Hawking y Mlodinow: Emprendedores Filosóficos

Hawking y Mlodinow: Emprendedores Filosóficos

Por: William Lane Craig

Hola Doctor Craig,

¿Podría dar respuesta a lo siguiente, extraído del libro de Stephen Hawking y que cito como sigue: “Porque existe una ley como la gravedad, el universo puede crearse (y se creará) a sí mismo de la nada. La creación espontánea es la razón por la que algo exista en lugar de nada, de que exista el universo, de que existamos nosotros,” y “no es necesario invocar a Dios para que encienda la antorcha azul de papel y comience el universo.”

Si existe dicha revolución en la filosofía teísta, tales como los argumentos sobre el origen del universo, como usted sostiene, ¿Cómo pueden los físicos hacer estas declaraciones? ¿No muestra esto que los argumentos teístas no tienen mucho peso en el paradigma actual de la física?

Gracias,

Matthew

Australia

Respuesta: Tu pregunta es una de las muchas que hemos recibido recientemente sobre el nuevo libro de Stephen Hawking y Leonard Mlodinow, El Gran Diseño. En la Pregunta de la Semana # 180, me dirigí a las implicaciones de sus teorías para el argumento cosmológico kalam y el argumento del ajuste fino a favor de un Creador y Diseñador del Universo. Aquí, quiero utilizar tu pregunta, Matthew, “Si hay tal revolución en la filosofía teísta, tales como argumentos sobre el origen del universo, como usted sostiene, ¿Cómo pueden los físicos hacer estas declaraciones?” como un trampolín para abordar un asunto esencial planteado en el libro.

Hawking y Mlodinow comienzan El Gran Diseño con una serie de preguntas filosóficas profundas:¿Cuál es la naturaleza de la realidad? ¿De dónde viene todo esto? ¿Necesita el universo de un creador? Luego, dicen esto:

Tradicionalmente, estas han sido cuestiones filosóficas, pero la filosofía está muerta. La filosofía no se ha mantenido al corriente de los desarrollos modernos de la ciencia, en particular de la física. Los científicos se han convertido en los portadores de la antorcha del descubrimiento en nuestra búsqueda del conocimiento (Pág. 5).

El filósofo profesional sólo puede mirar con frustración ante el descaro y la condescendencia de esta declaración. Dos científicos que tienen, según todas las apariencias, poca familiaridad con la filosofía, se sienten preparados para pronunciar muerta a toda una disciplina e insultar a sus propios colegas de la facultad de filosofía en la Universidad Tecnológica de California (Cal Tech) y en la Universidad de Cambridge, los cuales, como Michael Redhead y D.H. Mellor, son eminentes filósofos de ciencia, simplemente por supuestamente no haber podido mantener el paso con los avances de la ciencia. No pude evitar preguntarme ¿qué evidencia tienen nuestros intrépidos autores de la erudición rezagada del Señor Redhead? ¿Cuáles obras recientes en la filosofía han leído que constituyen la base de su veredicto? ¡Ahí, que no lo dicen!

El filósofo profesional considerará su veredicto, no sólo como meramente condescendiente sino como también escandalosamente ingenuo. El hombre que declara no tener necesidad de la filosofía es el más apto para ser engañado por ella. Por lo tanto, uno podría anticipar que la exposición subsecuente de Mlodinow y Hawking sobre sus teorías favorecidas serán respaldadas por una serie de presuposiciones filosóficas no examinadas. De hecho esta expectativa se ve confirmada. Al igual que sus afirmaciones sobre el origen del universo de la “nada” o sobre la Hipótesis de Muchos Mundos para explicar el ajuste fino, sus afirmaciones sobre las leyes de la naturaleza, la posibilidad de los milagros, el determinismo científico y la ilusión del libro albedrío, son afirmadas con la más mínima justificación y el menor entendimiento de los asuntos filosóficos involucrados.

Tomemos, por ejemplo, sus reflexiones sobre las leyes de la naturaleza (pp. 27-34). Después de admitir la dificultad filosófica en definir lo que es una ley de la naturaleza, ellos proceden a hacer tres preguntas sobre las leyes naturales: (i) ¿Cuál es el origen de dichas leyes? (ii) ¿Hay algunas excepciones a estas leyes, por ejemplo, los milagros? (iii) ¿Hay un solo conjunto posible de leyes?

