Lo Absurdo de la Vida sin Dios

Lo Absurdo de la Vida sin Dios

Por: William Lane Craig

El hombre moderno pensó que al librarse de Dios, se había librado de todo aquello que lo reprimía y ahogaba. Sin embargo, descubrió que al matar a Dios, se había dado muerte a sí mismo. Porque si no hay Dios, la vida de hombre se vuelve absurda.

Traducido por Joel Naranjo. The Absurdity of Life without God

La Necesidad de Dios y la Inmortalidad

El Hombre, escribe Loren Eiseley, es el Huérfano Cósmico. Es la única criatura en el universo que pregunta, “¿Por qué?” Otros animales tienen su instinto para guiarlos, pero el hombre ha aprendido a hacer preguntas. “¿Quién soy?” pregunta el ser humano. “¿Por qué estoy aquí? ¿A dónde voy?”. Desde la Ilustración, cuando se despojó de los grilletes de la religión, el hombre ha intentado contestar estas preguntas sin hacer referencia a Dios. Pero las respuestas que ha hallado no han sido estimulantes, si no oscuras y terribles. “Eres un subproducto accidental de la naturaleza, el resultado de la materia más el tiempo y el azar. No hay ninguna razón para tu existencia. Todo lo que enfrentas es la muerte.”

El hombre moderno pensó que al librarse de Dios, se había librado de todo aquello que lo reprimía y ahogaba. Sin embargo, descubrió que al matar a Dios, se había dado muerte a sí mismo. Porque si no hay Dios, la vida de hombre se vuelve absurda.

Si Dios no existe, tanto el hombre como el universo están inevitablemente condenados a la muerte. El ser humano, como todos los organismos biológicos, debe morir. Sin la esperanza de la inmortalidad, la vida de hombre lleva sólo a la tumba. Su vida no es si no una chispa en la oscuridad infinita, una chispa que nace, parpadea, y muere para siempre. Por consiguiente, todos debemos enfrentar lo que teólogo Paul Tillich ha llamado “la amenaza del no ser”. Porque aunque ahora sé que existo, que estoy vivo, sé también que algún día ya no existiré, que ya no seré más, que voy a morir. Este pensamiento es pasmoso y amenazador: ¡pensar que la persona que llamo “yo” dejará de existir, que no será más!

Recuerdo vivamente la primera vez que mi padre me dijo que algún día yo moriría. De algún modo, como niño, el pensamiento simplemente nunca había cruzado por mi mente. Cuando me lo dijo, quedé lleno de miedo y una insoportable tristeza. Y aunque intentó repetidamente asegurarme esto ocurriría en mucho tiempo más, eso no parecía importar. Fuese antes o después, el hecho innegable era que yo moriría y ya no sería más, y esta idea me resultó abrumadora. Eventualmente, como todos, llegué a simplemente a aceptarlo. Todos aprendemos a vivir con lo inevitable. Pero esa percepción infantil sigue siendo cierta. Como el existencialista francés Jean-Paul Sartre observó, “algunas horas o algunos años no hacen diferencia alguna una vez que se ha perdido la eternidad”.

Ya sea que llegué antes o después, la perspectiva de la muerte y la amenaza del no ser es un horror terrible. Pero una vez conocí un estudiante quién no sentía esta amenaza. Decía que había crecido en una granja y estaba acostumbrado a ver los animales nacer y morir. La muerte era para él simplemente algo natural, parte de la vida, por así decirlo. Yo estaba intrigado por lo diferente que eran nuestras perspectivas acerca de la muerte y encontraba difícil entender por qué él no sentía la amenaza de no ser. Después de varios años, pienso que encontré mi respuesta leyendo a Sartre. Sartre observó que la muerte no es amenazante en tanto la veamos como la muerte del otro, cuando la vemos en tercera persona, por así decirlo. Es sólo es cuando la internalizamos y la vemos primera persona (“mi muerte: Yo voy morir”) que la amenaza del no ser se vuelve real. Como indica Sartre, muchas personas nunca asumen esta perspectiva de primera persona en su vida; uno puede mirar incluso su propia muerte desde un punto de vista de tercera persona, como si fuera la muerte de otro o incluso de un animal, como hizo mi amigo. Pero el verdadero significado existencial de mi muerte sólo puede apreciarse de la perspectiva de primera persona, cuando comprendo que yo voy morir y dejaré de existir para siempre. Mi vida es simplemente una transición momentánea del olvido al olvido.

Y el universo, también, enfrenta la muerte. Los Científicos nos dicen que el universo se está expandiendo, y todo en él se aleja más y más. Mientras esto sucede, se vuelve más y más frío, y su energía se agota. En el futuro todas las estrellas se consumirán y toda la materia colapsará en estrellas muertas y agujeros negros. No habrá luz en absoluto; no habrá calor; no habrá vida; sólo los cadáveres de estrellas y galaxias muertas, siempre expandiéndose en la oscuridad interminable y las frías profundidades del espacio: un Universo en ruinas. Así que no sólo la vida de cada persona individual está condenada; la raza humana entera está condenada. No hay escapatoria. No hay esperanza.
Lo Absurdo de la Vida sin Dios y sin Inmortalidad

Si no hay Dios, entonces el hombre y el universo están condenados. Como prisioneros sentenciados a muerte, esperamos nuestra inevitable ejecución. No hay Dios ni inmortalidad. ¿Y cuál es la consecuencia de esto? Significa que la vida misma es absurda. Significa que la vida que tenemos carece de significado, valor, o propósito último. Miremos cada uno de éstos.
No hay Significado Último sin Inmortalidad y sin Dios

Si cada persona deja de existir cuándo muere, entonces ¿qué significado último puede darse a su vida? ¿Importa realmente si alguna vez existió? Su vida puede ser importante en relación a ciertos eventos, pero ¿Cuál es el significado último de cualquiera de esos eventos? Si todos los eventos carecen de sentido, entonces ¿Cuál puede ser el significado o influencia última de cualquiera de ellos? En última cuenta no hacen ninguna diferencia.

Veámoslo desde otra perspectiva: Los científicos dicen que el universo en originó en una explosión denominada el “Big Bang” hace unos 13 mil millones años. Suponga que el Big Bang nunca hubiera ocurrido. Suponga que el universo nunca hubiera existido. ¿Qué diferencia sustancial haría? De todos modos, el universo esta condenado. En última cuenta, no hace ninguna diferencia si el universo alguna vez existió o no. Por consiguiente, carece de significado último.

Lo mismo es verdad respecto la raza humana. La humanidad es una especie condenada en un universo agonizante. Porque la raza humana dejará de existir en el futuro; da lo mismo si alguna vez existió. La humanidad, así, no es más significativa que un enjambre de mosquitos o un corral de cerdos, pues su destino es el mismo. El mismo ciego proceso cósmico que los escupió en primer lugar se los tragará a todos en el futuro.

Y lo mismo es verdad de cada persona individual. Las contribuciones del científico al adelanto de conocimiento humano, las investigaciones del doctor para aliviar el dolor y el sufrimiento, los esfuerzos del diplomático por afianzar la paz en el mundo, los sacrificios de hombres buenos en todo lugar para mejorar la condición de la raza humana: todos éstos llegan a nada. Éste es el horror de hombre moderno: dado que acaba en nada, es nada.

Pero es importante ver que no es sólo inmortalidad lo que necesita el hombre si su vida ha de ser significativa. La mera duración de la existencia no hace a esa existencia significativa. Si el hombre y el universo pudieran existir para siempre, pero no hubiera Dios, su existencia aún carecería de significado último. Como ilustración, una vez leí un cuento de ciencia-ficción en que un astronauta estaba aislado en un yermo trozo de piedra perdido en el espacio exterior. Con él tenía dos frascos: uno contenía veneno y el otro una poción que lo haría vivir para siempre. Comprendiendo su predicamento, bebió el veneno. Pero entonces, para su horror, descubrió que había bebido el frasco equivocado, habían bebido la poción de la inmortalidad. Y eso significaba que él estaba maldito a existir para siempre, una vida interminable y carente de sentido. Ahora, si Dios no existe, nuestras vidas son exactamente igual. Podrían seguir y seguir y aún carecer absolutamente de sentido. Aún podríamos preguntar de la vida, “¿Y qué?” Así que no es sólo la inmortalidad lo que el hombre necesita si su vida ha de ser significativa en último término; necesita a Dios y la inmortalidad. Y si Dios no existe, carece de ambos.

El hombre del siglo XX llegó a entender esto. Lean “Esperando a Godot” de Samuel Beckett. Durante toda la obra dos hombres mantienen una conversación trivial mientras esperan que llegué un tercer hombre, quién nunca lo hace. Nuestras vidas son así, está diciendo Beckett; sólo matamos el tiempo esperando. ¿Qué?, no lo sabemos. En un trágico retrato del hombre, Beckett escribió otra obra en que el telón se abre revelando un escenario cubierto de basura. Durante treinta largos segundos, el público se sienta y mira fijamente en silencio esa basura. Entonces el telón se cierra. Eso es todo.

Los existencialistas franceses Jean-Paul Sartre y Albert Camus entendieron esto también. Sartre retrató la vida en su obra “Sin Salida” como el infierno. La línea final de la obra son las palabras de resignación, “Bien, sigamos con él.” Así, Sartre escribe en otra parte acerca de la “náusea” de la existencia. Camus, también, vio la vida como un absurdo. Al final de su novela breve “El Extranjero”, el héroe de Camus descubre en un destello de comprensión que el universo no tiene significado y no hay Dios para darle uno.

Así, si no hay Dios, entonces la vida misma carece sentido. El hombre y el universo carecen de significado último.

 

No hay Valor Último Sin Inmortalidad y sin Dios

Si la vida acaba a la tumba, entonces da lo mismo si uno ha vivido como un Stalin o como un santo. Dado que el destino de cada uno finalmente no se relaciona con la propia conducta, usted puede simplemente vivir como mejor le parezca. Como lo puso Dostoyevsky: “Si no hay inmortalidad, todas las cosas están permitidas”. Sobre esta base, un escritor como Ayn Rand esta completamente en lo cierto al alabar las virtudes del egoísmo. Viva totalmente para el yo; ¡no hay nadie que le haga rendir cuentas! De hecho, sería estúpido hacer algo diferente, pues la vida es demasiado corta para arriesgarla actuando por otra cosa que no sea puro interés propio. Sacrificarse en favor de otro sería estúpido. Kai Nielsen, un filósofo del ateo que intenta defender la viabilidad de la ética sin Dios, al final admite,

No hemos sido capaces de mostrar que la razón requiere el punto de vista moral, o que todos que las personas verdaderamente racionales, desprovistas de mitos o ideologías, no necesitan ser individuos egoístas o los amorales clásicos. La razón no decide aquí. El cuadro que he pintado para usted no es uno agradable. La reflexión acerca de él me deprime. . . . La pura razón práctica, incluso con un adecuado conocimiento de los hechos, no le llevará a la moralidad.i

Pero el problema es aun peor. Porque, dejando de lado la inmortalidad, si no hay Dios, no puede haber estándares objetivos del bien y el mal. Todo lo que confrontamos es, en palabras de Jean-Paul Sartre, el hecho desnudo, carente de valor, de la existencia. Los valores morales son ya sea sólo expresiones de gusto personal o los derivados de la evolución y condicionamiento socio-biológico. En un mundo sin Dios ¿Quién puede decir qué valores son correctos y cuales no? ¿Quién puede juzgar que los valores de Adolfo Hitler son inferiores a los de un santo? El concepto de moralidad pierde todo significado en un universo sin Dios. Como un eticista ateo contemporáneo señala,”decir que algo es malo porque. . . esta prohibido por Dios, es. . . absolutamente comprensible para cualquiera que cree en un legislador Divino. Pero decir que algo está mal. . . aun cuando no haya ningún Dios para prohibirlo, no es comprensible. . . . ” “El concepto de obligación moral [es] ininteligible aparte de la idea de Dios. Las palabras permanecen pero su significado ha idoii. En un mundo sin Dios, no puede haber bien y mal en un sentido objetivo, sólo nuestros juicios subjetivos cultural y personalmente relativos. Esto significa que es imposible de condenar la guerra, la opresión, o el crimen como algo malo. Ni tampoco es posible alabar la fraternidad, la igualdad y el amor como algo bueno. Porque en un universo sin Dios, el bien y el mal no existen, sólo esta el hecho desnudo y sin valor de la existencia, y no hay nadie que diga que tu tienes la razón y yo estoy equivocado.
No hay Propósito Último Sin la Inmortalidad y sin Dios

Si la muerte nos espera con los brazos abiertos al final del camino, ¿cuál es entonces el propósito de la vida? ¿Es todo para nada? ¿No hay razón para la vida? ¿Y qué del universo? ¿Es absolutamente en vano? Si su destino es una tumba helada en el vacío del espacio exterior, la respuesta debe ser: Sí, es vano. No hay ninguna meta, ningún propósito para el universo. Los restos de un universo muerto simplemente seguirán expandiéndose y expandiéndose. Para siempre

¿Y qué de hombre? ¿No hay ningún propósito en absoluto para la raza humana? ¿O simplemente desaparecerá algún día en el olvido de un universo indiferente? El escritor inglés H. G. Wells previó tal perspectiva. En su novela “La Maquina del Tiempo”, el viajero del tiempo de Wells viaja lejos en el futuro para descubrir el destino de hombre. Todo lo que encuentra es una tierra muerta, salvo por un poco de liquen y musgo, orbitando un gigantesco sol rojo. Los únicos sonidos son el zumbido del viento y las suaves olas del mar. “Más allá de estos sonidos inanimados“, escribe Wells, “el mundo estaba silencioso. ¿Silencioso? Sería difícil expresar su quietud. Todos los sonidos de hombre, el balido de oveja, los gritos de las aves, el zumbido de los insectos, el movimiento que sirve de fondo a nuestras vidas, todo se había acabadoiii 3. Y así, el viajero de tiempo de Wells regresó. ¿Pero a qué? meramente un punto anterior en la carrera sin objeto hacia el olvido. Cuando como no cristiano leí por primera vez el libro de Wells pensé, “¡No, no! ¡No puede acabar así!” Pero si no hay Dios, así es como acabará, nos guste o no. Ésta es la realidad en un universo sin Dios: no hay esperanza; no hay propósito.

Lo que es verdad para la humanidad como un todo es verdad individualmente para cada uno de nosotros: estamos aquí sin ningún propósito. Si no hay Dios, entonces nuestra vida no es cualitativamente diferente de la de un perro. Como el antiguo autor de Eclesiastés lo pone “Los hombres terminan igual que los animales; el destino de ambos es el mismo, pues unos y otros mueren por igual, y el aliento de vida es el mismo para todos, así que el hombre no es superior a los animales. Realmente, todo es absurdo, y todo va hacia el mismo lugar. Todo surgió del polvo, y al polvo todo volverá“. (Ecl 3:19-20 NVI). En este libro, que se lee más como un pedazo de literatura existencialista moderna que como un libro de la Biblia, el escritor muestra la futileza de placer, la riqueza, la educación, la fama política, y la honra en una vida condenada a acabar en la muerte. ¿Su veredicto? “¡Vanidad de vanidades! Todo es vanidad!” (1:2). Si la vida acaba a la tumba, entonces no tenemos ningún propósito último por el cual vivir.

Pero más que esto: aun si no acabara con la muerte, sin Dios la vida aún carecería de propósito. El hombre y el universo serían entonces simples accidentes del azar, lanzados a la existencia sin razón. Sin Dios, el universo es el resultado de un accidente cósmico, una explosión fortuita. No hay razón para su existencia. En cuanto al hombre, es un capricho de la naturaleza—un producto ciego de la materia, más el tiempo, más el azar. Es simplemente un poco de cieno que desarrolló racionalidad. Como un filósofo lo ha puesto: “La vida humana está montada sobre un pedestal subhumano y debe desplazarse por sí sola en el corazón de un universo silencioso e inconsciente.”iv

Lo que es verdad del universo y de la raza humana también es verdad de nosotros como individuos. Si Dios no existe, entonces usted es simplemente un aborto de naturaleza, lanzado a un universo sin propósito para vivir una vida sin propósito.

Así, si Dios no existe, significa que el hombre y el universo existen sin propósito, dado que el fin de todo es la muerte, y llegaron a existir sin propósito, dado que son sólo productos ciegos del azar. En pocas palabras, la vida carece absolutamente de razón.

¿Entiende usted la gravedad de la alternativa que se nos presenta? Si Dios existe, hay esperanza para el hombre. Pero si Dios no existe, todo lo que nos queda es la desesperación. ¿Entiende por qué la pregunta sobre la existencia de Dios es tan vital para el ser humano? Como un escritor acertadamente lo ha puesto “Si Dios está muerto, entonces el hombre también está muerto”.

Desgraciadamente, la gran masa de la humanidad no comprende este hecho. Continúan adelante como si nada hubiera cambiado. Me recuerda la historia de Nietzsche del loco que en las primeras horas de la mañana irrumpió en el mercado, linterna en mano, gritando: “¡Busco Dios! ¡Busco Dios!” Dado que muchos de los presentes no creían en Dios, provocó mucha risa. “¿Dios se ha perdido? ” se mofaron de él. “¿O está escondido? ¡O quizá se ha ido de viaje o ha emigrado!” Le gritaron y se rieron. Entonces, escribe a Nietzsche, el loco se volvió hacia ellos y los atravesó con su mirada

“¿Donde esta Dios? ” gritó, ‘yo les diré. Nosotros lo hemos matado: ustedes y yo. Todos nosotros somos sus asesinos. ¿Pero cómo hemos hecho esto? ¿Cómo pudimos beber al mar? ¿Quién nos dio la esponja para borrar el horizonte entero? ¿Qué hicimos cuándo desencadenamos esta tierra de su sol? ¿Hacia donde se está moviendo ahora? ¿Lejos de todos los soles? ¿Acaso no nos hundimos continuamente? ¿Hacia atrás, hacia los lados, adelante, en todas las direcciones? ¿Queda un arriba y un abajo? ¿No estamos extraviándonos como en una infinita nada? ¿No sentimos el aliento del espacio vacío? ¿No se ha vuelto más frío? ¿No viene noche y más noche? ¿No deben encenderse las linternas por la mañana? ¿No oímos todavía del ruido de los sepultureros que están enterrando Dios? . . . Dios está muerto. . . . Y nosotros lo hemos matado. ¡Cómo nosotros, asesinos entre los asesinos, nos consolaremos!”v

La muchedumbre miró fijamente al loco en el silencio y asombro. Por fin este azotó su linterna en el suelo. “He venido demasiado pronto” dijo. “Este tremendo evento todavía está en de camino, no ha alcanzado los oídos del hombre todavía”. Los hombres no comprendieron realmente las consecuencias de lo que habían hecho al matar a Dios. Pero Nietzsche predijo que algún día la gente comprenderían las implicaciones de su ateísmo; y este descubrimiento introduciría una edad de nihilismo: la destrucción de todo significado y valor en la vida.

La mayoría de las personas aun no reflexiona en las consecuencias del ateísmo y así, como la muchedumbre en el mercado, sigue inconscientemente su camino. Pero cuando comprendemos, como hizo Nietzsche, lo qué el ateísmo implica, entonces su pregunta nos golpea fuertemente: ¿cómo nosotros, los asesinos de todos los asesinos, nos consolaremos?
La imposibilidad Práctica del Ateísmo

Casi la única solución que el ateo puede ofrecer es que enfrentemos la absurdidad de la vida y vivamos valientemente. Por ejemplo, Bertrand Russell escribió que debemos construir nuestras vidas en “el firme fundamento de la inflexible desesperación”vi. Sólo reconociendo que el mundo realmente es un lugar terrible podemos enfrentar exitosamente la vida. Camus dijo que debemos reconocer la absurdidad de la vida honestamente y entonces debemos vivir en amor el uno por el otro.

El problema fundamental con esta solución, sin embargo, es que es imposible vivir de forma consistente y alegre dentro de tal cosmovisión. Si uno vive de forma consistente, no será feliz; si uno vive felizmente, es sólo porque no es consistente. Francis Schaeffer ha explicado bien este punto. El hombre moderno, dice Schaeffer, vive en un universo de dos pisos. En el piso de abajo está el mundo finito sin Dios; aquí la vida es absurda, como hemos visto. En el piso superior está el significado, los valores, y el propósito. Ahora, el hombre moderno vive en el piso de abajo porque cree que no hay Dios. Pero no puede vivir felizmente en un mundo tan absurdo; por tanto continuamente da saltos de fe al piso superior para afirmar el significado, valor, y propósito, aún cuando no tiene derecho a ello, dado que no cree en Dios.

