¿Existe Dios? El Argumento a favor de Dios, a partir de la creación.

¿Existe Dios? El Argumento a favor de Dios, a partir de la creación.

La idea básica de este argumento es que, así como hay un universo, este debió ser causado por algo más allá de él mismo. Esto se basa en la ley de la causalidad, la cual dice que todo objeto finito es causado por otro diferente a él. Este argumento asume dos formas distintas que trataremos por separado. La primera indica que el universo necesita una causa inicial; la segunda, que necesita otra causa actual para continuar existiendo.

El universo fue causado en el principio

Este argumento afirma que el universo es limitado porque tuvo un principio, y que tal principio fue originado por algo más allá del universo mismo. Esto puede formularse de la siguiente manera:

1. El universo tuvo un comienzo.

2. Lo que tiene un comienzo debe haber sido causado por otra cosa.

3. Por lo tanto, el universo fue causado por otra cosa, y esa causa fue Dios.

Para evitar esa conclusión algunos dicen que el universo es eterno; que nunca tuvo comienzo, que siempre existió y nada más. Carl Sagan señaló: «El cosmos es todo lo que es, fue alguna vez, o será». Pero tenemos dos respuestas a esa objeción. La primera de ellas es que la prueba científica respalda fuertemente la idea de que el universo tuvo un comienzo. El punto de vista que casi siempre sostienen quienes proclaman que el universo es eterno —llamada teoría del «estado constante» conduce a algunos a creer que el universo está produciendo constantemente átomos de hidrógeno a partir de la nada.  Sería mucho más sencillo creer que Dios creó el universo a partir de la nada.

Además, el consenso de los científicos que estudian el origen del universo es que éste se formó de una manera súbita y cataclísmica, lo que llaman teoría del Big-bang o la Gran Explosión. La prueba principal de que el universo tuvo un comienzo es la segunda ley de la termodinámica, que afirma que el universo se está quedando sin energía utilizable. Es decir, que si está agotándose, no puede ser eterno. «Alguien tuvo que darle cuerda para que se esté acabando». Otra prueba del Big-bang es que todavía podemos encontrar radiación de esa explosión y ver el movimiento que ha causado Robert Jastrow, fundador y director del Instituto Goddard de Estudios Espaciales de la NASA, dijo: «Debe haber una explicación lógica del explosivo nacimiento de nuestro universo; y si existe, la ciencia no puede hallar cuál es esa explicación. La pesquisa científica del pasado termina en el momento de la creación».

Más allá de la evidencia científica que demuestra que el universo empezó, hay una razón filosófica para creer que el mundo tuvo un punto de partida. Este argumento muestra que el tiempo no puede regresar a la eternidad pasada. Se ve que es imposible pasar por una serie infinita de momentos.

Uno puede imaginarse que pasa por un número infinito de puntos sucesivos en el vacío, moviendo el dedo de un punto a otro, pero el tiempo no tiene dimensiones ni es imaginario. Es real, y cada momento que pasa consume tiempo que no podemos recuperar; es más que pasar el dedo a través de un número interminable de libros en una biblioteca. Uno nunca llega al último libro. Aunque piense que lo ha hecho, siempre puede agregarse uno más, otro y otro … Uno nunca puede terminar una serie infinita de objetos materiales.

Si el pasado es infinito (lo cual es otra manera de decir: «Si el universo siempre hubiera existido sin un comienzo»), nunca habríamos podido pasar por el tiempo para llegar a hoy. Si el pasado es una serie infinita de momentos y justo ahora es donde termina, habríamos pasado por una serie infinita, y eso es imposible. Si el mundo nunca hubiera tenido un principio, no habríamos podido llegar a hoy. Pero llegamos a hoy; de modo que el tiempo debe haber empezado en algún punto particular del pasado y hoy ha llegado a un tiempo definido desde entonces. Por lo tanto, el mundo es un hecho finito, después de todo, y necesita una causa para su comienzo.

Ejemplo:

Dos clases de series infinitas

Hay dos clases de series infinitas: una es abstracta y otra concreta. La serie infinita abstracta es un infinito matemático. Por ejemplo, como cualquier matemático sabe, hay un número infinito de puntos en una línea entre el extremo A y el B, no importa cuán corta o larga sea la línea. Digamos que los puntos son dos sujetalibros separados por un metro. Ahora, como todos sabemos, aunque haya un número infinito de puntos matemáticos abstractos entre los dos sujetalibros, no podemos poner un número infinito de libros entre ellos, ¡no importa cuán delgadas sean las páginas! Tampoco importa cuántos metros de distancia pongamos entre los sujetalibros, pues, de todos modos, no podemos poner un número infinito de libros entre ellos. De manera que si las series infinitas matemáticas abstractas son posibles, no lo son las series infinitas reales.

