Estoy a favor de la unidad

Estoy a favor de la unidad

Por: Will Graham

69026_N_25-07-14-18-44-19

Dime, ¿cómo es posible caminar en unidad con el Catolicismo romano y ser fiel a Juan 17:8? Respuesta: no se puede.

Estoy a favor de la unidad. Por supuesto que sí. Después de todo, la unidad es el gran propósito de Dios en todas las esferas de la vida creada. La unidad en la diversidad refleja la naturaleza del Dios trino.

Cuando Dios creó al hombre, no lo dejó solo. Le hizo una compañera preciosa para que hubiera unidad en la diversidad. Adán y Eva juntos representan el gran ideal del Señor para la humanidad. Sólo con la existencia de ambos es que la Escritura declara que son la imagen y semejanza del Señor (Génesis 1:27). Siendo dos, eran uno. Así como la Trinidad: siendo tres, son uno.

La pasión de Dios por la unidad, sin embargo, no sólo implica el mundo creado, sino el reino redimido también. La oración de Cristo por su Iglesia fue que “todos sean uno, así como nosotros somos uno” (Juan 17:22). La Iglesia de Cristo había de ser una Iglesia unida que trasciende todas las naciones, lenguas, tribus y grupos étnicos. Siendo muchos, iban a ser uno.

Pero ¿en qué sentido Jesús intercede para que sean ‘uno’? ¿Acaso simplemente desea la unidad por el bien de la unidad visible? ¿O fue su petición de unidad algo más específico? Si leemos un poco antes en Juan 17 captaremos la respuesta.

Juan 17:8 habla de las condiciones de la unidad cristiana. La unidad de los discípulos era de lo más importante en la doctrina enseñada por Jesús. Permítanme citar ese versículo: “Porque yo les he dado las palabras que me diste; y ellos las recibieron, y han conocido verdaderamente que salí de ti, y han creído que Tú me enviaste”.

Así que antes de que Jesús orase por la unidad en el versículo 22, Él presupone en el versículo 8 que Sus seguidores han recibido su enseñanza (que provenía de su Padre). Esto significa que la apelación a la unidad cristiana debe ser una unidad muy concreta, a saber, se trata de una unidad que se deriva de una común adhesión a las enseñanzas de Jesús. Donde no se acepta la doctrina de Jesús, no puede haber unidad del Evangelio.

Este descubrimiento bíblico es de suma importancia para nuestra escena contemporánea en la Iglesia, donde el canto que suena por doquier en todos los sectores de la cristiandad ecuménica (Ortodoxa oriental, Católica Romana y Protestante liberal) es: “¡Unidad, unidad! ¡Formemos una comunidad!”

El problema es que la unidad tan anhelada en nuestros días no es la unidad en los términos de Cristo (como Juan 17:8 deja claro). Es sólo una definición generalizada, descafeinada y sin azúcar de unidad que abraza a toda confesión de fe, siempre y cuando se comprometa a no ofender a nadie y ya está. Esta noción de unidad de fabricación humana está completamente desprovista de cualquier contenido centrado en Jesús y por lo tanto puede ser completamente descartada por ser anti cristiana y anti bíblica. Es en contra de este tipo de unidad que tenemos que librar la batalla hoy. Esta no es la preciosa unidad mencionada por el Señor Jesucristo en Juan 17:8 que da a conocer la gloria del Padre y del Hijo.

Una unidad que no se basa en las palabras de Jesús es una unidad falsa.No es ni siquiera digna de ser llamada así. Por eso me niego a seguir los caminos de los populares protestantes Peter Kreeft y Ulf Ekman que finalmente se convirtieron al Catolicismo o de los mega pastores Kenneth Copeland y Joel Osteen que alaban abiertamente al Papa Francisco.

De todas formas, el movimiento a favor de la unidad ecuménica ha sufrido dos grandes golpes en estas últimas dos semanas. Por un lado, la Iglesia de Inglaterra finalmente aprobó la ordenación de mujeres al obispado –“un evento grave que complica el camino ecuménico” en palabras del director del  Osservatore Romano  Giovanni Maria Vian. [1]

Por otro lado, el domingo pasado saltó la noticia inesperada: Tony Palmer, el mediador principal entre la Iglesia Católica Romana y la Iglesia carismática, murió en un accidente de moto en el Reino Unido. El obispo anglicano dedicó los últimos seis meses de su vida a sembrar el mensaje de que la Reforma protestante había terminado. “La protesta de Lutero ha terminado. ¿Verdad? […] Si no hay más protestas, ¿cómo puede haber una Iglesia protestante?”

La Reforma protestante no ha terminado. Y mientras haya creyentes que creen que la unidad de la Iglesia se basa en las exigencias de las Escrituras (Juan 17:8, por ejemplo), el espíritu noble del protestantismo seguirá avanzando.

Dime, ¿cómo es posible caminar en unidad con el Catolicismo romano y ser fiel a Juan 17:8?Respuesta: no se puede. ¿Por qué no? Algunas razones doctrinales serían la Mariología, oraciones a los santos, la sucesión apostólica, el purgatorio, la infalibilidad papal, la división entre los cleros y los laicos, la transubstanciación, la regeneración bautismal, los libros apócrifos, los siete sacramentos, los pecados mortales y veniales, etc.

Una vez más, estoy a favor de la unidad. Pero la unidad en los términos de Cristo. La unidad con los que creen y practican lo que Jesús enseñó. Como Charles Spurgeon (1834-1892) dijo una vez, “La unidad en el error es la unidad en la ruina”.

 Traducido por: Antonio Espino

 

[1]   Obispas ¿un ‘grave obstáculo ecuménico’?

 

Autores: Will Graham

Nota del administrador: Este post fue tomado de http://www.protestantedigital.com


Cesacionismo y el ‘Hablar en Lenguas’

Cesacionismo y el ‘Hablar en Lenguas’

pedro_biblicospentecostes

Por: Vicent Cheung.

Algunas personas me llaman Reformado Carismático. Me acuerdo de una persona que me criticó por considerar que el término es inapropiado y un oxímoron. Pensó que una persona reformada no podía al mismo tiempo ser un carismático y un carismático no podría merecer ser llamado reformado.

Aunque estoy de acuerdo en que gran parte de mi teología está de acuerdo con aquellos que son reformados, no me llamo a mí mismo reformado. Y aunque yo afirmo la continuación de los dones sobrenaturales del Espíritu, no me llamo a mí mismo un carismático. Esta persona tenía un cierto concepto de reformado, y un cierto concepto de carismático, y los dos eran incompatibles. Pero ¿por qué debo ser una o ambas de estas cosas? La forma en que pensaba de estos dos grupos les hacia incompatibles, o tal vez ellos son realmente incompatibles, pero ¿qué tiene eso que ver conmigo?

