¿CÓMO SE COMPILÓ LA BIBLIA? – ¿QUÉ OCURRE CON LOS APÓCRIFOS? – ¿QUÉ PASA CON LOS EVANGELIOS GNÓSTICOS? – ¿CUÁN CONFIABLES SON NUESTRAS BIBLIAS MODERNAS?

¿CÓMO SE COMPILÓ LA BIBLIA? – ¿QUÉ OCURRE CON LOS APÓCRIFOS? – ¿QUÉ PASA CON LOS EVANGELIOS GNÓSTICOS? – ¿CUÁN CONFIABLES SON NUESTRAS BIBLIAS MODERNAS?

Por: Norman Geisler y Ron Brooks

¿CÓMO SE COMPILÓ LA BIBLIA?

¿Cómo saber que los sesenta y seis libros de la Biblia son los únicos escritos que debían ser incluidos en la Escritura? ¿Qué ocurre con los apócrifos o los evangelios gnósticos? ¿Por qué deben excluirse? La respuesta yace en el concepto de canonicidad. Canon viene de palabras griegas y hebreas que se refieren a una vara de medir, es decir, una medida que todos los libros de las Escrituras deben satisfacer. Varios puntos de vista inadecuados de lo que debió ser esa medida se han planteado, tal como la antigüedad, el acuerdo con la Torah si fue escrito en hebreo, el valor religioso, y el uso cristiano. Pero cada uno de esos criterios cometen el mismo error: confunden la determinación de Dios en cuanto a lo que es la Escritura con el reconocimiento por parte del hombre de esos escritos. La línea divisoria pasa por aquello que Dios inspiró como Escritura y lo que no inspiró, lo cual no es Escritura. Cuando el Espíritu Santo inspiró a un hombre de Dios a escribir, ese escrito se hizo no solo inspirado sino transcrito. Dios ya había decidido lo que debía incluirse; nuestro problema es saber cómo descubrir cuáles escritos inspiró Dios.

Hay cinco preguntas que la iglesia ha formulado para aceptar o rechazar como canónicos a los libros. La primera es la más elemental:

1. ¿Fue escrito por un profeta de Dios? Deuteronomio 18:18 nos dice que solo un profeta de Dios hablará la Palabra de Dios. Esta es la manera en que Dios se revela (Hebreos 1:1). En 2 Pedro 1:20, 21 se nos asegura que la Escritura solo es escrita por hombres de Dios.

2. ¿Fue él confirmado por un acto de Dios? Hebreos 2:3, 4 nos da la idea de que debemos esperar alguna confirmación milagrosa de aquellos que hablan por Dios. Moisés tuvo su vara que se volvió serpiente. Jesús tuvo la Resurrección, y los apóstoles continuaron los milagros de Jesús, todo para confirmar que el mensaje de ellos era de Dios. Muchos de los profetas vieron cumplidas las profecías que pronunciaron poco tiempo después de decirlas para confirmar la autoridad de ellos.

3. ¿Dice la verdad acerca de Dios? «Mas si aun nosotros, o un ángel del cielo, os anunciare otro evangelio diferente del que os hemos anunciado, sea anatema» (Gálatas 1:8). El acuerdo con toda la revelación precedente es esencial. Este dictamen también descarta las profecías falsas hechas en el nombre de Dios (Deuteronomio 18:22).

Libros cuestionados

Hebreos —porque se desconoce el autor. Es aceptado por tener autoridad apostólica, si es que no autoría apostólica.

Santiago —debido al conflicto que plantea con la enseñanza de Pablo en cuanto a la salvación «solo por fe». El cual se resolvió viendo las obras como un resultado de la fe real.

2 Pedro —porque el estilo difiere de 1 Pedro. Pero el apóstol recurrió a un escriba para redactar su primera carta (véase 1 Pedro 5:12), lo que puede haberlo ayudado a mejorar su griego.

2 y 3 Juan —porque el autor es llamado «anciano», y no apóstol. Sin embargo, Pedro también se llama anciano a sí mismo (1 Pedro 5:1). Estos libros son citados en las más tempranas listas del canon.

Judas —porque se refiere al Libro de Enoc y a la Asunción de Moisés, aunque no los califica de Escritura, y lo hace como Pablo cuando cita a poetas paganos (Hechos 17:28; Tito 1:12). Tuvo una amplia aceptación temprana.