En cuanto a (i), ellos observan que la respuesta tradicional es que Dios estableció las leyes de la naturaleza. Sin embargo, Hawking y Mlodinow se quejan de que al menos que se invista a Dios con ciertos atributos, esta respuesta no llega a ser más que definir a Dios como la personificación de las leyes de la naturaleza. Yo encuentro esta queja desconcertante. Dado que los teístas clásicos que tienen en mente (incluyendo a Descartes, de quien ellos tergiversan sus visiones) pensaban que Dios dispuso libremente las leyes de la naturaleza. Dios no podía ser meramente la personificación de esas leyes, ya que Dios podría haber establecido leyes muy diferentes. Lo que Mlodinow y Hawking describen es la visión de Spinoza, un panteísta que consideraba que “Dios” y la “naturaleza” eran sinónimos. Por supuesto, los teístas clásicos consideran que Dios es un ser con ciertos atributos que Le distingue de la naturaleza. Eso está simplemente implicado en la respuesta de que Dios estableció las leyes.

Hawking y Mlodinow parecen estar listos para reconocer la coherencia de esta respuesta, pero creen que el “embate real” llega entonces con la segunda pregunta (ii): ¿Existen los milagros? Hawking y Mlodinow aparentemente piensan que si responden a (ii) de forma negativa, pone en duda la respuesta teísta a (i). De ser así, esta afirmación es desconcertante. Supongamos que alguien es un Deísta que cree que Dios, habiendo establecido todo el mecanismo del universo, decide no intervenir en él. En ese caso, no hay “embate” alguno en responder a la pregunta primera (i) cuando se responde “Dios” y “no” a la segunda (ii).

En cualquier caso, ¿Por qué contestar negativamente a la pregunta (ii)? Increíblemente, Hawking y Mlodinow piensan que la ciencia lo requiere de esa manera:

El determinismo científico que Laplace formuló es la respuesta de los científicos modernos a la segunda pregunta. De hecho, es la base de toda la ciencia moderna, y un principio que desempeña un papel importante a lo largo de todo este libro. Una ley científica no es tal si sólo se cumple cuando algún ser sobrenatural decide no intervenir (p. 30).

Este argumento es de múltiples confusiones. Primero, es falso que el determinismo de Laplace sea la base de la ciencia moderna. Sin contar las hordas de científicos teístas que afirman la realidad de los milagros, hay montones de científicos, incluyendo los mismos Hawking y Mlodinow (Pág.72), que consideran la característica del indeterminismo de la física cuántica como óptica y no meramente epistemológica. Si la naturaleza misma es indeterminista, entonces, el determinismo de Laplace (un Newtoniano) no se sostiene. Incluso un conjunto completo de leyes naturales no sería suficiente para determinar el futuro. Es fácil imaginar todo tipo de formas en que la indeterminación en el nivel cuántico puede ser amplificada y puede emitir cambios macroscópicos en el mundo. (Recuerdo la ilustración divertida de un estudiante de posgrado que se demoraba en salir del laboratorio mientras esperaba la desintegración de un isótopo radiactivo y que como consecuencia el retraso él conoce a una chica en el pasillo, de quien se enamora y luego terminan casándose). Es desconcertante que Hawking y Mlodinow hacen caso omiso a la contradicción entre su afirmación del Determinismo de Laplace y la indeterminación cuántica.

En segundo lugar, Hawking y Mlodinow confunden el determinismo con el naturalismo. La indeterminación cuántica es la prueba positiva de que la ciencia moderna no se basa en el determinismo. Su argumento en contra de la intervención de un ser sobrenatural es un argumento a favor del naturalismo, no del determinismo. La indeterminación cuántica es aceptable porque es naturalista, mientras que los milagros suponen un agente sobrenatural. Pero entonces su afirmación de que las leyes científicas no serían leyes si se sostuvieran sólo cuando un ser sobrenatural decide de no intervenir es claramente falsa. Las leyes de la naturaleza describen el comportamiento de los sistemas físicos en ausencia de cualquier intervención sobrenatural. En el caso de que un agente sobrenatural interviniera, las predicciones basadas en las leyes no se sostendrían precisamente debido a que factores no-naturales, no previstos por las leyes, habrían entrado en escena. Las leyes, por lo tanto, tienen condiciones implícitas ceteris paribus: que describen el comportamiento de los sistemas dados que ningún agente sobrenatural intervenga. Si tal ser interviene, la ley natural no queda suprimida ya que describe el comportamiento del sistema sólo bajo la presunción de que tal ser no intervenga.

