Denunciando el Universalismo

Denunciando el Universalismo

Por:  J. Oswald Sanders

No es nuestro propósito tratar exhaustivamente las doctrinas del universalismo, pero no podemos evitar referirnos al tema pues en algunos aspectos afecta lo que estamos considerando, especialmente en cuanto a la evangelización de los paganos. Sin duda hay diversos puntos de vista dentro del campo del universalismo, pero todos sostienen en común que finalmente, ya que Dios es amor, ese amor triunfará sobre su ira, y todo ser humano estará comprendido dentro de ese amor. No pueden aceptar que millones de almas creadas a la imagen de Dios puedan finalmente estar apartados de Él. Si existe tal cosa como la ira de un Dios enojado debe ser temporaria. El doctor C.H. Dodd, destacado erudito bíblico lo expresa muy claramente en The Bible Today (La Biblia hoy): “Así como todo ser humano yace bajo el juicio de Dios, también todo ser humano en última instancia está destinado, en su misericordia, a la vida eterna”.

En el campo de las misiones el universalismo se define en las palabras de D.T. Niles cuando dijo que Cristo ya había redimido a todo el mundo, y que un día Él recogerá todo el mundo a Sí mismo. Pero hasta que lo haga hay algunos que viven en rebelión, no sabiendo que le pertenecen a Él o de que Él los ha redimido. Comparó a aquellos que no tienen a Cristo con los japoneses en islas remotas que seguían peleando después de que la Segunda Guerra Mundial había cesado, porque no se habían enterado de que la misma había finalizado. Al dirigirse a la Convención Bautista Americana el doctor Niles dijo que todos los hombres están dentro del ministerio de Jesucristo, lo acepten o no. Afirmó que la pregunta: ¿Eres salvo?, jamás se formula en el Nuevo Testamento, y que sólo se pregunta: ¿Sabes que Jesucristo es tu Salvador? Jesús es Señor aunque el hombre no lo sepa, lo crea o no lo crea.

Ninguno negaría que Cristo es en potencia el Salvador de todos los hombres en virtud del hecho que Él hizo la propiciación por los pecados de todo el mundo en la cruz. Pero a través de toda la Escritura se sostiene que la salvación que Él hizo posible sólo se efectiviza en respuesta a una fe viva (cp. Ef. 2:8).

Las implicaciones de esta doctrina universalista son claras. Si es verdad que todos los hombres en realidad han sido redimidos, entonces la tarea del evangelista no es ganarles para Cristo sino informarles que están redimidos para que comiencen a vivir de acuerdo con esa redención. La antigua idea de que la tarea del misionero era llevar a Cristo a la India y a la China ya no tiene validez pues Cristo ya está allí, puesto que es el Salvador universal. El privilegio y la responsabilidad del misionero es anunciar el señorío universal de Cristo, y desafiar a los hombres que lo reconozcan en sus vidas. Aquellos que lo hacen en esta vida comienzan a disfrutar en la tierra de las recompensas de pertenecer a Dios. Los demás que no gozan de estas bendiciones en la tierra por no haber oído de Cristo en este mundo, recibirán los beneficios después de la tumba.

Hay unas cuantas Escrituras en que los universalistas se basan y debemos admitir que algunas de ellas a prima facie, y otras por estar divorciadas de su contexto, dan algún apoyo a su posición. Nels F.S. Ferre que se auto-denomina universalista, sostiene que su punto de vista “se basa en la más profunda y fuerte lógica de la Biblia”. Para sustentar su declaración cita versículos como 1 Timoteo 2:3, 4; 4:10; Lucas 1:37; Romanos 2:12; 1 Corintios 1:18; Tito 2:11; Colosenses 1:20; Juan 12:32; Hechos 3:21; 2 Pedro 3:9; 1 Corintios 15:22, 28; 2 Corintios 5:19; 1 Juan 2:2. No nos proponemos aquí procurar combatir la interpretación universalista de estos versículos sino sólo decir que en cada caso hay una interpretación que refuta tal punto de vista. Pueden consultarse comentarios confiables para encontrar estas interpretaciones. Sin embargo, sí daremos algunas consideraciones para demostrar que el universalismo no está en armonía con las enseñanzas de las Escrituras.

