Evangelizando en las calles

Evangelizando en las calles

Hermanos y amigos, nos hemos dado la tarea de cumplir con la orden dada por nuestro Señor de predicar el evangelio a toda criatura haciendo discípulos, les animamos a ser libres para gritar en las calles el evangelio y arrepentimiento de pecados.

Les soy muy sincero, somos totalmente nuevos en este ministerio y sabemos que hay mucho que corregir, pero nuestro compromiso con nuestro SEÑOR no podía esperar a meternos a un curso de cómo predicar en las calles; la presencia poderosa del Espíritu Santo, el amor a Jesús, pasión y adrenalina nos empujó a la calle.

Marcia, Sebastián y un servidor no pudimos callar este fuego de glorificar el nombre de Jesús ante el mundo, decidimos quitarnos el traje de señorío congregacional y todos esos protocolos de importancia de YO soy.

Hermanos y amigos, si les compartimos esto no es para gloriarnos, es para motivarlos a que se unan cada semana a esta labor y se conviertan en unos verdaderos Activistas de Jesucristo.

Predicar en la iglesia, en el trabajo, en la familia, no es suficiente, es muy bueno pero no suficiente, requerimos más, más, más, más.

Les dejo el testimonio.

PUBLICADO POR DAMIAN AYALA, SIERVO DE JESÚS.


¿Deberían las mujeres servir como pastoras / predicadoras?

¿Deberían las mujeres servir como pastoras / predicadoras?

Posiblemente no hay un tema más discutido en la iglesia de hoy, que el tema de las mujeres que sirven como pastoras / predicadoras en el ministerio. Por consiguiente, es muy importante no mirar este tema como hombres versus mujeres. Hay mujeres que creen que las mujeres no deberían servir como pastoras y que la Biblia coloca restricciones en el ministerio de las mujeres – y hay hombres que creen que las mujeres pueden servir como predicadoras y que no hay restricciones sobre las mujeres en el ministerio. Este no es un asunto de chauvinismo o discriminación. Es un asunto de interpretación bíblica.

1ª Timoteo 2:11-12 proclama, “La mujer aprenda en silencio, con toda sujeción. Porque no permito a la mujer enseñar, ni ejercer dominio sobre el hombre, sino estar en silencio”. En la iglesia, Dios asigna diferentes roles a los hombres y a las mujeres. Este es el resultado de la manera en que la humanidad fue creada (1ª Timoteo 2:13) y la manera en la que el pecado entró en el mundo (2ª Timoteo 2:14). Dios, a través de los escritos del Apóstol Pablo, restringe a las mujeres de servir en roles de autoridad de enseñanza espiritual sobre los hombres. Esto impide a las mujeres servir como pastoras, lo cual definitivamente incluye predicar, enseñar y tener autoridad espiritual sobre los hombres.

Hay muchas “objeciones” a este punto de vista de tener a las mujeres en el ministerio / mujeres pastoras. Una objeción común es que Pablo restringe a las mujeres de enseñar porque en el siglo primero, las mujeres por regla general eran incultas. Sin embargo, en ninguna parte de 1ª Timoteo 2:11-14 menciona el nivel de instrucción. Si la educación era un requisito para el ministerio, la mayoría de los discípulos de Jesús probablemente no habrían calificado. Una segunda objeción común era que Pablo solamente restringía enseñar a las mujeres de Efeso (1ª Timoteo fue escrita a Timoteo, un pastor en la iglesia de Efeso). La ciudad de Efeso fue conocida por su templo de Artemisa, una diosa falsa griega/romana. Las mujeres eran la autoridad en la adoración de Artemisa. Sin embargo, en ningún lugar del libro de 1ª Timoteo, Pablo la menciona, tampoco menciona la adoración a Artemisa como una razón para las restricciones en 1ª Timoteo 2:11-12.

