¿Por que murió el Autor de la Vida? !!!

¿Por que murió el Autor de la Vida? !!!

Quiero dedicar este estudio a todos mis amigos y hermanos del ciberespacio, hombres y mujeres valientes que por medio de la red han buscado alcanzar almas para Cristo.

Doctrina de la sustitución.

Por: Damián Ayala

El estudio de la teología exegética acerca de la expiación ha sido presentado en forma tan completa y tan competente por los grandes teólogos del pasado que no puedo hacer más que resumir sus conclusiones, con muy poca (o ninguna) contribución original.

Además, aunque ha habido períodos importantes en la historia de la Iglesia, especialmente en el siglo XIX, en que hombres que negaron la expiación sustitutiva pretendían adherirse a la Biblia, es mi impresión que en la actualidad casi todos nuestros contemporáneos inclinados a negar la expiación sustitutiva reconocerían de buena gana que la Biblia enseña esta doctrina, aunque también negarían la autoridad de la Biblia.

Por eso, es mi convicción que al señalar los estudios de B.B. Warfield, Charles Hodge, A.A. Hodge, y T.J. Crawford estaré cumpliendo con mi responsabilidad con el presente. Daré adecuadas referencias para que los que sientan la necesidad de estudios exegéticos más detallados puedan hallarlos fácilmente.

Algunos de los mejores teólogos emplean la palabra satisfacción para resumir la doctrina bíblica de la expiación. El significado de este término en tal contexto no es en ninguna manera sicológico. En verdad, la palabra puede conducir a conclusiones erróneas a nuestras mentes modernas si nos permitimos pensar equivocadamente en la mera satisfacción de un deseo.

Una analogía al uso teológico se puede hallar en la expresión: «Un círculo geométrico satisface plenamente la fórmula, x² – y² = r²». El término significa sencillamente que la expiación de Cristo, que Él ofreció por el derramamiento de su sangre en la cruz, satisface las demandas de la santa ley de Dios.

La doctrina bíblica de la expiación también se designa como el punto de vista penal. Esto significa que en la cruz Cristo llevó la pena debida justamente por nuestros pecados. El pensamiento se expresa en muchos pasajes de la Escritura, como por ejemplo: «Mas él herido fue por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados; el castigo de nuestra paz fue sobre él…» (Isaías 53:5). “el cual fue entregado por nuestras transgresiones, y resucitado para nuestra justificación.” (Romanos 4.25, RVR60)

El punto de vista penal destaca que hay un orden moral en el universo que debe ser mantenido mediante la imposición de un castigo por la transgresión de la ley moral. Los términos expiación y propiciación se aplican correctamente a la doctrina bíblica. De estas dos palabras, propiciación es la más fuerte y comunica más completamente lo que la Biblia enseña, porque significa una base objetiva para la misericordia de Dios.

La palabra más satisfactoria para designar la doctrina bíblica de la expiación para nuestra generación, creo yo, es sustitución. Este término indica que Cristo murió por nuestros pecados, en nuestro lugar, como nuestro sustituto.así también Cristo fue ofrecido una sola vez para llevar los pecados de muchos; y aparecerá por segunda vez, sin relación con el pecado, para salvar a los que le esperan.” (Hebreos 9.28, RVR60)

La palabra vicario implica estrictamente el punto de vista sustitutivo, y es menos probable que el término sea mal entendido. El orden moral y la necesidad de satisfacer sus demandas, juntamente con la requisición de castigo para la vindicación del orden moral, todas estas consideraciones, se presumen en el punto de vista sustitutivo.

El diccionario Strong nos dice: kafár; raíz prim.; cubrir (específicamente – con betún) a su ves esta misma palabra se aplica figurativamente como; expiar o condonar, aplacar o cancelar:—anular, apaciguar, aplacar, corregir, evitar, (hacer) expiación, expiar, limpio, pacto, perdonar, propicio, purificar, reconciliación, reconciliar, satisfacción.

Por ejemplo:

1) Apaciguar: ajapráh fanáv ba-minjáh = apaciguaré su rostro (o su ira) con el presente (Gén. 32:21).

2) Hacer compensación: ba-máh ajapér = ¿con qué haré compensación? (2 Sam. 21:3).

3) Hacer expiación (Exo. 32:30; Jer. 18:23). — ha-dam ba-néfesh yejapér = la sangre por la persona hace expiación (Lev. 17:11).

4) Perdonar (Sal. 65:4/3)

Esta raíz se encuentra en todos los períodos de la historia del lenguaje hebreo. Tal vez lo conocemos mejor por el término Yôm Kippur, «Día de Expiación». Las modalidades verbales aparecen unas 100 veces en la Biblia hebraica. Kapar se encuentra primero en Gn 6.14, donde se usa en su sentido básico de «cubrir». Dios da a Noé instrucciones, concernientes al arca, entre otras: «Cúbrela con brea por dentro y por fuera» (rva; «la embetunarás» rv; «calafatearás» rvr, lba). Con todo, la mayoría de las veces el vocablo se usa en el sentido teológico de «cubrir», a menudo con la sangre del holocausto con el fin de expiar algún pecado.