Apocalipsis —porque enseña el reino de mil años de Cristo, lo que también hacía cierta secta. De todos modos, fue aceptado por los primeros padres de la iglesia.

4. ¿Tiene el poder de Dios? Todo escrito que no exhiba el poder transformador de Dios en la vida de sus lectores no es de Dios: «Porque la palabra de Dios es viva y eficaz, y más cortante que toda espada de dos filos; y penetra hasta partir el alma y el espíritu, las coyunturas y los tuétanos, y discierne los pensamientos y las intenciones del corazón» (Hebreos 4:12).

5. ¿Fue aceptada por el pueblo de Dios? Pablo les agradeció a los tesalonicenses por recibir el mensaje de los apóstoles como Palabra de Dios (1 Tesalonicenses 2:13). Es norma que el pueblo de Dios, es decir, la inmensa mayoría de ellos y no solo una facción, reciba inicialmente la Palabra de Dios como tal. Los libros de Moisés fueron puestos de inmediato en el arca del pacto (Deuteronomio 31:24–26), y los escritos de Josué fueron agregados en la misma forma (24:26) igual que los de Samuel (1 Samuel 10:25). Se conoce a Jeremías como el profeta plagiario porque citó a muchos otros profetas que escribieron pocos anos antes que él, lo cual muestra que sus escritos fueron prontamente aceptados. Leemos que Daniel fue visto estudiando el libro de Jeremías medio siglo después de haber sido escrito (9:2). El Nuevo Testamento también muestra aceptación semejante cuando Pedro trata de Escritura a los escritos de Pablo (2 Pedro 3:16), y este cita a Lucas con un pasaje de la ley (1 Timoteo 5:18). También tenemos conciencia de que las cartas de Pablo circularon por muchas iglesias (Colosenses 4:16, 1 Tesalonicenses 5:27). Esto puede haber sido el comienzo de la recopilación de libros para el canon neotestamentario. Aunque después se objetaron algunos libros, su aceptación original habla fuertemente a favor de su inclusión.

Pero, ¿qué ocurre con los libros que quedaron fuera? Esta pregunta se plantea desde la perspectiva errónea. Ningún otro libro fue aceptado jamás, y no hay razón para creer que la mayoría de ellos estaban siquiera disponibles.

Hay ciertos libros —para el Antiguo y el Nuevo Testamentos— que fueron aceptados por unanimidad, unos objetados tardíamente y otros rechazados por todos. No hay una categoría de libros que inicialmente fueran aceptados y, más tarde, echados fuera. Sin embargo, existen dos grupos de libros que muchos alegan debieran ser incluidos, son los apócrifos (o deuterocanónicos) y los evangelios gnósticos.

¿QUÉ OCURRE CON LOS APÓCRIFOS?

Los apócrifos son una serie de libros escritos entre el tercer siglo antes de Cristo y el primero después de Cristo. Son catorce libros (quince, si se los divide en forma diferente), que se encuentran en varias copias antiguas de importantes traducciones al griego del Antiguo Testamento y que reflejan algo de la tradición e historia judía posterior a la época de Malaquías, el último profeta del Antiguo Testamento. La mayoría de los apócrifos fueron aceptados en el siglo IV como Escritura por Agustín y la iglesia siria (ortodoxa), siendo canonizados más tarde por la iglesia católica (romana). Los libros apócrifos son mencionados en el Nuevo Testamento y por los primeros padres de la iglesia, y copias de ellos fueron encontradas en Qumran, entre los rollos del Mar Muerto.

Estos libros, sin embargo, nunca fueron aceptados como Escritura por los judíos y no están en la Biblia hebrea. Aunque el Nuevo Testamento podría mencionarlos (por ejemplo, en Hebreos 11:35, donde señala que «Las mujeres recibieron sus muertos mediante resurrección», declaración que se cree procedente de la literatura apócrifa), ninguna de las alusiones los llama claramente Palabra de Dios (Pablo cita también a poetas paganos pero no como Escritura). Agustín reconoció que tienen una posición secundaria en el resto del Antiguo Testamento. Una razón para argumentar eso es que fueron incluidos en la Septuaginta (una traducción griega) que él consideraba inspirada; pero fue Jerónimo, un erudito hebreo, el que hizo la versión oficial del Antiguo Testamento en latín —la Vulgata— sin los apócrifos. Las iglesias que aceptaron los apócrifos lo hicieron mucho después que fueron escritos (siglos IV, XVI y XVII).

