“¿Puede un cristiano perder la salvación?”

“¿Puede un cristiano perder la salvación?”

Antes de que esta pregunta sea respondida, debe ser definido el término “cristiano.” Un “cristiano” no es una persona que haya dicho una oración, o pasado al frente, o que haya crecido en una familia cristiana. Mientras que cada una de estas cosas pueden ser parte de la experiencia cristiana, no son éstas las que “hacen” a un cristiano. Un cristiano es una persona que ha recibido por fe a Jesucristo y ha confiado totalmente en Él como su único Salvador (Juan 3:16; Hechos 16:31; Efesios 2:8-9).

Así que, con esta definición en mente, ¿puede un cristiano perder la salvación? Quizá la mejor manera de responder a estar importante y crucial pregunta es examinando lo que la Biblia dice que ocurre en la salvación, y entonces estudiar lo que implicaría perder la salvación. Estos son algunos ejemplos:

Un cristiano es una nueva criatura. “De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas” (2 Corintios 5:17). Estos versos hablan de una persona que se ha convertido enteramente en una nueva criatura, como resultado de estar “en Cristo.” Para que un cristiano perdiera la salvación, la nueva creación tendría que ser revertida y cancelada.

Un cristiano es redimido. “Sabiendo que fuisteis rescatados de vuestra vana manera de vivir, la cual recibisteis de vuestros padres, no con cosas corruptibles, como oro o plata, sino con la sangre preciosa de Cristo, como de un cordero sin mancha y sin contaminación.” (1 Pedro 1:18-19). La palabra “redimido” se refiere a una compra que ha sido hecha, a un pecio que ha sido pagado. Para que un cristiano perdiera la salvación, Dios tendría que revocar Su compra por la que pagó con la preciosa sangre de Cristo.

Un cristiano es justificado. “Justificados, pues, por la fe, tenemos paz para con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo.” (Romanos 5:1). “Justificar” significa “declarar justo.” Todos los que reciben a Jesucristo como Salvador son “declarados justos” por Dios. Para que un cristiano perdiera la salvación, Dios tendría que desdecir lo dicho en Su Palabra y retractarse de lo que Él declaró previamente.

A un cristiano se le promete la vida eterna. “Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en Él cree, no se pierda, más tenga vida eterna.” (Juan 3:16). La vida eterna es una promesa eterna (para siempre) en el Cielo con Dios. Dios promete “cree, y tendrás vida eterna.” Para que un cristiano perdiera la salvación, la vida eterna tendría que ser retirada. Si a un cristiano se le ha prometido vivir para siempre, ¿cómo entonces puede Dios romper esta promesa, quitándole la vida eterna?

A un cristiano se le garantiza la glorificación. “Y a los que predestinó, a éstos también llamó; y a los que llamó, a éstos también justificó; y a los que justificó, a éstos también glorificó.” (Romanos 8:30). Como lo aprendemos en Romanos 5:1, la justificación es declarada al momento de la fe. De acuerdo a Romanos 8:30, la glorificación está garantizada para todos aquellos a quienes Dios justifica. La glorificación se refiere a un cristiano recibiendo un perfecto cuerpo resucitado en el Cielo. Si un cristiano pudiera perder la salvación, entonces Romanos 8:30 es un error, porque Dios no puede garantizar la glorificación para todos aquellos a quienes Él predestinó, llamó, y justificó.

Podrían compartirse muchas más ilustraciones de lo que ocurre en la salvación. Sin embargo, aún estas pocas hacen abundantemente claro que un cristiano no puede perder la salvación. La mayor parte, sino todo lo que la Biblia dice que ocurre a una persona cuando recibe a Jesucristo como Salvador, sería invalidado si la salvación pudiera perderse. La salvación no puede ser revertida. Un cristiano no puede ser des-creado como nueva criatura. La redención no puede ser deshecha. La vida eterna no puede perderse y seguirse considerando como eterna. Si un cristiano perdiera la salvación, Dios tendría que retractarse de Su Palabra y cambiar de parecer – dos cosas que la Escritura nos dice que Dios jamás hace.

Las objeciones más frecuentes a la creencia de que un cristiano no puede perder la salvación son; (1) ¿qué hay de aquellos que son cristianos y continuamente viven una vida inmoral? – y – (2) ¿qué pasa con aquellos que son cristianos, pero luego rechazan la fe y niegan a Cristo? El problema con estas dos objeciones es la suposición de que “son cristianos” (1) La Biblia declara que un verdadero cristiano ya no continuará viviendo una vida inmoral (1 Juan 3:6). (2) La Biblia declara que alguien que se separa de la fe, demuestra que realmente nunca fue un cristiano (1 Juan 2:19).

No, un cristiano no puede perder la salvación. Nada puede separar a un cristiano del amor de Dios (Romanos 8:38-39). Nada puede arrebatar a un cristiano de la mano de Dios (Juan 10:28-29). Dios quiere y tiene el poder para garantizar y mantener la salvación que Él nos ha dado. Judas 24-25 dice, “Y Aquel que es poderoso para guardaros sin caída, y presentaros in mancha delante de su gloria con gran alegría, al único y sabio Dios, nuestro Salvador, sea gloria y majestad, imperio y potencia, ahora y por todos los siglos. Amén.”

Publicado Por Pastor: Damian Ayala.

Artículo escrito por: GotQuestions.org


Pregunta recibida acerca del ateísmo

Preguntas recibidas Acerca del ateísmo

Hola Damián!! Saludos desde Buenos Aires, Argentina, me llamo Juan Carlos. Primero quiero felicitarte por tu blog Activistas de Cristo. Me encantan los temas que tratas y lo bien que los explicas. Como ves en asuntos, quería hacerte una pregunta sobre ateísmo.