El Nuevo diccionario de la Biblia. de la Editorial Unilit. Define la expiación: Acto por el cual, mediante un sacrificio, se busca que Dios sea propicio, satisfaciendo su justicia, borrando la culpa, purificando el alma y reconciliándola con él. En el AT, con los sacrificios se reconocía que Dios estaba airado contra el pecado y que se hacía aquello con el propósito de apaciguarlo, o ponerlo en disposición favorable, o hacerlo propicio. También el hombre reconocía su culpa y trataba de eliminarla, o purificarse, o expiarla. El sacrificio, entonces, procuraba cargar sobre una víctima inocente la ira de Dios (expiar) y ponerle en actitud favorable hacia el hombre (propiciar).

El día de la expiación era el día más importante del calendario judío. Se llamaba yoma, “el día”. Era la corona y punto culminante de todo el sistema de sacrificios. “Isaías 53 es a la profecía mesiánica, … lo que es Levítico 1 al entero sistema mosaico de tipos, la flor más perfecta del simbolismo mesiánico”. En el día de la expiación, el sumo sacerdote reunía todos los pecados de Israel acumulados durante el año y los confesaba a Dios pidiendo perdón. Sólo él podía entrar en el lugar santísimo y hacer expiación sobre el propiciatorio del arca. Lo hacía solamente una vez por año, el día de la expiación.

El Comentario exegético y explicativo de la Biblia en su tomo 1 explica Levítico 16: 1- 34 de la siguiente manera.

1. después que murieron los dos hijos de Aarón, cuando se llegaron delante de Jehová, y murieron—Algunos piensan que este capítulo ha sido traspuesto fuera de su lugar correcto en la historia sagrada, el cual seguía inmediatamente al relato de la muerte de Nadab y Abiú. Aquella abrumadora catástrofe habría llenado a Aarón con dolorosos temores de que la culpa de estos dos hijos fuese transmitida a su casa, o que otros miembros de su familia pudiesen compartir la misma suerte debido a alguna irregularidad o defecto en el cumplimiento de sus funciones sagradas. Por lo tanto fué establecida esta ley, para que por medio de la debida observancia de sus requisitos, el orden arónico pudiese ser mantenido y aceptado en el sacerdocio. 2. Di a Aarón tu hermano que no en todo tiempo entre en el santuario del velo adentro, etc.—Los sacerdotes iban todos los días a quemar incienso sobre el altar de oro en la parte del santuario fuera del velo. Pero a nadie excepto al sumo sacerdote le era permitido entrar dentro del velo, y esto sólo una vez por año con el mayor cuidado y solemnidad. Este arreglo evidentemente fué establecido por inspirar una reverencia por el lugar santísimo, y la precaución era necesaria en un tiempo cuando la presencia de Dios era indicada por símbolos visibles, la impresión de lo cual podría haber sido debilitada o perdida por una observación diaria y familiar. yo apareceré en la nube—o sea, el humo del incienso que el sumo sacerdote quemaba en su entrada anual al lugar santísimo; y ésta era la nube que en aquella ocasión cubría el propiciatorio. 3, 4. Con esto entrará Aarón en el santuario—Como los deberes del gran día de expiación conducían al acercamiento más íntimo y solemne a Dios, las direcciones en cuanto al curso correcto que había que seguir eran minuciosas y especiales. con un becerro … y un carnero—Estas víctimas eran traídas vivas, pero no eran ofrecidas en sacrificio, mientras el sacerdote no hubiera cumplido con las ceremonias descritas entre este versículo y el versículo once. El no debía vestirse en aquella ocasión de sus ropas espléndidas que eran propias de su puesto sagrado, sino de un manto de lino sencillo, como los levitas comunes, porque como entonces él había de hacer expiación por sus propios pecados como también por los del pueblo, él tenía que presentarse en el humilde papel de suplicante. Aquella ropa sencilla estaba más en armonía con una época de humillación, como también era más liviana y más cómoda para los deberes que en aquella ocasión él sin ayuda tenía que ejecutar, que el ropaje magnífico del pontificado. Demostraba que cuando todos aparecen como pecadores, el más elevado y el más humilde estaban sobre el mismo nivel, y que no había distinción de personas delante de Dios. 5–10. de la congregación de los hijos de Israel tomará dos machos de cabrío … y un carnero—Los sacrificios habían de ser ofrecidos por el sumo sacerdote respectivamente por sí mismo y por los otros sacerdotes, como también por el pueblo. El becerro (v. 3) y las cabras eran como ofrendas por el pecado, y los carneros para ofrendas quemadas. Las