DERRIBANDO LOS FUNDAMENTOS ADVENTISTAS MAS USADOS – EL SABADO EN LA CREACION – EXODO HASTA MALAQUIAS, EL SABADO JUDIO – EL SABADO PERPETUO

DERRIBANDO LOS FUNDAMENTOS ADVENTISTAS MAS USADOS – EL SABADO EN LA CREACION – EXODO HASTA MALAQUIAS, EL SABADO JUDIO – EL SABADO PERPETUO

Por:  Pedro de Jesús

Algunos observadores del sábado, están muy seguros que nadie les puede probar que el sábado está abolido. Sin embargo, un análisis de los argumentos que hacen los defensores de la observancia del sábado, les lleva a una crisis de conciencia que les coloca en una posición muy difícil de zafarse. Los sabatistas piensan que el modo de entender el asunto del sábado es el que ellos ya entienden. Rehusan comprender que la Escritura nos lleva al verdadero sábado, al verdadero descanso, a Cristo Jesús. Por ello, aunque se les presente la verdad sobre el sábado y su abolición, el sabatista cierra su mente a todo texto bíblico que les lleve a comprender que el sábado está obsoleto y no es requisito para el cristiano convertido a Cristo. He hecho un breve resumen o compendio de lo que muchos eruditos en el tema han dicho sobre el SABADO y algunos argumentos sobre conceptos erróneos que han creado los adventistas para defender su falso concepto de lo que es el sábado. Veamos algunos argumentos de los sabatistas para defender la vigencia del sábado, vean sus inconsistencias y veamos otro modo de entender estos textos:

1. EL SABADO EN LA CREACION

“Fueron, pues, acabados los cielos y la tierra, y todo el ejército de ellos. Y acabó Dios en el día séptimo la obra que hizo; y reposó el día séptimo de toda la obra que hizo. Y bendijo Dios al día séptimo, y lo santificó, porque en él reposó de toda la obra que había hecho en la creación”. (Gén. 2:1-3).

Nótese un patrón recurrente. Después de que Dios creó el día y la noche en el primer día, la Biblia dice: “Y fue la tarde y la mañana un día” (Gén. 1:5). Después de que Dios separó las aguas para crear el firmamento, leemos: “Y fue la tarde y la mañana el día segundo” (Gén. 1:8). Este patrón continúa durante los primeros seis días de la creación. (Véase Gén. 1:13, 19, 23, 31). Sin embargo, cuando miramos el final del séptimo día, no encontramos esta fórmula. Esperaríamos leer: “Y fue la tarde y la mañana el día séptimo”, pero no está allí. Sólo encontramos que lo siguiente se puede desprender de este texto:

1. La creación se completó en seis días.

2. Dios reposó en el séptimo día.

3. Dios bendijo al séptimo día.

4. Dios santificó el séptimo día.

5. La razón de que Dios santificara el séptimo día es que en él reposó.

6. El relato del séptimo día no tiene la fórmula “y fue la tarde y la mañana el día séptimo”, como los otros seis días de la creación.

7. El registro de la creación ha sido construido cuidadosamente.

8. La palabra “sábado” no se menciona en el libro de Génesis.

9. En el registro de Génesis no hay ningún mandamiento para que la

humanidad repose.

10. Nada se dice expresamente con relación al hombre en el reposo del séptimo día de la creación.

11. El “reposo” de Dios en el séptimo día se caracterizó más probablemente por deleitarse en su nueva creación y en la abierta comunidad con Adán y Eva en el ambiente sin pecado y perfecto de Edén.

12. Las condiciones que caracterizaron el “reposo” de Dios probablemente habrían continuado de no haber sido por el pecado del hombre.

13. El séptimo día de Gén. 2: 2, 3 puede haber sido un día regular, como los primeros seis días de la creación, o puede haber sido un período de tiempo indefinido.

14. El hecho de que el relato de Génesis esté construido tan cuidadosamente indica que la omisión de la frase “y fue la tarde y la mañana el día séptimo” fue intencional.

15. Cuando el hombre pecó, fue excluido de la presencia de Dios, y Dios inició su obra de redención para restaurar al hombre de vuelta a Sí mismo.

16. No dice que guardemos el sábado, no dice que es requisito para el cristiano convertido.

EXODO HASTA MALAQUIAS:

Cuando usted analiza los versos que utilizan los sabatistas en estos libros del Antiguo Testamento encontrará que siempre se refieren al pueblo de Israel. Es un pacto entre Dios y el pueblo judío. Nada de ordenanza para los gentiles.

  1. “Sábado” es puramente una palabra hebrea que nunca se encuentra en la Biblia sino hasta el tiempo de Moisés. Éx. 16: 23.
  1. La palabra sábado no se usa nunca en la Biblia en relación con algún tiempo santo judío.
  1. No hay registro de que el sábado fuera guardado jamás antes de que los judíos lo guardasen. Éx. 16.
  1. El sábado fue dado a los judíos. “Y les di mis sábados”. Eze. 20: 12. Si Dios lo dio a los judíos, ¿no era su sábado, no era el sábado judío? Yo le doy un cuchillo a Fred. ¿No es el cuchillo de Fred?
  1. Nótese cuán sencillo es el registro de que Dios dio el sábado a los judíos, pero a nadie más. “Dios OS dio el día de reposo”. Éx. 16: 29. “Hablarás a los HIJOS DE ISRAEL, diciendo: En verdad vosotros guardaréis mis días de reposo”. Éx. 31: 13. ¿A quiénes se les dijo que guardaran el sábado? A los hijos de Israel, los judíos. “Señal es entre mí y los HIJOS DE ISRAEL”, los judíos. Versículo 17.
  1. Dios mismo llama al sábado “los días de reposo de ella”. Óseas 2: 11. “Haré cesar todo su gozo, sus nuevas lunas y sus días de reposo, y todas sus festividades”. ¿No es entonces el sábado judío?
  1. El sábado no fue dado nunca a ninguna otra nación.
  2. “Guardarán, pues, el día de reposo los hijos de Israel, celebrándolo por sus generaciones”. Éx. 31: 16. ¿A quiénes estaba limitado? A la generación de los judíos.
  1. “Señal es entre mí y LOS HIJOS DE ISRAEL”. Éx. 31: 17. Era exclusivamente de ellos, era judío.
  1. El sábado está clasificado junto con los otros días santos y sacrificios judíos. Véase Lev. 23: 1-44; Núm. 28: 2, 16; I Crón. 23: 29-31; II Crón. 2: 4; 8: 13, etc. Fue abolido junto con ellos. Colo. 2: 14-17.
  1. Los judíos abarcan a casi todos los que guardan el séptimo día; por eso, el “sábado judío” es una designación natural e inteligente de ese día.
  2. Por eso, nuevamente, es significante y adecuado designarlos como los guardadores del sábado judío.
  1. Pero los sabadistas dicen que el séptimo día es llamado “el sábado del Señor tu Dios”. Éx. 20: 10, y “mi día santo”, Isa. 58: 10, y que, por lo tanto, no es correcto llamarlo “un sábado judío”. Respuesta: Cada temporada santa, lugar, persona, o artículo era llamado del Señor, como “la pascua del Señor”. Éx. 12:
  1. Y sin embargo, leemos: “La pascua, una fiesta de los judíos”. Juan 6: 4. Así que es “el sábado del Señor” en un lugar, y “sus sábados” en otro. Óseas 2: 11. Por eso, es correcto y bíblico llamar al séptimo día “el sábado judío”.

Éxodo 31: 16-17, El Sábado Perpetuo 

Aquí los sabadistas encuentran tres expresiones que, según ellos arguyen, indican que el sábado no puede terminar nunca.

1.) “Por sus generaciones”.

2.) “Perpetuo”.

3.) “Para siempre”.

Así: “Guardarán, pues, los hijos de Israel el día de reposo, celebrándolo por sus generaciones, por pacto perpetuo. Señal es para siempre entre mí y los hijos de Israel”. Ellos preguntan: “¿Cuándo termina lo que es PERPETUO y PARA SIEMPRE? Estas expresiones muestran que la generación de los judíos todavía continúa; por eso el sábado todavía debe ser guardado”.

Pero este argumento también perpetuaría toda la ley levítica, la circuncisión, el incienso, la pascua, el sacerdocio, etc. La pascua: “Lo celebraréis como fiesta solemne para Jehová durante vuestras generaciones; por estatuto perpetuo lo celebraréis”. Éx. 12: 14. Debía ser guardada “POR VUESTRAS GENERACIONES” y “PARA SIEMPRE”, exactamente igual que el sábado.

Lo mismo sucede con la ofrenda de incienso. “Incienso PERPETUO delante del Señor POR VUESTRAS GENERACIONES”. Éx. 30: 8. Ahora, si el argumento Adventista en favor del sábado y basado en los términos “perpetuo”, “para siempre”, y “por vuestras generaciones” es bueno, ¡entonces deberían guardar la pascua y ofrecer incienso! Ésta es una buena muestra de la debilidad de los argumentos de los sabadistas.

El mismo argumento probaría la perpetuidad de los holocaustos, Éx. 29: 42; la expiación, Éx. 30: 10; el lavamiento de las manos y los pies, Éx. 30: 21; las primicias, Lev. 23: 13; las ofrendas encendidas, Lev. 6: 18; el aceite para las lámparas, Lev. 24: 3; las franjas en los bordes de los vestidos, Núm. 15: 38; el pentecostés, Lev. 23: 21; la fiesta de los tabernáculos, Lev. 23: 41. Véanse también Éx. 40: 15; Lev. 3: 17; 7: 36; Núm. 10: 8.

La aplicación de estos términos a la observancia del sábado es prueba de que habría de cesar. ¿Por qué? Porque en cada caso en que estos términos se aplican a la observancia de cualquier ordenanza, esa ordenanza ha cesado. Los Adventistas mismos concuerdan con esto en todo, excepto en relación con el sábado. Así, Isa. 58: 12-13 es aplicado osadamente a nuestros días y a la obra de los Adventistas de urgir a todos a guardar el sábado judío. Pero no hay ni una sola palabra en todo el capítulo que siquiera intime tal cosa. Ellos asumen todo esto sin ninguna prueba, y luego aplican las palabras para adaptarlas a su propósito.

Cuando uno busca una afirmación clara y directa en toda la Biblia que requiera que los cristianos gentiles guarden el sábado, no la encuentra. Tiene que ser INFERIDO de esto; ADIVINADO de aquéllo; y una conclusión SACADA de lo de más allá; todo son inferencias, nada es directo. Así, pues, el Antiguo Testamento no proporciona evidencia alguna de que los cristianos deben guardar el sábado judío. Si tal prueba se ha de encontrar, debe ser en el Nuevo Testamento mismo. Vayamos al Nuevo Testamento para ver si Jesús o los apóstoles nos ordenaron guardar el sábado.

Algunas observaciones extras…

LOS ADVENTISTAS VIOLAN LAS LEYES SABÁTICAS DEL ANTIGUO PACTO

1. No encender fuego en sábado. Éx. 35:1, 3. 

Por supuesto, los adventistas dicen que esta ley no se aplica a ellos. Esto de tomar y escoger algunas leyes del Antiguo Pacto, como el diezmo y la prohibición de comer carnes inmundas, y recargar con ellas a los miembros, nunca fue adoptado por la iglesia del Nuevo Testamento.

2. Permanecer en su lugar, no viajar en sábado. Éx. 16:9. 

He visto a adventistas viajar largas distancias en sábado para ir a parques estatales y a campamentos, y para visitar parientes y amigos.

3. No transportar cargas en sábado. Jer. 17:27; Neh. 1:15. 

He visto a adventistas llevando canastas de comida, poniendo mesas y sillas para reuniones y comensales, y transportando equipo para programas de la iglesia.

4. No cocer ni cocinar nada en sábado. Éx. 16:23. 

¿Y las damas adventistas que preparan alimentos en sábado en la iglesia para comidas improvisadas, y en los hogares para la familia y los invitados? Ellas hornean, cuecen, y preparan alimentos en sábado.

5. No comprar ni vender en sábado. Neh. 13:15. 

He visto a adventistas aceptar dinero a cambio de comidas en hospitales y en restaurantes de academias ASD en sábado. ¿Y el aceptar donaciones desde el púlpito en sábado para suscripciones de publicaciones de la iglesia? He visto a muchos ASD, incluyendo a pastores ASD visitantes, comprando gasolina en sábado para llegar a sus hogares.

6. Pena de muerte para los violadores del sábado. Éx. 31:14, 15. 

Todavía no he visto a ningún ASD lapidar a miembros de la iglesia por quebrantar el sábado. Esta es una ley que ellos guardan plenamente.

Las leyes que tratan de la observancia del sábado eran para Israel solamente. Estas leyes terminaron en el Calvario. Los Diez Mandamientos eran la ley del Antiguo Pacto. En el Antiguo Pacto no hay tal cosa como la ley moral y la ley ceremonial. Todo el conjunto de leyes se conocía como la ley o la Torah. Los cristianos están bajo el Nuevo Pacto, que tiene un modelo de ley más elevado según el cual vivir que los Diez Mandamientos.

La verdad es que, para guardar el sábado, tendríamos que guardar TODAS las leyes del Antiguo Pacto que tienen que ver con el sábado. Yo no he encontrado que a ningún miembro de la iglesia del Nuevo Testamento se le ordene obedecer estas leyes sabáticas. Todos somos salvos por la gracia de Cristo en el Calvario.

La iglesia del Nuevo Testamento no enseñó a los conversos gentiles a “guardar el sábado”. Yo no he encontrado ninguna instrucción para los cristianos sobre cómo guardar el sábado.

La Biblia no les dice a los cristianos que tienen que estar en la iglesia todo el día, ni que oren todo el día, ni que lean o hablen sólo de cosas espirituales todo el día. En el Nuevo Testamento, la violación del sábado no es jamás motivo de disputa, ni se menciona jamás como razón para que una persona pierda la salvación.

Es evidente que la forma en que los adventistas entienden el sábado es errada y falla por cualquier ángulo que usted lo analice a la luz sencilla de la Palabra de Dios. Ellos desean ponerle cargas pesadas a los cristianos que ellos mismos no pueden cargar. Cristo es nuestro Sábado, todo apunta a que el cumplimiento del sábado está centrado en la persona de Cristo. Cristo cumplió con la circuncisión, de lo contrario nos estaríamos hoy circuncidando para salvación, Cristo cumplió así con la Pascua, la fiesta de los tabernáculos, todas las fiestas santas de Israel que señalaban su Primera Venida como Mesías, sino fue así entonces hoy estuviéramos guardando todas esas leyes. Y Cristo cumplió con el SABADO. Él fue nuestro sábado, él es nuestro sábado, nuestro descanso. Por ello nos dijo, “venid a mi todos los que estáis trabajados y cargados que YO OS HARE DESCANSAR”. Cristo cumplió todas estas leyes judías por nosotros.

Este articulo fue tomado de http://www.iglesia.net

Este articulo continuara….

Este articulo fue publicado por Pastor Damián Ayala.

Dios los bendiga…


Teoría de la evolución v/s Creacionismo

Teoría de la evolución v/s Creacionismo

¿La ciencia actual aún cree en la evolución del hombre, o es una teoría ya desechada por la falta de evidencias y nuevos descubrimientos?

En la actualidad aún se enseña en las escuelas que el hombre a evolucionado de los changos, existen museos con valor de millones de dólares para exhibir tal evolución, sin embargo tal teoría ya ha sido desechada por la gran mayoría de los eruditos en esta materia y esto  ha sido por la falta de evidencia y los nuevos descubrimientos.

Nos preguntamos, ¿si esta Teoría ha sido desechada y superada, ¿por que aún se impone a nuestros hijos en los sistemas educativos? ¿Por que no se publica de manera general que dicha teoría ha sido ya desechada?

Veamos la investigación que realizo Antonio Cruz misma que esta al alcance de cualquier persona que sin prejuicios quiera llegar a la verdad.

¿Primate salvaje o persona consciente?

El evolucionismo nos ha enseñado a creer que en la remota antigüedad, allá por el período geológico del Pleistoceno, un reducido grupo de primates inició un proceso de humanización que culminó con la aparición del ser humano. Se dice que primero ocurrió el bipedismo: cansados de caminar en cuatro patas, tales antropoides decidieron erguirse y andar como las personas. Sus manos quedaron así liberadas para fabricar toda clase de objetos útiles: hachas de sílex, flechas de hueso, pistolas y hasta telescopios espaciales como el Hubble. La cabeza les fue creciendo poco a poco porque sus cerebros ya no cabían dentro de la reducida cavidad craneal que tenían aquellos primitivos monos. Así habrían surgido, a lo largo de millones de años, el lenguaje a partir de los gruñidos, la inteligencia humana después del instinto, e incluso la conciencia reflexiva como producto de la más pura animalidad.

Durante mucho tiempo los paleontólogos evolucionistas, especializados en el estudio de los fósiles humanos y de los primates, han venido creyendo que tales ancestros del hombre eran los australopitecos, llamados así por haberse encontrado en el continente africano que está situado en el hemisferio austral. Hoy la cosa ya no está tan clara pues son muchos los especialistas que opinan que este tipo de fósiles perteneció a simios del pasado que nada tuvieron que ver con la pretendida evolución del ser humano. No obstante, como la ciencia asumió mayoritariamente la teoría evolucionista para explicar el origen del hombre, también muchos teólogos creyeron que era necesario aceptarla y empezaron a pensar que el Adán bíblico fue, en realidad, el descendiente de uno de estos australopitecos. Al fin y al cabo, se cuestionaban algunos creyentes, ¿no es mejor descender de un mono que del polvo de la tierra? Según este punto de vista, el relato bíblico de la creación no sería más que una leyenda mítica desacreditada de forma absoluta por la ciencia moderna.

El asunto que pensamos tratar a continuación viene formulado precisamente por las siguientes cuestiones: ¿Qué hay de cierto en este planteamiento transformista del origen del hombre a la luz de los últimos descubrimientos de la paleoantropología, la genética y la neurobiología? ¿Conviene seguir considerando científica una teoría que, como veremos, presenta tantos inconvenientes? ¿Fue esta hipotética evolución lenta y gradual desde el simio al hombre el método que el Creador empleó para originar al primer ser humano o, por el contrario, este posee rasgos imposibles de explicar desde el naturalismo y que demandan una creación directa y especial, como declara el libro del Génesis? ¿Puede la ciencia demostrar el origen de la conciencia humana a partir de las neuronas de los primates? Se trata de preguntas antiguas, a las que los últimos descubrimientos ofrecen respuestas nuevas.

Los especialistas en el estudio de los primates saben que en la Tierra, si se cuentan los fósiles y los que todavía están vivos, han existido más de seis mil especies distintas de monos. De ellas, actualmente solo viven unas ciento veinte. Esto significa que existe un amplio elenco de simios fósiles entre los que elegir si se desea construir el hipotético árbol de la evolución humana. Lo que ha venido haciendo de forma tradicional la paleoantropología evolucionista es precisamente eso, tomar cráneos y huesos fósiles pertenecientes unas veces a simios del pasado, y otras a diversas razas humanas extintas, con la intención de conseguir una perfecta gradación filogenética que demuestre cómo habría ocurrido la evolución entre el simio y el hombre. Asumiendo la existencia de un supuesto eslabón perdido, que habría sido el antecesor tanto de los monos actuales como de los seres humanos, se procura rellenar los huecos mediante fósiles intermedios de transición que irían cambiando lentamente de acuerdo a los diversos y, a su vez, cambiantes ambientes ecológicos.

Sin embargo, después de estudiar el tema durante más de treinta años, no creo que se haya presentado ninguna evidencia real que demuestre sin lugar a dudas la existencia de una relación evolutiva entre cualquier primate fósil y la especie humana. A pesar de todo lo publicado en este sentido y teniendo en cuenta las distorsiones partidistas, malas interpretaciones, modificaciones, falsificaciones, dibujos intencionados realizados a partir de fósiles escasos, discusiones interesadas entre especialistas, y muchas otras cosas, lo cierto es que ningún descubrimiento anatómico o paleontológico serio ha confirmado que descendamos del mono. Se trata más bien de un acto de fe en los requerimientos del evolucionismo que de un hecho real comprobado por la ciencia. Como veremos, los datos que se desprenden del estudio de los fósiles pueden ser interpretados de otra manera, en el sentido de que existen muchas especies de simios extintas, así como también algunas pocas razas humanas, pero no eslabones intermedios que conecten a los monos con las personas.

La mayoría de los antropólogos evolucionistas creen hoy que cada una de las especies fósiles halladas no evidencia cambio o transformación para convertirse en otras especies distintas, sino todo lo contrario, una constancia en su aspecto y una estabilidad durante toda su existencia. La popular serie transicional que todavía aparece en numerosos libros de texto, la cual partiendo de un simio con aspecto de chimpancé y pasando luego por el australopiteco, el Homo habilis y el Homo erectus llega hasta el Homo sapiens moderno, no era más que un icono imaginario del darwinismo sin reflejo en la realidad (Fig. 4). Los evolucionistas creen ahora que las distintas especies aparecieron de golpe y que no existe entre ellas ningún tipo de transición evolutiva. El antiguo gradualismo propuesto por Darwin que imaginaba una sucesión ininterrumpida de pequeños cambios acumulativos en cada especie biológica, la cual la hacía evolucionar lentamente hasta convertirla en otra distinta, no responde a la realidad de los fósiles estudiados por los paleontólogos. De ahí la necesidad, a la que se ha visto abocado el evolucionismo, de aceptar la teoría del equilibrio puntuado de Gould y Eldredge. Es decir, el gran acto de fe de asumir que aunque las especies no cambian, a pesar de todo van apareciendo otras nuevas como consecuencia de milagrosas mutaciones en los embriones.

Fig. 4. La marcha del progreso humano es un famoso icono de la evolución desde el simio al hombre que, a pesar de haber sido divulgado hasta la saciedad, no responde a la realidad, según han reconocido los propios paleontólogos evolucionistas, como el recientemente fallecido Stephen Jay Gould (1991). Hoy ya no puede sostenerse una evolución darwinista así, lineal o gradual, que provocaría la aparición de nuevas especies a partir de sus antecesoras mediante la acumulación de pequeños e imperceptibles cambios genéticos. Por el contrario, el evolucionismo propone la teoría del equilibrio puntuado de Gould y Eldredge. Es decir, el gran acto de fe de creer que aunque las especies no cambian gradualmente sino que permanecen estables, a pesar de todo, de vez en cuando aparecerían otras nuevas como consecuencia de milagrosas macromutaciones embrionarias. Se continúa, por lo tanto, dentro del ámbito de la creencia indemostrable y no de los hechos científicos.

Los partidarios actuales del transformismo reconocen fundamentalmente cuatro peldaños en la supuesta escalera fósil que conduciría al ser humano. A saber, los ya mencionados australopitecos, seguidos por el Homo habilis, el Homo erectus y, finalmente, el Homo sapiens. Por supuesto, el árbol genealógico es mucho más complejo, ya que en él figuran fósiles nuevos que van apareciendo y desapareciendo en función de las discusiones académicas entre especialistas. No obstante, dejando aparte las ramas laterales, estas cuatro serían las principales formas transitorias propuestas por el evolucionismo que existirían entre nosotros y nuestros supuestos ancestros. Veamos ciertos detalles de cada uno de tales grupos fósiles y descubriremos que pueden ser interpretados de otra manera diferente.

1. Australopitecinos: pretendidos homínidos

Los australopitecos o «monos del hemisferio austral», así como los fósiles incluidos dentro de los géneros Paranthropus, Praeanthropus, Zinjanthropus, Paraustralopithecus y Kenyapithecus, fueron animales parecidos a los simios actuales. Se conocen alrededor de veinte especies distintas de estos australopitecinos, encontrados en las inmediaciones del lago Turkana en Kenia y en otras regiones de África. Entre las especies mejor divulgadas destacan: Australopithecus afarensis, que es la más antigua; A. africanus, con huesos más bien delgados; A. robustus, que como su nombre indica presenta un esqueleto formado por huesos más grandes y robustos; A. boisei, A. anamensis, A. gahri y A. aethiopicus. Todas ellas poseían un volumen craneal igual o más pequeño que el de los actuales chimpancés. Sus manos y pies tenían dedos adaptados a la vida arborícola. Los machos eran más grandes que las hembras, o sea que presentaban dimorfismo sexual, como suele ocurrir habitualmente en algunos monos actuales. Ahora bien, la cuestión obvia es la siguiente, si los australopitecos eran tan parecidos a los simios que viven hoy, ¿por qué razón fueron elegidos como los antecesores de la especie humana?

Los paleoantropólogos supusieron que algunos australopitecos caminaban erguidos como los hombres. Durante décadas, desde que Richard Leakey y Donald C. Johanson estudiaron dichos fósiles, el evolucionismo ha venido creyendo que estos animales se desplazaban sobre las dos patas traseras. Incluso todavía hoy son muchos los que siguen pensando así, como evidencian las múltiples ilustraciones que aparecen en las publicaciones divulgativas. Sin embargo, lo cierto es que en la actualidad los propios especialistas del evolucionismo están divididos ya que, desde la década de los setenta, ciertas investigaciones al respecto han venido sembrando la duda.

En efecto, algunas revisiones del género Australopithecus sugerían todo lo contrario, es decir, que ningún australopiteco caminaba derecho. Dos prestigiosos especialistas en anatomía comparada, los doctores Lord Solly Zuckerman, jefe del Departamento de Anatomía en la Escuela Médica de la Universidad de Birmingham, en Inglaterra, y su antiguo alumno, Charles Oxnard, profesor de la Universidad del Oeste de Australia, después de estudiar detenidamente los esqueletos de todas estas especies, publicaron en la revista científica Nature sendos artículos coincidiendo en que los australopitecos no eran bípedos como se creía, sino que caminaban en cuatro patas, tal como lo hacen los chimpancés, gorilas y orangutanes actuales (Zuckerman, 1970; Oxnard, 1975). Oxnard finalizaba su trabajo señalando que el género Homo podía en realidad ser tan antiguo como el género Australopithecus, o incluso simultáneo en el tiempo, por lo que habría que eliminar a este último del linaje humano.

La postura erguida del ser humano requiere de una configuración anatómica muy especial que le hace notablemente diferente de los simios. Ningún otro animal conocido posee tales características. ¿Pudo la evolución realizar los cambios anatómicos necesarios para pasar del modo de caminar en cuatro patas, propio del mono, a la posición bípeda del hombre? Investigaciones en anatomía comparada que han empleado modelos de computadora han puesto de manifiesto que esto no es posible. Cualquier forma intermedia entre un ser cuadrúpedo y otro bípedo requeriría un consumo de energía tan elevado que la haría del todo inviable. Un animal semibípedo, tal como algunos conciben a Lucy, no puede existir porque, sencillamente, vulneraría las leyes de la biofísica.

La posición vertical propia del ser humano no tiene que ver solo con el esqueleto y los músculos, sino que afecta también a otros órganos del cuerpo. Por ejemplo, el tamaño del oído interno, en el que reside el sentido del equilibrio, está relacionado con la posición del cuerpo durante la locomoción. Mediante tomografías axiales computarizadas de alta resolución (TAC) se ha podido calcular el volumen del laberinto del oído interno de muchas personas y de monos actuales pertenecientes a diversas especies de chimpancés, gorilas y orangutanes, para compararlos con el laberinto correspondiente de cráneos fósiles de australopitecos, Homo habilis y Homo erectus (Word, 1994).

En los organismos vivos estudiados se correlacionó el tamaño de los canales semicirculares con la masa del cuerpo, y se comprobó que los seres humanos modernos poseen dichos canales anteriores y posteriores más grandes que los monos actuales, mientras que el canal lateral es más pequeño. El resultado de tales investigaciones ha revelado que el oído interno de todos los australopitecos, así como el del Homo habilis, era muy similar al de los grandes monos actuales, es decir, no apto para una locomoción bípeda. Por el contrario, el del Homo erectus se asemeja al del hombre moderno. Esto corrobora la idea de que, en cuanto al tipo de locomoción, entre los simios y el hombre existe una diferencia fundamental. Todos los Australopithecus y el Homo habilis serían en realidad simios fósiles comparables a los monos actuales, mientras que el Homo erectus tendría que ser considerado como una auténtica raza humana.

En contra de lo que habitualmente se dice, el bipedismo humano no constituye ninguna ventaja evolutiva sobre el desplazamiento en cuatro patas de los animales. El hombre no es capaz de alcanzar los ciento veinticinco kilómetros por hora del guepardo, ni moverse por la copa de los árboles a la velocidad que lo hacen los chimpancés o los monos aulladores. Desde el punto de vista de la rapidez de movimientos encaminados a huir o defenderse, los seres humanos estamos en inferioridad de condiciones con respecto al resto de los animales. Según la lógica evolutiva, que como suele afirmarse, apostaría siempre por una mayor complejidad y perfección de los seres, no se debería haber producido una transformación desde los monos cuadrúpedos al hombre bípedo, sino todo lo contrario: el ser humano tendría que haberse convertido en mono, ya que desde el punto de vista de la locomoción, este último es mucho más eficaz que nosotros.

Si a esto se replicara que el bipedismo permitiría liberar las manos, así como favorecer el desarrollo de la imaginación y del cerebro hasta convertir al hombre en un piloto de fórmula uno, en un aviador o en astronauta, deberíamos señalar que una cosa es la evolución biológica y otra muy distinta la cultural. Se trata de dos conceptos que no deberían mezclarse ya que, sea como sea, resulta difícil creer que la evolución habría favorecido el bipedismo porque estaba interesada en obtener astronautas. Además, al evolucionismo le ha repugnado siempre la idea teleológica de que las transformaciones de los seres vivos están orientadas hacia un fin determinado.

Por otro lado, el hecho de caminar sobre dos patas o dos pies no prueba de forma ineludible que quien así se desplaza esté relacionado filogenéticamente con el ser humano. Las aves, por ejemplo, son bípedas y a nadie se le ocurriría decir que descendemos de ellas. Lo mismo podría decirse de los lémures de Madagascar, que cuando están en el suelo se mueven saltando sobre sus dos patas traseras. El hecho de que un mono sea capaz de erguirse y ponerse de pie, como hacen casualmente los perros y los osos, no demuestra que vaya a transformarse en hombre después de millones de años.

La prestigiosa revista Science publicó en 1994 un trabajo del Dr. Randall L. Susman en el que se comparaba la forma de la mano humana con la de los simios actuales y de los fósiles en cuestión. La intención era relacionar estructura y función con el posible uso o no de herramientas (Susman, 1994). El tamaño y la forma de los huesos, así como de los músculos y tendones que constituyen la mano del hombre, tiene que ver con la precisión con que es capaz de agarrar y manipular objetos. Los monos poseen dedos largos y curvados con las yemas estrechas, mientras que las personas tienen dedos relativamente cortos, rectos y amplias yemas. Susman concluye su artículo señalando que existen dos grupos bien diferenciados: los que son capaces de utilizar herramientas más o menos sofisticadas y los que no. Entre los primeros, sus cálculos sitúan al Homo sapiens y al H. erectus, mientras que los australopitecos, entre los que se incluye Lucy, pertenecen al grupo de los simios incapaces de usar herramientas con cierta precisión. La investigación de Susman finaliza descartando a los australopitecos del pretendido árbol genealógico humano.

A la vista de las opiniones enfrentadas que se observan hoy dentro del propio evolucionismo, nos parece que la hipótesis del bipedismo dentro del género Australopithecus responde más al deseo de encontrar un eslabón perdido entre los animales cuadrúpedos y el ser humano que a verdaderos argumentos científicos. Los australopitecos constituyen diversas especies de monos fósiles que se extinguieron en el pasado sin dejar descendientes, como ocurrió con los dinosaurios y tantas otras especies biológicas que nada tuvieron que ver con el origen del hombre. Si algunos insisten en considerarlos antepasados humanos es porque no tienen nada mejor a mano. Sin embargo, los australopitecos son tan homínidos como pueden serlo los grandes monos que viven en la actualidad. Ellos eran seres mucho más parecidos a los gorilas, chimpancés y orangutanes de hoy que a nosotros mismos. Esto es precisamente lo que refleja el esquema que exhibe al público el zoológico de Barcelona, en España, en la entrada a su reciente pabellón dedicado a los gorilas de montaña (Fig. 6). Por lo tanto, el primer peldaño de la pretendida escalera evolutiva se tambalea y cae bajo el peso de la evidencia: los australopitecos no fueron antepasados del hombre.

Los australopitecos constituyen diversas especies de monos fósiles que se extinguieron en el pasado sin dejar descendientes, como ocurrió con los dinosaurios y tantas otras especies biológicas que nada tuvieron que ver con el origen del hombre. Si algunos insisten en considerarlos antepasados humanos es porque no tienen nada mejor a mano. Sin embargo, los australopitecos son tan homínidos como pueden serlo los grandes monos que viven en la actualidad. Ellos eran seres mucho más parecidos a los gorilas, chimpancés y orangutanes de hoy que a nosotros mismos. Esto es precisamente lo que refleja el esquema que exhibe al público el zoológico de Barcelona, en España, en la entrada a su reciente pabellón dedicado a los gorilas de montaña (Fig. 6). Por lo tanto, el primer peldaño de la pretendida escalera evolutiva se tambalea y cae bajo el peso de la evidencia: los australopitecos no fueron antepasados del hombre.

Fig. 6. Esquema simplificado que exhibe el parque zoológico de Barcelona (España), en el que puede apreciarse la pretendida relación filogenética que existiría entre el ser humano actual (Homo sapiens sapiens) y los grandes monos. Es significativo el hecho de que los australopitecos ya no han sido colocados en la línea que conduciría al hombre, sino en otra diferente que se extinguió sin dejar descendencia. El evolucionismo cree hoy que hombres y australopitecos descienden de un desconocido e hipotético antepasado común.