Virtualmente niega toda la verdadera libertad de la voluntad humana

Si, como arguye Nels Ferre, el amor radical de Dios perseguirá a todo hombre hasta que lo redima, ¿dónde cabe el libre albedrío? El amor que no es voluntario no es en verdad amor. ¿No forma parte de la dignidad intrínseca del hombre el poder decir: “No”, aun al omnipotente Dios? Sostener que al final la omnipotencia de Dios prevalecerá sobre la reticencia o la negativa del hombre equivale a quitarle su libre albedrío. Deja de ser hombre y se transforma en robot.

Niega la autoridad de la Palabra viva y escrita

En las palabras de J.H. Newman en su Apología, el universalismo “comete el error de someter al juicio humano aquellas doctrinas reveladas que por su naturaleza están fuera de su esfera e independientes de él, y de pretender determinar sobre una base intrínseca la verdad y el valor de las proposiciones que sólo pueden ser recibidas mediante la autoridad externa de la Palabra divina”. Grandes porciones de las Escrituras y sobre todo las enseñanzas de nuestro Señor están totalmente en contra del universalismo. A través de la Biblia hay un consecuente contraste trazado entre el bien y el mal, entre la vida y la muerte eterna, la luz y las tinieblas, los justos y los malvados, los salvados y los perdidos, las ovejas y las cabras, los condenados y los liberados, el cielo y el infierno. Los contrastes son blancos y negros sin un atisbo siquiera del gris neutral del universalismo.

También enseña que hay una separación final e irremediable entre los perdidos y los salvados (Mt. 7:13), y entre las ovejas y las cabras (Mt. 25:32, 46). Aquellos cuyos nombres no se hallaron escritos en el libro de la vida fueron echados en el lago de fuego que perdura para siempre (Ap. 20:10–15). Estas Escrituras y otras enseñan acerca de una definida y final separación entre los redimidos y los perdidos. Procuremos reconciliar las doctrinas del universalismo con pasajes tales como Mateo 25:41; 13:41, 42; 2 Tesalonicenses 1:8, 9; 2 Pedro 2:9; Apocalipsis 14:9–11. ¿Qué significa la “gran sima” de Lucas 16:26? ¿Qué significado tiene la declaración de Jesús: “Estrecha es la puerta, y angosto el camino que lleva a la vida, y pocos son los que la hallan” (Mt. 7:14)? ¿Por qué la imperiosa necesidad del nuevo nacimiento si todos serán salvos de todos modos (Jn. 3:3)? ¿Qué respuesta hay a la solemne aseveración de Mateo 12:32: “Al que hable contra el Espíritu Santo, no le será perdonado, ni en este siglo ni en el venidero”? Estas son algunas de las dificultades que confrontan al universalismo, si no se impugnan la autoridad de Cristo y de las Escrituras.

Minimiza la gravedad del pecado

Desde Génesis 3 a Apocalipsis 22 se enfatiza la gravedad del pecado. Dios lo considera tan serio que la única manera en que Él pudo contrarrestar sus efectos funestos era entregando a su Hijo a la agonía y a la vergonzosa muerte de la cruz. Si todos los hombres tienen el mismo fin en la vida venidera, si la recompensa del ateísmo es la misma que la de la santidad, ¿qué incentivo hay a vivir una vida santa? ¿Qué objeto tienen las reiteradas advertencias sobre la paga del pecado? La muerte deja de ser un castigo a la transgresión de la ley de Dios y se torna en un portal deseable al gozo celestial. Una de las tendencias más graves del universalismo es la de contribuir a que el hombre considere livianamente al pecado.

Le quita valor a la enseñanza bíblica sobre el juicio final

Si todos están redimidos y sólo necesitan que se les informe al respecto, ¿qué objeto tiene el juicio final enseñado tan claramente en el Nuevo Testamento, en pasajes tales como Mateo 25:31, 32; 2 Corintios 5:10; Hebreos 9:27; 2 Pedro 2:9; Judas 14, 15? ¿No será, como alguien ha sugerido, más bien la absolución final y no el juicio final? ¿No constituye una parodia de justicia?

