Dawkins y su experimento de la oración

Dawkins y su experimento de la oración

Por el apologista Antonio Cruz Suárez

No deberíamos, como hace el biólogo ateo, concebir a Dios como si fuera un ser humano elevado a la enésima potencia.

Como es sabido, el biólogo ateo Richard Dawkins defiende en sus escritos la idea de que la religión es, en general, la raíz de casi todos los males que hay en el mundo. De tal convicción, saca la motivación principal para arremeter tenazmente contra la probabilidad de la existencia de Dios ya que, según él, toda creencia en el Ser Supremo es una especie de espejismo que puede resultar muy peligroso para la humanidad. La presencia o ausencia de la divinidad es considerada en sus obras como si, en efecto, se tratase de un asunto susceptible de ser analizado científicamente, aunque admite que de momento no está resuelto. ¿Cómo se podría experimentar con Dios?

Si realmente existiera un Creador inteligente, sus huellas deberían resultar evidentes en el cosmos. Sin embargo, si su realidad fuese solamente una ilusión -como cree Dawkins-, el universo mostraría por el contrario signos que reflejarían la no existencia de Dios. Un mundo con Dios y otro sin él tendrían que ser radicalmente distintos. Ahora bien, ¿qué respuesta ofrece la naturaleza? ¿Cómo es el mundo según los datos de la ciencia?

El propio autor reconoce que el universo y la vida parecen decir que existe una inteligencia sobrenatural que diseñó y lo creó todo, incluido el ser humano. En el prefacio de su libro, El relojero ciego,  escribe: “La complejidad de los organismos vivos va pareja con la elegante eficiencia de su diseño aparente. Si alguien no está de acuerdo con que este diseño tan complejo pide a gritos una explicación, me rindo.” [1]  Pero, por supuesto, Dawkins no se rinde. Dedica el resto del libro a defender la idea de que los mecanismos de la evolución han sido los únicos responsables del aparente diseño que evidencia la naturaleza. En su opinión, no se necesita para nada un diseñador divino ya que la acción ciega de la selección natural es capaz de hacerlo igual de bien. Hasta mediados del siglo XIX casi todo el mundo estaba convencido de la existencia de una inteligencia sobrenatural que creó el universo y la vida, pero a partir de Darwin las cosas cambiaron. Se empezó a creer que las múltiples evidencias de diseño eran consecuencia de la acción azarosa de la evolución y, por tanto, la existencia de Dios se volvió cada vez más improbable.

Uno de los argumentos a los que se refiere Dawkins para explicar por qué cree que Dios es tan inseguro, es lo que llama “el gran experimento de la oración”. [2]  El físico británico Russell Stannard llevó a cabo este curioso experimento, que patrocinó la Fundación Templeton (gastándose 2,4 millones de dólares), con el fin de probar experimentalmente que la oración mejoraba la salud de los pacientes con problemas cardíacos. Se eligieron 1.802 enfermos al azar de seis hospitales, a los que se les había implantado un  bypass . Éstos no se conocían entre sí, ni a los médicos, ni a quienes oraban por ellos. Se les dividió en tres grupos: el primero, formado por pacientes que recibían oraciones y no lo sabían; el segundo (grupo control), no recibían oraciones y tampoco lo sabían; mientras que el tercer grupo recibían oraciones y eran conscientes de ello. Las personas encargadas de orar fueron seleccionadas también entre tres iglesias: una de Minnesota, otra de Massachusetts y la tercera de Missouri. Los resultados de tan temerario experimento fueron publicados en el número de abril del 2006 de la revista  American Heart Journal . Al parecer, las conclusiones obtenidas no dejaban lugar a las dudas. No había ninguna diferencia entre la mejoría de los pacientes por los que se había estado orando y aquellos otros por los que no. El regocijo de Dawkins ante semejante resultado era previsible. Si existe un Dios personal que escucha todas las oraciones, ¿por qué no responde? ¿No se debería interpretar dicha falta de respuesta en el sentido de que, sencillamente, Dios no existe?

Hay un error fundamental en este experimento de la oración:  con Dios no se pueden hacer experimentos científicos . No es posible ponerle a prueba mediante la metodología humana porque no está constituido por átomos, moléculas, células o fuerzas físicas. Dios no es una causa natural sino un ser espiritual, racional y personal. Semejante intento de ponerle a prueba es una humillación para la divinidad. Pretender examinarle según nuestros criterios constituye un insulto a Dios del que deberíamos avergonzarnos. No se le ultraja por rogarle en oración que sane a un enfermo, se le ofende cuando esto se le pide en el marco de una manipulación experimental humana. Mediante tal práctica colocamos nuestra razón por encima de la fe como hizo Tomás, mereciendo la recriminación de Jesús: “Porque me has visto, Tomás, creíste; bienaventurados los que no vieron, y creyeron” (Jn 20:29).

Como no creo que este versículo impresione demasiado a Dawkins, me lo imagino replicando, a pesar de todo, que si hay un Dios bueno siempre curará al que se lo pide, como hace cualquier médico si está en su mano. Sin embargo, esta réplica incurre en un segundo error.  El de suponer que Dios hará aquello que nosotros pensamos que debe hacer . En realidad, el experimento de la oración pretende comprobar solamente la omnipotencia divina para curar al enfermo. Pero es incapaz de averiguar la existencia de Dios precisamente porque él es mucho más que un simple sanador de dolencias físicas. Si existe un Creador sobrenatural, personal, sabio y sobrehumano, resulta del todo imposible comprobar únicamente su poder para curar, porque esta cualidad particular no representa todo lo que Dios es. La omnipotencia divina va inseparablemente unida a su sabiduría y benevolencia sobrenatural. En el Creador se conjugan de manera indisoluble los atributos de la inteligencia, el amor y todo poder. Es imposible, por tanto, comprobar únicamente uno de ellos.

No debemos concebir a Dios como si fuera un ser humano elevado a la enésima potencia. No podemos saber cómo percibe y actúa suponiendo cómo lo haríamos nosotros si tuviéramos su poder. Hay una gran diferencia entre lo que es en realidad el Altísimo y aquello que nosotros pensamos que debería ser. El Dios que pretende poner a prueba Richard Dawkins es sólo una versión muy amplificada de él mismo. Por eso no lo ha encontrado todavía. Pero nosotros, por desgracia, no somos seres espirituales, omniscientes, omnipotentes y absolutamente bondadosos. No somos dioses, aunque algunos se lo crean.

El error de Dawkins, de considerar a Dios como un ser natural complejo que ha evolucionado, se observa en estas palabras: “cualquier inteligencia creativa, con suficiente complejidad como para diseñar algo, sólo existe como producto final de un prolongado proceso de evolución gradual. Las inteligencias creativas, tal cual han evolucionado, llegan necesariamente tarde al Universo, y por lo tanto, no pueden ser las responsables de su diseño. Dios, en el sentido ya definido, es un espejismo; y tal como se muestra en capítulos posteriores, un espejismo pernicioso” [3] . Este argumento demuestra, una vez más, el equivocado concepto de Dios que posee Dawkins.

Si Dios hubiera evolucionado, como sugiere él, no sería Dios. Imaginar que la inteligencia del Sumo Hacedor es como una versión potentísima de la nuestra no nos permite saber qué significa realmente ser Dios. Él es una mente sin cerebro ni cuerpo físico capaz de diseñar y crear el universo. Su intencionalidad y premeditación son anteriores a las leyes del cosmos y las explican por completo. Su inteligencia, que es de una clase completamente distinta a la nuestra, precede a la materia y, por supuesto, a cualquier transformación de ésta. Dios es puramente espiritual por definición. No está formado por átomos. Lo sabe todo, lo puede todo, nos ama a todos -incluso a los incrédulos como Dawkins-. Comprende totalmente todas las posibles repercusiones de cualquier acción, así como el bien espiritual y material que se derivaría de ellas, no sólo para el creyente que ora sino para todos los demás en el presente y el futuro. Tal es el Dios cuya existencia hay que probar y no el que evoluciona según el darwinismo gradualista.