2. Homo habilis: un australopiteco más

La denominación de la especie Homo habilis fue propuesta en la década de los sesenta por la familia Leakey, constituida por varios paleoantropólogos famosos, con la intención de agrupar una serie de cráneos y restos óseos enigmáticos o difíciles de clasificar. Desde el principio este taxón, o grupo sistemático de clasificación, ha sido muy problemático y todavía hoy continúa generando divergencias profundas en el seno de la paleontología evolucionista.

En 1964, Louis Leakey, Phillip Tobias y John Napier anunciaron en la revista Nature el descubrimiento del nuevo «ancestro humano», al que llamaron precisamente Homo habilis por creer que era capaz de fabricar herramientas. Los primeros fósiles encontrados en Olduvai (Tanzania), que se denominaron: OH 13, OH 16 y OH 17, eran restos craneales muy incompletos asociados a mandíbulas y maxilares. Después se les añadió OH 8, formado por falanges, un fragmento molar y restos de un pie; OH 6, que incluía un parietal y algunos dientes; y OH 4, que era un trozo de mandíbula con un molar y un premolar. Más tarde se encontraron trozos de otro cráneo al que se llamó OH 24 (Fig. 7), que como puede apreciarse seguía siendo bastante fragmentario. A pesar de haber sido incluidos en el género Homo, por creer que dichos seres fabricaron los primeros instrumentos humanos vinculados con la industria de Olduvai, en realidad, todos estos fósiles recordaban mejor el aspecto simiesco de los australopitecos que el humano, tal como se manifestó ya desde un primer momento.

Fig. 7. Visión lateral y frontal del cráneo OH 24 que fue atribuido al Homo habilis a pesar de su aspecto simiesco y su reducido tamaño.

Los principales rasgos morfológicos del Homo habilis fueron criticados con severidad por algunos de los más ilustres paleontólogos de la época, como Le Gros Clark, Howell, Campbell, Pilbeam, Simons Robinson, entre otros. El primero de esta lista envió una carta al editor de la revista científica Discovery, en la que decía lo siguiente: «Las similitudes de los fósiles de Leakey (se refiere al Homo habilis) con los ejemplares conocidos como Australopithecus son tan remarcables, y las diferencias con respecto a los restos fósiles conocidos como Homo (se refiere a Homo erectus) tan grandes, que difícilmente puede discutirse su relegación al género anterior (es decir, a los australopitecos)». Por su parte, C. Loring Brace, de la Universidad de Michigan, afirmó también: «Ya que el taxón Homo habilis carece de espécimen tipo, de paratipos utilizables o de cualquier otro material inequívocamente referido, constituye un taxón vacío, propuesto de forma inadecuada, y debería ser formalmente suprimido» (Gibert, 2004). Tales fueron las primeras reacciones de buena parte del estamento científico del momento.

No obstante, a pesar de la oposición procedente de las propias filas evolucionistas, el deseo de llenar el vacío existente entre los australopitecos y los verdaderos seres humanos pudo más que las evidencias científicas, y el Homo habilis se mantuvo sobre su endeble y confuso pedestal. La historia se complicó todavía más con el descubrimiento de otros cráneos de diversos tamaños, el KNMER-1470 (Fig. 8), el KNMER-1813 y el OH 62. Los dos primeros hallados por el equipo de Richard Leakey y el tercero debido a los trabajos de Donald C. Johanson. Estos fósiles fueron también clasificados como pertenecientes al Homo habilis, lo que contribuyó a crear un gran cajón de sastre sumamente heterogéneo y confuso, donde se incluían restos que no encajaban en ningún otro lugar.

Algunos autores, como Groves (1989), intentaron ordenar dicho cajón de sastre y les salieron por lo menos dos especies distintas, Homo habilis y H. rudolfensis. La primera para incluir a los fósiles similares a los australopitecos y la segunda para los de aspecto humano. Otros paleontólogos prefirieron creer en la uniformidad del taxón y continúan considerando que el Homo habilis es una única especie intermedia entre el Australopithecus africanus y el Homo erectus.

En medio de toda esta polémica no conviene perder de vista que, en paleontología, muchas conclusiones que se muestran como científicas son en realidad bastante subjetivas y reflejan cuestiones ideológicas, estratégicas o simplemente de promoción personal, más que cualquier otra cosa. Además, en esta disciplina, los criterios para definir nuevas especies no suelen estar bien establecidos, por lo que resulta relativamente fácil crear nuevos taxones que vienen a complicar todavía más las cosas. Por fortuna, las discusiones posteriores de los especialistas a nivel mundial hacen que las aguas vuelvan a su cauce natural y muchos nombres científicos que fueron puestos alegremente se eliminan o son cambiados en función de los nuevos descubrimientos.

Fig. 8. Cráneo denominado KNMER-1470 hallado en la margen oriental del lago Turkana, en Kenya. Se atribuyó a la especie Homo habilis, considerada intermedia entre los australopitecos y el Homo erectus. Los ilustradores imaginaron cómo debía ser su aspecto externo y así se la representa hoy en los medios de divulgación. Sin embargo, muchos paleontólogos creen que se trata de una especie ilegítima que debería eliminarse de la filogenia humana, ya que está constituida por dos tipos de fósiles diferentes: unos claramente humanos, como el de este 1470, y otros pertenecientes al género Australopithecus.

Uno de los principales problemas para el evolucionismo, con relación al Homo habilis, era el que planteaba precisamente este cráneo KNMER-1470, ya que poseía un relativo aspecto de hombre moderno pero había sido encontrado en un estrato demasiado profundo como para pertenecer a un ser humano. Al principio fue datado en 2,9 millones de años de antigüedad, según la cronología evolucionista. Sin embargo, si se aceptaba tal edad, había que suponer que el H. habilis era tan antiguo como los australopitecos, y por lo tanto no podía haber surgido de ellos como se pretendía. Diez años duró la controversia acerca de la antigüedad real de este cráneo, hasta que en 1981 se rebajó ni más ni menos que un millón de años y se asumió que solo tenía 1,9 millones. No cabe duda de que semejante reducción pone en entredicho los métodos empleados por el evolucionismo para datar fósiles. Aunque no se aportaron razones convincentes de por qué el KNMER–1470 no se atribuyó a alguna forma de Homo sapiens, ya que esto era lo que indicaba su aspecto, en vez de ello se prefirió agruparlo con los fragmentos de la especie H. habilis. Y más tarde, este cráneo contribuyó precisamente a darle estatus y aceptación definitiva a la creación de dicha especie.

Hay por lo menos cuatro inconvenientes fundamentales que impiden considerar al Homo habilis como una especie válida (Lubenow, 2003). A saber: (1) según la ley de Dollo, la evolución regresiva es irreversible, o sea que cuando un órgano desaparece ya no reaparece jamás. Esto contradice la pretendida evolución desde el Homo habilis, de aspecto grácil, al Homo erectus, que posee un esqueleto mucho más robusto, y más tarde al Homo sapiens, que vuelve a ser otra vez grácil de formas como el H. habilis; (2) se ha supuesto que el Homo habilis era bípedo y fabricaba herramientas, basándose principalmente en la naturaleza juvenil de unos poco huesos postcraneales, pero esto es una asunción indemostrable; (3) existe una gran disparidad entre los volúmenes de los cráneos 1470 y 1590, que entran claramente dentro del rango humano, y los cráneos 1805, 1813 y OH 24, que son demasiado pequeños para ser considerados humanos, aunque a pesar de tan enormes discrepancias se sigue creyendo que todos pertenecen al H. habilis; y (4) está el hecho de que los fósiles postcraneales no se hayan localizado directamente asociados a los cráneos encontrados. Tales inconvenientes demuestran que el evolucionismo posee mucha fe, o demasiados intereses ideológicos, al pensar que todos estos fósiles pertenecieron a la misma especie.

En mi opinión, el Homo habilis no es un taxón legítimo ya que está formado por fósiles susceptibles de agruparse en dos categorías distintas: unos de mayor tamaño que pueden clasificarse como fósiles humanos y otros notablemente menores que son similares a los australopitecos. Por lo tanto, el H. habilis no constituye ninguna forma intermedia entre los géneros Australopithecus y Homo, como el evolucionismo pretende, sino una mezcla de individuos que pertenecieron a estos dos últimos géneros. Tal conclusión viene respaldada por investigaciones anatómicas de los endocráneos atribuidos al H. habilis (Falk, 1983). Además, la hipótesis de que el Homo erectus surgió del H. habilis ya no puede sostenerse, pues las últimas dataciones evolucionistas afirman que fueron simultáneos en el tiempo (Fig. 14). En resumen, aunque el Homo habilis continúe figurando en los libros de texto y en las publicaciones de divulgación, lo cierto es que se trata de una especie imaginaria que nunca existió. Algunos evolucionistas ya se han atrevido a reconocerlo pero será el tiempo quien se encargue de eliminarlo por completo.

3. Homo erectus: empieza la saga humana

La paleontología evolucionista reconoce la especie Homo erectus, que significa «hombre que caminaba erguido», como perteneciente ya a un verdadero ser humano que poseía su cultura propia. Desde que el médico holandés Eugene Dubois encontrara en 1892 su famoso Pitecanthropus erectus en Trinil (Java), se han venido descubriendo numerosos fósiles atribuidos al Homo erectus en Asia, Europa y África. La razón principal por la que se le considera más primitivo que el Homo sapiens es su capacidad craneal y el prominente arco superciliar (Fig. 9).

El volumen de su cerebro oscilaba entre los ochocientos y los mil doscientos cincuenta centímetros cúbicos. Esto lo sitúa dentro del rango inferior del ser humano, cuya dispersión actual oscila entre los setecientos y los dos mil doscientos centímetros cúbicos. No obstante, muchas personas que viven en la actualidad, como los pigmeos y otras etnias, poseen el mismo volumen craneal que el Homo erectus. También las hay que presentan prominentes arcos superciliares como los aborígenes australianos y, a pesar de ello, son auténticos seres humanos capaces de desarrollar los mismos niveles intelectuales que cualquier otro grupo humano. La neurobiología ha demostrado que la forma del cráneo o el tamaño del cerebro en los seres humanos no están necesariamente relacionados con la capacidad intelectual. Muchos esqueletos atribuidos a esta especie son idénticos a los de los hombres actuales, como el del niño de Turkana, que fue encontrado cerca del lago Turkana en Kenya.

Fig. 9. Reconstrucción del cráneo del Homo erectus con su característica y prominente arcada superciliar. El evolucionismo le considera más primitivo que el Homo sapiens. La razón principal para ello es su capacidad craneal ligeramente inferior y el mencionado arco superciliar. No obstante, muchas personas que viven en la actualidad, como los pigmeos y otras etnias, poseen el mismo volumen craneal que el Homo erectus. También las hay que presentan prominentes arcos superciliares como los aborígenes australianos y, a pesar de ello, son auténticos seres humanos capaces de desarrollar los mismos niveles intelectuales que cualquier otro grupo humano.

El propio paleontólogo Richard Leakey se vio obligado a reconocer que las diferencias existentes entre el Homo erectus y el Homo sapiens no son mayores que las que puedan existir entre razas humanas distintas:

Uno debería ver también las diferencias en las formas del cráneo, en el grado de profusión del rostro, en la prominencia de las cejas, etc. Estas diferencias probablemente no son más pronunciadas que las que vemos hoy día entre razas humanas alejadas geográficamente. Tales variaciones biológicas surgen cuando las poblaciones están apartadas geográficamente durante una cantidad de tiempo significativa (Leakey, 1981).

El mismo error que se cometió al intentar humanizar los australopitecos y el Homo habilis se ha realizado también con el H. erectus pero al revés, animalizándolo. Sin embargo, a pesar de tantas reconstrucciones e ilustraciones divulgativas influidas por el evolucionismo, en las que el H. erectus aparece con aspecto simiesco, a medio camino entre los simios y el hombre, lo cierto es que se trata de una auténtica raza humana. Hay un gran vacío fósil, así como una notable distancia intelectual, entre él y cualquier otro australopiteco u Homo habilis. El género Homo aparece de golpe, y la paleontología actual reconoce que su origen es enigmático e incierto (Gibert, 2004). Por mucho que se procure aproximar los simios a las personas, la verdad es que la propia ciencia de los fósiles se resiste a ello.

No hay señales de transición gradual entre el Homo habilis y el Homo erectus ya que ambas especies aparecen en los estratos casi a la vez. Esto significa que coexistieron en el mismo tiempo. Tampoco se conoce transición alguna entre el Homo erectus y cualquier otra especie de su mismo género (H. ergaster, H. sapiens, H. neanderthalensis, H. antecessor, H. rhodosiensis u H. heidelberguensis). Los árboles evolutivos y las relaciones entre especies se construyen de manera hipotética pues están basados en meras conjeturas o asunciones previas. La realidad es que las especies siempre permanecen estables durante millones de años, nunca se observan evidencias de transición entre una especie y otra.

Por lo que respecta a la capacidad craneal, tan utilizada en esta disciplina, es necesario reconocer que existe una gran variabilidad dentro de las distintas etnias humanas actuales. En ocasiones, el evolucionismo se ha basado en el tamaño del cerebro para construir árboles genealógicos y trazar relaciones de parentesco evolutivo entre las diferentes especies fósiles y el hombre actual. Sin embargo, la realidad es que nuestra capacidad craneal es muy amplia. Cuando se analiza el cráneo de las diversas razas humanas que existen en la actualidad, este oscila entre los setecientos y hasta cerca de los dos mil doscientos centímetros cúbicos de capacidad. Y además, dicha variación no tiene nada que ver con la inteligencia de las personas. Tan inteligente, o torpe, puede ser un individuo que pertenezca al rango inferior como al más elevado. Esto constituye un poderoso argumento a tener en cuenta a la hora de atribuir inteligencia a las especies fósiles.

La capacidad craneal media de los orangutanes actuales está alrededor de los cuatrocientos centímetros cúbicos, la de los chimpancés en cuatrocientos cincuenta, y la de los gorilas en unos quinientos. En el ser humano la misma alcanza los mil setecientos cincuenta centímetros cúbicos. Los antropólogos han elaborado distintos índices de cefalización, comparando el peso del cerebro con el total del individuo, o con la médula espinal, o la proporción entre las áreas prefrontales del córtex y la totalidad de este, etc. De tales estudios surgió el siguiente índice de cefalización de Schenk (Pinillos, 1995: 32).

Esta lista expresa con claridad el enorme salto que nos separa del chimpancé, que es el simio más cercano a nosotros en cuanto a índice de cefalización (Fig. 10). Otros indicadores, como los neopaleales y cerebelosos de Witz, muestran que en su dotación cerebral el ser humano supera a los antropoides más parecidos en cifras tal altas que están por encima del trescientos por ciento. Tales datos resaltan las notables diferencias que nos separan de los simios, a pesar de lo que en ocasiones se nos intenta hacer creer por parte del evolucionismo.

Fig. 10. Gráfico que muestra la gran diferencia existente en el índice de cefalización de Schenk entre el hombre y el resto de los grandes monos actuales.

El volumen craneal medio de los Australopithecus era semejante al de los simios actuales, rondaba los seiscientos centímetros cúbicos. Es decir, estaba en el rango propio de los monos. Sin embargo, el de los fósiles pertenecientes al género Homo, como el H. erectus, superaba ya los mil centímetros cúbicos. Por ejemplo, el hombre de Java y el de Pekín, que se consideran miembros de dicha especie, alcanzaban capacidades medias de mil trescientos centímetros cúbicos, mientras que el hombre de Neandertal y el de Cro-Magnon llegaron incluso a superar la capacidad craneal del hombre moderno. Todos tenían un volumen cerebral que estaba dentro del rango que incluso en la actualidad poseemos las personas. A pesar de las pretensiones de la teoría darwinista, y reconociendo las limitaciones de equiparar el tamaño cerebral con la inteligencia, lo cierto es que el análisis del volumen del cerebro muestra claramente lo que venimos defendiendo hasta ahora, que no hay evidencia de transición gradual entre los fósiles pertenecientes a los simios y los fósiles humanos. Los hechos confirman la existencia de dos grandes grupos fósiles diferentes, el de los monos y el de los hombres. Pero no el de los «hombres-mono» que predica el evolucionismo. El ancestro común está hoy más perdido que nunca.

Es frecuente oír acerca de los «grandes parecidos» que existen entre algunos simios de la actualidad y los seres humanos. Se dice, por ejemplo, que desde el punto de vista genético los chimpancés se parecen a nosotros en un noventa y ocho por ciento. Y es verdad. A primera vista, esto parece reforzar la idea de que ellos y nosotros somos parientes cercanos que habríamos descendido por evolución a partir de un antepasado común. No obstante, ante las evidentes diferencias que hay entre un mono y un científico, por ejemplo, quizás sea interesante preguntarse por esa «pequeña» diferencia del dos por ciento.

Uno de los descubrimientos que más sorprendió a los antropólogos evolucionistas fue el hecho de que tanto chimpancés, como gorilas y orangutanes tuvieran veinticuatro pares de cromosomas en cada una de sus células, mientras que los humanos solo poseyéramos veintitrés. El hombre constituye precisamente la única excepción entre el resto de los primates porque posee un par menos. Esta diferencia hace que las personas puedan ser consideradas como seres únicos. ¡Un par de cromosomas menos y ese misterioso dos por ciento distinto deben ser características tremendamente importantes!

A ellas se debe que nazcamos completamente indefensos y con un pequeño cerebro que solo representa el veinticinco por ciento de su volumen definitivo, para que después, fuera del claustro materno, pueda desarrollarse plenamente por encima de las posibilidades de cualquier simio, permitiendo así la educación y la cultura. A tales desigualdades génicas se deben también características propias, como que podamos andar erguidos, pensar, hablar, trabajar con las manos y creer en Dios. El gorila, por ejemplo, construye cada noche un nido de ramas que desaparece a los pocos días sin dejar rastro alguno. Sin embargo, el hombre siempre deja huellas indelebles de su presencia. Puntas de flecha, piedras de sílex talladas, pinturas rupestres, arte, cerámica, construcciones, enterramientos, etc. El entorno habitado por el ser humano tiene memoria y permite ser estudiado, mientras que el de los monos es casi estéril.

El hombre es la única especie verdaderamente ubicua, adaptada a todos los ambientes y capaz de transformarlos en beneficio propio. La conciencia que tiene de sí mismo le lleva a saber que debe morir y que su propia esencia no puede ser explicada solo como materia natural. La existencia del alma como realidad trascendente, sinónimo de vida, psiquismo, espiritualidad y apertura a lo sobrenatural es una característica fundamental del hombre, la cual no se da en el resto de los primates ni en ningún otro animal, y no puede ser pasada por alto. ¡Después de todo, esa diferencia del dos por ciento no parece tan insignificante!

 4. Homo sapiens: diversidad de razas

El nombre que el ser humano ha dado a su propia especie, Homo sapiens, denota la inteligencia que caracteriza o debiera caracterizar el comportamiento del hombre. Es verdad que cuando nos comparamos con otros animales irracionales, sobre todo por lo que respecta a su conducta, cuidado de las crías, fidelidad a los congéneres, sentido común, etc., en ocasiones el calificativo de «sabio» parece más apropiado para alguno de ellos que para ciertos individuos de la especie humana. No obstante, a pesar de tales consideraciones morales, es innegable que el hombre es cualitativamente diferente de todos los demás organismos que habitan este planeta. Tendremos ocasión de abundar en ello en el siguiente apartado, de momento pasaremos revista a los principales fósiles pertenecientes al género Homo y a las notables similitudes que presentan con el ser humano moderno.

Juan Luis Arsuaga e Ignacio Martínez, dos paleontólogos españoles que trabajan en el proyecto Atapuerca, proponen en su libro La especie elegida un nuevo esquema evolutivo para el género Homo, a partir del momento en que, según su opinión, se produjo el poblamiento de Eurasia (Arsuaga y Martínez, 1998) (Fig. 11). Evidentemente, en dicho esquema incluyen la nueva especie descubierta por ellos en la cueva de la Gran Dolina (Burgos), que denominan Homo antecessor por creer que fue el antepasado común de nuestra especie y de los neandertales.

Fig. 11. Esquema evolutivo del género Homo propuesto por el equipo de Atapuerca, a partir del momento del poblamiento de Eurasia (Arsuaga, 1998).

Lo primero que se observa en este nuevo árbol evolutivo es que ni el Homo erectus, ni el hombre de Neandertal, ni el de Heidelberg, están en el linaje que conduciría al Homo sapiens, sino que se extinguieron sin dejar descendientes. Esto demuestra cómo han evolucionado los propios árboles genealógicos y cómo cada nuevo cráneo que se descubre supone también una revisión de lo que se creía anteriormente. El esquema propuesto por Johanson y White (Fig. 12), y que se aceptó durante los años de 1979 a 1986, suponía que el Homo erectus fue el antecesor directo del Homo sapiens. Sin embargo, hoy se cree que ambas especies fueron contemporáneas y, por lo tanto, una no pudo surgir de la otra (Fig. 14).

Esquema de la evolución humana 1979–1986

(Según Johanson y White)

Fig. 12. Esquema de la evolución humana, según Johanson y White, que predominó durante la década de los ochenta y posteriormente fue cambiando.

Esquema de la evolución humana 1986–

(según Lubenow)

Fig. 13. Esquema de la evolución humana aceptado a partir de 1986. Con el descubrimiento de nuevos fósiles aumentan considerablemente los interrogantes y los simios fósiles se van separando de los humanos.

El hombre de Neanderthal fue considerado durante mucho tiempo como antepasado del ser humano actual. Se le dibujaba encorvado, peludo y con un cráneo de forma simiesca, para darle apariencia de estar a medio camino entre los monos y las personas. Sin embargo, la paleoantropología actual ha reconocido que esto fue un error. No hay nada en los múltiples restos óseos que se poseen de los neandertales que indique que se tratara de una especie inferior al hombre. Se ha reconocido que la apariencia encorvada era consecuencia del raquitismo que habían sufrido algunos ejemplares. Su esqueleto era más robusto que el nuestro y su capacidad craneal sobrepasaba también ligeramente la del hombre actual. Sabemos que enterraban a sus muertos mediante algún tipo de ceremonial religioso, que fabricaban instrumentos musicales y, probablemente, se relacionaron con el Homo sapiens antiguo. Algunos paleontólogos creen que no era una especie distinta a la nuestra, sino solo una subespecie o raza diferente, por eso prefieren llamarla Homo sapiens neanderthalensis. En resumen, los neandertales fueron una raza humana más fuerte y vigorosa que nosotros, que simplemente desapareció de la tierra, al igual que siguen desapareciendo hoy otras etnias.

Esquema de la evolución humana 1997

(según Bernard Wood, Universidad de Liverpool)

Fig. 14. Uno de los últimos esquemas evolutivos propuestos para el origen del hombre. Como puede apreciarse, continúan aumentando los interrogantes en torno al origen del género Homo, y cada vez resulta mayor la brecha existente entre los simios (Ardipithecus, Australopithecus, Paranthropus) y las distintas variedades humanas.

Lo mismo puede decirse del Homo heidelbergensis, el H. rhodesiensis, el H. antecessor y el H. ergaster. Las diferencias entre ellos y el Homo sapiens arcaico son realmente insignificantes, y el hecho de que se clasifiquen como especies distintas depende más de los criterios conceptuales y sistemáticos entre paleontólogos evolucionistas que de las evidencias reales. Muchas de las divergencias anatómicas que se observan en los cráneos fósiles atribuidos a dos especies distintas son similares a las que pueden existir hoy entre dos razas humanas diferentes, como pueden ser un europeo, un pigmeo o un aborigen australiano (Fig. 15).

No obstante, el descubrimiento más espectacular y trascendente para la paleontología no ha venido de ella sino de la ciencia de la herencia, la genética. Fue el ocurrido a principios de este siglo XXI. En la prestigiosa revista Nature, en el número de marzo del 2002, el evolucionista molecular Alan Templeton, de la Universidad de Washington en Saint Louis (Missouri), hizo público un estudio acerca de las comparaciones de ADN en los seres humanos actuales (Templeton, 2002). Se trata de una especie de técnica detectivesca que pretende reconstruir la historia evolutiva de la humanidad determinando el grado de parecido genético entre las poblaciones humanas actuales de todo el mundo. Sus conclusiones, centradas en métodos matemáticos e informáticos muy avanzados, están revolucionando completamente la antropología. Ya no se habla de huesos fósiles, sino de genes presentes en los humanos actuales que se consideran fósiles del pasado.

Fig. 15. Cráneos contemporáneos de un europeo y un aborigen australiano, ambos pertenecientes a la misma especie Homo sapiens sapiens. Las diferencias entre ellos serían suficientes para clasificarlos como dos especies distintas si se encontraran en estado fósil.

¡Si Templeton tiene razón, y parece que sí la tiene, todas las especies fósiles conocidas, tales como el Homo erectus, el Homo antecessor, el Homo heidelbergiensis, el Homo neanderthalensis y el Homo sapiens son en realidad la misma y única especie humana! Esto supone un cambio fundamental de paradigma dentro de la antropología, ya que confirma que todos estos pretendidos eslabones fósiles no fueron más que variedades raciales de la única especie de seres humanos. Los genes del hombre actual indican que en el pasado hubo importantes migraciones entre los continentes africano, asiático y europeo, pero tales traslados no produjeron el reemplazo de una variedad humana por otra, sino el entrecruzamiento o la mezcla genética, lo cual contribuyó a consolidar los lazos genéticos entre las poblaciones humanas por todo el mundo.

En otras palabras, no hay evidencia sólida de que el hombre haya evolucionado a partir de ningún simio del pasado. Todos los fósiles pertenecientes al género Homo (a excepción de H. habilis) corresponderían en realidad a seres humanos que nada tuvieron que ver con los monos fósiles de los géneros Australopithecus o Paranthropus. En algunos casos, incluso fueron contemporáneos. Por lo tanto, en contra de lo que habitualmente se divulga, no existe ninguna evidencia fósil convincente de que se hubiera producido una transición evolutiva entre ambos grupos fundamentales. El primitivo árbol de la evolución humana ha quedado convertido en dos arbustos independientes sin conexiones reales entre sí. Por un lado, el de las especies de simios fósiles, y por el otro, el de las variedades o razas de auténticos seres humanos. Estos hechos, que actualmente tienen confundidos a tantos paleoantropólogos evolucionistas, nos llevan a la conclusión lógica de que las personas siempre han sido personas y los monos, monos. El hombre desciende de Dios, no del simio, y esto es precisamente lo que afirma la Biblia.

TEMAS RELACIONADOS: 

Lo Absurdo de la Vida sin Dios

Diseño desde el Ajuste Fino

La Premisa Casual del Argumento Kalam

Hawking y Mlodinow: Emprendedores Filosóficos

Dios aún no ha Muerto

¿Existe Dios? – Dr. William Lane Craig Vs Christopher Hitchens (Debate)

La causa del universo.

El diseñador del cosmos.

 

Cruz, Antonio: El Dios Creador. Miami, FL : Editorial Vida, 2005

Bibliografía del autor:

ARSUAGA, J. L. y MARTÍNEZ, I. 1998, La especie elegida, Temas de hoy, Madrid.

BEHE, M. J., 1999, La caja negra de Darwin, Andrés Bello, Barcelona.

CRAIG, W. L. 1980, The Cosmological Argument from Plato to Leibniz, Macmillan, London.

CRUZ, A. 1993, L’origen de l’univers i la teoria del Big Bang, en Preséncia Evangèlica, n° 139–140, Sabadell, Barcelona, p. 16–18.

CRUZ, A. 1996, ¿De dónde venimos?, en F. Ortiz y otros (ed.), Expediente X, ideas y recursos para el estudiante cristiano, CLIE, Terrassa, Barcelona, pp. 85–105.

CRUZ, A. 1997, Postmodernidad, CLIE, Terrassa, Barcelona.

CRUZ, A. 1998, Parábolas de Jesús en el mundo postmoderno, CLIE, Terrassa, Barcelona.

CRUZ, A. 1999, Bioética cristiana, CLIE, Terrassa, Barcelona.

CRUZ, A. 2000, El origen del universo, en http://www.elportalcristiano.com/canales/estudios/ciencia/universo.htm

CRUZ, A. 2001, Sociología, una desmitificación, CLIE, Terrassa, Barcelona.

CRUZ, A. 2003, El cristiano en la aldea global, Vida, Miami, Florida.

CRUZ, A. 2004a, Darwin no mató a Dios, Vida, Miami, Florida.

CRUZ, A. 2004b, La ciencia, ¿encuentra a Dios?, CLIE, Terrassa, Barcelona.

DAVIES, P. 1988, Dios y la nueva física, Salvat, Barcelona.

DENTON, M. J. 1998, Nature´s Destiny, The Free Press, New York.

FALK, D. 1983, Cerebral Cortices of East African Early Hominids, Science, 221, p. 1073.

GIBERT, J. 2004, El hombre de Orce, Almuzara, España.

GORE, R. 2000, Los albores de la humanidad: primeros pasos, National Geographic España, otoño, 2000, pp. 38–63.

GOULD, S. J. 1991, La vida maravillosa, Crítica, Barcelona.

GROVES, L. P. 1989, A theory of human and primate evolution, Oxford University Press.

GUITTON, J. y otros, 1994, Dios y la ciencia. Hacia el metarrealismo, Debate, Madrid.

HAMER, D. 2004, The God gene, Doubleday. USA.

HAWKING, S. W. 1988, Historia del tiempo, Crítica, Barcelona.

HAWKING, S. W. 2002, El universo en una cáscara de nuez, Crítica/Planeta, Barcelona.

HORGAN, J. 1998, El fin de la ciencia, Paidós, Barcelona.

KÜNG, H., 1980, ¿Existe Dios?, Cristiandad, Madrid.

LAIN, P. 1991, Cuerpo y alma, Austral, Espasa-Calpe, Madrid.

LEAN, G. y HINRICHSEN, D., 1992, Atlas del medio ambiente, Algaida, Sevilla.

LEAKEY, R. 1981, The Making of Mankind, Sphere Books, London, p. 62.

LUBENOW, M. L. 2003, Bones of contention, BakersBooks, Grand Rapids, Michigan, USA.

MONOD, J. 1977, El azar y la necesidad, Barral, Barcelona.

NEWBERG, A. 1988, A Neuropsychological Analysis of Religion: Discovering Why God Won´t Go Away, en ponencia presentada en el Germantown Jewish Centre in Mt. Airy, Philadelphia, 10 de febrero de 1998.

OXNARD, Ch. E. 1975, The Place of Australopiyhecines in Human Evolution: Grounds for Doubt, Nature, Vol. 258, p. 389.

PANNENBERG, W. 1992, Teología Sistemática, I y II, Universidad Pontificia Comillas, Madrid.

PIKAZA, X., 1993, Dios (Filosofía), Conceptos fundamentales del cristianismo, Floristán C. y Tamayo, J. J., Trotta, Madrid.

PINILLOS, J. L. 1995, La mente humana, Temas de hoy, Madrid.

POLKINGHORNE, J. 2000, Ciencia y teología, Sal Terrae, Santander.

ROSS, H., 1999a, El Creador y el cosmos, Mundo Hispano, El Paso, Texas, USA.

ROSS, H., 1999b, Beyond the Cosmos, Navpres, Colorado Springs, USA.

SAMPEDRO, J. 2002, Deconstruyendo a Darwin, Crítica, Barcelona.

SEGUNDO, J. L. 1993, ¿Qué mundo? ¿qué hombre? ¿qué Dios?, Sal Terrae, Santander.

SPOOR, F., WOOD, B. y ZONNEVELD, F. 1994, Implications of Early Hominid Labryntine Morphology for Evolution of Human Bipedal Locomotion, Nature, Vol. 369, junio 23, pp. 645–648.

SUSMAN, R. L. 1994, Fossil Evidence for Early Hominid Tool Use, Science, 265, p. 1571.

TEMPLETON, A. 2002, Out of Africa again and again, Nature, 416: 6876, pp. 45–51.

TORRES QUEIRUGA, A. 1993, Mal, Conceptos fundamentales del cristianismo, Floristán C. y Tamayo, J. J., Trotta, Madrid.

TRINH XUAN THUAN, 1988, La mélodie secrète, Fayard, Paris.

VARONE, F. 1993, El Dios ausente, Sal Terrae, Santander.

WILSON, E. O. 1999, Consilience: la unidad del conocimiento, Círculo de Lectores, Barcelona.

WORD, B. 1994, Implications of early hominid labyrinthine morphology for evolution of human bipedal locomotion, Nature, 369, pp. 645–648.

ZUCKERMAN, S. 1970, Beyond the Ivory Tower, Toplinger Publications, New York, pp. 75–94.


¿EXISTE EL GEN DE DIOS?

¿Existe el gen de Dios?

Por:  ANTONIO CRUZ

¿Hay genes para creer en Dios? ¿Actúan tales genes en el cerebro permitiéndole al ser humano creer en la divinidad y en una vida después de la muerte? Recientemente, algunos biólogos evolucionistas han manifestado que la creencia religiosa es la expresión de un instinto humano universal y que en el mapa del genoma habría unos genes para creer en Dios o para ser religioso. En este sentido, el famoso sociobiólogo Edward O. Wilson (1999) ha manifestado que la moralidad es la expresión codificada de nuestros instintos, y que lo que es considerado moralmente correcto se deriva en realidad de lo que acontece de forma natural. Esto conduciría a la conclusión de que la creencia en Dios, por ser algo natural en el ser humano, sería por lo tanto correcta.

A pesar de todo, Wilson admitió que la fe teísta constituía un desafío fundamental para la teoría de la evolución, ya que esta era incapaz de explicar por qué tal creencia era tan extendida entre los seres humanos y estaba arraiga tan fuerte en nuestra especie. Al fin y al cabo, el altruismo, el amor al prójimo y la solidaridad hacia los débiles o necesitados que proponen las religiones monoteístas, no suponen ninguna ventaja evolutiva para los individuos que ponen en práctica tales comportamientos. Más bien, en algunos casos, representan serios perjuicios para ellos.