Echémosle, entonces, una nueva mirada a cada una de las tres áreas en que vimos que la vida es absurda sin Dios, para mostrar cómo el hombre no puede vivir consistente y alegremente con su ateísmo.
Significado de la Vida

Primero, el área del significado. Vimos que sin Dios, la vida no tiene ningún significado. Aun así, los filósofos continúan viviendo como si la vida tuviera significado. Por ejemplo, Sartre afirmó que uno puede crear significado para su vida escogiendo libremente seguir un cierto curso de acción. El propio Sartre escogió el Marxismo.

Ahora esto es absolutamente incoherente. Es incoherente decir que la vida es objetivamente absurda y después decir uno puede crear significado para su vida. Si la vida es realmente absurda, entonces el hombre esta atrapado en el piso inferior. Intentar crear significado en la vida representa un salto al piso superior. Pero Sartre no tiene ninguna base para este salto. Sin Dios, no puede haber ningún significado objetivo en la vida. El programa de Sartre realmente es un ejercicio de autoengaño. Sartre realmente está diciendo, “Hagamos como que el universo tiene significado.” Esto es simplemente engañarnos a nosotros mismos.

El punto es este: si Dios no existe, entonces la vida objetivamente carece de sentido; pero el hombre no puede vivir de forma consistente y feliz sabiendo que la vida no tiene sentido; así que para ser feliz simula que la vida tiene significado. Pero esto es, claro, completamente inconsistente, porque sin Dios, el hombre y el universo carecen de cualquier significancia real.
El valor de Vida

Volvámonos ahora al problema de valor. Aquí es donde ocurren las inconsistencias más escandalosas. En primer lugar, los humanistas ateos son totalmente incoherentes al afirmar los valores tradicionales del amor y hermandad. Camus ha sido correctamente criticado por sostener inconsistentemente la absurdidad de la vida y la ética del amor y hermandad humana. Los dos son lógicamente incompatibles. Bertrand Russell, también, fue inconsistente. Pues aunque era ateo, era un abierto crítico social, denunciando la guerra y las restricciones a la libertad sexual. Russell admitió que no podía vivir como si los valores éticos simplemente fueran una cuestión de gusto personal, y que encontraba su propia visión, por consiguiente, “increíble.” “No sé la solución”, confesóvii. El punto es que si no hay Dios, no puede existir un bien y mal objetivos. Como dijo Dostoyevsky “Todas las cosas están permitidas.”

Pero Dostoyevsky también mostró que el hombre no puede vivir de esta manera. No puede vivir como si fuera perfectamente correcto que soldados maten niños inocentes. No puede vivir como si fuera perfectamente correcto que dictadores como Pol Pot exterminen a millones de sus propios compatriotas. Todo en él clama que estos actos son malvados, realmente malvados. Pero si no hay Dios, no puede hacerlo. Así que da un salto de fe y afirma los valores de todos modos. Y cuando lo hace, revela la insuficiencia de un mundo sin Dios.

El horror de un mundo desprovisto de valor se hizo real para mi con una nueva intensidad hace unos pocos años atrás, cuando vi un documental televisivo de la BBC llamado “The Gathering”, Se trataba de una reunión de sobrevivientes del Holocausto en Jerusalén dónde reencontraron amistades perdidas y compartieron sus experiencias. Un prisionera, enfermera, contó como había llegado a ser la ginecóloga de Auschwitz. Ella observó que las mujeres embarazadas eran agrupadas por los soldados bajo la dirección del Dr. Mengele y alojadas en los mismos cuarteles. Pasado algún tiempo, notó que no se volvía a ver a ninguna de estas mujeres. Hizo algunas averiguaciones. “¿Dónde están las mujeres embarazadas que fue alojadas en esos cuarteles?” “¿No se enteró? ” fue la respuesta. “El Dr. Mengele las usó para vivisección.”

Otra mujer contó cómo Mengele había ligado a sus pechos para que no pudiera amamantar a su pequeño. El doctor quería descubrir cuánto tiempo un infante podía sobrevivir sin nutrición. Desesperadamente esta pobre mujer intentó mantener a su bebé vivo dándole los pedazos de pan empapados en café, sin resultados. Cada día el bebé perdía peso, un hecho que era ávidamente monitoreado por el Dr. Mengele. Una enfermera vino en secreto a esta mujer y le dijo, “He arreglado una manera para que usted pueda salir de aquí, pero usted no puede llevar a su bebé con usted. Traje una inyección de morfina que puede darle al niño para acabar su vida.” Cuando la mujer protestó, la enfermera insistió: “Mire, su bebé va a morir de todas maneras. Al menos sálvese usted.” Y así, esta madre le quitó la vida de su propio bebé. El Dr. Mengele se enfureció cuando se enteró de ello, porque había perdido su espécimen de experimentación y, buscó entre los cadáveres para encontrar el cuerpo descartado del bebé y así poder tener un último registro de peso.

Mi corazón se rasgó por estas historias. Un rabino que sobrevivió al campo lo resumió bien cuando dijo que en Auschwitz era como si existiera un mundo en que todos los Diez Mandamientos hubieran sido invertidos. La humanidad nunca había visto tal infierno.

Y aún así, si Dios no existe, entonces en cierto sentido, nuestro mundo es Auschwitz: no hay un bien y un mal absolutos; cualquier cosa esta permitida. Pero ningún ateo, ningún agnóstico, puede vivir de forma consistente con tal perspectiva. El propio Nietzsche, quién proclamó la necesidad de vivir más allá del bien y del mal, rompió con su mentor Richard Wagner a causa del problema del antisemitismo del compositor y su estridente nacionalismo alemán. Del mismo modo, Sartre, escribiendo justo después de la Segunda Guerra Mundial, condenó el antisemitismo, declarando que una doctrina que lleva al exterminio no es meramente una cuestión de opinión o gusto personal, de igual valor que su opuestoviii. En su importante ensayo “El Existencialismo Es un Humanismo”, Sartre se esfuerza vanamente por eludir la contradicción entre su rechazo a la idea de valores divinamente preestablecidos y su deseo urgente afirmar el valor de la persona humana. Como Russell, no podía vivir con las implicaciones de su propio rechazo de los absolutos éticos.

Un segundo problema es que si Dios no existe y no hay inmortalidad, entonces todos los actos malvados de los hombres quedan impunes y todos los sacrificios de los hombres buenos quedan sin recompensa. ¿Pero quién puede vivir con tal perspectiva? Richard Wurmbrand, quien fue torturado por su fe en las prisiones comunistas dice

“La crueldad de ateísmo es difícil de creer cuando el hombre no tiene fe en la recompensa del bien o el castigo de mal. No hay ninguna razón para ser humano. No hay restricción de las profundidades de mal que hay en el hombre. Los verdugos comunistas a menudo decían, ‘no hay Dios, no hay más allá, no hay castigo para el mal. Podemos hacer lo que queramos.’ Incluso escuché a un torturador decir, ‘Doy gracias a Dios en quien no creo, por haber vivido hasta a esta hora cuando puedo expresar todo el mal en mi corazón.’ Lo expresó en la increíble brutalidad y tortura infligidas en los prisioneros”ix.

Y lo mismo se aplica a los actos de auto-sacrificio. Hace varios años, ocurrió un terrible desastre aéreo en pleno invierno, en que un avión que despegaba del aeropuerto de Washington, D.C., se estrelló contra un puente sobre el río Potomac, zambullendo a los pasajeros en las heladas aguas. Cuando los helicópteros de rescate llegaron, la atención se enfocó en un hombre que una y otra vez empujó la escalera de cuerda colgante hacia otros pasajeros en lugar de ser el mismo llevado a la seguridad. Seis veces pasó la escalera. Cuando llegaron nuevamente, había fallecido. Había dado gratuitamente su vida para que otros pudieran vivir. La nación entera volvió sus ojos a este hombre en respeto y admiración por el acto bueno y desinteresado que había realizado. Y aún así, si el ateo está en lo correcto, ese hombre no fue noble, hizo la cosa más estúpida posible. Debió haber ido primero por la escalera, empujando a otros si era necesario para sobrevivir. ¿Pero morir por otros que ni siquiera conocía, renunciar a toda la breve existencia que tendría? ¿Para que? Para el ateo no puede haber ninguna razón. Y aún así el ateo, como el resto de nosotros, reacciona instintivamente con alabanza para la acción generosa de este hombre. De hecho, uno probablemente nunca encontrará a un ateo que viva de forma consistente con su sistema. Porque un universo sin responsabilidad moral y carente de valor es inimaginablemente terrible.
El propósito de Vida

Finalmente, miremos el problema del propósito de la vida. La única manera en que la mayoría de las personas que niegan el propósito en la vida viven felizmente es, ya sea, inventando algún propósito, lo que es auto engaño como vimos con Sartre, o no llevando su perspectiva a sus conclusiones lógicas. Tome el problema de muerte, por ejemplo. Según Ernst Bloch, la única manera en que el hombre moderno puede vivir ante la muerte es tomando prestada subconscientemente la creencia en la inmortalidad que sus antepasados sostuvieron, aunque él mismo no tiene ninguna base para esta creencia, dado que no cree en Dios. Al tomar prestados los remanentes de una creencia en la inmortalidad, escribe a Bloch, “el hombre moderno no siente el abismo que incesantemente lo rodea y que ciertamente finalmente lo engullirá. A través de estos remanentes, salva su sentido de identidad. A través de ellos surge la impresión de que el hombre no está pereciendo, si no solo que un día el mundo tiene el capricho de no aparecerle más.” Bloch concluye, “Este ánimo, bastante superficial se alimenta de una tarjeta de crédito prestada. Vive de esperanzas antiguas y del apoyo que estas una vez habían proporcionado”x. El hombre Moderno ya no tiene derecho a ese apoyo, dado que ha rechazado a Dios. Pero para vivir con un propósito, hace un salto de fe al afirmar una razón por la cual vivir.

A menudo encontramos la misma inconsistencia entre aquéllos que dicen que el hombre y el universo llegaron a existir sin ninguna razón o propósito, simplemente por casualidad. Incapaz de vivir en un universo impersonal en que todo es producto del ciego azar, esta gente comienza a atribuir personalidad y motivos a los procesos físicos mismos. Es una manera extraña de hablar y representa un salto del piso inferior al superior. Por ejemplo, Francis Crick, a medio camino de su libro “El Origen del Código Genético” comienza a escribir “naturaleza” con una “N” mayúscula y en otra parte habla de selección natural como siendo “inteligente” y como “pensando” en lo que va a hacer. Fred Hoyle, el astrónomo inglés, atribuye al propio universo las cualidades de Dios. Para Carl Sagan el “Cosmos”, que él siempre escribe con mayúscula, obviamente cumple el papel de un dios sustituto. Aunque todos estos hombres profesan no creer en Dios, contrabandean un Dios suplente por la puerta trasera porque ellos no pueden soportar vivir en un universo en que todo es el resultado aleatorio de fuerzas impersonales.

Y es interesante ver a muchos pensadores traicionar sus perspectivas cuando son llevadas a su conclusión lógica. Por ejemplo, ciertas feministas han levantado una tormenta de protesta contra la psicología sexual Freudiana porque es chauvinista y degradante respecto de las mujeres. Y algunos psicólogos se han sometido y han revisado sus teorías. Ahora, esto es totalmente inconsistente. Si la psicología Freudiana es realmente verdad, entonces no importa si es degradante para las mujeres. No se puede cambiar la verdad porque no nos guste a lo a que lleva. Pero las personas no pueden vivir de forma consistente y feliz en un mundo dónde otras personas son devaluadas. Sin embargo, si Dios no existe, nadie tiene valor alguno. Sólo si Dios existe puede alguien de forma consistente sostener los derechos de las mujeres. Pero si Dios no existe, entonces la selección natural dicta que el varón de la especie sea dominante y agresivo. Las mujeres no tendrían más derechos que los que tienen una cabra hembra o una gallina. En la naturaleza cualquier cosa que es, esta bien. ¿Pero quién puede vivir con tal perspectiva? Al parecer, ni siquiera los psicólogos Freudianos que traicionan sus teorías cuando son empujadas a sus conclusiones lógicas.

O tomemos el conductismo sociológico de alguien como B. F. Skinner. Su perspectiva lleva a la clase de sociedad prevista en “1984” de George Orwell, dónde el gobierno controla y programa el pensamiento de todos. Si las teorías de Skinner son correctas, no puede haber objeción a tratar a las personas como a las ratas en la jaula de Skinner, recorriendo sus laberintos, estimulados con comida y choques eléctricos. Según Skinner, todas nuestras acciones están determinadas de todas formas. Y si Dios no existe, ninguna objeción moral puede levantarse contra este tipo de programación, porque el ser humano no es cualitativamente diferente de una rata, dado que ambos no son más que materia, más tiempo, más azar. Pero, de nuevo ¿quién puede vivir con tal perspectiva deshumanizante?

O finalmente, tome el determinismo biológico alguien como Francis Crick. La conclusión lógica es que el ser humano es como cualquier otro espécimen de laboratorio. El mundo se horrorizó cuando descubrió que en campos como Dachau los nazis habían usado a prisioneros para experimentos médicos en humanos vivos. ¿Pero por qué no? Si Dios no existe, no puede haber ninguna objeción en usar a alguien como conejillo de indias humano. El fin de esta perspectiva es el control de la población en que el débil y el no deseado son muertos en orden a dar lugar al fuerte. Pero la única manera en que podemos protestar de forma consistente contra esta perspectiva es si Dios existe. Sólo si Dios existe puede haber propósito en la vida.

El dilema de hombre moderno es así verdaderamente terrible. Y en la medida en que niega la existencia de Dios y la objetividad de los valores y el propósito, este dilema permanece sin resolver también para el hombre “posmoderno.” De hecho, es precisamente la conciencia de que el modernismo produce inevitablemente la absurdidad y desesperación lo que constituye la angustia de la posmodernidad. En algunos respectos, la posmodernidad es solo la conciencia de la bancarrota de la modernidad. La cosmovisión atea es insuficiente para mantener una vida feliz y consistente. El hombre no puede vivir de forma consistente y feliz como si la vida careciera finalmente de significado, valor o propósito. Si intentamos vivir de forma consistente dentro de una cosmovisión atea, seremos profundamente infelices. Si en cambio logramos vivir felizmente, es sólo desmintiendo nuestra cosmovisión.

Confrontado con este dilema, el ser humano se debate patéticamente por algún medio de escape. En un notable discurso ante la Academia Americana para el Avance de Ciencia en 1991, el Dr. L. D. Rue, confrontado con el predicamento del hombre moderno, postuló audazmente que debemos engañarnos a nosotros mismos por medio de alguna “Mentira Noble” para pensar que nosotros y el universo aún tenemos valorxi. Afirmando que “La lección de los últimos dos siglos es que el relativismo intelectual y moral es profundamente la realidad”, el Dr. Rue reflexiona que la consecuencia de tal descubrimiento es que búsqueda del plenitud personal (o la auto realización) y la búsqueda de la coherencia social se independizan una de la otra. Esto porque desde el punto de vista del relativismo la búsqueda de la autorrealización se privatiza radicalmente: cada uno escoge su propio juego de valores y significado. Si hemos de evitar la “opción del manicomio”, dónde la autorrealización es perseguida sin tener en cuenta la coherencia social, y la “opción totalitaria” dónde la coherencia social se impone a expensas de la plenitud personal, no tenemos otra opción que abrazar alguna Mentira Noble que nos inspire a vivir más allá de nuestros intereses egoístas y así lograr la coherencia social. Una Mentira Noble “es una que nos engaña, nos compele más allá del propio interés, más allá del ego, más allá de la familia, la nación, [y] la raza.” Es una mentira, porque nos dice que el universo esta imbuido de valor (lo qué es una gran ficción), porque tiene una pretensión de verdad universal (cuando no la hay), y porque me dice que no viva para mi propio interés (lo qué es evidentemente falso). “Pero sin tales mentiras, no podemos vivir.”

Éste es el espantoso veredicto pronunciado sobre el hombre moderno. Para sobrevivir, debe vivir en el auto engaño. Pero incluso la opción de la Mentira Noble es finalmente impracticable. Para ser feliz, uno debe creer en el en un significado, valor y propósito objetivos. ¿Pero cómo puede uno creer en esas Mentiras Nobles y al mismo tiempo en el ateísmo y relativismo? Mientras más convencido se esté de la necesidad de una Mentira Noble, menos se puede creer en ella. Como un placebo, una Mentira Noble opera sólo en aquéllos que la creen verdad. Una vez que hemos visto a través de la ficción, la Mentira pierde su poder sobre nosotros. Así, irónicamente, la Mentira Noble no puede resolver el predicamento humano para cualquiera que ha llegado a ver ese predicamento.

La opción de la Mentira Noble lleva por consiguiente, en el mejor de los casos, a una sociedad en que un grupo elitista de illuminatis engaña a las masas para su propio bien, perpetuando la Mentira Noble. ¿Pero entonces por qué aquéllos de nosotros que estamos bien informados debemos seguir a las masas en su ilusión? ¿Por qué debemos sacrificar nuestro interés propio por una ficción? Si la gran lección de los últimos dos siglos el relativismo moral e intelectual es, entonces ¿por qué (si pudiéramos) pretender que no sabemos esta verdad y vivir una mentira en cambio? Si alguien contesta, “en beneficio de la coherencia social”, uno puede legítimamente preguntar por qué debo sacrificar mi interés propio en beneficio de la coherencia social. La única respuesta que el relativista puede dar es la coherencia social es en mi propio interés, pero el problema de esta respuesta es que el interés propio y el interés de la manada no siempre coinciden. Además, si (por puro interés individual) me preocupo de la coherencia social, la opción totalitaria me siempre está abierta: olvidemos la Mentira Noble y mantengamos la coherencia social (así como mi propia autorrealización) a expensas del bienestar personal de las masas. Rue consideraría tal opción indudablemente repugnante. Pero ahí esta el problema. El dilema de Rue es que él obviamente valora profundamente la coherencia social y la plenitud personal en si mismas; en otros términos, estas son valores objetivos, los que según su filosofía no existen. Él ya ha hecho el salto al piso de arriba. La opción de la Mentira Noble afirma lo que niega y así se refuta a si misma.
El Éxito del Cristianismo Bíblico

Pero si el ateísmo falla a este respecto, ¿que pasa con el Cristianismo bíblico? Según la cosmovisión cristiana, Dios sí existe, y la vida de hombre no acaba a la tumba. En el cuerpo de resurrección el ser humano puede disfrutar de vida eterna y comunión con Dios. El Cristianismo bíblico por lo tanto provee de las dos condiciones necesarias para una vida significativa, valiosa, y con propósito para el hombre: Dios e inmortalidad. Debido a esto, podemos vivir de forma consistente y feliz. Así, el Cristianismo bíblico tiene éxito precisamente donde el ateísmo colapsa.
Conclusión

Si el Dios de la Biblia existe, entonces la vida es significativa. Sólo la segunda de estas dos alternativas nos permite vivir de forma feliz y consistente. Por consiguiente, me parece que aun cuando la evidencia para estas dos opciones sea completamente igual, una persona racional debiera escoger el Cristianismo bíblico. Me parece positivamente irracional preferir la muerte, la futileza, y la destrucción a la vida, el significado y la felicidad. Como dijo Pascal, no tenemos nada que perder y el infinito que ganar.
 Notas

i 1 Kai Nielsen, “Why Should I Be Moral?” American Philosophical Quarterly 21 (1984): 90.

ii Richard Taylor, Ethics, Faith, and Reason (Englewood Cliffs, NJ: Prentice Hall, 1985), 90, 84.

iii H.G. Wells, The Time Machine (New York: Berkeley, 1957), chap. 11.

iv W.E. Hocking, Types of Philosophy (New York: Scribner’s, 1959), 27

v Friedrich Nietzsche, “The Gay Science,” in The Portable Nietzsche, ed. and trans. W. Kaufmann (New York: Viking, 1954), 95.

vi Bertrand Russell, “A Free Man’s Worship,” in Why I Am Not a Christian, ed. P. Edwards (New York: Simon & Schuster, 1957), 107.

vii Bertrand Russell, Letter to the Observer, 6 October, 1957.

viii Jean Paul Sartre, “Portrait of the Antisemite,” in Existentialism from Dostoyevsky to Satre, rev. ed., ed. Walter Kaufmann (New York: New Meridian Library, 1975), p. 330.

ix Richard Wurmbrand, Tortured for Christ (London: Hodder & Stoughton, 1967), 34.

x Ernst Bloch, Das Prinzip Hoffnung, 2d ed., 2 vols. (Frankfurt am Main: Suhrkamp Verlag, 1959), 2:360-1.

xi Loyal D. Rue, “The Saving Grace of Noble Lies,” address to the American Academy for the Advancement of Science, February, 1991.

Este Articulo fue tomado con el permiso  de  http://www.reasonablefaith.org


¿Maldiciones Generacionales?

¿Maldiciones Generacionales?

Por  apologista Pablo Santomauro.

