El hombre en el hoyo

EL hombre en el hoyo


¡Torciendo el Evangelio de Cristo!

¡Torciendo el Evangelio de Cristo!

 Por Pastor Damián Ayala.
Hizo además Jesús muchas otras señales en presencia de sus discípulos, las cuales no están escritas en este libro.” (Juan 20.30, RVR60)

Y hay también otras muchas cosas que hizo Jesús, las cuales si se escribieran una por una, pienso que ni aun en el mundo cabrían los libros que se habrían de escribir. Amén.” (Juan 21.25, RVR60)

Fueron los versos que me recitó una persona para respaldar sus prácticas no Bíblicas y anti-bíblicas. Me quedé sorprendido de la habilidad del hombre cuando quiere torcer la Palabra y su verdadero significado.

Después de un tiempo entré al blog de un conocido Católico con quien he tenido largos debates sobre temas importantes de la Palabra y pude ver un artículo que usaba este mismo verso (Juan 21.25, RVR60) para fundamentar las mil y una tradiciones que ellos tienen que por supuesto no están registradas en la Palabra. Otra vez quede atónito.

¡Qué fácil! si se trata de añadirle a la Palabra sólo, hay que buscar un lugar donde la misma calla para aportarle.

Dos corrientes con el mismo propósito, Torcer la Palabra, para encajarla en doctrinas y tradiciones anti-bíblicas.

No hay duda que el hombre es torcedor de la verdad por naturaleza. Se imaginan si el Señor no nos hubiera dejado su Palabra, si dejando su Escritura y su Espíritu los hombres la tuercen, se imaginan si no nos deja nada. No hay duda que es grande en misericordia.

Muchos podrán decir ¿Qué quiso decir el Espíritu Santo, en, Hizo además Jesús muchas otras señales, o Y hay también otras muchas cosas que hizo Jesús?

Comencemos con muchas otras señales (Juan 20.30, RVR60)

Lo que nosotros llamamos “milagros de Jesús”, él los llamaba señales. Este término es utilizado respecto de las cosas indicativas de algo más allá del mero hecho de que sucedieron (por más milagroso que haya sido ese hecho).

“Muchas otras” se refiere no sólo a las mencionadas en los evangelios sinópticos sino a las que Juan ya había mencionado en Juan 2:23; Juan 2:11 y Juan 12:37.

Los milagros no fueron hechos simplemente para agradar al oído o impresionar a los demás; ni siquiera los hizo sólo para que creyeran en él. Jesucristo hizo estos milagros como una señal de que era Dios encarnado, de que era el Mesías, como señal de su poder y autoridad.

Jesucristo hizo muchas señales, y no todas están escritas en este libro. Juan hizo una selección de acuerdo al propósito que tenía en mente. Mucho de lo que sucedió fue omitido. Dios escogió incluir aquí aquellas señales que creyó convenientes, de entre las centenares y quizás millares que el Señor Jesús llevó a cabo en su vida terrenal.

Jesucristo realizó dichas señales en presencia de sus discípulos, a quienes escogió como testigos. Después de resucitado el Señor les dio una serie de pruebas indubitables (Hch. 1:2–9), y se presentó a los testigos escogidos por él, a sus verdaderos y sinceros discípulos.[1]

En cuanto a:

otras muchas cosas que hizo Jesús (Juan 21.25, RVR60)

Este versículo es paralelo a (Juan 20.30, RVR60)

Al escribir su evangelio Juan no tenía intención de ser completo sino de hacer una selección cuidadosa—y lo hizo guiado por el Espíritu Santo. Sobre Jesús hay mucho más que aquello que conocemos. Es obvia la exageración en cuanto a que el material sobre la vida de Jesucristo no cabría en todos los libros del mundo. Sin embargo, tanto el lector como el escritor entienden que no se trata de una exageración mentirosa, sino que habla de la infinita riqueza de las obras de amor y poder del Señor Jesús. Un relato completo de la vida de Jesucristo sería prácticamente infinito.[1]

¿A qué se refiere el Espíritu Santo con: Y hay también otras muchas cosas que hizo Jesús?