Ahora que sabemos que el universo necesitó una causa para su comienzo, prosigamos con la segunda forma del argumento, la cual muestra que también necesita una causa para continuar existiendo.

El universo necesita una causa para su existencia continua

Algo nos mantiene existiendo precisamente ahora, en este momento, para que no desaparezcamos sin más ni más. Algo ha causado no solo que el mundo sea (Génesis 1:1) sino que también continúe y conserve su existir en el presente (Colosenses 1:17). El mundo necesita tanto una causa originadora como una causa conservadora. En cierto sentido, es la pregunta más elemental que podemos hacer: «¿Por qué hay algo en vez de nada?» Eso puede plantearse de la siguiente manera:

1. Las cosas finitas, cambiantes, existen. Por ejemplo, yo. Debo existir para negar que existo; de modo que, de una u otra manera, debo existir realmente.

2. Cada cosa finita, cambiante, debe ser causada por otra cosa. Si es limitada y cambia, no puede existir independientemente. Si existiera independiente o necesariamente, debería haber existido siempre sin ninguna clase de cambio.

3. No puede haber un regreso infinito de estas causas. Es decir, uno no puede seguir explicando cómo esta cosa finita causa esta otra, la que a su vez causa otra cosa finita, y continuar con lo mismo. En realidad, eso es posponer indefinidamente la explicación. Eso no explica nada. Además, si hablamos de por qué existen cosas finitas en el presente, no importa cuántas causas finitas pueda uno alinear como explicación puesto que, a su debido momento, habrá una causa que origine su propia existencia, lo que es simultáneamente efecto de esa causa. Eso carece de sentido. Por lo tanto, ningún regreso infinito puede explicar por qué existo hoy.

4. En consecuencia, debe haber una primera causa incausada de toda cosa finita cambiante que existe.

Dios los bendiga.

Geisler, N., & Brooks, R. (1997). Apologética: Herramientas valiosas para la defensa de la fe. Miami, FL: Editorial Unilit.


¿Fue Pedro el primer Papa?

¿Fue Pedro el primer Papa?

 por Pablo Santomauro

La respuesta a la pregunta del título es: ¡Claro que no! En Lucas 22:24 leemos lo siguiente: “Hubo también entre ellos una disputa sobre quien de ellos sería el mayor”.

Poco antes del arresto y crucifixión de Cristo, los discípulos tuvieron una discusión acerca del cuál de ellos iba a tener mayor autoridad o supremacía. Muchos han creído durante la historia que Pedro fue el primer Papa, pero cuando consideramos el versículo anterior, ésta es la pregunta que surge en cualquier mente analítica:  ¿Por qué ya casi al final del ministerio de Cristo en la tierra los discípulos aún se plantean la pregunta, si en realidad ya Pedro había sido escogido por Jesús para ocupar una posición suprema entre ellos?

El hecho de que hubo una discusión nos confirma que ningún apóstol tenía autoridad sobre el resto. Jesús trató a cada uno de sus discípulos con el mismo nivel de respeto y confianza.

El apologista cristiano James White sugiere que si Pedro hubiera en realidad estado en una posición suprema de poder, él hubiera dicho algo al respecto en su segunda epístola (2da. Pedro), a los efectos de que los lectores de la carta se aseguraran de seguir a su sucesor en Roma. Después de todo, Pedro ya estaba entrado en años y la amenaza de una ejecución por parte del gobierno de Nerón era eminente; es por ello que escribe que muy pronto debe “abandonar el cuerpo” (2 P. 1:14). El hecho de que Pedro no promueve el Papado significa que no había ninguno en existencia.

Otro argumento que podemos utilizar es que Pablo en 2 Corintios 12:11 afirma que él en nada ha sido inferior a los demás apóstoles. Pablo no hubiera dicho eso si ya en ese entonces había un Papado en existencia ocupado por Pedro.

Aún más, en 1 Corintios 12:28, donde Pablo nombra la estructura de poder en la iglesia primitiva, dice: “Y a unos puso Dios en la iglesia, primeramente apóstoles, luego profetas, lo tercero maestros …” y así continúa. No hay  aquí ni mención de la existencia de un Papa.

