El Hombre Nace en Corrupción

El Hombre Nace en Corrupción

Paul Washer

La pena del pecado de Adán no solamente fue la muerte, sino también la corrupción moral – él cayó de su estado original de justicia y llegó a ser una criatura corrupta. De la misma forma, cada uno de los descendientes de Adán no solamente nace bajo la sentencia de muerte, sino que también nace moralmente corrupto e inclinado a la maldad.

Es evidente notar por la experiencia de cada uno de nosotros y la experiencia colectiva de la humanidad que la corrupción moral del hombre no es un comportamiento aprendido, sino una característica inherente arraigada profundamente en el corazón. La historia humana, la literatura secular y sagrada, filosofía y religión abundan con ilustraciones de la lucha del hombre con su propia corrupción y propensión a la maldad. Las palabras inspiradas del apóstol Pablo reflejan la angustia de cada hombre que ha llegado a comprender la realidad de su propia condición moral, “Porque lo que hago, no lo entiendo; pues no hago lo que quiero, sino lo que aborrezco, eso hago” (Romanos 7:15).

Una de las frases más importantes que los teólogos emplean para describir la profundidad de la inherente corrupción moral del hombre es la frase “depravidad total.” La palabra “depravidad” proviene de la preposición latina de que comunica intensidad y la palabra latina pravus que significa “torcido” o “pervertido.” El decir que algo es depravado significa que su estado original ha sido torcido o pervertido. El decir que el hombre es depravado significa que él ha caído de su estado original de justicia y que su misma naturaleza ha llegado a ser extremadamente corrupta. Cuando los teólogos usan términos como la depravidad “total” o “radical” es importante entender lo que significa y lo que no significa:

La Depravidad Total no significa…

1.- … que la imagen de Dios en el hombre haya sido totalmente perdida en la caída. En Génesis 9:6, I Corintios 11:7, y Santiago 3:9, las Escrituras todavía se refieren al hombre como habiendo sido creado “a la imagen de Dios,” por lo tanto hay un sentido verdadero en el que la imagen de Dios aún se encuentra en cada hombre.

2.- … que el hombre no tenga ningún conocimiento de la persona y voluntad de Dios. Las Escrituras nos enseñan que los hombres tienen suficiente conocimiento de Dios para aborrecerlo, y suficiente conocimiento de Su verdad para rechazarla y intentar detenerla (Romanos 1:30; 1:18).

3.- … que el hombre no posea una consciencia o que sea totalmente insensible al bien y al mal. En Romanos 2:15, las Escrituras enseñan que todos los hombres poseen una consciencia. Si no ha sido cauterizada (I Timoteo 4:2), tal consciencia puede guiar al hombre a admirar virtud y actos nobles.

4.- … que el hombre sea incapaz de demostrar virtud. Hay hombres que aman a su familia, sacrifican su propia vida para salvar a otros, y hacen grandes obras de generosidad. Se reconoce que los hombres son capaces de amar a otros, servir a su patria, y aún llevar a cabo obras religiosas.

5.- … que todos los hombres sean tan inmorales o depravados como podrían ser, que todos los hombres sean igualmente inmorales, o que todos los hombres se entreguen a cada forma de maldad que existe. No todos los hombres son delincuentes, fornicarios, o asesinos, pero todos son capaces de tales cosas. Lo que los refrena es la gracia de Dios.

La Depravidad Total significa…

1.- … que la imagen de Dios en el hombre ha sido seriamente desfigurada y que la corrupción moral ha contaminado la persona entera – el cuerpo (Romanos 6:6,12; 7:24; 8:10,13), la razón (Romanos 1:21; II Corintios 3:14-15; 4:4; Efesios 4:17-19), las emociones (Romanos 1:26-27; Gálatas 5:24; II Timoteo 3:2-4), y la voluntad (Romanos 6:17; 7:14-15).

2.- … que el hombre nace con una propensión o inclinación hacia el pecado. Todos los hombres son capaces de la más grande maldad, los crímenes más indecibles, y las perversiones más vergonzosas.

3.- … que todo lo que los hombres hacen está contaminado por su propia corrupción moral. La corrupción moral y pecado del hombre se extienden a sus obras más encomiables (Isaías 64:6).

4.- … que las obras de los hombres no son el resultado de su amor para con Dios o un deseo de obedecer Sus mandamientos. Ningún hombre ama a Dios de una manera digna o como Su Ley manda (Deuteronomio 6:4-5; Mateo 22:37), tampoco hay un hombre que glorifique a Dios en pensamiento, palabra, y obra (I Corintios 10:31; Romanos 1:21). Todos los hombres se prefieren a sí mismos que a Dios (II Timoteo 3:2-4). Todas las obras de generosidad, heroísmo, lealtad, y devoción religiosa son el resultado del amor del hombre para con sí mismo, pero no de un amor verdadero y sincero para con Dios.

5.- … que la mente del hombre es hostil hacia Dios, no puede sujetarse a la voluntad de Dios, y no puede agradar a Dios (Romanos 8:7-8).

6.- … que la humanidad está inclinada a más y más corrupción moral, y que esta deterioración sería aún más rápida si no fuera por la gracia de Dios que detiene la maldad de los hombres.

