Argumento de la Moralidad para la Existencia de Dios

Argumento de la Moral para la Existencia de Dios

Nota del administrador: Este post fue tomado del blog amigo Verdad y Fe

La moralidad tiene que ver con las acciones, conductas, decisiones y valores que se definen como el bien o el mal. Cuando hacemos postulados con palabras como “debería”, “se supone”, “no está bien” y otras palabras de deber en cuanto el bien o el mal, estamos hablando de moralidad. Por ejemplo, decir “no está bien torturar a los bebés como método de diversión” es un juicio moral. Todo lo que tenga que ver con el bien o el mal (y qué está bien o mal) es parte de la moralidad.

Pero, ¿de dónde sacamos esta medida sobre qué está bien y qué está mal? ¿Por qué hay cosas que TODOS pensamos que están mal y otras cosas no? ¿Cuál es la medida de moralidad a la cual nosotros nos adscribimos?

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Veamos el Argumento de la Moralidad para la Existencia de Dios en sus postulados lógicos:

Premisa #1: Si Dios no existe, no existen deberes morales ni valores morales objetivos.
Premisa #2: Existen deberes morales y valores morales objetivos.
Conclusión: Por lo tanto, Dios existe.

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Defensa de la Premisa #1

¿Qué es algo “objetivo”?

Algo objetivo es algo que no depende del individuo (sujeto), sino con el objeto en discusión. Por ejemplo, si yo digo: “el pastel de chocolate es lo más delicioso del mundo,” estoy diciendo algo que tiene que ver conmigo (el sujeto), no con el pastel (objeto). Es mi preferencia de sabor de pastel. Sin embargo, tú puedes diferir sobre ello. Ahora, si yo digo: “El pastel de chocolate cura el cáncer” ya no tiene que ver conmigo, sino con el pastel (el objeto). No importa si tu preferencia de pastel es otra – estamos hablando de que el pastel de chocolate cura el cáncer. Por lo tanto, estoy diciendo algo objetivo (que tiene que ver con el objeto y no el sujeto) a diferencia de algo subjetivo (que tiene que ver con el sujeto y no con el objeto).

Cuando decimos que la moralidad es objetiva, estamos hablando de que lo que decide si una conducta moral es buena o es mala no es el sujeto. Es decir, los valores morales existen sin importar que un individuo o una cultura crea que existen o no. Yo no soy el que decide si lo que hago está bien o está mal, sino que hay un estándar – una medida, un “objeto,” por así decirlo – con lo cual tiene que ver la moralidad. Cuando ya hay algo que define lo que está bien, entonces tenemos un deber moral de llevarlo a cabo porque, aunque este deber está en nosotros, no nace de nosotros.

Este argumento prueba que ese estándar (u “objeto”) de moralidad y quién nos da ese deber moral es Dios.

¿Qué pasa si Dios no existe?

Si Dios no existe, entonces no existe una medida fija o un estándar moral que define qué es lo correcto (o bueno) y qué es lo incorrecto (o malo), moralmente hablando. Eso significa que cada sujeto tiene derecho a definir la moralidad como bien le parezca, cada cual determina ese estándar moral y desaparece ese “deber” moral. Esto es lo que se conoce como relatividad moral y hay muchos que abogan por esto (especialmente en las áreas de sexualidad). Estas personas declaran una moralidad neutral – donde cada cual decide lo que está bien para sí. Pero, en la práctica, esto no es una realidad. Cualquiera es moralmente neutral y relativista hasta que le matan un hijo o le roban un carro. Entonces, la persona que les hizo daño está absoluta y objetivamente mal, aunque esa persona estuviese definiendo para sí lo que está bien y lo que está mal.

Si Dios no existe, no tenemos una explicación satisfactoria de por qué todas las naciones, tribus y culturas castigan objetivamente cosas como el asesinato o el robo. Sin Dios, no se puede explicar el por qué existen – ni cómo aparecieron – estas “leyes” morales desde los cosmos. Tampoco pueden explicar por qué el ser humano tiene un valor moral mayor que los animales – ni por qué los seres humanos son igualmente valiosos entre sí. No habría razón para tratar a los seres humanos con la misma dignidad ni con el mismo valor, porque cada cual sería el valor máximo de la moralidad para sí mismo. ¿Qué nos da este valor intrínseco, si todos somos tan diferentes?

