Preguntas Comunes y Respuestas Bíblicas sobre los Ángeles

Preguntas comunes y respuestas Bíblicas sobre los Ángeles

Por Robert M. Bowman, Jr.

Los ángeles parecen estar en todos lados: figuran en los libros más vendidos, en los programas de televisión de mayor audiencia, en las películas más taquilleras y hasta en los documentales. Estas irresistibles criaturas aladas que vemos en los escaparates y en las pantallas se nos presentan como seres mágicos e ingeniosos, tiernos y juguetones, siempre tolerantes con los errores humanos y dispuestos a ayudar para solucionar problemas. Según cuentan rescatan a la gente que está en crisis y, en ocasiones, nos exhortan a obrar bien.

Corazones sedientos de ternura.

Es indudable que el corazón humano anhela el contacto tierno de un ser sobrenatural, para poder recibir su perdón, guía y comprensión. En muchas tradiciones culturales abundan los relatos protagonizados por seres fantásticos, hadas y dioses. El anhelo de gozar del favor de alguien o algo poderoso es indicio de una verdad que la Biblia afirma con absoluta claridad: nuestros cinco sentidos no alcanzan a comprender todo lo que existe.

Por un lado.

Este articulo nos guiará a través de lo que la Escritura revela sobre los ángeles: sus orígenes, actividades y su tremendo poder. Estas asombrosas enseñanzas no son secretas, sino que están en la Palabra de Dios desde hace miles de años y son nuestra única fuente confiable sobre la verdadera naturaleza y función de los ángeles todo lo que se encuentra fuera de la palabra es mentira.

Por otro lado…

Si bien puede ser divertido pensar en los ángeles como criaturas luminosas y llenas de ternura, la Biblia nos advierte que muchos de ellos son malvados y que deliberadamente rechazaron a Dios y al bien. El uso de atrayentes artificios para confundir a la gente los hace particularmente peligrosos. Las siguientes páginas revelarán las diferencias entre los ángeles buenos y los ángeles caídos, y reafirmarán la realidad del amor y el poder de Dios, superior a la de cualquier ángel.

Hebreos 1:14¿No son todos espíritus ministradores, enviados para servicio a favor de los que serán herederos de la salvación?

Salmo 103:20Bendecid a Jehová, vosotros sus ángeles, Poderosos en fortaleza, que ejecutáis su palabra, Obedeciendo a la voz de su precepto.

Lucas 15:10 Así os digo que hay gozo delante de los ángeles de Dios por un pecador que se arrepiente.

Hebreos 1:6Y otra vez, cuando introduce al Primogénito en el mundo, dice: Adórenle todos los ángeles de Dios.

¿Debemos pedir ayuda espiritual la los ángeles?

Un rotundo ¡NO!. Los entusiastas de los ángeles están convencidos de que debemos recurrir a los ángeles para comprender quiénes somos, quién es Dios, qué es el cielo y cómo debemos vivir. Entre los libros publicados hay títulos como Descubre a tus ángeles, Mensajes de tus ángeles, y Respuestas de los ángeles etc… Quienes piden ayuda a los ángeles a veces los llaman “guías espirituales”. Yo diría demonios engañadores…

Sylvia Browne, una popular vidente de la Nueva Era declaró que entre las muchas cosas que Francine, su guía espiritual, le ha comunicado sobre la religión, le dijo que Jesús no resucitó porque en realidad nunca murió en la cruz. ¿Como ven el angelito? O mejor dicho chamuquito. !Patético¡

La Biblia enseña…

Los ángeles no suelen comunicarse con los seres humanos. En realidad, en la Biblia nadie invoca a los ángeles para comunicarse con ellos ni tampoco se recomienda establecer contacto con los ángeles. Siempre que un ángel se aparece a alguien en la Biblia, la aparición toma a la persona tan por sorpresa que las primeras palabras de los ángeles suelen ser «No temas» o «No tengas miedo» (Génesis 21:17; Mateo 28:5; Lucas 1:13,30; 2:10).

Por desgracia, no todos los ángeles ni todos los seres espirituales están del lado de Dios. Hay huestes de espíritus malignos (demonios) que son los ángeles caídos del diablo (Mateo 25:41). Así como no se puede creer todo lo que dice la gente, tampoco se puede creer todo lo que dicen los seres angelicales. El diablo, además, nunca se presenta luciendo en la solapa una insignia roja que lo identifica como «Satanás», sino que se disfraza como un ángel de luz (2 Cor. 11:14).

Las Escrituras son el medio que Dios usa para transmitir la verdad a su pueblo; son la referencia que deberíamos usar para someter a prueba cualquier creencia religiosa (Mateo 22:29; Hechos 17:11; 2 Timoteo 3:16). Cuando los ángeles de Dios se comunican con los seres humanos, nunca contradicen la Biblia. El apóstol Pablo advierte a los cristianos del peligro de aceptar un evangelio distinto, incluso cuando pareciera venir de un ángel del cielo (Gálatas 1:6-9).

También es importante saber que…

Procurar comunicarse con los ángeles conlleva el riesgo de permitir la entrada a las influencias demoníacas. Dado que los ángeles de Dios no responden a nuestros deseos de conversar con ellos, si alguna entidad espiritual llegara a responder, seguramente no proviene de Dios. Recibir mensajes de los espíritus puede parecer emocionante, pero es engañoso, porque dichas «voces» no son quienes dicen ser.

Además, los métodos de comunicación con los ángeles rayan con el ocultismo.

Doreen Virtue, una escritora de la Nueva Era, inventó un tablero («The Angel Guidance Board») completo con dados y «ángeles» para usar como fichas, con el objetivo de ayudar a los adeptos a obtener respuestas a sus interrogantes y recibir mensajes de los ángeles, ¿como ven a la brujona?.  La práctica del ocultismo consiste justamente en eso: el empleo ritual de elementos físicos con el propósito de obtener información oculta o de modificar la realidad por medios sobrenaturales, y especialmente a través de la comunicación con los espíritus. Dios rechaza categóricamente estas prácticas y las prohíbe (Deuteronomio 18:10-12).

Tienen cuerpo los ángeles.

Muchos afirman…

Los ángeles son seres físicos. Muchas personas hoy piensan que los ángeles tienen cuerpos físicos y son semejantes a los seres humanos. Otras, además de dotarlos de una apariencia física, los describen como masculinos o femeninos. Un autor describe a un ángel en particular con «el rostro y la forma de una hermosa mujer vestida con una túnica blanca con apliques de oro».  Otros autores nos refieren el caso de una mujer que vio un ángel que se parecía a «un jugador de fútbol americano común y corriente … aunque más robusto y más alto». Steven Brooks, el ministro «“apostólico-profético”» dice: «Así como en el género humano se distinguen dos sexos, también entre los ángeles se diferencian el sexo masculino y el sexo femenino».

La Biblia enseña…

Los ángeles son espíritus y, por lo tanto, no tienen cuerpo. Hebreos 1:7 (en referencia al Salmo 104:4) compara a los ángeles con el viento y el fuego: dos fuerzas sin cuerpo ni solidez. Otra prueba más concluyente de que los espíritus no tienen cuerpos propios es la capacidad de los demonios de habitar los cuerpos humanos (Mateo 12:43-45; Lucas 11:24-26).

En ningún lugar de la Biblia se respalda la idea de que los ángeles adopten literalmente formas masculinas o femeninas. Que las Escrituras nunca usen términos femeninos ni el género femenino para describir a los ángeles nos lleva a pensar que el uso del masculino se emplea en sentido general (asexuado). Es más, la Biblia no da muchos detalles sobre la apariencia de los ángeles y se limita a describirlos como un gran resplandor.

También es importante saber que…

La Biblia registra el caso de unos ángeles que visitaron a Abraham y a Lot, y que comieron con ellos(Génesis 18:8; 19:1-3). Algunos antiguos exégetas judíos, como Filón de Alejandría y Josefo, creían que los ángeles solo aparentaron comer.  Las interpretaciones modernas coinciden por lo general en que los ángeles pueden asumir de manera pasajera una forma corpórea, y durante ese tiempo tienen la capacidad de ingerir alimentos. Ambas explicaciones concuerdan con la creencia histórica judía y cristiana de que

los ángeles son criaturas sin cuerpos.

¿Nosotros seremos ángeles? ¡NO!

¿Los ángeles son personas que murieron y se fueron al cielo? ¡NO!. Esta creencia (al menos en su forma moderna) provendría de las enseñanzas del místico Emanuel Swedenborg, que vivió en el siglo XVIII. Según Swedenborg, «ningún ángel fue creado como tal desde el principio», sino que, por el contrario, todos los ángeles descienden del género humano porque «fuimos creados para convertirnos en ángeles».

Es evidente que esta idea fue adoptada por Joseph Smith, el fundador de la iglesia mormona. Según la doctrina mormona, «[los] ángeles … son personajes resucitados con cuerpo de carne y huesos».  Por ejemplo, en el Libro del Mormón, se describe a un profeta llamado Moroni, que fue transformado en un ángel después de su muerte y que visitó a Smith en una serie de apariciones.  Hoy en día, en el extremo de la aguja de la mayoría de los templos mormones hay una estatua de oro del ángel Moroni.