Una persona puede pensar que un cristiano debe ser o bien Bautista o Presbiteriano, y si una persona afirma sacramentos bautistas, pero el gobierno Presbiteriano – o cualquier cosa que es supuestamente Bautista y otro que es supuestamente Presbiteriano – entonces él debe estar mal, simplemente sobre la base que, según él, estas dos categorías son incompatibles. Pero este es un argumento pobre, y no hace nada para resolver si la doctrina de esta persona es correcta o errada. Lo que  hace, sin embargo, es decirnos que su comprensión  crítica del mundo cristiano se limita a una concepción estrecha de bautistas y presbiterianos. Él es como una rana atrapada en el fondo de un pozo, y su idea del cielo es tan pequeña como la abertura por la que él ve el cielo.

El mundo cristiano es muy amplio. El hecho de que una persona crea en la doctrina bíblica de la predestinación no quiere decir que lo aprendió de Calvino. Tal vez lo aprendió de Agustín. Tal vez lo aprendió de Hodge, o Shedd, o Berkhof. Tal vez lo aprendió de Vincent Cheung, o usted, o su pastor. ¿Qué tal esto – tal vez leyó la Biblia y él mismo lo aprendió allí! Pero … ¿es posible? ¿Es posible que una persona pueda leer pasajes bíblicos y de hecho aprender doctrinas bíblicas? ¿Quién ha oído hablar de tal cosa? E incluso si es posible, ¿es un calvinista o no? Tal vez lo aprendió de alguien que usted nunca ha oído hablar. Ahora sería más tonto de ustedes aplicar su criticismo de Calvino a esta persona, como si el fuese algún devoto discípulo suyo, pero que tal vez nunca han oído hablar de Calvino.

Así, que aun cuando las etiquetas y categorías pueden hacer una conversación más conveniente, también pueden hacer de la persona que  las utiliza  perezoso y descuidado. No se puede presionar un argumento con etiquetas y  categorías que tu objetivo no tiene ninguna obligación de satisfacer. Al hacer esto, sólo estas mostrando que la forma en la que entiendes los términos de alguna manera genera algún tipo de conflicto y confusión. Usted no está diciendo mucho más que esto. Ciertamente, no se puede defender cualquier doctrina o refutar a cualquier persona solo sobre esta base.

Por lo tanto me gustaría advertir contra categorizaciones simplistas que dan lugar a malas interpretaciones. Hay quienes piensan que si una persona cree en la continuación de las manifestaciones sobrenaturales del Espíritu, entonces deben ser como los pentecostales – es decir, esos pentecostales locos que ellos conocen. No se le ocurrió pensar que esta persona podría no ser como los pentecostales que el conoce en absoluto, que incluso su doctrina sobre los dones espirituales podría ser muy diferente. Y es posible que no se le ocurra que podría haber pentecostales en algún lugar que no están locos. Es injusto que un cesacionista utilice los pentecostales como la norma, porque es como si una persona es o bien como los pentecostales que ha visto, o él debe ser un cesacionista como él.

~ 2 ~

Cuando se trata de la continuación de los milagros, ya sea que ocurran a una persona o a través de una persona, la doctrina de la soberanía de Dios enmarca el tema. Dios puede hacer cualquier cosa que desee, y si lo desea, EL puede hacer un milagro hoy. Puede ser un milagro que se le hace a una persona, o un milagro que parece ser realizada por un instrumento humano. Dios puede hacer cualquier cosa que desee, incluyendo los milagros. Si una persona cuestiona esto, él tiene un problema mucho mayor que si afirma el cesacionismo. Su creencia acerca de los aspectos más básicos de Dios es errónea.

Los Cesacionistas no se oponen a lo anterior. Ellos fácilmente estarán de acuerdo en que Dios puede hacer cualquier cosa que desee. Si esto es cierto, entonces es concebible que pueda orar por un enfermo de cáncer, y si Dios quiere, sanara a la persona, y la persona será librada de cáncer. Aquí no estoy diciendo que esto sucede todo el tiempo, sino que es concebible dada la doctrina de la soberanía de Dios.

Esto se acordó por todos los que creen en Dios. Sin embargo, en la práctica, muy pocos creen. Ellos dicen que creen en la soberanía de Dios, pero lo niegan con sus obras, teniendo una forma de sana doctrina y piedad, pero negando la eficacia de ella. ¿Con qué frecuencia los cesacionistas oran a Dios para sanar a los enfermos? No, no me refiero a las oraciones que piden a Dios para guiar a los médicos. Me refiero a las peticiones que le piden a Dios que sane el enfermo. ¿Con qué frecuencia los cesacionistas  intentan esto? Si su doctrina admite la posibilidad de que Dios pueda sanar si lo desea, ¿por qué no pedirle sanar? ¿Es Dios el salvador del alma, pero no del cuerpo? Es el brazo del Señor demasiado corto, o sus oídos oyen pesadamente?

Usted dice, es cierto que Dios puede sanar si lo desea, pero tal vez él no desea sanar más. ¿Cómo se sabe esto? Una cosa es decir que podría no desear curar en algunos casos, pero otra afirmar que él ya no desea sanar. Nadie sabe si él no quiere sanar, y no hay evidencia bíblica o de cualquier otro tipo que muestre que Dios ya no quiere hacer milagros.

Los Cesacionistas afirman que quieren proteger las doctrinas de la suficiencia y la finalización de la Escritura. Yo creo que esto es lo que ellos dicen a sí mismos, y que esta es una de las razones por las que consideran necesario afirmar el cesacionismo. Sin embargo, esta es una excusa. Hay motivos siniestros detrás de esta doctrina, como su incredulidad y el temor de que esta incredulidad sea expuesta si se aventuran y se hunden como lo hizo Pedro cuando el Señor lo llamó a caminar sobre el agua. A los Teólogos experimentados no les gusta ser avergonzados. Algunos de ellos prefieren crucificar a Cristo con sus plumas, sólo para callarle, antes que admitir que luchan con la incredulidad. En cualquier caso, se ha demostrado que la continuación de las manifestaciones sobrenaturales del Espíritu no compromete la suficiencia y la finalización de la Escritura.

La afirmación de la soberanía de Dios significa esto: Si Dios quiere hacer a una persona hablar en un idioma que nunca ha aprendido, El puede y lo hará. Es tan simple como eso. Si El hace esto es una cosa, pero no debe haber ninguna duda de que es posible, incluso en la actualidad.

