¿Eres pagano si celebras la Navidad?

¿Eres un pagano si celebras la Navidad?

Por Will Graham

¿Eres un pagano si celebras la Navidad? Bueno, sí y no. La respuesta depende de lo que adores durante la temporada festiva. Si tus deidades son el dinero, la auto-indulgencia y el materialismo, entonces puedes etiquetarte como un pagano de pura cepa. Pero si tu deseo en Navidad es adorar al Dios Trino y darle gracias a Jesús por venir a la tierra, entonces no hay nada pagano en ti. En el mundo cristiano de hoy, pequeños grupos de creyentes están lanzando ataques a otros santos de Dios que optan por celebrar la Navidad. Ellos justifican su agresión afirmando que la Navidad era originalmente un festival pagano. Por lo tanto, los cristianos deben abstenerse de cualquier sentimiento pro-Navidad. Otra bala en su pistola es que Dios nunca nos manda celebrar la encarnación en las Escrituras. Hacerlo es, entonces, algo no bíblico y fuera de lugar. Vamos a investigar estas dos afirmaciones con la Biblia en una mano y la historia en la otra.   #1: ¿ES LA NAVIDAD PAGANISMO? En cuanto a los orígenes de la Navidad, hay que confesar que antes de la conversión de Constantino al cristianismo en el siglo IV los romanos pasaban una semana adorando a Saturno de manera inmoral durante el festival de Saturnalia (que comenzaba el 17 de diciembre). La celebración era seguida por el culto al “Sol Invicto” para así coincidir (más o menos) con el solsticio de invierno el 25 de diciembre. Pero cuando al cristianismo se le dio una nueva esfera de influencia en el Imperio Romano gracias a Constantino, la Iglesia trató de distanciarse de cualquier clase de paganismo. Esta fue la razón por la cual los cristianos decidieron adorar al Sol de justicia (esto es, Jesucristo) en lugar de al Sol Invicto (Malaquías 4:2). La celebración de la bondad de Dios al enviar a Jesús a la tierra marcó a los creyentes como un pueblo santo, quienes se diferenciaron de la tradición pagana. Por lo tanto, cualquier reclamo contemporáneo que proponga que la conmemoración de la Iglesia de la encarnación se originó en el paganismo es totalmente falso. De hecho, la razón por la que la Iglesia decidió adorar a Jesús por su nacimiento el 25 de diciembre era precisamente para alejarse del paganismo. Si los paganos optan por adorar a sus falsos dioses en el día de Navidad, pueden hacerlo. Pero los cristianos siempre se han negado a inclinarse ante el sol. Ellos adoran al Dios Uno y Trino el 25 de diciembre para recordar la obra de la salvación eterna. El hecho de que los paganos usen el dinero no significa que los cristianos deban dejar de usar el dinero. Y sólo porque los paganos lean libros, eso no significa que los cristianos deban dejar de leer libros. De la misma manera, sólo porque algunos falsos adoradores glorifiquen a demonios en el día de Navidad eso no significa que los cristianos deban dejar de adorar a Jesús. En resumen, el día de Navidad, como lo celebraban los cristianos, no tiene nada que ver con el paganismo. Es un día libre de paganismo en el corazón de los hijos de Dios. No hay ninguna base para la objeción histórica de esos grupos de “No a la Navidad”.   #2: ¿ES PECADO AGRADECER A DIOS POR LA ENCARNACIÓN? La segunda objeción es más teológica que histórica. ¿Dios, realmente, nos ordena adorarle por la encarnación? Bueno, sí y no de nuevo. No hay ningún mandamiento bíblico específico que diga: “Adorarás al Señor tu Dios por la santísima encarnación”, pero la Biblia sí hace resaltar una y otra vez que debemos agradecer a Dios por todo (encarnación incluida). Acabo de releer los textos de la natividad registrados en los dos primeros capítulos de Mateo y Lucas. ¿Cuánta gente alaba a Dios por la Encarnación? ¡Un montón! He aquí una breve lista de las personas que la Biblia menciona: los sabios de Oriente, María, los pastores, los ángeles, Elizabeth, Zacarías y el anciano hermano Simeón. Sólo Dios sabe cuánta gente lo alabó por el nacimiento de Jesús y en ninguna parte de la Biblia dice que Dios les reprendió por hacerlo. Es algo espiritual alabar a Dios y si la Navidad calienta tu corazón para agradecer a Dios por su desbordante gracia y bondad, entonces, ¡hazlo de todas las maneras posibles! Dios no puede ser ofendido por tal adoración. Así que, mi respuesta es no. No es pecado agradecer a Dios por la encarnación, aunque en ningún lugar se nos ordene.   UNOS CONSEJOS DE PABLO Espero que esto te haya ayudado, sobre todo a aquellos que tienen una conciencia sensible y están realmente preocupados por quedar atrapados en las envolturas seductoras del paganismo. El apóstol Pablo estaba particularmente preocupado de que ningún miembro de la Iglesia juzgase a otro por la celebración de días especiales. Esta clase de gente tiende a hablar motivada por un celo mal dirigido y así hacen mucho daño al cuerpo de Cristo. Así que, sé muy consciente de ellos, pero muéstrales compasión. He aquí dos textos paulinos que, en esta línea de pensamiento, han tocado mi corazón especialmente en los últimos dos días: “Uno hace diferencia entre día y día (por ejemplo, el día de Navidad); otro juzga iguales todos los días. Cada uno esté plenamente convencido en su propia mente. El que hace caso del día, lo hace para el Señor; y el que no hace caso del día, para el Señor no lo hace” (Romanos 14:5-6). Y el segundo es: “Por tanto, nadie os juzgue en comida o en bebida, o en cuanto a días de fiesta, luna nueva o días de reposo, todo lo cual es sombra de lo que ha de venir; pero el cuerpo es de Cristo” (Colosenses 2:16).   CONCLUSIÓN Con estos textos y este estudio en mente, aprovecho esta oportunidad para desearte una muy Feliz Navidad por dondequiera que te encuentres en el mundo ¡Que tu Navidad sea una que glorifique a Dios! En medio de las disputas y los conflictos no nos olvidemos que la Navidad no se trata del paganismo romano, sino de nuestro gran Dios y Salvador: Jesucristo, Emanuel.

Este post fue tomado de: http://protestantedigital.com/magacin/34659/Eres_un_pagano_si_celebras_la_Navidad


La paloma, el buitre y la regeneración

La paloma, el buitre y la regeneración.

Por: Damián Ayala

Este es la continuación del pos´t (La paloma, el buitre y el libre albedrío.)

En el post antes mencionado hablamos sobre el error de los calvinistas radicales de negar el libre albedrío que tiene el hombre para aceptar el don de la salvación. Concluimos que el hombre si tiene libertad de elección, esto gracias a la gracia capacitadora de Dios que da a todo oyente del evangelio habilitándolo para aceptar o rechazar el preciado regalo.

Como todo sistema teológico, un error trae otro error, el particularísimo forza a nuestros amigos calvinista radicales a negar el libre albedrío e inventarse el cuento de que Dios para poder ser soberano, (pura especulación) regenera a los pecadores para que puedan elegir a Cristo y ser salvos. Pero, ¿podemos separar la salvación de la regeneración? ¿Se puede estar regenerado y no ser salvo?

Regeneración:

En el NT regeneración (palingenesía) solo se encuentra dos veces: en Mt. 19:28 y Tit. 3:5.

en el primer caso, se emplea en el contexto escatológico de la segunda venida de Jesús; y en el segundo, se refiere a la renovación de la persona.

palingenesia nuevo nacimiento (palin, de nuevo; genesis, nacimiento). Se utiliza de la regeneración espiritual (Tit 3.5: «de la regeneración», rv, rvr), involucrando la comunicación de una nueva vida, siendo los dos poderes activos para producirla «la palabra de verdad» (Stg 1.18; 1 P 1.23), y el Espíritu Santo (Jn 3.5, 6); el loutron, baño, lavamiento, es explicado en Ef 5.26: «habiéndola purificado en el lavamiento del agua por la palabra».

Hay que aclarar que el concepto bíblico de regeneración no se agota en el vocablo palingenesía, sino que puede encontrarse en muchas otras figuras, símbolos y metáforas, como las expresadas como «concebir, engendrar de nuevo» (Jn. 1:13; 3:3, 4, 5, 6, 7, 8; 1 Jn. 2:29; 3:9; 4:7; 5:1, 4, 18; 1 Pd. 1:23); «nueva creación» 2 Cor. 5:17; Gal. 6:15); «nuevo hombre» (Ef. 4:24); «vivificar» (Ef. 2:5; Col. 2:13); «renacer» (1 Pd. 1:3).

Tenemos que entender que el nuevo nacimiento y la regeneración no constituyen etapas sucesivas en la experiencia espiritual; se refieren al mismo acontecimiento, aunque lo contemplan en diferentes aspectos. El nuevo nacimiento destaca la comunicación de vida espiritual en contraste al anterior estado de muerte espiritual; la regeneración destaca el inicio de un nuevo estado de cosas en contraste con el viejo.

Teniendo claro, qué es la regeneración, podemos analizar lo que nuestros amigos calvinistas radicales quieren que creamos respecto al tema.

Citemos las palabras del hermano Sugel Michelén publicado en el blog amigo http://elteologillo.wordpress.com -Si partimos de la premisa de que el hombre está muerto en sus delitos y pecados, es obvio que el hombre no tiene la capacidad natural de escoger a Dios, a menos que Dios haga una “obra de regeneración en su corazón”.

-Y eso es exactamente lo que hace Dios en la regeneración: él cambia la naturaleza humana y hace una transformación de tal manera que yo libremente escojo a Cristo. No fue obligado, fue libremente, pero ya Dios había hecho una obra previa en mí.-

No se que entiende usted, pero yo entiendo que el hermano nos quiere persuadir a que creamos que para ser regenerados no requerimos de la obra redentora de Jesucristo, basta solo la “supuesta soberanía de Dios” para ello, es como un estado de pre-salvación o media salvación, ya solo lo que el hombre tiene que hacer es un tramite burocrático para ratificar su salvación, el tramite es escoger a Cristo. -Casi escucho a los hermanos decir, bueno, hermano, es que esto es una revelación que Dios tiene que darle.-

Los calvinistas radicales para enseñar que Dios regenera a los perdidos sin la necesidad de la obra redentora de Cristo suelen poner un pie en territorios filosóficos para justificar su sistema teológico y así darle la dirección que ellos quieren a la escritura. Decir que la regeneración antecede al arrepentimiento y a la fe es una especulación filosófica, pero separar la regeneración de la salvación es una aberración. La única forma de que usted pueda creer esta mentira es caer en las garras de su sistema teológico. Sin duda el testimonio de la palabra enseña todo lo contrario. Usted va a encontrar en la palabra; y el que cree será salvo, tendrá vida eterna etc.., jamás encontrara un verso que diga.. el que es regenerado podrá creer…

Nuestros amigos sin importar lo que enseña la escritura en este tema, dicen llegar a esa conclusión basados según ellos por la lógica, la cual reza, que si todas las personas son auténticos pecadores, totalmente depravados e incapaces de responder a la gracia de Dios, nadie puede convertirse a menos que sea regenerado previamente. El arrepentimiento y la fe no son capacidades humanas. Este tema se resuelve con la gracia capacitadora de Dios explicada en el post (La paloma, el buitre y el libre albedrío.)

Uno de sus pasajes favoritos para demostrar que Dios regenera antes de que la persona pueda creer es (Ezequiel 36.25–27, RVR60) dicen, ya ve hermano Dios es el que lo hace no el hombre!!! La cosa es que nadie dice que lo hace el hombre, Sin duda Dios en su soberanía y por pura misericordia -por medio de la obra de Cristo, ¡él !! Esparce agua limpia sobre a aquellos que se arrepienten y ponen su fe en Cristo, ¡él !! una ves siendo salvos y no antes nos da un corazón nuevo, ¡él !! pone en nosotros espíritu nuevo ¡él !! pone dentro de nosotros su Espíritu, ¡él !! hace que andemos en sus estatutos, ¡él !! todo esto lo hace ¡él !! cuando uno responde al evangelio con arrepentimiento y cree que Jesucristo es su salvador.

La evidencia bíblica favorece la posición de que la persona debe arrepentirse y creer  para ser salvo y por consecuencia regenerados. Diferentes llamamientos a responder al evangelio implican que arrepentirse y creer trae como resultado la salvación. Entre ellos está la respuesta de Pablo al carcelero de Filipos “Cree en el Señor Jesucristo, y serás salvo tú y tu casa” (Hch. 16:31). Pedro hace una declaración similar en su sermón de Pentecostés: “Arrepentíos y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de los pecados, y recibiréis el don del Espíritu Santo” (Hch. 2:38). (Decir que estas palabras son dirigidas a personas ya regeneradas es decir lo que la palabra no dice.)

Este parece ser el patrón a lo largo de todo el Nuevo Testamento. Incluso John Murray, que inequívocamente considera la regeneración como anterior, parece negar su propia posición cuando dice: “La fe de la que estamos hablando ahora no es la creencia de que hemos sido salvados, sino la confianza en Cristo para que podamos ser salvados”.  A menos que Murray no considere la regeneración como parte del proceso de la salvación, parece estar diciendo que la fe es instrumental para la regeneración y por lo tanto, lógicamente anterior a ella.

La regeneración es el milagro que se da en la vida de quien acepta a Cristo, ocurre en la conversión cristiana, cuando el pecador que se arrepiente y cree pasa de muerte espiritual a vida espiritual. Como tal, es simultánea con los otros aspectos de esta experiencia religiosa, es decir, justificación, adopción y santificación inicial. En otras palabras una persona que es regenerada en el mismo momento es justificada, adoptada y santificada. Ni la regeneración es anterior a la salvación como dicen los calvinistas radicales, ni la justificación es antes que la regeneración como dicen los arminianos, Mas bien, son actos como ya dije simultáneos, una persona no puede ser regenerada sin ser justificado o ser justificado sin ser regenerado, que en la teología separemos estos conceptos para su estudio no nos debe llevar a creer que se dan en una linea cronológica. Esto equivale a creer que Dios esta dividido en partes cuando estudiemos sus atributos constitutivos y morales.

Si una persona es regenerada estamos hablando que es salva y esto solo por medio de la fe en Cristo Jesús, así lo dicta la soberanía de Dios, decir lo contrario es ir en contra de tal soberanía. Definitivamente el hombre no nace por voluntad propia ni busca nacer de nuevo, esto es un don de Dios que da por su propia voluntad aquellos que se arrepienten y creen en el Señor Jesucristo previamente. El decir que Dios te regenera acto separado de ser justificado, adoptado y santificado es un cuento chino y filosófico nacido del error de un sistema teológico.

La conclusión entonces es que Dios salva, regenera adopta y santifica a aquellos que se arrepienten y creen.  ¿Esta conclusión es incoherente con la doctrina de la incapacidad total.? ¿Estamos divididos entre las Escrituras y la lógica en este punto? De ninguna manera, si consideramos que Dios en su soberanía da su gracia capacitadora a todas las personas que son expuestas al evangelio de Cristo para que puedan libremente decidir si negar o aceptar el don de la salvación no hay necesidad de una regeneración anterior a la fe.

Dios los bendiga.

Kittel, G., Friedrich, G., & Bromiley, G. W. (2002). Compendio del diccionario teológico del Nuevo Testamento (pp. 121–122). Grand Rapids, MI: Libros Desafío.

Strong, J. (2002). Nueva concordancia Strong exhaustiva: Diccionario (p. 62). Nashville, TN: Caribe.

Cayuela, N. L. (Ed.). (1997). Diccionario general de la lengua española Vox. Barcelona: VOX.

Vine, W. E. (1999). Vine diccionario expositivo de palabras del Antiguo y del Nuevo Testamento exhaustivo (electronic ed.). Nashville: Editorial Caribe.

De Andrade, C. C. (2002). En Diccionario Teológico: Con un Suplemento Biográfico de los Grandes Teólogos y Pensadores (p. 266). Miami, FL: Patmos.

Manser, M. H. (2012). Diccionario de temas bíblicos. (G. Powell, Ed.). Bellingham, WA: Software Bíblico Logos.

Kuhn, H. B. (2009). REGENERACIÓN. En R. S. Taylor, J. K. Grider, W. H. Taylor, & E. R. Conzález (Eds.), E. Aparicio, J. Pacheco, & C. Sarmiento (Trads.), Diccionario Teológico Beacon (pp. 583–584). Lenexa, KS: Casa Nazarena de Publicaciones.

Erickson, M. J. (2008). Teología sistemática. (B. Fernández, Trad., J. Haley, Ed.) (Segunda Edición., p. 940). Viladecavalls, Barcelona: Editorial Clie.

Pinson, J. M. (2006). Introducción. En J. M. Pinson, N. A. Ozuna, A. F. Ortiz, & D. G. Bataller (Eds.), P. L. Gómez Flores (Trad.), La seguridad de la salvación: Cuatro puntos de vista (p. 19). Viladecavalls, Barcelona: Editorial Clie.


Refutando a los Pentecostales Unicitarios

Refutando a los Pentecostales Unicitarios

Una breve perspectiva

por Pablo Santomauro

Los Pentecostales Unicitarios, conocidos también como Pentecostales del Nombre, Apostólicos, etc., son acérrimos enemigos de la doctrina de la Trinidad. Ellos enseñan que Dios es uno y rechazan la existencia de una pluralidad de personas en la unidad de Dios.

El Padre, el Hijo y el Espíritu Santo, son títulos que se refieren al mismo ser, a quien llaman Jesús, o en su defecto, el Padre. Reiteramos, el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo son sólo títulos, roles, manifestaciones, modos de actividad, o aspectos relacionales de Dios para con los hombres.

Esta doctrina, conocida también como Modalismo, fue una de las primeras herejías en atacar al cristianismo de los primeros siglos. Ha resurgido como un monstruo de siete cabezas en los últimos cien años de historia. Una de sus aberraciones más destacadas es que el Hijo es solamente el nombre del cuerpo físico de Jesús. Unos le llaman el “velo de carne.” Dentro del velo de carne que se llama “Hijo”, habita el Padre Eterno. De acuerdo con esta teología tan singular, el Hijo no es eterno, no es divino, nació en un momento de la historia y su rol tendrá un fin en el futuro.

Los persistentes ataques de los unicitarios a la doctrina de la Trinidad, no son más que una cortina de humo o una maniobra preventiva para evitar que su propia doctrina sea examinada y criticada a la luz de la Escritura. Siguiendo la máxima de que la mejor defensa es un buen ataque, muchas páginas de internet, incluyendo la Iglesia Pentecostal Unida, la denominación más conocida entre los unicitarios, publican innumerables trabajos criticando la Trinidad. Uno de estos es el libro en línea de David K. Bernard, La Unicidad de Dios. En el capítulo 12 del libro, bajo el subtítulo “Contradicciones”, Bernard plantea 26 objeciones o preguntas que se suponen ponen en aprietos al cristiano y refutan la doctrina de la Trinidad (http://www.pentecostalesdelnombre.com/Unicidad_de_Dios.pdf).Todo cristiano interesado seriamente en defender su fe, tarde o temprano encontrará uno o más de estos argumentos en su camino.

Un servidor ha refutado estas 26 objeciones en un trabajo de tres partes hace 3 años. El trabajo tiene como finalidad defender la doctrina de la Trinidad exponiendo los errores del razonamiento unicitario, representado aquí por el teólogo más conocido de la secta, David K. Bernard. Otros ya lo han hecho en el pasado, pero consideramos necesario elaborar nuestra propia refutación por la razón de que, hasta donde sabíamos, no existía nada en español que refutara las 26 preguntas — si lo existió, pido disculpas y espero que nuestro trabajo sea, al menos, de carácter complementario a lo ya publicado. No reclamamos decir nada exclusivo o que no se haya expresado anteriormente. Plasmamos en esta obra conceptos que hemos aprendido de un sin número de autores, tantos que sería imposible hacer una lista de nombres y recursos para dar el crédito correspondiente. Entre tanto material, es posible que haya una que otra contribución nuestra, de las cuales ya hemos perdido el rastro y no sabríamos identificar.