Posteriormente, el genetista estadounidense Dean H. Hamer, famoso por su controvertido gen de la homosexualidad, ha manifestado haber encontrado otro gen que, con toda probabilidad, dará mucho que hablar, se trata del «gen de Dios» o el gen que haría posible el desarrollo de la fe religiosa en el ser humano. Su planteamiento es puramente materialista y reduccionista. En su opinión, toda religiosidad y espiritualidad humana quedarían bien explicadas en términos exclusivamente físicos y químicos. Las personas creyentes lo serían porque poseen dicho gen, o porque el mismo no habría tenido problemas ambientales o fisiológicos para manifestarse. Por el contrario, en el caso de los incrédulos o ateos, no existiría el hipotético gen de la fe, o bien la educación y el ambiente en que se formaron habrían impedido que se manifestara de forma adecuada.

En su obra The God gene (2004), Hamer afirma que el gen de Dios, al que denomina VMAT2, predispone a la gente hacia la creencia espiritual. ¿Qué repercusiones puede tener esta hipótesis? Si existe dicho factor genético y realmente influye sobre la fe religiosa, cosa que todavía está por ver, esto podría implicar que la espiritualidad carece de fundamento metafísico. Si las personas creen en Dios como consecuencia de poseer un gen determinado, entonces la realidad de Dios y del mundo espiritual no sería más que una construcción ilusoria del ser humano. La genética acabaría así con la teología, pues el gen de Dios sería en realidad el gen del ateísmo asesino que mataría definitivamente la idea de un Creador. ¿Qué podemos replicar a esta cuestión?

El asunto no es, ni mucho menos, tan concluyente como algunos pretenden. Veamos por qué. En primer lugar, aunque se demostrara científicamente que dicho gen VMAT2 existe y que, en efecto, actúa sobre la creencia religiosa del ser humano, esto no implicaría necesariamente que la fe y la espiritualidad fueran algo carente de fundamento. El hecho de conocer la causa fisiológica que hace posible una creencia no determina si dicha creencia es cierta o falsa.

Por ejemplo, imagínese a un hombre que ha sufrido un accidente y como resultado del mismo ha quedado paranoico. Con el transcurso del tiempo podría llegar a creer que su esposa y uno de sus mejores amigos desean matarlo con algún fin oscuro, como cobrar el seguro. Sería razonable pensar que dicha creencia es infundada y que se debe solo a la propia enfermedad que padece. Sin embargo, esto no elimina por completo la posibilidad de que el hombre esté en lo cierto y que en realidad su esposa y su amigo hayan planeado matarle. De la misma manera, aunque el hecho de creer en Dios estuviera favorecido por una causa genética, ello podría interpretarse de dos formas distintas. A saber, o los genes nos engañan y Dios no existe, o bien, Dios existe y fue quien creó los genes que nos permiten creer en él.

No conviene olvidar que Dean H. Hamer fue también el investigador que en 1994 descubrió la famosa región Xq28 en el cromosoma sexual X de setenta y seis varones homosexuales, región que denominó precisamente así: gen de la homosexualidad o gen gay. Pronto se empezó a creer que la homosexualidad tenía una causa biológica hereditaria. Algunos de estos trabajos fueron realizados por científicos homosexuales, como el neurólogo Simon LeVay, del Salk Institute de los Estados Unidos, que estaban interesados en particular en el asunto. Se encontraban ansiosos por fijar en la mente del público aquello de lo que estaban convencidos, es decir, que los homosexuales habían «nacido así» y no podían hacer nada por cambiar de actitud.

Sin embargo, el gen de la homosexualidad se esfumó con las investigaciones realizadas en lesbianas, ya que ellas carecían de dicha zona Xq28. Hoy se sabe además que ni siquiera la poseen todos los homosexuales varones. Las últimas investigaciones genéticas sobre este tema, en especial las del genetista J. Michael Bailey, que ha analizado muchos linajes de homosexuales, no han logrado hallar el pretendido gen gay. Incluso el propio Hamer ha manifestado que hasta que dicho gen no se descubra, sería un error suponer su existencia.

De cualquier manera hay que enfrentar este dilema con sensatez. ¿Qué determina la homosexualidad, la herencia, el ambiente o ambas cosas a la vez? El psicoanálisis, por ejemplo, dice que la homosexualidad masculina está determinada en gran parte por el amor excesivo de la madre. ¿Y si el gen localizado al final del cromosoma X no la determina, pero en su lugar juega un papel importante dando información al cerebro sobre si la madre es demasiado amante o no? Entonces, dicho gen sería irrelevante en el origen de la homosexualidad masculina. Estudios recientes han mostrado que el cincuenta por ciento de los hermanos gemelos de homosexuales no lo son. Esto significa que la región Xq28, que ambos hermanos poseen, no determina la homosexualidad.

Además, si la homosexualidad tuviera una causa hereditaria, ya se habría extinguido, pues cualquier especie que tiende a no reproducirse, tarde o temprano desaparece. Sin embargo, las estadísticas demuestran que la homosexualidad oscila a lo largo de la historia y según las diversas culturas. Ahora está aumentando el número de homosexuales, sobre todo en occidente, al igual que lo hizo en el mundo antiguo (Sodoma y Gomorra, Grecia, Imperio Romano, etc.), gracias a su progresiva aceptación social.

No obstante, la mayor parte de los especialistas cree hoy que la homosexualidad se debe a una alteración del desarrollo psíquico y sexual ocurrida a causa de los modelos de conducta observados en la más tierna infancia. Puede ser desencadenada como consecuencia de anomalías psicosociales debido a una mala influencia de los padres, a ciertos traumas sexuales infantiles, a la presión del ambiente, como reacción frente a las frustraciones, producto de la seducción por parte de otros homosexuales, por saturación de relaciones heterosexuales, al llevar una convivencia forzada entre personas del mismo sexo o, simplemente, por afán de experimentación.

Pues bien, después de la negativa experiencia del doctor Hamer con el pretendido gen de la homosexualidad, uno se pregunta: ¿No debería haber aprendido la lección y ser más prudente en las conclusiones de sus investigaciones futuras? Pues parece que no es así, y en vez de adoptar una actitud sensata ha optado de nuevo por lanzar a los cuatro vientos, a bombo y platillo, su último descubrimiento del gen de Dios y sus precipitadas conclusiones. ¿Cuánto tiempo tardarán sus detractores científicos, que son numerosos, en desacreditar otra vez este sospechoso hallazgo?

No es posible negar que la ciencia de la herencia, como toda disciplina científica experimental que consigue resultados favorables para el ser humano, ha logrado un puesto preferente en la sociedad. Esta se hace eco de los últimos descubrimientos genéticos y los medios informativos están siempre pendientes de todo aquello que pueda mejorar la salud humana. No obstante, algunos investigadores, que también son responsables o accionistas de empresas biotecnológicas, o incluso están ávidos por conseguir un gran éxito, en ocasiones procuran hinchar sus descubrimientos para estimular el curso de sus beneficios económicos. Surgen así las informaciones sensacionalistas, que cuando consiguen el efecto económico deseado, suelen ser desmentidas de inmediato.

Hace algunos años, la prensa empezó a difundir que se había descubierto «la enzima de la inmortalidad». La noticia se basaba en un artículo publicado en la prestigiosa revista Science, en enero de 1998, que trataba sobre el aparente aumento de la duración de la vida de las células cultivadas gracias a la introducción de un gen, el cual produce una enzima capaz de reparar los extremos de los cromosomas. La intensa publicidad que le dieron los medios a esta noticia hizo que en un programa de televisión se dijera que, dentro de unos años, este descubrimiento permitiría alargar la vida humana hasta los ciento cincuenta años. Inmediatamente subieron las acciones en la bolsa de valores de la empresa Geron, que era la compañía de biotecnología que estaba detrás de la campaña mediática. En una sola sesión ganaron más del cincuenta por ciento. Días después, cuando se hizo el correspondiente desmentido, las acciones volvieron a bajar. Pero la popularidad de Geron ya estaba hecha y los avispados inversores que acertaron a comprar y vender a tiempo hicieron su agosto. Algo parecido ocurre cuando algún periódico proclama que ha sido descubierto el gen de la esquizofrenia, del alcoholismo, la homosexualidad, la fe o el de la psicosis maníaco-depresiva. El sensacionalismo perjudica a los afectados creándoles falsas expectativas y contribuye, a la larga, a que la gente empiece a dudar de la honestidad de los científicos.

Ante esta triste realidad, es necesario entender que cuando se dice que se ha descubierto un determinado gen, lo que en realidad se afirma es que se ha realizado una localización del mismo. Pero localizarlo no es lo mismo que aislarlo. Saber donde está, o en qué lugar del cromosoma se halla, no es lo mismo que tenerlo ya en la mano para poderlo clonar. La simple localización de un gen, aunque es un punto de partida necesario para empezar, es también un dato muy frágil. Cada gen tiene un noventa y cinco por ciento de posibilidades de hallarse en la región indicada, pero un cinco por ciento de estar en cualquier otro sitio. Toda localización exige siempre ser confirmada. Hoy, varios cientos de enfermedades están localizadas, pero el gen que las produce no ha sido todavía aislado. De ahí que los resultados deban tomarse con prudencia. Además, la mayor parte de las enfermedades génicas no solo dependen de un único gen, sino de varios, de la interacción de variantes que pueden conferirle a su portador un riesgo mayor o menor.

Después de localizar y aislar un gen, el paso siguiente es el descubrimiento de una proteína que hasta entonces no se conocía. Es probable que tal proteína posea una función desconocida en el organismo que resulte esencial para la salud del individuo. Su ausencia o anormalidad provocan la enfermedad. Es necesario comprender entonces cuál es la función de dicha proteína en la célula que interviene. Y solo entonces se puede pensar en reparar los daños o en suplir su déficit. Todo este proceso de investigación puede tardar lustros o décadas. Pese a las justificadas esperanzas que generan, las curaciones por medio de la terapia génica son todavía muy escasas. Esto ha originado cierta desilusión, que el sensacionalismo periodístico contribuye a incrementar.

Es probable que, en el futuro, la terapia génica tendrá un lugar importante entre los medicamentos derivados del conocimiento de los genes. Pero no parece que este lugar sea preponderante, ni tampoco que se resuelva de forma inmediata el desfase existente entre el diagnóstico y la terapia. No es de extrañar que los medios de comunicación hablen tanto de la genética, ya que se trata de la ciencia que más ha progresado durante los diez últimos años. El problema es que, en ocasiones, la información que se transmite es parcial, deformada e incluso completamente errónea. Esto es algo que todo periodista científico debería evitar, intentando profundizar en la materia que trata para no crear falsas esperanzas en el lector y, sobre todo, para permanecer fiel a la verdad.

Además de los genes y las neuronas cerebrales hay otros factores que influyen también sobre las personas, como son la voluntad, el medio ambiente, la educación, la cultura, por no hablar del poder de la gracia divina. Si, como parece, los genes son capaces de afectar la conducta del ser humano y esta puede afectar a los genes, entonces hay una influencia recíproca y total. No existe un único gen de la fe, o gen de Dios, como tampoco hay un gen de la libertad o de la homosexualidad. Existe, sin embargo, algo mucho más importante: toda nuestra naturaleza humana, predestinada de forma inflexible en nuestros genes por el Creador y, a la vez, exclusiva de cada uno de nosotros. Se trata del propio yo personal. Nuestra conducta depende de él, como también nuestras creencias y valores. Pero también esa conducta puede influir sobre nuestro genoma y potenciarlo o silenciarlo por completo. Por eso somos libres y responsables delante del Creador.

En mi opinión, resulta ridículo pensar que la fe sincera del ser humano pueda estar atada a cualquier estructura génica o material. La Biblia enseña con toda claridad que solo el hombre es capaz de creer y comunicarse con la divinidad, por ser precisamente imagen de Dios. Todo intento de fundamentar esta singular relación espiritual en los átomos de la materia, en las moléculas de ADN y en los genes, está de antemano condenado al fracaso y al descrédito de quien pretenda argumentarlo científicamente. La genética no acabará jamás con la teología, y mucho menos con la Palabra de Dios, como tampoco la materia anulará nunca al espíritu.

Cruz, A. (2005). El Dios Creador. Miami, FL: Editorial Vida.


Jesús es precioso porque elimina nuestra culpa

Jesús es precioso porque elimina nuestra culpa

Por:  John Piper

Romanos 3:19–26

Pero sabemos que todo lo que la ley dice, lo dice a los que están bajo la ley, para que toda boca se cierre y todo el mundo quede bajo el juicio de Dios; 20 ya que por las obras de la ley ningún ser humano será justificado delante de él; porque por medio de la ley es el conocimiento del pecado. 21 Pero ahora, aparte de la ley, se ha manifestado la justicia de Dios, testificada por la ley y por los profetas; 22 la justicia de Dios por medio de la fe en Jesucristo, para todos los que creen en él. Porque no hay diferencia, 23 por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios, 24 siendo justificados gratuitamente por su gracia, mediante la redención que es en Cristo Jesús, 25 a quien Dios puso como propiciación por medio de la fe en su sangre, para manifestar su justicia, a causa de haber pasado por alto, en su paciencia, los pecados pasados, 26 con la mira de manifestar en este tiempo su justicia, a fin de que él sea el justo, y el que justifica al que es de la fe de Jesús.

La culpa es una experiencia universal. Todos alguna vez han tenido la mala sensación de no hacer lo que debieron haber hecho. Hasta los que niegan que exista tal cosa como el bien y el mal, quedan atrapados por la ley de Dios escrita en sus corazones. Pretenden probar que no existe tal cosa como el bien y el mal y que todas las éticas son relativas y arbitrarias, pero terminan diciendo que es bueno para estar de acuerdo con ellos y es malo no estarlo. Nadie jamás ha borrado exitosamente el sentido del deber que Dios escribe en cada alma humana. Nuestras sensibilidades morales pueden estar tan pervertidas que se oponen por completo a las de Dios, pero todos sienten que deben hacer ciertas cosas y otras no. Y todos sabemos que no hemos hecho todo lo que debimos haber hecho, o sentido lo que debimos haber sentido. Y alguna que otra vez esto nos ha hecho sentir mal. A dejar de hacer lo que debimos haber hecho, lo llamamos: culpa. Y a los malos sentimientos que a menudo le acompañan, les llamamos: sentimientos de culpa o remordimientos de conciencia.

Si nuestra conciencia es sensible, estos sentimientos pueden producir tanta miseria que podríamos ser tentados a cometer suicidio. Muy a menudo buscamos otras vías para disminuir el cargo de conciencia. Existen al menos tres vías por las que las personas contemporáneas tratan de resolver el problema de la culpa: las intelectuales, las físicas, y las religiosas. Por ejemplo, entre las vías intelectuales existe la enseñanza de que la culpa se debe a expectativas no reales que ponemos sobre nosotros mismos. Por supuesto, fallamos y hacemos lo malo, pero somos solo seres humanos y es irrazonable esperar demasiado de nosotros. Así disminuyen las expectativas puestas en su propia virtud y tendrá menos culpa. Otro método es decir que nuestros principios morales son anticuados y restrictivos. Son producto del accionar gastado de la ética protestante, o son residuos de la mojigatez puritanita de las costumbres victorianas. Usted resolvería sus problemas de culpa si saliera de esa época y dejara de vivir en las oscuras épocas de la ética. Una de las más asombrosas estrategias para manejar la culpa en los últimos diez años ha sido la enseñanza de que algunas de las cosas que todos pensamos que eran vicios son, en realidad, virtudes, ¡y no tenerlas es malo! Como: la codicia, y la intimidación, y la auto exaltación. (Ellen Goodman tenía una editorial en el periódico Friday’s acerca de seminarios que se ofrecían sobre como casarse por dinero. Un libro acerca de cómo la intimidación se utiliza para tener éxito en las ventas. Y todo, desde R.C hasta el queso fresco, es vendido con la palabra YO en letras mayúsculas). Para muchos ha sido muy prometedor resolver sus problemas de culpa uniéndose a la campaña de convertir los vicios en virtudes.

Pero aun cuando los 70’s fueron marcados por una asombrosa multiplicación de las estrategias intelectuales para resolver el problema de la culpa, las tradicionales vías físicas todavía predominan. Para los que no tienen suficiente cerebro para pensar en una forma de salir de los sentimientos de culpa, siempre se puede recurrir el alcohol, y más recientemente, otras drogas. Pienso que la mala conciencia es la raíz principal del alcoholismo. Se puede decir que fue el estrés lo que le llevó a beber, o que fue el dolor y la soledad lo que le llevó a beber. Pero ¿no es que sintieron que en lo profundo debieron ser capaces de poder con el estrés, y el dolor, y la soledad; y que lo que querían ahogar era la creciente culpa de su fracaso? Por supuesto, el alcohol y las drogas no son las únicas vías para escapar de la culpa. Algunas personas hablan, hablan incesantemente, y nunca escuchan en silencio, no sea que escuchen algo que no quieren oír. Algunas personas se dedican día y noche a los juegos, y a los pasatiempos, y a los deportes. Algunas mantienen la televisión encendida todo el día para crear una lluvia constante de sonido e imágenes en sus mentes que los proteja de lo que Simón y Garfunkel llamaron “Los inquietantes sonidos del silencio.”

Pero la táctica más antigua y reverenciada para evitar la miseria de la culpa, es la religión. Esta táctica puede ser la más engañosa, porque es la que más se acerca a la verdad. Reconoce lo que generalmente ignoran las estrategias intelectuales y físicas: que la causa suprema de la culpa es que existe un Dios justo cuya voluntad para sus criaturas es ignorada o desobedecida. Reconoce que bajo cada remordimiento de conciencia en el alma humana está la silenciosa, y a menudo inexpresada convicción, “He ido en contra de Dios”. Los caminos o modos que la religión ha desarrollado para lidiar con ésta culpa, es tratar de aplacar o apaciguar a Dios con buenas obras o rituales religiosos. Los religiosos conocen que tienen una gran deuda con Dios debido a su desobediencia. Pero a menudo cometen el terrible error de pensar que pueden pagarla mediante las buenas obras y la ejecución de deberes religiosos.

Pienso que si nos tomamos el tiempo, y fuésemos bien cuidadosos, pudiéramos mostrar que ninguna de estas formas de lidiar con la culpa (intelectual, física, o religiosa), es satisfactoria. Desde la profundidad de nuestra culpa, nuestras mentes pueden pervertirse fácilmente, pero nuestros corazones no sanan tan ligeramente. Y en lo profundo, todos nosotros conocemos que existe algo no auténtico en de la auto-confirmación de las ansias de dólar, e intimidar a los ejecutivos que te conocen bien. Sabemos que el alcohol, y las drogas, y el entretenimiento compulsivo, y el ruido no son la vía para vivir en paz. Y debemos saber, los que hemos escuchado el evangelio de Jesucristo, que la deuda que tenemos con Dios no puede ser pagada por nuestra miserable virtud. Pero en vez de tratar de mostrar la incapacidad de todo esto, quiero seguir avanzando en lo que comenzamos en los dos últimos mensajes. El punto de los dos últimos mensajes era que la imagen bíblica de Jesús es verdadera. Está históricamente apoyada y es defendible. Y es racionalmente convincente para la mente abierta. Jamás hombre alguno ha hablado como este hombre, Jesús (Juan 7:46). En él se puede confiar, él es verdadero, él sostenía el Antiguo Testamento, y es él quien habla por su Espíritu en el Nuevo Testamento. Por tanto, es suficiente para nosotros oír de él, mediante su apóstol, Pablo, como Dios ha lidiado con nuestra culpa. Es la mejor noticia en todo el mundo. Es la única estrategia que confiesa la verdad de la justicia de Dios y lo profundo de nuestra deuda ante él. Una vez que usted ha comprendido la manera en que Dios tratar con su culpa, cualquier otra cosa parecerá ligera, superficial, y completamente inadecuada en comparación, y se regocijará conmigo en que ‘Jesús es Precioso Porque Elimina Nuestra Culpa.’

Recuerden, no es mi palabra, sino la Palabra de Dios, la Biblia, quien nos muestra el camino. Examinemos juntos Romanos 3:19-29. Todo lo que quiero hacer es dejar que el texto hable, porque tiene un poder tremendo para persuadir y conquistar nuestros corazones. Pero permítanme resumir cinco observaciones del texto, y después las examinaremos más de cerca para seguir la línea del argumento de Pablo:

  • Primera, todos, judíos o gentiles, están personalmente bajo el juicio de Dios por su pecado (v.19).
  • Segunda, la relación resultante de la culpa humana y la indignación divina, no puede arreglarse mediante las obras de la ley (v.20).
  • Tercera, Dios, en su propia iniciativa, se ha encargado de buscar absolución gratuita (vv. 21-24).
  • Cuarta, él ha hecho esto poniendo de por medio a su Hijo Jesucristo para que nos redima mediante su muerte y demuestre la justicia de Dios (vv.24-26).
  • Quinta, este regalo de la justificación llega solo a aquellos que confían en Jesús (vv.22, 25,26).

Sigamos ahora la línea del pensamiento de Pablo desde el versículo 19 al 26.

Primero: En Romanos 3:9 Pablo resume la idea que ha expuesto anteriormente: “judíos y a gentiles, […] todos están bajo pecado”. Todos han pecado y están bajo el horroroso dominio del pecado, todos son esclavos del pecado (Romanos 6:16). Para ilustrar y respaldar esta idea toma palabras de los Salmos y de Isaías, y describe la condición pecadora de la especie humana en los versículos 10-18. Luego, en el versículo 19 dice: “ero sabemos que todo lo que la ley dice, lo dice a los que están bajo la ley, para que toda boca se cierre y todo el mundo quede bajo el juicio de Dios”. Nuestra primera observación, por tanto, es que todos, sin tener en cuenta la raza, están personalmente bajo el juicio de Dios. El problema universal de la culpa no se debe al hecho de que le hayamos fallado a nuestros compañeros, sino a que hemos fallado a Dios. Todos los aquí presentes, en esta habitación, están directamente bajo el juicio de Dios. Dios trata con usted como un individuo, y algún día tendrá que rendirle cuentas de su vida. Ese debe ser un pensamiento aterrador si va a tratar de lidiar con su culpa mediante uno de estos caminos: físico, intelectual, o religioso; que mencioné anteriormente. ¡Oh! Cuan necios y trágicos parecerán todos: “el día de la ira y de la revelación del justo juicio de Dios” (Romanos 2:5). No importa cuan virtuosos aparezcamos, todos estamos bajo el juicio de Dios, y habrá un ajuste de cuentas para lo que hayamos hecho, y dicho, y pensado, y sentido. El problema universal de la culpa no trata solo con el cómo sentirnos mejor, sino cómo estar bien con Dios. Las estratagemas seculares para aliviar la miseria de nuestra culpa, más tarde o más temprano fallarán, porque ignoran el principal problema de la existencia humana. Somos culpables ante Dios. Es su ley la que hemos quebrantado. Es de su gloria de la que hemos sido destituidos (Romanos 3:23). Todos los aquí presentes, en esta habitación, están personalmente bajo el juicio de Dios, y algún día se encontrarán con él, lo mismo culpables y condenados, que absueltos y destinados al gozo.

Segundo: El versículo 20 es dado como la base o fundamento del versículo 19: “ya que por las obras de la ley ningún ser humano será justificado delante de él [Dios]; porque por medio de la ley es el conocimiento del pecado”. Ser justificado significa ser absuelto por Dios, ser declarado libre e inocente, ser corregidos en relación a Dios de modo que su indignación sea retirada y nuestra rebelión ya no sea tomada en cuenta. La idea de este versículo es que la absolución nunca será lograda por medio de las obras de la ley. Esto quiere decir que, si una persona no confía en la gratuita y justificadora misericordia de Dios, y pretende todavía estar a bien con Dios mediante las obras de la ley, siempre fracasará. El resultado o efecto será revelar aún más claramente su pecado (Romanos 5:20; 7:7,8; Galatas 3:19).

La conexión entre los versículos 19 y 20 parece ser más o menos así: Cuando las personas no confían en la misericordia de Dios, pero tratan de utilizar la ley para estar a bien con él, la ley trae a la luz su pecado y los condena por su incredulidad. Y ya que esto es cierto para todos los humanos (“toda carne”), judíos y gentiles (v.20), sabemos que cuando la ley habla así a los judíos, también tiene en cuenta a todo el mundo, para que toda boca se cierre y todo el mundo quede bajo el juicio de Dios. Así que las primeras dos observaciones son que todos son pecadores y están personalmente bajo el juicio de Dios, y que esta relación de culpa no puede repararse mediante las obras de la ley.

Tercero: Dios, en su propia iniciativa, se ha encargado de buscar nuestra absolución.

Versículos 21-24: “21Pero ahora, aparte de la ley, se ha manifestado la justicia de Dios, testificada por la ley y por los profetas; 22la justicia de Dios por medio de la fe en Jesucristo, para todos los que creen en él. Porque no hay diferencia, 23por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios, 24siendo justificados gratuitamente por su gracia, mediante la redención que es en Cristo Jesús”. Olvidando las promesas acerca de la misericordia de Dios que habían en la ley del Antiguo Testamento, y los llamados al arrepentimiento y a la fe, el verdadero efecto de la ley en general, era exponer y condenar el pecado (Gálatas 3:21-22). Por tanto, cuando Dios se encargó de manifestar su justicia para nuestra justificación, lo hizo “aparte de la ley”. Es decir: no dirigió nuestra atención de vuelta a la ley con sus sacrificios de animales, sino que dirigió nuestra atención hacia su Hijo, al que envió a morir por nuestro pecado. Romanos 8:3 lo expone así: “Porque lo que era imposible para la ley, por cuanto era débil por la carne, Dios, enviando a su Hijo en semejanza de carne de pecado y a causa del pecado, condenó al pecado en la carne”.

Lo que quiero subrayar bajo esta tercera observación es que Dios no nos ha abandonado para que lidiemos con nuestra culpa solos, sino que ha tomado la iniciativa mientras todavía éramos pecadores (Romanos 5:8) de buscar nuestra absolución y dárnosla gratuitamente. La gloria del evangelio es el Único ante quien somos culpables y condenados, es el mismo que se ha encargado de reemplazar nuestra culpa y su indignación por justicia y reconciliación. Este acto de Dios que nos pone en una relación correcta para con él, donde ya no existe la culpa y la condenación, es llamado “justificación” en el versículo 24. Y por favor, no pierdan de vista el fundamento de la justificación en ese versículo: su fundamento es la gracia y por tanto es un regalo gratis. Usted no puede ganársela o merecerla por obras. La gracia y las obras se oponen la una a la otra. Escuchen Romanos 11:5, 6: “Así también aun en este tiempo ha quedado un remanente escogido por gracia. 6Y si por gracia, ya no es por obras; de otra manera la gracia ya no es gracia. Y si por obras, ya no es gracia; de otra manera la obra ya no es obra”. Cuando Pablo dice que nuestra culpa es eliminada por gracia, quiere decir que es un regalo gratis, y que usted no puede ganárselo por obras.

Cuarto: Dios produjo el regalo gratuito de la justificación. Los versículos 24 y 25 dicen que fue “mediante la redención que es en Cristo Jesús, 25a quien Dios puso como propiciación por medio de la fe en su sangre”. ¡Oh, cuan importante es ésta oración! Todos los esfuerzos seculares para lidiar con la miseria humana de la culpa son impotentes porque ignoran este hecho: La santidad de Dios y su justa gloria han sido desacreditadas, difamadas, y blasfemadas por nuestro pecado. ¡Es con un Dios Santo con quien tenemos que encarar nuestra culpa! Y no puede haber justificación, reconciliación, o limpieza de conciencia, a menos que la santidad de Dios sea honrada y la difamación de su justicia sea reparada. La urgencia de nuestro problema con la culpa no es que nos sintamos miserables, sino que el nombre de Dios ha sido blasfemado. Vivimos en una época con una opinión del potencial humano tan horrendamente inflada, y con una opinión de la santidad de Dios tan minúscula que apenas podemos entender cuál es el verdadero problema que tenemos con la culpa. El verdadero problema no es: ¿Cómo puede ser Dios amoroso, y sin embargo condenar a personas con pecados tan pequeños? El verdadero problema es: ¿Cómo puede ser Dios justo, si absuelve a personas tan miserables como nosotros? No puede existir un remedio duradero para la culpa que no trate con la justa indignación de Dios contra el pecado.

Es por eso que tiene que haber un sacrificio. Y no cualquier sacrificio, ¡Sino el sacrificio del Hijo de Dios! Nadie más, ni ningún otro acto, podría reparar la difamación hecha a la gloria de Dios por nuestros pecados. Pero cuando Jesús murió por la gloria del Padre, se hizo la satisfacción. La gloria fue restaurada. La justicia fue demostrada. De allí en adelante está claro que cuando Dios, por gracia, justifica gratuitamente a los impíos (Romanos 4:5), no está siendo indiferente a las demandas de la justicia. Todo está basado en la gran transacción entre el Padre y el Hijo en la mañana del Viernes Santo en el Calvario. Ningún otro evangelio puede eliminar nuestra culpa porque ningún otro evangelio se corresponde a las proporciones cósmicas de nuestro pecado en relación a Dios.

La quinta: y última observación es que ahora a este regalo gratuito de la justificación comprada por Jesús en la cruz, solo llegan a aquellos que confían en él. Después que Pablo dijo en el versículo 21 que Dios había manifestado su justicia aparte de la ley, define esa justicia en el versículo 22 como “a justicia de Dios por medio de la fe en Jesucristo, para todos los que creen en él”. (cf. Filipenses 3:9), luego, en el versículo 25 dice que Cristo es una expiación (o propiciación) “por medio de la fe”o “que se recibe por la fe.” Finalmente dice en el versículo 26 que Dios “justifica al que es de la fe de Jesús”. De modo que la enseñanza de la Palabra de Dios está clara y éste es el evangelio: Cualquiera que confíe en Jesús para justificación la tendrá gratuitamente.

Esto es a la vez lo más difícil y lo más fácil de hacer para un humano. Es difícil porque significa reconocer en su corazón que es culpable ante Dios y que no hay nada que pueda hacer para resolver el problema. A los seres humanos no les gusta pensar así de sí mismos. Y así el potencial humano tiene un despertar y el verdadero problema con la culpa sigue sin resolverse para la mayoría de las personas. La fe salvadora que es en Jesucristo es difícil porque nace de la desesperación, y lejos de la gracia de Dios los humanos odian admitir que están desesperados.

Pero, por otro lado, ¿qué podría ser más fácil que la fe? No requiere una fuerza extraordinaria, o una belleza extraordinaria, ni una inteligencia extraordinaria. Nadie tendrá como excusa en el día del juicio que el camino para la salvación era muy difícil. Dios simplemente dirá: ‘Teníais que volveros y haceros como niños (Mateo 18:3), y confiar en mí para que te cuidara. ¿Era tan difícil? ¿Era tan difícil inclinarse hacia mí, descansar en mis promesas, y tener en cuenta la obra que Jesús realizó? ¿Era tan difícil aceptar un regalo gratis? ¿Apreciar la perla del perdón? ¿Amar al salvador que murió por ti?’ ¡Es gratis! ¡Es gratis! ¡Es gratis! ¡Confiesa tu necesidad y descansa en él!

Y ahora, concluyendo, permítanme resumir estas cinco observaciones. Y recuerden que vienen de un apóstol de Jesús Cristo que vio al Señor, y que fue encomendado por el Señor para revelar los misterios de Dios (Efesios 3:3-5). Estas no son fábulas ingeniosamente ideadas. Son verdades que tienen sus raíces en la historia y que vienen del Jesús resucitado y confirmado por Dios. Primera, todos los seres humanos están personalmente bajo el juicio de Dios por su pecado (v.19). Segunda, la culpa resultante del hombre y la justa indignación de Dios no se puede reparar por las obras de la ley (v.20).Tercera, Dios, en su propia iniciativa, desarrolló nuestra justificación mediante la gracia y la ofrece como un regalo gratis (vv.21-24). Cuarta, esto lo hizo enviando a su Hijo, Jesús, a redimirnos mediante su muerte y para demostrar la justicia de Dios (vv.24-26). Quinta y última, este regalo que es la justificación, la eliminación de nuestra culpa y de la ira de Dios, llega solo a aquellos que confían en Jesús (vv. 22, 25, 26). Les insto en el nombre de Cristo, a que se reconcilien con Dios (2da a los Corintios 5:20). Apártense de todas las tácticas intelectuales, físicas, y religiosas que el mundo utiliza para evadir su culpa, y descansen en Jesús. Jesús es precioso porque solo él elimina nuestra culpa.

*Este articulo es publicado con el permiso de By John Piper. ©2012 Desiring God Foundation. Website: desiringGod.org

Dios los bendiga.


Lo que puede lograr una Policia Rendida a Dios.

“Si Dios no construye la casa, de nada sirve que se esfuercen los constructores. Si Dios no vigila la ciudad, de nada sirve que se desvelen los vigilantes.” (Salmo 127.1, TLA)

Les paso un video con evidencia de lo que Dios esta haciendo en Guadalupe NL con una Policia temerosa de Dios


La palabra Trinidad por Pablo Santomauro


Doctrinas Del Islam

Doctrinas Del Islam

Por:  Luisa Jeter De Walker

Las doctrinas principales del Islam se resumen en seis artículos de fe: en Dios, sus ángeles, sus libros, sus profetas, el día del juicio y los decretos soberanos de Dios.

Dios

-> La creencia más importante del Islam es la existencia de un solo Dios, Alá. Él es eterno, santo, soberano y todopoderoso. Es el Creador del cielo y la tierra, el Dios de la Biblia, el Dios de Abraham y sus descendientes, el Dios quien inspiró a los profetas del Antiguo Testamento y a Jesús.

Jesucristo

-> El Islam reconoce a Jesús (llamado Isa) como profeta, un hombre perfecto, pero no lo considera como el Hijo de Dios. Algunos dicen que era hijo del ángel Gabriel.