No obstante, hay que reconocer que el tema no está resuelto por la afirmación de la doctrina desnuda de la soberanía de Dios, ya que tiene que ver con cómo El utiliza esta soberanía relativa a los dones espirituales, y lo que Él ha revelado en las Escrituras acerca de esto. Además, cuando se trata de los dones espirituales, nos estamos refiriendo a un modo particular de la manifestación del poder de Dios, es decir, a través de instrumentos humanos como dotes espirituales. Así, se reconoce que el asunto es complejo, aunque lo cierto es que las bases de la discusión debe ser la soberanía de Dios, que él puede y va a hacer lo que él desea. Y en relación con los dones espirituales, voy a decir una vez más que, aun cuando hay muchos versículos en la Escritura ordenándonos operar en los dones espirituales, no hay evidencia bíblica o cualquier otro tipo de evidencia que siquiera se acerque a sugerir que estos han cesado.

~ 3 ~

Permítanme en primer lugar aplicar mi simple argumento contra el cesacionismo a “hablar en lenguas”. Pablo escribe: “No impidáis el hablar en lenguas” (1 Corintios 14:39). Pero si todos los dones sobrenaturales han cesado, las lenguas han cesado. Y si las lenguas han cesado, entonces todas las pretensiones de hablar en lenguas hoy en día son falsas. Si todas las pretensiones de hablar en lenguas hoy en día son falsas, entonces debemos prohibir el hablar en lenguas. En otras palabras, si el cesacionismo es correcto, entonces estamos obligados a hacer exactamente lo contrario a lo que Pablo manda en este versículo sobre la base de que la situación ha cambiado, por lo que la preocupación apostólica misma nos obligaría a prohibir del todo el “hablar en lenguas”. Sin embargo, cambiar “no impidáis el hablar en lenguas” en ” impidan siempre el hablar en lenguas” requeriría un argumento bíblico que sea igualmente explícito, o si se debe proceder por deducción o inferencia, requerirá un razonamiento que sea infalible, perfecto, sin una posibilidad de error o espacio para la crítica. De lo contrario, nadie tiene la autoridad para decir que el “hablar en lenguas” ha cesado, y menos aún debe prohibir el hablar en lenguas.

Jesús dice: “Todo el que infrinja uno solo de estos mandamientos, y enseñe a otros a hacer lo mismo muy pequeño será llamado en el reino de los cielos” (Mateo 5:19). Dios me mandó, “No matarás”. Si desea avanzar en una doctrina que me obliga a cambiar esto a “Siempre matarás”, entonces antes de ir en una matanza, voy a exigir que usted produzca, ya sea un mandato bíblico directo que reemplace el anterior, o un argumento bíblico que apoye el nuevo mandato u obligación y que sea claro y perfecto, sin ninguna posibilidad de error o espacio para la crítica. Si percibo el más mínimo defecto o debilidad, voy a permanecer con lo que es claro y directo, es decir, “No matarás”.

Del mismo modo, si yo enseño “No impidáis el hablar en lenguas”, y ud enseña ” prohíban siempre hablar en lenguas” (o una doctrina que lleva a esto), entonces uno de nosotros debe estar equivocado. Para mostrarme que yo soy el que está en el mal, yo pediría que usted produzca un argumento bíblico que es tan claro, tan contundente, tan perfecto y tan infalible como el que dice: “No impidáis el hablar en lenguas.”

Francamente, en contra de esta consideración, estaría aterrorizado de enseñar el cesacionismo. Y me pregunto cómo podemos justificar la decisión de permitir que alguien permanezca en el ministerio y continúe enseñando el cesacionismo después de escuchar este sencillo argumento. Si él no puede responder – si él no puede producir un argumento infalible a favor del cesacionismo – pero sigue enseñando la doctrina, esto sólo puede significar que él promueve conscientemente rebelión contra el Señor. ¿Qué derecho tenemos, entonces, de abstenernos de echarlo del ministerio? ¿Tengo la autoridad para proteger a tal persona de la  disciplina de la iglesia? Pero yo no soy más fuerte que el Señor. Tal como es, el cesacionismo no es una doctrina a ser discutida, pero un pecado del que arrepentirse. Los cristianos no sólo deben evitar el cesacionismo, ellos deben tener miedo, un miedo mortal, de afirmarlo, puesto que tal y como está, implica un desafío directo y deliberado de los mandamientos de Dios.

Usted puede decir: “Es bueno decir que no debemos prohibir el hablar en lenguas, pero hay que prohibir la falsificación.” ¿Cómo es esto relevante en este punto? Si en el intento de oponerse a la falsificación, se opone a todas las pretensiones de hablar en lenguas como una cuestión de principios, entonces usted nuevamente desafía el mandato de Pablo. Si usted admite que no hay que prohibir el hablar en lenguas, pero debemos juzgar cada caso por sus propios méritos, estaré de acuerdo con usted, pero entonces ya usted no es un cesacionista.

Ahora que ya hemos mencionado la posibilidad de falsificación, la discusión ha llegado finalmente a la naturaleza de las lenguas. Hechos 2 nos dice que el Espíritu Santo permitió a los discípulos hablar en idiomas que ellos nunca habían aprendido. Estas fueron las lenguas humanas conocidas y reconocidas por los extranjeros que estaban presentes. A veces se supone que era un milagro de audición, pero los extranjeros escucharon a los discípulos hablar en sus lenguas, porque los discípulos estaban hablando en sus lenguas. La Escritura dice que hablaron lo que el Espíritu les daba. No dice que el Espíritu alteró la audición de la audiencia. El hablar en lenguas en 1 Corintios 12-14 es el mismo tipo de manifestación que encontramos en Hechos 2. No hay ninguna razón para pensar lo contrario.

Dado que las manifestaciones consisten en lenguajes humanos, como se demuestra en Hechos 2 y también se indica en 1 Corintios 13:01, hay ciertas características que debemos esperar. Un lenguaje humano incluye un vocabulario considerable o palabras, que forman frases. En el lenguaje corriente, las oraciones están marcadas por pausas e inflexiones, que a menudo determinan el significado exacto de estas frases. Por ejemplo, un punto de inflexión podría cambiar lo que podría entenderse como una declaración verdadera en una pregunta. Por ejemplo, “Vas a la iglesia hoy” cambia a “Vas a la iglesia de hoy?” Una inflexión también puede convertir una declaración común y corriente en una exclamación, o incluso una acusación. Hay muchas otras cosas que podemos mencionar sobre las características de las lenguas humanas, pero el punto es que exhiben rasgos y patrones complejos y discernibles.

Dicho esto, muchos de los que dicen hablar en lenguas crean sonidos que no muestran la variedad y la complejidad esperada en las lenguas humanas reales. A menudo repiten sólo una, a veces dos o tres sílabas en sucesión rápida, como “da-da-da-da-da-da-da”, o “wa-ka-la-ka-wa-ka-la-ka- wa-ka-la-ka “, o” moshimoshimoshimoshi “.

