¿Por qué no oro a la virgen?

¿Por qué no oro a la virgen?

 

María. ¡Qué mujer de Dios más maravillosa! Su fe, su obediencia y su sumisión a la voluntad de Dios nunca dejan de sorprenderme. A lo largo de los años, pocos seguidores del Señor han sido tan ferozmente probados como lo fue ella; pero aun así, ella se mantuvo fiel al Dios de Israel y al Hijo que el Señor le había concedido.

Cada lector de la Biblia se sentirá profundamente conmovido por el amor teocéntrico de María (esto es, centrado en Dios), pero al mismo tiempo, nadie que lee la Escrituras correctamente podrá caer en la trampa de convertir a la madre Jesús en una especie de figura salvadora a quien tenemos que orar e interceder constantemente (y por medio de la cual tenemos acceso al Padre). Tal forma de pensar es una distorsión completa de la fe neo-testamentaria. Así que, ¿oro yo a la virgen María? No, no lo hago.

¿Por qué no lo hago? Permíteme ofrecerte algunas razones:

1.-Primero, no oro a María porque María no es Dios. La Biblia explica en términos bien claros que la oración se ha de dirigir a Dios (y solamente a Él). La Biblia prohíbe la deificación de cualquier criatura en detrimento de Dios. Muchas veces me pongo a pensar en lo horrorizada que estaría María si supiera que tantos millones de ‘creyentes’ ignorantes de la Biblia usan su nombre para usurpar la autoridad del Todopoderoso.

2.-Segundo, no oro a María porque solamente hay un Mediador entre Dios y el hombre. ¿Quién es el único Mediador? Te voy a contestar con palabras apostólicas: “Jesucristo hombre” (1 Timoteo 2:5). La Iglesia primitiva nunca enseñó nada acerca de la doctrina de la correndentora . No negamos que María desempeñara un papel significativo en la economía de la redención -al fin y al cabo, dio a luz al mismo Hijo de Dios en Belén- pero decir que ella constituye un puente entre Dios y nosotros significa quitar la exclusividad de salvación en Cristo Jesús. La sangre de Jesús es el único acceso que el cristiano tiene a la presencia del Padre. ¡‘Único’ quiere decir ‘único’! “Y en ningún otro hay salvación; porque no hay otro nombre bajo el cielo, dado a los hombres, en que podamos ser salvos” (Hechos 4:12).

3.-Tercero, no oro a María porque María era tan pecadora como yo. El testimonio tan gozoso de María nos confirma esta verdad: “Mi espíritu se regocija en Dios mi Salvador” (Lucas 1:47). María llamó a Dios su Salvador porque ella también necesitaba ser librada del poder del pecado. María era humana, demasiado humana. Ella había sentido el mordisco tan frío del pecado y su alma clamaba por el perdón de Dios. Es decir, María no era inmaculada. No vivía libre del pecado. Ella compartió nuestro estado humano caído y por lo tanto, se quedó descalificada de contestar oraciones.

4.-Cuarto, no oro a María porque María no me escucha. María ha pasado la mayor parte de los últimos dos mil años rodeada de la plenitud de la gloria celestial. Su mirada está firmemente puesta en el Altísimo Dios. Lleva dos siglos alabándole y sirviéndole con gran gozo. Las cosas de este mundo presente no tienen importancia ninguna para ella ahora. Ella está con Jesús. Se une a la melodía angelical para cantar himnos de alabanza a su Rey. María no presta atención a nuestras oraciones. No tiene un teléfono móvil ni What’s App . Y de todos modos, si los tuviera, dudo mucho de que los encendiera.

5.-Quinto y último, no oro a María porque María quiere que yo ore a Dios. Si quiero honrar a una persona que amo, la mejor forma es honrar a alguien que él (o ella) ama. Si quieres hacerme feliz, háblame bien de mi familia, mis amigos y mis seres queridos. De la misma forma, si la hermana María todavía estuviera con nosotros, se alegraría en saber que nosotros también amamos a Dios con la misma pasión que ella. Siendo una mujer llena del Espíritu de Dios, nos animaría a orar a Dios, mirar a Dios y confiar en Dios (y nunca en nadie más).

CONCLUSIÓN
Espero que esta lista cortita -y claro está, no se trata de una lista exhaustiva- nos aleje de doblar nuestras rodillas ante la madre del Unigénito Hijo de Dios. A María no se ora. Sí, le admiramos por su fe. Sí, damos gracias a Dios por su ministerio. Y sí, nos maravillamos ante su vida ejemplar. Pero a María no hay que buscarla en oración. A Dios, hay que buscarle en oración. Y cualquier oración que va dirigida hacia María es una ofensa abominable para el Dios todopoderoso y un insulto al legado de una maravillosa mujer de Dios.