La Biblia enseña…

Los cristianos resucitados serán «como los ángeles» pero no serán ángeles. Jesús explicó que cuando los cristianos resuciten de entre los muertos se asemejarán a los ángeles en dos sentidos: Primero, serán criaturas inmortales; y, segundo, no se casarán entre ellos (Lucas 20:34-36).

El Antiguo Testamento nos indica que Dios formó a los ángeles más o menos en el mismo momento en que creó el universo físico, y a veces emplea la expresión «hijos de Dios» para referirse a ellos. El Señor le preguntó a Job: «¿Dónde estabas cuando puse las bases de la tierra? ¡Dímelo, si de veras sabes tanto! ¡Seguramente sabes quién estableció sus dimensiones y quién tendió sobre ella la cinta de medir! ¿Sobre qué están puestos sus cimientos, o quién puso su piedra angular mientras cantaban a coro las estrellas matutinas y todos los ángeles [literalmente, “hijos de Dios”] gritaban de alegría?» ( Job 38:4-7). Aunque la Biblia no revela el momento preciso en que Dios creó a los ángeles, de este pasaje resulta claro que los creó antes de que existiera Job y el resto de los seres humanos. Por lo tanto, si los ángeles fueron creados por Dios antes que los hombres, es imposible que sean seres humanos resucitados sino que son criaturas diferentes.

Salmo 148:1Alabad a Jehová desde los cielos;Alabadle en las alturas. 2Alabadle, vosotros todos sus ángeles;Alabadle, vosotros todos sus ejércitos. 3Alabadle, sol y luna; Alabadle, vosotras todas, lucientes estrellas. 4Alabadle, cielos de los cielos, Y las aguas que están sobre los cielos. 5Alaben el nombre de Jehová; Porque él mandó, y fueron creados.

¿Tenemos Todos un ángel de la guardia? ¡NO!

Muchos afirman…

Todos los niños tienen un ángel asignado para ser su protector. A nivel popular, muchas religiones —y el cristianismo no es una excepción— creen que, al nacer, a cada niño se le asigna un ángel de la guarda. Según la Enciclopedia Católica: «Que toda alma individual tiene un ángel de la guarda nunca ha sido definido por la Iglesia, y por consiguiente, no es un artículo de fe; pero es la “opinión de la Iglesia”, como San Jerónimo lo expresó: “qué grande la dignidad del alma, puesto que cada una tiene desde su nacimiento un ángel encargado de guardarla”».

La idea de que Dios prometió que sus ángeles protegerían a los creyentes está muy generalizada. Algunos citan el Salmo 91:11-12: «Porque él ordenará que sus ángeles te cuiden en todos tus caminos. Con sus propias manos te levantarán para que no tropieces con piedra alguna». Otros citan el pasaje de Hebreos 1:14: «¿No son todos los ángeles espíritus dedicados al servicio divino, enviados para ayudar a los que han de heredar la salvación?».

La Biblia Enseña…

No hay ninguna base real para creer en el «ángel de la guarda». Algunas personas creen que Jesús se refería a los ángeles de la guarda cuando habló de los «pequeños» (los niños) y «sus ángeles en los cielos» (Mateo 18:10). Pero si tomamos en cuenta el contexto en que Jesús dijo estas palabras, vemos que su intención no fue asegurar que nada malo le pasaría a los niños, sino que pretendía advertir a los adultos de no hacer «tropezar» ni hacer pecar a los niños (vv. 3-6). «Miren que no menosprecien a uno de estos pequeños. Porque les digo que en el cielo los ángeles de ellos contemplan siempre el rostro de mi Padre celestial» (v. 10). Es interesante notar que estos ángeles no están mirando a los niños sino a Dios, posiblemente esperando instrucciones divinas para castigar a cualquiera que menosprecie o maltrate a los niños.

Según Lucas, un ángel ayudó a Pedro a escapar de la cárcel (Hechos 12:6-15) pero el relato tampoco respalda la idea de que Pedro tuviera un ángel de la guarda, aunque el pasaje dice que algunos de sus amigos creyeron erróneamente que se trataba de «su ángel» (v. 15). Si nos atenemos al relato, el Señor envió un ángel en aquella ocasión y este se fue después de ayudar a Pedro a escapar de la cárcel (vv. 10-11). Es evidente que no era un ángel de la guarda.

También es importante saber…

El Salmo 91:11-12 tal vez deba entenderse como una ilustración profética del Mesías, que tenía una relación perfecta con Dios. Dios protegió de todo mal a su Mesías ( Jesús), por medio de sus ángeles, hasta que Jesús entregó voluntariamente su vida para nuestra salvación. En el contexto de Hebreos 1:14, los ángeles «sirven» a los cristianos trayéndoles mensajes de Dios de importancia para su salvación (Hebreos 2:2-3). A pesar de lo que algunos dicen, no hay ningún texto bíblico que permita inferir que los ángeles nos ayudan a administrar nuestro dinero o negocios ni a solucionar nuestros problemas familiares. Por el contrario, la Biblia enseña que debemos invocar la guía y la ayuda de Dios en nuestro diario vivir. «No se inquieten por nada; más bien, en toda ocasión, con oración y ruego, presenten sus peticiones a Dios y denle gracias. Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, cuidará sus corazones y sus pensamientos en Cristo Jesús» (Filipenses 4:6-7).

¿ Deberíamos esperar apariciones de los ángeles? ¡NO!

Muchos Afirman…

Los ángeles se aparecen a la gente todo el tiempo. Según Doreen Virtue, una escritora de la Nueva Era, «quienes quieran tener visiones de ángeles, los verán».  Karen Goldman, otra popular autora afirma: «Los ángeles nos hablan a todos. Solo que algunos los escuchamos mejor».  Los evangelistas Charles y Frances Hunter escribieron: «Podríamos llenar columnas y columnas con historias de las cosas maravillosas que Dios ha hecho por nosotros por medio del servicio de sus ángeles, y escribir historia tras historia … sobre las apariciones angelicales que hemos tenido».  Hebreos 13:2 dice: «No se olviden de practicar la hospitalidad: pues gracias a ella algunos, sin saberlo, hospedaron ángeles», lo que implica que muy posiblemente «todos hemos visto ángeles en algún momento de nuestra vida, pero no nos dimos cuenta»

La Biblia enseña…

Las apariciones de ángeles por lo general son importantes y extraordinarias. Aunque en la Biblia hay historias de apariciones de ángeles a los seres humanos, una lectura detenida de estos relatos nos muestra que, aun en los tiempos bíblicos, se trataron de experiencias extraordinarias y especiales, y con toda seguridad son igual de excepcionales en la actualidad.

Los ángeles anunciaron los nacimientos milagrosos de figuras clave (Isaac, Juan el Bautista y, por supuesto, Jesús), llamaron a los profetas y a otros líderes para el ministerio (Isaías), entregaron revelaciones divinas (Ezequiel, Juan), liberaron o fortalecieron a los profetas (Elías, Eliseo, Daniel) y a los apóstoles (Pedro, Pablo), anunciaron la resurrección de Jesús a las mujeres que habían ido al sepulcro y aparecieron en otras ocasiones significativas. La mayoría de estas personas vieron a los ángeles solo una vez en su vida. La Biblia no enseña ni sugiere que deberíamos esperar que los ángeles nos visitaran o se nos aparecieran por cuestiones comunes.

La intención de Hebreos 13:2 es alentarnos a practicar la hospitalidad, más que a procurar encuentros con ángeles. El versículo posiblemente remite a la hospitalidad de Lot hacia unas visitas que a la postre resultaron ser ángeles (Génesis 19). Sin duda que uno nunca sabe quiénes serán los desconocidos con quienes nos crucemos en la vida, pero es bastante improbable que sean ángeles. Lo que más importa es que los cristianos deben resistir la tentación de concentrar su energía y esperanza en tener un encuentro con los ángeles cuando pueden disfrutar una relación profunda y personal con el Creador de los ángeles (1 Pedro 1:8-12; ver pregunta 9).

También es importante saber…

Pensar que quienes creen en el ministerio de los ángeles tienen más posibilidad de ver a los ángeles no tiene ningún respaldo bíblico. En la mayoría de los casos bíblicos, los ángeles se aparecieron a las personas y las tomaron completamente por sorpresa. No hay ejemplos en la Biblia de personas que hayan procurado tener un encuentro con un ángel. Nadie ora pidiendo ver a un ángel ni tiene expectativas de tener una visión angelical.

¿Todos los ángeles son maravillosos y buenos? ¡NO!