Poco a poco en el campo evangélico nos vamos acostumbrando a definir cosas inexistentes. ¿Cómo definir algo que no existe? De acuerdo a cómo lo han imaginado aquellos que dicen que sí existe. He aquí una definición básica: Una Maldición Generacional (ancestral o hereditaria) es un daño o perjuicio proferido sobre un individuo una o más generaciones atrás y cuyo efecto es transmitido a sus descendientes a través del tiempo.

Se supone que el individuo que está bajo una Maldición Generacional ha nacido ya destinado a cometer ciertos pecados, o es propenso a sufrir ciertos males o desgracias, y es dominado por un poder que ningún humano puede controlar. Es por ello que se necesita un poder mayor, el de Dios, para romper o cancelar la maldición.

Cosas como la pobreza, enfermedades, problemas de carácter y temperamento, infidelidad, inconstancia, pereza, alcoholismo, drogas, adicción sexual, depresión, negativismo, esterilidad, inestabilidad mental, obesidad, etc., de acuerdo con esta teología, son pasados de generación a generación en una familia. Los predicadores que trafican con las maldiciones generacionales, por lo general están involucrados en la moderna guerra espiritual con la que embaucan a muchos cristianos sin preparación bíblica. Ellos prometen liberarlo de demonios y romper o cancelar estas maldiciones supuestamente proferidas sobre sus antepasados y que han sido transmitidas a través de su árbol genealógico.

Estilos de vida perpetuados

Cierta autora que promueve esta extraña teología, lista una serie de declaraciones supuestamente formuladas por gente que está o ha estado bajo el efecto de una maldición:

• Todos en mi familia han muerto a los 39 años. • Mis cuatro hermanas se han divorciado. • Mi madre fue infiel y a pesar de aborrecer esa actitud, tengo una relación con un hombre casado.

• Mis hermanos y hermanas “han tenido que casarse”.

• Cada varón en mi familia ha sido alcohólico y mi hijo adolescente está bebiendo mucho.

• No veo progreso en mi vida espiritual.

•He sido despedido de cada empleo, o las compañías donde he trabajado han quebrado.

• No puedo disfrutar la vida, porque siento que pronto sucederá una desgracia y así ocurre. [1]

La autora finaliza diciendo: “Para entender las maldiciones debemos darnos cuenta que estamos lidiando con fuerzas poderosas que no podemos ver y que nuestros sentidos no pueden entender.”

En otras palabras, sin detenerse a pensar ni por un momento de que los males descritos pueden ser patrones de conducta adquiridos, un efecto “natural” de la Caída de la raza humana, una manifestación de la naturaleza pecaminosa del ser humano en general, hábitos de un pésimo trabajador en particular, o consecuencia de la crisis económica que predomina en el mundo, la autora del artículo determina automáticamente que las personas afectadas por estas cosas no son responsables de sus situaciones en absoluto, sino que son víctimas de una maldición que los alcanza desde el pasado en su línea generacional.

Influencia Parental, no “Maldición Generacional”

No cabe duda que por regla general el carácter de los padres , así como la influencia que ellos ejercen sobre los hijos, juega un papel primordial en la personalidad y la conducta de los hijos y sucesivos descendientes. En muchas familias podemos encontrar que el alcoholismo, por ejemplo, afecta a las diferentes generaciones, que en cierta forma sólo están imitando la conducta y los pecados de sus antecesores. Un padre borracho y jugador condena a su familia a la pobreza y una vida miserable desde todo punto de vista. Si los hijos imitan al padre, y los nietos al hijo, es claro que la pobreza y la desgracia se perpetuarán en la familia. Pero no se deben confundir los malos hábitos adquiridos por el ejemplo de los padres con una maldición que fue proferida por alguien y que debe ser rota por medio de una invocación especial pronunciada por un predicador especial.

¿Quién profiere la maldición?

Ante esta pregunta, los promotores de la doctrina de las Maldiciones Ancestrales tienen para contestar sólo tres opciones:

1) Un humano. El ejemplo más claro de un humano profiriendo una maldición es el de Noé maldiciendo y profetizando sobre Canaán (Gén. 9:25) y sus descendientes. En este caso, la maldición es enunciada por un profeta de Dios (pregonero de justicia) hablando directamente bajo la guía y la autoridad de Dios, lo que equivale a decir que fue Dios el que pronunció la profecía. Los descendientes de Canaán fueron los habitantes de la tierra del mismo nombre, la que finalmente fue conquistada por los israelíes quienes en el proceso eliminaron, redujeron y asimilaron, dependiendo del caso, a los canaanitas. La evidencia muestra que estas tribus fueron castigadas por su propio pecado, no el de su patriarca histórico. Algunos comentaristas de renombre destacan que el texto para nada implica que la maldición fue más allá de Canaán.

2) La segunda opción es que la maldición es proferida por Satanás mismo. El problema con esto es que cuando revisamos la Biblia, que debe ser nuestra guía en materia de fe y práctica, en ningún lugar vemos a Satanás o a sus demonios proferir maldiciones sobre las personas. Uno busca en vano para encontrar en la Escritura alguna instancia en donde el diablo y sus huestes tengan poder para traer males proferidos a manera de maldición sobre las personas y su descendencia.

3) La tercera opción es Dios. En realidad, en la Biblia vemos que sólo Dios tiene el derecho y el poder de invocar una maldición (Deut. 28:15-68), aunque en ciertas ocasiones concede a los humanos el derecho de pronunciarla, pero siempre con su aval (Gén: 27:29). Si bien cualquiera puede proferir una maldición con sus labios, de ahí a que se cumplan hay un largo trecho. El Proverbio 26:2 establece que una maldición dañina dirigida hacia una víctima inocente es totalmente inefectiva. El único que maldice de verdad, vale la pena repetirlo, es Dios. La maldición de Dios, aunque el término suene feo por la fuerza de la costumbre, es una revelación de Su justicia que afirma Su derecho a exigir completa obediencia de los humanos.

Una vez confrontados con las opciones, los proponentes de las maldiciones ancestrales no tienen más remedio que aceptar que el único ser de quien vienen las maldiciones es Dios, pero para justificar su metodología agregan, sin ninguna base bíblica, que son Satanás y los demonios los que se encargan de que la maldición perdure. En otras palabras, si me permiten el sarcasmo, Dios necesita la ayuda de los ángeles caídos para perpetuar la maldición.

La pregunta de rigor es, si Dios emplaza una maldición, ¿puede un humano cancelarla, sea cual fuere la fórmula que use para hacerlo?

Un concepto erróneo de maldición

El concepto de maldición que estos predicadores manejan está relacionado con los poderes mágicos ocúlticos y la superstición pagana, equivalente a un hechizo o un encantamiento que llevado al ridículo es similar al embrujamiento que convirtió al hermoso príncipe en un sapo. Este tipo de absurdidades no existe. La gente involucrada en la brujería, la santería o el vudú manejan estos conceptos mientras clavan agujas en un muñeco, le suenan la maraca al enfermo o bailan alrededor del “cliente” sacudiendo la pobre gallina.

Veamos cómo se define “maldición” en las propias palabras de aquellos que enseñan el concepto de Maldiciones Generacionales:

“¿Qué es una maldición? Es aborrecer, detestar, execrar, vituperar, condenar a una persona o cosa. Es atar a alguien con palabras o blasfemias. Una maldición es una fuerza demoníaca puesta sobre una persona o una familia a través de: palabras, o por voluntad y acción de alguien. Las acciones pueden incluir a los propios padres involucrados en actividades de ocultismo.” [2]

Ignacio García comenta refutando esta definición:

“La primera parte (hasta antes del primer punto y seguido) es correcta, porque está copiada de un diccionario bíblico; el resto ya es de su propia cosecha. Agregarle incoherencias de su peculio a la definición, provoca que los MG (proponentes de las Maldiciones Generacionales) tengan dificultad para saber de dónde proviene la maldición. Porque por un lado apoyan su doctrina con Exodo 20:5, “…Yo visito la iniquidad de los padres a los hijos…”, en donde es Dios quien habla, pero luego invierten todo y dicen (como en el párrafo de arriba) que ¡”la maldición es una fuerza demoníaca”! O sea: Dios maldice pero el diablo le gana a maldecir.” [3]

El significado bíblico de “maldición”

Ya dijimos que el único que realmente se reserva el derecho y poder de maldecir es Dios. Pero una maldición de parte de Dios es totalmente diferente al concepto pagano-ocúltico de la palabra. El primer uso de la palabra hebrea ârarocurre en Génesis 3:17 (maldita será la tierra). Es un pronunciamiento de juicio sobre aquellos que quebrantaron un pacto. Maldición, en el contexto bíblico, es una expresión de la justicia de Dios que se aplica sobre alguien o algo como consecuencia de una decisión personal e intencional de desobediencia contra Dios, y que el hombre toma haciendo uso de su libre albedrío. Dios, entonces, pone distancia entre El y el pecado.

Ejemplo: En Deuteronomio 28, Dios establece las increíbles bendiciones que vendrán sobre el pueblo de Israel como resultado de la obediencia a los mandamientos de Dios (Deut. 28:1-14), y luego como contraposición expresa lo que ocurrirá como consecuencia de desobedecer voluntariamente esos mandamientos (Deut. 28:15-68), lo que es equivalente a “haber dejado a Jehová” (v. 20). Como vemos, una maldición de Jehová siempre conlleva el deseo de que el bien sea derramado sobre los que lo aman y le obedecen. No tiene el propósito primario de hacer el mal. Aún más, las maldiciones de Dios no excluyen la posibilidad de arrepentimiento por parte de la persona, sino por el contrario, son enunciadas con el fin de que evitemos pecar contra Dios.

¿Pasan las maldiciones de Dios a los descendientes?

Las maldiciones pronunciadas por Dios son directamente dirigidas a individuos o naciones por pecados específicos, jamás son dirigidas a los descendientes de una persona. El capítulo 18 del libro de Ezequiel es categórico respecto a la errónea idea de que los hijos pagan por los pecados de los padres. Los judíos sufrían del mismo error que los promotores de la doctrina de la Maldición Generacional. Dios les dice en Ezequiel 18 que ya dejen de creer en eso: “… el hijo no llevará el pecado del padre, ni el padre llevará el pecado del hijo …” (ver también Jer. 31:29-30).

En realidad, parece increíble que Dios tenga que repetir un concepto que ya había impartido al pueblo judío siglos antes: “Los padres no morirán por los hijos, ni los hijos morirán por sus padres; cada uno morirá por su pecado” (Deut. 24:16).

En el capítulo 9 del Evangelio de Juan encontramos algo relacionado con el concepto que venimos tratando: “Al pasar Jesús, vio a un hombre ciego de nacimiento Y le preguntaron sus discípulos, diciendo: Rabí, ¿quién pecó, éste o sus padres, para que haya nacido ciego? Respondió Jesús: No es que pecó éste, ni sus padres; sino para que las obras de Dios se manifiesten en él” (Juan 9: 1-3). Los discípulos de Jesús aun seguían aferrados al mismo error que los judíos en los tiempos de Ezequiel. Si en realidad los hijos pagaran por los pecados de los padres, ésta hubiera sido la perfecta oportunidad para que Jesús corroborara o expandiera sobre la doctrina. Sin embargo, su respuesta fue directa y fulminante. Prácticamente les dijo que se bajaran del caballo de tal absurdidad.

¿Apoyo escritural para la doctrina?

Por supuesto que los maestros de la Maldición Ancestral citan pasajes bíblicos para apoyar la enseñanza. El favorito es el siguiente:

“…que visito [Dios] la maldad de los padres sobre los hijos hasta la tercera y cuarta generación de los que me aborrecen, y hago misericordia a millares, a los que me aman y guardan mis mandamientos.” (Éxodo 20:5).

Este parece ser para ellos el pasaje que definitivamente establece que Dios castiga a los descendientes de los pecadores. El problema es que:

1) La palabra “castigo” no aparece por ningún lado, ni aun en las repeticiones del pasaje (Ex. 34:7; Núm. 14:18; Deut. 5:9).

2) El pasaje usa la palabra “”visitar.” En hebreo es “paqad”; significa “visitar, inspeccionar, interesarse en.” Los rabinos judíos la traducen “… yo soy Jehová tu Dios … que reviso la iniquidad de los padres sobre los hijos …”

3) Los expertos que produjeron la versión Septuaginta del Antiguo Testamento del hebreo al griego usaron la palabra griega “episkeptomai”, que significa “observar, supervisar, cuidar, examinar de cerca.”

4) El pasaje se cita en forma parcial. El contexto es la prohibición de la idolatría por parte de Dios. La inferencia clara es que Dios visitará a las sucesivas generaciones de aquellos que cayeron en el pecado de idolatría para ver si continúan en los mismos pasos de sus ancestros. Esto es confirmado por la cualificación, “de los que me aborrecen.” En muchos casos, los hijos y descendientes inmediatos continúan en rebeldía contra Dios. La advertencia no está dirigida a aquellos que andan en los caminos del Señor.

5) La palabra “maldición” tampoco aparece en ningún lado, ni aun en las repeticiones. Ellos quisieran ver la palabra “maldición” en lugar de “maldad”, pero ni el lenguaje ni el contexto les permite forzar el concepto dentro del pasaje. La palabra de Exodo 20:25 es ‘âwon (generalmente traducida al español como iniquidad, maldad, culpa o pecado), mientras que maldición es ârar, como ya hemos visto.

Como vemos, tanto el castigo como la maldición sobre las generaciones venideras está ausente del pasaje. Otro error de los maestros de la maldición hereditaria es ignorar totalmente el resto del pasaje, donde se enfatiza la misericordia de Dios sobre los que le aman y guardan sus mandamientos. Esto, automáticamente cancela cualquier pretensión de que un cristiano esté marcado por una maldición ancestral y deba ser liberado de ella.

Estimado lector, no se deje embaucar por aquellos que le inculcan ideas de que usted ha sido afectado por una “maldición ancestral, hereditaria o generacional”, “línea sanguínea familiar”, “iniquidad familiar”, “líneas de iniquidad”, o cualquiera sea el mote que le apliquen a esta horrenda doctrina pergeniada por humanos, no por Dios. Usted, como cristiano, debe afirmarse en la verdad de que Cristo perdonó las iniquidades de muchos con su sacrificio en la cruz (Isa. 53:11).

¿Por qué esta doctrina es tan popular?

En primer lugar, digamos que aquellos que se convierten a Cristo en esta generación presente, traen consigo un pesado bagaje que la Nueva Era impuso casi inconscientemente sobre ellos. Si bien la Nueva Era como movimiento se diluyó a partir del decenio de los noventas, sus enseñanzas han permanecido y aun influencian a la gente por diferentes medios, televisión, películas, revistas, libros, música, educación pública, prácticas de la salud holísticas, etc.

Muchos libros de texto en las escuelas y aun universidades contienen referencias a prácticas ocúlticas que despiertan la curiosidad de los estudiantes. El paganismo resucitó de las cenizas en los ochentas para quedarse. Los temas de la dimensión oculta como la brujería y la magia donde se pueden manejar ciertas circunstancias y ciertos espíritus para crear una realidad propia y traer o detener el mal con poderes sobrenaturales obtenidos con fórmulas mágicas, hechizos, encantamientos, etc., son aceptados por la juventud como una realidad. Es fácil ver como una doctrina que apoya la existencia de tales invocaciones maléficas como las Maldiciones Generacionales, pueda ser creída por gente moderna. Copulado esto con la ignorancia bíblica que campea en ciertos círculos evangélicos, es natural que estos maestros cuenten con la credibilidad de los cristianos no discipulados propiamente.

¡Qué pena que no se les inculquen las verdades de la Palabra de Dios! ¿No es el cristiano una nueva criatura en Cristo y las cosas viejas pasaron (2 Cor. 5:17)? ¿No hemos sido librados de la potestad de las tinieblas y trasladados al reino de Jesucristo (Col. 1:13)? ¿Acaso no dice la Escritura que a los cristianos el maligno [el diablo] no nos toca (1 Jn. 5:18)? ¿Puede el diablo y sus huestes ejercer mayor influencia en un cristiano que la presencia del Espíritu Santo que mora dentro de él? ¡De ninguna manera! Mayor es el que está en nosotros [Dios Espíritu Santo] que el que está en el mundo [Satanás] (1 Jn. 4:4).

¿Puede el cristiano estar poseído por un demonio? ¡No! Las tinieblas no tienen comunión con la luz (2 Cor. 6:14). Los cristianos somos el templo del Dios viviente (2 Cor. 6:16). Esta es una referencia a la presencia del Espíritu Santo en nuestros cuerpos. El Espíritu Santo no se corre hacia un lado para hacerle lugar a un demonio. Walter Martin, el recordado apologista, lo ponía de esta forma: “Cuando el demonio golpea a la puerta del corazón del cristiano, el Espíritu Santo abre la puerta y le dice, ‘Mándate mudar’.” A mí me agrada más la expresión “Vete al diablo.” Claro, sólo para esta ocasión, no como parte de mi lenguaje habitual.

Otra razón para la popularidad de la doctrina de las maldiciones generacionales es que la mayoría de la gente, siguiendo la corriente de la psicología moderna, se rehusa a aceptar responsabilidad por sus propias faltas y pecados. Los cristianos, en muchos casos, nos negamos a aceptar la verdad bíblica de que somos tentados de nuestra propia concupiscencia y ni aun el diablo puede obligarnos a pecar (Stg. 1:14). Hoy la iglesia, en gran parte, colabora en el plan de victimización de la sociedad moderna. Todo el mundo es una víctima, ya sea de las circunstancias, de nuestros padres, del ambiente, de la herencia genética, de la sociedad, etc., y si bien en algunos casos puede haber una medida de verdad en esto, la tendencia general es a pensar que nadie es responsable por su propia conducta. Esto no es verdad, de lo contrario la Escritura nos ha mentido en un sin número de pasajes que nos exhortan a una conducta santa, y que vamos a dar cuenta ante el Tribunal de Cristo. Dios no cree en el dicho “El Diablo me hizo hacerlo.”

La motivación detrás de la teología

Al considerar que esta doctrina de las Maldiciones Generacionales surgió por primera vez en el decenio de los ochentas, luego de miles de años en que supuestamente los hombres y mujeres de Dios estuvieron en tinieblas con respecto a estas cosas, corresponde analizar las causas por las cuales ciertos predicadores la iniciaron y propagaron.

Este invento de los círculos carismáticos, neopentecostales, movimientos de renovación y de la confesión positiva, cumple una función muy importante. Antes, cuando oraban por la sanidad o la prosperidad económica de una persona y el individuo no sanaba o no mejoraba su condición financiera, le echaban la culpa a la poca fe de la persona o argumentaban que la persona estaba en pecado. Ahora, para no hacer sentir mal a la persona, le dicen que sus problemas se deben a una maldición heredada de sus padres o sus antecesores. !Magnífico! Por lo menos de esta forma no ofenden la sensibilidad del individuo por un tiempo al menos. Cuando luego de “romper” la maldición la persona sigue con su problema, de nuevo tienen que recurrir a la excusa del pecado o de la poca fe, pero ya han logrado mantener al incauto en sus redes por un poco más de tiempo, durante el cual, con toda seguridad, lo exprimirán con los métodos de sacar dinero que emplean en sus iglesias.

La guerra espiritual y la doctrina de la prosperidad van tomadas de la mano y son usadas por los mismos falsos maestros. Además, otras fuentes de ganancias para ellos son la publicación de una lista interminable de libros en el tema y las conferencias o seminarios para romper maldiciones hereditarias, cuyo costo no baja de entre los cien y doscientos dólares por cabeza en los EEUU.

Otra ventaja económica es que los diezmos de la congregación aumentarán en forma considerable una vez que se les impresiona con el asunto de las maldiciones. La autora de un artículo sobre maldiciones generacionales cita a Malaquías 3:8-9, “¿Robará el hombre a Dios? Pues vosotros me habéis robado. Y dijisteis: ¿En qué te hemos robado? En vuestros diezmos y ofrendas. Malditos sois con maldición, porque vosotros, la nación toda, me habéis robado.”

Y luego comenta: “Qué importante es enseñar a los niños desde pequeños a diezmar y a los jóvenes que trabajan apartar su diezmo para Dios, esto ayuda a romper cualquier maldición de pobreza y ser apartado el enemigo de sus vidas y tener prosperidad.” [4]

¡Vaya estratagema inteligente para colectar diezmos!

Publicado por Pastor Damián Ayala.


El llamamiento supremo de Dios

El llamamiento supremo de Dios

Por: Rick Joyner

Al comentar la razón por la que hablamos de que debemos tener nuestra propia relación con el Señor en lugar de meramente seguir a otros, vemos esta exhortación en Cantar de Cantares. Este Libro fue escrito especialmente para aquellos cuya misión en la vida sea convertirse en la Esposa que tanto se merece nuestro Rey. Un versículo clave que debemos todos aprender es Cantar de Cantares 1:7:

“Hazme saber, o tú a quien ama mi alma, dónde apacientas, dónde sesteas al mediodía; pues ¿por qué había de estar yo como errante junto a los rebaños de mis compañeros?”