Hay tres posibles explicaciones para esto:

En primer lugar, podrían estar hablando de algo así como el código Morse. Sin embargo, incluso el código Morse debe diferenciar sus señales por los patrones y las pausas. Pero cuando una persona repite la misma sílaba sesenta veces sin ninguna pausa en absoluto, y después de tomar una respiración rápida, repite la misma sílaba otros cuarenta veces, es difícil de creer que está comunicando cualquier mensaje significativo. Uno también puede objetar que el hablar en lenguas se supone que debe referirse a una lengua de la gente común, pero esto no resuelve la pregunta, ya que algo como el código Morse sin duda puede calificarse como un lenguaje.

En segundo lugar, se alega que algunos de ellos podrían estar hablando en la lengua de los ángeles, que puede no exhibir las mismas características que las lenguas de los hombres. Sin embargo, incluso si 1 Corintios 13:01 concediera la posibilidad de que se pudiese hablar en la lengua de los ángeles, se aplican las mismas preocupaciones relacionadas con el hablar en código. Parece que debe haber patrones discernibles para diferenciar entre las señales de manera que haya una lengua, al menos cuando se habla a través de los hombres. Y si el idioma de los ángeles no se puede hablar a través de los hombres, en una manera que haya patrones discernibles, entonces parece que no están, de hecho, hablando en el lenguaje de los ángeles, ya que al parecer esta lengua no se puede hablar a través de los hombres en absoluto.

En tercer lugar, es posible que los que hablan sin ningún patrón discernible no estén hablando en lenguas humanas, y ellos no están hablando en lenguas en lo absoluto. No estoy diciendo que no hay lenguas genuinas hoy. He afirmado con mucha fuerza que la manifestación continúa de acuerdo a la voluntad de Dios. Pero si los que hablan en lenguas desean ejercitar la habilidad genuina, y si quieren ser tomados en serio, tienen que elevar el nivel. Cualquier cosa menos que el código Morse parece inaceptable, ya que podría no ser un lenguaje en lo absoluto. Y ¿vamos a creer que muchas de las personas que hablan en lenguas, lo hacen en  código? No, los que hablan en lenguas hablan en lenguas, y estos sonarán como lenguas.

Un factor que ha contribuido a estas afirmaciones cuestionables del hablar en lenguas es el olvido del hecho que la capacidad es una manifestación del Espíritu – es algo que el Espíritu empuja a la luz pública. Por lo tanto, no es algo que un hombre puede enseñar a otros hacer. Los Pentecostales a veces enseñan al recién llegado: “Sólo empieza a hablar. Diga,” da-da-da-da-ka-ka-sha-la-la …. ,ESO ES!  LO TIENE! ” No, el no tiene nada. Se trata de una manifestación del Espíritu, y cuando esto sucede, hay una cualidad celestial, una inteligencia notable detrás. No es algo que se puede enseñar, practicar, o forzar por la carne.

~ 4 ~

Recientemente, escuché un sermón sobre el enfoque bíblico de crecimiento de la iglesia por John MacArthur. Insistió en que los métodos de crecimiento de la iglesia que se basan en las teorías de negocios y trucos de marketing son infieles y destructivos. Más allá, él propuso que los cristianos deben regresar a los Hechos de los Apóstoles, ya que allí el método divino modelado por los primeros discípulos se establece. Él no se refería a un modelo neotestamentario en un sentido general, pero insistió en que hay que seguir el libro de los Hechos .

Luego, en el curso del sermón, ofreció cinco principios que había derivado: La iglesia primitiva tuvo 1) Un mensaje trascendente, 2) Una congregación regenerada, 3) Una valiente perseverancia, 4) Una pureza evidente, y 5) Un liderazgo cualificado. Sin embargo, cualquier expositor honesto debería haber añadido, 6) Un hablar en lenguas, sanidad de paraliticos, resucitadores de muertos, expulsores de demonios, derrocadores de mentiras, quebrantadores de prisiones, estremecedores de casas, anatematizacion de hechiceros, observadores de visiones, profetas de futuro, y ministerios milagrosos. Todas estas cosas se registran en el libro de los Hechos, ¿no es así?Por supuesto, no esperaba que MacArthur se avergonzara a sí mismo con la verdad. Sabiendo que era un furioso cesacionista, esperé una mención de este tema antes que fuera despedido, pero nunca llegó. Ni siquiera lo mencionó. Pero pensé que nos íbamos a volver al patrón en el Libro de los Hechos? ¿Qué libro de los Hechos estuvo leyendo? ¿Es este el campeón de la predicación expositiva que tantos cristianos adoran? Pero yo pensaba que la predicación expositiva debía obligar al predicador abordar temas con los que no se siente cómodo, y exponer lo que él podría encontrar difícil de aceptar? ¿Qué pasó con eso?

Te diré cuál es el patrón en el libro de los Hechos – es el patrón de no permitir que la deshonestidad y el prejuicio oscurezcan las claras enseñanzas de la palabra de Dios. Si tuviéramos que esforzarnos por ser irrazonablemente caritativos, podríamos decir que MacArthur saltó el tema para salvar tiempo de mencionar algo que él no creía en el primer lugar. Pero al menos en la superficie, violó su propio estándar de predicar la palabra de Dios, como está escrita. Es muy difícil, si no imposible, excusar a alguien por no mencionar los milagros cuando él mismo, con tanto celo e indignación, reprende a las iglesias por no seguir el patrón en el Libro de los Hechos.

Jesús dijo que íbamos a recibir poder cuando el Espíritu Santo, viniese sobre nosotros. Entonces, ¿dónde está el poder? Ustedes, que no crees en la continuidad de los dones sobrenaturales: Ustedes dicen que tiene el Espíritu, que todos los creyentes lo tienen, así que ¿dónde está el poder? Hipócritas – pretenden que lo tienen redefiniéndolo. Y ustedes que creen en la continuación de los dones sobrenaturales: Ustedes afirman que tienen el Espíritu, pero ¿dónde está el poder? Hipócritas – insultan el Espíritu mediante la implementación de un bajo standar, por lo que lo falso y los excesos se cuentan con lo genuino, si efectivamente hay manifestaciones genuinas entre vosotros. Cuando Elías desafió a los falsos profetas, él no lo hizo fácil para él mismo o para el Señor. No vertió gasolina sobre los sacrificios, sino que vertió mucha agua. Él era de la mente que si Dios no lo haría, entonces que no se haga, pero si Dios lo haría, entonces que no haya duda que el milagro era del Señor, y no de las intrigas y las astucias de los hombres.

