¿Se puede pactar con Dios según Salmo 50:5?

¿Se puede pactar con Dios según Salmo 50:5?

Por Pastor Damián Ayala.

¡NO! El solo leer todo el salmo sin necesidad de entrar en detalles o traducciones nos damos cuenta que no habla de eso.

Este salmo didáctico, escrito por Asaf, un músico principal de los levitas (1 Cr. 16:4–5) y autor de los salmos 73–83, habla acerca de la adoración a Dios por parte del hombre y de las obligaciones hacia el prójimo. Estas dos secciones se encuentran en el Decálogo (los diez mandamientos). Asaf describió una escena en una corte celestial en la cual el Señor examinó a su pueblo y declaró que él tiene dos querellas contra el pueblo: el ritualismo en la adoración y la hipocresía en su manera de vivir. Para agradar a Dios es necesario ofrecer sacrificios de alabanza que provengan de un corazón obediente y lleno de fe.[1]

La visión de Dios que viene en misericordia y en poder evoca el recuerdo de su teofanía en el monte Sinaí. Como Dios vino cuando hizo el pacto allí, así viene ahora para esta renovación del pacto.

Cuando uno entiende el lenguaje jurídico en Israel, se sorprende de la cantidad de veces que los profetas usan esta misma metáfora para mostrar el juicio de Dios sobre su pueblo. El juicio es para advertir al pueblo de Dios, para corregirlo y para enseñarlo.

Los vv. 5 y 6 pide que reunan a su pueblo, fieles, los que están en un pacto con Dios, para que él los escudriñe antes de renovar el pacto. La clave para entender el Salmo está en el v. 5; lo que se traduce han hecho… pacto es un participio que se usaba para “estar para hacer un pacto”. Dios está Ilamando a “los que están para hacer (renovar) un pacto conmigo mediante sacrificios”. Por eso, en el próximo párrafo enseña la actitud necesaria de corazón para el verdadero sacrificio a Dios.[2]

De que pacto esta hablando “Y envió jóvenes de los hijos de Israel, los cuales ofrecieron holocaustos y becerros como sacrificios de paz a Jehová. Y Moisés tomó la mitad de la sangre, y la puso en tazones, y esparció la otra mitad de la sangre sobre el altar. Y tomó el libro del pacto y lo leyó a oídos del pueblo, el cual dijo: Haremos todas las cosas que Jehová ha dicho, y obedeceremos. Entonces Moisés tomó la sangre y roció sobre el pueblo, y dijo: He aquí la sangre del pacto que Jehová ha hecho con vosotros sobre todas estas cosas.” (Éxodo 24.5–8, RVR60)[5]

En la apertura solemne del juicio, el Señor—que en este proceso legal a la vez es Dios y juez—llama a tres testigos. En primer lugar, se convoca desde Sión (v. 2)—o desde la ciudad de Jerusalén, que es la morada divina—, a toda la tierra: desde «donde nace el sol hasta donde se pone» (v. 1); también se llama a «los cielos y la tierra», para aludir al pacto en el Sinaí (v. 4); y finalmente se requiere la presencia de los «santos» de Dios, «los que hicieron pacto con sacrificios» (v. 5), en una clara referencia a su pueblo (Ex 24:5–8), que serán las personas juzgadas.[3]

Esto para nada puede ser usado para fundamentar la doctrina torcida de pactar con Dios para recibir dinero, salud, hijos, etc.. Menos para ganar a alguien para Cristo.

Como podemos ver Jehová hizo el pacto, y para entrar a ese pacto el pueblo de Israel tenia que hacer sacrificio.

A su vez  es una profecía, que habla de la venida de Cristo y del día del juicio en que Dios llamará a los hombres a rendir cuentas; el Espíritu Santo es el Espíritu de juicio. Corresponde a todos los hijos de los hombres conocer la manera justa de adorar al Señor en espíritu y en verdad. Nuestro gran Dios vendrá en el gran día y hará oír su juicio a quienes no escucharon su ley. Dichosos los que entran en el pacto de gracia por fe en el sacrificio expiatorio del Redentor, y muestran la sinceridad de su amor por sus frutos de justicia. —Cuando Dios rechace los servicios de los que descansan en logros externos, aceptará por gracia a quienes lo buscan con rectitud. Sólo podemos ser aceptados por Dios por un sacrificio, por Cristo, el gran sacrificio, de quien derivan su validez los sacrificios de la ley. —Verdaderos y justos son sus juicios; hasta las conciencias de los pecadores serán forzadas a reconocer la justicia de Dios.[4]

Dios los bendiga.

1 Walvoord, J. F., & Zuck, R. B. (2000). El conocimiento bíblico, un comentario expositivo: Antiguo Testamento, tomo 4: Job-Cantar de los Cantares (166). Puebla, México: Ediciones Las Américas, A.C.

2 Carro, D., Poe, J. T., Zorzoli, R. O., & Editorial Mundo Hispano (El Paso, T. (1993-). Comentario bı́blico mundo hispano Salmos (1. ed.) (193–194). El Paso, TX: Editorial Mundo Hispano.

3 Pagán, S. (2007). De Lo Profundo, Señor, a Ti Clamo: Introducción y comentario (332–333). Miami, FL: Editorial Patmos.

4 Henry, M. (2003). Comentario de la Biblia Matthew Henry en un tomo. (417). Miami: Editorial Unilit.

5 Reina Valera Revisada (1960). 1998. Miami: Sociedades Bı́blicas Unidas.


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