Se refiere también a los milagros, por ejemplo: Juan 4:45 Es lógico que es imposible registrar todas las cosas que Jesús realizo.

Con este verso les daré otro ejemplo:

Cuando llegó la noche, luego que el sol se puso, le trajeron todos los que tenían enfermedades, y a los endemoniados; y toda la ciudad se agolpó a la puerta. Y sanó a muchos que estaban enfermos de diversas enfermedades, y echó fuera muchos demonios; y no dejaba hablar a los demonios, porque le conocían.” (Marcos 1.32–34, RVR60)

Se imaginan si Juan se pusiera a escribir cada una de las escenas de este verso. El relatar todas las cosas que hizo Jesús en esa noche sería titánico. Pueden ver, le  trajeron todos los enfermos y endemoniados y sanó a muchos que estaban enfermos de diversas enfermedades, y echó fuera muchos demonios… Al decir otras muchas cosas que hizo Jesús. Se refiere a todo lo que fue imposible registrar en papel y tinta por la cantidad de cosas que el Señor realizo en su vida.

En la Palabra quedó registrado sólo lo que el Señor quiso, nos dio el resumen perfecto de la vida y obra de Cristo, nada se le pasó de lo que él quiso enseñarnos.

Todo lo de más son cuestiones de hombres, la carne trabajando con el diablo para manchar lo que es puro y perfecto.

Hermanos, conformémonos con la hermosa Palabra de Dios y su Sana Doctrina.

Dios los bendiga.

1 Palau, L. (1991). Comentario bı́blico del continente nuevo: San Juan II (214). Miami, FL: Editorial Unilit.


Alcanzar la constancia

Alcanzar la Constancia

Por Christopher Shaw

Pero pida con fe, no dudando nada, porque el que duda es semejante a la onda del mar, que es arrastrada por el viento y echada de una parte a otra. No piense, pues, quien tal haga, que recibirá cosa alguna del Señor, ya que es persona de doble ánimo e inconstante en todos sus caminos. Santiago 1.6–7

Nunca dejo de maravillarme por lo asombrosamente pedagógicas que son las ilustraciones de la Palabra. No en vano se ha señalado que una ilustración vale más que mil palabras. Para mostrar cuán profundamente las dudas afectan la vida del discípulo, Santiago no hace más que señalar las olas del mar. Cualquier persona que ha estado, en algún momento de su vida, a orillas del mar, podrá entender con toda claridad el principio que está enunciando.

Piense, por un momento, en las olas. Tienen tremendo poder y pueden, cuando están «enfurecidas», producir enorme destrucción. Aquellos que tienen experiencia con la navegación saben que no es aconsejable estar en el mar en medio de una fuerte tormenta. Pero, aunque las olas tienen mucha fuerza, no poseen dirección ni voluntad propia. Son la manifestación visible de las fuerzas del viento y las mareas. No escogen la dirección en que se mueven, sino que son impulsadas por una fuerza mayor que ellas. Así también el discípulo que está lleno de dudas. Pierde el rumbo en la vida y comienza a caer bajo la influencia de las filosofías que surgen entre los hombres. Al igual que las olas, cuando esas filosofías están inflamadas por el mismo diablo, estas personas pueden convertirse en verdaderos instrumentos para destrucción.

Para que sus lectores no tuvieran duda acerca de la ilustración que estaba utilizando, Santiago describe a la persona que duda: posee doble ánimo y es inconstante en todos sus caminos. He aquí la descripción de los síntomas que tanto atribulan la vida de muchos creyentes en nuestro tiempo. Una persona de doble ánimo es la que no tiene una sola conducta en la vida. Un día cree una cosa y otro día cree otra. Sus convicciones cambian tan rápidamente como el clima y producen, por ende, una notable inestabilidad. Esta condición la lleva a ser inconstante; es decir, no persevera en nada, porque fácilmente abandona las convicciones que son fundamentales para proseguir en cualquier cometido que tenga.