Los padres que citaron estos escritos fueron desplazados por otros que se opusieron a ello con vehemencia, como Atanasio y Jerónimo.

 

Estos libros nunca fueron, en efecto, agregados oficialmente a la Biblia hasta 1546 d.C. en el Concilio de Trento. Pero es sospechoso que los aceptaran en base al uso cristiano (razón errónea), justo veintinueve años después que Martín Lutero pidió apoyo bíblico para las creencias tales como la salvación por obras y la oración por los muertos (argumento provisto por los apócrifos: 2 Macabeos 12:45, 46; Tobías 12:9).

En lo tocante a los hallazgos de Qumran, diremos que se encontraron ahí cientos de libros que no son canónicos, lo que no constituye prueba de que esa secta haya aceptado los apócrifos más que como literatura popular.

Por último, ningún apócrifo dice ser inspirado y, sin duda, algunos niegan de manera específica ser inspirados (1 Macabeos 9:27). Si Dios no lo inspiró, no es su Palabra.

¿QUÉ PASA CON LOS EVANGELIOS GNÓSTICOS?Estos evangelios —y los escritos relacionados con ellos— integran los llamados seudoepígrafes [escritos falsos] del Nuevo Testamento, debido a que el autor usó el nombre de algún apóstol en vez del propio, por ejemplo: el Evangelio de Pedro y los Hechos de Juan, que no fueron escritos por esos apóstoles, sino por hombres del segundo siglo (y posteriores) que pretendieron usar la autoridad apostólica para proponer sus propias doctrinas. Hoy calificamos esto como fraude y falsificación, cosa que no representa problema para la gente que propone estos escritos como tradición cristiana legítima, pues piensan que gran parte del Nuevo Testamento fue escrito de la misma manera. Estos libros enseñan las doctrinas de las dos herejías más tempranas que niegan la realidad de la encarnación. Decían que Jesús fue en verdad solo un espíritu que parecía hombre, de modo que su resurrección fue nada más que el regreso a la forma espiritual. Afirman contener información acerca de la niñez de Jesús, pero los relatos registrados son altamente improbables y no provienen de testigos oculares. Nadie los aceptó como Escritura en sentido alguno, excepto las facciones herejes que los crearon. No son parte legítima de la tradición cristiana, sino un registro de mitos y herejías que surgieron fuera de la corriente principal del cristianismo.

¿Están a la par de la Escritura los evangelios gnósticos? A continuación un relato tomado del evangelio de Tomás. Lea y decida:

Pero el hijo del escriba Anás estaba de pie ahí, con José; y tomó una rama de sauce y con ella desparramó el agua que Jesús había reunido. Cuando Jesús vio lo que había hecho se enojó y le dijo: «Insolente, impío estúpido, ¿qué mal te hacían los charcos y el agua? Ahora te marchitarás como un árbol y no darás hojas ni fruto». E inmediatamente el muchacho se secó por completo; y Jesús se fue y entró en la casa de José [su padre]. Pero los padres del que se había secado lo llevaron, lamentando su juventud, y lo trajeron a José y le reprocharon: «¿Qué hijo tienes que hace estas cosas?» (Evangelio de Tomás 3:1–3).

¿CUÁN CONFIABLES SON NUESTRAS BIBLIAS MODERNAS?

En ninguna parte de la Biblia se promete pureza textual de la Escritura a través de la historia, pero sí hay mucha evidencia que sugiere que las Biblias que leemos son extremadamente parecidas a los manuscritos inspirados originales que escribieron los profetas y apóstoles. La exactitud de las copias que tenemos así lo demuestra. Esa confiabilidad ayuda a respaldar nuestra afirmación de que la Biblia es valiosa como relato histórico y como revelación de Dios. Puesto que cada testamento tiene su propia tradición, debemos tratarlos por separado.

MANUSCRITOS DEL ANTIGUO TESTAMENTO

Si queremos saber del Antiguo Testamento debemos mirar a su guardián, la religión judía. Aunque, a primera vista, no alienta lo que encontramos.