Frente a este verdadero Dios, cualquier resultado del experimento de la oración resulta positivo. Él responde las oraciones teniendo en cuenta siempre aquello que es verdaderamente bueno no sólo para quien lo pide, sino también para todos los seres humanos presentes y futuros. No se trata solamente del bien de la sanidad inmediata e individual, sino del bien espiritual y de la inmensa red de bienes múltiples que se entrecruzan en los distintos niveles posibles. Para comprender perfectamente las respuestas de Dios a nuestras oraciones deberíamos poseer su infinita sabiduría y bondad.

El teólogo católico Scott Hahn se refiere a la labor de los médicos para poner un ejemplo de lo que podría ser el papel de Dios antes las oraciones de sus hijos. [4]  Los profesionales de la medicina se encuentran a menudo con pacientes gravemente enfermos de enfisema pulmonar que, por supuesto, desean curarse, pero no están dispuestos a dejar de fumar. Alcohólicos que pretenden sanar su deteriorado hígado, pero no consiguen dejar de tomar bebidas alcohólicas. Conductores temerarios que anhelan caminar bien, después de un serio accidente de tráfico, pero no están dispuestos a conducir con prudencia ni a dejar de poner en peligro las vidas de los demás. Enfermos de cualquier tipo de cáncer, que durante años han venido amargando las vidas de sus familiares y continuarán haciéndolo si se curan. Se podrían poner muchos ejemplos más parecidos a éstos. Pues bien, si un médico humano se da cuenta de tales aspectos en su trabajo diario, ¿cuánto podrá saber un Dios omnisciente?

Es difícil que un materialista entienda que el bien espiritual esté por encima del bien material o físico. Pero para los cristianos es así. La curación última de toda enfermedad o dolencia física es, de hecho, la muerte. El bien final con el que debemos comparar cualquier bien material, como es la propia sanidad, es sin duda la vida eterna. Esto es lo que nos indica la cruz de Jesucristo. Allí fue donde verdaderamente Dios se puso a prueba. Ese fue el gran experimento. Cristo sudó sangre en el Getsemaní, le pidió al Padre si era posible dejar de beber aquella amarga copa y lanzó un último grito al sentirse abandonado mientras cargaba nuestro pecado. Tal es el auténtico escenario que le da sentido a todo y en el que debemos formular todas las preguntas sobre el bien último: los alrededores de la tumba vacía de Jesús.

  [1] Dawkins, R., 1986,  El relojero ciego,  ePUB, p. 7.

   [2] Dawkins, R., 2011,  El espejismo de Dios,  ePUB p. 58.

   [3] Ibid.,  p. 30.

   [4] Scott H., 2011,  Dawkins en observación , Rialp, Madrid, p. 88.

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Alterando la Biblia II: Cambiando el sentido de las palabras (Testigos de Jehová)

Alterando la Biblia II: Cambiando el sentido de las palabras

Testigos de Jehová

 

En la primera parte, se viócomo la Sociedad ha alterado los versículos de Juan 1:1 y Filipenses 2:11 con el fin de que estos apoyen sus enseñanzas.

Por lo que ahora, vamos a examinar como el comité”anónimo” de la Traducción del Nuevo Mundo ha agregado palabras a algunos versículos cambiando el total sentido de estos para que apoyen y encajen con su teología.

Jesucristo, ¿un ser creado o el creador?

Una de las enseñanzas de la Sociedad, es la de que Jesucristo es un ser creado, por lo tanto, no puede ser Dios. Para ello, citan los versículos de Colosenses 1. Por lo tanto, invito al lector a comprobar buscando en la TNM, los versículos de Colosenses 1:16-17:

“porque por medio de él todas las [otras] cosas fueron creadas en los cielos y sobre la tierra, las cosas visibles y las cosas invisibles, no importa que sean tronos, o señoríos, o gobiernos, o autoridades. Todas las [otras] cosas han sido creadas mediante él y para él. También, él es antes de todas las [otras] cosas y por medio de él se hizo que todas las [otras] cosas existieran” (Colosenses 1:16-17, TNM)

Si leemos unos versículos más atrás, notaremos que estos versículos se refieren a Jesucristo (versículos 13-14). Lo que hay que recalcar aqui, son las palabras entre corchetes, [“otras”] las cuales se han agregado 4 veces a pesar de que estas NO APARECEN en los escritos griegos originales [1].

La Sociedad ha enseñado a los testigos a citar estos versículos para justificar su enseñanza de que Jesús es un ser creado, sin embargo, al leer estos versículos sin las palabras entre corchetes, se darácuenta de que Pablo identifica a Jesús como el creador de “TODAS LAS COSAS”, veamos:

“porque por medio de él todas las cosas fueron creadas en los cielos y sobre la tierra, las cosas visibles y las cosas invisibles, no importa que sean tronos, o señoríos, o gobiernos, o autoridades. Todas las cosas han sido creadas mediante él y para él. También, él es antes de todas las cosas y por medio de él se hizo que todas las cosas existieran” (Colosenses 1:16-17, TNM, sin las palabras agregadas)

Por lo tanto, el comitéde traducción de la Sociedad, sencillamente agrególas palabras “otras” para así, seguir sosteniendo su torcida enseñanza de que Jesús no es Dios.

¿O es que realmente la Biblia nos enseña que existe algo además de Dios y su creación? Si algo o alguien no es parte de la creación, entonces, ese algo o alguien, es eterno, y por lo tanto, TIENE QUE SER DIOS. El versículo estáidentificando claramente a Jesús como el Creador de TODO. Algo que choca en contra las enseñanzas de la Sociedad, ¿la solución? agregar la idea de “las otras cosas”.

¿Un nombre que estápor encima de todo [otro] nombre?

Pero estas alteraciones, no son un caso aislado, un error, o un accidente, con el fin de restar importancia al nombre de Jesús, el comitéde traducción ha agregado la palabra [otro] en el versículo de Filipenses 2:9-10:

Por esta misma razón, también, Dios lo ensalzóa un puesto superior y bondadosamente le dio el nombre que estápor encima de todo [otro] nombre, para que en el nombre de Jesús se doble toda rodilla

Puesto que la Sociedad enseña que el nombre “Jehová” es el que estápor encima de todo nombre, este versículo contradice su enseñanza, por lo que el nombre de Jesús es reducido a ser un nombre que estápor encima de “todo otro nombre”.

Cuando la Biblia nos dice claramente que Jesús es el nombre al cual debemos invocar, vea los siguientes ejemplos: Mateo 18:20; 24:9; Marcos 9:37, 39, 41; 13:13; 16:17; Lucas 21:12; 21:17; Juan 3:18; 14:13, 14, 26; 15:16, 21; 16:23-26; Hechos 2:38; 3:6; 4:10; 9:15-16; 10:48; 15:17; 16:18; 19:5; 1 Corintios 5:4; 6:11; Efesios 5:20; Filipenses 2:10; Colosenses 3:17; 2 Tesalonicenses 3:6; Santiago 5:14; 1 Juan 3:23; 5:13; Apocalipsis 2:3, 13; 3:8 y 12.

Más el Señor nos advierte, diciéndonos:

Yo testifico a todo el que escuche las palabras de la profecía de este libro: Si alguno agrega a estas cosas, Dios le agregaráa él las plagas que están registradas en este libro. También si alguno suprime palabras del libro de esta profecía, que están registradas en este libro, Dios quitarásu porción del árbol de la vida y de la Ciudad santa. (Apo 22:18-19)

Traduccion del Nuevo Mundo

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Alterando la Biblia I: Juan 1:1 y Filipenses 2:11(Los Testigos de Jehová )

Alterando la Biblia I: Juan 1:1 y Filipenses 2:11

Los Testigos de Jehová

Muchas veces me he preguntado, ¿cómo es posible que la Sociedad Watchtower enseñe a los Testigos de Jehováa creer que Jesucristo no es Dios, sino “un dios”?, pero más me sorprende cuando les muestro a los testigos las inconsistencias con su propia Traducción del Nuevo Mundo, la cual, ciegamente consideran que es una buena traducción de “la Palabra de Dios”.