Si Dios no existiese – y, por consiguiente, tampoco los valores objetivos morales – entonces no tenemos base para decir que hay diferencias morales entre lo que hizo Adolf Hitler y lo que hizo la Madre Teresa de Calcuta. No podemos decir que violar a un niño sexualmente está mal – sólo podemos decir que no es una preferencia personal.

Algunas Refutaciones

Algunos argumentan que la moralidad evolucionó de la mentalidad de “manada” – lo que es bueno y beneficioso para la manada, es lo que se debe hacer; lo moralmente correcto. Sin embargo, esto no contesta por qué “evolucionó” esta tendencia ni por qué los seres humanos tienen prácticas que no benefician a la “manada” – como, cuidar de los envejecientes que ya no se pueden reproducir ni trabajar o dejar vivir a aquellos que tienen enfermedades genéticas, que tampoco aportan a una “manada” saludable.

Otros argumentan que la moralidad es una construcción social y que la sociedad determina qué está bien y qué está mal (conocido como “Convencionalismo”). Esto explica porqué algunas sociedades hacen cosas que otras sociedades consideran que está mal. Sin embargo, estas refutaciones fallan en dos aspectos. Primero, si la sociedad determina lo que está bien y está mal, entonces no tenemos fundamento para decir que la exterminación de los judíos por parte de los Nazi estuvo mal – porque eso era legal y permitido en la sociedad y cultura de Alemania. En este sentido, fue innecesario entrar en guerra y enjuiciar a los líderes Nazistas, porque ellos se estaban dejando llevar por su sociedad. Segundo, todas las culturas tienen los mismos valoresmorales, pero diferentes hechos sobre ellos. En India, por ejemplo, se cree que las vacas son las reencarnaciones de las almas de personas, por lo tanto no se comen las vacas. En la cultura occidental, no comemos los cuerpos de las personas que han muerto. Es el mismo valor: No comer las personas que han fallecido, la diferencia es el hecho por el cual se logra. En otras palabras, aunque las aplicaciones y las expresiones de los principios morales puede diferir de cultura en cultura, los principios morales básicos en los cuales se basan dichas expresiones son aplicables en toda cultura.

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Defensa de la Premisa #2

Existen valores objetivos morales

Hay ciertos valores morales sobre los cuales TODOS estamos de acuerdo, sin importar trasfondo, cultura, etnicidad, país, et cétera; como: no podemos matar a otra persona, no podemos torturar a personas por diversión o violar sexualmente a alguien – entre otras cosas. Cuando una persona dice “No podemos decir que torturar a niños de dos años para divertirse es malo,” no necesita argumento en contra – esa persona se engaña a sí misma. Inmediatamente, el que escucha a esta persona sabe que necesita ayuda profesional porque lo que está diciendo NO es normal. Hasta los relativistas morales dicen cosas como “Yo tengo derechos” o “Se debe ser tolerante,” pero los principios de los derechos y la tolerancia están enterrados dentro de una moralidad absoluta y objetiva.

Los valores objetivos morales son vistos en las reacciones de las personas. Cualquiera puede accionar (o actuar) según el relativismo moral, pero cuando sufren injusticia reaccionan de acuerdo con los valores objetivos morales que llevan por dentro. Este conocimiento básico del bien y el mal es aparte de la Biblia y de Jesús (Romanos 2:14-15). ¿De dónde sale este conocimiento? Es parte de lo que compone nuestra imagen y semejanza a Dios (Génesis 1:26-27).

Por lo tanto, los principios morales básicos no son inventados, son descubiertos.

Reformas morales – como, por ejemplo, la abolición de la esclavitud o derechos civiles para la mujer y los negros – no tienen sentido alguno si se basan en una moral relativa y subjetiva. Aunque tome tiempo (a veces muchos años) crear un ambiente para reforma, no implica que la moralidad evoluciona con la historia humana, ni que el ser humano la inventó. Lo que sugiere es que los principios morales pueden ser descubiertos y son dignos de encontrar – cueste lo que cueste.