Ambos dicen que  tienen el Espíritu, pero cuando los discípulos fueron llenos del Espíritu en el libro de los Hechos, hubo tales manifestaciones de poder que provocó que los no creyentes temblaran. ¿Dónde está el poder? Es cierto que una demostración del poder divino no siempre implica milagros, pero ¿hay alguna manifestación del poder entre ustedes? Ninguna en absoluto? ¿Dónde está la autoridad divina en su discurso? ¿Dónde está la sabiduría divina en su consejo? ¿Dónde está la audacia divina en sus acciones? Ustedes tienen sus métodos expositivos, sus grados de seminario, sus documentos de ordenación, y los libros de este o aquel teólogo en sus estantes. Pero ustedes no tiene el poder.

Hay quienes piensan que mi ministerio es inútil. No me referiré a ellos en este momento. Pero si usted ve algo de fe, algo de sabiduría, algo de poder, algo de vida, algún celo, alguna audacia, alguna autoridad de otro mundo en mí, entonces que se sepa que viene del Espíritu de Dios. Él me salvó, y me dio un llamamiento santo, aun la obra del ministerio. Y me dio su Espíritu Santo, para que yo pueda estar en condiciones de vivir esta nueva vida, en la verdad y la santidad, y para llevar a cabo las obras que él ha predestinado para mí hacer. No estoy diciendo que todo esto sólo porque creo que debería, pero soy consciente de la fuerza del Espíritu por la cual creo y trabajo, y la diferencia que él hace. Te puedo decir lo que él hace por mí, y lo que no puedo hacer sin él.

Esta es la herencia de todos los cristianos, y el equipo necesario de todo ministro del evangelio. Dios no nos ha dado un espíritu de debilidad, sino un espíritu de poder – el poder de percibir, el poder de creer, el poder de declarar, el poder de soportar, y el poder para derrotar el cinismo y la incredulidad.

Fuente: http://www.vincentcheung.com/2009/03/22/cessationism-and-speaking-in-tongues/

Traduccion: Alexander Phillips.  Twitter: @LaverdadeAl3xD

Nota del Administrados: Este Post a sido tomado del blog amigo Espíritu Reformado (http://teologiayapologetica.wordpress.com)

Dios los bendiga.


¿Es pecado tatuarse?

¿Es pecado tatuarse?

Por: Will Graham

_N_13-07-14-0-51-37

Si un joven creyente quisiera hacerse un tatuaje, me gustaría hacerle algunas preguntas muy directas. Tal vez estas preguntas te puedan resultar útiles.

A lo largo de estos últimos años, he estado predicando la Palabra de Dios a los jóvenes de España. Y una pregunta recurrente que ha surgido en casi todos los campamentos cristianos ha sido: “¿Es pecado hacerse un tatuaje?” Quiero sumar mi voz al debate de hoy. Y recuerda: Me dirijo a la familia de la fe, no a los incrédulos.

Antes de empezar, quiero aclarar que yo no creo que podamos establecer una ley de Levítico 19:28 para defender una postura anti-tatuaje. Las marcas o señales hechas en el cuerpo mencionadas en este versículo tienen que ver con el ritual pagano de dolerse o lamentarse (guardar luto), no con la moda contemporánea que vivimos hoy día. Creo que el uso de este texto de Levítico puede ser una de esas ocasiones en las que tratamos de encajar la Palabra de Dios en nuestro plan preconcebido en lugar de hacer las cosas al revés. La fidelidad al contexto de la Escritura no me permite “golpear” a los artistas del tatuaje con Levítico.

Hecha esta aclaración, nos volvemos a preguntar: “¿Es pecado hacerse un tatuaje?”

Ahora, me dirijo a vosotros desde el mundo occidental. Nací y crecí en Europa. Sólo una vez en mi vida he estado fuera de Europa. Fue cuando prediqué en los Estados Unidos y México durante tres meses en 2009. Digo esto porque conozco la escena europea. Estoy familiarizado con la cultura europea. Entiendo la visión del mundo de la juventud europea. Y esa es la razón principal por la que veo los tatuajes como algo negativo. Creo que son un obstáculo para la causa de Cristo aquí en Occidente. Si un joven creyente quisiera hacerse un tatuaje aquí, me gustaría hacerle algunas preguntas muy directas. Tal vez estas preguntas te puedan resultar útiles.

1 – . ¿Glorificará ese tatuaje a Dios?

El cristiano tendrá que preguntarse a sí mismo si hacerse un tatuaje puede realmente glorificar a Dios o no. ¿Cuál es el motivo real que hay detrás de hacerse un tatuaje? Aquí es donde sí podemos hacer mención del principio ético fundamental de Levítico: “No ser como las otras naciones”. La persona que se tatúa su cuerpo, ¿lo hace para extender el Reino de Dios en el mundo o lo hace sólo para ir con el flujo de un mundo obsesionado por las apariencias superficiales, la moda y las tendencias? En la mayoría de los casos que conozco, esta última mentalidad es la que prevalece. El Nuevo Testamento nos llama a no conformarnos a este mundo (Romanos 12:2).

2- . ¿Qué dice tu conciencia?

Cuando Lutero se defendió en la Dieta de Worms, subrayó que él no iría en contra de la Palabra de Dios o de su conciencia. Si tu conciencia tiene algún escrúpulo con respecto al tema de los tatuajes, entonces definitivamente no debes tatuarte. Es pecado. Todo lo que no proviene de fe, dice Pablo, es pecado (Romanos 14:23). El mero hecho de que alguien se haga la pregunta “¿Es pecado hacerse un tatuaje?” me revela que su conciencia no está en paz respecto a este asunto y por lo tanto, él o ella, no debería tatuarse. Si tuvieras cien por cien de paz y tranquilidad en tu alma sobre el tema, no necesitarías preguntarle a nadie.

3- . ¿Va a ofender a otros creyentes que te tatúes?

Toda la epístola de 1ª Corintios gira en torno al tema del amor cruciforme (que toma la cruz como el centro). Pablo se enfrenta a diez situaciones pastorales diferentes con el mensaje radical de la cruz. Tus acciones, ¿beneficiarían o dañarían a los demás? ¿Van a bendecir u ofender? ¿Van a hacer bien o mal? El cristiano debe darse cuenta de que él (ella) ya no es de su propiedad. Él (ella) vive para el Señor y la iglesia. Si sospecho que un tatuaje puede alterar (perturbar o preocupar) a hombres o mujeres de Dios en mi congregación, entonces pongo mi amor por ellos antes que mis propios deseos y mantengo mi cuerpo limpio, sin tatuajes. Aplico la ley del amor para que otros no se escandalicen por mi acción. Mis acciones tienen efectos positivos o negativos en otros. No quiero hacer daño al cuerpo de Cristo. Así cumplo la motivación apostólica de 1ª Corintios de andar en amor.

