El Carácter y Universalidad del Pecado

El Carácter y

Universalidad del Pecado

La Pecaminosidad del Pecado

Para empezar nuestro estudio de la participación personal de cada hombre en la rebelión de Adán, es necesario que tengamos un entendimiento correcto de la naturaleza o carácter del pecado. Por eso, estudiaremos los muchos atributos y manifestaciones del pecado como se revelan en las Escrituras. Descubriremos que el pecado es mucho más que un error en el juicio moral, y aún mucho más que la desobediencia de una ley impersonal. El pecado es un crimen contra la persona de Dios. En nuestro estudio, necesitamos hacer más que simplemente definir los términos. Necesitamos reencontrar un entendimiento bíblico de la pecaminosidad del pecado. Vivimos en un mundo y adoramos en iglesias que no comprenden la naturaleza atroz del pecado y por esta causa debemos intentar redescubrir lo que ha sido perdido. Nuestro entendimiento de Dios y de la grandeza de nuestra Salvación en Cristo depende de ello.

El Pecado es Siempre Contra Dios

Todo pecado siempre es principalmente pecado contra Dios y una ofensa a Su persona. El desobedecer un mandamiento divino es amenazar con el puño a Él que da vida a todos y reina sobre todo. Hoy en día, la gente mayormente piensa en el pecado como un mal hecho contra su prójimo o la sociedad, o aún contra la naturaleza, pero rara vez piensa en el pecado como un mal hecho contra Dios. La gente piensa que una persona es buena porque tienen buenas relaciones con su prójimo aunque vive sin atender en lo más mínimo a Dios y las cosas de Dios. A veces, la gente pregunta cómo Dios puede juzgar al ateo que es buen hombre sin entender que el hombre que niega a Su Creador y no rinde nada a Él que le da todo no puede ser bueno. Las Escrituras nos relatan que el Rey David mintió al pueblo, cometió adultero, y aún ordenó la muerte de un hombre inocente. Sin embargo cuando él fue enfrentado con su pecado, él clamó a Dios, “Contra ti, contra ti solo he pecado, y he hecho lo malo delante de tus ojos” (Salmo 51:4). David sabía que todo pecado es principalmente pecado contra Dios. Hasta que uno entienda esta verdad no puede comprender nada de la naturaleza atroz del pecado

El Pecado es No Amar a Dios

El más grande pecado de todos es la violación del más grande mandamiento: “Y amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente y con todas tus fuerzas” (Marcos 12:30). Cristo declaró, “Si me amáis, guardad mis mandamientos” (Juan 14:15). De este texto, aprendemos que toda desobediencia es una demostración de nuestra falta de amor hacia Dios. Por esta causa, cuando el apóstol Pablo quería demostrar la depravidad de la humanidad en los primeros tres capítulos del libro de Romanos, él se refería a todos los hombres como “aborrecedores de Dios” (Romanos 1:30). Ninguna acusación más grande podría ser hecha contra el hombre caído. El no amar a Dios está en el corazón de toda rebeldía. Aquí debemos notar que un hombre puede ser muy religioso y consciente de la ley divina y su responsabilidad ante ella, y al mismo tiempo ser un terrible pecador ante Dios si su obediencia está motivada por cualquier cosa otra que el amor hacia Dios.

El Pecado es No Glorificar a Dios

Las Escrituras declaran que el hombre fue creado para la gloria de Dios y que debe hacer todo lo que hace, aún las tareas más mínimas de comer y beber, para la gloria de Dios (I Corintios 10:31). El hombre glorifica a Dios cuando estima Su supremacía y valor sobre todas las cosas, cuando se goza y se satisface en Él sobre todas las cosas, y cuando vive ante Él con la reverencia, gratitud, y adoración que Él merece. Cuando el hombre peca, él llega a ser lo opuesto para lo cual fue creado. Un hombre pecador es una criatura que se ha dislocado a sí mismo y ha pervertido la razón de su existencia. El pecador ha reemplazado a Dios consigo mismo y la voluntad de Dios con autodeterminación. El apóstol Pablo escribió, “Pues habiendo conocido a Dios, no le glorificaron como a Dios,” y “cambiaron la verdad de Dios por la mentira, honrando y dando culto a las “criaturas” antes que al Creador, el cual es bendito por los siglos. Amén” (Romanos 1:21, 25).

Las raíces del pecado se profundizan mucho más que lo que se ve en la superficie. El pecado es la negación del hombre de reconocer los derechos de Dios como Dios. Es la determinación del hombre de exaltarse sobre su Creador, usurpar Su trono, y robarle de Su gloria. Es fundamentalmente la negación del hombre de glorificar a Dios como Dios, y se manifiesta cada vez que el hombre busca su propia gloria sobre la de Dios.

El Pecado es Ateo e Impío. El adjetivo “ateo” denota la determinación del hombre de no reconocer a Dios como Dios, el deseo de vivir sin Dios, libre de Su soberanía y ley. La palabra “impío” denota la determinación del hombre de no conformarse al carácter y voluntad de Dios. Ha sido dicho que el cumplido más grande que se puede dar a otros es el deseó de estar “con” ellos y ser “como” ellos. El pecado revela el deseo interior del hombre de vivir “sin” Dios y ser “diferente” a Dios. Esta es una gran ofensa a Dios. El Pecado es Rebelión e Insubordinación en I Samuel 15:23 las Escrituras declaran: “Porque como pecado de adivinación es la rebelión, como ídolos e idolatría la obstinación…” La palabra “rebelión” se traduce de la palabra hebrea meri, que significa “ser contencioso, contradictorio, discutidor, o desobediente hacia”. No hay tales cosas como pequeños pecados porque todo pecado es rebelión y obstinación. El practicar cualquier tipo de rebelión es tan malo como participar en algún rito pagano o satánico. El practicar cualquier tipo de obstinación es tan malo como participar en la más grotesca iniquidad y rendir homenaje a un dios falso

(I Samuel 15:23).