“Los efectos del universalismo en un servicio fúnebre serán muy llamativos”, sugiere A.C. Webster. “Ya sea los funerales de Nerón o de San Pablo, de Eichman o Schweitzer, de Hitler o de Niemoller, de un agnóstico o de San Agustín, de un ateo o de Atanasio, de Judas o de Santiago, a todos por igual se los podrá encomendar a ‘la segura y certera esperanza de la resurrección de los muertos para vida eterna por medio de Jesucristo nuestro Señor’.”

Le quita urgencia a la predicación evangélica y un poderoso movil al servicio misionero

Si el universalismo es verdad y todos los hombres finalmente serán salvos, a pesar de lo que hagan o dejen de hacer, ¿qué cabida tendrían las palabras de San Pablo quien a la luz del juicio venidero dijo: “Conociendo, pues, el temor del Señor, persuadimos a los hombres” (2 Co. 5:11)? ¿Dónde está el temor en su mensaje? Si la salvación está disponible después de la muerte, ¿por qué la nota de urgencia y advertencia en pasajes tales como 2 Corintios 5:10; Hebreos 4:7; 10:27–29? ¿Qué necesidad hay de embarcarnos en un programa misionero costoso y sacrificado? ¿No será que esta doctrina tenderá a impulsar a los hombres a especular con sus almas?

Estos son algunos de los efectos nocivos de la doctrina universalista que se proclama desde los púlpitos de muchos teólogos liberales en la actualidad. Necesitamos un renovado énfasis sobre la enseñanza de las Escrituras en el sentido de que el hombre sin Cristo está perdido.

Sanders, J. Oswald. ¿Están Perdidos?. London: Ediciones Hebron, 1984.


¿Quién decía ser Jesús?

¿Quién decía ser Jesús?

Por:  Norman Geisler / Ron Brooks

 Dijo ser Jehová (Yavé—YHWH)

Jehová—o propiamente, Yavé—, es el nombre especial dado por Dios para sí mismo. En el Antiguo Testamento hebreo se escribe simplemente con cuatro letras (YHWH) y era considerado tan santo que el judío pío no lo pronunciaba. Aquellos que lo escribían tenían que realizar, primero, una ceremonia especial.; YHWH es el nombre revelado a Moisés, cuando Dios dijo: «YO SOY EL QUE SOY» (Éxodo 3:14), y su significado tiene que ver con la autoexistencia de Dios. YHWH solo se emplea para referirse al único Dios verdadero, aunque hay otros títulos dados a Dios que pueden usarse respecto a los hombres (adonai, en Génesis 18:12) o falsos dioses (elohim, en Deuteronomio 6:14). Solo sería adorado o servido (Éxodo 20:5) y su nombre y gloria no se le daban a nadie más. Isaías escribió: «Así dice Jehová: Yo soy el primero, y yo soy el postrero, y fuera de mí no hay Dios. Yo Jehová; este es mi nombre; y a otro no daré mi gloria, ni mi alabanza a esculturas» (Isaías 44:6; 42:8).

No es extraño entonces, a la luz de esto, que los judíos tomaran piedras y acusaran a Jesús de blasfemar cuando afirmó ser YHWH. Él dijo: «Yo soy el buen pastor» (Juan 10:11), pero el Antiguo Testamento decía: «Jehová es mi pastor» (23:1).

Jesús proclamó ser el juez de todos los hombres (Mateo 25:31; Juan 5:27), pero el profeta Joel cita a Jehová que dice: «Me sentaré para juzgar a todas las naciones de alrededor» (Joel 3:12).

Jesús oró: «Ahora pues, Padre, glorifícame tú para contigo, con aquella gloria que tuve contigo antes que el mundo fuese» (Juan 17:5). Pero Jehová del Antiguo Testamento dijo: «Y a otro no daré mi gloria» (Isaías 42:8).

De igual manera, Jesús se llamó «el novio» (Mateo 25:1) cuando el Antiguo Testamento identifica de esa manera a Jehová (Isaías 62:5; Oseas 2:16). El Cristo resucitado dice lo mismo que Jehová en Isaías 44:6: «Yo soy el primero, y yo soy el postrero» (Apocalipsis 1:17).

El salmista declara: «Jehová es mi luz» (Salmo 27:1), y Jesús dice: «Yo soy la luz del mundo» (Juan 8:12).