Muchos afirman…

Podemos depender de los ángeles porque son buenos y nos ayudan. Muchas personas involucradas en el ocultismo y en el movimiento de la Nueva Era promueven la creencia de que los ángeles están para ayudarnos. Silver Ravenwolf, una hechicera contemporánea niega que existan ángeles caídos o demoníacos; según ella, los ángeles «tienden puentes entre las diversas religiones» y nos ayudarán a «conectarnos con nuestro ser superior».15

Hay quienes creen que aun si hubiera ángeles malvados, no habría motivo para temerles. Doreen Virtue sugiere que «la persona común y corriente, que vive y ora con buenas intenciones, no tiene que preocuparse de los ángeles caídos». Esos ángeles son en realidad «formas mentales negativas» y no se pueden confundir con ángeles buenos.

La Biblia enseña…

Hay dos clases de ángeles: buenos y malvados. En realidad, Satanás, cuyo nombre significa «adversario» y que la Biblia presenta como el principal enemigo de Dios, es un ángel. Jesús habla de Satanás (el diablo) como de un ser real (Mateo 12:26; 13:39; Marcos 4:15; Lucas 10:18; Juan 8:44).

En Apocalipsis 12:9 leemos que otros ángeles también se rebelaron junto con Satanás cuando este fue arrojado a la tierra: «Así fue expulsado el gran dragón, aquella serpiente antigua que se llama Diablo y Satanás, y que engaña al mundo entero. Junto con sus ángeles, fue arrojado a la tierra». Son los ángeles caídos, también llamados «espíritus malignos», «espíritus impuros» o «demonios», en contraste con los «santos ángeles» que sirven a Dios (Mateo 25:31; Lucas 9:26; Hechos 10:22; Apocalipsis 14:10).

Los Evangelios describen a los ángeles caídos tomando posesión de la gente o provocándoles enfermedades, y hay también numerosos pasajes que muestran a Jesús manifestando su autoridad sobre ellos, dándoles órdenes y echándolos fuera

(p. ej., Mateo 8:28-32).

El Nuevo Testamento nos advierte de los ángeles caídos que luchan activamente contra los cristianos por medio de engaños y enseñanzas falsas. «En los últimos tiempos, algunos abandonarán la fe para seguir a inspiraciones engañosas y doctrinas diabólicas» (1 Timoteo 4:1).

La Biblia enseña que en el juicio final, Satanás y los demonios serán arrojados al lago de fuego «preparado para el diablo y sus ángeles» (Apocalipsis 20:10; Mateo 25:41). Su destino será el «abismo» o el «pozo» (Apocalipsis 9:2,11; 11:7; 17:8; 20:3).

También es importante saber…

Aunque los cristianos deben estar precavidos contra Satanás (1 Pedro 5:8), no deben temerle a él ni a los demonios (2 Tesalonicenses 3:3; 1 Juan 4:4). Si en lugar de concentrarse en Satanás, los cristianos se someten a Dios, el diablo huirá de ellos (Santiago 4:7).

¿Pueden los ángeles comenzar una religión nueva?

Muchos afirman…

Dios envió un ángel para sustituir el cristianismo histórico por otra religión. Algunas religiones rastrean sus comienzos a la aparición de un ángel portador de un mensaje divino que suple o corrige la Biblia.

El islam dice que Dios mismo se reveló a Mahoma por medio del ángel Gabriel con el mensaje de que Mahoma debía «recitar» lo que Dios le ordenara decir. El resultado fue una serie de sermones que, después de la muerte de Mahoma, se reunieron en un libro llamado el Corán, que los musulmanes creen que ocupa el lugar de la Biblia.

Joseph Smith, el fundador del mormonismo, declaró que un ángel llamado Moroni lo condujo a una colina al norte de Nueva York donde estaban enterradas unas planchas de oro con un texto antiguo que se había perdido. Smith también dijo que Dios lo inspiró para traducir al inglés esas planchas, redactadas con caracteres egipcios desconocidos. En 1830, Smith publicó la obra, el Libro de Mormón, y ese mismo año organizó lo que hoy se conoce como la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días.

Que enseña la Biblia…

Debemos confrontar todos los nuevos movimientos cristianos o las religiones con las enseñanzas de los apóstoles del Nuevo Testamento, aun cuando esa nueva creencia provenga de un ángel. El apóstol Pablo previó dichas doctrinas cuando dijo: «Pero aun si alguno de nosotros o un ángel del cielo les predicara un evangelio distinto del que les hemos predicado, ¡que caiga bajo maldición!» (Gálatas 1:8; Colosenses 2:18). Por desgracia, las experiencias espirituales engañosas y los espíritus de confusión son una realidad en este mundo (1 Juan 4:1-2).

Jesucristo es la revelación suprema de Dios al mundo (Hebreos 1:1-2) y el Nuevo Testamento es el que explican el significado de la venida de Cristo. No existe revelación superior, ni religión mejor ni una persona más poderosa que Jesucristo. Él está «muy por encima de todo gobierno y autoridad, poder y dominio,

y de cualquier otro nombre que se invoque, no sólo en este mundo sino también en el venidero» (Efesios 1:21).

Por lo tanto, ningún profeta como Mahoma puede ofrecer una revelación divina que reemplace la revelación que tenemos en Cristo. También significa que los supuestos profetas que pretenden «restaurar» el evangelio de Cristo, como Joseph Smith, deben pasar la prueba de fidelidad al Nuevo Testamento.

También es importante saber que…

Se han iniciado muchos movimientos religiosos mundiales basados en supuestas apariciones angelicales. William Branham, por ejemplo, negaba la Trinidad y tergiversaba otras doctrinas cristianas importantes, afirmando que un ángel, en una «cueva secreta», le había encomendado la misión de ser el mensajero de Dios de la hora final. Branham describió al ángel como «un hombre enorme», descalzo y «de piel oscura» que lo acompañaba (oculto para el público) en su ministerio de milagros, y en determinado momento, llegó a decir que el ángel era Jesús mismo.

¿Los encuentros con los ángeles producen sensación de bienestar?

Muchos afirman…

Los ángeles se reconocen porque son consoladores. Algunos guías, especialmente los vinculados al movimiento de la Nueva Era, promueven el entusiasmo curioso por las experiencias angelicales. Difícilmente reconocerán que los encuentros con ángeles fueron proyecciones personales de la imaginación o, peor aún, encuentros con espíritus malos.

Doreen Virtue enumera algunos criterios que la gente puede usar para diferenciar los ángeles genuinos de otro tipo de experiencias. Una verdadera experiencia con ángeles, según ella, será «tierna y mimosa», nos hará sentir reconfortados. «Una profunda convicción de que “es real”» también es una buena señal. Un encuentro auténtico con ángeles se «sentirá como algo natural». Además, un encuentro angelical debería ser «energizante», «positivo y enriquecedor» y parecer «verdadero y con sentido». Los ángeles suelen comenzar sus oraciones «con la palabra tú o yo», nos hacen sentir «que alguien nos está hablando», «nos piden que obremos de inmediato» y pueden estar acompañadas de «hermosas y etéreas melodías de música “celestial”».

La Biblia enseña…

Una grata sensación de bienestar no es garantía de que una experiencia sea positiva, ni de que provenga de un santo ángel de Dios. Necesitamos tener presente que «Satanás mismo se disfraza de ángel de luz. Por eso no es de sorprenderse que sus servidores se disfracen de servidores de la justicia» (2 Corintios 11:14-15).

Aunque no es fácil probar el encuentro personal con un ángel, la Biblia nos ayuda a reconocer cuándo dichos planteos son falsos, ya sea porque fueron producto de la imaginación de la persona o porque se trataba de un demonio. Los verdaderos ángeles de Dios: glorifican a Jesucristo (Luc. 2:11-14; Heb. 1:6).

contradicen las enseñanzas bíblicas de los apóstoles (Gálatas 1:8; 2 Corintios 11:14; 1 Timoteo 4:1; 1 Juan 4:1). el cristianismo (Efesios 2:19-20; 3:5; Judas 3). espiritual a quienes no creen en Cristo, porque esas bendiciones solo vienen de Él (Romanos 5:1-11; Efesios 1:4-14).

También es importante saber…

Si bien es cierto que es más fácil cuestionar los testimonios de encuentros con ángeles que probar que efectivamente sucedieron, esto no debería inquietar a los cristianos porque no hay ninguna doctrina bíblica fundada exclusivamente en el testimonio de un ángel. Podemos concluir, entonces, que alguien vio realmente un ángel si su experiencia concuerda con las Escrituras, aunque convendría ser cautelosos y no dar

demasiada importancia o valor a sus testimonios.

¿Debemos tener un trato Familiar con los ángeles? ¡NO!

Muchos afirman…

Los ángeles quieren ser nuestros amigos. Terry Lynn Taylor, una entusiasta de los ángeles dice: «En definitiva, mi sugerencia es que te conviertas en el mejor amigo de tu ángel de la guarda. Haz de cuenta que tienes un amigo invisible que es testigo de todo lo que te pasa y con quien compartes tus pensamientos».21

Según la escritora Eileen Elias Freeman: «Los ángeles quieren ser nuestros amigos. Son compañeros de viaje de la vida en este planeta que, desde la antigüedad, enriquecen grandemente nuestra vida con su amor, luz y sabiduría».22 Steven Brooks, un ministro «apostólico-profético» exhorta a los cristianos a cultivar relaciones con «nuestros amigos, los ángeles».