El llamar a Jesús el Hijo de Dios escandaliza a los musulmanes. Suponen que creemos que Dios tuvo relaciones sexuales con María, y como resultado nació Jesús. Por supuesto, no creemos eso. Él siempre existente Hijo de Dios se encarnó en la virgen María no por la unión sexual sino por la obra del Espíritu Santo. Así tomó Dios el Hijo un cuerpo humano y añadió la naturaleza humana a su deidad. Lo hizo para poder vivir entre nosotros, revelarnos la voluntad y naturaleza de Dios, tomar la culpa por nuestros pecados y morir—el Creador por su creación—en nuestro lugar.

Los ángeles anunciaron a María (Lucas 1:26–38), a José (Mateo 1:18–23) y a los pastores (Lucas 2:8–14) el nacimiento del Salvador que había de venir, y Gabriel lo llamó el Hijo de Dios (Lucas 1:35). Dios habló desde el cielo anunciando que Jesús era su Hijo (Mateo 3:13–17; 17:1–5). Jesús se refería a Dios como su Padre y se llamó el Hijo de Dios (Juan 3:16; 5:17–30).

-> Se enseña que Jesús no fue crucificado, que las autoridades crucificaron a otra persona creyendo que era Él. Jesús fue al cielo y volverá, aceptará las enseñanzas del Islam y morirá.

Los sacerdotes que exigían la muerte de Jesús lo conocían bien. Estuvieron presentes en el juicio ante Pilato y en la crucifixión y no habrían permitido tal sustitución. El desánimo de los discípulos verifica la muerte de su líder. Juan y la madre de Jesús presenciaron la crucifixión y podían identificarlo (Juan 19:25–27). Muchos testigos oculares, aun cuando esto los llevaba al martirio, aseveraban que Jesús murió, resucitó y ascendió al cielo. Volverá, no para morir sino para reinar sobre el mundo.

El Espíritu Santo

-> El Islam enseña que el Espíritu Santo es sólo una emanación de Dios y no una persona. Enseña que Jesús como infante en la cuna habló profetizando la venida de Mahoma y después se refería a él cuando prometió la venida del otro Consolador en Juan 14:16, 26.

La venida del Espíritu Santo que se narra en Hechos 2:1–4 es el cumplimiento de la promesa dada en Lucas 3:16; Juan 14:16, 26; Hechos 1:1–8. Lo confirma Pedro en Hechos 11:15, 16.

Según las Escrituras el Espíritu Santo es una persona. Él intercede por nosotros (Romanos 8:26, 27), nos instruye, es nuestro Consolador, se entristece y muestra otros atributos personales que un principio impersonal no tendría (Juan 14:16, 26; 16:7, 8, 13–15; Efesios 4:30).

La Trinidad

-> Los musulmanes creen equivocadamente que los cristianos adoramos a tres dioses: Jesús, María y Dios el Padre.

Esta no es la Trinidad que adoramos. Los evangélicos honramos a María porque permitió que Dios se valiera de ella como instrumento, pero no la adoramos ni oramos a ella. Creemos que Dios ha existido desde la eternidad pasada y siempre existirá en tres personas: Padre, Hijo y Espíritu Santo, la Santísima Trinidad. Cada uno tiene su propia identidad y esfera de acción, pero son tan unidos en carácter, propósito, poder y acción que se presentan como tres en uno, una Trinidad.

La Biblia declara que hay un solo Dios, pero lo presenta en más de una persona. Vemos esta pluralidad en acción unida desde el primer capítulo de la Biblia. Génesis 1:1 dice que Dios creó los cielos y la tierra. En 1:2 el Espíritu de Dios se movía sobre las aguas. En 1:26 Dios dijo a los otros miembros de la Deidad que compartían su imagen y semejanza: “Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza.” Y 1:27 dice: “Y creó Dios al hombre a su imagen.”

El nombre Elohim usado para Dios muchas veces en el Antiguo Testamento es plural. El Salmo 2 habla del Hijo de Dios. Isaías profetizó (7:14; 9:6) que nacería de una virgen un niño que se llamaría Emanuel (Dios con nosotros), Admirable, Consejero, Dios fuerte, Padre eterno y Príncipe de paz.

Jesús mandó bautizar en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo (Mateo 28:18–20). Enseñó acerca del Espíritu Santo, el otro Consolador, a quien el Padre enviaría (Juan 14:16, 26). El Espíritu Santo vino para residir en los creyentes y darles poder, de modo que Hechos de los Apóstoles bien pudiera llamarse Hechos del Espíritu Santo (Hechos 1:1–8; 2:1–47).

Pablo inicia sus epístolas invocando la gracia de Dios el Padre y del Señor Jesucristo. En muchos pasajes enseña que Jesús es el Hijo de Dios y habla del Espíritu Santo (Romanos 1:1–5; Gálatas 4:4–7; Colosenses 1:1–23). Juan escribió su Evangelio para que el lector pudiera creer que Jesús es el Hijo de Dios y así alcanzar la vida eterna en Él (Juan 20:31). Habla también en sus epístolas de la obra del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo (1 Juan 5:5–9; 2 Juan 9), y el Apocalipsis es la revelación de Jesucristo. En casi todas las epístolas se halla enseñanza respecto a los tres miembros de la Trinidad.

Los ángeles y otros espíritus

-> Se cree que los ángeles interceden ante Dios por los hombres. Algunos llaman al arcángel Gabriel el Espíritu Santo. Trajo de Dios las revelaciones para Mahoma. Los jinn (genios) son espíritus buenos y malos, en un nivel inferior a los ángeles y superior a los hombres. Uno de ellos es Shaitin (Satanás), también llamado Iblis (del término griego diabolos). Es el tentador y encabeza un grupo de espíritus malos, los Shaiyatin.

Nosotros también reconocemos la existencia de los espíritus buenos (los ángeles) y los malos (los demonios). Vemos en la Biblia y en la actualidad el ministerio de los ángeles a los siervos de Dios, y vemos el conflicto con las fuerzas malignas bajo la dirección de Satanás. La Biblia presenta a Gabriel como un ángel de alta categoría, no como el Espíritu Santo. Es un mensajero de Dios y no daría una revelación falsa, pero algún espíritu mentiroso haciéndose pasar por Gabriel pudiera hacerlo.

Según Jesús, Satanás es “mentiroso y padre de mentira” (Juan 8:44). “Se disfraza como ángel de luz” (2 Corintios 11:14). Es el gran imitador de las cosas de Dios y suele dar “revelaciones” falsas a los humanos, de donde han salido muchas herejías y religiones falsas. Pablo indica que debemos juzgar las profecías (1 Corintios 14:29). Si no concuerdan con la Palabra de Dios, la Biblia, no son de Él. Nos advierte 1 Juan 4:1–3 el peligro de espíritus engañadores y nos exhorta a “probar los espíritus si son de Dios”. Se los conoce por lo que dicen acerca de Jesús.

La Biblia y la autoridad

-> El Islam enseña que Dios ha dado cuatro libros a la humanidad: La ley (Torá) dada a Moisés, los Salmos (Zabur) dados a David, el Evangelio (Injil) dado a Jesús, y el Corán dado a Mahoma. Como la revelación final, el Corán sustituye a los libros anteriores de Dios y es la expresión de su voluntad para los seres humanos hoy. En cuanto a la Biblia, se dice que los cristianos la han cambiado en ciertas partes, ajustándola a sus creencias, de modo que no se puede confiar en ella.

Much as evidencias confirman que la Biblia es fidedigna y es la inspirada Palabra de Dios. La comparación con manuscritos antiguos muestra que los cristianos no han alterado sus enseñanzas. Más bien se encuentran alteraciones en el Corán de los acontecimientos bíblicos a los cuales Mahoma se refería. Él conocía muy poco de la Biblia y a veces sus “revelaciones” se contradecían o eran una versión errada de la enseñanza bíblica.

Los decretos y la salvación

-> Se enseña que lo que sucede—bueno o malo—ha sido predestinado por los decretos de Alá, aun la fe o la incredulidad de cada persona. El deber del hombre es someterse a la voluntad de Dios, abrazando la fe del Islam y cumpliendo con sus requisitos. No creen en la muerte de Cristo como sacrificio por nosotros.

Aunque Dios es soberano, ha dado al hombre el libre albedrío, el privilegio de escoger, y nos exhorta a escoger el bien (Deuteronomio 30:19; Josué 24:14–24). La humanidad se ha apartado de Dios y se encamina hacia la perdición eterna, pero Dios ofrece a todos la salvación gratuita en Cristo. Él no quiere que nadie perezca (2 Pedro 3:9). Predestina la salvación de todos los que la aceptan. Se pierden quienes la rechazan. Tenemos la responsabilidad de nuestra decisión. Nuestra salvación depende de creer en Cristo y aceptarlo como Salvador y Señor de nuestra vida (Juan 3:16; 20:31; Hechos 2:37–39; Romanos 6:23; 1 Juan 1:5–9).

El juicio y la vida futura

-> Se enseña que en el día final sonará la trompeta y todos los muertos resucitarán. Todos los no musulmanes irán al infierno. De cada musulmán los hechos malos y los buenos se pesarán en la balanza. Si pesan más los buenos, entrará en el paraíso, a menos que Dios en su soberanía opte por rechazarlo. Si los hechos malos pesan más, será echado al infierno.

Jesús prometió al ladrón arrepentido en la cruz que ese día estaría con Él en el paraíso (Lucas 23:39–43). No dependía de tener más obras buenas que malas. Hay dos resurrecciones y dos juicios futuros. La primera resurrección es de los salvos que han muerto confiando en el Salvador. Ellos irán con Cristo al cielo y sus obras serán juzgadas para darles su recompensa en el reino de Dios (1 Tesalonicenses 4:13–18; 2 Corintios 5:10; Apocalipsis 11:18). Al cabo de mil años resucitarán y serán juzgados y echados al lago de fuego los que no han aceptado la salvación que Cristo ha provisto para todos (Apocalipsis 20:1–15).

-> El paraíso es un lugar de gran placer, ríos hermosos, jardines, frutas deliciosas y mujeres bellas para el deleite de los hombres.

La Biblia habla de la Jerusalén celestial como lugar de belleza y gozo indescriptible (Apocalipsis 21:1–22:5). ¡Pero no dice nada de bellas mujeres para el deleite de los hombres! Al contrario, Jesús dijo que en el cielo seremos como los ángeles de Dios que no se casan (Lucas 20:27–36).

El Trato Con Los Musulmanes

John Elder, misionero presbiteriano durante veinticuatro años en Irán, señala varios principios fundamentales para los que trabajan entre los musulmanes. Mostrarles amistad y no tratarlos como enemigos. Conocer sus costumbres y observar la cortesía que exige su cultura. No hablar en contra de Mahoma o llamarlo un falso profeta; eso solamente los antagoniza y los pone a defenderlo.

Si le preguntan al obrero cristiano qué opina de Mahoma, puede responder sencillamente: “Si yo lo hubiera aceptado, no sería cristiano.” Luego puede señalar que lo que le interesa es Jesucristo y testificar de lo que Él ha hecho y hace ahora. Los musulmanes se interesan mucho en el testimonio personal.

La paciencia, perseverancia y oración son esenciales. A veces uno siembra el evangelio por años sin ver ningún resultado, pero la cosecha vendrá. El que se convierte necesita la amistad y apoyo cristianos para no ceder a la presión de volver al Islam.

En treinta y un países el gobierno islámico impone restricciones contra el evangelismo. En algunos, leyes estrictas prohíben el intentar convertir a un musulmán. El que se convierte corre el riesgo de ser asesinado por su propia familia o de ser echado del hogar y declarado muerto para ellos. Algunos son creyentes “en secreto” mientras oran por la salvación de sus familiares.

Los medios principales de evangelización son los programas evangélicos de radio y televisión, los materiales impresos, la sanidad divina en respuesta a la oración y el evangelismo personal. Se recomienda el Evangelio según San Lucas para la lectura inicial. Muchos que no se atreven a asistir a reuniones evangélicas se interesan en saber lo que creen los cristianos, aunque sea para combatirlo. Compran Biblias, libros y otros materiales impresos en librerías cristianas, o responden a la oferta por radio de un curso por correspondencia gratuita. En 1969 un conjunto de organizaciones misioneras que publicaban cursos por correspondencia indicó que doscientos cincuenta mil musulmanes de casi todos los países árabes o donde se hablaba el arábigo se habían matriculado en los cursos. Desde entonces han aumentado en número y muchos indican que han aceptado a Cristo por lo que han aprendido.

El amor cristiano en acción facilita el trato individual en clínicas, hospitales, orfanatos, escuelas, comedores y hogares para los desamparados, y ayuda en tiempos de desastre.

Para principios de la década de los años noventa el mundo evangélico comenzó a concentrar sus oraciones y esfuerzos más que nunca en llevar a los musulmanes a una fe salvadora en Cristo. Y Dios está contestando sus oraciones.

de Walker, L. J. (1994). ¿Cuál camino?. Miami, FL: Editorial Vida.


Doctrinas fundamentales De Los Adventistas Del Séptimo Día

Doctrinas fundamentales De Los Adventistas Del Séptimo Día

Por: Luisa Jeter De Walker

La expiación incompleta

-> Los adventistas enseñan que Jesús entró en el santuario celestial en el año 1844 d.C. y en el momento actual se encuentra cumpliendo su obra de expiación.

Esta doctrina de la expiación incompleta y continua surgió como un esfuerzo para justificar las predicciones erróneas de Miller. No dudamos de la sinceridad de los que creyeron haber hallado una solución al problema en esta “revelación” de Edson, pero no concuerda con las Escrituras.

La Biblia enseña que Jesús penetró en el santuario celestial al ascender al cielo y no en el año 1844 (Hebreos 6:19, 20; 8:1, 2; 9:23–26). Esta expiación se hizo de una vez para siempre. No es una expiación continua (Hebreos 10:10–14). Este es un punto fundamental en la Epístola a los Hebreos para probar la superioridad del evangelio sobre la ley. El mismo texto que nos habla del santuario celestial nos informa que ya se había hecho en él la expiación completa y perfecta (Hebreos 9:11–12).

Un error engendra otro. Si está incompleta aún la expiación, ¿quién puede estar seguro de su salvación? ¿Cuándo podrá alguien saber que es salvo?

-> La señora White escribe en El conflicto de los siglos lo siguiente: “La tarea del juicio de investigación, y del perdón de pecados ha de terminar antes de la segunda venida del Señor. Como los muertos han de ser juzgados sobre la base de las cosas escritas en los libros, es imposible que los pecados de los hombres sean borrados (o perdonados) sino hasta después del juicio, que es cuando sus casos han de ser investigados. En el tiempo establecido para el juicio—al final de los dos mil trescientos días, en 1844—empezó la labor de investigación y de perdón de los pecados. Todos los que hayan invocado el nombre de Cristo tienen que pasar por ese minucioso escrutinio.”

La Biblia enseña que Dios perdona y borra los pecados cuando uno pone su confianza en Cristo. Hebreos 9:23–26 dice que Cristo ya había entrado en el santuario y se había presentado una vez para siempre como sacrificio por el pecado. No han tenido que esperar los cristianos hasta el 1844 d.C. para recibir el principio del perdón; tampoco esperamos nosotros con ellos hasta el regreso del Señor para que se complete la obra (Colosenses 2:13; Hebreos 10:14, 18–22). La sangre de Cristo nos limpia de todo pecado (1 Juan 1:7). “El que cree en el Hijo tiene vida eterna”, tiempo presente (Juan 3:36). No hay condenación para los que están en Cristo (Romanos 8:1). Dios quiere que sepamos que somos salvos ahora (1 Juan 5:10–13).

El sueño del alma

-> Los adventistas enseñan que las almas de los justos duermen hasta la resurrección en el juicio final. Este “sueño del alma” es un estado de “silencio, inactividad e inconsciencia total”.

Basan esta creencia principalmente en Eclesiastés 9:5, donde dice: “Los muertos nada saben.” El contexto (9:4–10) muestra que se habla de la relación de los muertos con la vida terrenal y no sobre el estado del alma después de la muerte.

Se citan Mateo 27:52 y Juan 11:11 con respecto al “sueño del alma”. Se usaba la figura retórica de dormir al referirse a la muerte. Repetidas veces aparece la expresión que alguien “durmió con sus padres”. El cuerpo es la parte del hombre que está insensible ya en el “sueño de la muerte”, pero así como el subconsciente sigue activo mientras el cuerpo duerme, el alma del hombre no cesa en su actividad cuando el cuerpo muere.

Pablo afirma la conciencia del alma después de la muerte al decir que al partir del cuerpo iría a estar con el Señor (Filipenses 1:23–24; 2 Corintios 5:1–8).

El propio Cristo, quien como ningún otro sabía lo que estaba al otro lado del velo de la muerte, indicó que las almas de los difuntos estaban conscientes, en el sufrimiento o en el paraíso. Él relató que el rico muerto pensaba en sus hermanos que vivían aún (Lucas 16:19–31). Si los adventistas dicen que sólo es una parábola, hay que recordarles que las parábolas se basan en la verdad y nunca describen situaciones contrarias a la verdad.

Con decir al ladrón arrepentido: “Hoy estarás conmigo en el paraíso”, Jesús indicó la conciencia del alma después de la muerte. Los adventistas y los testigos de Jehová cambian la puntuación del texto en Lucas 23:43 para darle otro significado: “Te digo hoy que estarás conmigo en el paraíso.”

En el monte de la transfiguración, Moisés no estaba “silencioso, inactivo y totalmente inconsciente” mientras hablaba sobre la muerte que Jesús sufriría (Lucas 9:28–31).

En Apocalipsis 6:9–11 vemos que antes del tiempo del juicio final las almas de los mártires clamaban a Dios y se les contestaban sus preguntas. No estaban inconscientes.

La aniquilación de Satanás y de los malos

-> Se enseña que Satanás, sus demonios y todos los malos serán aniquilados, completamente destruidos. La señora White dice que la teoría del castigo eterno es “una de las doctrinas falsas que constituyen el vino de las abominaciones de Babilonia”.

Jesús empleó la misma palabra—eterno—para referirse a la duración de las bendiciones de los salvos y los tormentos de los perdidos en Mateo 25:46. Además, no habló de aniquilación eterna, sino de castigo eterno. Véase también Marcos 9:43–48.

En Apocalipsis 14:10, 11 vemos que los adoradores del anticristo serán atormentados “y el humo de su tormento sube por los siglos de los siglos”. Eso no suena a aniquilación.

Apocalipsis 20:10 dice que el diablo, el anticristo y el falso profeta serán atormentados en el lago de fuego “por los siglos”, para siempre. Según Apocalipsis 19:20; 20:2, 7, 10 el anticristo (la bestia) y el falso profeta habían estado mil años en el lago de fuego, pero todavía se incluyen en el plural del verbo “serán atormentados”. Esto no es aniquilación. Y en este mismo lugar de sufrimiento perpetuo será lanzado todo aquel cuyo nombre no esté en el libro de la vida, según Apocalipsis 20:15.

La Biblia enseña que hay diferentes grados de recompensa o de castigo, según las obras. Esto no sería cierto si todos los injustos durmieran desde su muerte hasta el juicio, para ser destruidos totalmente después (Romanos 2:5–10; Apocalipsis 22:12). Cristo ilustró esta verdad con la parábola del siervo infiel, en la que se muestra que las circunstancias influyen en la severidad del castigo (Lucas 12:42–48).

La observancia del sábado

-> Los adventistas enseñan que los cristianos deben observar como día de reposo el sábado, y no el domingo. Por un tiempo creían que los que guardan el domingo aceptarán la “marca de la bestia” bajo el dominio del anticristo. Enseñaban que la observancia del sábado es el sello de Dios. El sello del anticristo sería lo opuesto a esto, o sea, la observancia del domingo.

-> El grupo dirigido por José Bates observaba el sábado. Tal práctica tomó aun más fuerza cuando la señora de White tuvo una “revelación” en la cual Jesús destapó el arca del testimonio y ella pudo ver adentro las tablas de la ley. El cuarto mandamiento se hallaba en el centro, rodeado de una aureola de luz.

El sábado es un recuerdo de la creación material. Después de seis días de trabajo, Dios reposó el séptimo día, lo santificó y lo bendijo (Génesis 2:2, 3). Durante por lo menos dos mil quinientos años no se halla mandato alguno al respecto en la Biblia.

Después, Dios le dio la ley a Moisés, única y exclusivamente para el pueblo de Israel y los extranjeros “dentro de sus puertas”. Incluye el mandamiento de acordarse del día de reposo para santificarlo (Éxodo 20:8–11). Según Nehemías 9:7–14, ésta parece haber sido la primera vez que se les dio tal ordenanza. De modo que no es una orden general para toda la humanidad. El sábado es parte del pacto entre Dios e Israel (Ezequiel 20:10–13). Era señal del pacto y nada tenía que ver con las otras naciones (Éxodo 31:12–17). Moisés explicó que era un memorial de su liberación de la tierra de Egipto. Al reposar de sus tareas semanales, debían recordar que Dios los hizo reposar de la dura servidumbre de Egipto (Deuteronomio 5:12–15).

En cambio, el primer día de la semana nos recuerda la resurrección de Cristo. La creación material se consumó en el sexto día y Dios reposó en el séptimo. Pero Cristo consumó la obra de la nueva creación en el Calvario, y cuando resucitó entró en ese reposo que comparte con todos los que creen en Él. En vez de celebrar la antigua creación, la sombra de la nueva creación espiritual, conmemoramos el “otro día” de un reposo mejor (Hebreos 4:3–11). Dejamos el intento de justificarnos mediante la ley y entramos en el reposo de la vida en Cristo. ¿Por qué seguir conmemorando la sombra después de presentarse la realidad?

Con la muerte y resurrección de Cristo la ley caducó. El pueblo de Israel la había recibido provisionalmente hasta la venida del Mesías. Pablo lo afirma en sus escritos (Gálatas 3:24–25). Les escribe a los gálatas y trata de librarlos de los engaños de los judaizantes, que querían obligarlos a guardar la ley. Todo el libro insiste en que la salvación no se produce por las obras de la ley, sino por la fe en Cristo. Menciona la observancia de ciertos días como parte de la esclavitud de la ley (Gálatas 4:3–11). Cristo es el fin de la ley (Romanos 6:14; 10:4).

En Romanos 7:1–6 Pablo compara la ley con un esposo. El cristiano es la esposa que ha muerto a la ley. La ley sentenció a muerte al pecador. En Cristo, nuestro sustituto, morimos y resucitamos. De modo que ahora somos de Cristo y no de la ley. La ley mosaica murió para el creyente y el creyente murió a la ley. No existe ya ningún lazo. Con la ley se acabaron sus ritos y ordenanzas, clavados a la cruz de Cristo (Colosenses 2:13–14).

Pablo explica que en esta nueva relación, los cristianos no deben volver a la esclavitud de reglas ajenas, o al criterio de los demás sobre su comida o el día de reposo que van a observar (Colosenses 2:16–17). Es asunto de la conciencia de cada uno, y no de mandatos. Uno guarda un día de reposo, y otro guarda otro, o dice que todos son iguales. Que cada uno tenga sus propias convicciones, pero que no trate de imponerlas a otros (Romanos 14:1–6). Vivimos ahora bajo el nuevo pacto profetizado por Jeremías, y no bajo la ley dada a Moisés (Hebreos 8:8–13).

-> Los adventistas creen que el papa y el emperador romano Constantino fueron quienes cambiaron la observancia del sábado por la del domingo. Puesto que estaba profetizado que el anticristo habría de “pensar en cambiar los tiempos y la ley”, según Daniel 7:25, Elena White razonaba que el cambio al domingo en sustitución del sábado tenía que ser anticristiano.

La atribución de este cambio al papa o a Constantino es un error histórico. Los cristianos empezaron a reunirse en el primer día de la semana poco después de la resurrección del Señor. ¿Por qué? Porque era el día de la resurrección (Juan 20:1–19). La resurrección de Cristo era el punto principal de su predicación. Era el sello de Dios sobre el ministerio de Cristo. Era el día en que Cristo se había revelado como Señor triunfante sobre la muerte y sobre todos sus enemigos. Era “el día del Señor”. Así lo solía llamar la iglesia apostólica. Juan escribe: “Yo estaba en el Espíritu en el día del Señor” (Apocalipsis 1:10). La palabra original que empleó para “del Señor” es la que traducimos en español como “domingo”.

Observemos los acontecimientos que han “santificado” o han dado significado y preeminencia al primer día de la semana, para ver que fue Dios quien lo santificó, y no el papa o Constantino.

1. Varias de las fiestas y ceremonias religiosas de Israel tenían que ser celebradas el primer día de la semana (llamado el “octavo día”). Entre ellas estaban la entrada de los sacerdotes en el tabernáculo para ministrar en su turno, la fiesta de las primicias y la de Pentecostés (Levítico 23:11, 15, 16).

2. Cristo resucitó en el primer día de la semana (Marcos 16:9).

3. El Cristo resucitado se manifestó seis veces en el domingo (Lucas 24:13, 33–36; Juan 20:13–19, 26).

4. Dios derramó el Espíritu Santo en el día de Pentecostés, el primer día de la semana (Levítico 23:15, 16, 21; Hechos 2:1–4).

5. Cristo se le reveló a Juan en la isla de Patmos en este día (Apocalipsis 1:10).

6. Los cristianos,   los domingos se reunían para tomar la Santa Cena, predicar, y apartar su ofrenda para el Señor (1 Corintios 16:1, 2; Hechos 20:7).

El emperador romano Constantino legalizó la observancia del domingo en 321 d.C., pero con esto solamente le dio reconocimiento oficial a la costumbre existente. Como prueba tenemos los escritos de los padres de la Iglesia primitiva.

Bernabé, el compañero de Pablo, escribió: “De manera que nosotros observamos el octavo día con regocijo, el día en que Jesús resucitó de los muertos.”

Justino Mártir escribió en el año 145 d.C.: “Mas el domingo es el día en que todos tenemos nuestra reunión común, porque es el día primero de la semana y Jesucristo, nuestro Salvador, en este mismo día resucitó de la muerte.”

Ignacio, convertido bajo el ministerio del apóstol Juan, escribió: “Todo aquel que ama a Cristo celebra el día del Señor, consagrado a la resurrección de Cristo como … el principal de todos los días … no guardando ya más los sábados, sino viviendo de acuerdo con el día del Señor, en el cual nuestra vida se levantó otra vez por medio de Él y de su muerte. Que todo amigo de Cristo guarde el día del Señor.”

Dionisio de Corinto escribió en el 170 d.C.: “Hoy observamos el día santo del Señor en que leemos su carta.”

Victoriano, en el 300 d.C., escribió: “En el día del Señor acudimos a tomar nuestro pan con acción de gracias, para que no se crea que observamos el sábado con los judíos, lo cual Cristo mismo, el Señor del sábado, abolió en su cuerpo.”

-> Se dice que sabbáton en Colosenses 2:16 no se refiere a los sábados semanales, sino a otras fiestas religiosas. De modo que la obligación de guardar el sábado no ha sido abolida.

Colosenses 2:16 dice: “Nadie os juzgue en comida o en bebida, o en cuanto a días de fiesta, luna nueva o días de reposo.” La palabra sabbáton, que significa “día de reposo”, se halla sesenta veces en el Nuevo Testamento. En todas menos una, los adventistas están de acuerdo en que la palabra se refiere al sábado de cada semana. ¿Por qué ha de tener otro significado la misma palabra en Colosenses 2:16? ¿Cómo es posible creer que el nuevo pacto deshace la responsabilidad de observar las fiestas anuales, los ritos de purificación y los sacrificios, y exceptúa al sábado, cuando éste era el sello mismo del pacto anterior?

-> Se dice que la observancia del séptimo día es parte de la ley moral, que está aún en vigor por cuanto está entre los diez mandamientos. Pero ya no hay que observar las demás fiestas israelitas porque son parte de la ley ceremonial, que ya caducó.

Ya hemos visto que Colosenses 2:14–16 se refiere a la observancia de los días de reposo, las fiestas y la comida como sombra o símbolos de verdades espirituales. Llegó la realidad en el nuevo pacto efectuado por Cristo. Él ha traído el reposo espiritual. Algunos cristianos hoy observan el sábado, otros el domingo, y otros tratan a todos los días iguales para el Señor. Lo mismo sucedía entre los cristianos en Roma. Pablo les mandó que no se juzgaran unos a otros en el asunto (Romanos 14:1–10).

Al santificar un día de cada siete para Dios y las actividades de su reino, observamos el principio moral del cuarto mandamiento. Al preferir el domingo al sábado celebramos algo mayor que el descanso después de la creación y la liberación de los israelitas de Egipto. Es la resurrección de Cristo, cuando Él reposó de su obra redentora, habiendo logrado para nosotros un reposo espiritual y liberación del dominio de la muerte.

En nuestra manera de celebrar el día del Señor, seguimos el ejemplo de nuestro Maestro, el Señor del sábado. Los fariseos lo persiguieron porque hacía en el sábado las obras de su Padre (Lucas 6:6–11). Enseñó que el sábado fue hecho para el hombre, y no el hombre para el sábado (Marcos 2:23–28).

Una prueba de que no está en vigor la obligación de guardar el sábado está en que los otros nueve mandamientos del decálogo se han repetido en una forma u otra en las instrucciones a las iglesias del Nuevo Testamento, pero el cuarto mandamiento no.

El concilio de Jerusalén, cuando deliberó sobre el problema de la relación de los cristianos gentiles con la ley mosaica, dio la solución siguiente: “Porque ha parecido bien al Espíritu Santo, y a nosotros, no imponeros ninguna carga más que estas cosas necesarias: que os abstengáis de lo sacrificado a los ídolos, de sangre, de ahogado y de fornicación” (Hechos 15:28, 29).

La señora de White adaptaba la manera de guardar el sábado según las circunstancias, porque es imposible guardarlo en todas partes del mundo conforme a lo especificado en el Antiguo Testamento. Escribió que la prohibición de encender fuego en el día séptimo era sólo mientras durara la peregrinación en el desierto, pues al entrar en la tierra de Canaán, el pueblo necesitaría encender fuego debido a la severidad del clima.

Preguntamos: ¿Qué hacen los que viven en la zona ártica, donde durante unos meses el sol no se pone nunca, y durante otros, en la época invernal, el sol no se asoma? Y al viajar alrededor del mundo y cruzar la línea internacional del cambio de fecha, ¿cómo se puede saber quién observa el día correcto? A un lado de la línea se asegura que es sábado. A menos de diez metros de distancia, es domingo. Si el día es tan importante, ¿por qué no es igual en todas partes del mundo?

Estos problemas nos confirman en la enseñanza bíblica de que la ley mosaica fue dada para: 1) un pueblo particular, el israelita, 2) una época determinada, desde Moisés hasta Cristo y 3) una región limitada, el desierto y la tierra de Canaán.

La comida

-> Los adventistas no comen los animales clasificados como inmundos bajo la ley mosaica, tales como el cerdo o su grasa. Muchos son vegetarianos, y no comen carne alguna, pero esto es más por motivos de salud que por cuestión de conciencia.

En Génesis 9:3 Dios le dio al hombre toda clase de animal para su alimentación. Después de esto hubo restricciones provisionales para los israelitas hasta que la ley fuera cumplida en Cristo.

En Marcos 7:15–19, Cristo explicó que lo que el hombre come no es lo que lo hace inmundo. Marcos añade: “Esto decía, haciendo limpios todos los alimentos.” Este comentario inspirado por el Espíritu Santo nos da a comprender que estamos bajo la provisión dada a la humanidad en Noé, y no bajo las restricciones provisionales dadas a los judíos.

Tres veces Dios le mostró a Pedro en visión toda clase de animales, reptiles y aves, y le ordenó que matara y comiera. Cada vez Pedro respondía: “Señor, no, porque ninguna cosa común o inmunda he comido jamás.” Y tres veces Dios le contestó: “Lo que Dios limpió, no lo llames tú común” (Hechos 10:10–16). Aunque la aplicación principal de este mensaje es a la conversión de los gentiles, no deja de tener también su aspecto literal. Según Marcos, Cristo purificó todos los alimentos en el sentido religioso. Así que no los llamemos inmundos o prohibidos.

1 Timoteo 4:4, 5 dice respecto a los alimentos: “Porque todo lo que Dios creó es bueno, y nada es de desecharse, si se toma con acción de gracias; porque por la palabra de Dios y por la oración es santificado.” Véase también 1 Corintios 10:25.

Pablo, hablando de la comida, escribe en Romanos 14:14, 17: “Yo sé, y confío en el Señor Jesús, que nada es inmundo en sí mismo … porque el reino de Dios no es comida ni bebida, sino justicia, paz y gozo en el Espíritu Santo.”

de Walker, L. J. (1994). ¿Cuál camino?. Miami, FL: Editorial Vida.


LA DOCTRINAS DEL LIBERALISMO

Doctrinas Del Liberalismo

Por: Luisa Jeter De Walker

Debido a que hay gran diversidad de creencias entre los grupos liberales y diferentes grados de incredulidad, aquí sólo se tratarán los puntos sobresalientes.

La Biblia

-> El liberalismo niega la inspiración verbal plena de la Biblia. Cree que Dios inspiró muchas de las ideas contenidas en ella, pero no las palabras precisas. Dice que la Biblia contiene la Palabra de Dios, pero no es la Palabra de Dios.

Los evangélicos creemos que el Espíritu Santo inspiró a los escritores de la Biblia de tal manera que el resultado es la Palabra infalible de Dios. Creemos que toda la Bibla fue inspirada, no sólo en cuanto a sus ideas, sino en la misma selección de las palabras en los idiomas originales.

1. La Biblia afirma su inspiración verbal (2 Timoteo 3:16; 2 Pedro 1:21). David escribió: “El Espíritu de Jehová ha hablado por mí, su palabra ha estado en mi lengua” (2 Samuel 23:1–3). Los profetas presentaban su mensaje como “Palabra de Jehová que vino”.