La raíz de las dudas no está en las propuestas que Dios pueda traer para nuestras vidas, aunque, como frecuentemente se ha señalado en esta serie, las instrucciones del Señor rara vez nos parecen sensatas. No obstante, el verdadero problema radica en la persona misma de Dios. Fácilmente atribuimos a su persona la misma imperfección que condiciona a los seres humanos, por lo que dudamos de la confiabilidad de su persona. ¿Sabrá lo que está haciendo? ¿Habrá considerado todas las opciones? ¿Tendrá en cuenta las particularidades de nuestras propias circunstancias? La vida nos parece tan compleja que nos cuesta creer que él puede resolver, con suma sencillez, los entreveros que tanta preocupación nos producen.

Para pensar:

La fe distingue entre la realidad de este mundo y la de Dios. Ella reserva para el Altísimo una entrega que no le da a ningún ser humano; se resiste a las idas y venidas típicas del hombre. Cree, porque en el reino la incredulidad es anormal.

Publicado por Pastor Damián.

¿Qué le sucede a la gente que nunca tienen oportunidad de oír acerca de Jesús?

¿Qué le sucede a la gente que nunca tienen oportunidad de oír acerca de Jesús?

Por: GotQuestions.org/Espanol


Toda la gente es responsable ante Dios, ya sea que hayan o no “escuchado acerca de Él.” La Biblia nos dice que Dios se ha revelado claramente a Sí mismo en la naturaleza (Romanos 1:20) y en el corazón de la gente (Eclesiastés 3:11). El problema es que la raza humana es pecadora; todos nosotros rechazamos este conocimiento de Dios y nos rebelamos contra Él (Romanos 1:21-23). Aparte de la gracia de Dios, Dios nos concedió, sobre los pecaminosos deseos de nuestro corazón, la visión de descubrir lo inútil y miserable que es nuestra vida apartados de Él. Esto lo hace para aquellos que lo rechazan (Romanos 1:24,32).

En realidad no es que algunas personas no hayan escuchado acerca de Dios. Más bien, el problema es que ellos han rechazado lo que han oído y lo que es fácilmente apreciado de Su obra en la naturaleza. Deuteronomio 4:29 proclama: “Mas si desde allí buscares a Jehová tu Dios, lo hallarás, si lo buscares de todo tu corazón y de toda tu alma.” Este texto enseña un importante principio: quienquiera que realmente busque a Dios, lo hallará. Si una persona verdaderamente desea conocer a Dios, Dios mismo se dará a conocer.

El problema es que, “No hay quien entienda, no hay quien busque a Dios.” (Romanos 3:11) La gente rechaza el conocimiento de Dios que está presente en la naturaleza y en su propio corazón, y en lugar de ello, deciden adorar un “dios” de su propia creación. Es necio discutir sobre la justicia de Dios que envía a alguien al infierno porque nunca tuvo la oportunidad de escuchar el Evangelio de Jesucristo. La gente es responsable ante Dios por lo que Dios ya se ha revelado a ellos. La Biblia dice que la gente rechaza este conocimiento, y por lo tanto, Dios es justo al condenarlos al infierno.

Si asumimos que aquellos que nunca han escuchado el Evangelio son merecedores de la misericordia de Dios, nos metemos en un terrible problema. Si la gente que nunca escuchó el evangelio es salva… deberíamos asegurarnos de que nadie jamás escuche el Evangelio. La peor cosa que podríamos hacer, sería compartirle el Evangelio a una persona y hacer que él o ella lo rechacen. Si eso sucediera, ellos serían condenados. La gente que no escucha el Evangelio debe ser condenada, si no, no habría motivo para el evangelismo. Si fuera de otra manera, ¿Por qué correr el riesgo de que la gente posiblemente rechace el Evangelio y se condene a sí misma – cuando ellos serían previamente salvos porque nunca escucharon el Evangelio?

Publicado por Pastor Damián Ayala


La Tradición no escrita ¿Tiene la misma autoridad que la Biblia?

La Tradición no escrita ¿Tiene la misma autoridad que la Biblia?

Por Pastor Damián Ayala.