El Pecado es Infracción de la Ley

En I Juan 3:4, las Escrituras declaran, “Todo aquel que comete pecado, infringe también la ley; pues el pecado es infracción de la ley.” La palabra “infracción” se traduce de la palabra griega anomía [a = sin, no + nómos = ley]. El que comete una infracción de la ley actúa como uno que desea vivir “sin ley” o como si Dios nunca hubiera revelado Su voluntad a la humanidad. Una persona puede vivir “sin ley” por medio de negar abiertamente la ley de Dios, o simplemente por medio de ignorar la ley o no preocuparse por conocerla y obedecerla. En los dos casos, la persona demuestra desprecio hacia Dios y su Ley.

El Pecado es una Abominación

Si se pudiera decir solo una cosa acerca del pecado, debería ser que sobre todas las cosas, el pecado es una abominación a Dios. Una abominación ante el Señor es una cosa asquerosa y repugnante. Es detestable y vil a Dios y un objeto de Su aborrecimiento (Proverbios 6:16). En las Escrituras, todo pecado es una abominación. Proverbios 28:9 declara, “El que aparta su oído para no oír la ley, su oración también es abominable”, y Proverbios 15:8-9 declara que el estilo de vida y sacrificio de los impíos son una abominación. Toda idolatría (Deuteronomio 7:25) y cualquier acto injusto (Deuteronomio 25:16) es una abominación ante el Señor, tanto como cualquier persona que es perversa (Proverbios 3:32; 11:20; 15:26), mentirosa (Proverbios 12:22), o altivo de corazón (Proverbios 16:5). En Apocalipsis 21:8, 27, las Escrituras concluyen con la fuerte advertencia de que los abominables y los que hacen abominaciones sufrirán el castigo eterno.

El Pecado es no Dar en el Blanco

La palabra hebrea que más se emplea en referencia al pecado es chata, que significa “no dar en el blanco”, “perder el camino”, “equivocarse”. En Jueces 20:16, leemos que los hombres de Benjamín “tiraban una piedra con la honda a un cabello, y no erraban [chata]”. En Proverbios 19:2, leemos, “Aquel que se apresura con los pies, peca [literalmente: pierde el camino – chata]. En el Nuevo Testamento, la palabra griega que más se emplea con respecto al pecado es hamartáno, que significa “no dar el blanco”, “errarse”, “equivocarse”, “extraviarse de la senda”. Según las Escrituras, la meta o blanco a la cual el hombre debe apuntar es la gloria de Dios. Cualquier pensamiento, palabra, o acto que no tiene la gloria de Dios como su meta principal es pecado. Es importante notar que el pecado [chata o hamartáno] nunca se ve como una equivocación inocente o error honesto, sino se ve como un acto consciente y voluntario de desobediencia brotando de la corrupción moral y la rebeldía del hombre contra Dios.

El Pecado es Traspasar el Límite

La palabra “transgresión” se traduce de la palabra hebrea abar que significa “cruzar”, “pasar”, o “traspasar”. El cometer una transgresión es traspasar los límites de lo que se permite por los mandamientos de Dios. Es ignorar las restricciones impuestas sobre nosotros por la ley de Dios y traspasarlas. En el Nuevo Testamento, la palabra “transgresión” se traduce de la palabra griega parabaíno, que también significa traspasar, pasar más allá o pasar por encima de algo. En Mateo 15:2- 3, se encuentra un ejemplo excelente de la palabra parabaíno: Los fariseos preguntaron a Jesús, “¿Por qué tus discípulos quebrantan [parabaíno – traspasar o pasar por encima] la tradición de los ancianos? Porque no se lavan las manos cuando comen pan.” Y Jesús les contestó, “¿Por qué también vosotros quebrantáis [parabaíno – traspasar o pasar por encima] el mandamiento de Dios por vuestra tradición?”

La Universalidad del Pecado

Ahora que hemos visto algo de la pecaminosidad del pecado, es necesario que consideremos una de las doctrinas más importantes en toda la Escritura – la universalidad del pecado. El pecado no es un fenómeno raro o inusual, contenido en una pequeña minoría de la raza humana, sino es universal en su alcance. Las Escrituras hablan claramente que “todos han pecado y están destituidos de la gloria de Dios” (Romanos 3:23). No hay ni aún un miembro de la raza de Adán que no se haya unido con él en la rebelión que comenzó. Los que niegan la universalidad del pecado, tiene que negar el testimonio de las Escrituras, la historia humana, y sus propios pensamientos y hechos pecaminosos.

Este es un fragmento de un estudio sobre el pecado

del Pastor Paul Washer.

Jeremías 2:22 Aunque te laves con lejía, y amontones jabón sobre ti, la mancha de tu pecado permanecerá aún delante de mí, dijo Jehová el Señor.

1 Juan 1:7 pero si andamos en luz, como él está en luz, tenemos comunión unos con otros, y la sangre de Jesucristo su Hijo nos limpia de todo pecado.


2 comentarios on “El Carácter y Universalidad del Pecado”

  1. sebastian soto dice:

    Si dejamos que Dios entre a traves de sus santo espiritu , en nuestro espiritu, que es el que fue echo a imagen y semejansa de Dios , el te movera por el camino angosto y te pasara por la puerta angosta y te llevara a la luz eterna que esta en la presencia de Dios , alejando la tentacion del pecasdo de tu mente de tu corazon y de tu vida ,y te salvara del mal que avita en el pecar amen

  2. […] ESTE TEMA ES CONTINUIDAD DE POST  El Carácter y Universalidad del Pecado […]


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