Lo cual no es cierto, ya que debido a que la Biblia no se adapta a las doctrinas de la Sociedad, esta no ha tenido reparos en alterar la Palabra de Dios para que esta se adapte a sus doctrinas. El problema de hacer esto es que necesitan desarrollar una serie de material extra-bíblico para justificar sus puntos de vista, tomando solamente aquellos que aparentemente apoyan sus puntos de vista, y omitiendo otros que los contradicen, o buscando una justificiación, la cual resulta muchas veces absurda.

Jesucristo, ¿Dios o “un dios”? (Juan 1:1)

El caso que examinaremos es el versículo de Juan 1:1, el cual traducen de la forma:

“En el principio la Palabra era, y la Palabra estaba con Dios, y la Palabra era un dios”

Donde para poder apoyar sus doctrinas, la Sociedad se ha inventado unas reglas gramaticales del griego siguiéndolas sólo cuando les es conveniente con sus doctrinas. Veamos:

En la Traducción Interlineal del Reino, edición 1969, pág. 1158 (en inglés), publicada por la misma Sociedad, en su comentario al versículo de Juan 1:1 podemos notar la siguiente declaración:

“La razón por la cual tradujeron la palabra griega como ‘divino,’y no ‘Dios,’es porque el sustantivo griego theos (Dios) aparece sin el artículo definido”(el)

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Traducción Interlineal del Reino en inglés de Juan 1:1 “…y la Palabra era un dios.”

Por lo tanto, el comité(anónimo) de la Traducción del Nuevo Mundo de la Sociedad concluye que como la palabra “theos” (Dios) aparece sin el artículo definido “el”, entonces el versículo puede traducirse como “un dios” (agregando el artículo “un” y colocando “dios” con “d” minúscula).

El problema viene cuando examinamos los versículos 6, 12 y 13 del mismo capítulo de Juan 1, donde en todos ellos aparece el sustantivo griego “theos” (Dios) sin el artículo “el”, pero ¡todos ellos sílos ha traducido como Dios (con “D”)!

Pero esto no termina aqui, ya que el sustantivo “theos” aparece más de 280 veces sin el artículo definido “el”, en el Nuevo Testamento y, a pesar de ello, la mayoría de veces estos versículos han sido traducidos como “Dios”, haciendo caso omiso a la regla antes mencionada, la cual solo cita para que apoye su doctrina de que Jesús no es Dios, sino “un dios”.

Restaurando el nombre divino (Filipenses 2:11)

En la misma Traducción Interlineal del Reino, pág. 18 la Sociedad menciona cómo ha hecho para restaurar el nombre divino (Jehová) en el Nuevo Testamento. Argumentando que las palabras griegas “kyrios” (Señor) y “theos” (Dios) son traducidas de la forma “Jehová” cuando los escritores del Nuevo Testamento (Escrituras griegas) han citado a las Escrituras del Antiguo Testamento (Escrituras hebreas).

Sin embargo, de nuevo esta “regla” de la misma Sociedad es omitida convenientemente enFilipenses 2:11:

“y reconozca abiertamente toda lengua que Jesucristo es Señor para la gloria de Dios el Padre.”

Donde vemos que el apóstol Pablo cita Isaías 45:23 y lo aplica a Jesucristo, por lo tanto, siguiendo la regla el versículo debióser traducido de la siguiente manera:

“y reconozca abiertamente toda lengua que Jesucristo es Jehová [kyrios] para la gloria de Dios el Padre.”

Es evidente que de haber seguido esta “regla” hubiesen echado por tierra completamente su doctrina de que Jesús no es JehováDios. Mientras que el mismo versículo de Isaías 45:23 es citado por el apóstol en Romanos 14:11, y aquísíse aplicóla “regla”.

“porque estáescrito: “‘Tan ciertamente como que vivo yo —dice Jehová [kyrios]—, ante mítoda rodilla se doblará, y toda lengua haráreconocimiento abierto a Dios’”.”

Más Jesucristo, quién es verdad (Juan 14:6) nos advierte diciéndonos:

“…porque si no creéis que YO SOY, en vuestros pecados moriréis.” [1]

 

¡Jesucristo es Dios! [2]

Traduccion del Nuevo Mundo

 

 

[1] Vea el tema “¿Por qué no quiere la Watchtower que los testigos comprueben la exactitud de su Biblia?

[2] Aunque la Sociedad Watchtower ha tratado de negarlo, aún su adulterada TNM dice claramente que Jesús es JehováDios: Juan 20:28; 1a Juan 5:20; Efesios 4:7-10 se cita Salmo 68:18; la profecía de Isaías 7:14 se cumple en Mateo 1:23.

 

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Dios los bendiga.

 
 


ASTROLOGIA Lo que los astrólogos nunca le dirán

ASTROLOGIA

Lo que los astrólogos nunca le dirán

por Pablo Santomauro

(Condensado del artículo original)

La Astrología, la pseudo-ciencia cuyo atractivo no disminuye con el paso de los siglos, sigue firme en popularidad. El auge sostenido de la astrología no es más que otra manifestación de la explosión de las artes ocúlticas tan notorias en esta época. A continuación también veremos la razón por la cual la astrología, en muchos casos, provee a sus adeptos con los resultados esperados.

Origen y propagación

La astrología es probablemente el primer sistema de religión falsa que surgió en la historia. En el capítulo 11 de Génesis se narra el intento organizado del hombre de rebelarse contra Dios, que entre otras cosas incluía la construcción de la torre de Babel, cuya cúspide llegaría al cielo (Gn.11:4).

Resulta difícil creer que aún esta gente fuera tan ingenua como para creer que una torre podría llegar al cielo realmente. La inferencia en el idioma hebreo es que la cúspide de la torre sería un santuario para la adoración de los cielos, probablemente divididos en doce secciones  o “signos” (zodíaco). El destino de una persona, se dice, es determinado por la sección o “signo” dentro del cual nació.

Henry Morris, en su libro The Genesis Record, observa que el proyecto debe haber sido presentado a la gente como un opción espiritual verdadera (pp. 270, 272).

Coincidentemente, hoy en día la astrología también es presentada al público como una alternativa espiritual legítima. Sus exponentes a menudo la califican de compatible con las cosas de Dios. No olvidemos que Satanás es el gran corruptor por excelencia. Sin lugar a dudas, la religión de la torre fue el intento satánico de dirigir la adoración de la raza humana hacia Satanás y sus demonios.

Desde Babilonia, la astrología pasó a Egipto, donde se mezcló con el politeísmo de la región del Nilo. Cuando los judíos salieron de Egipto rumbo a Canaán, la astrología ya había contaminado al pueblo en gran manera, de ahí que las advertencias en la Biblia más severas contra la astrología provienen de ese período de la historia (Lv.19:31; Dt.18). Siglos más tarde la astrología penetra en la vida religiosa de los imperios griego y romano sucesivamente.

Los Astrólogos no siempre se equivocan

En la astrología encontramos de todo, negocio,  fraude y aún la parte divertida, pero hay una parte seria que queremos analizar. Es la irrefutable verdad de que en más de una instancia los astrólogos descubren en los horóscopos personales de sus clientes, aspectos y eventos en sus vidas de los cuales el astrólogo no tiene conocimiento previo. En algunos casos se predicen eventos futuros que llegan a ocurrir en realidad.

¿Quién provee la información?

¿De dónde obtienen la información los astrólogos? ¿De las estrellas? ¿Los planetas? ¿De la ensalada resultante de la mezcla de elementos astronómicos con mitología pagana? ¡Claro que no! Nada de lo anterior tiene la capacidad de comunicar nada. No olvidemos que el astrólogo es un “médium”, como lo es el “psychic”, el espiritista o el adivino. Un médium es un individuo que tiene la habilidad de comunicarse con el mundo de los espíritus. Son estos espíritus los que proveen la información a través del “médium”.