Autor: Will Graham


Genética y vida artificial: ‘Dios creó la vida, el hombre sólo la transforma’

Genética y vida artificial: ‘Dios creó la vida, el hombre sólo la transforma’

 

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Ante la creación de un “cromosoma artificial” en el laboratorio, el Dr. en Biología Antonio Cruz explica que “lo que se hace es manipular la vida ya existente, pero no crear vida artificial”.

Científicos de Estados Unidos y Europa, liderados por la Universidad de Nueva York, han conseguido crear en un laboratorio el primer “cromosoma artificial” de la historia. Para que nadie se asuste, se trata sólo de un cromosoma de la levadura, es decir, el hongo que se usa para hacer el pan y la cerveza.

Todos los titulares han hablado de un paso hacia la creación de la “vida artificial” por parte del hombre.

Pero “en realidad no se crea vida artificial”, expone el Doctor en Biología Antonio Cruz, ya que “realmente lo que se hace es manipular la vida ya existente, introduciendo un ‘cromosoma sintético’ en la célula de la levadura”.

Para realizar esto “lo único que se hace es trocear los genes que interesan de un organismo vivo, juntándolos en un cromosoma e introduciéndolos en otra célula viva de levadura”. Es decir, se utiliza siempre vida ya creada, por lo que no se puede hablar realmente de “vida artificial” creada por el hombre.

En definitiva, concluye el Dr. Cruz, “lo que se hace es utilizar la vida ya existente, no crearla de nuevo”. Como hombre de fe, resume “Sólo Dios crea la vida, el hombre únicamente la transforma“

Antonio Cruz sí entiende que esta técnica, usada adecuadamente, “es posible que logre que se obtengan productos interesantes y útiles para el ser humano”.

De hecho, el nuevo descubrimiento ya tiene algunas aplicaciones prácticas, como por ejemplo, se podrían diseñar mejores biocombustibles o mejores antibióticos y, cómo no- mejorar la producción de la cerveza.

En este mismo sentido de que en ningún caso se puede afirmar que se haya creado vida artificial opina la profesora de Microbiología de la Universidad Complutense, María Molina.. «La vida es mucho más que ADN», resume.

«Si una levadura fuera una persona, podríamos decir que le han sustituido el antebrazo, desde el codo hasta la mano por una prótesis artificial. De esa persona no diríamos que es biónica, ¿verdad?». Manuel Porcar, coordinador del grupo de Biología Sintética del Instituto Cavanilles de la Universidad de Valencia, explica gráficamente lo que supone para la levadura la inserción del cromosoma sintético. Así deja claro que aún no se ha conseguido generar vida artificial en el laboratorio. El avance «técnicamente es muy meritorio pero aún no estamos ante la creación de vida artificial», insiste.

http://www.protestantedigital.com/ES/Sociedad/articulo/18081/Genetica-y-vida-artificial-dios-creo-la-vida-el


Nuevo descubrimiento científico confirma que Dios creó el universo

Nuevo descubrimiento científico confirma que Dios creó el universo

 

El sorprendente descubrimiento, anunciado esta semana, de ondas en el tejido del espacio-tiempo ha sacudido al mundo de laciencia, y al mundo de la religión. Ha sido presentado como evidencia de la inflación(una expansión del universo más rápida que la velocidad de la luz); el nuevo descubrimiento de rastros de ondas gravitacionales afirma los conceptos cientificos en el campo de la cosmología, larelatividad general y la física de partículas.

La teoría prevalente de los orígenes cósmicos antes de la teoría del Big Bang era la del “Estado sostenido”, la cual afirmaba que el universo siempre había existido, sin un comienzo que necesitara una causa.

Sin embargo, esta nueva evidencia fuertemente sugiere que hubo un comienzo para nuestro universo.

Si el universo de hecho tuvo un comienzo, por la simple lógica de causa y efecto, tuvo que haber un agente -separado e independiente del efecto- que lo causara.

Eso me suena mucho a Génesis 1:1: “En el principio Dios creó los cielos y la Tierra”.

Entonces, este último descubrimiento es una buena noticia para nosotros los creyentes, ya que agrega unapoyo científico a la idea de que el universo fue causado -o creado- por algo o alguien fuera de él y que no dependía del mismo.

El astrónomo ateo que se convirtió en agnóstico, Fred Hoyle, quien acuñó el famoso término “Big Bang”, hizo esta famosa declaración: “Una interpretación con sentido común de los hechos sugiere que un superintelecto jugueteó con la física“.

Como Hoyle lo vio, el Big Bang no fue una explosión caótica, sino más bien un evento altamente ordenado, uno que no pudo haber ocurrido por casualidad.

Sbemos que Génesis nunca tuvo la intención de ser un manual científico detallado, en el que se describe cómo Dios creó el universo. El mensaje que imparte es teológico, no científico.

Como científica y creyente moderna, cuando veo el cielo estrellado en una noche despejada, recuerdo que “los cielos cuentan la gloria de Dios” (Salmo 19:1). Me siento maravillada ante la complejidad del mundo físico, y cómo todas las piezas encajan a la perfección y se encuentran en armonía.