Quizá la más fuerte expresión de Jesús proclamando ser Jehová es: «Antes que Abraham fuese, yo soy» (Juan 8:58). Esta expresión proclama no solo existir antes que Abraham, sino igualdad con el «YO SOY» de Éxodo 3:14.

Declaraciones de Jesús

Ser Jehová—Juan 8:58

Igualdad con Dios—Juan 5:18

Ser el Mesías—Marcos 14:61–64

Aceptar adoración—Mateo 28:17

Igual autoridad con Dios—Mateo 28:18

Orar en Su nombre—Juan 14:13, 14

Los judíos que lo rodeaban comprendieron claramente lo que quiso decir, y recogieron piedras para matarlo por blasfemo (Juan 8:58; 10:31–33). Lo mismo se manifiesta en Marcos 14:62 y Juan 18:5, 6.

Dijo ser igual a Dios

Jesús también proclamaba ser igual a Dios en otros aspectos. No solo asumió los títulos de la Deidad, sino que reclamó para sí mismo las prerrogativas de Dios. A un paralítico le dijo: «Hijo, tus pecados te son perdonados» (Marcos 2:5).

Los escribas respondieron correctamente: «¿Quién puede perdonar pecados sino solo Dios?» Así que, para probar que su proclama no era una vana jactancia, sanó al paralítico, ofreciendo la prueba directa que también era verdad lo que había dicho en cuanto a perdonar pecados.

Otra prerrogativa que Jesús reclamó fue el poder de levantar y juzgar a los muertos: «De cierto, de cierto os digo: Viene la hora, y ahora es, cuando los muertos oirán la voz del Hijo de Dios; y los que la oyeren vivirán … y los que hicieron lo bueno saldrán a resurrección de vida; mas los que hicieron lo malo, a resurrección de condenación» (Juan 5:25–29).

Jesús eliminó toda duda que pudiera haber al respecto cuando agregó: «Porque como el Padre levanta a los muertos, y les da vida, así también el Hijo a los que quiere da vida» (Juan 5:21).

El Antiguo Testamento enseña que solamente Dios era el dador de la vida (1 Samuel 2:6; Deuteronomio 32:39); que levantaba a los muertos (1 Samuel 2:6; Salmo 49:15), y el único Juez (Joel 3:12; Deuteronomio 32:35). Jesús asume osadamente poderes que solo Dios tiene.

También proclamó que sería honrado como Dios; dijo que «todos honren al Hijo como honran al Padre. El que no honra al Hijo, no honra al Padre que le envió» (Juan 5:23).

Los judíos que escuchaban sabían que nadie debía proclamar ser igual a Dios de esa manera y, nuevamente, procuraron matarlo (v. 18).

Dijo ser el Dios-Mesías

La doctrina del Antiguo Testamento es clara en cuanto al Mesías que viene a liberar a Israel enseñando que es Dios mismo. Cuando Jesús afirmo ser ese Mesías, estaba proclamando que era Dios. Por ejemplo, el famoso canto navideño (Isaías 9:6) llama al Mesías «Dios fuerte, Padre eterno».

¿Qué es el «Mesías»?

La palabra «Mesías» viene del vocablo hebreo que significa «El ungido». En sentido general, se usó en cuanto a Ciro el persa (Isaías 45:1), y el rey de Israel (1 Samuel 26:11). Tras la muerte de David, Israel empezó a buscar un rey que se le pareciera debido a la promesa de 2 Samuel 7:12–16, pero las profecías de un venidero Salvador-Profeta-Rey se remontan a Génesis 3:15 y Deuteronomio 18. Muchos pasajes describen al venidero Rey del cual se dice será de la simiente de David (Jeremías 33), y nacerá en Belén (Miqueas 5:2). Sus hechos incluirían dar vista al ciego, liberar cautivos, proclamar el evangelio (Isaías 61:1). Su reino se describe en Zacarías 9 y 12. En el período intertestamentario, surgieron dos ideas en cuanto al Mesías, una política y la otra espiritual, conceptos ambos que se esperaban encontrar en la misma Persona.

El salmista escribió del Mesías: «Tu trono, oh Dios, es eterno y para siempre» (Salmo 45:6; Hebreos 1:8).