Talvez lo que realmente Hawking y Mlodinow quieren decir es que la ciencia debe presuponer el naturalismo para poder ser una empresa viable. Pero en ese caso, han fallado en distinguir el naturalismo metodológico de naturalismo metafísico. Su argumento mostraría, en el mejor de los casos, que la ciencia está metodológicamente comprometida a considerar sólo aquellas hipótesis que postulan las causas naturales, pero eso no aportaría nada para justificar una respuesta negativa a (ii), de que no existen los milagros. Aún la pregunta del compromiso al naturalismo metodológico de la ciencia no es en sí misma una cuestión científica sino una cuestión filosófica sobre la naturaleza de la ciencia.

Hawking y Mlodinow se sumergen en aguas filosóficas aún más profundas cuando proceden a argumentar que, debido a que la gente vive en el universo e interactúa con otros objetos en él, “el determinismo científico debe cumplirse también para las personas ” (Pág. 30). Por lo tanto, “no somos más que máquinas biológicas y. . . que ellibre albedrío es sólo una ilusión”(Pág. 32). Este es un pensamiento muy débil. No veo razón alguna para pensar que un ser dotado de libertad de voluntad no pueda existir espacio-temporal, y afectar otros objetos y ser también ser afectado por ellos. Así que ¿Cuál es el argumento en contra de tal cosa? Hawking y Mlodinow preguntan: “Si lo tenemos [el libre albedrío], ¿en que punto del árbol de la evolución se desarrolló?” Si ésto se supone que sea un argumento, hay al menos dos errores en él. En primer lugar, el hecho de que yo tenga libre albedrío no depende de que yo sea capaz de especificar en qué parte del proceso evolutivo pudieron los organismos adquirirlo por vez primera. En segundo lugar, el libre albedrío se supone que surgió tan pronto como el cerebro humano evolucionó lo suficiente para sustentar la auto-consciencia, la reflexión racional. Así que, ¿Cuál es el problema?

Mlodinow y Hawking también argumentan que el libre albedrío es una ilusión, porque los neurocirujanos pueden estimular el cerebro de una persona de tal manera que pueden crear el deseo de mover sus extremidades o sus labios. La falacia aquí es pensar que porque uno puede intervenir para producir determinadamente un efecto, ya por ello el efecto ocurre de manera determinista en ausencia de tal intervención. Sólo porque un neurocirujano pueda estimular mi cerebro para que me dé el deseo de mover un brazo, obviamente, eso no implica que en otras ocasiones yo no mueva, o no pueda mover mi brazo de manera libre.

Esos son los únicos argumentos a favor del determinismo que presentan Mlodinow y Hawking y no consideran ninguno de los argumentos contra el determinismo. Me pregunto, por ejemplo, por qué piensan que todo lo que han dicho en su libro es verdadero, ya que en su visión, estaban determinados para escribirlo. Todo lo que dicen es el producto de causas físicas ciegas, como el agua corriendo por una tubería o un árbol al que le crece una rama. ¿Qué confianza pueden ellos tener de que todo lo que han dicho es verdadero, incluyendo su afirmación de que el determinismo es verdadero?

Mlodinow y Hawking se reservan la discusión sobre la pregunta (iii) sobre el carácter único de las leyes de la naturaleza hasta que tratan con el argumento del diseño proveniente del ajuste fino del universo para vida inteligente. Dado que ya abordé sobre este tema en mi discusión de (iii) la semana pasada, me voy a abstener de repetirme aquí de nuevo. Pero confío en que queda claro, como era de esperarse, que Mlodinow y Hawking están hasta el cuello con preguntas filosóficas.

¡Lo que no se podría esperar era que, después de pronunciar la muerte de la filosofía, Hawking y Mlodinow mismos se involucraran en una discusión filosófica sobre el realismo científico versus el anti-realismo! El primer tercio de su libro no es, en lo absoluto, sobre las teorías científicas actuales sino que es una disquisición sobre la historia y la filosofía de la ciencia. Encontré que esta sección fue la más interesante y alucinante de todo el libro.