Podríamos apilar argumentos sobre argumentos.  En este breve espacio, lo que dimos alcanza para concluir que la posición católico-romana no tiene base bíblica. La enseñanza de que Pedro fue el primer Papa y del Papado en general no está en el Nuevo Testamento. Es un doctrina arrastrada de los cabellos e inventada muy convenientemente para lograr autoridad sobre muchos.

Nosotros, como discípulos de Cristo, tenemos la Biblia como máxima regla de autoridad. Toda enseñanza que recibimos y que se nos dice que viene de Dios, la debemos comparar con la Biblia. Si no está en la Biblia, o contradice la Biblia, la debemos rechazar. Recogemos la piedra, la hacemos a un lado del camino, y seguimos adelante, al pleno conocimiento de la excelencia de Cristo. Y este es el caso con la doctrina del Papado y la Sucesión Apostólica. Es una falsa doctrina. <>

*Este Artículo ha sido publicado con el permiso del apologista Pablo Santomauro*

Este post fue tomado del blog amigo El blog del Pastor Daniel


Fines celestiales

Fines celestiales

gracia por su bondad para con nosotros en Cristo Jesús. Efesios 2.7 (LBLA)

El primer y segundo capítulo de Efesios presentan la más extraordinaria descripción de la obra soberana de Dios al redimirnos de la vida de muerte en la cual estábamos atrapados. Pablo enumera en un versículo tras otro el sacrificio de Dios a nuestro favor, presentando una larga lista de los fabulosos beneficios que esto ha traído a todos aquellos que han hecho de Cristo su Señor. Es, literalmente, un testamento que debe ser estudiado cuidadosamente por sus hijos, pues una mera leída no servirá para entender la profundidad ni la extensión de los beneficios que hemos obtenido en él.

Observe por un momento la declaración del objetivo de este regalo de Dios a los hombres: «…a fin de poder mostrar en los siglos venideros las sobreabundantes riquezas de su gracia por su bondad para con nosotros en Cristo Jesús». Es de sumo interés para nosotros notar dos cosas puntuales en esta declaración.

En primer lugar, el objetivo de Dios se extiende mucho más allá de los objetivos nuestros. Aun en el caso de las personas más espirituales, nuestros objetivos rara vez se refieren a eventos más allá de nuestra propia vida. Para la mayoría de nosotros las metas de nuestra vida se expresan, más bien, en términos de meses y años. Aquellos pocos que están construyendo a largo plazo, pueden estirarse a metas que se miden en términos de décadas. La declaración de Pablo nos impacta porque declara que la meta de Dios ¡se mide en cuestión de siglos! Mucho después de que Pablo hubiera muerto y los detalles de sus viajes quedaran en el olvido, el Señor estaría cosechando los frutos de la obra que él realizó en y por medio del gran apóstol.

Todos deseamos contribuir en algo a la generación en la que vivimos. El Señor tiene la perspectiva puesta en la eternidad, recordándonos que solamente vale la pena esforzarse y luchar por aquellas cosas que están contempladas dentro de esta dimensión del tiempo. Muchas de las cosas que nos parecían tan importantes en su momento habrán sido olvidadas por las generaciones futuras.

En segundo lugar, notamos una vez más, que lo que Dios desea dar a conocer a los hombres de todas las épocas son «las sobreabundantes riquezas de su gracia». Es decir, que los hombres puedan mirar para atrás y decir de todo corazón: «¡realmente Dios ha sido maravillosamente bueno para con nosotros!»

Un diccionario del Nuevo Testamento define la palabra «gracia» como «una especial manifestación de la presencia, actividad, poder o gloria divina, un favor, un regalo, una bendición». En este sentido, lo visible, con el pasar de los años, las décadas y los siglos, será el carácter bondadoso, misericordioso y paciente de Dios, que ha perseguido con amor insistente, a lo largo de todas las épocas, a un ser humano terco y pervertido en sus caminos. ¿Qué testimonio nos deja está actitud por parte del Padre? El amor persistente de Dios no conoce la frase «darse por vencido».

Oh, Dios eterno, tu misericordia ni una sombra de duda tendrá. Tu compasión y tu bondad nunca fallan, y por los siglos ¡el mismo serás!


ASTROLOGÍA, ¿CIENCIA O RELIGIÓN?

Astrología, ¿Ciencia o Religión?