Historia del texto masorético

Como resultado de la destrucción de Jerusalén acaecida en el año 70 d.C., el judaísmo experimentó un avivamiento. A medida que la Biblia cobraba más importancia para la gente, fue aclarándose la necesidad de contar con un texto hebreo unificado, el cual avalara la fuerte tradición oral. Dicho texto consistía solamente de consonantes, pues el idioma carecía de símbolos para las vocales. Los escribas que copiaron el texto contaron efectivamente las letras y las palabras para cerciorarse por completo de que no había errores. Encontraron que la «w» [en el idioma original], en una palabra de Levítico 11:42, era la letra media de la Tora y que «drsh», en ese mismo pasaje, era la palabra media.

También agregaron ciertas marcas en el texto para destacar los acentos, las lecturas semanales de la Escritura y la sintaxis. Crearon símbolos para las vocales que podían escribirse debajo de las consonantes sin corromper el texto. La obra principal de los escribas fue transcribir la Masorah, compuesta por notas al margen y al final, las cuales se referían al texto mismo, señalando puntos problemáticos a los copistas, la frecuencia del uso de una palabra y listas semejantes a las de las concordancias.

Escribir de esta manera el texto del Antiguo Testamento llegó a ser todo un riguroso estilo de vida para estos hombres.

Conservar en buen estado —durante tres a cuatro milenios— los manuscritos trazados sobre pieles de animales, no es muy fácil, y los judíos ni siquiera trataron de hacerlo. Estos establecieron una tradición, por respeto a los sagrados escritos, que consistió en enterrar ceremoniosamente todas las copias defectuosas y gastadas. Además, los escribas que en el siglo V unificaron el texto hebreo (uniendo todas sus tradiciones orales y añadiendo las vocales que el hebreo escrito no tiene), probablemente destruyeron todas las copias que no concordaban con las suyas. Así pues, tenemos solamente unos pocos manuscritos que datan del siglo X de la era cristiana, y solo uno de ellos está completo. Esas son las malas noticias.

He aquí las buenas. La exactitud de las copias que tenemos está avalada por otra prueba. Primero, todos los manuscritos, sin que importe quién los preparó o dónde se encontraron, concuerdan en forma abrumadora. Tal acuerdo de los textos que vienen de Palestina, Siria y Egipto, sugiere que tienen una fuerte tradición original, la cual se remonta muy lejos en la historia.

Segundo, concuerdan con otra vieja fuente del Antiguo Testamento, la llamada Septuaginta (la traducción al griego) que data del segundo y tercer siglos. Por último, los rollos del Mar Muerto proporcionan una base de comparación del milenio anterior a la época en que se escribieron nuestros manuscritos. Esa comparación muestra una asombrosa confiabilidad en la trasmisión del texto.

Un académico observó que las dos copias de Isaías encontradas en las cuevas de Qumran «resultaron ser idénticas, palabra por palabra, a nuestra Biblia hebrea estándar en más del 95% del texto. La variación del 5% consistió principalmente de obvios errores de pluma y variaciones ortográficas». La razón principal de toda esta coherencia se debe a que los escribas que hicieron las copias reverenciaban profundamente el texto.

Las tradiciones judías establecían —con fuerza de ley— cada aspecto del copiado de textos, desde la clase de materiales a emplearse hasta el número de columnas y líneas de una página. Nada se escribía de memoria. Había incluso una ceremonia religiosa cada vez que se escribía el nombre de Dios. Se destruía toda copia errada aunque solo tuviera un error. Esto nos garantiza que no ha habido cambio sustancial en el texto del Antiguo Testamento en los últimos dos mil años, y demuestra que, probablemente, hubo muy poco cambio antes de eso.

MANUSCRITOS DEL NUEVO TESTAMENTO

Las pruebas del Nuevo Testamento también resultan abrumadoras. Son cinco mil trescientos sesenta y seis los manuscritos por comparar, y de los cuales extraer información; algunos datan del segundo y tercer siglos. Para encuadrar esto en cierta perspectiva, consideremos que hay solamente seiscientos cuarenta y tres copias de la Ilíada, de Homero, ¡el libro más famoso de la antigua Grecia! Nadie pone en duda el texto de Las guerras galas de Julio César, aunque solo contamos con diez copias, y la más temprana fue hecha mil años después que fue escrito. Asombra tener tal abundancia de copias del Nuevo Testamento que daten solamente de setenta años después de haberse escrito.