4- . ¿Qué pensarán los no creyentes?

Y no sólo los cristianos deben pensar en los demás cristianos, sino en los no creyentes también. ¿Cómo van a reaccionar si me ven testificando de Cristo y también haciéndome un tatuaje? ¿No voy a ser piedra de tropiezo a ellos? ¿No van a pensar que soy un hipócrita? Después de todo, yo soy la Biblia que leen. La impresión que les voy a causar, ¿crees que será beneficiosa o perjudicial? Un chico me dijo: “Con un tatuaje cristiano puedo mostrar a los demás que soy cristiano.” Le respondí: “Creo que es muy triste que necesites un tatuaje para que alguien sepa que eres cristiano“. Seréis conocidos por los frutos, no por las marcas en el cuerpo (tatuajes).

5- . ¿Se tatuaría Jesús?

Y por último, pero no menos importante, aquí está la gran pregunta que subyace bajo toda la conducta y la moral cristiana: “¿Qué haría Jesús?” Si Jesús de Nazaret o Juan el Bautista o el apóstol Pablo vivieran en el siglo XXI, ¿de verdad crees que irían corriendo a la tienda de tatuajes para unirse a la última moda? Por alguna extraña razón, no lo creo. Si soy sincero –totalmente sincero- de la mayoría de la gente “cristiana” que he conocido que se ha tatuado (repito “la mayoría”), no son demasiado serios en su vida espiritual. Pueden ser buenos chicos, dicen cosas buenas y son populares, pero casi todos carecen de madurez y peso espiritual. Esa ha sido mi propia experiencia personal. Todavía no he conocido a un guerrero de oración lleno del Espíritu Santo que me pregunte acerca de si puede o no tatuarse. Me pregunto por qué. Me parece ridículo que en varias partes del mundo nuestros hermanos  cristianos  están derramando su sangre por la extensión del Evangelio y aquí estamos nosotros viviendo para nuestra comodidad en el Occidente debatiendo sobre si debemos de hacernos tatuajes, fumar porros, emborracharnos en discotecas, tener relaciones sexuales antes del matrimonio y otras tonterías mundanas. ¡Qué vergüenza! Otra vez digo: ¡Qué vergüenza! ¿Qué clase de discipulado es éste que estamos viviendo? Es como si fuera otro tipo de fe totalmente distinta en la cual el concepto de ‘llevar nuestra cruz’ no existiera. ¿Qué pensará el Señor Jesús de semejante ‘fe’?

Conclusión

Creo que si algún cristiano responde a estas cinco preguntas con sinceridad y oración, dudo mucho que él (ella) siguiera sintiendo el deseo de hacerse un tatuaje. Es por eso que no tengo uno y nunca voy a hacérmelo. No veo cómo podría glorificar a Dios, mi conciencia está inquieta, no está tranquila al respecto, lo sé, ofendería a muchos hermanos y hermanas en Cristo si tuviera uno, estoy seguro de que algunos creyentes que conozco se sorprenderían demasiado y estoy absolutamente convencido de que ni Jesús (ni ningún otro hombre o mujer de Dios en la Biblia) se haría uno.

 Traducido por: Julian Esquinas


Leyes que demandan Legislador

Leyes que demandan Legislador

Por: Antonio Cruz Suárez

68072_N_15-06-14-2-45-49

¿Por qué hay regularidades universales, matemáticamente precisas, que están entrelazadas unas con otras? ¿Cómo es que la naturaleza viene empaqueta de esta manera tan singular?

Se supone que cuando las primeras civilizaciones humanas empezaron a preguntarse acerca de los fenómenos naturales que ocurrían a su alrededor, la imagen que tenían del mundo era bastante diferente de la que poseemos hoy. Se cree que pronto se darían cuenta de que algunos acontecimientos se repetían con una regularidad muy precisa. Así, días, estaciones, años, fases lunares y movimientos de las estrellas les resultarían útiles para calcular el tiempo. Sin embargo, otros eventos naturales podían ser arbitrarios o aleatorios como las tormentas, los relámpagos, las erupciones volcánicas o los temblores de tierra. ¿Cómo podían explicar semejante aspecto ambivalente del mundo natural?

Es fácil entender que aquellos comportamientos regulares que les permitían predecir el futuro, fuesen considerados como benevolentes y les inspirasen un aspecto bondadoso de la naturaleza, mientras que los fenómenos violentos e inesperados se entendieran como la otra cara airada, agresiva o caprichosa del mundo. En este contexto antiguo de intentar reflejar características humanas en los fenómenos del medio ambiente natural, nacería seguramente la astrología. La creencia de que los astros formaban un único sistema con los mortales y que, por tanto, cualquier cambio en éstos debería tener repercusiones sobre la vida de los hombres. Algo que supuestamente podía ser empleado para predecir el futuro de la humanidad.

En ciertas sociedades florecieron los animismos que interpretaron estos diferentes comportamientos de la naturaleza como si se tratasen de auténticas personalidades. Cada fenómeno poseería así su particular espíritu: el del bosque, el río, la lluvia, el fuego o el jaguar. Otras culturas algo más complejas desarrollaron toda una jerarquía de dioses, que reflejaban las virtudes y defectos humanos, para representar el Sol, la Luna, los planetas y hasta la propia Tierra. Esto condujo a la despiadada práctica de los sacrificios de personas, realizados con la intención de apaciguar la ira de los dioses y pedirles lluvia, fertilidad o buenas cosechas. La Biblia muestra las dificultades de un pueblo monoteísta, como el de Israel, por abrirse camino en medio de culturas politeístas que asumían tales costumbres.

Según los historiadores, con los asentamientos urbanos, la vida en sociedad y la aparición de los estados naturales surgió la necesidad de crear estrictos códigos de leyes que regularan la conducta humana. Incluso las divinidades tenían que estar sometidas a las leyes, en función de cada jerarquía, y éstas debían tener también su reflejo en la sociedad humana. Eran los sacerdotes, intermediarios entre dioses y hombres, los encargados de revelar la voluntad divina así como de refrendar sus disposiciones. Pero fue precisamente en el seno de una civilización antigua como la griega, que poseía la convicción de que el universo estaba regido por leyes naturales, donde surgió la novedosa idea de que los fenómenos ocurrían independientemente del estado de ánimo de los dioses. Poco a poco, a medida que fue fortaleciéndose la idea de que el cosmos se desenvolvía según un conjunto de principios fijos e inviolables, el dominio de espíritus y dioses de la naturaleza fue erosionándose a la vez que se descubrían nuevas leyes.