El Salmo 110:1 registra una conversación entre el Padre y el Hijo: «Jehová dijo a mi Señor: Siéntate a mi diestra, hasta que ponga a tus enemigos por estrado de tus pies».

Jesús se aplica este pasaje en Mateo 22:43, 44. El Hijo del Hombre es llamado el «Anciano de Días» en la gran profecía mesiánica de Daniel (7:22). Frase usada dos veces en el mismo pasaje respecto a Dios Padre (vv. 9, 13). El título «Hijo del Hombre» fue la manera preferida de Jesús para referirse a sí mismo durante todo su ministerio, en clara alusión a este pasaje que citó directamente en su juicio ante el sumo sacerdote, que preguntaba: «¿Eres tú el Cristo, el Hijo del Dios Bendito?» «Y Jesús dijo: Yo soy; y veréis al Hijo del Hombre sentado a la diestra del poder de Dios, y viniendo en las nubes del cielo. Entonces el sumo sacerdote, rasgando su vestidura, dijo: ¿Qué más necesidad tenemos de testigos? Habéis oído la blasfemia» (Marcos 14:61–64).

No hubo duda que al proclamarse Mesías, también se proclamaba Dios.

Dijo aceptar adoración

El Antiguo Testamento prohíbe adorar a alguien que no sea Dios (Éxodo 20:1–5; Deuteronomio 5:6–9). El Nuevo concuerda con eso y demuestra que los hombres rehusaron adorar (Hechos 14:15), como lo hicieron los ángeles (Apocalipsis 22:8, 9). Pero Jesús aceptó la adoración en numerosas ocasiones. Un leproso sanado lo adoró (Mateo 8:2), y un gobernante se arrodilló ante Él para pedirle algo (9:18). Después de calmar el viento, «Entonces los que estaban en la barca vinieron y le adoraron, diciendo: Verdaderamente eres Hijo de Dios» (Mateo 14:33).

Un grupo de mujeres cananitas (15:25), la madre de Santiago y Juan (20:20), el endemoniado gadareno (Marcos 5:6), todos, adoraron a Jesús sin que Él emitiera una palabra de reprensión (Apocalipsis 22:8, 9). Un ciego dijo: «Creo, Señor; y le adoró» (Juan 9:38).

Cristo suscitó más adoración en algunos casos. Por ejemplo, cuando Tomás vio que Cristo había resucitado exclamó: «¡Señor mío, y Dios mío!» (20:28). Esto solo podía hacerlo una Persona que se considerara seriamente Dios.

Dijo tener igual autoridad que Dios

Jesús puso sus palabras a la par de las de Dios, como cuando repitió muchas veces: «Oísteis que fue dicho a los antiguos … pero yo os digo» (Mateo 5:21, 22). «Toda potestad me es dada en el cielo y en la tierra. Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones» (Mateo 28:18, 19).

Dios le dio los Diez Mandamientos a Moisés, pero Jesús dijo: «Un mandamiento nuevo os doy: Que os améis unos a otros» (Juan 13:34).

Jesús afirmó: «Porque de cierto os digo que hasta que pasen el cielo y la tierra, ni una jota ni una tilde pasará de la ley, hasta que todo se haya cumplido» (Mateo 5:18).

Y, más adelante, refiriéndose a sus propias palabras, Jesús dijo: «El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán» (Mateo 24:35).

Hablando de quienes lo rechazan, Jesús dijo: «La palabra que he hablado, ella le juzgará en el día postrero» (Juan 12:48).

No hay duda posible de que Jesús esperaba que sus palabras tuvieran igual autoridad que las declaraciones de Dios en el Antiguo Testamento.

Dijo que oráramos en Su nombre

Jesús no se limitó tan solo a pedirles a los hombres que creyeran en Él y obedecieran sus mandamientos, sino que también les pidió que oraran en su nombre: «Y todo lo que pidiereis … en mi nombre, yo lo haré» (Juan 14:13, 14). «Si permanecéis en mí, y mis palabras permanecen en vosotros, pedid todo lo que queréis, y os será hecho» (15:7)

Jesús mismo insistió: «nadie viene al Padre, sino por mí» (14:6). Respondiendo a esto, los discípulos no solo oraban en el nombre de Jesús (1 Corintios 5:4), sino que oraban a Cristo (Hechos 7:59). Ciertamente Cristo quiso que su nombre fuera invocado en oración tanto ante Dios y como Dios.