2. Los escritores del Nuevo Testamento creían en la inspiración plena de las Escrituras. Citaban textos del Antiguo Testamento con la frase: “El Señor dice”, aun cuando eran palabras de un escritor humano, y usaban en las mismas circunstancias la frase: “Las Escrituras dicen”, con lo que hacían ver que para ellos todas las Escrituras eran Palabra de Dios. Compárense Mateo 19:4, 5 con Génesis 2:24; Hebreos 3:7 con Salmo 95:7; Hechos 4:24, 25 con Salmo 2:1; Gálatas 3:8 con Génesis 12:1–3.

3. Jesucristo habló de la inspiración divina del Antiguo Testamento, al que declaró infalible. Citando un texto de los Salmos, dijo que no puede quebrantarse la Escritura (Juan 10:34, 35). Con respecto a la ley y los profetas, enseñaba que todo tendría que cumplirse hasta su más mínimo detalle (Mateo 5:17, 18; Lucas 21:22; 24:44–46). Así declaraba la inspiración plena del Antiguo Testamento, que se dividía en aquellos tiempos en tres partes: la Ley, los Profetas y los Salmos.

Como el liberalismo reconoce a Jesús como uno de los maestros más destacados que hayan vivido jamás, ¿por qué se niega a aceptar sus enseñanzas con respecto al fundamento mismo de su doctrina? La resurrección de Cristo ha probado que es el Hijo de Dios y, por lo tanto, todo lo que dijo es cierto.

4. Con respecto a la inspiración del Nuevo Testamento, Cristo afirmó que las enseñanzas suyas eran las palabras de su Padre (Juan 14:10; 17:14). Les prometió a sus discípulos que el Espíritu Santo les traería a la memoria todas las cosas que Él les había hablado (Juan 16:12–15). El cumplimiento de esta promesa dio como resultado el texto infalible de los Evangelios.

5. Los escritores del Nuevo Testamento estaban conscientes de la inspiración del Espíritu Santo cuando escribían su mensaje (1 Corintios 2:12, 13; 2 Pedro 1:19–21). Pedro se refiere a las epístolas de Pablo como Escrituras, clasificándolas así como parte de la Palabra de Dios (2 Pedro 3:15, 16).

6. Aquí están algunas de las evidencias de que la Biblia es divinamente inspirada:

a. Su admirable unidad de tema y falta de contradicciones a pesar de haber sido escrita por unos cuarenta hombres distintos, en un período que abarca mil seiscientos años.

b. Su superioridad a todo lo demás producido por la raza humana en cuanto a moralidad, literatura y leyes.

c. El cumplimiento de sus profecías y de sus promesas.

d. Su indestructibilidad.

e. Su universalidad. Puede satisfacer el corazón humano en toda época, lugar y condición de vida.

f. Su referencia a verdades científicas desconocidas para los escritores.

g. Confirmación de la veracidad de sus partes históricas.

h. Su poder transformador en los que creen sus palabras.

-> Los liberales afirman que la ciencia y la Biblia se contradicen y, por consiguiente, la Biblia está equivocada. No creen en los milagros porque, según ellos, “violan las leyes naturales”. Por ese motivo rechazan todo lo milagroso que aparece en la Biblia.

En la actualidad, millones de personas pueden dar testimonio de milagros en respuesta a la oración: ciegos que llegan a ver, sordos que llegan a oír, huesos quebrados que se han soldado instantáneamente, enfermos desahuciados que se han levantado sanos. Tales milagros relatados en la Biblia se ven en nuestros tiempos también y se han hecho constar en reconocimiento médico.

El conflicto entre la Biblia y la ciencia es sólo aparente y no real. Hay conflicto entre las teorías mal fundadas y la Biblia, como también lo hay entre los pasajes bíblicos mal interpretados y la ciencia. Dios ha escrito dos libros para que la humanidad los lea: La Naturaleza y la Biblia. Él es el autor de ambos y los dos concuerdan perfectamente.

Las teorías de la ciencia necesitan ser revisadas frecuentemente con el paso de los años. De las que se hallaban en boga hace cien años, muchas han tenido que ser abandonadas a la luz de nuevos descubrimientos. “Ahora conocemos en parte.” No pueden explicarse mediante leyes naturales muchas cosas del ámbito espiritual.

Hay que recordar que las “leyes naturales” son una descripción de cómo suceden las cosas en la naturaleza. Son el orden natural de los sucesos. Pero no son leyes en el sentido de que obliguen a Dios a limitar su actuación a lo que esté de acuerdo con ellas. Él es quien ha establecido ese orden natural de las cosas, y lo puede variar cuando le plazca. Cuando lo hace en beneficio de una de sus criaturas, lo llamamos milagro. El negarse a creer en los milagros porque “violan las leyes” naturales revela sencillamente ignorancia con respecto al carácter mismo de esas leyes.

Aunque algunos científicos incrédulos se han negado a tomar en cuenta toda evidencia y persisten en rechazar lo sobrenatural, con lo que desacreditan a la Biblia, otros científicos han afirmado que no hay conflicto real entre los hechos comprobados por la ciencia y la Biblia.

La investigación científica en el siglo veinte confirma la veracidad histórica de la Biblia y la corrección de sus conceptos científicos. Esta confirmación viene de los descubrimientos en la arqueología, la filología, la astronomía y la antropología.

Las ideas sobre la antigüedad del mundo se han revisado a la luz de los descubrimientos geológicos. Hay que recordar que la cronología que sitúa la creación alrededor del año 4004 a.C. es un cálculo realizado por Ussher y no forma parte del texto bíblico. La geología y los fósiles indican que el mundo es mucho más antiguo. Hay varias interpretaciones bíblicas al respecto. Una es que el vocablo “día” en Génesis se refiere a un período indeterminado de tiempo. Otra es de la creación preadámica en Génesis 1:1 y su destrucción antes de Génesis 1:2, en el momento de la caída de Satanás. Esta ha tenido una aceptación amplia entre los cristianos. Lo cierto es que cuando se sepan todos los datos que hoy desconocemos, no habrá conflicto entre la ciencia y el primer capítulo del Génesis.

Dios

-> El liberalismo niega la Trinidad. El concepto que tienen de Dios varía desde considerarlo un vago principio del bien que opera en el universo, hasta un padre amoroso que nunca sería capaz de condenar al hombre a los tormentos eternos.

Para los pasajes de las Escrituras que hablan sobre la deidad de Cristo y del Espíritu Santo, véanse los capítulos sobre el judaísmo y los testigos de Jehová.

2 Pedro 3:9 habla de la paciencia de Dios en procurar que los hombres se arrepientan, pero Juan 12:48 dice que caerá juicio sobre los que rechazan su invitación. Dios es un Dios de amor, pero también lo es de justicia. El Juez del universo tiene que hacer lo que es justo y recto (Salmo 96:13; Génesis 18:25; Salmo 94:1, 2; Apocalipsis 20:11–15).

Jesucristo

-> Los liberales no creen en el nacimiento virginal de Jesús. Atribuyen esta idea a la influencia de las religiones paganas y a leyendas surgidas después de su muerte.

En cambio, nosotros creemos que las religiones paganas retienen desde tiempos primitivos rasgos de la promesa dada a nuestros primeros padres que la simiente de la mujer heriría a la serpiente en la cabeza (Génesis 3:15). La Biblia enseña, tanto en las profecías como en su cumplimiento histórico, que Jesucristo nació de una virgen (Génesis 3:15; Isaías 7:14). Habría de nacer un niño que sería Dios mismo encarnado (Isaías 9:6; Mateo 1:18–23; Lucas 1:26–35, 38).

En Lucas 1:1–4 vemos que este evangelio no es el simple relato de unas cuantas leyendas, sino el resultado de una investigación metódica y cuidadosa por parte del médico cristiano llamado Lucas. Dios lo inspiró, pero Lucas ponía interés especial en los detalles de las enfermedades que Cristo sanaba, y de los milagros necesarios para el nacimiento de Juan el Bautista y del Señor Jesús. Reúne los datos y presenta las evidencias (véase Colosenses 4:14).

La frecuencia con que Lucas cita lo que María dijo, hizo y pensó en diferentes ocasiones, hace creer a muchos que al “investigar con diligencia todas las cosas”, fue directamente a la madre del Señor para tener su relato personal de los sucesos.

-> El liberalismo dice: “El nacimiento virginal y la resurrección literal de Jesús no son partes esenciales de la fe cristiana.”

El nacimiento virginal es la base histórica para la doctrina de la encarnación. A su vez, la encarnación es la base para la doctrina de la expiación del pecado. Si Cristo no era más que un hombre, su muerte no podía expiar los pecados de la humanidad. Si Él no resucitó, tampoco hay esperanza de resurrección para nosotros (1 Corintios 15:13–22, 3–8).

Los libros de evidencias cristianas citan muchas pruebas de la resurrección. Se destacan el cambio total de actitud de los discípulos antes temerosos, las declaraciones de los testigos oculares, la conversión de Saulo y la forma en que los apóstoles estaban dispuestos a morir en defensa de esta verdad.

El hombre

-> El liberalismo enseña que el hombre es producto de la evolución. Cree que todas las formas de vida se han desarrollado paulatinamente a través de millones de años, a partir de un pequeño germen de protoplasma original. Las células originales se multiplicaron y se convirtieron en formas primitivas de vida. Con el paso de los milenios, estas formas se transformaban en otras más complejas: gusanos, peces, animales terrestres … y por fin, como cumbre del proceso evolutivo, el hombre. Los antepasados inmediatos del hombre, según la evolución, habrían sido unos animales similares a los chimpancés, de los cuales han descendido tanto los monos como los hombres.

Uno de los principios fundamentales del método científico es aceptar como verdad la teoría que explique satisfactoriamente el mayor número de fenómenos observables en cada caso. La teoría de la evolución y el relato bíblico presentan dos versiones contradictorias sobre el origen del mundo y del hombre. ¿Cuál de las dos explica más satisfactoriamente los fenómenos observables al respecto? Según el método científico, la que lo hiciera sería la que debía ser aceptada como verdad.

1. La Biblia presenta una causa primera en el origen del hombre; la teoría de la evolución no lo hace. Dado el caso de que toda vida se haya desarrollado de un poco de protoplasma, ¿de dónde vino ese protoplasma? ¿Quién lo hizo? ¿Quién estableció los principios para el desarrollo ordenado de las especies? El relato bíblico es más científico que la teoría de la evolución, porque explica el principio de la vida: “En el principio Dios creó los cielos y la tierra” (Génesis 1:1).

2. La Biblia explica mejor que la evolución el fenómeno observable del orden y la estructura evidentes en todo el universo. La evolución lo atribuye todo a la casualidad, pero esto no explica satisfactoriamente las leyes de la naturaleza. La Biblia es más científica que la evolución cuando nos explica que un ser supremo de suma inteligencia y sabiduría estructuró las leyes de la naturaleza en la misma creación.

Alguien dice de la imposibilidad de que la disposición ordenada e infinitamente compleja del universo sea resultado de la casualidad: “Tome una caja de tipos de imprenta, revuelva las letras bien y sígalas sacudiendo hasta que se coloquen solas en el orden correcto para imprimir un hermoso soneto o un discurso elocuente. Esto será mucho más fácil de realizar que el desarrollo de todo un universo por obra de la casualidad.”

3. La Biblia explica mejor que la evolución las diferencias entre las especies. La Biblia dice que Dios creó todo ser viviente según su género y según su especie. La evolución se basa en la similaridad entre distintas especies para decir que una ha venido de la otra, o que tuvieron un origen común en otra especie prehistórica. Señalan los fósiles de los animales prehistóricos para respaldar sus argumentos.

Si es cierta la teoría de la evolución, ¿por qué no se hallan entre los fósiles especies que estén en el proceso mismo de mutación? Estos son los eslabones perdidos, no sólo entre el hombre y algún animal como el chimpancé, sino también entre las distintas especies animales.

Además, si la evolución es continua, debe haber actualmente abundancia de eslabones en todas las etapas de desarrollo posibles; sin embargo, no hay ninguno. ¿Y por qué hay aún formas primitivas de vida, como los gusanos? ¿Por qué no han evolucionado a través de tantos millones de años?

Hay demasiados fenómenos observables en la naturaleza que la evolución no puede explicar, por lo que no puede ser una teoría satisfactoria sobre el origen del mundo y del hombre.

4. La Biblia explica la naturaleza del hombre mejor que la evolución. Dice que el hombre fue creado a imagen de Dios, pero después se rebeló contra su Creador. Esa rebelión ha motivado su degeneración moral, espiritual y física. La evolución enseña que el hombre es el resultado de un progreso continuo; es básicamente bueno y sólo necesita que se le enseñe el camino para librarse de la crueldad y la barbarie de su origen salvaje.

La evolución no puede explicar el terrorismo, la brutalidad y la violencia evidentes en el siglo veinte aun entre personas que han gozado de una educación universitaria. Tampoco explica la malevolencia en personas cuyos antepasados han sido buenos y amables. La guerra más terrible que el mundo ha conocido, tuvo lugar entre las naciones más avanzadas en el campo científico. ¿Por qué este regreso a la selva?

La Biblia y la evolución se contradicen rotundamente. Aceptamos la Biblia y rechazamos la teoría de la evolución: 1) porque creemos que la Biblia es la Palabra infalible de Dios, y 2) porque la explicación bíblica es más completa y más científica que la que puede dar la evolución. Esta teoría va pasando de boga pero la verdad permanece. “En el principio Dios creó los cielos y la tierra … y creó Dios al hombre a su imagen.”

La salvación

-> El resultado natural de la teoría de la evolución es el concepto de que el hombre se salva a sí mismo mediante su progreso moral y espiritual. En todos los seres humanos hay una chispa de divinidad; hay que desarrollarla. Jesucristo es un ejemplo del desarrollo de esa chispa; debemos imitarlo.

-> Los liberales hablan mucho de la paternidad de Dios y de la hermandad entre los hombres, y enseñan que toda la humanidad se salvará. (Pero los neoortodoxos creen en la regeneración.)

Cristo les dijo a ciertos hipócritas que ellos eran de su padre el diablo (Juan 8:44). Enseñó que para librarse de la naturaleza depravada y llegar a ser hijos de Dios había que tener una conversión radical, un renacimiento espiritual (Juan 3:3; 2 Corintios 5:17).

-> El liberalismo dice que la doctrina de la salvación por la muerte expiatoria de un salvador es sencillamente una creencia de las religiones paganas que Pablo adoptó de ellas y aplicó a la muerte de Jesús. No creen en su muerte vicaria. Dicen que la expiación es doctrina de “una religión de matadero”.

La Biblia, de principio a fin, hace ver que la salvación es vicaria, es decir, se obtiene gracias a que otro murió en nuestro lugar. Cristo es el Cordero de Dios sacrificado por nosotros (Juan 1:29). Somos redimidos por su preciosa sangre (1 Pedro 1:18–20). ¡Qué terrible será la suerte de los que tengan por inmunda la sangre del pacto (Hebreos 10:28–31)! “Sin derramamiento de sangre no hay remisión de pecados” (Hebreos 9:22). Isaías 53 profetiza que Dios cargaría en Cristo la culpa por nuestros pecados.

La existencia de los sacrificios de sangre en otras religiones sólo confirma el relato bíblico de que toda la raza humana en un tiempo recibió la revelación de la verdad. Aunque se han alejado mucho de la verdad en sus religiones degeneradas, los paganos retienen aún algunos rasgos de la revelación.

La vida futura

-> Algunos liberales creen en la resurrección. Otros creen en la inmortalidad del alma, pero no en la resurrección del cuerpo. Algunos son universalistas, y creen que al final todos se salvarán, hasta el mismo diablo si es que existe. Otros creen que los malos serán aniquilados y los buenos vivirán eternamente.

La Biblia enseña la resurrección corporal de los justos y los injustos (Daniel 12:2, 3, 13; 1 Corintios 15:20–26, 35–55; Apocalipsis 20:4–6, 12–15; 21:8). El estado del hombre después de la muerte depende de que acepte o no la salvación en esta vida (Marcos 9:47, 48; Mateo 18:8; 25:46; 2 Tesalonicenses 1:6–10).


LA TEOLOGÍA DE LA NUEVA ERA – ¿POR QUÉ LOS EVANGÉLICOS RECHAZAN ROTUNDAMENTE LA NUEVA ERA?

LA TEOLOGÍA DE LA NUEVA ERA

Por: Pablo Hoff

La Nueva Era recalca la experiencia mística más que un sistema de doctrina bien estructurada. Cientos de miles de personas han convertido la búsqueda interior de Dios, de la trascendencia y del sentido de la existencia, en su aventura vital. Aunque en ocasiones participen de algún grupo o cuentan con un maestro, desean hacer su propia experiencia mística. Lo suyo es una religión interior, personal, sin necesidad de doctrinas ni cuidadores. El mundo y el cuerpo se convierten en supuestos templos de Dios o más bien en vehículos de la fuerza impersonal.

Por otra parte, la mayoría de los practicantes del movimiento han recibido enseñanzas provistas por un próspero supermercado espiritual integrado por centenares de sectas, gurús, mesías, profetas, médiums, grupos ocultistas y orientalistas de todo género. El tremendo volumen de literatura escrita por los teóricos nuevaerianos, sin embargo, ha dado el resultado de seleccionar y ampliar ciertas ideas teológicas que prevalecen en sus filas. Las que más nos interesan son las que se oponen a nuestra fe cristiana. Presentaremos algunas de ellas.

1. El misticismo oriental. En un sentido la Nueva Era es la expresión occidental del hinduísmo. Sus creencias básicas son casi iguales como las de los orientales: panteísmo, karma, reencarnación y viajes astrales fuera del cuerpo. Algunos de sus adeptos son enseñados por swamis y gurús hindúes. Practican la meditación trascendental y el yoga, como medio de reducir el estrés, que genera conflictos en las relaciones interpersonales.

Sin embargo, los de la Nueva Era rechazan ciertos conceptos del hinduísmo. Según esta religión hay conflicto entre lo terrenal y lo espiritual y los que buscan a Dios deben renunciar al mundo de los placeres temporales y las responsabilidades de esta vida, pues el mundo es maya (ilusión) y forma un impedimento para disfrutar la dicha eterna. A los iluminados, todo es Dios y los eventos históricos, siendo ilusorios, carecen de importancia duradera. Por lo tanto, el hinduísmo oriental tiende a negar al mundo.

En contraste, la Nueva Era recalca el valor de las realidades temporales: personas, cultura, educación, ciencia y política. Muestran gran interés en lograr salud, paz universal, unificación y equilibrio ecológico. Se deleitan en explorar, tanto su propio interior a través de la meditación, como el mundo a su derredor. Quieren cambiar la sociedad y no escaparse de ella. Procuran satisfacer sus propios deseos, tomar la acción social para mejorar el mundo y, a la vez, ser místicos desarrollando su conocimiento personal de Dios.

Sobre todo, los de la Nueva Era quieren autorrealizarse, alcanzar su plena potencialidad y llegar a Dios. Para lograr la última experiencia, algunos usan drogas, otros recurren a la meditación oriental o cualquier otro método nuevo que produce estados alterados o místicos de conciencia. Muchos testifican que así experimentan iluminación, paz y un sentido de seguridad.

2. El Cristo. Aunque la Nueva Era habla acerca del Cristo y su regreso, no se refiere a la idea cristiana del Señor. Se rechazan las doctrinas de que Jesús es el único Hijo de Dios que vino para ser un sacrificio por los pecados del mundo y que volverá, algún día, en una nube de gloria, para establecer su reino en la tierra. Para los adherentes de este movimiento, el término “Cristo” se refiere a un “espíritu universal” o una “fuerza cósmica”. David Spangler explica.:

¿Qué es el Cristo? Dentro de toda vida existe una cualidad, una energía, la cual se caracteriza como un crecimiento y expresión irresistible e inevitable de divinidad.

El verdadero nacimiento del Cristo no fue el nacimiento de Jesús. Jesús fue un individuo quien por sí mismo tuvo que recapitular ciertas etapas. Edificó sobre la pauta que el Buda había establecido.

Shirley MacLaine expresa la misma noción:

La conciencia de Cristo no es un atributo exclusivamente cristiano. Cristo, debemos recordarlo, no es el nombre del hombre llamado Jesús, sino un término cuyo significado literal es “el ungido”, cuyo significado místico, o más bien psicológico, es de “conciencia liberada o espiritual”. Podemos creer que Krishna y Buda poseían igualmente la conciencia de Cristo.

Según el pensamiento de John Van Auken, Jesús fue “la primer alma que se ofreció para someterse a todas las pruebas, vencer todas las tentaciones, hacer que se desvanecieran todas las ilusiones, superar todos los desafíos y alcanzar la perfección”. No obstante esto, Jesús fue meramente un hombre, un gran maestro; quizá incluso un yogi, un avatar (persona que ha progresado en sus reencarnaciones al punto de no tener que seguir reencarnándose; una persona que manifiesta la verdad divina), o un hombre igual a Buda.

Se habla acerca de la segunda venida del Cristo. Para muchos proponentes del movimiento, esto se refiere a la iluminación de la gente del mundo, o sea, la entrada de la luz de la Nueva Era en la sociedad. Sin embargo, para algunos, se refiere a la manifestación del gran Maitreya, cabeza de la jerarquía de seres divinos y maestros y superior a Jesús, quien era uno de sus discípulos.

3. La Biblia y la revelación divina. Los seguidores de la Nueva Era a menudo emplean términos bíbicos y hacen uso caprichoso de ciertos pasajes de la Biblia, para apoyar en ellos sus teorías. Por ejemplo, dicen que el nuevo nacimiento enseñado por Jesús se refiere a la reencarnación o la iluminación que transforma a la persona. Sostienen a menudo que sus opiniones son compatibles con el cristianismo. Sin embargo, niegan que la Biblia es la infalible Palabra de Dios, sostienen que es incompleta en su revelación y que se han omitido deliberadamente verdades importantes en ella, o incluso que la Biblia fue tomada de la literatura reencarnacionista del oriente.

Piensan que es necesario reunir toda la sabiduría de todas las religiones para formar una nueva religión mundial. La Nueva Era rechaza rigurosamente la fe judío-cristiana, considerándola como un sistema anticuado de creencias que causa divisiones, y sostiene que el mundo debe ser liberado de estos “modelos negativos de pensamiento”.

Sin embargo, los pensadores de la Nueva Era no tienen criterio objetivo para seleccionar la verdad y rechazar lo espurio. Si no tenemos criterio para distinguir lo auténtico de lo imaginario, en la experiencia mística o en las religiones paganas, entonces nos conviene buscar la realidad en otra forma. Si la Última Realidad se ha dado a conocer en una manera objetiva, entonces el buscador podría valerse de lo que Platón denomina “un pasaje más seguro y menos peligroso … en una comunicación más segura, es decir, alguna palabra de Dios”.

4. La moralidad. Aunque pocos son muy inmorales, los adherentes de este movimiento niegan que existan absolutos morales. Aseveran que no hay un sistema de principios morales que se pueda aplicar a todos. Cada persona crea su propia realidad y tiene sus propios valores. Como dioses, pueden crear su propia verdad.

5. La reencarnación y el karma. Puesto que la Nueva Era rechaza las doctrinas cristianas—la salvación mediante la expiación hecha por Jesucristo, la resurrección, el juicio final, el cielo y el infierno—, adopta otro método, el karma del hinduísmo. Se debe entender la reencarnación como el paso necesario a la doctrina del karma. Si no fuera por el karma, la noción de la reencarnación no tendría fundamento en que apoyarse.

¿Qué es el karma? Este término se refiere a la deuda acumulada contra el alma, como resultado de acciones buenas o malas, cometidas durante la vida o vidas. Si uno acumula buen karma, será reencarnado en condiciones mejores, pero si acumula mal karma, será reencarnado en condiciones peores. Los hindúes, en la India, enseñan que el alma que no se comporta bien (acumula karma malo) en una vida, probablemente será reencarnado en una vaca o aun en un insecto repugnante, como una araña. Pero, los teólogos de la Nueva Era limitan las reencarnaciones a seres humanos; no enseñan que las almas de los muertos serán reencarnadas en animales, plantas o insectos.

Así que, la doctrina del karma enseña que toda alma abre paso en su camino hacia la perfección, basándose en la superación de las imperfecciones de las vidas pasadas. Dado que nadie es perfecto en esta vida, es necesario que cada alma pase por muchas vidas, posiblemente de treinta hasta cincuenta, para alcanzar esta meta. El buen karma personal de las vidas anteriores le podría acumular créditos que servirían para pagar la deuda kármica. Esta idea, sin embargo, presenta un gran problema, pues pocas personas han alcanzado hasta ahora ese nivel de perfección, si es que alguna lo ha hecho.

¿Cuál es el estado final de la persona, que finalmente acumula suficientes méritos para salir de la rueda del sufrimiento del karma? Unos creen que el alma se integra en una unión cósmica. Otros emplean la expresión hindú “nirvana”, para describir la absorción de la personalidad en el éter cósmico. Por otra parte, hay quienes ven el nirvana como la extinción eterna.

¿Cómo saben a ciencia cierta que la reencarnación es un hecho verdadero? Los reencarnacionistas admiten que no recuerdan las vidas anteriores, al menos sin ayuda. Por otra parte, afirman que los médiums psíquicos, los clarividentes y los hipnotizadores, pueden darles a conocer sus vidas pasadas. La señorita MacLaine afirma que ha encontrado otro método: la acupuntura psíquica, la cual “elimina los bloqueos de su mente y le permite comunicarse con el pasado mediante una especie de memoria celular”. Sin embargo, ha confesado que lo que aprendió por este medio, puede ser el producto de su propia imaginación, semejante a la fantasía.

Defensores de la noción de la reencarnación, arguyen que muchas personas experimentan recuerdos de una vida anterior. A algunas les parece que han visto el mismo lugar anteriormente o han conocido previamente a alguien, aunque saben que le ven o conocen por primera vez. Los reencarnacionistas afirman que es evidencia de que uno realmente visitó el lugar o conoció a la persona en una vida anterior.

Martin explica este fenómeno:

El recuerdo intuitivo puede ser explicado señalando que cuando una persona siente que ya estuvo en alguna parte o ya había conocido a alguien, experimenta simplemente un intento de su subconciencia, para relacionar la actual experiencia con algo del pasado. Por ejemplo, una persona puede haber visto un cuadro o una fotografía del individuo o lugar y, aunque no puede recordar que lo ha visto, su subconciencia relaciona el encuentro al cuadro o a la fotografía, produciendo en la persona la impresión de que ya había estado allí o había conocido a la persona en una vida anterior.

¿POR QUÉ LOS EVANGÉLICOS RECHAZAN ROTUNDAMENTE LA NUEVA ERA?

1. El concepto punteísta de Dios haría a Dios el autor del mal y haría al hombre una parte de Dios. Si todo es uno y Dios es todo, entonces Dios abarcaría el mal y el hombre sería un pequeño dios. Para encontrar a la divinidad, el hombre miraría dentro de sí mismo.

En contraste, la Biblia enseña que Dios está tanto dentro de su universo como por encima de ello, tiene esencia e identidad distintas de la creación, es Creador de todo salvo del mal, el cual entró en el universo cuando pecó la primera pareja. Aunque hecho a la imagen de Dios, el hombre no es una parte de Dios sino un ser aparte. Sin embargo, el Espíritu de Dios mora en el creyente y éste puede ser un participante de la naturaleza divina en el sentido moral.

2. Los métodos de la Nueva Era para acercarse a Dios carecen de validezy solamente engañan a los que los practican. Elliot Miller, ex adepto de este movimiento y convertido a Cristo, experimentó que las drogas le abrieron la mente a una esfera espiritual, pero tal estado no era propiamente de Dios. Esta experiencia le dio una falsa iluminación, una paz irreal y un aparente sentido de seguridad. Por fin se daba cuenta de que estaba en la senda de decepción y destrucción.

El testifica que el uso de las drogas, la meditación oriental o cualquier otro método (nuevo) de producir estados alterados o místicos de conciencia, no son caminos válidos para llegar a Dios. “Es posible tener una experiencia espiritual—aun sentirse felizmente iluminado y sereno—sin experimentar realmente a Dios. La maldad espiritual (el demonio) puede disfrazarse como el bien espiritual (2 Co. 11:14), y los estados de conciencia semejantes a trances, tienden a abrir a la persona para recibir tales influencias.”

3. La doctrina de la reencarnación no tiene fundamento ni en larevelación divina ni en la experiencia humana. Esta enseñanza se basa en la idea de la preexistencia de las almas, de que son inmortales desde el principio. Los cristianos creen también que su alma es inmortal, pero sólo en cuanto a su futuro; el alma no existe antes de que sea creado el cuerpo físico.

Se puede dar una explicación racional a la sensación de que uno haya visto anteriormente un lugar o conocido anteriormente a una persona, los cuales le eran desconocidos hasta el momento de verlos. No es necesario creer que tal fenómeno es evidencia de una vida anterior. Es altamente dudoso que los hipnotistas puedan sacar de la memoria de otros, recuerdos de vidas anteriores, pues ellos mismos admiten que sus pacientes son muy susceptibles a la sugestión en las sesiones de hipnotismo. Tampoco son confiables las revelaciones de los espíritus, que se comunican a través de los médiums, pues son demonios engañadores.

Los resultados en la India de la doctrina reencarnacionista señalan el mal de ésta. Millones de personas han sufrido hambre, humillación y discriminación, bajo un sistema social de castas, debido al hecho de que la idea de la reencarnación les obliga a quedarse en una casta particular, generación tras generación, sin posibilidad de escaparse. Hasta hoy, gente que cree esta doctrina, permite que sus hijos mueran de hambre mientras que las ratas y las vacas sagradas viven seguras. La pobreza, la miseria y el padecimiento de las masas de aquel país reflejan la falsedad de su religión.

En contraste a la promesa del karma, el futuro del creyente en Cristo no está condenado a una cadena interminable de nacimientos y muertes en un mundo material. La Biblia enseña claramente, que la vida de ultratumba está determinada por la relación que uno tenga con Dios, durante su única vida en la tierra. No se salva por su propio esfuerzo, sino por la redención provista por el Salvador. El destino final del cristiano no es ser absorbido en el éter cósmico, sino ser resucitado y vivir gozosa y eternamente en la presencia de Dios.

4. La Biblia es la única y completa revelación divina. Para saber la verdad referente a las cosas espirituales no es necesario recurrir a las enseñanzas confusas y, a menudo contradictorias, de astrólogos, espiritistas, gurús orientales o los viejos conceptos de escritos sagrados de los paganos. Las Escrituras judío-cristianas arrojan pura luz; las otras fuentes, densas tinieblas.

5. Los cristianos esperan ta segunda venida del Señor Jesucristo y no la Era de Acuario o el regreso del Maitreya. Esta Segunda Venida inaugurará la verdadera nueva era de justicia y paz universales. Así que el cristianismo rechaza la Nueva Era, porque ésta sostiene que Dios no es personal, sino una fuerza cósmica, deidifica al hombre, rebaja a Cristo, promueve el contacto con los demonios, relativiza la moralidad y reduce la religión al panteísmo y misticismo orientales.

Hoff, P. (1993). Otros evangelios. Miami, FL: Editorial Vida.

Hermanos, oramos para que ni un hermano sea engañado por estas doctrinas de muerte y siempre caminen en la verdad absoluta de Jesus el Cristo.

Avisos En El Camino

¡Cuidado con la infiltración! El movimiento de la Nueva Era consigue a muchos adeptos por sus metas socioeconómicas antes de revelar su base religiosa. Infiltra la sociedad, las escuelas e iglesias mediante la salud holística, el yoga, la meditación trascendental, cursos en el control de la mente, campañas por el desarme y organizaciones que luchan por proteger a los animales, limpiar el ambiente y fomentar la paz mundial. Después de unirse a tal grupo es más fácil aceptar sus enseñanzas.

¡Cuidado con el vocabulario! Los nuevaeristas usan ciertos términos bíblicos con otro sentido que en el cristianismo. Hablan del Cristo sin referirse a Jesús. Y usan el “nacer de nuevo” o el “renacimiento” en dos sentidos: la iluminación de la conciencia cuando uno se da cuenta de su propia divinidad (la autorrealización), y la reencarnación.

¡Cuidado con el control mental! Muchos acuden a los psicólogos o psiquiatras para la “sanidad de la mente”. Algunos emplean la hipnosis para hacer que el paciente recuerde problemas olvidados a los cuales atribuyen efectos negativos en su vida y salud. Esta regresión pretende ser hasta la infancia o hasta sucesos en una vida anterior. Algunos de estos “recuerdos” no tienen base en la verdad sino en sugerencias o preguntas del psiquiatra. Otros pueden ser revelaciones falsas por espíritus engañadores.

¡Cuidado con líderes autoritarios! Recuerde lo de Jim Jones.

¡Cuidado con la imitación! El hecho de que los miembros de algunas sectas hablen en lenguas desconocidas para ellos por un poder sobrenatural no garantiza la fuente de su inspiración ni la validez de su doctrina. Existe hoy como en el día de Pentecostés y en la Iglesia primitiva el hablar en otras lenguas por el poder del Espíritu Santo (Hechos 2:4–11; 10:44–48; 19:1–6). Satanás imita la obra de Dios para engañar a la gente, y la Biblia nos advierte: “No creáis a todo espíritu, sino probad los espíritus si son de Dios.” Nos indica cómo probarlos (1 Juan 4:1–3; 1 Corintios 14:29). El hecho de que exista una imitación no debe impedirnos el aceptar la realidad que Dios hace.

Las revelaciones pueden venir del Espíritu Santo, de los ángeles, de uno mismo, o de un espíritu engañador. Había “falsos profetas” en tiempos bíblicos y los hay en nuestra época. Hay que juzgar cualquier mensaje por la Biblia y rechazar todo lo que se opone a ella.

de Walker, L. J. (1994). ¿Cuál camino? (239–240). Miami, FL: Editorial Vida.

Dios los bendiga.


LA MEDITACION TRASCENDENTAL – ¿POR QUÉ LOS EVANGÉLICOS NO DEBEN PRACTICAR LA MT?