Bien, en este último año estuve bastante influenciado por todo el movimiento ateísta que se puede ver en toda la sociedad.

Desde escuelas, televisión hasta en colectivos como se ve en España. Bueno, frente a esto mi fe en Dios se tambaleó bastante, así que quería saber cuáles son sus argumentos para creer en Dios, es decir, por qué usted cree en Dios y rechaza el ateísmo.

Otra cosa quería aclararle. En este último tiempo en el cual me alejaba de la fe en Dios, me sentía bien porque me sentía de algún modo “librado” de lo que me imponían, pero estoy tratando de volver por una especie de “miedo” a equivocarme. Es decir, no quiero alejarme de Dios porque surge en mí el miedo a que, si existe Dios, me castigue como a todos los que no creen. En otras palabras, le quiero remarcar que me desconcierta que mi vuelta a la fe sea estimulada por ese “miedo” y no por el amor hacia Dios.

Saludos, espero su respuesta

Respuesta

Mi estimado Juan Carlos, primero que nada te mando una disculpa por la tardanza a mi respuesta, en estos días he estado con mucho trabajo y he terminado muy tarde.

Te agradezco tu confianza para escribirme, es un gozo el poder comentarte el punto de vista Bíblico.

Mi estimado, lo que te está pasando no es algo raro en el círculo evangélico, esto pasa mucho con las personas que nacen en familias cristianas o desde muy jóvenes sus padres se acercaron al Señor, ¿no sé si este es tu caso?

Todo lo que te está pasando tiene una explicación bíblica y si me permites te lo puedo platicar.

La Palabra de Dios nos enseña que hay 4 tipos de personas que se encuentran en las iglesias y fuera de ella.

Mira lo que la Palabra nos enseña en esta parábola (si puedes leerla desde Mateo 13.1).

Mateo 13.18-23

A) 18 Oíd, pues, vosotros la parábola del sembrador: 19 Cuando alguno oye la palabra del reino y no la entiende, viene el malo, y arrebata lo que fue sembrado en su corazón. Este es el que fue sembrado junto al camino.

B) 20 Y el que fue sembrado en pedregales, éste es el que oye la palabra, y al momento la recibe con gozo; 21 pero no tiene raíz en sí, sino que es de corta duración, pues al venir la aflicción o la persecución por causa de la palabra, luego tropieza.

C)22 El que fue sembrado entre espinos, éste es el que oye la palabra, pero el afán de este siglo y el engaño de las riquezas ahogan la palabra, y se hace infructuosa.

D)23 Mas el que fue sembrado en buena tierra, éste es el que oye y entiende la palabra, y da fruto; y produce a ciento, a sesenta, y a treinta por uno.

Por lo que veo, tú estás en la opción C) pues toda la palabra que has recibido ha caído entre espinos. La influencia de los afanes de tu entorno la han ahogado al punto de considerar el ateísmo. Te voy a explicar por qué te paso esto, espero poder explicarlo bien.

Las 3 primeras personas de la parábola no son salvas pues han rechazado la palabra de Dios y por consecuencia a Jesús mismo que es el verbo encarnado. Sólo los ubicados en la opción D) han alcanzado la salvación y la transformación renovadora y sobrenatural que El Espíritu Santo hace. Lo bueno es que esto tiene solución.

Mira, te explico, tú comentas que cuando te alejaste de la Fe de Dios te sentiste liberado… eso es por que tú amas el pecado, te deleitas en él y aunque suene algo duro odias la Santidad de Dios, odias lo que Dios ama (la Santidad) y amas lo que Dios odia (el pecado). Tu problema no es intelectual Juan Carlos, tu problema es espiritual, ¡aún eres inconverso!

Mi amigo, espero que esto no te ofenda pues no es mi intención, esto te lo digo con todo el respeto que tú te mereces y con el que te has conducido al escribirme, pero considero que me escribiste para escuchar la verdad.

Dios nos dice en su palabra que cuando una persona se arrepiente sinceramente de amar el pecado, de vivir haciendo nuestra voluntad en contra de Dios, y clamamos a Dios para que nos salve, el Padre nos lleva al Hijo, a creer verdaderamente que Él murió y resucitó para darnos vida eterna, entonces el Espíritu Santo hace su obra regeneradora, (Ezequiel 37.9  Así ha dicho Jehová el Señor: Espíritu, ven de los cuatro vientos, y sopla sobre estos muertos, y vivirán.).

Esta es una obra sobrenatural que hace Dios y es donde uno nace de nuevo en Cristo.

Entonces Dios nos da:

Ezequiel 36.25-27

A) Esparciré sobre vosotros agua limpia, y

B) seréis limpiados de todas vuestras inmundicias; y de todos vuestros ídolos os limpiaré.

C) 26 Os daré corazón nuevo,

D) y pondré espíritu nuevo dentro de vosotros;

E) y quitaré de vuestra carne el corazón de piedra, y os daré un corazón de carne.

F) 27 Y pondré dentro de vosotros mi Espíritu, y

G) haré que andéis en mis estatutos, y guardéis mis preceptos, y los pongáis por obra.

La palabra dice que Dios es el que nos dará estas bendiciones. En este punto el converso tiene una nueva relación con Dios y con el pecado, ahora el converso odia el pecado y ama la Santidad. Una vez nacido de nuevo ya no existirá nada que te pueda arrancar de las manos de Cristo y sabrás con una seguridad absoluta, que Dios es más real que tú mismo.