En este breve artículo sólo daremos un ejemplo del planteamiento de Bernard, pero antes creo que es necesario introducir al lector a la doctrina unicitaria de Dios.

La doctrina unicitaria de Dios

Cuando el unicitario dice que Jesús es Dios, el concepto detrás de la frase es: Jesús es toda la Deidad. De acuerdo con su doctrina, Dios es uno y no existen posibilidades de una pluralidad de personas en su Ser [1], y esa sola persona es el Padre [2].

En la teología modalista, el Padre es el Jehová del Antiguo Testamento, cuyo nombre final por revelación progresiva, es Jesús. Jesús es el nombre del Padre, o de Dios [3].

Es ese Dios el que luego desempeña el papel del Hijo de Dios cuando se manifiesta en carne. Para los unicitarios, Jesucristo es la manifestación del Padre en la carne — el mismo Dios revestido con carne [4]. Jesucristo era Dios ya que el Padre vivía dentro de su cuerpo humano [5]. Es en ese sentido que pueden decir que “Jesús es Dios”, algo que suena perfectamente ortodoxo para el que no conoce su doctrina. Pero cuando el zapato aprieta, vamos a ver que la persona de Jesucristo no es Dios para los unicitarios:

“La Deidad de Jesucristo es el Padre — La deidad residente en Jesucristo es nada menos que el Padre. En otras palabras, el Espíritu en el Hijo es el Padre”. (Bernard, La Unicidad de Dios, 131)

Lo anterior significa que en la persona de Jesucristo, según los modalistas, sólo una parte de Jesucristo es Dios. Dividen por ende la sustancia en dos, la humana y la divina. Por más que traten de arreglarlo en otras declaraciones, terminan con un Jesucristo que en ninguna manera es el teantropos bíblico, el Dios-Hombre en toda su persona.

En cuanto al Espíritu Santo, es la modalidad en la que opera Dios, o el Padre, en muchas ocasiones. En esta ecuación aberrante, el Espíritu Santo o Espíritu Eterno es también la persona del Padre [6].

Resultado final: tanto el Padre, como el Hijo, y el Espíritu Santo son la misma persona, i.e., Dios, cuyo nombre es “Jesús”:

“Está claro que los términos Padre, Hijo, y Espíritu Santo no pueden significar tres personas, personalidades, voluntades, o seres distintos. Pueden denotar solamente diversos aspectos o papeles de un ser espiritual–el único Dios. Ellos describen las relaciones de Dios para con el hombre, no personas en una Deidad”. (Bernard, La Unicidad de Dios, 131)

Una variante importante en este esperpento teológico es que los nombres o títulos, Jesucristo, Jesús, Hijo de Dios, Cristo, Hijo del Hombre, pueden ser usados alternativamente para describir la carne, la humanidad, el cuerpo del Hijo [7]. Hijo de Dios es un título que los unicitarios usan mayormente para identificar la humanidad de Jesucristo — aunque cuando les conviene lo validan para describir a la humanidad y la deidad juntas en Jesucristo [8]. Este Hijo no es eterno, nació en un momento de la historia (de María), no existió en el pasado [9], y en el futuro dejará de cumplir su papel de Hijo [10].

Debido a esto, ellos determinan que no es posible hablar de un Hijo eterno, aun cuando la Biblia habla en tantos pasajes de la pre-existencia del Hijo de Dios. Explican estos pasajes, dependiendo del contexto, como si fueran proféticos o como si hubieran estado en la mente de Dios desde la eternidad. Es por ello que el Verbo es definido como un plan pre-ordenado en la mente de Dios, un pensamiento, un concepto abstracto que se hace sustancia cuando nace el Hijo. “Hijo” y las denotaciones derivadas sólo pueden ser usadas con relación a la Encarnación, o la humanidad de Dios, Jesucristo:

“El Verbo — Juan 1 enseña de una manera hermosa el concepto de Dios manifestado en la carne. En el principio era el Verbo (griego, Logos). El Verbo no era una persona aparte o un dios aparte, tal como la palabra de un hombre no es una persona aparte de él. Más bien el Verbo era el pensamiento, el plan, o la mente de Dios. El Verbo estaba con Dios en el principio y realmente era Dios mismo (Juan 1:1). La Encarnación existía en la mente de Dios antes que el mundo comenzó”. (Bernard, La Unicidad de Dios, 63)

Con estas nociones básicas, paso ahora directamente a refutar la primer objection, a modo de ejemplo, del Dr. David Bernard, para dar al lector una idea de la batalla espiritual en la que los cristianos bíblicos, los creyentes en la Trinidad, nos encontramos.

Bernard escribe:

1) ¿Tuvo Jesucristo dos padres? El Padre, es el Padre del Hijo (I Juan 1:3), pero el niño que nació de María fue engendrado por el Espíritu Santo (Mateo 1: 18, 20; Lucas 1:35). ¿Cuál de ellos es el verdadero padre? Algunos trinitarios dicen que el Espíritu Santo era meramente el agente del Padre en el proceso de la concepción — un proceso que ellos comparan a la siembra artificial.

El Dr. Bernard distorsiona aquí la doctrina de la Trinidad, así también como el lenguaje bíblico. Cuando el doctor lee “Padre” e “Hijo” su mente se transporta a un hospital de maternidad. Digo esto porque en otro lugar del mismo cuestionario, para negar la eternidad del Hijo, pregunta: “¿Quién fue la madre de Jesús en la eternidad?”

Es evidente que Bernard pretende no conocer que “Padre” es un término que marca una relación, una comunión íntima. No significa que el Padre engendró literalmente a Jesús, eso sería doctrina mormona en su más grosera forma.

Bernard tiene razón cuando dice que los trinitarios entendemos que el Espíritu Santo fue el agente por medio del cual Cristo fue engendrado en María. Mateo 1:18 dice que “se halló que había concebido del Espíritu Santo” — heurethe en gastri echousa ek pneumatos hagiou — la preposición ek, seguida por el genitivo pneumatos (Espíritu), indica “agencia”, “medio”. Pero debe quedar claro que la Biblia en ningún momento dice que el Padre de Jesús fue el Espíritu Santo, como parece sugerir Bernard. Bernard nos quiere conducir a la conclusión equivocada de que el Padre y el Espíritu Santo son la misma persona.

Hace un tiempo argumentábamos en un debate sobre el mismo tema y decíamos lo siguiente:

Recordemos que Bernard da todas estas vueltas para negar la existencia de 3 personas y afirmar que Jesús, el Padre y el Espíritu son todos la misma persona. La falacia de Bernard es la falacia del falso dilema: ¿Quién engendró a Jesús? ¿El Espíritu Santo o el Padre? Su razonamiento va así:

1. La Trinidad es falsa.

2. La Biblia dice que Jesús fue engendrado del Espíritu Santo.

3. Esto haría al Espíritu Santo el padre de Jesús.

4. Pero la Biblia dice que el Padre engendró a Jesús.

5. Por lo tanto el Espíritu Santo no puede ser una persona diferente al Padre. Y si no es una persona diferente, entonces es el Padre, o una manifestación del Padre, o el espíritu del Padre.

Jamás le pasaría por la cabeza a Bernard que las tres personas de la Trinidad están involucradas en el nacimiento de Jesús, de la misma forma que lo estuvieron en la Creación, en la Resurrección y en el proceso de Salvación.

Esto sucede porque Bernard lee la Escritura con sus presuposiciones como axiomas. “La Trinidad no existe” y “Dios no puede ser uno en un sentido y tres en otro”. Su razonamiento circular o falacia del círculo vicioso consiste en afirmar en la premisa lo que quiere comprobar con la conclusión (que la Trinidad es falsa).

Si el amigo lector está interesado en el resto de la refutación, podrá encontrarla con una simple búsqueda en internet bajo el título Contestando Argumentos de los Pentecostales Unicitarios contra la Doctrina de la Trinidad. <>

Pablo Santomauro

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Todas las citas en el artículo pertenecen a La Unicidad de Dios, de David K. Bernard.

1] “Nunca ha existido un misterio con respecto a ‘personas’ en la Deidad. La Biblia claramente afirma que hay un solo Dios, y esto es fácil de comprender para todos”. 68

2] “El término Padre se refiere a Dios mismo-Dios en toda Su deidad”. 99

3] “Jesús es la culminación de todos los nombres de Dios del Antiguo Testamento. Es el nombre más alto y exaltado que jamás ha sido revelado a la humanidad”. 54 – “… porque Jesús es el nombre del Padre (Juan 5:43; Hebreos 1:4), del Hijo (Mateo 1:21), y del Espíritu Santo (Juan 14:26)”. 135-36

4] “El [el Padre] se puso carne como un hombre se pone un abrigo”. 62

5] “El Hijo de Dios no es una persona aparte en la Deidad, sino la expresión física del Dios único … 99

6] Cuando hablamos del Espíritu eterno de Dios, queremos decirDios mismo, el Padre”. 99

7] “Usamos a Hijo para significar … la humanidad de Jesucristo”. 133 –”Hijo de Dios se refiere a la humanidad de Jesucristo”. 100

8] “El papel de Hijo no solo tuvo un empiezo, sino que tendrá, por lo menos en un sentido, un fin”. 106

9] “La Biblia define al Hijo de Dios como el niño nacido de María, no como el Espíritu eterno de Dios …” p.100. “Muchos otros versículos de la Escritura revelan que solo podemos usar correctamente el término ‘Hijo de Dios’ cuando incluye la humanidad de Jesús”. 99-100

10] “Como acabamos de declarar, ‘Hijo’ no siempre se refiere solo a la humanidad sino a la deidad y la humanidad juntas como existen en la persona única de Cristo”. 101

*Este Escrito ha sido Publicado en este blog con el Permiso del apologista Pablo Santomauro*

 

Nota del administrador: Este post fue tomado del blog amigo: http://pastordanielbrito.wordpress.com

Refutando a los Pentecostales Unicitarios


La paloma, el buitre y el libre albedrío.

La paloma, el buitre y el libre albedrío.

Por: Damián Ayala

Me anime a escribir sobre este tema al leer un post del Pastor Sugel Michelén en el blog amigo http://elteologillo.wordpress.com que sin duda es una muy inteligente disertación. Quiero mencionar que este post que publico, no es en contra del ministerio, ni contra el blog antes mencionados, mas bien es en contra  de la postura calvinista radical que enseña que el hombre no tiene libre albedrío para elegir el don de Dios.

Según el calvinismo radical, no podemos recibir la salvación por medio de un acto libre de fe, puesto que estamos en un estado tan completamente depravado (en sentido intensivo), muertos en nuestros pecados, que no tenemos ni siquiera la capacidad de aceptar el don de la salvación. Dios ha de regenerar a los pecadores mediante su Gracia irresistible antes de que sean capaces de creer.

Para probar esto el hermano Sugel Michelén usa la ilustración siguiente: -Podemos ilustrarlo de esta manera: si yo pongo a escoger, libremente, a un buitre y una paloma, la comida que quiere comer, y pongo delante del buitre, alpiste y carroña; y pongo delante de la paloma, alpiste y carroña. El buitre libremente va a escoger la carroña; la paloma, libremente va a escoger el alpiste, porque es parte de su naturaleza. Para yo hacer que el buitre escoja el alpiste en vez de la carroña, tengo que “palomizar” su naturaleza, yo tendría que -cambiar su naturaleza-. Y eso es exactamente lo que hace Dios en la regeneración: él -cambia la naturaleza humana- y hace una transformación de tal manera que yo libremente escojo a Cristo. No fue obligado, fue libremente, pero ya Dios había hecho una obra previa en mí.-

Sin duda es una muy inteligente analogía, pero hay que admitirlo, es engañosa, nace del error, y está basada en su sistema teológico y no en la Escritura, son solo especulaciones de algo que no tiene sustento bíblico. Les explico; la ilustración contempla dos aves de diferente especie, esto busca poner en la mente del lector que el hombre en la caída -paso a ser de otra naturaleza-, digamos, era paloma y ahora es buitre, una vez y los lectores se comen este cuento y en su mente aceptan esta mentira, nuestro amigo palomiza al buitre.. lo cambia de naturaleza… era buitre ahora es paloma.

Esto puede funcionar en el sistema teológico de nuestros amigos calvinistas radicales, pero esto no funciona en la verdad bíblica. El hombre no cambió de naturaleza en la caída, mas bien, -su misma naturaleza- fue depravada, corrupta, fue deformada, o en otras palabras, se contaminó completamente con el pecado (en sentido extensivo). El concepto de depravación total a menudo no se interpreta correctamente. “No significa que el hombre sea totalmente malo, sino que no hay nada en él que no haya sido contaminado por el poder del pecado”

Para salir del problema de los hombres títeres hacen una maniobra intelectual, ya no niegan el libre albedrío abiertamente para aceptar el don de la salvación, solo disfrazan su postura con el cuento que Dios      -cambia la naturaleza en la regeneración para que los hombres decidan libremente-. El engaño mayor esta en la afirmación, -No fue obligado, fue libremente…- ¿No fue obligado? ¿Acaso alguien le pregunto al buitre si quería ser paloma?, en el supuesto de que Dios te regenere sin tu consentimiento, no es un ultraje a tu libre albedrío… Muy parecido a un robot, solo es cuestión de cambiar el chip para que haga lo que yo quiero.

Para entender un poco esta locura, nuestros amigos calvinistas radicales llegan a la palabra con un sistema teológico en su mente, entonces ellos deducen que la regeneración es antes que la salvación, ellos especulan que Dios en su soberanía te regenera y después te da la salvación. El testimonio de la Palabra nos enseña que los hombres son regenerados por que recibieron el don de Dios, el efecto de la obra de Cristo, es la regeneración y la salvación de los hombres.

Tanto el AT como el NT dan testimonio de que la imagen de Dios en el ser humano ha sido seriamente dañada (no destruida, o que pertenecemos a otra naturaleza) por la caída. (c.f Génesis 9.6). Lo que hace Dios es restaurar esta imagen y semejanza en el nuevo nacimiento, (c.f Efesios 4.24) la imagen de Dios no ha sido completamente borrada de la humanidad caída, sino solamente difuminada, distorsionada, deformada, corrompida.

Una ilustración mas honesta para este sistema teológico sería, imagine una paloma que por alguna razón se corrompió en su naturaleza, que en vez de comer alpiste come carroña. Para que la paloma coma alpiste tengo yo que restaurar su misma naturaleza….. no se palomiza, sino se restaura. Fuera de toda ilustración, la cuestión es, ¿en que momento el hombre es restaurado. ¿Antes de aceptar a Cristo o después de aceptarlo? ¿Somos regenerados por la obra de Cristo o somos regenerados sin necesidad de ella? Este punto lo veremos en el próximo post “La paloma, el buitre y la regeneración.”

Los calvinistas radicales sostienen que la única forma en que Dios puede ser soberano y generoso es si de manera incondicional escoge a algunos para salvación y a continuación los salva obrando con Gracia irresistible.

Con todo respeto, no estoy de acuerdo con esta concepción de la Soberanía de Dios. Creo que cuando se trata de considerar los consejos eternos de Dios, la prudencia se hace especialmente necesaria. Generalmente los calvinistas radicales han advertido que, cuando analizamos los decretos de Dios respecto al ordo salutis, hay que tener en cuenta que estamos hablando de un orden lógico, no cronológico. Si esto es realmente así, ¿qué consecuencias se derivarían de ello? La implicación evidente es que estamos considerando una cuestión lógica con respecto al modo en que Dios decide llevar a cabo la Salvación de la Humanidad. Cuando los calvinistas radicales observan al hombre caído, le ven «muerto en pecados» e «incapaz de hacer ningún bien espiritual». Por ello, el calvinismo enseña que Dios obra en las personas en el marco de una relación de causa y efecto con una «Gracia irresistible», mediante la cual se efectúa su salvación. Sin embargo, si se trata de una cuestión lógica, Dios podría entonces haber decidido remediar la situación de la Humanidad por un procedimiento distinto del particularista que se basa en causas y efectos. En otras palabras, cuando Dios vio a la raza humana en un estado tan precario y necesitado —«muerta en pecados» e «incapaz de hacer el más mínimo bien espiritual»— lógicamente, nada le hubiera impedido decidir soberanamente alcanzar a todas las personas mediante una Gracia capacitadora pero no irresistible. Esto es, capacitando a la persona por esta gracia para que ella pueda elegir libremente el don de la salvación.

Los calvinistas radicales tienen razón en su observación de que los humanos caídos están «muertos en sus pecados» y son incapaces de llevar a cabo ningún bien espiritual -por sí mismos.- Es decir, no pueden iniciar ni lograr su salvación. Solo pueden recibirla como un don de Dios. Solo somos capaces de creer después de que Dios haya obrado en nuestro corazón mediante su gracia capacitadora, no antes, en otras palabras, no obra de una manera coercitiva, obra de una manera capacitadora. En otras palabras, Dios habilita al hombre sin necesidad de regenerarlo para que responda positiva o negativamente a su invitación.

No hay nada ilógico cuando se dice que Dios puede ofrecerle a la humanidad caída su gracia capacitadora, Dios puede permitir que el pecador tenga la posibilidad de aceptar o resistir su oferta de Gracia (una Gracia que ha sido capacitado para aceptar). El evangelio es poder de Dios, ¿poder para que? para salvación!! El propio Dios determinó que la gente se salvase por la predicación del evangelio.

Cuando me preguntan, el hombre tiene libre albedrío para elegir el don de Dios, yo siempre contesto. Si, tomando en cuenta que del hombre que hablamos es alguien que se le predicó el evangelio, no uno que jamas a escuchado de ello. ¿Que quiero decir con esto? Las personas que jamás han escuchado el evangelio, no pueden venir por ellos mismos al Dios verdadero, no habrá hombre que sin escuchar las buenas nuevas un día se levante diciendo, elijo rendirme al Dios verdadero!!,. Pero a los que si se les a predicado es distinto, siempre que se predica el mensaje de la cruz, Dios capacita  a los oyentes para que ellos puedan decidir libre mente (Juan 16.8) (no los regenera… los capacita, la regeneración es después), algunos lo rechazan y otros lo aceptan. Los que aceptan, son salvos y regenerados.

No existen condiciones para impartir la Salvación, sin embargo, la fe es la condición para recibirla. Esto se debe a que en la salvación, Dios opera con los pecadores mediante el principio de «influencia y respuesta» y no «por causa y efecto». Es decir, Dios no aplica una Gracia irresistible a personas que no quieren ser salvas. En el momento de la conversión no viola nuestro libre albedrío. La fe es una causa instrumental de la Salvación. Es decir, que Dios utiliza la fe como causa secundaria para la recepción del don de la Salvación. De modo que, Dios es la Causa primaria de nuestra recepción de la Salvación, y la libre elección, la secundaria. Y solo Dios es la Causa primaria de la fuente de la Salvación. (c.f Lucas 7.50)

El problema de los calvinistas radicales es que asumen erróneamente la Expiación limitada («el particularismo») como un a priori. Imponen al texto bíblico su concepción de la Expiación en lugar de permitir que tal concepción surja de lo que afirma la Escritura. Asumen sistemáticamente esta idea particularista y luego fuerzan al texto para que encaje con ella. La restricción del término «mundo» a los escogidos es solo un ejemplo. Hacer que «todos» signifique «algunos» en 1 Timoteo 2:4 es otra muestra de lo mismo. Los calvinistas radicales se acercan al texto de la Escritura con un sistema estrictamente cohesionado por la lógica. Pero que no se deriva solo de la Escritura

Dios los bendiga.