Doreen Virtue escribe: «Una forma de conocerlos [a los ángeles] aún mejor es preguntarles sus nombres». Carlos Santana, el guitarrista de rock hizo precisamente eso y dice que desde 1994 ha estado en contacto con un ángel llamado Metatron que se asemeja a Papá Noel («un viejo bonachón, con una barba blanca») y que maneja su «voz interior».

La Biblia Enseña…

Los ángeles no son «amigos», Jesucristo es nuestro amigo. Es más, Jesús es el mejor amigo que podemos tener.

Jesús es nuestro amigo fiel: Jesucristo dijo: «Nunca te dejaré; jamás te abandonaré». Hebreos 13:5

Él nos eligió para ser sus amigos: «Los he llamado amigos … yo los escogí a ustedes». Juan 15:15-16

Nos perdona: «Dios nos dio vida en unión con Cristo, al perdonarnos todos los pecados». Colosenses 2:13

Nos salva: «Cree en el Señor Jesucristo, y serás salvo». Hechos 16:30-31

Hace que todo resulte para bien: «Ahora bien, sabemos que Dios dispone todas las cosas para el bien de quienes lo aman, los que han sido llamados de acuerdo con su propósito». Romanos 8:28

Nos da una vida nueva: «Si alguno está en Cristo, es una nueva creación». 2 Corintios 5:17

Nos hace sus hijos amados: «¡Fíjense qué gran amor nos ha dado el Padre, que se nos llame hijos de Dios!» 1 Juan 3:1-2

Las Escrituras enseñan con claridad que al único ser sobrenatural a quien deberíamos orar e invocar es al Señor (Mateo 6:9). No hay nadie en la Biblia que invoque a un ángel, ore a un ángel, pida a Dios la compañía de un ángel ni llame «amigo» a un ángel.

También es importante saber…

El intenso interés en tener ángeles como compañeros y amigos sea tal vez reflejo de alguna de las siguientes ideas erróneas sobre Dios: mucha gente cree que los ángeles y los santos son más compasivos y más accesibles que el Padre o que su Hijo Jesucristo. Es una pena, porque el amor de Dios revelado en Cristo es inconmensurable ( Juan 3:16; 15:9-13; Romanos 5:8; Efesios 5:1-2). Dios anima a los creyentes a llamarlo Abba (que en arameo significa «papá») y los invita a acercarse «confiadamente al trono de la gracia» en el momento de necesidad (Romanos 8:14-17; Hebreos 4:16). promueven la idea de Dios que pregona la Nueva Era, como el «Todo» divino: Dios es todo, o de alguna manera, todo es parte de Dios (panteísmo). La Biblia, en cambio, enseña que Dios es el Creador personal del universo y que nosotros y los ángeles somos sus criaturas (Génesis 1:1; Salmo 100:3; Romanos 1:25).

¿Jesús no es mas que un ángel?

Muchos afirman…

Jesús es el arcángel Miguel (Patética creencia). Algunos grupos religiosos, tal vez el más notorio sea el de los Testigos de Jehová, creen que Jesús no era Dios, sino que se trataba del arcángel Miguel. Según su revista oficial La Atalaya: «El ángel principal, tanto en poder como en autoridad, es el arcángel, Jesucristo, a quien también se llama Miguel».26 Entienden que cuando Pablo afirma que el Señor Jesús descenderá del cielo «con voz de arcángel» (1 Tesalonicenses 4:16), Jesús es el arcángel. Como en Judas 9 a Miguel se lo llama «el arcángel», los Testigos de Jehová concluyen que Jesús debe ser Miguel. También creen que el «ángel de Jehová» (o el «ángel del Señor») del Antiguo Testamento es una descripción de Cristo en tanto ángel creado.

La Biblia enseña …

Jesucristo no es el arcángel Miguel. Daniel 10:13 describe a Miguel como «uno de los príncipes de primer rango», mostrando que aunque era uno de los principales ángeles no dominaba sobre todos los ángeles. (El término «arcángel» significa: el ángel principal.) Miguel era un ángel con la misión especial de proteger a Israel (Daniel 10:21; 12:1). Cristo, en cambio, es el creador de los ángeles (Colosenses 1:16) y digno de la adoración de todos los ángeles (Hebreos 1:6; Apocalipsis 5:13-14). Jesús es infinitamente superior a los ángeles.

Cuando Pablo dice: «El Señor mismo descenderá del cielo con voz de mando, con voz de arcángel y con trompeta de Dios» (1 Tesalonicenses 4:16), la idea es que un arcángel anunciará el descenso del Señor y no que el Señor sea un arcángel ni que tenga una voz arcangélica. (Lo extraño sería decir que Cristo mismo tendrá «voz de arcángel» si fuera efectivamente un arcángel.) Según Judas 9, el arcángel Miguel se negó a maldecir al diablo porque entendía que proferir ese juicio correspondía al Señor. Jesús, el Señor, juzgará al diablo, a sus ángeles caídos y a todas las criaturas (Mateo 25:31-33; Juan 5:22-23; Apocalipsis 20:7-15).

También es importante saber que..

El término ángel, en hebreo y en griego, significa «mensajero», y generalmente, aunque no siempre, se refiere a las criaturas espirituales creadas para servir como mensajeros de Dios (Hebreos. 1:7,14). Es posible que la expresión del Antiguo Testamento al «ángel de Señor» sea una referencia a Cristo (antes de convertirse en hombre) en cuanto mensajero de Dios el Padre, lo que concuerda con la creencia cristiana en Jesús como Dios (el Hijo), dado que en el Antiguo Testamento hay varias alusiones al ángel del Señor como si fuera Dios el Señor (Génesis 16:10-13; 22:11-12; 32:24- 30; Éxodo 3:1-8; 23:20-25; Jueces 2:1-3; 6:11-27; 13:3-22). En la historia de la iglesia, la mayoría de los cristianos han interpretado estos pasajes como teofanías: manifestaciones de Dios, específicamente en la persona encarnada del Hijo de Dios ( Juan 8:56-59; 1 Corintios 10:4,9; Judas 4-5).

Publicado por Pastor Damián Ayala.


Caminar en el Espíritu

Caminar en el Espíritu

Por: Pablo Jimenez

“Camina con cuidado”; “anda en malos pasos”; “dio un resbalón” dice la gente cuando quiere hablar de la conducta. En español se usa el verbo “caminar” como un sinónimo del comportamiento. Quien “va por buen camino” tiene un comportamiento ejemplar. Sin embargo, quien “anda en malos pasos” se comporta de manera incorrecta.

La Biblia también usa el verbo “caminar” como una metáfora para el comportamiento. En particular, Efesios 4 al 6 nos exhorta a vivir de acuerdo a los valores del Evangelio. La teología cristiana, resumida en los primeros tres capítulos, nos revela el carácter de Dios. Afirma que Dios es santo, que es misericordioso, que juzga con justicia, que ama a la humanidad y que busca la reconciliación de la humanidad. La ética cristiana demanda que los creyentes tratemos de imitar a Dios, encarnando su amor, su justicia y su misericordia. La palabra clave de la segunda sección de Efesios es el verbo griego “peripatéo”, traducido al español como “andar” o “caminar” en 4:1, 17 y 5:1-2, 8 y 15.

Queda claro, pues, que Efesios nos exhorta a “caminar” con dignidad, encarnando los valores que Dios nos ha enseñado por medio de su manera de tratar a la humanidad y que Jesucristo demostró en su ministerio terrenal.

Efesios 5:15 al 20 es la conclusión de la exhortación que comenzó en el primer versículo del capítulo 4. Este pasaje resume las enseñanzas de lo que ha sido una larga exhortación sobre el comportamiento del creyente. Entre los cinco versículos que incluye este pasaje, hay uno que se destaca de manera especial. Efesios 5:18 dice: “No os embriaguéis con vino, en lo cual hay disolución; antes bien sed llenos del Espíritu.”

Este versículo sorprende por dos razones principales. En primer lugar, parece ser una referencia al día de Pentecostés, donde los 120 creyentes que recibieron el bautismo en el Espíritu Santo fueron acusados de estar borrachos (Hch. 2:13). En segundo lugar, sorprende porque establece una clara conexión entre la ética cristiana y la doctrina del Espíritu Santo. El pasaje afirma que el creyente que “camina” como es digno del Evangelio de Jesucristo vive “lleno” del Espíritu Santo de Dios.

Este es un buen momento para repasar algunos puntos básicos de la doctrina bíblica sobre el Espíritu Santo. Este es uno de los personajes centrales de la historia, dado que ha estado presente desde la creación (Gn. 1:2) y estará presente hasta el fin de los tiempos (Ap. 22:17). El Espíritu de Dios, junto con el Dios Padre y el Dios Hijo, conforma la Trinidad. Por lo tanto, el Espíritu Santo es la presencia misma de Dios en el mundo.