Así, Jesús proclamó en diversas formas ser Dios. Reclamó igualdad a Dios en materia de prerrogativas, honor, adoración y autoridad. Dijo ser el Jehová del Antiguo Testamento, aplicándose las verdades relativas a Jehová y afirmando ser el prometido Mesías. Por último, se declaró como la única manera de acercarse a Dios y pidió que orarán a Él como Dios.

Las reacciones de los judíos que lo rodeaban muestran que entendieron claramente esas cosas, las cuales calificaron de blasfemas, puesto que las formulaba un simple hombre. Cualquier observador desprejuiciado que estudie este registro de las enseñanzas de Jesús, históricamente confiable, debe concordar en que Él proclamó ser igual a Jehová en le Antiguo Testamento.

Fuente: Geisler, Norman, and Ron Brooks. Apologética: Herramientas Valiosas Para La Defensa De La Fe. Miami, FL: Editorial Unilit, 1997.


¿Según los Mayas, el 2012 es el fin del mundo?

¿Según los Mayas, el 2012 es el fin del mundo?

No. Los antiguos mayas ‘en ningún texto dejaron escrito que en 2012 sería el fin del mundo, porque incluso manejaron fechas posteriores a ese año’, sostuvo el epigrafista Carlos Pallán Gayol, del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH).

Lo anterior lo dijo Pallán ante la proximidad del año 2012, fecha alrededor de la cual diversos sectores de la población mundial especulan acerca de una ‘transformación profunda’ de la humanidad, e inclusive sobre su fin.

De acuerdo con el director del Acervo Jeroglífico e Iconográfico Maya (Ajimaya) del INAH, tal creencia es moderna y su origen puede rastrearse a la década de los 70 del siglo XX, con las primeras publicaciones de carácter esotérico en las que se ‘pronostica’ el término de la civilización humana.

Ello coincide con el décimo tercer ciclo BÆakÆtun en la cuenta larga del calendario maya, que correspondería al 21 de diciembre de 2012.

De los aproximadamente 15 mil textos glíficos registrados hasta ahora y que han sido localizados a lo largo del tiempo en distintos sitios del área maya, únicamente en dos inscripciones existe la mención del año 2012, puntualizó el también arqueólogo, quien imparte el curso sobre ‘Mitología y Religión Maya del Periodo Clásico’, en la Escuela Nacional de Antropología e Historia (ENAH).

Conforme la correlación GMT + 2 (Goodman-Martínez-Thompson, más dos días) que utilizan los epigrafistas para convertir las fechas mayas al calendario gregoriano, la fecha exacta sería el 23 de diciembre de 2012 y no el día 21.

Esta se halla registrada en el Monumento 6 de Tortuguero y en un fragmento encontrado en Comalcalco, ambas zonas arqueológicas de Tabasco y relativamente cercanas entre sí.

Para Pallán es importante contextualizar estos testimonios arqueológicos. De esa manera, en la inscripción de Tortuguero se alude a una fecha contemporánea a quienes hicieron el monumento en el siglo VII d.C., y de repente, en el texto jeroglífico, se emplea lo que se llama un número de distancia que nos lleva 13 siglos adelante, al 21 de diciembre de 2012.

Ahora, ¿qué nos dice el Monumento 6 que va a ocurrir en esa fecha?, lo que nos dicen explícitamente es que va a concluir un periodo. Los mayas siempre celebraban los finales de periodo como hoy en día festejamos los aniversarios: los lustros, las décadas, el centenario o el bicentenario de un hecho histórico, pero eso no quiere decir que se vaya a acabar el mundo’, expresó Pallán.

A diferencia de las sociedades modernas -comentó Pallán, investigador de la Coordinación Nacional de Arqueología del INAH-, para los antiguos mayas el tiempo no era algo abstracto, estaba conformado por ciclos y éstos a veces eran tan concretos que tenían nombre y se podían personificar mediante retratos de seres animados, por ejemplo, el ciclo de 400 años estaba representado como un ave mitológica.