1.- Horton, Michael S. ; Geisler, Norman L. ; Ashby, Stephen M. ; Harper, J. Steven ; Pinson, J. M. ; Ozuna, N. A. ; Ortiz, A. F. ; Bataller, D. G. (eds.) ; Gómez Flores, P. L. (trad.): La seguridad de la salvación: Cuatro puntos de vista, Colección Teológica Contemporánea. Viladecavalls, Barcelona : Editorial Clie, 2006

2.- Pinson, J. Matthew ; Gómez Flores, P. L. (trad.): Introducción. En: Pinson, J. M. ; Ozuna, N. A. ; Ortiz, A. F. ; Bataller, D. G. (eds.): La seguridad de la salvación: Cuatro puntos de vista, Colección Teológica Contemporánea. Viladecavalls, Barcelona : Editorial Clie, 2006


La misión de la iglesia de la prosperidad

La misión de la iglesia de la prosperidad

La misión de la iglesia de la prosperidad

AUTOR: Will Graham

Dado que las Iglesias de la prosperidad rechazan la enfermedad, la pobreza y la escasez y la tachan de ‘falta de fe’, una culpabilidad impregna a los hermanos que sufren.

22 DE MARZO DE 2014

La semana pasada vimos cómo el Evangelio de la prosperidad está distorsionando las doctrinas bíblicas de Dios y de Cristo. Hoy queremos examinar cómo dicho movimiento está modificando la eclesiología (doctrina de la Iglesia) y la misiología (doctrina de las misiones).

Si queremos defender a nuestras congregaciones de la avalancha de falsa doctrina que se acerca a España, nos resulta necesario volver a indagar en las Escrituras para poder identificar los errores de la Teología de la prosperidad y así confrontarlos valientemente a la luz de la Palabra de Dios.

¡Estudiemos, pues!

LA DOCTRINA DE LA IGLESIA

En primer lugar, hablemos de la eclesiología. En los círculos de la prosperidad la Iglesia deja de ser la congregación del pueblo peregrino de Dios para convertirse en un exitoso negocio centrado en la autoestima, la influencia mundana y la comercialización de productos religiosos. El cielo ya no es la esperanza de la gloria venidera del Reino de Dios, sino una realidad para ser vivida y disfrutada aquí y ahora. La perspectiva escatológica del cristianismo se pierde y la iglesia se convierte en un asunto puramente terrenal (al igual que se hizo en la cristiandad medieval). “¡Olvida el futuro!”, dicen, “¡El presente es lo único que importa!”

Dada esta perspectiva enteramente mundana, de un plumazo los pobres y necesitados son expulsados de la alta sociedad de la prosperidad cristiana y sustituidos por los ricos, los adinerados, los prósperos y por aquellos considerados lo suficientemente buenos como para formar parte de su ‘club de la felicidad’. El mensaje desde el púlpito ya no es ‘Cristo y éste crucificado’, sino ‘Tú y lo tuyo glorificados’. La fe, por consiguiente, se convierte en un asunto puramente egocéntrico donde el discípulo sólo procura su propio beneficio. Ya no existimos para la gloria de Dios. ¡Él existe para nosotros!

Aunque el Evangelio de la prosperidad se ha infiltrado en una amplia gama de denominaciones cristianas, hay un denominador común en cuanto a su gobierno, esto es, un líder autoritario y carismático en la parte superior de la estructura piramidal de poder que disfruta de una ‘conexión directa’ con el Todopoderoso. Estos líderes se especializan en exageraciones, eufemismos y repeticiones en el púlpito para manipular emocionalmente a las masas y asegurarse de que cualquier persona en la iglesia que se atreva a cuestionar lo que dice el predicador es del diablo. En este sistema- fabricado por el hombre- las visiones, los sueños y la profecía personal reemplazan la autoridad de la Biblia; y al ideal de la Reforma del sacerdocio universal de todos los creyentes se le asesta un golpe de gracia final.

Dado que las Iglesias de la prosperidad rechazan la enfermedad, la pobreza y la escasez y la tachan de ‘falta de fe’, una culpabilidad impregna a los hermanos que sufren, ya que consideran que están cayendo en el pecado de la incredulidad. ¿Tienes una fractura de cadera? ¿Un dolor de cabeza? ¿Una nariz que sangra? ¿Llevas gafas? ¡Sólo confiesa tu pecado y serás sanado! O siempre puedes ir a la tienda de recuerdos de la iglesia para comprar un pañuelo ungido y personalmente bendecido por el pastor (el cual está demasiado ocupado para hablar contigo) o una botella de aceite de oliva firmada por tu evangelista favorito o alguna oferta limitada de agua bendita recientemente importada del río Jordán. Suena ridículo, ¿no es así? Pero esa es la cruda realidad de lo que está pasando hoy en día en estos clubes de negocios religiosos. ¿Nos reímos o lloramos? Esta- lamento tener que decirlo- no es la Iglesia del Nuevo Testamento. La casa de nuestro Padre se ha convertido, una vez más, en una cueva de ladrones que se alimenta de la desgracia de los demás (Mateo 21:13).

Al analizar estas perturbadoras realidades en el mundo de la Iglesia contemporánea, he llegado a la siguiente conclusión: el Evangelio de la prosperidad nos lleva de regreso a Roma. ¿Qué quiero decir con eso? Quiero decir que la creciente estructura jerárquica y autoritaria de la política y la actividad de la Iglesia de la prosperidad , su doctrina herética y errónea respecto de Dios y de Cristo (y el consecuente déficit de profundidad teológica), la falta total de una saludable autocrítica constructiva, la desaparición del sacerdocio universal de todos los creyentes, el abuso de los mecanismos de la culpa, y la comercialización de artefactos religiosos, nos están llevando de regreso a los días de la pre-Reforma. Estamos volviéndonos a la religión de las indulgencias católicas de Juan Tetzel, y escupiendo en el rostro de Lutero.

LA DOCTRINA DE MISIONES

En segundo lugar, nos enfocaremos en la misiología. En pocas palabras, las misiones del Nuevo Testamento y las misiones de la Teología de la prosperidad se parecen tanto la una a la otra como la tiza al queso. En los círculos de la prosperidad, el primitivo kerygma (proclamación) de arrepentimiento y fe en Dios para salvación eterna es rechazado por un mensaje de ‘siéntete bien’ que masajea el ego y hace del hombre un dios. El infame Kenneth Copeland dijo, “No tienes un dios en ti, tú eres uno.” Este tipo de pensamiento es la manifestación de una religión totalmente basada en caprichos humanos y antojos carnales. Así que, ¡olvídate de convertirte en una nueva criatura! ¡Simplemente sé un dios! ¡Esa sí es la misión real! ¿No fue ésta la mismísima misión que la serpiente entregó a Eva en el Edén? “¡Sé una diosa!” (Génesis 3:5).

El discipulado también es muy distinto en el Evangelio de la prosperidad . En lugar de obedecer al Señor con un amor libre por su gracia soberana, se anima a los santos de Dios a obedecer por lo que pueden obtener del Señor. Su razonamiento es algo así: “Si me mantengo en santidad, un día voy a estar en una plataforma sanando a miles de personas, o si me mantengo alejado del pecado, Dios se verá obligado a derramar una indescriptible bendición sobre mi vida”. Esta mentalidad es lo que el Nuevo Testamento describe como el Evangelio de ‘panes y peces’. Se trata de un Evangelio que se centra en el ego (yo) humano. Multitudes seguían a Jesús y estaban dispuestos a hacerlo siempre y cuando vieran milagros, señales y prodigios, y tuvieran pescado y pan para comer antes de irse a casa. Pero en el momento en que Jesús comenzó a hablarle a la multitud sobre la importancia del auto-sacrificio y el martirio para la causa de Cristo, todos desaparecieron (Juan 6:66). ¿Cuántas personas seguirían de manera voluntaria a Cristo si no obtienen nada a cambio excepto el rechazo, la angustia, el odio y la muerte? Pocos, contestarás. Pero esos pocos son los verdaderos discípulos. Abrazan la misión de Jesús cueste lo que cueste.

Otro importante desafío al concepto tradicional de las misiones tiene que ver con el Reino de Dios. La Teología de la prosperidad tiende a inclinarse hacia un entendimiento de la escatología centrada en disfrutar de ‘tu mejor vida ahora’, en lugar de predicar con entusiasmo sobre la inminente Segunda Venida del Señor Jesucristo. Históricamente hablando, es interesante observar cómo la Iglesia perseguida siempre ha puesto mucho énfasis en la gloria que viene (como la Iglesia anterior a Constantino o las iglesias subterráneas de hoy en Rusia, China y Corea del Norte, etc.), mientras que las iglesias con estabilidad financiera, las cuales están políticamente establecidas en el mundo, se centran en temas no escatológicos, tales como la psicología, el sentimentalismo y el éxito social. La ansiosa expectativa futura por la anunciación del Reino eterno de Dios se echa a un lado en nombre del presente. En otras palabras, Abraham fue un necio por haber esperado una mejor ciudad cuyo arquitecto y constructor era Dios (Hebreos 11:10), lo que debería haber hecho es quedarse en Ur y hacer una institución de sí mismo.

Y, como última observación, la forma de las misiones es notablemente diferente de la del Nuevo Testamento. Las misiones primitivas fueron llevadas a cabo por hombres (y mujeres) pobres y arruinados que no poseían nada más que fe en Cristo; no por intrigantes empresarios y estrellas religiosas de televisión vestidos con llamativos trajes de diseño y joyas caras. Aquellos primeros creyentes eran verdaderos testigos de la verdad. Su forma de predicar- y creo que estarás de acuerdo conmigo- está a un millón de años luz de distancia del mensaje de la Prosperidad, el cual es un anuncio de éxito, triunfalismo y conlleva una fuerte negación de la teología del sufrimiento/dolor.

CONCLUSIÓN

Con todo, nuestro estudio sirve para demostrar la perversión del cristianismo auténtico llevada a cabo por una escuela de pensamiento (y de práctica) que poco tiene de la aprobación del Espíritu Santo.

El Evangelio de la Prosperidad , para ser fiel a sus moribundas y agonizantes raíces evangélicas, debe volver al verdadero mensaje de las misiones, es decir, el arrepentimiento y la fe; promover los valores del verdadero discipulado; enfatizar la pronta venida de Cristo; y recuperar algo del espíritu de los primeros discípulos.

Tal y como está en este momento, la Teología de la Prosperidad está tan lejos del verdadero Evangelio como cualquier otra ideología mundana. Volver al Evangelio verdadero debería ser la preocupación principal para los predicadores de prosperidad contemporáneos.

El Evangelio de la prosperidad , pues,ofrece una eclesiología y una misiología totalmente distintas al legado que hemos recibido de nuestros queridos antepasados protestantes, los cuales se negaron a moverse ni un milímetro de lo que decía la Escritura. Pero, a pesar de este preocupante estado de las cosas, confiemos hermanos, porque el Rey Jesús sigue declarando: “Edificaré mi iglesia y las puertas del Hades (y las puertas del Evangelio de la Prosperidad ) no prevalecerán contra ella” (Mateo 16:18).

(Traducido por Julian Esquinas)

Autores: Will Graham

Nota del administrador, este post fue tomado del blog amigo :El blog del Pastor Daniel


Excelencias del planeta azul

Excelencias del planeta azul

Por: Antonio Cruz Suárez

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La segunda predicción del principio de la mediocridad -mal atribuido a Copérnico, según vimos- afirma que el Sol es una estrella bastante ordinaria y típica. Hoy podemos decir, sin embargo, que el Sol no se ajusta para nada a esta afirmación ya que es bastante atípico. De hecho, se encuentra entre el 9% de las estrellas con mayor masa de la Vía Láctea. Su luz varía bastante menos que la media de la luz de estrellas similares a él en edad y actividad de manchas solares, evitando así que se produzcan cambios radicales del clima en la Tierra.A la vez, sus particulares condiciones abren información científica vital de un modo más abundante que muchos tipos de estrellas que son más comunes en el cosmos.

La tercera predicción dice que el Sistema Solar es también típico y que cabe esperar que haya muchos sistemas como él. No obstante,los descubrimientos de otros planetas extrasolares vienen a contradecir esta afirmación. La mayor parte de tales planetas tienen órbitas excéntricas que describen elipses muy estrechas y alargadas, bastante en contraste con los planetas de nuestro Sistema Solar. Aún no se tienen suficientes datos, pero los que se van recopilando sugieren que el nuestro es un sistema muy atípico en relación a su habitabilidad.

Una cuarta predicción de mediocridad afirma que el número y tipo de planetas y satélites de un sistema tienen poco que ver con la existencia de vida en ellos. Esta aseveración también está equivocada ya que los planetas grandes, como por ejemplo Júpiter, protegen a la Tierra de los impactos provocados por meteoritos o asteroides. Si no fuera por este gran gigante gaseoso tampoco podríamos habitar nuestro querido planeta azul. Probablemente alguna colisión catastrófica nos habría borrado ya del universo. ¿Casualidad o diseño?

La quinta predicción dice que la localización de nuestro Sistema Solar en la Vía Láctea carece de importancia. ¿Es esto así? El Sistema Solar está localizado en la Vía Láctea a miles de años luz del centro de la galaxia y cerca de un brazo espiral. Los defensores del principio de Copérnico vieron este descubrimiento como una confirmación de su teoría. Sin embargo, ahora sabemos que el centro de la galaxia, lo mismo que el infierno de Dante, es el último lugar donde querríamos estar. En el centro de las galaxias hay agujeros negros, zonas polvorientas, luz contaminada con rayos gamma, radiación abrasadora y no es posible de ninguna manera la vida. Nuestro Sistema Solar está ubicado dentro de una estrecha región habitable del espacio. Ocupamos el mejor lugar de la galaxia no sólo para vivir sino también para aprender sobre las estrellas y el universo. Igual que existe una Zona Habitable Circumestelar en nuestro Sistema Solar, también hay una Zona Habitable Galáctica que permite la existencia de agua líquida para la vida en este preciso lugar de la Vía Láctea.

Dice la sexta proposición de la mediocridad que nuestra galaxia no es particularmente excepcional o importante y que la vida puede existir en cualquier galaxia. Esto tampoco parece ser así. Las grandes galaxias en espiral como la Vía Láctea son más habitables que las galaxias de otras edades y tipos. Alrededor del 98% de las galaxias del universo local son menos luminosas y más pobres en metales que la Vía Láctea. Hay galaxias enteras desprovistas de planetas como la Tierra. Por tanto, nuestra galaxia es un hogar especialmente adecuado para el Sistema Solar.

La creencia de que el universo era eterno en el tiempo e infinito en espacio y materia se mantuvo hasta que a principios del siglo XX, Edwin Hubble, descubrió los corrimientos al rojo, las distancias de las galaxias y dedujo la expansión del universo. Otros descubrimientos posteriores, como la radiación cósmica de fondo de microondas y la relativa abundancia de isótopos de elementos ligeros, vinieron a corroborar dicha idea. Hoy se asume la teoría del Big Bang, que acepta que el universo tuvo un principio en el tiempo, igual que la Tierra y el resto de los astros. Pero, al no querer aceptar esta evidencia, pues la noción de creación no les gusta, algunos científicos han sugerido el modelo de un “universo oscilatorio”. La idea de que nuestro universo sería sólo un episodio de un ciclo de Big Bangs, expansiones y regresiones. Sin embargo, esta teoría presenta serios inconvenientes: la energía disponible para el trabajo de expansión decrece con cada ciclo sucesivo, por lo que el universo si es eterno habría alcanzado ya un equilibrio inerte hace tiempo; las medidas realizadas sugieren que el universo tiene solamente una fracción de la masa requerida para crear una contracción gravitacional en primer lugar; y no solo la expansión del universo no está ralentizándose lo suficiente para implicar una posible contracción, sino que realmente está acelerándose. La teoría del Big Bang implica que el universo no es eterno ni infinito. Además, nuestro tiempo y lugar en el cosmos están bien sintonizados para la vida inteligente y el desarrollo de la tecnología.

Otra predicción mediocre afirma que las leyes físicas no están especialmente preparadas para la existencia de vida inteligente. Se ha comprobado que esto tampoco es así. Las leyes del universo parecen intrincadamente bien afinadas para la existencia de vida en la Tierra. En su última época, el astrofísico Fred Hoyle, un astrónomo manifiestamente ateo, escribió: “Una interpretación de sentido común de los hechos sugiere que un superintelecto ha jugado con la física, y también con la química y la biología, y que no hay fuerzas ciegas de las que valga la pena hablar en la naturaleza” [1] . Esta conclusión obviamente no era de su agrado, pero no tuvo más remedio que reconocerla ante la abrumadora cantidad de hechos que la demandaban. Desde entonces, lentamente se ha venido reconociendo que el universo tiene una especie de “ADN cósmico”. Toda una serie de factores que han venido colaborando entre sí con gran precisión para permitir nuestra existencia. Esto se conoce como el principio Antrópico. Tales coincidencias serían como los “genes del universo” que han codificado la formación de la vida. Existen notables correlaciones entre la constante gravitatoria, la constante de Plank, las singulares propiedades de la molécula de agua, y muchos otros precisos números de la física y la química del universo, en los que una leve desviación de sus equilibrios haría imposible la vida humana en la Tierra. Estos valores parecen haber sido finamente ajustados para permitir la existencia del ser humano. La ciencia contemporánea no puede evitar un componente antrópico y viene a decirnos que, después de todo, sí parecemos importantes para alguien. A muchos cosmólogos ateos les repugna esta idea y procuran encontrar vías de escape. Sin embargo, los hechos son los hechos.

No queda más remedio que reconocer que el principio de la mediocridad ha fracasado al interpretar el mundo. Es verdad que ni la Tierra ni el Sol son el ombligo del universo. Es cierto que el ser humano no habita en el centro geográfico o espacial del cosmos, entre otras cosas porque el universo, tal como lo concibe la teoría del Big Bang, no tiene centro. No obstante, ¿acaso no es verdad que, en cierto sentido, hemos anidado en el verdadero “centro” del universo? No en un trivial sentido espacial, sino con respecto a la habitabilidad y a la  mensurabilidad , es decir, a la posibilidad de medir e investigar el cosmos. Este hecho contradice todas las expectativas del principio de Copérnico y constituye por sí mismo otro principio que podríamos llamar el “principio de la Excelencia”. A veces, da la impresión que puesto que la Tierra y sus habitantes son diminutos en comparación con todo el universo, también somos insignificantes. Esta es la idea que parece expresar el salmista:  Cuando veo tus cielos, obra de tus dedos, la luna y las estrellas que tú formaste, digo: ¿Qué es el hombre para que tengas de él memoria, y el hijo del hombre para que lo visites?  (Salmo 8:3-4). Se trata de algo obvio que expresa la pequeñez humana comparada con la grandeza de Dios.

Sin embargo, el tamaño físico no es un indicador fiable de significado. Nosotros o la misma Tierra, debemos ser realmente importantes, puesto que, en la escala de tamaños que va desde los  quarks  hasta el universo, nos encontramos extrañamente cercanos a la mitad. El punto de vista oficial hoy entre los científicos y académicos es que la noción de diseño inteligente no es científica o al menos resulta superflua para la práctica de la ciencia natural. No obstante, después de observar los hechos, creo que esa opinión no está acertada. El diseño es la mejor explicación para el origen de las criaturas, así como para la correlación entre habitabilidad y mensurabilidad. Un universo tan hábilmente labrado para la vida y para la investigación científica, parece ser el susurro de una inteligencia extraterrestre inconmensurablemente más grande, más antigua y más espléndida que cualquier otra cosa que pudiéramos imaginar.

La Biblia no sólo afirma que  en el principio creó Dios los cielos y la tierra  (Gn 1:1) sino que también somos especialmente importantes para él. Por eso nos colocó en un marco idóneo. Nuestra ubicación en el cosmos es la mejor no sólo para poder vivir sino también para hacer ciencia. Y no sólo nos puso en este medio ambiente adecuado, sino que asimismo nos visitó en la persona de Jesucristo. Si Dios es el diseñador supremo que lo hizo todo con un propósito, nuestra vida tiene sentido, la moralidad un sólido fundamento y, por tanto, podemos saber cómo debemos vivir.