En el libro de Jeremías, en el Antiguo Testamento, el escritor nos cuenta que Dios “estableció su pacto con el día y la noche y con las leyes del cielo y de la tierra”.

Si Dios verdaderamente es el creador, entonces Él se revelará a través de lo que ha creado, y la ciencia es una herramienta que podemos usar para descubrir esas maravillas.

Por Leslie A. Wickman, CNN, editado por AcontecerCristiano.Net


Posesiones materiales: la negación del do ut des

Posesiones materiales: la negación del do ut des

Por: Cesar Vidal Manzanares.

En mis memorias –  No vine para quedarme: Memorias de un disidente  – lo he contado, pero considero imprescindible volver a hacerlo para poder expresar lo que deseo. Me disculparán los lectores lo extenso del relato. Mediaban los años sesenta y mi padre cayó inesperadamente enfermo. No sólo se trató de eso. Es que los médicos no tenían la menor idea de cuál podía ser su mal y, por lo tanto, difícilmente podían aplicarle un remedio. Durante esa época acentuadamente dolorosa, viví una experiencia relacionada con la ignota enfermedad de mi padre que deja de manifiesto la idea – ciertamente muy errónea – que el común de los mortales tiene sobre Dios.

Regresábamos un día mi madre y yo del hospital Francisco Franco – ahora Gregorio Marañón – de visitar a mi padre cuando, a pocos metros de llegar a casa, nos hizo señas un anciano para que lo esperáramos. Nos detuvimos y entonces, con todo tipo de aspavientos, el hombre comenzó a pedirnos limosna para no recuerdo qué necesidad concreta por la que atravesaba. Abrumados como estábamos con la idea de que mi padre pudiera morirse, recuerdo que tanto mi madre como yo le dimos algo de lo que llevábamos a mano y entonces, el vejete, bastante animado, puso cara de pesadumbre y nos contó otra desgracia que, supuestamente, padecía. Mi madre volvió a echar mano al bolso y entregó un nuevo óbolo al pedigüeño que, convencido – estoy seguro – de haber dado con un filón, volvió a entonar jeremiadas con el efecto de que mi madre sacó un billete de cien pesetas – que no era una fruslería a la sazón – y también se lo dio. Que en aquel momento pensó nuestro inesperado acompañante que tenía campo abierto es algo de lo que no abrigo la menor duda. Mientras se guardaba en el bolsillo el producto de sus peticiones, se rascó la cabeza y comentó el cuarto motivo por el que, en esos precisos momentos, necesitaba dinero. Mi madre – a la que no le quedaba ya un chavo – le dijo no sin pesar que se tendría que conformar con lo que se llevaba porque tenía ya el bolso vacío. Torció el morro aquel personaje que ya debía haberse visto dueño de nuestro caudal y, sin pronunciar una sola palabra de agradecimiento, se dio la vuelta alejándose con paso renqueante. Aquella muestra de caridad – un tanto pánfila – por nuestra parte no había sido sino la manifestación obvia de que estábamos más que dispuestos a comprar a la Divinidad la salud de mi padre. De hecho, cuando yo – que andaba a la que saltaba – le dije a mi madre que estaba dispuesto a realizar el precursorado como Testigo de Jehová, que era lo que yo era entonces, le faltó tiempo para decir que ella – que no era Testigo de Jehová como lo era yo a la sazón – también lo haría si papá se curaba.

No puedo reprochar a mi madre aquella visión supersticiosa de la que era víctima por la sencilla razón de que era fruto directo de la influencia de la iglesia católica en la mentalidad española a lo largo de los siglos. Dios no era visto como el Padre que escucha a Sus hijos porque es Amor sino como un ser que, a semejanza de las divinidades del paganismo, inclina los oídos a nuestras súplicas si le ofrecemos algún tipo de sacrificio. Si nos escuchaba, no lo hacía por misericordia o compasión sino porque lo habíamos sobornado con limosnas, con sufrimiento o con una combinación de ambos. Llevar cilicio o colocarse piedras en el zapato para padecer, acudir a procesiones o rezar el rosario, realizar peregrinaciones o privarse de comer helado son conductas – he visto todas y cada una de ellas en no pocas ocasiones – cuya finalidad es, a fin de cuentas, comprar a la Divinidad para que el hijo apruebe las oposiciones, la hija encuentre un buen novio, el nieto salga con bien del sarampión o el marido no se vaya con la panadera. Mi propio padre, justo después de mi accidentado nacimiento, había estado yendo a visitar una imagen de san Nicolás de Bari durante tiempo y tiempo como cumplimiento de una promesa. Por supuesto, nunca se le pasó por la cabeza que el único Dios verdadero al que nadie debe representar podía no sentirse dispuesto a escuchar a alguien que se inclina ante una imagen de escayola. Por el contrario, intentaba pagar, en cierta medida al menos, lo recibido mediante aquel sacrificio.