El filósofo ateo Kai Nielsen lo dijo así:

“Es más razonable creer que cosas tan elementales [como abusar de una esposa o un hijo] son malas que creer cualquier dudosa teoría que diga que no podemos saber con certidumbre si estas cosas son malas. Yo creo firmemente que esto es fundamental y correcto y que cualquiera que no lo cree, no ha profundizado lo suficiente sobre sus creencias morales.” (del libro: Ethics Without God, pág 10-11)

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Conclusión: Dios Existe

He escuchado que “el ateo puede ser bueno sin Dios.”

El ateo Michael Martin dice que los Cristianos tienen las mismas razones que los ateos para condenar la violación sexual (u otras conductas inmorales): viola los derechos de la víctima, daña la sociedad, etc. De seguro, lo que Martin quiere decir es que los ateos pueden concer el bien sin Dios – y es cierto. Como todo ser humano está creado a la imagen de Dios, pueden conocer el bien sin conocer a Dios. Sin embargo, eso de serbueno es otra cosa. Al suprimir la existencia de Dios, el ateo no tiene fundamento para darle valor al ser humano – ni siquiera responsabilidad moral a favor de él. Los Cristianos sí pueden arraigar cosas como los derechos humanos y su dignidad porque entendemos que todos fuimos hechos a la imagen de un Ser supremo y eternamente valioso.

Piénsalo.

¿Cómo alguien que no cree en Dios explica el hecho de que todos los seres humanos somos igualmente valiosos? Hay gente flaca y gorda; unos más inteligente que otros; otros más bonitos; otros más fuertes. ¿Qué  valor tienen en común todos los seres humanos, si no están todos hechos a la imagen de Dios? No hablo de qué es lo que nos separa de los animales, sino qué nos une los unos a los otros.

Personas racionales con valor intrínseco no salen de procesos impersonales, inconcientes, no-guiados y sin valor a través del tiempo. Un Dios personal, conciente de sí mismo, con propósito y bueno provee el contexto natural y necesario para la existencia de personas humanas con valor, derechos y responsabilidad moral. En otras palabras, la personalidad y la moralidad están necesariamente conectados: los valores morales están en nuestra persona. Sin Dios (es decir, sin un Ser personal), ninguna persona – y, por ende, ningún valor moral – existiese. Sólo si Dios existe podemos realizar las propiedades morales.

Dios los bendiga.


¿Existe Dios? El argumento a partir de la ley moral

¿Existe Dios?  El argumento a partir de la ley moral

Pueden plantearse argumentos similares basados en el orden moral del universo, más que en su orden físico. Estos postulan que la causa del universo debe ser moral, además de poderosa e inteligente.

1. Todos los hombres son conscientes de una ley moral objetiva.

2. Las leyes morales suponen un Legislador de ellas.

3. Por lo tanto, debe haber un supremo Legislador moral de la ley.

Este argumento sigue también el principio de la causalidad en un sentido, pero las leyes morales son diferentes a las naturales que ya examinamos. Las leyes morales no describen lo que es, prescriben lo que debe ser. No son sencillamente una descripción de la manera en que se comportan los hombres, ni se conocen observando lo que ellos hacen. Si lo fueran, nuestro concepto de moralidad sería, por cierto, diferente. Las leyes morales nos dicen, en cambio, lo que los hombres deben hacer, háganlo o no. Así que, todo «deber» moral procede de más allá del universo natural. No se puede explicar con nada de lo que sucede en el universo, ni se puede reducir a lo que hacen los hombres en el universo. Trasciende el orden natural y requiere una causa trascendente.

Historia del argumento moral

Este argumento no ganó prominencia sino hasta comienzos del siglo diecinueve, luego que se publicaran los escritos de Emanuel Kant. Este insistía en que no había forma de acceder al conocimiento absoluto de Dios, y rechazaba todos los argumentos tradicionales sobre su existencia. Sin embargo, aprobó el planteamiento moral, no como prueba de la existencia de Dios, sino como forma de mostrar que es un postulado necesario para la vida moral. En otras palabras, no podemos saber que Dios existe, pero debemos actuar como si existiera para que la moral tenga sentido. Pensadores posteriores a Kant, refinaron el argumento para demostrar que hay cierta base racional de la existencia de Dios en la moralidad. También se ha intentado refutar la existencia de Dios basándose en la moral e ideas procedentes de Pierre Bayle y Albert Camus.