Una tercera objeción común es que Pablo solamente se está refiriendo a los esposos y las esposas, no a los hombres y a las mujeres en general. Las palabras en griego en 1ª Timoteo 2:11-14 podrían referirse a esposos y esposas. Sin embargo, el significado básico de las palabras son hombre y mujer. Adicionalmente, las mismas palabras en griego son utilizadas en los versículos 8-10. ¿Solo los esposos deben orar en todo lugar, levantando manos santas, sin ira ni contienda (versículo 8)? ¿Solo las esposas deben vestirse con ropa decorosa, con pudor y modestia; tener buenas obras y adorar a Dios (versículos 9-10)? Por supuesto que no. Los versículos 8 al10 claramente se refieren a los hombres y mujeres en general, no solamente a los esposos y a las esposas. No hay nada en el contexto que debiera indicar un cambio para esposas y esposos en los versículos 11 al 14.

Sin embargo, otra objeción frecuente a esta interpretación de mujeres pastoras / predicadoras, está tiene relación con Miriam, Débora, Hulda, Priscila, Febe, etc. – mujeres que mantuvieron posiciones de liderazgo en la Biblia. Esta objeción falla en considerar algunos factores significativos. En relación con Débora, ella fue la única jueza femenina entre 13 jueces masculinos. En relación con Hulda, fue la única profetiza femenina entre docenas de profetas masculinos mencionados en la Biblia. La única conexión de Miriam hacia el liderazgo fue por haber sido hermana de Moisés y Aarón. Las dos mujeres más prominentes en los tiempos de los reyes fueron Atalía y Jezabel – difíciles ejemplos de liderazgo femenino devoto.

En el libro de los Hechos, el capítulo 18, Priscila y Aquila son presentados como ministros fieles de Cristo. El nombre de Priscila es mencionado primero, indicando probablemente que ella era más “prominente”en el ministerio que su esposo. Sin embargo, en ninguna parte se describe a Priscila participando en una actividad de ministerio que esté en contradicción con 1ª Timoteo 2:11 al 14. Priscila y Aquila llevaron a Apolos a su hogar y fue discipulado por ellos, explicándole la Palabra de Dios con exactitud (Hechos 18:26).

En Romanos 16:1, aún si a Febe se la considera una “diaconiza” en lugar de una sierva – eso no indica que Febe fuera una maestra en la iglesia. “Apto para enseñar” es un calificativo dado para los ancianos, pero no diáconos (1ª Timoteo 3:1-13; Tito 1:6-9). Los ancianos / obispos / diáconos, son descritos como “maridos de una sola mujer”, “un hombre cuyos hijos creen”, y “hombres dignos de respeto”. Además, en 1ª Timoteo 3:1 al 13 y en Tito 1:6 al 9, los pronombres masculinos son utilizados exclusivamente para referirse a ancianos / obispos / diáconos.

La estructura de 1ª Timoteo 2:11 al 14 deja la razón perfectamente establecida. El versículo 13 comienza con “Porque” y da la “causa” de lo que Pablo declara en los versículos 11 y 12. ¿Por qué las mujeres no deberían enseñar o tener autoridad sobre los hombres? Porque – “Adán fue formado primero, luego Eva. Y Adán no fue engañado; sino que la mujer, siendo engañada, incurrió en transgresión”. Esa es la razón. Dios creó a Adán primero y luego creó a Eva a fin de que fuera “ayuda idónea” para Adán. Este orden de la creación tiene una aplicación universal para la humanidad en la familia (Efesios 5:22-23) y en la iglesia. El hecho de que Eva fuera engañada también se da como una razón para que las mujeres no sirvan como pastoras o tengan autoridad espiritual sobre los hombres. Esto guía a algunos a creer que las mujeres no deberían enseñar porque son engañadas más fácilmente. Ese concepto es discutible… pero si las mujeres son engañadas más fácilmente, ¿por qué se les permitiría enseñar a los niños (quienes son fácilmente engañados) y a otras mujeres (quienes supuestamente son más fácilmente engañadas)? Eso no es lo que dice el texto. Las mujeres no deben enseñar o tener autoridad espiritual sobre los hombres porque Eva fue engañada. Como resultado, Dios ha dado a los hombres la autoridad de enseñanza principal en la iglesia.