Si solamente estamos junto a los rebaños de Sus compañeros permanecerán los velos y sólo seremos capaces de ver y ser cambiados por Su gloria de manera indirecta. Por esta razón, mi objetivo en el ministerio jamás ha sido hacer que nadie fuera mi discípulo personal, sino ayudar a todos los que pueda a convertirse ellos mismos en discípulos personales de Cristo Jesús Mismo.

Como podemos ver también en Juan 10, son Sus ovejas las que conocen Su voz, no Sus corderos. Mientras somos jóvenes en el Señor tenemos que seguir a los demás hasta llegar a conocer Su voz, pero espero que mis propios velos sean quitados así como los de todos aquellos a los que yo pueda ayudar en su caminar. Debemos verle a Él para poder ser cambiados a Su imagen, y no solamente ser la imagen de alguno de Sus amigos.

¿Qué podría un hombre pensar si sus hijos todos se parecieran a su mejor amigo? Debemos considerar lo que estamos haciendo cuando somos líderes que intentamos hacer que la gente se conforme a nosotros en lugar de a Él. Nuestras vidas pueden y deben ser buenos ejemplos para los demás, pero como declaró el Apóstol San Pablo, él se esforzaba hasta que Cristo se formara en Su pueblo, y este debe ser nuestro objetivo.

Una de las cosas que más ánimo me ha dado fue que cuando recibí la visión de la cosecha hace veinticinco años, vi que habría un día una generación de los mensajeros más poderosos que han caminado jamás por la faz de la tierra, los cuales serán “eunucos por el bien del Reino”, no de manera natural o física sino espiritual. Al igual que los eunucos físicos no pueden siquiera desear una esposa, sino que reciben toda su satisfacción al ver que el rey se deleita en ella, así serán éstos para el Señor. Todo su deseo será asegurar el placer del Rey en Su Esposa, la Iglesia. Su devoción será que la Iglesia se convierta en aquello que Él desea, no en lo que él o nadie más quiera.

¿Han notado que en las Escrituras no hay nietos de Dios? Para Él todos son parte de la primera generación. Nuestro objetivo supremo en el ministerio debería ser que pase lo que nos pase, aun si morimos o si caemos, las personas a las que hemos enseñado no tropiecen en un solo paso en su búsqueda de Dios. Ellos no serán sacudidos si no se basan en el fundamento de sus enseñanzas, sino más bien en una relación con Él que nunca podrá fallar ni decepcionar.

Como dijimos, los corderos, o creyentes neófitos, tienen que seguir a las demás ovejas hasta llegar a conocer suficientemente al Pastor y a Su voz por sí mismos, por lo que no está mal seguir a los demás hasta madurar. Sin embargo, la madurez es el resultado de acercarnos a Él, no sólo a Su pueblo.

Por eso, intento escribir y enseñar de tal modo que cualquier persona, a cualquier nivel de madurez pueda entender y recibir, aunque en casi todos los mensajes siembro un llamado para aquellos que buscan aquello a lo que se refirió el Apóstol Pablo cuando dijo: “prosigo a la meta, al premio del supremo llamamiento de Dios en Cristo Jesús” (verFilipenses 3:14).

Como mencionamos anteriormente, cuando Pablo escribió en Filipenses 3 que no creía haber alcanzado la meta y que proseguía, no se refería a la salvación ni a la redención, las cuales recibió el día en que creyó en el sacrificio de expiación de Cristo. Lo que no consideraba haber alcanzado todavía era el supremo llamamiento que pocos cristianos perciben, aun cuando escribió acercándose al final de su vida. Aquellos que lo saben con certeza reconocen que es el mayor tesoro que se pueda alcanzar en esta vida. Esta es la búsqueda más importante y misión suprema que podemos tener en esta vida.

Dios los bendiga


El Jesucristo de la Wachtower

El Jesucristo de la Wachtower 
El por qué los Testigos de Jehová no  pueden ser llamados cristianos

por Pablo Santomauro

Los Testigos de Jehová profesan creer en Jesucristo. Hasta se identifican ante la gente como cristianos. Pero si examinamos de cerca sus creencias, nos daremos cuenta que ellos predican un Jesús que es vastamente diferente al Jesús de la Biblia.

Para los Testigos de Jehová, “Jehová Dios” es un nombre que sólo describe al Padre [1]. Jesucristo se llamó Miguel antes de dejar el cielo y aun hoy luego de su retorno, sigue siendo el Arcángel Miguel [2]. Sí, Jesucristo para ellos es el segundo personaje en importancia en todo el universo, fue la primera y única creación directa de Jehová [3], posterior a la cual Jesús, dotado de poder por Jehová, creó todas las demás cosas. La segunda etapa en la vida de Jesús transcurrió aquí en la tierra luego de que Jehová transfiriera la vida de Jesús desde el cielo hasta el vientre de María [4].

Durante su vida en este mundo, Jesús fue solamente un hombre exactamente como lo fue Adán antes del pecado original, pero conservó las memorias del Arcángel Miguel [5]. Luego de su muerte, Jesucristo dejó de existir como ser humano y fue re-creado a su estado original, i.e., una criatura ontológicamente espiritual (el Arcángel Miguel) [6]. De acuerdo con esta posición, la resurrección de Jesucristo no puede ser vista como un triunfo sobre la muerte física. En realidad, la Escritura revela todo lo contrario (1 Co. 15:54-55).

Sumado a esto, los Testigos de Jehová insisten en que Jesús no debe ser adorado, y que las oraciones no deben ser dirigidas a él [7]. La Biblia, por supuesto, afirma lo contrario (Mt. 2:11; 28:9; He. 1:6; Hch. 7:59-60; 9:13-14).

Como podemos ver, los Testigos de Jehová niegan la Deidad de Jesucristo, haciéndolo una simple creación de Dios (una criatura más, a pesar de que lo describan como la primera y gran creación). Si bien están dispuestos a decir que Jesús es un dios poderoso, de ninguna manera se compara con Jehová Dios, el Todopoderoso [8]. Esa es la razón por la cual los Testigos de Jehová y todos aquellos que hacen de Jesús alguien de menor valía que Dios, no pueden responder con el amor incondicional, la honra y la fe que Jesús demanda.

En Juan 5:23, Jesús mismo dice que todos deben honrar al Hijo como honran al Padre. El que no honra al Hijo, no honra al Padre que le envió. Jesús reclama aquí igualdad con el Padre. El Testigo de Jehová niega esto, por lo cual está desobedeciendo la Palabra de Dios.

Por éstas y muchas otras razones, la organización de los Testigos de Jehová no puede ser considerada cristiana, sino más bien una secta, o sea, un fraude espiritual. Reclaman ser cristianos pero niegan las doctrinas esenciales del cristianismo. Definitivamente, los Testigos de Jehová no son cristianos. Sus enseñanzas son claramente anti-cristianas. <>

Notas:

1) El Hombre más Grande de Todos los Tiempos, Introducción, p. 4.

2) Atalaya , Mayo 15, 1969, p. 307; Atalaya , Diciembre 15 1984, p. 29.

3) Make sure of all things (Asegúrese de todas las cosas) , p. 204.

4) El conocimiento que lleva a la vida eterna , pp. 39,40.

5) Reasoning From the Scriptures , Watchtower Bible and Tract Society, Brooklyn, New York, 1985, pp. 209-220, 405-426.

6) Sea Dios Veraz , p. 276; El Reino Viene, p. 258.

7) Atalaya , 15 Dic. 1994, pag. 23.

8) Booklet on “Jesus the World’s Savior” , published by the Dawn Bible Students, http://sewhttkr.home.comcast.net/jesusws.htm

**Este Escrito ha sido Publicado en este blog con el Permiso del apologista Pablo Santomauro**

Este articulo fue tomado del blog amigo El blog del Pastor Daniel


La causa del universo.

 

La causa del universo.

 

 

“Tuyos son los cielos, tuya también la tierra; el mundo y todo lo que en él hay, tú lo fundaste.”

Salmos 89:11

(Si deseas ir al indice, pica aqui)

Nota: Pueden hacer copy-paste con libertad a todo lo escrito aquí, únicamente les pido de favor que me avisen a donde lo publicaran, para saber que uso se le da. Especial interés tengo en refutaciones que se intenten hacer al argumento, para tener derecho a réplica. En sí, no necesitan mi permiso, solo les pido la cortesía de avisarme. Gracias.

Durante nuestra vida, todo el tiempo vemos cosas viniendo a la existencia. Seres humanos, animales, insectos y plantas nacen; aparatos como los celulares, computadoras, televisores, refrigeradores, climas, autos y radios son creados por el hombre o por otras maquinas que también tuvieron un inicio en su existencia. Estas experiencias nos han enseñado que las cosas que tienen un inicio en su existir, tienen una causa. De hecho, podríamos decir que todo en el universo tiene un inicio en su existencia y por lo tanto, que todo en el universo tiene una causa, pero ¿Qué tal el universo mismo? ¿Podría ser que el universo tenga una causa?

Durante muchos años, los cristianos y un gran número de teístas hemos dicho: si, el universo tiene un inicio absoluto en su existencia. Del otro lado, muchos no-creyentes, defienden a capa y espada la idea de que el universo es eterno, es decir, nunca tuvo un inicio en su existencia. La razón de esto, es que si el universo tiene un inicio absoluto en su existencia, esto nos llevaría a implicaciones metafísicas que apuntan de forma seria a la existencia de Dios. Es decir, en el inicio del universo podemos encontrar un argumento muy poderoso y persuasivo a favor de la existencia de nuestro creador.

El argumento que podemos formular a favor de la existencia de Dios, utilizando el inicio absoluto del universo como base, es el llamado argumento cosmológico Kalam, el cual es tradicional entre las 3 grandes religiones monoteístas del mundo desde tiempos antiguos. En la actualidad, el filósofo y teólogo cristiano, el Dr. William Lane Craig, ha revivido este argumento y  ofrecido una rigurosa defensa para el mismo, al punto en que, podríamos decir, no existe ninguna refutación exitosa al argumento cosmológico kalam hasta hoy en día. Este argumento, lo podemos formular de la siguiente manera:

1)      Todo aquello que tiene un inicio en su existencia tiene una causa.

2)      El universo tiene un inicio en su existencia.

3)      Por lo tanto, el universo tiene una causa.

Una vez que el argumento se ha defendido de manera exitosa, se pasan a hablar de las consecuencias lógicas de que el universo tenga una causa y así, se argumenta a favor de la existencia de Dios. Ahora, pasemos a las defensas para cada premisa:

1)      Todo aquello que tiene un inicio en su existencia tiene una causa.

Esta premisa no debería representar un problema en lo absoluto, de hecho, creo que la gran mayoría de las personas estarán de acuerdo con ella, pues parece ser muy intuitiva.

Sin embargo, demos algunas razones para justificarla.

Primero, esta premisa nos habla del principio de causalidad, el cual postula que todo efecto o suceso, tiene una causa.  Ahora, cuando aplicamos este principio a nuestra premisa, nosotros utilizamos un segundo principio que fortalece y defiende la idea de que la causalidad que se propone es cierta y este principio es: Ex nihilo nihil fit. (Nada surge de la nada)

Lo que señala este segundo principio es que de la nada no surge nada, por la sencilla razón de que la nada es inexistencia, no es algo. Es decir, el universo no puede provenir de la nada, porque la nada no es “algo” que exista y por lo tanto, no posee ningún atributo que pueda utilizar, como para traer el universo a la existencia. Decir que la premisa es falsa, es decir que las cosas pueden provenir de la inexistencia y eso no solo es peor que apelar a la magia, sino que dejaría a la ciencia, la cual se basa en la causalidad, en la total ruina.

Segundo ¿Por qué si la nada puede traer cosas a la existencia no aparecen cosas de manera espontanea en la existencia? Querer refutar esta premisa para negar que el hecho de que el universo tenga un inicio, significa que tenga una causa, nos permite preguntar ¿Por qué solo el universo? ¿Por qué esa discriminación de parte de la nada hacia el resto de las cosas? ¿Qué tiene de especial el universo para venir de la nada a la existencia? ¿Por qué no surge de la nada por ejemplo, una mamba negra en medio de mi sala? Y más aun ¿Qué razón hay para pensar que de hecho el universo vino a la existencia de la nada? ¿Hay razones suficientes para pensar y aceptar esto o es una creencia sostenida por fe o por el deseo de no aceptar este argumento que apunta a la existencia de Dios como conclusión?

Tercero, tenemos confirmación científica y común de que esta premisa es verdadera. El principio de causalidad y el principio ex nihilo nihil fit son pilares fundamentales de la ciencia.  En cada rama de la ciencia encontramos confirmación para estos principios y por tanto, evidencia de que nuestra premisa es cierta. Las cosas que tienen un inicio en su existencia, tienen una causa.

Aun así, parece haber personas que por alguna razón, intentan refutar esta premisa para poder echar abajo el argumento. Analicemos las objeciones:

1)      Nada tiene un inicio en su existencia porque todos estamos hechos de materia y la materia siempre ha existido.

Esta objeción en realidad no deberíamos tomarla enserio. Porque ¿Qué es lo que se quiere decir? ¿Qué yo existía en la época jurasica? ¿Nosotros existíamos cuando Jesucristo nació? ¿Yo existía cuando nuestra galaxia se formaba? ¿Nosotros existíamos cuando la inquisición mato a miles de personas?

La persona que presenta esta objeción, confunde el objeto con el material del que puede estar hecho un objeto. Por ejemplo, supongamos que tenemos plastilina y con ella formamos un gato. ¿Ese gato de plastilina ha existido desde antes de que lo formáramos? Por supuesto que no, ese gato es una forma nueva de la plastilina, una forma que no tenia, una forma que tiene un inicio en su existencia.

Por el otro lado, la persona que presenta esta objeción, no distingue entre una causa material y una causa eficiente. Una causa material es aquella de la que está hecha la cosa de la que hablamos. Una causa eficiente es aquella que produjo aquello de lo que hablamos. Un ejemplo podría ser una escultura. La causa material es la piedra o el bronce o el material del que se vaya a ser la estatua y la causa eficiente, es el escultor. Otro ejemplo, podría ser un cachorro de león. La causa material del cachorro de león se puede reducir a materia, pero las causas eficientes, se pueden rastrear en el león, la leona y quizá los procesos que dan lugar a la fecundación y desarrollo del futuro cachorro.

Pasemos a la siguiente objeción.

2)      La mecánica cuántica nos prueba que algunas cosas pueden venir a la existencia de la nada, por lo tanto, la primera premisa es falsa.

Esta objeción es un triste mal entendido de lo que dice la mecánica cuántica sobre algunas partículas fundamentales. En muchas ocasiones, leemos a nivel popular que la mecánica cuántica ha probado que algunas partículas aparecen en la nada y desaparecen. Esto lleva a confusiones como la presentada en esta objeción.

Cuando en mecánica cuántica se habla de “nada”, no usan el término de la forma en que lo usamos nosotros. La nada, hace referencia al vacio cuántico y el vacio cuántico, no está vacío (aunque su nombre sugiera que es así), más bien, es como un mar de energía fluctuante, con su propia estructura y gobernada por sus propias leyes físicas. Así, cuando leemos que la física cuántica probó que algunas partículas vienen de la nada y luego desaparecen, nos están queriendo decir que las partículas aparecen en este vacio cuántico lleno de energía y leyes físicas y que luego, vuelven a ese mismo vacio. La nada, que es inexistencia (no-algo) y el vacio cuántico (algo), no hacen referencia a lo mismo.

Así que esta objeción es falsa, la mecánica cuántica no ha probado que haya cosas viniendo a la existencia de la nada.

Pasemos a la defensa de la segunda premisa:

2)      El universo tiene un inicio en su existencia.

Esta es la premisa clave del argumento. Para defenderla, daremos un argumento filosófico y dos argumentos que provienen de la ciencia. Después, pasaremos a revisar las múltiples objeciones que puedan levantarse contra la premisa. Esta parte será larga, pero aseguro que vale la pena, así que les pido paciencia.

Primero, argumentemos en contra de la existencia de un infinito actual. Un infinito actual seria un infinito que existe en la realidad, que no está formándose, sino que está terminado. Seria, por ejemplo, como haber terminado de contar todos los números posibles que existan (los cuales son infinitos). Lo anterior ya nos da una idea de la ridiculez de sostener que los infinitos actuales existen, sin embargo, tratemos de argumentar mejor acerca de la imposibilidad de esta situación.

Supongamos que el universo es eterno y que por tanto, no tiene un inicio en su existencia. ¿Qué sucedería en una situación así? ¿Sería posible que tú o yo pudiéramos existir? Analicémoslo. El mundo se rige por el principio de causa y efecto, con respecto a la existencia de las cosas. Así, como dice la primera premisa, todo lo que tiene un inicio en su existencia, tiene una causa. ¿Qué consecuencias tiene este principio si el universo es eterno? Averigüémoslo utilizando este ejemplo:

(Infinito)…-3,-2,-1, 0, 1, 2,3,… (Infinito)

Imaginemos que estos números, son objetos. Cada uno, tiene un inicio en su existencia, lo que significa que tienen una causa. La causa de cada número, es el número anterior, por lo tanto, podríamos decir que cada número depende de todos los números que están antes de él. Teniendo esto en cuenta, yo pregunto ¿Cuándo llega el momento en que el numero 3 venga a la existencia?

¿Ya lo tienen? La respuesta es, nunca. ¿Por qué? podrían preguntarse ustedes. Bueno, es simple. El numero 3, depende de la existencia del numero 2, es decir, el numero 2 debe haber venido primero a la existencia, para causar al número 3. Pero el numero 2 depende del número 1, ósea que, el numero 1 debió ser primero, para que este causara al 2 y el 2 al 3. Pero el 1 depende del 0, lo que significa que el 0 debió ser primero, para causar al 1, el 1 al 2 y el 2 al 3. Pero el 0 depende del -1, lo que significa que el -1 debió ser primero, para causar al 0, el 0 al 1, el 1 al 2 y el 2 al 3. Pero el -1 depende del -2. Lo que significa que…

¿Ya se dieron cuenta? Cada número depende de que primero, todos los números que están antes de él hayan llegado a la existencia. Ahora, pregúntense ¿Cómo puede un numero en concreto llegar a la existencia, si primero tienen que venir una infinita cantidad de números antes de el? ¡Es imposible! Siempre habría un número más antes del número que elijamos. Podemos de hecho tomar cualquier número y veremos que aun así aplica. Lleven este ejemplo al universo regido por el principio causa y efecto y podrán inferir que de hecho, el universo NO puede ser eterno (y cada uno de nosotros es la prueba).

Pero demos otro ejemplo, una paradoja. Supongamos que, en este universo eterno, tenemos un número infinito de parcas (con parca me refiero a ese personaje esquelético, con capucha negra y una hoz que conocemos como La Muerte) y un hombre. Este hombre, ha existido por siempre y no puede morir, a menos que una parca lo mate. Ahora, supongamos que cada parca tiene una alarma, para una hora en específico, de un día en especifico, un momento en especifico, en toda la eternidad y cuando suena esta alarma, la parca va, busca en donde está este hombre y si le ve vivo, lo mata, si lo ve muerto, se va. Pregunta ¿Cuándo murió este hombre? Bien en este momento son las 5:00 am en mi país, por lo que podría decir : “ya está muerto”.  Es imposible que ese hombre este vivo en este momento, pues la parca que tiene la alarma para esta hora en este momento en la existencia eterna del universo, ya debe haberle matado (aplica el ejemplo si quieres con tu hora). Sin embargo, hay un problema con esto. La parca de las 5:00 am, del día de hoy, no pudo haberlo matado, porque la parca de las 4:00 am, del día de hoy, lo debió matar primero. Pero la parca de las 4:00 am, del día de hoy, no pudo haberlo matado, porque la parca de las 3:00 am, del día de hoy, debió haberlo matado primero. Pero la parca de las 3:00 am, del día de hoy, no pudo haberlo matado, porque la parca de las 2:00 am, del día de hoy, debió haberlo matado. ¿Ven a donde guía esto? Si regresamos en el tiempo, a cada hora, debió de haber habido una parca que matara a este hombre. Sin embargo, si el universo es eterno, podemos regresarnos de manera infinita en las horas y nos daremos cuenta, que ninguna parca ha podido matar a este hombre, porque a la parca que le tocaba la hora anterior, ya debió haberle matado. Pregunta ¿Este hombre estaría vivo o muerto?