Permíteme explicar. Después de haber apartado un lunes por la tarde para leer el libro de Hawking y Mlodinow, pasé la mañana tratando con un artículo académico de nombre: Blackwell’s Contemporary Debates in Metaphysics (Debates Contemporáneos en Metafísica de Blackwell) que presenta una visión filosófica conocida como el pluralismo ontológico.El pluralismo ontológico es una visión en una sub-disciplina de la filosofía, cuyo nombre suena como un tartamudeo: meta-metafísica, o, como se le llama a veces, meta-ontología. Como más, esta es la filosofía etérea. La ontología es el estudio de ser o de lo que existe, la naturaleza de la realidad. La meta-ontología es un escalón más alto: esta requiere si las disputas ontológicas son significativas y la mejor manera para resolverlas.

El pluralismo ontológico sostiene que realmente no hay respuesta correcta a las muchas preguntas ontológicas (por ejemplo, “¿Existen los objetos compuestos?”). Según el pluralista ontológico, sólo hay diferentes maneras de describir la realidad y ninguna de ellas es más correcta o precisa que la otra. Literalmente, no hay ningún hecho en lo absoluto en la respuesta de estas preguntas. De modo que si tú preguntaras, “¿Existe tal cosa como la Luna?”, el pluralista ontológico diría que la pregunta no tiene respuesta objetiva. No es verdadero que la Luna existe y no es verdadero que la Luna no existe. Simplemente, no hay un hecho en lo absoluto de que exista tal cosa como la Luna. El pluralismo ontológico es, pues, una visión radical la cual es defendida solamente por un puñito de filósofos.

¡Por tanto, te puedes maginar mi asombro total al encontrar a Hawking y Mlodinow apoyando el pluralismo ontológico (sin estar consciente de su nombre) como su filosofía de la ciencia! Ellos llaman a su visión, “realismo dependiente del modelo.” Su visión es aún más radical que el pluralismo ontológico, ya que Hawking y Mlodinow lo arraigan no sólo para las disputas ontológicas de alto nivel, sino para todo nuestro entendimiento del mundo. Ellos explican,

. . . nuestros cerebros interpretan las informaciones de nuestros órganos sensoriales construyendo un modelo del mundo exterior. Cuando el modelo explica satisfactoriamente los acontecimientos, tendemos a atribuirle, a él, a los elementos y conceptos que lo integran, la calidad de realidad o verdad absoluta. Pero podría haber otras maneras de construir un modelo de la misma situación física, empleando en cada una de ellas conceptos y elementos fundamentales diferentes. Si dos de esas teorías físicas o modelos predicen con exactitud los mismos acontecimientos, no podemos decir que una sea más real que el otro, y somos libres para utilizar el modelo que nos resulte más conveniente (Pág. 7).

En esta visión, un modelo parece ser, (por lo menos en parte) una manera inconsciente de organizar las percepciones sensoriales las cuales puede ser redefinidas por una teoría científica. Nunca llegamos a conocer la forma en que el mundo es. Todo lo que logramos son formas más o menos convenientes de organizar nuestras percepciones. Dicho escepticismo sería suficientemente malo, pero la situación es aún peor. Ya que estos diferentes modelos no son, aún desconocido para nosotros, más o menos aproximaciones precisas de la realidad. Al contrario, no hay una realidad objetiva a la cual nuestros modelos más o menos corresponden con exactitud. ¡Esto es el pluralismo ontológico desarrollado!

De manera que Mlodinow y Hawking son antirrealistas extremos. Ahora bien, ellos tratan de distinguir su visión del antirrealismo científico, al definir este último como la opinión que “observaciones y experimentos tienen sentido pero que las teorías no son más que instrumentos útiles, que no encarnan verdades más profundas que transciendan los fenómenos observados” (Pág. 44). Sin embargo, lo que Hawking y Mlodinow están describiendo aquí no es antirrealismo científico sino el positivismo, una filosofía de la ciencia que era popular en la década de 1930 y 1940. Debido a su distinción artificial entre las declaraciones de la observación y las declaraciones teóricas, el positivismo probó en parte ser insostenible. Pero el anti-realismo no depende del positivismo. Hawking y Mlodinow son más anti-realistas que los positivistas, ya que no sólo niegan que las declaraciones teóricas expresan verdades objetivas sobre el mundo sino que ellos también niegan las declaraciones de la observación, dado que aún la observación es incluso dependiente del modelo. Otra vez, lo que ellos están negando no sólo es el conocimiento de la manera en que el mundo es sino que hasta hay un mundo objetivo para conocer.