  [1] Hoyle, F., 1982, “The universe: Past and Present Reflections” , Annual Review of Astronomy and Astrophysics  20, p. 16.


La Tierra no es mediocre

La Tierra no es mediocre

Por: Antonio Cruz Suárez

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Se dice que la Tierra no está excepcionalmente dotada para la vida y que posiblemente hay vida en otros planetas ya que ésta debe ser algo común en el universo. ¿Es esto así?

A principios de 1543 falleció el monje y astrónomo polaco Nicolás Copérnico. Durante muchos años estuvo trabajando en la teoría de su vida: el heliocentrismo. La idea de que la Tierra giraba alrededor del Sol y no al revés, como hasta entonces se pensaba. 

Actualmente se ha extendido el mito que afirma que, en la época de Copérnico, la mayoría de las personas creía que la Tierra era plana. Nada más lejos de la verdad. Las escuelas del momento enseñaban la visión griega de que nuestro planeta era una esfera. Fue el escritor estadounidense del siglo XIX, Washington Irving, quien se inventó la leyenda de que durante la Edad Media se pensaba que la Tierra era plana. Pero, en realidad, no era así ( 1 ).

Pues bien, Copérnico fue plenamente consciente de que su teoría, que había sido presentada al papa Pablo III, sería controvertida sobre todo entre los astrónomos. Éstos asumían el sistema ptolemaico que, durante mil doscientos años, venía diciendo que el Sol giraba alrededor de la Tierra (geocentrismo). Este sistema funcionaba pero requería constantes y tediosas correcciones. Incluso se dice que Alfonso X el Sabio (1221-1284), cientos de años antes, había comentado: “Si yo hubiera estado presente en el momento de la creación, habría ofrecido algunas sugerencias útiles para ordenar mejor el universo” ( 2 ).

Semejante presunción de querer hacer la cosas mejor que el Creador, comprensible desde la visión del geocentrismo, sigue hoy en boca de algunos paladines del Nuevo ateísmo, en relación a otros temas. Un segundo mito que envuelve la historia de Copérnico -tal como se vio la pasada semana- es el de que los filósofos medievales pensaban que la Tierra era el centro del universo porque era muy especial. En realidad, creían todo lo contrario. Estaba en el centro precisamente por no tener nada de especial. Se trataba de un planeta rocoso, pesado, inferior y desde luego no era un cuerpo “celeste”. Todos los objetos pesados caían hacia su interior que era progresivamente más caliente. De manera que allí debía estar el infierno, en el peor lugar del cosmos. Desde luego, Copérnico no lo tenía fácil. Su teoría desmontaba muchos mitos de la época.

Paradójicamente, aquella afirmación copernicana de que la Tierra no está en el centro del Sistema Solar ha venido evolucionando hasta convertirse en una doctrina filosófica que asume que el planeta y sus habitantes no son significativamente especiales. Si la Tierra no es el centro, el ser humano tampoco. Pero, resulta que Copérnico estaría absolutamente en contra de semejante conclusión. Trasladar la Tierra desde el centro infernal a una posición próxima a los demás cuerpos celestes era elevarla en rango y dignidad. A pesar de todo, a este principio anti-copernicano de la mediocridad de la Tierra y sus moradores se le ha colocado la rúbrica de Copérnico. ¿Qué predicciones realiza dicho principio?

En primer lugar, se dice que la Tierra no está excepcionalmente dotada para la vida y que posiblemente hay vida en otros planetas ya que ésta debe ser algo común en el universo. ¿Es esto así? Veamos las siguientes características contrarias a dicha predicción que confirman que el planeta Tierra no tiene nada de común. El sistema formado por la Tierra más la Luna no sólo hace posible la vida sino también el conocimiento científico. El gran satélite plateado estabiliza y conserva la inclinación del eje terrestre, con lo cual hace posible un clima más estable que favorece la existencia de los organismos. Si su masa fuese diferente causaría importante fluctuaciones climáticas incompatibles con la existencia de vida en la Tierra. Por otro lado, si la órbita de la Tierra fuera un poco más grande de lo que es, la temperatura en su superficie variaría notablemente y ésta sería menos habitable. La Luna provoca mareas en los océanos que remueven los nutrientes marinos y los mezclan con los que arrastran los ríos desde la tierra. Esto genera zonas litorales fértiles que contribuyen al ciclo de la vida acuática.

Como el Sol está alrededor de cuatrocientas veces más lejos de la Tierra que la Luna, pero es también cuatrocientas veces más grande, resulta que ambos cuerpos aparecen con el mismo tamaño en nuestro cielo. Esto hace que los eclipses de la Tierra sean los mejores del Sistema Solar y que, por tanto, un observador situado en nuestro planeta pueda discernir mejor pequeños detalles de la cromosfera del Sol y de su corona que desde cualquier otro planeta. Los eclipses de Sol han permitido el avance de la astronomía ya que han ayudado a descubrir la naturaleza de las estrellas, han proporcionado un experimento natural para probar la teoría de la relatividad de Einstein y han servido para medir el retraso de la rotación terrestre. El Sol, la Tierra y la Luna constituyen los componentes primarios de un espectroscopio gigante. Es posible interpretar la luz de las estrellas distantes y determinar su composición química.

La forma de la sombra circular de la Tierra sobre la Luna indicó ya a los antiguos griegos, como Aristóteles, que nuestro planeta era una esfera. La Luna actúa como un telescopio gigante ya que permite detectar objetos muy pequeños o muy juntos para poderlos medir desde la superficie terrestre. Si la Tierra estuviera más cerca del Sol sería como un invernadero con calefacción y tendría una atmósfera espesa como la de Venus, imposible para la vida. Pero si estuviera más lejos necesitaría más dióxido de carbono en su atmósfera para mantener el agua en la superficie. Algo que también iría contra la vida animal. Por tanto, nuestro planeta, es el lugar más habitable de todo el Sistema Solar y además posee la mejor vista de eclipses solares en el momento en el que los observadores los pueden apreciar mejor. Luego, la Tierra es un planeta único, privilegiado para la habitabilidad y la mensurabilidad. Esta es la tesis que defienden Guillermo González y Jay W. Richards en su libro:  El planeta privilegiado ( 3 ).

En la misma línea de observaciones, sabemos que el campo magnético terrestre sirve como primer escudo de defensa contra las partículas de los rayos cósmicos de las galaxias, capaces de generar otras partículas secundarias que pueden atravesar nuestros cuerpos y producir daños en las células. La Tierra tiene el tamaño adecuado para la vida. Si fuera algo más pequeña sería menos habitable ya que variaría su gravedad, perdería la atmósfera con rapidez y su interior se enfriaría demasiado como para poder generar un fuerte campo magnético. Los planetas más pequeños tienden a tener órbitas peligrosamente erráticas. Y al revés, si fuera más grande tendría mayor gravedad y atmósfera. Pero una alta presión en superficie haría disminuir la evaporación del agua y se incrementaría la viscosidad del aire, haciendo la respiración más difícil.

Mucha gente asocia los terremotos con muerte y destrucción, pero, irónicamente, los seísmos son una inevitable muestra del desarrollo de fuerzas geológicas muy ventajosas para la vida. El calor que fluye desde el interior de la Tierra es el motor que produce la convección del manto y los movimientos de la corteza que construyen montañas y reciclan el dióxido de carbono de la atmósfera. Fenómenos todos que hacen la Tierra más habitable. La atmósfera terrestre es lo suficientemente espesa para permitirnos respirar y protegernos de los peligrosos rayos cósmicos, mientras que, a la vez, es lo bastante transparente para poder ver las estrellas. Este frágil equilibrio constituye de forma notable algo muy improbable. No conocemos ningún otro planeta en el universo que reúna estas condiciones. A pesar de todo esto, todavía hoy muchos creen que el origen de la vida es sólo un asunto de encontrar agua líquida en cualquier lugar del cosmos durante unos pocos millones de años. Aunque en la actualidad nadie espera encontrar vida avanzada o inteligente en algún planeta del Sistema Solar, sí que creen que la vida microbiana “simple” sea algo común en el universo.

Mercurio es el planeta más cercano al Sol, lo que significa que es un mundo de ceniza desolado muy parecido a la Luna. Las temperaturas del suelo por la tarde pueden alcanzar fácilmente los 227 grados centígrados, mientras que al anochecer éstas son capaces de descender a unos 173 grados bajo cero. No hay agua ni atmósfera, por lo que resulta absolutamente inhóspito para la vida. Venus está más cerca de la Tierra pero es un auténtico infierno. Tiene una densa atmósfera de dióxido de carbono que mantiene una temperatura en superficie de 477 grados centígrados y una presión atmosférica noventa veces superior a la terrestre. Si, a pesar de tal temperatura, un ser humano consiguiera estar sobre la superficie de Venus, estaría sometido a una presión comparable a la que existe a unos mil metros bajo el mar. Así como la atmósfera terrestre posee gotitas de vapor de agua, la atmósfera venusiana tiene gotitas de ácido sulfúrico, capaz de corroer cualquier aparato o ser vivo. El medio ambiente de Marte no favorece tampoco el crecimiento ni la reproducción de organismos terrestres (al menos en los lugares en que hasta ahora se ha aterrizado). La intensa radiación ultravioleta que llega a su superficie bastaría para aniquilar la mayoría de las bacterias terrestres, y además los oxidantes del suelo destruirían cualquier molécula orgánica. A pesar de ello, su atmósfera de dióxido de carbono así como el hielo polar capaz de fundirse, han hecho pensar a muchos científicos en la posibilidad de que poseyera vida microscópica o la hubiera tenido en el pasado. No obstante, por lo que sabemos hoy, el suelo de Marte carece de moléculas orgánicas complejas.

Según nos movemos hacia afuera en el Sistema Solar, las condiciones de vida se van poniendo peor. Júpiter es el mayor de los planetas del sistema solar. La Tierra cabría de sobras en el interior de su característico sistema tormentoso ovalado que gira como un enorme remolino en el cielo de Júpiter. Tiene una espesa atmósfera formada en un 88% aproximado de gas de hidrógeno molecular y un 11% de helio. El uno por ciento restante está constituido por metano, amoníaco, agua, monóxido de carbono y otros compuestos menores. La superficie del planeta no es sólida sino líquida. No hay continentes, ni islas, sólo un inmenso y único océano viscoso de hidrógeno líquido sobre el que se eleva una espesa niebla formada por gotitas de amoníaco y agua. Júpiter no es apto para la vida, es más bien, un lugar desierto y terrible.

De las dieciséis lunas que se le conocen a Júpiter, algunas han sido propuestas como candidatas para encontrar en ellas moléculas orgánicas o incluso vida microscópica. Este es el caso de Europa, un satélite que genera mucho calor como consecuencia de la deformación mareal. La atracción que sobre él ejerce el inmenso Júpiter lo deforma y esto produce un gran aumento de temperatura en su interior. Europa está formada principalmente por agua helada y, desde el espacio, parece una blanca bola de billar. Se trata de un astro rocoso cuya corteza, que puede alcanzar entre 100 y 300 kilómetros de espesor, es de hielo bastante puro con muy pocos contaminantes y carece por completo de volcanes. La exobiología -disciplina que busca vida extraterrestre- sugiere la posibilidad de que a cierta profundidad bajo el hielo, pudiera existir un océano de agua líquida capaz de alojar vida microscópica, similar a las algas que existen bajo los hielos del Ártico o la Antártida. De nuevo, todo se basa en suposiciones que hoy por hoy son imposibles de verificar.

No obstante, esta posibilidad presenta tres serios inconvenientes: primero, si hay un océano de 100 kilómetros de espesor como mínimo bajo la superficie helada de Europa, (es decir, veinte veces más profundo que los océanos de la Tierra) ejercerá una presión tan elevada que resultará incompatible con cualquier forma microbiana de vida. Los seres vivos no pueden tolerar una presión arbitrariamente elevada; segundo, incluso aunque alguna forma extraña de vida pudiera tolerar semejantes presiones, la luz del Sol no puede penetrar el espeso hielo y eso implica que los océanos de Europa tienen muy poca energía disponible para la actividad biológica; y en tercer lugar, los océanos de Europa pueden ser un inmenso Mar Muerto del tamaño del planeta, demasiado salados para mantener la vida. Su congelación periódica hace que el agua líquida se vuelva más salada ya que la sal no se incorpora al hielo, y esto mataría a los seres vivos.

Por tanto, después de examinar todos los cuerpos celestes que constituyen el Sistema Solar, no parece que la vida sea ese fenómeno emergente que tiende a aparecer por doquier con relativa facilidad, cuando confluyen esas tres condiciones casi mágicas que propone la exobiología: agua, energía y los elementos químicos característicos de la materia orgánica. 

Más bien se confirma la hipótesis contraria. A saber, que la vida es una manifestación altamente singular y especializada, propia de un mundo con características tan especiales como las del planeta Tierra. La próxima semana concluiremos esta serie sobre la singularidad de nuestro planeta y comprobaremos el fracaso del principio de mediocridad a la luz de los actuales conocimientos astronómicos.

   1  O’Leary, D. 2011,  ¿Por diseño o por azar?,  Clie, p. 39.

   2   Oxford Dictionary of Thematic Quotations , 2000.

   3  González, G. y Richards, J. W. 2006,  El planeta privilegiado,  Palabra, Madrid.

Nota del administrador: este post fue tomado de http://www.protestantedigital.com/ES


Derrocados del centro del Universo

Derrocados del centro del Universo

Por: el apologista  Antonio Cruz Suárez

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Los astrónomos del siglo XIX y principios del XX creían que el universo era eterno e infinito. Estaban convencidos de que la idea de una creación u origen del mismo -tal como proponían las religiones monoteístas- no era propiamente científica y debía ser descartada. Sin embargo, había una cuestión que perturbaba poderosamente esta conclusión. ¿Por qué era oscuro el cielo nocturno? ¿Cómo es que durante las noches despejadas podemos observar las estrellas refulgentes brillando en un firmamento ennegrecido?

Semejante interrogante se conoce como “la paradoja de Olbers”, ya que fue este astrónomo alemán quien la reformuló en 1826, pues ya en el siglo XVII Kepler se había referido también a dicha contradicción astronómica. ¿Por qué se trata de una paradoja? Si el cosmos fuera eterno, estático y sin fin, como entonces creían los científicos, un infinito número de estrellas habrían producido desde su eternidad un firmamento brillante y uniformemente iluminado tanto de día como de noche. El cielo nocturno no tendría por qué ser oscuro sino radiante y luminoso. Pero esto, desde luego, no encajaba con la realidad observable.

La concepción actual de un universo con un pasado finito ha permitido a los astrónomos y cosmólogos resolver dicho acertijo. Hoy sabemos que no existe tal paradoja ya que el mundo tuvo un principio y, por tanto, un cielo nocturno oscuro es una evidencia en sí misma de que hubo un comienzo en el tiempo. Precisamente porque el cosmos no es infinito ni eterno resulta posible descubrir tantas cosas sobre él, a pesar de su enorme tamaño. Además, la vida en un universo que fuera estático y eterno, bañado siempre en una intensa radiación cósmica nociva para las células, seguramente no hubiera podido prosperar a pesar de la protección que supone la atmósfera y el magnetismo terrestres.

Hecha esta breve observación introductoria, me gustaría tratar un concepto, relacionado con nuestro planeta azul y el resto del cosmos, que ha entrado a formar parte de la cultura popular de Occidente. Se trata de la idea conocida como “el principio copernicano de la mediocridad”. Es una explicación que se enseña tanto en las escuelas como en la universidad y que afirma que la ciencia moderna desplazó al ser humano del prestigioso pedestal en el que se encontraba.

El hombre, que se consideraba a sí mismo como el centro del universo y medida de todas las cosas, fue relegado por los descubrimientos científicos a una posición marginal y secundaria. Primero, se comprobó que la Tierra no era el centro geográfico del mundo; después, se pensó que la vida y la inteligencia representaban algo corriente y sin propósito en el universo o que podrían haber surgido también en otros muchos lugares del cosmos; y, por último, que el propio ser humano era tan sólo una especie más, perdida entre las ramas del famoso árbol de la evolución darwinista.

El orgullo del hombre fomentado por las religiones quedaba así sin el necesario apoyo de la ciencia. Nuestro lugar en el cosmos no sería excelente, como antes se pensaba, sino mediocre u ordinario. Desde este punto de vista, la Tierra se concibe como uno más de tantos planetas en la inmensidad del cosmos que no tiene nada de significativo o especial. Probablemente existirán -se dice- muchos otros mundos similares a ella, orbitando alrededor de estrellas vulgares como nuestro Sol. Y tampoco nuestra galaxia, la Vía Láctea, sería en esencia diferente del resto de las galaxias del universo para permitir la vida.

Hace casi veinte años, el famoso astrónomo Carl Sagan, comentando una fotografía de la Tierra tomada desde una nave espacial, escribía estas reveladoras palabras: “La Tierra parece estar situada en un haz de luz, como si el mundo tuviese un significado especial, pero se trata sólo de una casualidad de la geometría y la óptica. (…) Nuestra imaginaria autoimportancia, la ilusión de que tenemos una posición privilegiada en el universo se enfrenta al desafío que presenta ese pálido punto de luz. Nuestro planeta es una solitaria mota en la inmensa oscuridad cósmica que le envuelve. En nuestra oscuridad, en esa inmensa vastedad, no hay punto de agarre para firmar que de algún sitio vendrá una ayuda para salvarnos de nosotros mismos”( 1 ). El ateísmo de Sagan -patente en casi todos sus documentales divulgativos sobre astronomía- corroboraba así el principio copernicano de la mediocridad.

Otros muchos investigadores han venido suponiendo que el universo debe estar repleto de numerosas formas de vida. Por ejemplo, el astrónomo estadounidense, Frank Drake, que fue uno de los pioneros del SETI (organización para la búsqueda de vida inteligente extraterrestre), propuso en 1961 una ecuación para llegar a conocer el número de civilizaciones que podían existir en el universo y que estarían en condiciones de usar señales de radio para comunicarse. Diez años después, usando los cálculos de Drake, Carl Sagan estimó que solamente en nuestra galaxia debía haber un millón de civilizaciones avanzadas.

Pues bien, en el siglo XXI podemos decir que los últimos descubrimientos en diferentes campos han socavado aquel optimismo por los extraterrestres, propio de los años sesenta y setenta del pasado siglo. Han aparecido evidencias, como las que analizaremos en próximos trabajos, que sugieren las extraordinarias condiciones necesarias para que pueda darse la vida. Resulta que los requerimientos imprescindibles para la biología compleja son extremadamente raros en el cosmos y la posibilidad de que se den juntos en el momento adecuado en algún otro planeta, que no sea la Tierra, es increíblemente reducida. La euforia por los viajes intergalácticos y los seres inteligentes de otros mundos que se comunican con el ser humano, se ha convertido paulatinamente en un escepticismo científico que sólo aspira ya a encontrar vida bacteriana extraterrestre. Algo que, de momento, tampoco ha ocurrido.

Antes de entrar en detalles astronómicos -algo que como digo haremos en otros artículos-, me gustaría referirme hoy a una cuestión histórica. Es falso decir, como suele ocurrir con demasiada frecuencia, que antes de Copérnico se daba a la Tierra y, por tanto, a los seres humanos que en ella habitamos, una posición de gran prestigio por considerar que residíamos en el centro geográfico del universo, mientras que las observaciones de este gran pionero de la astronomía nos relegaron a un papel secundario e insignificante. Semejante afirmación no se corresponde con la realidad. Veamos por qué.

En el esquema metafísico del mundo que se concebía en la Edad Media, el centro de todo no era el hombre sino Dios y éste no residía en la Tierra sino en los cielos. La cosmología medieval anterior a Copérnico no entendía el centro del cosmos como el lugar más privilegiado e importante sino, más bien, como todo lo contrario. Para Aristóteles, la Tierra era una especie de cisterna cerrada donde tierra, aire, fuego y agua se mezclaban con el fin de causar decadencia y muerte. Sin embargo, las esferas celestes de la Luna, los demás planetas que se veían brillar y las estrellas, eran el dominio habitual de lo eterno e inmutable.