cabras, aunque usadas de manera distinta, constituían una sola ofrenda. Las dos eran presentadas ante el Señor, y el destino de ellas era determinado por suertes, lo que los escritores judíos describen así: El sacerdote, colocando una cabra a su mano derecha y la otra a su izquierda, tomaba su lugar junto al altar, y echaba en una urna dos piezas de oro iguales, inscrita la una con las palabras “para el Señor” y la otra “por Azazel” (cabra de escape). Después de sacudir bien las dos piezas, metía sus dos manos en la urna y tomaba una pieza en cada mano: la que estaba en su mano derecha, ponía sobre la cabeza de la cabra a su derecha, y la que estaba en su mano izquierda, dejaba caer sobre la otra. De esta manera se decidía la suerte de cada una. 11–14. hará llegar Aarón el becerro que era suyo para expiación, etc.—La primera parte del servicio tenía por motivo solemnizar su propia mente, como también la mente del pueblo, mediante el ofrecimiento de los sacrificios por sus pecados. Siendo sacrificadas las ofrendas por el pecado – eran judicialmente transferidos a ellas los pecados del ofrecedor mediante la imposición de sus manos sobre las cabezas de los animales (cap. 4), y así el becerro, que había de hacer la expiación por él y por los otros sacerdotes (llamados “su casa”, Salmo 135:19), era muerto por manos del sumo sacerdote. Mientras la sangre de la víctima era recibida en una vasija tomando el sumo sacerdote en su mano derecha un incensario con carbones vivos, y un plato de incienso en su mano izquierda, entre la solemne atención y las oraciones ardientes de la multitud congregada, cruzaba él el pórtico y el lugar santo, abría el velo exterior hacia el lugar santísimo, y luego el velo interior, y, estando ante el arca, depositaba el incensario en el suelo, y vaciando el plato de incienso en su mano, lo vertía sobre los carbones vivos, y el departamento se llenaba de humo fragante, destinado, según escritos hebreos, a evitar que algún curioso atisbara demasiado la forma del propiciatorio, que era el trono del Señor. Habiendo hecho esto el sumo sacerdote, perfumaba el santuario, se volvía a la puerta, tomaba la sangre del becerro muerto, y llevándola al lugar santísimo, la rociaba con el dedo una vez sobre el propiciatorio “hacia oriente”, o sea, sobre el costado junto a él; y siete veces “hacia el propiciatorio”. o sea, al frente del arca. Dejando las brasas y el incienso, salía una segunda vez, para sacrificar sobre el altar de los holocaustos el macho de cabrío, que había sido traído como expiación por el pueblo; y llevando la sangre de éste dentro del lugar santísimo, hacía las aspersiones como había hecho antes con la sangre del becerro. Mientras el sumo sacerdote estaba ocupado así en el lugar santísimo, no se les permitía a los sacerdotes ordinarios quedarse dentro de los límites del tabernáculo. El santuario o lugar santo, y el altar de los holocaustos eran rociados de la misma manera con la sangre de los dos animales. El objeto de este solemne ceremonial era el de impresionar la mente de los israelitas con la convicción de que todo el tabernáculo estaba manchado por los pecados del pueblo culpable, que por sus pecados ellos habían perdido el privilegio de la presencia divina y del culto, y que una expiación tenía que hacerse como la condición de que Dios permaneciera con ellos. Como los pecados y las negligencias del año anterior habían contaminado el sagrado edificio, había que renovar la expiación anualmente. La exclusión de los sacerdotes indicaba su indignidad y las impurezas de su servicio. La aspersión de la sangre mezclada de las dos víctimas sobre los cuernos del altar, indicaba que los sacerdotes y el pueblo, de igual modo necesitaban una expiación por sus pecados. Pero como el santuario había sido así ceremonialmente purificado, y el pueblo de Israel reconciliado por la sangre de las víctimas consagradas, Jehová continuaba morando en medio de ellos y honrándolos con su bendita presencia. 20–22. hará llegar el macho cabrío vivo—Habiendo sido ya presentado ante el Señor (v. 10), ahora era traído al sumo sacerdote, quien, poniendo las manos sobre su cabeza y habiendo “confesado sobre él todas las iniquidades del pueblo de Israel, y todas sus rebeliones y todos sus pecados”, los transfería por este acto al macho cabrío como sustituto de ellos. Era entonces entregado en manos de una persona, nombrada para llevarlo lejos a un lugar distante, solitario y desierto, donde en tiempos primitivos era soltado, para que escapara con vida.