Más que una obsesión por el tiempo, los mayas se preocupaban por efectuar rituales que de algún modo garantizaran que el ciclo por venir sería propicio. ‘Para el caso particular de la mención de 2012, sí se nota cierta insistencia en que aún en fecha tan distante se va a conmemorar un determinado ciclo calendárico. Este ha sido el meollo de la confusión.

Algunas veces se han dicho cosas tan absurdas como que los antiguos mayas no conocían más allá de este ciclo o que una vez llegado este periodo el tiempo se acabaría. Ellos (los mayas) usaban ciclos gigantescos, inclusive de miles de millones de años por medio del sistema de la cuenta larga y que también era común para otras culturas de Mesoamérica como la istmeña o mixe-zoque’, precisó.

Lo esencial es que los mayas jamás mencionan que se vaya a acabar el mundo, ni el tiempo’, subrayó.

Abundó que en este mismo sentido, el pasaje concreto del Monumento 6 de Tortuguero es muy breve y simplemente dice que una vez que se cumpla el décimotercero BÆakÆtun, el 23 de diciembre de 2012, descenderá del cielo Bolon YokteÆ KÆu, es decir, el dios ùo diosesù de los Nueve Pilares

Lo anterior, señaló, no debe interpretarse como un evento catastrófico, pues los mayas manejaron fechas posteriores a 2012. Incluso en el Templo de las Inscripciones de Palenque se mencionan fechas que ocurren más de dos mil años después, es decir, en 4772.

Ellos (los mayas) jamás pensaron que el tiempo terminaría en nuestra época, lo que nos refleja la conciencia que alcanzaron sobre el tiempo, a partir del desarrollo matemático y de la escritura, añadió.

Al saber esto, algunas personas se decepcionan porque suponían que los antiguos mayas nos habrían dejado mayores datos para interpretar nuestra actualidad, pero en general eran muy concisos, incluso para referirse a eventos de su tiempo, adujo.

Uno de los intereses de los mayas era legitimar su poder mediante calendarios, y vinculaban a quienes gobernaban con algo más grande, ya fuera con dioses que habían nacido años atrás o bien con complejas narrativas míticas.

México, 6 Jul. (Notimex).

Veamos que nos dice Jesucristo de este tema…

¡Mirad que nadie os engañe!!

Señales antes del fin

(Mt. 24.3-28; Lc. 21.7-24; 17.22-24)

Marcos 13:3 Y se sentó en el monte de los Olivos, frente al templo. Y Pedro, Jacobo, Juan y Andrés le preguntaron aparte: 4Dinos, ¿cuándo serán estas cosas? ¿Y qué señal habrá cuando todas estas cosas hayan de cumplirse? 5Jesús, respondiéndoles, comenzó a decir: Mirad que nadie os engañe;

Marcos 13:31 El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán. 32Pero de aquel día y de la hora nadie sabe, ni aun los ángeles que están en el cielo, ni el Hijo, sino el Padre. 33Mirad, velad y orad; porque no sabéis cuándo será el tiempo.

Pues ya saben mis queridos hermanos, si alguien viene y les cuenta que un ángel se le apareció y le dijo “audiblemente”, el fin del mundo es en x fecha recomiéndele leer la Palabra.

¿Quiénes han creído esta farsa inventada por Hollywood? Los amantes del ocultismo, desde masones hasta simples brujas que leen las cartas, los ignorantes del movimiento de la Nueva Era, muchos otros que son educados por la tele.

Publicado por Pastor: Damián Ayala


El calvinismo extremo. ¿Tenemos que nacer de nuevo para poder creer?

El calvinismo extremo. ¿Tenemos que nacer de nuevo para poder creer?

El pasaje principal acerca del Nuevo Nacimiento es Juan 3. En los versículos 1-8Jesús le enseña a Nicodemo de que él debía nacer de nuevo, o no podría ver el reino de Dios. En el versículo 9, Nicodemo le pregunta a Jesús cómo puede ser esto. En los versículos 10-21, Jesús responde a esta pregunta y explica cómo un hombre nace de nuevo, ¡y la respuesta es que nace de nuevo por creer! (Jn. 3:14-16).Esto es exactamente lo que los calvinistas dicen que el pecador no puede hacer. ¿Cómo puede un hombre muerto creer?, razonan.