Las mujeres superan en dones de hospitalidad, misericordia, enseñanza y ayuda. Mucho del ministerio de la iglesia depende de las mujeres. Las mujeres en la iglesia no están restringidas para oración pública o para profetizar (1ª Corintios 11:5), solamente para tener autoridad en las enseñanzas espirituales sobre los hombres. La Biblia en ninguna parte restringe a las mujeres de ejercitar los dones del Espíritu Santo (1ª Corintios capítulo 12). Así como los hombres, las mujeres, están llamadas a ministrar a otros, para mostrar el fruto del Espíritu (Gálatas 5:22-23), y para proclamar el Evangelio a los perdidos (Mateo 28:18-20; Hechos 1:8; 1ª Pedro 3:15).

Dios ha ordenado que solamente los hombres sirvan en posiciones de autoridad de enseñanza espiritual en la iglesia. Esto no es necesariamente porque son mejores maestros, o porque las mujeres son inferiores o menos inteligentes (tal no es el caso). Es simplemente la manera en que Dios designó la iglesia para que funcione. Los hombres deben ser ejemplo en el liderazgo espiritual – en sus vidas y a través de sus palabras. Las mujeres deben tomar un rol de autoridad menor. Se las anima a enseñar a otras mujeres (Tito 2:3-5). La Biblia tampoco restringe a las mujeres de enseñar a los niños. La única actividad de la que están restringidas es de enseñar o tener autoridad espiritual sobre los hombres. Esto lógicamente debería incluir a las mujeres sirviendo como pastoras / predicadoras. De ninguna manera esto las hace menos importantes, más bien les da un ministerio enfocado más de acuerdo con el talento dado por Dios.

Publicado por Héctor Reséndiz

Tomado de la página web: http://www.gotquestions.org/Espanol/


Vive para la Eternidad!!!!

Hoy es el día!!! Vive para la Eternidad !!


¿Atando y Desatando Qué?

¿Atando y Desatando Qué?

por Pablo Santomauro

Hoy en día es muy común el escuchar en las iglesias oraciones “atando y desatando” enfermedades, pobreza, demonios y hasta el diablo mismo. Para apoyar esta práctica se usan pasajes como el siguiente:

“De cierto os digo que todo lo que atéis en la tierra, será atado en el cielo; y todo lo que desatéis en la tierra, será desatado en el cielo” (Mt. 18:18).

Esta declaración del Señor fue dada en el contexto de disciplina dentro de la Iglesia. La palabras “atar” y “desatar” eran populares entre los rabinos de la época y su significado primario era “prohibir” y “permitir”; en Mateo 18 equivalen a “disciplinar” y “restaurar”. Aquel miembro de la iglesia que persiste en pecar debe ser separado [atado] de la congregación (1 Co. 5:5), para luego en amor ser conducido al arrepentimiento y por consiguiente ser restaurado [desatado] (Gá. 6:1). Como vemos. las enfermedades, la pobreza y los demonios son totalmente ajenos al contexto.

Otro pasaje que se usa es Mateo 12:29, donde Jesús dice:

“Porque ¿cómo puede alguno entrar en la casa del hombre fuerte, y saquear sus bienes, si primero no le ata? Y entonces podrá saquear su casa.”

Esta declaración de Cristo es parte de una ilustración que usó para refutar la acusación de los fariseos de que él expulsaba demonios en alianza con Satanás. Jesús expresa en contexto que él es más poderoso que Satanás, y establece que sus exorcismos son hechos en el poder de Dios. Es erróneo concluir desde este pasaje que Cristo estaba estableciendo un patrón universal para ser seguido por los creyentes.