Algunos alegarán que esta ley moral no es realmente objetiva; que es solo un juicio subjetivo que procede de los postulados sociales. No obstante, este punto de vista no considera el hecho de que todos los hombres reconozcan las mismas cosas malas (como el asesinato, la violación, el robo, la mentira). Además, la crítica que este criterio plantea se parece mucho a un juicio subjetivo porque dice que nuestros juicios de valor son erróneos. Ahora bien, si no hubiera una ley moral objetiva, entonces no podría haber juicios de valor correctos ni erróneos. Si nuestras perspectivas acerca de la moralidad son subjetivas, entonces las de ellos también lo son. Pero si afirman efectuar una declaración objetiva sobre la ley moral, entonces presuponen que hay una ley moral en el acto mismo de tratar de negarlo. Quedan así atrapados en ambos sentidos. Hasta su declaración «nada sino» exige conocer «más que», lo que muestra que se adhieren, secretamente, a alguna norma absoluta que trasciende los juicios subjetivos. Por último, hallamos que aun aquellos que dicen que no hay orden moral, esperan ser tratados con equidad, cortesía y dignidad. Si uno de ellos planteara esta objeción y le replicáramos con un: «¡Cállese! ¿A quién le interesa lo que usted piensa?», comprobaríamos que cree que hay algunos «deberes» morales. Cada uno espera que los otros sigan algún código moral, hasta aquellos que pretenden negarlos. La realidad es que la ley moral es un hecho innegable.

¿Igual, diferente o similar?

¿Cuánto nos parecemos a Dios? ¿Cuánto puede decirnos un efecto acerca de su causa? Algunos dicen que el efecto debe ser exactamente el mismo que su causa. Las cualidades del efecto, tales como la existencia o la bondad, son las mismas que las de su causa. Si eso fuera cierto, todos deberíamos ser panteístas, porque todos somos Dios, eternos y divinos. Otros, reaccionan diciendo que somos diferentes de Dios totalmente, que no hay similitud entre lo que Él es y lo que somos nosotros. Pero eso significaría que no tenemos conocimiento positivo de Dios; solo podríamos decir que Dios es «no esto» y «no aquello», y jamás qué es Él. Lo equilibrado es afirmar que somos similares a Dios: lo mismo, pero en una manera diferente. La existencia, la bondad, el amor, todo eso significa lo mismo para nosotros y para Dios. Nosotros lo tenemos en forma limitada, en cambio Él es ilimitado. De modo que podemos decir qué Dios es, aunque en algunas cosas debamos también decir que no es limitado como nosotros: es «eterno», «inmutable», «incorpóreo», etc.

Geisler, N., & Brooks, R. (1997). Apologética: Herramientas valiosas para la defensa de la fe. Miami, FL: Editorial Unilit.


¿Existe Dios? Argumento a partir del propósito (diseño)

¿Existe Dios?

Argumento a partir del propósito o diseño

Este argumento, como otros que mencionaremos brevemente, razona a partir de un aspecto específico de la creación, para ir luego al Creador que lo puso ahí. Argumenta a partir del diseño al Diseñador inteligente.

1. Todo diseño implica un diseñador.

2. Hay un gran diseño en el universo.

3. Por lo tanto, debe haber un Gran Diseñador del universo.

Conocemos la primera premisa por experiencia. Cada vez que vemos un diseño complejo sabemos, por esa experiencia, que provino de la mente de un diseñador. Los relojes implican relojeros, los edificios suponen arquitectos, las pinturas implican pintores, los mensajes codificados presuponen un emisor inteligente. Siempre tenemos esa expectativa porque la vemos ocurrir una y otra vez. Esta es otra manera de establecer el principio de la causalidad.

Además, mientras mayor el diseño, mayor su diseñador. Los castores construyen represas con troncos pero nunca han hecho una como la de Hoover, en Colorado, E.U.A. De igual manera, si sentamos mil simios ante una máquina de escribir nunca escribirán un Hamlet. No obstante, Shakespeare lo hizo en el primer intento. Mientras más complejo el diseño, mayor la inteligencia requerida para producirlo.