«La culpa no está en las estrellas, sino en nosotros mismos».

SHAKESPEARE

Basta con preguntar a las personas en nuestro entorno para darnos cuenta que todo el mundo conoce su signo del Zodíaco, incluso aquellos que no sienten por la astrología la más mínima curiosidad. La astrología «posee el aura de una ciencia y el misticismo de una religión». Confundida con la astronomía (que es una ciencia exacta que estudia las magnitud, el movimiento y las distancias de los cuerpos celestes), significa literalmente, en griego, «la palabra» (logos) de «las estrellas» (astra). Pretende ser el estudio de las reacciones de la vida a las vibraciones planetarias por el horóscopo: «el instante, el día o la hora» (hora) que se examina y se observa (skópeo).

La astrología se basa en las constelaciones del Zodíaco, un circuito imaginario que agrupa en doce regiones la esfera celeste, por las que el Sol, la Luna y los planetas se mueven alrededor de la Tierra. Se pretende así que toda persona esta bajo un signo astrológico, desde el mismo día de su nacimiento. Pero la realidad astronómica actual muestra que las constelaciones del Zodíaco eran y son, por lo menos catorce, divididas en una veintena de constelaciones, que no giran alrededor de la Tierra.

Su culto es tan antiguo como el espiritismo, pero no debemos pensar que gozaba por ello de igual prestigio en todas las épocas. Los caldeos de Babilonia, después de haberla tenido en alta estima, la desecharon finalmente como una mera superchería, pero del imperio medo-persa se traslada a Grecia con Alejandro Magno, donde fue desarrollada por Ptolomeo. Platón ridiculiza la astrología y Aristóteles se burla de ella, pero Tácito y Cicerón la condenan, aunque se practicaba tanto en China como en la India, llegando en la Edad Media al Islam.

Tal y como observa un divulgador científico como Martin Gardner, «nuestra época dista de ser ilustrada. Hoy probablemente la fracción de personas inteligentes que creen en la astrología es mayor que en la Europa del siglo XIII». (La nueva era. Notas de un observador de lo marginal. Alianza, Madrid, 1990, pág. 390.)  Estamos ante una industria multimillonaria que llena páginas y columnas de periódicos, revistas, libros, consultorios teléfonicos y hasta máquinas tragaperras. El hombre actual, tan desprovisto de sentido y seguridad como el antiguo romano durante la caída de su imperio, se vuelve a la astrología y la brujería, en una confusión y aturdimiento, que le hace ir a la deriva.

¿Ciencia?

A los astrólogos les gusta recordar que la astrología y la astronomía tienen un origen común, aunque la astrología era la teoría y la astronomía la observación. No obstante muchos siguen confundiendo los términos. Un grupo de 258 astrónomos y astrofísicos españoles dio a conocer un manifiesto a la opinión pública en mayo de 1990, mostrando su preocupación por el creciente aumento de la aceptación popular de las supersticiones astrológicas. Esta declaración sigue el ejemplo de 186 científicos norteamericanos que firmaron un documento parecido en 1975, que incluía los nombres de 20 Premios Nobel, que tomaron la idea de una iniciativa semejante de la Sociedad Astronómica alemana en 1949.

Los astrólogos no sólo ignoran los asteroides y los cometas, sino el importante hecho de la procesión de los equinoccios por la que el zodíaco ha cambiado en realidad un signo entero (ya que desde la época de los griegos han pasado veinte siglos, en los que el eje de la Tierra no ha dejado de girar). Por lo que los Libras en realidad son Virgos, o los Escorpiones, Libras … De hecho, los signos astrológicos no son, en realidad, más que una forma disfrazada de rebautizar a los meses del calendario, comenzando en este caso por el 21 de marzo (Aries) en lugar del 1 de enero. Así en el antiguo calendario chino, el año, mes, día y hora de nacimiento están expresados por ocho carácteres, que se comparan con ocho rasgos de la persona.

Se habla de planetas cuya naturaleza es mala. Así se supone que Urano causa la muerte por catástrofes repentinas, Neptuno asesinatos, Saturno golpes y caídas, Marte heridas y quemaduras. Otros tendrían sin embargo una influencia beneficiosa (generalmente Júpiter, Venus, el Sol y la Luna). Y «desde luego que la Luna interviene en el fenómeno de las mareas, pero nada tiene eso que ver con que su supuesta influencia le sea favorable o desfavorable en el futuro a un bebé recién nacido» (Op. cit., págs. 170–171.) Los mellizos, nacidos bajo condiciones planetarias idénticas, no sólo tienen personalidades distintas, sino que viven situaciones completamente diferentes.