Nosotros alentamos a los cristianos a que se aparten del malentendido tan serio de Mateo 18:18 y 12:29 por las siguientes razones:

1) No es bíblico. La Escritura no enseña que “atar y desatar” es el método para resistir al diablo y sus huestes, sino la comunión con Dios a través de la oración, la lectura de la Palabra y una vida de obediencia.

2) La atención del cristiano se centra en el diablo en vez de Jesucristo; esto reduce la eficacia del creyente en la tarea del Reino.

3) En el terreno práctico no da resultados, como la experiencia lo indica. Alguien dijo una vez: “si en realidad ataron al diablo, debe haber sido con una cadena muy larga”, o “si el diablo fue atado, yo quiero saber quién lo suelta a cada rato”. Y en verdad, la experiencia indica que aquellas personas que son supuestamente “liberadas”, deben ser “liberadas” muy a menudo, ya que incurren en las mismas faltas una y otra vez.

4) En cuanto a pobreza o enfermedad, la Biblia contiene principios que pueden gravitar en nuestro bienestar físico y material, pero en última instancia es la soberanía de Dios la que determina nuestra condición. Nosotros no controlamos esos aspectos.

Conclusión
La Escritura enseña que es Dios el que controla y  limita los movimientos del diablo y sus huestes; también es él quien guarda a los creyentes del mal  (Job 1:12; 2:6; Lc. 22:31,32; 2 Ts. 3:3; 1 Jn. 5:18). Ciertamente llegará el tiempo en que Jesús mismo “atará” al diablo por 1000 años (Ap. 20:1-3); luego del milenio Satanás y sus huestes serán lanzados en el lago de fuego (Ap. 20:10). Jesucristo no necesita la asistencia del ser humano en esta área (o ninguna otra). Entre tanto, el antídoto para combatir al diablo no es “atar”, sino “resistir firmes en la fe” (1 P. 5:9). Santiago 4:7  lo expresa claramente: “Someteos, pues, a Dios; resistid al diablo, y huirá de vosotros.” <>

*Este Artículo ha sido publicado con el permiso del hermano Pablo Santomauro*

*Este Artículo ha sido tomado del blog amigo: El Blog del Pastor Daniel: http://pastordanielbrito.wordpress.com/*

Publicado por Héctor Reséndiz

Seguimiento a este artículo: https://activistasdecristo.wordpress.com/2010/09/02/seguimiento-al-articulo-¿atando-y-desatando-que/


¿Qué es lo que Dios demanda de nosotros?

¿Qué es lo que Dios demanda de nosotros?

Publicado por Héctor Reséndiz


¿QUIÉN ESCRIBIÓ LA BIBLIA?

¿QUIÉN ESCRIBIÓ LA BIBLIA?

La Biblia no solo dice que se trata de palabras inspiradas por Dios, sino que fue producida por escritores movidos, por el Espíritu.

Pedro dice que los profetas del Antiguo Testamento fueron hombres «impulsados» por el Espíritu Santo. «Porque la profecía no ha tenido su origen en la voluntad humana, sino que los profetas hablaron de parte de DIOS, impulsados por el Espíritu Santo» (2 Pedro 1:21). David, agregó: «El Espíritu del Señor habló por medio de mí; puso sus palabras en mi lengua» (2 Samuel23:2). La Biblia, por lo tanto, dice que vino de Dios a través de hombres de Dios.

La Biblia fue escrita por profetas de Dios. Él es la fuente originaria de la Biblia, pero sus hombres, llamados profetas, fueron sus instrumentos para registrar sus palabras. El papel de los profetas bíblicos fue exclusivo. Eran sus voceros, encomendados para pronunciar sus palabras, ni más ni menos (cf. Proverbios 30:6; Apocalipsis 22: 18, 19).

Dios le dijo a Balaam: «Limítate a decir sólo lo que yo te mande» (Números 22:35), y él respondió: «Solo que no podré decir nada que Dios no ponga en mi boca» (v. 38).        0, como lo expresa Amós: «Habla el Señor omnipotente; ¿quién no profetizará?» (Amós 3:8).