En su discurso final, Jesús de Nazaret afirmó que la tarea del Espíritu Santo sería revelar la verdad (Jn. 14:15-17; 15:26-27); recordarle las palabras de Jesús (14:25-26); y convencer al mundo de juicio, de pecado y de justicia (16:7-15).

El Espíritu Santo es una figura clave para el desarrollo espiritual del creyente. El Espíritu nos lleva a Cristo, nos recuerda sus enseñanzas, nos convence de pecado, nos lleva a la verdad y nos acompaña en nuestro caminar de fe. El Espíritu Santo es quien nos capacita para “caminar” de acuerdo a los valores del Reino de Dios.

En el Nuevo Testamento hay otros textos que hablan de las varias funciones del Espíritu Santo:

  • Hechos 1:8 afirma que el Espíritu da a los creyentes “poder para testificar” acerca de Jesucristo.
  • Romanos 8:26 describe la acción pastoral del Espíritu, quien ayuda a los creyentes intercediendo a su favor en los momentos de debilidad.
  • Romanos 12:6-7, 1 Corintios 12 y 14 y Efesios 4:11 enumeran los dones del Espíritu. Los dones son habilidades y talentos que Dios da a su Iglesia para facilitar el cumplimiento de la misión cristiana.

Todos estos énfasis son importantes y deben tenerse en cuenta a la hora de hablar sobre la labor del Espíritu Santo. Sin embargo, hoy queremos recalcar que el Apóstol Pablo también afirmó que el Espíritu de Dios capacita a los creyentes para “caminar” de acuerdo a los valores del Reino de Dios. Quizás el texto donde Pablo habla con más claridad sobre este asunto es Gálatas 5:22 al 26, el texto que enumera los “frutos del Espíritu”:

22Pero el fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, 23mansedumbre, templanza; contra tales cosas no hay ley. 24Pero los que son de Cristo han crucificado la carne con sus pasiones y deseos. 25Si vivimos por el Espíritu, andemos también por el Espíritu. 26No busquemos la vanagloria, irritándonos unos a otros, envidiándonos unos a otros.

Cuando Efesios nos exhorta a buscar la plenitud del Espíritu, nos está llamando a encarnar los frutos del Espíritu.

En fin, la persona que está llena del Espíritu Santo puede comportarse a la altura de los valores del Evangelio de Jesucristo.

Efesios 5:18, pues, nos exhorta a buscar la plenitud del poder del Espíritu Santo dado que la llenura del Espíritu nos capacitará para “caminar” de forma agradable a Dios. Interesantemente, la frase “sed llenos del Espíritu” está en el modo imperativo. Es decir, es un mandato o una orden. ¿Por qué el texto nos ordena buscar esa plenitud con lenguaje tan claro, tan directo y tan recio? No sé, esa pregunta puede responderse de diversas maneras.

Quizás Efesios nos ordena buscar la plenitud del Espíritu porque Dios conoce que somos personas pecadoras. Quizás Efesios nos ordena buscar la plenitud del Espíritu porque Dios sabe cuán difícil es alcanzar la madurez espiritual. Quizás Efesios nos ordena buscar la plenitud del Espíritu porque Dios sabe que no estamos llenos de su Espíritu.

Para ser fieles a Dios, tenemos que buscar la plenitud del Espíritu Santo. Sólo los creyentes que aprenden a “caminar en el Espíritu” pueden llegar a ser “firmes y constantes, creciendo en la obra del Señor siempre, sabiendo que vuestro trabajo en el Señor no es en vano” (1 Co. 15:58).

Dios los bendiga.


Entre la Adoración y la Duda

Entre la Adoración y la Duda

Por: Carlos Scott

« Los once discípulos fueron a Galilea, a la montaña que Jesús les había indicado. Cuando lo vieron, lo adoraron; pero algunos dudaban. Jesús se acerco entonces a ellos y les dijo: Se me ha dado toda autoridad en el cielo y en la tierra. Por tanto vayan y hagan discípulos de todas las naciones, bautizándolas en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, enseñándoles a obedecer todo lo que les he mandado a ustedes. Y les aseguro que estaré con ustedes siempre, hasta el fin del mundo» Mt. 28:16-20

Es interesante observar que el encuentro de los discípulos con Jesús se caracteriza por la adoración y la duda. La palabra adoración es reverenciar con sumo honor o respeto a un ser, considerándolo como cosa divina: significa e implica caer postrado. Pero la palabra duda tiene que ver con la falta de determinación acerca de una creencia; por lo tanto es la indeterminación del ánimo acerca de un hecho o noticia. Es vacilar e implica incertidumbre, irresolución e incredulidad. «Al poner juntos adoración y duda, este texto adquiere una dimensión profundamente humana y realista. El grupo de discípulos que sale al encuentro de Jesús resucitado es una pequeña comunidad humana, con conflictos y dudas». [1] Por lo tanto adoración y duda caracterizan el encuentro de los discípulos con Jesús.

Entre la adoración y la duda, el conflicto y la tensión, ésta comunidad de discípulos es recibida por Jesús. Hay palabras de consuelo, ánimo y esperanza. De ninguna manera Jesús los rechaza porque algunos dudaban. Jesús nos anima a todos a seguir adelante, por lo tanto nuestras dudas no deben excluir la obediencia. Es a esta comunidad de discípulos y a nosotros que se nos encomienda la gran comisión. Se nos concede un mandato de confianza donde Jesús establece que toda autoridad se le ha dado en el cielo y la tierra. Es la autoridad amplia e ilimitada de Jesús. Podemos descansar y confiar en las palabras de Jesús: «Se me ha dado toda autoridad en el cielo y en la tierra».

Pero lo cierto es que Adoramos y a su vez Dudamos. Dudamos muchas veces sobre la dirección que debemos tomar y lo que debemos hacer. Otras veces dudamos sobre la protección del Señor ante las diferentes circunstancias como la enfermedad, la falta de empleo, los problemas familiares, los principios y valores que debemos mantener. La duda puede tener semejanza con una noche muy oscura donde no sabemos por donde caminar. Pero en medio de las circunstancias Dios no deja solo a sus hijos y tampoco nos rechaza. Es precisamente en esos momentos donde necesitamos aferrarnos a una palabra del Señor. En el Sermón del Monte Jesús habla de nuestro presente y nos dice: «No te atormentes, no tengas miedo»[2] y ante el desafío que tenemos el profeta Isaías nos recuerda: «Yo te pongo ahora como luz para las naciones, a fin de que lleves mi salvación hasta los confines de la tierra»[3].

Los discípulos en su momento recibieron una palabra: «Este es mi hijo amado. Escúchenlo»[4]. Es precisamente ahí donde el camino del creyente se ilumina por una palabra. «Tu palabra es una lámpara a mis pies; es una luz en mi sendero»[5]. Alessandro Pronzato nos comparte que si bien la lámpara no elimina la noche nos permitirá caminar. Podemos encontrar el sendero por el cual transitar por medio de su palabra y presencia. Ante nuestras dudas, sufrimiento y dolor debemos mantenernos mirando al Invisible[6] que todo lo puede y nos dice: “estoy aquí”. Siendo así debemos arriesgarnos y seguir en fe[7]. La gran comisión es una invitación a experimentar la obediencia con carácter Universal e Integral.

Lo más hermoso en este relato bíblico es que Jesús de ninguna manera nos rechaza. Nos recibe con amor y esta dispuesto acompañarnos en nuestro caminar. Nos recuerda cual debe ser nuestra labor por más adversas que sean las circunstancias y nos da una promesa: «Y les aseguro que estaré con ustedes siempre hasta el fin del mundo» Mat. 28:20. Esta promesa del Señor debe ser nuestra gran motivación para la obediencia. Su presencia, provisión y consuelo van junto a la tarea que tenemos por delante y no separadas de la misma.

Entre la adoración y la duda consideremos fiel al que nos ha hecho la promesa[8] para seguir a Jesús.

Carlos Scott


[1]Valdir R. Steuernagel, La misión de la Iglesia, Visión Mundial, Pág. 92, 1992, S. Jose, Costa Rica.

[2]Lucas 12:29-32

[3]Isaías 49.6

[4]Marcos 9:7

[5]Salmo 119:105

[6]Hebreos 11:27

[7]Hebreos 11:1, 6

[8]Hebreos 11:11


¿Qué relación hay entre la circuncisión y el bautismo?

¿Qué relación hay entre la circuncisión y el bautismo?

Por John Piper

Romanos 4:9–12

¿Es, pues, esta bendición sólo para los circuncisos, o también para los incircuncisos? Porque decimos: A Abraham, la fe le fue contada por justicia. 10Entonces, ¿cómo le fue contada? ¿Siendo circunciso o incircunciso? No siendo circunciso, sino siendo incircunciso; 11 y recibió la señal de la circuncisión como sello de la justicia de la fe que tenía mientras aún era incircunciso, para que fuera padre de todos los que creen sin ser circuncidados, a fin de que la justicia también a ellos les fuera imputada; 12y padre de la circuncisión para aquellos que no solamente son de la circuncisión, sino que también siguen en los pasos de la fe que tenía nuestro padre Abraham cuando era incircunciso.