Mi buen Juan Carlos, es eso lo que te pasa. Así que clama al Dios de la misericordia que te salve y que realice en ti este acto sobrenatural para que seas salvo a través de la obra de Jesucristo.

Es por esta razón que creo en Dios, porque comprendí el gran amor que nos tiene al haber enviado a su Hijo, el único ser humano que venció al pecado y fue sustituto de la paga que toda la humanidad merecemos: recibir la ira de Dios. Solamente Dios podía soportar tal cosa. Creo porque Él me hizo ver la magnitud del pecado en mi vida y la necesidad de creer en su salvación. Creo porque veo la gloria de Dios en todas las cosas, en el cielo, las montañas, la vida, en mi hijo, en mi esposa; nadie podrá crear y hacer las cosas que Dios hizo, simplemente es majestuoso.

Acerca de tener miedo al castigo y por eso creer en Él, la Biblia nos enseña a tener temor a Dios, pero un temor reverente, sabiendo la grandeza de su poder y su potestad (los cuales incluyen el castigo eterno). Lucas 12.5 dice: Pero os enseñaré a quién debéis temer: Temed a aquel que después de haber quitado la vida, tiene poder de echar en el infierno; sí, os digo, a éste temed. En la relación Padre-Hijo, los verdaderos Cristianos tenemos temor de Dios, un temor reverente porque conocemos acerca de su Santidad, sabemos que en su mano está el verdadero poder para la eternidad de todo el mundo. Además, tememos de no velar adecuadamente y por ahí cometer alguna barbaridad y caer en pecado. Dios como el mejor de los Padres, disciplina a los hijos por medio de pruebas para perfeccionar nuestra fe y moldearnos conforme a la imagen de Jesús.

Mi buen Juan Carlos, como si Dios rogase por medio de mí, te ruego en nombre de Cristo: Reconcíliate con Dios y goza de la verdadera libertad…

Dios te bendiga.

Pastor Damián Ayala


¿Cómo podemos reconocer la voz de Dios?

¿Cómo podemos reconocer la voz de Dios?

 

Esta pregunta ha sido hecha por muchísima gente a través de todos los tiempos. Samuel escuchó la voz de Dios, pero no la reconoció hasta que fue instruido por Elí (1 Samuel 3:1-10). Gedeón tuvo una revelación física de Dios y aún así dudaba de lo que había escuchado, hasta el punto de pedir una señal, no una vez, sino tres veces (Jueces capítulo 6: 17-22 y 36-40) Cuando escuchamos la voz de Dios, ¿cómo sabemos que es Él quien habla? Primero que nada, nosotros tenemos algo que ni Gedeón ni Samuel tenían. Tenemos la Biblia completa, la inspirada Palabra de Dios para leerla, estudiarla y meditarla. “Toda la Escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia, a fin de que el hombre de Dios sea perfecto, enteramente preparado para toda buena obra.” (2 Timoteo 3:16-17) ¿Tienes una pregunta acerca de algún tópico o decisión en tu vida? Ve lo que dice la Biblia acerca de ello. Dios jamás te guiará o dirigirá contrariamente a lo que Él ha pensado o prometido en Su Palabra (Tito 1:2).

Segundo, al oír la voz de Dios, debemos reconocerla. Jesús dijo, “Mis ovejas oyen mi voz, y Yo las conozco, y me siguen” (Juan 10:27). Yo puedo relacionarme personalmente con este verso, excepto porque los animales involucrados son reses. Mi suegro tiene un pequeño rancho. Cada vez que vamos a visitarlo, puedo contar con que al menos una vez al día, salga con él para revisar el ganado. Mi suegro puede bajarse de la camioneta, llamar con algunas palabras amables, y pronto la pickup se encuentra rodeada de vacas, esperando ansiosamente un bocado de paja. Pero si abro la portezuela de mi lado de la camioneta, se ocasiona una dispersión del ganado desde un lado del pastizal hasta el otro. Así que ¿cuál es la diferencia? El ganado está con mi suegro al menos una vez, o veces dos o tres veces al día. Por su encuentro diario con quien las alimenta y las cuida, las vacas se sienten a gusto con él, y pueden inmediatamente reconocer a un extraño entre ellas. Si queremos conocer la voz de Dios, debemos pasar tiempo con Él diariamente.

Asegúrate de pasar un tiempo de calidad diariamente en oración, estudio de la Biblia, y quieta contemplación de Su Palabra. Mientras más tiempo pases en intimidad con Dios y Su Palabra, te será más fácil reconocer Su voz y Su guía en tu vida. Los empleados en el banco están entrenados para reconocer falsificaciones mediante el minucioso estudio de los billetes genuinos, así es fácil reconocer los falsos. Debemos estar tan familiarizados con la Palabra de Dios que Él ha hablado, que cuando Dios nos hable o nos guíe, sea claro que es Dios mismo. Dios nos habla para que podamos entender la verdad. Mientras que Dios puede y habla audiblemente a la gente, Él habla primeramente a través de Su Palabra; pero a veces también a través del Espíritu Santo a nuestras conciencias, a través de circunstancias, y a través de otras personas. Al aplicar lo que escuchamos a la verdad de las Escrituras, podemos aprender a reconocer Su voz.

Publicado por Pastor Damián Ayala.


¿Cómo puedo vencer el pecado en mi vida cristiana?

¿Cómo puedo vencer el pecado en mi vida cristiana?