Todo el Antiguo Testamento fue escrito por profetas; algunos fueron profetas de oficio. Moisés fue un profeta (cf. Deuteronomio 18:15). Escribió los primeros cinco libros de la Biblia conocidos como «el libro de Moisés» (Marcos 12:26) o «Moisés» (Lucas 24:27). Todos los libros posteriores a estos al principio se llamaron «los profetas» (Mateo 5.17; Lucas 24:27). El Nuevo Testamento se refiere al conjunto de los libros del Antiguo Testamento como «las profecías» (2 Pedro 1:20,21; cf. Hebreos 1:1). Desde Samuel (cf. 1 Samuel 10:10,12) ha habido un grupo de profetas (cf. 1 Samuel 19:20). Algunos hombres, como Elías (cf. 1 Reyes 18:36;

Malaquías 4:5) o Eliseo (cf. 2 Reyes 9:1), fueron reconocidos de esa forma.

Otros escritores del Antiguo Testamento fueron profetas porque tenían ese don. Es decir, no pertenecieron a ningún grupo o conjunto de profetas, pero Dios habló por medio de ellos y les dio un mensaje para transmitir al pueblo (cf. Amós 7:14,15). Daniel era un príncipe por profesión (cf. Daniel 1:3,6), pero se convirtió en profeta porque recibió el llamado y el don.

Jesús lo llamó «el profeta Daniel» (Mateo 24:15). David era un pastor, pero Dios le habló. David escribió: «El Espíritu del Señor habló por medio de mí; puso sus palabras en mi lengua» (2 Samuel 23:2). Incluso Salomón, que escribió Proverbios, Eclesiastés, y el Cantar de los Cantares, recibió las revelaciones de Dios como un profeta (cf. 1 Reyes 3:5). El resto de los autores del Antiguo Testamento están dentro de esta categoría, porque sus escritos estaban en la sección conocida como «los profetas» (Mateo 5:17; Lucas 24:27) y porque el Antiguo Testamento se conoce como Escrituras Proféticas (cf. Hebreos 1:1; 2 Pedro 1:20-21).

De igual manera, todos los escritores del Nuevo Testamento fueron «apóstoles y profetas», porque la iglesia se construyó sobre este fundamento (Efesios 2:20). Ellos también dijeron que recibieron su mensaje de Dios. Se considera que Pablo, que escribió casi la mitad de los libros del Nuevo Testamento, lo hizo tan inspiradamente como los escritores del Antiguo (cf. 2 Pedro 3:15-16); Mateo y Juan estaban entre aquellos a quienes Jesús prometió guiar «a toda verdad» (Juan 16:13; 14:26). Pedro, uno de los principales apóstoles, escribió dos libros basados en sus credenciales como apóstol y testigo ocular de Jesús (cf. 1 Pedro 1:1; 2 Pedro 1:1~16). Los otros escritores del Nuevo Testamento eran asociados de los apóstoles y tenían el don de la profecía, porque Dios habló también por medio de ellos (cf. Santiago 1:1; Judas 1-3). los estilos literarios y deseos conscientes de los autores bíblicos para producir su Palabra. Por lo tanto, si bien se originaron completamente de Dios, las palabras de las Escrituras también son humanas y escritas en idiomas particulares (hebreo, griego, arameo), expresadas en formas literarias humanas determinadas que incluyen la narrativa (cf. 1 y 2 Samuel), la poesía (cf. Salmos) y las parábolas (cf. los Evangelios), así como la metáfora (cf. Juan 15:1-8), la alegoría (cf. Gálatas 4:21-5:1), e hipérbole (cf. Salmo 6:6; Lucas 14:26). No obstante, el producto final es exactamente como Dios lo ordenó y en su providencia lo determinó: la Palabra de Dios con autoridad divina, infalible y exenta de error; porque la Escritura «no puede ser quebrantada» (Juan 10:35), y «ni una letra ni una tilde de la ley desaparecerán» (Mateo 5:18). Es «la verdad» (Juan 17:17) que viene de aquel que se nos dice que «es imposible que Dios mienta» (Hebreos 6:18). En resumidas cuentas, todo lo que afirma está exento de error, no solo en lo que respecta a asuntos espirituales sino también a cuestiones de ciencia (cf. Mateo 19:12; Juan 3:12) y de historia (cf. Mateo 12:40-42; 24:37)} En suma, los escritores bíblicos fueron seres humanos a quienes Dios eligió para ser sus voceros mediante el uso de lenguas humanas y formas literarias.