LA MEDITACION TRASCENDENTAL

Por: Pablo Hoff

1. Definición. Se presenta la meditación trascendental (MT) como una práctica natural de relajación, por dos períodos de veinte minutos cada día. La mente debe estar totalmente pasiva y vacía durante el proceso; no debe ejercer ningún esfuerzo conciente. Se repite una palabra conocida como una “mantra”, de tal manera que su rítmica repetición ayude al esfuerzo de la relajación.

Los promotores de la MT la presentan como una práctica “científica” basada sobre leyes biológicas y sicológicas. Dicen que es el camino para reducir el estrés, aumentar la creatividad de la persona y encontrar la paz interior; que la MT produce resultados casi milagrosos, en todas las áreas de la vida, ya sean físicas, sicológicas, sociales o espirituales.

En sus avisos comerciales, se prometen grandes cosas.

¿Le gustaría mejorar su salud, tener mejor imagen de sí mismo, ser más productivo, más inteligente y creativo, y todo esto sin verse afectado por presiones ni tensiones?

Según la teoría de su fundador, el gurú Maharishi Mahesh Yogi, la MT puede producir efectos trascendentales en todo el mundo. “Siguiendo las leyes del magnetismo mineral que hay en la tierra, ello sería suficiente para que cambiase la vibración del planeta y, por consiguiente, se eliminasen las discordias, las guerras y la violencia, para que todos gozásemos de una paz y una felicidad completas.”

Los seguidores de la MT afirman que es una actividad no religiosa y puede funcionar bien dentro de cualquier sistema, ya sea religioso o secular. Se han fundado más de 400 centros para la enseñanza de la “Ciencia de la Inteligencia Creadora”, en las ciudades más grandes del mundo. Para respaldar sus declaraciones, los promotores de la MT presentan los testimonios de políticos, educadores, deportistas, personajes célebres de teatro (incluso los Beatles y la conocida actriz Mia Farrow) y hasta líderes religiosos, católicos y protestantes. Por ejemplo, John Kaplan, profesor de Derecho de la Universidad de Stanford (en California) lo atestigua: “Yo la uso tal como usaría un producto de nuestra tecnología para combatir la tensión nerviosa. Es un tranquilizante no químico sin efectos colaterales desagradables.”

2. La historia de la MT. El fundador de la MT, el gurú Maharishi Mahesh Yogi (traducido “Gran sabio practicante del Yoga”), nació en la región norte de India en el año 1911. Estudió Física en la Universidad de Allahabad y obtuvo su licenciatura en 1942. Trabajó cinco años en una fábrica y a la vez practicaba yoga, según la enseñanza de los antiguos vedas, escritos sagrados del hinduísmo.

Despúes de la Segunda Guerra Mundial, Maharishi se retiró a meditar al pie del monte Himalaya. Allí estaba bajo la influencia del swami Jagadgurú Bahgwan Shankracharya, conocido como Gurú Dev (Maestro divino). Se consideraba que Gurú Dev era un avatar, o sea, una persona que manifiesta la verdad divina, un alma que ha pasado por el karma y queda como consejero espiritual de la humanidad. Al morir Gurú Dev, Maharishi se quedó dos años más en reclusión. Fue persuadido, sin embargo, a dictar una serie de conferencias en un templo hindú. De allí en adelante cumplió la comisión de Gurú Dev, divulgando las enseñanzas de éste. En 1958, fundó el Movimiento de Regeneración Espiritual.

Cuando Maharishi se dio cuenta de que no era sino uno de tantos swamis en India, emigró al occidente, diciendo: “Las ideas nuevas tienen una mayor aceptación en los países desarrollados tecnológicamente.” Puesto que las ideas de la religión de la India no eran muy aceptables a los norteamericanos, presentó su movimiento como algo científico y no religioso. Estableció dos organizaciones: Sociedad Internacional Estudiantil para la Meditación (1965) y Fundación Norteamericana del Movimiento de Regeneración Espiritual.

Maharishi ha tenido gran éxito en popularizar su movimiento. Walter Martin observó en 1980 que más de un millón de personas en los Estados Unidos han estudiado la técnica de la meditación, se la enseña en más de noventa países y hay cerca de cuatrocientos ochenta centros de Plan Mundial de MT en los Estados Unidos y Canadá. Ha sido una materia muy popular en las universidades de estos países.

3. La verdadera naturaleza de la MT. ¿Realmente carece de base religiosa esta práctica? La respuesta es “no”; es religiosa por naturaleza. Es una técnica de meditación hindú que procura unir al que medita con Brahma, el dios creador de los hindúes. Da a la persona la oportunidad de “sumergirse” dentro del gran océano de la “Inteligencia Creativa”.

Aunque los instructores de la MT dicen que los mantras (frases en sánscrito que repiten los practicantes de la MT) son inofensivos y tienen el propósito de producir vibración síquica que afecta positivamente funciones físicas y mentales, en realidad tienen relación con las deidades hindúes. Maharishi explica:

Hagamos algo aquí, según los ritos védicos en particular, recitando específicamente para producir un efecto en algún otro mundo, para llamar la atención de los seres más elevados o dioses que viven allá.

La ceremonia de iniciación también es de naturaleza religiosa.

Consiste en una tradicional puja hindú o adoración ritual. En la ceremonia, los principiantes de la MT traen una ofrenda de seis flores (símbolo del alma soñadora), tres frutas frescas y un pañuelo blanco (símbolo de la pureza del alma en el nacimiento). Su instructor coloca estas cosas sobre un altar ante un retrato del Gurú Dev. Acompañado por luz de candelabros e incienso, el instructor entona un cántico sagrado en sánscrito, a una larga línea de maestros hindúes fallecidos … La atención está principalmente sobre el Gurú Dev … La presencia de su retrato sugiere la idea de un ídolo, el cual realmente se venera.

¿POR QUÉ LOS EVANGÉLICOS NO DEBEN PRACTICAR LA MT?

Algunos cristianos consideran que los métodos de la MT no son dañinos sino constituyen un renacimiento de prácticas quietistas, que han aparecido periódicamente a través de la historia del cristianismo. No se dan cuenta de la utilidad limitada y los peligros de ella.

1. La MT es una forma de idolatría, pues la persona que la practica emplea mantras que invocan a los dioses orientales. El primer mandamiento dice: “No tendrás dioses ajenos delante de mí.”

2. La técnica de vaciar la mente y entrar en un estado de pasividad mental es muy peligrosa. Puede abrir la puerta a actividades demoníacas en la vida de un individuo. Los demonios estaban mezclados en la adoración de ídolos en los tiempos bíblicos (Dt. 32:17; 1 Co. 10:19–20). Además, lo que comienza con un aparente inocuo período de relajamiento, puede terminar con la aceptación inconsciente del concepto panteísta de la MT.

3. La MT puede llegar a ser un sustituto de una experiencia verdaderacon Dios. La salvación espiritual es más que alcanzar la paz interior transitoria. Maharishi ve al hombre, no como un pecador impotente para salvarse a sí mismo, sino como un ser capaz de experimentar su propia divinidad. No se habla del pecado ni del arrepentimiento, ni de un esfuerzo para cambiarse. Uno llega a convertirse en su propio salvador, simplemente a través de la práctica de la MT.

Pero no podemos solucionar nuestro problema principal, el pecado, pasando por alto la existencia de éste. Vallés Casamayor razona:

Y hasta que el hombre no elimine el pecado de su vida yendo a Jesucristo, que es el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo (Jn. 1:29), lo demás, todos los cursos de meditación trascendental y las zarandajas yoguísticas que ofrecen las sectas orientales u orientali-zadas, sólo sirven para apartar al hombre más y más de Dios, y de la gracia y del perdón que Él quiere ofrecer a la raza calda.

4. La MT ofrece soluciones fáciles y rápidas para la ansiedad, las presiones y las tensiones, sin llegar a las raíces. Es racional que el primer paso debe ser identificar y luego solucionar los problemas que producen el estrés. También pasa por alto a la fe en Dios, como el medio de quitar la preocupación y las tensiones. “Tú guardarás en completa paz a aquel cuyo pensamiento en ti persevera; porque en ti ha confiado” (Is. 26:3; véase Fil. 4:6–9).

5. Por regla general, la MT es una solución de poca duración. Además, la investigación de la MT, hecha por científicos, ha demostrado que la técnica no ofrece beneficios físicos que no pueden ser alcanzados, de igual manera, con el simple acto de descansar. Al seguir el plan original de Dios para la revitalización del hombre—el de descansar un día por semana—el cristiano no tendrá necesidad de la técnica de la meditación trascendental.

6. Los afirmaciones de Maharishi de que no hay conflicto entre la MT y cualquier religión, son basadas sobre la teología hindú, la cual tiene una cantidad infinita de dioses, tanto buenos como malos. El aceptar uno más, para ellos no significa problema.

El gran apologista contemporáneo, C.S. Lewis, previó que las ideas religiosas importadas del oriente representarían un desafío al cristianismo histórico. Notó que en el conflicto final entre religiones, hinduismo y cristianismo ofrecerían las únicas opciones viables, porque el hinduísmo absorbe todos los sistemas religiosos, y el cristianismo excluye todos los otros, sosteniendo la supremacía de las pretensiones de Cristo

Hoff, P. (1993). Otros evangelios. Miami, FL: Editorial Vida.

Así que hermanos no se dejen engañar Cristo es la solución….

Isaías 26.3–4 (RVR60) 3 Tú guardarás en completa paz a aquel cuyo pensamiento en ti persevera; porque en ti ha confiado. 4 Confiad en Jehová perpetuamente, porque en Jehová el Señor está la fortaleza de los siglos.

 


La Importancia del nombre Según los Pentecostales unicitarios

La Importancia del nombre Según los Pentecostales unicitarios

por Carlos Leandro Ramírez

Porque es tan importante el nombre, dentro de la teología de los pentecostales unicitarios? Parece algo que no deba preocupar a los hermanos cristianos cierto? Igual son cristianos, creen en Cristo como señor y salvador, aborrecen el pecado, etc., etc.

Parece sólo una diferencia sutil dentro de su teología. Pero si vemos mas profundamente que implica todo esto, nos daremos cuenta del peligro que hay en esta “simple” diferencia denominacional.

Antes que todo, repasemos un poco de historia. Los pentecostales unicitarios salieron de las asambleas de Dios En Abril de 1913. Un predicador pentecostal tuvo una “revelación” en la que supuestamente se le dijo que no usara la formula de bautismo trinitaria dada en Mateo 28:19. En vez de ello se debía bautizar en el nombre de Jesús solamente. A modo de justificar su revelación, al poco tiempo, llegaron a la conclusión de que Jesús era el Padre, el Hijo, y el Espíritu Santo.

Para poder justificar esto, que El Padre, el Hijo, y el Espíritu Santo no son tres personas (ya que en el texto griego están los pronombres personales) si no títulos de una sola persona divina (Dios, el Jesús de la doctrina de la unicidad) torcieron la interpretación de la palabra que aparece en tan famoso versículo: “nombre”, que en griego es onoma (ὄνομα, G3686, Diccionario del Nuevo Testamento W. E. Vine), que tiene varios significados en general, pero para la cuestión en discusión aquí tomaremos dos. Representa un título (poder o autoridad) o se refiere a identificación (apodo). Tomaremos estas dos posiciones de dicho diccionario:

– “se utiliza: (1) en general del nombre con el que se nombra a una persona o cosa (p.ej., Mc 3.16, 17: «puso por sobrenombre», lit. «añadió el nombre»; 14.32, lit.: «cuyo nombre es Getsemaní»); traducido en ocasiones como «llamado» (p.ej., Luc_1:5 «llamado Zacarías», lit. «de nombre»); en el mismo v.: «se llamaba Elisabet», lit. «el nombre de ella», sobrentendiéndose elípticamente «era»; Hch_8:9 «llamado Simón»; 10.1: «llamado Cornelio», lit. «por nombre Cornelio». El nombre se da en lugar de la realidad en Apoc_3:1:

– En Fil_2:9, el nombre representa «el título y la dignidad» del Señor, como en Efe_1:21 y Heb_1:4; (II) de todo lo que un nombre implica, de autoridad, carácter, rango, majestad, poder, excelencia, etc., de todo lo que el nombre cubre;…”

Como pudimos ver, un “Nombre” literalmente se refiere a un apodo o identificación de un individuo; o se refiere en sentido figurado a una autoridad, poder o rango a la que se sujeta una acción. Estos pastores unicitarios cometen un error de conocimiento histórico ignorando que en los tiempos de Cristo, incluso mucho siglos después de esto, la expresión “en nombre de” o “por el nombre de” significaba con la “autoridad de”, “con el poder de”. Cosa que es muy diferente a decir: “se llamará”, “le pondrás por nombre”, “llamado por nombre” que se refiere sólo a la identificación de una persona o individuo.

Como por ejemplo cuando un conquistador descubría nuevas tierras, decía: “…en nombre de la reina Panchita de…, yo reclamo estas tierras…” o “en nombre de Cesar, se decreta…” Los pentecostales no estudian la Biblia teniendo en cuenta el conocimiento histórico ni gramatical, pero a lo contrario toman las palabras como les conviene para armar su doctrina.

Lo voy a aclarar de otra manera más fácil. Tenemos por ejemplo la palabra “pata”, tenemos para este ejercicio dos significados: (1) la hembra del pato, o sea un ave; (2) la parte de un mueble. El contexto nos dice cual de los dos significados aplica. Si yo le digo a alguien: “mira, coge la pata que está floja y ajústala con el martillo grande que está allá” la persona que me escuche no va a entender que yo le estoy pidiendo que vaya al patio y haga una salvajada con un animalito inocente, el que lo entienda así es porque tiene otros motivos fuera del sentido común. Entendieron la idea?

De igual manera como vimos la palabra onoma tiene dos significados y este lo da el contexto.

Volviendo al versículo Mateo 28:19 “Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo;”

Podemos ver que hay un onoma (nombre), los pentecostales unicitarios en su doctrina dan a entender que este “nombre” se refiere a un apodo, una palabra que identifica a una sola persona a la cual le pertenecen los “tres títulos”: Padre, Hijo y Espíritu Santo. Dentro de su doctrina ese nombre (apodo, identificación) es Jesús. Por lo tanto para ellos no son tres personas que comparten una misma autoridad, si no una persona con tres nombres o títulos diferentes.

El error aquí consiste que, cuando se refiere a un onoma de identificación, en la Biblia siempre va acompañado de una preposición (obviamente) ser (eimi) y cuando se asigna a una persona va con el verbo kaleo que es llamar (que lindo es el griego, gracias Señor!) En nuestras Biblias está traducido y “llamarás (kaleo) su nombre (onoma) Jesús” (Lucas 1:31). Nunca vamos a encontrar la expresión “y lo nombrarás” (en la Biblia).  Por lo tanto en este pasaje la palabra onoma no puede referirse a identificación, porque no se encuentra acompañada de los verbos en mención. Derribando así el argumento de que es “un nombre (apodo) al que le pertenecen tres títulos”.

Concluimos así que onoma en Mateo 28:19 se refiere a una autoridad porque implica acciones: “ir, bautizar, y hacer discípulos a (en) todas las naciones, bautizándolos… 20. enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado…” en versículo veinte implica un rango (“os he mandado”) las acciones que pide Jesús que hagan.

En este versículo Cristo identifica un onoma (autoridad, poder, rango) que le pertenece al (del, persona) Padre, al (del, persona) hijo y al (del, persona) Espíritu Santo.

“Pero acabas de decir que Jesús es el que manda esas acciones”, (Mat. 28:20) podría decir cualquier oponente. Sí, pero recuerden que Jesús mismo dijo que la autoridad que es del Padre, la tiene el hijo también (Juan 5:19-29); el Espíritu Santo conoce y toma todo lo del Hijo (Juan 16:14,15) siendo que sólo él (el hijo) conoce su nombre (Apocalipsis 19:12), y el mismo Espíritu toma cosas que sólo el Padre conoce de si mismo (1 Corintios 2:10). Entonces Jesús puede tomar ese onoma para sí mismo aunque le pertenezca a los tres. Porque en él habita toda le plenitud de la deidad (Colosenses 2:9).

Podemos ver, si somos sinceros con nosotros mismos como este versículo encierra textualmente (cosa que alegan otras doctrinas, no existe en la Biblia) que una autoridad (del Dios único) le pertenece a tres personas. O sea en Dios (uno) ese título único, hay tres personas. Pero Jesús (el Hijo de Dios) tiene completa (mateo 28:20) esa autoridad sin estar independiente de los otros dos, porque nada puede hacer por sí mismo, aunque el puede hacer todo lo que hace Dios (el Padre) (Juan 5:19).

Ya que les mostré la verdad encerrada en Mateo 28:19 y el error que cometen los unicitarios, puedo ver que estos teólogos, por mas estudio que tengan siempre estarán caminando en el error, he podido ver que mas que estudiar las escrituras para buscar la verdad, buscan mas bien en su doctrina para estudiar la Biblia y se los voy a mostrar mas adelante.

Vamos a ver como los unicitarios interpretan la palabra onoma en los textos bíblicos para que su doctrina encaje y no se contradiga, pero a la luz del conocimiento gramatical, histórico y de lógica se contradice. La Biblia fue escrita por hombres inspirados por el espíritu Santo (2 Pedro 1:21), estos hombres “hablaron” dice la escritura y por lo tanto cuando usted habla con alguien (nosotros, los humanos) se tiene en cuenta los conocimientos mencionados arriba, para que el mensaje llegue al receptor, porque a los unicitarios cuando se les descubre sus errores y no tienen como argumentarlos, les gusta salir con frases como: “que es que la sabiduría de Dios es mayor que la de los hombres”, “que es una revelación que usted no ha recibido y por eso no puede entenderla”, “usted que ha estudiado mucho, viene con filosofías y huecas sutilezas”(citando colosenses 2:8), en serio con esas expresiones me han salido. Repito: “no es lo que la Biblia diga para formar la doctrina, si no lo que diga la doctrina para formar la Biblia” ese parece ser el lema de los “teólogos” unicitarios.
Romanos 10:17 dice: “…la fe es por el oír, y el oír, por la palabra de Dios”. La palabra de Dios fue escrita en griego Koiné (hablando del N.T.), así que siendo Dios justo, hay que entenderla utilizando esa gramática griega, fue escrito en el siglo I de nuestra era, así que hay que mirar la historia y sociedad de dicha era, cuyo modos y costumbres eran diferentes a los nuestros y escrita en una cultura Judía por un lado y gentil o pagana por el otro, por lo tanto hay que estudiar que pensaban o creían los judíos y paganos en ese entonces.

Vamos a mi teólogo “favorito” David K. Bernard y su libro La unicidad de Dios. él no va en su libro a estudiar la Biblia para buscar la verdad, va a la Biblia para buscar su doctrina, entonces por mas que se le muestre a él y a otros, no puede, porque no puede existir jamás, la mas remota posibilidad que la Biblia enseñe la trinidad, la Biblia para ellos tiene que enseñar la unicidad.

Les voy a dar un aperitivo: en su libro ellos niegan que el Hijo sea Dios, o que haya Dios el Hijo, para ellos el hijo es sólo un papel de Dios y en otros aspectos el hijo, se refiere a la parte humana o humanidad, la carne en que se manifestó Dios, que es creada y antes no estuvo en la eternidad. Si esta fuera una enseñanza Bíblica entonces no debería haber un solo texto que enseñara que el hijo (esta carne, esta humanidad de Jesús, según ellos) tuviera el título o rango de Dios, no debería haber ningún versículo que enseñara eso, si fuera así como dicen los unicitarios, pero sucede que sí. Veamos, en su libro Bernard dice sobre Hebreos 1:8 lo siguiente:

“Mas del Hijo dice: Tu trono, oh Dios, por el siglo del siglo. . . te ungió Dios, el Dios tuyo, Con óleo de alegría más que a tus compañeros.” La primera porción de este pasaje claramente se refiere a la deidad en el Hijo, mientras que la segunda porción se refiere a la humanidad del Hijo. El escritor de Hebreos está citando un pasaje profético en el Salmo 45:6-7. Esta no es una conversación en la Deidad sino una declaración profética inspirada por Dios y anticipando la encarnación futura de Dios en carne. Dios estaba hablando proféticamente a través del salmista para describirse a Sí mismo en un papel futuro.” [1]

¿Les gusta “mi aperitivo”? Increíble, un solo versículo de la Biblia está revelando la distinción de dos personas con el título de Dios, Dios (el Padre) tiene a otra persona como su hijo y sin embargo a esta persona que no es él mismo, la llama Dios. No sé donde habrá estudiado Bernard gramática o español (ingles, o griego realmente) pero cualquier persona con estudio, sentido común y conocimiento de lógica y gramática va a ver aquí dos personas con el título Dios: (1) hablando el Padre (versículo 5), mas del (2)  hijo dice: Tu trono oh Dios (lo llama Dios), cetro de equidad es el cetro de tu reino (son dos personas diferentes, habla de tu reino). Bernard dice que no es una conversación si no una declaración profética y que no es una conversación, será cierto? Entonces es una lástima que Bernard no estuviera al lado de los fariseos (seguro, se hubieran entendido muy bien) cuando Jesús preguntó de quien era hijo el Cristo? (Mateo 22:42-46), ante la respuesta de ellos: hijo de David, Jesús les alegó que entonces como David en el Espíritu le llama (tiempo presente) señor? Habiendo aparte de este (en ese mismo tiempo presente de David, pasado de ellos, pues citaba las escrituras) otro señor? Jesús pregunta a través de su palabra: Pues si David le llama Señor, ¿cómo es su hijo?. La Biblia dice que nadie le podía responder palabra. David K. Bernard si hubiera estado allí, habría respondido: “maestro, es que esa era una declaración profética inspirada por Dios y anticipando la manifestación futura de Dios en carne”, aprendan fariseos.

Ven la gramática es tan clara, los fariseos no pudieron encontrar salida a este callejón gramatical para su doctrina. Para Bernard sin embargo esto no cabe, su revelación divina es tan evidente que “el espíritu santo” que lo inspira a escribir su libro y formar su doctrina, viola toda norma gramatical, ¿vaya, que dios de orden será este?, el bíblico no lo creo.

Bernard cree que porque sea profecía, o quiere enseñar mas bien, que el hecho que sea profecía no significa que no haya ocurrido la conversación. Ejemplo, el hecho que Abraham haya recibido una promesa de Dios hacia el futuro, no implica que ellos no hayan tenido realmente una conversación. Cristo dijo que David tenía un señor que a otro (su ungido) lo llamaba señor, no eran “señores”, ambos (el uno le dice al otro) eran “señor”. Parecido a la trinidad no? La trinidad no enseña que El Padre y el Hijo son Dioses como tienen que “dibujarlo” los antitrinitarios, para atacar la doctrina más fácil. La trinidad enseña que El Padre y el Hijo son Dios, aunque el uno se distinga del otro, igual que David tenía dos que son “señor”, no “señores” (Salmo 110:1), si David hubiera querido decir que tiene varios señores hubiera escrito: “dijo uno de los señores dijo al que es mi señor”, “dijo uno de mis señores a mi otro señor” o “dijo un señor al señor”. David entendía que hay distinción de identidades dentro del Señor, como también lo judíos entendían que había distinción de personas en Jehová y en Dios, lo voy a demostrar después.

Volviendo al inicio de este artículo (o ensayo?), donde resaltaba la importancia del “nombre” para los pentecostales unicitarios, es importante ver la deshonestidad intelectual de estos “maestros” que acomodan las reglas gramaticales, el conocimiento histórico y el sentido común para sus enseñanzas, porque en este proceso entremezclan de manera arbitraria el “nombre” (apodo) con “nombre” (autoridad) para identificar a Jesús y sólo a Jesús (de allí el apodo “solo Jesús”) con la Deidad bíblica, El Padre y el Espíritu Santo desaparecen como entes conscientes y distintos (no separados ni diferentes) a Jesús (que la Biblia identifica como el hijo de Dios y por lo tanto Dios mismo) para ser simplemente según bernard: “pero enfatizan o iluminan diversos aspectos, papeles, o funciones que El posee” [2], siendo el que sale mas perjudicado de todo esto el Hijo de Dios, mediante el cual, bíblicamente tenemos la vida eterna, ya que deja de ser Dios (el único que puede perdonarnos y salvarnos) para ser sólo un abrigo o saco de carne [3], la sombra en la arena (la humanidad) proyectada por Dios, para que haya contacto entre Dios y los hombres ya que Dios es espíritu y es santo y por lo tanto no puede haber contacto entre él y nosotros, el hijo es la proyección de su imagen divina o manifestación para que podamos saber su voluntad, según su teología (esto parece como Satanás queriendo robarnos la vida eterna no?).

El hijo tiene la misma gloria que el Padre, la misma honra, y recibe la misma adoración que el Padre según muestra la Biblia. Un pedazo o abrigo de carne no puede tener el mismo honor que Dios eterno, todopoderoso. Eso es si se mira bien, es una blasfemia. Una cosa creada (en su teología, el hijo es creado, tiene un principio) no puede ser honrado como el Padre.

Jesús como si estuviera mostrando que iba a existir en el futuro esta disputa entre trinitarios y unicitarios aclaró, no hablando de Jesús ni de Cristo siquiera para descartar de una el argumento de las dos naturales de Jesús (como la ven los unicitarios), si no del Padre y del hijo, dice: “para que todos honren al Hijo como honran al Padre. El que no honra al Hijo, no honra al Padre que le envió” (Juan 5:23). Jesús habla del hijo como anticipando el argumento de los unicitarios que Jesús es el Padre en su parte divina y es el hijo en su parte humana. Gloria a Dios cada día estoy mas convencido de que el espíritu santo inspiró a la escritura de la Biblia, incluido aquí a Cristo. Jesús ni siquiera dijo: “para que todos adoren” o “para que todos glorifiquen” si no “para que todos honren”.

Cual es la diferencia entre estas tres expresiones? Fácil, si Cristo hubiera dicho: “para que todos adoren” los unicitarios, los testigos de Jehová y los unitarios, hubieran dicho claro: “porque el hijo es la imagen o la representación de Dios Padre aquí entre los hombres, aquí en la tierra, por eso se adora al hijo como se adora al padre (de hecho los pentecostales unicitarios lo hacen, adoran al hijo como al Padre, porque el hijo es otro papel de Jesús el Padre, también otro papel); la expresión “para que todos glorifiquen” también tendría la misma explicación en su doctrina. Pero la expresión “para que todos honren” tiene un significado mortal para las doctrinas antitrinitarias porque la palabra “honrar” en griego τιμάω timáo (G5091), la concordancia exhaustiva james strong la define como: fijar a valoración sobre; por impl. reverenciar:—honrar, atención. Cristo esta diciendo que al Hijo se le da el mismo valor, reverencia o trato que al Padre. Por lo tanto si alguien me dice que Dios Padre es El alfa y la omega, es todopoderoso, es el señor; pero me afirma algo diferente acerca del hijo, no está, repito, NO ESTÁ HONRANDO AL HIJO COMO SE HONRA AL PADRE.

Es un mandanto de Jesucristo, el hijo tiene todos los atributos de Dios Padre, por eso la confusión que tienen los pentecostales unicitarios cuando identifican a Jesús (que es el hijo) con el Padre a través de los atributos y por eso los Testigos de Jehová tienen que modificar los textos de la escritura que identifican al hijo de Dios con los mismos atributos de Dios Padre, pero Cristo da esta revelación acerca del hijo y los fariseos por su silencio parece que le otorgan la razón, porque cada que ellos consideraban alguna blasfemia sobre las enseñanzas de Jesús, trataban de apedrearlo sabiendo ellos que el Cristo, el ungido, el hijo de Dios es igual a Dios. Cuando Jesús identificó a Jehová como su Padre, se identificaba como el hijo, se hacía igual a Dios (Juan 5:18), porque para los judíos el hijo es igual a Dios. Como les dije los judíos si tenían una concepción de pluralidad de personas divinas co-iguales en su doctrina y se los voy a mostrar mas adelante.

Cada vez que les muestro esto a los pentecostales unicitarios y a los testigos de Jehová se quedan sin argumentos porque la gramática es clara, así que ya no tienen excusa, porque esta palabra nos juzgará a todos en el día del juicio. Suena como si yo estuviera condenando a todo el que no piense como yo, pero creo que mi deber como hijo de Dios es dar testimonio sobre la verdad, que es cristo y este como dice en la escritura (Juan 7:38, Romanos 10:17), sólo eso. Ya lo demás queda entre ellos y Dios, y creo que sus juicios son justos (Romanos 2:5), así que ya no tienen excusa.

Discúlpenme por favor, esto es emocionante para mí, a medida que estudio las escrituras; si soy redundante o no tengo los conocimientos de homilética que les agradaría a ustedes. Pero soy tan sólo un bachiller colombiano sin mas estudios que el deleite que da la palabra de Dios a través de mi Reina –Valera 1960 y unos cuantos diccionarios de griego del nuevo testamento (el vine y el James strong). Pero volviendo al tema de los pentecostales unicitarios y su “fanatismo” acerca del “nombre” no es más que una elaborada estratagema donde se enredan un poco de versículos para confundir el nombre del hijo de Dios (autoridad Divina como vimos) sólo como otro “nombre” (apodo, como vimos) del dios unicitario. En el fondo todo esto le quita la autoridad a Jesús (el hijo) para perdonar pecados.

Esto es lo peligroso de esta doctrina, a Jesús se le descalifica como el hijo enviado desde el cielo desde la eternidad gloriosa, de la manera más sutil, dándole un puesto mayor: El padre. Cualquiera no va a ver la degradación de Cristo aquí, ve una exaltación sublime, pero en la realidad el hijo, que es cristo realmente según las escrituras y así debe ser(Juan 7:38), pierde su gloria y su autoridad para perdonar pecados, porque viene a ser sólo un instrumento de comunicación del que puede perdonar pecados (Jesús el Padre, según ellos). También se desconoce la victoria de cristo porque de esta forma él no venció, no se humilló, simplemente se puso un… – no sé si habrán visto la película “los sustitutos” (the surrogates, en ingles) con Bruce Willis, donde las personas prácticamente no hacían nada, lo hacían sus robots, maniquíes que utilizaban para manifestarse en público y por lo tanto la persona no se llevaba el merito de vivir la vida, hacer las cosas y obtener la victoria en sus dificultades, todo era fácil. – robot exoesquelético de carne, que fue la que “llevó del bulto” (sufrió) como decimos los colombianos y el espíritu fresco y relajado sin ningún esfuerzo pues el que murió fue el hijo, que al fin y al cabo no es divino si no un pedazo de carne humana, según esta teología. Por lo tanto Dios no se humilló, no pagó, no participó de la lucha, estuvo como cuando usted está en una sala relajado participando en una cruenta guerra a través de un videojuego,  llevando el control de la consola.

Al quitársele el nombre (la autoridad) al hijo, se cumple la predicción que hace Juan en su segunda espítola (1 Juan  2:23): “Todo aquel que niega al Hijo, tampoco tiene al Padre. El que confiesa al Hijo, tiene también al Padre”. En griego la Palabra que aparece aquí: negar es ρνέομαι arnéomai (G720, Strong) i.e. desconocer, rechazar, abnegado: —negar, rechazar, rehusar, renunciar. Ven? desconocer, o rechazar al hijo refiriéndose a su autoridad, la Biblia dice que hay que reconocer a Jesús (el hijo de Dios) como el señor (Romanos 10:9), siendo en este texto identificado como el hijo, porque dice que Dios lo levantó de los muertos, como si Pablo dijera: para que no tuerzan la escritura, habló de Jesús pero identificado como el hijo porque escribo que Dios lo levantó de entre los muertos y la Biblia dice que el que murió fue el hijo, identificándolo también como el cristo (Romanos 5:8-10).

Jesús elimina la posibilidad que la Biblia hable de la muerte del hijo refiriéndose solo a la humanidad de Jesús, porque el mismo cristo dice que el padre lo dejó sólo en el momento de su muerte (Mateo 27:46; Marcos 15:34) y que aún tenía espíritu, porque como podría entonces encomendarle al Padre que ya lo había abandonado su espíritu? (lucas 23:46), sin contar que el cuerpo sin espíritu está muerto (santiago 2:26). Por ende cuando Jesús hablaba, estaba vivo y tenía espíritu, que no era el Padre (ya lo había abandonado). Discúlpenme que les explique de una forma que pareciera solo faltara la plastilina pero con estás doctrinas de engaño y juego de palabras toca así.

Para ahondar en el tema, Bernard dice: debemos pensar en la humanidad y en la deidad de Jesucristo. Hay una verdadera dualidad, pero es una distinción entre el Espíritu y la carne, y no una distinción de personas de Dios. [3]. Como dije antes, para bernard, el hijo es la naturaleza carnal de Jesús y el Padre es la naturaleza espiritual Divina de Jesús. Pero él siempre resalta que a pesar de las conversaciones no tiene dos personalidades, porque eso sería llevar su argumento a un paralelo parecido al de la trinidad: Un Dios tres personalidades, admitiendo que es posible lo que propone la trinidad.

Es deshonesto lo que hace en no querer admitir que está afirmando un Jesús, dos personas: El padre (el espíritu de Jesús, según su doctrina) envía al hijo (la carne, de Jesús), le habla, lo ama, lo glorifica, lo abandona, tiene complacencia de él, le da, etc. O sea actividades que ocurren entre dos personas, pero él se hace el loco para explicar este puntico con la siguiente expresión: “Recuerde que Jesús tiene una naturaleza dual como ningún otro ha tenido” [3]. Porque? Porque él lo dice?, entonces Bernard me tiene que explicar lo que escribe Pablo: “acerca de su Hijo, nuestro Señor Jesucristo, que era del linaje de David según la carne, que fue declarado Hijo de Dios con poder, según el Espíritu de santidad, por la resurrección de entre los muertos,” (Romanos 1:3,4) No entiendo, si según los miembros de la Iglesia Pentecostal Unida de Colombia, el verdadero Cristianismo era el de los apóstoles, “el Cristianismo del nombre”, el de la unicidad de Dios, y todos los demás cristianos que son trinitarios son herejes y esa doctrina “pagana” fue introducida siglos después, como afirman algunos de ellos, entonces Pablo porque no escribió: “acerca, nuestro Señor Jesucristo, que era del linaje de David, Hijo (o humano) según la carne, que fue declarado Dios Padre con poder, divino según el Espíritu de santidad,”.