¿Qué significa Azazel? La interpretación mejor se encuentra en la traducción misma de la palabra “azazel”. Muchos eruditos la interpretan como “remisión, quitar y enviar a otra parte”. La versión griega traduce la palabra como “enviar a otra parte”. Así que los dos machos cabríos forman un solo sacrificio por el pecado. El uno era sacrificado para expiar el pecado y el otro, aquel sobre el cual el sumo sacerdote ponía las manos y confesaba los pecados de Israel, representaba el alejamiento de la culpa no solamente de la presencia de Dios sino también de la presencia del pueblo. El macho cabrío era llevado a un lugar solitario y puesto en libertad para no volver jamás al campamento. Así es con nuestro Dios. Por medio de Cristo, nuestros pecados y la culpa resultante están alejados para siempre. “Cuanto está lejos el oriente del occidente, hizo alejar nuestras rebeliones” (Sal. 103:12).

23–28. vendrá Aarón al tabernáculo del testimonio, y se desnudará las vestimentas de lino—Al despedir el macho cabrío de escape, el sumo sacerdote se preparaba para las partes importantes del servicio que todavía quedaban; y para la ejecución de éstas se quitaba su ropa sencilla de lino, y habiéndose bañado, tomaba su ropa pontificia. Así vestido magníficamente, iba a presentar las ofrendas quemadas, que eran señaladas para él y el pueblo, que consistían en dos carneros que habían sido traídos con las ofrendas de expiación, pero reservados hasta entonces. Se ordenaba que el sebo fuese quemado sobre el altar; y lo demás de los cuerpos cortado en pedazos se daba a algunos asistentes sacerdotales, para ser quemado fuera del campamento, conforme con la ley general de las ofrendas por el pecado (cap. 4:8–12; 8:14–17). Las personas empleadas en quemarlos, como también el conductor del animal de escape, eran obligadas a lavar su ropa y bañarse en agua antes que se les permitiera volver al campamento. 29–34. esto tendréis por estatuto perpetuo: En el mes séptimo, a los diez del mes, afligiréis vuestras almas—Este día de expiación anual por todos los pecados, irreverencias e impurezas de todas las clases en Israel, durante el año previo, había de observarse como ayuno solemne, en el cual habían de “afligir sus almas”; era considerado un “sabbath”, y guardado como “convocación santa”, o asamblea para propósitos religiosos.

En resumen:

1.- Ritos que deben observarse (16:1–28).

(1) Preparación para el sacrificio (vv. 1–4).

(2) Selección de machos cabríos (vv. 5–8).

(3) Disposición de los machos cabríos (vv. 9, 10).

(4) Expiación del sumo sacerdote (vv. 11–14).

(5) Expiación del pecado del pueblo (vv. 15–19).

(6) Designación del cabrío al desierto (vv. 20–22).

(7) Purificación del sumo sacerdote (vv. 23–25).

(8)Purificación del que llevó el cabrío al desierto (vv. 26–28).

 2. Fecha del día de la Expiación (16:29–34).

(1) Sería perpetuo (v. 29a).

(2) Sería el décimo día del séptimo mes (v. 29b).

(3) Afligirían sus almas (v. 29c).

(4) Se haría expiación por ellos (v. 30).

(5) Sería día de reposo (v. 31).

(6) Se vestiría el sacerdote vestidura sagrada (v. 32).

(7) Expiaría por el santuario, el tabernáculo, el altar y por todo el pueblo (v. 33).

(8) Se haría una vez al año (v. 34).

Ahora, donde queda Cristo en todo esto, veamos:

1. Aquí están tipificados los dos grandes privilegios de la remisión del pecado y del acceso a Dios; ambos los debemos a la mediación de nuestro Señor Jesucristo. Veamos, pues, aquí:

A) La expiación de la culpa que Cristo hizo por nosotros. Él es, a un mismo tiempo, el hacedor y la materia de la expiación, porque Él es: (a) El sacerdote, el sumo sacerdote, que hace propiciación por los pecados del pueblo (He. 2:17). Nadie podía estar junto al sumo sacerdote cuando éste hacía la expiación (v. 17); así nuestro Señor Jesucristo ofreció en soledad su sacrificio, pues todos sus discípulos le abandonaron y huyeron, ya que, si alguno de ellos hubiese sido arrestado y llevado a la muerte juntamente con Él, habría podido considerársele como que de alguna manera le asistía al hacer la expiación; y también estaba destinado a pisar el lagar en soledad el día de la venganza (Is. 63:3–6, Ap. 14:20; 19:15). Pero, mientras que la expiación llevada a cabo por el sumo sacerdote alcanzaba solamente a la congregación de Israel, Cristo es la propiciación, no sólo por los pecados de los judíos, sino por los de todo el mundo gentil (1 Jn. 2:2). También supera Cristo infinitamente a Aarón en que Aarón necesitaba primero ofrecer sacrificio por sus propios pecados, de los cuales tenía que hacer confesión sobre la cabeza del macho cabrío, pero nuestro Señor Jesucristo no tenía ningún pecado propio del que responder. (b) Así como Él es el Sumo Sacerdote, así también es Él mismo la víctima del sacrificio con la que se lleva a cabo la expiación; porque Él lo es todo en todo en nuestra reconciliación con Dios. Así fue Él tipificado por los dos machos cabríos que hacían conjuntamente una sola ofrenda: el macho cabrío degollado era tipo de Cristo que moría por nuestros pecados;  Primeramente, vemos que la expiación se completaba poniendo los pecados de Israel sobre la cabeza del macho cabrío. El pueblo merecía haber sido abandonado y enviado a una tierra olvidada, pero este castigo era transferido al macho cabrío que llevaba sus pecados, con referencia a lo cual leemos que Dios cargó sobre Él (nuestro Señor Jesucristo) la iniquidad de todos nosotros (Is. 53:6), y también leemos que llevó Él mismo nuestros pecados (pues asumió la responsabilidad de ellos y pagó la pena de ellos) en su cuerpo sobre el madero (1 P. 2:24). En segundo lugar, la consecuencia de esto era que todas las iniquidades de Israel eran llevadas a una tierra de olvido. Así Cristo, el Cordero de Dios, quita el pecado del mundo (Jn. 1:29), al mismo tiempo que lo carga sobre sí. Y, cuando Dios perdona el pecado, se dice que ya no se acuerda más de él (He. 8:12), que se lo echa a la espalda (Is. 38:17), que lo arroja a lo profundo del mar (Mi. 7:19), y que lo aparta tan lejos como el oriente del occidente (Sal. 103.12).