El contenido de los horóscopos, gracias a su enorme imprecisión, permite la libertad de descifrarlos tal y como uno quiera. El lector proyecta así sus deseos y experiencias, sometiendose así a un orden cósmico impersonal, que hace de la astrología una religión. De esta manera el yo se elimina, junto con la libertad personal, por la que el individuo se convierte en un juguete de mecanismos planetarios, permitiendo que sea otro el que tome en realidad las decisiones por ti: el astrólogo.

¿Religión?

La astrología tiene mucha relación con la religión. En las antiguas civilizaciones se usaba para intentar averiguar los signos de la voluntad divina a traves de los astros, y en consecuencia el destino del hombre. Los sacerdotes se transmitían en unos libros secretos la experiencia adquirida en su observación. Michel de Nostradamus (1503–1566) fue un medíco judío francés convertido al catolicismo romano, que halló una eficaz cura contra la peste bubónica. Se hizo famoso por su libro Centurias (1555), que comprende unas series de estrofas de cuatro versos, escritos en francés y latín, que pretende predecir el futuro hasta el año 2000 a.C., incluida su propia muerte y la del rey francés Enrique II en 1559. Su lenguaje es extraño y oscuro, sin orden lógico ni cronológico. Pocas veces se dan fechas, pero según el autor, intencionadamente.

Hubo mucho interés con el cambio de milenio por las profecías de personajes como Nostradamus, igual que sucedió con el Comentario a Apocalipsis del Beato de Liébana al final del primer milenio. El diseñador francés de origen español Paco Rabanne temía la destrucción de París el verano de 1999, por lo que ordenó a todos sus empleados que abandonaran la ciudad el 11 de agosto, cuando un eclipse de Sol se hizo visible desde el norte de Francia. Su libro 1999—El Fuego del Cielo describe este cataclismo de acuerdo a una visión que tuvo de joven, en la que gente ardía y no se apagaba, aunque se lanzaran al Sena. Muchos ven en Nostradamus otros muchos acontecimientos recientes como la guerra en Kosovo, la tensión entre la OTAN, Rusia y China, o los conflictos entre la India y Pakistán. Pero ¿de dónde saca Nostradamus estas predicciones?

-En el prefacio de sus profecías Nostradarnus reconoce a Dios como la fuente de todo poder; por lo tanto, Dios debe inspirar a un hombre antes de que éste pueda entender el futuro. El astrólogo usando las palabras del Salvador verdadero, advierte que no se echen las perlas a los puercos. También reconoce que el hombre no puede conocer los tiempos y sazones que Dios ha reservado únicamente para su propio conocimiento. Pero Nostradamus se aparta de las Escrituras judío cristianas al creer que Dios quiere gobernar el destino del hombre en la Tierra por medio de la influencia de estrellas y constelaciones.- (Joseph Bayly, Los horóscopos y tu futuro. Logoi, Miami, 1973, págs. 71–72.) 

La Biblia condena la astrología con firmeza, tanto en la ley (Dt. 18:10–12) como en los profetas (Is. 47:12–14). La Escritura muestra a los astros desde el principio como criaturas de Dios, y al desmitificar el cielo, libra al hombre de un porvenir determinado por las estrellas. La astrología, lejos de dar seguridad acerca de nuestro destino, nos hace totalmente dependientes, en una sumisión ciega a las fuerzas de la naturaleza, cuando nuestro dueño y nuestro guía no son las estrellas, sino aquel que nos ha creado. Ahora te toca a ti decidir en quién quieres confiar: ¿en Dios o en las estrellas?

Mantener una concepción mágica del mundo puede tener trágicas consecuencias. La influencia de los planetas no puede determinar la conducta de nadie, ¡pero su horóscopo sí! Hace que la culpa no sea nuestra, sino ¡de las estrellas! El peligro de la astrología, incluso considerada como una especie de juego que uno se cree sólo a medias, es que el consumidor de horóscopos acaba respondiendo en su determinismo a lo que supuestamente le predicen los astros. La predicción se convierte así en una profecía que se cumple a sí misma, ya que acaba influyendo en mayor o menor medida en el comportamiento del individuo, la opinión que uno tiene de sí mismo, su poder de iniciativa y, a la larga ¿cómo no? ¡su destino!…

Segovia, J. d. (2005). Ocultismo: ¿Fraude O Parapsicología?. Barcelona: Publicaciones Andamio.