La respuesta es ¡NO!, la ICAR mantiene la siguiente postura sobre las tradiciones:

La Escritura es independiente de la iglesia en lo que respecta a su inspiración. Esta viene sólo de Dios, así que cuando la Escritura es vista en forma aislada, ella posee su propia autoridad canónica. En la práctica, sin embargo, al entrar la Escritura en contacto con vidas humanas, la misma requiere la voz de la iglesia, tanto para autenticarla como para interpretarla. Otro rasgo es el reconocimiento de la validez de la tradición no escrita junto a aquella de la Escritura. El Concilio de Trento, en su cuarta sesión, la del 8 de abril de 1546, comprometió la iglesia a honrar, a la par de las Escrituras, “las tradiciones no escritas que, “recibidas por los apóstoles de la boca de Cristo mismo”, o de los “apóstoles mismos siendo dictadas por el Espíritu Santo”, han llegado aun hasta nosotros, pasadas como si fuera de mano en mano”. [1]

Ellos afirman que hubo enseñanzas que no quedaron registradas en la escritura las cuales fueron transmitidas de la boca de Jesus a los apóstoles y de los apóstoles a la iglesia o del Espíritu Santo a los Apóstoles. Ellos usan este argumento para fundamentar sus enseñanzas aún las anti-bíblicas.

Los apologistas Católicos para demostrar esta postura usan  2 Tesalonicenses 2.15

 15Así que, hermanos, estad firmes, y retened la doctrina que habéis aprendido, sea por palabra, o por carta nuestra.

La palabra que es traducida como doctrina en (RVR60), es la palabra griega παράδοσις parádosis, en las traducción católica esta palabra es traducida “Tradición” por ejemplo: La Biblia de Jerusalén dice, Así pues, hermanos, manteneos firmes y conservad las tradiciones que habéis aprendido de nosotros, de viva voz o por carta.  2 Tesalonicenses 2.15

Ellos dan por confirmado que al decir “por palabra” y usar la palabra “tradición” están fundamentando su postura.

Lo que ellos tienen que demostrar es que las tradiciones o enseñanzas trasmitidas a “por palabra” no quedaron registradas en la Palabra de Dios.

Así que hasta que no se compruebe lo contrario todas las tradiciones o enseñanzas de la ICAR no bíblicas y anti-bíblicas son inventadas por los hombres y no por Dios.

Veamos el significado de παράδοσις. parádosis; precepto; especifico. la ley judía tradicional:—enseñanza, instrucción, doctrina, tradición.[2]

Esta palabra para decir «tradición» significa «lo que es transmitido» en vez de «transmisión» en el NT. Tiene un sentido peyorativo cuando se usa respecto a la tradición que se añade a la ley, p. ej. la de los ancianos en Marcos 7:3, 5, o la de los hombres en Marcos 7:8. Jesús rechaza la validez de las adiciones a la ley divina. El uso es más global en Gálatas 1:14, pues abarca las tradiciones tanto escritas como no escritas.[3]

La tradición es “transmisión de noticias, composiciones literarias, doctrinas, ritos, costumbres, etc., hecha de generación en generación”.[4]

2 de Tesa 2:15 habla de dos formas de transmitir las enseñanzas de Cristo oral o por carta. Enseñar los misterios del reino y el predicar el evangelio de la paz se convirtió en una tradición para la nueva iglesia Cristiana transmitida por el mismo Jesucristo.

En la tradición Judía:  Pablo dice, en el judaísmo aventajaba a muchos de mi nación, siendo mucho más celoso de las tradiciones de mis padres” (Gá. 1:14).[5] La tradición es aquí el conjunto de las explicaciones de la Ley y de las prescripciones relativas a los casos no previstos por la Ley, transmitidas de maestro en maestro y a las que los fariseos reconocían el mismo valor coercitivo que a la propia Ley … Jesús se opone en principio a la actitud de los fariseos y no reconoce validez más que a la Ley de Dios, ni concede valor alguno a la tradición que no es de Dios, sino “de los hombres”. Es decir, que a los ojos de Jesús, los hombres no son capaces de completar la Ley divina. Cuando, sin embargo, quieren hacerlo, no consiguen más que destruirla …[6]