Los trabajos de Galileo Galilei, Johannes Kepler, Isaac Newton y otros investigadores fueron decisivos para reforzar el papel de las leyes físicas. Se entendió que detrás de los fenómenos aparentemente complejos había casi siempre una norma simple que podía ser estudiada y comprendida por el ser humano. Tal creencia en la simplicidad fundamental de la aparente complejidad que muestra el universo, así como en la posibilidad de ser entendida por la razón humana, ha sido la fuerza impulsora de la investigación científica moderna.

Galileo, por ejemplo, estudiando la caída libre de los cuerpos, se dio cuenta de que a pesar de ser un fenómeno complejo que dependía de múltiples factores, tales como el peso, la masa, la forma del objeto, el movimiento, la velocidad del viento, la densidad del aire, etc., en el fondo, todo esto eran solamente incidentes de una ley muy simple. Se trataba de la ley fundamental de la caída de los cuerpos. Es decir, el tiempo que tarda un objeto cualquiera en caer desde una determinada altura es exactamente proporcional a la raíz cuadrada de dicha altura. La idea de ley se había revestido con lenguaje matemático. La antigua creencia en un espíritu que se dedicaba exclusivamente a controlar la caída de los cuerpos sería sustituida pronto por las fórmulas físicas demostrables. Había nacido la ciencia. Se trataba de la Revolución científica del siglo XVI. El comportamiento futuro del mundo, así como su pasado, se podían conocer o predecir por medio de precisas leyes matemáticas.

A mediados del siglo XVII, Newton fue aún más lejos que Galileo al elaborar un sistema global de mecánica que determinaba todo tipo de movimientos. Se aventuró a decir que el Sol y los demás cuerpos del universo experimentan una fuerza gravitatoria entre ellos que disminuye con la distancia según otra ley matemática exacta y sencilla. Se trataba de la famosa ley de la gravitación universal. Al matematizar la gravedad, Newton pudo empezar a predecir el comportamiento de los planetas y esto fue uno de los grandes triunfos de la ciencia moderna. El descubrimiento de otra ley fundamental del universo. Quizás esta revolución científica explicaría en parte la diferencia sociológica existente entre el mundo moderno, caracterizado sobre todo por la idea de progreso, avance y cambio permanente, frente al mundo premoderno más estático y preocupado ante todo por mantener sus costumbres o su inmovilidad cultural. De cualquier manera, la sociedad se volvió dinámica y empezó a pretender el control sobre la naturaleza por medio de la nueva mecánica.

Aquella antigua concepción del mundo, como si fuera una comunidad de espíritus o temperamentos variables que existían en equilibrio manifestando eventualmente sus caprichosos estados de ánimo, dejaría paso a la visión inanimada de un universo mecánico y rígido que funcionaba impasiblemente como un reloj de cuerda sometido a leyes predeterminadas. Aunque se tratase de un avance en la comprensión del cosmos, tal concepción mecanicista resultaba un tanto deprimente. Un mecanismo de relojería condicionado por rígidas leyes puede funcionar con exactitud, pero lamentablemente elimina la posibilidad del libre albedrío. Si el mundo está absolutamente predeterminado por sus leyes inexorables, ¿está también el futuro del hombre determinado de antemano hasta en sus últimos detalles? ¿Son nuestras decisiones, aparentemente libres, el resultado de una maraña de fuerzas naturales totalmente controladas desde el principio? También la concepción de un Dios que se inmiscuía en los asuntos humanos supervisándolo todo, desde las fases lunares hasta las enfermedades y la concepción de los bebés, fue cambiada por otra idea de Dios como creador del cosmos, pero que sólo intervenía observando el mundo y viendo cómo éste evolucionaba según las leyes exactas impuestas desde el principio.

La ciencia actual ha descubierto, después de la teoría cuántica, que las leyes de Newton fallan cuando se aplican estrictamente a los átomos. El ordenado determinismo del mundo macroscópico, al que estamos acostumbrados en nuestra experiencia cotidiana, se derrumba ante el aparente caos que subyace en el interior del átomo. Y, a pesar de todo, este caos subatómico puede dar lugar a alguna clase de orden. La anarquía de las partículas que componen la estructura atómica vuelve a ser coherente, en cierta medida, con las leyes newtonianas.

El universo, después de todo, no es un simple mecanismo de relojería cuyo futuro está absolutamente determinado. Hay lugar para las leyes inexorables pero también para el azar. La incertidumbre es otra propiedad inherente de la materia. Y, aunque esto no le gustara mucho a Einstein y dijera aquello de que “Dios no juega a los dados”, lo cierto es que el Creador no sólo diseñó leyes matemáticas sino también la libertad indeterminista.

En resumen, ¿quién escribió las leyes de la naturaleza que se han venido descubriendo desde Newton hasta las del caos? ¿Por qué hay regularidades universales, matemáticamente precisas, que están entrelazadas unas con otras? ¿Cómo es que la naturaleza viene empaqueta de esta manera tan singular? Los científicos ateos dicen que las leyes existen porque sí y que el universo carece de sentido.

No obstante,grandes genios de la ciencia a lo largo de la historia no han estado de acuerdo con semejante respuesta. Desde Newton hasta Einstein, pasando por Werner Heisenberg, Erwin Schrödinger, Max Planck, Paul Dirac, Paul Davies, John Barrow, John Polkinghorne, Freeman Dyson, Francis Collins, Owen Gingerich, Roger Penrose y otros muchos, han creído que existía otra alternativa. Sus respuestas apuntan generalmente hacia la mente del Dios creador. Incluso el físico agnóstico, Stephen Hawking, heredero de la cátedra de Newton en la Universidad de Cambridge, no tuvo más remedio que terminar su libro,  Historia del tiempo,  con estas palabras: “Si encontramos una respuesta a esto,  (una teoría completa acerca del tiempo)  sería el triunfo definitivo de la razón humana, porque entonces conoceríamos el pensamiento de Dios.” [1]  Pues bien,nosotros creemos también que el universo existe porque el pensamiento de Dios lo creó. Las leyes universales demandan la existencia del supremo Legislador cósmico.Y, como bien dice Antony Flew: “Las leyes de la naturaleza suponen un problema para los ateos porque son una voz de la racionalidad escuchada a través de los mecanismos de la materia”.[2]  Punto y final.

[1] Hawkin, S. W., 1988,  Historia del tiempo,  Crítica, Barcelona, p. 224.

[2] Flew, A., 2012,  Dios existe,  Trotta, Madrid, p. 101.


El multiverso: una teoría desesperada

El multiverso: una teoría desesperada

Por: Antonio Cruz Suárez

68528_N_06-07-14-0-54-18

La teoría del multiverso puede estar revestida con ropaje matemático, pero necesita un salto de fe similar o superior al de aceptar la existencia de un Dios creador.