Dios los bendiga.

 

 

 

 

 


Los Masones Breve Perspectiva

Los Masones
Breve Perspectiva

Por: Pablo Santomauro

El tema de los masones continúa siendo relevante para muchos en la actualidad. En esta breve perspectiva sólo advertiremos de los peligros latentes dentro de sus filas.

La existencia de símbolos misteriosos, juramentos, ritos y doctrinas secretas, es ampliamente conocida y aceptada en la masonería y no es tema de controversia.

La Enciclopedia Británica reporta datos suministrados por los masones, entre ellos, un número de adeptos de 6 millones alrededor del mundo, y le llama la sociedad secreta más grande del planeta.

Si usted tiene la intención de unirse a los masones quizá encuentre un pequeño problema para decidir a cuál grupo quiere ingresar. Existen cerca de 34,000 logias.

La dificultad se acrecienta cuando encontramos que muchas de las enseñanzas masónicas y sus eruditos se contradicen entre sí. Lo que uno afirma el otro niega o duda, y viceversa. Tomadas en conjunto, las doctrinas masónicas son una ensalada de aberraciones digna de lástima.

El hecho de que una sociedad sea secreta no necesariamente es indicativo de que sea ocúltica, pero en el caso de los masones, a medida que indagamos, la conexión ocúltica se hace obvia.

John Weldon, autor cristiano, presenta cinco características de las organizaciones masonas:

1. La masonería concuerda con la Nueva Era en que cada ser humano posee en sí un poder ilimitado que puede ser desencadenado cuando se siguen ciertos pasos.

2. Utiliza un sistema de símbolos muy similares a los de las ciencias ocúlticas, tales como la cábala, el rosacrucianismo y la filosofía hermética.

3. Induce a sus miembros a descubrir los significados detrás de sus símbolos y ceremonias (o “verdades esotéricas”).

4. Promueve la búsqueda de estados de conciencia alterados, una práctica mística y ocúltica.

5. Un número considerable de masones entiende que su organización (cualquiera sea de las 34,000 en existencia) será el vehículo que guiará al mundo a una era de iluminación.

Nosotros agregaríamos que la masonería requiere que sus miembros crean en una entidad divina o poder superior. No importa el nombre o la definición, puede llamarse Zeus, Osiris, Gran Espíritu o The Force ; puede ser personal, impersonal, o una batería Duracell gigante viajando por el universo.

La logia de los masones libres enseña que el Dios de la Biblia es el mismo Dios de todas las religiones  que se ha revelado con distintos nombres y de diversas maneras. La absurdidad de este concepto es refutada en otra de nuestras perspectivas.

¿Por qué hay tantos masones que no conocen el aspecto misterioso y ocúltico de la masonería? ¿Por qué muchos masones lo niegan?  Porque un gran número de masones rara vez avanzan más allá de los niveles iniciales de la organización. Como se han quedado en kindergarten (jardín de infantes), para ellos el grupo no es más que un club social. Los que llegan a progresar sí son instruidos en materia ideológica tanto como ocúltica. Este es el peligro de la masonería.

No importa cuántas obras de beneficencia haga la organización, o cuán altruistas sean sus metas a nivel social o político, la filosofía de la organización está en directa oposición al Dios de la Biblia. Teniendo en cuenta que para muchos de sus integrantes, la masonería es una búsqueda de iluminación espiritual o salvación individual, el destino eterno del masón que permanece en sus creencias sobre el final de su vida, es el infierno.

Para finalizar, digamos que las doctrinas universalistas de los masones, la paternidad de Dios y la hermandad de los hombres, son falsas doctrinas, la Biblia las contradice de plano. Los rituales secretos, a su vez, no son un camino de salvación, sino todo lo contrario.

A nuestros amigos masones les exhortamos a depositar fe en el único que los puede salvar, el Señor Jesucristo, el mismo que dijo “Yo públicamente he hablado al mundo ….. y nada he hablado en oculto” (Juan 18:20), el mismo Dios que dijo en Isaías 48:16: “Desde el principio no hablé en secreto ….”<>

*Este Artículo ha sido publicado con el permiso del apologista Pablo Santomauro*

Nota: Este articulo fue tomado del blog amigo El blog del Pastor Daniel