Bueno, si vamos a tomar la analogía del “hombre muerto” literalmente, un hombre muerto tampoco puede pecar. Efe_2:1 Y él os dio vida a vosotros, cuando estabais muertos en vuestros delitos y pecados,

Cuando la Biblia dice que el pecador está muerto en delitos y pecados significa que está separado de la vida divina de Dios debido al pecado. Llevar esta analogíamás allá de la enseñanza real de la Biblia y darle “otros significado”s, como razonar que dado que el pecador está muerto en delitos y pecados no debe ser capaz de creer, es pasar de la verdad a la herejía.

La doctrina de la total depravación del hombre ha sido distorsionada por los Calvinistas extremos, lo cual ha resultado en un entendimiento equivocado de la incapacidad del hombre.

El carcelero Filipense preguntó en una oportunidad, ¿QUÉ DEBO HACER PARA SER SALVO? (Hechos 16:30-31 y comparar Hechos 2:37-38). Algunos Calvinistas extremos, si hubiesen estado en el lugar de Pablo, habrían respondido como sigue: ¿Qué tienes que hacer para ser salvo? ¡Nada! ¡Absolutamente nada! ¡Tú estás espiritualmente MUERTO y eres totalmente incapaz de responder a Dios hasta que seas regenerado!

Los Calvinistas extremos enseñan que la regeneración tiene que preceder a la fe y que una persona tiene que nacer de nuevo antes de que pueda creer. Ellos dirían que una persona tiene que tener vida eterna antes de que pueda creer, porque una persona que está muerta en pecados es incapaz de creer.

Ellos enseñan la fe sin regeneración, es imposible!!. Tal enseñanza les parece lógica y razonable basados en el sistema teológico que han adoptado. Pero, “¿QUÉ DICEN LAS ESCRITURAS?

La Biblia enseña claramente lo siguiente: ¡CREE Y SERÁS SALVO! “De cierto, de cierto os digo: El que cree en Mí, tiene vida eterna” (Juan 6:47). “Para que todo aquel que en ÉL cree, no se pierda, mas tenga vida eterna” (Juan 3:15). El Calvinista extremo dice, “¡VIVE Y CREERÁS!” Ruego notar que Juan 1:12 NO dice esto: “Pero a todos los que han sido regenerados, a ellos les dio poder para creer en Su Nombre, y ser hechos hijos de Dios.”SI DICE: Jua 1:12 Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios;Note también que Juan 20:31 dice, “para que creyendo, tengáis vida en Su Nombre”. No dice, “para que teniendo vida, podáis creer”. En su condición desvalida y sin esperanza, al pecador se le dice que MIRE al Señor Jesucristo Y VIVA (Juan 3:14-16). (Cantamos el himno “mira a Cristo y vivirás”. El Calvinista extremo debería cambiar las palabras a “VIVE Y MIRA”).

Asumamos por un momento que lo que dice el Calvinista extremo es verdad. Si la regeneración precede a la fe, entonces ¿que tiene que hacer el pecador para ser regenerado? El Calvinista extremo nunca ha respondido satisfactoriamente a esto.

La respuesta de Shedd es típica: Puesto que el pecador no puede creer, él es instruido a cumplir con los siguientes deberes: (1) Leer y escuchar la Palabra divina. (2) Aplicar seriamente la mente a la verdad. (3) Orar por el don del Espíritu Santo para convicción y regeneración. (W.G.T. Shedd, Dogmatic Theology).

La respuesta de Roy Aldrich a ésto es incisiva: “Una doctrina de total depravación que excluye la posibilidad de la fe también tiene que excluir la posibilidad de “oír la palabra”, “dedicarse seriamente a la verdad divina” y “orar por el Espíritu Santo para convicción y regeneración”.

La tragedia de esta posición es que pervierte el evangelio. Al pecador se le dice que la condición para ser salvo es la oración en vez de la fe. Cuán contrario es ésto a Hechos 16:31. Al pecador no se le dice que ore por convicción y regeneración. Al pecador se le dice que crea en el Señor Jesucristo.

 

Dios los bendiga.