí que creen que la vida microbiana “simple” sea algo común en el universo.

Mercurio es el planeta más cercano al Sol, lo que significa que es un mundo de ceniza desolado muy parecido a la Luna. Las temperaturas del suelo por la tarde pueden alcanzar fácilmente los 227 grados centígrados, mientras que al anochecer éstas son capaces de descender a unos 173 grados bajo cero. No hay agua ni atmósfera, por lo que resulta absolutamente inhóspito para la vida. Venus está más cerca de la Tierra pero es un auténtico infierno. Tiene una densa atmósfera de dióxido de carbono que mantiene una temperatura en superficie de 477 grados centígrados y una presión atmosférica noventa veces superior a la terrestre. Si, a pesar de tal temperatura, un ser humano consiguiera estar sobre la superficie de Venus, estaría sometido a una presión comparable a la que existe a unos mil metros bajo el mar. Así como la atmósfera terrestre posee gotitas de vapor de agua, la atmósfera venusiana tiene gotitas de ácido sulfúrico, capaz de corroer cualquier aparato o ser vivo. El medio ambiente de Marte no favorece tampoco el crecimiento ni la reproducción de organismos terrestres (al menos en los lugares en que hasta ahora se ha aterrizado). La intensa radiación ultravioleta que llega a su superficie bastaría para aniquilar la mayoría de las bacterias terrestres, y además los oxidantes del suelo destruirían cualquier molécula orgánica. A pesar de ello, su atmósfera de dióxido de carbono así como el hielo polar capaz de fundirse, han hecho pensar a muchos científicos en la posibilidad de que poseyera vida microscópica o la hubiera tenido en el pasado. No obstante, por lo que sabemos hoy, el suelo de Marte carece de moléculas orgánicas complejas.

Según nos movemos hacia afuera en el Sistema Solar, las condiciones de vida se van poniendo peor. Júpiter es el mayor de los planetas del sistema solar. La Tierra cabría de sobras en el interior de su característico sistema tormentoso ovalado que gira como un enorme remolino en el cielo de Júpiter. Tiene una espesa atmósfera formada en un 88% aproximado de gas de hidrógeno molecular y un 11% de helio. El uno por ciento restante está constituido por metano, amoníaco, agua, monóxido de carbono y otros compuestos menores. La superficie del planeta no es sólida sino líquida. No hay continentes, ni islas, sólo un inmenso y único océano viscoso de hidrógeno líquido sobre el que se eleva una espesa niebla formada por gotitas de amoníaco y agua. Júpiter no es apto para la vida, es más bien, un lugar desierto y terrible.

De las dieciséis lunas que se le conocen a Júpiter, algunas han sido propuestas como candidatas para encontrar en ellas moléculas orgánicas o incluso vida microscópica. Este es el caso de Europa, un satélite que genera mucho calor como consecuencia de la deformación mareal. La atracción que sobre él ejerce el inmenso Júpiter lo deforma y esto produce un gran aumento de temperatura en su interior. Europa está formada principalmente por agua helada y, desde el espacio, parece una blanca bola de billar. Se trata de un astro rocoso cuya corteza, que puede alcanzar entre 100 y 300 kilómetros de espesor, es de hielo bastante puro con muy pocos contaminantes y carece por completo de volcanes. La exobiología -disciplina que busca vida extraterrestre- sugiere la posibilidad de que a cierta profundidad bajo el hielo, pudiera existir un océano de agua líquida capaz de alojar vida microscópica, similar a las algas que existen bajo los hielos del Ártico o la Antártida. De nuevo, todo se basa en suposiciones que hoy por hoy son imposibles de verificar.