La Biblia habla de los recursos que tenemos para vencer nuestra pecaminosidad:

(1) El Espíritu Santo – El Espíritu Santo es un don que Dios nos ha dado (a Su iglesia) para ser victoriosos en el vivir cristiano. En Gálatas 5:16-25, Dios hace un contraste entre las acciones de la carne y el fruto del Espíritu. En ese pasaje, somos llamados a caminar en el Espíritu. “Todos los creyentes ya poseen el Espíritu Santo, pero este pasaje nos dice que necesitamos caminar en el Espíritu, dejando bajo Su control nuestra voluntad. Esto significa que deberíamos llevar a la práctica lo que el Espíritu Santo nos induce a hacer en nuestras vidas, en lugar de seguir los deseos de la carne.

La diferencia que el Espíritu Santo puede hacer en la vida del creyente, se demuestra en la vida de Pedro, quien antes de ser lleno del Espíritu Santo, negó a Jesús tres veces, habiendo dicho antes, que seguiría a Cristo hasta la muerte. Una vez lleno del Espíritu, habló del Salvador a los judíos en Pentecostés, de manera fuerte y abierta.

Uno camina en el Espíritu tratando de no bloquear lo que él mismo nos induce a hacer (“sin apagar al Espíritu” como dice en 1ª Tesalonicenses 5:19) y buscar más bien, ser lleno del Espíritu (Efesios 5:18-21). ¿Cómo uno se llena del Espíritu Santo? Primero, es elección de Dios igual que lo era en el Antiguo Testamento. Elegía individuos e incidentes específicos en el Antiguo Testamento, para llenar a individuos que él escogía para llevar a cabo una obra que él la quería hecha (Génesis 41:38; Éxodo 31:3; Números 24:2; 1ª Samuel 10:10; etc.) En Efesios 5:18-21 y Colosenses 3:16, hay evidencia de que Dios escoge llenar a aquellos que se están llenando de la Palabra de Dios, como evidenciado el hecho, de que el resultado de cada llenura en aquellos versículos es similar. De manera que, eso nos lleva a nuestro siguiente recurso.

(2) La Palabra de Dios, la Biblia – 2ª Timoteo 3:16-17 dice que Dios nos ha dado Su Palabra para equiparnos para cada buena obra. Esto nos enseña cómo vivir y qué creer, nos revela cuando hemos escogido senderos erróneos, nos ayuda a regresar al sendero correcto, y nos ayuda a permanecer en ese sendero. Como nos comparte Hebreos 4:12, la Palabra es viva y eficaz, y capaz de penetrar en nuestros corazones, para arrancar los problemas más profundos que humanamente hablando no se pueden vencer. El salmista habla acerca de este poder que puede cambiar vidas en Salmos 119:9, 11, 105 y otros versículos. A Josué se le dijo que la clave del éxito para vencer a sus enemigos (una analogía para nuestra batalla espiritual) no era olvidar este recurso, sino más bien meditar en la Palabra día y noche, de manera que pudiera cumplirlo. El lo hizo, aún cuando lo que Dios le ordenó, no tenía sentido militar, y esta fue la clave para su victoria en Su lucha por obtener la Tierra Prometida.

Este comúnmente es un recurso que lo tratamos de manera trivial. Damos prueba de ello, al llevar nuestras Biblias a la iglesia o leer el devocionario diario o un capítulo diario, pero fallamos en memorizarla, en meditar en ella, en buscar la aplicación para nuestras vidas, en confesar los pecados que nos revela, en adorar a Dios por los dones que revela habernos dado. A menudo nos volvemos, o anoréxicos o bulímicos cuando se trata de la Biblia. Al alimentarnos de la Palabra, aspiramos lo suficiente como para mantenernos vivos espiritualmente, pero lo hacemos solamente cuando vamos a la iglesia (pero nunca ingerimos lo suficiente para ser cristianos saludables y prósperos); o a menudo nos alimentamos, pero nunca meditamos el tiempo suficiente, como para obtener de ella una nutrición espiritual.

Si usted no ha hecho un hábito de estudiar la Palabra de Dios sobre una base diaria de una manera significativa, y de memorizarla mientras pasa a través de los pasajes que el Espíritu Santo deja grabado en su corazón, es importante que desde ya comience a hacer de ello un hábito. También le sugiero comenzar un diario (puede ser en el computador si usted puede tipiar más rápido que escribir) o en un cuaderno espiral, etc. Tenga como un hábito no dejar la Palabra de Dios, hasta que haya escrito algo que lo beneficie. A menudo, yo anoto oraciones que hago a Dios, pidiéndole que me ayude a cambiar en las áreas en las que El también me pedido hacerlo. ¡La Biblia es la herramienta que utiliza el Espíritu en nuestras vidas y en las vidas de otros (Efesios 6:17), una parte indispensable y primordial de la armadura que Dios nos da, para pelear nuestras batallas espirituales (Efesios 6:12-18)!

(3) La oración – Este es otro recurso esencial que Dios ha dado. Nuevamente, este es un recurso que los cristianos mencionan pero no lo ponen en práctica, le dan un uso muy pobre. Tenemos reuniones de oración, tiempos de oración, etc., pero no encontramos el uso que le daba a ella la iglesia de la antigüedad, como puede ver en los ejemplos (Hechos 3:1; 4:31; 6:6; 13:1-3, etc.). Pablo repetidamente menciona cómo oró por aquellos a quienes ministró. Nosotros tampoco utilizamos de la manera correcta este gran recurso que está a nuestra disposición. Pero Dios nos ha dado promesas maravillosas concernientes a la oración (Mateo 7:7-11; Lucas 18:1-8; Juan 6:23-27; 1ª Juan 5:14-15, etc.). ¡Y nuevamente Pablo incluye esto, en su pasaje referente a cómo prepararse para la batalla espiritual (Efesios 6:18)!