Los proponentes de la “Nueva Era”, movimiento cuya principal práctica es la astrología, llaman a estos espíritus, “maestros”, “entidades”, “espíritus guías”, “mente universal”, “ángeles”, etc. De acuerdo con esta corriente, estos espíritus son benévolos y sólo buscan ayudarnos a evolucionar a planos  más elevados.

La Biblia, por el contrario, los llama “demonios” y declara que son de una naturaleza moral totalmente corrupta, maligna, degenerada en carácter y degradada en el servicio absoluto y leal a Satanás (Mt.12:24-27). La Escritura también  afirma que estas entidades buscan la ruina total del hombre, y además han sido confirmados en su perversión, sin posibilidad de redención (2 P. 2:4; Mt. 25:41; He. 2:16).

¿De qué modo se transmite la información?

Según Charles Sthromer, ex-astrólogo profesional, la carta astral u horóscopo es el punto de contacto material con el mundo de estos espíritus, de la misma forma que lo es la bola de cristal, la palma de la mano o el “tarot”. Siempre que haya un “médium” y/o un punto de contacto, los espíritus establecerán el nexo entre ambas dimensiones y comunicarán algo que hará impresión en la mente del médium (What the Horoscope Doesn’t Tell You, Charles Sthromer, Tyndale, p. 61). Recordemos que estos espíritus han estado observando y causando mal a la raza humana por miles de años y han acumulado información a través del tiempo, es decir, conocen muy bien el pasado.

Hay evidencia de que en ocasiones han revelado eventos futuros en la vida de una persona que luego ocurren en realidad.  ¿Significa esto que tiene conocimiento del futuro? La respuesta es no. Sucede que durante mucho tiempo han estado observando a la raza humana y también han ido aumentando en sagacidad al punto de poder predecir, en mayor o menor grado, la conducta humana en diferentes circunstancias.

En algunos casos, la persona a la cual se le ha predecido algo queda tan sugestionada que ella misma provoca que ocurra lo anunciado.  Pero en realidad, el único futuro que los demonios conocen a ciencia cierta es el que ellos mismos sufrirán, el lago de fuego para toda la eternidad (Mt. 25:41).

El Veredicto Final

La astrología, como hemos visto, no es una actividad inocente e inofensiva. Todo lo relacionado con ella, así como todo tipo de participación en ella por más pequeño que sea, es rebelión contra Dios y comunión con las tinieblas (2 Co. 6:14).  Poner nuestra confianza en las estrellas equivale a seguir el camino de perdición (Is. 47:15b). El futuro de los que se envuelven en las artes ocultas es el infierno (Ap. 21:8).

Nuestro destino no es controlado por las estrellas, sino que está en manos del Creador de las estrellas. La respuesta a las grandes preguntas de la vida y la incertidumbre del futuro no la vamos a encontrar en el zodíaco o carta astral, sino en la carta que un Dios todopoderoso y amante nos dejó en las páginas de la Biblia. Ahí se encuentra toda la receta moral y práctica para una vida espiritualmente saludable.<>

*Este Artículo ha sido publicado con el permiso del apologista Pablo Santomauro*

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Las matemáticas y el origen de la vida

Las matemáticas y el origen de la vida

Por: El apologista Antonio Cruz Suárez

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El origen y desarrollo de la vida sobre la Tierra, según propone la evolución darwiniana, se enfrenta con una dificultad insalvable: hay muy poco tiempo para que el azar haya podido ser la causa.

Leyendo las obras de Richard Dawkins, uno llega a la conclusión de que el motivo principal de su distorsionada visión acerca de los orígenes se debe, sobre todo, a la enorme fe que profesa en el azar.

En numerosas ocasiones, se refiere a una antigua sentencia del famoso filósofo ateo, David Hume, para negar la posibilidad de la existencia del Dios creador. Según este pensador escocés del siglo XVIII: “Ningún testimonio es suficiente para establecer un milagro, a menos que el testimonio sea de tal tipo que su falsedad resulte más milagrosa que el hecho que trata de establecer.” [1]  Y, por supuesto, Dawkins cree que Dios es mucho más milagroso que el origen materialista de la vida por azar. Cualquier cosa que pudiera atribuirse al Sumo Hacedor, el azar la haría mejor y, por milagroso que parezca un determinado acontecimiento, siempre se podrá explicar más satisfactoriamente como una afortunada casualidad. ¿Está Dawkins en lo cierto? Vamos a ver como la ciencia de la estadística demuestra que no es así.

Hay una objeción importante. Según el darwinismo gradualista y materialista que el famoso biólogo ateo cree a pies juntillas, el azar no dispuso de todo el tiempo del mundo para originar la vida a partir de la materia muerta, por la sencilla razón de que el cosmos no es eterno. Desde luego, ante las vertiginosas expectativas de la eternidad todo puede suceder. Pero si se acepta que el Universo empezó a existir hace alrededor de 13.500 millones de años, que la Tierra se formó hace 4.500 millones y las primeras células vivas surgieron hace 3.700 millones de años, hay que asumir que el azar dispuso como mucho de diez mil millones de años para convertir la química en biología. Es decir, para originar la vida por casualidad sin la intervención de ningún agente inteligente. Semejante cantidad de tiempo puede parecer enorme y suficiente a primera vista pero, en realidad, no lo es. Más bien se trata de un período demasiado breve para que la ruleta de los elementos químicos se parara precisamente en el extraordinario número premiado del ADN. Y esto supone, sin duda, un grave problema para los ateos.

Si el creador hubiera sido el Dios de la Biblia, podría haber formado el universo de manera instantánea o bien en cualquier período de tiempo que le viniera en gana. No obstante, el azar no posee tantas posibilidades ya que requiere muchísimo tiempo para conseguir unos insignificantes resultados. ¿Y esto por qué? Pues porque un ser inteligente es capaz de tomar decisiones inteligentes pero el azar no lo es. Si se caracteriza por algo es precisamente por su falta de inteligencia. El azar no toma decisiones, no planifica el futuro, no elije atajos y, desde luego, es incapaz de elaborar, por mucho tiempo que se le conceda, algo tan sofisticado como un cerebro inteligente.

Suponiendo incluso que la cronología evolucionista sea cierta, al azar le quedaría muy poco tiempo para originar la primera célula viva, ya que hasta hace 3.800 millones de años -según afirma la geología histórica- la Tierra no estuvo suficientemente fría y preparada como para permitir la vida. Se piensa que las primeras células simples, del tipo bacterias o procariotas, (que de simples no tienen nada) debieron originarse casi inmediatamente después de que la Tierra se enfriara. Esto deja un breve margen de tiempo para que el azar juegue con el intrincado puzle de la primera molécula de ADN. Sin embargo, el lento gradualismo que requiere el azar necesita en realidad como cuatro veces y media la edad que se le supone al universo para originar la vida. Hay aquí un serio problema. ¿No podría la evolución dar saltos o ir más rápida? Algunas hipótesis teístas aceptan esta posibilidad pero el azar antiteísta del biólogo inglés la rechaza radicalmente. Para él, cualquier transformación de la materia o de los organismos ha de ser siempre pasito a pasito y sin prisas ni atajos.