No obstante, esta posibilidad presenta tres serios inconvenientes: primero, si hay un océano de 100 kilómetros de espesor como mínimo bajo la superficie helada de Europa, (es decir, veinte veces más profundo que los océanos de la Tierra) ejercerá una presión tan elevada que resultará incompatible con cualquier forma microbiana de vida. Los seres vivos no pueden tolerar una presión arbitrariamente elevada; segundo, incluso aunque alguna forma extraña de vida pudiera tolerar semejantes presiones, la luz del Sol no puede penetrar el espeso hielo y eso implica que los océanos de Europa tienen muy poca energía disponible para la actividad biológica; y en tercer lugar, los océanos de Europa pueden ser un inmenso Mar Muerto del tamaño del planeta, demasiado salados para mantener la vida. Su congelación periódica hace que el agua líquida se vuelva más salada ya que la sal no se incorpora al hielo, y esto mataría a los seres vivos.

Por tanto, después de examinar todos los cuerpos celestes que constituyen el Sistema Solar, no parece que la vida sea ese fenómeno emergente que tiende a aparecer por doquier con relativa facilidad, cuando confluyen esas tres condiciones casi mágicas que propone la exobiología: agua, energía y los elementos químicos característicos de la materia orgánica. 

Más bien se confirma la hipótesis contraria. A saber, que la vida es una manifestación altamente singular y especializada, propia de un mundo con características tan especiales como las del planeta Tierra. La próxima semana concluiremos esta serie sobre la singularidad de nuestro planeta y comprobaremos el fracaso del principio de mediocridad a la luz de los actuales conocimientos astronómicos.

   1  O’Leary, D. 2011,  ¿Por diseño o por azar?,  Clie, p. 39.

   2   Oxford Dictionary of Thematic Quotations , 2000.

   3  González, G. y Richards, J. W. 2006,  El planeta privilegiado,  Palabra, Madrid.

Nota del administrador: este post fue tomado de http://www.protestantedigital.com/ES


Derrocados del centro del Universo

Derrocados del centro del Universo

Por: el apologista  Antonio Cruz Suárez

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Los astrónomos del siglo XIX y principios del XX creían que el universo era eterno e infinito. Estaban convencidos de que la idea de una creación u origen del mismo -tal como proponían las religiones monoteístas- no era propiamente científica y debía ser descartada. Sin embargo, había una cuestión que perturbaba poderosamente esta conclusión. ¿Por qué era oscuro el cielo nocturno? ¿Cómo es que durante las noches despejadas podemos observar las estrellas refulgentes brillando en un firmamento ennegrecido?

Semejante interrogante se conoce como “la paradoja de Olbers”, ya que fue este astrónomo alemán quien la reformuló en 1826, pues ya en el siglo XVII Kepler se había referido también a dicha contradicción astronómica. ¿Por qué se trata de una paradoja? Si el cosmos fuera eterno, estático y sin fin, como entonces creían los científicos, un infinito número de estrellas habrían producido desde su eternidad un firmamento brillante y uniformemente iluminado tanto de día como de noche. El cielo nocturno no tendría por qué ser oscuro sino radiante y luminoso. Pero esto, desde luego, no encajaba con la realidad observable.

La concepción actual de un universo con un pasado finito ha permitido a los astrónomos y cosmólogos resolver dicho acertijo. Hoy sabemos que no existe tal paradoja ya que el mundo tuvo un principio y, por tanto, un cielo nocturno oscuro es una evidencia en sí misma de que hubo un comienzo en el tiempo. Precisamente porque el cosmos no es infinito ni eterno resulta posible descubrir tantas cosas sobre él, a pesar de su enorme tamaño. Además, la vida en un universo que fuera estático y eterno, bañado siempre en una intensa radiación cósmica nociva para las células, seguramente no hubiera podido prosperar a pesar de la protección que supone la atmósfera y el magnetismo terrestres.

Hecha esta breve observación introductoria, me gustaría tratar un concepto, relacionado con nuestro planeta azul y el resto del cosmos, que ha entrado a formar parte de la cultura popular de Occidente. Se trata de la idea conocida como “el principio copernicano de la mediocridad”. Es una explicación que se enseña tanto en las escuelas como en la universidad y que afirma que la ciencia moderna desplazó al ser humano del prestigioso pedestal en el que se encontraba.