En el Nuevo Testamento la palabra παράδοσις “tradición” se usa también en relación con la doctrina del Evangelio impartida por el apóstol Pablo. De hecho, está traducida “doctrina” en 2 Tesalonicenses 2:15 y “enseñanza” en 2 Tesalonicenses 3:6. Como ya lo vimos. A los corintios el Apóstol les dice: “Porque primeramente os he enseñado lo que asimismo recibí” (l Co. 15:3). Luego enumera los grandes hechos salvíficos del Cristo: su muerte y su resurrección. De estos hechos trascendentales hay un gran número de testigos. Por supuesto, Saulo de Tarso recibió revelación especial del Señor Jesús en el camino de Damasco. Como resultado, cuando recibió la revelación del Hijo de Dios, abandonó “las tradiciones de los ancianos” (tradiciones judaicas) y se dedicó a transmitir la buena nueva del Evangelio de Cristo. Primero por medio de la tradición oral y después mediante la revelación escrita.[5]

Sin entrar en la difícil y controversial cuestión de la formación del canon de la Escritura, es evidente que porciones considerables de la información que se encuentra en ella deben haberse transmitido oralmente a través de un período corto o largo de tiempo (cf. 2 Ti. 1:13; 2:2; 1 Co. 15:13; 11:23, etc.). [6] Esto no pudo pasar mas allá de la muerte del ultimo de los apóstoles, quedando para este momento todas las doctrinas y tradiciones practicadas hasta ese momento registradas en la Santa Palabra de Dios.

Pocos cuestionarían la afirmación de K. Barth: «Es evidente que existe una tradición anterior a la Sagrada Escritura y en la que se basa la Sagrada Escritura: éste es el camino que va desde la revelación como tal hasta su certificación escritural» (Church Dogmatics, T & T Clark, Edinburgh, 1956, I, 2, p. 552). Esto no da a la tradición oral una coexistencia autoritativa con la Escritura. Tan pronto como la Sagrada Escritura comienza a existir por inspiración divina, toda la tradición oral queda al margen, incluso aunque pudiera probarse su veracidad debe ceder a la autoridad de la Escritura y ser interpretada por ella.[6] 

Aún si buscamos en la historia de la iglesia para verificar si son veraces la tradiciones que alega la ICAR ser enseñadas por Cristo nos damos cuenta que no existen.

Por ejemplo:

Cuando vamos la época nicena en busca de más luz para los pasajes difíciles del NT, encontramos los puntos de vista más divergentes. Esto enseña claramente que no había una tradición teológica autoritativa que vinculara a los apóstoles con el segundo siglo. Esto se confirma por los escritos de los padres postapóstolicos, todos los cuales se desviaron de las normas del NT en algunos sentidos.[8]

Amigos, tenemos que ser sinceros y aceptar que muchas iglesias incluyendo la ICAR se han apartado de la verdad de Cristo y se han caminado tras las tradiciones de los hombres.

Bendiciones.

1.- John E. Steinmueller, A Companion to Scripture Studies, I, 48. (Harrison, E. F. (1980). Introducción al Nuevo Testamento. Grand Rapids, MI: Libros Desafío.)

2.- Strong, J. (2002). Nueva concordancia Strong exhaustiva: Diccionario. Nashville, TN: Caribe.

3.- Kittel, G., Friedrich, G., & Bromiley, G. W. (2002). Compendio del diccionario teológico del Nuevo Testamento. Grand Rapids, MI: Libros Desafío.

4.- Real Academia Española, Diccionario de la lengua española,

5.- Williams, G. (2006). Kairós 38: Enero-Junio 2006. Guatemala: Revista del Seminario Teológico Centroamericano.

6.- Jean-Jacques Von Allmen, ed., Vocabulario bíblico (Madrid: Ediciones Marova, 1973): 337.

7.- Harrison, E. F., Bromiley, G. W., & Henry, C. F. H. (2006). Diccionario de Teología. Grand Rapids, MI: Libros Desafío.

8.-HERE; E. Nielsen, Oral Tradition; C. Salmon, The Infallibility of the Church, chap. V; Karl Barth, Church Dogmatics, E.T. I, 2, pp. 547–572, II, 2, pp. 458ss.