Dawkins insiste en que la probabilidad de que la macromolécula de ADN surgiera espontáneamente es de una en mil millones o incluso menos. Sin embargo, la mayoría de los físicos, químicos y biólogos especializados en el origen de la vida no suelen compartir este optimismo matemático. Ellos saben que las bases nitrogenadas que conforman cualquier molécula de ADN (adenina, citosina, guanina y timina) no suelen formarse espontáneamente chocando unas con otras sino que deben ser fabricadas minuciosamente paso a paso. Esto requiere que se tenga que calcular la probabilidad de los enlaces químicos entre los distintos átomos en cada uno de tales pasos. Y así sucesivamente la complejidad se va multiplicando sin cesar. Los estudiosos de la biogénesis no creen que la probabilidad de que el azar fabrique una secuencia de tan sólo 100 bases de ADN sea, como dice Dawkins, de una en 1.000.000.000 sino de una en 1.600.000.000.000.000.000.000.000.000.000.000.000.000.000.000.000.000.000.000.000 [2] . No se trata de un uno seguido de nueve ceros, sino del número dieciséis seguido por cincuenta y nueve ceros. ¡La diferencia es abrumadoramente abismal y sobrepasa cualquier expectativa! Sobre todo cuando se compara con la cantidad total de átomos que podría tener el universo, que es muchísimo menor (un uno seguido por 28 ceros).

Sin embargo, tan remota probabilidad para el origen de la vida por azar es en realidad todavía bastante inferior. Hay que tener en cuenta que el ADN es solamente un componente de la célula; que la información que contiene debe servir para fabricar proteínas y que, para poder hacerlo, necesita de la existencia de otras proteínas ya elaboradas, así como de otros ácidos nucleicos del tipo ARN. Se requiere todo este conjunto de estructuras y actividades proteicas para que el ADN pueda despertar y revelar su información. Esto significa que, además de la secuencia del ADN, hay que contar con la formación al azar del ejército de macromoléculas que le acompaña. Y además se genera la cuestión de siempre: ¿qué fue antes, el huevo o la gallina? ¿el ADN o las proteínas que éste necesita para expresarse? La probabilidad de que ambas estructuras aparecieran simultáneamente disminuye hasta lo impensable. ¿Cómo es posible que Dawkins siga creyendo en el azar, ante semejante estadística? Muy fácil, él dice que si estamos aquí es porque debió ocurrir así, a pesar de los pesares [3] . Pero esta “explicación dawkiniana” no explica nada porque ni siquiera es un argumento serio. En realidad, se trata de una suposición que se hace pasar por demostración. Pero la aparición de la vida por azar no queda así demostrada, ni mucho menos. Siempre resulta sospechoso dar por supuesto precisamente aquello que es menester demostrar. Es verdad que estamos aquí en la Tierra, esto lo sabemos bien, pero de semejante evidencia no se sigue necesariamente que la vida se originara en este planeta por azar. Eso es justo lo que hay que demostrar.

Volvamos a las matemáticas. Si se toma de nuevo una sola proteína sencilla de cien aminoácidos y se calcula la posibilidad de acertar con la combinación correcta por azar, resulta que la estadística de Dawkins se queda muy pero que muy atrás. En vez de su optimista probabilidad de obtener esa pequeña proteína por azar, de uno en mil millones -igual que vimos para el ADN-, resulta, después de hechos los oportunos cálculos matemáticos, una cantidad con tantos ceros que prefiero no escribirlos para no marear al lector. En realidad, tal probabilidad sería de uno entre el número doce seguido por 129 ceros. [4]  Algo absolutamente improbable. No obstante, una célula no es sólo un pequeño trozo de ADN más las pocas proteínas que transcribe. Es muchísimo más que eso.

El origen y desarrollo de la vida sobre la Tierra, según propone la evolución darwiniana, se enfrenta por tanto con una dificultad insalvable: hay muy poco tiempo para que el azar haya podido ser la causa. No solo es improbable, usando la terminología de Dawkins, sino sencillamente imposible. Esto es precisamente lo que certifica la gran cantidad de trabajos científicos sobre el origen de la vida que se han venido publicando durante los últimos treinta años y que Dawkins prefiere ignorar por completo. Si a esta dificultad del tiempo se añade que la célula no puede funcionar, a menos que estén integradas todas sus partes de manera precisa y sean capaces de actuar como un todo desde el principio. Además, las diferentes estructuras y orgánulos celulares son también entidades complejas constituidas por unidades todavía más pequeñas pero perfectamente integradas. ¿Cómo pudo el azar ciego fabricar dichas partes? El azar carece de previsión o finalidad. Es incapaz de construir cualquier estructura celular “para que sirva en el futuro cuando haga falta”. ¿Cómo explicar que existan partes tan sofisticadas, sin función aparente, durante millones de años? No existe una respuesta satisfactoria.

En resumen, son tan pocas las posibilidades de que la vida se originara por casualidad, como propone Dawkins, que la alternativa contraria adquiere notable importancia. Ante el dilema de las dos opciones para el origen de la vida, la inteligencia o el azar, y a la vista de los importantes obstáculos lógicos que presenta éste, la acción de una inteligencia creadora se erige por encima del azar sin propósito. El físico Michael Turner, después de reflexionar sobre el Big Bang y la apabullante precisión con la que debió suceder para poder crear todas las constantes del cosmos, elaboró una analogía que nos parece también pertinente en el asunto del origen de la vida. Dijo: “es como si uno lanzase un dardo a través de todo el universo y acertase en el centro de una diana de un milímetro de diámetro”. [5]  ¿Qué resulta más milagroso para explicar el origen de la vida: el azar ciego o la inteligencia previsora? Dawkins se empeña en la absurda posibilidad del azar porque no quiere aceptar a un Dios todopoderoso, creador del cielo, la tierra y la vida. Yo prefiero pensar que a Dios le gusta jugar a los dardos y sabe tirarlos con exquisita precisión.

  [1] Dawkins, R., 2011,  La magia de la realidad,  Espasa, Barcelona, p. 254.

 

[2] Hahn, S. y Wiker, B., 2011,  Dawkins en observación,  Rialp, Madrid, p. 43.

 

[3] Dawkins, R., 2011,  El espejismo de Dios,  ePUB ,  p. 125.

 

[4] Hahn, S. y Wiker, B., 2011,  Dawkins en observación,  Rialp, Madrid, p. 47.

 

[5] Citado en Gerald Schroeder, The Science of God (New York: Broadway Books, 1997), p. 5.

 


Derribando a Dawkins

Derribando a Dawkins

Por: Will Graham

Nuestro artículo se enfocará exclusivamente en el capítulo más importante del El espejismo de Dios, a saber, el capítulo cuatro, titulado ‘Porqué casi ciertamente Dios no existe’.

Damas y caballeros, en este día quiero presentaros al biólogo británico Richard Dawkins, el ateo más famoso, renombrado y celebrado del planeta Tierra. Nacido en Nairobi (Kenia) en el 1941, Dawkins- además de su labor científica- es conocido principalmente por su desprecio hacia la fe religiosa, ejemplificado en su best seller  El espejismo de Dios (2006) , libro que inició el movimiento del Nuevo Ateísmo.

¿Por qué presentaros, pues, al ‘capellán del diablo’ en este espléndido día? Por dos razones.

Primera razón: porque el nombre de Dawkins está en boca de cada vez más jóvenes universitarios aquí en España. Muchos han leído (o han oído hablar de)  El espejismo de Dios  y por lo tanto, están convencidos de que el ateísmo contemporáneo ha enterrado a Dios definitivamente. Segunda razón: porque muchos creyentes le tienen miedo. ¡Así declaro! Es como si Dawkins fuera el Goliat intelectual del siglo XXI. Si un ateo nos cita un pasaje de Dawkins- como regla general- nos ponemos a temblar, a sudar y no sabemos qué decir salvo: “¡Líbrame de esta situación, Señor!”

Si queremos ser relevantes y más eficaces a la hora de evangelizar (sobre todo con los jóvenes españoles pensantes), sería importante interactuar con el pensamiento del inglés para poder derribarle de la misma forma que el pastorcito David hizo con Goliat. A nivel personal he visto una y otra vez como los agnósticos y ateos se quedan impresionados cuando un creyente común y corriente es capaz de identificar fallos en la lógica de Dawkins en particular (o del ateísmo en general). Enseguida el evangelista consigue mucha más credibilidad con sus interlocutores y por consiguiente, resulta más fácil abrir el camino para la predicación del Evangelio.