El hombre, que se consideraba a sí mismo como el centro del universo y medida de todas las cosas, fue relegado por los descubrimientos científicos a una posición marginal y secundaria. Primero, se comprobó que la Tierra no era el centro geográfico del mundo; después, se pensó que la vida y la inteligencia representaban algo corriente y sin propósito en el universo o que podrían haber surgido también en otros muchos lugares del cosmos; y, por último, que el propio ser humano era tan sólo una especie más, perdida entre las ramas del famoso árbol de la evolución darwinista.

El orgullo del hombre fomentado por las religiones quedaba así sin el necesario apoyo de la ciencia. Nuestro lugar en el cosmos no sería excelente, como antes se pensaba, sino mediocre u ordinario. Desde este punto de vista, la Tierra se concibe como uno más de tantos planetas en la inmensidad del cosmos que no tiene nada de significativo o especial. Probablemente existirán -se dice- muchos otros mundos similares a ella, orbitando alrededor de estrellas vulgares como nuestro Sol. Y tampoco nuestra galaxia, la Vía Láctea, sería en esencia diferente del resto de las galaxias del universo para permitir la vida.

Hace casi veinte años, el famoso astrónomo Carl Sagan, comentando una fotografía de la Tierra tomada desde una nave espacial, escribía estas reveladoras palabras: “La Tierra parece estar situada en un haz de luz, como si el mundo tuviese un significado especial, pero se trata sólo de una casualidad de la geometría y la óptica. (…) Nuestra imaginaria autoimportancia, la ilusión de que tenemos una posición privilegiada en el universo se enfrenta al desafío que presenta ese pálido punto de luz. Nuestro planeta es una solitaria mota en la inmensa oscuridad cósmica que le envuelve. En nuestra oscuridad, en esa inmensa vastedad, no hay punto de agarre para firmar que de algún sitio vendrá una ayuda para salvarnos de nosotros mismos”( 1 ). El ateísmo de Sagan -patente en casi todos sus documentales divulgativos sobre astronomía- corroboraba así el principio copernicano de la mediocridad.

Otros muchos investigadores han venido suponiendo que el universo debe estar repleto de numerosas formas de vida. Por ejemplo, el astrónomo estadounidense, Frank Drake, que fue uno de los pioneros del SETI (organización para la búsqueda de vida inteligente extraterrestre), propuso en 1961 una ecuación para llegar a conocer el número de civilizaciones que podían existir en el universo y que estarían en condiciones de usar señales de radio para comunicarse. Diez años después, usando los cálculos de Drake, Carl Sagan estimó que solamente en nuestra galaxia debía haber un millón de civilizaciones avanzadas.

Pues bien, en el siglo XXI podemos decir que los últimos descubrimientos en diferentes campos han socavado aquel optimismo por los extraterrestres, propio de los años sesenta y setenta del pasado siglo. Han aparecido evidencias, como las que analizaremos en próximos trabajos, que sugieren las extraordinarias condiciones necesarias para que pueda darse la vida. Resulta que los requerimientos imprescindibles para la biología compleja son extremadamente raros en el cosmos y la posibilidad de que se den juntos en el momento adecuado en algún otro planeta, que no sea la Tierra, es increíblemente reducida. La euforia por los viajes intergalácticos y los seres inteligentes de otros mundos que se comunican con el ser humano, se ha convertido paulatinamente en un escepticismo científico que sólo aspira ya a encontrar vida bacteriana extraterrestre. Algo que, de momento, tampoco ha ocurrido.

Antes de entrar en detalles astronómicos -algo que como digo haremos en otros artículos-, me gustaría referirme hoy a una cuestión histórica. Es falso decir, como suele ocurrir con demasiada frecuencia, que antes de Copérnico se daba a la Tierra y, por tanto, a los seres humanos que en ella habitamos, una posición de gran prestigio por considerar que residíamos en el centro geográfico del universo, mientras que las observaciones de este gran pionero de la astronomía nos relegaron a un papel secundario e insignificante. Semejante afirmación no se corresponde con la realidad. Veamos por qué.