B) La entrada del sumo sacerdote en el lugar santísimo era tipo de la entrada que Cristo hizo en los cielos a favor nuestro. Lo expone así Hebreos 9:7 y siguientes, donde se muestra: (a) Que el Cielo es el verdadero Lugar Santísimo, no el de un edificio hecho por manos humanas, y que la entrada en él por medio de la fe, la esperanza y la oración, en virtud y a través de un Mediador Jesucristo Hombre, no estaba entonces tan claramente manifiesta como lo está ahora para nosotros por el Evangelio. (b) Que Cristo nuestro gran Sumo Sacerdote, entró en los cielos el día de su Ascensión de una vez por todas. (c) Que entró por medio de su Propia sangre (He. 9:12), y esparció su sangre, por decirlo así, delante del propiciatorio, donde habla mejor que la sangre de los becerros y de los machos cabríos. Así como el sumo sacerdote intercedía primero por sí, luego por su casa, y después por todo Israel, así también nuestro Señor Jesucristo, en el capítulo diecisiete de San Juan, se encomendó primero a sí mismo al Padre, luego a sus discípulos, que eran como su familia, y después a todos los que habían de creer por la palabra de ellos.

2. También están aquí tipificados los dos grandes deberes del Evangelio, que son la fe y el arrepentimiento mediante los cuales somos cualificados para participar de la expiación y apropiarnos sus beneficios. (A) Por la fe debemos poner nuestras manos sobre la cabeza de la ofrenda, y descansar y poner toda nuestra confianza en el Señor que es nuestra Justicia (Jehová Tsidqenú), y apelar a su satisfacción como a lo único capaz de expiar nuestros pecados y procurarnos el Perdón. ¡Él responde por nosotros! (B) Por el arrepentimiento debemos afligir nuestras almas; no sólo absteniéndonos por algún tiempo de los deleites del cuerpo, sino tener pesar interno por nuestros pecados, y vivir una vida de negación de nosotros mismos y de mortificación.

No se puede negar que el modo de presentar la expiación de Cristo en el Nuevo Testamento es principalmente bajo la figura del ofrecimiento de un sacrificio. La Epístola a los Hebreos en conjunto presenta a Cristo como sumo sacerdote, ofreciéndose en la cruz como altar. Su sacerdocio no es el de Aarón sino el de Melquisedec, tanto rey como sacerdote, un sacerdocio que antecede y supera al aarónico.

No introduciré aquí mi propia exégesis para mostrar que la presentación de una ofrenda por el pecado en el sistema de adoración del Antiguo Testamento fue propiciatoria y apuntaba hacia la expiación sustitutiva de Cristo. Esta exégesis ha quedado establecida con evidencia incuestionable por los grandes teólogos.

El sumo sacerdocio y la ofrenda por el pecado no son los únicos términos con que se presenta la expiación de Cristo en las Escrituras. El vocablo bíblico rescate es discutido extensamente por Warfield en el artículo sobre terminología. Tanto Mateo como Marcos nos dan las palabras de Cristo en cuanto a que vino «para dar su vida en rescate por muchos» (Mateo 20:28; Marcos 10:45).

Pablo escribe a Tito: «Quien se dio a sí mismo por nosotros para redimirnos de toda iniquidad y purificar para sí un pueblo propio, celoso de buenas obras» (Tito 2:14). Pedro escribe: «No con cosas corruptibles, como oro o plata, fuisteis rescatados de vuestra vana manera de vivir, la cual recibisteis de vuestros padres, sino con la sangre preciosa de Cristo, como de un cordero sin mancha y sin contaminación» (1 Pedro 1:18, 19).

Los escritores bíblicos no elaboraron la figura del rescate. Tomando todos los datos juntos, parece más razonable considerar el rescate, no como una figura distinta e independiente de la ofrenda por el pecado, sino más bien como el punto de vista bíblico de lo que la ofrenda misma por el pecado representaba. Así Pedro, en la cita anterior, identifica el rescate con el cordero del sacrificio.

Otra forma de expresión representa la expiación de Cristo como el pago de una deuda. Se nos enseña en el Padrenuestro: «Perdónanos nuestras deudas como también nosotros perdonamos a nuestros deudores» (Mateo 6:12). En varios pasajes de las enseñanzas de Jesús se presenta la gracia de Dios como el perdón de una deuda (Mateo 18:30ss; Lucas 7:41). Otra vez debemos sugerir que la referencia a la expiación como el pago de una deuda no debe ser interpretada como un modo distinto y separado de enseñar sino más bien como un análisis del significado de la ofrenda por el pecado.

La palabra «salvador» y el sustantivo abstracto correspondiente, «salvación» así como el verbo «salvar», aparecen frecuentemente a través de la Escritura. En la concordancia de Moulton y Geden las referencias a estas palabras ocupan más de cuatro columnas. El vocablo «salvador» puede aplicarse a cualquiera que salva de alguna circunstancia lastimosa, y el verbo y el sustantivo abstracto correspondiente se usan de una manera similar.

En el Nuevo Testamento el término «salvador» a veces se le aplica al Padre, por ejemplo, en 1 Timoteo 1:1: «Dios nuestro Salvador y del Señor Jesucristo nuestra esperanza»; y en Judas 25, «Al único y sabio Dios, nuestro Salvador»; y hasta en 1 Timoteo 4:10; Tito 1:3; 3:4.