Hoy, nuestro artículo se enfocará exclusivamente en el capítulo más importante del  El espejismo de Dios , a saber, el capítulo cuatro, titulado ‘Porqué casi ciertamente Dios no existe’. Dawkins mismo confesó que contiene “el argumento central” de su libro. Lo que haremos es citar los seis pasos del argumento de Dawkins encontrados en el cuarto capítulo y luego proseguiremos analizándolos detenidamente a la luz de la razón.

1.- Los seis pasos de Dawkins

Aquí están los seis pasos de Dawkins. El tercer punto, por cierto, es el más ampliamente citado y usado por los nuevos ateos.

Paso 1: Uno de los mayores desafíos al intelecto humano a través de los siglos ha sido explicar cómo surge en el universo la compleja e improbable apariencia de diseño.

Paso 2: La tentación natural es la de atribuir la apariencia de diseño al mismo diseño actual. En el caso de un artefacto hecho por el hombre como un reloj, el diseñador fue realmente un ingeniero inteligente. Es tentador aplicar la misma lógica a un ojo, a un ala, a una araña o a una persona.

Paso 3: Esa tentación es falsa porque la hipótesis de un diseñador hace surgir inmediatamente el mayor problema de quién diseñó al diseñador. […]

Paso 4: La más ingeniosa y poderosa explicación descubierta hasta ahora es la evolución darwiniana mediante la selección natural. Darwin y sus sucesores han demostrado cómo las criaturas vivientes con su espectacular improbabilidad estadística y apariencia de diseño han evolucionado lentamente mediante grados incrementales desde comienzos simples. Nosotros podemos ahora con seguridad decir que la ilusión del diseño en las criaturas vivientes es precisamente eso, una ilusión.

Paso 5: Nosotros todavía no tenemos una explicación equivalente para la física. Algún tipo de teoría de un multiverso podría, en principio, hacer para la física el mismo trabajo explicativo que el darwinismo hace para la biología. […]

Paso 6: No debemos renunciar a nuestras esperanzas de que aparezca una mejor explicación en física, algo tan poderoso como lo es darwinismo para la biología. […]

Con estos seis pasos, el biólogo concluye, “Si el argumento de este capítulo es aceptado, la premisa factual -la hipótesis de Dios- es insostenible. Dios, casi ciertamente, no existe. Esta es la conclusión principal del libro hasta ahora”.

2.- Un análisis crítico de los seis pasos de Dawkins:

Paso 1:

Estamos cien por cien de acuerdo con el primer paso del biólogo. La tradición intelectual de la humanidad ha reconocido una compleja apariencia de diseño. Así es. No hay quien lo dude.

 Paso 2:

Dawkins simplemente afirma que, según él, es “tentador” pensar que esta apariencia de diseño implica la existencia de un Diseñador. No dice nada más. No sé, sin embargo, si “tentador” sería el adjetivo correcto. ¿Por qué no decir que es “lógico” o “natural” o “razonable” suponer la existencia de un Diseñador? ¿Por qué precisamente “tentador”?

 Paso 3

¿Quién diseñó al Diseñador? ¿Quién creó al Creador? ¿Qué causó la Primera Causa? ¿Cómo puede el creyente contestar semejantes objeciones? Se me ocurren cuatro respuestas sencillas:

La primera es sencillamente reconocer que la hipótesis de un ‘Diseñador diseñado’ está cargada de una presuposición inaceptable, a saber, que Dios es creado. Es como hablar de un círculo cuadrado o de un soltero casado o de un cerdo araña. Son dos conceptos mutuamente excluyentes. El momento en que empezamos a hablar de un Dios creado, estamos refiriéndonos a un  no dios,  o en términos cristianos, a un ídolo. No hay tal cosa como un Dios creado. Dios es -por definición- eterno y por lo tanto, no creado. No me sorprende, pues, que Dawkins no crea en Dios si el Dios en el cual no cree es un Dios creado. De hecho, no conozco a ningún cristiano que tenga fe en tales dioses creados. Me pregunto, ¿por qué llamó Dawkins su libro  El espejismo de Dios ? ¿No debería haberlo llamado más bien  El espejismo de los dioses  creados? Tal vez no hubiera vendido tantos ejemplares ya que prácticamente nadie cree en los ídolos hoy día. Pero a nivel lingüístico, debemos rechazar este argumento como sumamente engañoso. No tenemos que tragarnos todo lo que dice el ateísmo. Es una objeción falsa.

La segunda es darnos cuenta de que -a nivel filosófico- no hace falta tener una explicación de la explicación. ¿Me explico? Aquí empleo la ilustración de William Lane Craig, “Si unos arqueólogos, excavando en la tierra, descubrieran objetos que lucieran como puntas de flecha, cabezas de hachas, y fragmentos de cerámica, estarían justificados al inferir que esos artefactos no son el resultado del azar de la sedimentación y metamorfosis, sino productos de algún grupo desconocido de personas, aunque no tuvieran ninguna explicación de quiénes fueron, ni de dónde vinieron”. La idea es que no hace falta explicar la existencia de la tribu (o el grupo desconocido de personas) para reconocer que fabricó las diversas herramientas. De la misma forma, tampoco hace falta explicar la existencia del Creador para entender que creó todo lo que hay debajo de los cielos. Dios es la explicación del diseño que hay en el universo; pero no necesitamos una explicación de Dios para reconocer que Él lo ha hecho todo. De todas formas, si necesitáramos una explicación de la explicación tarde o temprano necesitaríamos una explicación de la explicación de la explicación y así  ad infinitum  (es decir, una regresión infinita de explicaciones) que no sería capaz de explicar absolutamente nada. En tal caso, la ciencia perecería y, por consiguiente, Richard Dawkins no podría seguir escribiendo libros explicando la no existencia de Dios porque no sería posible explicar nada de nada.

La tercera es entender la razón por la que Dawkins rechaza el concepto del Diseñador. Puesto que Dawkins es darwiniano, cree que lo complejo siempre surge a partir de lo simple. Hay dos maneras de acercarnos a esta objeción (dependiendo del contexto). En primer lugar, podríamos decir que Dios es mucho más simple que el universo porque Él es un Ser espiritual (o sea, inmaterial). No tiene partes físicas. Por lo tanto, podríamos decir que la hipótesis de Dios encaja perfectamente con la idea evolucionista de que lo complejo viene de lo sencillo.

En segundo lugar, podríamos rechazar el postulado evolucionista y explicar que hay muchos ejemplos que demuestran que algo complejo puede producir algo simple. Un buen ejemplo sería el libro  El espejismo de Dios.  ¿Qué es un libro sino papel y tinta? ¿Acaso no es su autor, a saber, Richard Dawkins- cien mil veces más complejo que el libro que produjo? ¡Por supuesto que sí! Por tanto, es muy posible que el Creador del universo sea infinitamente más complejo que aquello que creó.

La cuarta idea es simplemente preguntar a Dawkins la razón la por la que no quiere aceptar la hipótesis de Dios. Al fin y al cabo, el biólogo ha comentado que cree en algún tipo de materia eterna que existía aun antes del Big Bang. Pero si Dawkins está dispuesto a creer en algo eterno, ¿por qué no se abre a la idea de un Dios eterno también?

Estas cuatro respuestas -el engaño lingüístico, la explicación de la explicación, lo complejo de lo sencillo y la eternidad- nos ayudan a contradecir la hipótesis de un Diseñador diseñado.