Ante la evidencia del extraordinario ajuste fino que muestra el universo, que nos conduce a muchos a la conclusión lógica de que éste es obra de la deidad, bastantes científicos ateos se aferran a una teoría que parece proporcionar una escapatoria a dicha deducción. Se trata del  multiverso .

Un planteamiento que supone la existencia de múltiples universos, cada uno con unas leyes físicas o parámetros diferentes al nuestro. Entre los trillones y trillones de universos que se puedan imaginar, solamente unos pocos poseerían leyes con un ajuste lo suficientemente preciso como para permitir la vida. Esto no sería nada milagroso ya que si existen todos los universos posibles, deben darse también aquellos en los que puedan surgir los seres vivos.

El hecho de que nuestro universo tenga exactamente los valores que sostienen la vida, “probaría” que debe haber otros universos que carezcan de ellos. Si, gracias a la Gran Explosión inicial, es posible que el universo no sea infinito en el tiempo, quizás lo sea en el espacio. Desde semejante perspectiva, resultaría posible la existencia de una serie infinita de universos paralelos en el espacio, cada uno de los cuales constituiría sólo una pequeña parte de un multiverso mucho más grande. Igual que una burbuja de jabón forma parte de la espuma que la contiene.

El físico Max Tegmark, uno de los proponentes del multiverso, escribió en mayo del 2003 estas palabras: “El modelo cosmológico más simple y más popular predice que usted tiene un gemelo en una galaxia situada a diez elevado a veintiocho metros de aquí. Esta distancia es tan grande que está más allá de lo astronómico, pero eso no hace menos real a su doble. En un espacio infinito hasta los eventos más inverosímiles deben tener lugar en alguna parte. Hay infinitos planetas habitados, lo cual incluye no solo uno sino infinitos que tienen personas con la misma apariencia, nombre y recuerdos que usted.” [1]  Por supuesto, no hace falta decir que tal afirmación hay que aceptarla por fe ya que jamás podremos comprobar la existencia de nuestros gemelos intergalácticos, ni siquiera enviarles un correo electrónico. Vivirían demasiado lejos. Trece mil setecientos millones de años luz es la distancia más lejana que se puede observar en el borde de nuestro universo porque desde allí nos llega luz de estrellas. Esto significa que no podemos ver ningún otro universo que esté más allá. Suponiendo, desde luego, que exista.

Puestos a imaginar, Tegmark predice que los multiversos pueden tener espacios, tiempos y leyes físicas diferentes al nuestro. Incluso podrían crearse universos nuevos cada vez que cualquier persona, en la Tierra, escoge un camino y no otro. Esto sería matemáticamente posible suponiendo un espacio de infinitas dimensiones en el que todas las realidades alternativas existirían al mismo tiempo. Y, en fin,Tegmark está convencido de que su hipótesis de los múltiples universos desconocidos parece más razonable que la del diseño inteligente del único universo que conocemos. Pero, ¿lo es realmente?

Lo primero que me gustaría señalar es quela idea de los infinitos universos paralelos no es nueva. El filósofo griego Epicuro (341-271 a. C.) se imaginaba ya, tres siglos antes de Cristo, un “universo infinito que lanzaba mundos aleatoriamente” [2] . Lo que constituye una versión antigua de la moderna teoría del multiverso. No es, por tanto, que la ciencia contemporánea haya descubierto esta posibilidad y la imponga necesariamente, sino que se trata de una concepción más ideológica que matemática.

Suponer la existencia de múltiples universos que no se pueden detectar de ninguna manera en la realidad, puesto que estarían más allá del alcance de los telescopios más sofisticados o de las posibilidades de la ciencia, es como caminar por una pendiente sumamente resbaladiza.La teoría del multiverso puede estar revestida con ropaje matemático, pero necesita un salto de fe similar o superior al de aceptar la existencia de un Dios creador. Si no es una teoría simple como las que buscan habitualmente los científicos, ¿por qué hay tantos que la aceptan? ¿Será quizás que para deshacerse de Dios se requieren infinitos universos, de los que no hay constancia y nada podemos saber? La elección continúa siendo la misma que en tiempos de Epicuro: Dios o el multiverso. No parece que hayamos avanzado mucho.

Refiriéndose a los múltiples universos, el biólogo ateo Richard Dawkins escribe que ha leído que “la mayoría de los físicos odian esta idea. No puedo entender por qué. Creo que es muy bella, quizá porque mi conciencia ha sido mejorada por Darwin” [3] . Como era de esperar, Dawkins aplica su ferviente darwinismo no sólo a la biología sino también a la cosmología. Cree que la teoría del multiverso se complementa perfectamente con la selección natural de Darwin aplicada a los universos paralelos.

Lo que no explica Dawkins es el motivo por el cual dicha teoría no gusta a la mayoría de los físicos. Yo creo quelos físicos odian la hipótesis del multiverso porque no ofrece ninguna evidencia a su favor. Pretende explicarlo todo pero en realidad no explica nada. No hay forma de investigar o verificar esta teoría. Solamente puede resultar interesante para quienes, como Dawkins, desean evitar a toda costa la conclusión obvia de que el ajuste fino del universo, su elegancia física y exquisitez matemática, necesita una explicación divina. Se pretende sustituir el diseño inteligente que muestra el cosmos por una especie de payasada matemática infinitamente compleja y carente de explicación.

El hecho de que pudieran existir múltiples universos con sus propias leyes no demuestra, ni mucho menos, que tales universos existan realmente.No se conoce, hoy por hoy, la menor evidencia física de tal existencia y, por tanto, se trata de una idea absolutamente especulativa. Incluso en el supuesto de que dichos mundos fueran reales, estarían sometidos necesariamente a leyes particulares. ¿De dónde habrían surgido tales leyes? Existiera o no el multiverso, todavía tendríamos que responder a la pregunta acerca del origen de las leyes de la naturaleza. Y la única respuesta razonable es la Mente inteligente que se revela en lo creado. La existencia del multiverso no eliminaría tampoco la necesidad de un origen divino.

En resumen, yo creo que el multiverso no es más que una teoría desesperada que procura borrar las múltiples huellas de Dios en la naturaleza pero, inclusive aunque fuera cierta, nunca lograría su objetivo.

[1] Tegmark, M., mayo del 2003,  Scientific American,  Ver http://www.sciam.com/article.cfm?chanID=sa006&articleID=000F1EDD-B48A-1E90-8EA5809EC5880000.

 

[2] O’Leary, D., 2011,  ¿Por diseño o por azar?,  Clie, p. 50.

 

[3] Dawkins, R., 2011,  El espejismo de Dios,  ePUB p. 371.