El uso más importante y común de estas palabras tiene que ver con la salvación del pecado y sus consecuencias; la salvación que viene de Dios el Padre por Jesucristo, quien en forma preeminente es llamado el Salvador. Su función como tal se declara en Mateo 1:21: «Y llamarás su nombre Jesús [«Jesús» es el equivalente griego de Josué, que significa «Jehová es salvación»] porque él salvara a su pueblo de sus pecados». El oficio de Cristo como Salvador es presentado en textos como los que siguen:

«Porque el Hijo del hombre vino a buscar y a salvar lo que se había perdido» (Lucas 19:10).

«El Dios de nuestros padres levantó a Jesús, a quien vosotros matasteis colgándole en un madero. A este, Dios ha exaltado con su diestra por Príncipe y Salvador, para dar a Israel arrepentimiento y perdón de pecados» (Hechos 5:30, 31).

«Estando ya justificados en su sangre, por él seremos salvos de la ira. Porque si siendo enemigos fuimos reconciliados con Dios por la muerte de su Hijo, mucho más, estando reconciliados, seremos salvos por su vida» (Romanos 5:9, 10).

«Mas nuestra ciudadanía está en los cielos, de donde también esperamos al Salvador, el Señor Jesucristo» (Filipenses 3:20).

«Palabra fiel y digna de ser recibida por todos: que Cristo Jesús vino al mundo para salvar a los pecadores, de los cuales yo soy el primero» (1 Timoteo 1:15).

«Nuestro Salvador Jesucristo, el cual quitó la muerte y sacó a luz la vida y la inmortalidad por el evangelio» (2 Timoteo 1:10).

«Aguardando la esperanza bienaventurada y la manifestación gloriosa de nuestro gran Dios y Salvador Jesucristo, quien se dio a sí mismo por nosotros para redimirnos de toda iniquidad y purificar para sí un pueblo propio, celoso de buenas obras» (Tito 2:13, 14).

«Por lo cual puede también salvar perpetuamente a los que por él se acercan a Dios, viviendo siempre para interceder por ellos» (Hebreos 7:25).

Muchos otros usos de la palabra «salvador» podrían estudiarse. Estos son suficientes, sin embargo, para mostrar que la palabra cuando se aplica a Cristo significa que Él nos ha salvado del pecado por su muerte en la cruz. No es que la palabra «salvador» en sí misma implique sufrimiento sustituto, ni que en sí misma esté vinculada directamente con la ofrenda por el pecado. El argumento es que cuando se emplea en los contextos en los cuales ocurre, el sentido usualmente es salvación por el sufrimiento sustitutivo de Cristo en la cruz.

No hay verdad mas hermosa, sublime e importante en la Escritura que conocer y entender el evangelio. Normalmente cuando preguntas ¿sabes tu lo que es el evangelio? en su mayoría te rezan 1 Corintios 15:1-8, después les pregunto ¿sabes que significa lo que acabas de rezar?, ¿me podrías explicar conforme a las escrituras que paso en la cruz?, te sorprenderás al escuchar sus opiniones.

Si hay un tema caliente en la Escritura es el evangelio, de como se enseñe este tema podemos distinguir de los falsos a los verdaderos maestros, de vivir en la verdad a la herejía.

Entendiendo lo que es la doctrina de la sustitución podemos ver de manera muy breve lo que paso en la cruz, para esto debemos entender los siguientes puntos.

¿Quien murió en la cruz?

y matasteis al Autor de la vida, a quien Dios ha resucitado de los muertos, de lo cual nosotros somos testigos.” (Hechos de los Apóstoles 3.15, RVR60)

Porque también Cristo padeció una sola vez por los pecados, el justo por los injustos, para llevarnos a Dios, siendo a la verdad muerto en la carne, pero vivificado en espíritu;” (1 Pedro 3.18, RVR60)

En la cruz, no estaba solo la naturaleza humana de Jesus, tampoco estaba solo la naturaleza divina de Cristo, mas bien, en la cruz, estaba Jesucristo en sus dos naturalezas y único ser, sufriendo la muerte en su carne y recibiendo toda la ira de Dios sobre él en castigo por todos los pecados de la humanidad. Hay que entender, que Jesucristo (Dios) se humillo al grado de experimentar la muerte en su carne siendo él  el Autor de la vida.

Cuando nos preguntamos, ¿como puede ser posible que la muerte de un Justo sea suficiente para salvar a miles de millones de injustos? lo que hay que entender es, Jesús no es solo un Justo, es el mismo Dios hecho hombre !!! La segunda persona de la Trinidad !!!

¿Por que murió Jesús?

Por nuestros pecados

Porque primeramente os he enseñado lo que asimismo recibí: Que Cristo murió por nuestros pecados, conforme a las Escrituras;” (1 Corintios 15.3, RVR60)

Y él es la propiciación por nuestros pecados; y no solamente por los nuestros, sino también por los de todo el mundo.” (1 Juan 2.2, RVR60)

¿Cual fue la ofrenda que ofreció Jesucristo?

Su cuerpo.