Paso 4

Aquí Dawkins apela a su héroe científico Charles Darwin (1809-82) para derribar la idea del diseño biológico. ¡Qué extraño! ¿Verdad? Es como si Dawkins no se diera cuenta de que Darwin creía que el Dios Creador había puesto en marcha el proceso evolutivo. Escribió en su  magnum opus Sobre el origen de las especies,  “Hay grandeza en esta concepción de que la vida, con sus diferentes facultades, fue originalmente alentada por el Creador en unas cuantas formas o en una sola y […] se han desarrollado y se están desarrollado, a partir de un comienzo tan sencillo, infinidad de formas cada vez más bellas y maravillosas”. 1

Es necesario aclarar que la teoría de la evolución no implica la no existencia de un Diseñador. Hasta el día de hoy hay protestantes tales como el genetista americano Francis Collins (1950-) o el teólogo alemán Jürgen Moltmann (1926-) que combinan su fe en Cristo con una cosmovisión abiertamente evolucionista (aprovecho para comentar que yo, personalmente, no comparto la postura macro-evolucionista por varias razones). La evolución puede explicar lo que sucede una vez que haya vida en el universo; pero no es capaz de explicar el origen de dicha vida. En palabras de Wayne Grudem, “Probablemente la mayor dificultad de toda la teoría evolucionista es explicar cómo pudo haber empezado la vida. La generación espontanea de incluso el organismo vivo más sencillo capaz de tener vida independiente (la célula  bacteriana procariota)  de materia inorgánica en la tierra no pudo haber sucedido por la mezcla casual de químicos; exige diseño y artesanía inteligente tan compleja que ningún laboratorio científico avanzado del mundo ha podido lograrlos”.

El cuarto paso de Dawkins, entonces, no hace avanzar su mensaje de ateísmo. La evolución no contradice el teísmo.

 Paso 5

En el quinto paso tristemente acontece lo mismo que con el cuarto. La única diferencia es que esta vez estamos en el terreno de la física -o mejor dicho, la astrofísica- y por lo tanto, en vez de citar al biólogo Darwin, Dawkins evoca la teoría astrofísica del multiverso (la creencia de que hay una infinidad de universos como el nuestro en existencia).

Pero de nuevo, es más de lo mismo. Apelar al multiverso no soluciona nada. Además de ser una teoría disparatada, especulativa y filosóficamente vacía (en términos de Anthony Flew, Richard Swinburne y Paul Davies) que uno ha de aceptar por fe ciega -¡menuda ironía!- el multiverso, si de verdad existe, es algo que requiere una explicación. ¿De dónde vino? ¿Cómo es que surgió de la nada? ¿Cómo explicar sus leyes? “Así que, haya o no multiverso, todavía tenemos que habérnoslas con la cuestión del origen de las leyes de la naturaleza. Y la única explicación viable es la Mente divina” (Anthony Flew). 2

El quinto paso de Dawkins, entonces, tampoco hace avanzar su mensaje de ateísmo. Si existiera el multiverso, sería perfectamente compatible con la existencia de Dios. No implica para nada la no existencia del Creador. Es otro argumento vacío que ofrece una falsa alternativa entre Dios y la física (como la falsa alternativa entre Dios y Darwin).

 Paso 6

El paso seis no se trata de un argumento. Es simplemente una confesión de fe y esperanza ateísta en que un día habrá una explicación física materialista que explicará la compleja apariencia de diseño que hay en el cosmos. En cierto sentido, confieso que admiro a Dawkins. Me encantaría tener tanta fe como él.

3.- Conclusión

Todo lo que hemos estudiado hoy sirve para demostrar que la conclusión de Dawkins de que “Dios, casi ciertamente, no existe” no es coherente con los seis pasos de su argumento. A nivel lógico, su conclusión es manifiestamente falsa.

Evidentemente los puntos tres, cuatro y cinco representan el cénit del libro del  Espejismo de Dios;  pero hemos visto que no implican para nada la no existencia de Dios. Como mucho, Dawkins podría decir que el argumento a partir del diseño no es un buen argumento para defender la hipótesis de Dios (idea que nuestro querido apologeta español, el doctor en biología Antonio Cruz, no aceptaría nunca); pero el inglés se olvida de que hay muchos otros argumentos que dan testimonio de la existencia del Creador tales como el argumento cosmológico, el argumento teleológico, el argumento moral, el argumento a partir de la experiencia personal con Dios y las evidencias tocantes a la resurrección de Jesús de Nazaret de la tumba (entre otros).

Así que, ¡no tengas más miedo a Goliat! Es hora de derribarle en las calles y las universidades de España. Dios, ciertamente, existe. Dios es. Y felizmente Goliat y Dawkins no pueden hacer nada al respecto. ¡Aleluya!

…….

 

1  DARWIN, Charles, El origen de las especies (Prisa Innova: Madrid, 2009), p. 778.

2  FLEW, Anthony, Dios existe (Trotta: Madrid, 2012), p. 108.

Nota del administrador: Este post fue tomado de http://www.protestantedigital.com

 


¿‘Fuego extraño’ o ‘Humo de prejuicios’?

¿‘Fuego extraño’ o ‘Humo de prejuicios’?

Nota del administrador: John MacArthur el Fariseo de los nuevos tiempos.

Este post fue tomado http://www.protestantedigital.com

Por: Mario Escobar Golderos

Se esperaba que la última obra de John MacArthur levantara mucha polvareda y lo ha conseguido. Las palabras del polémico pastor no son nuevas, pero si su virulencia. Cuando el pastor MacArthur escribió su libro  Los carismáticos  en 1978, su pensamiento teológico ya estaba totalmente fijado, pero no su posición hacía los pentecostales.

El regalo de John MacArthur al movimiento pentecostal y carismático que este año cumple 114 años no ha podido ser más duro. El escritor y pastor norteamericano lleva décadas polemizando sobre los más diversos temas, en especial sobre la salvación y la encarnación de Cristo.

En los años ochenta, MacArthur fue el centro de una agria polémica sobre la salvación por medio de la Gracia, y la doctrina de la pérdida o no de la salvación. MacArthur en aquel momento defendía que la Gracia no podía sostenerse sin las obras, que la salvación se perdía. Sus enseñanzas mostraban una línea calvinista muy marcada. Poco tiempo después, MacArthur volvía a los medios cristianos por su polémica declaración sobre la sangre de Cristo, al afirmar que no “la hemorragia, pero si la muerte” es la que perdona pecados.

En su reciente libro,  Fuego Extraño , MacArthur escribe un ensayo ligero sobre las doctrinas e historia del movimiento pentecostal y carismático.¿Por qué digo ligero? La razón es que a pesar del calado del tema y la amplia historia del pentecostalismo y carismatismo moderno, MacArthur simplemente mete a todos los movimientos, denominaciones y avivamientos en el mismo saco y los golpea con fuerza con el bate de “la sana doctrina”.

La tesis del libro señala desde el principio que todo el movimiento pentecostal y carismático es falso. Que no existen conexiones con ninguna tradición cristiana, que sus enseñanzas además de falsas son diabólicas y que sus ministros están viviendo en la herejía más absoluta. En el libro del escritor norteamericano no hay excepciones ni paliativas. Analicemos brevemente el texto.

La primera parte del libro se titula: Cómo enfrentar un avivamiento falsificado. Ya en las primeras líneas MacArthur ridiculiza e ironiza sobre el “Hablar en lenguas” y utiliza para arrancar su tesis, un artículo de un pastor pentecostal africano que describe un culto exaltado.

Tras esa breve introducción, que él toma como argumento válido, durante varios capítulos MacArthur toma varios casos de escándalos de predicadores y evangelistas pentecostales como muestra de lo falso de sus enseñanzas. MacArthur reúne una docena de anécdotas y las califica como práctica habitual del pentecostalismo: golpear a la gente para que sea sanada, abofetear enfermos, etc.. Después al autor se mete con TBN (polémica televisión neocarismática), la teología de la prosperidad y de la palabra de fe. Para acto seguido entrar en los beneficios económicos de los ministerios carismáticos y su presunta avaricia.

Esta parte continúa con una confusa y somera explicación del nacimiento del movimiento pentecostal. Para MacArthur lo sucedido en 1900 en el Seminario de Topeka, Arkansas, no pasa de ser una pantomima histérica, manipulada por Charles Parham. La descripción de Parham apenas es la caricatura de un pobre diablo, entre avaricioso y lascivo. MacArthur critica duramente la idea de Parham de que “las lenguas” eran idiomas humanos y que por eso serían útiles para evangelizar en lugares como África o Asia. Después describe a Parham como un estafador y sectario, además de racista.