POR: NORMAN GEISLER

Este articulo fue sacado del libro ¿Quien Creó a Dios?

de Ravi Zacharias.


El Carácter y Universalidad del Pecado

El Carácter y

Universalidad del Pecado

La Pecaminosidad del Pecado

Para empezar nuestro estudio de la participación personal de cada hombre en la rebelión de Adán, es necesario que tengamos un entendimiento correcto de la naturaleza o carácter del pecado. Por eso, estudiaremos los muchos atributos y manifestaciones del pecado como se revelan en las Escrituras. Descubriremos que el pecado es mucho más que un error en el juicio moral, y aún mucho más que la desobediencia de una ley impersonal. El pecado es un crimen contra la persona de Dios. En nuestro estudio, necesitamos hacer más que simplemente definir los términos. Necesitamos reencontrar un entendimiento bíblico de la pecaminosidad del pecado. Vivimos en un mundo y adoramos en iglesias que no comprenden la naturaleza atroz del pecado y por esta causa debemos intentar redescubrir lo que ha sido perdido. Nuestro entendimiento de Dios y de la grandeza de nuestra Salvación en Cristo depende de ello.

El Pecado es Siempre Contra Dios

Todo pecado siempre es principalmente pecado contra Dios y una ofensa a Su persona. El desobedecer un mandamiento divino es amenazar con el puño a Él que da vida a todos y reina sobre todo. Hoy en día, la gente mayormente piensa en el pecado como un mal hecho contra su prójimo o la sociedad, o aún contra la naturaleza, pero rara vez piensa en el pecado como un mal hecho contra Dios. La gente piensa que una persona es buena porque tienen buenas relaciones con su prójimo aunque vive sin atender en lo más mínimo a Dios y las cosas de Dios. A veces, la gente pregunta cómo Dios puede juzgar al ateo que es buen hombre sin entender que el hombre que niega a Su Creador y no rinde nada a Él que le da todo no puede ser bueno. Las Escrituras nos relatan que el Rey David mintió al pueblo, cometió adultero, y aún ordenó la muerte de un hombre inocente. Sin embargo cuando él fue enfrentado con su pecado, él clamó a Dios, “Contra ti, contra ti solo he pecado, y he hecho lo malo delante de tus ojos” (Salmo 51:4). David sabía que todo pecado es principalmente pecado contra Dios. Hasta que uno entienda esta verdad no puede comprender nada de la naturaleza atroz del pecado

El Pecado es No Amar a Dios

El más grande pecado de todos es la violación del más grande mandamiento: “Y amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente y con todas tus fuerzas” (Marcos 12:30). Cristo declaró, “Si me amáis, guardad mis mandamientos” (Juan 14:15). De este texto, aprendemos que toda desobediencia es una demostración de nuestra falta de amor hacia Dios. Por esta causa, cuando el apóstol Pablo quería demostrar la depravidad de la humanidad en los primeros tres capítulos del libro de Romanos, él se refería a todos los hombres como “aborrecedores de Dios” (Romanos 1:30). Ninguna acusación más grande podría ser hecha contra el hombre caído. El no amar a Dios está en el corazón de toda rebeldía. Aquí debemos notar que un hombre puede ser muy religioso y consciente de la ley divina y su responsabilidad ante ella, y al mismo tiempo ser un terrible pecador ante Dios si su obediencia está motivada por cualquier cosa otra que el amor hacia Dios.