El famoso poeta italiano, Dante Alighieri (1265-1321), en su conocida obra maestra la  Divina comedia,  describió los distintos niveles del infierno situando el trono de Satanás en el centro mismo de la Tierra. ¿Cómo podía el hombre medieval considerarse afortunado por habitar un planeta en cuyo centro residía el diablo? No era esta la idea que se tenía entonces. Pues bien, frente a semejante escenario que refleja la obra de Dante, y que supone la transición del pensamiento medieval al renacentista, no es sorprendente que Copérnico, Galileo, Kepler y otros, pudieran argumentar que situar el Sol en el centro (punto de vista heliocéntrico) elevaba el estatus de la Tierra porque la aproximaba a las esferas celestes. Justo lo contrario de lo que hoy se afirma. Lejos de degradar la posición del planeta azul, lo que decían los astrónomos renacentistas es que su nuevo esquema, con el Sol en el centro y la Tierra girando a su alrededor, ensalzaba y prestigiaba nuestro planeta. Estaban convencidos de que esta nueva posición terrestre que ellos defendían sacaba al planeta del antiguo lugar de deshonor que ocupaba en el universo aristotélico para aproximarlo a los cielos. Sin duda, una posición mucho más honrosa.

En este sentido, Galileo manifestó: “…se puede probar que la Tierra tiene movimiento, que supera a la Luna en brillo y que no es el sumidero en el que el universo recolecta lo sucio y lo efímero” 2 . Casi siempre que se habla de Galileo, Copérnico o Kepler, esto no se tiene en cuenta. Más bien se dice que estos pioneros de la astronomía lucharon en la búsqueda científica de la verdad contra la superstición religiosa y oscurantista. Se llega así fácilmente a la errónea conclusión de que los científicos son honestos porque persiguen siempre la verdad, mientras que los creyentes serían malos porque no la buscan o anteponen sus ideas preconcebidas a ella.

Al realizar tales planteamientos estereotipados y reduccionistas, se olvida que Copérnico fue durante toda su vida un creyente que aceptaba el mundo como creación de un Dios omnipotente que amaba las matemáticas; Galileo, incluso después de ser censurado por la Iglesia católica y obligado a retractarse, fue siempre un firme creyente que continuó recibiendo una pensión de la Iglesia durante el resto de su vida; y Kepler, un protestante luterano profundamente comprometido con su fe, que siguió la lógica de Copérnico en la búsqueda de las leyes del cosmos.

Lo cierto es que la gran mayoría de los estudiosos que protagonizaron la Revolución científica del Renacimiento fueron creyentes en la existencia de un Dios creador. Es innegable que la ciencia moderna surgió en un tiempo y en un lugar donde imperaban los valores y las convicciones teológicas judeocristianas. Y esto, difícilmente puede tratarse de una coincidencia. A pesar de todo, el ser humano es muy dado a elaborar mitos históricos y estereotipos que arraigan en la cultura de los pueblos y se transmiten de generación en generación. No obstante, me parece relevante y necesario desenmascarar dichos mitos siguiendo aquél sabio consejo dado por el apóstol Pablo a su discípulo Timoteo: “Desecha las fábulas profanas… Ejercítate para la piedad” (1 Tim. 4:7).

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1  C. Sagan,  Un punto azul pálido,  1995, Planeta, Barcelona, p. 7.

2  Galileo,  Siderus Nuntius,  citado en González, G. & Richards, J. W., 2006,  El planeta privilegiado , Palabra, Madrid, p. 274.

 


Características de una persona intelectualmente deshonesta

Características de una persona intelectualmente deshonesta

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A veces la verdad molesta. Es más fácil decir que la verdad no existe o que es relativa para no tener la responsabilidad que conlleva conocerla.

Pero, ¿cómo sabemos que lo que conocemos es verdad?

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La verdad es todo aquello que es pertinente a la realidad. Para saber si lo que conocemos es verdad tenemos que probarlo. Esto implica arriesgarse a tener que admitir que lo que creías que era cierto no lo es y cambiar de parecer.

Lo que creemos no debe ser lo que moldea la verdad, sino que la verdad sea lo que moldea lo que creemos.

Para lograr esto, tenemos que ser intelectualmente honestos. Las personas que no lo son, tienden a crear su propia realidad y – no sólo rechazan la verdad arbitrariamente – sino que militan en contra de ella.

Veamos algunas características y hábitos de personas que son intelectualmente deshonestas.

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Piensan que los que están en desacuerdo con ellos son “estúpidos,” menos intelectuales y/o sus argumentos no valen la pena

Muchas veces intentamos de convencernos de que algo es ridículo cuando no queremos ser retados por ello. Nos enajenamos y lo descartamos con burla y palabras que denigran la postura intelectual de otro. El problema es que la burla NO es un argumento. No dice nada en contra de una postura ni a favor de quién la trae – sencillamente busca colgarle un sentimiento negativo a una postura sin proveer evidencias en contra de la postura.

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Se enojan con los que no están de acuerdo con ellos

El enojo es lo que sucede cuando no nos sentimos en control de una situación y se nos hace necesario sobre-enfatizar nuestro dominio en una situación. Nos convencemos de que nuestro enojo es justificado por cuán incorrecto (o inmoral o absurdo o…) es su punto. Es importante entender que esta reacción es emocional y no intelectual. Cuando nuestro enojo vuelva a su estado normal, debemos preguntarnos: “¿Por qué me molesté?” Tal vez fue porque demostraron que estábamos en lo incorrecto y no queremos admitirlo…

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Atacas la persona, no el argumento

Cuando hablas de características de una persona o lo insultas, es un error de lógica llamado “ad hominem,” en el cual se ataca la persona y no el argumento. Por ejemplo, decir “Es que eres Cristiano” como un intento de desacreditar un argumento es un “ad hominem.” No estás hablando del argumento, sino de la persona. También se comete la falacia genética – que es desacreditar un argumento a base de su origen.

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Utilizan muchas citas y/o frases que no pueden apoyar con argumentos

Hay fraces que se escuchan frecuentemente y nos parecen racionales o bonitas y las repetimos sin pensar si son verdad o no. Las usamos y cuando nos cuestionan sobre ellas, caemos en uno de los tres puntos anteriores. Si decimos, por ejemplo, “Nada ha provocado más muertes que la religión,” ¿qué respondemos cuando nos demuestran que los números dicen otra cosa? ¿Qué pasa cuando decimos “Dios quiere tu felicidad” cuando lo que Dios quiere para ti es más importante que tu felicidad?

Una cita de un Cristiano o de un ateo no, necesariamente, es un argumento a favor de alguna de estas posturas, por ejemplo. Es raro que estas frases genéricas tengan peso.

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Nunca tienden a criticar ni dudar sobre sus propias creencias

Hay quiénes buscan puntos contrarios con el único propósito de criticar y atacarlos. Sin embargo, esto logra a que no tengamos que analizar nuestras propias creencias: sólo necesitamos hacer que el otro se vea mal. La razón por la cual esto funciona es que, desafortunadamente, las personas no tienden a ser persuadidos por argumentos razonables, sino por promociones. En este punto vale la pena preguntar: “¿Lo que creo es porque es razonable o porque me hace sentir bien?” Muchas veces rechazamos ideas contrarias porque no nos hacen sentir bien – pero, ¿prefierimos sentirnos bien o conocer la verdad? Recordemos que nuestras creencias tienen que ser moldeadas a la verdad, no al revés.

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Sólo leen y buscan aquello que está de acuerdo con lo que creen.

Los libros, páginas web, vídeos y hasta las personas que seguimos por Facebook y Twitter, todas se conforman a aquello que ya creemos y sirven para confirmar nuestra cosmovisión. Entonces, cuando se encuentran con posturas contrarias, se revierten a los puntos anteriores. Claro, leer y buscar cosas que apoyen nuestra cosmovisión no es inherentemente malo. El problema está en que no podemos aprender sobre posturas contrarias e inmediatamente las descartamos arbitrariamente. Si se está seguro de lo que se cree, ¿por qué huir intelectualmente de ideas opuestas?

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Es muy probable que las personas que se indentifiquen con estos puntos estén confundiendo su intelecto por sus emociones. Si tus razones para rechazar una ideología consiste de frases genéricas comunes, tal vez sea tiempo de reevaluar tu cosmovisión.

Lo que sentimos casi nunca es una buena medida de lo que es la verdad. La verdad es indiferente con cómo nos sintamos y no tiende a enfatizar nuestras emociones.

La pregunta final, pues, queda clara: ¿Qué prefieres: tu verdad o la verdad?

Nota del administrador: Este post se tomo del blog amigo http://verdadyfe.com


La Resurrección de Jesús

La Resurrección de Jesús

Por: William Lane Craig

Traducido por:  Joel Naranjo

La mayor parte de la gente no tiene problemas en reconocer que Dios existe; pero en nuestra sociedad pluralista se ha vuelto políticamente incorrecto afirmar que Dios se ha revelado a sí mismo de una forma decisiva en Jesús. ¿Qué justificación pueden ofrecer los cristianos, en contraste con los hindúes, judíos, o musulmanes, para pensar que el Dios cristiano es real?

Recientemente hablé en una importante universidad canadiense sobre la existencia de Dios. Después de mi charla, una estudiante, ligeramente enfadada, escribió en su tarjeta de comentarios: “Estaba con usted hasta que llegó a todo ese asunto sobre Jesús. ¡Dios no es el Dios cristiano!”

Esta actitud es muy típica en la actualidad. La mayor parte de la gente no tiene problemas en reconocer que Dios existe; pero en nuestra sociedad pluralista se ha vuelto políticamente incorrecto afirmar que Dios se ha revelado a sí mismo de una forma decisiva en Jesús. ¿Qué justificación pueden ofrecer los cristianos, en contraste con los hindúes, judíos, o musulmanes, para pensar que el Dios cristiano es real?

La respuesta del Nuevo Testamento es: la Resurrección de Jesús. “Él ha fijado un día en que juzgará al mundo con justicia, por medio del hombre que ha designado. De ello ha dado pruebas a todos al levantarlo de entre los muertos.” (Hechos 17.31). La resurrección es la vindicación por parte de Dios de las radicales pretensiones personales de autoridad divina de Jesús.

Así qué ¿cómo sabemos que Jesús ha resucitado de entre los muertos? El compositor del himno de Pascua dice, “¿Me preguntas cómo sé que él vive? ¡Él vive dentro de mi corazón!” Esta respuesta es absolutamente apropiada en un nivel individual. Pero cuando los cristianos interactuamos con no creyentes en la arena pública, como en las Cartas al Editor de un periódico local, al llamar a un programa de radio, en las reuniones de padres y maestros, o incluso en una simple conversación con compañeros de trabajo, entonces es crucial que seamos capaces de presentar evidencia objetiva en apoyo de nuestras creencias. De otro modo nuestras afirmaciones no tendrán más peso que la aserción de cualquiera que afirme haber tenido una experiencia privada de Dios.

Afortunadamente, el cristianismo, como religión arraigada en la historia, hace afirmaciones que pueden, en buena medida, ser investigadas históricamente. Supongamos, entonces, que nos acercamos los escritos del Nuevo Testamento, no como Escritura inspirada, si no meramente como una colección de documentos en griego que nos han llegado desde el primer siglo, sin ninguna presunción acerca de su fiabilidad más que aquella con la que consideramos normalmente otras fuentes de historia antigua. Podría sorprendernos descubrir que la mayoría de los críticos del Nuevo Testamento que se dedican a investigar los evangelios de esta manera admite los hechos centrales que subyacen a la resurrección de Jesús. Quiero enfatizar que no hablo sólo de estudiosos evangélicos o conservadores, si no del amplio espectro de críticos del Nuevo Testamento que enseñan en universidades seculares y seminarios no evangélicos. Asombroso como pueda parecer, la mayoría de ellos ha llegado a considerar como históricos los hechos básicos que apoyan la resurrección de Jesús. Estos hechos son los siguientes:

HECHO #1: Después de su crucifixión, Jesús fue sepultado en una tumba por José de Arimatea. Este hecho es altamente significativo porque implica, contrariamente a los críticos radicales como John Dominic Crossan del Seminario de Jesús, que la ubicación del sitio de entierro de Jesús era conocido para judíos y cristianos por igual. En ese caso, los discípulos jamás podrían haber proclamado su resurrección en Jerusalén si la tumba no hubiera estado vacía. Los investigadores del Nuevo Testamento han establecido este primer hecho sobre la base de evidencia tal como la siguiente:

1. La sepultura de Jesús es atestada por una tradición muy antigua citada por Pablo en 1 Cor. 15.3-5:

Porque ante todo les transmití a ustedes lo que yo mismo recibí:

… que Cristo murió por nuestros pecados según las Escrituras,
que fue sepultado,
que resucitó al tercer día según las Escrituras,
y que se apareció a Cefas, y luego a los doce. (1Co 15:3-5 NVI)

Pablo no sólo usa los términos rabínicos típicos “recibir” y “transmitir” con respecto a la información que está entregando a los corintios, si no que los vv. 3-5 son una fórmula de cuatro líneas altamente estilizada, llena de características no paulinas. Esto ha convencido a todos los estudiosos que Pablo está, tal como afirma, citando una antigua tradición que él mismo recibió después de su conversión al cristianismo. Esta tradición probablemente se remonta, por lo menos, a la visita de investigación que Pablo hizo a Jerusalén alrededor del año 36 DC, cuando pasó dos semanas con Cefas y Santiago (Gálatas 1.18). Data así de un período de cinco años desde de la muerte de Jesús. Tan corto espacio de tiempo, y tal contacto personal hace infundado hablar de leyenda en este caso.

2. La historia del entierro es la parte del material de una fuente muy antigua usada por Marcos al escribir su evangelio. Los evangelios tienden a consistir en breves instantáneas de la vida de Jesús vagamente conectadas y no siempre cronológicamente ordenadas. Pero al llegar a la historia de la Pasión nos encontramos con una narrativa fluida y continua. Esto sugiere que la historia de la Pasión fue una de las fuentes de información que Marcos usó para escribir su evangelio. Ahora, la mayoría de los estudiosos piensa que Marcos es ya el evangelio más temprano, y la fuente de Marcos de la pasión de Jesús es, por supuesto, aun más antigua. Una comparación de las narraciones de los cuatro los evangelios revela que sus recuentos no divergen entre si, si no hasta después de la sepultura. Esto implica que el recuento del entierro era parte de la historia de pasión. De nuevo, su antigüedad milita contra la posibilidad de que sea legendaria.

3. Como miembro del tribunal judío que condenó a Jesús, es improbable que José de Arimatea sea una invención cristiana. Había un fuerte resentimiento contra los dirigentes judíos a causa de su papel en la condena de Jesús (1 Tesalonicenses. 2.15). Es, por consiguiente, muy improbable que los cristianos inventaran que un miembro del tribunal que condenó a Jesús honrara a Jesús dándole una sepultura apropiada en lugar de permitirle ser despachado como un delincuente común.

4. No existe ninguna otra historia de la sepultura competidora. Si el entierro por José fuera ficticio, esperaríamos encontrar algún rastro histórico de lo que realmente sucedió con el cadáver de Jesús, o por lo menos alguna leyenda competidora. Sin embargo, todas nuestras fuentes son unánimes en el entierro honorable Jesús por José.

Por ésta y otras razones, la mayoría de críticos del Nuevo Testamento concuerdan que Jesús fue sepultado en una tumba por José de Arimatea. Según el fallecido John A. T. Robinson de la Universidad de Cambridge, el entierro de Jesús en sepulcro es “uno de los más tempranos y mejor atestados hechos acerca de Jesús.”1

HECHO #2: En el domingo siguiente a la crucifixión, la tumba de Jesús fue hallada vacía por un grupo de sus seguidoras. Entre las razones que han llevado la mayoría de los estudiosos a esta conclusión están las siguientes:

1. La historia de la tumba vacía también es parte de la antigua fuente de la pasión usada por Marcos. La fuente de la pasión usada por Marcos no concluía en muerte y derrota, sino con la historia de la tumba vacía, que es gramaticalmente de una pieza con la historia de la sepultura.

2. La antigua tradición citada por Pablo en 1 Cor. 15.3-5 implica el hecho de la tumba vacía. Para cualquier judío del primer siglo, decir de un muerto “que fue enterrado y que fue levantado” es implicar que quedó atrás una tumba vacante. Es más, la expresión “en el tercer día” probablemente deriva de la visita de las mujeres a la tumba en el tercer día, en la forma judía de contar, desde la crucifixión. La tradición de cuatro versos citada por Pablo resume tanto el recuento de los evangelios como la temprana predicación apostólica (Hechos 13. 28-31); significativamente, la tercera línea de la tradición corresponde a la historia de la tumba vacía.

3. La historia es simple y carece de señales de embellecimiento legendario. Todo lo que uno tiene que hacer para apreciar este punto es comparar el recuento de Marcos con las locas historias legendarias que hallamos en los evangelios apócrifos del siglo segundo, en los que Jesús es visto salir de la tumba con su cabeza alcanzando por sobre las nubes y ¡seguido por una cruz parlante!

4. El hecho que el testimonio de una mujer era despreciado en la Palestina del siglo primero está a favor del rol de las mujeres en el descubrimiento de la tumba vacía. Según Josefo, el testimonio de las mujeres era considerado de tan poco valor que ni siquiera era admisible en un tribunal de justicia judío. Cualquier historia legendaria tardía habría hecho, ciertamente, a discípulos masculinos descubrir la tumba vacía.

5. La temprana alegación judía de que los discípulos habían robado el cuerpo de Jesús (Mat. 28.15) demuestra que el cuerpo había, de hecho, desaparecido de la tumba. La respuesta judía más temprana a la proclamación de los discípulos de que, “¡Él ha resucitado de los muertos!” no era indicar su tumba ocupada y reírse ellos como fanáticos, sino afirmar que ellos se habían llevado el cuerpo de Jesús. Así, tenemos evidencia de la tumba vacía viniendo de los propios oponentes de los primeros cristianos.

Podríamos continuar, pero creo que se ha dicho que lo suficiente para indicar por qué, en las palabras de Jacob Kremer, un especialista austriaco en la resurrección, “Por lejos, la mayoría de los exegetas sostiene firmemente a la fiabilidad de las declaraciones bíblicas acerca de la tumba vacía.”2

HECHO #3: En múltiples ocasiones y bajo variadas circunstancias, distintos individuos y grupos de personas experimentaron apariciones de Jesús vivo después de su muerte.

Éste es un hecho que es reconocido casi universalmente entre los estudiosos del Nuevo Testamento, por las siguientes razones:

1. La lista de testigos de las apariciones del Jesús resucitado, citadas por Pablo en 1 Cor. 15. 5-7 garantiza que dichas apariciones ocurrieron. Estos incluían a Pedro (Cefas), los Doce, 500 hermanos, y Santiago.

2. Las tradiciones de las apariciones en los evangelios proporcionan atestación múltiple e independiente de las mismas. Ésta es una de las marcas más importantes de historicidad. La aparición a Pedro es atestada independientemente por Lucas, y la aparición a los Doce por Lucas y Juan. También tenemos el testimonio independiente de las apariciones galileas en Marcos, Mateo y Juan, así como a las mujeres en Mateo y Juan.

3. Ciertas apariciones tienen señales de historicidad. Por ejemplo, tenemos buena evidencia en los evangelios que ni Santiago ni ninguno de los hermanos menores de Jesús creyeron en él durante su vida. No hay ninguna razón para pensar que la iglesia primitiva generaría historias ficticias acerca de la incredulidad de la familia de Jesús si hubieran sido desde un principio seguidores fieles. Pero es indiscutible que Santiago y sus hermanos se volvieron creyentes cristianos activos después de la muerte de Jesús. Santiago fue considerado un apóstol y eventualmente ascendió a una posición de liderazgo en la iglesia de Jerusalén. Según el historiador judío del primer siglo, Josefo, Santiago fue martirizado por su fe en Cristo hacia fines de la década del 60 DC. Ahora, la mayoría de nosotros tiene hermanos. ¿Qué se necesitaría para convencerlos que su hermano es el Señor, de tal modo que estuvieran dispuestos a morir por esa creencia? ¿Puede haber alguna duda de que esta notable transformación en el hermano menor de Jesús tuvo lugar porque, en palabras de Pablo, “entonces apareció a Santiago”?