En el día de hoy voy a hablar acerca de la relación que existe entre la circuncisión del Antiguo Testamento y el Bautismo del Nuevo Testamento. Una de las razones por las que somos llamados bautistas es porque creemos que el Nuevo Testamento nos enseña a bautizar a los creyentes, pero no a los bebés de los creyentes.

Algunas Razones De Por La Que Los Bautistas No Bautizamos Bebés

Existen muchas razones para esta convicción. Mencionaré cinco sobre las que pasaré rápidamente, a fin de poder llegar al tema principal de Romanos 4:11, donde algunos de los que creen en el bautismo del infantes basan sus argumentos. Paso por encima de estas razones rápidamente porque ya las he tratado con anterioridad en la serie de sermones sobre el bautismo, en la primavera de 1997. Usted puede obtener esos sermones y leerlos, o escucharlos.

  1. En cada mandamiento del Nuevo Testamento y en cada ejemplo, el requisito de la fe precede al bautismo. De modo que los infantes, incapaces de tener fe, no han de ser bautizados.
  2. No existen ejemplos explícitos de bautismos de infantes en toda la Biblia. En los tres casos de “bautismos de familias” mencionados (la familia de Lidia, Hechos 16:15; el bautismo del hogar del carcelero filipense, Hechos 16:30-33; el de la familia de Estéfanas, 1ra a los Corintios 1:16) no se hace mención alguna de infantes, y en el caso del carcelero filipense, Lucas dice explícitamente, “Y le hablaron la palabra del Señor a él y a todos los que estaban en su casa” (Hechos 16:32), implicando que los que fueron bautizados podían comprender la Palabra.
  3. Pablo (en Colosenses 2:12) define el bautismo explícitamente como un acto hecho mediante la fe: “…sepultados con El en el bautismo, en el cual también habéis resucitado con El por la fe”. En el bautismo ustedes fueron resucitados con Cristo mediante la fe -la fe de ustedes, no la de sus padres. Si el bautismo no es “mediante la fe” -si no es una expresión externa de la fe interna- entonces no es bautismo.
  4. El apóstol Pedro, en su primera carta, definió el bautismo de esta forma: “… (no quitando la suciedad de la carne, sino como una petición a Dios de una buena conciencia) mediante la resurrección de Jesucristo” (1ra de Pedro 3:21). El bautismo es “una petición a Dios de una buena conciencia”. Es un acto y una expresión externa de la confesión y la oración interna en que el ser humano bautizado -y no sus padres- le pide a Dios que lo limpie.
  5. Cuando la iglesia del Nuevo Testamento debatió en Hechos 15 si todavía debía exigírseles a los creyentes la circuncisión para convertirse en cristianos, es asombroso que ni una vez en todo ese debate alguien dijera algo acerca del bautismo permaneciendo en el lugar de la circuncisión. Si el bautismo simplemente reemplaza a la circuncisión como una señal del nuevo pacto; y es, por tanto, válido tanto para chicos como para adultos (como lo era la circuncisión), de seguro hubiera sido el momento para abordar el tema y demostrar así que la circuncisión ya no era necesaria. Pero no es siquiera mencionado.

Esas son algunas de las razones por las que los bautistas se rehúsan a abrazar los argumentos teológicos más elaborados acerca del bautismo de infantes. Pero ahora estamos aquí, en Romanos 4:11, y muchos de los que bautizan infantes ven en este versículo una pieza clave para su posición. Permítanme mostrarle lo que ellos ven, y después, por qué no me persuaden.

¿Por Qué Muchos En La Tradición De La Reforma Apoyan El Bautismo De Los Infantes?

Estamos lidiando aquí con una gran tradición reformada que se remonta a Juan Calvino, a Ulrich Zwingli, y a otros reformistas. Yo no menosprecio a esta tradición. Y durante muchos años he tratado de ser justo con estos argumentos, debido fundamentalmente a que la mayoría de mis héroes están en este campo.

La principal razón por la que esta gran tradición de la Reforma apoya el bautismo de los bebés de los creyentes, es que en el Nuevo Testamento parece haber una correspondencia entre la circuncisión y el bautismo. Así como la circuncisión fue dada como señal para los “hijos del pacto” en el Antiguo Testamento, también lo fue el bautismo – la nueva señal del pacto- debía ser dada a los “hijos del nuevo pacto” hoy. Por ejemplo, en Colosenses 2:11-12, parece haber una relación entre la circuncisión y el bautismo: “en El [Cristo] también fuisteis circuncidados con una circuncisión no hecha por manos, al quitar el cuerpo de la carne mediante la circuncisión de Cristo; 12 habiendo sido sepultados con El en el bautismo…”. Así que por el bien del argumento, aceptemos que existe alguna correlación entre el bautismo y la circuncisión.

¿Qué vamos a hacer con esta correlación? Bueno, durante 400 años un argumento elaborado con justicia ha sido expuesto, el argumento de que el bautismo reemplaza a la circuncisión como señal del pacto, y que el mismo debe ser aplicado en la iglesia en la misma forma en que era aplicada la circuncisión en Israel, es decir a los hijos de los miembros del pacto -israelitas entonces, cristianos ahora. Así por ejemplo, el Directorio del Parlamento para la Adoración Pública de Dios (desde hace 350 años) dice, “La semilla y la posteridad de los fieles nacidos dentro de la iglesia, tienen desde su nacimiento un interés [una parte] en el pacto, y tienen derecho a ser sellados por el mismo y a los privilegios externos de la iglesia bajo el evangelio; no menos que los hijos de Abraham en la época del Antiguo Testamento”.*

En otras palabras, los hijos de los creyentes cristianos de hoy, por la virtud de su nacimiento pertenecen a la iglesia visible, y deben entonces recibir la señal y el sello del pacto, tal como los infantes israelitas de ocho años de edad recibían la señal y el sello ( la circuncisión) en el Antiguo Testamento. Este es el principal argumento.

¿Por Qué Es Romanos 4:11 La “Pieza Clave” Para Muchos Que Bautizan A Infantes?

Ahora bien, ¿Qué relevancia tiene Romanos 4:11 en este asunto? Permítanme citar una carta -una buena carta (en espíritu y en contenido) que recibí de un defensor del bautismo de infantes, después que prediqué mi mensaje sobre el bautismo en la primavera de 1997. Él lamentaba que yo no hubiera lidiado con Romanos 4:11. «Para mí Romanos 4:11 es la “pieza clave” en la doctrina del pedobautismo (Bautismo de infantes). Sáquelo, y toda la doctrina cae».

Ahora bien, ¿qué es lo que él y otros ven aquí que hace que este versículo sea tan convincente en la defensa del bautismo de infantes? Trataré de explicarlo. Examinemos el texto. En el versículo 9 Pablo nos recuerda que “A Abraham, la fe le fue contada por justicia”. Eso quiere decir que fue justificado, y puesto a bien ante Dios solo mediante la fe. Luego el versículo 10 señala que esto sucedió antes que Abraham fuese circuncidado. “Entonces, ¿cómo le fue contada? ¿Siendo circunciso o incircunciso? No siendo circunciso, sino siendo incircunciso”. El punto es que la justificación de Abraham no fue comprada por la circuncisión, que vino después, sino solo por la fe.

Después viene el crucial versículo 11 que hace una especie de definición de la circuncisión: “recibió la señal de la circuncisión como sello de la justicia de la fe que tenía mientras aún era incircunciso” De modo que aquí se describe la circuncisión de Abraham como una señal “…sello de la justicia de la fe.”

Ahora bien, ¿por qué es esto importante? Es importante porque le da a la circuncisión un significado espiritual que es similar al del bautismo en el Nuevo Testamento – “la señal” y “sello de la justicia de la fe”. Nosotros decimos que el bautismo es una expresión de la fe genuina y de la buena posición que tenemos para con Dios mediante la fe, antes de ser bautizados. Esto parece ser lo que la circuncisión ha de significar, según Pablo en Romanos 4:11. La circuncisión es una señal y un sello de la fe que Abraham tenía antes de ser circuncidado.

¿Ven entonces lo que significa eso? Si la circuncisión y el bautismo significan lo mismo -es decir, fe genuina- entonces no pueden utilizar este significado del bautismo, como un argumento individual en contra del bautismo de infantes, porque a los infantes les era dada la circuncisión. En otras palabras, no se puede solo decir “el bautismo es una expresión y una señal de fe: los infantes no pueden tener fe; por tanto no bauticen a los infantes. Usted no puede solo decir esto, porque Romanos 4:11 dice que la circuncisión significa lo mismo-una señal de fe –y era dado a los infantes.