En aquellos momentos, yo había salido, como los testigos de Jehová, de la iglesia católica, pero la iglesia católica, como sucede con millones de españoles, portugueses, italianos o hispanoamericanos que la han abandonado, no había salido de mi. Puesto a contemplar a Dios y a comportarme en relación con Él no me movía de acuerdo con categorías como las contenidas en la Biblia sino según el concepto pagano del toma y daca, del “do ut des”, en virtud del cual la Divinidad se nos convierte en propicia porque nos prestamos a humillarnos con sacrificios, no pocas veces absurdos y hasta ridículos, ante Su presencia. Y es que ni que decir tiene que en el paganismo – al igual que actualmente dentro y fuera de la iglesia católica – siempre existe un cúmulo de personas más que dispuestas a indicarnos los padecimientos y donativos más eficaces para conseguirnos la bienquerencia del Todopoderoso. La entrega de dinero para un colegio, una clínica, un campamento infantil o lo que buenamente desee el agente del petitorio toman el lugar del becerro, de la oveja o de la paloma sacrificada en los altares de Zeus o Diana. En ocasiones incluso basta rastrear en las raíces del culto en cuestión ahora dirigido hacia un santo o una virgen para encontrar que bajo su ropaje mal ajustado se encuentra una ceremonia dirigida previamente y durante siglos a un dios o a una diosa anteriores al nacimiento de Jesús. En multitud de casos, la mentalidad pagana no desapareció, por desgracia, con el avance del cristianismo. Simplemente, se adaptó a los nuevos tiempos.

Precisamente por el carácter groseramente pagano de esta visión resulta un insulto, una injuria, una vileza intentar encajarla en el mensaje glorioso del Reino de Dios. La gente que promete bendiciones espirituales si se dona dinero; que anuncia que existe una ley de siembra que implica que si se dan diez euros Dios dará cien veces más – lo que favorecería enormemente a los acaudalados, claro está – o que arroja pesadas cargas económicas sobre los fieles está incurriendo en una gravísima blasfemia que los deshonra no sólo a ellos sino al Dios al que dicen predicar y que es muy diferente de cómo lo proclaman.

La visión de Jesús al respecto es obvia. Jesús alabó a la viuda que echó unas moneditas (Marcos 12: 42-3) por el esfuerzo que significaba y no por la cuantía de lo dado. Por supuesto, ni se le pasó por la cabeza enseñar que, puesto que había dado algo, Dios le devolvería lo dado al templo.

Ese mismo rechazo de la codicia disfrazada de piedad que busca sacar todo el dinero posible subyace en el texto donde Santiago, el hermano de Jesús, condena el que se reciba bien a los ricos a la vez que se desprecia a los pobres (Santiago 2: 1-4).

En ningún caso, enseña la Biblia que, en el Reino de Dios, el Rey dará dinero – todavía menos la salvación eterna – a los que, previamente, hayan entregado dinero a las autoridades religiosas. Dios nos provee de todo porque nos ama y sabe, como buen Padre, lo que nos conviene (Mateo 6: 32-33) no para engrosar la cuenta corriente de los que dicen representarlo. La misma práctica de la limosna debe ir unida a un secretismo extremo (Mateo 6: 1-4). De hecho, Jesús anunció taxativamente que aquellos que devoraban las casas de las viudas apelando a la religión lejos de sumar bendiciones, estaban malditos (Mateo 23: 14). No sólo eso. Aunque hicieran milagros o expulsaran demonios en el nombre de Jesús, la realidad es que nunca los había conocido y serían arrojados a la condenación (Mateo 7: 21-23).

El que da no debe dar esperando una multiplicación de sus haberes u otra ventaja material como si fuera un pagano. Dios bendice al que da sin esperar nada a cambio. Al dador alegre (2 Corintios 9: 7) es al que Dios ama, no al que da acuciado por la necesidad económica y deseando que el Señor le devuelva lo entregado a fin de, por ejemplo, pagar la hipoteca o al que da con tristeza.

Por supuesto, los que han levantado catedrales con el dinero del pueblo – vendiéndoles, por ejemplo, indulgencias para erigir San Pedro en Roma – los que han acumulado riquezas prometiendo falsas bendiciones, incluso los que practican la supuesta caridad a costa de lo que reciben de los presupuestos de la administración sólo están incurriendo en un gravísimo pecado. Convencionalmente, se ha denominado a ese comportamiento simonía en recuerdo de Simón el mago, el que quiso comprar el poder de hacer milagros para negociar con él (Hechos 8: 18-24). A fin de cuentas, Simón no era sino un pagano que creía en que se da a Dios para que Dios nos de. Es bochornoso que esa mentalidad del do ut des – te doy para que me des – esté extendida. La realidad es que nada, absolutamente, nada tiene que ver con el Reino de Dios.


“La ciencia está mostrando que detrás del origen del universo hay inteligencia”

“La ciencia está mostrando que detrás del origen del universo hay inteligencia”

Por: Antonio Cruz

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Los descubrimientos que confirman la tesis de la inflación previa al Big Bang se ajustan a la idea de un creador, defiende el experto Antonio Cruz.