7.- … que la humanidad está inclinada a más y más corrupción moral, y que esta deterioración sería aún más rápida si no fuera por la gracia de Dios que detiene la maldad de los hombres.

Ahora que hemos resumido el significado de la depravidad total o radical, consideraremos las enseñanzas de las Escrituras. Encontraremos abundante testimonio de lo que hemos aprendido – Puesto que todos los hombres llevan la culpa del pecado, también llevan la pena – la muerte y la corrupción moral. Cada uno de los descendientes de Adán nace moralmente corrupto e inclinado a la maldad.

A través de un estudio cuidadoso de Génesis 5:1-3, se ve claramente las devastadoras consecuencias de la caída y la extensión de la corrupción moral a toda la raza humana.

Adán fue hecho a la “imagen de Dios,” (Génesis 5:1) pero los descendientes de Adán fueron hechos a la imagen caída y depravada de Adán (Génesis 5:3). Es importante notar que los hombres no heredan la corrupción moral de Adán de la misma forma que un hijo hereda las características físicas de su padre. La corrupción moral de los descendientes de Adán es el resultado del juicio de Dios en contra de ellos. Adán pecó y fue sujeto a la pena de muerte y la corrupción moral. El pecado de Adán ha sido imputado a todos sus descendientes, y por eso, ellos también son sujetos a la misma pena – la muerte y la corrupción.

Desde la caída de Adán, todos los hombres nacen con una naturaleza moralmente corrupta, hostil hacia Dios, e inclinada a la maldad. ¿Qué enseñan las siguientes Escrituras acerca de esta verdad? ¿Cómo demuestran que la corrupción moral del hombre no es un comportamiento aprendido, sino un reflejo de su misma naturaleza?

Salmo 51:5 He aquí, en maldad he sido formado, Y en pecado me concibió mi madre.

Nota: Esto no significa que las relaciones sexuales entre los padres de David fueran pecaminosas. Dios mandó que los hombres se multiplicaran y llenaran la tierra (Génesis 1:28). David está simplemente declarando una verdad que se defiende a través de las Escrituras y se demuestra a través de la historia de la humanidad – La corrupción moral del hombre y su propensión a la maldad no es un comportamiento aprendido, sino parte de su propia naturaleza.

Salmo 58:3 Se apartaron los impíos desde la matriz; Se descarriaron hablando mentira desde que nacieron.

Génesis 8:21 Y percibió Jehová olor grato; y dijo Jehová en su corazón: No volveré más a maldecir la tierra por causa del hombre; porque el intento del corazón del hombre es malo desde su juventud;

Nota: La palabra “juventud” se refiere a la vida temprana o niñez de una persona. No hay necesidad de enseñar a un niño para que sea egoísta o egocéntrico, o a que mienta, o manipule a otros, etc. Tales actitudes y comportamiento pecaminosos brotan de su propia naturaleza.

Habiendo establecido la verdad de que todos los hombres nacen llevando la corrupción moral de Adán, ahora consideraremos las Escrituras que ilustran la severidad o profundidad de esta corrupción moral. ¿Qué nos enseñan las siguientes Escrituras acerca de la profundidad y extensión de la corrupción del hombre?

Génesis 6:5 Y vio Jehová que la maldad de los hombres era mucha en la tierra, y que todo designio de los pensamientos del corazón de ellos era de continuo solamente el mal.

Nota: Para ilustrar esta verdad, supongamos que se pudiera poner todos los pensamientos de un hombre desde su niñez hasta la actualidad en un video, y luego mostrar el video a su familia y a sus amigos más cercanos. No sería una exageración decir que él tendría tanta vergüenza que jamás podría mirar a nadie a los ojos.

Job 25:4-6   ¿Cómo, pues, se justificará el hombre para con Dios? ¿Y cómo será limpio el que nace de mujer?

Isaías 64:6  Si bien todos nosotros somos como suciedad, y todas nuestras justicias como trapo de inmundicia; y caímos todos nosotros como la hoja, y nuestras maldades nos llevaron como viento.

(Eclesiastés 9:3, Job 15:14-16)

Nota: Las obras más grandes y encomiables de los hombres no son nada más que trapos sucios ante Dios. Se podría vestir o envolver a un leproso para cubrir sus llagas en la seda más fina y blanca, pero inmediatamente, la corrupción de su carne contaminaría la tela y llegaría a ser tan vil como al hombre que cubre. Así son las buenas obras de los hombres ante Dios. Llevan la corrupción del hombre que las hace.

Para concluir esta parte de nuestro estudio de la corrupción moral del hombre, consideraremos una declaración breve pero poderosa hecha por el Señor Jesucristo en Mateo 7:11. ¿Cuál es esta declaración y cómo demuestra la fuerte convicción de Cristo acerca de la depravidad moral del hombre?

Mateo 7:11 Pues si vosotros, siendo malos, sabéis dar buenas dádivas a vuestros hijos, ¿cuánto más vuestro Padre que está en los cielos dará buenas cosas a los que le pidan?

Publicado por Pastor: Damián Ayala.

Continuará con… La Muerte Espiritual y la Inhabilidad Moral



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