¿Cuán importante es esto? Al observar nuevamente a Pedro, se puede ver palabras de Cristo para él en el Huerto de Getsemaní antes de que lo negara. Ahí, mientras Jesús está orando, Pedro está durmiendo. Jesús lo despierta y dice, “Velad y orad, para que no entréis en tentación; el espíritu a la verdad está dispuesto, pero la carne es débil” (Mateo 26:41). Usted, como Pedro, quiere hacer lo que es correcto, pero no encuentra la fortaleza. Necesitamos seguir la recomendación de Dios, de mantenernos buscando, llamando, pidiendo… y El va a darnos la fortaleza que necesitamos (Mateo 7:7). Pero necesitamos no solamente mencionar, sino poner en práctica este recurso.

No estoy diciendo que la oración es mágica. No lo es. Dios es formidable. La oración es simplemente reconocer nuestras propias limitaciones, y el poder inagotable de Dios, y volvernos a El por esa fuerza, para hacer lo que EL quiere que hagamos (no lo que NOSOTROS queremos hacer) (1ª Juan 5:14-15).

(4) La Iglesia – Nuevamente, este último recurso es uno que tendemos a ignorar. Cuando Jesús envió a Sus discípulos, los envió de dos en dos (Mateo 10:1). Cuando leemos acerca de los viajes misioneros en el libro de los Hechos, vemos que no salían uno a la vez, sino en grupos de dos o más. Jesús dijo que donde están dos o tres congregados en Su nombre, allí está El en medio de ellos (Mateo 18:20). El nos manda a no dejar de congregarnos como algunos tienen por costumbre, sino exhortándonos unos a otros para estimularnos al amor y a las buenas obras (Hebreos 10:24-25). El nos manda confesar nuestras ofensas unos a otros (Santiago 5:16). En la literatura acertada del Antiguo Testamento, se nos dice que hierro con hierro se aguza; y así el hombre aguza el rostro de su amigo (Proverbios 27:17) “Cordón de tres dobleces no se rompe pronto”. Hay fortaleza en el número (Eclesiastés 4:11-12).

Hay hermanos y hermanas en Cristo, que se comunican a través del teléfono o en persona, y comparten su caminar cristiano, sus luchas, sus problemas, etc., se comprometen a orar unos por otros, y son responsables de sostenerse unos a otros para aplicar la Palabra de Dios en sus relaciones, etc.

Algunas veces los cambios vienen rápidamente en unas áreas, y lentamente en otras. Pero Dios nos ha prometido, que mientras hacemos uso de sus recursos, El VA a producir cambio en nuestras vidas. ¡Persevere sabiendo que El es fiel a Sus promesas!

Publicado por Pastor Damián Ayala


En esta Navidad y el inicio de un Nuevo Año ¿Dónde está el enfoque?

En esta Navidad y el inicio de un Nuevo Año
¿Dónde está el enfoque?

Artículo escrito por: ObreroFiel.com

Con demasiada rapidez se pierde el enfoque correcto en las diferentes áreas de la vida. Se puede estar sumamente comprometido e involucrado en las cosas de Dios, incluso servirle a tiempo completo, sin embargo es posible que todo esto esté funcionando bien aunque el enfoque correcto esté perdido.

¿De qué enfoque se trata? Mateo 7:21-23 ha impactado mis lecturas bíblicas en estos últimos meses del año.  Parecen versículos muy radicales acerca del ingreso al Reino de los cielos, sin embargo Mateo señala la alta importancia de ello en la boca del Maestro. Sorprende más la cercanía y familiaridad del pasaje  con el contexto eclesiástico evangélico del siglo XXI, con expresiones tales como el vocativo ku,rie “Señor”, que señala su uso mayoritario en la comunidad cristiana, y la mención de unos cuántos ministerios (profetizar, echar fuera demonios y hacer muchos milagros), probablemente los más deseados en las iglesias de hoy.

Todo lector no puede pasar por alto el enfoque de Jesús en todo este pasaje, el enfoque del Maestro se centra en qe,lhma tou/ patro,j “voluntad del Padre”, lo cual deja claro que la voluntad del Padre es mucho más importante que los ministerios y las invocaciones de los “creyentes”. ¿Es posible invocar el nombre de Dios y servirle sin necesariamente estar haciendo su voluntad? El Maestro expresa su respuesta radical, pero agrega algo más: ouvde,pote e;gnwn u`ma/j avpocwrei/te avpV evmou/ oi` evrgazo,menoi th.n avnomi,an “nunca conocí a ustedes; apártense de mí hacedores de maldad” (v. 23). ¿Quiénes son los hacedores de maldad y a los que el Maestro les ordena que se aparten de él? Son “creyentes”, muy comprometidos con el ministerio en la iglesia y excelentes invocadores del nombre “Señor”. ¿Por qué son descalificados por Jesús? Porque no hicieron la voluntad de Dios.

De manera sorprendente se devela una realidad muy crítica y compleja de la comunidad cristiana. Es posible estar involucrados en una serie de actividades espirituales, eclesiásticas, etc; incluso realizando eventos en sobremanera impactantes, pero lo triste es que si la voluntad de Dios no es el enfoque y lo más importante, todo lo que se haga resulta en un sinsentido si los involucrados no se encuentran haciendo la voluntad de Dios.

Ahora bien el participio, presente, activo, nominativo, masculino, singularpoiw/n “el que hace” marca una pauta importante. La idea principal es el que vive haciendo la voluntad del Padre o mejor dicho el que en todo momento hace, es decir el que tiene por práctica o estilo de vida hacer la voluntad de Dios.