El mundo de la ciencia vive días de sorpresa e ilusión tras la detección de ondas gravitacionales, que confirmarían la teoría inflacionaria del Big Bang.

Las observaciones realizadas para medir la radiación de fondo -una señal que, según los científicos, procede del mismísimo origen del tiempo- muestran que el universo habría surgido hace 13.800 millones de años tras una gran explosión que vino precedida de una “inflación” acelerada.

Antonio Cruz es biólogo y ha escrito varios libros sobre ciencia y fe. Este experto concedió una entrevista a Protestante Digital, explicando la importancia del descubrimiento y sus implicaciones. “Si eso no hubiera ocurrido esta inflación- dice Cruz- no hubiera sido posible el Big Bang, que es una expansión de la energía y la materia”.

“En ese brevísimo tiempo de la inflación -explica Antonio Cruz- ocurrirían cosas muy raras para la física. Por ejemplo, la gravedad en ese instante funcionaba al revés. En lugar de ser atracción, era una repulsión que inflaba el espacio y el tiempo (…) Estas pequeñísimas variaciones cuánticas en el espacio-tiempo que se propagan por el universo son los ecos del primer temblor que dio origen al Big Bang”.

Se trata de un hallazgo “importante, porque ratifica la conexión entre lo minúsculo y lo enorme. Abrirá un nuevo capítulo en la física, en la astrofísica, y en la cosmología”.

“TODO SURGE DE LA NADA”
Lo que la ciencia está revelando en los últimos tiempos en el campo de la cosmología y la astrofísica parece indicar a un origen en el que “todo salió de la nada”, apunta Cruz. En ese sentido, el relato de la Biblia, que presenta a un Creador activo en el origen del universo y de la vida, aparece como una coincidencia sorprendente.

“Génesis no puede dar información científica, porque no es un libro de ciencia, pero que no ofrezca información científica no quiere decir que su información no sea veraz”, dice Cruz. “Este relato bíblico de la creación, a pesar de situarse a ras de suelo, desde un punto de vista muy humilde, no contradice en absoluto los descubrimientos que la ciencia ha hecho en nuestro tiempo”, añade.

En cuanto a las teorías del origen, Cruz apunta que la Biblia muestra que “hubo un principio del universo”, algo que durante muchísimos años la ciencia negó. “Hasta principios del siglo XX se mantenía como cierto que el universo era eterno. Tras la teoría del Big Bang -que reconoce un origen- se han desarrollado otras teorías que intentan matizarlo. Por ejemplo, la de una expansión y contracción eterna. Otra es la del multiverso”. Estas teorías que algunos proponen, apunta Cruz, siguen sin resolver la necesidad de un creador.

“Hoy tanto la ciencia como el Génesis señalan a un origen a partir de la nada, y aún el relato de Génesis 1, entendido adecuadamente, se puede ver como piezas que van encajando”.

EL MISTERIO DEL CREADOR
A pesar de que la ciencia avanza en su sabiduría y conocimiento en cuanto a los orígenes, hay muchas cuestiones que continúan “envueltas en el misterio”, dice Cruz. “¿Qué había antes? ¿Cómo de la nada surgió todo en un instante? ¿Por qué existen leyes físicas?”. Son preguntas que llevan a reflexionar sobre la posibilidad de una mente inteligente detrás de la existencia.

Ante la propuesta de un ateísmo que niega esta posibilidad, Cruz considera que el debate sobre Dios está más de moda que nunca en el ámbito intelectual contemporáneo.“La ciencia contemporánea hace cada vez más difícil ser un ateo intelectualmente satisfecho” porque “todos los descubrimientos apuntan a una mente inteligente que fue la causa de todo”.

Sin embargo, en España no se produce ese debate intelectual. “Hay un muro de indiferencia que nos aísla del pensamiento filosófico contemporáneo deísta. No se traducen obras, o si se traen, es en editoriales minoritarias”, explica Cruz, lo que “priva al lector culto de reflexionar. Los jóvenes universitarios piensan que el debate sobre Dios está superado, y se piensa que es irracional ante la claridad del ateísmo. No nos queremos enterar de que el tema de Dios está en boga en el campo intelectual”.

“La ciencia -expresa finalmente Cruz- converge hacia la idea de una sabiduría detrás de todo. Lo que me preocupa es que esa mente que llamamos Dios, ¿ha querido revelarse? ¿Y cómo lo ha hecho? Si Dios nos ha creado tan inteligentemente, creo que es sabio acercarse a descubrir cuál es su propósito para nosotros”.

Dios los bendiga.


Una ofrenda defectuosa

Una ofrenda defectuosa!!