¿Qué cuan serio están ellos con su antirrealismo? Esto es evidente al mirar sus ejemplos. Si los pececillos que miran el mundo a través de una pecera con las paredes curvas pueden formular un modelo o teoría que le permite hacer predicciones exitosas, entonces, “deberíamos admitir que tienen una imagen válida de la realidad” (Pág. 39). El modelo geocéntrico del mundo de Ptolomeo era tan adecuado como el modelo heliocéntrico de Copérnico. “Así pues, ¿qué sistema se ajusta más a la realidad, el ptolemaico o el copernicano? Aunque es bastante habitual que se diga que Copérnico demostró que Ptolomeo estaba equivocado, eso no es verdad “(Pág. 41). El punto no es que la evidencia de Copérnico era insuficiente sino que ninguna de las teorías es objetivamente verdadera. Al contrastar la teoría del creacionismo de la tierra joven y la teoría del Big Bang, Hawking y Mlodinow afirman que mientras que la teoría del Big Bang sea “más útil”, sin embargo, “no podemos afirmar que ninguno de los modelos es más real que el otro” (Pág. 51).

Uno no puede dejar de preguntarse qué clase de argumento justificaría la adopción de un pluralismo ontológico tan radical. Todo lo que Mlodinow y Hawking tienen que ofrecer es el hecho de que si por ejemplo fuésemos, por decir, habitantes de una realidad virtual controlada por seres extraterrestres, entonces no habría ningún modo para nosotros decirque estábamos en un mundo simulado y de modo que no habría razón para dudar de su realidad (Pág. 42). El problema con este tipo de argumento es que no excluye la posibilidad que tengamos, en tal caso, dos teorías compitiendo sobre el mundo, una de los extraterrestres y la nuestra. Y una de las teorías es verdadera y la otra falsa, aún si no podamos decir cuál es cuál.

Además, el hecho de que nuestras observaciones son dependientes del modelo o cargados por teoría, no implica que no podamos tener conocimiento de la manera que el mundo es (mucho menos que no haya manera de que el mundo exista). Por ejemplo, un laico que entra en un laboratorio científico podría ver que hay una pieza de maquinaria en la mesa, pero no vería que hay un interferómetro en la mesa ya que carece de los conocimientos teóricos para reconocerlo como tal. Un cavernícola al entrar en el laboratorio ni siquiera miraría que hay una pieza de maquinaria en la mesa ya que le falta el concepto de máquina. Pero eso no hace nada para socavar la verdad objetiva de la observación del técnico de laboratorio de que hay un interferómetro sobre la mesa.

Mlodinow y Hawking, no contentos con el pluralismo ontológico, realmente salen de lo mas profundo cuando afirman: “No hay comprobación de realidad independiente del modelo. Se sigue que un modelo bien construido crea su propia realidad” (p. 172). Esta es una afirmación de la relatividad ontológica, la visión de que la realidad misma es diferente para las personas que tienen diferentes modelos. Si eres Fred Hoyle, el universo realmente ha existido eternamente en un estado estacionario. Pero si eres Stephen Hawking, el universo en realidad comenzó con un Big Bang. Si eres el médico antiguo Galeno, la sangre realmente no circula por el cuerpo humano, pero si eres William Harvey, sí lo hace. Tal visión parece una locura y sólo se hace más locura por la afirmación de Mlodinow y Hawking de que el modelo en sí mismo es responsable de crear su realidad respectiva. Apenas se necesita mencionar de que tal conclusión no se deduce de que no haya un examen del modelo independiente para medir o saber la manera que el mundo es.

Cualquiera que fuera el veredicto que demos sobre sus argumentos, el punto es que, a pesar de sus presuposiciones de hablar como portadores de la antorcha científica de los conocimientos, lo que Hawking y Mlodinow están haciendo es involucrándose en filosofía. Las conclusiones más importantes trazadas en su libro son filosóficas y no científicas. ¿Por qué, entonces, pronuncian muerta a la filosofía y demandan que son los científicos los que llevan la antorcha del descubrimiento? Simplemente porque eso les permite encubrir su filosofar de aficionados (amateur) con el manto de la autoridad científica y de ese modo eludir la difícil tarea de argumentar a favor de, en vez de meramente afirmar, sus visiones filosóficas,.

La respuesta a tu pregunta, Matthew, fue dada hace mucho tiempo por Albert Einstein, cuando dijo, “El hombre de ciencia es un pobre filósofo.” El libro de Hawking y Mlodinow atestigua de la sagacidad de Einstein.

Este articulo fue tomado de: http://www.reasonablefaith.org/spanish


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