El Pecado es No Glorificar a Dios

Las Escrituras declaran que el hombre fue creado para la gloria de Dios y que debe hacer todo lo que hace, aún las tareas más mínimas de comer y beber, para la gloria de Dios (I Corintios 10:31). El hombre glorifica a Dios cuando estima Su supremacía y valor sobre todas las cosas, cuando se goza y se satisface en Él sobre todas las cosas, y cuando vive ante Él con la reverencia, gratitud, y adoración que Él merece. Cuando el hombre peca, él llega a ser lo opuesto para lo cual fue creado. Un hombre pecador es una criatura que se ha dislocado a sí mismo y ha pervertido la razón de su existencia. El pecador ha reemplazado a Dios consigo mismo y la voluntad de Dios con autodeterminación. El apóstol Pablo escribió, “Pues habiendo conocido a Dios, no le glorificaron como a Dios,” y “cambiaron la verdad de Dios por la mentira, honrando y dando culto a las “criaturas” antes que al Creador, el cual es bendito por los siglos. Amén” (Romanos 1:21, 25).

Las raíces del pecado se profundizan mucho más que lo que se ve en la superficie. El pecado es la negación del hombre de reconocer los derechos de Dios como Dios. Es la determinación del hombre de exaltarse sobre su Creador, usurpar Su trono, y robarle de Su gloria. Es fundamentalmente la negación del hombre de glorificar a Dios como Dios, y se manifiesta cada vez que el hombre busca su propia gloria sobre la de Dios.

El Pecado es Ateo e Impío. El adjetivo “ateo” denota la determinación del hombre de no reconocer a Dios como Dios, el deseo de vivir sin Dios, libre de Su soberanía y ley. La palabra “impío” denota la determinación del hombre de no conformarse al carácter y voluntad de Dios. Ha sido dicho que el cumplido más grande que se puede dar a otros es el deseó de estar “con” ellos y ser “como” ellos. El pecado revela el deseo interior del hombre de vivir “sin” Dios y ser “diferente” a Dios. Esta es una gran ofensa a Dios. El Pecado es Rebelión e Insubordinación en I Samuel 15:23 las Escrituras declaran: “Porque como pecado de adivinación es la rebelión, como ídolos e idolatría la obstinación…” La palabra “rebelión” se traduce de la palabra hebrea meri, que significa “ser contencioso, contradictorio, discutidor, o desobediente hacia”. No hay tales cosas como pequeños pecados porque todo pecado es rebelión y obstinación. El practicar cualquier tipo de rebelión es tan malo como participar en algún rito pagano o satánico. El practicar cualquier tipo de obstinación es tan malo como participar en la más grotesca iniquidad y rendir homenaje a un dios falso

(I Samuel 15:23).

El Pecado es Infracción de la Ley

En I Juan 3:4, las Escrituras declaran, “Todo aquel que comete pecado, infringe también la ley; pues el pecado es infracción de la ley.” La palabra “infracción” se traduce de la palabra griega anomía [a = sin, no + nómos = ley]. El que comete una infracción de la ley actúa como uno que desea vivir “sin ley” o como si Dios nunca hubiera revelado Su voluntad a la humanidad. Una persona puede vivir “sin ley” por medio de negar abiertamente la ley de Dios, o simplemente por medio de ignorar la ley o no preocuparse por conocerla y obedecerla. En los dos casos, la persona demuestra desprecio hacia Dios y su Ley.