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Dios habla a su pueblo por labios del profeta Malaquías (Mal 1:6-9)  y pregunta sencilla y directamente a los sacerdotes:  “¿Dónde está mi honra? ”, no porque la exigiera arbitrariamente, sino porque a pesar de haber demostrado Dios su amor tan grande con maravillosos portentos, nunca había recibido una respuesta a la altura de sus misericordias de parte de Israel. Dios nunca falló, su palabra siempre ha sido fiel y verdadera, pero la respuesta de su pueblo no ha tenido la misma firmeza, y sus sentimientos son fluctuantes y condicionados.

Israel profesaba que Dios era su Padre y su Señor, se sentía pueblo suyo, por lo cual Dios, simplemente, exige que lo que confiesan con sus labios se note en sus acciones. Está pidiendo que se note el temor reverente y el amor que profesan a su creador en su servicio diario, que no sean solo palabras. Pero lejos de existir reconocimiento entre su pueblo y de reflexionar en sus acciones, surge de su ceguera espiritual, desde su complaciente insensibilidad la pregunta:  “¿En que hemos menospreciado tu nombre?” . Los sacerdotes que debían velar por la pureza espiritual del pueblo estaban corrompidos e imposibilitados por su ceguera: no vieron su desamor hacia Dios, desconocieron a su Señor y escondieron su culpa.

Víctimas de una Religión Sintética

Nos hemos acostumbrado a una religión barata, sin esfuerzo, que sirve a mis propósitos, que me valgo de ella para exigir el favor de Dios, que nos ha enseñado a cuestionar los propósitos de Dios, a resistirnos a su voluntad como un niño mimado que quiere salirse con la suya y continuamente presentamos ante Dios un corazón condicionado, con una obediencia parcial, ofrendas miserables y defectuosas, frutos de un corazón egoísta que solo desea hacer su voluntad, que no ha entendido que Dios es Santo y que no necesita de nosotros, que solo por su misericordia estamos hoy en pie y existimos.

Vivimos una cultura evangélica tolerante que no ofende la vida pecaminosa del hombre, que justifica un cristianismo mediocre, acomodado para no incomodar a nadie, sin exigencias, que rebajó el evangelio hasta un sencillo mensaje positivo e irrelevante, incapaz de transformar vidas, que no busca ser distinto al mundo que se conforma con estar “bendecido” económicamente.

Siempre las exigencias de Santidad han sido incomprensibles para el hombre, el evangelio es locura para los que se pierden, así lo dice la palabra de Dios, porque considera la Santidad exagerada, porque no están al servicio de sus intereses, porque es un ofrenda demasiado cara para ser presentada ante las plantas de Cristo, porque el corazón está lleno de avaricia, y el yo gigante consume el deseo de agradar a Dios, pues prefiere un evangelio que le hable de bendiciones, de su potencial y de sus merecimientos, y como incautos somos cautivados por ese evangelio sintético que alimenta nuestros sentidos, pero que no produce vidas santas.

Eso no es el evangelio. Es una religión barata y Dios la abomina, no la quiere y un día, al presentarnos ante Él, nos dirá:  “No os conozco, obradores de iniquidad” … y gritaremos pidiendo explicaciones : “¡Señor, en tu nombre yo hice cosas importantes! ¡Iba a la Iglesia siempre! ¡Soy un hombre exitoso! ¡Doy mucho dinero para la Iglesia! ¡Yo prediqué tu palabra!”.  Pero Dios nos dirá:  “Nunca os conocí…” . Ese es el resultado de una religión barata, a mi medida, pero que nada tiene que ver con Dios.

¿Qué nos compromete más: nuestra salvación o el deseo de sentirnos exitosos? Dios nos mira tal como a los sacerdotes de Israel y nos dice:  “Ve e invierte el mismo tiempo que dedicas a buscarme y utilízalo para ser exitoso, para ser profesional. ¿Lo lograrías? ¿Te bastaría para lograr tus sueños o quedarías en la mitad del camino y serias contado como alguien que no se esforzó lo suficiente? ¿Y por qué, si yo soy Tu Señor, me das lo defectuoso y lo que te sobra?”

En busca de la mejor ofrenda para Dios 

Dios quiere lo mejor, no las sobras. Debemos buscar experiencias relevantes con Dios, darle el servicio que Él espera de nosotros, esforzarnos por ser mejores cristianos, por vivir un evangelio relevante, que transforma vidas, que limpia corazones, que vence el pecado y se aparta del mal por amor a Dios. Basta de religiosidad: debemos ser verdaderos hijos de Dios.

Dios estaba desagradado de las ofrendas de su pueblo, pues no eran fruto de su pobreza sino de su avaricia, de su desinterés. Su mezquindad era la expresión de su mal corazón, sus ofrendas defectuosas eran el fruto de haber sacado a Dios del centro de la vida y transformarlo en prescindible.

Ofrendas de un corazón que desconoce a Dios

Dios argumenta contra su pueblo y les desafía a pensar: “Preséntalo, pues, a tu príncipe; ¿acaso se agradará de ti, o le serás acepto?” . Les dice:  “Lleva la misma ofrenda que traes ante mí y ofrécela a tus príncipes. ¿La aceptará? ¿Se agradará de ti? ¿Recibirá él la oveja defectuosa, la ciega o la enferma, alegremente?”.  Dios no está agradado de su pueblo, siente el menosprecio, ve la indiferencia, y enfrenta a su pueblo.