Otro ejemplo. Supongamos que tenemos un infinito número de cartas, marcadas con los números, del 1, al infinito. Supongamos que a ese infinito numero de cartas, tú le sumas 1 carta más. ¿Cuántas cartas tienes ahora? Bien, sigues teniendo el mismo número, infinito. Pero supón ahora que tu restas a estas cartas, todas las cartas que tengan un numero múltiplo de 5. ¿Cuántas cartas tendrías? Bien, el resultado, sigue siendo infinito. Pero ahora, supongamos que a este infinito numero de cartas, tú le restas todas las cartas que tengan un número mayor al número 50. ¿Cuántas cartas te quedan? Bien, te quedan 50 cartas. ¿Cómo puede ser esto? Hemos hecho dos veces la misma operación y hemos obtenido números diferentes. En una ocasión infinito menos infinito, es infinito. En otra, infinito menos infinito, es 50. Esto nos demuestra que el infinito no puede ser real pues nos guía a resultados contradictorios. Un número infinito actual de cosas no puede existir en la realidad.

Ahora, pasemos a la confirmación científica.

Primera confirmación científica, el modelo estándar del Big Bang.

En 1917, Albert Einstein hizo una aplicación cosmológica de su recién descubierta teoría gravitacional, la teoría general de la relatividad.

El asumió que el universo es homogéneo e isotrópico y que existe en un estado fijo. Sin embargo, se encontró con que la teoría no permitiría un modelo así del universo, a menos que introdujera un sus ecuaciones del campo gravitacional, un factor “extra”, en orden de contrabalancear el efecto gravitacional de la materia, para asegurar un universo estático. Así lo hizo y su modelo acabo balanceado sobre una cuerda floja, pues la mas mínima perturbación en ese universo,  causaría que su modelo permitiera que el universo se expandiera o implosionara.

Tomando estas características del modelo de Einstein en cuenta, en 1920, el matemático ruso Alexander Friedmann y el astrónomo belga Georges Lemaitre, formularon de manera independiente soluciones a las ecuaciones de campo, que predecirían un universo en expansión.

En 1929, el astrónomo americano Edwin Hubble mostro que el corrimiento al rojo en el espectro óptico de la luz desde galaxias distantes, era una característica común de todas las galaxias registradas y era proporcional a sus distancias de nosotros. Asi, Hubble descubrió la expansión isotrópica del universo predica por Lemaitre y Friedmann.

De acuerdo con el modelo de Lemaitre-Friedmann, mientras el tiempo procede, la distancia que separa las partículas ideales del fluido cosmológico constituido por materia y energía del universo, se vuelve mayor. Dicho de otra forma, el espacio se está expandiendo y con forme se expande, los cuerpos celestes se separan entre sí. Una manera de entenderlo es pegando 4 pedazos de papel en un globo desinflado, luego, inflarlo y ver como los pedazos de papel se separan entre sí, no porque se muevan, sino porque el espacio se expande.

Las implicaciones que este modelo cosmológico tiene, son, que si hacemos reversa en el tiempo, en vez de una expansión veríamos una contracción, hasta que llegara un punto en donde todo se volvería una singularidad, donde todo el espacio-tiempo, la presión, la temperatura, la densidad, etc. se volverían infinitos. Esto significa no habría ninguna galaxia, ni materia como la conocemos, pues todo estaría comprimido a un punto 0, donde no existiría nada, ni el espacio, ni el tiempo, ni la energía, ni la materia.

Por lo tanto, podemos decir que la singularidad cosmológica inicial, no está en el espacio-tiempo, sino que constituye un límite o borde al espacio tiempo en sí mismo.

Esto implica no solo que las cosas en el universo empezaron a existir, sino que el espacio-tiempo también comenzó a existir hace un tiempo finito en el pasado (y con él, la materia y la energía).

 Segunda confirmación científica, la segunda ley de la termodinámica.

Podríamos decir que la segunda ley de la termodinámica nos dice esto: El nivel de energía de trabajo útil en el universo, tiende a disminuir con el tiempo. Esto significa que la energía busca un estado de equilibrio, en donde la temperatura y la presión sean la misma en todas partes. Esto sucede con el tiempo, de hecho, esta ley nos dice que la energía está buscando ese estado de equilibrio en este mismo instante.

¿Eso qué significa para nosotros? Bien, que ninguna forma de vida podría ser posible.

Para entender esto, comencemos explicando de forma breve que es un sistema abierto y uno cerrado. Un sistema cerrado es un sistema físico que no permite la interacción con agentes fuera de el, podríamos decir, para entenderlo mejor, que esta “aislado”. Un sistema abierto es un sistema físico que si permite la interacción con elementos fuera de el.

Tomando lo anterior en cuenta podemos entender porque ninguna forma de vida sería posible si el universo es eterno.

La razón es: nuestro universo, tiene una cantidad limitada de energía de trabajo útil (considerando que el universo o un multiverso, acabara siendo un sistema cerrado, pues llega el punto en que no hay otro sistema con el cual interactuar, considerando también que con universo o multiverso, hacemos referencia a toda la materia y energía que exista). Esa energía útil es la que usa para mantener el movimiento y la vida. La segunda ley de la termodinámica nos dice que esa energía, con el tiempo, deja de ser útil y se vuelve energía “inútil”, al grado en que, pasado suficiente tiempo, toda la energía en el universo se volverá inútil, es decir, alcanzara el grado máximo de entropía y toda el universo sufrirá una muerte térmica.

Pensemos al respecto. Si el universo (o el multiverso) fuera eterno ¿no significa eso que por causa de la segunda ley de la termodinámica nosotros no deberíamos de existir? Por supuesto. Por lo tanto ¿Qué es lo que estamos haciendo aquí si el universo es eterno? Bien, la explicación es simple. El universo NO es eterno y cada uno de nosotros, somos la prueba. Si el universo fuera eterno, este ya habría alcanzado el grado máximo de entropía.

Ahora, pasemos a revisar las múltiples objeciones que pueden presentarse a esta premisa.

1)      Puedes obtener un infinito actual añadiendo a una serie finita, infinitos elementos, uno por uno, en una infinita cantidad de tiempo.

Esta objeción falla, pues lo que propone no es un infinito actual, sino un infinito potencial. Un infinito potencial es un infinito en construcción. Un infinito actual es un infinito que ya existe.  Añadir a una serie finita, infinitos elementos, en  una cantidad infinita de tiempo, no te lleva nunca a un infinito actual, pues siempre tendrás un elemento más que agregar a la serie, además que, nunca terminarías si necesitas una cantidad infinita de tiempo para hacerlo, por lo que no es y nunca sería un infinito actual.

2)      Los infinitos existen en matemáticas, ergo, tu premisa es falsa.

Es verdad, los infinitos en matemáticas existen, sin embargo, esto no contradice la premisa. Los infinitos en matemáticas son ideales, no reales. Nunca encontraras estos en el mundo real, solo en ecuaciones matemáticas. Como el matemático David Hilbert dice:

“El infinito no puede ser encontrado en ninguna parte en la realidad. Tampoco existe en la naturaleza, ni proporciona una base legítima para el pensamiento racional… El papel que le queda por jugar al infinito es exclusivamente el de una idea.”

3)      ¿Entonces qué? ¿Aquiles nunca alcanza a la tortura? Si tu argumento filosófico sobre el infinito es cierto, entonces, los argumentos de Zenón también son ciertos.

Esto hace referencia a las paradojas de Zenón y en si nos dice que si mi argumento acerca de la imposibilidad del infinito es cierto, entonces, las paradojas de Zenón también son ciertas.

Esto es un error. Las paradojas de Zenón, a diferencia de mi argumentación, lo que hacen es dividir un espacio o cosa en infinitas partes, mientras que el argumento que presento, habla del inicio en la existencia de las cosas y de la necesidad de que, estas cosas que tienen un inicio en su existencia, tengan una causa, porque no pueden surgir de la nada. Por lo tanto, si el universo es eterno, una cadena causal infinita hacia el pasado es cierta y si esto es así, entonces nada hubiera llegado a la existencia. Son dos cosas con un abismo de diferencia.

Zenón tomaba por ejemplo, la distancia entre tú y la pared y te decía que si tu tirabas una piedra a la pared, la piedra jamás llegaría a la pared, porque podías dividir la distancia en partes infinitas y como la piedra se vería obligada a recorrer cada parte de la distancia, una por una, nunca llegaría, pues hay un número infinito de partes que recorrer. Pero es claro que eso es un error:

Primero, la piedra no atraviesa una a una cada parte de esta distancia, sino atravesaría, incluso, una infinita cantidad de partes en un solo movimiento o evento y así lo hace hasta llegar a la pared.

Segundo, si divides al infinito, llegara el momento en que las partes serán tan pequeñas que la piedra no podrá pasar una a una, sino que por necesidad, en su movimiento, pasara una infinita cantidad de ellas, por su tamaño en comparación del tamaño de los espacios divididos entre la piedra y la pared.

Tercero, Zenón jamás justifico porque deberíamos asumir que el espacio entre un objeto A y el punto que se desea alcanzar B debería estar dividido al infinito, cuando nosotros podemos ver que no es así, que es un todo sin divisiones.

Y cuarto, esto no tiene nada que ver con el argumento, pues aquí no hablamos de dividir objetos o espacios, sino de Causa-Efecto, cosas viniendo a la existencia.

4)      La primera ley de la termodinámica dice que la materia no se crea ni se destruye, solo se transforma, por lo tanto, tu premisa es falsa.

Esta objeción falla, pues la primera ley de la termodinámica aplica solo cuando ya tienes el sistema, no antes. Por ejemplo, en la singularidad propuesta en el modelo estándar del Big Bang, esta ley no aplicaría, porque no hay materia y energía allí. Así, la primera ley no refuta la premisa, pues esta ley tan solo se aplica cuando el sistema ya está en existencia (y antes del inicio del universo, por lógica, el sistema (que es el mismo universo) no existía).

5)      ¿Qué hay de otros modelos cosmológicos del universo que apuestan por una existencia eterna?

Bien, primero esta objeción tendría que justificar la evidencia que tenemos de la termodinámica y de la expansión del universo, sin embargo, creo que podemos entregar una tercera defensa para poder terminar de desbaratar cualquier pretensión de defender un universo eterno.

En el 2003, Arvind Borde, Alan Guth y Alexander Vilenkin, lograron probar que cualquier universo que este en promedio, expandiéndose a través de su historia, no puede ser infinito en el pasado, sino que tiene que tener un espacio-tiempo limitado en el pasado.

Lo que hace que a esta prueba tan poderosa es que se mantiene de forma independiente de la descripción física del universo temprano. Debido a que todavía no podemos proporcionar una descripción física del universo temprano, este breve momento ha sido un terreno fértil para especulaciones. Un científico lo ha comparado a las regiones en los mapas antiguos con la etiqueta “Aquí hay dragones “-es decir, puede ser llenado con todo tipo de fantasías. Pero el teorema de Borde-Vilenkin Guth-es independiente de cualquier descripción física de ese momento. Su teorema implica que, incluso si nuestro universo es sólo una pequeña parte de un multiverso llamado: el compuesto de muchos universos, el multiverso debe tener un comienzo absoluto.

 Vilenkin es contundente acerca de las implicaciones:

“Se dice que un argumento es lo que convence a los hombres razonables y una prueba de ello es lo que se necesita para convencer incluso a un hombre irracional. Con la prueba ahora en su lugar, los cosmólogos ya no pueden esconderse detrás de la posibilidad de un universo eterno en el pasado. No hay escapatoria: tienen que enfrentar el problema de un principio cósmico.”

6)      El Argumento Cosmológico Kalam comete la falacia de composición.

Esta objeción nos dice que el argumento sostiene que, porque todo en el universo tiene una causa, significa que el universo también tiene una causa, es decir, como todas las partes del universo tienen una causa, significa que el universo mismo tiene una causa. Eso es una falacia de composición. Es como decir que porque al cortar una anaconda muchísimas en partes, estas no pesan, significa que la anaconda completa no pesa.

Bien, el argumento no hace eso. El argumento nunca dice que porque todo en el universo tiene una causa, se deduce que el mismo universo tiene una causa. Más bien, argumentamos que el pasado no puede ser infinito y utilizamos el principio causa y efecto para esto. Así, decimos que el universo no puede ser infinito en el pasado, porque nada habría llegado a existir en él y además, damos dos confirmaciones científicas para defender el inicio en la existencia del universo.

7)      ¿Cómo es que Dios puede ser infinito si dicen que el infinito no puede existir en la realidad?

Simple, el infinito que estamos negando, habla de cantidades, mas no de cualidades. Cuando decimos que Dios es infinito, no nos referimos a cantidades, sino a cualidades: Omnipotencia, omnipresencia, omnisapiencia, eternidad, etc.

Son dos ideas diferentes en su totalidad. El problema surge con infinitas cantidades de cosas, no con una cualidad que decimos, es infinita (tratando de expresar la idea de que Dios posee perfección en todos sus aspectos).

8)      El universo se creó a sí mismo.

Esto es ilógico. Crearse a si mismo significa que existía antes de existir, para poder crearse. ¿Pero cómo va a existir, antes de existir? Es algo ilógico, si ya existe, entonces no puede crearse, pues ya está allí.

9)      Tu primera premisa dice que todo tiene una causa, siendo así ¿Quién causo a Dios?

Esta objeción falla, porque la primera premisa dice que todo lo que TIENE UN INICIO EN SU EXISTENCIA, tiene una causa y Dios, estamos postulando, es eterno.

¿Por qué Dios si puede ser eterno y el universo no? Porque en Dios no se da una cadena causa y efecto infinita al pasado, como si sucede con el universo. Recuerden, el problema en sí mismo no es la eternidad, ni la infinitud, sino las cantidades infinitas existiendo de forma real y ese sería el caso del universo si este es eterno.

Bien, ahora que hemos defendido nuestras dos premisas con éxito, podemos concluir sin ningún miedo que:

3)      El universo tiene una causa.

Ahora que hemos llegado a esta conclusión, veamos las implicaciones lógicas de todo lo que hemos argumentando antes.

Primero, reconocemos el principio Ex nihilo nihil fit: Nada surge de la nada. Si el universo tiene un inicio en su existencia, este no pudo surgir de la nada, por lo tanto, tiene una causa.

Ahora ¿Qué características posee esta causa? Bien, primero, debemos recordar que hemos argumentado en contra de la existencia de una cadena causal infinita hacia el pasado, es decir, debe haber un inicio absoluto y por tanto, una primera causa, incausada. Aplicando la Navaja de Ockham, decimos que esta primera causa incausada es la que origino el universo (es decir, no vamos a multiplicar causas sin necesidad para el universo, demos una).

Considerando lo anterior, podemos decir que la primera característica de la causa es la eternidad, es decir, que la causa no tiene un inicio en su existencia y tampoco un final,  sino que siempre ha estado allí.

Pero ser eterno, nos arroja una segunda conclusión lógica acerca de la causa, que esta es atemporal. Si eternidad significa que no hay inicio en existencia y no habrá final, significa que esa existencia no tiene tiempo de existir, es decir, está fuera de la cuenta temporal. La segunda razón para pensar esto, es que si el universo tiene un inicio en su existencia y el universo es la suma del tiempo, espacio, materia y energía, significa que antes del universo (cuando la causa existía), no había tiempo, por tanto, era la atemporalidad.

Ahora, podemos extraer otra conclusión lógica del inicio absoluto del universo, y esta es, la trascendencia del espacio que tiene la causa. Si al iniciar el universo, también inicio el espacio a existir, entonces, la causa está fuera del espacio.

Esto nos trae una cuarta conclusión lógica y esta es, que la causa es inmaterial. Tenemos 2 razones para pensar esto. Primero, la materia se mueve y no puede haber movimiento en la eternidad (porque se formaría una cadena causal similar a la de las cantidades infinitas, pero en este caso, por movimiento infinito), por lo tanto, por razón de que la causa sea eterna, podemos decir que también es inmaterial. Segundo, si el espacio inicia junto al universo, significa que la materia no tendría donde estar antes de la existencia de este, por lo tanto, la causa es inmaterial.

Por último, la eternidad de la causa y su atemporalidad, nos indican que la causa debe ser quiescente, es decir, que esta sin movimiento, pero que tiene la capacidad de moverse (si no la tuviera, no podría traer el universo a la existencia). Esto porque el movimiento no puede existir sin tiempo y porque el movimiento no puede existir en la eternidad o traernos un problema parecido a la de la cadena causal hacia el pasado infinito.

Bien, entonces tenemos una causa eterna, atemporal, fuera del espacio, inmaterial y quiescente. Preguntémonos ¿Podría una causa así traer el universo a la existencia de forma natural? Bien, yo creo que es imposible.

Mi razón para pensarlo es esta. Si una causa natural con las características anteriores es la responsable de traer a la existencia el universo, significa que en esta causa estaba todo lo necesario para que el universo viniera a la existencia. Si este es el caso ¿Cómo es que el universo no es eterno, si su causa, que tenía en ella todo lo necesario para traerlo a la existencia, si lo es?

Una manera de ejemplificar lo que digo, seria esta. Si tuviéramos gasolina (material, substancia o energía) y una llama (leyes de la naturaleza), se produciría una inflamación violenta. Ahora, supongamos que tenemos una cantidad infinita de gasolina y una llama, juntas durante toda la eternidad. Pregunta ¿Desde cuándo ha estado ardiendo la gasolina? La respuesta correcta seria: desde la eternidad. Verán, es imposible tener gasolina y una llama juntas y que la inflamación no se produzca de inmediato, pues si lo necesario (la causa) para producir la inflamación (el efecto) está allí ¿Cómo es que la gasolina no estaría ardiendo desde siempre dado que han estado juntos en la eternidad?

Demos otro ejemplo. Supongamos que tenemos agua (material, substancia o energía) y temperatura de 0 grados centígrados (leyes de la naturaleza). El agua se congelaría por completo en una temperatura de 0 grados centígrados. Si decimos que tenemos agua y dicha temperatura durante toda la eternidad, yo preguntaría ¿Desde cuándo se congelo el agua? Bien, la respuesta seria: desde siempre ha estado congelada. No puedes tener agua y temperatura de 0 grados centígrados durante la eternidad y esperar que el agua se haya congelado hace una cantidad finita de tiempo en el pasado.

Llevemos eso al universo. Si en la causa (natural) del universo esta todo lo necesario para traer a este a la existencia (como en los ejemplos anteriores) ¿Por qué el universo no es eterno? Si el universo fuera eterno, tendríamos el problema de la cadena causal infinita hacia el pasado, por lo que, la causa del universo no puede ser natural.

Ahora. ¿Qué tal una causa personal? Una causa personal, dotada con libertad de elegir de manera espontanea cuando crear el universo, sería la solución a este problema. Para ilustrarlo de manera mas fácil, imaginemos a una persona, existiendo en la eternidad totalmente quieta, sin moverse y que de repente, haciendo uso de su libertad, elija comenzar a moverse y crear el universo. No habría ningún problema con esta causa, mientras sus acciones sean finitas en el tiempo pasado. (Es decir, que no haya realizado un infinito actual de acciones, lo único permitido seria un infinito potencial)

Ahora, si esta causa que trae el universo a la existencia, es personal, significa que tiene sabiduría, para saber cómo realizar las acciones que se proponga.

Esto último, nos lleva a inferir que la causa tiene poder de acción, pues debe ser capaz de realizar lo que se proponga.

Por último, si la causa es personal, tiene libertad y sabiduría, podemos inferir que la causa está viva, pues estos últimos atributos solo se presentan en la vida.

Por tanto, tenemos una causa eterna, atemporal, fuera del espacio, inmaterial, quiescente, personal, con libertad de elegir, con sabiduría, con poder de acción y  que está viva. Creo que una enorme parte de los teístas estaremos de acuerdo en que eso es con precisión una definición descriptiva de Dios.

Ahora, revisemos objeciones.

1)      La causa natural no tendría por qué haber traído al universo desde la eternidad, por lo tanto, tu inferencia falla.

Bien, es cierto que podría haber alguna forma en que la causa natural no tuviera que traer el universo a la existencia desde la eternidad…por ejemplo, pudo traer primero a la existencia otro mecanismo que trajera al universo a la existencia y así librarse del problema. Sin embargo, eso no ayuda para nada  a la causa natural.

Verán, la causa natural por necesidad debe ser automática, es decir, si desde la eternidad han estado interactuando las leyes de la física o naturaleza y el material necesario en ella para que pueda traerse el universo a la existencia, significa que desde siempre ha habido movimiento o efectos, por lo tanto, la causa natural se enfrenta al problema del movimiento en la eternidad o al problema de una cadena causa infinita hacia el pasado, con o sin universo eterno.

2)      ¿Por qué si Dios es eterno el universo no es eterno también? En Dios también está todo lo necesario para traer el universo a la existencia, por lo tanto, la crítica a la causa natural, aplica a Dios también.