Incluso Gert Lüdemann, un destacado estudioso alemán crítico de la Resurrección, admite, “puede tomarse como históricamente cierto que Pedro y los discípulos tuvieron experiencias después de la muerte de Jesús en que Jesús se les apareció como el Cristo resucitado.”3

HECHO #4: Los discípulos originales creyeron que Jesús había sido levantado de entre los muertos a pesar de tener toda predisposición en contra de ello. Piense en la situación que los discípulos enfrentaron después de la crucifixión de Jesús:

1. Su líder estaba muerto. Y los judíos no tenían ninguna creencia un Mesías que muriese, mucho menos que resucitase. Se suponía que el Mesías debía expulsar a los enemigos de Israel (= Roma) y restablecer el Reino Davídico, no sufrir la muerte ignominiosa de un criminal.

2. Según la ley judía, la ejecución de Jesús como un criminal demostraba que era un hereje, un hombre literalmente bajo la maldición de Dios (Deut. 21.23). La catástrofe de la crucifixión para los discípulos no era simplemente que su Maestro se hubiera ido, sino que la crucifixión demostraba que, en efecto, los Fariseos habían tenido razón desde el principio, que durante tres años habían estado siguiendo a un hereje, ¡a un hombre maldito por Dios!

3. Las creencias judías acerca de la otra vida precluían que alguien fuese levantado de entre los muertos a gloria e inmortalidad antes de la resurrección general en el Fin del mundo. Todo lo que los discípulos podían hacer que era conservar la tumba de su Maestro como un santuario dónde sus huesos podrían residir hasta el día en que los muertos justos de Israel fuesen levantados por Dios a la gloria.

A pesar de todo esto, los discípulos originales creyeron en y estaban deseoso de ir a la muerte por el hecho de la resurrección de Jesús. Luke Johnson, un estudioso del Nuevo Testamento de la Universidad de Emory, reflexiona, “se requiere alguna clase experiencia poderosa y transformativa para generar el tipo de movimiento que el Cristianismo más temprano era…”4 N. T. Wright, un eminente estudioso británico, concluye, “es por eso que, como historiador, no puedo explicar el surgimiento del cristianismo primitivo a menos que Jesús se halla levantado nuevamente, dejando una tumba vacía tras él.”5

En el resumen, hay cuatro hechos aceptados por la mayoría de los estudiosos que han escrito sobre esta materia que cualquier hipótesis histórica adecuada debe responder: la sepultura de Jesús por José de Arimatea, el descubrimiento de su tumba vacía, sus apariciones después de la muerte, y el origen de la creencia de los discípulos en su resurrección.

Ahora la pregunta es: ¿cuál es la mejor explicación de estos cuatro hechos? La mayoría de los estudiosos probablemente permanece agnóstico sobre esta pregunta. Pero el cristiano puede sostener que la hipótesis que mejor explica estos hechos es “Dios resucitó a Jesús de entre los muertos.”

En su libro que “Justifying Historical Descriptions”, el historiador C. B. McCullagh lista seis tests que los historiadores usan para determinar cual es la mejor explicación para ciertos hechos histórico dados6. La hipótesis “Dios resucitó a Jesús de entre los muertos” pasa todas estos tests:

1. Tiene mayor alcance explicativo: explica por qué la tumba fue hallada vacía, por qué los discípulos vieron apariciones después de la muerte de Jesús, y por qué la fe cristiana llegó a existir.

2. Tiene mayor poder explicativo: explica por qué el cuerpo de Jesús desapareció, por qué varias personas vieron a Jesús vivo en repetidas oportunidades, a pesar de su ejecución pública previa, etcétera.

3. Es plausible: dado el contexto histórico de la propia vida y afirmaciones incomparables de Jesús, la resurrección sirve como confirmación divina de esas pretensiones radicales.

4. No es ad hoc o artificial: requiere sólo una hipótesis adicional: que Dios existe. Y ni siquiera esa es necesariamente una hipótesis adicional si uno ya cree en la existencia de Dios.

5. Está de acuerdo con creencias aceptadas. La hipótesis: “Dios resucitó a Jesús de entre los muertos” no contradice en forma alguna la creencia aceptada de que las personas no resucitan naturalmente. El cristiano acepta dicha creencia de todo corazón, tal como acepta la hipótesis de que Dios resucitó a Jesús de entre los muertos.

6. Supera ampliamente a las hipótesis rivales en cumplir las condiciones (1)-(5). A través de la historia se han ofrecido variadas explicaciones alternativas de los hechos, por ejemplo, la hipótesis de la conspiración, la hipótesis de la muerte aparente, la hipótesis de la alucinación, y así. Tales hipótesis han sido rechazadas casi universalmente por la erudición contemporánea. Ninguna de estas hipótesis naturalistas tiene éxito en cumplir las condiciones tan bien como la hipótesis de la resurrección.

Ahora, esto pone al crítico escéptico en una situación bastante desesperada. Hace unos años participé en un debate sobre la Resurrección de Jesús con un profesor en la Universidad de California en Irvine. Él había escrito su disertación doctoral sobre la resurrección, y estaba completamente familiarizado con la evidencia. No podía negar los hechos del entierro honorable de Jesús, la tumba vacía, las apariciones después de la muerte, y el origen de la creencia de los discípulos en la resurrección. Así que su único recurso era proponer alguna explicación alternativa de esos hechos. Y así, ¡argumentó que Jesús de Nazaret tenía un desconocido hermano gemelo idéntico que fue separado de él en la infancia y creció independientemente, pero que regresó a Jerusalén en el momento de la crucifixión, robo el cuerpo de Jesús de la tumba, y se presentó a los discípulos, quienes equivocadamente infirieron que Jesús había resucitado de entre los muertos! No me tomaré la molestia explicar como refuté dicha teoría. Pero pienso que el ejemplo es ilustrativo de hasta donde debe llegar el escepticismo en su desesperación por refutar la evidencia de la Resurrección de Jesús. De hecho, la evidencia es tan poderosa que uno de los principales teólogos judíos a nivel mundial, el fallecido Pinchas Lapide, quien enseñó en la Universidad Hebrea en Israel, declaró estar convencido en base a la evidencia ¡que el Dios de Israel había levantado a Jesús de Nazaret de entre los muertos!7

La importancia de la resurrección de Jesús descansa en el hecho de que no es sólo cualquier Perico de los Palotes quien ha sido levantado de entre los muertos, si no Jesús de Nazaret, cuya crucifixión fue se instigada por los dirigentes judíos debido a sus pretensiones blasfemas a la Autoridad Divina. Si este hombre ha sido levantado de entre los muertos, entonces el Dios contra quien supuestamente había blasfemado ha vindicado claramente sus pretensiones. Así, en una edad de relativismo y pluralismo religioso, la Resurrección de Jesús constituye una roca sólida en que los cristianos pueden tomar su posición en favor de la auto-revelación definitiva de Dios en Jesús.
 Notas

1 John A. T. Robinson, The Human Face of God (Philadelphia: Westminster, 1973), p. 131.

2 Jacob Kremer, Die Osterevangelien—Geschichten um Geschichte (Stuttgart: Katholisches Bibelwerk, 1977), pp. 49-50.

3 Gerd Lüdemann, What Really Happened to Jesus?, trans. John Bowden (Louisville, Kent. Westminster John Knox Press, 1995), p. 80.

4 Luke Timothy Johnson, The Real Jesus (San Francisco: Harper San Francisco, 1996), p. 136.

5 N. T. Wright, “The New Unimproved Jesus,” Christianity Today (September 13, 1993), p. 26.

6 C. Behan McCullagh, Justifying Historical Descriptions (Cambridge: Cambridge University Press, 1984), p. 19.

7 Pinchas Lapide, The Resurrection of Jesus, trans. Wilhelm C. Linss (London: SPCK, 1983).

Read more: http://www.reasonablefaith.org/spanish


¿Deberían Las distintas religiones estar Unidas?

¿Deberían Las distintas religiones estar Unidas?

hipocrsia

Tomado del Articulo “Un Elefante en la Sala” por Vicent Cheung

“¿Pensáis que vine a traer paz en la tierra? No, os digo, sino división. Porque de ahora en adelante, cinco en una casa estarán divididos: tres contra dos y dos contra tres. Estará dividido el padre contra el hijo y el hijo contra el padre, la madre contra la hija y la hija contra la madre, la suegra contra su nuera y la nuera contra su suegra”(Lc 12,51-53)

Hace algunos años, tuve un altercado con un familiar. Ella era una devota seguidora de una religión no cristiana, y el conflicto había estallado a causa de eso. Ella era de aquella opinión equivocada de que todas las religiones son esencialmente la misma cosa y que conducen a la humanidad al bien, ella, alegó que consideraba a la familia como lo más importante. Algunas personas asumen que si una religión divide a una familia, debe ser una secta peligrosa. Ella dijo: ” religión no es sobre la unidad? ¿Y la familia no es lo más importante? “Respondí: “claro que no. La religión es sobre la verdad, especialmente la verdad sobre Dios y la verdad de Dios. Esta verdad lleva a la salvación y la adoración correcta. Yo sostengo que la verdad está en Jesús Cristo y en Él solamente. ¿Y cómo usted no piensa así , yo condeno su religión como falsa. Como la religión es sobre Dios, esta es más importante que cualquier otra cosa, y mucho más importante que la familia.

Luego añadí: “Sin embargo, si usted realmente cree que la religión es acerca de la unidad y realmente cree que la familia es lo más importante, ¿por qué no renunciar a su religión para que haya unidad entre nosotros?” Ella se negó. Ve Usted, ella era hipócrita. Ella quería que yo ceda en mi fe para dar cabida a la de ella, mas ella no se movió un centímetro, a pesar de que fue ella quien dijo que la religión debe ser de la unidad y que la familia debe ocupar el lugar más alto. Lo mismo sucede con aquellos que promueven la tolerancia y la diversidad religiosa y culpar a la fe cristiana a negarse a seguir sus agendas. Esta gente es falsa, hipócrita y contradictoria en sí mismo. Ellos realmente no quieren decir que todos deben aceptar a los otros, sino que todos los cristianos deben abandonar sus creencias y adoptar esta mezcla heterogénea de locura y confusión. Si rechazamos estas tonterías, dirán que somos fanáticos y violentos, una amenaza para la sociedad. No se deje engañar. Son unos mentirosos. Presentaran a Cristo como alguien que no fue, interpretando sus palabras para decir algo que él nunca tuvo la intención de decir o, de alguna manera, lo manipularan para comprometer su lealtad a él. A pesar de afirmar que la paz es más importante que nuestras diferencias ideológicas, no van a renunciar a sus propias creencias para hacer la paz con ustedes. Aunque griten diciendo tolerancia y diversidad, su tolerancia y diversidad no tiene lugar a los cristianos que no están de acuerdo con ellos. Tal vez incluso los contemporáneos de Cristo imaginaron que El traería la armonía en todas las relaciones humanas, o al menos en las familias o en el país donde existiere el vínculo de sangre y la nacionalidad, a la espera de ser mejorada por este gran profeta, o Mesías. Jesús dijo que esto era un malentendido. Él no ha venido a traer la paz y la unidad entre los hombres, sino introducir la división, incluso don ella no existía antes. Él no se avergonzó de ello, mas dijo: “quien ama a su padre o madre más que a mí, no es digno de mí, y el que ama a hijo o hija más que a mí, no es digno de mí” ( Mt 10:37 .) La paz verdadera sólo es posible cuando los no cristianos renuncian a sus religiones, sus filosofías, sus ciencias – que son falsas e irracionales – y se postren delante de Jesucristo. La unidad verdadera sólo es posible cuando los no cristianos alcen sus manos arriba y se arrepientan en polvo y ceniza. Y entonces habríamos de abrazarlos y llamarlos hermanos y hermanas, padres y madres. A menos que esto ocurra, habrá siempre división entre nosotros. Los cristianos tratan de culparnos por ello, pero la división persiste porque la verdad llegó, y ellos no pueden ahuyentarla. Él dice: “Yo soy el camino, la verdad y la vida. Nadie viene al Padre, a no ser por mí. “Eso es lo que Él dice. ¿Qué hacemos al respecto? Ellos no creen eso, mas nosotros lo creemos. La gente hablando del “elefante en la sala”. Bueno, Jesucristo vino y está en medio de nosotros. Y esa es la cuestión que no puede ser ignorada. Si usted finge que el no esta ahí o que no hace ninguna diferencia, él le patera en la cara. Como cristianos, anhelamos la paz, pero no estamos satisfechos con el fingimiento, con una paz basada en la transigencia, o ilusión, y ocultar nuestras verdaderas creencias. Nosotros nos satisfacemos sólo con una paz que está basada en una creencia común en la verdad, la verdad que Dios nos ha revelado en Jesucristo y registrado para nosotros en la Biblia.

De hecho, como había declarado en un contexto diferente, Jesucristo trajo unidad, pero sólo a su pueblo. Esta unidad era de hecho tan poderosa que superó muchas generaciones de prejuicios, de manera que Judíos y gentiles aprendieron a aceptarse unos a otros, los ricos y los pobres se abrazaron y lavaron sus pies, y las mujeres fueron reconocidos como co-herederas con los hombres por medio de Jesucristo, e incluso sacerdotes de Dios, que tiene acceso directo al trono celestial, con pleno derecho a recibir educación de piedad. Por supuesto, siempre hay más trabajo por hacer, ya que el pecado sigue funcionando entre nosotros, y nuevos creyentes llegaran a la iglesia todos los días, pero fuera de Cristo no hay ningún tipo de unidad. Una vez más, no nos estamos refiriendo a una cortesía superficial, compromiso o posible eliminación de las diferencias, sino una inquebrantable hermandad unidos por la verdad y la fe. Sigamos entonces el ejemplo de Cristo, trayendo unidad donde debe haber unidad, mas división donde debe haber división.

TRADUCCION: Raul Loyola Roman.

Tomado del Blog: http://cheungyclarkenespanol.wordpress.com/2013/04/18/un-elefante-en-la-sala-2/

Nota del administrador: Este post fue tomado del blog amigo Espíritu Reformado


Estoy a favor de la unidad

Estoy a favor de la unidad

Por: Will Graham

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Dime, ¿cómo es posible caminar en unidad con el Catolicismo romano y ser fiel a Juan 17:8? Respuesta: no se puede.

Estoy a favor de la unidad. Por supuesto que sí. Después de todo, la unidad es el gran propósito de Dios en todas las esferas de la vida creada. La unidad en la diversidad refleja la naturaleza del Dios trino.

Cuando Dios creó al hombre, no lo dejó solo. Le hizo una compañera preciosa para que hubiera unidad en la diversidad. Adán y Eva juntos representan el gran ideal del Señor para la humanidad. Sólo con la existencia de ambos es que la Escritura declara que son la imagen y semejanza del Señor (Génesis 1:27). Siendo dos, eran uno. Así como la Trinidad: siendo tres, son uno.

La pasión de Dios por la unidad, sin embargo, no sólo implica el mundo creado, sino el reino redimido también. La oración de Cristo por su Iglesia fue que “todos sean uno, así como nosotros somos uno” (Juan 17:22). La Iglesia de Cristo había de ser una Iglesia unida que trasciende todas las naciones, lenguas, tribus y grupos étnicos. Siendo muchos, iban a ser uno.

Pero ¿en qué sentido Jesús intercede para que sean ‘uno’? ¿Acaso simplemente desea la unidad por el bien de la unidad visible? ¿O fue su petición de unidad algo más específico? Si leemos un poco antes en Juan 17 captaremos la respuesta.

Juan 17:8 habla de las condiciones de la unidad cristiana. La unidad de los discípulos era de lo más importante en la doctrina enseñada por Jesús. Permítanme citar ese versículo: “Porque yo les he dado las palabras que me diste; y ellos las recibieron, y han conocido verdaderamente que salí de ti, y han creído que Tú me enviaste”.

Así que antes de que Jesús orase por la unidad en el versículo 22, Él presupone en el versículo 8 que Sus seguidores han recibido su enseñanza (que provenía de su Padre). Esto significa que la apelación a la unidad cristiana debe ser una unidad muy concreta, a saber, se trata de una unidad que se deriva de una común adhesión a las enseñanzas de Jesús. Donde no se acepta la doctrina de Jesús, no puede haber unidad del Evangelio.

Este descubrimiento bíblico es de suma importancia para nuestra escena contemporánea en la Iglesia, donde el canto que suena por doquier en todos los sectores de la cristiandad ecuménica (Ortodoxa oriental, Católica Romana y Protestante liberal) es: “¡Unidad, unidad! ¡Formemos una comunidad!”

El problema es que la unidad tan anhelada en nuestros días no es la unidad en los términos de Cristo (como Juan 17:8 deja claro). Es sólo una definición generalizada, descafeinada y sin azúcar de unidad que abraza a toda confesión de fe, siempre y cuando se comprometa a no ofender a nadie y ya está. Esta noción de unidad de fabricación humana está completamente desprovista de cualquier contenido centrado en Jesús y por lo tanto puede ser completamente descartada por ser anti cristiana y anti bíblica. Es en contra de este tipo de unidad que tenemos que librar la batalla hoy. Esta no es la preciosa unidad mencionada por el Señor Jesucristo en Juan 17:8 que da a conocer la gloria del Padre y del Hijo.

Una unidad que no se basa en las palabras de Jesús es una unidad falsa.No es ni siquiera digna de ser llamada así. Por eso me niego a seguir los caminos de los populares protestantes Peter Kreeft y Ulf Ekman que finalmente se convirtieron al Catolicismo o de los mega pastores Kenneth Copeland y Joel Osteen que alaban abiertamente al Papa Francisco.

De todas formas, el movimiento a favor de la unidad ecuménica ha sufrido dos grandes golpes en estas últimas dos semanas. Por un lado, la Iglesia de Inglaterra finalmente aprobó la ordenación de mujeres al obispado –“un evento grave que complica el camino ecuménico” en palabras del director del  Osservatore Romano  Giovanni Maria Vian. [1]

Por otro lado, el domingo pasado saltó la noticia inesperada: Tony Palmer, el mediador principal entre la Iglesia Católica Romana y la Iglesia carismática, murió en un accidente de moto en el Reino Unido. El obispo anglicano dedicó los últimos seis meses de su vida a sembrar el mensaje de que la Reforma protestante había terminado. “La protesta de Lutero ha terminado. ¿Verdad? […] Si no hay más protestas, ¿cómo puede haber una Iglesia protestante?”

La Reforma protestante no ha terminado. Y mientras haya creyentes que creen que la unidad de la Iglesia se basa en las exigencias de las Escrituras (Juan 17:8, por ejemplo), el espíritu noble del protestantismo seguirá avanzando.

Dime, ¿cómo es posible caminar en unidad con el Catolicismo romano y ser fiel a Juan 17:8?Respuesta: no se puede. ¿Por qué no? Algunas razones doctrinales serían la Mariología, oraciones a los santos, la sucesión apostólica, el purgatorio, la infalibilidad papal, la división entre los cleros y los laicos, la transubstanciación, la regeneración bautismal, los libros apócrifos, los siete sacramentos, los pecados mortales y veniales, etc.

Una vez más, estoy a favor de la unidad. Pero la unidad en los términos de Cristo. La unidad con los que creen y practican lo que Jesús enseñó. Como Charles Spurgeon (1834-1892) dijo una vez, “La unidad en el error es la unidad en la ruina”.

 Traducido por: Antonio Espino

 

[1]   Obispas ¿un ‘grave obstáculo ecuménico’?