En esa voluntad somos santificados mediante la ofrenda del cuerpo de Jesucristo hecha una vez para siempre.” (Hebreos 10.10, RVR60)

quien llevó él mismo nuestros pecados en su cuerpo sobre el madero, para que nosotros, estando muertos a los pecados, vivamos a la justicia; y por cuya herida fuisteis sanados.” (1 Pedro 2.24, RVR60)

¿Cual fue la consecuencia de ser culpable por los pecados del mundo?

La muerte y la ira de Dios

Porque primeramente os he enseñado lo que asimismo recibí: Que Cristo murió por nuestros pecados, conforme a las Escrituras;” (1 Corintios 15.3, RVR60)

Porque la paga del pecado es muerte, mas la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús Señor nuestro.” (Romanos 6.23, RVR60)

¿Aparte de la muerte  que mas experimento en la Cruz el Señor?

Yendo un poco adelante, se postró sobre su rostro, orando y diciendo: Padre mío, si es posible, pase de mí esta copa; pero no sea como yo quiero, sino como tú.” (Mateo 26.39, RVR60)

esta copa. Cp. el v. 42. La copa es frecuentemente en el AT el símbolo de la ira divina en contra del pecado (Is. 51:17, 22; Jer. 25:15–17, 27–29; Lm. 4:21, 22; Ez. 23:31–34; Hab. 2:16). Al siguiente día, Jesús habría de “llevar los pecados de muchos” (He. 9:28), y totalidad de la ira divina habría de caer sobre Él (Is. 53:10, 11; 2 Co. 5:21). Este fue el precio del pecado que Él llevó y lo pagó por completo.

Su clamor de angustia en Mateo 27:46 refleja la extrema amargura de la copa de ira que había recibido.

 Jesús cita (Salmo 22.1–21, RVR60) “Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado? ¿Por qué estás tan lejos de mi salvación, y de las palabras de mi clamor? Dios mío, clamo de día, y no respondes; Y de noche, y no hay para mí reposo. Pero tú eres santo, Tú que habitas entre las alabanzas de Israel. En ti esperaron nuestros padres; Esperaron, y tú los libraste. Clamaron a ti, y fueron librados; Confiaron en ti, y no fueron avergonzados. Mas yo soy gusano, y no hombre; Oprobio de los hombres, y despreciado del pueblo. Todos los que me ven me escarnecen; Estiran la boca, menean la cabeza, diciendo: Se encomendó a Jehová; líbrele él; Sálvele, puesto que en él se complacía. Pero tú eres el que me sacó del vientre; El que me hizo estar confiado desde que estaba a los pechos de mi madre. Sobre ti fui echado desde antes de nacer; Desde el vientre de mi madre, tú eres mi Dios. No te alejes de mí, porque la angustia está cerca; Porque no hay quien ayude. Me han rodeado muchos toros; Fuertes toros de Basán me han cercado. Abrieron sobre mí su boca Como león rapaz y rugiente. He sido derramado como aguas, Y todos mis huesos se descoyuntaron; Mi corazón fue como cera, Derritiéndose en medio de mis entrañas. Como un tiesto se secó mi vigor, Y mi lengua se pegó a mi paladar, Y me has puesto en el polvo de la muerte. Porque perros me han rodeado; Me ha cercado cuadrilla de malignos; Horadaron mis manos y mis pies. Contar puedo todos mis huesos; Entre tanto, ellos me miran y me observan. Repartieron entre sí mis vestidos, Y sobre mi ropa echaron suertes. Mas tú, Jehová, no te alejes; Fortaleza mía, apresúrate a socorrerme. Libra de la espada mi alma, Del poder del perro mi vida. Sálvame de la boca del león, Y líbrame de los cuernos de los búfalos.

Cuando uno lee y medita este salmo puede recibir como un pequeño destello de lo que estaba pasando Jesucristo en ese momento, cómo la Ira de Dios lo estaba sofocando al grado de estallarle el corazón.

Para los que niegan la doctrina de la sustitución indagar en este punto es escribir una triste poesía, ellos no aceptan las palabras, así lo quiso Dios, es un misterio, es por Fe, para estos hombres esto no tiene valor alguno.

¿Por quien murió Jesucristo?

 Por los pecadores entre ellos, nosotros.

 “Mas Dios muestra su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros.” (Romanos 5.8, RVR60)

Porque Cristo, cuando aún éramos débiles, a su tiempo murió por los impíos.” (Romanos 5.6, RVR60)

Dios los bendiga.

Para tener un estudio mucho mas completo puede leer:

B. B. Warfield

Es lamentable que Warfield, el teólogo más grande del pasado reciente, no escribiera una teología sistemática. Sus escritos sobre el tema de la expiación, y otros, tienen que ser buscados en las dos colecciones disponibles, aunque incompletas, de sus artículos. Su libro The Lord of Glory [El Señor de la Gloria, 1907], ha sido reimpreso por Editorial Zondervan. La obra constituye un estudio magnífico sobre la persona y las naturalezas de Cristo, pero toca la expiación sólo en forma indirecta. Su pequeño libro, The Plan of Salvation [El plan de salvación], edición revisada, fue publicado por Eerdmans en 1942.