¿Cómo es mejor traducir la voluntad del Padre? Tomando en cuenta el participio analizado esto sería “amar lo que Dios ama y aborrecer lo que Dios aborrece”. En este sentido lo más lamentable es que muchos “creyentes” aman lo que Dios aborrece y aborrecen lo que Dios ama. Bajo esta enseñanza es urgente e importante analizar todo el ser y quehacer de la vida cristiana, de la comunidad cristiana, de los programas eclesiásticos, etc, etc.

Es necesario que como evangélicos creyentes se haga un alto para reflexionar a la luz de estos tres versos y hacer cambios usando para ello el enfoque de la voluntad de Dios. Se sugiere que esta evaluación sea seria y profunda, tocando especialmente la vida privada. Así mismo que desde el liderazgo se pueda evaluar y corregir actividades, proyectos, etc., en busca de la voluntad del Padre.

¡Cuidado con la ingrata sorpresa del nunca os conocí, hacedores de maldad. Después de haber entregado todo por el Señor, pero no haber vivido en su voluntad y haciendo su voluntad.

Esta Navidad no debe quedar en solamente gratitud, tampoco el nuevo año solamente con el deseo de lograr metas personales, familiares y/o ministeriales. La encarnación del Dios hecho hombre debe impulsar la ferviente decisión de amar lo que Dios ama y aborrecer lo que Dios aborrece, con esta pauta se debe entrar a un nuevo año con el enfoque en la voluntad del Padre. Dicho enfoque ha de recorrer en todo el ser y quehacer personal, familiar, ministerial y eclesial, así como recorre la sangre por las venas. Dicho enfoque ha de convertirse en la motivación más importante y así monitorear la cosmovisión y el estilo de vida. Que en esta Navidad y año nuevo la decisión se centre en el enfoque correcto, es decir el de vivir haciendo la voluntad de Dios.

¿Estamos viviendo de acuerdo a la voluntad de Dios? ¿Amamos lo que Dios ama y aborrecemos lo que Dios aborrece?

Publicado por Pastor Damián Ayala

 

 


¿Qué dice la Biblia acerca del endeudamiento de un cristiano?

¿Qué dice la Biblia acerca del endeudamiento de un cristiano?

Artículo escrito por: GotQuestions.org

Pablo nos encomienda no deber a nadie nada sino el amor en Romanos 13:8, este es un poderoso recordatorio del desagrado de Dios por toda forma de endeudamiento que no ha sido pagada de manera puntual (ver también Salmo 37:21). Generalmente pensamos en la deuda en términos de una obligación monetaria; pero a la luz del contexto de todo este pasaje (Romanos 13:1-10), Pablo parece tener en mente una estricta opinión sobre la deuda (Romanos 13:7). No solo habla sobre pagar impuestos, intereses, y tarifas impuestas por nuestros propios gobiernos, sino que también debemos respetar y honrar a aquellos en alta autoridad. Todos nosotros somos deudores de la gracia de Dios. De la misma manera como Él nos ha mostrado Su amor, también nosotros debemos hacer extensivo ese amor a todos aquellos alrededor nuestro con quienes vivimos y trabajamos, aún a aquellos que nos cobran impuestos y nos gobiernan.

Algunas personas cuestionan el cargo de cualquier interés sobre préstamos, pero muchas veces en la Biblia vemos que es de esperarse el recibir una tarifa justa de interés sobre el dinero prestado (Proverbios 28:8, Mateo 25:27). En el antiguo Israel, la ley prohibía cargar intereses en una categoría de préstamos – aquellos hechos a los pobres (Levítico 25:35-38) Esta ley tenía muchas implicaciones sociales, financieras y espirituales, pero hay dos en especial que vale la pena mencionar. Primero, esta ley ayudaba genuinamente a los pobres al no empeorar su situación. Era ya bastante malo el haber caído en la pobreza, y pudiera ser humillante el tener que buscar asistencia; pero si adicionalmente al pago del préstamo, una persona pobre tenía que ser aplastada por el pago de intereses, la obligación resultaría más perjudicial que benéfica.

En segundo término, la ley enseñaba una importante lección espiritual. Para un prestamista el hecho de no cargar los intereses del préstamo a una persona pobre era un acto de misericordia, porque estaría perdiendo el uso de ese dinero mientras estaba prestado. Sin embargo, esa sería una manera tangible de expresar gratitud a Dios por Su misericordia, al no cobrar a Su pueblo “intereses” por la gracia que Él les había concedido a ellos. Así como misericordiosamente Dios había sacado a los israelitas de Egipto cuando ellos no eran nada sino esclavos sin dinero y les había dado una tierra para que la poseyeran (Levítico 25:38), de igual manera Él esperaba que ellos practicaran una bondad similar hacia sus propios compatriotas pobres.

Los cristianos se encuentran en una situación paralela. La vida, muerte y resurrección de Jesucristo ha pagado nuestra deuda de pecados a Dios. Ahora, mientras tengamos la oportunidad, podemos ayudar a otros en necesidad, particularmente a quienes son nuestros hermanos en la fe, con préstamos que no aumenten sus problemas. Jesús aún enseñó este principio en la parábola acerca de dos deudores y su actitud hacia el perdón de la deuda (Mateo 18:23-35). ÉL también instruyó a Sus seguidores diciéndoles: “… de gracia recibisteis, dad de gracia.” (Mateo 10:8)

La Biblia no expresa ni prohibiciones ni permisos sobre el préstamo de dinero. La sabiduría de la Biblia nos enseña que usualmente no es buena idea endeudarse. Las deudas nos hacen esencialmente esclavos de aquel a quien debemos. Al mismo tiempo, en algunas situaciones, el endeudarse es un “mal necesario”. En tanto que el dinero sea manejado de una manera sabia, y los pagos de la deuda sean manejables – un cristiano puede tener la carga de una deuda financiera si resulta necesario.