La Biblia enseña que Israel no rechazó públicamente a Dios, seguía sintiéndose pueblo suyo, pero su indiferencia y falta de preocupación por su relación con Dios era peor que el desprecio. Desconocieron a su Señor, mostraron desinterés por agradarle y no reaccionaron; lo encontraron justo y apropiado. Israel no se detuvo a meditar en sus acciones, siguió caminando como si nada pasara. ¿Podrían sus ofrendas defectuosas ser tomadas en cuenta por Dios?

La falta de reflexión sobre la forma en que servían a Dios fue definitoria de la disciplina. Nunca se cuestionaron si lo que ellos estaban ofreciendo era realmente lo que Dios exigía. Por eso dice : “Me han desconocido, dice Jehová” (Jer 9:3) , porque menospreciaron su amor y olvidaron su carácter Santo, trayendo ante su altar lo que les sobraba, lo defectuoso, como si ellos estuvieran haciendo un favor a Dios al ofrendar, como quien da una limosna. Pero Dios no es un pordiosero, es el Rey de Gloria, Creador del universo, Todopoderoso, que no necesita de nosotros, ni de nuestras ofrendas, sino que por su misericordia permite que podamos servirle y traer ante su altar nuestras vidas para rendirlas plenamente a Él. Nosotros somos los pordioseros, que nada podemos ofrecerle a Dios, que sin Él no existimos y, solo por misericordia, Dios mira nuestras insignificantes ofrendas y servicio, y solo por su amor lo acepta como olor grato.

¿Qué calidad ante Dios tiene mi ofrenda?

Aunque el mundo postmoderno se caracteriza por la mediocridad y la búsqueda obsesiva del placer y huida del sufrimiento, el sacrificio y el dolor, debemos ofrecer lo más valioso, lo mejor, pues nuestra ofrenda debe estar relacionada con la comprensión que tenemos de Dios. Sabemos que es Alto y sublime, Eterno en amor y misericordia, por lo tanto presentémonos cada día como ofrenda viva a sus pies.

¿Qué ofrenda hemos traído, la defectuosa o la perfecta? Cuando hablamos de ofrenda, nos referimos a:

  •   ¿Consideramos realmente importante nuestra relación personal con Dios?
  •   ¿Dedico tiempo a solas de calidad a mi búsqueda de Dios?
  •   ¿Presto la misma atención al Sermón que a mis pasatiempos?
  •   ¿Estoy comprometido a derrotar mis debilidades y ser luz del mundo?
  •   ¿Estoy luchando con mis hábitos pecaminosos?
  •   ¿Honro a Dios con mi forma de ser?
  •   ¿Ofrendo mi mejor esfuerzo para evangelizar al círculo de personas en el que me desenvuelvo?
  •   ¿Es el propósito de Dios para mi vida un factor relevante en las decisiones que tomo?

Confiar en Dios es creer que merece lo mejor, porque solo Él es Dios. Es considerar a Dios tan importante como para negarme a mí mismo y servirle en obediencia, es creer que vale la pena dedicarle mi vida porque me ha prometido una patria realmente mejor, una patria celestial.

Autor: Marcelo Riquelme Márquez


La biblia gay

La biblia Gay

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Por :Will Graham

Bueno, aunque no lo creas, por fin ha sucedido. En un intento de prevenir  “la interpretación homofóbica de la palabra de Dios ”, se acaba de publicar la primera Biblia pro-gay de la historia en los EEUU. Llevando una cruz con los colores del arco iris en el portal, la nueva versión Queen James  (“Reina Jaime”) declara que Dios es su autor y que Jesucristo es un colaborador importante. Está en el mercado, lista para ser comprada desde justo antes de la Navidad.

Los editores de la Queen James han defendido su traducción en la página oficial de la Biblia escribiendo que, “ La homosexualidad fue primeramente mencionada en las traducciones bíblicas en inglés en la New Revised Standard Version (1946). Antes de esto, no hay mención o referencia a la homosexualidad en ninguna otra traducción bíblica en inglés”.

No obstante, el erudito bíblico Douglas Moo no está convencido. Respondiendo públicamente ante las declaraciones hechas por la comunidad Queen James , Moo contestó : “Pocas traducciones bíblicas emplean la palabra moderna ‘homosexual’ u ‘homosexualidad’ .  Pero la historia de la traducción bíblica demuestra que otras versiones han utilizado otros vocablos para referirse a lo que hoy día llamaríamos relaciones homosexuales”.

Pasajes  anti-gay  tales como Génesis 19:15, Levítico 18:22, 20:13, Romanos 1:27, 1 Corintios 6:9-10, 1 Timoteo 1:10 y Judas 1:7 han sido meticulosamente reformulados con el propósito de no ofender a la comunidad LBGT y de justificar las relaciones homosexuales como una práctica aprobada por Dios.