En el esquema metafísico del mundo que se concebía en la Edad Media, el centro de todo no era el hombre sino Dios y éste no residía en la Tierra sino en los cielos. La cosmología medieval anterior a Copérnico no entendía el centro del cosmos como el lugar más privilegiado e importante sino, más bien, como todo lo contrario. Para Aristóteles, la Tierra era una especie de cisterna cerrada donde tierra, aire, fuego y agua se mezclaban con el fin de causar decadencia y muerte. Sin embargo, las esferas celestes de la Luna, los demás planetas que se veían brillar y las estrellas, eran el dominio habitual de lo eterno e inmutable.

El famoso poeta italiano, Dante Alighieri (1265-1321), en su conocida obra maestra la  Divina comedia,  describió los distintos niveles del infierno situando el trono de Satanás en el centro mismo de la Tierra. ¿Cómo podía el hombre medieval considerarse afortunado por habitar un planeta en cuyo centro residía el diablo? No era esta la idea que se tenía entonces. Pues bien, frente a semejante escenario que refleja la obra de Dante, y que supone la transición del pensamiento medieval al renacentista, no es sorprendente que Copérnico, Galileo, Kepler y otros, pudieran argumentar que situar el Sol en el centro (punto de vista heliocéntrico) elevaba el estatus de la Tierra porque la aproximaba a las esferas celestes. Justo lo contrario de lo que hoy se afirma. Lejos de degradar la posición del planeta azul, lo que decían los astrónomos renacentistas es que su nuevo esquema, con el Sol en el centro y la Tierra girando a su alrededor, ensalzaba y prestigiaba nuestro planeta. Estaban convencidos de que esta nueva posición terrestre que ellos defendían sacaba al planeta del antiguo lugar de deshonor que ocupaba en el universo aristotélico para aproximarlo a los cielos. Sin duda, una posición mucho más honrosa.

En este sentido, Galileo manifestó: “…se puede probar que la Tierra tiene movimiento, que supera a la Luna en brillo y que no es el sumidero en el que el universo recolecta lo sucio y lo efímero” 2 . Casi siempre que se habla de Galileo, Copérnico o Kepler, esto no se tiene en cuenta. Más bien se dice que estos pioneros de la astronomía lucharon en la búsqueda científica de la verdad contra la superstición religiosa y oscurantista. Se llega así fácilmente a la errónea conclusión de que los científicos son honestos porque persiguen siempre la verdad, mientras que los creyentes serían malos porque no la buscan o anteponen sus ideas preconcebidas a ella.

Al realizar tales planteamientos estereotipados y reduccionistas, se olvida que Copérnico fue durante toda su vida un creyente que aceptaba el mundo como creación de un Dios omnipotente que amaba las matemáticas; Galileo, incluso después de ser censurado por la Iglesia católica y obligado a retractarse, fue siempre un firme creyente que continuó recibiendo una pensión de la Iglesia durante el resto de su vida; y Kepler, un protestante luterano profundamente comprometido con su fe, que siguió la lógica de Copérnico en la búsqueda de las leyes del cosmos.

Lo cierto es que la gran mayoría de los estudiosos que protagonizaron la Revolución científica del Renacimiento fueron creyentes en la existencia de un Dios creador. Es innegable que la ciencia moderna surgió en un tiempo y en un lugar donde imperaban los valores y las convicciones teológicas judeocristianas. Y esto, difícilmente puede tratarse de una coincidencia. A pesar de todo, el ser humano es muy dado a elaborar mitos históricos y estereotipos que arraigan en la cultura de los pueblos y se transmiten de generación en generación. No obstante, me parece relevante y necesario desenmascarar dichos mitos siguiendo aquél sabio consejo dado por el apóstol Pablo a su discípulo Timoteo: “Desecha las fábulas profanas… Ejercítate para la piedad” (1 Tim. 4:7).

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1  C. Sagan,  Un punto azul pálido,  1995, Planeta, Barcelona, p. 7.

2  Galileo,  Siderus Nuntius,  citado en González, G. & Richards, J. W., 2006,  El planeta privilegiado , Palabra, Madrid, p. 274.