No sé, dudo que Pablo fuera unicitario realmente, Pablo dice que Jesús tenía una naturaleza humana (carne) por lo cual era hijo de David, y que tenía una naturaleza espiritual de santidad (sin pecado, no se debe confundir con el Espíritu Santo, si hubiera querido identificar a este, lo hubiera dicho textualmente) que fue declarado Hijo de Dios con Poder y que ambas naturalezas experimentaron la muerte (que no es más que la separación del espíritu con el cuerpo, así que adiós con la idea que en la cruz no murió Dios, porque muerte no es sinónimo de inexistencia) ya que hubo resurrección de ambas naturalezas (v. 4). Pablo explica la naturaleza dual de cristo tal cual como lo hace Bernard, pero con una diferencia descomunal a la de que expone este último: ambas eran hijo, una de David y la otra de Dios.

Serio problema para Bernard y su libro, no? La verdad es que como en un efecto dominó, yo veo que un error que engendra otro error. Y si yo quisiera estudiar los errores garrafales que comete Bernard, tendría que escribir un libro cuatro veces mayor que el suyo (la unicidad de Dios), pero como en un efecto dominó sólo hay que quitar algunas fichas para detener el proceso. Por eso me enfoco acá por ahora, en la cuestión del Hijo de Dios según Bernard. Hemos visto los errores que tiene con respecto al hijo, y si una persona es sincera buscando la verdad, verá que Bernard se contradice, pero si quiere seguir viendo sólo lo que dice su doctrina, hágale! Dios le dio libre albedrío.

Para finalizar vamos a una parte del libro la unicidad de Dios que me llama mucho la atención es en capítulo cinco donde se refiere al Hijo de Dios, Bernard dice: “Jesús es la versión griega de la palabra hebrea Josué, que significa Jehová- Salvador o Jehová es Salvación. Es el nombre que Dios eligió para Su Hijo—el nombre mediante el cual Dios se ha dado a conocer a Sí mismo en el Nuevo Testamento. Es un nombre que el Hijo recibió por herencia (Hebreos 1:4)” [4].

Bernard está en lo correcto al decir que es el nombre que eligió para su hijo pero se equivoca al decir que ese nombre lo recibió por herencia. Otra vez como ya enseñé antes, confunde el “nombre” (apodo) Jesús (una identidad) a la que se le tenía que sumar “el galileo”, “nazareo”, “el Nazareno” para identificarlo mejor entre los judíos porque era un nombre (apodo) común en la época y que recibió cuando nació (Lucas 1:31; Mateo 1:21); con el “nombre” (autoridad) que recibió cuando  hizo la purificación de nuestros pecados por medio de sí mismo (hebreos 1:3), siendo que se humillo haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz, Por lo cual Dios también le exaltó hasta lo sumo, y le dio un nombre que es sobre todo nombre (Filipenses 2:8-9).

Ven? Bernard es un astuto maestro del engaño, que tiene a sus lectores enredados y adoctrinados a lo largo y ancho de su libro, con la cortina de que Jesús es un nombre literal (y lo es) que encierra toda la autoridad (nombre en sentido figurado) de la deidad en Mateo 28:19 de los tres títulos (según ellos) Padre, Hijo y Espíritu Santo. TANTA VERBORREA ACERCA DEL “NOMBRE” QUE LOS UNICITARIOS USAN, NO ES MÁS QUE UN LAVADO CEREBRAL EN ESTA DOCTRINA PARA PODER TORCER ESTE TEXTO Y QUE EL CRISTIANO PENTECOSTAL UNICITARIO SE TRAGUE ENTERO EL ENGAÑO. Por esta razón en los tratados que reparten aclaran que el versículo dice: “nombre” y no “nombres” basándose en este estratagema del error. Claro! Tristemente la mayoría de los cristianos no están preparados para discernir los significados de la palabra nombre, por eso son fácilmente convencidos y descarriados a esa doctrina, y una vez están allá, allá sí los adoctrinan y preparan mas que un yogurt, que lío para volverlos a rescatar.

Volviendo al libro: “Cristo es el equivalente griego de la palabra hebrea Mesías; ambas palabras significan “el ungido.” Hablando estrictamente, Cristo es un título y no un nombre. Sin embargo, en las epístolas y en el uso ordinario hoy en día, Cristo se usa frecuentemente simplemente como otro nombre para Jesús, ya que Jesús es el Cristo” [5].

Veamos, todo esto suena tan normal, sin ningún peligro, sin ninguna treta para el lector, pero eso es lo primordial del engaño, que el oponente (aquí es un argumento en contra de la trinidad, mas adelante voy a mostrar por que), no se dé cuenta del ataque doctrinal aquí. Recuerde esto: si está en el libro esta explicación, es porque es importante para defender la doctrina (de la unicidad), si defiende la doctrina ataca la contraria, o sea a la trinidad.

Pero si uno está preparado y tiene sabiduría (la cual da Dios) verá el engaño aquí y se los voy a enseñar: El dice “sin embargo”, porque el texto que sigue va a contradecir lo que había dicho primeramente en el mismo: “En muchos casos, Jesús y Cristo son simplemente dos nombres usados intercambiablemente para referir a la misma persona, sin intencionarse ninguna distinción en el significado” [5]. Ahora nuestro “maestro” dice: “sin intencionarse ninguna distinción en el significado” admitiendo que a pesar que dijo a lo largo y ancho de su libro que Jesús es un nombre escogido por Dios para su manifestación carnal (su hijo) puede ser intercambiable entre el otro nombre de Jesús que es Cristo a pesar (lo admite cuando dice “sin embargo”) de que aclaró,  que Cristo no es un nombre si no un título. Ve como cambia los conceptos a medida que tiene que conducir su doctrina a través de la Biblia? Primero Cristo (ungido) no era un nombre, era un título (rango, posición) después es (como le conviene) un nombre que se puede intercambiar con el de Jesús (otro nombre intercambiable).

Porque se confunde Bernard así, o porque hace esos cambios en su teología y se complica de manera innecesaria? Les voy a explicar porque: un título, en este caso “el ungido” el significado de la palabra Cristo, representaba al que Dios iba a coronar como rey del eterno reinado de Dios. Dios siempre ungía a los que reinaban sobre su pueblo, por lo tanto revela una posición y una relación (interpersonal) y al principio Bernard admite esto al decir que no es un nombre si no un título, porque entonces sería un desconocimiento histórico y doctrinal imperdonable. Pero cuando este título se tiene que aplicar a Jesús, ya no es una título (una posición con respecto a otra persona) para Bernard, porque estaría admitiendo una relación interpersonal dentro de la deidad; si no que es un nombre (sólo un apodo, no implica posición con respecto a otra persona y si lo es, es simbólica) porque esto sería un estacazo en contra de su doctrina, porque?

Miren porque: “En esto conoced el Espíritu de Dios: Todo espíritu que confiesa que Jesucristo ha venido en carne, es de Dios;  y todo espíritu que no confiesa que Jesucristo ha venido en carne, no es de Dios; y este es el espíritu del anticristo, el cual vosotros habéis oído que viene, y que ahora ya está en el mundo”. 1 Juan 4:2,3. Precioso! Espíritu Santo que predijo que esto pasaría.

La Biblia dice que Jesús el ungido (para ser rey eterno) de Dios fue el que vino en carne. Lo que pasa es que los sectarios engañan usando como método las ideas formadas que tenemos en pleno siglo XXI que dicen que Jesús es lo mismo que cristo, en contraste de lo que se escribió y se tenía en el siglo I. Como dijo Bernard: “ya que [en este tiempo sabemos que] Jesús es el Cristo”, pero en el siglo I Jesús, los apóstoles y la iglesia primitiva tenía que demostrar que Jesús era el Ungido de Dios, Cristo significa ungido, pero no en ese sentido absoluto, si no en el sentido como ungido de Dios para ser Rey sobre su Pueblo, Ejemplo: Saúl era el ungido, David era el ungido. Ahora el hijo de Dios sería el ungido del reino eterno de Dios y esto lo sabían lo judíos en su doctrina, el problema era demostrar que Jesús era este Cristo, esa misión era tan crucial para el evangelio de Dios que aún hoy en día no se traduce en nuestras biblias como ungido, si no como cristo para resaltar esa posición única de Jesús sobre todos los demás reyes en la Biblia, o sea ese título que se ganó y para el cual estaba destinado.

Como la Biblia fue escrita en griego y no en español. Por lo cual voy a reemplazar la palabra Cristo por ungido en los textos que citaré, para que entiendan la implicación que tiene este título, no es sólo un nombre, a diferencia de Jesús, que es un nombre (apodo) común y ordinario en el contexto histórico bíblico. Este título implica una posición (rey) dada por otro (Dios).

Lo voy a demostrar que ungido es un título que se le da al hijo de Dios:

“Respondiendo Simón Pedro, dijo: Tú eres el ungido, el Hijo del Dios viviente Mateo 16:16;

“Entonces mandó a sus discípulos que a nadie dijesen que él era Jesús el ungidoMateo 16:20.

“diciendo: ¿Qué pensáis del ungido? ¿De quién es hijo? Le dijeron: De David” Mateo 22:41.

“Mas Jesús callaba. Entonces el sumo sacerdote le dijo: Te conjuro por el Dios viviente, que nos digas si eres tú el ungido, el Hijo de Dios Mateo 26:63.

“Principio del evangelio de Jesús [el] ungido, Hijo de DiosMarcos 1:1.

“diciendo: !!Ah! ¿qué tienes con nosotros, Jesús nazareno? ¿Has venido para destruirnos? Sé quién eres, el Santo de Dios Marcos 1:24.

“Y le había sido revelado por el Espíritu Santo, que no vería la muerte antes que viese al Ungido del Señor” Lucas 2:26.

“También salían demonios de muchos, dando voces y diciendo: Tú eres el Hijo de Dios. Pero él los reprendía y no les dejaba hablar, porque sabían que él era el Ungido Lucas 4:41.

“Y nosotros hemos creído y conocemos que tú eres el Ungido, el Hijo del Dios viviente” Juan 6:69.

“Le dijo: Sí, Señor; yo he creído que tú eres el Ungido, el Hijo de Dios, que has venido al mundo” Juan 11:27.

“Pero éstas se han escrito para que creáis que Jesús es el Ungido, el Hijo de Dios, y para que creyendo, tengáis vida en su nombre” Juan 20:31.

También podemos concluir que Ungido es el título que le pertenece al hijo de Dios o que Hijo de Dios es un título que le pertenece al ungido de Dios: Jesús e hijo de Dios son nombres que obtuvo al nacer (Lucas 1:31, 32). Pero lo que enseña la Biblia es que Ungido (cristo) implica una relación y posición (es ungido por otro, que es Dios, el Padre). Recuerden la Biblia fue escrita en griego (el N.T.), dice por lo tanto: Jesús el ungido en sus respectivos textos. En las traducciones actuales dice Jesucristo por el concepto preconcebido que tenemos los cristianos del siglo XXI, pero en el siglo I cuando se escribió esto, para evitar argumentos como el de Bernard, se escribió con detalles en griego: Jesús el ungido.

Si ven Porque Bernard quería pasar por alto este  titulo (ungido) en su libro? Porque el podría aducir que la Biblia habla de Jesús como hijo y como ungido cuando se manifestó en carne, pero no puede explicar que la Biblia lo llama como ungido (y por lo tanto hijo) que viene en carne (o sea encarnarse). Se los acabé de mostrar con un versículo textual de la Biblia y si eso no es nada, entonces veamos ahora lo que respecta al resto del nuevo testamento. Este título (ungido) que según Bernard, es sólo un título cuando le conviene y lo cambia a ser sólo un nombre, en su juego de “encuentre la bolita” donde cambia los conceptos a medida que “estudia” la Biblia para encajarlos en su doctrina; demuestra el error que tienen los unicitarios para explicar la relación Padre e Hijo y el concepto que tienen de cada uno de ellos.

“Pero siendo profeta, y sabiendo que con juramento Dios le había jurado que de su descendencia, en cuanto a la carne, levantaría al Ungido para que se sentase en su trono” Hechos 2:30. Pedro dice que el ungido (de Dios para ser rey de su reino eterno, recuerden ese era la esperanza judía) era descendiente de David con respecto a la carne y con respecto a su espíritu, ¿de quien era descendiente o familia? Parecida a la pregunta de Jesús en mateo 22:42 no?. Si la enseñanza de Bernard concordará con la Biblia, Pedro simplemente diría “Dios (refiriéndose al Padre, el único Dios, Jesús, según los unicitarios) vino de la descendencia de David, en cuanto a la carne, el cual (la carne) es el ungido” . Y continúa Pedro: “viéndolo antes, habló de la resurrección del Ungido, que su alma no fue dejada en el Hades, ni su carne vio corrupción.  A este Jesús resucitó Dios, de lo cual todos nosotros somos testigos.” Hechos 2:31-32. Vemos que Pedro identifica a Jesús como el ungido de Dios, fue el que murió y resucitó y era del linaje de David según la carne.

“Porque lo que era imposible para la ley, por cuanto era débil por la carne, Dios, enviando a su Hijo en semejanza de carne de pecado y a causa del pecado, condenó al pecado en la carne;” Romanos 8:3. Este versículo es hermoso. Dice que el Hijo de Dios fue enviado en semejanza de carne de pecado y Jesús es el que tomó forma de hombre (carne de pecado) humillándose hasta la muerte de cruz (filipenses 2:7,8). Si fuera como Bernard enseña, el texto escrito por Pablo, ambos, diría: “Dios vino en la forma de su hijo, o sea la carne” o “Dios vino como carne, este es su hijo” ven que Pablo pensaba muy diferente a Bernard? Fue el hijo el que vino en carne, no el Padre que vino en carne y pasó a llamarse hijo cuando estaba en carne, no concordaría con el texto arriba.

“de quienes son los patriarcas, y de los cuales, según la carne, vino el Ungido, el cual es Dios sobre todas las cosas, bendito por los siglos. Amén” Romanos 9:5. Dice Pablo, que el ungido vino según la carne, y que es Dios sobre todas las cosas. Nada que ver con que El ungido (el hijo de Dios) no es eterno ni es Dios y en cambió vino a existir cuando el Eterno Dios se manifestó, como da a entender Bernard.

Este texto habla del Hijo (Colosenses 1:13): “Porque en él fueron creadas todas las cosas, las que hay en los cielos y las que hay en la tierra, visibles e invisibles; sean tronos, sean dominios, sean principados, sean potestades; todo fue creado por medio de él y para él” Colosenses 1:16. Contradice a Bernard que dice que el hijo no estaba (inició a existir cuando nació de María) en el principio. La Biblia dice textualmente que el Hijo fue el medio para crear todo, no creo que eso haya sido en el año 3 o 0 de nuestra era, además concuerda con Hebreos 1:2. Ahora continua: “en su cuerpo de carne, por medio de la muerte, para presentaros santos y sin mancha e irreprensibles delante de él;” Colosenses 1:22 recuerden el pasaje en colosenses habla del Hijo y su reino (1:13). Si el hijo se refiriera como dice Bernard a la carne del Padre (Jesús, según él) entonces la Biblia estaría diciendo que la carne (del Padre) vino en carne: “ahora os ha reconciliado en su cuerpo de carne, por medio de la muerte” (v. 21-22) (recuerde el texto habla del hijo). La carne nos reconcilio por medio de su cuerpo de carne, no tiene sentido si fuera como usted enseña señor Bernard. Vuelvo y digo, dudo que Pablo fuera unicitario.

“Y el Ungido, en los días de su carne, ofreciendo ruegos y súplicas con gran clamor y lágrimas al que le podía librar de la muerte,fue oído a causa de su temor reverente.” Hebreos 5:7. Contradice a Bernard que dice que el hijo, era la carne en la que vino Jesús, ya explicamos que Ungido es otro título del hijo o viceversa, El ungido (de Dios) o hijo (de Dios), dice la Biblia tuvo días en la carne, no fue el Padre el que tuvo días en la carne, no fue el Padre quien “poseyó” al hijo como quieren mostrar los unicitarios.

“¿cuánto más la sangre del ungido, el cual mediante el Espíritu eterno se ofreció a sí mismo sin mancha a Dios, limpiará vuestras conciencias de obras muertas para que sirváis al Dios vivo?” Hebreos 9:14. Dice (textualmente) la Biblia que el ungido tenía sangre (por lo tanto cuerpo) y un espíritu eterno que se ofreció a Dios. Contradice a Bernard que Dice que el Ungido, sinónimo de hijo de Dios como vimos, no es Eterno.

“Así que, hermanos, teniendo libertad para entrar en el Lugar Santísimo por la sangre de Jesús el ungido, por el camino nuevo y vivo que él nos abrió a través del velo, esto es, de su carne,” Hebreos 10:19, 20. La Biblia dice que la carne del Ungido fue el velo. Contradice la teología de Bernard que dice el Hijo o el ungido era la carne de Dios cuando se manifestó. El hijo era el velo, según los unicitarios.

Acá se describe la muerte del ungido: “Porque también el Ungido padeció una sola vez por los pecados, el justo por los injustos, para llevarnos a Dios, siendo a la verdad muerto en la carne, pero vivificado en espíritu;” 1 Pedro 3:18. Dice la Biblia, repito: dice, y no es que así lo interpreto yo. Dice que el Ungido murió con respecto a la carne pero seguía vivo con respecto al espíritu. Contradice la explicación de Bernard que Ungido o Hijo (como vimos en la Biblia) era la carne de Jesús y el Padre era el espíritu divino de Jesús.

Esto desbarata la explicación de Bernard que dice que Jesús es el Padre y viene a ser el hijo (ungido, como vimos) cuando se viste de carne. Porque la Biblia dice que Jesús el Ungido (el hijo) vino en carne (1 Juan 4:2).

Ahora el tiro de gracia para teología de Bernard:

“Porque muchos engañadores han salido por el mundo, que no confiesan que Jesús el Ungido ha venido en carne. Quien esto hace es el engañador y el anticristo. Mirad por vosotros mismos, PARA QUE NO PERDÁIS EL FRUTO DE VUESTRO TRABAJO, SINO QUE RECIBÁIS GALARDÓN COMPLETO.  Cualquiera que se extravía, y no persevera en la doctrina del Ungido, no tiene a Dios; el que persevera en la doctrina del Ungido, ése sí tiene al Padre y al Hijo”. 2 Juan 1:7,9. No voy a explicar esto: el que tiene oídos para oír, que oiga.

Vemos que El ungido (por Dios, por lo tanto el hijo de Dios como vimos anteriormente enseña la Biblia) dice textualmente en el griego fue el que vino en carne, contrario a lo que enseña Bernard y el resto de Pastores y teólogos unicitarios que dicen que El padre (Jesús) vino en carne y cuando estaba en carne se llamaba o se identificaba como el hijo o como Cristo (ungido) sin ser otra persona o ser divino autoconsciente.

Todavía no cree? Bueno miremos Hebreos 13:8 “Jesús [el] Ungido es el mismo ayer, y hoy, y por los siglos”. Una vez le pregunté a un unicitario: porque no dice el texto de esos cristianos primitivos, supuestamente unicitarios o pentecostales del nombre: “Jesús el Ungido era un plan en la mente de Dios, se ejecutó en carne ahora y terminará su propósito en los siglos de los siglos” me contestó sinceramente: “no sé”. Cualquiera podría decir, bueno entonces contradice la trinidad también porque entonces el ungido (cristo) habiendo participado de carne, entonces también fue carne ayer, hoy y por los siglos. Bueno la Biblia dice que sí, siempre fue Dios-carne (como ungido del Padre, eh!?) y seguirá siendo. Pero si me lo permiten lo explicaré en otra ocasión.

Viste Bernard? Por eso querías disimular y “tapar con tierrita” el concepto de Cristo, porque sabías todo lo que implicaba a la luz de las escrituras en contra de tu enseñanza.

¿Entonces que pasa con 1 Timoteo 3:16? “E indiscutiblemente, grande es el misterio de la piedad:  Dios fue manifestado en carne, Justificado en el Espíritu, Visto de los ángeles, Predicado a los gentiles,  Creído en el mundo, Recibido arriba en gloria” En los textos antiguos dice “quien fue manifestado en carne”. El cristianismo para poder apoyar la doctrina de la trinidad, tiene que apoyar la enseñanza de que el Ungido (Jesús) es Dios también, como en la era cristiana se tenía la trinidad como una verdad demostrada Bíblicamente, entonces Casiodoro de Reina no tuvo objeción en traducir aquí “Dios fue manifestado en carne” que ironía que esa mentira para apoyar la trinidad, ahora se vuelva contra la doctrina,  de igual manera que ocurre en Isaías 9:6, que también fue mal traducido para apoyar irónicamente la trinidad, y que explicaré después.

Recuerde, para los unicitarios no se trata de lo que digan las escrituras, se trata de lo que diga su doctrina. Bernard trata los textos de la escritura (y son muchos como vimos) que “aparentemente” contradicen su doctrina en el pasaje: ¿Por Qué Permitió Dios El Uso De Los Versiculos “Confusos” En Las Escrituras? [6].

Bernard admite aquí que su doctrina es contradictoria a la luz de muchos textos bíblicos, pero no lo acepta. Las explicaciones que pasa a dar, están fuera de discusión, todas las doctrinas dicen estar en lo correcto y tener la verdadera interpretación. Todos dicen tener la razón (proverbios 21:2), pero está palabra será la que nos juzgue a todos (Juan 12:48), no es lo que diga el hombre, si no lo que dice la Biblia, así que a estudiar si lo que cree usted concuerda con la Biblia.

La Biblia es clara, tanto que los católicos tienen que ponen los sacramentos por encima para ignorarla, los testigos de Jehová tienen que torcerla, adulterar los textos, los mormones, ponen por encima el libro del mormón, otros ponen otros libros por encima de la Biblia. David Bernard por el contrario, ve lo que dice claramente la Biblia y hace un juego de palabras la gramática para que se vea como que enseña su doctrina, este es “mundial” (único en el mundo). Como lo mostré arriba disimuladamente para que nadie se dé cuenta, intercambia el significado de los conceptos, términos y las palabras, o sea no es sincero.

Hay algo que yo llamo la llave universal, como la de una gran casa; para comparar una verdad bíblica: Tengo muchas cerraduras en esta gran casa y si la llave de esa casa que me dicen es universal abre todas las cerraduras, entonces sí!, es la llave universal de esa casa, pero si me encuentro que hay varias cerraduras que no abre, entonces no es la llave universal de esa casa. Es de otra casa parecida a la que pertenece a esta. De nuevo, si una enseñanza alguien me dice es bíblica, entonces al encajarla en los versículos y textos bíblicos encuentro que no concuerda entonces no es bíblica. Como demostré, pasa con la teología de Bernard que en muchos versículos no encaja, como admite Bernard, aunque no lo acepta.

Tengo otra herramienta, la llamo la viveza de Jaimito, un niño, un personaje de televisión de José Ordóñez, comediante colombiano, ahora Cristiano (Gloria al Señor). En un capítulo Jaimito llega a donde el tendero y le pide un refresco, el tendero se lo da. Cuando Jaimito se lo va a tomar pide que se lo cambie por otro, el tendero le da otro. Jaimito se toma el otro, cuando se va, el tendero le reclama que le pague. Jaimito en su inocente viveza (astucia) le dice que como se la va a cobrar si se lo cambió por el primero, entonces el tendero naturalmente pide que le pague el primero, Jaimito completa su treta al decir que como le va a cobrar algo que no se ha tomado y se va dejando al tendero tumbao´ (engañado y aburrido). Es cierto Jaimito, no se tomó el primer refresco y por lo tanto no debe pagarlo, pero se lo cambió por otro que si se tomó pero que no pagó, porque fue repuesto por otra que no se ha tomado. En pocas palabras es un razonamiento circular.

Los pentecostales lo cometen: cuando dicen  que Dios es uno absoluto y en todo sentido citando Deuteronomio 6:4 eliminan la posibilidad de que sea un “uno” en virtud de unidad compuesta (que es la otra opción en este versículo) porque según ellos el resto de la escritura muestra en sus versículos que Dios es uno en sentido absoluto. O sea dejan establecido “una verdad” que aún no han demostrado (como en el refresco de Jaimito, tienen una deuda como con en el primer refresco) y cuando en sus enseñanzas y doctrinas van a estudiar los otros versículos que demuestran la unicidad y no la trinidad utilizan como prueba Deuteronomio 6:4 porque ya está establecido (por ellos) que este versículo se refiere a un “uno” absoluto, sin haber demostrado antes la verdad que debían en Dt. 6:4. Como Jaimito, pagan una deuda con otra deuda.

Para que lo entiendan, lo visualizaremos así:

  1. Dios es “uno” absoluto, porque?: lo enseña Deuteronomio 6:4.
  2. Porque enseña Deuteronomio 6:4, que es “uno” absoluto?: lo enseñan otros versículos de la Biblia.
  3. Porque enseñan otros versículos de la Biblia que Dios es “uno” absoluto?
  4. Porque Dios es “uno” absoluto: lo enseña Deuteronomio 6:4. (volvimos al punto 1)

Es una idea preconcebida, la unicidad de Dios. Toda evidencia que apunte a lo contrario tiene que tener otra explicación lógica y bíblica; y cuando se estudian esas explicaciones, estás son lógicas porque no contradicen la unicidad de Dios. Otra vez razonamiento circular. Hay que estudiar esto en un panorama amplio para ver el círculo.

Les hice varias promesas, aquí las cumplo:

Les dije que David y los judíos fariseos entendían que hay distinción de personas dentro del Señor o la deidad, y que Isaías 9:6 no enseña que Jesús sea el Padre eterno del N.T.

Primero: (a David lo incluyo dentro de los judíos) los judíos fariseos tenían una concepción de la trinidad así: Jehová, el ángel de Jehová, y su espíritu. Los cristianos ahora la tenemos así: el Padre, el hijo y el Espíritu Santo.

¿No me creen? Miren: “Porque los saduceos dicen que no hay resurrección, ni ángel, ni espíritu; pero los fariseos afirman estas cosas. Y hubo un gran vocerío; y levantándose los escribas de la parte de los fariseos, contendían, diciendo: Ningún mal hallamos en este hombre; que si un espíritu le ha hablado, o un ángel, no resistamos a Dios. ” Hechos 23:8,9. Cualquiera que lee este texto me descalificaría a la primera argumentando, que los fariseos creían era en ángeles y espíritus y los saduceos no. Les voy a mostrar que tanto los fariseos como los saduceos creían en ángeles y espíritus pero su diferencia era en cuanto a la existencia o no, del mensajero (ángel) de Jehová.

Recuerdan cuando la pregunta de la resurrección? Mateo 22:23-33.

Jesús tiene que hacer algo de apologética aquí, y en apologética cuando se quiere defender una fe se tiene que hacer utilizando creencias que son aceptadas por ambas partes en contienda, si no, entonces tendrían que estar demostrando todo lo que se afirma dentro de la argumentación convirtiendo la defensa en infinita. En pocas palabras Jesús tenía que explicarles su doctrina con algo que los saduceos ya aceptaban como cierto, no con algo que los saduceos no aceptaran porque también tendría que entrar a argumentarlo. El argumento que dio Jesús fue demostrar que en la resurrección ya estaríamos no con estos cuerpos y esta condición humana, si no con la condición que tenían los ángeles en el cielo. Jesús no pasó a argumentar si era cierto que existían ángeles en el cielo porque evidentemente los saduceos ya tenían claro que existían y cual era su condición (santidad, no se reproducen, cuerpos perfectos).

Ven? los saduceos si tenían claro que existían ángeles, entonces volviendo a Hechos 23:8,9. La diferencia entre los saduceos y fariseos era con respecto al mensajero (el ángel) de Jehová, aquí está claro que no se refería a los ángeles que conocemos dentro de los seres creados, la discusión se basaba en torno al ángel de Jehová, que también es Jehová, esa era la diferencia entre fariseos y saduceos, los primero aceptaban su existencia y los segundo no. Pero estando en Hechos miren lo que dice en griego el versículo 9, textualmente: “…, nada malo estamos hallando en el hombre este, pero espíritu habló a él o mensajero”. Está mal traducido en nuestra RV 1960, porque tal vez – me imagino yo- casiodoro no vería implicación relevante alguna para esta traducción así. Pero en el griego está clarito que los fariseos no se referían a un ángel o a un espíritu, cosa en la que si creían los saduceos, si no al ángel (mensajero de Jehová) o al espíritu (de Jehová), cosa en la que no creían los saduceos.

Usted dirá que estoy interpretando estos versículos con una presunción, pero si le muestro otro versículo donde los fariseos aceptan el mensaje de un mensajero (ángel) de Jehová, que es Jehová?

Bueno, recuerdan a Esteban y su defensa ante el concilio? (Hechos 7)En su defensa Esteban dijo lo siguiente: “Este es aquel Moisés que estuvo en la congregación en el desierto con el ángel que le hablaba en el monte Sinaí, y con nuestros padres, y que recibió palabras de vida que darnos;” Hechos 7:38. los fariseos escucharon este discurso de Esteban calmaditos y calladitos, no encontraron ninguna blasfemia (o sea que si creían que Moisés habló con un mensajero) hasta el versículo 51, done Esteban los amonesta. Hasta allí les gustó el discurso, o sea que lo que decía Esteban era cierto para ellos.

Quien fue este ángel que le hablaba a Moisés? Vámonos al A.T. entonces. Éxodo 19, dice que Moisés habló fue con Jehová, entonces de donde sacan los fariseos y Esteban que habló con el mensajero (el ángel)?

Pues sigamos retrocediendo, Éxodo 3:2-4 dice: “Y se le apareció el Ángel de Jehová en una llama de fuego en medio de una zarza; y él miró, y vio que la zarza ardía en fuego, y la zarza no se consumía… Viendo Jehová que él iba a ver, lo llamó Dios de en medio de la zarza, y dijo: !!Moisés, Moisés! Y él respondió: Heme aquí”. Aja! La Biblia dice que el ángel (mensajero) de Jehová es Jehová, es Dios. Y por esto cuando Moisés habló con Jehová, estuvo hablando siempre con el Mensajero de Jehová, quien no es un ángel común o de los creados, porque en su lenguaje  usa atributos que le pertenecen sólo a Jehová. Este habla por Jehová aunque es consciente de su propia existencia aparte de Jehová siendo Jehová también.

Miren en Éxodo 23:20 He aquí yo envío mi Ángel delante de ti para que te guarde en el camino, y te introduzca en el lugar que yo he preparado. Guárdate delante de él, y oye su voz; no le seas rebelde; porque él no perdonará vuestra rebelión, porque mi nombre está en él. Pero si en verdad oyeres su voz e hicieres todo lo que yo te dijere, seré enemigo de tus enemigos, y afligiré a los que te afligieren. Porque mi Ángel irá delante de ti, y te llevará a la tierra del amorreo, del heteo, del ferezeo, del cananeo, del heveo y del jebuseo, a los cuales yo haré destruir. No te inclinarás a sus dioses, ni los servirás, ni harás como ellos hacen; antes los destruirás del todo, y quebrarás totalmente sus estatuas. Mas a Jehová vuestro Dios serviréis, y él bendecirá tu pan y tus aguas; y yo quitaré toda enfermedad de en medio de ti.”

Dios está hablando con Moisés, confuso todo esto no? Acabé de decir que Moisés siempre habló fue con el Mensajero (ángel es lo mismo) de Jehová, y ahora este Ángel le dice a Moisés que va a enviar su mensajero, que? El mensajero del mensajero? No, es fácil de entender.

Primero, aclaro: Dios, Jehová en este caso, no habla como los indios norteamericanos: (habla) Garra de oso: “garra de eso venir a ti” como si fuera una segunda persona siendo él mismo. Ese era un error de aprendizaje que tenían los nativos americanos. Con Dios no pasa lo mismo, aclaro.

Les dije arriba que el mensajero de Jehová habla por Jehová. Quiero que miren este ejemplo para que entiendan mejor: El secretario del presidente habla por el presidente en una rueda de prensa porque el presidente no puede hablar personalmente. Entonces si el secretario dice: “…y enviaré mi secretario para comunicarles esto allá en las ruedas de prensa…”. No está diciendo el secretario que tiene otro secretario, si no que está diciendo que Su presidente lo va a enviar a él, que en estos momentos es el portavoz del presidente.

De igual manera el Ángel de Jehová dice a Moisés que Jehová va a enviar su Ángel, o sea a él (el Ángel) mismo. Pero habla en primera persona “he aquí yo envío mi Ángel” porque es el mensajero (portavoz de Jehová) como en el ejemplo que les puse del secretario de presidente.

Otra cosa que hay que resaltar es que Ángel no es un ser inferior a Jehová, creado, como piensan algunos, o una simple manifestación, también tiene todos los atributos de Jehová, miren: mi nombre está en éla los cuales yo haré destruir Mas a Jehová vuestro Dios serviréis, y él bendecirá. Maravilloso! Tanto el  Ángel de Jehová, como Jehová tienen los mismos atributos y títulos siendo dos personas diferentes.

Concuerda esto con lo que dijo Jesús: “para que todos honren (valoren) al Hijo como honran (valoran) al Padre. El que no honra (valora) al Hijo, no honra (valora) al Padre que le envió” Juan 5:23.

Como si la Biblia dijera:

para que todos honren (valoren) al Ángel de Jehová como honran (valoran) a Jehová. El que no honra (valora) al Ángel de Jehová, no honra (valora) a Jehová que le envió”

Jesús es el ángel de Jehová del antiguo testamento y ese crédito se lo doy al hermano Pablo Santomauro: http://pastordanielbrito.wordpress.com/2011/01/03/las-teofanias-jesucristo-en-el-antiguo-testamento/.