¿Qué, pues, se puede hacer con semejante Biblia? Respuesta simple: Quémala. Tírala a la basura. Córtala en pedazos. No es digna ni siquiera de limpiar tu nariz.

1.- No es inspirada por Dios . Aunque reconocemos que solamente los manuscritos originales fueron directamente ‘exhalados’ por Dios, la versión Queen James consciente y premeditadamente esquiva los pasajes problemáticos relacionados con la homosexualidad. En vez de acercarse al texto bíblico abierta y objetivamente como eruditos honestos, los traductores interpretan toda la Biblia dentro de los límites de su cosmovisión pro-gay. Es decir, en vez de someter la homosexualidad a la Escritura, invierten el orden y someten la Escritura a la homosexualidad.

2.- Justifica la falsedad y el pecado humano . La versión Queen James ha nacido debido a una reacción negativa en contra del tono anti-gay de las traducciones bíblicas tradicionales. Se las considera demasiado ofensivas. La verdad, sin embargo, es intrínsecamente ofensiva. Nací en 1985. Ahora bien, 1984 y 1986 podrían sentirse terriblemente ofendidos por esto, pero queda el hecho. La verdad permanece. Aquí no estamos hablando de si deberíamos mostrar misericordia y amor a la comunidad gay; se trata de establecer lo que Dios ha designado como ‘bien’ y ‘mal’. Contario a la opinión popular, Dios no aplaude a los hombres cuando andan en contra de Él y, por lo tanto, tampoco podemos hacerlo nosotros. No podemos justificar el pecado que Dios nos ha llamado a denunciar.

3.- Es un insulto a la creación del Padre . La Biblia nos dice que Dios creó al hombre y a la mujer a su imagen y semejanza. ¿Pero cómo es Dios? El relato bíblico da testimonio de que Dios es trino, esto es, que mora en comunión eterna. El Padre, el Hijo y el Espíritu Santo se gozaban y se amaban mutuamente desde antes de la creación del mundo. En este contexto comunal se registra la creación de Adán y Eva. El Padre determinó que su imagen en la tierra fuese reflejada por un hombre y una mujer juntos: ni un hombre con otro hombre ni una mujer con otra mujer. Una Biblia pro-gay, pues, frustra el propósito creador del Padre. Hoy día muchos se preocupan por no ofender a la comunidad gay; ¿pero cuántos se paran a pensar por si están ofendiendo al gran Diseñador del universo?

4.- Pisotea la sangre de Jesucristo . Sin contentarse por negar el propósito del Padre en la creación, el equipo de traductores de la Biblia arcoíris también ataca el propósito redentor del Hijo, o sea, que Cristo vino para salvarnos del pecado. Para que uno sea salvo, hace falta una renuncia pública del pecado y un corazón arrepentido. Pero una versión pro-gay de la Escritura justifica la iniquidad de la cual Cristo procuró liberarnos. Al fin y al cabo, ¿por qué arrepentirse si Jesús está de acuerdo con nuestro pecado? Tal mensaje mata la eficacia del Evangelio y desecha cualquier demanda de arrepentimiento que proviene de Aquel que dijo:  “¡Arrepentíos porque el Reino de los cielos se os ha acercado! ”

5.- Niega el Espíritu de santidad . En último lugar, la quinta razón para rechazar la Biblia Queen James es que se opone directamente a la obra santificadora del Espíritu Santo. Él se encarga de transformarnos a la imagen de Jesús. Cualquier espíritu que va en contra del Espíritu de santidad no ha descendido del cielo, sino que ha subido del abismo. Nuestro hermano, el apóstol Juan, nos exhortó a “probar los espíritus” (1 Juan 4:1), y el espíritu detrás de la Biblia gay no tiene nada que ver con la libertad concedida por el Espíritu de vida. El Espíritu no nos libera para que pequemos ; sino para que dejemos  de pecar.

Con todo, estas son apenas algunas de las razones por la cuales la Biblia Queen James tiene que volver a la mazmorra de la cual ha surgido. No es versión de la Biblia; es una ‘per-versión’ de la Biblia. Dios salva a los homosexuales arrepentidos. Aleluya. Pero esto no quiere decir que podamos justificar las prácticas gays. Dios salva a las prostitutas arrepentidas. Dios salva a los pedófilos arrepentidos. Dios salva a los violadores arrepentidos. Dios salva a los adúlteros arrepentidos. Dios salva a los que cometen incesto y luego se arrepienten. ¿Pero quién pensará en publicar en una Biblia para justificar aquellos pecados? ¡Nadie! Así que este invierno no olvides de quemar tu Biblia pro-gay. Por lo menos te mantendrá calentito.

Will Graham – Profesor – De Irlanda del Norte, afincado en Córdoba (España) (http://www.protestantedigital.com)

Dios los bendiga.