¿Si pides prestado, pagas a tiempo? ¿Si prestas dinero, eres justo con los intereses que cobras? Puedes dejar tu comentario en este blog

Publicado por Pastor Damián Ayala.


¿Qué bonita pareja?

¿Qué bonita pareja?

Artículo escrito por: Beth Platt de Sandoval

Es lo que hemos pensado y dicho al observar a unos novios o esposos que “hacen juego” (se ven bien juntos). Posiblemente sea porque son de la misma estatura o de la misma tez o tal vez porque se marcó en ellos un contraste entre la viril masculinidad y la suave femineidad. De cualquier forma, se ven guapos juntos. Básicamente es una observación visual. Hacen una bonita pareja.

El otro día estaba pensando que mi esposo y yo no “hacemos juego” de esa forma. El es mexicano, moreno, guapo (digo yo), y yo, norteamericana, de ojos verdes y bastante blanca. Posiblemente nos veamos un poco desparejos. Pero en realidad, hacemos bonita pareja en formas mucho más importantes. Gonzalo y yo somos amigos. Estar enamorados y ser amigos nos ha permitido caminar por nuestro mundo y ministerio brindándonos aceptación, apoyo y colaboración mutua. Somos más que una bonita pareja –somos un equipo.

Pensando en este artículo pero sin darle más explicaciones, le pregunté a Chalo cuáles eran aquellas características que él apreciaba más en su equipo de trabajo de Ediciones La Américas. Cuatro de sus calificativos me llamaron la atención, porque también describen la forma en que él y yo trabajamos en equipo dentro de la obra de Dios. Estas cualidades son: lealtad, afinidad, igualdad de trabajo y que nos complementemos.

Pensando en este artículo, queremos hablar de cómo puede una esposa de pastor, anciano o líder, trabajar efectivamente en la obra de Dios al lado de su esposo. Podríamos dar un sinfín de ideas creativas, pero esto no establecería la base firme necesaria para el éxito. Antes de entrar en los detalles del QUE hacer, necesitamos hablar del COMO. ¿Cómo debo trabajar con mi esposo? ¿Cómo formar una bonita pareja en la obra de Dios? La respuesta es: trabajando en equipo. En este equipo que es la pareja, debe existir la lealtad, la afinidad, la igualdad de trabajo y que se complementen. Por supuesto, estamos presuponiendo que ambos están caminando íntimamente con Dios. Sin eso, jamás lograrán ser un buen equipo.

LA LEALTAD: No hay nada que me duela o me irrite más que oír una crítica acerca de mi esposo (o mis hijos). Se yergue mi instinto de “Mamá Oso” y salgo en su defensa. Mi lealtad a mi esposo me obliga a defenderlo. Ese sentimiento es bueno e importante, pero también agresivo y peligroso. A veces me hace perder la perspectiva. Desdichadamente, así tendemos a llevar a cabo la lealtad. Pero esta característica es mucho más profunda y positiva que eso. Implica que yo debo dedicar el tiempo necesario para observar y conocer a mi esposo lo mejor que pueda. Conociéndolo, sabré cuáles son sus cualidades fuertes y sobresalientes y cuáles son sus debilidades y luchas. Esto me permite ejercer la labor positiva de la lealtad. Me permite estimular en forma activa aquellas actitudes y actividades buenas y positivas de él. Al hacerlo, mi esposo puede ver mi amor y la aceptación de su persona.

Pero, ¿qué hago con sus actitudes y costumbres negativas y equivocadas? Estas las cubro en oración. Si Dios abre la puerta, a veces puedo mencionarlas cuidadosa y amorosamente. Mi lealtad implica que yo reconozco que el hombre que está a mi lado no es perfecto (¡como tampoco lo soy yo!). Me permite reconocer que no lo puedo cambiar y el cambiarlo no es una atribución que Dios haya dado a las mujeres. Sólo él puede enderezar aquellas actitudes y costumbres para que lleguen a agradarle. Si yo aprendo a dejar esta tarea a Dios, elimina la necesidad de mi crítica hacia él  y aumenta mi responsabilidad y fe ante un Dios que sí puede hacerlo. Entonces, cuando lleguen las críticas extrañas, yo estaré en la posición adecuada para amortiguar las palabras ásperas o posiblemente injustas y poder ministrar al dolor de mi esposo. Yo sabré si esas críticas son justificadas o no, porque conozco a este hombre. Mi lealtad entonces es positiva, no defensiva. Ser leal a mi esposo quiere decir que siempre estoy a su lado, que él siempre puede contar conmigo aunque tal vez no esté totalmente de acuerdo con é. Y si yo le ofrezco este tipo de comprensión, muchas veces recibo la misma lealtad de su parte. Somos un equipo porque mostramos lealtad mutua, y eso da total confianza y seguridad a la pareja sin importar que tan frío esté el ambiente con los demás.