 

Autores: Will Graham

Nota del administrador: Este post fue tomado de http://www.protestantedigital.com


Cesacionismo y el ‘Hablar en Lenguas’

Cesacionismo y el ‘Hablar en Lenguas’

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Por: Vicent Cheung.

Algunas personas me llaman Reformado Carismático. Me acuerdo de una persona que me criticó por considerar que el término es inapropiado y un oxímoron. Pensó que una persona reformada no podía al mismo tiempo ser un carismático y un carismático no podría merecer ser llamado reformado.

Aunque estoy de acuerdo en que gran parte de mi teología está de acuerdo con aquellos que son reformados, no me llamo a mí mismo reformado. Y aunque yo afirmo la continuación de los dones sobrenaturales del Espíritu, no me llamo a mí mismo un carismático. Esta persona tenía un cierto concepto de reformado, y un cierto concepto de carismático, y los dos eran incompatibles. Pero ¿por qué debo ser una o ambas de estas cosas? La forma en que pensaba de estos dos grupos les hacia incompatibles, o tal vez ellos son realmente incompatibles, pero ¿qué tiene eso que ver conmigo?

Una persona puede pensar que un cristiano debe ser o bien Bautista o Presbiteriano, y si una persona afirma sacramentos bautistas, pero el gobierno Presbiteriano – o cualquier cosa que es supuestamente Bautista y otro que es supuestamente Presbiteriano – entonces él debe estar mal, simplemente sobre la base que, según él, estas dos categorías son incompatibles. Pero este es un argumento pobre, y no hace nada para resolver si la doctrina de esta persona es correcta o errada. Lo que  hace, sin embargo, es decirnos que su comprensión  crítica del mundo cristiano se limita a una concepción estrecha de bautistas y presbiterianos. Él es como una rana atrapada en el fondo de un pozo, y su idea del cielo es tan pequeña como la abertura por la que él ve el cielo.

El mundo cristiano es muy amplio. El hecho de que una persona crea en la doctrina bíblica de la predestinación no quiere decir que lo aprendió de Calvino. Tal vez lo aprendió de Agustín. Tal vez lo aprendió de Hodge, o Shedd, o Berkhof. Tal vez lo aprendió de Vincent Cheung, o usted, o su pastor. ¿Qué tal esto – tal vez leyó la Biblia y él mismo lo aprendió allí! Pero … ¿es posible? ¿Es posible que una persona pueda leer pasajes bíblicos y de hecho aprender doctrinas bíblicas? ¿Quién ha oído hablar de tal cosa? E incluso si es posible, ¿es un calvinista o no? Tal vez lo aprendió de alguien que usted nunca ha oído hablar. Ahora sería más tonto de ustedes aplicar su criticismo de Calvino a esta persona, como si el fuese algún devoto discípulo suyo, pero que tal vez nunca han oído hablar de Calvino.

Así, que aun cuando las etiquetas y categorías pueden hacer una conversación más conveniente, también pueden hacer de la persona que  las utiliza  perezoso y descuidado. No se puede presionar un argumento con etiquetas y  categorías que tu objetivo no tiene ninguna obligación de satisfacer. Al hacer esto, sólo estas mostrando que la forma en la que entiendes los términos de alguna manera genera algún tipo de conflicto y confusión. Usted no está diciendo mucho más que esto. Ciertamente, no se puede defender cualquier doctrina o refutar a cualquier persona solo sobre esta base.

Por lo tanto me gustaría advertir contra categorizaciones simplistas que dan lugar a malas interpretaciones. Hay quienes piensan que si una persona cree en la continuación de las manifestaciones sobrenaturales del Espíritu, entonces deben ser como los pentecostales – es decir, esos pentecostales locos que ellos conocen. No se le ocurrió pensar que esta persona podría no ser como los pentecostales que el conoce en absoluto, que incluso su doctrina sobre los dones espirituales podría ser muy diferente. Y es posible que no se le ocurra que podría haber pentecostales en algún lugar que no están locos. Es injusto que un cesacionista utilice los pentecostales como la norma, porque es como si una persona es o bien como los pentecostales que ha visto, o él debe ser un cesacionista como él.

~ 2 ~

Cuando se trata de la continuación de los milagros, ya sea que ocurran a una persona o a través de una persona, la doctrina de la soberanía de Dios enmarca el tema. Dios puede hacer cualquier cosa que desee, y si lo desea, EL puede hacer un milagro hoy. Puede ser un milagro que se le hace a una persona, o un milagro que parece ser realizada por un instrumento humano. Dios puede hacer cualquier cosa que desee, incluyendo los milagros. Si una persona cuestiona esto, él tiene un problema mucho mayor que si afirma el cesacionismo. Su creencia acerca de los aspectos más básicos de Dios es errónea.

Los Cesacionistas no se oponen a lo anterior. Ellos fácilmente estarán de acuerdo en que Dios puede hacer cualquier cosa que desee. Si esto es cierto, entonces es concebible que pueda orar por un enfermo de cáncer, y si Dios quiere, sanara a la persona, y la persona será librada de cáncer. Aquí no estoy diciendo que esto sucede todo el tiempo, sino que es concebible dada la doctrina de la soberanía de Dios.

Esto se acordó por todos los que creen en Dios. Sin embargo, en la práctica, muy pocos creen. Ellos dicen que creen en la soberanía de Dios, pero lo niegan con sus obras, teniendo una forma de sana doctrina y piedad, pero negando la eficacia de ella. ¿Con qué frecuencia los cesacionistas oran a Dios para sanar a los enfermos? No, no me refiero a las oraciones que piden a Dios para guiar a los médicos. Me refiero a las peticiones que le piden a Dios que sane el enfermo. ¿Con qué frecuencia los cesacionistas  intentan esto? Si su doctrina admite la posibilidad de que Dios pueda sanar si lo desea, ¿por qué no pedirle sanar? ¿Es Dios el salvador del alma, pero no del cuerpo? Es el brazo del Señor demasiado corto, o sus oídos oyen pesadamente?

Usted dice, es cierto que Dios puede sanar si lo desea, pero tal vez él no desea sanar más. ¿Cómo se sabe esto? Una cosa es decir que podría no desear curar en algunos casos, pero otra afirmar que él ya no desea sanar. Nadie sabe si él no quiere sanar, y no hay evidencia bíblica o de cualquier otro tipo que muestre que Dios ya no quiere hacer milagros.

Los Cesacionistas afirman que quieren proteger las doctrinas de la suficiencia y la finalización de la Escritura. Yo creo que esto es lo que ellos dicen a sí mismos, y que esta es una de las razones por las que consideran necesario afirmar el cesacionismo. Sin embargo, esta es una excusa. Hay motivos siniestros detrás de esta doctrina, como su incredulidad y el temor de que esta incredulidad sea expuesta si se aventuran y se hunden como lo hizo Pedro cuando el Señor lo llamó a caminar sobre el agua. A los Teólogos experimentados no les gusta ser avergonzados. Algunos de ellos prefieren crucificar a Cristo con sus plumas, sólo para callarle, antes que admitir que luchan con la incredulidad. En cualquier caso, se ha demostrado que la continuación de las manifestaciones sobrenaturales del Espíritu no compromete la suficiencia y la finalización de la Escritura.

La afirmación de la soberanía de Dios significa esto: Si Dios quiere hacer a una persona hablar en un idioma que nunca ha aprendido, El puede y lo hará. Es tan simple como eso. Si El hace esto es una cosa, pero no debe haber ninguna duda de que es posible, incluso en la actualidad.

No obstante, hay que reconocer que el tema no está resuelto por la afirmación de la doctrina desnuda de la soberanía de Dios, ya que tiene que ver con cómo El utiliza esta soberanía relativa a los dones espirituales, y lo que Él ha revelado en las Escrituras acerca de esto. Además, cuando se trata de los dones espirituales, nos estamos refiriendo a un modo particular de la manifestación del poder de Dios, es decir, a través de instrumentos humanos como dotes espirituales. Así, se reconoce que el asunto es complejo, aunque lo cierto es que las bases de la discusión debe ser la soberanía de Dios, que él puede y va a hacer lo que él desea. Y en relación con los dones espirituales, voy a decir una vez más que, aun cuando hay muchos versículos en la Escritura ordenándonos operar en los dones espirituales, no hay evidencia bíblica o cualquier otro tipo de evidencia que siquiera se acerque a sugerir que estos han cesado.

~ 3 ~

Permítanme en primer lugar aplicar mi simple argumento contra el cesacionismo a “hablar en lenguas”. Pablo escribe: “No impidáis el hablar en lenguas” (1 Corintios 14:39). Pero si todos los dones sobrenaturales han cesado, las lenguas han cesado. Y si las lenguas han cesado, entonces todas las pretensiones de hablar en lenguas hoy en día son falsas. Si todas las pretensiones de hablar en lenguas hoy en día son falsas, entonces debemos prohibir el hablar en lenguas. En otras palabras, si el cesacionismo es correcto, entonces estamos obligados a hacer exactamente lo contrario a lo que Pablo manda en este versículo sobre la base de que la situación ha cambiado, por lo que la preocupación apostólica misma nos obligaría a prohibir del todo el “hablar en lenguas”. Sin embargo, cambiar “no impidáis el hablar en lenguas” en ” impidan siempre el hablar en lenguas” requeriría un argumento bíblico que sea igualmente explícito, o si se debe proceder por deducción o inferencia, requerirá un razonamiento que sea infalible, perfecto, sin una posibilidad de error o espacio para la crítica. De lo contrario, nadie tiene la autoridad para decir que el “hablar en lenguas” ha cesado, y menos aún debe prohibir el hablar en lenguas.

Jesús dice: “Todo el que infrinja uno solo de estos mandamientos, y enseñe a otros a hacer lo mismo muy pequeño será llamado en el reino de los cielos” (Mateo 5:19). Dios me mandó, “No matarás”. Si desea avanzar en una doctrina que me obliga a cambiar esto a “Siempre matarás”, entonces antes de ir en una matanza, voy a exigir que usted produzca, ya sea un mandato bíblico directo que reemplace el anterior, o un argumento bíblico que apoye el nuevo mandato u obligación y que sea claro y perfecto, sin ninguna posibilidad de error o espacio para la crítica. Si percibo el más mínimo defecto o debilidad, voy a permanecer con lo que es claro y directo, es decir, “No matarás”.

Del mismo modo, si yo enseño “No impidáis el hablar en lenguas”, y ud enseña ” prohíban siempre hablar en lenguas” (o una doctrina que lleva a esto), entonces uno de nosotros debe estar equivocado. Para mostrarme que yo soy el que está en el mal, yo pediría que usted produzca un argumento bíblico que es tan claro, tan contundente, tan perfecto y tan infalible como el que dice: “No impidáis el hablar en lenguas.”

Francamente, en contra de esta consideración, estaría aterrorizado de enseñar el cesacionismo. Y me pregunto cómo podemos justificar la decisión de permitir que alguien permanezca en el ministerio y continúe enseñando el cesacionismo después de escuchar este sencillo argumento. Si él no puede responder – si él no puede producir un argumento infalible a favor del cesacionismo – pero sigue enseñando la doctrina, esto sólo puede significar que él promueve conscientemente rebelión contra el Señor. ¿Qué derecho tenemos, entonces, de abstenernos de echarlo del ministerio? ¿Tengo la autoridad para proteger a tal persona de la  disciplina de la iglesia? Pero yo no soy más fuerte que el Señor. Tal como es, el cesacionismo no es una doctrina a ser discutida, pero un pecado del que arrepentirse. Los cristianos no sólo deben evitar el cesacionismo, ellos deben tener miedo, un miedo mortal, de afirmarlo, puesto que tal y como está, implica un desafío directo y deliberado de los mandamientos de Dios.

Usted puede decir: “Es bueno decir que no debemos prohibir el hablar en lenguas, pero hay que prohibir la falsificación.” ¿Cómo es esto relevante en este punto? Si en el intento de oponerse a la falsificación, se opone a todas las pretensiones de hablar en lenguas como una cuestión de principios, entonces usted nuevamente desafía el mandato de Pablo. Si usted admite que no hay que prohibir el hablar en lenguas, pero debemos juzgar cada caso por sus propios méritos, estaré de acuerdo con usted, pero entonces ya usted no es un cesacionista.

Ahora que ya hemos mencionado la posibilidad de falsificación, la discusión ha llegado finalmente a la naturaleza de las lenguas. Hechos 2 nos dice que el Espíritu Santo permitió a los discípulos hablar en idiomas que ellos nunca habían aprendido. Estas fueron las lenguas humanas conocidas y reconocidas por los extranjeros que estaban presentes. A veces se supone que era un milagro de audición, pero los extranjeros escucharon a los discípulos hablar en sus lenguas, porque los discípulos estaban hablando en sus lenguas. La Escritura dice que hablaron lo que el Espíritu les daba. No dice que el Espíritu alteró la audición de la audiencia. El hablar en lenguas en 1 Corintios 12-14 es el mismo tipo de manifestación que encontramos en Hechos 2. No hay ninguna razón para pensar lo contrario.

Dado que las manifestaciones consisten en lenguajes humanos, como se demuestra en Hechos 2 y también se indica en 1 Corintios 13:01, hay ciertas características que debemos esperar. Un lenguaje humano incluye un vocabulario considerable o palabras, que forman frases. En el lenguaje corriente, las oraciones están marcadas por pausas e inflexiones, que a menudo determinan el significado exacto de estas frases. Por ejemplo, un punto de inflexión podría cambiar lo que podría entenderse como una declaración verdadera en una pregunta. Por ejemplo, “Vas a la iglesia hoy” cambia a “Vas a la iglesia de hoy?” Una inflexión también puede convertir una declaración común y corriente en una exclamación, o incluso una acusación. Hay muchas otras cosas que podemos mencionar sobre las características de las lenguas humanas, pero el punto es que exhiben rasgos y patrones complejos y discernibles.

Dicho esto, muchos de los que dicen hablar en lenguas crean sonidos que no muestran la variedad y la complejidad esperada en las lenguas humanas reales. A menudo repiten sólo una, a veces dos o tres sílabas en sucesión rápida, como “da-da-da-da-da-da-da”, o “wa-ka-la-ka-wa-ka-la-ka- wa-ka-la-ka “, o” moshimoshimoshimoshi “.

Hay tres posibles explicaciones para esto:

En primer lugar, podrían estar hablando de algo así como el código Morse. Sin embargo, incluso el código Morse debe diferenciar sus señales por los patrones y las pausas. Pero cuando una persona repite la misma sílaba sesenta veces sin ninguna pausa en absoluto, y después de tomar una respiración rápida, repite la misma sílaba otros cuarenta veces, es difícil de creer que está comunicando cualquier mensaje significativo. Uno también puede objetar que el hablar en lenguas se supone que debe referirse a una lengua de la gente común, pero esto no resuelve la pregunta, ya que algo como el código Morse sin duda puede calificarse como un lenguaje.

En segundo lugar, se alega que algunos de ellos podrían estar hablando en la lengua de los ángeles, que puede no exhibir las mismas características que las lenguas de los hombres. Sin embargo, incluso si 1 Corintios 13:01 concediera la posibilidad de que se pudiese hablar en la lengua de los ángeles, se aplican las mismas preocupaciones relacionadas con el hablar en código. Parece que debe haber patrones discernibles para diferenciar entre las señales de manera que haya una lengua, al menos cuando se habla a través de los hombres. Y si el idioma de los ángeles no se puede hablar a través de los hombres, en una manera que haya patrones discernibles, entonces parece que no están, de hecho, hablando en el lenguaje de los ángeles, ya que al parecer esta lengua no se puede hablar a través de los hombres en absoluto.

En tercer lugar, es posible que los que hablan sin ningún patrón discernible no estén hablando en lenguas humanas, y ellos no están hablando en lenguas en lo absoluto. No estoy diciendo que no hay lenguas genuinas hoy. He afirmado con mucha fuerza que la manifestación continúa de acuerdo a la voluntad de Dios. Pero si los que hablan en lenguas desean ejercitar la habilidad genuina, y si quieren ser tomados en serio, tienen que elevar el nivel. Cualquier cosa menos que el código Morse parece inaceptable, ya que podría no ser un lenguaje en lo absoluto. Y ¿vamos a creer que muchas de las personas que hablan en lenguas, lo hacen en  código? No, los que hablan en lenguas hablan en lenguas, y estos sonarán como lenguas.

Un factor que ha contribuido a estas afirmaciones cuestionables del hablar en lenguas es el olvido del hecho que la capacidad es una manifestación del Espíritu – es algo que el Espíritu empuja a la luz pública. Por lo tanto, no es algo que un hombre puede enseñar a otros hacer. Los Pentecostales a veces enseñan al recién llegado: “Sólo empieza a hablar. Diga,” da-da-da-da-ka-ka-sha-la-la …. ,ESO ES!  LO TIENE! ” No, el no tiene nada. Se trata de una manifestación del Espíritu, y cuando esto sucede, hay una cualidad celestial, una inteligencia notable detrás. No es algo que se puede enseñar, practicar, o forzar por la carne.

~ 4 ~

Recientemente, escuché un sermón sobre el enfoque bíblico de crecimiento de la iglesia por John MacArthur. Insistió en que los métodos de crecimiento de la iglesia que se basan en las teorías de negocios y trucos de marketing son infieles y destructivos. Más allá, él propuso que los cristianos deben regresar a los Hechos de los Apóstoles, ya que allí el método divino modelado por los primeros discípulos se establece. Él no se refería a un modelo neotestamentario en un sentido general, pero insistió en que hay que seguir el libro de los Hechos .

Luego, en el curso del sermón, ofreció cinco principios que había derivado: La iglesia primitiva tuvo 1) Un mensaje trascendente, 2) Una congregación regenerada, 3) Una valiente perseverancia, 4) Una pureza evidente, y 5) Un liderazgo cualificado. Sin embargo, cualquier expositor honesto debería haber añadido, 6) Un hablar en lenguas, sanidad de paraliticos, resucitadores de muertos, expulsores de demonios, derrocadores de mentiras, quebrantadores de prisiones, estremecedores de casas, anatematizacion de hechiceros, observadores de visiones, profetas de futuro, y ministerios milagrosos. Todas estas cosas se registran en el libro de los Hechos, ¿no es así?Por supuesto, no esperaba que MacArthur se avergonzara a sí mismo con la verdad. Sabiendo que era un furioso cesacionista, esperé una mención de este tema antes que fuera despedido, pero nunca llegó. Ni siquiera lo mencionó. Pero pensé que nos íbamos a volver al patrón en el Libro de los Hechos? ¿Qué libro de los Hechos estuvo leyendo? ¿Es este el campeón de la predicación expositiva que tantos cristianos adoran? Pero yo pensaba que la predicación expositiva debía obligar al predicador abordar temas con los que no se siente cómodo, y exponer lo que él podría encontrar difícil de aceptar? ¿Qué pasó con eso?

Te diré cuál es el patrón en el libro de los Hechos – es el patrón de no permitir que la deshonestidad y el prejuicio oscurezcan las claras enseñanzas de la palabra de Dios. Si tuviéramos que esforzarnos por ser irrazonablemente caritativos, podríamos decir que MacArthur saltó el tema para salvar tiempo de mencionar algo que él no creía en el primer lugar. Pero al menos en la superficie, violó su propio estándar de predicar la palabra de Dios, como está escrita. Es muy difícil, si no imposible, excusar a alguien por no mencionar los milagros cuando él mismo, con tanto celo e indignación, reprende a las iglesias por no seguir el patrón en el Libro de los Hechos.