Historia del argumento a partir del diseño

«Porque tú formaste mis entrañas; tú me hiciste en el vientre de mi madre. Te alabaré; porque formidables, maravillosas son tus obras; estoy maravillado, y mi alma lo sabe muy bien» (Salmo 139:13–14). William Paley (1743–1805), en respuesta al nacimiento de la «Ilustración» y del método científico, insistía que si alguien encontraba un reloj en un campo, concluiría correctamente que hubo un relojero, debido al claro diseño. Lo mismo debía decirse del diseño encontrado en la naturaleza. El escéptico David Hume llegó a aseverar ese argumento en su libro Dialogues Concerning Natural Religion [Diálogos acerca de la religión natural], como hicieron otros pensadores. Sin embargo, hubo tanto oponentes como defensores de esta teoría. El clásico defensor fue William Paley, y el oponente más famoso, David Hume.

Aquí debemos mencionar que hay una diferencia entre los patrones sencillos y el diseño complejo. Los copos de nieve o los cristales de cuarzo tienen patrones sencillos, repetidos una y otra vez, aunque se debe a causas naturales por completo. Por otro lado, no encontraríamos frases escritas en piedras si no existieron seres inteligentes que las escribieran. Eso no ocurre de manera natural. La diferencia radica en que los copos de nieve y los cristales de cuarzo tienen un simple patrón repetido. Pero el lenguaje comunica información compleja, no la misma cosa una y otra vez. Esta información compleja acontece cuando se dan condiciones definidas a los elementos naturales. Por lo tanto, un minero no se sorprende cuando ve pequeñas piedras redondas en un arroyo, porque la erosión natural las redondea de esa manera. Pero si encuentra una punta de flecha, deduce que un ser inteligente modificó deliberadamente la forma natural de la piedra. Advierte aquí cierta complejidad que las fuerzas naturales no explican. Ahora bien, el diseño del cual hablamos en este argumento es uno complejo y no simples patrones; mientras más complejo sea el diseño, mayor la inteligencia requerida para producirlo.

Aquí es donde entra la siguiente premisa. El diseño que captamos en el universo es complejo. El universo es un intrincado sistema de fuerzas que obran en conjunto para el beneficio integral del todo. La vida es un desarrollo muy complejo. Una sola molécula de ADN, el «ladrillo» elemental de toda vida, lleva la misma información que un tomo de una enciclopedia. Nadie que vea una enciclopedia tirada en un bosque, dudaría en pensar que tuvo una causa inteligente, de modo que cuando encontramos una criatura viva compuesta de millones de células construidas por ADN, debemos presuponer que, de igual manera, tiene una causa inteligente detrás. Aun más claro es el hecho que algunas de estas criaturas vivas son inteligentes también. Hasta Carl Sagan reconoce que:

«El contenido de información que hay en el cerebro humano, expresado en bits, puede ser comparable con el número total de conexiones entre las neuronas: aproximadamente cien trillones, o sea 100.000.000.000.000, de bits. Si esa información se escribiera, digamos en español, llenaría unos veinte millones de tomos, tantos como hay en las bibliotecas más grandes del mundo. Ese equivalente a veinte millones de libros yace en la cabeza de cada uno de nosotros. El cerebro es un lugar muy grande en un espacio muy pequeño … La neuroquímica del cerebro, asombrosamente activa, es el circuito de una máquina mucho más maravillosa que cualquiera que los seres humanos hayan diseñado». Sagan, op. cit., p. 278.

Algunos objetan este argumento basándose en el azar. Dicen que cuando se lanzan los dados, puede darse cualquier combinación. Sin embargo, esto no es muy convincente por varias razones. Primero, el argumento del diseño no es en verdad un argumento a partir del azar sino, precisamente, del diseño mismo, que sabemos tiene una causa inteligente por nuestras repetidas observaciones. Segundo, la ciencia se basa en la observación repetida, no en el azar; por lo cual esta objeción planteada al argumento del diseño o propósito no es científica. Finalmente, aunque hubiera un argumento aleatorio (probabilístico), las posibilidades indican que es mucho más probable que haya un diseñador. Un científico calculó la probabilidad de que una sola célula animal surgiera por pura casualidad en 1 en 1040000. Las probabilidades de que un ser humano, infinitamente más complejo que una célula, surja al azar son demasiado bajas para calcularlas. La única conclusión razonable es que hay un Gran Diseñador tras el diseño del mundo.

Dios los bendiga.