Esto es falso, la diferencia entre ambas causas, es que la natural, tiene por necesidad reacción automática (causa-efecto) mientras que la personal, decide utilizando su libertad, cuando crear.

Bien, este es, de forma resumida, el argumento cosmológico kalam. Como podrán ver, es un argumento muy pero muy poderoso, que se apoya en lógica, filosofía y ciencia, ayudándonos a demostrar, al final, que tenemos una causa eterna, atemporal, fuera del espacio, inmaterial, quiescente, personal, con libertad, con sabiduría, con poder de acción y con vida, la cual, corresponde a las características del ser que llamamos Dios.

Espero este argumento sea de edificación para todos y que ayude a fortalecer la fe de los teístas al darse cuenta que, en el mismo universo, esta una razón poderosa para creer en la existencia de nuestro creador.

Que la paz, la sabiduría y la bendición de Dios este siempre con ustedes.

Este articulo fue tomado del blog amigo http://defensadefe.wordpress.com


El diseñador del cosmos.

 

El diseñador del cosmos.

 

“Los cielos cuentan la obra de Dios y el firmamento anuncia la obra de sus manos”

Salmo 19:1

 

Los cristianos sostenemos que todo lo que existe, está aquí gracias a Dios. Ríos, mares, océanos, bosques, selvas, sabanas, desiertos, tundras, el sol, la luna, las estrellas, asteroides, todo el universo y por supuesto, la vida que en el habita; todo esto fue creado por el eterno y hasta el día de hoy, subsiste por su voluntad y poder.

Pero ¿Estamos realmente conscientes de hasta qué punto hemos dependido y dependemos del creador? ¿Estamos conscientes de todo lo que se necesita para que nosotros y toda forma de vida este el día de hoy aquí, existiendo? En los últimos años, varios científicos han descubierto que para que estemos aquí, hace falta un ajuste fino en el universo, el cual consta de ciertas constantes cosmológicas y de condiciones en el inicio del universo que simplemente aparecieron de forma arbitraria. Varios filósofos y científicos teístas, argumentan que las condiciones para que la vida se dé en este universo están tan delicadamente ajustadas que, parece en su totalidad improbable que por sí solas hayan logrado aparecer y derivar en un universo que permita la existencia de la vida.

Ahora ¿Qué implicaciones tiene este ajuste fino del universo en la existencia de Dios? Pues bien, las implicaciones son que, dada la abismal improbabilidad de que el universo se ajustara a sí mismo por puro azar o por necesidad física y considerando la complejidad tan grande del ajuste fino y lo especifico de este para poder permitir la existencia de la vida, se puede argumentar que la causa de tal ajuste fino es una inteligencia, así, nosotros podemos argumentar a favor de la existencia de Dios señalando que el ajuste fino es una señal de que una inteligencia superior ha creado este universo.

Debemos entender que este ajuste fino del universo es algo bien establecido en ciencia, así que con respecto a este punto no tendremos nada que hacer o probar, la evidencia científica juega a nuestro favor. Lo que a nosotros nos toca hacer es argumentar que este ajuste fino apunta a la existencia de Dios y para ello, vamos a valernos del siguiente argumento:

1)      El ajuste fino del universo se debe a la necesidad física, al azar o al diseño.

2)      No se debe a la necesidad física o al azar.

3)      Por lo tanto, se debe al diseño.

Bien, antes de pasar a defender las premisas, nos será útil definir algunas cosas y dar algunos ejemplos de ajuste fino.

¿A que nos referimos con el ajuste fino del universo? El ajuste fino del universo hace referencia a la extraordinariamente estrecha variedad de valores en las que tienen que caer las constantes cosmológicas y las condiciones iniciales (como la cantidad de entropía en el universo temprano, por ejemplo) para que el universo pueda albergar vida en el. Debemos entender (esto es importante) que ajuste fino no significa “diseño”, sino lo plasmado antes.

Ahora ¿Qué son las constantes cosmológicas? Bien, cuando las leyes de la naturaleza son expresadas en ecuaciones matemáticas, uno se encuentra con ciertos símbolos que representan cantidades inmutables, como la fuerza de gravedad, la fuerza electromagnética y la fuera nuclear débil. Estas cantidades que no cambian son llamadas “constantes cosmológicas”. Vamos a poner un ejemplo. La ley de la gravedad de Newton (F = Gm1m2/r2) nos dice que la fuerza (F) gravitacional entre dos objetos depende no solo de sus respectivas masas (m1 y m2) y la distancia entre ellos (r2) sino también de una cierta cantidad (G) que es constante y no cambia, sin importar la masa de cada objeto y la distancia entre ellos, esta es la gravedad y su valor no muta en nuestro universo.

¿Y las condiciones iniciales? Pues bien, estas simplemente aparecen en el inicio del universo de forma arbitraria, como condiciones iniciales en las que las leyes de la naturaleza siguen su curso. Un ejemplo seria la cantidad de entropía presente en el universo temprano. Sencillamente estos valores aparecen como una condición inicial en el big bang de forma totalmente arbitraria y de allí, junto a las leyes de la naturaleza, determinan como se desarrollara el universo.

Ambas (condiciones iniciales y constantes cosmológicas), solo tienen una estrecha variedad de valores en las que pueden caer para desarrollar un universo que permita la existencia de vida, si caen fuera de esta estrecha variedad, entonces, obtendremos un universo en donde no puede darse la vida.

Ahora ¿Qué tan estrecha es esta variedad de valores en las que pueden caer las condiciones iniciales y las constantes cosmológicas? O dicho de otro modo ¿Qué tan improbable es que se dé un universo que permita la vida? Pues bien, antes de darles los datos, revisemos algunos números que nos hagan entender mejor lo delicado del ajuste fino del universo.

El numero de segundos en la historia entera del universo es alrededor de 10 a la 17 potencia, es decir, un 1 seguido de diecisiete ceros: 100 000 000 000 000 000.

Del otro lado, el número de partículas sub-atómicas en el universo conocido, se dice que es de 10 a la 80 potencia, es decir, un 1 seguido de ochenta ceros:

100 000 000 000 000 000 000 000 000 000 000 000 000 000 000 000 000 000 000 000 000 000 000 000 000 000 000

Ahora, teniendo estos números en mente, consideremos los siguientes ejemplos de ajuste fino en el universo:

La llamada fuerza nuclear débil, una de las cuatro fuerzas fundamentales de la naturaleza, que opera en el interior del núcleo de los átomos, esta tan finamente ajustada que una alteración en su valor de tan solo 1 parte de 10 a la 100 potencia, impediría que el universo albergara vida.

Del otro lado, un cambio en la constante cosmológica que se encarga de la aceleración de la expansión del universo, de tan solo 1 parte de 10 a la 120 potencia, impediría que el universo albergara vida.

Roger Penrose de la universidad de Oxford ha calculado que la probabilidad de que los estados de baja entropía (como el que se dio en el big bang, como una condición inicial arbitraria) existan por puro azar es de una posibilidad entre 10 a la potencia de 10 ¡elevado a la potencia de 123! Es decir, es un número excesivamente incomprensible.

P.C.W. Davies ha calculado que modificar la fuerza electromagnética en tan solo 1 parte entre 10 a la potencia de 100 de igual forma impediría que el universo albergue vida.

Stephen Hawking estima que una disminución en la tasa de expansión de tan solo una parte entre cien mil millones de millones, un segundo después del Big Bang, habría dado lugar a que el universo colapsara y del otro lado, un aumento en la tasa de expansión (similar a lo anterior) habría impedido la condensación de las galaxias.

Podríamos seguir dando ejemplos, sin embargo, queda bastante claro que estamos hablando de una inmensa improbabilidad; tener una precisión de por lo menos una parte entre 10 a la potencia 60 es como disparar de un extremo a otro del universo observable (Veinte billones de años luz de distancia) y dar justo en un blanco que mida una pulgada.

Bien, ahora con los datos anteriores en mentes, pasemos a revisar las premisas.

1)      El ajuste fino del universo se debe a la necesidad física, al azar o al diseño.

La única dificultad que podría presentarse en esta premisa, es que alguien sugiriera que existe otra posible explicación. Pues bien, como hasta ahora solo conocemos estas 3, podemos dar la premisa por buena y si nuestros interlocutores desean plantear otra posibilidad, sea bienvenida y pasamos a analizarla.

Ahora, expliquemos brevemente cada una de las posibilidades.

Necesidad física: Esta posibilidad hace referencia a que por necesidad física, las constantes cosmológicas y las condiciones iniciales tienen que tener el valor que tienen.

Azar: Esta posibilidad hace referencia a que por simple accidente las constantes cosmológicas y las condiciones iniciales tienen el valor que poseen actualmente.

Diseño: Esta posibilidad hace referencia a que las constantes cosmológicas y las condiciones iniciales tienen el valor que tienen, porque así fueron diseñadas.

Bien, pasemos a revisar la siguiente premisa

2)      No se debe a la necesidad física o al azar.

¿Puede el ajuste fino deberse a la necesidad física?

Para que podamos sostener que el ajuste fino puede deberse a la necesidad física, debemos poder sostener que un universo que tenga valores que prohíban la vida es imposible, pero ¿Qué evidencia o que razón suficiente tenemos para poder sostener lo anterior? No existe ninguna, de hecho, parece totalmente posible que los valores de las constantes cosmológicas y de las condiciones iniciales puedan ser otros de los que tenemos actualmente. Que la proporción de la materia y antimateria primaria hubiera sido diferente, que el nivel de entropía al inicio del universo hubiera sido un poquito mayor, que el universo se hubiera expandido un poco más lento, estas y otras cosas más, parecen físicamente posibles, por tanto, no tenemos razones para pensar que un universo con valores que impidan la aparición de la vida es imposible y por tanto, no tenemos razones para aceptar que el ajuste fino del universo se debe a necesidad física.

De hecho, en ciencia se postulan cosas diferentes. Por ejemplo, los físicos tienen una teoría llamada teoría M o teoría de las súper cuerdas. Esta teoría permite que existan alrededor de 10 a la potencia de 500 universos posibles totalmente diferentes, la gran mayoría de ellos con valores que prohíben la vida.

Así que podemos desechar esta opción por no tener nada que la respalde y por tener evidencia en contra.

¿Pero qué tal el azar? ¿Podría ser el azar la respuesta al ajuste fino?

Bien, el problema con esta opción es que la improbabilidad de que el ajuste fino ocurra por azar es tan pero tan alta, que sencillamente es irracional pensar que estamos aquí por azar.

Para que comprendamos mejor este punto, daré 2 analogías y un pequeño ejercicio que dejaran más clara la improbabilidad a la que se hace referencia.

Tiro al blanco.

Imagínate en una galería de tiro, en donde los blancos están a 3 kilómetros de distancia de ti (aclaro que estoy siendo amable con la distancia). Los blancos son 20 y el centro de estos, mide tan solo una pulgada. Ahora, imagínate que un grupo de mercenarios, te dicen que si tu no le das de forma seguida y sin fallar al centro de cada blanco con una pistola (imaginen una con la suficiente potencia para alcanzar los blancos) que ellos te darán, ellos presionaran el botón de una bomba que han amarrado a tu cuerpo y que te hará volar por los aires. Piensa ¿Qué tan probable te parece que aciertes al centro (que mide una pulgada) de 20 blancos que se encuentran a 3 kilómetros de ti con una simple pistola sin fallar ninguno? Y recordemos que se está siendo generoso con la distancia, de hecho debería proponer por lo menos un año luz de distancia (así de “astronómica” es la improbabilidad).

Lotería.

Imagínate una enorme reja esférica de lotería, de esas que dan vueltas. Ahora, imagínate que esa enorme reja de lotería, es llenada con 10 billones de bolas negras. Después, imagínate que se depositan 100 mil bolas blancas. Ahora imagínate que comienzan a dar vueltas a la reja para mezclar las pelotas. Ya mezcladas, una persona con los ojos vendados, se acerca y mete su mano en la reja y saca una de las bolas (bien escondida de ti, para que no puedas ver qué color es). Una persona te dice en ese momento: “Si la bola es blanca, te irás y si la bola es negra, te pegaremos un tiro”. Pregúntate ¿Qué tan probable es que te salga la bola blanca? Pues bien, representémoslo con números para que tengan una idea más real:

Probabilidad de que saques la bola blanca es de 100 000 (cien mil) entre 10 000 000 100 000 (10 billones 100 mil posibilidades).

Probabilidad de que saques la bola negra es de 10 000 000 000 000 (10 billones) entre 10 000 000 100 000 (10 billones 100 mil posibilidades).

Pueden ir a los ejemplos de ajuste fino anteriores y ver las cantidades de nuevo, para que noten mejor de cuanto estamos hablando (de hecho, vean que en esta analogía he hablando de 10 billones de pelotas <es decir, un 10 acompañado de 12 ceros> cuando en los ejemplos de ajuste fino tenemos un uno acompañado de cien ceros por ejemplo y decimos que una modificación de una parte entre 10 a la potencia de 100 provocaría que el universo no permita la vida…así que en la analogía he sido bastante generoso).

Si tienes problemas para entender la magnitud de esta analogía, imagina que tienes que sacar una bola blanca cinco veces seguidas (considerando que cada “juego” es una de las constantes o condiciones iniciales).

Encestar.

Ahora, el pequeño ejercicio. Te invito a que lo hagas.

Haz una bolita de papel con cualquier hoja que no vayas a usar. Coloca un bote de basura a por lo menos unos 6 metros de ti (menos no) o si puedes a 10 metros. Ahora, intenta encestar en ese bote de basura 20 veces seguidas (que el bote no sea muy grande, sino uno de tamaño normal). Para hacerlo más sencillo, si logras darle a la orilla, pero rebota y se cae, tómalo como haber encestado. Cuando termines (en caso de que termines) medita en lo improbable que es lograr encestar 20 veces seguidas esa bolita de papel en un bote de basura que está a unos metros de ti.

Pues bien, piensa ahora que esa improbabilidad es nada cuando la comparas con la improbabilidad de que el universo este finamente ajustado por azar. De hecho, si quisiéramos ser un poco más justos (énfasis en un poco), tendría que pedirte que tomes una pelota de básquet ball, te alejes 1 kilometro de la canasta y después intentes encestar 20 veces seguidas. Si quieres prueba alejando cada vez más el bote de basura y utilizando otros objetos que lleguen hasta el. No es así de improbable el ajuste fino por azar, es abismalmente mayor.

Bien, pasemos a ver algunas objeciones a esta premisa:

a)      Pero si las constantes cosmológicas y las condiciones iniciales hubieran tenido otros valores, entonces tal vez otras formas de vida hubieran podido emerger.

Quien objete esto en realidad no comprende las desastrosas consecuencias de cambiar el valor de las constantes y de las condiciones iniciales.

Cuando se habla de “un universo que permite vida”, no se hace referencia a las formas de vida presente, mas bien, se hace referencia a la propiedad de los organismos de alimentarse, extraer la energía del alimento, crecer, adaptarse a su ambiente y reproducirse. Para que algo vivo pueda existir, el universo tiene que estar finamente ajustado, pues de no estarlo, ni la materia, ni la química, podrían existir…mucho menos entonces los planetas en donde algo vivo pueda estar.

b)     Pero tal vez en un universo con otras leyes de la naturaleza tales consecuencias desastrosas no pasarían.

Esta objeción confunde lo presentado en el argumento. No nos estamos ocupando de universos gobernados por distintas leyes de la naturaleza… de hecho, no sabemos cómo sería algo así o por lo menos si algo así es posible. Por lo tanto, esta objeción nada tiene que ver con el argumento, pues aquí estamos lidiando con las leyes de la naturaleza que operan en este universo.

c)      No tiene caso preguntar por tal cosa, pues obviamente no estaríamos haciéndonos esta pregunta si el universo no estuviera finamente ajustado. Es decir, nosotros solo podemos analizar aquellos valores del universo que son compatibles con nuestra existencia, por lo tanto ¡no hay nada que explicar!

Créanlo o no esta es una objeción y se llama “principio antrópico” y básicamente dice lo siguiente:

“Si los organismos que se han desarrollado en el universo, observan las constantes cosmológicas y las condiciones iniciales del universo, es altamente probable que observen que estás están finamente ajustadas para su existencia.”

Pero eso es tan solo una obviedad, no una respuesta al ajuste fino, es tan ridículo como si sucediera lo siguiente:

Imagina que serás ejecutado por 100 tiradores profesionales, rifle en mano, a tan solo 6 metros de distancia. Cierras tus ojos y solo escuchas: ¡Fuego! Y los balazos. Después, abres tus ojos y ves que no estás muerto y de hecho, que las balas no te han tocado.

Ahora imagina que respondes: “Nada que explicar, pues obviamente el hecho de que pueda estar aquí, vivo, es prueba de que los tiradores fallaron.”

¡Por supuesto que si estas abriendo los ojos es porque los tiradores fallaron! ¡Pero eso es una obviedad! La verdadera pregunta es ¿Por qué fallaron los 100 tiradores? ¿Azar o fue a propósito? El principio antrópico no resuelve tal pregunta.

d)     Si existe un multiverso, no hay nada que explicar, pues se entendería que al estarse creando nuevos universos, en algún momento, con suficiente tiempo, uno que permita la vida aparecerá por azar. Esto mas el principio antrópico, nos permite decir que no hay nada que explicar, pues estamos en un multiverso y este resulta ser uno de muchos universos, que apareció por azar finamente ajustado.

Esta objeción a mi parecer es muy desesperada pues no tenemos ninguna evidencia ni razón suficiente para pensar que de hecho exista un multiverso. Pero dejemos esto pasar y demos algunas objeciones.

La primera ¿Cuál sería el mecanismo para crear universos? Obviamente tendría que haber algo que cree universos en este sistema de universos llamado multiverso. ¿Qué mecanismo seria este? Y más importante ¿No estaría también finamente ajustado? Esto tan solo empujaría la pregunta un paso atrás, haciendo que nos preguntemos ¿Qué ajusto finamente al mecanismo que produce universos (para producir universos y para que este exista)?

La segunda. Si tal sistema existe obviamente no es eterno, la razón es simple, si este fuera eterno, el multiverso ya habría alcanzado el máximo grado de equilibrio térmico y no podría existir la vida (pues la segunda ley de la termodinámica nos dice que la energía busca el “equilibrio”, lo que significa que la energía útil del universo, con el tiempo, se vuelve “inútil” y sin energía no hay vida, ni movimiento). Eso significa que no existen infinitos universos, sino un número finito. Eso significa que sigue siendo bastamente improbable que un universo que permita la vida aparezca por puro azar, pues harían falta muchísimas oportunidades para que un universo finamente ajustado como este aparezca. Para ilustrarlo imaginen que se decide como es cada universo, con la reja de lotería que utilizamos como analogía antes. Cada vez que sacamos una pelota, sabemos cómo será el nuevo universo (permite la vida o no la permite). Cada universo tiene las mismas probabilidades de estar finamente ajustado (es decir, muy pocas). Por tanto, la improbabilidad sigue siendo tremendamente alta, aun con múltiples universos.

Esta objeción podemos darla por refutada al no contar con evidencia o razón suficiente que la respalde, al introducir la pregunta de qué ajuste fino es necesario para que exista este mecanismo y para que pueda generar universos y al notar que aun si este sistema existe, sigue siendo altamente improbable que nuestro universo aparezca.

Esto nos lleva a la conclusión:

3)      Por lo tanto, se debe al diseño.

Podemos notar que la explicación más probable al ajuste fino del universo es el diseño. Es algo totalmente intuitivo. Por ejemplo: Supongamos que tenemos distintas letras hechas de madera. En estas letras se encuentra 10 veces el abecedario, es decir, 10 letras a, 10 letras b, etc. Ahora supongamos que un día llegamos a casa y encontramos estas letras tiradas en el suelo. Pero hay un conjunto de letras que dicen: “Los púdines de limón son deliciosos”.

Pregunto ¿Qué es más probable? ¿Qué esas letras hayan tomado ese orden por si solas al tirarlas al suelo o que esas letras hayan sido puestas deliberadamente en ese orden?

Pueden pensar también en el ejemplo de la reja de lotería. ¿En qué situación es más probable que te salga la bola blanca que te permitirá seguir viviendo? ¿En una situación donde la bola salga por azar o en una situación en donde alguien deliberadamente saque una bola blanca de la reja?

Intuitivamente, el diseño (o la intencionalidad, que ya nos habla de alguien) es la respuesta más probable.

Espero que este argumento les sea útil, cualquier comentario o duda, estoy para servirles.

Que la paz y la sabiduría de Dios esté con ustedes.

Este articulo fue tomado del blog amigo http://defensadefe.wordpress.com


La Apologética Cristiana: ¿Quién La Necesita?

La Apologética Cristiana:

¿Quién La Necesita?

Por: William Lane Craig

Reflexiones del porqué la disciplina de la apologética es vital para la salud del cristianismo en la sociedad occidental.