Jesús dijo que íbamos a recibir poder cuando el Espíritu Santo, viniese sobre nosotros. Entonces, ¿dónde está el poder? Ustedes, que no crees en la continuidad de los dones sobrenaturales: Ustedes dicen que tiene el Espíritu, que todos los creyentes lo tienen, así que ¿dónde está el poder? Hipócritas – pretenden que lo tienen redefiniéndolo. Y ustedes que creen en la continuación de los dones sobrenaturales: Ustedes afirman que tienen el Espíritu, pero ¿dónde está el poder? Hipócritas – insultan el Espíritu mediante la implementación de un bajo standar, por lo que lo falso y los excesos se cuentan con lo genuino, si efectivamente hay manifestaciones genuinas entre vosotros. Cuando Elías desafió a los falsos profetas, él no lo hizo fácil para él mismo o para el Señor. No vertió gasolina sobre los sacrificios, sino que vertió mucha agua. Él era de la mente que si Dios no lo haría, entonces que no se haga, pero si Dios lo haría, entonces que no haya duda que el milagro era del Señor, y no de las intrigas y las astucias de los hombres.

Ambos dicen que  tienen el Espíritu, pero cuando los discípulos fueron llenos del Espíritu en el libro de los Hechos, hubo tales manifestaciones de poder que provocó que los no creyentes temblaran. ¿Dónde está el poder? Es cierto que una demostración del poder divino no siempre implica milagros, pero ¿hay alguna manifestación del poder entre ustedes? Ninguna en absoluto? ¿Dónde está la autoridad divina en su discurso? ¿Dónde está la sabiduría divina en su consejo? ¿Dónde está la audacia divina en sus acciones? Ustedes tienen sus métodos expositivos, sus grados de seminario, sus documentos de ordenación, y los libros de este o aquel teólogo en sus estantes. Pero ustedes no tiene el poder.

Hay quienes piensan que mi ministerio es inútil. No me referiré a ellos en este momento. Pero si usted ve algo de fe, algo de sabiduría, algo de poder, algo de vida, algún celo, alguna audacia, alguna autoridad de otro mundo en mí, entonces que se sepa que viene del Espíritu de Dios. Él me salvó, y me dio un llamamiento santo, aun la obra del ministerio. Y me dio su Espíritu Santo, para que yo pueda estar en condiciones de vivir esta nueva vida, en la verdad y la santidad, y para llevar a cabo las obras que él ha predestinado para mí hacer. No estoy diciendo que todo esto sólo porque creo que debería, pero soy consciente de la fuerza del Espíritu por la cual creo y trabajo, y la diferencia que él hace. Te puedo decir lo que él hace por mí, y lo que no puedo hacer sin él.

Esta es la herencia de todos los cristianos, y el equipo necesario de todo ministro del evangelio. Dios no nos ha dado un espíritu de debilidad, sino un espíritu de poder – el poder de percibir, el poder de creer, el poder de declarar, el poder de soportar, y el poder para derrotar el cinismo y la incredulidad.

Fuente: http://www.vincentcheung.com/2009/03/22/cessationism-and-speaking-in-tongues/

Traduccion: Alexander Phillips.  Twitter: @LaverdadeAl3xD

Nota del Administrados: Este Post a sido tomado del blog amigo Espíritu Reformado (http://teologiayapologetica.wordpress.com)

Dios los bendiga.


¿Es pecado tatuarse?

¿Es pecado tatuarse?

Por: Will Graham

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Si un joven creyente quisiera hacerse un tatuaje, me gustaría hacerle algunas preguntas muy directas. Tal vez estas preguntas te puedan resultar útiles.

A lo largo de estos últimos años, he estado predicando la Palabra de Dios a los jóvenes de España. Y una pregunta recurrente que ha surgido en casi todos los campamentos cristianos ha sido: “¿Es pecado hacerse un tatuaje?” Quiero sumar mi voz al debate de hoy. Y recuerda: Me dirijo a la familia de la fe, no a los incrédulos.

Antes de empezar, quiero aclarar que yo no creo que podamos establecer una ley de Levítico 19:28 para defender una postura anti-tatuaje. Las marcas o señales hechas en el cuerpo mencionadas en este versículo tienen que ver con el ritual pagano de dolerse o lamentarse (guardar luto), no con la moda contemporánea que vivimos hoy día. Creo que el uso de este texto de Levítico puede ser una de esas ocasiones en las que tratamos de encajar la Palabra de Dios en nuestro plan preconcebido en lugar de hacer las cosas al revés. La fidelidad al contexto de la Escritura no me permite “golpear” a los artistas del tatuaje con Levítico.

Hecha esta aclaración, nos volvemos a preguntar: “¿Es pecado hacerse un tatuaje?”

Ahora, me dirijo a vosotros desde el mundo occidental. Nací y crecí en Europa. Sólo una vez en mi vida he estado fuera de Europa. Fue cuando prediqué en los Estados Unidos y México durante tres meses en 2009. Digo esto porque conozco la escena europea. Estoy familiarizado con la cultura europea. Entiendo la visión del mundo de la juventud europea. Y esa es la razón principal por la que veo los tatuajes como algo negativo. Creo que son un obstáculo para la causa de Cristo aquí en Occidente. Si un joven creyente quisiera hacerse un tatuaje aquí, me gustaría hacerle algunas preguntas muy directas. Tal vez estas preguntas te puedan resultar útiles.

1 – . ¿Glorificará ese tatuaje a Dios?

El cristiano tendrá que preguntarse a sí mismo si hacerse un tatuaje puede realmente glorificar a Dios o no. ¿Cuál es el motivo real que hay detrás de hacerse un tatuaje? Aquí es donde sí podemos hacer mención del principio ético fundamental de Levítico: “No ser como las otras naciones”. La persona que se tatúa su cuerpo, ¿lo hace para extender el Reino de Dios en el mundo o lo hace sólo para ir con el flujo de un mundo obsesionado por las apariencias superficiales, la moda y las tendencias? En la mayoría de los casos que conozco, esta última mentalidad es la que prevalece. El Nuevo Testamento nos llama a no conformarnos a este mundo (Romanos 12:2).

2- . ¿Qué dice tu conciencia?

Cuando Lutero se defendió en la Dieta de Worms, subrayó que él no iría en contra de la Palabra de Dios o de su conciencia. Si tu conciencia tiene algún escrúpulo con respecto al tema de los tatuajes, entonces definitivamente no debes tatuarte. Es pecado. Todo lo que no proviene de fe, dice Pablo, es pecado (Romanos 14:23). El mero hecho de que alguien se haga la pregunta “¿Es pecado hacerse un tatuaje?” me revela que su conciencia no está en paz respecto a este asunto y por lo tanto, él o ella, no debería tatuarse. Si tuvieras cien por cien de paz y tranquilidad en tu alma sobre el tema, no necesitarías preguntarle a nadie.

3- . ¿Va a ofender a otros creyentes que te tatúes?

Toda la epístola de 1ª Corintios gira en torno al tema del amor cruciforme (que toma la cruz como el centro). Pablo se enfrenta a diez situaciones pastorales diferentes con el mensaje radical de la cruz. Tus acciones, ¿beneficiarían o dañarían a los demás? ¿Van a bendecir u ofender? ¿Van a hacer bien o mal? El cristiano debe darse cuenta de que él (ella) ya no es de su propiedad. Él (ella) vive para el Señor y la iglesia. Si sospecho que un tatuaje puede alterar (perturbar o preocupar) a hombres o mujeres de Dios en mi congregación, entonces pongo mi amor por ellos antes que mis propios deseos y mantengo mi cuerpo limpio, sin tatuajes. Aplico la ley del amor para que otros no se escandalicen por mi acción. Mis acciones tienen efectos positivos o negativos en otros. No quiero hacer daño al cuerpo de Cristo. Así cumplo la motivación apostólica de 1ª Corintios de andar en amor.

4- . ¿Qué pensarán los no creyentes?

Y no sólo los cristianos deben pensar en los demás cristianos, sino en los no creyentes también. ¿Cómo van a reaccionar si me ven testificando de Cristo y también haciéndome un tatuaje? ¿No voy a ser piedra de tropiezo a ellos? ¿No van a pensar que soy un hipócrita? Después de todo, yo soy la Biblia que leen. La impresión que les voy a causar, ¿crees que será beneficiosa o perjudicial? Un chico me dijo: “Con un tatuaje cristiano puedo mostrar a los demás que soy cristiano.” Le respondí: “Creo que es muy triste que necesites un tatuaje para que alguien sepa que eres cristiano“. Seréis conocidos por los frutos, no por las marcas en el cuerpo (tatuajes).

5- . ¿Se tatuaría Jesús?

Y por último, pero no menos importante, aquí está la gran pregunta que subyace bajo toda la conducta y la moral cristiana: “¿Qué haría Jesús?” Si Jesús de Nazaret o Juan el Bautista o el apóstol Pablo vivieran en el siglo XXI, ¿de verdad crees que irían corriendo a la tienda de tatuajes para unirse a la última moda? Por alguna extraña razón, no lo creo. Si soy sincero –totalmente sincero- de la mayoría de la gente “cristiana” que he conocido que se ha tatuado (repito “la mayoría”), no son demasiado serios en su vida espiritual. Pueden ser buenos chicos, dicen cosas buenas y son populares, pero casi todos carecen de madurez y peso espiritual. Esa ha sido mi propia experiencia personal. Todavía no he conocido a un guerrero de oración lleno del Espíritu Santo que me pregunte acerca de si puede o no tatuarse. Me pregunto por qué. Me parece ridículo que en varias partes del mundo nuestros hermanos  cristianos  están derramando su sangre por la extensión del Evangelio y aquí estamos nosotros viviendo para nuestra comodidad en el Occidente debatiendo sobre si debemos de hacernos tatuajes, fumar porros, emborracharnos en discotecas, tener relaciones sexuales antes del matrimonio y otras tonterías mundanas. ¡Qué vergüenza! Otra vez digo: ¡Qué vergüenza! ¿Qué clase de discipulado es éste que estamos viviendo? Es como si fuera otro tipo de fe totalmente distinta en la cual el concepto de ‘llevar nuestra cruz’ no existiera. ¿Qué pensará el Señor Jesús de semejante ‘fe’?

Conclusión

Creo que si algún cristiano responde a estas cinco preguntas con sinceridad y oración, dudo mucho que él (ella) siguiera sintiendo el deseo de hacerse un tatuaje. Es por eso que no tengo uno y nunca voy a hacérmelo. No veo cómo podría glorificar a Dios, mi conciencia está inquieta, no está tranquila al respecto, lo sé, ofendería a muchos hermanos y hermanas en Cristo si tuviera uno, estoy seguro de que algunos creyentes que conozco se sorprenderían demasiado y estoy absolutamente convencido de que ni Jesús (ni ningún otro hombre o mujer de Dios en la Biblia) se haría uno.

 Traducido por: Julian Esquinas


Leyes que demandan Legislador

Leyes que demandan Legislador

Por: Antonio Cruz Suárez

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¿Por qué hay regularidades universales, matemáticamente precisas, que están entrelazadas unas con otras? ¿Cómo es que la naturaleza viene empaqueta de esta manera tan singular?

Se supone que cuando las primeras civilizaciones humanas empezaron a preguntarse acerca de los fenómenos naturales que ocurrían a su alrededor, la imagen que tenían del mundo era bastante diferente de la que poseemos hoy. Se cree que pronto se darían cuenta de que algunos acontecimientos se repetían con una regularidad muy precisa. Así, días, estaciones, años, fases lunares y movimientos de las estrellas les resultarían útiles para calcular el tiempo. Sin embargo, otros eventos naturales podían ser arbitrarios o aleatorios como las tormentas, los relámpagos, las erupciones volcánicas o los temblores de tierra. ¿Cómo podían explicar semejante aspecto ambivalente del mundo natural?

Es fácil entender que aquellos comportamientos regulares que les permitían predecir el futuro, fuesen considerados como benevolentes y les inspirasen un aspecto bondadoso de la naturaleza, mientras que los fenómenos violentos e inesperados se entendieran como la otra cara airada, agresiva o caprichosa del mundo. En este contexto antiguo de intentar reflejar características humanas en los fenómenos del medio ambiente natural, nacería seguramente la astrología. La creencia de que los astros formaban un único sistema con los mortales y que, por tanto, cualquier cambio en éstos debería tener repercusiones sobre la vida de los hombres. Algo que supuestamente podía ser empleado para predecir el futuro de la humanidad.

En ciertas sociedades florecieron los animismos que interpretaron estos diferentes comportamientos de la naturaleza como si se tratasen de auténticas personalidades. Cada fenómeno poseería así su particular espíritu: el del bosque, el río, la lluvia, el fuego o el jaguar. Otras culturas algo más complejas desarrollaron toda una jerarquía de dioses, que reflejaban las virtudes y defectos humanos, para representar el Sol, la Luna, los planetas y hasta la propia Tierra. Esto condujo a la despiadada práctica de los sacrificios de personas, realizados con la intención de apaciguar la ira de los dioses y pedirles lluvia, fertilidad o buenas cosechas. La Biblia muestra las dificultades de un pueblo monoteísta, como el de Israel, por abrirse camino en medio de culturas politeístas que asumían tales costumbres.

Según los historiadores, con los asentamientos urbanos, la vida en sociedad y la aparición de los estados naturales surgió la necesidad de crear estrictos códigos de leyes que regularan la conducta humana. Incluso las divinidades tenían que estar sometidas a las leyes, en función de cada jerarquía, y éstas debían tener también su reflejo en la sociedad humana. Eran los sacerdotes, intermediarios entre dioses y hombres, los encargados de revelar la voluntad divina así como de refrendar sus disposiciones. Pero fue precisamente en el seno de una civilización antigua como la griega, que poseía la convicción de que el universo estaba regido por leyes naturales, donde surgió la novedosa idea de que los fenómenos ocurrían independientemente del estado de ánimo de los dioses. Poco a poco, a medida que fue fortaleciéndose la idea de que el cosmos se desenvolvía según un conjunto de principios fijos e inviolables, el dominio de espíritus y dioses de la naturaleza fue erosionándose a la vez que se descubrían nuevas leyes.

Los trabajos de Galileo Galilei, Johannes Kepler, Isaac Newton y otros investigadores fueron decisivos para reforzar el papel de las leyes físicas. Se entendió que detrás de los fenómenos aparentemente complejos había casi siempre una norma simple que podía ser estudiada y comprendida por el ser humano. Tal creencia en la simplicidad fundamental de la aparente complejidad que muestra el universo, así como en la posibilidad de ser entendida por la razón humana, ha sido la fuerza impulsora de la investigación científica moderna.

Galileo, por ejemplo, estudiando la caída libre de los cuerpos, se dio cuenta de que a pesar de ser un fenómeno complejo que dependía de múltiples factores, tales como el peso, la masa, la forma del objeto, el movimiento, la velocidad del viento, la densidad del aire, etc., en el fondo, todo esto eran solamente incidentes de una ley muy simple. Se trataba de la ley fundamental de la caída de los cuerpos. Es decir, el tiempo que tarda un objeto cualquiera en caer desde una determinada altura es exactamente proporcional a la raíz cuadrada de dicha altura. La idea de ley se había revestido con lenguaje matemático. La antigua creencia en un espíritu que se dedicaba exclusivamente a controlar la caída de los cuerpos sería sustituida pronto por las fórmulas físicas demostrables. Había nacido la ciencia. Se trataba de la Revolución científica del siglo XVI. El comportamiento futuro del mundo, así como su pasado, se podían conocer o predecir por medio de precisas leyes matemáticas.

A mediados del siglo XVII, Newton fue aún más lejos que Galileo al elaborar un sistema global de mecánica que determinaba todo tipo de movimientos. Se aventuró a decir que el Sol y los demás cuerpos del universo experimentan una fuerza gravitatoria entre ellos que disminuye con la distancia según otra ley matemática exacta y sencilla. Se trataba de la famosa ley de la gravitación universal. Al matematizar la gravedad, Newton pudo empezar a predecir el comportamiento de los planetas y esto fue uno de los grandes triunfos de la ciencia moderna. El descubrimiento de otra ley fundamental del universo. Quizás esta revolución científica explicaría en parte la diferencia sociológica existente entre el mundo moderno, caracterizado sobre todo por la idea de progreso, avance y cambio permanente, frente al mundo premoderno más estático y preocupado ante todo por mantener sus costumbres o su inmovilidad cultural. De cualquier manera, la sociedad se volvió dinámica y empezó a pretender el control sobre la naturaleza por medio de la nueva mecánica.

Aquella antigua concepción del mundo, como si fuera una comunidad de espíritus o temperamentos variables que existían en equilibrio manifestando eventualmente sus caprichosos estados de ánimo, dejaría paso a la visión inanimada de un universo mecánico y rígido que funcionaba impasiblemente como un reloj de cuerda sometido a leyes predeterminadas. Aunque se tratase de un avance en la comprensión del cosmos, tal concepción mecanicista resultaba un tanto deprimente. Un mecanismo de relojería condicionado por rígidas leyes puede funcionar con exactitud, pero lamentablemente elimina la posibilidad del libre albedrío. Si el mundo está absolutamente predeterminado por sus leyes inexorables, ¿está también el futuro del hombre determinado de antemano hasta en sus últimos detalles? ¿Son nuestras decisiones, aparentemente libres, el resultado de una maraña de fuerzas naturales totalmente controladas desde el principio? También la concepción de un Dios que se inmiscuía en los asuntos humanos supervisándolo todo, desde las fases lunares hasta las enfermedades y la concepción de los bebés, fue cambiada por otra idea de Dios como creador del cosmos, pero que sólo intervenía observando el mundo y viendo cómo éste evolucionaba según las leyes exactas impuestas desde el principio.

La ciencia actual ha descubierto, después de la teoría cuántica, que las leyes de Newton fallan cuando se aplican estrictamente a los átomos. El ordenado determinismo del mundo macroscópico, al que estamos acostumbrados en nuestra experiencia cotidiana, se derrumba ante el aparente caos que subyace en el interior del átomo. Y, a pesar de todo, este caos subatómico puede dar lugar a alguna clase de orden. La anarquía de las partículas que componen la estructura atómica vuelve a ser coherente, en cierta medida, con las leyes newtonianas.

El universo, después de todo, no es un simple mecanismo de relojería cuyo futuro está absolutamente determinado. Hay lugar para las leyes inexorables pero también para el azar. La incertidumbre es otra propiedad inherente de la materia. Y, aunque esto no le gustara mucho a Einstein y dijera aquello de que “Dios no juega a los dados”, lo cierto es que el Creador no sólo diseñó leyes matemáticas sino también la libertad indeterminista.

En resumen, ¿quién escribió las leyes de la naturaleza que se han venido descubriendo desde Newton hasta las del caos? ¿Por qué hay regularidades universales, matemáticamente precisas, que están entrelazadas unas con otras? ¿Cómo es que la naturaleza viene empaqueta de esta manera tan singular? Los científicos ateos dicen que las leyes existen porque sí y que el universo carece de sentido.

No obstante,grandes genios de la ciencia a lo largo de la historia no han estado de acuerdo con semejante respuesta. Desde Newton hasta Einstein, pasando por Werner Heisenberg, Erwin Schrödinger, Max Planck, Paul Dirac, Paul Davies, John Barrow, John Polkinghorne, Freeman Dyson, Francis Collins, Owen Gingerich, Roger Penrose y otros muchos, han creído que existía otra alternativa. Sus respuestas apuntan generalmente hacia la mente del Dios creador. Incluso el físico agnóstico, Stephen Hawking, heredero de la cátedra de Newton en la Universidad de Cambridge, no tuvo más remedio que terminar su libro,  Historia del tiempo,  con estas palabras: “Si encontramos una respuesta a esto,  (una teoría completa acerca del tiempo)  sería el triunfo definitivo de la razón humana, porque entonces conoceríamos el pensamiento de Dios.” [1]  Pues bien,nosotros creemos también que el universo existe porque el pensamiento de Dios lo creó. Las leyes universales demandan la existencia del supremo Legislador cósmico.Y, como bien dice Antony Flew: “Las leyes de la naturaleza suponen un problema para los ateos porque son una voz de la racionalidad escuchada a través de los mecanismos de la materia”.[2]  Punto y final.

[1] Hawkin, S. W., 1988,  Historia del tiempo,  Crítica, Barcelona, p. 224.

[2] Flew, A., 2012,  Dios existe,  Trotta, Madrid, p. 101.