El principal aporte de Warfield al estudio de la doctrina de la expiación reside en su investigación de los términos empleados por los escritores de la Escritura al presentar la obra expiatoria de Cristo. El lector bien puede empezar con el artículo titulado «The New Testament Terminology of “Redemption”» [La terminología neotestamentaria de la “redención”]. Junto con este, el lector debe estudiar los artículos de Warfield: «Redeemer and Redemption» [El Redentor y la redención] y «Christ our Sacrifice» [Cristo nuestro sacrificio], hallándose ambos tanto en Biblical Doctrines [Doctrinas bíblicas], Oxford Press Warfield, como en Person and Work of Christ [Persona y obra de Cristo], Presbyterian and Reformed Publishing Co. Sugiero la lectura de los artículos «Atonement» [Expiación], y «Modern Theories of the Atonement» [Teorías modernas de la expiación]. Ambos se encuentran en los tomos ya mencionados.

Los escritos de Warfield se caracterizan por la amplitud de su perspectiva histórica, la exactitud escrupulosa en los detalles de la evidencia, y la claridad de su presentación. Ha probado sin duda alguna que la terminología usada por los escritores del Nuevo Testamento al presentar la obra expiatoria de Cristo se puede entender solo en el sentido de la doctrina de la expiación sustitutiva.

 A.A. Hodge

La obra The Atonement [La expiación] por Archibald Alexander Hodge (hijo de Charles Hodge), publicado originalmente en 1867, fue reimpreso por Editorial Eerdmans. Escrito desde el punto de vista doctrinal sistemático, es abundante en datos exegéticos tanto como históricos. Su capítulo 3: «Definición de los términos, y especificación de los puntos principales envueltos en la doctrina ortodoxa de la expiación», anticipa muchas de las conclusiones más detalladas de Warfield.

 Charles Hodge

En Systematic Theology, del autor Charles Hodge, el lector encontrará un resumen breve pero muy satisfactorio de los datos exegéticos que establecen el punto de vista sustitutivo. Su exégesis es especialmente abundante en el capítulo 53 de Isaías, y en pasajes del Nuevo Testamento como Romanos 3:24, Hebreos 10:10, 1 Juan 2:2 y 1 Pedro 2:24.

 T.J. Crawford

La presentación más satisfactoria y extensa así como el estudio exegético más completo de la doctrina bíblica de la expiación es la gran obra de Crawford: The Doctrine of Holy Scripture Respecting the Atonement [La doctrina de la Sagrada Escritura en cuanto a la expiación]. En la primera parte de su obra, Crawford dedica más de 200 páginas a la exégesis detallada de los modos de presentar la expiación en el Nuevo Testamento. «Los sacrificios patriarcales y su significado para la doctrina de la expiación» es la última sección de la exégesis del Antiguo Testamento de Crawford.

Buswell, J. O., Jr. (1983). Teología sistemática, tomo 3, Jesucristo y el plan de salvación (510–511). Miami, Florida: LOGOI, Inc.

Strong, J. (2002). Nueva concordancia Strong exhaustiva: Diccionario (61). Nashville, TN: Caribe.

Chávez, M. (1992). Diccionario de hebreo bı́blico (1. ed.) (292). El Paso, Tx: Editorial Mundo Hispano.

Vine, W. (1999). Vine diccionario expositivo de palabras del Antiguo y del Nuevo Testamento exhaustivo (electronic ed.). Nashville: Editorial Caribe.

Bibliografia.

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Hoff, P. (1978). El Pentateuco (200). Miami, FL: Editorial Vida.

Jamieson, R., Fausset, A. R., & Brown, D. (2003). Comentario exegético y explicativo de la Biblia – tomo 1: El Antiguo Testamento (107–108). El Paso, TX: Casa Bautista de Publicaciones.

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Carro, D., Poe, J. T., Zorzoli, R. O., & Editorial Mundo Hispano (El Paso, T. (1993-). Comentario bı́blico mundo hispano Levitico, Numeros, y Deuteronomio (1. ed.) (99). El Paso, TX: Editorial Mundo Hispano.

Henry, M., & Lacueva, F. (1999). Comentario Bı́blico de Matthew Henry (129). 08224 TERRASSA (Barcelona): Editorial CLIE.

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MacArthur, J. (1997). Biblia de Estudio MacArthur (Mt 26.39). Nashville, TN: Thomas Nelson.


6 comentarios on “¿Por que murió el Autor de la Vida? !!!”

  1. Margarita dice:

    Muchas gracias por este estudio tan completo y profundo. Dios los bendiga por la labor tan maravillosa que hacen por este medio. Se que como yo, muchos nos hemos beneficiado de ella.

    Pido a Dios los bendiga todos los días para que puedan seguir expandiendo el Reino de Dios.

    Los feliciio.

  2. Manuel dice:

    Sin duda el conocer la respuesta a esta pregunta nos cambia la vida presente y futura..
    Gracias por tomarte el tiempo de compartir este estudio.
    Dios te bendice Hermano.

  3. Zuly Guainia dice:

    Dios bendiga grandemente, a todas las personas que por medio de esta pagina, nos llevan a nuestros hogares, la palabra del Señor, para mi es un Gozo leer estos mensajes, es un bello tesoro, Reciban un fuerte abrazo, Zuly


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