Estoy profunda y humildemente honrado por el privilegio de que se me invitara a las Conferencias Stob este año. Es más, estoy un poco apenado por todo el alboroto que ustedes han hecho. Hay una tentación de querer justificar el que seleccionen a uno como conferencista Stob, es decir, dar un par de conferencias esperanzadamente impresionantes y eruditas. Pero una llamada del Presidente Plantinga me dejó más que claro que tal tentación no era consistente, ni con el propósito que se pretendía, ni la audiencia de esas conferencias. Había pensado en hablar de algunos temas claves en la teología filosófica cristiana. Pero el Presidente Plantinga me alentó a tratar la pregunta de la apologética cristiana, un tema al parecer muy apreciado por el corazón de Henry Stob, pero de alguna manera abandonado en años recientes. Me animó a aprovechar mis años de experiencia, como un apologeta cristiano, para compartir algunas reflexiones muy prácticas en esta disciplina. Así que, es lo que me he resuelto hacer.

Esta noche nos hacemos la pregunta fundamental: La apologética cristiana – ¿quién la necesita?

Para empezar, creo que debemos distinguir entre la necesidad de la apologética y su utilidad. La distinción es importante. Porque aun si la apologética no resultara ser absolutamente necesaria, no se concluye de ello que es, por lo tanto, inútil. Por ejemplo, no es necesario saber escribir a máquina para usar una computadora, puedes escribir de a dedazo, como yo; sin embargo las habilidades para escribir a máquina son muy útiles al usar una computadora. Dicho de otra manera, no es necesario mantener tu bicicleta en buen estado para ir en ella, pero puede ser un verdadero beneficio mantenerla bien engrasada. De la misma manera, la apologética cristiana puede ser de gran utilidad aun si no es necesaria para algún fin. Así que, no solamente necesitamos preguntar respecto a la apologética cristiana, ¿Quién la necesita? sino también ¿Para qué sirve?

La apologética cristiana puede definirse como aquella rama de la teología cristiana, que busca presentar una justificación racional para las verdades expresadas del cristianismo. Aquéllos que tratan a la apologética como si no tuviese importancia, tienden a medir el valor de la apologética enfocándose en su supuesta necesidad de garantizar la creencia cristiana. Algunos pensadores, particularmente en la tradición reformada holandesa, ven este rol como innecesario y a veces hasta equivocado.

Ahora, estoy completamente de acuerdo con los modernos y así llamados epistemólogos reformados, como Alvin Plantinga, en cuanto a que: los argumentos apologéticos y la evidencia no son necesarios para que la creencia cristiana sea justificada para alguien. El argumento de los racionalistas teológicos (o evidencialistas, como se les llama falsamente hoy en día) de que la fe cristiana es irracional en la ausencia de evidencia positiva es difícil de armonizar con la Escritura, la cual parece enseñar que la fe en Cristo puede establecerse inmediatamente por el testimonio interior del Espíritu (Ro. 8.14-16; 1 Jn. 2.27; 5.6-10) de tal manera que el argumento y la evidencia se vuelven innecesarios. He caracterizado en alguna otra parte el Testimonio del Espíritu Santo como autenticado por sí mismo, y con eso quiero decir (1) que la experiencia del Espíritu Santo es verídica e inequívoca (aunque no necesariamente irresistible o indubitable) por aquél que le tiene o le atiende; (2) que esa persona no necesita argumentos suplementarios o evidencia para conocer y saber con certeza que él está de hecho experimentando el Espíritu de Dios; (3) esta experiencia no funciona en este caso como una premisa en ningún argumento desde una experiencia religiosa a Dios, sino que es experimentar a Dios mismo inmediatamente. (4) que en ciertos contextos la experiencia del Espíritu Santo implicará la comprensión de ciertas verdades de la religión cristiana como; “Dios existe, “Estoy reconciliado con Dios”, “Cristo vive en mí”, etc.; (5) que esa experiencia le proporciona a uno, no solamente una certidumbre subjetiva de la verdad del cristianismo, sino también un conocimiento objetivo de esa verdad; y (6) que la evidencia y los argumentos incompatibles con esa verdad quedan sin efecto por la experiencia del Espíritu Santo por aquél que le atiende totalmente.

Los cristianos evidencialistas pudieran insistir en que, aun si la creencia cristiana pudiera justificarse en la ausencia de argumentos apologéticos positivos, incluso así, uno debe tener, al menos, los recursos apologéticos de defensa para vencer las diversas objeciones con las que uno se ve confrontado. Pero todavía, esa afirmación más modesta es apresurada, porque si el testimonio del Espíritu Santo en la vida de una persona es lo suficientemente poderoso (como debiera ser), entonces simplemente destruirá los argumentos que vengan en contra de las creencias cristianas de esa persona, y de este modo, eliminando incluso la necesidad de la apologética defensiva. Un creyente, que desconoce o que está pobremente equipado para refutar argumentos anticristianos, está justificado en creer, con base en el testimonio del Espíritu, aún ante tales objeciones. Incluso una persona que se enfrenta con lo que para él son objeciones sin respuesta para el teísmo cristiano está, debido a la obra del Espíritu Santo, dentro de sus derechos epistémicos—no, bajo obligación epistémica—de creer en Dios. Ya que las creencias basadas en el testimonio objetivo y verídico del Espíritu son parte de la emancipación invencible de la razón, la fe del creyente está justificada, aunque esté completamente privada de argumentos apologéticos (como es el caso de la mayoría de los cristianos hoy en día y a través de la historia de la Iglesia).

Por el contrario, el cristiano evidencialista se enfrenta con serias dificultades: (1) Negaría el derecho a la fe cristiana a todos los que no tienen la habilidad, tiempo y oportunidad de entender y evaluar los argumentos y la evidencia. La consecuencia sería, sin duda, consignar incalculables millones de personas que son cristianas a la incredulidad. Sin embargo, la Escritura dice que todos los hombres están sin excusa por no responder a la revelación que tienen (Ro.1.21). (3) Esta perspectiva crea un tipo de élite intelectual, un sacerdocio de filósofos e historiadores, que dictarán a las masas si es racional o no creer en el Evangelio. Pero, sin duda, la fe está disponible para todos los que, en respuesta al llamado del Espíritu, invocan el nombre del Señor. (4) La fe está sujeta a los caprichos de la razón humana y a las tierras movedizas de la evidencia, haciendo la fe cristiana, racional en una generación, e irracional en la siguiente. Pero el testimonio del Espíritu hace a cada generación contemporánea con Cristo, y así asegura una base firme para la fe.

Así que, no creo, de hecho, que la apologética sea necesaria para que la creencia cristiana se garantice. Pero no se concluye por ello que la apologética cristiana sea, por lo tanto, sin valor o de ningún beneficio en justificar la fe cristiana. Si los argumentos de la teología natural y las evidencias cristianas son acertados, entonces la creencia cristiana está justificada por esos argumentos y evidencias, para que la persona las entienda, aún cuando esa persona estaría justificada en la ausencia de éstos. Esta persona está doblemente justificada en su creencia cristiana, en el sentido de que disfruta de dos fuentes de garantía.

Se pueden visualizar los grandes beneficios que se tienen de esa doble garantía en las creencias cristianas de uno. Teniendo argumentos válidos para la existencia de Creador y Diseñador del universo o evidencia para la credibilidad histórica de los registros del Nuevo Testamento de la vida de Jesús, además de que el testimonio del Espíritu podría incrementar la confianza de uno en cuanto a la veracidad de las verdades cristianas expresadas. En el modelo epistemológico de Plantinga, al menos, uno tendría entonces mayor garantía por creer tales afirmaciones. Mayor garantía podría, a su vez, guiar a un incrédulo venir a la fe más fácilmente, o inspirar a un creyente a compartir su fe de forma más audaz. Además, el disponer de una garantía independiente para las verdades cristianas expresadas, aparte del testimonio del Espíritu, podría ayudar a predisponer al incrédulo a responder al llamado del Espíritu Santo cuando escuche el Evangelio, y al creyente podría proporcionarle apoyo epistémico en momentos de sequedad espiritual o duda, cuando el testimonio del Espíritu parece eclipsado. Uno puede, sin duda, pensar en muchas otras maneras en las que puede ser provechoso para las creencias cristianas poseer esa garantía.

Así que la pregunta es: ¿la teología natural y las evidencias cristianas garantizan la creencia cristiana? Pienso que así es. En mi trabajo publicado he formulado y defendido versiones de los argumentos cosmológico, teleológico, axiológico y ontológico a favor de la existencia de Dios, y también he defendido el teísmo en contra de las objeciones más prominentes que los pensadores ateos albergan para creer en Dios, como el problema del mal, lo oculto de Dios y la coherencia del teísmo. Además, he argumentado a favor de la autenticidad de las afirmaciones personales y radicales de Jesús y la historicidad de su tumba vacía, sus apariciones después de su muerte a varias personas y grupos. Y la creencia inesperada de los primeros discípulos de que Dios lo levantaría de los muertos. Asimismo, haciendo uso de los criterios estándares para evaluar las hipótesis históricas, he argumentado que la mejor explicación de los hechos, es aquella dada por los mismos apóstoles: Dios levantó de los muertos a Jesús.

Si estos argumentos son correctos, entonces la creencia del teísmo cristiano se justifica por la teología natural y las evidencias cristianas, así como, también por el testimonio interno del Espíritu Santo. Así que, aunque los argumentos apologéticos no son necesarios para saber que el cristianismo es verdadero, aún así son suficientes, y esta doble justificación para las creencias cristianas puede ser de gran ventaja. Por lo tanto, el éxito de la Epistemología Reformada y el fracaso del Racionalismo Teológico de ninguna manera implica que la apologética sea inservible o sin importancia.

Más que eso: aun si la apologética cristiana no es necesaria en cuanto a que garantice la creencia cristiana, la apologética cristiana puede ser de provecho y hasta necesaria en relación a varios fines. Permítame mencionar tres de ellos, en donde la apologética cristiana desempeña un papel vital en su realización.

1. Moldear la cultura. La apologética es útil, y bien puede ser necesaria, para que el Evangelio sea oído de manera efectiva en la sociedad occidental de hoy. En general, la cultura occidental es profundamente post-cristiana. Es el producto de La Ilustración, la levadura del secularismo, que se introdujo en la cultura europea y que ha permeado, hasta ahora, toda la sociedad occidental. El sello de La Ilustración fue “el libre pensamiento”, esto es, la búsqueda de conocimiento, a través y solamente de la razón humana, sin límites. Si bien, de ninguna manera se puede evitar que tal búsqueda lleve a conclusiones no cristianas, y aunque la mayoría de los mismos pensadores originales de La Ilustración eran teístas, el abrumador impacto de la mentalidad de La Ilustración ha sido que los intelectuales de occidente no consideren que el conocimiento teológico sea posible. La teología no es una fuente genuina de conocimiento y por lo tanto no es ciencia. Es así que la razón y la religión están en conflicto. Lo que de la ciencias naturales resulte se ha de tomar como guías autoritativas para nuestro entendimiento del mundo, y la confiada suposición es que la descripción del mundo que emerja de las ciencias genuinas es una descripción completamente naturalista. La persona que siga la búsqueda de la razón sin temor a su final será ateo o a lo más, agnóstico.

¿Por qué son importantes estas consideraciones de la cultura? Simplemente porque el Evangelio nunca se escucha en aislamiento. Siempre se le escucha en contra del trasfondo del ambiente cultural en el que uno vive. Una persona educada en un ambiente cultural en el que el cristianismo es todavía visto como una opción viable intelectualmente mostrará una apertura al Evangelio, lo que una persona secularizada no. ¡Para la persona secular es lo mismo si le dices que crea en cuentos de hadas o duendes, como en Jesucristo! O para dar una ilustración más realista, es como el que se nos acerque en la calle un creyente del movimiento Hare Krishna y nos invite a creer en Krishna. Semejante invitación nos parece bizarra, rara, incluso entretenida. Pero para una persona en Bombay, tal invitación parecería, asumo, muy razonable y sería una causa seria de reflexión. Me temo que en las calles de Bonn, Estocolmo o París los evangélicos parecen casi tan raros a las personas como los creyentes de Krishna.

Lo que nos espera en Norteamérica, en caso de que la caída en el secularismo continúe constante, ya es evidente en Europa. Aunque la mayoría de los europeos retienen una afiliación nominal con el cristianismo, sólo el 10% son creyentes que lo practican y menos de la mitad son de teología evangélica. La tendencia más significativa en la afiliación religiosa europea es el crecimiento de aquellos clasificados como “no religiosos” de 0% de la población en 1900 a arriba del 22% hoy en día. Como resultado el evangelismo es inmensurablemente más difícil en Europa que en los Estados Unidos. Haber vivido por trece años en Europa, donde hablé evangelísticamente en los campus universitarios por todo el continente, puedo testificar qué tan dura es la tierra. Es difícil que el Evangelio sea oído siquiera. Por ejemplo, recuerdo vívidamente que cuando hablé en la Universidad de Porto en Portugal, los estudiantes estaban tan incrédulos ante la posibilidad de un cristiano intelectual con títulos de doctorado de dos universidades europeas, que sospechaban que era realmente un impostor. ¡Incluso hablaron a la Universidad de Louvain en Bélgica, donde era un investigador visitante, para confirmar mi afiliación con la universidad!

EU sigue en cierta manera el mismo camino, y Canadá está en algún punto intermedio. La caída de Canadá en el secularismo ha sido abrupta. En 1900, los evangélicos representaban el 25% de la población canadiense. Para 1985, cayeron vertiginosamente a menos del 8% de la población. Mi experiencia, como ponente en los campus universitarios por Canadá, me sugiere que Canadá personifica un tipo de cultura centroatlántica más cercana hacia el secularismo europeo que su vecino del sur. El pluralismo y el relativismo son la sabiduría convencional en las universidades canadienses. Lo políticamente correcto y las leyes que regulan el discurso reprimen debatir respecto a temas de importancia ética y sirven como armas para oprimir ideas e instituciones cristianas. La caída de Canadá en el secularismo ilustra qué tan importante es mantener un ambiente cultural comprensivo a la creencia cristiana para la efectividad del evangelismo. Afortunadamente, los canadienses evangélicos han revertido esta tendencia durante la última década. Pero la cuesta arriba será mucho más difícil que el bajar, puesto que será directamente en contra de una cultura que ha llegado a oponerse a la cosmovisión cristiana.

Es por esta razón que los cristianos que disminuyen el valor de la apologética, porque “nadie viene a Cristo a través de argumentos intelectuales”, tienen una vista muy corta. Ya que la apologética se extiende más allá de un contacto evangelístico cristiano. La tarea de la apologética tiene una mira más amplia para ayudar a crear y mantener un ambiente cultural en el que el Evangelio pueda escucharse como una opción intelectualmente viable para los hombres y mujeres pensantes. El gran teólogo de Princeton, J. Gresham Machen en su artículo “El Cristianismo y la Cultura”, declaró correctamente:

Las ideas falsas son los más grandes obstáculos para la recepción del evangelio. Podemos predicar con todo el fervor de un reformador y así sólo tener éxito en ganar una batalla rezagada aquí y allá, si permitimos que todo el pensamiento de la nación sea controlado por ideas que impidan al cristianismo ser considerado no más que una falsa ilusión inofensiva.

Desafortunadamente, se hizo caso omiso de la advertencia de Machen, y el cristianismo bíblico se retrajo en los closets intelectuales del aislacionismo cultural, del cual hemos empezado a volver a surgir sólo recientemente.

Ahora, las grandes puertas de oportunidad se mantienen abiertas ante nosotros. Vivimos en un tiempo donde la filosofía cristiana está experimentando un renacimiento genuino, revitalizando la teología natural, en un tiempo cuando la ciencia está más abierta a la existencia de un Creador trascendental y Diseñador del cosmos que en ningún otro momento en tiempos recientes, en una etapa donde la crítica bíblica se ha embarcado en una búsqueda renovada del Jesús histórico, la cual trata a los evangelios seriamente como fuentes históricas de valor para la vida de Jesús y ha confirmado las líneas principales del retrato de Jesús que se describe en los evangelios. Estamos bien equilibrados intelectualmente para ayudar a volver a dar forma a nuestra cultura, de tal manera que recobremos el terreno perdido para que el Evangelio pueda ser oído como una opción intelectualmente viable para la gente seria.

Ahora bien, puedo imaginarme a algunos de ustedes pensando, “¿No vivimos en una cultura postmodernista en la que apelar a los argumentos de la apologética tradicional ya no son efectivos? Ya que los postmodernistas rechazan los cánones tradicionales de la lógica, la racionalidad y la verdad, los argumentos racionales para la verdad del cristianismo ya no funcionan. Más bien, en la cultura de hoy deberíamos simplemente compartir nuestra narrativa e invitar a la gente a participar en ella”.

En mi opinión, esta forma de pensar no podría estar más equivocada. La idea de que vivimos en una cultura postmoderna es un mito. De hecho, una cultura postmoderna es imposible, no sería posible vivirla. ¡Nadie es un postmodernista; cuando se trata de leer las etiquetas de un frasco de medicina a una caja de veneno para ratas! ¡Más vale creer que los textos tienen un significado objetivo! La gente no es relativista en cuestiones de ciencia, ingeniería y tecnología, donde sí son relativistas y pluralistas es en cuestiones de ética y religión. Pero, adviertan que eso no es postmodernismo, ¡eso es modernismo! Eso es sólo el ya bien establecido Positivismo y el Verificacionismo, éstos sostienen que cualquier cosa que no puedas probar con tus cinco sentidos, es sólo cuestión de gusto individual y expresión emotiva. Vivimos en un ambiente cultural que permanece profundamente modernista.

De hecho, pienso que el postmodernismo es uno de los engaños más artificiosos que Satanás haya ideado. Nos dice “El modernismo está muerto”, “No necesitas temerle más. Ya olvídalo; está muerto y sepultado”. Mientras que el modernismo aparenta estar muerto, vuelve en el traje elegante del postmodernismo, camuflageandose como un nuevo contrincante. Se nos dice: “Tus viejos argumentos y apologética ya no son efectivos en contra de ésta nueva llegada”. “Déjalos de lado, no sirven de nada. Sólo comparte tu narrativa”. De hecho, algunos, cansados de las largas batallas en contra del modernismo, dan la bienvenida al nuevo visitante con alivio. Y así, Satanás nos engaña al dejar de lado voluntariamente nuestras mejores armas; la lógica y la evidencia, y de ese modo asegura inadvertidamente el triunfo del modernismo sobre nosotros. Si adoptamos este curso de acción suicida, las consecuencias para la Iglesia en la siguiente generación serán catastróficas. El cristianismo se le reducirá a otra voz en la cacofonía de voces en competencia, cada uno compartiendo su narrativa y ninguno recomendándose a sí mismo como portador de la verdad objetiva de la realidad, mientras que el naturalismo científico moldea la perspectiva de nuestra cultura de cómo es realmente el mundo.

Ahora bien, esto va sin dejar de mencionar, ciertamente, que al practicar la apologética debemos ser relacionales, humildes, con una actitud invitadora; pero eso es difícilmente una percepción original del postmodernismo. Desde el principio los apologetas cristianos han sabido que debemos presentar razones de la esperanza “con mansedumbre y reverencia” (1P. 3.15). Uno no necesita abandonar los cánones de la lógica, la racionalidad y la verdad para ejemplificar estas virtudes bíblicas.

Y en cuanto a la idea de que la gente en nuestra cultura ya no está interesada o sensible a la argumentación racional y la evidencia del cristianismo, nada podría estar más lejos de la verdad. Si me permiten hablar de mi experiencia, por más de veinte años he hablado evangelísticamente en los campus universitarios en Norteamérica y Europa, compartiendo el Evangelio en el contexto de presentar una defensa intelectual de las verdades expresadas del cristianismo. Siempre concluyo mis pláticas con un periodo largo de preguntas y respuestas. Durante todos esos años, prácticamente nadie se ha levantado y dicho algo como: “Tu argumento está basado en estándares chauvinistas occidentales de la lógica y la racionalidad” o expresado algún otro sentir postmodernista. Esto simplemente no sucede. Si abordas las preguntas a un nivel racional, la gente responde a ellas a un nivel racional. Si presentas evidencia científica o histórica para una verdad expresada del cristianismo, los estudiantes incrédulos pueden argumentar contigo respecto a los hechos, eso es exactamente lo que quieres, pero no atacan la objetividad de la ciencia o la historia mismas. Si presentas un argumento deductivo a favor de una verdad cristiana, los estudiantes inconversos pueden levantar objeciones a tu conclusión o premisas, lo que es, otra vez, precisamente donde la discusión debe centrarse, pero no se contiende del uso de la lógica en sí.