La visión sobre William J. Seymour no es mucho mejor, pero al no encontrar el autor nada especialmente escabroso en su biografía, se limita a descalificarle como un fanático. En ambos casos, las fuentes de información de la época son medios de comunicación seculares o religiosos contrarios el naciente movimiento pentecostal y alguna biografía.

Después de despacharse a gusto con los fundadores del pentecostalismo, MacArthur se dedica a meterse con Essek William Kenyon, creador de la doctrina de la Palabra de Fe. Para MacArthur es un carismático más, a pesar de que Kenyon no fue nunca pentecostal, siempre ministró como pastor y maestro de las Iglesias Bautista del Libre Albedrío, seguramente al escritor norteamericano le debió parecer que tan maña herejía debía provenir de los socorridos pentecostales.

MacArthur no se atreve a criticar “El Gran Despertar del siglo XVIII, de origen fundamentalmente metodista, aunque si comenta que sus excesos y emocionalismos fueron un lastre para el protestantismo. Primero critica en parte al evangelista Jonathan Edwards, gran predicador del siglo XVIII, pero luego utiliza sus enseñanzas sobre el avivamiento, para probar si los avivamientos pentecostales son o no de Dios.

Por alguna razón que escapa a mi comprensión, MacArthur se salta el segundo Gran Despertar y el Movimiento de Santidad, aunque ambos son la preparación al gran avivamiento pentecostal, especialmente el segundo caso. El Movimiento de Santidad fue concebido y apoyado sobre todo por las iglesias bautistas, metodistas y otros grupos fundamentalistas. La mayoría de los primeros pentecostales provenían de estos grupos. Tal vez la razón de MacArthur, para no hablar de estos dos movimientos sea no apuntar con su propia arma al pie de las iglesias fundamentalistas a las que pertenece, ya que de esa Movimiento de Santidad salieron todo tipo de líderes estrafalarios y surgieron tanto El Adventismo del Séptimo Día, como los Mormones o Los Testigos de Jehová.

En los siguientes capítulos, MacArthur utiliza el método de Edwards para juzgar si el carismatismo es fiable. Aquí comete el escritor estadunidense un nuevo fallo, ya que no distingue entre las diferencias de pentecostales, carismático, neopentecostales y neocarismáticos. Debe pensar el autor, que son todos lo mismo y que no merece la pena entrar en matices. Entre análisis y análisis doctrinal, el escrito airea todos los escándalos que ha encontrado sobre pastores pentecostales o carismáticos, ya sea abusos a menores, palizas a sus mujeres, engaños, robos o prácticas homosexuales.

Tras su análisis superficial, arbitrario y nada riguroso de la supuesta veracidad del batiburrillo de “carismáticos”, MacArthur ya se ve capaz de adentrarse en las doctrinas teológicas de los “herejes”. Por eso titula su segunda parte “Los dones falsos expuestos”. 

El primer tema es el nuevo apostolado. Naturalmente, el autor vuelva a mezclarlo todo. No pone de manifiesto que esta doctrina surge de una visión neocarismática o la denominada Nueva Ola, de hecho el mismo Peter Wagner, fundador del movimiento, dice que no se considera pentecostal ni carismático. En muchos artículos y en mi libro Los Zapatos del Predicador, menciono las diferencias entre los cuatro grupos, por eso recomiendo al lector que los lea, para recibir orientación sobre el tema.

Peter Wagner crea en 1996, el Movimiento de la Nueva Iglesia Apostólica y vaticina la era posdenominacional. Wagner habla de cinco puntos, MacArthur ni los menciona, sobre el nuevo movimiento apostólico: las nuevas iglesias no son pentecostales ni carismáticas, son apostólicas, líderes indiscutibles, lideres autodidactas, la teología de la visión, adoración pasiva de los miembros y dirigida por el grupo de alabanza. Por tanto, MacArthur cree que todos los pentecostales, carismáticos son neoapostólicos, ignorando una vez más la realidad teológica de decenas de denominaciones y miles de iglesias.

Después entra a juzgar las ideas del don de profecía, como algo no vigente en la actualidad. MacArthur compara a los pentecostales con la Nueva Era, advierte del peligro de las profecías y para ello menciona a William Miller y Ellen G. White, los mormones o los Testigos de Jehová, todos ellos movimientos anteriores al pentecostalismo.

Al  Hablar en Lenguas , MacArthur lo denomina “Lenguas Torcidas”. La calificación es muy poco respetuosa, ya que además de ofender a cientos de millones que tienen en el Hablar en Lenguas, un don dado por el Espíritu Santo, puede ofender al mismo Espíritu Santo, dador de esas lenguas especiales. MacArthur las califica de “cháchara sin sentido”.

Para ello, MacArthur utiliza palabras de San Agustín sacadas de contexto, ya que las menciona como si este estuviera mencionando que las lenguas fueron dadas únicamente para el principio de la iglesia, pero como MacArthur no ha leído a San Agustín desconoce que este mismo dice que utilizaba la imposición de manos para que los creyentes hablaran en otras lenguas. También el movimiento hugonote (Calvinista) tuvo estas prácticas, al igual que los Husitas, Moravos, etc. Lo mismo hace MacArthur con el tema de la sanidad y su supuesta vigencia en la actualidad.

La tercera parte, podría parecer estar escrita en tono más positivo, ya que trata sobre la verdadera obra del Espíritu Santo. Aunque al final, el autor norteamericano habla de los peligro de los continuacioncitas, que creen que en la actualidad siguen vigente los dones del Espíritu Santo tal y como están descritos en la Biblia. De esta manera, MacArthur termina con el último contendiente, los dudosos o abiertos, intentando mandarlo a la lona. No sólo es peligroso todo movimiento pentecostal y carismático, también la mera creencia de que las sanidades o los dones son posibles en la actualidad, ya que abre la puerta al malvado carismatismo.

El libro concluye con una selección de comentarios de padres de la iglesia en la que apoyar sus ideas, aunque estos textos estén, en muchos casos sacados de contexto.

Por desgracia, el libro MacArthur está repleto de prejuicios y generalidades. Un libro, que por otra parte era necesario para aclarar la confusión reinante, pero que más que aclarar añade más confusión.

Los principales fallos del libro son su falta de rigor y orden, la escasa fuente documental, que la mayoría de las veces no está contrastada. La cicatera utilización de los escándalos para extenderlos a todo el movimiento pentecostal y carismático. El trato negativo del pentecostalismo, al que no se le concede, al menos, su gran esfuerzo evangelístico en el siglo XX, su inmenso esfuerzo misionero, los cientos de mártires que ha dado a la causa del Evangelio y sigue dando en el mundo. Por no añadir su apuesta por los más pobres, la dignificación de la mujer en la iglesia y su desarrollo ministerial, la integración de las minorías étnicas, la reforma de la liturgia, la salvación de muchas denominaciones tradicionales que estaban literalmente extinguiéndose, el papel del pentecostalismo en la lucha contra la droga y otras adicciones.

 

MacArthur intenta desesperadamente dar en la línea de flotación del pentecostalismo, pero apenas logra desconchar la pintura. Una pena, ya que si hay algo que denunciar en la Iglesia del Siglo XXI es el peligro del materialismo, el conformismo y de un liderazgo muchas veces servil o dictatorial. 

 

En el movimiento pentecostal hay de todo, bueno y malo, excelente y mediocre, la simple amalgama del ser humano en la eterna tensión entre servir a Dios o servirse a él mismo. Espero que este libro no vuelva a levantar los prejuicios y las barreras que hubo hacia el pentecostalismo los primeros cincuenta años de su historia. Los pentecostales son personas y se equivocan, pero de eso precisamente está compuesta la iglesia, de pecadores y yo el primero.