Problemas textuales del Nuevo Testamento

La mayoría de las dificultades que presenta el texto del Nuevo Testamento son triviales, como decidir entre cinco diferentes órdenes de palabras para pasajes, como: «¿Qué pues? ¿Eres tú Elías?» (Juan 1:21), todos los cuales tienen exactamente el mismo sentido. Sin embargo, algunos son más importantes. El pasaje de 1 Juan 5:7 de la Versión actualizada ha sido omitido en las traducciones más nuevas, sencillamente porque lo tiene un solo manuscrito griego, de entre mil quinientos veinte. La historia de la mujer atrapada en adulterio (Juan 7:53–8:11), puede haber sido agregada tardíamente puesto que la omiten todos los manuscritos, traducciones y padres de la iglesia de los primeros tiempos, e incluso las copias que la tienen la insertaron en cuatro diferentes ubicaciones. La conclusión del Evangelio de Marcos (16:9–20) tal vez no sea original, pero escasea el acuerdo existente sobre cuál fue el final auténtico. Este es uno de los problemas más difíciles del Nuevo Testamento y puede que nunca se alcance certeza a su respecto.

Hay muchas diferencias menores con todos estos manuscritos, resultando fácil que alguien tenga una impresión equivocada al decir que hay doscientos mil «errores» que se han infiltrado en la Biblia, cuando en realidad debiera decirse variantes. Se contabiliza una variante cada vez que una copia difiere de cualquier otra; y se vuelve a contar en toda otra copia donde aparezca. Así, cuando una palabra tiene ortografía diferente en tres mil copias, cuenta por tres mil variantes. Efectivamente, solo hay diez mil lugares donde ocurren las variantes y la enorme mayoría es solo asunto de ortografía y organización de palabras. Hay menos de cuarenta partes en el Nuevo Testamento donde realmente no estamos seguros de cuál es la lectura original, pero ninguna de ellas influye en alguna doctrina central de la fe. Nótese: el problema no es que no sepamos cuál es el texto sino que no estamos seguros de cuál texto tiene la lectura correcta. Tenemos el 100% del Nuevo Testamento y estamos seguros de su 99,5%.

Podríamos, efectivamente, reconstruir casi todo el Nuevo Testamento a partir de las citas de los padres de la iglesia —siglos II y III—, en caso de que no tuviéramos a disposición tanta buena evidencia manuscrita. Solo faltan once versículos, en especial de 2 y 3 Juan. Podríamos saber virtualmente todo lo del Nuevo Testamento estudiando esos escritos, aunque todas las copias hubiesen sido quemadas a finales del siglo tercero de nuestra era.

Algunos alegan que la doctrina de la inerrancia de la Biblia no se puede probar porque se refiere solamente a los escritos inspirados originales, los que no tenemos; y no a las copias que sí tenemos. Pero si podemos estar seguros del texto del Nuevo Testamento, y tener un texto del Antiguo Testamento que no ha cambiado en dos mil años, entonces no necesitamos los originales para saber lo que dirían. El texto de nuestras Biblias modernas es tan semejante al original que podemos tener toda confianza que lo allí enseñado es la verdad.

RESUMEN

Este capítulo ha demostrado que la Biblia es la Palabra de Dios, enseñanza que tiene no menos autoridad que Jesucristo mismo, quien confirmó la inspiración del Antiguo Testamento y prometió el Nuevo. El testimonio de Jesús y los apóstoles es que la Biblia es inerrante en lo que enseña acerca de todas las materias, desde los tiempos de los verbos y las mismísimas letras de las palabras. Además, tenemos mucha evidencia para demostrar que las Biblias que hoy tenemos en nuestras manos representan a los manuscritos originales con un muy alto grado de exactitud, como ningún otro libro del mundo antiguo. La Biblia que usted tiene en su mano es Dios hablándole.

Geisler, Norman, and Ron Brooks. Apologética: Herramientas Valiosas Para La Defensa De La Fe. Miami, FL: Editorial Unilit, 1997.


2 comentarios on “¿CÓMO SE COMPILÓ LA BIBLIA? – ¿QUÉ OCURRE CON LOS APÓCRIFOS? – ¿QUÉ PASA CON LOS EVANGELIOS GNÓSTICOS? – ¿CUÁN CONFIABLES SON NUESTRAS BIBLIAS MODERNAS?”

  1. Rene dice:

    Gracias hno por este importante tema. Bendiciones


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