Jesús siempre ha sido el mediador entre Dios y los hombres.

Volviendo al tema. Los fariseos y los judíos sabían esto si no miren: en el pasaje de Manoa, su mujer y el Ángel de Jehová en Jueces 13. Dice Manoa esto: “Y dijo Manoa a su mujer: Ciertamente moriremos, porque a Dios hemos visto. Y su mujer le respondió: Si Jehová nos quisiera matar, no aceptaría de nuestras manos el holocausto y la ofrenda, ni nos hubiera mostrado todas estas cosas, ni ahora nos habría anunciado esto”. Jueces 13:22-23.

Los judíos sabían que el Ángel de Jehová es Dios y a la vez es su mensajero. Hay pluralidad de personas en Dios y como acabo de mostrar esto lo sabían los fariseos que aceptaban la igualdad entre el Ángel y Jehová, ellos sabían de la comunión perfecta de estos dos como uno. Esto era lo que no aceptaban los saduceos.

Otra cosa interesante es que los fariseos nunca acusaron a Jesús por decir que Dios tenía un hijo, que era igual a Dios, esto lo aceptaban calladitos (Juan 5:19,29). Ellos se indinaban era porque Jesús se identificaba con ese hijo, haciéndose Jesús igual a Dios. Note que ellos también le dijeron a Jesús: “Mas Jesús callaba. Entonces el sumo sacerdote le dijo: Te conjuro por el Dios viviente, que nos digas si eres tú el Cristo, el Hijo de Dios”. Mateo 26:63. Mire el sumo sacerdote no dijo: “te conjuro por el Dios viviente, que nos digas si Dios tiene un hijo, y si tu eres este”. Ven? para los fariseos no era blasfemia el hecho que Dios tuviera un hijo igual a el. Distinción de personas dentro de la deidad, si no, que para ellos, este fuera Jesús, que no mostrara la esperanza de establecer ese imperio militar terrestre eterno que ellos esperaban y en el cual ellos serían sacerdotes (carnales y corrompidos), preferían seguir atesorando la posición que tenían con el cesar y su imperio romano.

Les acabo de mostrar que los fariseos y los judíos tenían una concepción de trinidad así: Jehová, el Ángel de Jehová y su Espíritu (de Jehová); ahora los cristianos con la revelación de Cristo la tenemos así: el Padre, el hijo y el Espíritu Santo.

Bueno me imagino que con el tiempo y la revelación de Jesucristo los fariseos y judíos cambiaron su posición con respecto a su concepción de pluralidad de seres dentro de Jehová, todo con el fin de no aceptar a Jesús como el Ángel del A.T. manifestado en carne, esto es el cristo. Pero la Biblia también tiene historia y en estos varios pasajes les mostré como creían los fariseos del siglo I esto.

Gracias por su atención y tiempo Dios les bendiga. Hermano en Cristo Jesús Carlos Leandro Ramírez

Notas: Todos los textos bíblicos son de la versión Reina Valera 1960 a menos que se indique lo contrario.

1. La unicidad de Dios, David k. Bernard pág. 120.

2. La unicidad de Dios, David k. Bernard pág. 131.

3. La unicidad de Dios, David k. Bernard pág. 168.

4. La unicidad de Dios, David k. Bernard pág. 87.

5. La unicidad de Dios, David k. Bernard págs. 87-88.

6. La unicidad de Dios, David k. Bernard pág. 222.

Nota del administrador: Este articulo ha sido tomado del blog amigo El blog del Pastor Daniel


LAS DOCTRINAS DEL ESPIRITISMO

LAS DOCTRINAS DEL ESPIRITISMO

Por: Pablo Hoff

Hay una variedad de doctrinas entre los espiritistas. El espiritismo se divide en varias formas: el espiritismo común (quiromancia, cartomancia, hidromancia y astrología); el bajo espiritismo (el inculto o paganismo sin disfraz, tales como las índoles africanas practicadas en Brasil y Haití); y el espiritismo científico, que pretende explicar sus fenómenos como algo racional. Nos interesa más esta última forma.

Los espiritistas organizados extraen muchas de sus enseñanzas de los escritos de Emanuel Swedenborg, Francisco Mesmer, Allan Kardec y Andrés Davis. El libro de Davis, Las relaciones divinas de la naturaleza divina, expresa los fundamentos del espiritismo. Se rechazan todas las principales doctrinas ortodoxas, tales como la inspiración y autoridad de la Biblia, la Trinidad y deidad de Jesucristo, su expiación por los pecados, su resurrección corporal y la de los creyentes. Allan Kardec (1804–1869), “el codificador de las creencias espiritistas”, escribió muchos libros, los más famosos son: El evangelio según el espiritismo, El libro de los médiums, El cielo y el infierno y Génesis.

1. La Biblia. Los espiritistas no reconocen la Biblia como autoridad para la fe o doctrina. Basan sus enseñanzas sobre las revelaciones mediúmicas, pero señalan que la Biblia reconoce la realidad del espiritismo en los relatos acerca de Saúl y la pitonisa de Endor, y la transfiguración.

2. Dios. El manual espiritista, 1940, le describe como: “Inteligencia infinita que satura y controla el universo; es sin forma, impersonal, omnipresente y omnipotente.” Recalcan el amor de Dios pero no mencionan su santidad, su justicia y su rol en la salvación del hombre. Para muchos espiritistas, Dios es un ser que sí existe pero “se encuentra demasiado lejos y se pierde en la distancia inconme-surable de un punto espiritual que mal podemos vislumbrar … Sólo se manifiesta por medio de intermediarios.”

3. Jesucristo. Lord Dowding, el cual abogaba por la causa del espiritismo, dijo que los espiritistas creen que Jesucristo era hijo de Dios, en el mismo sentido que nosotros somos hijos de Dios. Según muchos espiritistas, Jesús es un espíritu muy puro y elevado. En la tierra era un gran médium. Los escritos de Kardec sobre la ética, fueron influenciados por las enseñanzas de Jesús.

4. El hombre. Es un ser espiritual que evoluciona desde las bajas formas de vida, por un período de consciencia, hasta tener poderes morales y espirituales, los cuales sobreviven la muerte. Los espiritistas creen en la reencarnación. Clasifican los espíritus en cuatro categorías: imperfectos, buenos, superiores y puros. Según ellos, Jesús se ha desarrollado a la cumbre del progreso espiritual y es puro espíritu.

5. La salvación. El espiritismo nada sabe de la expiación de Cristo por los pecados ni de la gracia divina. Enseña que el hombre se perfecciona por la evolución espiritual, a través del sufrimiento y por la práctica de las buenas obras. No habrá un día de juicio, pero en esta vida o en la venidera, los malhechores tendrán que compensar por su mal comportamiento. La puerta para reforma, sin embargo, siempre queda abierta. No hay infierno, cielo ni diablo. “Dios es amor y amor es Dios.”

6. La posibilidad de tener comunicación con los espíritus de los difuntos. A través de los médiums y otros medios de ponerse en contacto con los muertos, los espiritistas piensan que pueden tener comunión con el mundo de lo invisible.

LAS PRÁCTICAS DEL ESPIRITISMO

El espiritismo moderno toma varias formas. Algunas son las siguientes:

1. La adivinación y la pronosticación. El médium predice sucesos futuros o descubre cosas ocultas, comunicándose directamente con los espíritus o por medio de señales o agüeros. Algunos adivinos miran el hígado del ave sacrificada. Otros métodos son tirar las barajas para ver cómo caen (cartomancia), “leer” las hojas de té en el fondo de la taza, usar la tabla de ouija, o leer la suerte en la palma de la mano del cliente.

2. La necromancia o comunicación con tos muertos. Toma varias formas. Luisa Walker explica:

A veces el médium es el único que ve al espíritu que se presenta, como en el caso de Samuel y Saúl. En este caso es él quien recibe el mensaje y se lo transmite al cliente … En otros casos, el médium hace una materialización, es decir, logra que el espíritu se presente en forma visible para todos los presentes … A veces ni el médium ni el cliente ven al espíritu, pero éste toma posesión del médium y habla a través de él.

Los espíritus a veces se presentan como personajes que han tenido éxito en ciertas materias en otras épocas y se ponen a la disposición del cliente para aconsejarle referente a su necesidad. Por ejemplo, un espíritu puede disfrazarse como un gran médico en su vida anterior y dar recetas, o como un comerciante, para orientar al cliente en cuanto a sus negocios.

Los que acuden a los espíritus para consejos frecuentemente son engañados y sufren grandes desgracias. Hasta Alian Kardec, el gran doctrinario del espiritismo, admite que hay “espíritus malos y burlones”, que procuran engañar a los que tratan de ponerse en comunicación con ellos, incluso los que se complacen en “inducir a los hombres al mal con sus consejos pérfidos” … “Un médium de altas cualidades morales puede transmitir enseñanzas falsas y groseras” (El libro de los médiums, págs. 90, 115, 141–145, 247, 315). También hay casos conocidos en que había un complot entre el médium y el cómplice para estafar a la persona.

3. La ventriloquía. Aunque existen muchos casos en los cuales los médiums han engañado a personas con este conocido arte, el término ventriloquía, cuando es empleado en el espiritismo, se refiere a otra cosa; a la rendición de la lengua y de las cuerdas vocales del médium a un espíritu.

A veces el médium cae en un trance, o estado hipnótico, y está totalmente inconsciente de lo que sucede mientras el espíritu toma control de sus labios, lengua y cuerdas vocales y conversa con los que han pedido la consulta. La voz es idéntica a la del difunto a quien el espíritu representa y afirma ser.

Lo que dice revela un conocimiento íntimo de toda la vida de esta persona, que el médium no puede haber tenido. A veces, las propias facciones del médium parecen irse transformando hasta presentar la misma apariencia y expresión del difunto. Los clientes quedan convencidos de que están conversando con sus seres queridos.

4. La hechicería. Gran parte del público cree que la hechicería se refiere sólo a preparar maleficios contra una persona, pero sabemos que no se limita a esto. Consiste tanto en la magia negra (nigromancia) como la magia blanca, la cual se usa para beneficiar a las personas. En ambos casos, es un trabajo hecho bajo el control de los espíritus. Según algunos espiritistas, se obra por una fuerza latente en el hombre, pero otros la atribuyen, o a los “espíritus de luz” (la obra benéfica) o a los “espíritus oscuros” o malos (los maleficios). Una parte de la magia blanca puede “consistir en combatir a los espíritus malos y despojar a las víctimas de la brujería, o sea, librarlas de los malos efectos producidos por sus encantamientos o hechizos”.

Luisa Walker describe la hechicería.

Hay muchos distintos tipos de hechizos. ¡Cuántas señoritas acuden al hechicero, o a la hechicera, para que sus encantamientos les consigan el amor de determinado joven! ¡Y cuántas mujeres, abandonadas por sus esposos, van en busca de una venganza sobre “la otra mujer”, que les ha quitado el marido!

A veces el brujo trabaja con un muñequito que representa al enemigo del cliente, metiéndole alfileres en las partes del cuerpo que deben ser afectadas por la maldición. Otras veces emplea el retrato de la persona, alguna prenda de ropa o cualquier objeto que tenga que ver con la persona, como recortes de uñas o de pelo. En estos casos hace sus encantamientos sobre estos objetos.

Algunos espiritistas trabajan con crucifijos, imágenes o estampas de santos y vírgenes, junto con toda clase de confecciones heredadas del animismo y vuduísmo.

¿POR QUÉ YO COMO EVANGÉLICO NO RECURRO A ESPIRITISTAS?

1. Porque tengo a un Dios todopoderoso, que es el Padre celestial, a quien puedo acudir en los momentos de necesidad y angustia. No es un Dios alejado del hombre, como enseñan los espiritistas. Dios es “nuestro pronto auxilio en las tribulaciones”.

2. Porque no tengo que consultar a los adivinos que susurran ni a los espíritus, para saber las cosas del futuro y de la vida de ultratumba. “Tenemos la palabra profética más segura, a la cual hacéis bien en estar atentos, como a una antorcha que alumbra en lugar oscuro, hasta que el día esclarezca y el lucero de la mañana salga en vuestros corazones” (2 P. 1:19). “¿No consultará el pueblo a su Dios?” (Is. 8:19)

3. Porque es imposible en este mundo ponerse en contacto con los espíritus desencarnados de nuestros seres queridos que han fallecido. La parábola del rico y Lázaro nos enseña que los muertos no pueden volver a este mundo hasta que llegue el día de la resurrección. Son demonios disfrazados como los muertos, que se manifiestan en las sesiones espiritistas. No acudiré a las fuerzas de las tinieblas y enemigos de Dios.

4. Porque no se puede confiar en las profecías, consejos y palabras de adivinos y agoreros. Cuentan muchas cosas erróneas que no pasan.

5. Porque el practicar la adivinación, necromancia y hechicería está categóricamente condenado y prohibido en la Biblia. (Dt. 18:10–12; Is. 8:19).

Hoff, P. (1993). Otros evangelios. Miami, FL: Editorial Vida.



¿POR QUÉ NO SOY TESTIGO DE JEHOVÁ?

¿POR QUÉ NO SOY TESTIGO DE JEHOVÁ?

1. Creo en la deidad de Jesucristo: Cristo es eterno, siempre ha sido Dios y siempre será Dios. Los testigos de Jehová creen que la Palabra o Verbo es la primera criatura que creó Dios, es “un dios” en el sentido de un ser “poderoso” pero no es Dios. Recalcan que el Verbo es “el primogénito de la creación” (Col. 1:15), es decir, el primer ser engendrado por Dios, no obstante que el contexto indica que “primogénito” significa también el que tiene “la preeminencia” (Col. 1:18). No se refiere aquí a su comienzo, pues estaba con Dios en el principio (Jn. 1:1). Tratan de demostrar que el Hijo es inferior a Dios. Señalan que Jesús dijo que “el Padre mayor es que yo” (Jn. 14:28), no obstante que Jesús quería decir que el Padre es mayor en autoridad y no diferente en naturaleza (Fil. 2:6–8; Jn. 1:1, 2; 5:18; He. 1:8, 9). Este dicho de Cristo (Jn. 14:28) “se refiere a la subordinación voluntaria de Jesús al Padre durante su vida terrenal, en la cual le estuvo sometido por su propia voluntad. No dice nada de su naturaleza; sólo se refiere a su rango en la tierra … a su posición, y no a su persona”.

Durante su tiempo en la tierra, Cristo era más que un hombre perfecto. Por profecía, él fue llamado “Emanue” (Isa. 7:14) y fijémonos bien en que el nombre no significa “Hombre perfecto con nosotros”, sino “Dios con nosotros”.

2. Creo que Jesucristo resucitó corporaímente de los muertos y que no resucitó en espíritu, como ensenan los testigos de Jehová. “Mirad mis manos y pies, que yo mismo soy: palpad y ved; porque un espíritu no tiene carne y huesos, como véis que yo tengo” (Lc. 24:39).

En cuanto a la expresión “vivificado en espíritu” (1 P. 3:18), los testigos de Jehová la sacan de su contexto. Parece que se refiere al tiempo entre la muerte de Jesús y su resurrección. En tal caso, existía su espíritu después de su muerte. Si no, ¿qué fue “vivificado”? Nada menos que su cuerpo, que volvió a tener vida cuando su espíritu, su personalidad, volvió a su cuerpo, que fue entonces glorificado. De todos modos, su espíritu seguía existiendo, pues Jesús lo encomendó al Padre cuando murió.

Russell se imaginó que el Padre quitó el cuerpo de Jesús de la tumba, para que los discípulos supiesen que había resucitado. El evangelista Guillermo Biederwolf comenta: “Los sumo sacerdotes inventaron la mentira de que los discípulos lo hurtaron, para engañar a la gente. Ahora viene Russell con una mentira mayor: que Dios lo hurtó para engañar a los discípulos.”

3. Creo que Jesucristo retornará en forma visible y no volverá en forma espiritual, invisible y secreta como enseñan los testigos de Jehová. “He aquí que viene con las nubes y todo ojo le verá” (Ap. 1:7).

4. Creo que el Espíritu Santo es más que una fuerza o poder impersonal; es una persona, la tercera persona de la Trinidad. El habla (1 Tim. 4:1), puede ser contristado (Ef. 4:30), puede ser tentado mintiéndole (Hch. 5:3, 9), puede ser apagado (1 Tes. 5:19), guiaba a los apóstoles a toda verdad (Jn. 16:13), y glorifica a Cristo, tomando las cosas suyas y haciéndonoslas saber (Jn. 16:14). Se coloca al nivel y dignidad de las otras personas de la trinidad, en la fórmula bautismal (Mt. 28:19).

5. Creo que el hombre tiene un alma o espíritu inmortal. Según la definición ruselista de las palabras nefsh (hebreo) y psyjé (griego) traducidas “alma” en la Biblia, el alma se refiere a (1) “una persona, un individuo, o un animal inferior”; o, (2) a “la vida de que disfruta una persona o animal como tal”. Insisten en negar que es la parte inmortal del hombre; sostienen que, en la muerte, el hombre se aniquila totalmente.

Aunque la Biblia emplea a veces este vocablo en los sentidos adoptados por los testigos, también lo usa para referirse a la parte inmortal del hombre, algo distinto del cuerpo, algo que sobrevive a la muerte. Por ejemplo, Jesús dijo: “No temáis a los que matan el cuerpo, pues el alma no pueden matar” (Mt. 10:28; véase He. 6:19; 10:39; Ap. 6:9; 20:4). Por lo tanto, la muerte no se refiere a la destrucción del alma. El hombre, al morir no deja de existir, como enseñan los testigos; sobrevive su alma.

6. Creo que habrá castigo eterno para los injustos y rechazo la doctrinaruselista, de que “el juicio de Dios” es meramente un “período de prueba”, una oportunidad de probarse fiel. Aunque el lugar denominado “Seol” en el hebreo y “Hades” en el griego, significa a veces sepulcro o muerte, también se refiere a la morada de los espíritus de los difuntos (Dt. 32:22; Is. 14:9, 11, 15; Job 38:17; 1P. 3:18–20). Todos los espíritus de los muertos solían ir a este lugar pero, desde la resurrección, los espíritus de los creyentes que mueren en Cristo van directamente al cielo, para estar con Cristo (Jn. 14:2, 3; 17:24; 2 Co. 5:8; Fil. 1:23). Desde entonces no hay redimidos en el Hades, sino solamente injustos, esperando el día del juicio.

También existe el “infierno” (el Gehena), el lugar de tormento donde serán arrojados los hombres reprobados y los espíritus malignos. El Señor habla de Gehena en términos solemnes y terribles (Mt. 5:22, 29, 20; 10:28; 18:19; Lc. 12:5; Stg. 3:6). Parece ser sinónimo del “horno de fuego” de Mt. 13:42; del “lago de fuego”, de Ap. 19:20; 20:10, 14, 15 y de la “perdición”, de Ap. 17:8, 11.

“Bajo el gobierno de un Dios infinitamente santo, justo, sabio y amoroso, obligado por su propia naturaleza y por el cuidado que tiene del universo a expresar su aborrecimiento hacia el pecado, la existencia del infierno es una necesidad (Ro. 6:23; 2 Ts. 1:6–11; Ap. 20:11–15). Los que son castigados en el infierno son criaturas libres, responsables, pecadoras que han empleado mal el tiempo de prueba que se les ha concedido, y rechazado la gracia que Dios les ha ofrecido … Parece que el grado de los tormentos será medido según el grado de la culpa (Mt. 10:15; 23:14; Lc. 12:47, 48). Este castigo será eterno, como lo será también la felicidad en el cielo (Mt. 25:46).”

7. Creo que la salvación es por medio de la fe en Jesucristo y es aparte de obras. Los testigos de Jehová creen que Jesús es el rescate del pecado, pero que la fe en él es solamente el primer paso hacia la salvación y no es la salvación misma. Se salva una persona conociendo las doctrinas de los testigos de Jehová, llevando una vida moral y participando en la divulgación de sus doctrinas. Pero la Palabra de Dios dice: “El que tiene al Hijo, tiene la vida” (1 Jn. 5:12). “Vosotros sois completos en él” (Col. 2:10). “Ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús” (Ro. 8:1).

8. Creo que no habrá una segunda oportunidad para ser salvo después de la muerte, sino que “está establecido para los hombres que mueran una sola vez, y después de esto el juicio” (Heb. 9:27). Rechazo la enseñanza de que los inconversos serán resucitados antes del milenio y tendrán cien años para aceptar la doctrina de los testigos de Jehová, pues los pecadores serán resucitados después del milenio (Ap. 20:5), y serán juzgados inmediatamente (20:11–15).

9. Creo que todos los creyentes serán resucitados corporalmente y no serán divididos en dos grupos: “la manada pequeña” (144.000 o la iglesia de seres espirituales), y “la gran multitud” o “las otras ovejas”, que serán resucitados corporalmente y se reproducirán en la tierra, durante toda la eternidad. La Iglesia del Señor consiste de todos “los santificados en Cristo Jesús, llamados a ser santos con todos los que en cualquier lugar invocan el nombre de nuestro Señor Jesucristo, Señor de ellos y nuestro” (1 Co. 1:2).

10. Creo que Dios ha establecido gobiernos y que los magistrados no son instrumentos del diablo, sino que son “servidores de Dios para nuestro bien” (Ro. 13:1–7). Debemos respetar nuestra bandera, votar en las elecciones, servir en las fuerzas armadas y aceptar otras obligaciones como ciudadanos. Recibimos los beneficios del Estado y nos corresponde cumplir con nuestros deberes civiles.

11. Creo que los testigos de Jehová están perdidos, pues niegan la deidad de Jesucristo. “Si confesares con tu boca que Jesús es el Señor … serás salvo” (Ro. 10:9). “Todo aquel que niega al Hijo, tampoco tiene al Padre” (1 Jn. 2:23).

Hoff, P. (1993). Otros evangelios. Miami, FL: Editorial Vida.


LAS DOCTRINAS DE LOS TESTIGOS DE JEHOVÁ

LAS DOCTRINAS DE LOS TESTIGOS DE JEHOVÁ

Por: Pablo Hoff

Los testigos de Jehová no han publicado artículos de fe ni declaraciones de un sistema de doctrina. Niegan categóricamente que han adoptado las ideas de Russell. Sostienen que extraen sus enseñanzas directamente de la Biblia. Josh Mc Dowell observa, sin embargo, que “hacen mal uso de las Escrituras, con el fin de apoyar sus creencias características. Esto lo hacen mayormente citando los textos fuera de su contexto, al mismo tiempo que omiten otros pasajes que son importantes para el tema. En la práctica, sus propias publicaciones tienen prioridad sobre las Escrituras.”6 Además, los traductores de su versión de la Biblia, son acusados de alterar ciertos pasajes bíblicos, a fin de que armonicen con las nociones de Russell y Rutherford, las cuales contradicen las Escrituras.

1. Niegan la Trinidad y la deidad de Jesucristo. Según los testigos de Jehová, Dios no es trino sino una sola persona, “Jehová”. Niegan la deidad de Cristo, afirmando que fue la primera criatura que Dios creó. El Espíritu Santo es una fuerza impersonal, una influencia que emana de Dios. Afirman que es una doctrina de “los antiguos babilonios y egipcios y otros mitólogos” (Sea Dios veraz, pág. 100).

Sólo los religiosos “trinitarios” tienen la suficiente presunción de afirmar, sin ninguna base bíblica, que las otras dos personas son iguales con Jehová Dios; pero el mismo Jesús no afirma ser una de tales personas.7

La obvia conclusión, por tanto, es que Satanás es el originador de la Trinidad (Sea Dios veraz, edición 1946, pág. 82).

Las verdaderas Escrituras hablan del Hijo de Dios, el Verbo como “un dios”. Él es un “poderoso dios”, pero no “el todopoderoso Dios”, que es Jehová (Isaías 9:6).8

En el tiempo del comienzo de su vida, fue creado por el Dios eterno, Jehová, sin la ayuda ni por medio de ninguna madre. En otras palabras, él fue la creación primera y directa de Dios … Él no fue una encarnación, en la carne, sino fue carne, un Hijo humano de Dios, un hombre perfecto, que ya no era un espíritu.9

2. Niegan la encarnación de Jesucristo. Aseveran que Jesús fue un hombre perfecto, pero nada más que hombre. El fundador de la secta explica:

Tampoco fue Jesús una combinación de las dos naturalezas, la humana y la espiritual … Cuando Jesús estuvo en la carne fue un ser humano perfecto; y desde su resurrección es un ser espiritual … experimentó por. dos veces cambio de su naturaleza … dejó una naturaleza para tomar la otra (Estudios de las Escrituras I, págs. 185–186).

Un escritor anónimo de los “testigos” modernos, señala lo mismo: “La justicia de Dios no dejaría que Jesús, como rescate, fuera más que un hombre perfecto” (Sea Dios veraz, pág. 105).

Así la obra expiatoria de Cristo fue la de un mero hombre, según ellos.

3. Niegan la resurrección corporal de Jesucristo. Puesto que los testigos de Jehová enseñan que el hombre no tiene alma o espíritu sino es un alma, aseveran que no existió Jesús en ninguna forma en los tres días que transcurrieron entre su muerte y resurrección. Luego fue resucitado como un espíritu. Citan 1 Pedro 3:18 para comprobar esta doctrina: Cristo “siendo a la verdad muerto en la carne, pero vivificado en espíritu”.

Al tercer día de yacer Jesús muerto en el sepulcro, su Padre inmortal, Jehová, lo levantó de los muertos, no como hijo humano, sino como un poderoso e inmortal Hijo espiritual. (Sea Dios veraz, pág. 115)

Preguntamos, ¿qué de la tumba vacía? Russell contesta:

El cuerpo de nuestro Señor … fue quitado sobrenaturalmente de la tumba … No sabemos nada de lo que pasó con él, excepto que no se descompuso (Hechos 2:27, 31). Si fue disuelto en gases o si todavía se halla preservado en algún sitio como el gran recuerdo del amor de Dios … nadie sabe; ni es necesario tal conocimiento.10

4. Enseñan que la salvación es principalmente por obras. En la teología de los ruselistas, la salvación no es una dádiva de Dios provista por la expiación de Cristo. Russell dice que el “rescate por todos” que ofreció “el hombre Cristo Jesús, no da ni garantiza vida eterna” (Estudios de las Escrituras, tomo I, pág.158). Otro escritor añade: “Todos los que debido a su fe en Jehová Dios y en Cristo Jesús, se dedican a hacer la voluntad de Dios, y entonces llevan a cabo con fidelidad su consagración, serán recompensados con la vida eterna” (Sea Dios veraz, pág. 296).

Los testigos de Jehová sienten constante presión y un miedo mortal de ser rebajados a la clase de “siervos malos”, por no trabajar suficientemente en vender su literatura y proselitar a los “gentiles”. Piensan que ganan la vida eterna dedicándose a propagar su fe.

Los Testigos de Jehová se bautizan, pero no saben nada sobre la conversión, o la regeneración, o la justificación por la fe, o la limpieza del pecado, o el bautismo en el Espíritu Santo.

5. Enseñan que la muerte es la destrucción total del nombre. Los testigos de Jehová niegan que el alma humana es inmortal. El autor del libro Sea Dios veraz, asevera lo siguiente: “El hombre es una combinación de dos cosas, es saber, el ‘polvo de la tierra’ y el ‘aliento de la vida’. La combinación de estas dos cosas produjo un alma viviente o criatura llamada el hombre. Por lo tanto, vemos que la afirmación de los religionistas, de que el hombre tiene un alma inmortal y por lo tanto se diferencia de los animales, no es bíblica” (pág. 68). Así que, para él, la muerte es la aniquilación completa y sin reservas.

¿Cómo explican los ruselistas las palabras de Jesús al malhechor muriente en la cruz: “De cierto te digo que hoy estarás conmigo en el paraíso” (Lc. 23:43)? Rutherford contesta: “El ladrón nunca llegará al cielo, puesto que la promesa que se le dio fue que si estaba de parte de Cristo Jesús, estaría en el paraíso el día que murió, pues de haber sido así hubiera llegado antes que Jesús” (El Arpa de Dios, págs. 45–46).

Los traductores ruselistas de la Traducción del nuevo mundo de las Santas Escrituras, hábilmente solucionaron el problema, alterando el orden de las palabras de Jesús: “Verdaderamente te digo hoy: Estarás conmigo en el Paraíso.”

6. Niegan el castigo eterno. Según la doctrina de Russell y Rutherford, el infierno consiste en los sufrimientos experimentados en esta vida. Se identifica también el infierno o Hades con el sepulcro, negando así el castigo eterno para los impíos. Este es su razonamiento:

La doctrina de un infierno en llamas, donde los malos son tortura dos eternamente después de su muerte, no puede ser verdad, por cuatro razones principales: (1) Porque carece por completo del apoyo bíblico; (2) porque no es razonable; (3) porque es contraria al amor de Dios; y (4) porque repugna a la justicia. (Sea Dios veraz, op. cit., pág. 80).

7. Creen que los hombres que no hayan escuchado el evangelio del reino, en esta vida, tendrán la oportunidad de ser salvos durante el milenio. Según las especulaciones de Russell y Rutherford, cuando Cristo venga otra vez, “Los muertos serán despertados de la muerte para que tengan plena oportunidad de ser probados para vida” (Rutherford, Hijos, pág. 343). Consideran que esta vida es “un juicio” o prueba de la sinceridad de la gente y el milenio será otro “juicio, bajo más favorables condiciones a la raza entera” (Russell, Estudios de las Escrituras, pág. 144). Rutherford explica: “Juzgar implica, por medio de una prueba, dar oportunidad para recibir una bendición” (Arpa de Dios, pág. 344).

De acuerdo con Sea Dios veraz, no todos serán resucitados para tener una segunda oportunidad. Los que no serán resucitados son: (1) Adán, porque “tuvo su juicio final en el huerto de Edén” (pág. 284); (2) aquellos religiosos a quienes Jesús dijo que no podrían escapar del juicio de Gehena, debido a que eran de la simiente de la serpiente (págs. 284–285). (Seguro que el escritor se refiere al clero actual de las iglesias); (3) otros que antes de la batalla de Armagedón fueron remotamente rebeldes al mensaje de los “testigos” y como los “cabritos” de Mateo 25, no trataron bien a los mensajeros del reino (pág. 285).11 El castigo para ellos es que no serán resucitados, es decir, serán destruidos para la eternidad.

Otros que serán aniquilados son Satanás y los demonios, los cuales serán destruidos por fuego.

8. Enseñan que solamente los testigos de Jehová constituyen el pueblo de Dios; los demás, son seguidores del diablo. Para ellos, la gran ramera de Apocalipsis 17 es tanto la religión organizada como los paganos, la parte visible y directa entre la humanidad y los demonios invisibles (El reino está cerca, pág. 186). Por esto atacan crudamente a la Iglesia de Roma y al clero evangélico, pero ellos se sienten mártires cuando la gente los rechaza.

9. Consideran que es pecado saludar la bandera de su respectivo país,servir en las fuerzas armadas o recibir transfusiones de sangre.

Cualquier bandera nacional es el símbolo o imagen del poder soberano de esa nación … El saludar la bandera de cualquier nación es un acto que le atribuye salvación a la bandera y a la nación que representa (Sea Dios veraz, págs. 234–236).

Los testigos de Jehová ven un paralelo entre su actitud hacia la bandera nacional y la de los tres amigos de Daniel, los cuales rehusaron inclinarse ante la imagen erigida por Nabucodonosor. El negarse a votar en elecciones, servir en puestos políticos o en las fuerzas armadas, es la consecuencia de atribuir los gobiernos de este mundo a la actividad y dominio de demonios.

Se oponen a las transfusiones de sangre, citando con literalismo absurdo algunos pasajes del Antiguo Testamento, que prohíben el ingerir sangre, tal como Levítico 17:14: “No comeréis la sangre de ninguna carne, porque la vida de toda carne es su sangre.” Piensan que es alimentarse de sangre pero en realidad se prohibe “comer” sangre animal en la Biblia porque la sangre era el medio de hacer expiación (Lev. 17:11). No tiene nada que ver con las transfusiones modernas.

10. Presentan profecías que no se cumplen. Algunas son:

a) 1889: “La batalla del gran día de dios todopoderoso, que terminará en 1914 con el derrocamiento total del presente gobierno terrenal, ya ha comenzado” (El tiempo está cerca, pág.101).

b) 1917: “En el año 1918, cuando Dios destruya a la gran mayoría de las iglesias y sus miembros por millones, sucederá que cualquier escapatoria será a través de las obras de Russell” (Ministerio concluído, pág. 485).

c) 1918: “Confiadamente podemos esperar que el ano 1925 marcará el retorno de Abraham, Isaac y los fieles profetas de la antigüedad, a una condición de perfección humana” (Millones que ahora viven nunca morirán, pág. 89).

d) 1966: “En 1975 (al terminar el otoño) finalizará el sexto día de mil años de la existencia del hombre. No será por mera casualidad o accidente, sino que será de acuerdo al tierno propósito de Jehová Dios, para que el reinado de Jesucristo se desarrolle en forma paralela al séptimo milenio de la existencia del hombre” (Vida eterna en libertad, pág. 89).

e) 1968: “La batalla de Armagedón habrá finalizado en el otoño de 1975. Puede haber una diferencia de semanas o meses, pero nunca DE años” (¿Por qué aguardan 1975?, 15-8-1968).

Según sus otras profecías referentes al año 1975, tres más acontecimientos estremecedores debieran de haber tomado lugar, a saber:

1) La aniquilación de la Iglesia Católica Romana y las demás iglesias opuestas a la obra de los testigos de Jehová.

2) La destrucción de los poderes políticos.

3) El comienzo del milenio en la tierra.

Hoff, P. (1993). Otros evangelios. Miami, FL: Editorial Vida.