Ahora, lo que si veo es que los estudiantes pueden sospechar de un conferencista cristiano. Así que, a ellos les gusta escuchar ambos lados del tema presentado. Por esta razón, encuentro a los debates como un foro especialmente atractivo para el evangelismo universitario. Competí por ocho años en actividades de debate en preparatoria y universidad, debatiendo temas de interés público como el programa de ayuda militar, control de paga y de precios etcétera. Nunca pensé que algún día el debate se volvería una actividad ministerial. Pero tan pronto como terminé mi doctorado teológico, empecé a recibir invitaciones de grupos de estudiantes cristianos en Canadá para participar en debates en temas como; “¿Dios existe?”, “¿Jesús se levantó de los muertos?”, “El Humanismo vs. El Cristianismo”, y así sucesivamente. Y lo que he descubierto es que, mientras que unos cuantos o tal vez unas doscientas personas vendrán a escucharme a dar una plática en el campus universitario, varios cientos o incluso miles de estudiantes vendrán a un debate donde puedan escuchar ambos lados. Por ejemplo, 2,200 estudiantes en el campus universitario de Riverside vinieron a escuchar mi debate con Greg Cavin tocante a la resurrección de Jesús. En la Universidad de Wisconsin en Madison 4,000 los estudiantes salieron, ¡en la noche de un partido de básquetbol!, para escuchar a Antony Flew y a mí, debatir la existencia de Dios. Simplemente, este Febrero pasado 3000 estudiantes en la Universidad de Iowa desafiaron una tempestad de nieve, que descargó siete pulgadas de nieve en el campus, para escuchar mi debate con un profesor universitario de Estudios Religiosos, conocido por su enemistad mortal hacia el cristianismo.  Más tarde, en la primavera de este año, 3,000 estudiantes en la Universidad de Purdue salieron a escuchar el debate que tuve con el joven filósofo humanista Austin Dacey tocante a la pregunta “¿Dios existe?”. El enfoque en todos estos debates es el argumento racional y la evidencia. Hay tremendo interés entre los estudiantes de escuchar una discusión balanceada de las razones en favor y en contra de la creencia Cristiana.

Así que, no se dejen engañar pensando que la gente en nuestra cultura ya no está interesada en la evidencia del cristianismo. Precisamente, lo contrario es la verdad. Es de vital importancia que preservemos una cultura en la que el Evangelio se escuche como una opción viva para personas serias, y la apologética estará a la vanguardia en ayudar para suscitar ese resultado.

2. Fortalecer a los creyentes. No sólo la apologética es vital en moldear nuestra cultura, sino que también juega un rol vital en las vidas de las personas. Uno de esos roles será fortalecer a los creyentes.

Jan y yo pasamos el verano de 1982 viviendo en un departamento en Berlín, preparándome para mis exámenes orales de teología en la Universidad de Munich. Había estado preparándome por más de un año para estos exámenes cruciales, tenía una pila de apuntes de un pie de altura que había virtualmente memorizado y revisado diario anticipadamente para el examen. Durante nuestra estadía ahí, tuvimos el placer de tener como invitada a Ann Kiemel y a su esposo Will mientras pasaban por Berlín. En ese tiempo Ann era una de las oradoras cristianas más populares en los Estados Unidos. Era una persona única que solía encontrarse con desconocidos y buscaba animarlos entonando cancioncillas de forma improvisada y compartiéndoles su fe. Era extremadamente sentimental y emocional. Contaba historias, algunas de ficción, algunas reales, eso bastaba para hacer llorar a una audiencia de mujeres en minutos.

Pues al sentarnos un día a la mesa, pensé en tratar de aprender algunas lecciones de su experiencia. “Ann” le pregunté, “¿Cómo te preparas para tus mensajes?”, ella respondió “¡Oh!, no lo hago”.

Me quedé completamente perplejo. “¿No te preparas?” le dije.

“No”, respondió.

Me quedé absolutamente pasmado. “Bueno, entonces ¿qué haces?” le pregunté.

“Oh, sólo comparto mis luchas.”

No podía creerlo. Ahí estaba yo matándome en años de preparación en el ministerio, y ¡ella no se prepara! Sin embargo no cabía duda de su efectividad. Alcanzaba a miles de personas con el Evangelio. Contaba historias de cómo incluso académicos de un carácter fuerte se ablandaban por sus cancioncitas e historias y venían a Cristo. Llegué a pensar, “¿Por qué hacer todo esto, cuando todo lo que necesitas hacer es compartir tus luchas?”

Regresamos a los Estados Unidos ese verano para hacer un sabático en la Universidad de Arizona en Tucson, donde vivía un antiguo amigo. Un día compartí con él la conversación que tuve con Ann y le dije cómo aquello me había realmente bajado los ánimos. Él me dijo algo que fue muy tranquilizador. Me dijo “Bill, algún día esas personas a quienes Ann Kiemel ha traído al Señor, van a necesitar lo que tienes que ofrecer”.

Él tenía razón. Las emociones te llevarán sólo hasta ahí, y entonces necesitarás algo más substancial. La apologética provee algo de esa substancia. Al hablar en las iglesias por el país, frecuentemente me encuentro a padres que se me acercan después del servicio y dicen algo como: “¡si sólo hubiera estado aquí hace dos o tres años!” “Nuestro hijo (hija) tenía preguntas respecto a la fe que nadie en la iglesia podía contestar, y ahora ha perdido su fe y está lejos del Señor”.

Me rompe el corazón conocer a padres así. Al viajar, también he tenido la experiencia de conocer a otras personas que me han dicho cómo evitaron ser apóstatas por leer un libro de apologética o ver un video de un debate. En estos casos, la apologética ha sido el medio por el que Dios ha causado su perseverancia en la fe. Ahora bien, desde luego, la apologética no puede garantizar la perseverancia, pero puede ayudar y en algunos casos puede, con la providencia de Dios, hasta ser necesaria. Recientemente tuve el privilegio de hablar en la Universidad de Princeton respecto a los argumentos a favor de la existencia de Dios, y después de la conferencia se me acercó un joven que quería hablar conmigo. Obviamente tratando de contener las lágrimas, me dijo cómo hacía un par de años había estado luchando con dudas y estaba a punto de abandonar su fe. Alguien le dio un video de uno de mis debates. Me dijo, “Ese video me salvó de perder mi fe, no puedo agradecerle lo suficiente”.

Le dije, “Fue el Señor quien te salvó de caer”.

“Sí”, contestó, “pero él lo usó a usted. No tengo cómo agradecerle”. Le dije cuan emocionado estaba por él y le pregunté por sus planes a futuro. “Me voy a graduar este año”, me dijo, “y pienso ir al seminario. Voy al pastorado”. ¡Alabado sea Dios por la victoria en la vida de este joven!

Otros estudiantes que conocí en Princeton se enrolaron en una clase que se impartía por el crítico del Nuevo Testamento, Elaine Pagels, la cual apodaban “La clase del destructor de la fe” por su efecto destructivo en la fe de muchos estudiantes cristianos. No tenían forma de saber qué tan distante estaban los puntos de vista del catedrático Pagels de la corriente principal de erudición tocante a los evangelios gnósticos. Fue un privilegio compartir con ellos las bases para la credibilidad del Nuevo Testamento, el cual atestigua de Jesús.

Su experiencia no es inusual. En la preparatoria y en la universidad a los jóvenes se les ataca con todo tipo de cosmovisiones no cristianas, aunado a ello el agobiante relativismo. Si los padres no se ocupan intelectualmente de su fe y no tienen argumentos sólidos a favor del teísmo cristiano y buenas respuestas para las preguntas de sus hijos, entonces estamos en un peligro real de perder a nuestra juventud. Ya no es suficiente enseñar a nuestros hijos historias de la Biblia simplemente, necesitan doctrina y apologética. Es difícil entender cómo es que la gente hoy en día puede arriesgar el ser padres sin haber estudiado apologética.

Desafortunadamente, también nuestras iglesias han dejado caer la bola en esta área. Es insuficiente para los grupos de jóvenes y las clases de escuela dominical enfocarse en pensamientos devocionales entretenidos. Debemos entrenar a nuestros niños para la guerra. No nos aventuremos pues a enviarlos a escuelas de nivel medio superior o a la universidad armados con espadas de hule y armaduras de plástico. El tiempo para jugar ya pasó.

Pero la apologética cristiana hace más que salvaguardar de los errores. Los efectos positivos de construcción del entrenamiento apologético son todavía más evidentes. Esto lo veo todo el tiempo en los campus universitarios cuando estoy en debate. John Stackhouse me hizo notar que estos debates son realmente una versión occidentalizada de lo que los misiólogos llaman “un encuentro de poder”. Creo que eso es un análisis perspicaz. Los estudiantes cristianos se salen de estos encuentros con una confianza renovada en su fe, ponen sus cabezas en alto, orgullosos de ser cristianos, y más atrevidos al hablar de Cristo en su campus. A veces después de un debate los estudiantes dirán, “¡No puedo esperar más para compartir mi fe en Cristo!”

Muchos cristianos no comparten su fe con los incrédulos simplemente por temor. Tienen miedo de que los incrédulos les hagan preguntas o levanten objeciones que no puedan contestar. Así que, deciden permanecer callados y así esconder su luz debajo de un almud, en desobediencia al mandato de Cristo. El entrenamiento apologético es una tremenda ayuda para el evangelismo, pues nada inspira más confianza y audacia que saber que uno tiene buenas razones para lo que uno cree y buenas respuestas a las preguntas y objeciones típicas que el incrédulo pueda plantear. Un entrenamiento sano en apologética es una de las claves para el evangelismo sin temor.

En ésta y en muchas otras maneras la apologética ayuda a construir el cuerpo de Cristo, al fortalecer a los creyentes de manera individual.

3. Evangelizar a los incrédulos. Pocas personas estarían en desacuerdo conmigo de que la apologética fortalece la fe de los creyentes cristianos. Pero muchos dirán que la apologética no es muy útil en el evangelismo. “Nadie viene a Cristo a través de argumentos”, te dirán. (No sé cuantas veces he escuchado decir esto).

Ahora, esta actitud de falta de interés hacia el rol de la apologética en el evangelismo ciertamente no es el punto de vista bíblico. Conforme uno lee los Hechos de los Apóstoles, es evidente que fue el procedimiento estándar de los apóstoles para argumentar a favor de la verdad del punto de vista cristiano, tanto con los judíos como con los paganos (ej. Hechos 17.23, 17; 19.8; 28.2324). Al tratar con audiencias judías los apóstoles apelaban a la profecía cumplida, los milagros de Jesús, y especialmente a la resurrección de Jesús como evidencia de que él era el Mesías (Hechos 2.22-32). Cuando confrontaron a las audiencias gentiles, las cuales no aceptaban el Antiguo Testamento, los apóstoles apelaron a la obra de Dios en la naturaleza como evidencia de la existencia de un Creador (Hechos 14.17). Luego se apeló al testimonio de los testigos de la resurrección de Jesús, para mostrar específicamente que Dios se había revelado a sí mismo en Jesucristo (Hechos 17. 30,31; 1Co. 15.3-8).

Francamente, pienso que aquellos que consideran a la apologética como trivial, simplemente no hacen mucho evangelismo. Sospecho que han tratado de usar argumentos apologéticos en alguna ocasión y encontraron que la persona incrédula se mantuvo escéptica. Luego llegan a la conclusión generalizada de que la apologética no es efectiva en el evangelismo.

Ahora bien, hasta cierto punto estas personas son sólo víctimas de falsas expectativas. Cuando reflexionas que sólo una minoría de personas que escuchan el Evangelio lo aceptarán y que sólo una minoría de aquellos que lo aceptan lo hacen por razones intelectuales, no debería sorprendernos que el número de personas con el que la apologética es efectiva es relativamente pequeño. Por la misma naturaleza del caso, deberíamos esperar que la mayoría de los incrédulos permanezcan sin convencer por nuestros argumentos apologéticos, así como, la mayoría permanece indiferente al predicarles la cruz.

Bueno, entonces, ¿por qué preocuparse con esa minoría de la minoría con la que la apologética es efectiva? Primero, porque cada persona es preciosa delante de Dios, una persona por la que Cristo murió. Como un misionero, que fue llamado a alcanzar algún grupo recóndito de personas, el apologeta cristiano tiene carga por alcanzar esa minoría de personas que responderán al argumento racional y a la evidencia.

Pero, en segundo lugar, y aquí es donde el caso difiere significativamente del caso del grupo recóndito de personas, este grupo de personas, aunque relativamente pequeño en número, es enorme en influencia.

Una de estas personas, por ejemplo, es C.S. Lewis. ¡Piense en el impacto que una sola conversión de un hombre sigue teniendo! He visto que las personas que más se identifican con mi trabajo apologético tienden a ser ingenieros, médicos y abogados. Esas personas están entre las más influyentes en formar nuestra cultura actual. Así que, alcanzar esta minoría de personas producirá una gran cosecha para el Reino de Dios.

De cualquier manera, la conclusión general de que la apologética es ineficaz en el evangelismo es precipitada. Lee Strobel recientemente me comentó que ha perdido la cuenta del número de personas que han venido a Cristo a través de sus libros El Caso de Cristo y El Caso de la Fe. Y si se me permite, tampoco ha sido mi experiencia el que la apologética sea ineficaz en el evangelismo. Continuamente estamos emocionados de ver a la gente entregar sus vidas a Cristo, a través de presentaciones apologéticamente orientadas del Evangelio. Después de una plática a favor de la existencia de Dios o evidencia a favor de la resurrección de Jesús o una defensa del particularismo cristiano, a veces termino con una oración para que entreguen su vida a Cristo, y las tarjetas de comentarios indican aquellos que han registrado tal entrega. Apenas esta primavera pasada, di un tour de conferencias en las universidades de Illinois, y estábamos entusiasmados de encontrar que casi cada vez que di esa presentación, los estudiantes tomaban decisiones para Cristo. ¡Hasta he visto estudiantes venir a Cristo sólo al oír una defensa del argumento cosmológico kalam!

Uno de los casos más emocionantes fue el de Eva Dresher, una física polaca que conocimos en Alemania poco después de que terminé mi doctorado en filosofía. Conforme Jan y yo hablábamos con Eva, llegó a mencionar que la física había destruido su creencia en Dios y que la vida ya no tenía significado para ella. “Cuando veo al universo todo lo que veo es obscuridad”, decía, “y cuando me veo a mí misma, todo lo que veo es obscuridad interior”. (¡Cuán triste declaración del predicamento moderno!) Bueno, en ese momento Jan le ofreció, “¡oh, deberías leer la disertación doctoral de Bill! Usa la física para probar que Dios existe”. Así que le prestamos mi disertación del argumento cosmológico para que la leyera. En los siguientes días ella se mostró progresivamente más entusiasmada. Cuando llegó a la sección de astronomía y astrofísica, ella estaba muy contenta. “! Conozco a los científicos que estás citando!” exclamó asombrada. En el momento que llegó al final su fe había sido restaurada. Ella dijo, “gracias por ayudarme a creer que Dios existe”.

Le contestamos, ¿Te gustaría conocerle de una manera personal? Entonces hicimos una cita para volver a verla esa misma tarde en un restaurante. Mientras, de memoria, preparamos nuestro propio folleto de Las Cuatro Leyes Espirituales. Después de la cena abrimos el folleto y empezamos, “Así como hay leyes físicas que gobiernan nuestro universo físico, así también existen leyes espirituales que gobiernan nuestra relación con Dios…”

“¡Leyes físicas! ¡Leyes espirituales!” exclamó. “¡Esto es justo lo que necesito!” Cuando llegamos a los círculos al final que representan dos vidas y le preguntamos qué círculo representaba su vida, puso su mano sobre los círculos y dijo, “¡Esto es muy personal!, no puedo contestar ahorita”. Así que le animamos a que se llevara el folleto a casa y le entregara su vida a Cristo.

Cuando la vimos el día siguiente, su rostro se veía radiante de gozo. Nos dijo cómo se había ido a casa y en la privacidad de su cuarto hizo la oración para recibir a Cristo. Luego, tiró en la taza del baño todo el vino y los tranquilizadores que había estado consumiendo. Era una persona verdaderamente transformada. Le dimos una Biblia Good News (Buenas Nuevas) y le explicamos la importancia de mantener una vida devocional con Dios. Nuestros caminos se apartaron por varios meses. Pero cuando la vimos otra vez, todavía estaba entusiasmada con su fe, y nos dijo que sus posesiones más preciadas eran su Biblia y su folleto hecho a mano de Las Cuatro Leyes Espirituales. Fue una de las ilustraciones más vívidas que he visto de cómo el Espíritu Santo puede usar los argumentos y la evidencia para atraer a la gente a un conocimiento de Dios que salva.

Ha sido emocionante, también, escuchar historias de cómo la gente ha llegado a Cristo por leer algo que he escrito. Por ejemplo, cuando estaba dando conferencias en Moscú hace unos años, conocí a un hombre de Minsk en Belorusia. Me dijo que poco después de la caída del comunismo había escuchado a alguien leer en ruso por la radio de Minsk mi libro La Existencia de Dios y el Principio del Universo. Al final de la transmisión se había convencido que Dios existe y rindió su vida a Cristo. Me dijo que hoy en día está sirviendo al Señor como anciano en una iglesia bautista en Minsk. ¡Alabado sea Dios! Previamente, este año en la Universidad A & M de Texas, conocí a una mujer que asistía a mis conferencias. Me dijo con lágrimas en los ojos que por 27 años se había alejado de Dios y se sentía desesperanzada. Curioseando en una librería Border se topó con mi libro Por favor ¿Quiere ponerse de pie el auténtico Jesús?, el cual contiene mi debate con John Dominic Crossan, copresidente del radical Seminario de Jesús, y compró una copia. Dijo que al leerlo, fue como si la luz simplemente viniera y le entregó su vida a Cristo. Cuando le pregunté qué hacía, me dijo que era una psicóloga que trabaja en una cárcel de mujeres en Texas. Sólo piensen en la influencia cristiana que puede tener en un ambiente tan desesperado.

Si me permiten, una última historia. Los últimos años, he tenido el privilegio de estar involucrado en debates con apologetas islámicos en varios campus universitarios en Canadá y en los Estados Unidos. Este verano, temprano un sábado por la mañana, recibí una llamada telefónica. La voz del otro lado de la línea dijo, “¡Hola! ¡Soy Sayd al-Islam llamando desde Omán!” Pensé, “¡Oh, no! Me encontraron”. Continuó explicando que había secretamente perdido su fe musulmán y se había vuelto ateo. Pero al leer varias obras apologéticas cristianas, las cuales estuvo ordenando por Amazon.com, había llegado a creer en Dios y estaba al borde de hacer un compromiso con Cristo. Estaba impresionado con la evidencia de la resurrección de Jesús, y me había llamado porque todavía tenía algunas preguntas que todavía necesitaba resolver. Hablamos por una hora, y percibí que en su corazón él ya había creído en Cristo; pero quería ser cuidadoso y asegurarse de que tenía la evidencia en su lugar, antes de que tomara ese paso conscientemente. Me explicó, “Usted entiende que no puedo decirle mi verdadero nombre. En mi país debo llevar una vida doble, de otra manera me matarían.” Oré con él que Dios le siguiera guiando a la verdad, y nos despedimos. ¡Pueden imaginarse cuan agradecido está mi corazón con Dios por usar estos libros -¡y por el internet!-, en la vida de este hombre! Historias como esas podrían multiplicarse, y claro está, nunca escuchamos la mayoría de ellas.

Así que, aquellos que dicen que la apologética no es efectiva con los incrédulos deben estar hablando de su limitada experiencia. Cuando la apologética se presenta persuasivamente y se combina de una forma sensible con el Evangelio y un testimonio personal, el Espíritu de Dios concede usarla para traer a ciertas personas a sí mismo. ¿La apologética es necesaria en esos casos? ¿Esas personas habrían aceptado a Cristo de cualquier forma, aun sin escuchar los argumentos? Creo que nos queda decir “¡Sólo Dios sabe!” Al menos, Dios lo sabe si tiene conocimiento medio ¿no?. Podemos no saber el valor verdadero de esas circunstancias contrafácticas de la libertad, pero podemos y sabemos, por experiencia, que Dios usa la apologética en el evangelismo para traer a las personas perdidas hacia Él.

Así que, en conclusión, la apologética cristiana es parte vital del currículum teológico. Aunque no es necesaria para garantizar la creencia cristiana, sin embargo es, creo yo, suficiente para garantizar la creencia cristiana y por lo tanto de gran beneficio. La apologética juega un papel vital y tal vez crucial en moldear la cultura, fortalecer a los creyentes y evangelizar a los incrédulos. Por todas estas razones, soy totalmente entusiasta en cuanto a la apologética cristiana.

Este articulo es publicado con el permiso de  http://www.reasonablefaith.org dueño de todos los derechos.

Dios los bendiga.