El Pecado es una Abominación

Si se pudiera decir solo una cosa acerca del pecado, debería ser que sobre todas las cosas, el pecado es una abominación a Dios. Una abominación ante el Señor es una cosa asquerosa y repugnante. Es detestable y vil a Dios y un objeto de Su aborrecimiento (Proverbios 6:16). En las Escrituras, todo pecado es una abominación. Proverbios 28:9 declara, “El que aparta su oído para no oír la ley, su oración también es abominable”, y Proverbios 15:8-9 declara que el estilo de vida y sacrificio de los impíos son una abominación. Toda idolatría (Deuteronomio 7:25) y cualquier acto injusto (Deuteronomio 25:16) es una abominación ante el Señor, tanto como cualquier persona que es perversa (Proverbios 3:32; 11:20; 15:26), mentirosa (Proverbios 12:22), o altivo de corazón (Proverbios 16:5). En Apocalipsis 21:8, 27, las Escrituras concluyen con la fuerte advertencia de que los abominables y los que hacen abominaciones sufrirán el castigo eterno.

El Pecado es no Dar en el Blanco

La palabra hebrea que más se emplea en referencia al pecado es chata, que significa “no dar en el blanco”, “perder el camino”, “equivocarse”. En Jueces 20:16, leemos que los hombres de Benjamín “tiraban una piedra con la honda a un cabello, y no erraban [chata]”. En Proverbios 19:2, leemos, “Aquel que se apresura con los pies, peca [literalmente: pierde el camino – chata]. En el Nuevo Testamento, la palabra griega que más se emplea con respecto al pecado es hamartáno, que significa “no dar el blanco”, “errarse”, “equivocarse”, “extraviarse de la senda”. Según las Escrituras, la meta o blanco a la cual el hombre debe apuntar es la gloria de Dios. Cualquier pensamiento, palabra, o acto que no tiene la gloria de Dios como su meta principal es pecado. Es importante notar que el pecado [chata o hamartáno] nunca se ve como una equivocación inocente o error honesto, sino se ve como un acto consciente y voluntario de desobediencia brotando de la corrupción moral y la rebeldía del hombre contra Dios.

El Pecado es Traspasar el Límite

La palabra “transgresión” se traduce de la palabra hebrea abar que significa “cruzar”, “pasar”, o “traspasar”. El cometer una transgresión es traspasar los límites de lo que se permite por los mandamientos de Dios. Es ignorar las restricciones impuestas sobre nosotros por la ley de Dios y traspasarlas. En el Nuevo Testamento, la palabra “transgresión” se traduce de la palabra griega parabaíno, que también significa traspasar, pasar más allá o pasar por encima de algo. En Mateo 15:2- 3, se encuentra un ejemplo excelente de la palabra parabaíno: Los fariseos preguntaron a Jesús, “¿Por qué tus discípulos quebrantan [parabaíno – traspasar o pasar por encima] la tradición de los ancianos? Porque no se lavan las manos cuando comen pan.” Y Jesús les contestó, “¿Por qué también vosotros quebrantáis [parabaíno – traspasar o pasar por encima] el mandamiento de Dios por vuestra tradición?”

La Universalidad del Pecado

Ahora que hemos visto algo de la pecaminosidad del pecado, es necesario que consideremos una de las doctrinas más importantes en toda la Escritura – la universalidad del pecado. El pecado no es un fenómeno raro o inusual, contenido en una pequeña minoría de la raza humana, sino es universal en su alcance. Las Escrituras hablan claramente que “todos han pecado y están destituidos de la gloria de Dios” (Romanos 3:23). No hay ni aún un miembro de la raza de Adán que no se haya unido con él en la rebelión que comenzó. Los que niegan la universalidad del pecado, tiene que negar el testimonio de las Escrituras, la historia humana, y sus propios pensamientos y hechos pecaminosos.

Este es un fragmento de un estudio sobre el pecado

del Pastor Paul Washer.

Jeremías 2:22 Aunque te laves con lejía, y amontones jabón sobre ti, la mancha de tu pecado permanecerá aún delante de mí, dijo Jehová el Señor.

1 Juan 1:7 pero si andamos en luz, como él está en luz, tenemos comunión unos con otros, y la sangre de Jesucristo su Hijo nos limpia de todo pecado.