Geisler, N., & Brooks, R. (1997). Apologética: Herramientas valiosas para la defensa de la fe. Miami, FL: Editorial Unilit.


¿La Letra Mata?

¿La Letra Mata?

Cada vez que hablo con algún hermano de lo importante que es estudiar las diversas doctrinas bíblicas puedo notar un rechazo y en algunos casos hasta un poco de temor. Hay un miedo en algunos círculos evangélicos de tan solo escuchar la palabra “doctrina”, siempre escucho esta frase tan trillada, ¡la letra mata hermano !!

Inmediata mente te mencionan dos o tres ejemplos de hermanos que se desviaron de la verdad por estudiar mucha doctrina. La verdad podemos poner muchos mas ejemplos de personas que se perdieron por no estudiar la escritura.

Pero ¿de donde sacan mis hermano esta frase? veamos. (2 Corintios 3.6, RVR60) “el cual asimismo nos hizo ministros competentes de un nuevo pacto, no de la letra, sino del espíritu; porque la letra mata, mas el espíritu vivifica.

Pero ¿2 Corintios está enseñando que estudiar doctrina es malo? ¿Enseña que el resultado de estudiar y aprender nos lleva a la muerte? La respuesta es no!!

Cuando estudiamos detenidamente este verso dentro o fuera del contexto general podemos ver que Pablo al mencionar que somos, “ministros competentes de un nuevo pacto” está contrastando el viejo testamento o pacto con el nuevo pacto, cuando dice que la letra mata el Apóstol en ningún momento se refiere que estudiar doctrina te mata.

En otras palabras, Pablo les enseña que el hombre no es salvo por las obras de la ley, que el que confía en la letra de la ley al final morirá. Esta es una doctrina bíblica y conocerla no te manta sino todo lo contrario.

Afirmar que estudiar doctrina vamos a tener una vida religiosa sin la vida del Espíritu Santo es cien porciento un error. Mas bien, si usted no tiene una vida de oración que lo lleve a una verdadera comunión con Dios y su hermoso Espíritu Santo, sea que usted sea un erudito o un neófito, sin duda le llevará a tener una vida religiosa muerta.

Usted podrá tener muchos testimonios de hombres religiosos que en su vida espiritual están muertos y no podrá negar que en la la vida de muchos in doctos de su iglesia pasa lo mismo, hombres y mujeres que muy probablemente no se oponen a las manifestaciones del Espíritu Santo en la iglesia pero que en su vida personal están muertos por falta de comunión con Dios.

En que radica el problema ¿En estudiar doctrina o en no tener una vida de oración? la escritura nos advierte “Orad sin cesar.” (1 Tesalonicenses 5.17, RVR60) si usted pierde esta practica, esta condenado a convertirse hombres religioso ya sean estudiados o no.

Por ejemplo, el estudiar la doctrina bíblica de la oración no te hace una persona espiritual y tampoco te mata, lo que te hace espiritual es practicarla. El problema es que hay personas que se saben todo sobre la oración pero jamas la practican y a su ves hay personas que no conocen mucho de esta enseñanza y de igual modo no la practican.

La palabra nos enseña “La palabra de Cristo more en abundancia en vosotros, enseñándoos y exhortándoos unos a otros en toda sabiduría, cantando con gracia en vuestros corazones al Señor con salmos e himnos y cánticos espirituales.” (Colosenses 3.16, RVR60)

Es voluntad de Dios que nos llenemos de la palabra de Cristo, esto implica no solo leerla sino estudiarla. Pero siempre sin dejar lo mas importante, la comunión con el Espíritu Santo mediante la oración.

En mi opinión todo cristiano genuino si tiene la oportunidad de estudiar La doctrina bíblica, teología, filosofía y ciencia lo puede hacer sin temor a perderse, pero si le advierto, si no tiene una vida de oración genuina y si no es participe de la comunión con el  Espíritu Santo, ya sea que estudie o se quede en la ignorancia usted tendrá una vida espiritual muerta.

Dios lo bendiga.

 “Mi pueblo fue destruido, porque le faltó conocimiento. Por cuanto desechaste el conocimiento, yo te echaré del sacerdocio; y porque olvidaste la ley de tu Dios, también yo me olvidaré de tus hijos.” (Oseas 4.6, RVR60)