Por eso Romanos 4:11 es considerado por algunos la pieza fundamental de la defensa del bautismo de infantes. Este versículo define a la circuncisión con el mismo significado básico que al bautismo, aunque sabemos desde Génesis 17 que la circuncisión fue destinada por Dios para los infantes de todo el pueblo judío.

“Este es mi pacto que guardaréis, entre yo y vosotros y tu descendencia después de ti: Todo varón de entre vosotros será circuncidado. 11 […] y esto será la señal de mi pacto con vosotros. 12 A la edad de ocho días será circuncidado entre vosotros todo varón por vuestras generaciones; asimismo elsiervo nacido en tu casa, o que sea comprado con dinero a cualquier extranjero, que no sea de tu descendencia.”

Entonces, aunque la circuncisión es descrita por Pablo como una señal y un sello de la justicia de la fe de Abraham, la circuncisión debía ser dada a sus hijos, y a los hijos de sus hijos, y aún a los sirvientes que no eran judíos de nacimiento.

Entonces, si la circuncisión puede ser una señal de fe y de justicia, y puede ser dada a todos los hijos varones de los israelitas (que aun no tienen fe por sí mismos) ¿Entonces por qué el bautismo no debe ser dado a los hijos de los cristianos cuando también es una señal de fe y justicia (fe y justicia que los niños no tienen todavía)?

¿Qué Diremos A Esto?

El problema principal con este argumento es una errónea suposición sobre la similitud entre el pueblo de Dios en el Antiguo Testamento y el pueblo de Dios en la actualidad. Esa suposición asume que la forma en que Dios reunía al pueblo de su pacto, Israel, en el Antiguo Testamento; y la forma en que está reuniendo al pueblo de su pacto, la iglesia, en la actualidad, son tan similares que las diferentes señales del pacto (bautismo y circuncisión) pueden ser administradas en la misma forma para ambos pueblos. Esta es una suposición errónea.

Existen diferencias entre el pueblo del nuevo pacto, llamado iglesia y el antiguo pueblo del pacto, llamado Israel. Y estas diferencias explican por qué era apropiado dar la señal del antiguo pacto, que era la circuncisión, a los infantes de Israel, y por qué no es apropiado dar la señal del pacto (el bautismo) a los infantes de la iglesia. En otras palabras, aun cuando existe una coincidencia en cuanto a significado, entre el bautismo y la circuncisión (vista en Romanos 4:11), la circuncisión y el bautismo no desempeñan el mismo papel en el pueblo del pacto de Dios, porque la forma en que Dios constituyó a su pueblo en el Antiguo Testamento y la forma en la que está constituyendo la iglesia hoy; son esencialmente diferentes.

Pablo lo deja claro en varios lugares. Veamos dos. Vayan conmigo a Romanos 9:6-8:

“Pero no es que la palabra de Dios haya fallado. Porque no todos losdescendientes de Israel son Israel; 7 ni son todos hijos por ser descendientes de Abraham, sino que por Isaac será llamada tu descendencia. 8 Esto es, no son los hijos de la carne los que son hijos de Dios, sino que los hijos de la promesa son considerados como descendientes.”

Lo que es relevante para nuestro propósito en este texto es que habían dos Israel: un Israel físico y un Israel espiritual. Versículos 6b: “no todos los descendientes de Israel son Israel [ie.: verdaderos israelitas en espíritu]”. Sin embargo Dios ordenó que toda la inmensa nación de Israel, física y religiosa, fuera conocida como el pueblo de su pacto, y que recibiera la señal del pacto y las bendiciones externas de dicho pacto – como la tierra prometida (Génesis 17:8)

El pueblo del pacto en el Antiguo Testamento estaba mezclado. Todos eran físicamente israelitas, circuncidados; pero dentro de ese grupo étnico nacional quedaban restos del verdadero Israel, los verdaderos hijos de Dios (versículo 8). Así quiso Dios que fuera: Él se ató a sí mismo, mediante el pacto, a un grupo étnico y a sus descendientes; Él les dio a todos la señal del pacto, la circuncisión, pero obró dentro de este grupo étnico para hacerse un pueblo verdadero para sí.

¿De Qué Manera Es La Iglesia Una Continuación De Israel?

Ahora nuestra pregunta es: ¿Es la iglesia del Nuevo Testamento (la iglesia de hoy) la continuación de la nación de Israel (de ese gran grupo étnico religioso y mezclado)? ¿O es una continuación del resto de los verdaderos hijos de Abraham que son hijos de Dios por fe en Cristo? ¿Somos una comunidad del nuevo pacto nacida del espíritu con la ley de Dios escrita en nuestros corazones y definida por fe? No necesitamos hacer suposiciones al respecto.

Pablo deja la respuesta clara en Gálatas 4:22-28:

“Porque está escrito que Abraham tuvo dos hijos, uno de la sierva [Ismael, nacido de Agar] y otro de la libre [Isaac, nacido de Saraí]. 23 Pero el hijo de la sierva nació según la carne, y el hijo de la libre por medio de la promesa. […] 28 Y vosotros, hermanos [la iglesia], como Isaac, sois hijos de la promesa.”

Ahora bien, ¿a quién se refiere con “hermanos”? Los hermanos son la iglesia. La iglesia no debe ser una heredad mixta, como la semilla de Abraham. La iglesia no debe ser como Israel (una multitud física, y dentro de ella un pequeño resto de verdaderos santos). La iglesia son los santos, por definición. La iglesia es la continuidad de ese resto. Como dice el versículo 28, la iglesia es “como Isaac, […] hijos de la promesa.”

El pueblo del pacto en el Antiguo Testamento estaba hecho de Israel según la carne -una inmensa nación física y religiosa que contenía a “los hijos según la carne” y a “los hijos de Dios”. Era, por tanto, apropiado que la circuncisión fuese dada a todos los hijos de la carne.

Pero el pueblo del nuevo pacto, llamado iglesia de Jesucristo, está siendo edificado de un modo esencialmente diferente. La iglesia no está basada en ningún rasgo distintivo nacional o étnico; sino en la única realidad de la fe, solo por gracia en el poder del Espíritu Santo. La iglesia no es una continuidad de Israel como un todo; la iglesia es una continuidad del verdadero Israel, el remanente -no de los hijos según la carne, sino de los hijos según la promesa.

Por tanto, no es apropiado que los hijos nacidos solo según la carne reciban la señal del pacto, el bautismo.

La iglesia es la comunidad del nuevo pacto: “Esta copa es el nuevo pacto en mi sangre” (Lucas 22:20; 1ra a los Corintios 11:25). Nosotros decimos cuando comulgamos. El nuevo pacto es la obra espiritual de Dios al colocar su Espíritu dentro de nosotros, al escribir la ley en nuestros corazones, y al hacer que andemos en sus estatutos. La iglesia es una comunidad auténtica espiritualmente. A diferencia de la comunidad del Antiguo Testamento la iglesia está definida por una vida espiritual y una fe verdadera. Tener estas cosas es lo que significa pertenecer a la iglesia. Por tanto, dar la señal del pacto, el bautismo, a aquellos que son meramente hijos de la carne y no muestran evidencias del nuevo nacimiento, o de la presencia del Espíritu, o de la ley escrita en sus corazones, o de tener una fe vital en Cristo; es contradecir el significado de la comunidad del nuevo pacto y retroceder en la historia de la redención.

La iglesia no es una replica de Israel. Es un avance sobre Israel. Administrar la señal del pacto como si este avance no hubiese ocurrido, es un gran error. Nosotros no bautizamos a nuestros hijos según la carne, no porque no los amemos, sino porque queremos preservar para ellos la pureza y el poder de la comunidad espiritual que Dios ordenó para la iglesia creyente del Cristo viviente. Oro porque usted sea persuadido de estas cosas, y para que muchos que se han estado retrayendo a sí mismos sean bautizados, no para cumplir con alguna constitución de la iglesia, sino por fe y obediencia, para glorificar la gran obra del nuevo pacto de Dios en sus vidas ¿Ha sido usted lavado por la sangre del Cordero? ¿Están perdonados sus pecados? ¿Ha muerto usted con Cristo y ha resucitado por fe para andar en novedad de la vida? ¿Mora en usted el Espíritu de Cristo? ¿Está siendo escrita la ley de Dios en su corazón? Venga pues, y represente esos cambios en el bautizo, y glorifique la gran obra del nuevo pacto de Dios en su vida.

Publicado por Pastor Damian Ayala

Este artículo ha sido publicado con el permiso de desiringGod.org

Hermanos, magnifiquen el significado del bautismo

Hermanos, magnifiquen el significado del bautismo

Por John Piper

Recuerdo un hermoso día del año 1973. El profesor Leonhard Goppelt había invitado a su seminario universitario sobre bautismo a un retiro al sur de Múnich en las colinas al pie de los Alpes Bávaros. Él era luterano y yo era el único estadounidense – y bautista. Nos reunimos en un monasterio y por varias horas debatimos el tema del bautismo de los niños contra el tema del bautismo de los creyentes. Era un espectáculo de dos: algo así como el caso de David y Goliat. Sólo que no habían israelitas bautistas alentándome. Como tampoco cayo derribado el Profesor Goppelt. Pero hasta la fecha creo que el vuelo de mi piedra fue verdadero y que tan sólo la fuerza impenetrable de una tradición que data del siglo 17 protegió el bastión del bautismo de los niños.