LA AFINIDAD: El ser una pareja, automáticamente implica que somos diferentes simplemente por ser hombre y mujer. Si a esto le agregamos las diferencias de nacionalidad, idioma, personalidad, familia, cultura, educación, hábitos — bueno, la afinidad parece ser imposible. Pero ser afines no quiere decir ser idénticos. Simplemente quiere decir que tenemos las mismas metas. Aprendemos a sobrellevar o aún a aprovechar las diferencias sobre la marcha, pero caminamos en la misma dirección hacia la misma meta. En relación con la obra de Dios, mi esposo y yo hemos formado un equipo y trabajamos juntos porque tenemos metas afines. Si nuestra meta es levantar una nueva iglesia y discipular a la gente para que sean fuertes en las cosas de Dios y los dos estamos entregados a esa meta, somos afines y podemos trabajar en equipo. Los detalles de quién hace qué depende de los principios bíblicos, de las habilidades o talentos, de la personalidad y de común acuerdo. La base de tener una afinidad de meta, produce que podamos marchar a la par hacia un fin común. Esto implica compartir tanto el éxito como las luchas, las oraciones y los planes, fortaleciendo otro eslabón efectivo en la cadena de “ser un equipo”.

LA IGUALDAD DE TRABAJO: ¡Ya me imagino las preguntas y dudas al leer este punto! ¿Cómo puede haber igualdad de trabajo si mi ESPOSO es el pastor, anciano o líder? Nosotras podemos colaborar, pero ¿Cómo trabajar con igualdad? Esto no tiene que ver con las horas invertidas (10 para él y 10 para mí), ni con el sudor y esfuerza por igual. Más bien es la idea de llevar juntos la carga diaria y detallada. Cuando dos personas comparten la carga emocional y las responsabilidades, la tarea se aligera y se logra mucho. A veces, esto implica horas invertidas por parejo. Mis padres trabajaron en programación en la Radio Emisora TGN en Guatemala. Cuando grababan, ambos invertían las mismas horas para preparar la música y el programa que saldría al aire. Para ellos era de mucha satisfacción trabajar en equipo de esa forma.

Cuando yo me desboco con algún drama en la iglesia, Gonzalo no invierte las mismas horas que yo, pero allí está al pie del cañón conmigo. Yo sé que él carga el drama conmigo aunque no siempre esté en cada ensayo. Al igual, cuando él está ocupadísimo en ciertos asuntos de ELA en los cuales yo no tengo mucho que ver, él sabe que yo comparto su carga porque el trabajo es nuestro. A veces la igualdad de trabajo se refleja en horas invertidas en alguna tarea, pero también en horas invertidas en oración y horas invertidas en paciencia.  Cuando Gonzalo viaja por cuenta de ELA (¡y sí que viaja!), hay igualdad de trabajo porque yo estoy cuidando la milpa, orando por él, anticipando el éxito de su viaje y anhelando su regreso. De cualquier forma, trabajamos por igual, porque la carga del trabajo en todo sentido es de ambos.

UNA LABOR COMPLEMENTARIA: La idea que está detrás de esta característica es la de complementar. Se bromea mucho sobre la “ayuda idónea”, pero realmente es un concepto precioso. Estas ideas de ayuda idónea y complementar son afines. Sería como ponernos cierto vestido que nos gusta pero que le hace falta algo para que se vea perfecto. Ese algo, un prendedor, un cinturón, un saquito, completa la apariencia total para que el efecto sea perfecto. Esa es la idea que hay detrás de la ayuda idónea también.

El concepto de complementar o completar tiene dos ideas. Uno es acabar de dar un efecto total para que el producto o apariencia final sea perfecto. La otra idea es hacer elegante el vestido sencillo para que luzca aun más bonito de lo que podría sin el complemento. Cuando nosotras, la esposa de un pastor o líder, complementamos o completamos la labor de nuestro esposo, hacemos ambas cosas. Por un lado, ayudamos a perfeccionar su labor. Si mi esposo ve el cuadro total pero no los detalles, yo le puedo ayudar con ellos para que pueda realizar su proyecto en forma eficiente. Posiblemente el hombre en tu vida es muy detallista, pero no ve el bosque completo por ver cada arbolito. Entonces el complemento sería la inversa, ayudándolo a ver el cuadro más amplio. Esto es aprovechar las diferencias que podríamos tener para apoyarnos mutuamente. Yo, que conozco a mi esposo mejor que cualquier otra persona, puedo colaborar con él con aquellas cosas, actitudes o actividades que hacen que él se vea mucho mejor. Mi complemento, que a veces pasa desapercibido, hace que luzca la persona de mi esposo ante los ojos de los demás como el mejor de los mejores. Esa es mi labor porque amo a este hombre y quiero trabajar con él.

Cada uno de estos puntos puede y debe funcionar también de parte del hombre hacia su esposa. Pero el énfasis de este artículo está en hablar de la labor de la esposa para que pueda trabajar en equipo al lado de su esposo en la obra de Dios. Esta idea de trabajar en equipo, caracterizada por estas cualidades, no tiene que ver con hacer el trabajo en equipo. Tiene que ver con ser un equipo de trabajo. El gozo y la satisfacción de ser colaboradores en la obra de Dios se multiplican mil veces cuando lo comparto con mi esposo, la otra mitad de mi “bonita pareja”.

Si tuvieras que calificar tu trabajo en la obra al lado de tu esposo en una escala del 1-10 ¿qué calificación te darías? Si sacaste una buena calificación, te felicito. ¡Siga adelante! Si te pusiste un número bajo, tal vez sea hora de evaluar la dinámica entre tú y tu esposo con relación a las cuatro áreas que sugerimos en este artículo. Recuerda que Satanás, el enemigo, no quiere que tengamos éxito ni que trabajemos como equipo. Él busca nuestra derrota y a veces se aprovecha de nuestro egoísmo. ¡No te desanimes! Dice 1 Juan que mayor es el que está en nosotros que el que está en el mundo.

Publicado por Pastora Marcia Reséndiz.