Pero ahora he llegado a la conclusión de que la “batalla de Baviera” fue librada a un nivel equivocado. Desde mi llegada a la Iglesia Bautista Belén en Minneapolis, he enseñado aproximadamente diez cursos de cuatro semanas de membrecía. Casi siempre han participado luteranos o católicos o presbiterianos o “covenanters” (firmantes del pacto escocés de la reforma religiosa) u otros parececidos que fueron “bautizados” cuando niños pero que quieren ser miembros de nuestra iglesia. Mes tras mes ha aumentado mi entendimiento de porque acepto el bautismo de los creyentes. Y ahora veo que nunca llegué a la raíz en Baviera.

Aquí aparece la forma en que mis pensamientos han avanzado. Este proceso consta de tres etapas (no diferentes a la infancia, adolescencia y madurez).

Primero vi que todo bautismo registrado en la biblia era el bautismo de un adulto que había profesado fe en Cristo. En ninguna parte en la Escritura aparece el ejemplo del bautismo de un niño. El “bautizo con su familia” (mencionado en Hechos 16:15, 33 y 1 Corintios 1:16 son excepciones sólo si uno supone que la “familia” incluye a los niños. Pero, en realidad, Lucas nos saca de esa suposición en Hechos 16:32 al decir que Pablo primero “le hablaron la palabra del Señor a él [el carcelero] y a todos los que estaban en su casa,” y entonces los bautizó.

Además de la ausencia del bautismo de los niños en la Escritura, también me doy cuenta de (en la misma forma que todo niño bautista de nivel escolar sabe) que la instrucción en el mandato de Pedro fue “Arrepentíos y bautícese” (Hechos 2:38). Nunca vi razón para cambiar este orden.

Pero poco a poco llegué a la conclusión de que estas observaciones eran únicamente sugestivas, no convincentes. Que no exista registro de bautismo de los niños no significa que no se realizaran. Y que Pedro dijera “Arrepentíos y bautícese,” a una audiencia adulta no elimina la posibilidad de que dijera algo diferente sobre los niños. Así que desarrollé mi segunda etapa y decidí “Mejor me aparto de los ejemplos del bautismo y me enfoco en la enseñanza sobre el bautismo.” Quizás el significado de la narrativa de Lucas podría ser clarificado a través del planteamiento de Pablo y Pedro.

Por supuesto que Romanos 6:1-11 me vino a la mente. Pero esta era el arma favorita del profesor Goppelt, porque no contiene una sola palabra de fe o cualquier otra reacción consciente a Dios hasta el versículo 11; y ahí la reacción viene después de bautismo. Por lo tanto el utiliza Romano 6 como la defensa clásica del bautismo de los niños. Para mí me va a cualquier dirección en forma aislada.

Pero Colosos 2:12 y 1 Pedro 3:21 me pareció ser devastador para los puntos de vista del bautismo de los niños. Pablo compara el bautismo con la circuncisión y dice, “Con él fuisteis sepultados en el bautismo, y en él fuisteis también resucitados por la fe en el poder de Dios que lo levantó de los muertos.” Esto dice claramente: en el bautismo somos resucitados por la fe. El bautismo es válido como una expresión de fe. No vi como un niño podría adecuadamente aceptar este símbolo de fe.

Entonces 1 Pedro 3:21 dice, “el bautismo…os salva (no quitando la suciedad de la carne, sino como una petición a Dios de una buena conciencia) mediante la resurrección de Jesucristo.” Este texto asusta a muchos bautistas ya que parece acercarse a la noción de los católicos, luteranos y anglicanos de que el acto mismo del bautismo salva. Pero al huir de este texto malgastamos una poderosa discusión del bautismo de los creyentes. Ya que según lo que dice J.D.G. Dunn, esto es lo más se acerca a una definición que incluye fe. El bautismo es “una suplica a Dios.” Esto es, el bautismo es el llamado de fe a Dios. Enese sentido en ese grado, es parte del medio de salvación de Dios. Esto no debe asustarnos mas que la oración, “Si confiesas con tus labios que Jesús es el Señor. . .serás salvado.” El movimiento de los labios en el aire y el movimiento del cuerpo en el agua solo salva en el sentido de que expresan la suplica y la fe del corazón hacia Dios.

Entonces me parece que Colosenses 2:12 y 1 Pedro 3:21 cerraron el caso contra bautizar a los niños quienes todavía no pueden creer en Cristo o rogar a Dios.

Pero ahí fue donde mi batalla en Baviera se detuvo. Desde entonces se me ha estado demostrando en mis clases de membrecía a través de una larga sucesión de discusiones que hasta estos textos abren la [¡remota!] posibilidad de que un niño pueda ser bautizado basado en la fortaleza de la fe de sus padres y en la espera de su propia eventual “confirmación.” Es posible también que estos pasajes tengan relevancia únicamente en los entornos de los misioneros en lugares donde los adultos son convertidos y bautizados. Si Pablo y Pedro hubieran enfocado el tema de los nuevos niños en los hogares cristianos, quizás hubieran salido como buenos presbiterianos.

Lo dudo. Ya que existe una tercera etapa de razonamiento a favor del bautismo de los creyentes. Existe una gran respuesta bíblica y bautista al catecismo Heidelberg, que dice que los niños de padres cristianos “están comprendidos, como los adultos, en el pacto, y pertenecen a la iglesia de Dios… y deben ser incorporados a la Iglesia de Dios y diferenciados de los hijos de los infieles, así como se hacía en el pacto del Antiguo Testamento por la circuncisión, cuyo sustituto es el Bautismo en el Nuevo Pacto.” En otras palabras, la justificación del bautismo de los niños en la iglesia reformada esta relacionado con el hecho de que el bautismo es la contraparte de la circuncisión en el Nuevo Testamento.

De hecho existe una continuidad importante entre las señales de circuncisión y bautismo, pero los representantes presbiterianos de la teología reformada han restado valor a ladiscontinuidad. Esta es la diferencia profunda entre bautista y presbiteriano en lo relacionado con el bautismo. Soy bautista porque creo que en ese respecto respetamos tanto a la continuidad como a la discontinuidad entre Israel y la iglesia y entre sus respectivas señales del pacto.

La continuidad se expresa en esta forma: Así como la circuncisión fue administrada a todos los hijos físicos de Abraham quien integró el Israel físico, de la misma forma deberá administrarse el bautismo a todos los hijos espirituales de Abraham que integran el Israel espiritual, la iglesia. ¿Pero quiénes son estos hijos espirituales de Abraham que constituyen el pueblo de Dios en nuestra época?

Gálatas 3:7 dice, “Sabed, por tanto, que los que tienen fe, estos son hijos de Abraham.” Lo nuevo, desde que Jesús ha venido, es que la gente del pacto de Dios ya no son una nación étnica, política, pero si un cuerpo de creyentes.

Juan el Bautista inauguró este cambio e introdujo el nuevo símbolo del bautismo. Al llamar a todos los judíos a arrepentirse y bautizarse, Juan declara fuertemente y ofensivamente que la descendencia física no forma una parte de la familia de Dios y que la circuncisión, que significa una relación física, será reemplazada por el bautismo, que significa una relación espiritual. El apóstol Pablo recoge este nuevo énfasis, especialmente en Romanos 9, y dice, “ni por ser descendientes de Abraham, son todos hijos suyos. . . no son hijos de Dios los hijos según la carne” (vs. 7-8).

Por lo tanto un cambio muy importante ha sucedido en la historia redentora. Hay discontinuidad como también continuidad.

Zwingli y Calvin y sus herederos han tratado las señales del pacto como si ningún cambio significativo haya ocurrido con la venida de Cristo. Pero Dios esta formando a su pueblo hoy día diferente de cómo cuando esforzó con un grupo étnico llamado Israel. El pueblo de Dios ya no esta formado por parentesco natural, pero sí por la transformación sobrenatural de la fe en Cristo.

Con la venida de Juan el Bautista y Jesús y los apóstoles, el énfasis actual es que el estado espiritual de tus padres no determina tu membresía en el pacto de la comunidad. Los beneficiarios de las bendiciones de Abraham son aquellos que tienen la fe de Abraham. Estos son los que pertenecen al pacto de la comunidad.

Y estos son los que deberían recibir la señal del pacto: bautismo de los creyentes. Si pudiera regresar a Baviera, iría de inmediato a la raíz. Ahí es donde nuestra “defensa y confirmación” se ganará o se perderá. Pero el Señor nos lleva a través de la niñez, la adolescencia y la madurez por una razón. Toda etapa de razonamiento es útil. Conozcan su audiencia, hermanos, y magnifiquen el significado del bautismo.

Publicado por Pastor Damian Ayala

Este artículo ha sido publicado con el permiso de desiringGod.org